martes, junio 09, 2015

La hemeroteca contraataca.

Gracias a este blog, siempre buen recordatorio de tiempos pasados, y a funciones análogas que aparecen en las redes sociales, he podido rememorar aquel mes de junio de 2014, proclive al narcisismo en versión impresa, y digital, gracias a un par de reportajes que me hicieron respecto al premio fin de carrera. El primero de ellos no fue exclusivo, pero, aparte de utilizar mis palabras para el editorial del periódico, sí aparecía en un recuadro con este titular: Estoy con el inglés y haré el doctorado en el extranjero. Bueno, al menos la primera parte era verdad. La segunda, solo parcialmente. 
Estaba con el inglés en junio del año pasado. Lo saqué, y sigo con él. Leo en esta lengua, escucho películas y series y, lo que es más importante, escribo whats ups (algo es algo) y hablo con algunas amistades que he hecho durante este curso en Oviedo. No intercambios de cinco minutos tipo academia, sino verdaderas charlas de tapeo y sidrería. El idioma para la vida diaria y para relacionarse, que es lo que cuenta. 
Cabría preguntarse, dado que se trata de personas que han venido a España a estudiar o trabajar, por qué me molesto en hablar en inglés cuando son ellas las que deberían hablar en español. No es algo que me importe, antes bien me beneficia. En el Advanced, la parte oral me quedó al incómodo nivel de borderline, así que, cuanto más hable, mejor. No me preocupan los errores sobre la marcha, sobre todo pretendo poder comunicarme correctamente, que es lo que necesitaré si vuelvo al extranjero, no esas preguntas pomposas que nos hacían en el examen. 
Y haré el doctorado en el extranjero. Sí, eso pensaba. Podría haberme pasado meses y meses buscando doctorados fuera, y no encontrar nada. En la vida hay que tomar decisiones, por fortuna no siempre tan drásticas como la del último capítulo de Juego de Tronos, así que la tomé. ¿Qué hay de verdad en las palabras que dije? Bueno, pues que el doctorado no solo invita a irse tres meses fuera, para obtener la mención internacional, sino que, además, están los congresos y el hecho de que hay muy pocas actividades presenciales en esta ciudad. La compañera con quien comparto directora es china y os aseguro que no vive aquí. No se cómo se las apañará para realizar actividades de formación, como el curso que comencé ayer, pero es la viva muestra de que este doctorado lo puedes hacer en el extranjero, aunque sea de la Universidad de Oviedo. Mientras funcione el wifi...
Así pues, al margen de los tres meses de la estancia, yo desde luego que no descarto pasar más tiempo fuera, currando o simplemente preparándome para el futuro. La hemeroteca ataca, aunque en este caso la incongruencia no ha sido tan grande como parecía en principio. 

viernes, junio 05, 2015

Las ñapas.

Tal y como señalé en la anterior entrada, no voy a pagar dinero si no estoy seguro de que la tesina va a estar a punto para la defensa. Aquí no hay segunda oportunidad. Primero pagas y luego, si no te presentas o si te la tiran abajo, hay que volver a pasar por caja para una próxima convocatoria. Cuando comencé este proyecto, sugerido primero por mi tutora y luego por mi directora, contaba con que habría que afrontar un carta de pago, pero no me preocupé demasiado por el factor ñapas. 
Este término me vino a la cabeza cuando me informaron del montante final de la tesina. Lo utilizó una vez un compañero de la carrera, al decirnos que un diccionario etimológico le había costado treinta ñapas, y eso que lo encontró en una librería de lance. Dado que él abandonó la titulación aquel curso, me pregunto si le habrá servido de algo, aparte de para favorecer su cultura general. En todo caso, el otro día tuve un momento glups al saber que la tasa estaba en unas 170 ñapas. Yo comprendo que hay que juntar a tres miembros del tribunal, que deben de haberse leído la tesina completa (o no), pero me sigue pareciendo un poco excesivo porque es más o menos la misma cantidad que la matrícula del doctorado. 
Eso no me echa para atrás a la hora de defender el proyecto, pero lo que no voy a hacer es pagar aprisa y corriendo para luego entregar una chapuza. El último día es el 23, y ahora mismo no tengo ni tribunal, ni fecha de defensa. Por no hablar de la impresión, encuadernación (más ñapas), etc. Vaya, que esto tiene que quedar bien para que merezca la pena. En contra de lo que se pudiera suponer, dejarla para septiembre no significa que me tome vacaciones ahora y la retome cuando estemos a 35 grados o similar. Esta misma semana estoy con el bloque práctico, el más importante. En junio haré el borrador, el resto del verano para las correcciones de todo el conjunto. El TFM lo finiquité en julio, sí, pero esa era otra historia. Estaba deseando acabar con el máster para afrontar mi inescrutable futuro. Siendo la tesina parte integrante, en algún modo, de la tesis (por eso la hago), dos meses no significan absolutamente nada. Ahora solo queda que mi directora, que ya se puso en contacto conmigo, esté de acuerdo. Y creo que sí, no en vano ella tendrá que dar el visto bueno y siempre será mejor darlo a un trabajo pulido y, si se puede decir, mimado. Que las 170 ñapas no vayan a saco roto. 

domingo, mayo 31, 2015

Tesina... Antes o después.

Mañana comienza un mes cuya planificación, salvo algunos retazos, permanece en el aire. Una ventaja respecto al anterior, el curso de formación transversal será en el campus de Humanidades de mi barrio, pasa de cinco a cuatro horas diarias y no caerá siempre en lunes. Versando sobre la comunicación oral, cabe esperar un matiz más interactivo. Materia imprescindible esta, como pude comprobar en las recientes jornadas Research Matters. Este es el penúltimo escalón del curso. El último, tal vez haya que posponerlo. 
¿Importaría eso? Existen paralelismos con el TFM, así como diferencias notables. El TFM era obligatorio para adquirir el título de máster, la tesina es una actividad complementaria y no requerida por el doctorado. En ambos casos me he constituido en una especie de vector gafe, con directoras que se han puesto de baja durante la supervisión de los trabajos. En el TFM, no obstante, pudimos ir trampeando de buena o mala gana los borradores de cada capítulo para pergeñar la versión definitiva. En la presente tesina, he estado durante todo el mes de mayo sin tener la menor idea de si voy por el camino adecuado. No culpo a mi directora, desde luego, que desde noviembre ha sido una fuente de motivación muy importante para mí. Todos somos humanos. Todavía hay tiempo para exponer el análisis práctico en tres semanas y corregir errores a la carrera, pero yo no voy a gastar dinero en la matrícula si no estoy seguro de que voy a defenderla en julio. Bastante pasta ya me sacará dicho mes cuando llegue la expo de Iker, la Semana Negra, etc. 
Confío en que mañana pueda tener esa palabreja tan usada en el doctorado, feed-back, para poner en marcha la maquinaria o ralentizarla, que no detenerla. La tesina se va a hacer, ya lo creo que sí. Aparte del bloque teórico, ya establecido con sólidos pilares, la comparativa de las dos obras autobiográficas de Winterson ha llenado de lápiz las mismas, con el material suficiente para llegar a cuarenta folios o más. Si los tengo que preparar en verano, así sea. Tras disfrutar de este fin de semana aquí, regresaré a León para mi santo o para san Pedro, quizá con alguna hipotética fiesta del Orgullo como la que el año pasado me propició uno de los encuentros más felices del año. Con la posibilidad de repetir algo así en vista, si al final el mes se me carga de trabajo lo haré con gusto. 

martes, mayo 26, 2015

Nada es para siempre.

Ya lo creo. Nada es para siempre, ni siquiera telenovelas sobre institutos como la que llevaba ese título, hoy felizmente sepultada al igual que otras variantes. El domingo por la noche, dentro de una agónica jornada, lo pudimos comprobar. Me alegré al saber que en el Ayuntamiento de León ya no habría mayorías absolutas y sí una mayor, y en verdad necesaria, diversidad, con la llegada de fuerzas como León en Común; un par de puestos solo, pero se harán notar. Más sorpresa causó, y a través de una espera más dilatada, que en la comunidad también se derrumbara la mayoría absoluta, por la mínima. La lucha por el escaño decisivo tuvo lugar en la provincia de León, que, merced al colectivo minero entre otros factores, acabó con esos 24 años de reinado absoluto. Hemos sido un poco aldea de Asterix. Hay que dar por hecho que, si León votara como comunidad en sí, no habrían llegado a 24 seguidos, eso seguro. Aquí en Asturias, es otro cantar. Ya lo pude comprobar ayer mientras tomaba un pincho de tortilla en Gijón, al terminar el curso, y repasaba los resultados de esta tierra. Incluso Oviedo podría cambiar de rumbo. 
Y, aunque ya no paso demasiado por esos lares, me alegro de lo que ha ocurrido en Madrid, desde luego. Imagino que el próximo verano estrenaré el nuevo período en la capital. Hasta entonces, quedan unos últimos retazos del primer año. Ayer concluyó el curso de Propiedad Intelectual. Cabe decir que el contenido me ha parecido muy útil y, por tanto, mereció la pena el trasladarse, además de romper así con la monotonía. En todo caso, como campus prefiero el de Humanidades, y allí será donde tenga lugar el segundo curso, cuyo horario aún no ha sido confirmado. Ya se sabe cómo son estas cosas. Para colmo, hoy es fiesta aquí y no tengo la menor idea de por qué. Si al menos hubiera mirado el calendario escolar... Así, hoy me levanté y parecía que me hubiera teletransportado al domingo. Tan contento yo, con mi lista de la compra y mi bolsa de gimnasio. Menos mal que me salvó el comercio de barrio. Quizá sea por eso que hoy tengo cierta pereza. No tanta, porque ya he estado un rato con Jeanette Winterson y sus libros no son para lectores perezosos, mucho menos en inglés y tomando notas. El proceso de ralentización de la tesina se comprende, en parte, por el hecho de que lleve todo este mes, que ya acaba, sin supervisión en la misma. ¿Seré gafe con mis directoras? Dos de las tres últimas han estado de baja durante mis trabajos. Eso no me impide seguir, pero, como sea que las considero entrenadoras además de directoras, no se si el equipo va a llegar lejos esta temporada. Si no, imagino que siempre quedará la repesca de septiembre. 
El próximo fin de semana tengo pensado volver a León. Gestiones, y aprovechar antes de junio. Poseo, sin haber terminado la lectura de ambas obras, una cantidad considerable de anotaciones para la parte práctica del trabajo, no hay razones para el pesimismo por ese lado. Si me pongo, del tirón, no regresaré allí hasta las fiestas de San Juan y San Pedro. Más vale tomarse un par de días, pues. 

domingo, mayo 24, 2015

Ese es el espíritu.



El año pasado destilé un tanto de amargura en mi reflexión post-electoral y en este quiero compensarla con una breve entrada. ¡Pero qué majas todas las miembras (como dijo Bibiana Aído en serio y repitió Pedro Sánchez en broma) de la mesa! Y la presidenta que, en esta ocasión, no me arrebató los sobres sino que me permitió ejercer el simbólico acto de introducirlos en la urna. Luego me deseó un feliz día. My pleasure! Eso sí que es profesionalidad. Yo creo que no llegué a tanto cuando me tocó a mí ese puesto, pero, sin duda, sí gané en el terreno de las camisas psicodélicas. Desconozco cómo quedará la votación, pero tengo mejores perspectivas que hace cuatro años. No hago spoilers si digo que voté a la lista en que se presenta mi hermana Claudia. Ahí arriba estamos, en la fiesta fin de campaña. Creo que, si al menos sacara un par de concejales, la diversidad en León ganaría mucho. Para las cortes pensé en votar de broma, pero no; no estamos para bromas. 
Por lo demás, Eurovisión se vuelve a Suecia, con un mozo bien plantado, una canción enérgica y un ejército de monigotes muy graciosos. ¿Será en Malmö otra vez? Sería estupendo que me pusieran un congreso allí en esas fechas. Ya que no pude ir a la Universidad de Lund como alumno, siempre cabe la opción de ir de ponente. Hasta entonces, todavía queda mucho bacalao por cortar. Eso es todo, me esperan largas jornadas hoy y mañana. Y un recuento más largo que el eurovisivo. Yo ya he dado mis points. La próxima, allá por noviembre (sin descartar adelantos, según por dónde vayan los vientos). 

sábado, mayo 23, 2015

La batalla por el futuro no está perdida.

El mes de mayo, en contexto académico, suele ser complicado, ya sea carrera, máster o la investigación doctoral que estoy llevando a cabo. Hace un par de semanas compré un libro al que ya había echado el ojo varios meses antes y que percibí como buena herramienta para la motivación en este período final de curso, que se alargará hasta mediados o incluso finales de julio. Se titula  Sobradamente preparado para limpiar váteres en Londres y, bajo ese llamativo título, se esconde una historia con la que mucha gente en España, joven y no tanto, podría identificarse. 
El libro apareció como producto de un fenómeno viral, de esos que ahora surgen como setas y se desinflan como globos. El propio autor, Benjamín Serra, admite que no es una obra literaria; no obstante, a mí me parece que está bien escrito, desde una perspectiva optimista, sarcástica y con un carácter testimonial que se quiere hacer extensible al hipotético lector o lectora que pudieran encontrarse en su situación. Con dos carreras (y Premio Fin de Carrera que no es premio, al igual que el mío) y máster, se trasladó a Londres con una beca y, al terminarla, pues se tuvo que buscar la vida porque esa ciudad es la más cara del mundo, tal y como señala. Tras encontrar trabajo en una cadena de cafeterías, escribió el tuit que le haría célebre: Tengo dos carreras y un máster y limpio WCs. 
Lo publicó junto a un mensaje de Facebook en el que explicaba con mayor detalle su situación. El problema de Twitter es que no deja mucho espacio para la reflexión, por lo cual todo se simplifica. Sirve sobre todo para coñas fáciles, como la que yo acabo de hacer respecto a los presidentes o presidentas de mesa electoral. Él lo había publicado para familiares y amigos, no pretendía hacerse famoso. El caso es que, quizá por el contraste entre la formación y el componente escatológico, que siempre llama la atención, se expandió como la pólvora. Otro episodio que comenta es cómo tuvo que recoger una compresa (usada, se entiende), del suelo. A mí me ocurrió lo mismo en el Rodilla, solo que era más bien un trapo como los que imagino se usaban en la Edad Media. Por aquel entonces no tenía perspectiva de género, ni había escuchado hablar de Kristeva y lo abyecto... 
Sea como fuere, la confesión del currante consiguió que se formara una bola de nieve que le dio un protagonismo que no había pretendido, en medios nacionales e internacionales, como la imagen de la crisis española. Yo, de hecho, me enteré de su historia por televisión. El problema es que hay una saturación de novedades editoriales con el motivo de la crisis (muchas de ellas dirigidas a gente que, a priori, no tendría mucho presupuesto para comprar libros). Las modas pasan rápido y este libro a poco ya no lo encuentro. 
El autor recibió muchas críticas, porque las redes sociales son así. A mayor repercusión, más gente que opina de ti sin tener la menor idea de quién eres ni de cómo eres ni de por qué escribiste lo que escribiste. El fenómeno fue a menos, como todos, y no obstante de ahí surgió este libro, que constituye un buen acicate para quienes vean su futuro en el extranjero, ya no solo en la capital británica. No se me ocurre una lectura mejor para la jornada de reflexión. Para mí, el mes y medio que pasé en Suecia también me dio para escribir un libro, de tono bastante más personal, pero no se trata del mismo caso. Yo, sobre todo, iba a buscar un máster. No lo encontré y el de León me llevó a la senda en la que estoy ahora, de la cual me siento muy satisfecho. Ahora mismo no me cabe duda de que sí tendré que regresar a buscar trabajo en el extranjero, cuando termine la tesis o antes si surgiera la ocasión. No es algo que me preocupe. Parafraseando el epígrafe del libro, la batalla del futuro no está perdida. 

martes, mayo 19, 2015

Un día de suerte.

Ayer asistí al curso de Propiedad Intelectual de forma íntegra y satisfactoria. No fue así la semana anterior, cuando me esfumé a media jornada porque me habían metido prisa con el trabajo de la  nota menguada, la cual no se si se habrá convertido en brote verde o no. A pesar del adelanto en la fecha de entrega, una semana después todavía no se nada de la misma. En todo caso, tuve suerte. El profesor, viendo que el alumnado también iba menguando tras la primera y la segunda pausa del lunes anterior, ayer pasó lista dos veces. Cosas de completar los veinte créditos para la formación transversal. Yo los completaré con mucho gusto y otros veinte más en junio, pero lo cierto es que la gente del doctorado suele moverse en horarios bastante prietos, entre las actividades asociadas al mismo y el trabajo necesario para subvencionarlo. Demasiado como para tirarse toda la tarde allí aunque yo, por fortuna, sí me lo puedo permitir y saco provecho de ello. 
Suerte de reencontrarme con un viejo amigo, el único de estas características que tengo en Asturias. El resto de gente que he conocido, ahora mismo, anda también liada con asuntos académicos o laborales. El sábado no pudimos coincidir en Gijón, tras mi periplo playero, pero qué duda cabe de que en el próximo verano alguna ocasión habrá de pasar buenos momentos en estas ciudades tan cercanas. Incluso tuve suerte de ver una profecía cumplida cuando al llegar a casa, ya algo tarde y por casualidad, vi cómo estaban poniendo un vídeo protagonizado por un conocido mío. Cuando lo vi en el ordenador, pude comprobar que era demasiado bueno como para que fuese desaprovechado por el programa en el que salió. Me vino a la mente la reflexión sobre la fama de Warhol, y otra sobre qué hubiese sucedido si algún vídeo de Vagos y Maleantes hubiese acabado en la tele. Eso, según el vídeo, podría haber sido una suerte o una desgracia. 
Ya dije que la campaña electoral, al menos, servía para echarse unas risas. Cada cual usa las herramientas que tiene el alcance, ya sean partidos humildes u otros no tan humildes, como el que esta mañana me metió un folleto en el buzón, a todo color, que parece un catálogo de Ikea. ¡Luego no hay pasta para becas! No solo por el voto iré a León, llevo medio mes sin pasarme y ya tengo ganas. Aprovechemos las circunstancias, que si luego toca currar más lejos (como parece), esto no será cosa de cada quince días. 

domingo, mayo 17, 2015

La increíble playa menguante.



En este blog no solo menguan las notas (la última, por cierto, se hace de rogar, pese a que me metían prisa para entregar el trabajo). Estaba cansado de ir todos los lunes del mes a Gijón tan solo para visitar el campus de Viesques y su edificio de Energía, que será muy eficiente pero poco estético. Así, para airear la tesina, ayer me desplacé a la ciudad para ir a la playa y descubrir nuevos lugares. No hacía para jornada de verano, cierto. Mejor así, evitando la saturación de la escasa arena. Nublado, pero tampoco frío. Me tumbé un rato, leí algún ensayo sobre Tolkien, paseé en pantalón corto mojándome las piernas. Lo del baño lo dejamos para cuando el sol no se esconda. Tampoco es que pudiera tumbarme mucho tiempo, porque la marea se estaba comiendo la playa. Leí que quieren echar arena para impedirlo, aunque confiando en que se trate del mismo tipo que el que hay ahora. En todo caso, antes de que esta menguara, pude inaugurar la temporada playera de forma oficial, en mayo. Teniendo en cuenta que algunos años apenas llegué a pisarla, creo que resulta un avance positivo. 
Pasé luego frente al palacio de Revillagigedo, sede de la exposición de Cuarto Milenio cuya entrada saqué para julio. ¡Buf! Julio me parece muy lejos ahora mismo, con todo lo que tengo que hacer hasta entonces y todo lo que haré cuando llegue. No en vano, la comisión de seguimiento del doctorado será entre mediados y finales de julio. Un curso sin apenas clase, pero bastante alargado. Tuve la suerte de pasar por delante de la biblioteca pública Jovellanos y sacar un par de libros pendientes, que confío en devolver cuando vaya para el último día del curso. Uno de ellos es From Hell, cuyo denso sentido esotérico se perdía, como era previsible, en la adaptación fílmica. Mañana regresaré allí, no solo por la formación sino porque tras esta confío en ver a un viejo amigo con el que hacía bastante que no coincidía. Así que encararé el regreso a la ciudad con una predisposición más alegre. 

viernes, mayo 15, 2015

Summer is coming... Verano fofisano.

Hoy en una feria del libro pude ver una obra (cuesta llamarla así) con el título de Virgen, una novela romántica, al menos eso parecía, con el subtítulo de ¡No se lo cuentes ni a tu mejor amiga! O similar. Narraba la historia de una joven de 21 años buscando... Pues eso, lo mismo que cualquier tarugo de la saga American Pie. Al igual que hay rosquillas listas y tontas, esta sin duda sería una novela tonta. Lo positivo de estos libros es que, comprobando que son basura ya solo con mirar su cubierta, ahorran tiempo y dinero. Amigas y amigos escritores, quizá haya motivos para la esperanza en el mundo de las letras, pero, desde luego, no hay que buscarlos ahí. 
Mal tiempo hoy, frente al calor que ha asfixiado otras partes del país esta semana. El Norte no olvida... Yo veía esta mañana furgones y helicópteros, luego resulta que Rajoy vino de visita y le llovió, no precisamente agua. El calor me aplatana, aunque contaba con que mañana luciera un poco el sol, puesto que pretendo ir a Gijón, no al campus de Viesques (allí me quedan dos lunes) sino para dar una vuelta por la playa y despejarme así del Tetris de fechas que me espera este mes y el que viene. 
No tengo bañador (para eso no hace todavía) pero, si por alguna extraña razón hiciese para quitarse la camiseta, llevo protección y una nueva figura, moldeada por la disciplina del doctorado. Eso sí, daba igual perder kilos o quedarme como antes. Ahora dicen que se llevan los fofisanos. Sí, no hace falta ser filósofa y teórica queer para inventarse palabras. Fofisano sería alguien con cierta tripa y buena cintura, sin llegar a gordinflas prototípico. Un concepto cuya inventora lo explica, cabe señalar, con argumentos bastante machistas. Leonardo Di Caprio, por ejemplo, muy lejos queda ya el Titanic. Claro que, si yo fuera él, poco me preocuparía. Seguirá ligando con modelos rubias y delgadas, que parecen comer del aire. Yo, aunque no llegue a tanto, sí me puedo considerar ex-fofisano, listo para la temporada playera, que en el Cantábrico suele ser corta. 
Veré el mar y la semana que viene volveré a la meseta. León me esperar para el fin de esta campaña electoral, siempre desternillante como todas. Valga ver el lapsus linguae de la candidata a la alcaldía de Zamora, del PP, diciendo que su partido no había follado a los ciudadanos... no había fallado... Suerte que estaba al quite el presidente Herrera, recordando cómo en la comunidad el castellano se habla claro y rotundo. El hombre me cae bien, pero que no cuente con mi voto, claro está. Ya puede darse por contento, que le prevén la única mayoría absoluta del país. Hasta saber si es así, que siga el festival del humor. Y la señora de Zamora, de buen ver, por cierto. Hablando de fo... fallar. En fin, me voy a ver la obra de otro experto en surrealismo, Buñuel: Viridiana

domingo, mayo 10, 2015

El terror como infección.



Ayer, para coronar una jornada en la que el adelanto en la entrega de un trabajo me obligó a reorganizarme (hoy queda la otra mitad), vi este filme, que había recibido muy buenas críticas, algunas al nivel de la obra maestra que no es. Pero sí, no me cabe duda, una de las mejores películas de terror que he visionado en los últimos tiempos. Terror indie, así lo llaman. Es una manera de decir que no es ninguno de los refritos y secuelas que sacan como churros para estirar el beneficio al máximo. Sin ir más lejos, este mismo mes saldrá una innecesaria versión de Poltergeist. Pereza me da verla. 
It follows riza el rizo en un conocido motivo del cine de terror: la maldición asociada a la práctica de sexo. En este caso, como si se tratara de una metáfora del vih/sida, lo que se transmite como infección es el fantasma que persigue a los incautos y las incautas que se dejan llevar por sus instintos. Si hay medidas profilácticas, en el filme nada se dice. En realidad solo hay un fantasma, con varias formas. Ni siquiera se si debería llamarlo fantasma, porque su corporeidad es evidente, así como el hecho de que se dedica a lanzar televisiones, cual si fuera un chiste de vascos. 
La temática sexual de la película no se queda ahí, puesto que la entidad tiene cierta tendencia a metamorfosearse en sujetos desnudos del todo, o mujeres con una teta fuera. El desnudo frontal era habitual en el horror de los años 80, tal como me dijo un amigo de Oviedo en cuyo blog se habla mucho de terror (El señor de los bloguiños). Yo vi una versión japonesa, en la que había un círculo borroso alrededor de entrepiernas masculinas y femeninas. Válgame. Tanto puritanismo y luego nos inundan con sus huevos masturbatorios y demás. Condenaría a los censores a leer el ensayo Coño Potens, de Diana J. Torres, uno de los libros más didácticos y clarificadores que he encontrado últimamente. 
Por si alguien dudaba todavía, aclaro que la maldición solo se transmite, a priori, por coito vaginal, a diferencia de la percepción general que se tiene con el sida. La peli será indie, pero no tanto. Incluso cierto estallido de promiscuidad por parte de la protagonista queda fuera de plano. Oiga, ni siquiera algo de lesbian chic, como suele pasar. Dejémoslo, si acaso, para la previsible secuela. Creo que esta es la película de terror paranoica por excelencia. No solo por el tema de la infección, sino porque la amenaza que plantea puede llegar en cualquier momento, de cualquier rincón de la pantalla. Cualquier figurante, que se pasee por una esquina del encuadre, puede ser la encarnación del Mal que se acerque sin que personajes o espectadores se lo imaginen. Es una diabólica variante de ¿Dónde está Wally? De este modo, la película tiene más chicha de lo que podría esperarse (de ahí le viene la buena crítica) y merece la pena el re-visionado. 
Por otra parte, se beneficia de contar con un terrorífico escenario real, que solo se utiliza hacia la parte final: la ciudad de Detroit, con sus casas abandonadas y cierta sensación de apocalipsis tras una epidemia. Frente a ello, la seguridad de los suburbios (no tanta, al parecer). En fin, esta es mi recomendación dominical. Con reservas hacia gente paranoica que tienda a notar que es seguida en la calle (de ahí el título, que no se han molestado en traducir). Quienes vivan solos, como estoy yo este fin de semana, a su discreción. Yo ya me curé de espanto con Cuarto Milenio cada domingo. Hoy lo veré también si consigo meterle caña al trabajito queer. Vamos con ello. 

sábado, mayo 09, 2015

La era troll / How old...?

¡Ha vuelto a suceder! Otro fantasmagórico repunte de 200 visitas en un día para el blog. Bueno, me alegro de que este aumento de caché no se haya visto acompañado por la aparición de algún que otro troll. En todo caso, no he podido librarme de alguno por las redes sociales. Qué le vamos a hacer, es un clásico moderno. No se quién se inventó el término troll en su acepción cibernética, pero guardan bastante en común con las versiones tradicionales que aparecían en la obra de Tolkien, etc. No les gusta la luz del sol y, por tanto, tampoco les gusta dar la cara. Quizá tengan problemas para aceptar su apariencia física y de ahí viene la frustración que les lleva a boicotear espacios ajenos. No es algo que me preocupe. Solo desde la mediocridad se puede llegar a estar cómodo en semejante faceta. Un troll no tiene nada que hacer contra un hobbit. Está comprobado. 
Sin embargo, reconozco que esta era virtual, de falso anonimato, propicia este tipo de situaciones, que ya no son como la típica escena de saloon, estilo: Eso no me lo dices en la calle. Según Beatriz Preciado, quien ahora creo que firma como Paul B. Preciado, estamos en la era farmacopornográfica. Estoy leyendo sus manuales para el trabajo de Teoría Feminista. No es que me vaya a masturbar el brazo, según las indicaciones que da (no estoy tan aburrido para eso), pero sí me gustaría saber si alguna de sus próximas obras será un diccionario con todas las palabras que se ha inventado durante sus libros previos. Igual coges media página y ves que la mitad de los términos no aparecen en el diccionario del RAE. No se lo critico, con todo. A mí también me encanta inventarme palabros. Demos la bienvenida a la era troll. 
Por último, otra anécdota bizarra. Con una aplicación de esas también propias de la era virtual, que te dice cuántos años aparentan las personas que salen en una foto, me lo he pasado pipa (y sí, he perdido un poco el tiempo). Cuál no sería mi estupefacción al aplicar el test a algunas instantáneas, perdidas por la noche de los tiempos y la noche de los pecés: si una mujer de mi edad es considerada una adolescente de 19 años, resulta que un adolescente de 19 años es considerado como... ¡una mujer de 26! ¿Mande? Y a mi sobrino, de siete meses, le ponen como si fuera una niña de dos años. En fin, ligeros divertimentos mientras espero a ver si se soluciona cierto atasco en la gestión de la tesina. Por cierto, a mí el how old bla bla ese me quitó varios años sin necesidad de photoshop, así que puedo estar contento. ¡Chúpate esa, trolleras (en los dos sentidos del término)! 

PD- Usando la aplicación para la foto de perfil de mi blog, la de los Abrasadores, me temo que quien más mayor me señala es Juancho, y yo aparezco de benjamín, más joven que Espe. Anda, Juancho, tú que eres informático, a ver si creas una versión un poquito más acertada...

domingo, mayo 03, 2015

Jardines en la niebla.



Cierto, León es una ciudad repleta de cafeterías, bares, pubs, etc. Pero no todos tienen el mismo significado, claro está. Cuando alguno especial cierra, sientes que se esfuma en la niebla, niebla como la que había hoy en el monte, parte de la memoria asociada a los buenos recuerdos relacionados con el mismo. Ayer me sucedió. Un lugar que ha dejado un reguero de instantes memorables desde hace siete años, de repente convertido en otro bar de tapas más. No más motivos literarios en las paredes o en estanterías donde podías hallar, y llevarte, un volumen de los Ensayos de Montaigne (aquí mismo lo tengo). Tan solo una estética de jardín, si bien percibía más vida allí antes de que se desplegara toda esa vegetación ficticia. Es curioso, pero nunca suelen cerrar los bares en los que nos han tratado de una forma bastante mejorable. La mala yerba...
Cafés de vida propia, como uno que ayer permanecía huérfano de clientela, y eso que era la jornada que más echa a la gente a la calle en la ciudad. En este caso, dudo que vaya a cerrar la trapa para siempre, ya son muchos años y muchos tertulianos (y polemistas) fieles. En fin. ¡Ley de vida! Todavía tengo que encontrar sitios así en Oviedo. Lugares con encanto. Un encanto que nunca se perderá del todo, pues hemos dejado parte de nuestras vidas en ellos. 

jueves, abril 30, 2015

Narciso se va de copas.



La operación Tupper Trip se saldó con gran éxito, no solo por la llegada íntegra de recipientes y contenidos, sino porque las raciones de tapeo, que allí como aquí se suelen caracterizar por fritanga a tope, no han impedido que cumpla mi objetivo de peso para este final de mes, aquel que me marqué cuando vi que los pantalones de las rebajas de invierno me los tenía que meter con calzador. Satisfecho no solo por eso, sino porque no se ha desperdiciado comida. Si cada muerte por hambre se puede considerar un crimen, ya que en nuestro mundo rico se arrojan toneladas de comida a la basura, qué menos que llevar a cabo un consumo responsable como contrapeso para esa situación. 
Las calorías, claro está, no solo vienen por vía sólida. Eso ya lo sabía desde hace años, por eso me sorprendió que ayer todos los noticieros hablaran de cómo engorda el alcohol, cual si fuera un gran descubrimiento. Lo hacían, eso sí, por la recomendación de las autoridades europeas de incluir el número de calorías que tienen una birra, una copa o un vino, si recuerdo bien. Es decir: si no se consigue que la gente no beba por motivos de salud, al menos que no lo hagan por narcisismo. Yo he moderado la ingesta, y lo noto para bien. Bajo nuestro refugio ante la lluvia en Chueca, no cayó un mojito como los de otros tiempos más soleados, véase arriba. Mosquis, ni siquiera pude tomar algo low-cost en Copas Rotas con Pedro, gracias a las ganas de jarana de sus pupilos y pupilas. No hay mal que por bien no venga... Me quedé con la caña de Paulaner. En realidad, yo pedí una caña y trajeron una pinta. La camarera tenía un problema de comprensión o de codicia. 
¿Cuál debería ser la norma? Lo más obvio: moderación. Lo ponen en todas partes: Se recomienda beber con moderación, Wine with moderation, etc. En la bebida al igual que en la comida. Te puedes tomar una croqueta de boletus, unas bravas viajeras o cuarto de sobao pasiego, pero, al menos, compénsalo con un poco de ejercicio o una cena ligera. Respecto al vino o la cerveza, cacareados elementos de la dieta mediterránea, pura aritmética: dos mejor que seis. En las copas, muchas veces engorda más el refresco con el que se mezcla el licor. ¿Qué tal un on the rocks? Y si ya llevan azúcar en abundancia, como el citado mojito, apaga y vámonos. Por no hablar de la combinación alcohol-tapa, la tormenta perfecta que dominamos en estos lares. ¡No pasa nada! Después de ver cómo en Oviedo pareciera, en algunos sitios, que tienen las tapas contadas, en este puente no me privaré de esta sana costumbre... con moderación, valga la redundancia. ¡Feliz Noche de Walpurgis! 

lunes, abril 27, 2015

Tupper Trip.



A priori, mi última visita al Reino Pera de Madrid antes de que las próximas elecciones cambien tanto la alcaldía como la presidencia de la comunidad. La antigua responsable de este último cargo, postulante ahora al bastón de alcaldesa, expresaba hoy su propósito de que no haya gente durmiendo en la calle (en el centro, se supone), para dar buena imagen al turismo. ¿Y dónde iban a dormir? Cada vez hay menos bancos y más terrazas. Se da el caso, como pasa en la plaza de Ópera, de que los bancos han sido divididos en dos a través de una barra. Una cuestión práctica si te sientas a esperar a alguien, leyendo un libro, no tan cómoda si quieres dormir allí. Claro que hay quien se ve obligado a dormir, de forma literal, debajo de un puente, como vi junto a Plaza España. Más que molestar de manera estética, molesta el problema de fondo que origina la situación, por no hablar de mi desconcierto ante el hecho de que alguien pueda conciliar el sueño en un recodo de tráfico continuo. Hay otros aspectos que los turistas agradecerían, por ejemplo, recuperar las antiguas frecuencias del metro, ¿no? 
Como sea que no todo lo que han hecho en los últimos años ha sido malo, en el Matadero de Legazpi había una exposición que venía ni que pensada a propósito como epílogo de Research Matters. Estaba dedicada al colectivo Guerrilla Girls, conocido sobre todo porque sus integrantes se cubren con máscaras de gorila. Es un grupo feminista que se dedica a realizar performances, pegadas de carteles y otras campañas con el fin de denunciar la desigualdad, en primer lugar, de la mujer creadora en el mundo del arte, y también dirigen sus críticas contra la industria del cine, las leyes discriminatorias, etc. Tuve la suerte de coincidir con los últimos días en que se exponía. Esta semana, durante el puente, llegará la marabunta de Game of Thrones, la exposición más multitudinaria que se haya hecho nunca en ese recinto y a la cual no podré ir. Da igual. Puestos a ser mitómanos, todavía me queda la de Cuarto Milenio en Gijón. 


Ya van tres años que coincido con mi hermano Pedro durante la excursión que le trae aquí junto a chicos y chicas de su escuela, además de otras profesoras. El viernes cenamos en un sitio más castizo imposible, con el toro de Osborne omnipresente en todas partes. Mucho tapeo pero menos apetito, al parecer, ya que me endosaron cuatro tupperwares con los restos. Algunos de los cuales, junto a otros que me cayeron al día siguiente cuando les fui a buscar a un restaurante gallego, me han acompañado hasta León. Aquí no se tira nada, mucho menos con los precios que se estilan en la zona turística matritense... Lo más rentable, claro, sigue siendo ir a un bufé oriental. Eso hice el sábado con el amigo y viejo conocido de este espacio Hall. En una tarde muy productiva, luego estuve con Clara y Juanjo en la plaza de Chueca. No cayó el diluvio de azufre y lava de Sodoma y Gomorra, pero sí un diluvio a secas, que quizá quisiera lavar tanto pecado allá suelto. Suerte que allí son más que previsores y una sombrilla lo mismo quita el sol que el agua. Mojarse, solo la garganta. 


Y aquí estamos, unos días en León antes de que comience el curso para el que ya me he matriculado de formación transversal. Volveré a Madrid, aunque con perspectivas a salir desde allí a Segovia-La Granja, imagino que cuando ya haya pasado la vorágine electoral. Para muestra, la división colorista del sábado en la plaza de Legazpi. Mañana, naranjitos. Tarde, moraditos. Suena chistoso, pero así fue. Nos espera un mes pero que muy animado, ya no solo en el ámbito de mi investigación. 

miércoles, abril 22, 2015

Research Matters.



202 entradas me dice la estadística que hubo ayer en el blog. ¿Mande? Muchas me parecen, no recuerdo algo así, al menos desde hace mucho tiempo. A mí no es que me interese demasiado la estadística, de hecho hay un curso de formación transversal sobre ello en mayo pero yo voy a asistir a uno sobre propiedad intelectual. Se agradece, en todo caso, es un número notable para un blog que mantengo como un espacio, básicamente, sentimental, sin afán de promocionarme (de hecho, no lo promociono, ni siquiera cuando hoy me presentaron en las jornadas). 
El diploma no lo pongo por autobombo, sino como símbolo de la primera actividad obligatoria, si bien de gustoso cumplimiento, que he llevado a cabo para el doctorado. También como recordatorio de mis primeras jornadas de investigación Research Matters, con alumnado del máster y del PhD explicando sus respectivos proyectos. 6 minutos creo que estuve. Tampoco es que hubiera tiempo para mucho más. Lo ensayé en el salón, enfrente de los amplios ventanales al monte. Lo expuse de pie, con diapositivas y sin mirar al papel, un poco en el American Way de mi hermano Paconcio cuando da sus conferencias médicas, salvando las amplias distancias. 
Mañana voy a Madrid, para ver a otro hermano, a algunos amigos, quizá una o dos exposiciones e intentar no ser presa del consumismo, salvo con algunas obras de Beatriz Gimeno que, probablemente, o las compre allí o habrá que recurrir a don Amazón. Gasto justificado, para analizar y anotar profusamente.La verdad es que ha sido una experiencia bastante satisfactoria. Si el doctorado puede resultar un proceso solitario, aunque nunca una travesía en el desierto, es muy positivo conocer a las personas que van en tu mismo barco. Confío repetir en el tercer curso, cuando seguramente tenga mucho más que contar sobre el viaje. 

domingo, abril 19, 2015

Semana freak, queer y freudiana.

Cuando uno dispone un viaje a Madrid en el horizonte cercano, por breve que sea, conviene gastar menos en otros asuntos, por aquello de hacer balance. Ya el lunes me había agenciado el tercer ladrillo de la saga El portador de la luz, de Brent Weeks, que salió el mes pasado y, por tanto, no hubo opción de rebaja posible. Mis padres me iniciaron en la serie, que es buena aunque prefiero la de Martin, cuando me trajeron la segunda entrega de Suecia. Hablando del tema, el lunes también vi el primer capítulo de la presente temporada de Juego de Tronos. No faltó alguna escena bastante queer, a juego con las teorías que he estado resumiendo durante la semana para la introducción de mi tesina. ¿Y qué pinta Freud en todo esto? Bueno, al hablar de queer siempre hay alguna reminiscencia hacia su figura, aunque solo sea para vituperarle. En todo caso, no lo cito por eso. 
Hablábamos del presupuesto para libros. Aparte de la fantasía heroica, hoy tenía pensado adquirir el volumen compilador de Freud que venía con el periódico. Pero claro, fui al rastro y vi uno que me traía tres obras suyas por un euro. Al saco, junto a la Galaxia Gutenberg de McLuhan, que me trae recuerdos de la asignatura de Medios de Comunicación, la última que aprobé en la carrera. El rastro, o mercadillos librescos similares, tiene el peligro de la compulsividad. Lo he comprobado. Compras un libro por dos euros y poco más allá te lo encuentras por uno. No me pasó eso, pero sí ver otro ladrillo, este con las obras fundamentales del psicoanálisis de Freud, que también acabé comprando. Con todo, los dos me salieron por un precio mucho más reducido que el que venía con el periódico, el cual no dejaba de ser una mera antología comentada. 
No hay demasiadas esperanzas de que el próximo domingo visite la cuesta Moyano, así que podré rebajar el ritmo... En realidad, mi viaje a Madrid debería ser más largo, pero me han puesto una matrícula online de cuatro días, la mitad de los cuales, irónicamente, coinciden con el fin de semana, cuando los bancos no están abiertos. Cursos de formación que no dejan de ser un poco de sacacuartos y un poco de obstáculo para aquellas personas que no vivan en Oviedo o tengan trabajo más o menos estable, al margen de que su contenido pueda ser interesante y útil para el doctorado. 
Da igual. Dos meses apretados, para los cuales tengo esperanza. La Fuerza despierta, parafraseando el título de la próxima película de Star Wars. Lo de semana friki iba por ello también, yo también me he emocionado al ver el avance y escuchar lo de Chewie, estamos en casa. Creo que es un sentimiento que permanece en el subconsciente de una generación. Y, con ello, volvemos a Freud. 

domingo, abril 12, 2015

Amanece en Oviedo.




Con el título no me refiero al día de hoy, hace ya bastante que ha amanecido. No obstante, se me antoja pronto para estar escribiendo aquí, cuando tanta gente andará aprovechando para descansar, con o sin excesos previos. Anoche seguí explorando el tapeo ovetense, con algún bar clonado de León y abriendo mi lista negra para aquellos que, o no dan tapa, o la dan de forma bastante selectiva. Estando la caña a dos euros, más cara de lo habitual, ya podían estirarse, pardiez. No he salido aún lo que es de madrugada, pero no será porque no conozca ya las zonas para hacerlo. Lo único que, cuando he pasado por las mismas, o estaban cerradas y solitarias o bien con un público adolescente en demasía. 
Por allí anduvimos Pedro y yo hace unos seis días. El lunes pasado, la semana despertó al tiempo que yo lo hacía con ella. Descansado ya de la Semana Santa, nos pusimos en contacto a las seis de la mañana, y eso que él había llegado incluso antes. Tomé un té negro en el salón, oteando por los inmensos ventanales cómo todavía era de noche cerrada, y observando cómo iba aclarándose un poco a medida que pasábamos de las siete. Esto de ver amanecer imagino que será un ritual que reviente a quien lo tenga que hacer a diario, por obligación, pero de vez en cuando resulta reconfortante. Cual si fuera un currante más, me encaminé entonces a la cafetería enfrente de la estación de tren donde tendría lugar el desayuno, línea de salida de una serie de comilonas durante un par de jornadas, de las cuales mi peso ya se ha recuperado a día de hoy. 
La verdad es que me hacía mucha ilusión actuar por vez primera como guía en una ciudad que tampoco es que conozca tanto. Con todo, conocer es caminar, bien que caminamos por la zona vieja, con esas calles de pubs con nombres tan frikis como Batcueva, Vader o Joker. Lástima que no pudiéramos tomar una batcaña por setenta céntimos. Por ese precio, imagino que sería más un batcorto que una caña. Se comprobará en su momento. En el mercado del Fontán estuvimos a punto de comprar un caja de chochinos, un dulce placentero de comer, supongo. Si el nombre escandaliza, obsérvese en la foto qué tipo de variante venden en la pastelería en la que suelo comprar el pan. Tampoco es para tanto. En León hay un kiosko que expone pequeños falos de chocolate, a la vista de todos los niños que entran para adquirir sus chuches. 
La comida fue en la calle Gascona, claro. Ni por modorra ni por la sidra, pero estuvimos a punto de perder el regional debido a las incompletas indicaciones y el absurdo modus operandi en la estación de tren. El viaje fue largo pero al menos tranquilo y con vistas privilegiadas. Yo regresé aquí el miércoles, justo a tiempo para entregar los papeles de la beca en el registro. Si hay algún fallo en ellos, aún se podrá subsanar. Lo que importa es aprovechar cualquier tipo de oportunidad que surja, siendo consciente de que no puedo hacerme ilusiones respecto a una ayuda tan disputada. Próximo reencuentro entre hermanos: Madrid, si las circunstancias lo permiten. No llegaré a tiempo de ver la exposición de Cuarto Milenio, pero da igual, porque va a venir a Gijón, y justo después de que haya entregado la tesina. Vaya, he tenido suerte. Entre eso, la Semana Negra y la playa, podré disfrutar unos días de vacaciones sin necesidad de pagar más alojamiento que este. 


domingo, abril 05, 2015

Genaríada.



Me sorprendió un poco, pero no demasiado, encontrarme en la facultad de Oviedo un cartel que anunciaba San Genarín, un tour completo como si se tratara del Saloufest, con todo incluido: autobús, bebida... La resaca del día siguiente, a cuenta de cada cual. Eso de San Genarín es denominación nueva, siempre fue El entierro de Genarín, o simplemente Genarín. Para disgusto de las cofradías tradicionales, también en las noticias de la Cuatro dijeron San Genarín. Otro año más que se acuerdan de nosotros para la procesión pagana que, sí, un año más presencié, y esta vez como nunca. Podría haberme quedado en este santuario ovetense, pero, en fin, la Semana Santa siempre llama, aunque solo sea para tres días. 
Esta vez no solo nos cruzamos con la procesión en el Húmedo, poco después de medianoche, sino que nos desplazamos a la calle de los Cubos para ver la ofrenda al padre Genaro, quien ni en sus más etílicos sueños podría haber imaginado la repercusión que iba a alcanzar. Se hizo de rogar, eso sí, hasta las dos de la mañana no llegó la comitiva. Tras los versos burlescos y el copina de orujo de rigor, el hermano colgador, bien pudiera llamarse hermano spiderman, se subió, imagino que sobrio, a la muralla para depositar la naranja, el queso, el pan y, of course, el orujo, inmortalizado por cientos de móviles, como se puede comprobar. 
Fue el digno broche de una semana más corta que otros años. Lógico. Ayer se publicaron las bases de la beca para mi doctorado. Descansado y preparado para el recital de papeleo por delante, me he traído todo lo que considero necesario para ese fin. Lo entregaré la semana que viene, con tan solo un paréntesis: la visita de mi hermano Pedro, que no llegó a Genarín pero sí a san Sidrín, que permanece todos los días operativo a cinco minutos de mi casa. Brindemos a su memoria con un culín o culete, el diminutivo a gusto del consumidor. 


sábado, marzo 28, 2015

Primavera plena.



Sería toda una obviedad, cuando no una cursilería, decir que la primavera supone un renacer. Sin embargo, en estos dos últimos años ha traído consigo al menos un par de estimulantes cambios en mi vida. El año pasado, su inicio coincidió con el de una nueva amistad cuya presencia ahora añoro, por ejemplo en días como este en el que tan bien lo podríamos pasar tomando unas sidras o paseando por ese par de calles Quiero-Ser-el Húmedo bautizadas como Ruta de los Vinos. ¡Vuelve pronto al viejo continente, amigo, si no este año para el que viene! Cuando comenzó la presente primavera, se produjo no tanto un cambio como una confirmación, merced a otro amigo cuya figura permanece estrechamente asociada con la del primero. Tras un invierno en el que no pudimos coincidir por razones varias, al fin lo hicimos en un prototípico día de la estación, con su astro solar iluminando terrazas. Por cierto, qué gusto la plaza de San Martín casi vacía. El reverso de lo que sucederá desde hoy hasta dentro de ocho días. 
Llega una primavera plena de proyectos: tesina, trabajo repe de Teoría Feminista (tengo que agradecer a la seño que me diera esa opción, pues considero que va a quedar algo mucho más sólido), concurso literario para el cual acabo de comenzar un relato largo o novela corta, como gusten, algo en todo caso más breve de lo que veo conveniente; no obstante, tal vez las elipsis vengan bien en su estructura de thriller... También hay buenas noticias, como las ayudas al doctorado en Género y Diversidad. Van  a salir en Sábado Santo, rara cosa, y, aunque imagino que no será nada fácil obtenerlas, su mera existencia ya resulta positiva. Me aplicaré todo lo que pueda en la gestión, aunque, por fortuna, mi cuenta corriente se está manteniendo bastante estable este año. 
Hablando de este tema, hoy tuve un encuentro curioso en el cajero automático. No con el homeless que se echaba siestas vespertinas allí, por lo visto ya desahuciado del lugar, sino con una madre y su hijo pequeño. Este, aburrido de la gestión, se entretenía leyendo una tarjeta que habían dejado ahí. Todo normal, salvo que la tarjeta contenía un anuncio del tipo: servicio completo, treinta euros, cariñosa, no te arrepentirás... Ejem. El chaval leía en voz alta, la madre pasaba del tema y yo me esforzaba en contener la risa. ¡Quién tuviera un corazón tan puro para leer algo así como quien lee una redacción del cole! Bueno, al menos parece que no se metió la tarjeta en el bolsillo. 
He cumplido mi objetivo de no pasar la Semana Santa entera en León. Conste que no tengo nada en contra de tan señalada fecha, pero aquí, en mi santuario, estoy aprovechando para avanzar en todos aquellos frentes antes citados. Ya habrá lugar para cuatro o cinco días de darse codazos contra la gente. Y sin limonada, a menos que hayan inventado alguna light. Algunas de mis arrobas sobrantes ya me abandonaron en invierno, como sucede con los osos. No las echo de menos y ni siquiera los esporádicos excesos, más cazurros que carbayones, están logrando que regresen. Así sea. 

viernes, marzo 13, 2015

El ciclo hobbit se cierra (a priori).


Quizá suene ridículo confesarlo, pero la otra noche tuve un sentimiento de orfandad bastante profundo. No solo porque se cerrara la trilogía dedicada a El Hobbit, sino por todo lo que ha supuesto la saga de Peter Jackson, seis filmes a lo largo de trece años. Irónicamente, la primera de estas películas llegué a verla, por segunda vez, en Parque Principado, ahí donde me estuve cebando hace poco más de una semana. Hemos crecido con ellas. Yo al menos. Sospecho que este es el verdadero final, no creo que Peter se atreva con otras obras menos conocidas, o más complejas, de Tolkien. Seguro que le daría otra úlcera, definitivamente no puede ser bueno perder treinta kilos o así en tan poco tiempo. 
El sentimiento melancólico venía motivado, también, por los recuerdos que me trae el capítulo inicial de la trilogía: mi favorito, y no solo porque lo viera en Copenhague. De todo ello hablaba en mi obra Escania, cuyo subtítulo hacía un guiño explícito a la novela y las películas. Por cierto, hoy he terminado el borrador de otra novela, la que he venido escribiendo estos meses a pesar del doctorado. La escritura académica debe ser compensada con la creativa, bajo mi particular punto de vista. Seguiré hablando en el futuro de esa novela, ahora me centraré en despedir a Bilbo Bolsón, que en esta tercera parte aparece por duplicado, al igual que las figuritas que tengo el cuarto de León: joven frente a maduro. 
Después del interminable (e inventado) clímax de la segunda parte, con el dragón Smaug, otro de mis personajes favoritos, lo cierto es que la tercera entrega se me hizo cortita. ¿Un poco eyaculación precoz, aunque el símil no sea apropiado? Es, casi toda ella, batalla. Luego está el amor interracial, enano-elfa, invención asimismo de los guionistas como era de esperar. La elfa, cabe decirlo, se enamora del enano más guapo de todos, casi el único guapo y, curiosamente, el único que tiene rasgos afeminados pese a la barba. El resto, que se fastidien. Bombur, ya tendrás tu oportunidad (o no, con el amor a la comida ya tienes bastante). 
Para darle un sentido cíclico a la cosa, llegué a pensar que podría volver a Escandinavia para ver la última entrega. No solo para eso, claro está, sino dentro de un programa de doctorado. No salió, los requisitos varían bastante de una nación a otra, pero no me importa. Aquí en Oviedo estoy fenomenal. Verdadero santuario de la creación es este, como he podido comprobar hoy mismo y sigo comprobando, escribiendo en este blog unas líneas más. Y luego está el concurso literario de la universidad, un chivatazo que me dio mi compañera de piso y doctorado, Cristina, para entregar un relato largo (o novela corta) de entre 50 y 70 folios. Es factible. Me será difícil parar, o cortar, como siempre, pero puedo hacerlo. Si no para ganar un hipotético premio, al menos para mantener vivo el espíritu de la escritura de ficción, que en Oviedo no me ha abandonado ni un instante a lo largo del otoño y de este agonizante invierno. 

jueves, marzo 05, 2015

Lujuria alimenticia.


Ayer me desplacé al mall de extrarradio. Si bien no tan monstruoso como los que describe Vicente Verdú en El planeta americano, sí al menos una digna copia para una ciudad mediana como esta. Entre la comida, la merienda y la cena se estableció una conexión cósmica, si se permite una expresión a lo Íker. Cierto, el almuerzo fue oriental y las dos siguientes comidas de carácter nórdico o sueco (más o menos), pero no debe olvidarse que en Suecia fui, en más de una ocasión, al bufet oriental, puesto que era una de las alternativas más baratas a la hora de comer fuera. Y porque dicha comida me encanta, desde luego. He comprobado una especie de regla de oro en todos los bufés libres, sean del tipo que sean: en ellos siempre descubro a más de una persona gorda, gorda de solemnidad, no tan solo con unas arrobas sobrantes. Conste que yo no pretendo discriminar a nadie ni menoscabar el orgullo con el que algunas de estas personas se reivindican (¡las ballenas nos comemos a las sirenas!) pero, francamente, el hecho de tener acceso ilimitado a la comida no debiera ser excusa para llenarse los platos de forma obscena, por acumulación antes que por selección. Lo mío sí que fue selectivo. Una comida de pajarito, picoteando un poquito por allí y por allá: lo que puede verse en la foto, además de una brocheta de sepia y vegetales cocinada al wok (lo cual justifica el nombre del lugar), fideos fritos y cerdo agridulce. Ah, y té chino, faltaría más, que fue en uno de esos restaurantes donde me aficioné a ese benéfico brebaje. En todo caso, la globalización ha llegado también a esta clase de lugares; ya no solo es que, para quienes no gusten de las delicias orientales, hubiera otras opciones poco sanas, de la categoría tapas fritas del Húmedo (patatas, croquetas, rabas, empanadillas), sino que había incluso ¡un jamón para que la gente se cortase allí! Como en cualquier tasca, vaya. Bueno, al menos obtuve la energía necesaria para ir al Ikea. 


Dado que iba allí buscando una pizarra, cosa que hubiese encontrado mejor en cualquier papelería y que allí no encontré, supongo que la excusa para la visita fue comprar arenque, sill, como el que tomaba en Furulund, con su pan de centeno y el snaps que ya había adquirido en la primera visita. Lo que sobró, a todas luces, fue la merienda. Ni siquiera necesitaba merendar, con el wok ya había tenido para rato. No todas las sensaciones se pueden recrear en la distancia, así que, además, el perrito caliente que tomé no se parecía demasiado a los suecos: la salchicha debiera haber sido el doble de larga que el pan, o así, y la textura más plástica. Suena masoquista, cierto, pero a mí me gustaban de ese modo. Hablando de Furulund, pude incluso retomar la tradición de brindar con el snaps, ahora con mi compañera de piso. De forma leve, por supuesto. Somos investigadores, nuestras neuronas deben aguantar mucho. Por lo que respecta la jornada de hoy, que ha comenzado temprano, toca ración de antioxidantes y desintoxicantes para compensar. Cuando este fin de semana vuelva a León, volveré decidido a desterrar los huevos rotos del bar conocido como Huevos Rotos (se llama de otra forma, pero da igual). Es una tradición, pero una tradición que dejaremos en el 2014. Ye lo que tiene. 



lunes, febrero 23, 2015

La noche del alpiste.

Que no se diga que Cuarto Milenio no puede aportar nada a un doctorado. En los trabajos de investigación, los palabros siempre resultan llamativos, así que, para el de Teoría Feminista que renacerá de sus cenizas, utilizaré el que dijeron ayer a referencia de su catálogo de freaks, la teratología. Combo clásico de los últimos años (cuando me lo he podido permitir), llegó luego la noche de los Oscar. 
Si estoy escribiendo aquí es porque me han cundido las escasas horas de sueño. Tal vez pueda echar luego una siesta en el tren, si no hay personas en el vagón dignas de ser abofeteadas al estilo del profesor Fletcher. A mí la gala no me aburrió. Siempre dicen lo mismo, que es larga y aburrida, pero ello se debe a que no todo es igual de interesante. Lógico. La gente quiere ver a famosos, no a quien gana los efectos sonoros o los premios técnicos. Sin embargo, pese a que en la escuela de cine a mí el apartado técnico se me diera mal, resulta que es algo imprescindible para el éxito de una película. Por otra parte, a veces es la gente desconocida la que da los mejores discursos, como el guionista de la biografía de Alan Turing. De mi misma edad, más o menos, por suerte no comparto con él el hecho de que intentara suicidarse de adolescente. Por ello, dedicó el premio a aquellos adolescentes raros, para que puedan sentirse empoderados (otro horrible y recurrente palabro). ¡Ya podría haber caído en los Goya algún discurso así!
Con eso, y el feminismo de Patricia Arquette, la gala ya merece el aprobado. Lo siento por Boyhood, que es un filme emotivo pero se pasó de largo y telefilmero. Yo aposté desde el principio por Birdman. Al igual que otros años, me convertí yo mismo en pajarraco y fui picando alpiste durante toda la noche. No lo acabé todavía, estoy en ello. Por cierto, para coincidencia, la de Julianne Moore y Eddie Redmayne. Fueron madre e hijo en el filme Savage Grace, rodado en España por un director gay. Había de todo ahí: incesto, homosexualidad, tríos... Eddie, que es de mi quinta, era un adolescente allí, y se ha conservado estupendamente. Lo mismo digo de Julianne. La peli no será muy buena, pero merece la pena que la conserve en mi colección. A diferencia de lo que comentaba el año pasado, imagino que los próximos Oscar los pasaré también aquí, al menos eso sería lo más previsible. El fin de semana concluye así de modo magnífico, a pesar de que comenzó con una pérdida del tren por un par de minutos, algo que no me había sucedido en años. El siguiente tren, por cierto, llegó a León diez minutos tarde. ¡Predicando con el ejemplo! 

miércoles, febrero 18, 2015

La increíble nota menguante (parte II).

En ocasiones cometo pequeños errores que, por su pequeñez, me hacen poner en duda mi inteligencia. A nivel menos traumático, compré dos candados para la taquilla del gimnasio creyendo que ninguno me valía, cuando en realidad es que estaba cerrando mal la puerta. A nivel más preocupante, el hecho de no haber sabido entrar en el correo oficial de la universidad, pese a que se accedía del mismo modo, casi, que en la secretaría virtual, me ha puesto trabas a la hora de enterarme de jornadas doctorales, cursos de formación transversal y, ya para colmo, de la nota de mi única asignatura. ¡Y vaya nota!
Cuando descubrí el acta, vi que me ponían como no presentado, pese a que yo entregué el trabajo sin problema. Investigando, resulta que habían mandado la nota provisional a ese correo corporativo, virgen hasta ayer, y yo no me enteré para ir a revisión. En realidad la nota era cinco, pero me pusieron no presentado por ver si quería mejorar el ensayo. Es decir, no es necesario: se trata de complementos de formación, pero me daban esa opción, para la próxima convocatoria. Desde luego que quiero esa oportunidad. ¿Pasar de diez en un máster a cinco en otro? Cualquiera diría que es que en León me tenían en palmitas, ja, ja. La diferencia en todo caso me parece exagerada, porque, siendo un vicio poco recomendable el de comparar notas, viendo las del resto del alumnado he notado que la media está bastante alta. ¿Qué he hecho yo mal? Tengo mis sospechas, sin necesidad de llamar a Santi Camacho para hacer un teoría de la conspiración. Una de ellas se basa en que, como en cada departamento universitario parecen tener sus propias normas de formato y estilo, es de suponer que algunas y algunos de mis compis ya conocerían a las profesoras y, por tanto, sabrían a qué atenerse a ese respecto. 
Yo, en vez de copiar el formato de mi TFM, decidí que... ¡Total, para cinco folios lo haré como me venga en gana! Un poco caótico. Quienes seguís el blog sabéis que yo soy, ante todo, escritor, no investigador. Como investigador, tengo que seguir un corsé de reglas que me irrita no poco. No queda otro remedio así que, mañana en la tutoría, mi profesora ya me dirá en qué he fallado y probablemente me hablará de lo que yo estoy comentando ahora. Seguiré las indicaciones, sin problema. Cuando escriba en el blog, en la novela o en cualquier otro proyecto ya lo haré de un modo creativo, como siempre. Solo espero no tener que arrepentirme de no haber comenzado la tesis en León. 

lunes, febrero 16, 2015

Réquiem por el Tuerto.

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/hay-mucha-mas-gente-que-vive-muere-soledad-de-cree_957069.html

Los personajes típicos de León siempre han sido fuente de inspiración literaria, desde el demasiado obvio ejemplo de Genarín hasta otros más actuales, algunos de los cuales han pasado a mejor vida (en especial aquellos cuya vida distaba de ser demasiado buena). La última vez que vi al Tuerto creo que fue en la feria del libro antiguo de octubre, de la cual fue expulsado por un librero que declaró estar ya hasta los cojones de tenerlo ahí todos los días. Ahora, en este artículo de prensa que he descubierto por una feliz casualidad, se narra que debió fallecer poco después, sobre Navidad. En efecto, no volví a verle. En todo caso, su presencia era más típica en verano, tiempo de terrazas. 
En invierno le recuerdo de aquellos años en los que madrugaba (cosa que no hago ahora, pero a la que podría verme obligado en cualquier momento). Iba a la facultad andando, un frío del carajo y el Tuerto apareciendo en San Marcelo con aquella inquietante presencia, no lo digo ya por su carácter de tuerto sino porque solía aparecer por cualquier recodo de forma sigilosa. Lo mismo sucedía al llegar el calor, estaba uno sentado con colegas y de repente aquella forma se materializaba casi de manera espontánea, con su cantinela de un euro para un café/bocadillo/etc. Tal y como se recoge en el artículo, no era, en absoluto, un sintecho. Es más, vivía en el mismo edificio al que yo iba a clase de Inglés. En alguna ocasión le vi salir de allí consultando un teléfono móvil que supongo no sería de atrezzo. Cerca de allí, en Botines, estaba yo sentado tomando una limonada con una amiga y una camarera lo largó de ahí rápido, diciendo: ¡Anda, que te he visto sacar dinero del cajero automático! Cierto. Si tenía una pensión de mil euros, que para mí quisiera, lo de ir pidiendo solo se entiende por la razón que se señala en el recorte: la ludopatía. Así pues, para el próximo verano nos quedará la rumana enfadada, quejándose de quien tiene dinero para una birra pero no para ella, así como posibles incorporaciones nuevas. En cuanto a personalidades típicas, que también aparecieron en el mismo periódico, siempre nos quedará el Titi-Charlot, aunque, si sigue cogiendo esos pedos y vacilando a la gente (léase, en especial, mujeres jóvenes), no le auguro un futuro demasiado prometedor. 

sábado, febrero 14, 2015

El cuerpo y el gozo.


Yo ya no puedo criticar el día de hoy porque, la última vez que pude celebrarlo, lo hice a lo grande, pardiez. En primer lugar, porque recibí un regalo no se si merecido, una cornucopia que a día de hoy, cuando acabo de apuntarme a un gimnasio, constituiría todo un atentado contra la tonificación y la línea. Además, si el tema ya no solo es el amor (concepto con múltiples interpretaciones), sino la pasión, la pasión pura y casi animal, entonces mejor será la pasión cuando surge de un impulso imprevisto y apresurado. Surgió aquel día, cierto. No tan apresurado hubiera sido de haber tenido, como a día de hoy, un nido de amor; no obstante, su gracia también se fundaba en eso, ¿no? Sin necesidad de fustas, cuerdas ni demás utillaje de la sección de ferretería. Si hay que dar azotes, se dan con la mano. 
Hablando de libros comerciales, ayer pasé por mi antiguo centro de trabajo, la librería del Corte Inglés (el de Salesas, en este caso). Me vino un comercial a explicarme cómo va eso de la tarjeta, desconocedor total de que yo ya había poseído una en mi día, con la que comprar sándwiches de langostinos y demás. No, señor mío, no tengo beca, aunque la merezca. Lo cierto es que la librería del Corte Inglés jugó un papel central durante la génesis de este blog y, ahora en San Valentín, a muchos, hayamos trabajado allí o no, nos ha sorprendido un corto promocional relacionado con dicha festividad. Uno de una serie de cinco, pero ha sido el que más ruido ha armado porque cuenta una historia de amor entre dos hombres jóvenes, uno de ellos hace de un Cupido barbudo, nada que ver con la imagen tradicional del Eros como niño desnudo y sonrosado. 
¡Justicia poética! ¿Qué opinarían los elementos más reaccionarios de la librería de Pozuelo, con sus colegios segregadores (por motivos científicos, claro)? Como sea que el corto solo puede verse por internet, imagino que no habrá llegado a todo el mundo, pese a que incluso apareció en la prensa escrita. Más allá de la posible apertura, es algo lógico. ¿Por qué renunciar a una parte del mercado que, en algunos casos, tiene un considerable poder adquisitivo? Ya se sabe, el mercado rosa, como suelen criticar los activistas más contrarios a todo este proceso consumista. Mejor será que estos no salgan a la calle hoy, porque será por consumismo... También otros han criticado la hipocresía del centro, que ha vendido (y no se si sigue vendiendo) libros con el título de Cómo curar la homosexualidad, que ya reseñé en este blog hace tiempo. Desde mi privilegiada posición de vendedor allí, pude leer ese libro y, qué deciros, una obra de humor que no tiene nada que envidiar a 8 apellidos vascos. Lo malo es si alguien se lo toma en serio... 
Aquel 14 de febrero, por mi parte, me limité a regalar un libro de mi colección, dedicado, El amante de Lady Chatterley. No lo hice por ahorrar dinero, ni por hacer hueco en la estantería. Ahora bien, no se si la persona destinataria se lo ha leído aún. Como sea que no me ha retirado la palabra, siempre cabrá preguntárselo. Por mi parte, hoy seguiré leyendo una gran historia de amor (sin distinción de sexos, como acabo de escuchar en la radio), Su cuerpo era su gozo, de Beatriz Gimeno. 

viernes, febrero 06, 2015

Totally frozen.


Las imágenes hablan por sí solas. No se si ya lo dije en este blog pero a mí, como a la reina Elsa de Frozen, el frío nunca me molestó. Tampoco es que me guste, claro, pero lo prefiero al calor, que me quita la energía y me hunde la tensión y a mí mismo con ella. Ya que en los últimos años las nevadas habían sido escasas, tenía ganas de ver a León blanco, y aquí estoy. Lo he visto, he pisado y tocado nieve aunque, eso sí, me perdí la gran nevada que debió caer entre el martes y el miércoles. ¿Tal vez se repita hoy o mañana? En Oviedo, ya se sabe, lo suyo es la lluvia. Y entre medias, el puerto de montaña, casi impracticable. Cortaron la línea férrea y me vine en autobús, en el cual pude disfrutar de unas excelentes y a veces enmudecedoras vistas, nada que envidiar a Suecia. 



El viaje es un poco corto como para ver una peli pero, casualidades de la vida, entre ellas estaba Frozen y, por suerte, los títulos de crédito llegaron al mismo tiempo que el bus enfilaba hacia la estación de León. El filme era ofrecido en versión original, sin subtítulos. Yo ya lo había visto, así que no hubo mayor problema, además no soporto los musicales doblados, aunque reconozco que durante toda mi infancia me acostumbré a cantar canciones de Disney en versión española. En todo caso, Let it go no equivale a Suéltalo. ¿Soltar, qué? ¿Un pedo? Esta canción, por cierto, muy atacada por los reaccionarios por entender que es una especie de salida del armario encubierta del personaje. Pudiera ser. Lo que resulta indudable es la vitalidad que desprende todo el conjunto. Es un filme que recomendaría a quien tenga pensamientos suicidas. Tiene lo mejor de Disney y de Pixar, no en vano por ahí está Lasseter de productor ejecutivo. Disfruté de la concordancia entre el paisaje y la película. Todo era bonito, hasta la rubia del asiento de atrás, desconozco qué pensaría de mí por estar viendo una película considerada para niñas, aunque solo sea por el aluvión de merchandising que todavía hoy genera. 
Mi visita es breve porque la tesina ya está en marcha, su gestación obviamente menor que la de la tesis. He venido a probar un poco del auténtico invierno leonés y por ahora no estoy decepcionado, desde mi privilegiada posición en la que no debo afrontar el aislamiento en un remoto pueblo o el frío punzante que me llevó a observar un buen repunte de gente sin techo en la biblioteca pública ayer. 

sábado, enero 31, 2015

La marcha negra y rosa.


Cierto, la foto no tiene nada que ver con el tema que voy a tratar, pero... ¿a que mola? Lástima de los orellines que me han sacado, pero este calendario retro es mucho más llamativo que la orla del colegio. Yo seguiré hablando de cine, de la tanda de los Oscar y otros filmes que bien podrían haber sido nominados. He visto dos, que hablan, en diferente tono y formato, de la homofobia británica y sus consecuencias, las cuales todavía hoy se dejan sentir en antiguos territorios coloniales como la India y varios países africanos. 
El primero fue The Imitation Game, y es la crónica de una ingratitud anunciada, por así decirlo, en este caso contra Alan Turing. Este hombre, descrito como un genio con síndrome de Asperger o, cuando menos, serios problemas para relacionarse, llegó a ser un héroe secreto de la II Guerra Mundial y, además, uno de los antecesores de la informática, responsable de que ahora mismo me encuentre escribiendo estas líneas virtuales. Por si fuera poco, se había prometido con una brillante joven que en la película toma la figura de Keira Knightley. El problema, claro, es que además era homosexual en el armario. Un armario del que, tras la guerra, le sacaron a patadas, con su consiguiente humillación y trágico final (el cual, por cierto, es escamoteado en el filme). 
Mucho más positivo es Pride, como su propio título indica. A priori, debió de haberse estrenado en España el día de Navidad, pero no recuerdo que fuera así. ¿La habrán pospuesto para el 28 de junio, así como la del Grey ese la pospusieron para san Valentín? Quién sabe, el tema arco iris sigue asustando aunque, por lo que respecta a esta película, no está lejos de ser la versión queer de Full Monty. Tanto esta como la anterior son pacatas a la hora de mostrar la sexualidad, pero la segunda sí incluye algunos besos. Como muchas historias imposibles, resulta que se basa en un hecho real. En la Gran Bretaña de los años 80, grupos de mineros luchan por su futuro, y grupos de gays y lesbianas luchan por su dignidad. Me refiero a gays y lesbianas porque es lo único que aparece reflejado en la historia. La bisexualidad no se nombra, ni siquiera para negarse. Un grupo de gays y lesbianas recaudan fondos para los mineros y, pese a la inicial reticencia de estos, al final llegarán a manifestarse incluso conjuntamente en la marcha del Orgullo. Cualquier paralelismo con esta tierra en la que ando y mi tierra vecina, de gran tradición minera, me resultaría absurda. No obstante, sí es cierto que, en la última marchita del Orgullo en la que estuve en mi ciudad pasamos junto a un encierro de mineros, que nos miraban curiosamente. Hubo quienes, sonándoles a chino lo del Orgullo, se preguntaron si ese acto no sería a favor de la mina. Pues también, ¿por qué no? La unión hace la fuerza, ese es el lema casi explícito de la película. Irónicamente, esta refleja cierto número de escisiones internas: entre mineros, entre hombres y mujeres, entre reivindicativos y festivos... Siempre sucede. Que se lo digan a quienes harán esa marcha hoy en Madrid. 
Por mi parte, puede que corone esta trilogía con la última entrega de Torrente. Al margen de la calidad de sus filmes, no se puede negar que refleja cierto tipo de macho hispano, homófobo en apariencia pero que siempre anda buscando unas pajillas... Ahora, a la calle, a seguir aguantando el diluvio. 

miércoles, enero 28, 2015

Mefistófeles y el arte.


¡La modernidad ha llegado a mi refugio ovetense! (La posmodernidad ya lo había hecho hacía tiempo). Ayer al fin me instalaron el wifi, debo agradecer la profesionalidad del técnico, batallador frente a contratiempos varios. Me está funcionando bastante bien, salvo anoche, que quería hacerme un amago de boicot. Para paliarlo, me puse a ver Whiplash, una de las pocas candidatas a la terna de los Oscar que me faltaban por ver. Se da por fijo el premio para JK Simmons, y lo comprendo, su personaje es bastante más redondo e impactante que los de sus competidores. Interpreta a un mefistofélico profesor de conservatorio, que escupe más insultos homófobos que un instructor de marines, el cual establece una especie de pacto masoquista con un alumno: le llevará más allá de sus límites para sacar el genio que hay en él, pero a costa de debilitar su vida privada, familiar, su cordura e incluso sus dedos. El filme indaga en las relaciones entre el arte, el arte sublime y la locura. Los dos personajes son psicóticos, aunque se necesitan. 
El tema de la película es la música, el jazz, pero en verdad que podría extrapolarse a muchos otros campos. Los dilemas que plantea  admiten diversos planteamientos: ¿Merece la pena el esfuerzo, casi inhumano, si el resultado va a ser la gloria o incluso la inmortalidad? Un personaje con los métodos de ese instructor no duraría no dos días en un instituto público español, acabaría en la cárcel. Por lo que se ve en la película, su motivación cala en el alumno, pero a costa de socavar su integridad psicológica. Las obsesiones, a menudo, dan resultado, mas conllevan contrapartidas. En el terreno académico, por ejemplo, yo nunca llegué a obsesionarme, aunque hubiese quien sostuviera lo contrario (tampoco me obsesiono ahora, porque si no estaría escribiendo la tesina y no aquí). En los últimos años, sin embargo, sí me he visto rodeado por algunas personas que, por unas razones u otras, se han obsesionado por sus estudios en cierto grado, y yo me he visto afectado por las consecuencias, dado mi estado de implicación emocional con las mismas (a uno u otro nivel). Mis felicitaciones y admiración por su grado de compromiso, lo cual no me evita formular la incómoda pregunta: ¿ha merecido la pena o merecerá la pena lo que se deja por el camino? Yo, en mi propio campo, que no es otro que la escritura, por si a estas alturas alguien lo dudaba aún, creo que lo mejor será seguir ensayando casi a diario, como procuro hacer. Ya se sabe, ese rollo de ningún día sin una línea y demás. 
En todo caso, os recomiendo Whiplash y manifiesto mi sorpresa porque, según recoge Fotogramas, la corona de mejor película del año para la crítica haya pasado de un filme como La vida de Adele a otro tan distinto como Boyhood. Y eso que ambos recogen un proceso de adolescencia, pero desde puntos de vista bastante enfrentados. Boyhood es una película experimental pero, en lo temático, heteronormativa a más no poder, tan normal que se me hizo banal. Y, para sus aires de telefilme, bastante larga. ¿No podrían haber cortado alguna escena? Por ejemplo, aquella de camaradería adolescente en la que vuelan pullas machistas y, una vez más, homófobas. No pretendo dármelas de contestatario, a mí el filme me gustó pero sobre todo como documento de una época y de los cambios producidos: las consolas, el whats up, la música pop, Harry Potter, Star Wars, etc. No soy el único, varios de mis amigos tampoco la perciben como obra maestra. Sus tópicos americanos los he visto ya mil veces. Así que apuesto por Birdman, un filme mareante, sí, pero excelente (y que también tiene solos de batería). 

viernes, enero 23, 2015

Tocaba nieve.



Pero menuda maldición informática que he tenido que soportar en el piso de Oviedo. ¿Se arreglará la semana que viene, como si se rompiera un hechizo de la Bruja en el musical Into the woods? Nada más regresé, tras Reyes, fui a visitar una delegación de una conocida empresa de telecomunicaciones de Asturias. La mujer que atendía no se daba demasiada prisa, y yo me esperé mi buen rato para nada, para que ella o su base de datos me dijeran, por unas o por otras, que no se fiaban de mí. Resulta que hace cinco años, un fantasmal inquilino de mi piso, del que nada conozco, dejó un pufo allí, por las razones que fueran. Yo no tenía la menor idea de quién sería aquel, pero querían que demostrara mi identidad para que se comprobase que yo no era él, o que no lo tenía viviendo dentro de un armario. No me valía ni el DNI, que se supone que vale para eso, ni nada que no fuera el contrato de alquiler, y este todavía no hemos podido concretarlo. Solución: al día siguiente volví a mi vieja compañía, y allí me atendieron con rapidez y eficiencia. Gracias a la tarifa de datos del móvil, he podido seguir con mi vida social en Oviedo sin necesidad de rapiñar wifi en bares o en el campus. 



Más complicado fue lo de instalar Internet en el piso. Pensaba que el proceso sería más inmediato. No, hubo que esperar siete días laborales y allí se planto el técnico, quien de verdad se portó muy bien en todo el proceso. El hecho de no tener ni idea en estos asuntos me hacía pensar que la cosa sería enchufar un cable, configurarlo un poco y carril. Qué va. Hubo que abrir un cuarto abajo, gracias a lo cual al menos ya conozco al portero y tengo su número. No encontrábamos la entrada principal de la línea y, voilá, estaba detrás del cabecero de la cama, contra el que ya me he llevado algún que otro cabezazo. El sitio que menos hubiera imaginado. A punto de instalarlo, por rollos burrocráticos de la empresa hubo que dejarlo para la semana que viene. Dijo que solo sería cuestión de un cuarto de hora. Esperemos que sí. No quiero tener que escribir el blog en el aulario del campus, por no hablar de tantas otras cosas. 

Por lo demás, cabe decir que a Oviedo no ha llegado la nieve. Estas fotos son del viaje en tren desde allí hasta León. Un viaje con un paisaje bellísimo, para mí, que me hizo recordar al de Escania. Además, durante el mismo fui avanzando con la lectura de Jeanette Winterson, con ideas frescas y prometedoras para la tesina y la tesis. Año de nieves, año productivo. Para compensar la ausencia del blanco elemento, en Oviedo sufrí lo que allí es habitual: lluvia. El domingo, diluvios de quince horas seguidas y rachas de viento tan fuertes que, viviendo en un ático, pareciera que las ventanas iban a separarse de cuajo. Cuando estaba viendo Cuarto Milenio, con esos alienígenas que dan tanto mal rollo, el viento aullaba con tanto ruido que casi no podía escuchar la televisión. La nieve es un fenómeno más tranquilo. Vine aquí por pocos días, a diferencia de en las fiestas, para hacer algunas gestiones que han salido bien. Desde luego que también espero ver a algunos de los amigos que han sobrevivido a la desbandada tras Navidad. Y alguna tapina gratis, ¿no? Tampoco demasiadas. En febrero espero ir a algún gimnasio barato de esos que se llevan ahora. De rebajas, lo único adquirido hasta ahora, ya compré el pantalón de chándal marca-culos. Mens sana...