jueves, junio 24, 2010

No tengo miedo al fuego eterno (II)



Esto es todo lo que he podido sacar con mi anticuada cámara y mi quizá también anticuada estatura. Ahí podéis ver a Leire, de azul, a los chicos con sus instrumentos. He de decir que yo no soy amayista a ultranza. No me cae mal Amaia Montero (tampoco es que la conozca en persona) pero creo que Leire canta igual de bien y es más atractiva, aunque esto último no cuente en el plano musical. Si yo tuviera una hija creo que Leire sería un nombre muy eufónico para ella, ¿no? Leire León.
No entiendo por qué algunos creyeron que con la marcha de la vocalista el grupo iba a irse al carajo. La elección de la cantante es decisiva, pero la Oreja no es un grupo con chica. Los pibes son su esencia, son quienes formaron el grupo en una primera instancia. Canciones como París o Muñeca de trapo me emocionan igual con la voz de Amaia o la de Leire, reconociendo que tengo a la primera más asociada a mi memoria.
Lo único malo del concierto es que se me hizo muy corto, aunque hora y media no es moco de pavo. La Oreja tiene un repertorio muy extenso y, como pasó con Battiato, era inevitable que canciones de valor sentimental para mí se cayeran. Con todo, las mejores sí salieron a la palestra. Acabado ya, me desplacé al río para incorporarme a los fastos del cumpleaños y santo de Juancho, a quien habían vestido de San Juan (sin necesidad de cortarle la cabeza, por fortuna). Nos desplazamos al Húmedo, a sabiendas de cómo estaría de saturado, y llegamos justo para el final apoteósico de la verbena de la Plaza Mayor. Bailando encima de un tablado, con cierto temor a que se viniera abajo, me quedé estupefacto viendo a dos tipos en la primera fila que se habían bajado los pantalones y estaban en pelotas. Nos estaban dando el culo, y era lo mejor que podían dar porque lo de delante no tenía el menor interés en verlo. Como sea que los bares estaban más o menos como los de Chueca el día de la manifestación, nos marchamos esperando que la tradición pueda proseguir el año que viene. Yo también espero que, cuando la Oreja saque nuevo disco, pueda asistir a otro concierto pagando o no, y acompañado de algún orejófilo/a, o al menos de alguien que no tenga orejitis y me de el gusto de acompañarme.

No tengo miedo al fuego eterno (I)




No me refiero al fuego de la hoguera, en el cual en otro tiempo quizá hubiera ardido alguna supuesta bruja o un sodomita, me refiero a parte de una canción de La Oreja de Van Gogh, a cuyo concierto al fin asistí ayer. Tras ciertas negociaciones, al final me quedé solo como el gobierno, fue el precio a pagar por mi asistencia y lo he pagado muy gustosamente. Por no tener compañía ya me perdí la oportunidad de verlos tocar con Amaia Montero, no quería perder ninguna otra, mucho menos siendo gratis. Pero ahora me he quitado una espina, con un broche perfecto a un cuatrimestre perfecto y una sensación de felicidad permanente durante la hora y media que duró. La primera canción, precisamente, fue Sola, pero no me di por aludido. No es que no tuviera gente, la tuve después; lo cierto es que la gente tenía otros intereses, lo cual me parece legítimo. Embriagado por la música de la Oreja y en medio de una multitud, tampoco se puede decir que estuviera como un profeta en el desierto.
De hecho, el público era heterogéneo, desde los clásicos grupos de adolescentes a coro hasta esas mismas adolescentes proyectadas en la treintena. No se olvide que el grupo tiene unos 12 años de trayectoria y que mucha gente ha crecido con él, entre ellos yo. También había un anciano bajito con pinta de desubicado, detrás de quien me coloqué para no perder visibilidad. Esto de la altura es una mierda a la hora de hacer fotos... Yo nunca pretendí ponerme frente al escenario como un fan fatal, desde luego. Tenía pensado colgar aquí fotos del concierto, pero creo que lo haré en otra entrada. Esta basura, a diferencia de textos anteriores, no me deja arrastrar fotos. Con la tecnología de Google Fotos, dice. Bah. Con la tecnología de Google Pollas... De esta manera, y aprovechando que este mes tengo este blog un poco abandonado, voy a colgar otra entrada con fotos del concierto, no muy buenas pero sí representativas.

domingo, junio 20, 2010

Llibertat.

No retiro nada de lo dicho sobre el profe de Hispanoamericana, pero hay que reconocer que es generoso en sus exámenes. Yo me llevé otra matrícula, gracias supongo a una semana de trabajo intensiva. En Románica no tenía muchas esperanzas pero con Janick nunca me ha ido mal y al final me calzó un 9 con el que puedo dar botes de alegría. Es una suerte. No solo se rebajan los salarios, parece ser que el curso que viene me saldrá a mitad de precio.
Este último examen me costó. Eran pocos días, y ya notaba cierta desgana y cansancio acumulado. Además tuve una distracción, un libro que me ventilé en tres días, muy absorbente como para dejarlo incluso en período de exámenes. Se llama Transgresoras y es de Alaska. No os dejéis engañar por la faceta petarda de esta mujer. Es muy lista, ya lo creo. Está estudiando Historia por la UNED, y no es tarea fácil ya de por sí, menos para alguien con una agenda como la suya. Este libro es una antología sobre mujeres que han influido en ella desde todos los puntos de vista: el arte, la política, la religión, etc. No es profundo pero sí muy ameno, con una buena labor bibliográfica y permite al lector tener una panorámica en la que luego ahondar si algún aspecto concreto le interesa. Alaska es una mujer que ha decidido llevar hasta sus últimas consecuencias su famosa canción: A quién le importa. Podría decirse que incluso hasta la contradicción. Ella es una musa gay y lo sabe, pero no se avergüenza de trabajar en medios donde algunos compañeros suyos sostienen que la homosexualidad es una enfermedad. No se pierde ningún Orgullo LGTB en Madrid, donde al final siempre, siempre suena el himno antes citado. Yo no creo que vaya este año. No es una cita obligatoria, depende de una serie de circunstancias, pero el de León ya está metido en el programa de fiestas.
Como este curso he terminado pronto, ayer pude tener mi primer sábado de fiestas sin ninguna prisa por volver a casa. No tengo planes precisos de aquí a fin de mes, tan solo puedo decir que me he quitado una losa con un resultado tan imprevisto que me parece casi imposible.

martes, junio 15, 2010

El último.

Ya he hablado de las peculiares características del profesor de Hispanoamericana, quien decidió llevar su pasotismo hasta el día del examen. Ayer, en vez de los folios oficiales de la universidad, nos dio un taco de blancuchos, corrientes y molientes. Vamos, que me podía haber traído el examen escrito de casa. De hecho, tiempo hubo para hacer el cambiazo. Nuestros profes, a veces por causas mayores y a veces no, tienden a dejarnos al cuidado de alguna becaria. Entre que se fue él y vino la nuestra, pasamos unos cinco minutos a solas, tiempo de sobra para sacar folios, sacar apuntes o chivar al de al lado lo que hiciera falta. No es la primera oportunidad que tengo en esta carrera para copiar; por fortuna, la hago para aprender y no tengo interés en trampas, ninguna asignatura me tiene tan desesperado como para incurrir en ellas. Eso sí, el examen era demasiado largo. De tres preguntas, una de ellas era ¡un tema entero! Tuve que resumir hasta algo más de la mitad, lo cual resulta absurdo. Si un alumno no puede completar su examen, debiera ser por falta de conocimiento, no de tiempo. En fin... No tengo mala impresión, a ver ahora si se apura un poco para corregir.
El viernes tengo el último, el de Románica II, una materia en la que no me había matriculado al principio. Ya se sabe qué se dice de los últimos: que si maricón el último, que si el que llega tarde ni oye misa ni come carne (ninguna de las dos circunstancias me preocupan). Pero también se dice que no hay quinto malo, y esta es la quinta del segundo cuatrimestre (yo también soy el quinto, el último de los hermanos). Al margen de que debiera estar estudiando y no escribiendo chorradas, hoy tengo un incentivo más en forma de matrícula en Curso Monográfico Barroco. Parece que Cuarto va a salir baratillo... Me he planteado currar durante el curso (en el caso de que encontrara trabajo); no obstante, considero que es preferible dedicar el tiempo a tener un buen expediente el día de hoy, y así conseguir un empleo (decente) el día de mañana. Gracias a las matrículas, eso sí, algo se puede ahorrar. En Hispanoamericana tengo mis dudas sobre que la pueda sacar, y en Románica imposible; de todos modos, el viernes es casi imposible que suspenda, a menos que lo deje en blanco. Por ello, esta tarde empezaré y, sea como fuere, el viernes quedo libre y no hay mejor motivación que ello. El penúltimo escaloncito, y el último largo me lo fiáis, para el 14 de septiembre...

sábado, junio 12, 2010

Hispana.

Durante toda esta semana he estado preparando un único examen (las mezclas en esto me sientan tan mal como en los licores espirituosos): el de Literatura Hispanoamericana I. Lo he tenido que dejar para el final, no por desidia sino porque durante el curso he venido currando en las materias de evaluación continua, en las que por el momento ha habido muy buen resultado. Más allá de estudiar los apuntes, que no es mucha tarea, el examen del lunes lleva adosados dos complementos como un trabajo de cierta extensión y saber el resumen de un libro afortunadamente breve. De todos modos he logrado abarcarlo, el tiempo me ha ayudado en ello al cortar de forma brusca el anticipo veraniego que teníamos hace una semana.
Al margen del interés variable de la asignatura, el problema está en cómo se ha dado. El profesor como persona goza de mi simpatía. Nos ha mandado leer su edición sobre la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz y he de reconocer que es un buen libro, con una introducción bien escrita e interesante sobre una de las pocas figuras femeninas que tratamos, una mujer excepcional como creadora hay que decir. Sin embargo, la sapiencia y el dominio sobre la materia que un profesor pueda tener no lo es todo si no dispone de buenas herramientas para transmitirla. Sus clases eran una charleta continua, un monólogo a saltitos que no parecía haber preparado con mucho interés, y ese pasotismo se extendía a la clase, en la que no siempre reinaba un mínimo de disciplina. Le hubiera sido fácil, creo yo, fotocopiar los textos de poetas bastante desconocidos para nosotros, y de esa manera enseñar de forma más práctica. La culpa no fue del todo suya puesto que quien confeccionó los horarios le daba sesiones de dos horas seguidas, que él hacía sin interrupción y las últimas clases ya me las piré porque hacía un calor insoportable, que él mismo notaba y me han dicho que incluso llegó a echar un sueñecito en algún momento dado.
Yo creo que hay una vía del medio entre el viejo sistema de la clase magistral y lo que parece imponer Bolonia, es decir, que el alumno haga el trabajo del profesor. Durante este curso hemos tenido dos profesoras (y en menor medida un tercero) que han sabido, además de dar apuntes, crear interés en el alumno a través de un método más interactivo. Yo no se si llegaré a dar clase, pero en todo caso he aprendido bastante de este sistema. Volviendo al venerable maestro de Hispana, hay que señalar que no dio el temario completo, y no por falta de tiempo. Solía acompañar sus clases con una serie de digresiones, con las que podía estar de acuerdo o no. Su idea básica es que lo vamos a tener muy jodido, más que la generación de nuestros padres, y que más nos vale emigrar cuanto antes. Bueno, es una solución que contemplo, aunque no la tengo como requisito indispensable...
Esta semana me ha costado menos chapar, aún conservo memoria, que realizar el trabajo. Me sorprendió que, siendo tan locuaz en su clase, luego en las tutorías no supiera qué decir, ni de qué manera orientarnos. Así que lo he hecho un poco a mi modo y, si lo llega a leer completo, espero que sepa valorarlo. Es algo absurdo que el trabajo siempre lo mande sobre los mismos dos libros. Año tras año, ¿no se irán agotando los temas posibles? En fin. Ahora os dejo. Aún me quedan algunos folios y acabar con la cansina de Sor Juana y todos sus peloteos a las diversas virreinas, siempre comparadas con Venus. El lunes veremos qué depara esto.

miércoles, junio 09, 2010

La Oreja de San Juan.


Andan por las redes sociales quejándose (al menos aquellos que no tienen tanto que estudiar como yo) de lo paupérrimas que van a ser las fiestas de San Juan y San Pedro este año en León. Tienen su razón, pero no es menos cierto que, cuando hay que ahorrar, se debe empezar por lo prescindible. Quien quiera buenos conciertos, tendrá que pagárselos, y la gente parece más dispuesta a eso antes que a comprar discos. De hecho, el precio de algunas entradas es absurdamente alto, no es de extrañar que Miley Cyrus no lograra abarrotar el Rock in Rio, aunque vacío no es que estuviera... Ella, al margen de ser fenómeno infantil, es aún una recién llegada.
Yo he asistido a conciertos en los que no me ha importado pagar, ya sea un precio más bajo, como Lantana, o más alto, como Franco Battiato. Hace bastantes años estuve a punto de ir a ver a Mónica Naranjo, cuando aún estaba de moda, incluso tenía ya mi entrada junto a un grupo de amigos; pero Mónica hizo un feo a los leoneses y ahora, tras su especie de resurrección artística, no tengo intención de ir a verla, ni gente con quien asistir. Por casualidades de la vida nunca he ido a La Oreja de Van Gogh, no con Amaia Montero en el equipo. Como no todo va a ser malo, parece que el Ayuntamiento me dará la oportunidad de hacerlo gratis la víspera de San Juan. Por exámenes no será, ahora lo que necesito es encontrar voluntarios dispuestos a acompañarme. Si no lo consigo, eso podrá significar dos cosas: o bien que mi vida social aquí es pésima, o bien que mi gusto musical no es muy compartido por la gente que aquí conozco. Descarto lo primero, y veo más probable lo segundo. De todos modos, aún queda tiempo para indagar y supongo que mi primo y abrasador Juancho me invitará a la fiesta de su cumpleaños y onomástica. Ya os informaré si hay avances, por ahora solo me queda esperar mientras llega el examen del lunes, con su batiburrillo de colones, cabezas de vaca, incas y monjas, y también espero una nota en la quizá tengo más esperanzas de las que existen. Espero dar novedades pronto, y que sean para bien.

lunes, junio 07, 2010

Chica de ensueño, criaturas de pesadilla.


Ayer, aunque solo fuera por hacerme compañía ahora que estoy momentáneamente solo, me puse a ver el concierto de Miley Cyrus en Rock in Rio. Me quedé estupefacto, la verdad. Tenía la idea de que sería una puritana integrista como los hermanos Jonas, pero salió a escena, muy desarrollada para su edad, muy ligera de ropa y arrastrándose por el suelo enseñando su generoso escote a cámara. ¡Ohú! Bueno, en una entrevista que leí decía ser una persona muy espiritual, pero que creía que se debe respetar a todo el mundo, ya que su mejor amigo es gay (tópico) y es su peluquero (tópico al cuadrado). Sí, parece que quiere cambiar su público infantil por uno al estilo de Lady Gaga. Como sea que aparenta unos cuantos años más de los que tiene, eso restó indecencia al hecho de que me excitara ligeramente.
Tras ese receso frívolo, me puse a ver una película recomendable, y que se podría arrojar como proyectil a la cabeza de Jiménez Losantos, César Vidal y demás engendros cósmicos, mucho más temibles que el universo de Lovecraft en el que esta historia se inspira. Se llama La herencia Valdemar, es un filme español, rompedor de tópicos. No ha recibido ningún tipo de subvención, y no es precisamente de presupuesto bajo. Es una película de género, terror clásico, apolítica por completo. Y, como nota sentimental, fue la última de Paul Naschy, uno de los iconos de nuestro terror. Es un producto de buena factura, digno y trabajado, si acaso lo más chusco es ver cómo personajes históricos ingleses son interpretados por actores españoles, hablando en español... Pecata minuta. Lo malo es que la película se divide en dos partes, y acaba in media res, habrá que esperar a ver cuándo se estrena la segunda, que incluye, entre otras localizaciones, nuestras cuevas de Valporquero.
En fin. Pese a lo dicho, durante la jornada de ayer estuve preparando el próximo examen, cosa que seguiré haciendo hoy en la medida de lo posible, así que nos veremos cuando sea conveniente.

viernes, junio 04, 2010

Adiós, Tercero.

Advertí no en vano a comienzos de año que iba a bajar el ritmo de las entradas del blog, pero creo que la causa lo merece, como veréis en unas líneas. Hay motivos para el regocijo. En primer lugar hoy ha sido el último día de clase de Tercero. Bien es cierto que no estaré en Cuarto, a efectos prácticos, hasta que no realice ese lejano examen del 14 de septiembre; en todo caso me siento más lejos de lo que nunca haya llegado. Ya tengo dos notas y, aunque sea difícil decirlo sin parecer pedante, las dos son la misma: 10, Matrícula. No tiene tanto mérito sobresalir cuando es en asignaturas que me apasionan tanto como estas, Teoría de los Géneros y Literatura Comparada. Eso sí, dudo de que el final de las notas sea tan bueno como el comienzo. Siempre hay que hacer sacrificios, soy consciente de ello... No me dormiré en los laureles, esta tarde vuelta al tajo a revisar un trabajo con el que finiquitaré la tercera materia de la ronda. Solo deseo que a partir del 18 pueda tener más tiempo que dedicar a mi querido blog y a mis queridos, je, je, cerdos. Gracias a todos por haberme acompañado en esta singladura, de rumbo incierto al principio pero ahora ya muy asentado.

domingo, mayo 23, 2010

Sin cerdos.

Sin cerdos y casi sin blog, este no es mes muy lucido para la creación aunque eso ya lo había advertido, el que viene tampoco lo será, al menos hasta el 18. Esta semana no me he puesto con la novela; aún estoy a tiempo, pero me resulta ridículo quitar tiempo a la carrera teniendo en cuenta que luego podré escribir casi a diario. He de decir que me quedan un par de semanas de curso (semana y media si contamos con que la última es ligera de clases) y también en dos semanas podré saber sendas notas en las que tengo puesto un listón, a priori, alto. Motivos no me faltan para mantener el ánimo, aunque con este tiempo pre-veraniego me embargue una dulce pereza. Se cumplen treinta años del estreno de Star Wars y he podido ver una escena esperpéntica (y gallega, no en vano de la tierra de Valle Inclán) con Tropas Imperiales desfilando frente a la catedral de Santiago de Compostela al son marcial de las gaitas. Así que solo puedo decir: Que la fuerza os acompañe. Al menos en los exámenes.

lunes, mayo 17, 2010

Día contra la LGTBfobia.


¡Feliz día contra la LGTBfobia, aunque ya termine!

viernes, mayo 14, 2010

LOS CERDOS. Entrega 7.

En regresando a la cocina, Jonás fue directo hacia el congelador. Hasta hace poco vacío, había ocupado la mitad de su espacio con una bolsa de cubitos de hielo del chino y la carne sobrante de aquella lección inicial. El joven supuso que, si durante todos los días del curso regresaba con semejante cantidad de provisiones, pronto el electrodoméstico quedaría saturado. No eran tiempos, con todo, de andar arrojando comida, por muy mal cortada que se encontrase esta. Se imaginó que la mayoría de sus compañeros del taller se hallarían agradecidos si les cediera su carne para repartir entre su numeroso clan. Más allá del filetón, que continuaba casi crudo en su parte interna, Jonás necesitaba refrescarse de inmediato.

Al abrir la puerta del congelador, se encontró con una cucaracha correteando por el borde de la misma, ya que el hecho de que hubiera surgido del interior era poco probable. El insecto desapareció con la misma rapidez con la que había entrado en escena, pero Jonás no pudo refrenar un respingo; el cuchillo, que aún tenía en la mano, se deslizó hacia el suelo sin causarle daño alguno. El joven había ahogado un grito. No sentía temor, sino sorpresa; tampoco le hubiera molestado parecer una asustada damisela, dada su situación solitaria en el cuarto. Era una cucaracha, de eso no le cabía duda, aunque no una de esas clásicas y negruzcas como las que solían aparecer en otros pisos. Aquella le resultó más alargada y de tonalidad marrón, un tamaño medio pero lo bastante considerable como para que le repugnara su presencia en el linde de su almacén de comestibles.

Sintiendo como la llamada de esa raza que había colonizado el piso en una sigilosa invasión, Jonás observó que por el fregadero aparecían otras, esas apenas crías, del tamaño de una hormiga o incluso menor. Superado el instante de aturdimiento, Jonás se dirigió hacia allí. Bichos promiscuos, a la par que tontos, pensó, ellas mismas se han colocado en la trampa y van a caer en su propio Mar Rojo. Accionó el grifo, y el agua las arrastró a través de esas cañerías en las que supuso que tendrían su imperio, por no hablar de otros múltiples escondites de los que el viejo piso andaba sobrado. Algunas escaparon por el suelo y Jonás cogió la escoba para barrer su existencia. No obstante, en la desbandada la mayoría se le esfumaron y el joven, resignado y negándose a que ese imprevisto ataque le fuera a disuadir de su objetivo principal, abrió el congelador sin temor alguno y se aprovisionó de un par de piedras.

Jonás no necesitó de muchas conjeturas para imaginarse que la cocina era el bastión fuerte de los insectos, así que en el salón se sentía ajeno a ellos, el whisky le bastó para ahogar sus escrúpulos e incluso dedicó el primer trago a esa numerosa, si bien indeseada, comunidad de compañeros de piso. Se había puesto a cenar al lado de la ventana, aunque su comida no es que se viera lo bastante ligera como para aliviarle el calor. Mientras engullía el filete, un par de chorrillos de sangre le bajaban por las comisuras de los labios, dando fe de que lo había dejado en su peculiar punto. Decidió hacer una pausa para llamar a su padre, desconociendo si le iba a pillar con mucho o poco trabajo. Él se había mostrado reticente al giro que había dado su vida, y relatarle el asunto de las cucarachas era en cierto modo darle la razón, pero Jonás necesitaba una serie de informaciones concretas que tal vez él pudiera ofrecerle.

Cogió el móvil y llamó al mesón, sin sospechar que en aquel momento su padre lo que se disponía a coger era un cochinillo listo para el asado, otra de esas piezas como las que tanta fama habían otorgado a su establecimiento. Sin embargo, el afán paterno por tener noticias suyas pudo lograr que compatibilizara cerdo y teléfono en el mismo momento, sin cesar de moverse por la cocina.

- ¡Jonás! ¿Qué tal? Estoy un poco liado, hijo, pero dime, ¿cómo te apañas?

- ¡Hola, papá! Perdona, me imaginé que tendrías curro aunque no sabía cuánto. Solo quería preguntarte una cosilla sobre el piso.

- A ver si te puedo ser de ayuda, porque últimamente no es que haya parado demasiado por allí…

- Ya- Jonás no sabía muy bien cómo abordar el tema de los bichos justo cuando su padre estaba cocinando- El caso es que… ¿Tú sabes si aquí solía haber… cucarachas? Bueno, el caso es que quizá sea un problema del bloque de viviendas, o solo que hayan salido por el calor, el caso es que me ha parecido ver unas cuantas, no es que sean una plaga pero bueno…

Aunque Jonás no pudiera observarlo, su padre frunció el ceño, sujetando el teléfono contra el hombro mientras preparaba al puerquito para su sesión de horno. Al poco reaccionó ante el asunto.

- ¡Ah! Claro, ahora me lo imagino, pero es que ya hace tiempo de eso. Fue tu abuela. Antes de enfermar guardó un cesto de patatas vete a saber dónde, por una de esas estanterías debajo de la cocina, y cuando quise darme cuenta eso se había convertido en un festín de cucarachas. ¡Y no creas que no intenté librarme de ellas! Eché polvos, eché insecticida pero nada. No se si las que has visto vendrán de ahí o será cosa de ahora, en todo caso vas a tener que echarle paciencia, ya me cuesta mantenerlas a raya aquí mismo…

Jonás comprendió. Había acudido a su progenitor buscando una respuesta fácil, que no había hallado. Es por eso que aquel pudo reconvenirle, como había imaginado.

- De todos modos te avisé de que no te metieras en ese cuchitril, lo que tendríamos que hacer es venderlo y que el que venga luego que apechugue con las cucarachas y con lo que haga falta. Jonás, ¿al menos te está sirviendo de algo estar allí?

- Bueno, he empezado un curso de auxiliar de carnicería.

Auxiliar de carnicería. En el tono en el que lo había dicho, resultaba hasta pedante y todo. Fue un error, lo supo, una carta mal jugada y mejor hubiera sido mentir, pero el whisky y el calor le estaban haciendo bajar la guardia. Se imaginó a su padre quedándose atónito. O, mejor dicho, desilusionado, aunque sus palabras resonaron por el teléfono con tono comprensivo.

- ¿Auxiliar de carnicero? ¿Qué es eso? Si de cortar carne se trata, para eso te hubieras quedado aquí para que te enseñara yo, que tú vales para eso y para mucho más.

- Es para ir tirando- objetó Jonás, tratando de recular a destiempo- No estoy muy instalado aún aquí, quiero ir poco a poco con mis experimentos…

En el fondo, él no quería dar explicaciones lógicas porque no sabía si podría encontrarlas. La lógica no era el sentido que le había acompañado durante aquel viaje. Es posible que su padre lo supusiese, por ello tampoco quería insistir demasiado.

- Mira, Jonás, si lo que quieres es estar un tiempo fuera me parece bien. Los jóvenes se cansan de estar aquí y tú has trabajado mucho, hijo, pero tampoco me extrañaría mucho si tras el verano te veo otra vez por acá.

- Uf… No se, papá, aún es pronto para saber eso. Ya te digo que ni siquiera he sacado los cacharros de trabajo, a ver si me pongo ahora con ello. Ya estamos en contacto, igual me escapo para allá un fin de semana, igual me tienes que dar clases particulares porque esto de partir no me viene de familia…

Jonás sonrió. Lo de volver un fin de semana era una excusa, pero lo de las clases en verdad lo hubiera deseado, para volver al taller demostrando al monitor sus progresos.

- Muy bien. Un beso, hijo.

- Igual. Ciao!

Jonás se metió otro trozo sangrante en la boca, meditando que, antes de tomarse otro whisky, bueno sería adentrarse en el maremágnum que tendría que ser su laboratorio, no fuese que las nieblas y la digestión le anclasen a aquella mesa.

domingo, mayo 09, 2010

LOS CERDOS. Entrega 6.

- A la hora de cortar filetes – comenzó el monitor- tenéis que estar muy atentos al juego de muñeca. Colocáis la base del cuchillo en la carne y luego lo dejáis deslizar suavemente hacia abajo para que vaya cortando la pieza. No hace falta presionar con fuerza, tan solo girar la muñeca con suavidad y que corra. ¡Suave y que corra!

¡Suave y que corra!, se repitió Jonás como un mantra, observando si los movimientos del maestro hacían honor a sus indicaciones. Amarrando el trozo de carne con la mano enguantada, con la otra colocó en efecto la parte final del cuchillo encima y deslizó el filo de forma limpia, hasta sacar un filete delgado al que pronto hicieron compañía otros dos de la misma consistencia. El monitor cogió uno entre los dedos para mostrarlo a sus aprendices de ejemplo.

- Las señoras suelen preferir filetes finos, para empanar o para hacer flamenquines, por ejemplo. A menudo os los pedirán así, acostumbraos a cortarlos delgados.

Antes de la clase los asistentes habían tenido que firmar en un listado, ya que cierto número de ausencias conllevarían no obtener el diploma. El monitor repasó las fotografías por encima, tratando de quedarse con aquellos rostros encuadrados por la misma visera.

- A ver, Jonás- anunció- Te ha tocado.

¡Oh, mierda!, pensó, si bien exhibiendo una sonrisa cohibida en la que expresaba sencillez y una disculpa por adelantado previendo que su suerte de primerizo iba a ser nula. No supo en ese instante por qué fue escogido para abrir la terna, quizá porque su nombre no destacaba por lo habitual, aunque los de algunos de sus compañeros latinos tampoco se quedaban cortos. Jonás fue aleccionado sobre cómo colocarse el guante metálico y afilar el cuchillo, antes de ponerse a la tarea. Su hendidura en la carne dio buen resultado, pero guió la senda del cuchillo de forma tan desviada que al final lo que salió de allí fue un filete estrecho en punta que luego se fue ensanchando hasta alcanzar un dedo de grosor. Jonás, avergonzado, cogió la considerable pieza y la colocó junto a las que había extraído el carnicero, deseando que quedara disimulada como una gorda y amorfa hermana de estas. El monitor, dulcificando una mirada de disgusto, le dio una palmada en el hombro.

- Bueno, no está mal- comentó- No está mal para un león, claro. ¡Menudo filetón! Pero bueno, en la primera vez tampoco pido milagros. Recuerda: ¡suave y que corra!

Jonás asintió, mientras regresaba al corro. No estaba acostumbrado a ser el blanco de la sorna de sus maestros, aunque este había estado bastante suave, como el movimiento de su muñeca, por ser el primer intento.

- Ariadna Velászquez- llamó luego, y la colombiana, que antes de comenzar ya se había metido en el bolsillo a casi toda la clase, se adelantó con un Ay mamasita y una mueca guasona

Sin embargo, cuando se puso a cortar lo hizo con seguridad, concentración y desgajó dos finas piezas que por poco alcanzaban la perfección de las que había puesto el maestro de muestra. Claro que ella no tenía la menor intención de presumir; acabada la tarea, retornó su semblante risueño.

-¡Vaya!- comentó el monitor, sin querer dar mucha sensación de asombro- Tú ya tenías experiencia en esto, ¿verdad? Bueno, todos podéis aspirar a imitarla, con un poco de técnica y bastante de paciencia.

- Con paciencia y salivita se la metió el elefante a la hormiguita- apostilló Ari, provocando la carcajada general. No así la de Jonás, quien consideró, con cierto prejuicio por su parte, que en su destreza los factores del sexo y de su nacionalidad habían ayudado en buen grado.

No obstante, tuvo que cambiar esas ideas más tarde, porque no había un perfil homogéneo para el buen cortador de filetes. Algunos hombres también demostraron buena mano, y alguna mujer también le acompañó en preparar carnaza para los animales del circo.

El azar quiso luego gastarle una broma provocando que, durante el reparto del género cortado, su propio filetón le cayera en el lote, algo de lo que no fue consciente hasta que llegó a su casa. Jonás enrojeció ante la osadía de aquella pieza que insistía en perseguirle, para su humillación, y decidió sacrificarla aquella misma noche. No era de tomar carne para cenar, mucho menos con aquel tiempo sofocante, pero decidió que digerir aquel mazacote sería más ligero que digerir el fracaso que había sufrido. ¡La primera en la frente! Cogió una de las vetustas sartenes de su abuela y al menos agradeció que hubieran incorporado la modernidad de unas placas de vitrocerámica. Puso el fuego al mínimo y dejó que el trozo de carne se fuera cocinando de forma muy lenta. Por fortuna se encontraba solo y no tendría que dar explicaciones a nadie que se escandalizara porque el corazón de aquel filete estuviera crudo cuando se dispusiera a sacarlo al plato. Jonás sonrió con desprecio, recordando al hipotético receptor de sus artes como carnicero.

Las señoras, las señoras… Bah. ¿Por qué tendría que preocuparse él de ese ente informe llamado las señoras, y su ansia de filetes finos que esconder bajo la capa del rebozado, quizá convirtiéndolos en esos flamenquines cuya definición trató de recordar, sin fortuna? La perfección en aquel arte era tan relativa como en cualquier otra. A fin de cuentas, aquel mundo había pasado de la rotundidad de unas carnes a lo Rubens al estado rayano en la anorexia que imperaba en la actualidad; o, mirado de otro modo, su filetón no hubiera desentonado junto a un cuerno de cerveza en el festín de un jefe vikingo, mientras que ahora era despreciado por las modas que imponían aquellas señoras que, quizá, no distarían mucho de los clientes del mesón de sus padres. Por favor, este filete no está demasiado pasado… Esos degustadores de suelas de zapato con las que él se complacería en golpearlos.

Pues no, a él le gustaba la carne poco hecha y pensaba tragarse ese filete regado, para desquitarse, con una buena cantidad de whisky. Trasteando por la cocina descubrió un cuchillo parecido al que habían utilizado en el curso, y un afilador. Creyó que era el momento de hacer los deberes y, aunque no le fue posible llevarse una pieza de ternera en la mochila, al menos los instrumentos los tenía al alcance para practicar su juego de muñeca, como si se tratara de meter una pelota de golf.

Amarrando el cuchillo con cuidado, Jonás salió de la cocina y atravesó el salón, que aún estaba bastante vacío y él no tenía previsto utilizarlo en gran manera. Todos los trastos de su mudanza los había trasladado a una habitación anexa, a un dormitorio ahora sin uso que iba a convertir en un laboratorio sui generis. Aparte de un televisor, varias sillas y una estantería con recuerdos familiares, el mueble de mayor provecho era una mesa situada al lado de la ventana que daba al patio, la cual estaba abierta para contrarrestar el sofoco. Allí era donde Jonás se dispondría a dar buena cuenta de la pieza que había dejado al calor.

Su piso no era demasiado grande, no había lo que se pueda denominar un pasillo, así que al final del salón se abrían tres puertas, una daba a su dormitorio, otra al cuarto en el que tenía pensado trabajar y la tercera al baño, bastante reducido, en el que el lavabo, el retrete y la ducha se disponían seguidos, casi tocando los unos con los otros. Jonás se colocó enfrente del espejo, de perfil.

- Suave y que corra. Suave y que corra- iba musitando, al tiempo que repetía el movimiento que les había enseñado el monitor.

Tras cuatro o cinco intentos, se sintió bastante ridículo y abandonó. Lo que es la técnica no le parecía lo más complejo del mundo, pero sin materia en la que ponerla en práctica su ejercicio se quedaba corto. Decidió volver para comprobar cómo iba el filetón.

martes, mayo 04, 2010

Alterada tensión.

Parece que este comienzo de mayo se me está atragantando otra vez, no por la fiebre ni la garganta sino por la tensión, que la tengo casi por los suelos sin que llegue a comprender por qué. Suerte que, en estos altibajos en los que va para arriba, estoy lo bastante animado como para escribir aquí. Quizá tenga que ver con los bruscos cambios de temperatura, de hasta veinte grados, que hemos estado sufriendo estas semanas. Si el tiempo está fucking crazy, nada raro que esto repercuta en nuestro organismo, y no se dice en vano que la primavera la sangre altera. Con todo, espero que esto termine pronto porque ya la semana que viene empezará el festival final de curros.
Ayer vi una película iraní llamada Nadie sabe nada de gatos persas. El título es una metáfora que alude a los ocultos músicos underground de ese país, tipos que cantan hevay metal en un establo con vacas o que rapean a lo persa en lo alto de un edificio en construcción. Cualquier lugar es bueno para hallar libertad en el régimen teocrático. A propósito del título, recordé cuando el presidente del país dijo algo así como que nadie sabe nada de homosexuales allí. Quizá sea pronto para que hagan una película sobre ese aspecto, pero semejante disparate (ya que la homosexualidad existe en todas partes, y desde mucho antes que el Islam) podría ponerse en relación con el de Evo Morales. Evo y Mahmud, o como huevos se llame, podrían formar un dúo cómico al estilo de los Morancos y hacer giras mundiales, tal vez mejor en el estilo de Martes y Trece y su número de Soy maricón, maricón de España... Lo curioso es que el alcohol está prohibido en Irán, pero teniendo el opio de su religión, del que abusan en demasía, ¿qué más se puede querer? El eco de esas sandeces debiera llegar hasta la tumba de Alejandro Magno, para que reviviera y fuera a conquistar Persia y arrojar a toda esa horda de mamarrachos a alguna isla desierta en la que montar su Utopía particular, una sociedad en la que hombres y pollos heterosexuales pudieran vivir en armonía. En fin. La próxima vez buscaré algo más alegre, que cosas así no creo que suban la tensión.

sábado, mayo 01, 2010

LOS CERDOS. Entrega 5.

II

Jonás Virgil tuvo que esperar algunos días antes de ingresar en el curso de auxiliar de carnicero. Mientras tanto, se dedicó a realizar breves incursiones por la ciudad, entre el turismo y la necesidad, que eran sofocadas por el propio sofoco, el cual le llevaba a guarecerse en la fresca vaciedad de su piso, aún algo lejos de ser habitable. Tuvo que pasar el trámite de una entrevista más, con la seleccionadora de personal de los supermercados Apolo, pero esta no prestó tanta atención a las circunstancias personales de Jonás y se comportó como lo que su aspecto sugirió al joven: una afable matrona vestida con una especie de traje negro de la cabeza a los pies, como si la oscuridad formara parte un agujero cósmico destinado a absorber parte de su abundante materia. Por alguna informal razón que Jonás no llegó a comprender, su entrevistadora en un momento dado se sentó en la mesa de trabajo a repasar documentación varia, desde entonces ya no pudo mostrar demasiada atención por sus palabras.

A partir de su cintura, la mujer desarrollaba como dos contenedores de grasa excedente, dos jamones en los que el tocino hubiera cantado victoria en su batalla contra lo magro. Jonás, que desde su llegada había estado malcomiendo más por desidia antes que por miseria, contempló aquella gran reserva y fantaseó sobre la posibilidad de que, tras la entrevista, viniera una parte práctica para probar su pericia con el cuchillo, teniendo que extraer un tasajo a modo de liposucción in situ. Pero él, que no albergaba la menor intención antropófaga, empezó a imaginar otras tiras de panceta, de origen porcino, dorándose en aquella vetusta cocina de su abuela que aún no había estrenado. La idea del cursillo se le hizo más apetitosa ante esa delicia virtual…

La entrevista tuvo lugar en un hipermercado de la cadena, situado a unas diez paradas de metro del domicilio de Jonás, el cual también disponía de un aula destinada a la formación. Para aprovechar el paseo más allá de ese mero trámite, el joven se prometió comenzar a tomarse en serio su tarea de hombre soltero con casa a medias y compró algunas viandas en el que sería su futuro taller. En la sección de bebidas espirituosas, Jonás se detuvo cierto tiempo en la fila de las botellas de whisky. Se decidió por una de calidad ligeramente superior a la media de lo que un joven de su posición podría permitirse. Quería bautizar su morada con un licor con ínfulas de nobleza, sin llegar a la ostentación. Respecto a los hielos, los imprescindibles cubitos, no necesitaban llegar hasta esa categoría. Los múltiples establecimientos regentados por chinos, alrededor de su barrio, bien podrían suministrarle la frescura en la que se fuera diluyendo aquel brebaje.

Un par de jornadas más tarde, cuando ya había recibido pero no desempacado su bata de científico al igual que el resto de sus aperos, Jonás se vio envuelto en otros albos ropajes, también en forma de bata pero esta destinada a una actividad inédita hasta entonces en él. Sobre la bata se había atado un delantal de un tono verduzco oscuro, y remataba su uniforme una gorra con el distintivo de los supermercados Apolo. Jonás se contempló de esa guisa ante el espejo de los aseos del hipermercado. Temió en principio que iba a quedar convertido en un mamarracho, y que si acaso podría colgar esa instantánea junto a su título como doctor, ilustrando las piruetas que el destino le había marcado; luego convino que, pese a una delgadez progresiva, el disfraz prestado le confería cierto grado de virilidad, aunque le faltaba un elemento imprescindible: el cuchillo.

Bajó por las escaleras de servicio hasta el aula, la cual se mantenía dentro de una temperatura fresca que vivificó sus sentidos. No era una clase al uso, como las de su facultad, si acaso una especie de almacén reconvertido en sala de despiece con espacio más que sobrado para los veinte o treinta alumnos que iban a asistir al taller. Al fondo comunicaba con la cámara frigorífica, fuente de la materia prima a trocear, y en la parte central había dispuestas unas alargadas mesas metálicas, con superficie a prueba de cortes. En un extremo se encontraban otros elementos como una máquina para picar la carne, un fregadero de cara a las tareas de limpieza y otra mesa rectangular con una báscula y rollos de papel para embalar las piezas al final de cada sesión. Colocadas de forma más o menos ordenada pudo ver otras partes básicas del instrumental: toda clase de cuchillos, afiladores, fregonas dentro de cubos, etc.

Alrededor de la mesa principal había un revoltijo de batas, gorras y delantales como los suyos, entre el grupo pudo distinguir al monitor. Supuso su cargo porque era la única figura que no iba tocada con visera, pese a que hubiera sido un disimulo a su alopecia, y más por su actitud antes que por la edad. El alumnado no era homogéneo, aunque ese factor tampoco lo había esperado Jonás. El número de mujeres superaba por poco al de hombres, y la mitad de los presentes denotaban un origen latinoamericano. Respecto a la edad, varios parecían haber sobrepasado ya el ecuador de su existencia, Jonás los etiquetó como parados con poca expectativa, dados sus años, de obtener un nuevo empleo. En el otro extremo también había dos o tres adolescentes con el aspecto de compatibilizar esa ocupación veraniega con sus estudios, o quizá no los cursaran y aquella fuera su primera experiencia en el mundo laboral.

No catalogó, pues, al maestro cocinero por su edad; pese a la calvicie le echó unos cuarenta, quizá no cumplidos. Era de estatura media, bien formado sin llegar a fornido. Se encontraba saludando y bromeando con los alumnos, Jonás percibió en él un buen gracejo castizo, no exento de mala leche como pronto podría comprobar; una persona simple, en un sentido no peyorativo de la palabra, ese fue su juicio a priori. No se sentía muy a gusto a las órdenes de alguien así, quizá por un aristocrático sentido de su dignidad que se cuidaría de mostrar mientras estuviera dentro de aquel reducto.

Jonás, aunque su objetivo al trasladarse a esa ciudad no era el de hacer amigos, procuró guardar las formas y se acopló al grupo al estilo de una onda concéntrica. A su llegada le envolvió un halo de carcajadas, alumnos y monitor tenían la vista fija en el foco que las provocaba. Era una mujer latina, estaba en la treintena bien larga, rasgo que más tarde dejaría patidifuso a Jonás cuando se enteró de que era abuela. Más allá de su condición familiar, respondía al nombre de Ariadna Velásquez y era de nacionalidad colombiana, como algunos de sus compañeros allí. Ari, así la llamaban todos, era gruesa pero no en demasía, remataba su bonachona figura con un pelo corto, de punta y teñido de rubio con briznas rojizas, aunque en ese momento estuviera cubierto por la gorra reglamentaria.

Todo su ser desprendía, de forma generosa, un vitalismo y una jocosidad que a Jonás le recordó a comportamientos similares que ya había podido notar en personas de su vecindario. Dentro de la algarabía que provocó en la sala, él no se sintió contagiado de su humor procaz, aunque no pudo evitar lucir una sonrisilla cuando le llegaban retazos de sus chistes verdes. No obstante, el monitor pronto quiso ir al ajo y se hizo acompañar de un par de muchachotes para traer la carne desde la cámara frigorífica. A su regreso el monitor plantó sobre la mesa un trozo rosáceo y de estructura más o menos cilíndrica. A falta de empezar con las clases teóricas y merced a lo visto en el mesón, Jonás lo identificó como ternera. Antes de ponerse a la tarea, el monitor se enfundó en la mano izquierda un guante de protección, formado con una malla metálica, requisito obligatorio a menos que quisieran correr el riesgo de que el número de sus dedos bajara de la decena. Cogió luego el cuchillo fileteador y se puso a afilarlo con esmero, dispuesto a enseñar a sus alumnos la lección inicial.

El corro de pupilos, antes tan alborotador, se alineó en fila para atenderla. Jonás meditó que, en el fondo, la sala no distaba tanto de parecerse a un laboratorio; precisando más, a una sala de disección. Ellos, discípulos enbatados, iban a asistir al análisis de un cadáver animal, al menos de una de sus partes. Jonás, acostumbrado en sus estudios a tratar con partículas infinitamente más pequeñas, se mostraba expectante.

viernes, abril 30, 2010

RUMIMRÓM, O DE LA HIPOCRESÍA OSCULAR DE ESTA SOCIEDAD. ( y II)

Curiosamente el mismo día en el que compré la Fotogramas pude leer antes una noticia que denunciaba la homofobia en una caseta de la Feria de Abril, de la que echaron a una pareja gay por besarse. Por supuesto que el propietario no hablaba de homofobia, sino en plan: es mi caseta, son mis reglas. Vinieron luego las matizaciones, siempre tan queridas en estos casos: que si él dice un morreo y los otros dijeron un pico, que si lo de los besos ahí estaba mal visto, también para heteros… Debo de tener una visión estereotipada y rancia sobre esa celebración, yo creía que era todo alegría y alegría, poco me imaginaba que alguna caseta pudiera tener reglas iraníes en ese sentido. No es el primer incidente así, ni será el último, excepto en aquellos sitios en los que la tolerancia se da por supuesta. Aún recuerdo la agradable, que no morbosa, sensación que noté a finales del verano pasado, viendo a dos mujeres besándose en la terraza del Europa, frente a la Pulchra Leonina y a unos pasos del obispado. León se mueve, sin duda, también vi a una pareja de osos paseando de la mano por Santo Domingo…

Volviendo a los bares, para evitar confusiones y, siguiendo la estela de las leyes sobre el tabaco, quizá habría que establecer carteles del tipo En esta zona te puedes besar, junto a una bandera del arco iris, o Zona de morreos heteros (por no utilizar letreros más ofensivos). La diferencia es que tragando el humo del tabaco te puede dar un infarto; eso no tiene por qué sucederte si ves a dos hombres o dos mujeres besándose. Si te sucede, da el infarto por bien empleado a modo de aviso para que cambies el chip… Lo positivo, en todo caso, de incidentes de esta clase es que quita la razón a aquellos que aseguran que los homosexuales ya tienen todos sus derechos, englobando dentro de ese término a todo el colectivo LGTB, desde luego. Tener derechos es que, al igual que mi compañera se da un morreo con un maromo, pudiera yo llegado el caso darme un morreo con mi compañero sin que mirasen mal (bueno, en Filosofía y Letras tan mal no mirarían…). Eso se cura sobre todo siguiendo una premisa tan importante que es para ponerla en mayúsculas: Educación.

Porque, más allá del filtro de los prejuicios, ¿a quién le puede molestar un beso? Incluso cuando quienes se ven envueltos dentro de él no sean especialmente hermosos, a diferencia de la película, es un acto bello en sí, de variada connotación según qué clase de beso sea. No es algo de lo que avergonzarse, sino que puede constituir una tabla de salvación, un recuerdo que nos ilumina con el hálito de la esperanza en aquellos momentos en los que nos falta calidez. Es un signo de vida, quien lo niegue está negando la realidad.

No tengo más que decir por ahora. A lo largo de mes y medio voy a toparme con siete trabajos y cuatro exámenes, si bien no todos del mismo esfuerzo. Confío en que este blog no se vea perjudicado por ello; yo voy a seguir, aunque sea a cuentagotas, con la novela Los cerdos y a ser posible con la poesía, es algo que necesito y veo positivo mantener, si bien en perfil bajo, hasta el verano.

Continuando con el tema que he tratado en estas líneas, esta noche me dispongo a ver una película en la que tengo puestas muchas expectativas, Un hombre soltero, de Tom Ford, con Colin Firth y la magnífica (e incomprensiblemente no oscarizada) Julianne Moore. Si merece la pena espero poder hacer alguna reflexión en unos días sobre la misma.

miércoles, abril 28, 2010

RUMIMRÓM, O DE LA HIPOCRESÍA OSCULAR DE ESTA SOCIEDAD. (I)


El título puede parecer pedante, supongo que será el influjo de estudiar tanta literatura. El caso es que, ahora que vivimos un no deseado, al menos por mí, verano anticipado, es tiempo de soltarse la ropa y por ello voy a hablar, entre otros asuntos, de Una habitación en Roma, la última película de Julio Medem. No se ha estrenado, y no tengo interés en verla, pero me gusta más su título en inglés: Room in Rome, en su aliteración resulta más eufónico, algo así como Rumimróm. Al margen del título, en su cartel ni sale una habitación, ni sale Roma. Antes bien sugiere un paisaje idílico en el que dos náyades (la mitología como justificación del desnudo) se entrelazan sin sugerir relación erótica alguna más allá del sobresaliente, en ambos sentidos, culito de una y la mirada cómplice de ambas hacia el espectador-voyeur.

Dice Medem que no quería despertar el típico morbo del espectador masculino viendo a dos chicas guapas besándose. Loable intención aunque, ya solo de ver las imágenes que vienen en la Fotogramas, creo que lo de los besos es lo de menos… Es de suponer que al rodar Lucía y el sexo tampoco pretendería que la gente, no me refiero ya a género alguno, se quedase con el cuerpo de Paz Vega, aunque se paseara en pelotas sin venir a cuento dentro de un guión que yo no llegué a comprender en lo que vi de película, que no la vi entera (de él solo he visto completa La pelota vasca, que no incluía ningún desnudo de Otegui o Arzallus. ¡Gracias!). Francamente, yo no comprendería que alguien fuera al cine solo para excitarse. Para eso ya hay miles de vídeos dentro de la red, con chicas tan guapas como Anaya y Yarovenko, aunque supongo que peores actrices, besándose y haciendo todo lo que la película no mostrará o solo sugerirá. Quien quiera satisfacer ese morbo bien lo podrá hacer desde su casa, sin más espectadores; otro gallo cantaría si, como propone jocosamente la revista, el filme se hubiera rodado en tres dimensiones…

En el póster no salen las ninfas besándose, aunque al principio yo pensaba que así sería. Un cartel de este modo, si los ayatolás del Metro o de otros medios de transporte permitieran colgarlo, correría el posible riesgo de ser robado. En caso de que los protagonistas fueran masculinos, antes bien el riesgo sería de ser quemado. No voy a decir nada que no sea conocido, pero bueno es que establezcamos comparaciones. Hablemos de la película I love you Philip Morris, con otra pareja, Jim Carrey y Ewan Mc Gregor, haciendo de pareja. Pese a estar protagonizada por actores de valía, con cambio de registro en el caso del primero, la productora se está planteando no estrenarla en las pantallas, quizá ni siquiera la saque en DVD, y en la más tolerante Europa habrá que ver si llega.

¿Es posible esto, el que acabe en un negocio ruinoso? Pudiera ser, pero de todos modos me extraña. Sean Penn, que no acostumbraba a hacer de gay, ganó el Oscar con su Harvey Milk, película no muy sexual pero con besos incluidos también. ¿No sirvió para nada el éxito de Brokeback Mountain (hurto de Oscar, no me cansaré de decirlo, incluido)? Quizá no, quizá fue una benigna excepción. Quizá impere la hipocresía oscular de quienes están a favor de que dos hombres se besen pero no quieren verlo. Por cierto, no busquéis en el diccionario el adjetivo que acabo de utilizar. En la tarea de un escritor cabe innovar la lengua también… Una habitación en Roma se basa en una película chilena con pareja heterosexual. Rizando el rizo, a ver quién se atreve con una tercera versión con dos hombres o, mejor aún, una bisexual con dos hombres y una mujer (un hombre y dos mujeres seguiría sonando a porno barato). Eso sería, como el nuevo Bifrutas de Pascual, binatural y birefrescante, o como leches se anuncie en su publicidad.

domingo, abril 25, 2010

LOS CERDOS. Entrega 4.

Poco avanzado el inicio de dicha jornada, Jonás Virgil se encontraba dentro de una cita que ni tenía prisa en concertar ni tenía la menor intención de retrasar un día más: una entrevista en la oficina de empleo. Mientras desayunaba, una bolsita de té negro y una magdalena que le ofrecieron en el autobús, y luego al ducharse, para poner a raya el sudor y el sopor de una noche desvelada, Jonás había ido trazando un guión mental sobre cómo podría desarrollarse esa entrevista. Luego, cuando estuvo frente a la joven que tenía que encargarse de ella, de su edad o quizá un poco mayor, su intuición comenzó a captar gestos delatores de que iba a seguir, en gran medida, ese guión.

Jonás jugaba al despiste, iba bien vestido, con una camisa fresca que no le adhería el calor, daba la impresión de que, en vez de a la oficina de empleo, iba al empleo mismo, a intentar engatusarlo para conseguirlo. Había algo en su figura discordante de la tónica general en la rutina de esa joven entrevistadora, algo que se puso en mayor evidencia cuando ella comenzó a repasar su currículo. Jonás, observando en su rostro una expresión de no dar crédito, esbozó una sonrisilla vanidosa; por disimularla, comenzó a coger folletos acerca de cursos para desempleados en los que fingía poner mayor o menor interés.

La entrevistadora, como si tuviera que hacer un comentario de su currículo línea a línea, iba desgajando datos que Jonás confirmaba con un leve asentimiento, ocultando su propia opinión bajo una máscara impasible.

- Tienes treinta y tres años. Cierto, pero aparento menos, como suele pensar la gente y pensarás tú misma a juzgar por tu actitud. ¡Gracias por el cumplido! Recientemente has obtenido el doctorado en Química; cuentas además con numerosos seminarios y, en la actualidad, disfrutas de una beca por parte de unos prestigiosos laboratorios para realizar un proyecto de investigación. ¿Y ahora qué? Cómo me gustaría que tus labios pronunciaran lo que tu rostro está expresando con diáfana claridad.

Pero esas tres palabras no salieron de boca de la entrevistadora. Jonás se había distraído más de la cuenta contemplando uno de los folletos cuando se vio obligado a recoger el guante que en cierto modo ella le arrojaba.

- Es cierto- comentó- Tengo esa beca. Bien, digamos que… El prestigio de esos laboratorios no se ha traducido en la cuantía de la beca. En una palabra… En mi ciudad natal me encontraba viviendo con mis padres y con esa subvención apenas me daba para independizarme. Tenemos un negocio familiar, un mesón para que el yo he sido siempre un inepto redomado y, bueno, con eso hemos ido tirando hasta que me vi en la necesidad de trasladarme aquí, por motivos personales…

Jonás se sentía embarazado y algo bobo, circunstancias también previstas en su guión. Creyó mezclar varias ideas, algunas inconexas, justificando su vida mucho más allá del folio del currículo, hasta llegar a la llave mágica, al motivo de los motivos personales, expresión ante la que supuso que su interlocutora se quedaría estática, con cara de interrogante frente a la que él no soltaría la menor prenda. No fue así.

- ¿Y vas a seguir con tu investigación, entonces?

- ¡Desde luego!- afirmó Jonás, como si sostener lo contrario hubiera sido ya propio de un demente- Seguiré en cuanto me manden mis materiales, pero hasta entonces necesito algún ingreso. No es que haya pasado mucho tiempo en esta ciudad, pero… Tengo la impresión de que te cobran casi por salir a la calle.

Y casi por respirar, sobre todo durante esta estación.

La joven sonrió, corroborando su opinión.

- Es posible que puedas encontrar algo a tiempo parcial, ya sabes, para sufragar gastos y poder seguir al mismo tiempo con tu estudio. En verano hay más oferta en ese sentido, quizá no tanta como antes pero, eso sí, dudo que vaya a poder encontrarte algo… Adecuado a tu nivel, vamos.

- ¿Mi nivel?- repitió Jonás sonriendo, el ego satisfecho pero destilando cierta sorna- Bueno, no tengo ningún problema con eso. Voy a seguir con lo mío, lo demás poco me importa. Si he llegado a conocer a médicos que trabajaban en un videoclub, y eso cuando los videoclubs todavía eran un negocio a tener en cuenta…

- Pero, ¿vienes con alguna idea sobre lo que te gustaría, al menos?

La entrevistadora no había pasado por alto que, dentro de su jugueteo con los papeles, Jonás se había guardado un folleto debajo de su carpeta. Era el único en el que se había detenido un poco más allá de la mera sensación de distraerse. Lo sacó de allí, alargándoselo.

- Bueno, no tenía nada pensado. Pero creo que esto me gustaría.

Jonás no mentía. Nada tenía pensado, solo dejarse llevar y fiarse de su intuición y el azar, que le había deslizado aquel papel entre los dedos. La joven le observó con sorpresa, quizá pensara que se estaba quedando con ella, que todo formaba parte de una gigantesca broma destinada a cubrir un poco el vacío del verano.

- ¿Estás seguro, Jonás?- dijo ella, y le mostraba el panfleto cual si por ser científico no supiera leer- Esto es un curso para formar auxiliares de carnicero, un programa desarrollado entre la comunidad y la cadena de supermercados Apolo. Durante ocho semanas te forman y luego te dan un diploma, no se te asegura el entrar a trabajar en la compañía aunque eso depende del rendimiento que tengas en el curso. Y tú crees que yo voy a tenerlo bajo, muy bajo. Por lo que me has comentado antes… Parece que no te gusta mucho la hostelería, ¿verdad?

Jonás descubrió lo que ella había entendido como contradicción en su discurso, se apresuró a matizar.

- Bueno, no se si la carnicería se puede equiparar a la hostelería, aunque obviamente tengan que ver… En el mesón tenemos buenas carnes, no es que quiera presumir de ello pero es cierto, lo que pasa es que es mi padre quien se ocupa sobre todo de esas cosas. Yo, en fin, no quiero parecer un científico pirado, pero no se me da bien atender las mesas, los clientes… Esos palurdos que engullen como puercos. Muchas veces he ayudado a mis padres a la hora del cierre, recogiendo y limpiando… Limpiar me relaja, es cierto, creo que me va a venir bien viendo cómo está el piso de mis abuelos. Pero bueno, de mirar también se aprende, creo yo, y he visto cortar muchos filetes. Aunque nuestra especialidad es el cochinillo, el cochinillo asado.

Jonás cortó su alocución, le parecía absurdo tener que justificarse por aspirar a un curso en el que seguramente entraría cualquier hijo de vecino, sin empleo y con poca o ninguna cualificación. ¿Acaso iba ella a hundir su boquita en el tierno lomo de la delicatessen de su mesón? No lo veía. Aunque, por otro lado, le hubiera encantado verlo.

- No dudaba de tu capacidad. Pero debes tener en cuenta que esto es un curso, no un trabajo en sí. Te van a formar, eso no te da acceso directo al mundo laboral pero sí puede abrirte puertas, en esa misma empresa o al menos en otra de cara al curriculum, claro que… ¿Se puede mejorar tu curriculum con esto?

- Al menos no será una mancha- apostilló Jonás.

- Si acaso puedo decirte que el género que cortáis durante las clases, es decir, la carne, no se pone a la venta evidentemente pero tampoco se tira. Al final de la jornada se divide según el peso entre los alumnos.

La joven se quedó callada de repente. Jonás pensó que quizá no quisiera utilizar la expresión de que, en cierto modo, les iban a pagar en carne. ¡Nada menos! Con el insistente fantasma de Alonso Polión sobrevolando de nuevo en su presente, Jonás pensó que, fuera como fuese, esa actividad iba a resultar un curioso distraimiento, justo lo que necesitaba entonces.

viernes, abril 23, 2010

¿Volveré a Torrellas?


Todavía estoy esperando una asignatura que ponga en su programa cuántos trabajos, en verdad, va a requerir, pero esperaré sentado porque, con excepciones, ninguna es por completo sincera en ese sentido. Por ello tengo que enlazar un trabajo con otro y por ello no estoy pudiendo cumplir algunos de mis objetivos, como seguir con esa novela que empecé a colgar por aquí, si en este puente pudiera parir un par de páginas estaría genial, pero no puedo comprometerme a ello. Hablando de parir, a lo único a lo que hay que dar un último empujoncito, a semejanza de la parturienta, es al curso.
Dos semanas después, tampoco he hablado sobre el viaje a Zaragoza. El mes empezó muy fuerte, con la Semana Santa, Torrellas y espicha, para acabar de un modo relativamente calmado. Lo cierto es que hay tanto donde escoger que no se qué decir. Puede que hayan sido mis últimas jornadas allí. Los cambios en el colectivo que las organiza pueden determinar eso. Sea como fuere, lo pasé genial y se me hicieron muy cortas, arriba os dejo una foto en la que se percibe el buen ambiente que, por lo general, domina el encuentro (conste que no solo es un espacio de fiesta, también de formación). La semana pasada tuve una cierta resaca, nada que ver con la alcohólica, de Torrellas, motivada más bien por una mezcla de fatiga y añoranza. Por suerte pude recuperarme para la espicha, a priori parece que no va a repetirse mi episodio febril del comienzo de mayo pasado. En fin. Mucho habría que decir, y mucho censurable, pero voy a dedicarme a esas asignaturas tocahuevos, si tengo tiempo seguiré con la novela aunque lo más lógico será que el grueso se desarrolle en verano.

miércoles, abril 21, 2010

¡Polloooooooooooooooo!

Hay ciertas declaraciones de las que es muy difícil burlarse, porque son una burla en sí mismas. Hay cosas que me es difícil pasar por alto, pese a tener que acabar un trabajo, así que hablaré de Evo Morales, a quien se le podría aplicar la consigna borbónica: ¿Por qué no te callas? Nos caigan mejor o peor estos líderes bolivarianos, hay que reconocer que casi todos tienen la boca como un buzón de correos. Desde Fidel y su famoso mariconsón, pasando por Chávez y su disparatada conexión con el presidente de Irán, solo comprensible para hacer presión a Estados Unidos... Si esto es lo que entienden por izquierda este grupo de machitos, vamos aviados.
Nos lo dijo nuestro profe de Literatura Hispanoamericana y lo he visto en las noticias, sin dar crédito a mis oídos. Evo dice que, por las hormonas que inyectan a los pollos, en Europa tenemos desviaciones sexuales. ¡Ohú! También habló de la calvicie pero, amigo Evo, lo que importa no es tanto el pelo como lo que hay debajo de él, sandeces en tu caso. Al escuchar eso, me vino a la mente un libro de leyendas urbanas que estoy leyendo, hay una que dice también que a uno le crecieron tetas por los esteroides del pollo... Yo tengo tetas, aunque más reducidas desde que he adelgazado. No se por qué será, pero el lunes comí pollo y ayer pavo, ja, ja, solo me faltó hoy conejo. A mí no me importa tener tetas, diría que hasta me gustan y todo. También dice Evo que la coca cola vale para desatascar desagües. Bueno, me siento ahora como un desagüe con tetas. Me perdonará el presidente, pero yo voy a seguir comiendo pollo y bebiendo alguna lata de coca cuando quiera espabilar. Respecto a la coca, no descarto que él mismo se cayera en una marmita repleta cuando era pequeño, de algún lugar tendrán que venir esas pintorescas ideas...
Conclusión: que no se preocupen los de Kentucky Fried Chicken, con tanto pollo nunca les faltará aceite para freírlo. No puedo burlarme más, aunque quisiera, obligado a menesteres más serios. Acabaré con una alusión a un famoso sketch de Vagos y Maleantes que, sin embargo, nunca fue rodado, sobre todo porque solo lo hubiéramos entendido unos pocos: ¡Pollooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!

domingo, abril 18, 2010

Semidioses con iPod.


Mientras corro a coger el tren del curso, aún tengo tiempo para relajarme y por ello ayer visioné la última película de Chris Columbus, Cris Colón para entendernos, muy en la línea de sus exitosos Harry Potter iniciales. Se llama Percy Jackson y el ladrón del rayo, y está basada en una novela escrita por no se quién, supongo que por un catedrático de Filología Griega en sus ratos muertos. Ya solo por tratar el tema de la mitología griega, antes que latina, el cual está contenido en diferente grado en la mayoría de mis asignaturas, pensé que merecía la pena verla. Se nota buena documentación en ese sentido, aun con las censuras propias de una película basada en literatura infantil-juvenil.
La trama es bastante simple. En la película, los dioses griegos existen en la actualidad (como en el corto LAC) y alguien ha robado el rayo nada menos que a Zeus. Me parece algo inconcebible. ¿Estaría copulando bajo alguna animalesca forma? Las sospechas recaen en Percy Jackson, un semidiós que no sabe que lo es, hijo de Poseidón. Para proteger al joven, le llevan a una academia para semidioses (he aquí la conexión Harry Potter). Es conocida la lujuria sin fin de estos dioses, pero me resultó llamativo que hubieran tenido tanto contacto con los humanos como para crear todo un batallón de chavales semidioses. Allí Percy inicia un viaje para rescatar a su madre del Hades, y se acompaña de un sátiro negro, más graciosillo que satírico, y de una joven guerrera muy aguerrida, hija de Atenea pero lo podría ser de Afrodita también; supongo que esta cumple la función de adaptar la sexualidad a los gustos modernos.
Descubrir al hurtador no es muy difícil, se hace por eliminación. Eso es previsible, pero la película no está exenta de momentos de interés: ver la cabeza de Uma Thurman rodando de aquí para allá (conexión Furia de titanes, también de reciente estreno); ver a Percy trepando por la estatua de Atenea de Fidias en la reproducción del Partenón de Nashville, gracias a unas zapatillas Converse con las alas de Hermes; un casino de Las Vegas convertido en el país de los lotófagos, con los jóvenes colocados al ritmo del Poker Face de Lady Gaga; Hades vestido de rockero satánico (siguiendo la confusión entre el Hades y el Infierno)...
Desde luego que es entretenida, y tiene bastante más acción que la última HP. Por lo visto en el libro los protagonistas eran más jóvenes, pero se cambió porque así lucen mejor con la armadura y porque, creo yo, Logan Lerman es un buen reclamo para jovencitas/os, con él comparto las iniciales pero no los rasgos efébicos dignos de ser esculpidos en un desnudo por Praxíteles. Desconozco si esta saga tendrá continuación o no, dependerá del éxito obtenido. Eso sí, creo que tendría lógica que, de vuelta a los orígenes, viajaran a Grecia. Supongo que los griegos estarán cabreados por el narcisismo de haber puesto la entrada al Olimpo no en el monte Olimpo sino... ¡en el Empire State Building!

viernes, abril 16, 2010

Rambitos en el Bierzo.


Pensé que nada podría sacarme de mi aturdimiento post-espicha, pero me he equivocado. Estupefacto me quedé al ver los vídeos de unos, en apariencia, homo sapiens desplegando un arsenal digno del mismísimo Jhon Rambo y haciendo apología del nazismo en algún paraje natural de la comarca berciana. Aparecían disparando al suelo y contra unos pobres árboles que no tenían la culpa de nada. Ya se podrían haber disparado a la cabeza, la tendrán tan hueca que seguramente la bala entraría por un agujero y saldría por el otro sin obstáculos. Me produce pánico pensar que existen tipos así en esta provincia. Luego decimos de los americanos, pero aquí personajes de ese calado por lo visto también pueden conseguir un arsenal... Si el asunto no fuera serio, la grabación me recordaría a algún corto burlesco de la escuela de cine de Ponferrada. Seguramente la directora de El triunfo de la voluntad, de apellido tan impronunciable que no lo escribo, se estará riendo en su tumba ante semejante reportaje de los aspirantes a miembros de la raza aria.
Otros ultras menos peligrosos, en apariencia al menos, se contramanifestaron ayer frente a la protesta contra el grupo Intereconomía de la que os hablé. No creo que eso sea correcto. Que yo sepa, las contramanifestaciones están prohibidas. Que yo sepa, nadie fue hacer eso a la famosa, tristemente según mi juicio, manifestación del 18J del 2005. Esta marcha puede parecer ofensiva, cutre, incluso idiota, pero yo respeto el derecho que tenían a hacerla, sin que nadie fuera a hacer contramanifestación alguna. En fin, vamos a ir a cosas más agradables y me despido, ya que la cabeza no da para más, con una foto de tres compañeras de la comisión de fiestas, con una camiseta que no compré porque preferí gastarme el dinero directamente en bebida. Si el cutre seré yo...

miércoles, abril 14, 2010

Post-Semana Santa.

En el albergue de Torrellas, aislado del mundanal ruido como quien dice, no estuve al tanto de la actualidad. No me enteré del accidente que costó la vida al presidente de Polonia junto con su esposa y otras autoridades del país. Desde luego que no seré yo quien me alegre de semejante tragedia, en la que no solo falleció el mandatario, pero sería bueno recordar su ideología profundamente conservadora y su reconocida homofobia. Entre su hermano gemelo y él se diría que pretendieron llevar a su país a convertirse en una especie de estado teocrático. Así que lamento su desgracia, pero sigo sin compartir su ideario.
Ha pasado ya la Semana Santa, también la de Pascua, pero la religión cristiana sigue ocupando titulares. En la línea del malogrado presidente polaco, la cúpula del Vaticano no se caracteriza por la fineza de sus comentarios; su locuacidad está creando un enredo de declaraciones y desmentidos, bueno sería que lograran coordinarse. Eso de vincular la pedofilia con la homosexualidad suena a gratuito, a medio para distraer la atención de sus escándalos. Yo no soy homosexual, pero me doy por aludido y me parece que el verdadero debate es el del celibato de los sacerdotes. Si estos no son capaces de aceptarlo como una especie de castración simbólica, quizá debieran optar por la castración química, al menos como medida provisional... O eso o la masturbación como mal menor.
Frente a toda esta sarta de sandeces, los compañeros del colectivo Arcópoli van a manifestarse mañana frente a la sede del Grupo Intereconomía de Madrid. No es una protesta contra la libertad de expresión. Viendo algunos enlaces a sus medios, que hacen parecer moderada a la Cope, creo que se está traspasando la tenue línea que separa la libertad de expresión de la incitación al odio. Ideas como las suyas, si llegan al receptor equivocado, creo que pueden causar mucho dolor y veo viable por ello una protesta pacífica. Si luego algún grupo cristiano quiere manifestarse ante la sede de algún colectivo lgtb por las mofas religiosas del Orgullo, pues me parecerá bien. Pero vamos, creo que esas más o menos inocentes bromas no pueden ser comparables con los sembradores de odios que se van apoderando poco a poco de esta nueva televisión digital. Mi apoyo simbólico para esa acción, pues. Me gustaría hablar del viaje a Zaragoza, mañana es la fiesta de nuestra facultad y si no tengo tiempo para ello ahí dejo mi intención.

miércoles, abril 07, 2010

Caesar Augusta.

Dejemos descansar a la capital por ahora, el tercer y, seguramente, último viaje de este cuatrimestre será a Zaragoza. Me voy mañana, así aprovecho estas raras vacaciones de Semana Santa que no han caído en Semana Santa. Es un viaje importante para mí, de ecuador del cuatrimestre y me atreviera a decir que incluso de ecuador de la carrera. Viene a compensar ese otro, de características similares, que no hice en diciembre debido a los trabajos y, remontándonos más en el tiempo, el de la primavera pasada que, del mismo modo, deseché por un examen de fecha incierta. Respecto a lo que escribí en este blog en diciembre sobre el viaje, sigo pensando lo mismo (aunque confieso que no recuerdo demasiado), pero ahora las circunstancias han cambiado un poco. Además, me lo puedo permitir. Ahora mandaré el trabajo pertinente por correo, y en general voy bien de tiempo. Cuando regrese, me restará un mes y medio de curso a modo de recta final, tras el cual ya podré asomar el hocico de nuevo, y no me olvido de un pequeño y crecido garbanzo al que debo visitar...
Por este trabajo, quizá más extenso de lo necesario (más vale que sobre), por los compromisos sociales de estas fechas y por el viaje es por lo que no he proseguido con la novela, pero estoy deseando hacerlo. A todos aquellos que habéis leído alguna o las tres entregas colgadas, en primer lugar quiero mostraros mi agradecimiento; en segundo, pido paciencia porque hasta el verano no será fecha en que pueda escribir prácticamente a diario. Si el resultado es óptimo, no importará la espera... Gracias también, con más razón aún, a quienes siguen mi blog poético, del cual también querría acordarme luego aunque no creo que sea posible. Confío en que esta ruptura de la rutina que me dispongo a hacer sirva para airear mis musas y que vuelva fresco para el trabajo y la creación. Como diría el propio Caesar, alea jacta est.

viernes, abril 02, 2010

Creo en el alcohol.

Antes de que empezara la Semana Santa, una concejala de León regañó, en cierto modo, a los medios de comunicación pidiéndoles que no dedicaran tanto tiempo a la procesión de Genarín, que no forma parte de la Semana Santa. No estoy de acuerdo con sus palabras, que entraron por un oído y salieron por el otro. Sí que forma parte, otra cosa es que no entre dentro de la ortodoxia. Es una procesión pagana, y las otras son religiosas. Que me disculpe quien se sienta ofendido, pero para mí todas son teatro. Ya lo dijo nuestro profesor de Literatura: la misa tiene un origen indudablemente teatral, es por ello que luego la Iglesia quisiera prohibir el teatro del corral de comedias, que le hacía la competencia.
La señora concejala habrá sufrido una apoplejía si ha visto el informativo de la Cuatro, porque en primera plana (aunque este sea un término periodístico) aparecía el Genarín como contraste de la solemnidad general de estos días. Yo no voy a criticar esa celebración, porque también estuve anoche allí, pero me pregunto si es positivo que León solo salga en las noticias para este tipo de cosas, y dando una imagen bastante lamentable (de botellón semanasantero llegó a hablar el locutor de deportes metido a presentador...). Me podrían haber puesto el micrófono a mí, que al menos estaba sereno, pero prefirieron quedarse con los testimonios más peculiares: jóvenes y mayores, todos poniéndose en ridículo, petaca en mano, ojos desorbitados, voz cascada, diciendo cosas como: Creo en el alcohol, creo en el vodka... Ya puestos, yo resucitaría las bacanales, que al menos tienen más tradición.
El de Genarín es uno de los casos más alucinantes de fama post-mortem que he conocido. Puedo comprender ese evento del Saloufest, en el que miles de efebos británicos vienen a emborracharse y a estar en la playa, pero el que venga gente de fuera para ver a un par de monigotes desfilando me parece una pasada. Pero es lo que se publicita... En fin, a los informativos, al menos a los que no son demasiado serios, les gustan los contrastes, y si tras lo de Genarín ponen a gente crucificándose de verdad y flagelándose de verdad pues, hombre, antes que tales fanatismos es preferible las inofensivas, por lo general, melopeas del Genarín.
Quizá lo haya dicho ya, pero no es de mis noches favoritas para salir. Ayer, sin embargo, me divertí y no sufrimos demasiados agobios teniendo en cuenta las pasadas ediciones. Mis vacaciones en el sentido estricto de la palabra, con todo, empezarán el jueves que viene. A la espera de saber si esta noche se hará algo o no, voy a ir acabando con Madame Bovary. Pasad un buen final de Semana Santa, cada cual a su manera.

jueves, abril 01, 2010

Nuevo blog hermanado.


Tras la reunión del fin de semana pasado, tengo el honor y el orgullo de presentaros un nuevo blog, al que declaro hermanito de este:


Es el blog del Área Joven, la cual, gracias al empuje de esas dos guapetonas chicas de ahí arriba, quienes se encargan de coordinarla, ha logrado un gran crecimiento en el presente año. El blog, sobre el que nos dio un taller el compañero José Cabrera de Algarabía (Tenerife), está en proceso de creación y ya apunta buenas maneras. Adjuntaré un link en este mismo, y ojalá logre ser una herramienta provechosa. Ahora me vuelvo con Bovary, y a ver qué hacemos en este Jueves Santo, confío en que algo original aunque la fuerza de la costumbre pesa mucho, je, je...