lunes, julio 20, 2015
¡Al rico calor!
Después de este, a ratos, tenebroso viaje en la nave del misterio, que ya está en el taller de cara al próximo septiembre, qué mejor que ofrecer otra faceta más luminosa de la ciudad de Gijón, ni tan luminosa... El pasado lunes disfruté de un par de días de playa junto a mi amigo Alejandro, que me ofreció su hospitalidad allí. Una suerte, porque, de lo contrario, la única opción de ir de sidras y luego regresar a Oviedo hubiera sido tomar el búho. Al estilo madrileño, a donde me las piro esta tarde. Hubo de todo. Playa, Semana Negra, vinos y, lógicamente, sidra.
No compré libros allí, pero esta semana adquirí tres en la tienda de Cáritas por el ridículo precio de dos euros y medio. Buenos libros, algunos de los cuales ya había leído y, curiosamente, uno de ellos era nada menos que Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell. Parece que no solo no les importaba tener un libro así, sino que además me acercaron una escalera para que pudiera llegar a él sin partirme la crisma. Un gesto caritativo, sin duda. Volviendo a Gijón, nos bastó una jornada para que pudiera descubrir algunos sitios allí, como la ruta de vinos, también ir a otros no tan nuevos (la Competencia, una especie de club de expatriados). Concluimos la salida en la plaza de la Corrada, escanciando o al menos intentándolo. Era el lugar con mejor ambiente para ser un lunes por la noche.
Sí, hoy toca Madrid. No es masoquismo, ya estuve en julio del año pasado, por no hablar de aquel verano en el que tenía que ir con traje y no por ello me derretí. En la tele llegaron a asustar diciendo que se alcanzarían los 42 grados, ahora el móvil me dice que unos 36, lo normal para estas fechas. Sea lo que tenga que ser, que yo iré bien preparado para el asunto. Lo importante es que aquí, en este cuarto, la temperatura en agosto no creo que suba de 30, lo justo para hacer la tesina. A pesar de estos grandes ventanales, una gran ventaja para la luminosidad natural y un ligero inconveniente a la hora de absorber los rayos del astro solar.
jueves, julio 16, 2015
Expo Cuarto Milenio (y IV).
Finaliza aquí esta panorámica mostrando, en primer lugar, vestigios del pasado, si bien en algunas partes del globo qué duda cabe de que todavía forman parte de su cultura. Desde nuestras divinidades ibéricas hasta los trajes de chamán de diversas épocas y pueblos. También el chamán-lobo, referencia a uno de los últimos programas de esta temporada y que, por tanto, dudo que llegara a tiempo para la exposición de Madrid.
La visita concluye, valga la redundancia, con el espacio dedicado a Los visitantes, una sección que desconozco si se mantendrá para la próxima temporada, pero en todo caso parece haber gozado de una notable aceptación.
Ninguno de ellos demasiado agraciado, cabe decir, pero dejo para el final esta especie de duende maligno, cuya faz me pareció la encarnación de la maldad, tal vez por su semejanza con los diablos clásicos. Por eso hice una foto en primer plano y se la envié a la cuenta de Twitter del programa, por hacer la gracia, no es que sea yo un seguido asiduo de la misma ni mucho menos activo participante de la red social. Parece que gustó. Su creador, el maestro Juan Villa, la puso de favorita, aunque no faltó quien se fue por los cerros de Úbeda contándome películas que poco tenían que ver con mi intención al poner en común esta foto. Así es la procelosa galaxia, en este caso cibernética, en la cual por fortuna no suelo navegar, quizá porque todavía no tengo una gran necesidad de hacerme autobombo.
¡Esto es todo! Mereció la pena ir, sin duda. El precio algo carillo, al nivel de una exposición sueca, pero, si lo dividimos entre el número de años que llevo siguiendo el programa, no es para tanto. Tras la elevación de ego que supuso asistir a la comisión de seguimiento académico de ayer, supongo que puedo permitirme uno de los escasos caprichos del verano. El mundo del misterio regresará en septiembre. Hasta entonces, lo que no es misterio es que tendré que darle duro a la tesina, como en los viejos tiempos de la carrera cuando no quedaba otra que chapar en agosto. En fin, al menos el agosto asturiano es soportable.
martes, julio 14, 2015
Expo Cuarto Milenio (III).
Acabo de volver, una vez más, de Gijón, esta vez de un viaje básicamente de playa, noche y algo de Semana Negra. No tengo mucho tiempo para escribir porque debo ensayar la defensa ante la comisión académica de mañana (con la tranquilidad de que son solo cinco minutos y que, probablemente, no me vendrán con chorradas similares a las del curso de Comunicación Oral). Hoy vamos a entrar en terrenos oscuros y, a la vez, clásicos. Muñecos embrujados y demonios como el mítico Pazuzu, del filme El exorcista.
Aquí un supuesto vampiro, enterrado con un pedrusco en la boca para que, si se levanta, no pueda usar sus colmillos para ganar adeptos a la causa...
El sector muñecos malignos ha revolucionado a los fans del programa, que les dejaban notitas de post-it y todo. Yo no llegué a tanto. Me quedo con la verdadera Anabelle, mucho más siniestra en su simplicidad que la que protagonizaba aquel horripilante (por malo) spin-off de The Conjuring.
Aquí, un pobre condenado a los tormentos de la Inquisición.
La diosa Lilith, a la que ya hice referencia por el ensayo que adquirí hace poco.
Llegamos aquí a la galería de clásicos básicos, por así decirlo. La gárgola de Notre Dame, por ejemplo.
Repóker de ases para concluir: el Yeti, el Hombre Elefante, Mothman, Nosferatu y el alien prototípico, tan solo un adelanto de los que mostraré en la entrega final, con los visitantes... Ahora abandonaré estos terrenos para volver a la razón real por la que estoy aquí. Mientras me quito las últimas arenillas de la playa, iré ensayando mi intervención, que está programada como la última del día (por razones que desconozco, pero espero que no sean malas).
domingo, julio 12, 2015
Expo Cuarto Milenio (II).
Escribo esta segunda parte de mi visita coincidiendo con el fin de la décima temporada del programa esta noche. Se dice pronto, parece que fue ayer cuando empezamos a seguirlo allá en la pequeña tele del pasaje de Montesa. Tal y como dije, llega el bestiario, en todas sus inquietantes vertientes: bíblico, mítico, antediluviano, post-apocalíptico... Era la segunda sala de la exposición y puedo dar constancia de que los bichos tienen mucho tirón. A algunos solo los capté en un primer plano de sus horribles jetos, como fuera que no tenía espacio para maniobrar mejor.
Por ejemplo, el de este behemoth, pavorosa bestia del libro de Job. También salía, por cierto, en el Heroes of Might and Magic, era de mis favoritos repartiendo estopa. Del leviatán no tengo imagen, quizá estaba demasiado solicitado. No me molesté en leer todas y cada una de las descripciones adjuntas, debo reconocerlo, así que del monstruo de abajo solo puedo decir que es un cerdo colmilludo, sin resonancias míticas.
Arriba, el basilisco, si no recuerdo mal de la exposición ni tampoco del programa en el que apareció este segmento. Abajo, para quienes no soporten los insectos, unos descomunales antecesores de hace millones de años.
La mantícora, otro clásico.
Sobrevivirán al hombre. Ese es el inquietante rótulo de una serie de mutaciones tan espantosas que, en fin, al menos ya no estaremos para contemplarlas. Esto se podría conectar con el programa del pasado domingo, al hablar de la gran extinción puesta en marcha por nuestras acciones, que nos conducirán al abismo más pronto que tarde (si no hay solución de última hora). Ya lo creo, solo hay que ver cómo los veranos cada vez son más largos y calurosos (con afortunadas excepciones como la que disfruto aquí en Asturias).
Terminemos el recorrido con este ejemplar de sirena, muy lejano de la estatua de Copenhague y variantes, más cerca de las amenazadoras bestias de la Odisea que, sin embargo, no tenían cola de pez. No incluyo en este bestiario el ataque de las palomas hambrientas, aunque fuera más real que cualquiera de estas esculturas. En la próxima entrega, el lado más demoníaco del programa, una apuesta segura.
Por ejemplo, el de este behemoth, pavorosa bestia del libro de Job. También salía, por cierto, en el Heroes of Might and Magic, era de mis favoritos repartiendo estopa. Del leviatán no tengo imagen, quizá estaba demasiado solicitado. No me molesté en leer todas y cada una de las descripciones adjuntas, debo reconocerlo, así que del monstruo de abajo solo puedo decir que es un cerdo colmilludo, sin resonancias míticas.
Arriba, el basilisco, si no recuerdo mal de la exposición ni tampoco del programa en el que apareció este segmento. Abajo, para quienes no soporten los insectos, unos descomunales antecesores de hace millones de años.
La mantícora, otro clásico.
Sobrevivirán al hombre. Ese es el inquietante rótulo de una serie de mutaciones tan espantosas que, en fin, al menos ya no estaremos para contemplarlas. Esto se podría conectar con el programa del pasado domingo, al hablar de la gran extinción puesta en marcha por nuestras acciones, que nos conducirán al abismo más pronto que tarde (si no hay solución de última hora). Ya lo creo, solo hay que ver cómo los veranos cada vez son más largos y calurosos (con afortunadas excepciones como la que disfruto aquí en Asturias).
Terminemos el recorrido con este ejemplar de sirena, muy lejano de la estatua de Copenhague y variantes, más cerca de las amenazadoras bestias de la Odisea que, sin embargo, no tenían cola de pez. No incluyo en este bestiario el ataque de las palomas hambrientas, aunque fuera más real que cualquiera de estas esculturas. En la próxima entrega, el lado más demoníaco del programa, una apuesta segura.
sábado, julio 11, 2015
Expo Cuarto Milenio (I).
Nada más entrar a la exposición, un símbolo de que, pese a que el programa suele echar la vista hacia el pasado más remoto, en ocasiones este se conecta con la más rabiosa actualidad, y no falta la denuncia cuando es menester. Esta réplica de toro alado y barbado, por ejemplo, memoria de un original que ya no podrá contemplarse pues ha caído víctima de la barbarie inculta.
También nos observaba este moai de la isla de Pascua, cuyo significado todavía sigue siendo un misterio.
Y, en la primera sala, uno de los temas estrella, el de las caras de Bélmez. No es que sea de mis preferidos, pero la ambientación estaba bastante lograda. Más impresión daría si no fuese porque, al constituir el comienzo de la exposición, se hizo un poco de embudo en la habitación. Con todo, logré tomar muestras de esos rostros, cualquiera sea la emoción que estén expresando, seguramente no muy positiva. En la próxima entrega, uno de mis motivos preferidos: el bestiario.
jueves, julio 09, 2015
Monstruos, bestiario y efebo.
Ayer fui a ver la exposición de Cuarto Milenio en Gijón, ya que me la había perdido en Madrid. Es una de esas cosas que se hacen una vez en la vida, aunque el itinerario en sí ya lo había mostrado Iker Jiménez en su programa. Hace dos años, cuando fui a Gijón unos días también en julio, estuve con mi amigo Alejandro en el palacio de Revillagigedo para ver una exposición fotográfica, de cariz bastante diferente a la de ayer. Es un escenario que impresiona, tanto por dentro como por fuera, si bien algunas salas se quedaban un poco pequeñas para la gran cantidad de gente que acudió. Tengo una foto de la cola, aunque no la he colgado aquí.
Todos los bicharracos y creaciones expuestas también las había visto en el programa, algunas en ediciones muy recientes y que, por tanto, no llegaron a tiempo para la exposición de Madrid en primavera. Aunque, claro, no es lo mismo que contemplarlas en persona y tenerlas al lado. Más acojone hubiera dado de haber estado yo solo en la sala, como cuando visité el Musac la semana pasada, pero eso sí que era una quimera, y no el animal mitológico. Hice unas sesenta fotos, y ningún selfie. Ese es mi souvenir de recuerdo, como sea que pillar un Pazuzu diminuto, poco impresionante, por veinte euros no estaba en la lista. Mi intención es hacer una selección e ir colgando algunas en el blog los próximos días, porque no es cuestión de agobiar poniéndolas todas de golpe como si esto fuera Instagram.
Ironías del destino, el momento más terrorífico se vivió al salir de la exposición. Tras contemplar el poco agraciado jeto de muchos visitantes y demás bestiario, busqué un poco de belleza tomando algo en una de las terrazas de la plaza. No es sorpresa que en esta estación te ataquen las palomas por ello, ya lo habíamos comprobado en el Cafelito y sitios similares. No obstante, tras contemplar esas terroríficas aves de hace millones de años, y también las no menos horribles que podrían mutar si la humanidad se extinguiera, ese ataque palomil a lo Hitchcock no era plato de buen gusto. Tuve que decirle al chaval que se llevara los panchitos (las patatas no, faltaría más). Y pensar que las palomas eran símbolo de Venus, en fin... La nave del misterio os acompañará en alguna entrada más, con sus muñecos diabólicos, su diosa Lilith y demás amiguitos tenebrosos. ¡A disfrutarlo!
lunes, julio 06, 2015
Ghosting.
Curiosa manía esta la de inventarse términos para realidades ya existentes desde hace un tiempo considerable, si bien tal vez acrecentadas en esta época de redes sociales y tendencia a la comunicación cibernética. Y, por supuesto, el palabro original suele ser en inglés. Ahora vienen con el ghosting, que sería fantasmeando. Y no se confunda con el hecho de ser un fantasma o pavonearse, sino que se trata de cuando el miembro de una pareja abandona la relación y desaparece sin dejar rastro. Tanto invento para reflejar una realidad bien conocida y común, la de darse el piro, despedirse a la francesa, hacer mutis o lo que fuere. Nada que no haya sufrido yo también. En este sentido, recursos como el whats up se han convertido en el maná para los y las fantasmas, que pueden evaporarse con apenas un mensaje de texto o ni eso. Como siempre hace falta un ejemplo famoso para dar fuste a cualquier neo-término, ahora se recurre a Charlize Theron y Sean Penn, pareja que siempre resultó algo extraña. Aunque, en el caso de los famosos, lo de desaparecer sin dejar rastro es algo poco probable.
Hay otros fantasmas, menos frívolos. La noche del sábado pasado, sentados en un banco frente al palacio de Botines, observamos la silueta de lo que pudiera ser uno, gritando y maldiciendo en francés. En realidad, se trataba del célebre vagabundo conocido como El belga, del que acabo de leer la noticia de que fue encontrado esta mañana sin vida. Macabra coincidencia. En realidad, los verdaderos fantasmas, y demonios, parecían ser los que llevaba dentro este personaje típico de León, desde hacía varios años. Tres, según el artículo, pero no es cierto. Llegó hace más, porque me lo encontraba muy de mañana al ir a clase, junto a otro desheredado de blanca barba y olor a meaos, que también sucumbió a la calle tiempo ha. Como también nos dejó el Tuerto, tal y como indiqué en este mismo espacio. Sería complicado saber qué le llevó al Belga a venir aquí, para morar y morir, con su mochila superlativa y su cartón con céntimos diseminados. Serían sus fantasmas, quizá, cualquiera fuese su naturaleza.
sábado, julio 04, 2015
Siempre nos quedará el cine.
Hace ya casi una década que, como quien se sube a un tren en proceso de descarrilamiento, comencé a trabajar en Blockbuster justo cuando la cadena decidió cerrar sus tiendas europeas. Fue el principio del fin de los videoclubs, un signo de los tiempos antes que de la piratería, aunque hay que reconocer que esto último ha acelerado el proceso. En la época dorada del VHS, el videoclub más mítico de siempre para mí ha sido el Video Exprés. Después de este, el Casablanca, cuyo establecimiento más céntrico cerró hace un par de años. Quedaban otros dos, cosa que yo desconocía, y esta semana se ha anunciado su clausura definitiva, al tiempo que han puesto en liquidación sus productos.
Yo, en su día, bien utilicé los servicios de este videoclub para proveerme de películas de todos los géneros (sí, de todos), ya fuera en la tienda o en el cajero automático. Confieso que hace ya varios años que lo abandoné y, no obstante, como un carroñero me apresté a recoger los frutos caídos en este desmantelamiento general. Esta semana fui hasta el de Eras, donde adquirí el filme Aimée y Jaguar, en la línea de mi TFM, y el libro A la sombra de Lilith, también aprovechable para mi tesina. Este ensayo, co-escrito por Carmen Posadas, habla de la sumisión de la mujer en el Antiguo Testamento, aparte de otros temas. Es por ello que me quedé estupefacto cuando, en un reportaje sobre el piropo, esta autora se mostraba nostálgica de los exabruptos lanzados por los obreros desde los andamios. Menos mal que el libro me salió por cuatro ñapas, como para darle más. Vaya versatilidad de principios, señora. Por lo que respecta a los comentarios del doctor Cabrera, le aconsejo que se dedique al Retrovisor en Cuarto Milenio.
Está claro que algunos auteurs gustan de llevar la contraria. Por cierto, aparte del artículo, en el mismo periódico vino un editorial en que se posicionaba a favor del matrimonio igualitario, del que se cumplen diez años. Curioso, porque hace una década no se mostraron tan favorables. Han ganado con el cambio, ¿no?
Volviendo al tema, ahora el cine se consume de otra manera. Sin ir más lejos, esta semana he comprado un itinerario LGTB en una plataforma digital, compuesto por cinco filmes, y he disfrutado sobre todo del de Larry Clark, que nunca defrauda, para bien o para mal. El cine no va a desaparecer, se adaptará de un modo u otro porque la magia que transmite es necesaria, sobre todo cuando los tiempos se pretenden más prosaicos. Gracias por el servicio, Casablanca (s). En un día como hoy, no olvidaré esos momentos en los que el cine se volvió para mí mucho más que un simple entretenimiento, un medio de desarrollo personal, y ya solo eso es razón de más para que lo haya hecho parte de mi vida.
Yo, en su día, bien utilicé los servicios de este videoclub para proveerme de películas de todos los géneros (sí, de todos), ya fuera en la tienda o en el cajero automático. Confieso que hace ya varios años que lo abandoné y, no obstante, como un carroñero me apresté a recoger los frutos caídos en este desmantelamiento general. Esta semana fui hasta el de Eras, donde adquirí el filme Aimée y Jaguar, en la línea de mi TFM, y el libro A la sombra de Lilith, también aprovechable para mi tesina. Este ensayo, co-escrito por Carmen Posadas, habla de la sumisión de la mujer en el Antiguo Testamento, aparte de otros temas. Es por ello que me quedé estupefacto cuando, en un reportaje sobre el piropo, esta autora se mostraba nostálgica de los exabruptos lanzados por los obreros desde los andamios. Menos mal que el libro me salió por cuatro ñapas, como para darle más. Vaya versatilidad de principios, señora. Por lo que respecta a los comentarios del doctor Cabrera, le aconsejo que se dedique al Retrovisor en Cuarto Milenio.
Está claro que algunos auteurs gustan de llevar la contraria. Por cierto, aparte del artículo, en el mismo periódico vino un editorial en que se posicionaba a favor del matrimonio igualitario, del que se cumplen diez años. Curioso, porque hace una década no se mostraron tan favorables. Han ganado con el cambio, ¿no?
Volviendo al tema, ahora el cine se consume de otra manera. Sin ir más lejos, esta semana he comprado un itinerario LGTB en una plataforma digital, compuesto por cinco filmes, y he disfrutado sobre todo del de Larry Clark, que nunca defrauda, para bien o para mal. El cine no va a desaparecer, se adaptará de un modo u otro porque la magia que transmite es necesaria, sobre todo cuando los tiempos se pretenden más prosaicos. Gracias por el servicio, Casablanca (s). En un día como hoy, no olvidaré esos momentos en los que el cine se volvió para mí mucho más que un simple entretenimiento, un medio de desarrollo personal, y ya solo eso es razón de más para que lo haya hecho parte de mi vida.
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