domingo, enero 19, 2014

El cálido invierno.

El pasado viernes tuvo lugar un bufo episodio en la facultad, que ahora cierra a las ocho por eso de ahorrar algo en el consumo eléctrico. Debido a una planificación mejorable en las exposiciones de la última asignatura que hemos cursado, salimos a las ocho y media, cuando ya no quedaba nadie y la puerta estaba cerrada. Ahorrando en iluminación, en efecto, las escaleras estaban oscuras y al menos las barandillas podían guiarnos casi a ciegas. Parecía una nueva versión de Tesis, con la salvedad de que no estábamos totalmente encerrados, ni hizo falta que apareciese la profesora para abrir con llave, había allí un timbre destinado a ese fin, como descubrí a su debido momento. 
Salvado por la puerta, que no por la campana, gracias a esa circunstancia pude disfrutar de una noche muy especial. No importa el tiempo desapacible. Ya lo pude comprobar el pasado invierno, justo hace ahora un año. La estación puede tornarse bien cálida en buena compañía. Una lluvia persistente, factor que a mí nunca me ha resultado especialmente melancólico, lo es menos cuando con una mano sostienes el paraguas, y el otro brazo lo enlazas con el de una persona especial. Esa es la estampa que perdí. Y la estampa que recuperé. ¿Por algunos minutos? Quién sabe. Si solo fueran minutos, hubiera merecido la pena de todos modos. Hubiera gozado igualmente con un recuerdo que se me hacía lejano. Y es que, al igual que en ciertas ocasiones el tiempo parece detenerse, en otras parece avanzar tan rápido que apenas te das cuenta de los cambios que podría conllevar. Por lo que a mí respecta, en este comienzo del año me siento ilusionado de nuevo. Si la ilusión se queda en eso, ilusión, bienvenida sea igualmente, pues su mera existencia ya me ha iluminado, como un rayo de sol entre las espesas cortinas de agua. 

viernes, enero 10, 2014

Winter has already come.




Un viaje a Madrid nunca es un viaje inútil, poco importa que fracase la misión principal que me lleve allí. Y, bajo mi punto de vista, no fue un fracaso absoluto. Fue un viaje relámpago, por el cual he perdido dos clases de Inglés y una del máster, como daño colateral. Respecto al máster, en plena recta final de aquí a dos meses, la asistencia es importante, pero tampoco es que nos obliguen a asistir convertidos en armas bacteriológicas andantes, puesto que me fui a Madrid con catarro, y he vuelto, claro está, con catarro, al permanecer en un piso frío; supongo que tampoco ayudó el hielo en el que están enterrados los botellines de cerveza de la foto de arriba, pero, en fin, también tenía que disfrutar un poco del viaje, aunque se tratara de un viaje oficial... 
Mi papel, de hecho, fue el correcto. Fui a enseñar un piso a una posible interesada, que a la postre no lo estaba tanto, pues no apareció. Y tampoco avisó. Un cambio de parecer al que estoy acostumbrado, en muchos aspectos de mi vida, pero que no por ello me resultó menos irritante. Ni se dignó a contestar mi mensaje. Suerte tiene de que en esta sociedad la seriedad se valore poco, y por un asunto así no vaya a perder la cabeza sobre los hombros. No digo esto porque vaya a comprar una espada, sino porque, como podéis comprobar, he comenzado a leer el libro Game of Thrones, primero de una saga inconclusa a día de hoy. ¿A qué se debe el retraso? ¿Por qué no me sumé al carro cuando comenzó la serie televisiva basada en dicha saga, de la cual tampoco he visto ni un capítulo? Bueno, yo no suelo seguir modas. Pero el género fantástico siempre me gustó, y ahora estoy terminando de leer una trilogía de estilo semejante. En Reyes me cayó un pequeño volumen de frases del enano Tyrion Lannister, uno de los personajes, y la verdad es que me gustó la prosa. El libro era en inglés, y este tomo también lo he comprado en inglés, compensando así un poco el fumarme las primeras clases del año. 
Solo he leído el prólogo, y está bastante bien. Aparecen, a priori, unos personajes congelados, lo cual me recordó cómo la noche anterior me quedé aterido en la cama, por haber colocado solo una manta en vez de dos. Winter is coming... Como en los medios insistían siempre en las escenas de desnudos de la serie, estuve por llegar a la conclusión de que la saga era una especie de Tolkien con tetas. Tópicos que deberé revisar. Por cierto, también he estado leyendo ensayos del maestro JRR, ya que no me dio tiempo a ver la segunda parte de El Hobbit. Menuda erudición que tenía, yo jamás llegaré a ese nivel, claro que tampoco me preocupa... Espero que el final del máster concuerde bien con esta manía que me ha entrado de ir acumulando tochos que leo simultáneamente. En el caso de los libros de George RR Martin, orondos como el propio autor, tampoco es que tenga demasiada prisa en terminarlos. Así le voy dando tiempo para que acabe los que restan... 

domingo, enero 05, 2014

El otro No Aniversario.

Ciertamente, este blog no es una red social, aunque ahora forma parte, en cierto modo, de una. Sea como fuere, nunca pretendí que este espacio estuviera expuesto de forma masiva. Yo no critico las redes sociales, aunque, desde luego, la comunicación no visual y no presencial me ha traído algunos disgustos. En compensación, también he ahorrado bastante tela. Pongamos el caso del what´s up, que no es propiamente una red social sino una herramienta en ocasiones malhadada, a la cual yo llegué más tarde que otros y otras colegas. La ventaja es que es gratis. La desventaja es que es gratis. Cualquier persona ociosa puede meterse en su cama, a horas no muy tardías de la noche pero ya respetables, y enviar pensamientos mal alumbrados a quien desee. Otra cosa es que el receptor quiera leerlos, o responderlos. Dicha herramienta es bastante chivata, lo cual ya debiera repercutir en su reputación. Y no sirve, seamos francos, para conversaciones de verdad. Ya desde el primer curso de carrera nos insistían en el esquema del proceso comunicativo y, pardiez, en estos chats virtuales hay una carencia considerable de contexto. ¿Qué puede hacer la pragmática en estos casos? Llevo un año entero beneficiándome de ese económico sistema, y a la vez sufriendo a personas que lo toman como atalaya para lanzar soflamas que no hubiesen arrojado a centímetros, o a otras personas que, sencillamente, no quieren escuchar (más apropiado sería decir que no quieren leer). 
Me quedaré, al menos ahora, con las ventajas, que me ayudaron a crear un momento irrepetible justo ahora hace un año. Sí. Irrepetible. Ya se que es un adjetivo-comodín, pero, querido público, esta vez no ha sido escogido a la ligera. Si digo irrepetible, quiere decir que no se podrá volver a repetir, al menos en todas sus cualidades. No he querido ser banal en este sentido, no podría serlo. La cobardía de algunas de esas personas a la hora de atrincherarse en los recursos virtuales se atenuaría si pudiese conseguir espacios libres, en los cuales crear una atmósfera de intimidad que restablezcan una comunicación normalizada. No pido otra cosa a los Reyes Magos. Pero no será fácil, así que voy a tener que ayudarles, como si fuese un elfo de Papá Noel que se pasa a la otra facción... 

Nota críptica- La Maset Premium de abadía fue la pócima ritual. 

martes, diciembre 31, 2013

El No Aniversario.



Año tras año, este blog se reduce en entradas, quiero pensar que no en calidad (¡hay que ser optimistas, que estrenamos año!). No es falta de inspiración, desde luego: las crónicas escandinavas, un (muy) íntimo poemario, artículos para libros colectivos... y para qué hablar de los numerosos essays del máster, que también se basan en la escritura, desde luego. También estoy bocetando una historia de terror. Me encanta el género, no es por subirme al carro de mi buen amigo Hopewell, cuyas dos últimas novelas aún desconozco si han llegado a provincias. De ser así, Sus Majestades de Oriente ya sabrán qué regalo me hará especial ilusión. 
Lo positivo de enmarcar un evento de relieve en un día como hoy es que, al ser el último del año, es difícil que se olvide. Ahora bien, si dicho evento no termina como a uno le hubiera gustado, un día como hoy puede volverse muy cansino, con todo ese rollo de las uvas de la suerte, el champán y el inevitable epílogo del cotillón y la siempre caótica noche de salir todos y no encontrarse nadie. Bueno, ya he rebasado el mediodía del 31, y no me siento especialmente mal. Por Libia, no tendría por qué estarlo. 
El 14 se abre con muy buenas perspectivas, y una potente reserva de confianza respecto a los planes en curso, y otros que se otean en el horizonte. La consigna podría ser: confianza en mi trayectoria, y ningún respeto por quienes no confían en mi persona o en mi carrera. De hecho, es la consigna que he estado poniendo en práctica estos días. La segunda parte, solo si me obligan. La toxicidad, que solo venga de las rituales toxinas que se ingieren en noches como esta (pero es sabio moderarse año tras año, y que el naciente no se asuste ante nuestra espantosa cara post-celebración). 
Desconozco si el próximo año seré más o menos fiel que este al blog, lo que es seguro es que no tengo la menor intención de abandonarlo, pues ha registrado momentos muy importantes en mi vida, como en la críptica primera entrada de este año que se nos va, y que ni siquiera yo entiendo al leerla a día de hoy. Pero para eso estamos los escritores, para plasmar pensamientos alucinatorios y, llegado el caso, que los descifren, si pueden, los sufridos filólogos del mañana. Feliz 2014, y que el Gobernador de Libia, (who the hell is he?) os ampare. 

jueves, diciembre 05, 2013

Despedidas en la niebla.




Hoy ha sido una jornada un tanto crepuscular, con espesa niebla, el frío se da por supuesto y al menos han encendido las luces navideñas, pero es un espejismo para alegrar el puente, y el encendido permanente quedará para las fiestas. A pesar de hacer el máster en dos cursos, realmente la parte de más enjundia se la lleva este 2013, con 11 asignaturas cursadas de 15, comenzando a contar desde que en febrero me subí a este tren en marcha. Las clases se reanudarán tras los Reyes, y el trabajo, eso sí, continúa en casa. 
Además de despedir a mis compañeros y compañeras hasta el año que viene, aunque tal vez haya algún encuentro antes de esa fecha, despedí asimismo a un profesor que me ha impartido, parcial o totalmente, cinco materias. Curiosamente, esta ha sido en la que le he visto menos cómodo. Bueno, el tema tampoco era para sentirse de ese modo, pues, en los tres últimos días, hemos hablado sobre nazismo, además de la proyección de la estupenda película The Reader (El lector). Del mismo modo que en Cuarto nos invitó, el último día, a tomar una caña o lo que fuese en la cafetería, hoy la despedida ha tenido necesariamente un carácter más melancólico, con los poemas de Paul Celan, algunos leídos personalmente por el autor, antes de arrojarse al Sena. Me quedaba con las cañas pero, en fin, si el máster tiene entre sus fines el complementar la formación que hemos recibido en la carrera, entonces cabe señalar que de Identidad Europea poco dimos en Filología Hispánica. No es la rama que voy a seguir, ni en el trabajo fin de máster ni en el futuro, pero plantea un interés indudable, a la par que incómodas preguntas. 
Con solo un mes de retraso (no está mal para León), se ha estrenado La vida de Adele, y esa película sí será objeto de análisis, cuando pueda verla, eso sí, en versión original, y con la opción de detener su visionado para tomar notas. Mucho mejor que ir yo solo al cine, con la posibilidad de que se me siente un voyeur al lado. Sí, creo que el voyeurismo lleva afectando a esa película desde que ganó en Cannes. ¿Cómo es posible, si no, que yo haya podido ver sus escenas eróticas antes de ver la película en sí misma? Las mismas, por cierto, cortesía de un enlace de la versión digital de Cinemanía. Es un enlace a una página pornográfica, englobado dentro de una web de cine que no lo es. Me resulta absurdo, porque las escenas que he visto no son pornográficas, y mucho menos en el sentido de escenas entre mujeres que suelen verse en esa clase de sitios. Me han parecido realistas, y naturales, claro que necesito el contexto del filme en sí. Habrá que planear unos cuantos visionados. Y no porque las actrices sean guapas, que también... 
Hablando de mujeres con sexualidades no normativas, os dejo con este vídeo de Marlene Dietrich, referido a la última clase del año, la de hoy. Por hacer un contraste, bien pudiera haber colgado uno de Aquí llega Condemor o alguna absurdez similar, que siempre logran divertirme. No obstante, vaya este como mi particular homenaje a un profesor que me ha proporcionado muy buenos momentos a lo largo de estos años. 

viernes, noviembre 22, 2013

El largo parto.



¡Aquí está! Catorce meses después, el título de mi carrera, junto al plus del suplemento europeo, el papel bilingüe pensado, especialmente, para solucionarte la papeleta si hay que emigrar, como supongo que será mi caso. Tras una espera tan dilatada, al menos me concedieron como regalo una carpeta, cosa que no recuerdo en el caso de Cinematografía. Aquel no era un título oficial, y es de imaginar que, a menor caché, menos dispendios. 
El único mes íntegro en cuanto a docencia está llegando a su fin, y ha sido una balsa de aceite, excepto algún incidente aislado que no tenía nada que ver con la universidad y que, por algún motivo que ahora mismo no me explico del todo, llegó a salpicar el honorable templo del saber. Las clases se me han pasado tan fugazmente como imaginaba. Es una pena, porque, además, estoy conociendo a alguna persona interesante con la que, asimismo, coincidiré fugazmente a menos que haga algo para remediarlo. El trabajo de fin de máster estará basado, a grandes rasgos, en una comparativa entre el cómic El azul es un color cálido y la película que se inspiró en él, la célebre La vida de Adele. Célebre porque ganó la Palma de Oro en Cannes, pero, de hecho, a León no ha llegado, y si llega lo hará por los circuitos alternativos habituales. 
Habrá quien se pregunte que por qué tomé la decisión de hacer el trabajo sobre una película y un cómic que no había leído. Mi intuición, empero, no me traicionó. El cómic, novela gráfica si queremos ponernos finos, lo estoy terminando ahora. Sabía que iba a tocarme, así ha sido; es bello y triste, estoy escribiendo en el blog, en parte, para descansar antes de su desenlace. Creo que el trabajo podrá ser un broche muy digno para el máster, y quizá para mi estancia en la facultad, a falta de saber las opciones de doctorado. 


También he rememorado el aniversario del viaje a Suecia. Increíble, parece que haya pasado un milenio desde entonces. Pero mi percepción se debe a que en este año 13 que va llegando a su fin han sucedido toda clase de peripecias, buenas y malas, pero que en su conjunto podrían dar, desde luego, para otra emotiva historia del estilo de la que estoy leyendo. La espera de la Navidad, ya lo creo, se hacía más intensa en esos paisajes nórdicos, aunque aquí ya se haya alcanzado un frío tal que, si no nieva, lo hará en cuanto me despiste. La nieve traerá consigo otra copiosa palada de recuerdos... Quizá aún me de tiempo a visitar Madrid antes del fin del año, libre de basuras aunque quizá también libre de iluminación festiva, todo está por ver. Nada me impediría comprar las dos últimas novelas del amigo Hopewell, la última de las cuales se estrena hoy. ¡Felicidades! Nada mejor que auto-regalarse libros de amigos. De momento, mi obligación es regresar a la historia de Clementine (rebautizada a posteriori Adele) y Emma. Respecto al parto al que aludía en el título, se ha fraguado tras tres intentos y, si su obtención no ha sido algo tan extraordinario como el premio que obtuve en septiembre, podría no obstante dar pie a consideraciones acerca de la constancia, y también de la paciencia, la manera de evitar distracciones que pretenden desviarnos de nuestro camino y que a la larga se quedan, ¿cómo era?, en polvo, en sombra, en nada. 

domingo, octubre 27, 2013

El último curso.


Sí, el último, creo yo. Nunca se debe utilizar muy a la ligera cualquier referencia a una última vez; no obstante, considero que mañana comienza a efectos lectivos (tutorías ya he tenido algunas) no solo el último curso en la universidad, sino también el más corto, junto al anterior. Lejos mi intención de querer jubilarme como estudiante, como sugirió alguien poco informado de mis últimas andanzas. Si, como deseo, llego a hacer el doctorado, lo haré como un trabajo, con un salario; de lo contrario, no veré ningún sentido a investigar sin un mínimo sustento en que se base ese período de investigación. Soy consciente de que, para una parte de la población, solo trabajas si ganas dinero, algo tajantemente negado por mi parte durante los últimos años. Lo que sí tengo muy claro es que, por mucho que se hable de estudios de doctorado, en cuanto termine el máster me consideraré como un ex-estudiante, valga la cacofonía. Si preparo la tesis, entonces seré un investigador o, si nos ponemos finos, un doctorando. 
Bastó una tutoría la semana pasada para revitalizar mi optimismo respecto a una posible beca FPU para permanecer en la universidad. ¡Sí, parece que todavía hay becas! Y, en la misma sesión, se sentaron las bases para el trabajo de fin de máster. Por otra parte, hemos alcanzado la cifra de diez u once alumnos, según cómo se mire, y el curso no corre peligro en absoluto, es una cifra en la línea de la carrera, y se acerca a la media requerida por los organismos oficiales. Al igual que sucedió entre febrero y abril, las clases volarán en un suspiro. Una lástima, pero al mismo tiempo un alivio, porque, una vez finalizado el máster, podré enfrentarme a mi futuro próximo, que es lo que estoy deseando. No tengo mucho más que añadir ahora mismo, tan solo volver a acomodarme del modo menos lastimoso posible en las tablas de la facultad, no más de un par de horas al día, y dejarme llevar por este postrero viaje que, curiosamente, concluirá en los albores de la primavera (al menos en lo que se refiere a la docencia). 

domingo, octubre 06, 2013

Séptimo aniversario.


Ayer, en efecto, se cumplió el séptimo aniversario de este blog. Si no escribí esta entrada entonces no fue por falta de tiempo, sino por simple descuido. De hecho, estuve jugando una partida al Héroes, partida triunfal en la que llegué a amasar la suma de más de cuatro millones, para mí los quisiera en la vida real. Ese, el único videojuego al que dedico algo de tiempo, suele ser un recurso cuando no hay demasiados proyectos en rodaje; no obstante, creo que a partir de la semana que viene voy a retomar la escritura y la corrección de obras ya escritas, a la espera de ver qué sucede con el máster. 
Después de la consabida inyección de moral que supuso el premio, se cierne un nubarrón de dudas sobre mis actuales estudios. Ahora mismo hay tres personas matriculadas en el máster. Con tres personas, desde luego, no se impartiría. Pero hay otras dos que, como yo, han completado más o menos la mitad de las asignaturas, y por tanto se prevé que continúen. El número asciende a cinco, y hay otras dos alumnas que casi seguro van a formalizar su matrícula. Siete, pues, y, contando con alguna otra posible incorporación, lo dejaremos en nueve o diez. Se supone que el mínimo es diez, aunque siempre hay un margen de flexibilidad. Yo tengo la impresión de que la gente está tardando en matricularse, casi hasta el comienzo de las clases, tal y como, por otra parte, ocurría en la carrera. No creo que sea tan solo por dejadez, sino por cuestión de becas, presupuesto, etc. Yo no voy a mostrarme pesimista a este respecto, pero no me quedaré tranquilo hasta que no reciba un correo confirmando que el máster va a impartirse. 
Si no fuera así, sería un colosal cataclismo, aunque en León ya estoy aprovechando el tiempo, he comenzado a ir a clases de Inglés para preparar el Advanced, en la academia Galway, tras el coladero de pasta que supuso el TOEFL. Inglés y máster, eso necesito para irme fuera. Sobre todo lo primero, porque lo segundo sería más bien para el doctorado. 
Así, celebro este séptimo aniversario del blog con cierta incertidumbre, pero también con la seguridad de que, en muchos aspectos (no en todos), estoy mejor que cuando lo comencé como vendedor del Corte Inglés, antes de las crisis. Cierto que tenía un trabajo estable, que posiblemente hubiera conservado, pero me retiré a tiempo, e hice bien. Tampoco este gran leviatán del comercio ha sido inmune a la caída del consumo, y no hablemos ya de la venta de libros, que eso sí que ha caído tan en picado que, además de amenazar el futuro de las librerías, integradas o no en centros comerciales, echa un poco para atrás a quienes tenemos obras recién concluidas, que nos gustaría ver editadas. De todos modos, no es algo que me preocupe. Para escribir, ya lo dijo Virginia Woolf, hay que tener dinero y un cuarto propio. Lo segundo sí lo tengo, y lo primero, por ahora, no me lo va a proporcionar la escritura, así que voy a centrar mis esfuerzos en los dos factores que enumeré más arriba, pudiendo compatibilizarlos con cierta creatividad y con este blog, reducido pero nunca abandonado (a menos que surja una circunstancia muy adversa o, por paradójico que resulte, muy positiva para mí). 
Muchas gracias a quienes me habéis acompañado hasta aquí. Siento que me dejo ideas en el tintero, que no puedo expresar ahora mismo de forma correcta, ¡qué se le puede pedir a una mañana dominical, aunque no esté acompañada de resaca! De todos modos, me sorprende que haya sobrevivido siete años un espacio que comencé un poco como un juego, como una moda, con entradas cortas y no demasiado reflexivas acerca del absurdo diario en el centro de trabajo. Es verdad que el blog poético ha quedado congelado, pero no es menos verdad que, coincidiendo con ello, este es el primer año en el que he sido capaz de escribir un poemario completo. ¿Que se publica? ¿Que gusta o no gusta? Eso me da igual. El destinatario del mismo posiblemente nunca lo llegará a leer, puesto que ha preferido la comodidad de vivir entre las sombras. Esa historia sí que daría, además de para poemas, para unas cuantas entradas de blog, cuando no un extenso relato. Pero hoy celebramos a los Abrasadores, que hace pocas semanas se reunieron casi en su totalidad junto con el resto de familia, y todavía, por largos años sea, siguen bajo el amparo protector del gobernador de Libia. 

domingo, septiembre 29, 2013

En tiempos difíciles...



Llegó finalmente el día de la inauguración oficial, la apertura del curso académico 13/14, y con ella la entrega de Premios Extraordinarios de Fin de Carrera, como el que me dispongo a recoger en la foto de arriba. El momento capta las felicitaciones que recibo del rector; el señor con aspecto de maestro Yoda sito a la izquierda del mismo, que parece que me está dando la bendición, y el señor sito a la derecha, que es el consejero de Educación, cosa que yo desconocía pues pensé que se sentaría con las autoridades, y sin el uniforme característico. Tras la entrega de los premios, y la consiguiente huida de quienes solo hubieran ido allí para recogerlos o para asistir al acto de entrega, llegó la lección inaugural, acerca del sedentarismo y el ejercicio físico. Un tema muy de actualidad, curiosamente el doctor que la impartió no se mostró muy activo durante la misma, sino más bien imperturbable. Leyó su lecture sin que la era del Power Point hubiera llegado hasta él, ahora que durante el máster ha llegado incluso hasta mí. A su favor hay que reconocer que se la había currado y era muy interesante, además de limitarse a una media hora, con lo que el acto concluyó puntualmente, a las dos. 




La clausura, aparte del Gaudeamus Igitur que siempre suena en esta clase de actos, vino a cargo del rector. Hizo un discurso bastante reivindicativo, sobre todo teniendo en cuenta que sus peticiones se dirigían a la entidad que representaba aquel que estaba sentado junto a él. Eso sí, hay cosas que no llego a ver, como eso de conseguir 35 alumnos de nuevo ingreso por carrera, al menos en la antigua Filología Hispánica. Se mire por donde se mire, no se puede juzgar a todas las carreras por los mismos criterios. Parafraseando al consejero, podría afirmarse que no se trata de suprimir carreras, sino de hacerlas ya no más potentes, que también, sino más atractivas, el atractivo y el empuje del idioma español y su rica tradición literaria son un filón que debe ser explotado con más ahínco. Que se mire, si no, a China, donde Filología Hispánica sí tiene una gran demanda, y asimismo demanda profesores de Español (no en vano, había representantes del Instituto Confucio en el acto). La frase que sí subrayaría, desde luego, es aquella con la que el rector concluyó su discurso, en referencia al generoso donante anónimo que sacó de apuros a varios estudiantes pendientes de pago en sus matrículas: En tiempos difíciles es cuando se descubre a las buenas personas. No creo que la merma en las becas se pueda compensar con donaciones anónimas; no obstante, hasta que la situación mejore, es un clavo al que agarrarse. 


Desconozco si hubo un tiempo en el que obtener este premio conllevaba una recompensa económica. En todo caso, ahora ya no llega ni para el vino que tiempos ha ofrecían tras la inauguración. Yo no lo hice por el dinero, ni por presumir. Simplemente, era mi obligación. Solo lamento no poder viajar en el tiempo cinco o seis años atrás, para mostrárselo a quienes ponían en duda mi decisión de acabar la carrera. Todavía hay quien parece no compartir que quiera hacer el doctorado, pero, como son ejemplos aislados, algún converso al neoliberalismo de forma tan zafia que da vergüenza ajena, no voy a inmutarme por ello. De todos modos, a estos conversos habría que recordar que, en su momento, podría haber ganado una buena suma al mes en León como contratado por la Universidad, que ahora hace malabarismos para financiarse como dejó bien clarito el rector hace dos días. El doctorado no se estudia, se investiga, y, aquí ya no, pero en otras universidades conlleva un salario, como pude comprobar en Lund. Y, como sea que he considerado al máster como el germen del doctorado, y en dicha concepción voy a basar mi trabajo final de julio, confío en que a partir de la semana que viene, comenzado el mes, empiece a recibir noticias de los profesores y profesoras que deben enviarme sus indicaciones de cara a la preparación de las asignaturas. Sin son tiempos difíciles, también es tiempo de plantar cara. 

jueves, septiembre 26, 2013

Marranadas.


He convertido el Matadero de Madrid en una especie de cuartel general, dado que, hasta el momento, me resulta el sitio más cool de Legazpi (¿tal vez el único?), y además me permite usar el wifi de forma gratuita. Allí hay un cine y dos teatros, además de sus respectivas cafeterías o cantinas, y en una de las salas tenían en cartel una obra llamada Marranadas, basada en una novela que no he leído. Por lo visto, la protagoniza una figura porcina, supongo que hembra por la melena platino que se le alborota en la foto de arriba de grotesco modo; en el póster aparece un actor con una máscara de gocho, lo que hacía que los niños la confundieran con Peppa Pig. Confieso que me desagradó la similitud con el argumento de la novela que colgué en este mismo blog. ¡Todo está inventado, colegas! Mi novela, de hecho, estaba ambientada en el barrio, aunque el nombre de este no apareciera, y la conexión es lógica entre Los cerdos y el Matadero, no solo en la mía sino, supongo, en el hecho de quienes han escogido esa obra teatral para representarla en ese recinto. 
Para marrano, el estado de mi calle en este verano. Me quedé estupefacto al leer que desde el Ayuntamiento pretendían bajar la tasa de basuras. ¿No sería preferible mejorar la limpieza? No solo es culpa de quienes gobiernan, claro, que también hay gente bastante guarra; muy bien si quieren beber en la calle, pero al menos que se hagan cargo de los desperdicios... A tal grado llegó el asunto, que vino una vecina del bloque para que firmara a favor de mantener la calle más limpia, alegando que habían aparecido hasta ratas. ¡Bueno, yo ratas no he visto, bastante tuve en su día con las cucarachas! 
Por lo demás, el viaje muy bien, he visto a quien no pude ver en verano, y también a quien ya había visto. He descubierto un bufé asiático como los que había en Suecia, pero en plan vago. Es un bufé giratorio: los platos, en pequeñas raciones, van apareciendo junto a tu mesa. Al constituir una suerte de pequeñas tapas, permite variar entre sabores sin quedar excesivamente repleto.Lo prefiero antes que las grasientas tapas del Tigre, esa abarrotada sidrería. Por cierto, ahora que mi intención es recibir clases de Inglés, no pude dejar de notar un cartel que indicaba Hay un nuevo Tigre abierto en la calle tal y tal, con su traducción al inglés (porque los jóvenes y gallardos extranjeros van hacia ese lugar como mosquitos a la luz), que era esta: There is a new Tiger open... En su afán de traducción, tradujeron hasta el nombre del bar, que es como si al Burger King le llamáramos El Rey de la Hamburguesa, por no hablar de cómo sonaría Pollo Frito de Kentucky
En fin. Podría relatar muchas más anécdotas del viaje, pero me encuentro en la víspera de que me entreguen el premio de fin de carrera, entrega simbólica pues se tratará de un diploma, pero la solemnidad del acto, con todos esos catedráticos y el rector vestidos de colorida manera, me provoca cierto nerviosismo de chaval en la noche de Reyes Magos. En todo caso, es un magnífico pistoletazo, si no cañonazo, de salida para el medio curso que viene, el último en León a menos que quiera echar raíces aquí, algo que no sucederá si yo puedo evitarlo. 

domingo, septiembre 08, 2013

Calentando motores.

Ayer me confirmaron, como suponía, que no puedo acceder a la beca de colaboración para el máster por la peregrina razón de que estoy en segundo curso, y solo vale para el primero. En realidad, el máster no tiene dos cursos, lo que pasa es que, debido a mi viaje al extranjero, lo he dividido en dos mitades. Vamos, que no me han echado atrás por expediente académico, y en ese sentido me siento algo estafado. La llaman beca, pero lo cierto es que es un trabajo, para colaborar durante tres horas al día en el departamento de mi facultad. Tras un consabido recorte de cincuenta euros, la cantidad a ganar por mes me permitía aún aspirar a ciertos cambios en este último curso en la universidad. 
Hace unos días vi la película Weekend, de temática gay. No me atrevo a decir LGTB porque casi no aparece nadie más que sus dos protagonistas, gays, y el término bisexual ni se menciona. Narra una historia de amor fugaz pero intensa, con grandes dosis de realismo. Bueno, no se si todo me pareció igual de realista, porque el miembro más armarizado de la pareja, por así decirlo, tenía alquilado un piso individual con el dinero de su trabajo como socorrista, y todavía le sobraba sueldo para tomar copas en clubs nocturnos y gastarlo en drogas bastante conocidas en este país durante la época del boom. Bueno, tal vez en Reino Unido los salarios puedan estirarse más, en todo caso siempre me ha llamado la atención cómo, incluso en filmes que se pretenden naturalistas, las fuentes de ingresos de los personajes suelen ser un tanto oscuras. 
¿A qué viene esta digresión, aparte de para recomendar una buena película, de escasa repercusión más allá de los círculos a los que parecía dirigida? Bueno, es que, precisamente, el objetivo de la beca de colaboración hubiera sido alquilar un estudio, imagino que más cutre que el que se convierte en escenario recurrente del filme. León podrá ser una ciudad con limitaciones, pero al menos el alquiler es barato. Más lo sería compartiendo vivienda, pero la persona con la que pretendía hacerlo se ha evaporado, de modo temporal o definitivo, y tampoco quiero arriesgarme a soportar dosis de chaladura como las que viví en Suecia, si no conozco a otras personas en ese sentido. A pesar de que duermo mejor de manera individual, ya me gustaría tener una cama grande donde compartir momentos como algunos de los reflejados en la película. Todavía es pronto para saber qué sucederá en este curso. No obstante, el piso de Madrid sigue disponible, y allí iré dentro de poco, para disfrutar de unos días sin el agotador corsé del calor en agosto. 
Con matrículas más caras que en otras ciudades y menos becas, la estrategia no parece la mejor para retener alumnos, pero, como el máster me gusta y los resultados hasta ahora han sido muy buenos, me he puesto ya a preparar el trabajo final, que pretendo que sea el germen del doctorado (este, sí, a realizar en otra universidad). Ya ni sueño con aquella época en la que se me prometían unos mil doscientos del ala a cambio de hacerlo aquí. Con todo, en el fondo eso es positivo, porque me obligará a salir fuera y no eternizarme en esta ciudad. En algunos días de este verano me he sentido como inmerso en un círculo de difícil escapatoria, es por ello que tener un destino alternativo en el horizonte me entusiasma tanto como la perspectiva de terminar este máster con un trabajo interesante, moderno y que me abra nuevas vías de aprendizaje y también profesionales. Seguiré calentando motores con esa meta. 

miércoles, agosto 21, 2013

El Madrid surreal y bochornoso.


No tengo remedio. Me hice una especie de autopromesa, la de no permanecer en el piso de Madrid más allá de cinco días, mientras no se solucionara, al menos, el problema de la fuga de agua, ya que no el de poder ducharme. No cinco, sino ocho permanecí allí, con un calor como el que había esperado. Yo no soy un rata, aunque en los últimos días me parezca que alguien me lo ha llamado de forma más o menos indirecta (que me equivoque en esto, por favor, pues se trata de una persona a la que aprecio); no obstante, no quise llamar a ningún servicio de fontanería, temiendo que por cualquier nimiedad pudieran cobrarme más allá de esos ciento cincuenta euros que me cundieron para toda la estancia. A fin de cuentas, estamos hablando de un piso que apenas ya se utiliza, por lo que la posibilidad de arreglarlo, y el desembolso que conlleva, debe analizarse con más calma. 
¿Que hace calor en agosto en Madrid? Es como decir que lo hace en el infierno. Ya me tocó a mí trabajar en la capital durante ese mes, y bien lo sabéis por el blog. No es una circunstancia que fuera a echarme para atrás. Ni a mí ni a los miles de turistas que se agolpaban para poder ver la exposición de Dalí en el museo Reina Sofía. El artista, gran experto en marketing, estaría encantado de ver esas colas que parecían dignas de un concierto de una estrella de la música o similar. No conseguí ver la exposición junto a Oli. El primer día, la postergamos para después de comer; por la mañana habíamos visitado el Caixa Fórum (que ya es de pago) para entrar en una muestra sobre el visionario del cine, George Meliés, si es que lo he escrito bien. De vuelta a Atocha, no quedaban entradas. El domingo, tampoco. Y eso que la hora era más temprana, a mediodía. Con todo, pudimos acceder gratis para ver el Gernika, que siempre es una experiencia sobrecogedora y, al ser tan grande, no hay que abrirse paso casi con los codos, como me sucedió con Dalí. Finalmente, el jueves pasado, festivo, llego a las diez y media de la mañana, y tras tres cuartos de hora de cola consigo la entrada, establecido el pase a la una y media. Nadie crea que, por eso de compartimentar las horas, las salas estaban más vacías. Ni en sueños, es la exposición más masificada que he visto en la vida, y es una pena, porque estaba bastante bien organizada. Lo más ridículo fue ver a dos trabajadoras del museo chistando a la gente para que hablara más bajo, como si los cuadros sufrieran por el ruido, y pretendieran hacer creer a esos turistas en chanclas que estaban visitando una iglesia. Si no querían jaleo, tendrían que haberse planteado la exposición de otra manera, o subir la entrada de ocho a veinte euros... 


Tras salir del museo me di un paseo nostálgico, y caluroso casi hasta la extenuación, hasta el barrio de la Latina, pasando por mi antigua calle de Gasómetro, con la casa donde viví y el Telepizza en el que curré. No fue el único punto que me refrescara la memoria, pues en la calle de la Paloma, donde tomé esa foto con los monigotes, estaba el portal en el que residían, hasta hace pocos meses, Nacho y Jessica. Los bares de ambiente del barrio, como el que existe al lado del portal, se habían sumado a las fiestas de la Paloma con una sucesión de coloridas vírgenes y alguna drag queen animando al personal, lo cual daba una estampa como de película de Almodóvar en los años ochenta. 


Yo me tomé un vaso de sangría y continué caminando hasta hallar un sitio para comer que estuviese fresquito, y no se limitara a ofertar los grasientos productos que suelen destacar en las barracas al aire libre que se alineaban por las calles de la feria. Lo que hubiera dado entonces por llegar a la llamada playa de Arganzuela, que no debe pillar lejos de mi barrio, pero, aunque visité el Madrid Río, no pude caminar demasiado por las mismas y soleadas razones. Podría ser peor, desde luego, podría estar ahora mismo allí, con alerta naranja, y añorar las nieves eternas de Furulund, por fortuna he regresado a León y puedo afirmar, desde aquí, que Legazpi es un barrio más interesante de lo que puede parecer a simple vista. 


El Matadero es el buque insignia cultural del mismo; por desgracia, en agosto estaba prácticamente clausurado, pero al menos pude comprobar que tenía wi-fi gratuito, sin necesidad de ir a ningún bar a gastarse la tela para mandar algún que otro whats up. Y, respecto a Madrid Río, como podéis ver resulta un buen sitio para desconectar y pasear, si bien tenía, en ese tramo, poca arboleda para resguardarse del sol, por lo cual no pude ir muy lejos y me quedé en una terraza tranquila, con un precio como el que se acostumbra en Madrid y sin ni siquiera invitar a un cuenco de alpiste, supongo que lo que se paga es la vista... 


Por cierto, qué ironía me resulta, visto ahora, el nombre de la cerveza. El Matadero, nombre asimismo irónico para un centro cultural, queda al fondo de la estampa, al otro lado del río. La visita me ha parecido satisfactoria y bien aprovechada, sin importar el sudor, las carencias acuíferas y el surrealismo alrededor del surrealismo de algunos momentos. Al menos no hubo cucarachas. Bueno, cierto es que, si viniera otra plaga, apenas encontraría ya qué comer en toda la cocina, así que mejor que escojan un objetivo más suculento...

viernes, julio 19, 2013

Reencuentro con el mar.


Decidí tomarme un par de días para establecer un paréntesis en mis crónicas nórdicas e ir a visitar otra clase de mar, también frío aunque no tanto, desde luego, como el que fue testigo de mis aventuras allá por el otoño pasado. Estuve un par de noches en Gijón, para ver la Semana Negra, un evento literario, si bien con otras ramificaciones, en el que nunca había puesto los pies. También tenía ganas de bañarme en la playa, algo que hubiera sido muy desaconsejable de haberlo intentando a finales de noviembre en Malmö. Tuve la suerte, además, de que mi amigo Alejandro se encontraba allí pasando unos días, en el domicilio familiar alquilado en esa ciudad. Por tanto, no me sentí solo durante la estancia asturiana. Me llevó a ver el Elogio del Horizonte, y por el camino pude contemplar hermosas panorámicas como la de arriba. Frente a lo que sucede en ocasiones, la tierra astur nos regaló un tiempo espléndido. 


La Semana Negra celebraba su última jornada, en domingo, y no es de extrañar que se encontrase bastante concurrida, como puede comprobarse en esta instantánea, con esa curiosa escultura de una rubia de culo prieto que parece escalar por una montaña de libros. El recinto estaba un poco a desmano, y polvoriento, eso se notaba sobre todo a la hora de manosear los volúmenes, tanto si eran nuevos como de segunda mano. Al principio no veíamos los puestos literarios por ninguna parte, parecía una feria más, con su mercadillo de baratijas y carpas con churros y bollus preñaus. Finalmente llegamos a la calle de las librerías, y yo me llevé un ejemplar de recuerdo, tras comprobar con sorpresa cómo su precio variaba de los quince euros en un puesto a los siete en otro. 


El señor paseo hasta la feria se compensó al pasar por la Competencia de Gijón. A diferencia de la de Oviedo, allí sí nos pusieron la correspondiente porción de pizza. No faltaron las sidras, pero esa costumbre la reservamos para el día siguiente, tras una jornada playera tranquila, de lectura al sol y posterior baño en el Cantábrico, frío aunque calmado, con bandera verde. Hacía algunos años que no me bañaba en el mar, así que regresé aquí bastante relajado, si bien lo mejor estaba por venir. De modo inesperado, como suele suceder. Hace un par de días llegó una carta de la universidad, invitándome al Acto Académico de apertura del próximo curso, donde se entregarán los Premios Extraordinarios de Fin de Carrera y de Máster, puesto que yo soy uno de los premiados, en la promoción 2011/2012. Yo ya no esperaba ese premio, la verdad... Pero, al margen de la rentabilidad que pueda sacarle respecto a encontrar empleo, resulta una inyección de moral de cara al próximo curso, a la mitad de máster que me resta. Y un desafío, claro, el listón está alto y, si quiero un premio análogo respecto al máster, no habrá que bajar la guardia. 
Al final, los sacrificios llevados a cabo para obtener un buen expediente, ya lo creo que los ha habido, han merecido la pena. Y soportar los malos momentos que, puntualmente, han aparecido en la carrera. Aquí sí se ha cumplido la sentencia: a la tercera, la vencida, y la perseverancia ha dado sus frutos. 

domingo, junio 23, 2013

Noche de bruxas.



Llegan las fiestas, junto a algunas costumbres que se recuperan y otras que, quizá de forma momentánea, se pierden. Vuelven las cenas de clase, pese a que el curso ha durado para mí un par de meses, y lo hacen de forma armónica y novedosa, visitando un restaurante griego, acorde al tono internacional de la clase. Hoy no habrá, pese a la foto de arriba, fuegos artificiales desde el río. Pensándolo bien, los fuegos artificiales eran lo de menos durante las celebraciones del cumpleaños de Juancho, casi siempre los tapaban los árboles. Abandonada la ribera, desconozco si en verdad llegaré a verlos hoy. Uno pierde, asimismo, ciertas costumbres. Tras la cena de clase, y ayer las visitas de los amigos de Madrid, la noche de San Juan ha quedado relegada a una tercera instancia, no me veo yo con ganas. De hecho, ni siquiera debería estar escribiendo aquí. Por lo que respecta a este año, yo siempre quise celebrar esta noche de un modo diferente a ediciones anteriores, pero no ha podido ser así, imagino que eso me hace perder entusiasmo respecto a una noche en la que, según una presentadora de informativos y el ridículo guión que le tocó leer, no se duerme. Pues dormido he estado a punto de quedarme hace poco... Me pregunto cómo habrán celebrado en Furulund el Midsommar sueco, su particular noche de bruxas. He dejado inactivo este blog por redactar mis crónicas suecas, a un ritmo que se me antoja bueno, y creo que será un libro interesante, desconozco si también para las editoriales que puedan publicarlo. En esto, seguiré el ejemplo de Víctor, que ayer, aunque no estaba en León por motivos profesionales, no solo firmó su libro a dos fans, sino que también encontró una admiradora en potencia en la figura de la camarera que nos atendió. ¡Así se hace! En fin, voy a meditar sobre si hoy hay nit del foc o no, confío en que la próxima vez que visite este espacio pueda dar cuenta de todas las notas del máster. 

domingo, junio 02, 2013

El armagedón.



Podría pensarse que, tras el derrumbe, viene el armagedón, pero no, esto no es una continuación de lo anterior excepto en el sentido de que también narra un viaje a Madrid. Por ese término aludo a la segunda parte de El cuarto jinete, cuya primera presentación tuvo lugar en la Fnac Castellana, el pasado sábado 25. Jornada muy completa para mí, por la mañana tomé el bus a Quijorna para asistir a la comunión de la segunda hija de mi prima mayor, junto a parte de mi familia de León que había hecho el viaje en el día. No dio tiempo a demasiada sobremesa, pues el acto comenzaba a las cinco y fue precisamente a esa hora cuando me subí al bus de regreso. Era consciente de que no llegaría a la presentación de Víctor, sí lo hice al desenlace. De todos modos, no se puede decir que el lugar estuviese muy acondicionado, al ser mitad sala de presentaciones y mitad cafetería, con toda la incompatibilidad que eso conlleva. Para más inri, estaba al lado de la librería infantil, colmada de libros de Pepa la Cerda, con perdón, y extraños asientos marcianos como ese en el que aparezco ahí debajo, todo feliz ya con mi ejemplar dedicado, otros de encargo y la pequeña antología Con Z de Zombie, un obsequio del autor. 



Deseo toda la suerte a Víctor en la feria del libro, a la que por desgracia no puedo acudir ya que me encuentro en el final del curso. Me queda una semana para sepultarlo, hasta octubre, y poder dedicarme a mis propios proyectos, que no se si serán de largo alcance, pero en todo caso motivación no me falta. No están claros los planes veraniegos, ni los posibles viajes. Si vuelvo a Madrid, será para resolver los problemas acuíferos del piso; si no, mejor tomarse un par de noches de hotel. Tal vez sea momento de aprovechar mejor los recursos de esparcimiento nacionales y dejar el extranjero para cuando no me quede otro remedio que encaminar mis pasos, de nuevo, fuera de aquí. 

lunes, mayo 20, 2013

El derrumbe.


No hay cascotes más grandes que aquellos que algunas personas se arrojan hacia su propio tejado. Y, dentro de esas auto-lapidaciones, suele haber víctimas colaterales, ya se sabe. Cuando las piedras llegan a una altura suficiente pueden provocar un derrumbe, mayor o menor según su envergadura, y algo de eso he tenido que sufrir este mes, por fortuna he sabido reducir el ataque a lluvia de guijarros por dos motivos principales: el primero, los trabajos de las asignaturas del máster me dejan poco tiempo para meditar en otras preocupaciones; el segundo, dos viajes a Madrid, y uno de ellos pendiente, comenzará en un par de días. 
Cuando un pequeño piso, no precisamente construido en los tiempos de la burbuja inmobiliaria, deja de usarse, es probable que su antigüedad y el desuso provoquen otra clase de derrumbe. Nadie se alarme, sigue conservando un sólido suelo y unas sólidas paredes, con algún desconchón. Fallan las cañerías, que, como las del ser humano, se obstruyen a veces, y en nuestro piso de Madrid lo hizo el ramal que llega hasta el cuarto de baño. Para colmo, la llave del agua que llega hasta la cocina tiene escapes, cosa en la que no reparé al principio y me encontré con un salón casi inundado. Suerte que las baldosas no hacen gotera, no querría verme enfrentado al vecino de abajo, desconocido para mí, aunque quizá no exista o quizá haya hecho los bártulos y regresado a su país de origen. 
Para mí es un privilegio el tener un piso en Madrid, a diez minutos en metro de Sol, y no me deprimí por volver a recursos de posguerra. ¿Que falla el calentador del agua? Pues se calienta en ollas. ¿Que la ducha no funciona? Pues uno se hace en los chinos con una bañera para niños pequeños, tan elegante como la que reflejo en la foto, al menos me parece a mí más elegante que una palangana de burdel. Y, a falta de ducha, ya veréis cuando me haga con una regadera esta semana. Claro que, tras esta recolección tan cutre, siempre cabe la opción de que cualquier día llamemos a un fontanero, si es que el coste no es demasiado para un piso que cada vez se usa menos, ya veis que yo no aparecía por allí desde que volví de Suecia. 


Una buena razón para ir allí, además de celebrar el fin de las clases y olvidar otras cosas, fue la visita de mi hermano Pedro junto con algunos de sus alumnos y otro profesor. Ahí estamos, en esa corrala que constituye el hostel de Malasaña donde estuvieron. Más barato que los suecos, debo suponer. Lo pasamos genial, lástima que estos viajes duren poco: de terracitas en el Retiro, con un calor de verano, que en León no ha existido, en una taberna andaluza por el barrio donde estaban, etc. Aparte de quedar con los amigos habituales. No pude hacerlo con el amigo Hopewell, pero no pasa nada porque el sábado que viene es el gran cónclave en Fnac Castellana, donde interviene con otros escritores y presentará El cuarto jinete: Armaguedón. (Bueno, no estoy muy seguro de cómo se escribe esta palabra, cosas de no leer la Biblia). A partir de las cinco de la tarde, yo no se cuándo llegaré porque por la mañana tengo una comunión, a las once, en el pueblo de Quijorna, y jamás he ido allí en autobús, quizá llegue tarde a la misa y a tiempo para el banquete, lo cual no sería motivo de mortificación. Necesito, pues, este viaje para atar cabos sueltos del anterior, y cuando regrese me haré del tirón los cuatro trabajos restantes, hasta el diez de junio. Ahora me iré a acabar una novela en inglés, bueno, en la que los personajes hablan en inglés del siglo XVII, que una profesora, graciosa ella, me mandó para hacer un trabajo comparativo. Ya haré la crónica al regreso de esa ciudad, más contaminada pero, con todo, tampoco puede decirse que el aire viciado de León no afecte a algunos de sus habitantes. 

domingo, abril 28, 2013

Millenium, al fin.



Decía mi casero sueco, un tipo peculiar que da mucho juego como personaje, que Suecia es un país muy feminista, y se quejaba por ello. Comentó de forma sardónica que él podría haber escrito el libro Los hombres que no amaban a las mujeres, pese a que se trate de una novela, precisamente, feminista, como las dos que la siguen. Yo no se si será un país feminista o no, y si algo tiene que ver en ello la actitud maternalista que tienen respecto al alcohol, lo cierto es que tras leer la saga se puede comprobar que allí, al igual que aquí, se ejerce la violencia contra las mujeres, de modo individual y social, quedando en muchos casos impune. 
Stieg Larsson parece escribir su trilogía como si fuera un imperativo moral, y eso es un lastre. No me cabe duda de que como periodista de investigación tenía que ser muy bueno, casi hubiera preferido leer un ensayo suyo acerca del mismo tema. No soy yo de los que creen que todos los best seller son malos, pero la verdad es que yo nunca hubiera leído esta trilogía de no ser por mis conexiones con Suecia. Decía el amigo Hall que en esta obra no hay demasiadas frases para el recuerdo, y es cierto. Solo me convenció la primera parte, con esa historia de la saga familiar en un pueblo del norte, bastante más frío que Furulund. Las otras dos, interconectadas, son larguísimas. ¿Y por qué? Pues porque introducen personajes prescindibles y subtramas igual de prescindibles que lo único que hacen es subrayar el tema principal: la violencia contra las mujeres. 
Y es loable que quiera hacer novela negra feminista, pues la novela negra no suele serlo, en absoluto. La desgracia es que, para ello, recurre a introducir personajes femeninos de peso, y a buena parte de ellos les dota con unas características que entran en lo irreal y lo absurdo, más bien como una película de espías en la línea del James Bond menos realista. No se olvide qué actor fue el escogido para protagonizar la versión de Hollywood. 
El que se tiene por gran hallazgo del libro, Lisbeth Salander, está fuera de toda lógica, no es más que Pippi Calzaslargas versión moderna, y es por ello que hay tantas referencias a este personaje. A pesar de tener un físico insignificante, resulta que va dando palizas a lo Bruce Willis, a tíos que son el triple que ella, y también entrena como boxeadora contra pesos pesados. Y no todo es fuerza bruta, porque la amiga resulta que además es superdotada: tiene memoria fotográfica y, cuando no navega por la red o está en la cama con alguien, se dedica a resolver enigmas matemáticos en cuestión de minutos. Nadie es perfecto, claro, y ella carece de habilidades sociales. No la criticaré por ello, pero sí por ser un personaje desagradable y cargante hasta el extremo, que va de justiciero, desfaciendo entuertos y ayudando a mujeres en apuros, pero luego resulta que no deja de ser una delincuente, pues roba la privacidad y los datos de quien le viene en gana, tanto de los buenos como de los malos. Y también roba dinero, a los ricos corruptos, pero se lo queda para ella y para especular desde Gibraltar, echándonos en cara de paso que hayamos ocupado Ceuta. 
Pero hay algo que al menos me gusta de ella: es una protagonista de best seller bisexual. Ella no lo reconoce, claro, es de no me gustan las etiquetas, pero ya lo hace su amante por ella. El término bisexual aparece con frecuencia, también referido al marido de Erika Berger, el clásico artista liberal que permite que su mujer se siga acostando con Blomkvist. No he hablado de este aún, porque al fin y al cabo es el personaje más simplón. Es el detective original de la novela negra, convertido en periodista: vacilón, mujeriego, heterosexual, etc. Si no su personalidad, al menos su manera de hacer periodismo sí representa la que abandera el propio autor. Y es una pena que este muriese antes de gozar las mieles de la fama y, tal vez, redactar alguna otra obra más compacta y acertada. En estas novelas vemos a los periodistas tomando café de continuo, durmiendo escasas horas y, en algunos casos, fumando. Este es, sin duda, el camino que recorrió Larsson hasta que un infarto le fulminó. 
El best seller que sí tengo ganas de leer es el último de Javier Sierra, a quien sigo con interés no en su faceta de escritor pero sí de colaborador de Cuarto Milenio; además, habla del museo del Prado. Y, por si fuera poco, ha sido el encargado de dar una patada en el culo a las cincuenta sombras de Grey, libro cuyo argumento ya me parece risible de por sí y que, ya que no pasará a la historia de la literatura, al menos ha servido para que en los sex shop se pongan de moda los packs con esposas, antifaces, fustas y otros complementos que yo no utilizo y que también remiten, en cierto modo, a la trilogía sueca. 

viernes, abril 19, 2013

Graduación.


No recuerdo ahora bien si en la carrera de Cinematografía llegó a a haber ceremonia de graduación. Si la hubo, no asistí, bien porque Ponferrada no está aquí al lado o porque no tenía motivación para ello. Lo que sí es cierto es que, en Filosofía y Letras, no todos los años ha existido dicha ceremonia, así que tenía que aprovechar la ocasión de que esta vez sí hubo. He podido asistir porque he regresado de Suecia, y ha dado la casualidad de que la fecha ha coincidido con el final de las clases del máster. No es el final del curso en sí, para eso debe esperarse al diez de junio. Lo que sí han concluido son las sesiones presenciales, quiero aclararlo para no echar leña al fuego de quienes consideran a los humanistas como a un puñado de perezosos. 
Mucho podría escribir acerca de esta semana y la última asignatura, Escritura Creativa. No era una materia el uso sino, como su nombre indica, un taller literario. Solo he asistido a un par de estos y, los escritores eran tan diferentes, que la conclusión es que lo mejor es escribir cada cual según el estilo personal que vaya siguiendo, en ocasiones lleva toda una vida encontrarlo. No hablaré de estas interesantes clases finales, voy a centrarme en el acto académico al que casi asisto en soledad. Soledad muy relativa, por supuesto: todos los que allí estábamos éramos como una gran familia, de docentes, alumnos, alumnas, incluso el rector podría considerarse. Al ser una facultad pequeña, el entorno se vuelve más confortable. 
Yo me refería a que la promoción de Filología Hispánica del 2012 parecía haber sobrevivido a una horda de zombis, amigo Hopewell, quedando solo en pie mi compañera Irma y yo. Exagero, claro está. Había otras personas tituladas que, o no vinieron, o su presencia estaba anunciada mas no se materializó. Una suerte que pudiera sentarme junto a Irma, y no lo digo solo porque ella me hizo una foto in situ, no como esa, digamos de estudio, que aparece arriba. Además, el maestro de ceremonias era uno de mis maestros, valga la redundancia, favoritos, José Manuel Trabado, a quien por fortuna volveré a disfrutar en el medio curso de máster restante. 
La charla magistral corrió a cargo de un catedrático de Arte, que habló de los orígenes de las Humanidades, remontándose hasta el Trivium y el Quadrivium, y la bastante reciente separación entre Ciencias y Letras, separación que en mi caso supongo que tengo que agradecer, dado lo negado que soy para las primeras. Un torrente de sapiencia, pero dejó la charla in media res porque el acto se ajustó bastante al reloj, al reloj de la comida. 


Llegó el momento de entregar el diploma y la insignia de plata al alumnado. Todos fuimos aplaudidos al salir, circunstancia factible porque tampoco éramos tantos. Yo solo me negué a aplaudir a una chavala a la que le presté un libro hace cinco años y todavía no me lo ha devuelto. El libro era un Corán y, de todos modos, no tengo intención de leerlo pese a mis circunstancias personales. Se lo podía haber echado en cara pero sus tacones estaban muy afilados y quizá me podría haber clavado uno en la yugular. However, fue un acto alegre, alejado de malos rollos anteriores en ese centro. El rector, al concluir, se encargó de remarcar la importancia que el idioma español tiene en nuestra tierra, y lo poco aprovechado que está ese factor. El coro universitario, con el himno Gaudeamus igitur, dio el broche final. Para mí, la carrera terminó el pasado septiembre, pero sin duda este desenlace era mucho más bonito. Creo que los titulados en el máster no son llamados a este ceremonia, así que, ¿cuál será la próxima? ¿El doctorado? Pues habrá que conseguirlo. 

lunes, abril 01, 2013

Fool´s Day.

Aunque ya hayamos importado ciertas celebraciones estadounidenses, no así la que hoy, primero de abril, llaman Fool´s Day, Día de los Tontos, algo así como nuestro Día de los Inocentes. Por lo que a mí respecta, la jornada de hoy no es ninguna tontería. En vacaciones de Pascua, como el resto de matriculados en la universidad, estoy aprovechando el tiempo de un modo muy positivo. Como podéis comprobar, estoy retomando el blog de forma paulatina. Pero, aunque tardara en retornar por estos lares, la causa estaría justificada, como sucedió en el pasado. La noche del Jueves Santo, muy proclive a deslices descerebrados que luego son recogidos en la información nacional para escarnio público, me surgió la idea de un nuevo proyecto, un poemario breve pero variado en cuanto a sus composiciones. Sí, su redacción compensa el abandono, ese sí total, de mi blog poético. No voy a colgar estos poemas porque quiero que permanezcan inéditos mientras busco la manera de publicarlos. Francamente, no debiera tener mucho problema en sacar a la luz un volumen casi del tamaño de un folleto y, si bien puede que el impulso poético no sea grande en mí como acusó mi profesor, no cabe duda de que sentimientos muy nobles y sinceros me han impulsado a escribirlo, haciendo un paréntesis entre las crónicas escandinavas. 
Seguiremos informando. Es para mí un placer compaginar estos dos proyectos, proyectos realistas que irán en paralelo con las dos últimas semanas de clase y la subsiguiente retahíla de pequeños trabajos hasta junio. 

jueves, marzo 28, 2013

El blog abandonado.

Mi abandono de este blog durante el tiempo que ha durado el máster (al que solo quedan dos semanas de clase durante este curso) no ha sido un hecho premeditado. Desde luego que podría haberme extendido aquí sobre variados asuntos, el caso es que, al igual que sucedió durante los años de carrera, me lo he tomado bastante serio, a pesar de mi retraso. El hecho de comenzar a medio camino me obligó a soportar un chaparrón de lecturas, algunas de las cuales fueron perfectamente prescindibles. Digo yo: si un profesor tiene cuatro días de clase, y va a dedicar apenas un cuarto de hora a comentar un libro que lleva bastante más tiempo de ser leído, ¿no sería mejor que se limitara a mandarnos algunos fragmentos significativos, y dejara las lecturas completas para los trabajos de final de asignatura? Es que se te queda cara de bobo si tienes que tragarte un artículo teórico, algunos en inglés, para que luego no sea ni mencionado en clase. No es que sea una pérdida de tiempo, porque siempre se aprende, pero es un tiempo que podría haber empleado, por ejemplo, en realizar alguna entrada aquí. 
Al margen de algunos fallos, el máster me encanta. Ninguna sorpresa, ya lo sabía desde el principio, desde cuando estaba en Suecia intentando aspirar al de Lund. Lo supe desde el principio pero no me arrepiento lo más mínimo de no haberlo hecho desde el principio. El paréntesis nórdico era más que necesario. Hay cosas que no se aprenden en la universidad, y en cambio te las puede proporcionar un viaje largo, o conocer a una persona clave en tu vida como aquella con la que por fortuna todavía estoy saliendo, y que dure. Por otro lado, este máster me ha permitido abordar temas que en Filología Hispánica jamás hubiéramos tocado, como las cuestiones de género, ecofeminismo o racismo ambiental, planteadas a grandes esbozos para que luego cada cual pueda profundizar en la medida de sus propios gustos. En ese sentido, este curso tiene cierto aspecto de coctelera. 
El actual paréntesis antes del final del curso corresponde a la semana santa, un período en el que, si me encuentro en mi ciudad, se debe especialmente a mi pareja, pues no me gustan los agobios como los que tendré que soportar aún durante tres o cuatro días. Me solidarizo, eso sí, con la gente que de verdad vive estos actos y los prepara durante todo el año para que al final, invariablemente, se suspendan por la lluvia. Poca misericordia divina veo... Comenzada la primavera, pronto me tocará pasar horas varias sentado aquí, con los trabajos finales y, si la predisposición a la pereza no me fustiga, arañaré ratos para regresar aquí, y también seguir con esas crónicas nórdicas que no voy a abandonar de ningún modo puesto que, escrito ya el prólogo del viaje, falta la parte más divertida en el entrañable pueblo de Furulund. Siento casi una obligación moral para redactarlas. Así pues, confío en despedirme hasta pronto.