lunes, mayo 20, 2013

El derrumbe.


No hay cascotes más grandes que aquellos que algunas personas se arrojan hacia su propio tejado. Y, dentro de esas auto-lapidaciones, suele haber víctimas colaterales, ya se sabe. Cuando las piedras llegan a una altura suficiente pueden provocar un derrumbe, mayor o menor según su envergadura, y algo de eso he tenido que sufrir este mes, por fortuna he sabido reducir el ataque a lluvia de guijarros por dos motivos principales: el primero, los trabajos de las asignaturas del máster me dejan poco tiempo para meditar en otras preocupaciones; el segundo, dos viajes a Madrid, y uno de ellos pendiente, comenzará en un par de días. 
Cuando un pequeño piso, no precisamente construido en los tiempos de la burbuja inmobiliaria, deja de usarse, es probable que su antigüedad y el desuso provoquen otra clase de derrumbe. Nadie se alarme, sigue conservando un sólido suelo y unas sólidas paredes, con algún desconchón. Fallan las cañerías, que, como las del ser humano, se obstruyen a veces, y en nuestro piso de Madrid lo hizo el ramal que llega hasta el cuarto de baño. Para colmo, la llave del agua que llega hasta la cocina tiene escapes, cosa en la que no reparé al principio y me encontré con un salón casi inundado. Suerte que las baldosas no hacen gotera, no querría verme enfrentado al vecino de abajo, desconocido para mí, aunque quizá no exista o quizá haya hecho los bártulos y regresado a su país de origen. 
Para mí es un privilegio el tener un piso en Madrid, a diez minutos en metro de Sol, y no me deprimí por volver a recursos de posguerra. ¿Que falla el calentador del agua? Pues se calienta en ollas. ¿Que la ducha no funciona? Pues uno se hace en los chinos con una bañera para niños pequeños, tan elegante como la que reflejo en la foto, al menos me parece a mí más elegante que una palangana de burdel. Y, a falta de ducha, ya veréis cuando me haga con una regadera esta semana. Claro que, tras esta recolección tan cutre, siempre cabe la opción de que cualquier día llamemos a un fontanero, si es que el coste no es demasiado para un piso que cada vez se usa menos, ya veis que yo no aparecía por allí desde que volví de Suecia. 


Una buena razón para ir allí, además de celebrar el fin de las clases y olvidar otras cosas, fue la visita de mi hermano Pedro junto con algunos de sus alumnos y otro profesor. Ahí estamos, en esa corrala que constituye el hostel de Malasaña donde estuvieron. Más barato que los suecos, debo suponer. Lo pasamos genial, lástima que estos viajes duren poco: de terracitas en el Retiro, con un calor de verano, que en León no ha existido, en una taberna andaluza por el barrio donde estaban, etc. Aparte de quedar con los amigos habituales. No pude hacerlo con el amigo Hopewell, pero no pasa nada porque el sábado que viene es el gran cónclave en Fnac Castellana, donde interviene con otros escritores y presentará El cuarto jinete: Armaguedón. (Bueno, no estoy muy seguro de cómo se escribe esta palabra, cosas de no leer la Biblia). A partir de las cinco de la tarde, yo no se cuándo llegaré porque por la mañana tengo una comunión, a las once, en el pueblo de Quijorna, y jamás he ido allí en autobús, quizá llegue tarde a la misa y a tiempo para el banquete, lo cual no sería motivo de mortificación. Necesito, pues, este viaje para atar cabos sueltos del anterior, y cuando regrese me haré del tirón los cuatro trabajos restantes, hasta el diez de junio. Ahora me iré a acabar una novela en inglés, bueno, en la que los personajes hablan en inglés del siglo XVII, que una profesora, graciosa ella, me mandó para hacer un trabajo comparativo. Ya haré la crónica al regreso de esa ciudad, más contaminada pero, con todo, tampoco puede decirse que el aire viciado de León no afecte a algunos de sus habitantes. 

domingo, abril 28, 2013

Millenium, al fin.



Decía mi casero sueco, un tipo peculiar que da mucho juego como personaje, que Suecia es un país muy feminista, y se quejaba por ello. Comentó de forma sardónica que él podría haber escrito el libro Los hombres que no amaban a las mujeres, pese a que se trate de una novela, precisamente, feminista, como las dos que la siguen. Yo no se si será un país feminista o no, y si algo tiene que ver en ello la actitud maternalista que tienen respecto al alcohol, lo cierto es que tras leer la saga se puede comprobar que allí, al igual que aquí, se ejerce la violencia contra las mujeres, de modo individual y social, quedando en muchos casos impune. 
Stieg Larsson parece escribir su trilogía como si fuera un imperativo moral, y eso es un lastre. No me cabe duda de que como periodista de investigación tenía que ser muy bueno, casi hubiera preferido leer un ensayo suyo acerca del mismo tema. No soy yo de los que creen que todos los best seller son malos, pero la verdad es que yo nunca hubiera leído esta trilogía de no ser por mis conexiones con Suecia. Decía el amigo Hall que en esta obra no hay demasiadas frases para el recuerdo, y es cierto. Solo me convenció la primera parte, con esa historia de la saga familiar en un pueblo del norte, bastante más frío que Furulund. Las otras dos, interconectadas, son larguísimas. ¿Y por qué? Pues porque introducen personajes prescindibles y subtramas igual de prescindibles que lo único que hacen es subrayar el tema principal: la violencia contra las mujeres. 
Y es loable que quiera hacer novela negra feminista, pues la novela negra no suele serlo, en absoluto. La desgracia es que, para ello, recurre a introducir personajes femeninos de peso, y a buena parte de ellos les dota con unas características que entran en lo irreal y lo absurdo, más bien como una película de espías en la línea del James Bond menos realista. No se olvide qué actor fue el escogido para protagonizar la versión de Hollywood. 
El que se tiene por gran hallazgo del libro, Lisbeth Salander, está fuera de toda lógica, no es más que Pippi Calzaslargas versión moderna, y es por ello que hay tantas referencias a este personaje. A pesar de tener un físico insignificante, resulta que va dando palizas a lo Bruce Willis, a tíos que son el triple que ella, y también entrena como boxeadora contra pesos pesados. Y no todo es fuerza bruta, porque la amiga resulta que además es superdotada: tiene memoria fotográfica y, cuando no navega por la red o está en la cama con alguien, se dedica a resolver enigmas matemáticos en cuestión de minutos. Nadie es perfecto, claro, y ella carece de habilidades sociales. No la criticaré por ello, pero sí por ser un personaje desagradable y cargante hasta el extremo, que va de justiciero, desfaciendo entuertos y ayudando a mujeres en apuros, pero luego resulta que no deja de ser una delincuente, pues roba la privacidad y los datos de quien le viene en gana, tanto de los buenos como de los malos. Y también roba dinero, a los ricos corruptos, pero se lo queda para ella y para especular desde Gibraltar, echándonos en cara de paso que hayamos ocupado Ceuta. 
Pero hay algo que al menos me gusta de ella: es una protagonista de best seller bisexual. Ella no lo reconoce, claro, es de no me gustan las etiquetas, pero ya lo hace su amante por ella. El término bisexual aparece con frecuencia, también referido al marido de Erika Berger, el clásico artista liberal que permite que su mujer se siga acostando con Blomkvist. No he hablado de este aún, porque al fin y al cabo es el personaje más simplón. Es el detective original de la novela negra, convertido en periodista: vacilón, mujeriego, heterosexual, etc. Si no su personalidad, al menos su manera de hacer periodismo sí representa la que abandera el propio autor. Y es una pena que este muriese antes de gozar las mieles de la fama y, tal vez, redactar alguna otra obra más compacta y acertada. En estas novelas vemos a los periodistas tomando café de continuo, durmiendo escasas horas y, en algunos casos, fumando. Este es, sin duda, el camino que recorrió Larsson hasta que un infarto le fulminó. 
El best seller que sí tengo ganas de leer es el último de Javier Sierra, a quien sigo con interés no en su faceta de escritor pero sí de colaborador de Cuarto Milenio; además, habla del museo del Prado. Y, por si fuera poco, ha sido el encargado de dar una patada en el culo a las cincuenta sombras de Grey, libro cuyo argumento ya me parece risible de por sí y que, ya que no pasará a la historia de la literatura, al menos ha servido para que en los sex shop se pongan de moda los packs con esposas, antifaces, fustas y otros complementos que yo no utilizo y que también remiten, en cierto modo, a la trilogía sueca. 

viernes, abril 19, 2013

Graduación.


No recuerdo ahora bien si en la carrera de Cinematografía llegó a a haber ceremonia de graduación. Si la hubo, no asistí, bien porque Ponferrada no está aquí al lado o porque no tenía motivación para ello. Lo que sí es cierto es que, en Filosofía y Letras, no todos los años ha existido dicha ceremonia, así que tenía que aprovechar la ocasión de que esta vez sí hubo. He podido asistir porque he regresado de Suecia, y ha dado la casualidad de que la fecha ha coincidido con el final de las clases del máster. No es el final del curso en sí, para eso debe esperarse al diez de junio. Lo que sí han concluido son las sesiones presenciales, quiero aclararlo para no echar leña al fuego de quienes consideran a los humanistas como a un puñado de perezosos. 
Mucho podría escribir acerca de esta semana y la última asignatura, Escritura Creativa. No era una materia el uso sino, como su nombre indica, un taller literario. Solo he asistido a un par de estos y, los escritores eran tan diferentes, que la conclusión es que lo mejor es escribir cada cual según el estilo personal que vaya siguiendo, en ocasiones lleva toda una vida encontrarlo. No hablaré de estas interesantes clases finales, voy a centrarme en el acto académico al que casi asisto en soledad. Soledad muy relativa, por supuesto: todos los que allí estábamos éramos como una gran familia, de docentes, alumnos, alumnas, incluso el rector podría considerarse. Al ser una facultad pequeña, el entorno se vuelve más confortable. 
Yo me refería a que la promoción de Filología Hispánica del 2012 parecía haber sobrevivido a una horda de zombis, amigo Hopewell, quedando solo en pie mi compañera Irma y yo. Exagero, claro está. Había otras personas tituladas que, o no vinieron, o su presencia estaba anunciada mas no se materializó. Una suerte que pudiera sentarme junto a Irma, y no lo digo solo porque ella me hizo una foto in situ, no como esa, digamos de estudio, que aparece arriba. Además, el maestro de ceremonias era uno de mis maestros, valga la redundancia, favoritos, José Manuel Trabado, a quien por fortuna volveré a disfrutar en el medio curso de máster restante. 
La charla magistral corrió a cargo de un catedrático de Arte, que habló de los orígenes de las Humanidades, remontándose hasta el Trivium y el Quadrivium, y la bastante reciente separación entre Ciencias y Letras, separación que en mi caso supongo que tengo que agradecer, dado lo negado que soy para las primeras. Un torrente de sapiencia, pero dejó la charla in media res porque el acto se ajustó bastante al reloj, al reloj de la comida. 


Llegó el momento de entregar el diploma y la insignia de plata al alumnado. Todos fuimos aplaudidos al salir, circunstancia factible porque tampoco éramos tantos. Yo solo me negué a aplaudir a una chavala a la que le presté un libro hace cinco años y todavía no me lo ha devuelto. El libro era un Corán y, de todos modos, no tengo intención de leerlo pese a mis circunstancias personales. Se lo podía haber echado en cara pero sus tacones estaban muy afilados y quizá me podría haber clavado uno en la yugular. However, fue un acto alegre, alejado de malos rollos anteriores en ese centro. El rector, al concluir, se encargó de remarcar la importancia que el idioma español tiene en nuestra tierra, y lo poco aprovechado que está ese factor. El coro universitario, con el himno Gaudeamus igitur, dio el broche final. Para mí, la carrera terminó el pasado septiembre, pero sin duda este desenlace era mucho más bonito. Creo que los titulados en el máster no son llamados a este ceremonia, así que, ¿cuál será la próxima? ¿El doctorado? Pues habrá que conseguirlo. 

lunes, abril 01, 2013

Fool´s Day.

Aunque ya hayamos importado ciertas celebraciones estadounidenses, no así la que hoy, primero de abril, llaman Fool´s Day, Día de los Tontos, algo así como nuestro Día de los Inocentes. Por lo que a mí respecta, la jornada de hoy no es ninguna tontería. En vacaciones de Pascua, como el resto de matriculados en la universidad, estoy aprovechando el tiempo de un modo muy positivo. Como podéis comprobar, estoy retomando el blog de forma paulatina. Pero, aunque tardara en retornar por estos lares, la causa estaría justificada, como sucedió en el pasado. La noche del Jueves Santo, muy proclive a deslices descerebrados que luego son recogidos en la información nacional para escarnio público, me surgió la idea de un nuevo proyecto, un poemario breve pero variado en cuanto a sus composiciones. Sí, su redacción compensa el abandono, ese sí total, de mi blog poético. No voy a colgar estos poemas porque quiero que permanezcan inéditos mientras busco la manera de publicarlos. Francamente, no debiera tener mucho problema en sacar a la luz un volumen casi del tamaño de un folleto y, si bien puede que el impulso poético no sea grande en mí como acusó mi profesor, no cabe duda de que sentimientos muy nobles y sinceros me han impulsado a escribirlo, haciendo un paréntesis entre las crónicas escandinavas. 
Seguiremos informando. Es para mí un placer compaginar estos dos proyectos, proyectos realistas que irán en paralelo con las dos últimas semanas de clase y la subsiguiente retahíla de pequeños trabajos hasta junio. 

jueves, marzo 28, 2013

El blog abandonado.

Mi abandono de este blog durante el tiempo que ha durado el máster (al que solo quedan dos semanas de clase durante este curso) no ha sido un hecho premeditado. Desde luego que podría haberme extendido aquí sobre variados asuntos, el caso es que, al igual que sucedió durante los años de carrera, me lo he tomado bastante serio, a pesar de mi retraso. El hecho de comenzar a medio camino me obligó a soportar un chaparrón de lecturas, algunas de las cuales fueron perfectamente prescindibles. Digo yo: si un profesor tiene cuatro días de clase, y va a dedicar apenas un cuarto de hora a comentar un libro que lleva bastante más tiempo de ser leído, ¿no sería mejor que se limitara a mandarnos algunos fragmentos significativos, y dejara las lecturas completas para los trabajos de final de asignatura? Es que se te queda cara de bobo si tienes que tragarte un artículo teórico, algunos en inglés, para que luego no sea ni mencionado en clase. No es que sea una pérdida de tiempo, porque siempre se aprende, pero es un tiempo que podría haber empleado, por ejemplo, en realizar alguna entrada aquí. 
Al margen de algunos fallos, el máster me encanta. Ninguna sorpresa, ya lo sabía desde el principio, desde cuando estaba en Suecia intentando aspirar al de Lund. Lo supe desde el principio pero no me arrepiento lo más mínimo de no haberlo hecho desde el principio. El paréntesis nórdico era más que necesario. Hay cosas que no se aprenden en la universidad, y en cambio te las puede proporcionar un viaje largo, o conocer a una persona clave en tu vida como aquella con la que por fortuna todavía estoy saliendo, y que dure. Por otro lado, este máster me ha permitido abordar temas que en Filología Hispánica jamás hubiéramos tocado, como las cuestiones de género, ecofeminismo o racismo ambiental, planteadas a grandes esbozos para que luego cada cual pueda profundizar en la medida de sus propios gustos. En ese sentido, este curso tiene cierto aspecto de coctelera. 
El actual paréntesis antes del final del curso corresponde a la semana santa, un período en el que, si me encuentro en mi ciudad, se debe especialmente a mi pareja, pues no me gustan los agobios como los que tendré que soportar aún durante tres o cuatro días. Me solidarizo, eso sí, con la gente que de verdad vive estos actos y los prepara durante todo el año para que al final, invariablemente, se suspendan por la lluvia. Poca misericordia divina veo... Comenzada la primavera, pronto me tocará pasar horas varias sentado aquí, con los trabajos finales y, si la predisposición a la pereza no me fustiga, arañaré ratos para regresar aquí, y también seguir con esas crónicas nórdicas que no voy a abandonar de ningún modo puesto que, escrito ya el prólogo del viaje, falta la parte más divertida en el entrañable pueblo de Furulund. Siento casi una obligación moral para redactarlas. Así pues, confío en despedirme hasta pronto. 

viernes, febrero 08, 2013

Giro de timón.

Voy a exponer dos motivos por los cuales quizá este año me veáis menos, si cabe, por este blog. Dos motivos positivos, por otro lado. En primer lugar, de aquellos breves apuntes que iba dejando por aquí durante mi viaje al extranjero estoy extrayendo un libro en forma de crónica, que me gustaría publicar pero en condiciones, aunque sea con una editorial y una tirada pequeñas. 
Dicha obra iba a ser mi principal ocupación hasta que decidí investigar acerca de si podría engancharme al máster en Literatura Española y Comparada, que ya lleva desde noviembre. Había ciertas dudas al respecto en un principio, pronto disipadas. Supongo que, merced al clavo que ya me han metido (más suave si se divide entre dos cursos), poco les importará que me matricule de 21 créditos y no llegue a los 30 requeridos. Se trata de la mitad de las asignaturas. La otra mitad, junto al trabajo de fin de máster, las cursaría a partir de noviembre, confiando en que no haya cambios que me dejarían en una situación muy delicada. 
Yo estoy muy contento, porque al final ha dado tiempo a todo: viajar, encontrar pareja y finalmente esto, cuando ya daba por hecho que este curso no sería universitario para mí. Las clases, por la tarde y nunca con demasiadas horas al día, se alargarán por espacio de dos meses hasta mediados de abril. A continuación habrá tiempo para realizar las tareas solicitadas, hasta el comienzo del verano. Con todo, voy a seguir teniendo tiempo para continuar con mi crónica nórdica, que no quiero que alcance excesiva longitud para que así, tal vez, sea más sencilla de editar y distribuir. Lo que me importa en verdad es que esté bien escrita, bajo mis parámetros. 
Así pues, vamos allá. El máster para mí es un mero trámite que debo asumir para mi verdadero objetivo, el doctorado; no obstante, quiero disfrutarlo, la mayor parte de las materias abordan temas atractivos para mí, y no hay nada más motivador en ese sentido. Regreso a la vieja facultad... 

lunes, enero 28, 2013

El sexo de los ángeles.



Ya nos hemos acostumbrado a que una parte considerable de noticias bizarras lleguen desde China, pero la última me pilló por sorpresa, la verdad. En un país con una censura tan paternalista que quitan un pezón de la versión tridimensional de Titanic para que al público no le entren ganas de tocarlo, o que se ventila una buena porción del metraje de Cloud Atlas, en especial la historia romántica entre dos hombres, una película como la que reflejo arriba no tiene la menor opción de abrirse hueco. Excepto, claro, en los incontrolables terrenos de la red. Aunque me cueste creerlo, esta historia a tres bandas arrasa en las descargas, por supuesto, ilegales. 
Yo, respecto a ello, he llegado más tarde que buena cantidad de chinos, pero he de confesar que ya le había echado el ojo a este filme desde hacía bastante, bastante tiempo, ya desde que se anunció su rodaje. Tanta antelación se debe a que conocía algunos detalles sobre su trama, y por ello albergaba un gran interés personal por ver cómo reflejaba un tema poco tratado en el cine (y en otros artes). No solo el público oriental, cualquiera podría alegrarse de ver una historia desinhibida que muestra el amor entre tres atractivos jóvenes; con un erotismo, eso sí, de buen gusto y plenamente justificado. Con todo, quizá demasiado atractivos. La trama no me acaba de parecer creíble, lo cual tampoco es obstáculo porque yo nunca he pensado que el cine deba por necesidad ser un espejo de la vida, ni mucho menos. El desenlace de este filme, que no contaré, resultaría extraño, pero no imposible, en el día a día cotidiano. 
Pero películas como esta, en China o en León, pueden producir efectos muy positivos en sus espectadores. Movido por esta, o quizá por la Paulaner que me estaba tomando, pude informar a mi pareja sobre facetas de mi personalidad que no conocía, y su reacción fue sorprendentemente... buena. Ahora la quiero más que antes, y no es que antes la quisiera poco. Me tomé al pie de la letra eso que dicen en el guión: Si no arriesgas, estás muerto. Pese a ello, creo que flaquea un poco en el diálogo. No me toméis por vanidoso si afirmo que yo los podría haber moldeado para adquirir mayor consistencia. En los actores, algunos de ellos con poca experiencia fílmica, hay de todo. Querría conocer, eso sí, cómo fue el proceso de doblaje de la película, sobre todo respecto a esa actriz francesa o de raíces francesas, que era una sirenita en la última de Piratas del Caribe y ahora se ha desprendido de su cola para que veamos qué había debajo de ella. Si esa es su voz original, me parece bastante menos sensual que el conjunto. 
Y, por cierto, se agradece que al menos una vez, a lo largo de todo el metraje, apareciera el término bisexual, no en boca de ninguno de los protagonistas, quienes se limitaron a soltar algunas vaguedades como no hay que comerse el coco, etc. Donde la película no ha tenido la menor repercusión, aparte de en la taquilla, ha sido en los Goya: cero nominaciones. Y no es que sea un filme excelente, pero yo no entiendo, como se preguntaba la revista Fotogramas, por qué los académicos tienden a votar siempre a las mismas películas, sea en el apartado que sea, ¿es borreguismo o es que solo ven seis o siete por año? No hablaré de Lo imposible, no me apetece y mucho menos después de la insufrible paliza de dos meses que en la cadena productora dedicaron al autobombo menos disimulado. 
Los caminos del éxito son inescrutables y solo me queda felicitar a los creadores de este filme por su valentía, abordando un tema incómodo, desconocido, y que, si bien no ha encontrado su público en España, puede que en el futuro se convierta en un título, si no de culto, al menos de referencia. 

domingo, enero 20, 2013

Por el Culis.


Los dos días que he pasado en Oviedo pudieran parecer inútiles, pero no lo son. Inútil, en todo caso, fue el dinero que invertí en realizar el test TOEFL allí. La academia oficial a estos efectos estaba siguiendo la estela de ese Culis Monumentalibus que expongo arriba, rotundo en sus formas y brillante del aguacero que cayó en la ciudad desde que puse el pie hasta que cogí el tren de regreso. Un culo asexuado, sin ninguna reminiscencia genito-urinaria y, la verdad, me gusta más que otras muchas estatuas que jalonan la ciudad de León. Si hay culos que son todo un monumento, no veo por qué no hacer un monumento al culo, una de mis partes preferidas del cuerpo humano, una parte democrática que no hace distinción de género. 
Pero, en fin, no quería desvariar en exceso porque me había quedado en la academia de inglés, ¿verdad? Resulta obvio decirlo, pero no es igual hacer un test de prueba en la tranquilidad de esta habitación, con todo el tiempo del mundo, que enfrentarse a la prueba en directo. Yo juraría, estoy casi convencido, de que los textos del examen eran más complejos que los del manual. En todo caso, ya sabía lo que me iba a encontrar: un test que poco tiene en cuenta la posibilidad de que los alumnos de Humanidades también quieran hacer carreras y posgrados en el extranjero. Si es que la lista de temas me dio tanta risa, a posteriori, que incluso la apunté: los efectos de los períodos de sequía, la formación del suelo en diversas capas, la organización centralista de la civilización inca, la alimentación de los peces en el océano profundo y superficial, una antigua ruta del mar de China, una luna de Saturno, los sulfitos, los insectos luminosos, bla, bla... Tan solo un par de estos temas podrían tener algún tipo de relación con el máster que yo quería estudiar: Literatura, Cultura y Medios de Comunicación. ¿Por qué pelotas tengo que desentrañar preguntas capciosas sobre temas que no entendería aunque estuvieran en español?
Poz no. El Inglés, ya se sabe, la asignatura pendiente de esta nación. Pero, en lo que se refiere a esta prueba, me pareció una tomadura de pelo. Y un buen negocio para los organizadores. Así pues, cancelé el examen. Para que me manden resultados mínimos, prefiero que no manden nada. Allí se queden ellos con su burrocracia y su etiqueta. En los exámenes de Filología al menos podía tomar agua, o alguna pastilla de regaliz. Aquí ni eso, por no hablar de las campanas de la iglesia de al lado, que tocaban Asturias patria querida cada hora, y de que hubo una manifestación, como no podía ser de otro modo, con petardos. Como si por usar petardos les fueran a dar más la razón. 


En el fondo, fue algo muy de Woody Allen, no en vano tiene una estatua en la ciudad, de la que dice que es como de cuento de hadas (algo que bien podría aplicarse también a esta en la que resido). Una experiencia surreal, como cuando en Vicky.Cristina. Barcelona le dio por poner un tablao flamenco en Asturias. La habitación del hotel valía la mitad que los albergues de Suecia y era mil veces mejor. Como no todo va a ser positivo, cabe apuntar que el wifi era atroz, y el desayuno no estaba incluido. Me calcaron cinco euros por un buffet que incluía bollería industrial y té Hacendado. Si lo llego a saber, empiezo a meter donuts al bolso y así ya tengo merienda. Eso sí, comí de más. No voy a ahondar en el tópico de lo bien que se come en Asturias, pero así fue, y no me salió demasiado caro. Con mi gula llené las carencias que me había dejado el examen, todo ello regado de buena sidra. Por cierto, ¿no habría que pasar también un examen para saber beber sidra? Porque se me antoja tan ceremonioso como el ritual japonés del té. 


Esta cacharra de arriba es un self-service de culines, o podría decirse auto-escanciador de sidra. La primera noche yo no los bebía del trago; tampoco echaba el poso en el cubo, porque, la verdad, cuando pago por algo no me apetece desaprovechar la mitad, sobre todo si es alcohol. La segunda noche ya vino un camarero a corregir mi ignorancia de guiri (guiri aunque vecino) y escanciarme él mismo. No es que me guste depender de terceras personas para beber, pero lo hizo con arte y le dejé un euro de propina en agradecimiento. Se lo que algunos estaréis pensando, que no es inteligente meterse una botella de sidra y un plato de choricines antes de un examen, pero, creedme, con total sobriedad lo habría hecho igual de mal. Casi mejor hubiera sido llevarse la sidra al aula, y así poder insultar por el micrófono a mis anónimos evaluadores. 


Pero no, no ha sido un viaje inútil. Nunca lo será una visita a la Vetusta de Clarín y la Regenta, novela que se cuenta entre mis favoritas y que, lejos de resultar aburrida, es una de las que más me hubiera gustado escribir a mí. ¡Ojalá en León hubiéramos tenido un cronista parecido! Pierdo un máster, sí, pero gano otro, el máster que me gusta, que quiero hacer y que espero no se vaya por el sumidero con estas turbulencias que reflejé en la universitas legionensis. Y, de rebote, gano una relación sentimental, por si no lo habíais inferido, que espero duradera. Por eso, estoy satisfecho, y empieza un período en el que puedo seguir con el Inglés (pero con el Advanced, me paso al inglés británico, aunque para pronunciarlo deba tomar un par de pintas); puedo seguir preparando la docencia con clases particulares, a pequeña escala o en academias, no mucho más trabajo puede ofertar esta tierra en el tiempo presente. Y, por último, mi viejo sueño literario, expandir el espacio de este blog para realizar una crónica de mi viaje a Escania (la región en la que principalmente residí). Inspiración no me falta; tiempo, bueno, deseo que sea un escrito breve pero, valga la redundancia, bien escrito. Es compatible con el empleo, el aprendizaje o el amor. Al menos eso considero ahora, veremos en cuanto me ponga dedos a la obra. Ha sido, por lo general, un mes con suerte, y eso no lo cambia el episodio de un fracaso anunciado, que yo ya conocía pero no por eso quise arrojar la toalla sin haberlo probado. 

lunes, enero 14, 2013

Quo vadis, universidad?

Estoy de resaca de Globos de Oro. El año pasado no fue posible, porque un lunes como hoy, último lunes del primer cuatrimestre, debía estar sereno para hacer una presentación y, en cambio, hoy solo he pasado por la facultad a modo cuasi de observador, de ex-alumno en trámite, quién sabe, de volver a serlo. 
Yo no tiro la toalla por adelantado, por mucho que ahora hayan surgido motivos por los que bien valdría la pena permanecer en León. Si los suecos, una vez superado el snaps y las cervezas de tres con cinco grados del supermercado, quieren seguir sacándome la pasta a través de compulsas que en realidad son firmitas por valor de doce euros cada una, lo asumiré, así como el test TOEFL del viernes; no tan malo, a priori, como imaginaba, pero dudo que llegue al nivel que me piden. No ayuda que, queriendo hacer un máster sobre literatura, deba escuchar charlas en inglés sobre los hábitos alimenticios de las cebras, raíces o planetas distantes. 
En mi regreso a la universidad me llevé una desagradable sorpresa. Tras hacer el camino a pie, el autobús era mucho lujo para recoger unos simples papeles, deseaba reponer fuerzas con una caña y una tapa en la cafetería central, punto neurálgico en mi devenir por esta carrera, y resulta que estaba cerrada. Y no era que hubieran alargado las vacaciones navideñas, es que todavía permanece así, con todas las sillas recogidas dentro formando un paisaje fantasmagórico, precisamente en ese espacio que tanta vida rebosaba, que tanto jolgorio en ocasiones me martilleaba los oídos.
Culpa mía, supongo, por utilizar ese espacio a veces a modo de biblioteca donde pasar apuntes, leer textos o dar clases improvisadas a mis compañeros. Pero también sirvió de punto de encuentro, de relax pre y post exámenes, para comer (la función más básica), para vegetar cuando me escapaba de la facultad por el catarro o la tensión baja, etc. ¿Cómo habrá pasado esto? No será por falta de clientela. Me resulta sorprendente, mucho más que cuando en Suecia me enteré de que había aparecido un tipo encapuchado con el pene al aire, sin duda para rechifla de los estudiantes. 
Espero que el cierre sea temporal. De lo contrario, se perdería un sitio que, tanto en el último curso como en los anteriores, fue una pieza clave en los resultados que obtuve en la carrera. ¿Qué quedaría, si no? Ya cerraron la cafetería III, por así decirlo. No comprobé si seguía la pequeña, de arriba, con amplia terraza primaveral pero escasas mesas dentro, y alguna otra, privada, algo más lejos del recinto. Por no hablar de las máquinas de chuches y alpiste, ja, ja, que son más bien un recurso entre clase y clase. Los recortes están haciendo estragos. Primero fue el Albéitar. Cierto que yo no estudiaba allí, siempre he tenido la suerte de concentrarme en esta misma habitación. Ahora dicen que en los exámenes de enero tampoco abrirá por la noche la biblioteca central, recurso para aquellos que desean chapar de madrugada, algo que no me parece recomendable pero que respeto en todo caso. 
Y, finalmente, mi facultad, siempre en estado de sitio, podría perder cuatro de sus seis carreras, todas menos las filologías. Y la mía no porque haya muchos alumnos, sino porque, a fin de cuentas, ya somos quinientos millones de hispanohablantes y es un sector con futuro económico, no cabe duda, y que además atrae a bastantes erasmus y extranjeros que dan vidilla y euros a la ciudad. Pero, vaya, con cuatro carreras menos yo pienso que tendrán que realquilar buena parte de las aulas para otros menesteres. Al menos los másteres se salvarán de la quema, porque bien nos cobran por ellos. Si el de Lund, por cualquiera de los motivos, no llega, podré reengancharme al que estuve a punto de hacer este curso. Al ser las clases vespertinas, notaré menos la ausencia de la cafetería si es que sigue en el estado actual. 
Todavía es pronto para saber cómo estará la universidad para el 13/14. Yo, mientras continúo con los trámites de Lund (me piden casi todo menos el certificado de virginidad), estaré pendiente y expectante por el giro que pudieran tomar los acontecimientos. Me encantaría volver a la que ha sido como mi segunda casa durante años, pero temo ante un proceso creciente de desmantelamiento. Las humanidades no nos sacarán de la crisis económica pero, por lo que se refiere a los valores, creo que pueden ayudarnos a ser mejores personas. Eso no se paga con dinero. 

sábado, enero 05, 2013

Done

Hay días en los que uno empieza un nuevo año en el blog aunque no tenga ganas de hacerlo. Hay días que uno no sabe si considerar días. Hay días en los que los propósitos para el año nuevo explotan en tus manos sin que aún hayas superado la nochevieja; es más, sin que aún hayas superado el viaje que debiera haber sido la recompensa a cinco años de carrera. No lo ha sido. No, al menos, de forma completa. El final de la recompensa estaba por llegar. Hay días en los que uno querría llorar de emoción, pero solo llega a dar cabezadas. Hay días que es mejor no planificar. Hay días en los que los errores una dos, tres, veinte veces repetidos no te pesan, y las marcas pasajeras oscilan entre la ocultación y la autoafirmación vanidosa. Hay días en los que las dudas surgen; sí, siempre dudas, en un mar de dudas nos anegamos desde un principio pero eso no impidió llegar a buen puerto. Hay días en los que uno pasa de previsibles preguntas; que hablen los hechos, y que los hechos sean bien interpretados. Hay días en los que los regalos llegan por anticipado, y no se sabe para cuánto tiempo se van a quedar. Hay días que uno no quiere que nunca terminen aunque solo lleven una hora de existencia. Hay días en los que no se sabe qué historia es más interesante: si la que teclean los dedos, o la que los propios dedos pudieran contar. Hay días en los que lo mejor es escribir de forma críptica. Al menos lo más elegante. Tiempo habrá para reflexionar. Luengo es el año. ¡Feliz 2013! 

domingo, diciembre 30, 2012

Sin jornada de reflexión.


Durante el viaje he descubierto, al fin, ese invento cuasi imprescindible al parecer llamado what´s up que, si bien me ha ahorrado bastante en la factura telefónica, también se ha convertido en una molesta plaga cuyos chirridos perturban mi concentración en momentos como este, así que no me ha quedado otra que ponerle la mordaza. Los ecos de Suecia y Dinamarca resuenan en las conversaciones navideñas, provocando carcajadas aunque traten de asuntos que allí llegaron a preocuparme profundamente. El tiempo y la distancia permiten sacarles el lado grotesco. 
Un buen libro podría escribirse acerca de esa aventura. Pero ahora ha llegado el epílogo, y estoy inmerso en él. No hay oportunidad para la reflexión, si acaso llegará a su debido momento. De forma inesperada, una persona ha entrado en mi vida y no se si es para quedarse. Ella misma ha tenido la desfachatez de preguntarme que de dónde he salido yo, cuando fue ella quien se interesó primeramente por mí. Pero seré comprensivo, las dudas provocan estos momentos de ofuscación. Mañana, último día del año, veremos si surge ya no el besito post-campanadas, sino tal vez el besito pre-campanadas, sería una cursi y a la vez remarcable manera de comenzar una relación. 
Ahora es Suecia la que viene a España, y por eso en breve iré a buscar a mis familiares. Daremos la bienvenida a este año que, no por tener el 13, va a resultar más nefasto. Si no me creí lo de los mayas, tampoco voy a caer en la superstición. Este año, al margen de todas las catástrofes económicas, ha sido en el que he superado una carrera que empecé tres veces. A la tercera fue la vencida, y la mejor. Estoy muy contento por ello. Y por haber hecho el viaje que llevaba planeando largamente. En ocasiones, no es necesario irse lejos para encontrar algo que puede surgir cuando apenas has vaciado las maletas. A partir del martes comienzan nuevos retos, emocionantes, así que hoy quiero ser positivo, y no tener en cuenta las palabras que ayer y hoy puedan haberme ofendido, porque estoy convencido de que no provienen de la mala voluntad sino de malas interpretaciones y también de demonios internos a los cuales no soy ajeno. 
¡Coño, me olvido de hacer una crítica de El hobbit! En fin. Me perdonaréis, me es imposible estar en todo, así como no puedo poner el broche en mi otro y abandonado blog. Y, si como supongo, mañana no puedo despedir el año, os deseo salud, prosperidad y amor por parte de quienes os rodean. Que el gobernador de Libia, no se quién será ahora, os acompañe. Y un cariñoso recuerdo para los allegados de ese niño que falleció ayer en la estación de San Isidro, un lugar muy especial para este blog, para los Abrasadores, y que no debiera albergar este tipo de tragedias. 

miércoles, diciembre 19, 2012

El final, no; el principio.




Poco importa que apenas haya estado en Copenhague un par de días; no lograría resumir todas las impresiones que me he llevado ni aunque me quedara despierto hasta la hora del desayuno de este hotel que, por cierto, tiene una conexión wifi bastante más deficiente que la de los albergues. Hasta ahí no llegan las estrellas... Pero debo intentar dormir un poco pues mañana, si todo va según lo previsto, regresaré a España. Dejaré atrás esta ciudad que se ha revelado como una especie de desvergonzada prima nórdica de Estocolmo.
Y, la primera, en la frente. Los hoteles económicos como este suelen estar enclavados detrás de la estación, en lo que podría llamarse el barrio chino de la ciudad. No es broma. En mi misma calle hay dos locales de strip-tease. Me hubiera encantado ver cómo alguna de esas blondas bellezas se quitaba la ropa pero, en fin, no me apetece parecerme a mi antiguo casero, y la historia del night club me recuerda a cierta noche que me perdí, por suerte, y que tampoco lograría resumir ahora. También he visto una calle que le gana a Montera en número de sex-shops, con grandes artilugios como la vagina artificial que permite sentir sensación de montárselo en la posición del perrito. Lo más curioso fue ver hoy a una monja caminando por esa calle. Supongo que iría como quien escapa de Sodoma antes del día del fin del mundo. 


Pero yo no vine aquí buscando strip clubs, sex-shops o burdeles, todo eso lo tengo en Madrid (incluso en León). Mejor me parece la libertad a la hora de vender alcohol. Incluso, a diferencia de la capital de España, aquí hay licorerías abiertas a partir de las diez de la noche. Eso (legalmente) ya no es posible en Madrid gracias a alguna de esas leyes de Gallardón, que ahora nos atormenta con nuevas sandeces a nivel superior. Sexo, alcohol, y, ya que faltaba algo, porros. Hoy estuve en la supuesta ciudad dentro de la ciudad, Christiania, convertida más bien en un parque de atracciones alternativo al Tívoli, aunque no falten los niños, y numerosos puntos para comprar marihuana. A mí eso me trae sin cuidado. Ya lo digo aquí, nunca me he liado un porro. Solo a veces me los pasaban, y el viaje por suerte era corto. No diré nombres, pero ya conozco a unas cuantas personas con el cerebro un tanto averiado por el abuso de dicha sustancia, y eso no me parece divertido. 


A propósito del Tívoli cabe decir que en sí es como un enorme espacio lisérgico con luces de neón, entretenimiento familiar a pocos metros del entretenimiento XXX. Paradojas danesas. Hablando de viajes, en el parque hay atracciones donde solo me montaría si estuviera por suicidarme. Pero los dos sitios más interesantes, y no es por dármelas de intelectual, han sido el Museo Nacional y el Museo Carlsberg. Sí, ojalá todos los empresarios cerveceros fueran unos filántropos con tan buen ojo como el fundador de esta marca danesa que he degustado aquí como seguiré haciéndolo cuando regrese. Me cuesta poner un punto y final, quizá mi experiencia escandinava solo merezca un punto y coma; como sea, es momento de descansar, si me lo permiten los curdas oficiales de este hotel. Este no es el final, es solo el principio de una nueva vida en León que tal vez albergue tan solo una antesala a otra nueva vida en tierras nórdicas. El tiempo dirá. Hasta entonces, me despido con un beso, cortesía del maestro Rodin. 


jueves, diciembre 13, 2012

Leaving Furulund.


Yeah, I am leaving Furulund. No os preocupéis, no voy a escribir en inglés, la cabeza no me da ahora para ello puesto que, como indiqué, estoy en la víspera de un viaje. Un viaje ya conocido, por otro lado, hacia Estocolmo, donde pretendo, con una semana de antelación, celebrar la nochebuena con mi familia sueca. Lamento tener que abandonar esta espaciosa y (ahora) tranquila casa, si bien no fui advertido de los penosos horarios que la comunican con Lund. Cosas de vivir en un pueblo... Pueblo que yo no tengo en León, así que me he tenido que trasladar a Suecia para disfrutar de instantes tan crueles como bellos; las fotos que tomé esta mañana dan fe de cómo me empapé de nieve y frío para tomarlas. Bueno, reconozco que podría haberme abrigado mejor, estaba en plan de andar por casa... 

Ayer llegamos a alcanzar menos quince grados. Al lado de eso, León goza de un clima mediterráneo. En este invierno, por mí como si nos vamos de terrazas cuando esté nevando. Pero en Suecia ni siquiera hemos pasado del otoño, y eso que estoy viviendo en el extremo sur... Iba sobre aviso. Como con los precios. Pero ambos aspectos han superado mis expectativas. Con todo, es una gozada ver un río helado, sin llegar a la inconsciencia de pretender caminar por encima de él. Si, por una razón u otra, no soy admitido en la universidad de Lund, buena idea sería regresar a esta casa tan solo por unos días en el escaso estío que disfrutan aquí, y poder volver a esos ahora congelados bancos junto al río y tomar una birra, una auténtica birra de ese campo de concentración para birras llamado Systembolaguet. 


Queda ahora la enojosa tarea de pensar en cuántas de las cosas que voy a meter en las maletas van a ser en verdad útiles o ciertamente inútiles. Con algunas es costoso acertar. Pero todavía no es tiempo de calibrar hasta los gramos pues el vuelo de Lufthansa no está programado hasta el día veinte. Primero tengo la esperada visita a Copenhague. Sí, según me han comentado, puede que esa capital se adapte mejor a mi personalidad que Estocolmo, lo cual podría hacerse extensible a todo el país, Dinamarca. Veremos si en un par de días soy capaz de averiguarlo. Por lo que al presente momento respecta, no puedo asegurar si volveré o no a poner los pies en esta casa dentro de un futuro cercano. Siempre podré hacerlo en mis escritos o ensoñaciones: Ayer soñé que volvía a Furulund...

jueves, diciembre 06, 2012

El desierto blanco.



Finalmente, nevó. Y de qué manera... Como que no ha parado hasta ahora, salvo intervalos. Supongo que la imagen que tenía de Suecia no se habría cumplido si no hubiese podido contemplar este que en ocasiones parece un inmenso desierto blanco. ¿Cuál era el objetivo de este viaje? ¿Trabajo, estudios, sexo? En última instancia, el viaje en sí mismo. El mero hecho de contemplar escenas de una belleza tan simple, pero perfecta, como ver nevar a través de los amplios ventanales de mi cuarto. Un instante así es merecedor de un viaje. Multitud de fragmentos pasajeros de pura belleza. 
Ahora bien, este tiempo a la larga puede no resultar tan bonito. Quizá eso lleve a la gente al alcoholismo, y por ello la actitud del estado es tan paternalista respecto a la bebida. No lo se. En todo caso, yo, de forma indirecta, sí he sufrido los estragos de la enfermedad mental. De un modo nunca esperado por mí, pero ahí residen las sorpresas del viaje, aun en uno de duración relativamente breve. Algunos tópicos se dinamitan, otros se acrecientan y al final, valorando el equilibrio de la balanza, mi opinión es la de abandonar el país, como ya señalé, hasta saber si puedo acogerme bajo el manto de la universidad de Lund. De ser así, tendría un excelente asidero merced al cual la adaptación no sería tan traumática. O al menos eso espero. De poco sirve cruzarse con un montón de encantadores nativos del país si luego carezco de recursos para trabar relaciones, y la vida social es tan cara como antes indiqué. 
Vale la pena hacer autocrítica, claro, y se que he desperdiciado algunas ocasiones en este sentido. Mis habilidades sociales, desplegadas en un idioma extraño que no domino tanto como querría, se resienten y no ayuda el hecho de permanecer en esta casa, encantadora por otro lado, pero donde el estigma de la locura nos ha acompañado durante los últimos días, dándonos desde hoy un respiro que quizá dure hasta que finalmente haga las maletas y regrese a España vía Copenhague. Bien podría, como Bilbo Bolsón, redactar mis andanzas cuando vuelva a mi particular Comarca, 

Sin embargo, me temo que no voy a volver con el tesoro de Smaug sino de cara a llenar, más todavía si cabe, la bolsa de los parados. El ejercicio de escribir, fumando una pipa o sin ella, tal vez se torne incompatible con buscar una simple cantidad con la que al menos pagar el alquiler. No descarto escribir algo, por breve que sea. Os aseguro que, pese a que no la viví en persona (sabia decisión), la noche del lunes fue lo bastante grotesca como para exceder el espacio que suelo emplear en este blog. ¿Conseguiré acordarme de todos los detalles? A sus involuntarios protagonistas les costará olvidarlos, ya lo creo. 
Para la semana larga que me queda aquí, yo estoy solo de turismo. Bueno, no solo, también estoy practicando, no queda otra, inglés, de cara al TOEFL. Solo el tiempo dirá si me arrepiento de regresar a León o no. La puerta de Suecia, con todo, no queda cerrada, ni mucho menos. Sobre todo buscaba una experiencia inolvidable, y conseguida está, para lo bueno y lo malo. Así se aprende. 

sábado, diciembre 01, 2012

Los hombres que no amaban a las botellas.

Este viaje es enriquecedor pero, de momento, va a llegar a su fin. Ahora se que los suecos y los españoles no son tan distantes y que, como si se tratara de una teoría del Eterno Retorno, en mi camino me estoy cruzando con personajes que ya creía superados, agotados en otras épocas que parecen distar eras cósmicas de esta, como esa era cósmica que dicen que comienza a finales de mes, si no el fin del mundo. No como un apocalipsis, pero estupefacto me he quedado al comprobar que esos arquetipos me persiguen incluso hasta los confines de esta que se supone la civilizada sociedad nórdica. No, dicho sin filosofía, en todas partes cuecen habas. 
O habones. Por ello, y por otros motivos, voy a regresar a León, pero no descarto el retorno a Lund si consigo una plaza en el máster que he escogido. Además de los infaustos encuentros con los fantasmas del pasado, la verdad es que hay un motivo que me anima a abandonar todo esto: cada día siento la sensación de que me estafan. ¡Bueno! Ya estaba sobre aviso, pero esto supera mis expectativas. También las ha superado el número de gente guapa aquí. Sí, amigos, hay veces en que tengo que ir mirando a izquierda y derecha todo el rato. Cualquier día terminaré en el suelo. Pero de momento no encuentro modo de llegar a esas etéreas y gráciles criaturas, y debo revolverme en el más pantanoso terreno del dinero. 
Ya solo el ver que una botella de ron Negrita vale tres veces lo que en León sirve para deprimirme. Ciertamente no soy alcohólico, pero no creo que el licor deba ser un producto de lujo. Os aseguro que, con cabeza, puede ser incluso positivo en ocasiones. La actitud de Suecia respecto al alcohol, como con otros asuntos, me parece paternalista. Si sales por la noche, la cosa no es mejor. Es una quimera que por cinco euros puedas tomarte unos vinos y encima cenar, como en León. Por esa cantidad, si tienes suerte, podrás hacerte con una caña. ¡Y ni siquiera la acompañan con un poco de alpiste! Ya sabéis: no se valora lo suficiente lo que uno tiene hasta que se pierde. Esos croquetones del Garbanzo, ese Lambrusco con pizza del Rigoletto y su nórdica camarera, esos Ruedas en la Competencia, etc. Ubi sunt
Si me quedo aquí buscando trabajo, puede que antes de hallarlo acabe como un pollo sin pluma. Así pues, creo que solo volveré o en el máster, o de turismo, o ya contratado en algún sitio (o con pareja; esta última opción, ya experimentada en la familia, es menos probable). Abandonaré esta bonita casa, a veces demasiado parecida a una jaula de grillos, y trataré de hacer algo de lo que realmente tengo ganas: probar la independencia en León. El alquiler es barato. También la vida social. ¿Que no hay trabajo? Bueno, algo habrá, aunque sean unas miserables clases particulares. Estaría muy bien hacer el máster en Lund, en ese caso abandonaría este pueblín para vivir, de poder elegir, en Malmö, una ciudad grande y a tiro de piedra de Copenhague. 
En fin, os dejo. Confío en que hoy dormiré bien, entre la panzada de pancakes que almorzamos y el consiguiente paseo de una hora por el bosque para bajar tantas calorías. 

martes, noviembre 27, 2012

TOEFL



Aquí no se andan con tonterías, amigos. Para hacer el máster en la Universidad de León te pedían dinero, bastante más con la reciente subida de tasas; aquí la matrícula es gratuita, lo que supone un ahorro de diez mil euros nada menos, pero los requisitos no se quedan cortos. En mi actual nivel de Inglés me desenvuelvo de forma airosa en las situaciones cotidianas, al menos soy capaz de comunicarme y transmitir lo necesario. Ahora bien, para acceder al máster, pese a que este verse sobre literatura española e hispanoamericana, hace falta acreditar un nivel similar al Advanced de Cambridge. En el test TOEFL, que es el que pretendo realizar, una puntuación de 90 sobre 120. Todo ello, antes del 15 de enero. 
Parece una locura. Hay gente que emplea un año entero de academia de idiomas ya no para preparar el Advanced, sino el First, y lo que yo pretendo es alcanzar ese nivel por mi propia cuenta, si acaso yendo a que me hagan algún test de prueba. Con todo, no empiezo de cero. De lo contrario, no me hallaría aquí. Tras siete años de Inglés en el colegio y tres en la universidad, a esta base habría que sumar que en los últimos años me he aficionado al cine en versión original, a lecturas en lengua inglesa muchas veces por mero placer y, en fin, a sumergirme en esta cultura cibernética donde es el idioma dominante. 


Lo que en León no llegué a realizar lo estoy poniendo en práctica aquí: hablar y escuchar en inglés, aún en las situaciones más cotidianas del día a día. Con ese bagaje, quizá no llegue a la puntuación exigida en Lund, pero al menos confío en no hacer el ridículo. Tampoco importaría, porque es un test por internet, bastante impersonal. No me arrepiento de no haber ido a clases de Inglés durante la carrera. Me centré en lo que me tenía que centrar, eso es todo, y por la misma razón no fui al gimnasio o a desarrollar otras actividades. Si al final no puedo quedarme aquí estudiando, la solución está a la vista. Puedo volver a León, en un plan distinto al de Filología. Allí todo es más barato, también las academias de idiomas. Podría sacarme el Advanced, al menos eso espero, y realizar el máster de Literatura. No arrojando a Lund tan rápido al arroyo, siempre estaría la opción de pedir una plaza para el doctorado. En este caso no es obligatoria la prueba de idiomas, salvo que cada departamento así lo especifique. 


Para mí es un reto, siempre bienvenido, que me estimulará durante las próximas semanas aunque también, me temo, va a frenar un poco la algarabía navideña. Nevermind! Al menos, alguna ronda de tapas caerá, algo impensable aquí. La experiencia del viaje, creo que ya lo remarqué, se sostiene por sí misma, valga de muestra mi paseo por la playa de Malmö del pasado domingo. Puede que fuera uno de los peores días para ir a la playa. Ya no por ser finales de noviembre, sino porque llovía con rabia y el viento casi arruinó mi endeble paraguas. Pero yo me sentía feliz de estar allí, una sensación de libertad que no se repetiría si regresara en verano con buen tiempo. Vuelvo al English, pues, quizá alguna de las próximas entradas sea en este idioma, como sucedía en el viejo y entrañable blog del amigo Hall... 

viernes, noviembre 23, 2012

Bambú y Bombur.


Ciertamente no todo es caro aquí. Una opción razonable, que me trae reminiscencias de Madrid, es el buffet asiático. ¡Ya no digo chino! Tailandés, japonés (por el sushi), etc. Es ese momento en el que te sientes culpable porque te gustan la mayoría de los platos y quieres picar un poco de todo; si bien muchas personas asocian esta clase de menús con lo cutre, en la coqueta composición que retrato arriba podéis comprobar que queda sitio para la estética. Y, valga recordar, aunque comas como un cerdo siempre resultará más saludable que una hamburguesa en Burger King; allí, además de pagar la comida, tienes que apoquinar cinco coronas si pretendes entrar en el servicio. De aquí a fin de año podría, si me interesaran los experimentos absurdos, comprobar cuánto dinero he gastado en suelo sueco a través de las micciones. Al menos ello sirve para que los toaletter se encuentren en aceptable estado de limpieza. 
Bamboo City, el buffet de Malmö que tiene un primo hermano del mismo nombre en Estocolmo, permite reponer fuerzas por ochenta coronas, más o menos lo que en otro lugar te cobrarían por un par de cañas. No seré yo de esos que se quejan de comer mal en el extranjero. Echo de menos, como es obvio, los Lambruscos del Rigoletto y los Ruedas de la Competencia, con sus respectivas pizzas, pero, en fin, no se puede tener todo. La belleza se paga. Belleza en las ciudades, en los paisajes y, cómo no, en las personas, belleza que complace la vista aunque también aturde las conciencias. 


Un factor interesante en cuanto a las sagas cinematográficas es que permiten mostrarnos lo viejos que somos a medida que van añadiendo capítulos. No tan viejos aún, desde luego, pero es la sensación que tengo respecto a El hobbit, convertido, contra toda lógica, en una trilogía. Si en El señor de los anillos tuvieron que sacar versiones extendidas, en este caso supongo que no será necesario, ya bastante habrán tenido que discurrir los guionistas para expandir de esa manera el pequeño libro que nos mandaron leer en el Bachillerato. Eso sí, el gordo enano Bombur está muy logrado, ya solo viendo su aspecto en los avances. Ya se anuncia otra entrega asimismo de Star Wars, otra serie interminable que, al menos en lo que a mí respecta, nos ha acompañado toda la vida. 
Aún no he ido al cine en Suecia, pero sería más recomendable que en León, una versión original en inglés con subtítulos en sueco me ayudaría a progresar en ambos idiomas y no sería obstáculo para la comprensión de una historia que ya conozco casi paso a paso. El hobbit lo merecería, en otro caso constituiría un capricho demasiado caro. No estoy muy seguro de poder llevar una vida social activa hasta que encuentre trabajo, aunque sea un trabajo precario a la sueca. Si nada cambia, me quedan tres semanas de año en Suecia, tiempo en el que, aunque no lo encontrase, podría sentar unas bases mínimas en las que continuar buscando a mi regreso, por no hablar de las gestiones para ser seleccionado en un máster de literatura. 
En la carrera, al tener fechas fijas, se trabajaba con cierta presión. Yo no me he puesto plazos, solo la condición de no desaprovechar el tiempo. En todo caso, no tengo previsto moverme de aquí hasta verano. Sería una tremenda estupidez que, después de aguantar el otoño y el invierno, fuera a perderme las estaciones más agradecidas de Suecia, cuando podría irme a bañar a la playa de Malmö, a unos cuarenta minutos de este pueblo. Lo positivo de este viaje es que, aunque no encontrase nada, y la nada se hace muy relativa en este contexto, tan solo por visitar Estocolmo, Lund y Malmö habría merecido la pena, amén de Copenhague, de donde voy a partir hacia León el mes que viene. 


Así pues, no seré yo de esos españoles por el mundo que se quejan de que los comienzos fuera de casa son lo más difícil, aunque luego cuando les graban nunca es en el comienzo, sino ya cuando se van de discotecas a ponerse ciegos. Para mí esto no resulta duro; tendré paciencia, porque ya la tuve durante los momentos más bajos de la carrera, y seré exigente conmigo mismo en la medida en la que me ponga metas realistas. Salga como salga, ya lo remarqué, no habrá pérdida. 

jueves, noviembre 15, 2012

En Furulund.


Me dio pena abandonar Estocolmo. También me dio pena abandonar Madrid, Granada y, pese a llevar cinco años allí y estar un poco harto, León. ¡Es ley de vida! Dejé a mi familia sueca, como también dejé a la española, al parecer por un breve intervalo hasta Navidad. Por fortuna existen mecanismos como Viber, Facebook o este propio blog para suplir en parte esa carencia física. Yo ahora estoy en Furulund, un pueblo a diez kilómetros de Lund, un lugar tranquilo y considero que me vendrá bien vivir un tiempo en un entorno campestre. 
Si lo que quiero es ciudad, la de Lund, siendo pequeña como León, goza de una atractiva atmósfera universitaria y cultural. Mañana confío en pasar una productiva jornada inaugural allí. Si prefiero adentrarme en la tercera ciudad más grande del país, en quince minutos me planto en Malmö. Y, para descubrir la capital de una nación que todavía no he visitado, en una hora aproximada estaría en Copenhague. Por no hablar de que, para volver a Estocolmo, me bastarían cuatro horas como las de ayer. En fin, una multitud de ambientes para no aburrirse. Y el mes que viene, por mucho que me claven, volveré a poner el pie en León. 
Mi futuro depende, entre otros factores, de encuentros fortuitos como el de ayer en el tren. Me senté al lado de una mujer chilena que trabaja de periodista en Malmö y, aparte de una charla muy interesante, me proporcionó el correo de un profesor del departamento de Español de Lund. Puedo considerarme un hombre afortunado por ello. Me hablan de personas que han tardado una semana o un mes en encontrar trabajo por aquí, pero yo prefiero seguir mi propia vía, consciente de que los resultados llegarán porque estoy mentalizado para ello. Mi única barrera de importancia aquí es el idioma, pero ya he comenzado a aprenderlo; problema relativo, en el mundo universitario, y en Suecia en general, se habla inglés, quizá excepto algunos abueletes de los que abundan en Furulund. 
Nada más. El juego ha comenzado, y hoy mismo, aunque no salga de esta confortable casa, me pondré a mover los hilos. 

lunes, noviembre 12, 2012

En Estocolmo


Sí, en efecto, aquí anochece a las cuatro. De todos modos, yo no puedo comprobarlo porque estoy en una habitación de albergue que no tiene ventanas, decorada con papel pintado y un espejo, muy al estilo David Lynch. Este es mi tercer hostel en Estocolmo y, por ahora, el último. El mejor fue el segundo, lo tendré en cuenta para posibles visitas futuras. 
¿Qué podría decir sin extenderme demasiado? En Estocolmo me he encontrado con aspectos que ya preveía: un frío no ciertamente exagerado, unos precios altos como suele suceder en las capitales de cada nación y aquí más, gente guapa a la que todavía no tengo el gusto de conocer... Estocolmo no es el fin del trayecto. Ese es Lund, ciudad más pequeña y espero que más asequible. Aquí sobre todo vine a visitar la ciudad de un modo más holgado que la última vez, y a pasar tiempo con mi familia sueca. Objetivos cumplidos en ambos casos. 


El día de mi llegada a Suecia estuvo marcado por la noticia de la constitucionalidad del matrimonio igualitario. Si tomo esto como un símbolo, será que el viaje ha sido marcado por una buena estrella. Hasta ahora, de hecho, no ha habido incidentes que lamentar. El avión de Ryanair no se quedó sin combustible, si bien iba cargado hasta las mismas puertas de la cabina del piloto. Esta semana he viajado por tierra, mar, aire y bajo tierra. 


Al margen de que la gente, por lo general, se acueste antes, hay marcha en Estocolmo. Pero hay que pagarla, claro está. Este no es país para borrachos. Si acaso, los borrachos se pillarán un Ryanair hasta España para comprar vino en los supermercados, cosa que aquí no es posible. El licor se sirve por centilitros, y, no, es un sueño que por un euro te sirvan un corto y una tapa como en León. Como diría una amiga, la civilización se paga, ja, ja. Mientras los impuestos del alcohol vayan para servicios sociales, por mí de acuerdo. De todas maneras, lo de socializar yo voy a dejarlo para Lund, allí es donde comienza la verdadera vida sueca y donde, entre otras barreras, habrá que sortear la del aislamiento. 


Este plato que veis se llama pytt i panna, no lo recomiendo para cuando antes se han tomado como entrantes arenques y buenas tostadas de mantequilla. Frío no estoy pasando, y hambre tampoco, los dos grandes males a los que me podría enfrentar. Por desgracia en León no pude practicar idiomas (quizá no me esforcé demasiado), pero en inglés me estoy defendiendo de modo razonable. Hay ciertos aspectos que son universales, basta un poco de sentido común para comprenderlos. En una ciudad como León tampoco pude disponer de cursos de sueco. En cinco días aquí, lo digo sin ningún tipo de vanagloria, creo haber aprendido ya un puñado de palabras y expresiones comunes. No parece una lengua demasiado complicada para quienes hemos estudiado inglés. Eso sí, los extranjeros nos estarán dando las gracias por el sencillo sistema vocálico del español, supongo. 


Para comenzar con el sueco no es absurdo pensar que valen los libros y programas que usan los niños suecos para aprender a hablar. Ver con Marcelo y Lucas Bolibompa, una especie de Barrio Sésamo, al menos me ha dado nociones básicas de abecedario. A priori desconozco si será imprescindible tener un nivel básico de sueco para obtener mi primer empleo; por si acaso, hasta que lo encuentre, he procurado no fundir muchas coronas en esta primera semana, salvo algún capricho comprensible como el Vasamuseet, que veis arriba, una auténtica gozada a la par que el primer o el segundo museo más visitado de Estocolmo. Allí fue donde vi más españoles. Y los rehuí, pues no decían más que chorradas. Confío en que todavía mañana pueda tomar alguna caña con mi hermano Pedro en Södermalm, el barrio in de entre estos lares. Por lo demás, esta coqueta habitación no tiene mesa, así pues voy a abstenerme de escribir más y, una vez en la casa de Lund, que tiene un aspecto excelente tal y como me lo mostró el casero, iré desarrollando por extenso mis peripecias. 

jueves, noviembre 01, 2012

Comienza el viaje.


En los últimos días, muy seguro de mí mismo, o tal vez confiado, en vez de estar preparando mi viaje internacional, he recorrido España de norte a sur, pasando por el centro. Unas vacaciones se dirían de despedida, pero lo cierto es que a lo largo de ellas he permanecido en la incertidumbre de no saber si al final me iría o no. Y en ella continúo. Mi solicitud de plaza de profesor asociado cumplirá el viernes dos semanas, el tiempo estimado en que otras anteriores solían resolverse. Pero, ya se sabe, mañana es probable que haya puente, algo muy querido cuando era estudiante y que ahora me fastidia. ¿Podría resolverse la plaza el lunes? De ser así, y si me la concedieran, regresaría a León. Más vale pájaro en mano... Pero, si me entero el martes, en Barajas, ya no habrá vuelta atrás. 
Prefiero ir ligero de equipaje, aunque en la práctica eso suponga revolver en un batiburrillo inmenso de ropas (es Suecia en otoño, claro, uno no puede disponer camisas de flores), y seleccionar algún pesado manual por si diera clase de español antes de Navidades. No obstante, si tengo que hacer algún sacrificio en cuanto al peso, dejaré aquí los libros. El trabajo de profesor está aún en el aire, prefiero tener un buen forro polar en el que envolverme, aunque no soy tan catastrofista como para pensar en que pueda alguna noche dormir debajo de un puente. El caos de maletas tiene algo de paranoico, en el sentido de que doy por hecho que me voy a olvidar de algo, solo espero que sea algo de escasa relevancia. Para pasar un mes y medio allí, antes del fin de año, tampoco creo necesario portar un baúl. Hay que aprender lecciones de mis viajes a Madrid, con ropa que no sale de la maleta y, claro está, comenzar a usar las lavadoras, públicas o no. 
Yo no considero que me vaya a la aventura, pero sí considero que esto es una aventura. Lo considera todo el mundo: mi futuro casero, mi familia, mis amigos... ¡Todavía hay margen para aventuras, aunque sean de diversa índole a las de los Abrasadores! Eso me estimula. De hecho, si al final me dieran la plaza, creo que experimentaría una sensación de desagrado impropia de alguien que en esta ciudad consigue empleo. De todos modos, aunque me quedase, las cosas cambiarían. Ya lo creo. El ciclo Filología está tan muerto como los difuntos que hoy son visitados en sus nichos. Si comienza un nuevo ciclo en León, novedades traerá, mejores o peores. 
Este blog no será abandonado, wifi mediante; el futuro de mi escritura, eso sí, dependerá de hallar lugares apropiados para la creación, y de encontrar un soporte en el que dicha creación se sostenga en la medida en la que por ahora dudo que vaya a ser rentable. El arte no suele serlo. Pero escribir está dentro de mi ADN, por así decirlo, y en ello nunca daré mi brazo a torcer. Además, tengo estímulos nuevos, como Rafael Chirbes, un autor que debería ser más reconocido, descubierto gracias a mi amigo Alejandro. Mimoun y, sobre todo, Los viejos amigos, esos viejos amigos a los que lamentaré perder, pero no los perderé del todo, claro está.