domingo, enero 31, 2016

Crónicas parisinas IV.




Muchas veces, a lo largo del viaje, aprovechaba el mantra de Bueno, tal vez nunca regrese aquí para enfrentarme a una puñalada trapera en algún restaurant. En realidad, solo sucedió un par de veces. La primera, por otra parte, tenía la excusa de que quería aprovechar la terraza parisina a la vera de Notre Dame con el fin de sacar algunas fotos para el proyecto artístico sobre Hitch, del cual daré más detalles en el otro blog. Como muestra, este bodegón con los atributos característicos del personaje y, de fondo, un vasito de vino al indignante precio de 6 pavos. No se pasan demasiado con la comida, como la omelette que pedí, pero respecto a la bebida... 


Enfrente de la catedral se halla la célebre librería Shakespeare and Company, imán de bohemios, literatos, turistas angloparlantes, etc. Yo solo adquirí dos libros durante mi viaje y el primero fue allí, un ejemplar que no solo sirve como souvenir, sino que podrá ser un compañero fiel en mi investigación doctoral. Y me pusieron el sello de la tienda, además. 


Por la tarde estuve en el Parque de Luxemburgo, cuyas fotos las tengo en la cámara y quizá las cuelgue desde Oviedo. Pasé por la Sorbona y por el Panteón de personalidades ilustres. No entré, quizá por no aumentar el kilometraje o porque ya bastante pasta había gastado por entonces. 


Para terminar, me dirigí, pasando el ayuntamiento, al barrio de Marais. Vi el centro Pompidou desde fuera, programando la visita para el lunes al igual que la del Louvre. Mi parada final fue en la Plaza de la República, que se ha convertido en improvisado memorial de los infaustos atentados de noviembre. 



Llegando al ecuador del viaje, como quien dice, en próximas entregas desgranaré la jornada dedicada a museos y el punto de contraste, picante-místico, que supuso el barrio de Montmartre. Llega el momento de recuperar un teclado de verdad...








viernes, enero 29, 2016

Crónicas parisinas II.


A la merde, necesito un teclado y un ratón. Los quebraderos de cabeza que me dio ayer esta entrada casi me llevaron a inventar un nuevo deporte olímpico, el lanzamiento de tableta. Vale que esto sirva para Instagram, donde ayer estrené una cuenta conjunta con Hitch (TisandHitch), pero para el blog... Ejem. Paciencia, mes amis. Lo importante es dejar constancia del viaje. La primera comida fue en el restaurante Marco Polo, enfrente del hotel. Después, Paco y yo nos desplazamos hacia el centro, pasando por la iglesia conocida como la Madeleine, que parece más bien un templo neogótico. Ahí aprendí que soy un inútil haciendo panorámicas con el teléfono. Todavía estoy a tiempo de aprender, ahora que soy instagramer.


Llegamos a la Place de la Concorde, con ese obelisco que Napoleón se trajo de souvenir y una gigantesca noria. ¡Cómo les gustan las alturas a los franceses, alcanzar el ciel de París! Lo iba a comprobar pronto, en el mismo día, para bien o para mal. 



Cruzamos el puente sobre el río Sena. Es un punto que, como otros tantos de la ciudad, hemos podido ver en innumerables ocasiones en el cine u otros medios, pero que merece la pena ir allí para asumir la verdadera dimensión de una urbe enorme y majestuosa, tanto como su río navegable. A mí me encanta esta foto que me hizo Paco, con Notre Dame al fondo.


Por desgracia, las excursiones fraternales se vieron reducidas por el timetable de Paco, verdadera razón de nuestra estancia allí. No daría tiempo a visitar el museo de Orsay (el único que me quedé con ganas de ver), pero sí para acercarnos a la torre Eiffel, que por la tarde-noche goza de una espléndida iluminación. Él se vería muy ajustado como para subir a la cumbre, pero al menos sí  podría tomar testimonio de nuestra llegada.


Primer dilema del viaje: tras el recorrido conjunto del día  (metro, avión, metro), comenzaba a sentirme fatigado, sin imaginar que era solo el comienzo de la tortura. Podría haber tomado el taxi junto a Paco, pero, tras haber aprovechado al vuelo la ocasión de esa estancia, no iba a perder la de llevar a cabo algo que hacen hasta los niños pequeños, por mucho vértigo que me diese. La ascensión, más allá de la mera masificación turística, resultaba simbólica, no para los palurdos de nacionalidades varias allí reunidos pero sí para mí. Era no solo una tour, sino un tour de force para mi persona. Y lo peor de todo es que me iban a clavar bien por ello. 





No se si esta aplicación, que ya ayer me mutiló una foto, me respetará todas las de hoy o tendré que utilizar otros métodos. Hablábamos de clavadas y, además, una cola que parecía breve y luego se reveló como punta del iceberg. Tras cascar los 17 machacantes, ya comenzaba a arrepentirme nada más me subí al primer ascensor, el que llevaba a la segunda planta. La vista, impresionante, merece la pena, eso sí, y más en el top, que es el que permanece enrejado. Un sitio romántico, se supone, con lugares comercialmente marcados como A place to kiss. Incluso tenía en la cola, frente a mí, una pareja chico y chico cogidos del brazo, no sería la única que me encontrase en París. Más que amor, el lugar me provocaba respeto. Una de las tónicas del viaje fue la de hacer fotos, con móvil o cámara, teniendo la espalda bien pegada a la pared. De la segunda a la primera planta bajé por las escaleras, otra experiencia que quería completar pero que no me entusiasmó tanto como para hacer lo mismo de la primera a la salida. Algo que sí viví de primera mano es cómo, cada hora en punto, la torre comienza a reverberar cual farolillo, hecho que se refleja en esta foto.


Finalmente, sin dar por concluido el paseo, me acerqué a la avenida de los Campos Elíseos, que no me pareció demasiado diferente de la Gran Vía, para ver el Arco del Triunfo, al cual ya no pude subirme pues había cerrado. 



Cuando volví al hotel, una app (aparentemente inútil) del móvil me informó de que había recorrido 20 km en la jornada. Lo más sorprendente es que no sería el día récord, iría en crescendo hasta alcanzar el cúlmen el lunes, día de ir a museos, lo cual en sí mismo también podría considerarse actividad olímpica (ahí están quienes se llevan su propio taburete). En fin, vamos a ver cómo queda el formato de esta entrada, confiando en que no tenga que hacer meditación trascendental para controlar mi ira.









jueves, enero 28, 2016

Crónicas parisinas I.



¡Llega el más difícil todavía! Voy a escribir mi primera entrada de blog en el iPad. Excúsenme  por 
adelantado las posibles erratas y cambios de formato. No quise llevar el portátil, que no es precisamente ligero, a París. Ahora me estoy ayudando de un puntero con el aspecto de un lápiz para preescolares. Cuando vuelva a tener un teclado de verdad, imagino las crónicas podrán ser más prolijas

En todo caso, va a ser un reportaje especialmente visual, como no podría ser de otro modo en una ciudad tan fotogénica, y con un material tan abundante en móvil y cámara. La foto de arriba muestra el día de mi llegada, frente al hotel Hilton Opera. Sito en la rue Saint Lazare, junto a la estación del mismo nombre y enfrente de una Fnac en la que me registraron bastante más que en la de Madrid. La vigilancia, como es obvio, se hallaba reforzada, pero eso no me impidió disfrutar la estancia, y mucho. París bien vale la penitencia de unos pies machacados, más de 80 km. en cuatro días. Lo se por el contador de mi móvil, chivato de mis excesos. 
Así, sin prisa porque algunas visitas y anécdotas merecen ser narradas con cierto detalle, seleccionaré en mis próximas entradas las instantáneas más representativas para ilustrar este viaje tan corto como intenso. De los que a mí me gustan, yo que prefiero calidad a cantidad en todos los ámbitos de mi vida. Sirva esto de prólogo (y de entrenamiento con el juguetito), y os dejo con una foto de celebración, que resume el espíritu fraternal de la estancia: yo junto a Paco en el Grand Salon del hotel, brindando por la Ciudad de la Luz, oh lá lá!


PD- Ya empiezo a ver en la edición que esto es una basura y que parece que Paco, artífice de la visita, aparece cortado en la foto. Trataré de arreglarlo. Si no, mis ganas de escribir podrán más que la tentación de usar la tableta como objeto volante.

PD 2- ¡Por Libia, lo conseguí!

miércoles, enero 20, 2016

Les trois dames.


Estoy en la víspera de mi viaje, y eso conlleva algunos preparativos, ya sean útiles o inútiles; esta es una consideración que, en muchos casos, no se puede hacer a priori. Parece ser que voy a un hotel elegante, el Hilton Opera (no tanto como el Ritz, que lleva tiempo cerrado y ayer sufrió un pavoroso incendio). Eso no significa que el ambiente tenga que ser asimismo elegante. Ahora no, porque la predicción me daba temperaturas bajo cero, pero en verano supongo que no falten los clásicos turistas con sandalias y calcetines. En todo caso, aprovechando la circunstancia, las rebajas y el hecho de que necesito ir adquiriendo ropa más seria para posibles entrevistas de trabajo, la otra tarde me pasé por la tienda de saldos, o de ropa ecológica, por no decir de segunda mano. Este último término tiene un significado de lo más peyorativo, asociado a la indigencia, pero yo no lo veo así. Comprar una chaqueta usada, pero en buen estado, no debiera estar tan lejos de adquirir un libro en buen estado en una librería de viejo. La tienda, por cierto, perteneciente a una cadena de Cáritas, también tiene excelentes libros a precio bajo, como el que mencioné de Enrique de Vicente. 
Yo defiendo el reciclaje y el aprovechamiento, frente al consumismo desaforado. Hasta utilicé la carcasa de uno de las pavos de Acción de Gracias, congelada durante Navidad, para hacer un caldito muy propio de la semana más fría del año. Ya mi hermano Pedro, cuando vino a verme, había comprado una camisa en la misma tienda, que descubrí gracias a él. No tuvo asesoramiento, entonces, pero yo sí, por la cortesía de tres damas que, si no todas al menos alguna, hacían labor de voluntariado allí. Una de ellas, la que me abordó en un principio y me despidió a la salida, era una viuda que había residido en París, ella sí muy elegante, que me recordaba un poco a cierta profesora de Literatura de la carrera. Ella me recomendó varias americanas, con la ayuda de otra señora, con aspecto de bruja buena, y una tercera más joven. Se valoró el largo de manga, entallaje, tipo de tela, etc. Finalmente, por un precio ridículo que en otra tienda me habría dado igual para un par de camisetas, me llevé aquella con la que poso en la foto, tipo ejecutivo dispuesto a dar una charleta o el ya célebre elevator pitch, y otra de tela más gruesa, que con vaqueros y la boina pintaría perfecta para tomarse algo en el barrio de Marais. 
Es cierto que cuando voy a comprar ropa prefiero estar a mi bola, y que no gusto de que me analicen como a un figurín. No obstante, agradezco la colaboración y dedicación de les trois dames para mi llegada a la (auto)proclamada Meca de la moda. Eso sí que es espíritu de voluntariado, con una calidad de atención varios puntos más alta que la que he visto en personal sí remunerado. Regresaré allí, que además tengo la tarjeta y, por si fuera poco, el dependiente va a mi mismo gimnasio. 
Por cierto, una película ambientada, parcialmente, en París, es La chica danesa. Un filme bien joli (bonito), pero que adolece de falta de ritmo. Sirve para descubrirme una maravillosa actriz sueca, Alicia Vikander. Tan bella como estupenda intérprete. Sin desmerecer al protagonista, cuya androginia, evidente desde sus primeros papeles, sin duda le habrá ayudado a transformarse. Mejor película es Carol, que desde luego podría servirme como referencia para el doctorado. Ninguna de estas dos propuestas LGTB han sido nominadas a mejor película. Así que falta de diversidad racial, por lo cual está habiendo boicot, pero también de diversidad afectivo y sexual. Lástima. Este año toca testosterona, la de los tres títulos con más candidaturas. Magníficos, por cierto, pero hubiera preferido una mayor variedad de historias. Y creo que, en principio, toca el momento de despedirse. Quizá pueda estrenar mi iPad para escribir alguna entrada desde París. Sería estupendo, si me es posible. A bientot!

domingo, enero 17, 2016

Pre-cognición.

Siguiendo con el libro de Enrique de Vicente, pasamos al terreno de la pre-cognición, la profecía o la adivinación. Aunque, realmente, creo que debería hablar de simple intuición. Hay factores, en esta semana, que no pude prever. Noticias que no esperaba, como el hecho, ya que estamos en materia, de que la exposición de Cuarto Milenio va a viajar a León en marzo, al Petit Palais (a.k.a. Palacín), un edificio del que hasta ahora desconocía el uso, si es que lo tenía. Me emociona que llegue a mi ciudad, pero, claro, no se si debería aflojar doce aurelios para una muestra que apenas difiere de la del año pasado, salvo algunas adquisiciones de esta temporada (como los personajes de los cuentos maravillosos, el programa visto en Reyes). Dejemos el asunto para marzo, pues. 
Pre-cognición quizá no, pero sí tuve la intuición de que esta semana podría ser demasiado tranquila en Oviedo. Previendo ello, el pasado fin de semana en León hice todo lo que podía hacer: salir, tapear, jugar al Risk (sí, esto tampoco pude imaginarlo a priori), y demás. Era la tempestad antes de la calma, y esta es mi calma antes de la tempestad. Hablando de forma metafórica, por supuesto. No quiero tormentas cuando llegue a la conocida como Ciudad de la Luz, y mucho menos cuando me encuentre dentro del avión. Ahora mismo, albergo una sensación de tabula rasa en lo que se refiere a este año. No en todos los aspectos, claro. El doctorado ya lleva un trecho. Antes de comenzar con las inscripciones en esa tabula, me he reservado unos días para preparar un viaje, por otro lado, corto. Un viaje como metáfora de lo que puede ser este año: habrá que tomar decisiones. En París, para ver las zonas que más apetezcan, que no tienen por qué coincidir con las más obvias o visitadas. La mítica librería Shakespeare and Co. por ejemplo, es un punto que me interesa más que varios museos. 
Hace tres años de mi primera toma de contacto con Oviedo, sin tener la menor idea de que terminaría viviendo aquí (aquel día llovía, al igual que hoy). El viaje a París también es muy simbólico, sin que por ello tenga que acabar viviendo allí también. Pero llega en el momento apropiado. Como señalan el maestro Enrique y Dragó (que dice que quiere ser mujer para experimentar un verdadero orgasmo), su nombre proviene de Isis (Par-Isis), y qué duda cabe de que esta poderosa diosa egipcia puede convertirse en un buen augurio para un doctorado tan centrado en las representaciones femeninas. Prefiero la ciudad de Isis a la ciudad del amor, rótulo que no deja de encubrir cierta vertiente comercial. Por Isis y por Tutatis, vamos allá. Marchons

jueves, enero 14, 2016

Telepatía.

Entre los libros en proceso de lectura que datan del año pasado, y entre los cuales debo establecer la conveniente jerarquía, anoche leí un capítulo de Enrique de Vicente sobre la telepatía. No es algo que yo me precie de experimentar, pero sí es cierto que una voz en mi cabeza, desde que pasaron los Reyes, me decía que eso de pasar una semana entera como un mandarín, yo solo aquí en el piso, era una opción poco probable, al menos hasta el verano. En efecto. El plazo se ha acortado, y ya he vuelto a la rutina, esta vez del segundo semestre (o como quieran llamarlo) que, no obstante, pronto quedará rota por el viaje a París. 
Semejante escapada ha constituido un golpe de buena suerte en este inicio de año y, tal vez por mantener un equilibrio, también se ha visto acompañado de algunos contratiempos. Aquí en Oviedo, por ejemplo, bien me vendría dominar algunos de esos poderes mentales de los que habla el buen maestro Enrique. Me encantaría saber qué es lo que está pensando alguna que otra persona. Aunque satisfacer la curiosidad podría ser peor que permanecer en la duda. Nuestra mente debe protegerse contra invasiones externas, al igual que si, como se refleja en el libro, alguien pretendiera introducir sus propias ideas o intenciones en nuestro cerebro. Yo no quisiera llegar a tanto, me bastaría con conocer mentes dotadas de mayor coherencia. Es un buen propósito para este año naciente. Mientras tanto, no dejaré que ninguna circunstancia vaya a estropear mi entusiasmo por el viaje, en cuya preparación (tampoco tanta, que son tres días) me ocuparé lo que queda de semana y principios de la que viene. Au revoir! 

sábado, enero 09, 2016

Protestas al desnudo.



No tengo vetados los pechos femeninos (ni los masculinos, ni los que no respondan a otras categorías) en este blog, pero, por si hubiera quien me quisiese endosar esa molesta cortinilla de Este espacio contiene imágenes que pueden resultar inapropiadas, bla, bla, valga esta captura de una de las protagonistas del documental Everyday Rebellion, cabeza y cuerpo visible del movimiento Femen. Este filme, que versa sobre diversas maneras de protesta pacífica, sigue los pasos de esta organización, al igual que otras de diferentes países, como el 15-M español, las revoluciones o conatos de revolución en Siria, Egipto o Irán, el Occupy Wall Street, etc. El póster que aparece en la foto representa la inocencia y la esperanza representadas en la figura infantil, pero la carátula del dvd que saqué yo de la biblioteca es bastante más explícita, con esta y otras dos Femen protestando desnudas frente a la embajada egipcia en Estocolmo, tapándose con los libros que representan las tres grandes religiones monoteístas, precisamente, aquella parte representativa del pecado según estas mismas religiones. Espero que al menos fuera en verano. 
Y no en verano, sino ayer mismo, una artista, a priori no adscrita a este movimiento, se desnudó en Colonia, Alemania, para protestar por la oleada de agresiones físicas y sexuales, además de robos, que se organizaron en Nochevieja, aprovechando la celebración y las aglomeraciones. No entiendo el alemán ni la leyenda de su cartel, pero no hacía falta utilizar mucho la lógica para deducir que su intención era expresar este mensaje: no importa que una mujer vaya desnuda por la calle, eso no la hace culpable si es violada. El culpable es el agresor. Al menos esa es mi interpretación. Sobran esas patrullas de caballeros, como a sí mismo se llaman de modo tan ridículo, que pretenden defender a sus damas. Para eso ya están las fuerzas de seguridad y, ante todo, una educación en contra de las violaciones. Esto último no es fácil de implantar, desde luego, en la mayoría de las culturas, sea de nativos o migrantes. Pero todo está relacionado. En Nochevieja, en Madrid, también un chico fue agredido, esta vez con un viril puñetazo, al grito de Maricón de mierda. Colonia, Madrid, el engranaje del miedo y el odio, realidades dependientes como todo buen Jedi sabe, se extiende por este y otros continentes. La lucha no es fácil, y sí fácilmente reversible, como se expresa en este documental que, no obstante, también cuenta varias historias de éxito. Creo que es un excelente motivador para estos comienzos de año. Las pequeñas rebeliones del día a día, que pueden ser tan humildes como una simple pelota de ping-pong. 

martes, enero 05, 2016

Epifanías varias.

La epifanía no solo se celebra mañana, sino que yo mismo me encuentro celebrando varias, surgidas a raíz de la preparación de mi primer artículo/comunicación, basado en una novela de Beatriz Gimeno. Epifanía puede ser la idea que, canalizada a través de algún objeto o acontecimiento que pudiera parecer banal, surge de modo súbito, en ocasiones como clave para avanzar en un proyecto creativo, o de investigación, etc. También se puede mostrar en retrospectiva, como un hallazgo que hice en mi piso en diciembre, el cual me dejó estupefacto pero desde un primer momento supe que me vendría bien para este artículo. Ahora veo que sí, puede ser uno de los motivos centrales. 
Esta novela también habla de mí. Razón de más para que la analice, porque, como si la autora, a quien por ahora no tengo el gusto de conocer, se hubiese introducido en mi mente, hace referencia a episodios que viví hace varios años, a aniversarios de recuerdo dudoso pero que, si bien con diferente espíritu, veo reflejados en sus páginas. Eso ha constituido otra epifanía más y, si no fuera porque estoy que doy botes con la tos y debo cumplir las obligaciones sociales de estas fechas, creo que me pondría como un poseso a redactar las primeras líneas del texto. Ya vendría luego con el barniz y la bibliografía, a darle un poco de formato. En todo caso, si va a ser mi primer artículo que aparezca en una revista (aunque sea en una que no lea nadie), quiero que, a juego con el tono queer y transgresor de la novela, no me quede tan aséptico como algunos que he estado leyendo, que contenga el balance justo de atrevimiento y cientificismo para que mi directora no me lo tire a la cabeza. No se, para mí la investigación es eso. Si no, mejor dedicarse a otra cosa. De camarero, igual, sería mucho más competente que algunos de los que nos han atendido estos días. ¡Felices Reyes! 

viernes, enero 01, 2016

Sweet Sixteen.

Daría la impresión de que todas las Nocheviejas se parecen, especialmente si se celebran siempre en la misma ciudad y por los mismos sitios. La memoria o, en su caso, este mismo blog indican lo contrario. Hay cambios, variables que en ocasiones parecen leves cuando en realidad están marcando un giro de timón. No cambia, eso sí, que en algún momento de las navidades siempre voy a sentirme más fastidiado. El año pasado fue en Reyes, ahora tocó Nochevieja pero, no obstante, quise salir, aunque no fuera más que para ver a esos amigos con los que no he podido coincidir, dado el carácter eminentemente familiar que esta época posee para mí. 
Dado que lo primero que me sirvieron en este año fue una caña avinagrada, que fui incapaz de terminar pero cuyo sabor, no obstante, no resultaba tan desagradable en mi garganta bloqueada, pareciera un mal presagio para este año naciente. Back to basics, luego recalamos en Benito, que más que nunca parecía una verbena de pueblo, sin faltar el Himno de León. Para contrastar con el centenario recinto, la última parada (para mí) fue el Circus. Cuatro horas de celebración, más que suficiente, máxime cuando todavía hay tiempo para ver a los colegas, y con la mayoría de ellos coincido en cualquier fin de semana en que venga de Oviedo. 
Un año que trae a Yoda en el mes de octubre del calendario de Fotogramas no debería ser malo, desde luego. Fue el personaje que más eché de menos en el Episodio VII. Quizá George Lucas también, por eso reniega del giro dado a su creación. En el filme también había momentos íntimos, pero en ocasiones se perdía el hilo entre el ruido y la furia. Espero que la sabiduría del maestro nos ilumine durante estos doce meses, cada uno de ellos con sus propias decisiones que tomar, empezando por anoche mismo. ¿Quedarse o no quedarse más? A juzgar por el número de bacilos con los que estoy llenando este ordenador, la respuesta aquí resulta diáfana. Felices 16, pues. El siglo se hace adolescente, eso siempre es interesante. 

jueves, diciembre 31, 2015

Happy New Hitch!



Yo no necesito una lista de deseos para el año nuevo, me sobran agendas, libretas, cuadernos, con líneas y líneas de notas que, en ocasiones, a mí mismo me cuesta comprender. A pesar del atolondramiento propio de las fiestas, bien recuerdo que apunté en mi agenda este día como aquel en el que recuperaría, tres años después, el blog poético, y me he permitido el lujo de bautizar las dos entradas con el mismo título. ¡Vaya aniversario! Y no solo es el aniversario de eso, pero, en fin, de lo otro mejor no acordarse es. El caso es que, al menos este objetivo, lo he cumplido, poco importa que solo haya sido para poner una entrada que es como un tráiler, nada más. 
Lo he retomado no con poesía, cierto. Inspiración podría tener, pese a todo, pero me dije que volvería a ese espacio por una buena causa, por un buen proyecto. No necesito improvisar proyectos esta noche; aparte del prolongado embarazo de la tesis, llevo meses contando con uno, de carácter artístico, del que ya di algunas pistas hace un par de meses aquí.
Para quienes no tengan ni idea de qué blog hablo, adjunto enlace: 

http://ellibrodelosamoresimprobables.blogspot.com.es/

Quiero volver a llenarlo (aunque sea de forma esporádica), no solo de poesía, sino también de arte en general, del arte como potencia polivalente al estilo de cómo la concibo en el Proyecto Hitch. También desde un punto de vista paródico, en la línea de las teorías queer que estoy aplicando en mi investigación; muy sano, por otra parte. En librerías-café de Gijón esbocé posibles estrategias. Si llegan o no a algo, el tiempo dirá. En todo caso, en esta época en que las jornadas doctorales parecen una comedia de situación pasada por el matiz del corporativismo, cualquier soplo de aire fresco creativo que pueda aportar me resulta bienvenido. Además de las letras, sobre las que ya tengo bastante práctica y no solo en este blog, me gustaría añadir nuevas vías de experimentación, en lo plástico, visual y otros cauces. Por otro lado, lo visual también influye en lo literario, como por ejemplo en el diseño de personajes; ya lo he comprobado en una idea de novela que tengo bastante madura. 
Por supuesto que yo no soy pintor ni dibujante. Sin embargo, quiero terminar este 2015, como el año pasado, con la inspiración del maestro Martín, que tuvo a bien dedicarme otro libro. En este caso, la primera entrega de Brian the Brain, su personaje mejor conseguido y, posiblemente, el más querido. Un outsider como pueda serlo yo mismo, un personaje con claroscuros, que siempre son los más interesantes (volviendo a El despertar de la Fuerza). Feliz año, y que (en este caso) el gobernador de Libia nos acompañe. 

miércoles, diciembre 30, 2015

La evolución de las sagas.




La Fuerza finalmente ha estado conmigo (y también gracias un poco a la ayuda externa), así que, tras el apagón wifi que he tenido todo el día, puedo al fin escribir algunas líneas sobre el Episodio VII, sin desvelar detalles mayores sobre la trama. Rebelión tecnológica, ayer el móvil casi me boicotea la salida de primos al cine. Una última rebelión, quizá el cacharro haya intuido que lo voy a sustituir en breve. Hubiera necesitado la ayuda de un robot BB-8, pero nada ha impedido la llegada a esta última o penúltima entrada del año. El abandono de la VO mereció la pena (lo más probable es que repita la película cuando la consiga en inglés) y además estrené el último cine de León que me quedaba, uno de los dos que todavía permanecen en pie: el Odeón del centro comercial. Si hablamos de Abrasadores, solo faltó Espe, que fue a verla nada menos que a la primerísima sesión de medianoche el día de su estreno. En cambio, nos acompañó Alberto, mutilado cranealmente en ese selfie post-visionado, quizá por mi poca pericia o porque el móvil, además de para otras cosas, tampoco sirve para autorretratos. 
A lo loco, pero todo salió bien: la sala, los asientos, la cantidad de gente y, desde luego, la película en sí. Al igual que sucede con otras sagas de la infancia, y que ya ocurrió con la trilogía original cuando la revisité, no es posible conservar la misma percepción de aquellos años; pero lo cierto es que, no solo evolucionamos quienes vemos los filmes, sino también el propio espíritu de estos. El Episodio VII da lo que promete, es de una fidelidad manifiesta y enlaza a las películas anteriores a través de toda clase de homenajes, apelando a la nostalgia (de ahí el grueso de la recaudación), pero también se adapta al presente. Ante todo es una gran película de aventuras, de esas que cada vez cuesta más encontrar. Por detrás del ritmo trepidante, me ha parecido ver más feminismo, más masculinidad alternativa (no me refiero a Han Solo, claro), incluso más homoerotismo. 
Este último aspecto no me lo invento yo. De hecho, los dos protagonistas involucrados los tengo en casa como muñecos de acción, pertenecientes a mis sobrinos. Quién sabe, se podría recrear lo que la ficción no se atrevió. En todo caso, no resultaría raro. Si el capitán Jack Sparrow es gay, y lo dijo su intérprete, no veo por qué en otra saga del mismo estudio no puede aparecer un héroe que, de forma sutil, se salga de lo establecido. Lo que sí es claro, sin miramientos, es que cuenta con una protagonista femenina muy potente, no lo digo solo en lo físico. No se si pasa el test Bechdel, pero me trae sin cuidado. No creo en ese test, de Bechdel solo me interesa su obra, como esas tiras de Unas bollos de cuidado que leí en verano y que, contra todo pronóstico, se han hecho en parte realidad en mi piso de Oviedo. Y el malvado, en realidad es un malvado en formación. Su aspecto, bajo el casco, es un tanto andrógino, un poco a juego con el de Anakyn en el penúltimo filme. La ambigüedad no solo está en el aspecto, también se remarca la ambivalencia entre la luz y la oscuridad, sus sentimientos encontrados. Espero que se avance en esa línea. 

La película, al ser la primera de una nueva trilogía, desde luego que tiene la concepción un poco de prólogo. No deja casi respiro y, para ulteriores episodios, me imagino que recuperará uno de los aspectos más interesantes, el de la formación jedi, con sus referentes mitológicos y filosóficos. Que la desaparición de Yoda, muy sentida, no impida rescatar esos elementos, que van mucho más allá de la esencia de cualquier blockbuster efímero. Por ejemplo, de ese último Parque Jurásico y su abyecto guión. Salimos encantados del cine. Me gusta recuperar la pantalla grande para momentos tan especiales, pero sobre todo si es en buena compañía. Como amuleto, me había llevado a Jabba el Hutt. No sale en la peli y tampoco es que sea mi personaje favorito, pero es que no tenía otro en casa. A la vuelta, hice algunas Jabba Variations, como las que he colgado aquí. Habrá que esperar un par de años para solucionar todos los interrogantes planteados por este episodio. ¿Habré defendido la tesis por entonces? Con la primera trilogía fue más fácil, porque terminó en el año 83... 

viernes, diciembre 25, 2015

The Three Drunk Men.



¡Felices fiestas! Poco importa si las llamáis Navidad u os remontáis a los tiempos del solsticio de invierno, en todo caso os deseo lo mejor, y recomiendo moderación con el comercio (en ambos sentidos) y el bebercio. Yo mismo predico con el ejemplo, he comido menos hoy que en días de civil, y me siento sereno, salvo por el cansancio clásico de tanto ajetreo aquí. Cuando uno se pasa de copas, incluso por la mañana, empieza a delirar sobre aquelarres químicos y sobre si el hombre-hombre y la mujer-mujer es lo que más conviene. Eso decía el obispo de Córdoba, y todavía no habíamos llegado al día 28. Otro que también desbarró hace poco fue un, ejem, filósofo, Savater, regresando a un lema enterrado hace una década: el Queremos Papá y Mamá. Este hombre ha dicho que va a retirarse de la escritura, y no he visto que nadie lo lamente. En todo caso, no lo creo. Uno no se retira de la escritura como quien se retira de la minería, mucho menos cuando te pagan por redactar artículos tan bochornosos como aquel al que me he referido. ¿Esta gente qué fuma? Al menos, en el caso de Dragó, ya imagino lo que fuma, dado que le gustaría que todas las drogas fueran legales. Una opinión respetable, no así otras que tiene. En todo caso, yo ya solo le veo de bufón, únicamente me atraían sus intervenciones, tiempo ha, en Cuarto Milenio. 
Así, ahora que ha venido Papá Noel, mostrándose muy generoso conmigo y dejándome varios aparatos con los que me estoy peleando ahora mismo, solo cabe ver a estos tres sujetos como una versión alternativa de The Three Wise Men, los Reyes Magos. Un gran conocimiento tienen los dos últimos, pero de ahí a haber alcanzado la sabiduría... Mejor será que se limiten a tomar un petit digestif después de las copiosas comilonas; por ejemplo, un Hijoputa de hierbas, producto de Asturies. Convertido en paje de Papá Noel, si es que eso es posible pero así me vestí en la foto, os deseo que paséis un feliz 25 de diciembre, fun, fun, funny! 

sábado, diciembre 19, 2015

Vinos preventivos.



Ya estoy en León. Hoy toca cena, pero de carácter más íntimo, nada de amigo invisible ni bailar la conga. Platos ligeros y moderación en la bebida, no quiero que mañana me tengan que llevar los servicios de protección civil a votar, en silla de ruedas. Todavía tengo que decidir mi voto; al haber dos opciones, resulta más fácil. Vale, el del Senado a priori no cuenta demasiado pero tampoco hay que despreciarlo, pardiez. Para abusar de la bebida, mejor esperar a que salgan los resultados. De lo contrario, parecería una anticipación, unos vinos preventivos con los que ahogar las penas que surjan de las urnas. La segunda vez que voto esta semana. La primera fue una parodia de voto, para el veredicto del público al mejor póster de las jornadas. Ni siquiera vi el póster del tío que ganó, quien subió a recoger su galardón con el mismo entusiasmo que un muñeco de nieve. Yo voté, eso sí puedo confesarlo, por el único póster que me pareció ver de mi doctorado. Yo, el año que viene, no me voy a molestar en hacer uno. Allá se queden con su filosofía de ¿Quién se ha llevado mi queso? 
Felices votaciones. Y mayor felicidad la mía, porque esta vez el colegio electoral no lo tengo debajo de casa, y ningún capullo vendrá a despertarme cuando esté reposando de la inauguración oficial de las Navidades. 

viernes, diciembre 18, 2015

Eleveitor Peach. Episodio II.


Ya he terminado con la formación transversal, así que, a partir de ahora, todo lo que haga en el doctorado será de mi gusto. ¡Amén! No quiere esto decir que no hallara puntos de interés en estas jornadas; lo que resulta innegable, como comentaba ayer, es que el plumero podría verse desde esta habitación de Oviedo, pese a que se celebrasen en Mieres. El mercantilismo fue criticado por varias irritantes vocecillas en el turno de preguntas (y protestas) final, pero es inútil. Será el espíritu que se mantenga para el curso que viene, cuando yo ya no asista. El jurado de las presentaciones estaba formado por hombres que no pertenecían a la universidad, eran expertos en coaching, branding, y toda esa neolengua que he estado aprendiendo estos dos días. No deja de ser curioso que, pese a toda esta terminología inglesa, el moderador se refiriera a los Lonely Tunes. O algo así. Estoy orgulloso de la presentación que hizo mi grupo, con perfecto timing en tres minutos y buena expresividad. Yo no presenté pero hice varias aportaciones, entre ellas el título: Ferrocenos contra el cáncer. En todo caso, no salimos ganadores, ni tampoco en las menciones especiales. Teniendo en cuenta que los premios eran una brújula y una navaja suiza, lo segundo ya lo tengo y lo primero por ahora no me hace falta, pues tampoco pasa nada, vaya. 
En la mesa redonda-rectangular, con el rector presente (y totalmente estoico hacia las críticas), al fin apareció una representante de las Humanidades, la antigua decana de mi facultad. Dijo que había hecho obligatoria una asignatura de Prácticas en Empresas para Filología. Me parece bien, yo la hubiera cursado. Lo que no me parece tan bien es que, de 36 presentaciones, ni una sola versara sobre literatura. Ni siquiera desde un enfoque más práctico que el mío. Así pues, una vez completados los sesenta créditos, no le veo ningún sentido a regresar allí, mucho menos por un póster que en ningún caso resultaría premiado, del mismo modo que no me premiaron mi novela en el concurso de la universidad. Sea como fuere, yo tengo otros incentivos para tirar adelante con la tesis, tal y como recomendó la antigua decana. Para la posteridad dejo la bandeja de canapés con que nos obsequiaron, todo un póster en sí mismo. En las fiestas, me pondré con la verdadera razón de mi estancia aquí, comenzando un artículo que no curará el cáncer de útero ni ayudará al bienestar de nuestros mayores, pero habla de lo que somos, de lo que aparentamos y de lo que nos gustaría ocultar. De la vida, y la vida no se puede expresar a través de un eleveitor peach


jueves, diciembre 17, 2015

Eleveitor peach.

I just entered in some kind of delirium... En verdad que estas jornadas doctorales han sido lo que imaginaba, y más que eso. Un evento dirigido, sin complejos, hacia un tipo de proyectos de investigación más rentables desde el punto de vista pecuniario. Lo cual no es que me parezca mal, aunque tal deberían eximir de la obligatoriedad de asistencia a aquellos cuyas tesis son, ejem, invendibles, al menos invendibles como quien pudiera vender una aspiradora. Me ha engullido un torbellino de consultoras y coaches, con un pandemonio de términos nuevos como pecha kucha, fresh eyes (ya me gustaría tenerlos ahora) o el famoso elevator pitch. Yo prefiero decirlo a lo Chiquito de la Calzada, tal y como puse en el título. 
En mi propio eleveitor, defendí mi tesis con el alivio que supone saber que no va a ser seleccionada. Si mis compis se hubieran tomado el encargo de forma paródica, como un intento de boicotear la seriedad empresarial del acto, la hubieran escogido para que mañana toda la peña se quedara a cuadros con el invento. Me temo que solo yo tengo un sentido del humor tan retorcido. Bueno, al menos nos dieron bufé gratis. Subiré foto cuando mi bragamóvil, ya cercano a su destierro en el planeta Dagobah, se digne a enviarme las instantáneas. Esta ha sido mi primera impresión, ahora me toca descansar, para el remate de las jornadas, y quizá más adelante pueda alargar un poco el relato de estas Jornadas Emprendedoras (ese debería haber sido su verdadero nombre). A darle duro y fuerte, como dijo nuestro monitor esta mañana (ya, una frase que podría ser desafortunadamente malinterpretada). 

martes, diciembre 15, 2015

Joyeux Noël!



Podría decirse que es demasiado pronto para felicitar la Navidad, pero no lo creo. A fin de cuentas, he visto decoración navideña, como mínimo, desde finales de noviembre. Y si encabezo esta entrada en francés es porque hoy hemos tenido la última clase de este idioma en el presente año. Y hemos cantado un villancico, sí, en francés y versionando la popular música de Las muñecas de Famosa se dirigen al portal... No es coña. El profesor incluso nos grabó y lo subirá al blog del grupo, igual hasta pongo un enlace desde aquí cuando suceda. 
También había una versión de Noche de Paz. ¡No la de ayer, desde luego! No vi todo el debate electoral, pero lo más gracioso han sido las reacciones, acusando de barriobajerismo. Es que el término me retrotrae a las filípicas del hermano Tomás. ¡Él sí que sería un gran orador! Un tanto apocalíptico, cierto. ¡Ay de esos barriobajeros, que te los encuentras en el barrio Húmedo y deberían poner un cartel que dijera ¡Cuidado! ¡Paso de ganado! Se echan de menos esos momentos, aunque la ira también pudiese recaer sobre uno. 
¡Un poco de paz y amor, pardiez! Necesitarían un invento como el caldarium o caldearium para relajarse. Esta era la sala de agua caliente en las termas romanas, cuyo museo estuve viendo el domingo en Gijón. De hecho, el trasunto de mi ciudad lo bauticé como Caldearium en un guiño, y motivo paródico, de su pasado romano. Caldearium fue la primera novela que terminé en este año. La segunda, Los Que Sobran, no fue premiada en el concurso literario de la universidad. Da igual. Pocas veces he visto una forma más clara de tirar el dinero, pero ya que tenía la opción... Una excusa más para escribir. No me siento mal por ello, desde luego, ¡la paz también llega a eso!
El domingo, gran jornada en Gijón, aparte del museo: playa con sol, visita a la la librería-café La Revoltosa, donde estuve pergeñando un proyecto artístico del que en breve daré noticias en el otro blog, el abandonado (pronto ya no tanto). Al volver de Gijón, sorprendente hallazgo en casa, no hablaré de ello porque este espacio es demasiado, ejem, público para el tema, pero se trata de un recurso que aprovecharé tanto para mi escritura científica como para la creativa. Confiemos en que este espíritu navideño llegue hasta las jornadas doctorales, para las que ya he mirado horarios de autobús. Cáspita, te dan veinte créditos solo por madrugar, algo que en la carrera hacía a diario. Sí, solo por madrugar, porque lo que es la asistencia, vaya, tampoco creo que requiera demasiado esfuerzo. Igual hasta me gustan y todo, seamos positivos y sonriamos como en la foto de arriba, un selfie, horrible palabro, que me saqué en el Elogio del Horizonte, rodeado de esa seráfica aureola. Como un ángel, anunciando buenas nuevas para el nuevo año. Así sea. Bonne année! (dentro de quince días). 

sábado, diciembre 12, 2015

El ataque de los clones.

Este es el último fin de semana (íntegro) que paso en Oviedo. Tengo pensado viajar el sábado, y así haré salvo circunstancias excepcionales que me privarían de la primera ceña navideña, amén de la oportunidad de votar. Juzgando el desolado panorama de este, se podría llegar a una conclusión errónea sobre lo que ha sido el año aquí. No, ya lo advertí hace poco en este mismo espacio: se debe juzgar en conjunto. Lo que pasa es que las tornas han cambiado. Si en verano yo me afanaba en escribir página tras página de la tesina, obviando la playa o cualquier idea de indolencia estival, ahora no es que esté desocupado, pero, de momento, no hay compromisos urgentes en el horizonte. A partir de la tutoría del próximo lunes, imagino que la cosa cambiará. No obstante, fines de diciembre supone la conclusión del primer cuatrimestre en los grados, además de la fecha de vencimiento de trabajos de máster, etc. Si a esto se suma el curro o las cenas de curro, entre otros elementos, se entenderá por qué la mayoría de la gente anda desaparecida ahora mismo. 
Yo preferiría, con mucho, estar dos días encerrado aquí escribiendo un ensayo antes que asistir a las jornadas doctorales de Mieres, a las nueve de la mañana jueves y viernes. ¡Qué le vamos a hacer! Inventos que se sacan de la chistera, supongo que para desanimar a quienes pretenden comenzar un doctorado. El viernes se estrena El Despertar de la Fuerza, y eso necesitaré yo, no solo fuerza para despertar sino también para no ponerme enfermo el mismo día del evento, como sucedió el año pasado. 
Aún no he comenzado mi comunicación para un futuro congreso, lo haré en las vacaciones, que para mí no son tal. Por ello, he tenido tiempo para leer El Incal, de Moebius y Jodorowsky, una recomendación de Paco. Me está gustando mucho, si hicieran una buena adaptación al cine estaría al nivel de Star Wars (si bien aquella tiene sexo). Hoy no me he acordado del Episodio VII, sino más bien del II, juzgando una serie de fotografías de personas que, en estos dos últimos años, han ido apareciendo por mi vida de forma sucesiva. Un gran parecido, casi clónico, me ha asombrado. Se diría, siguiendo en la ciencia ficción, que apariciones del pasado vuelven en el presente con mínimas variantes, como una proyección, tal vez una proyección deseada, al estilo casi del Vértigo de Hitchcock. Si pudiera juntar in prasentia a estos clones, circunstancia poco probable, podría comprobar de primera mano si el asunto es mera casualidad o algo que igual podríamos mandar a Cuarto Milenio. Quién sabe. De momento, me pasaré al realismo prosaico, el de fregar baño y cocina. 

lunes, diciembre 07, 2015

Sota de bastos.

Soy un neófito en el mundo del tarot. Desde luego que permanezco escéptico, pero receptivo, a las posibles interpretaciones de mi primer mazo de cartas. Casualidades o no, cada vez creo menos en las casualidades, a veces los arcanos aciertan. Y más de una vez. La semana pasada, salió la sota de bastos. Sí, esa figura tan andrógina (siempre me gustó la androginia), blandiendo algo que, más que el clásico palitroque de la baraja española, era como una mezcla entre antorcha y falo. Curioso. Representaba el progreso cauteloso. ¡Vaya! Mi motto para esa semana que acaba de terminar. Un progreso leve, pero progreso al fin y al cabo, acerca de las novedades estimulantes que han surgido en los últimos días. El paje, pajesa o lo que fuere también avisaba acerca de creerse cierta información, antes de ser confirmada. En efecto, una información repetida tres o cuatro veces, pero que al final se quedó en fuegos de artificio. Por lo que respecta al progreso, no ha sido tan inane como para que apenas se haya percibido, ni tan osado como a mí me hubiera gustado en ciertos momentos. Claro que las circunstancias no siempre han acompañado. Dicen que cada cual es artífice de su propia fortuna, lo que supone una verdad a medias. Hay que contar, nos guste o no, con todo lo que nos rodea. El día de hoy es un ejemplo claro de cómo el contexto se planta como obstáculo, muchas veces absurdo. En todo caso, ¿por qué las cosas que importan tendrían que ser fáciles? Los grandes (o pequeños) conflictos son los que nutren la creación. Y esta semana, por cierto, me ha salido la reina de bastos, elevando el nivel. Ella representa la inspiración, la creatividad, y de eso sí que voy sobrado, no temo decirlo. Que la realidad me siga inspirando, pues, ese infinito recurso para todas las personas que gustamos de escribir. 

viernes, diciembre 04, 2015

Cornucopia.

La resaca del Thanksgiving ha sido, eminentemente, alimenticia. Yo no asistí a esa cena (me refiero a la de carácter americano, no a la japonesa) y, no obstante, me imaginaba que podría aprovecharme de algunas leftovers, probar alguna rebanada de pavo. ¿Alguna? Si no fuera porque el juego de palabras es tan obvio que podría formar parte del guión de la próxima entrega de Torrente, diría que estoy de pavo hasta la... Eso. En mi familia no gustamos de tirar comida. No es pobreza, es una cuestión de ética. En Europa resulta obscena la cantidad de comida que se desperdicia y a ello contribuye, en muchas ocasiones, una planificación de la compra no pocas veces desacertada. He estado leyendo el estremecedor libro Siniestro total, de Pedro Simón, en el que relata las consecuencias de la crisis económica en el período 2012-2015, sano recordatorio para las próximas elecciones. En sus páginas, las víctimas de este desastre se hacen protagonistas, y el hambre una cuestión recurrente. Así pues, ¿cómo se me podría quedar la cara si, mientras lo leía, mandaba al cubo todo lo que atiborraba nuestra nevera? 
Desde luego que mi compañera de piso me ha dado vía libre a disponer de los restos de la fiesta. No es que me sintiera como asistiendo a un banco de alimentos, al fin y al cabo una buena colaboración entre compañeros de piso implica ayuda mutua. Además, eso me ha permitido que ayer, cuando ella se había marchado ya de puente a Sevilla, pudiese convidar a dos chicos del grupo de japoneses para improvisar una cena con tabla de quesos, pavo y té japonés (este último sí lo compré). No era Matcha, ese que ahora es tan famoso que lo vendían al escalofriante precio de 22 euros. Será por catetismo, ya que es un té que toman muchas famosas; en todo caso, si el catetismo expande el consumo del té, bienvenido sea. 
El único incidente fue que Yurei, cortando el pavo, se cortó a sí misma. Pese a la sangre que manchaba suelo y muslo (de pavo), no fue grave. Kai tiene pensado venir un día del puente a León, y estaré más que encantado de recibir su visita. Hasta entonces, seguiré arrebañando sobras, pensando en cómo, si la imagen de una nevera vacía puede resultar pesadillesca, esta semana, por contra, llegué a romperme el coco imaginando cómo podría aligerar la saturación de esa abundante cornucopia. 

lunes, noviembre 30, 2015

De moda.

Mi novela Batallón de castrados, que finalicé este año, es una farsa en la que el punto de partida es la fiesta de cierre del último bar de ambiente de una ciudad inspirada en la mía propia y llamada Caldearium. Lo que no es una farsa, sino triste, es que este agonizante año se haya llevado por delante no uno, sino dos espacios de este tipo en la verdadera ciudad. De hecho... ¿Queda alguno? Si es así, espero que alguien me lo confirme, porque yo no tengo la menor idea. Ayer, funesta confirmación, vi el cartel de Se alquila en la discoteca en la que tan gratos e inolvidables momentos pasé en 2014. Reconozco, mea culpa, que, desde hace meses, yo no pasaba demasiado por allí, pero eso se debe a factores externos, como la marcha o desaparición de las personas con las que solía ir, por no hablar de mi propio traslado a Oviedo. De todas maneras, era un sitio necesario en León, y me resulta incomprensible su cierre, debido, supongo, a las clásicas complicaciones financieras que llevan a colgar el cartelito de marras en tantos comercios, locales de hostelería y demás recintos leoneses. Puede que León esté de moda, como señala una campaña reciente y el propio alcalde, pero las modas suelen ser pasajeras, y eso no es bueno. Aparte de los tropecientos gastrobares que están abriendo últimamente, León merece un surtido más variado, más diverso. No se logrará si cierran bares que trascendían, con mucho, la hipotética condición de gueto. ¿Abrirá alguno nuevo el año que viene? Dejémoslo como un deseo de buena voluntad para el 2016. Me encanta mi ciudad y me encanta enseñar mi ciudad, el próximo puente espero hacer, grosso modo, de guía en buena compañía, pero, más allá de las lógicas barreras de una ciudad pequeña, me gustaría que su atractivo turístico se haga más inclusivo para cualquier persona que desee disfrutarla. Es por ello que di a mi novela un final feliz (en el caso de que se publique no estropeo nada, pues es el final apropiado para una comedia).