Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...
jueves, diciembre 30, 2010
Dos mil uans.
Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...
viernes, diciembre 24, 2010
¡Felices Fiestas!
lunes, noviembre 29, 2010
Amigo Leslie.

La última vez que vi a Leslie Nielsen fue, valga la redundancia, en su último trabajo, no demasiado bueno pero que al menos nos permitió verle en un insólito dúo con Chiquito de la Calzada. Sí, se trata de Spanish Movie, una película que me dejó dos dudas:
miércoles, noviembre 24, 2010
Sasha Gris.

Mañana solo tengo una hora de clase y supongo que debiera alegrarme, de lo contrario no estaría escribiendo estas líneas que serán breves. Breve también (apenas hora y cuarto) es la película de la que voy a hablar, sin embargo el título es largo y ni siquiera se molestaron en traducirlo: The girlfriend experience. Ideal para quien quiera pajas mentales. Quien quiera pajas físicas, que busque a la protagonista en otras películas, como hice yo después, comprobando que, por mala que sea una película, al menos es bueno que te reafirme en tu orientación (que no opción) sexual. Ejem, sois libres de pensar mal... Aunque quizá no acertéis, je, je.
domingo, noviembre 21, 2010
Cien.
viernes, noviembre 05, 2010
Enredados.

Entre las desventajas de las redes sociales, al menos para mi persona, está la de que me distrae de tareas más productivas como escribir en este blog, en otros proyectos o no digamos ya respecto a las tareas de la universidad. Pese a todo, en época de exámenes no faltan los comentarios de gente atacada, que combate el tedio del estudio colgando impresiones sobre el desastre que profetizan.
sábado, octubre 30, 2010
CUIDADO CON LAS PROHIBICIONES.
No seré yo quien defienda a Sánchez Dragó en la peripecia erótico-oriental que ha confesado en su último libro, pero quiero anotar ciertas reacciones que me preocupan. Lo cierto es que en literatura estamos estudiando ahora las diferencias entre el personaje real y el personaje literario. Yo me imagino que, por razones de publicidad o porque sencillamente él es así, Dragó ha exagerado su personaje literario. En vez de trece años, no me extrañaría que las colegialas japonesas con las que dice haberse acostado hubieran tenido dieciséis, o más. Hay ciertos uniformes que poseen la virtud de restar años a quien los lleva… A mí lo que me parece de mal gusto son ciertas expresiones machistas que se podía haber ahorrado, y merced a las cuales el formato del libro pasa del diálogo humanista al diálogo de madrugada en Casa Benito, por lo menos. Lo que no entiendo es por qué él habla de delito, si no considera que el hecho haya constituido delito en sí. ¿Es delito el mal gusto? Quizá hace cuarenta años Sánchez Dragó fuera un galán, en todo caso el mal gusto no es delito sino un valor relativo. La acusación que se le ha hecho huele a kilómetros a acusación política. No os quepa la menor duda, existen precedentes. Ya pasó con el libro Todas putas; en ese caso, el autor logró ser flor de un día pero no ha vuelto a brillar, este año estrenaba una película que con suerte habrá durado una semana en cartelera. ¿No se dan cuenta los políticos de la gran labor, gratuita, que hacen por los escritores anónimos o ya reconocidos? Si alguna vez lo que escribo adquiere cierta relevancia, estoy seguro de que tropezaré con esta misma piedra. Y lo más chistoso es que muchos izquierdistas, supuestos herederos del amor libre de Mayo del 68, se han vestido de inquisidores.
Lo que más me preocupa, en todo caso, es que algunas librerías han retirado este libro. Retirado, es decir, prohibido. ¿Cómor? ¿Estos libreros son oportunistas o tan solo ignorantes, no tienen la menor idea acerca de la historia de la literatura? ¿Van a retirar todos los libros con contenido pederasta? ¿Quitarán Lolita o La muerte en Venecia? ¿Se cargarán buena parte de la obra grecolatina? ¿O los Diarios de Joe Orton, en los que se queja con amargura de que en Inglaterra estuviera prohibido acostarse con adolescentes tal y como hacía en Marruecos? Llegando al colmo, ¿arrojarán a la hoguera Las ciento veinte jornadas de Sodoma, esa repugnante obra del Marqués de Sade en la que niños y niñas no solo son violados, sino torturados y asesinados? En comparación con otros libros, lo de Dragó parece una risible cana al aire. Además, yo supongo que los libreros no tienen tiempo para leer todas las novedades, y si no fuera por este inflado escándalo allí seguiría el libro, con mayor o menor éxito.
No se por qué se considera a Dragó un escritor de derechas. Durante mi estancia en el Corte Inglés yo pude ver espeluznantes obras, reaccionarias hasta el dolor, había libros en los que se anunciaba cómo curar la homosexualidad (sin base científica, claro) pero, no obstante, yo no hubiera prohibido esos libros. Supongo que la libertad de expresión todavía significa algo, aunque merced a ella se me insulte o incluso se diga que no existo. En Madrid éramos seguidores asiduos del programa de Dragó, era el espíritu libre de Telemadrid. Invitaba tanto a gente de izquierdas como de derechas, desde Ortega Lara hasta una bestia negra del catolicismo, Leo Bassi. No comparto, desde luego, muchas de las ideas del escritor, pero al menos es una persona políticamente incorrecta dentro de una sociedad que avanza hacia un cretinismo creciente. Y, eso es innegable, tiene una erudición que ya quisieran muchos libreros y políticos, y aún puedo disfrutar de ella gracias a sus intervenciones en programas de la competencia, como Cuarto Milenio.
Así que, señores, preocúpense de lo que le preocupa al pueblo, que no es este episodio lolítico-erótico, sino otros problemas tan obvios que no tengo ni que citarlos. A fin de cuentas, muchas de estas críticas hacia la conducta sexual de alguien participan de dos de los vicios capitales de esta sociedad: la hipocresía y la envidia. ¿Cómo podemos saber si alguno de estos criticadores no se habrán excitado al ver dibujos de colegialas japonesas, con esa expresión infantil y esa carencia de vello púbico? El que esté libre de culpa…
jueves, octubre 28, 2010
Ventajas y desventajas de la masificación.
jueves, octubre 21, 2010
LOS CERDOS. Entrega 29.
IX
Penélope se encontraba en su estudio, trabajando en un cuadro, cuando llamaron al timbre. El encontrarse a Jonás en la puerta fue una sorpresa inesperada a la par que alegre para ella, pero él no parecía contagiado de ese sentimiento, y le dio dos besos de forma apresurada, mostrando una actitud ansiosa. Penélope no quiso, en principio, aludir a su comportamiento y le invitó a pasar a su espacio de creación.
- ¡Vaya, Jonás! Existen las coincidencias casuales, pero esta parece que se sale de la categoría. ¿Te imaginarás a qué cuadro le estaba dando unos retoques finales?
No era necesaria mucha intuición para adivinarlo, pero el pensamiento de Jonás no podía ir más allá de los límites del objetivo que le había llevado hasta su casa.
- ¿A cuál?- murmuró, distraído.
Penélope, que le disculpaba por la turbación que ya había notado en él, le llevó de la mano hasta colocarle detrás del atril con el mencionado cuadro.
- No soy de enseñar mi obra hasta que no está acabada a mi gusto, pero bueno, dado que esta anda casi a punto y que tú eres uno de los modelos, pues… Aquí la tienes. ¡Tachán!
Jonás se enfrentó a la pintura para la que había posado, un lienzo bucólico, centrado en la figura de dos pastorcillos idealizados en los que apenas podía reconocer a su amigo y a él mismo. Sin embargo, la temática, el hecho de verse reflejado allí junto a él, la rememoración de aquella noche que habían pasado los tres juntos, todos esos factores avivaron con más fuerza el pensamiento que quería transmitir a Penélope y al final accionaron en conjunto el mecanismo de una bomba de relojería con la que Jonás por poco se vino abajo. Comenzó a sollozar, pero pronto se cubrió el rostro, avergonzado.
- Perdóname…- susurró, con un hilillo de voz, la faz escondida entre las manos- Debo de parecer ridículo.
Lejos de consolarle, Penélope reaccionó enfurecida, cogiendo sus manos para separarlas del rostro congestionado, mientras enfrentaba su mirada con la de Jonás, a través del velo de sus lágrimas.
- ¿Ridículo, dices?- le increpó- Ridículas son todas las ocasiones en las que has querido llorar y te has avergonzado por ello. ¿Qué eres, un ser reprimido? Por favor, Jonás, conmigo no te guardes tus sentimientos, no los castres. Bastante sufrimiento he visto, y he padecido, por eso.
- Tienes una curiosa manera de consolar a la gente- murmuró Jonás, secándose la cara con el brazo.
Penélope le abrazó y, en esa postura, Jonás acercó los labios hacia su oreja para comunicarle al fin lo que pretendía.
- Al se ha ido. Parecerá chistoso, pero comprenderás por qué ahora no puedo verle ni en pintura. El recuerdo duele bastante.
Jonás supuso que el mejor modo de sacar de la duda a Penélope sería entregarle la nota que el propio Al le había enviado. Era la hoja de una de sus libretas, que Jonás extrajo arrugada del bolsillo trasero de su pantalón.
JONÁS.
Te dije que no me gustaban las despedidas. Y no me gustan, maldita sea. Por eso voy a ser breve, y no pecaré de lirismo. No, eso quizá lo encuentre donde estaré cuando recibas esta nota. Espero que no intentes buscarme, pero si lo haces no te daré pistas, las tienes todas dentro de ti. Recuerdos a Penélope. Os tengo a los dos aquí, aunque te cueste creerlo.
Un beso/ Un abrazo/ Lo que gustes, de tu amigo
AL.
Penélope permaneció con la nota entre las manos, debatiéndose entre intentar buscar un significado o dejarse llevar por la emoción.
- Quizá ahora seas tú la que te estés reprimiendo- sugirió Jonás.
- Temo que si me pongo a llorar no termine en horas- replicó, con sarcasmo- Y no es ahora eso lo que nos puede ayudar, ¿no crees? Jonás, necesito más respuestas que esto, y tú me las puedes dar.
- Ha sido por mi culpa.
- Eso no es una respuesta.
- ¡Sí! Al y yo tuvimos unas palabras, no me atrevo a llamarlo discusión, había alcohol de por medio, él volvió con el rollo de ser pastor… Insistió, pero, ¿cómo podía tomarlo en serio?
- Quizá si lo hubieras tomado en serio no se habría ido- aventuró Penélope- Jonás, si ese es el estilo de vida que quiere, creo que deberíamos respetarlo. Puede parecer raro, pero nada hace pensar que él se esté dañando a sí mismo. Igual es lo que necesita ahora, un poco de soledad, poner sus ideas en orden. No es una situación irreversible.
- ¡Muy bien! Si quiere vivir solo, que lo haga. Pero, ¿por qué no puedo verle? Yo puedo admitir su decisión, pero no la manera en la que nos hemos separado. Si hubiera sabido que era la última vez que le veía, al menos en un tiempo, creo que me hubiera despedido de otra manera. ¿No lo hubieras hecho tú? ¿No lo hubiera hecho cualquiera? ¿Cómo podía saber que iba a llevar a cabo su propósito tan pronto? Al menos que le pueda ver una vez más y pueda disculparme por mi error.
- ¿Tu error?- repitió Penélope- Me imagino a qué te refieres, pero no creo que sea un error, y eso él lo sabe. Dices error como si fuera algo voluntario, pero quizá esté dentro de tu naturaleza, quizá no puedas dominarlo.
- Ahora lo he visto con más claridad, al mirar tu cuadro. He revivido todos los momentos de esa noche, todas mis sensaciones y quiero abrirme a él aunque luego ya no vuelva a verle en toda la vida. Claro que no se si lo lograré…
- Tendrás mi ayuda- le aseguró ella- Pero, antes de nada, ¿tú tienes alguna idea de dónde puede estar él ahora mismo? Porque en el papel hay una sugerencia sobre que puedas saberlo.
Jonás asintió.
- Si hablamos de la naturaleza, solo hay un sitio que conozca como, por así decirlo, mítico para Al. Es una zona de montaña, no lejos de nuestra ciudad. De pequeños solíamos ir allí de excursión con mis padres, y nos pasábamos el rato trotando como cabras por ahí… Sí, eran tiempos felices, es posible que de establecerse en alguna parte lo haya hecho allí. A medida que crecíamos ya fue perdiendo el encanto para nosotros. La última vez estuvimos de acampada hace unos años pero, en fin…
- Imagino que el sitio no habría cambiado, pero vosotros sí. Muy bien, Jonás. Voy contigo.
- ¿Qué?
- Ya me has oído. Vamos, cari, no juegues más conmigo. Vas a ir a ese lugar, y yo te acompaño. Sí, esto es un asunto de viejos amigos, y yo acabo de llegar, pero no intentes marginarme. Yo también formo parte del triángulo que en cierto modo hemos construido. Y se que soy parte de la causa por la que os habéis distanciado.
- No, no, eso no es cierto…
- ¡Vamos! Es una historia vieja como el mundo. He sido la mala, la clásica arpía que se interpone en la amistad de dos antiguos colegas, por lo general heterosexuales solo que él no lo es y tú lo serás hasta cierto punto. ¿Me quieres hacer creer que habéis discutido y que yo no he formado parte de esa discusión?
- ¡Sí!- reconoció Jonás- Sí que formaste. Pero ahora eso ya no importa. Vale, ven conmigo. Le encontraremos y aclararemos esto. Entre los tres.
- ¿Por qué no empezar ahora?- inquirió Penélope, acercándose más hacia él.
- ¿A qué te refieres?
- Si vas a expresarle tus sentimientos, podrías empezar por mí.
Jonás se dejó envolver por la cercanía de Penélope, de la que sentía irradiar una acogedora calidez.
- Tengo que estarle agradecido- reconoció él- Creo que me ha abierto los ojos sobre ti.
Dio la impresión de que Jonás iba a seguir hablando, pero antes de que pudiera articular una nueva palabra los labios de Penélope cubrieron los suyos. Jonás recordaba bien la escena que había tenido lugar a continuación. Había aparecido en su mente como un doloroso flash-back cuando se duchó por primera vez en su nuevo piso. Los dos bajo el agua. Él cubriendo de besos su lisa retaguardia, empujándola hacia la pared en medio de un alocado frenesí de lujuria. Sus pensamientos estaban desordenados, como fascículos, había habido un salto temporal desde el primer ósculo que se dieron hasta toda la cabalgata de ellos resbalando bajo la lluvia. Se habían derribado en el suelo del estudio, hasta casi derribar a su vez las obras artísticas en formación de Penélope. Habían vuelto a brindar con Lambrusco, salpicando así unas ropas que pronto quedarían dispersas por la sala, como trapos sucios. Rebozándose en alcohol y en pintura, habían llegado luego hasta el cuarto de baño, separando tan solo sus labios para dar salida a las carcajadas que les provocaba aquella escena un tanto grotesca. De la ducha fueron deslizándose hacia la cama, apenas secados, no querían retardar más un coito que habían estado postergando a lo largo de todos aquellos escenarios que se superponían en la mente de Jonás como piezas de un puzzle a medio resolver.
sábado, octubre 16, 2010
LOS CERDOS. Entrega 28.
Finalmente, Jonás llegó a su calle, jadeando pero al menos con la seguridad de que los últimos humanos que se habían cruzado en su camino eran eso, humanos, al menos desde su apariencia externa. Incluso él mismo quiso ver su rostro reflejado en un retrovisor para comprobar que, aunque desgastado por los efectos de la noche, seguía siendo el habitual. Pensaba que la espiral de locura en la que se había metido llegaría a su fin al alcanzar el territorio conocido de su calle, pero caminando por esta hacia su mitad escuchó gritos de riña provenientes del parque. Eso le parecía ya algo habitual, lo que le hizo detenerse fue que el tono de estos le resultaba familiar, en especial el de uno de ellos.
En esos momentos, lo último que quería era mediar en un conflicto, ni siquiera presenciarlo, pero pronto reconoció a los contendientes y, pese a que su cerebro no diese para mucho más en la jornada, no estaba tan borracho para no suponer que el motivo de la trifulca, de forma parcial o total, era él, y asimismo supuso quién podría haber prendido la llama de la discordia. Jonás se acercó poco a poco, no era necesario el sigilo ante ese estruendo, hasta ver a Ari y su novio discutiendo entre los columpios infantiles. Como hablaban ambos a la vez y con un acento más cerrado que el habitual, Jonás casi no lograba entender lo que decían, pero pronto se llegó a la manos, por parte del novio, que envió empujones y algún bofetón hacia Ari; suaves, pero no tanto viniendo de quien venían. Imaginó que su entrada lograría imponer el silencio y la paz, como así sucedió. Un instante de silencio profundo en el que notó cómo Ari aguantaba por un momento la respiración, enviándole la misma mirada que se destinaría a un enfermo en fase terminal. Su novio, en cambio, parecía querer adoptar el papel de dicha enfermedad y llevarle a la tumba en segundos. Jonás se arrepintió de su interrupción, un poco tarde ya.
- Vale- murmuró Jonás, con poca convicción, colocándose entre ambos- No hace falta recurrir a la violencia. Eh… Este, novio de Ari, como te llames… Mira, no quiero meterme en vuestros problemas de pareja e igual me estoy equivocando… El caso es que aprecio mucho a Ari, la considero una gran amiga pese a que nos conocemos de hace poco, y no hay nada más que eso… Si acaso alguien te ha podido comentar algo diferente…
Jonás apenas podía hablar pero, cuando salían de su boca, tenía a sus palabras por juiciosas, al menos para la hora y el momento. De todos modos, tuvo la impresión de que el novio no había escuchado ni una sola desde el principio. Ari se acercó por detrás para confirmarle en esa idea.
- Jonás- susurró- te agradezco que hagas esto por mí, pero, créeme, será mejor que eches a correr ahora mismo.
Él estaba de acuerdo, y se dispuso a reanudar su eterna carrera nocturna, pero los puños del hombretón fueron más rápidos. Jonás, poco tentado de volver a dialogar con quien hace oídos sordos, cayó al suelo de un puñetazo. Viendo que, como fardo, tenía poco aguante, el novio probó luego su resistencia como balón de fútbol con una serie de patadas mientras Jonás se encogía y trataba de cubrir sus zonas vitales. En esa postura a duras penas podía ver la cara de su agresor; no obstante, desde el suelo Jonás percibió su rostro como el de un cerdo salvaje y rabioso, mejor se diría un jabalí sacando los colmillos y casi arrojando espuma por entre los mismos. Jonás ya no se sorprendió de ese cambio, no era eso lo que le provocaba pánico sino la violencia que estaba sufriendo. ¿De ese modo tan poco glorioso acabaría la existencia del que parecía llamado a ser un científico insigne?
- ¡Huye, Jonás, huye!- gritó Ari, mientras frenaba el pie de su novio- ¡No te preocupes por mí, que esto ya me lo he toreado yo una de veces…!
Fuera cierto o no, Jonás solo podía preocuparse entonces por su propia integridad y, sin conseguir enderezarse del todo, escapó encorvado y con hilos de sangre fluyendo de nariz y boca.
- ¡Déjame!- aulló el hombre, siendo retenido por Ari con una fiereza que hubiera sorprendido a Jonás de presenciarla- ¡Una más y lo mato!
- ¡Anda, anda!- exclamó Ari, como si calmara a un bebé gigantesco y peligroso- ¿Para qué quieres matar tú a ese? ¿No te ha quedado claro que prefiero estar contigo? ¡Venga, vamos a tomar una última, a ver si te calmas!
Si Ari había conseguido pasar más de dos noches con ese hombre, sin exponerse a riesgos, era porque sabía muy bien cómo amansar su fiera interior, lo que había sido una tabla de salvación para Jonás. Un tiempo más tarde aparecieron en la entrada de la terraza del piso de Ari, y el cambio en sus semblantes se notaba a primera vista. Esa última copa a la que se había referido ella parecía haber suavizado el humor de su novio de forma considerable. Este cantaba, reía y, tras la violencia, el alcohol le había marcado para entonces con el signo de la lujuria, algo que se notaba por la manera de agarrar a Ari, ya lejos todo resentimiento. Ella se había especializado en revertir situaciones peligrosas, a sabiendas de que la fogosidad era un sentimiento a extinguir mejor dentro de la cama.
Mientras ella, sin abandonar las carantoñas, desviaba un tanto la vista para buscar las llaves, su novio sintió de repente un frío contacto metálico en la nuca. En un primer instante no supo cómo reaccionar pero, cuando Ari enderezó la mirada, notó el terror reflejado en su rostro. Ella, pese a la iluminación difusa y su propia visión borrosa, estaba contemplando a Jonás, quien, en un completo sigilo, se había deslizado detrás de ellos para encañonar con la escopeta al hombre. Su temor era sincero en cuanto jamás había observado en su vecino unos rasgos tan desencajados, tan plenos de un sentimiento carente de compasión; además, no se había cambiado la ropa manchada por su propia sangre.
- ¡Jonás!- suspiró Ari, en un tono suplicante.
- ¿Qué pasa?- gruñó su novio, haciendo un amago de darse la vuelta frente a lo cual Jonás clavó con más ímpetu la punta del arma en su cráneo.
- Ni te muevas- le advirtió, con una voz áspera que Ari tampoco habría supuesto en él.
- Hazle caso- le rogó esta, apretando su mano- Lleva un arma.
Lejos de amilanarse, el novio sonrió, luciendo una bien formada dentadura que no podía mostrar a su rival.
- No se qué tienes ahí detrás- dijo- pero si lo que quieres es asustarme con juguetes, chaval…
- De juguete serán tus sesos- replicó él, sin que le temblara el pulso- Y como intentes darte la vuelta te los vuelo.
Entonces, el amenazado pareció variar de estrategia.
- Mira, si lo que quieres es tirarte a mi novia, podrías para empezar ser más macho y no atacarme por la espalda.
- ¡Yo soy un hombre! ¿Lo eres tú?- inquirió Jonás, que no podía quitarse de la mente las imágenes porcinas- Dices que es de juguete, pero mi abuelo cazaba jabalíes con esto. ¿Eres un jabalí?
- Jonás, por favor…- insistió Ari- Se que podemos arreglar esto de otra forma.
- Tendrás que confiar en mí, si me aprecias- respondió él, sin mirarla, sin perder de vista a su presa- Te prometo que todo va a salir bien.
Quizá porque le creyera, o porque no veía otra salida, Ari introdujo la llave con rapidez y desapareció de la escena. Entonces, Jonás respiró hondo y trató de alcanzar un tono a medio camino entre la conciliación y la amenaza.
- Mira… Quiero que olvidemos todo lo que ha pasado esta noche. Pelillos a la mar, ¿eh? No te conozco pero, francamente, creo que has demostrado que no te mereces a Ari. No te vuelvas a acercar a ella, por favor, ni a este barrio en general porque, aunque no lo parezca, puedo ser peor que el puto Klu Klux Klan para ti. ¿Entendido?
Por toda respuesta, el otro se echó a reír mientras levantaba las manos, en son de paz, y lentamente se daba la vuelta.
- ¡Vale! ¡Me rindo! ¡Me rindo! - se burló- Tienes razón. No me la merezco. Me merezco mucho más, y tengo a muchas más. ¡Quédate con ella! Has demostrado tener muchos más cojones de los que te eché. Disfrutad y cuídate, vaquero… No creo que siempre puedas salir a la calle con ese juguetito.
Con tranquilidad, siendo en todo momento apuntado por el arma, el hombre abrió la puerta de la terraza y desapareció escaleras abajo. Ari, que había estado vigilando la escena de reojo, abrió una rendija de la puerta para indicarle que pasara. Jonás, caminando de espaldas, sin bajar la guardia, se introdujo poco a poco en el piso. Solo entonces dejó caer la escopeta al suelo, que Ari estaba observando cual si fuera el instrumento del diablo.
- No te preocupes. No es de juguete, eso es cierto, pero tampoco está cargada. Creo que, aunque él se ha ido como un gallo, no aparecerá más. Ha hecho un poco de teatro… Pero, ante las armas, también los hombres grandes se vuelven pequeños.
Jonás se arrastró hasta el sofá, donde se dejó caer a plomo. Ari se sentó junto a él, no quería hacer reproches pero se notaba cierta indignación latente en sus gestos.
- Pero, Jonás… ¿Por qué lo has hecho?
- Creo que vas a tener que disculparme. Es posible que tú quisieras a ese hombre, aunque te pegara, pero ya no lo volverá a hacer. A mí, todavía, pero a ti… ¡Era lo mínimo, Ari! Desde el poco tiempo que hace que he llegado, siempre me has tratado bien. Y eso es ahora lo que necesito. Ahora más que nunca…
Jonás apoyó su cabeza en el hombro de Ari, quien le abrazó, como si le acunara, hasta que el joven tardó poco en quedarse dormido.
sábado, octubre 09, 2010
LOS CERDOS. Entrega 27.
Jonás, cumpliendo su propia predicción, se había trasladado hasta una mesa algo distante del escenario, circunstancia que empeoraba la perspectiva de un espectáculo que por otra parte no tenía ninguna intención de presenciar. Un par de copas más le habían sumergido en una especie de plácido sopor, sedando sus demonios, y consideró como no mala opción la de echarse una buena cabezada hasta la clausura del festival de las bragas bajadas. No obstante, el siguiente número le hizo desistir del sueño. Había aparecido una bailarina cuyos patrones de belleza no parecían tan estereotipados como los de algunas que la habían precedido. Su rostro guardaba una cierta semejanza con el de Penélope, un hecho que Jonás recibió al principio con incredulidad; pensó que, al fin y al cabo, quizá sí estuviera durmiendo, o que la bebida estaba modelando las facciones de esa joven según sus propios gustos. Lo que tuvo claro es que el parecido terminaba a partir del cuello, puesto que su cuerpo era mucho más escultural, lo que no iba en perjuicio de Penélope puesto que la mujer que iba a deleitarlos con su físico tenía en este su medio de trabajo.
Si hubiese adoptado la postura de un observador objetivo, Jonás podría haber supuesto que la semejanza era algo casual, subrayada por la no demasiado intensa iluminación del local, pero su ánimo alterado solo necesitaba esa estampa para obligarle a que se quedara mirándola fijamente, a través de su visión borrosa. La chica comenzó su actuación, dentro del escenario, contoneándose y repitiendo los mismos ejercicios gimnásticos con la barra que ya habría realizado cientos de veces hasta adquirir la práctica y endurecer sus formas. Jonás se mostraba como uno de los espectadores menos entusiastas, pese a que no apartaba sus ojos de la joven. La mirada de esta se cruzó con la suya, en el mismo momento en el que su top volaba como poco antes había hecho su falda; con todo, Jonás mantuvo su vista a la altura del rostro.
La artista del desnudo arrugó levemente su entrecejo. ¿Quién era ese tío, medio escondido, que se mostraba tan atento, y a un tiempo tan inmune, a sus esfuerzos? No era Penélope, desde luego, pero, como la pintora que no consigue despertar emociones con sus cuadros, como la seductora acostumbrada a enganchar a todos los hombres que se topa con uno homosexual, la bailarina se sintió un instante herida en su amor propio y, armada tan solo con un reducido tanga y unas botas de tacón, se dirigió hacia la mesa de Jonás por ver si en la cercanía lograba derretir su postura de témpano de hielo.
Aunque parecía imposible una operación así con ese calzado, la joven se subió a la mesa y comenzó a danzar de un modo sensual mientras arrojaba a Jonás una mirada no de dulzura, sino de dureza, arrogante. El receptor se agarró a su silla, aterrado, pero sin poder apartarse de esa suerte de hipnosis. Consideró que en ese momento sí parecía encontrarse en el escenario de una pesadilla, lo cual resultaba irónico puesto que estaba siendo envidiado por muchos de los vociferantes hombres que habían girado la cabeza hacia su posición. Así pues, su pavor no solo procedía del aura pesadillesca de la situación sino de lo ridícula que sería si estaba sucediendo en el mundo real. Él había buscado un lugar discreto para pasar desapercibido, pero luego el show se había trasladado hasta allí para convertirle en un actor secundario e involuntario. Suerte que sus ojos estuviesen prendados de los de la muchacha, puesto que así evitaba la tentación de pasearlos alrededor; supuso que otros hombres le estarían observando con una actitud condescendiente, tal que él fuera un pobre afortunado, con suerte de tener tan cerca una vagina a la que solo tendría acceso mediante un desembolso que no estaba en condiciones de realizar…
Entonces, comenzó la metamorfosis. Jonás siguió contemplando el bello cuerpo, casi desnudo, pero la cabeza de la mujer empezó a distorsionarse; tan rápido que, luego que Jonás cerró los ojos por un momento, se sintió forzado a abrirlos al instante y entonces el talle de la bailarina se coronaba con el rostro de una puerca. El joven supuso que, si los cerdos se irguieran y adoptaran ciertos vicios humanos como los espectáculos de strip-tease, hubieran aprobado esa cabeza estilizada y sin grasa, más de lechoncilla, que sin embargo no podía evitar lo grotesco de la estampa.
Jonás respiró hondo. Había tenido una visión semejante con los niños del locutorio, pero entonces no le había dado demasiada importancia. Creyó que tal vez le hubieran metido algo en la copa, que quisieran desplumarle, desvió la mirada hacia el público que estaba jaleando, y con toda probabilidad burlándose de él, en todo caso sin ningún ápice de pánico ante la mutación que había surgido y trataba de seducirle desde lo alto de una mesa. Jonás se notaba privado de reacción posible pero, cuando la criatura con cuerpo de mujer y rostro porcino descendió de las alturas para hacer ademán de sentarse en su regazo, se levantó como una exhalación y echó a correr reprimiendo un aullido. El resto del público, que no percibía esa transformación, encontró muy divertida la escena y estalló en un estruendoso aplauso, y la joven se sintió tan humillada que pensó en dejarles solo el top-less en su retina, si el contrato no le hubiese obligado a ir a mayores.
Jonás no paró de correr desde la whiskería hasta que encontró el primer recodo oscuro en el que pudiera vomitar con cierto anonimato, aunque no es que necesitara esconderse. Si esas náuseas estaban provocadas por la bebida o por lo que acababa de ver o imaginar era algo indiferente en ese momento. Se quedó un buen rato con la vista en el suelo, apoyando ambas manos contra la pared. De repente notó cómo unos delicados pero firmes brazos le ayudaban a enderezarse. Si bien estaba algo avergonzado por recibir auxilio, Jonás se sintió mejor gracias a ello y elevó la vista hacia su benefactor, que era una mujer con cierto parecido a la bailarina del local, pero al menos diez años mayor y ostentando un cuerpo más ajado, algo que pretendía ocultar bajo una buena capa de maquillaje y un vestuario que hubieran lucido mejor otro tipo de curvas. Pese a su aturdimiento, Jonás reconoció casi al instante la figura de una prostituta, comprobando que no había abandonado cierto clima de sordidez.
- ¿Estás bien?- preguntó la mujer, y luego murmuró en un inglés chapurreado- Do you speak English?
- Estoy bien, gracias- respondió Jonás, quien por acto reflejo la cogió por el brazo para que ambos pudieran trasladarse unos pasos más allá del lugar del vómito. Supuso que no tendría un aspecto muy seductor, pero esa no era la clase de mujer que buscaba príncipes azules ni besos en la boca. Lo cierto es que parecía muy a gusto enganchada del brazo de Jonás.
- Oye- dijo- igual no te ves con buen cuerpo, pero… ¿No crees que te sentarías mejor echando un polvo?
Jonás no se sorprendió porque fuera al grano, a fin de cuentas era una profesional. Solo acertó a esbozar una sonrisilla nerviosa.
- Venga, treinta euros por follar, aunque para chicos guapos tengo tarifa especial.
- Gracias por lo de chico y gracias por lo de guapo pero… Tienes razón. Mi cuerpo no da para eso, esta noche no.
Jonás intentó liberar su brazo, pero ella le había hecho una buena presa y parecía estarle llevando hacia su terreno, supuso que alguna pensión no lejos de aquel sombrío lugar.
- Venga- insistió la mujer- Soy experta en resucitar muertos, muertos con el doble de años, por lo menos, que tú. ¿Crees que no voy a poder contigo?
Jonás, con la mayor delicadeza de la que fue capaz en esas circunstancias, retiró el brazo de su prisión y adoptó un semblante de disculpa.
- Muchas gracias por haberme ayudado, pero me temo que no podré ayudarte yo en eso…
Se dispuso a regresar por la ruta que había tomado a la carrera pero la otra, que no estaba dispuesta a perderle tan rápido, se colgó literalmente de sus hombros para retenerle. Jonás no podía dar crédito a que la misma persona que antes le había ayudado a levantarse le empujase poco después hacia el suelo. Fue consciente entonces de su error, pues tenía que haber empezado por algo que hubiese espantado a la mujer desde el primer momento. Logró librarse de sus brazos y buscó en sus bolsillos la cartera que por fortuna aún no le habían levantado.
- Pero, mira, es que por no tener no tengo ni treinta euros, puede que ni veinte… Ya he gastado mucho esta noche, necesito una cama pero no por horas, ¿entiendes? Mira, aquí te dejo un euro para un cafelito, por las molestias…
Jonás había mantenido la vista gacha, revolviendo entre la calderilla de su cartera, y al enderezarla se quedó como petrificado, con la moneda prometida entre los dedos. Frente a él, la prostituta había adquirido la misma máscara porcina, quizá un tanto más basta, que la stripper. Entonces, abrió las fauces y articuló palabras como jamás podría haberlo hecho el animal en sí.
- ¿Qué pasa?- exclamó, con aspereza y entre lo que a Jonás le parecieron gruñidos- ¿Por qué me miras así, tan fea soy y te acabas de dar cuenta ahora?
El euro se resbaló hacia el suelo, y su tintineo fue el preludio de la nueva escapada de Jonás, que marchó corriendo como había llegado, y ya no pudo reprimir un grito de angustia que retumbó en todo el callejón. Otras meretrices, compañeras de la anterior que tenían asignada también parcela allí, tuvieron que esquivar al joven, y este veía a todas bajo el mismo patrón mutante que a la primera, por lo cual huía asimismo de ellas. Poco proclive a un ejercicio físico continuado, Jonás pensó que unas fuerzas invisibles le harían prolongar su carrera hasta que llegara al piso. Si su experiencia formaba parte de una pesadilla, ya estaba durando bastante. Pero las pesadillas también pueden tenerse estando despierto, amigo mío, le había dicho Al.
jueves, octubre 07, 2010
Al rescate de los cerdos.
martes, octubre 05, 2010
Especial cuarto aniversario (II).
Ahora sí que sí, hace cuatro años que me dio por apuntarme a este invento, al comienzo con comentarios breves, como balbuceos, y con el fin de ir colgando mi novela a trozos, objetivo que he retomado con la que ahora tengo hacia la mitad de recorrido. Cuatro años en los que quiero pensar que tanto el blog como yo hemos evolucionado, y si tenéis paciencia lo podéis comprobar vosotros mismos rastreando a través de todas las entradas. Ha habido momentos más dulces y otros amargos que no he podido, o no he querido, ocultar. Gracias por vuestro seguimiento, he querido celebrar esta fecha con una foto que representa asimismo algunas de las evoluciones acaecidas a lo largo de este tiempo, desembocando en el Día de la Bisexualidad en la Puerta del Sol, el pasado 23 de septiembre. Hoy volveré a la brevedad de aquellos primitivos mensajes, mucho podría decirse pero este blog siempre ha tenido que competir en tiempo con otros ámbitos de creación y formación no menos importantes para mí, sin por ello perder su continuidad. Gracias por vuestro apoyo, y que el gobernador de Libia permita llegar a un lustro, o más...
domingo, octubre 03, 2010
Especial cuarto aniversario (I).
viernes, octubre 01, 2010
LOS CERDOS. Entrega 26.
A esa misma hora, en un bar bastante diferente, algunos de los vecinos de Jonás gozaban de su momento de ocio, aunque la atmósfera se hallara enrarecida por un mal ambiente. Era el establecimiento de carácter latino situado en la calle de Jonás, junto al parque. Él se notaba naturalmente repelido por ese sitio ya solo con escuchar la clase de música que salía del mismo, compuesta en buena parte por el riguitón que ya había sufrido en el piso de Ari. Sin embargo estos sones gustaban bastante dentro del bar, que era un punto de encuentro frecuente entre la comunidad latina del vecindario, aunque también tenía otros visitantes del estilo de la choni y su novio, quienes en ese momento danzaban en la pista de baile, tan reducida que era inevitable que los cuerpos se rozaran, en ocasiones de forma consciente y en otras no.
Los dos jóvenes no necesitaban la excusa del espacio para frotarse entre sí, a la manera lasciva que sugería la música. La choni atraía muchas miradas sobre ella, ambos lo sabían y no se mostraban molestos por ello, antes bien todo lo contrario; disfrutaban siendo el foco de atención y el novio se encontraba atento no solo a su chica, sino a los posibles admiradores que pudiesen aventurarse demasiado lejos. Allí el microclima era caliente ya en sí y a él le bastaba poco para calentarse, no obstante tenía que ser cauto porque creía estar en tierra hostil, con el riesgo de que una conjura de los parroquianos habituales pudiera acabar en asesinato y violación. Cerca de su posición se encontraba Ari, bailaba sola aunque él sabía que no lo estaba tanto.
- Mira cómo mueve el culo la morsa colombiana…- le dijo a la choni su novio, hablándola al oído- No tiene a nadie alrededor, no se si por lo gorda que está o porque su maromo debe andar rondando cerca… Será lo segundo, más bien, porque a estos monos salidos no les importa lo gordas que estén, solo que encuentren el agujero para meterla.
- Voy a pedir- dijo ella- Igual podías ir a dejarle un recadito…
- Me encantaría… Aunque el otro volverá en breve. ¡Bah! Qué cojones, creo que a él también puedo dejarle otro recadito. Ve con cuidado, cari, que el camino está lleno de buitres.
La despidió con una palmadita en el culo, como si con esa marca señalase una res de su propiedad. Luego, él se acercó hacia Ari con gesto altivo.
- ¡Bonito truco!- exclamó.
- ¿Qué?- respondió la colombiana, que se hallaba totalmente entregada a la música.
- ¡Me oyes de sobra! Te hablo de las cabecitas de animales. Serían los restos de vuestro cursillo de carniceros, ¿no?
- Ay, mi amor- replicó Ari, sin dejar de bailar- No me hables de cursos ni de bichos muertos, que ahora estamos aquí para divertirnos. Ocúpate de tu chiquita, que aquí hay muchos postes donde frotarse, no solo el tuyo.
- Sí, muy graciosa. Ya se que lo eres, pero hace un poco de calor para andar con inocentadas, ¿no? Se lo puedes decir a tu amiguito también. Yo de vosotros me andaría con cuidado a partir de ahora.
Ari se echó a reír, puesto que en aquel momento vio a su novio abriéndose paso, con pocos modales, desde el cuarto de baño hasta el lugar donde se encontraban. Fue percibir su llegada y la bravuconería del joven comenzó a desinflarse; no obstante, él ya tenía una estrategia preparada para una ocasión como esa. Al voluminoso hombre negro no le hizo gracia encontrarse a Ari en compañía de otro, a quien sin embargo no consideraba hombre, en todo caso a medio hacer. Le arrojó una mirada desafiante.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes algún problema? ¿Algo que contarme?
El novio de la choni hizo acopio de valor para sostenerle la mirada.
- Oh, no… En realidad estaba hablando con ella. No tengo nada que decirte. Bueno, igual ella sí tiene que contarte alguna cosita después.
El hombre se enfureció, agarrando al otro por el cuello de la camisa, no con demasiada fuerza pero sí la necesaria como para mantenerle amarrado el tiempo que hiciera falta.
- A mí no me van los juegos, niño- exclamó, casi escupiéndole- Si de verdad sabes algo que me pueda interesar lo sueltas ahora mismo y punto.
En ese momento regresaba la choni de pedir, con dos cervezas, y se encontró con que la espalda, tipo armario, del hombre tapaba la vista de su novio. Ella dedujo que ese encuentro podía no acabar bien y por ello se mantuvo en la retaguardia por si era necesario estrellar una botella en la nuca del maromo. Ante rivales de ese calibre se veía legitimada para recurrir a sucios trucos…
- No se si te interesará o no- murmuró el joven, tratando de guardar la compostura- Mira, voy de buenas, no quiero enfrentarme a ti y mucho menos en este tugurio… Este es vuestro terreno, ¿no? No sería justo. Venga, mi novia y yo solo vamos a tomar una cervecita y luego nos largaremos.
Ari cogió a su novio por el brazo mientras no perdía de vista a la choni, puesto que ella no era de subestimar a enemigos pequeños.
- Tiene razón…- le susurró al oído- No es nada. Ahora te comento.
La sombra de la sospecha había oscurecido, de forma metafórica, el rostro del hombre, quien por otro lado se apaciguó, soltando al joven con la actitud de un monarca magnánimo que en el último momento decide conceder la vida al reo por la mediación de una princesa.
- Anda con cuidado- le advirtió, sin saber que era la misma frase que había utilizado su oponente, claro que como ambos compartían similares patrones de comportamiento tampoco podía exigirse mucha originalidad.
El novio regresó con la choni, satisfecho por haberse enfrentado, saliendo ileso, con otro gallo de bastantes más tablas, y ambos se retiraron discretamente a un rincón del garito para consumir la birra en dos o tres tragos y luego largarse antes de que al otro pudiese darle por explotar de nuevo, arrasándoles en su onda expansiva. No obstante, él había caído en la trampa y ya solo estaba pendiente de Ari, y de las posibles explicaciones que esta le tuviese que dar.
miércoles, septiembre 29, 2010
LOS CERDOS. Entrega 25.
La besucona pareja se había esfumado. Jonás apenas se hallaba fuera de sus recuerdos cuando se acercó hasta su posición un joven latino que no daba la impresión de llegar a la mayoría de edad, o al menos eso aparentaba. Era bajito y arreglado como para salir de fiesta, el pelo engominado y camisa. Se sentó a su lado sin pedir permiso.
- Hola- dijo.
- Hola- repitió Jonás, de forma mecánica.
- ¿Estás aburrido?
- No- respondió, de forma no tan mecánica y sí bastante agria.
- Perdona que me presente así pero voy de buenas, ¿eh? Por cierto, creo que te conozco.
- ¿Seguro?
- Sí. ¿No eres tú el nuevo vecino de mi casa? Alguna vez te he visto por la escalera. Acabas de llegar y ya te estás convirtiendo en todo un héroe. ¡Vaya susto les metiste a esa pareja de idiotas!
- ¡Ah, ya! Eso… Algo así me contaron antes. Bien, vecinito, ¿y querías algo más entonces?
- Eh, sí, bueno, es que te he visto aquí solo y algo triste…
- ¿Cómo sabes que estoy triste? ¿Estudias Psicología acaso? Aunque te veo muy adolescente para eso.
- ¡Oye, tío, que tengo más de dieciocho! No hace falta estudiar nada, se te ve en la cara. Creo que te vendría bien algo de diversión.
- Y tú me la puedes dar, ¿no? Oye, no tengo nada en contra de eso, pero no llegas en momento oportuno…
- ¡No, tío! No he venido a hacer cruising.
- ¿Cru…qué?
- Que no quiero ligar contigo, coño. No te quiero dar placer, quiero que encuentres placer gracias a mí. Yo soy el intermediario…
- ¡Tócate los cojones!
El chico sacó unas tarjetas que mostraban la foto en primer plano de un par de nalgas, supuestamente femeninas, tan solo cubiertas por un tanga que dejaba ver la perfecta forma que tenían. Jonás, sin desdeñar el trasero, se puso a leer.
- Whiskería Hot Girls… Bueno, no es un nombre muy original, claro que en los restaurantes chinos pasa lo mismo. ¿Y qué?
- Buenas copas, buen ambiente y buenas chicas. Te quitarán esa cara de amargado que tienes.
- Joder, chaval, para ser relaciones públicas no tienes mucho tacto. ¿Por qué me das esto? ¿Tengo cara de putero?
- Esto no es un puticlub… Es una whiskería, Y también local de strip-tease. El resto… Bueno, todo es negociable.
- Todo es negociable- repitió Jonás, con una sonrisa- ¿Este culo también? Negociable no se, pero sí formidable, si es que es real y no de PhotoShop.
- ¡Es real! Bueno, no te digo que lo haya probado… Solo que lo he visto.
Jonás observó un poco más aquella tarjeta y luego se la guardó.
- Ah… Whiskería, ja, ja. Ojalá estuviera aquí un amigo al que le encantaría este eufemismo. En fin. ¿Sabes? Creo que igual necesito ir a ese sitio, pero por lo del whisky más que por lo otro… Necesito la bebida. Para lo otro no tengo ganas y, si quisiera, no pagaría por ello.
El joven latino le mostró una sonrisa casi compasiva, como si expresara: Eso dicen todos…
- Vale, tío. ¡A beber, pues! ¡A beber y disfrutar! Ya verás como cuando lleves un par de copas igual piensas de otra manera…
- Lo dudo.
Jonás fue guiado hacia la citada whiskería, un local cercano con luces de neón encima de una puerta que parecía sólida y en principio inexpugnable. Jonás, por mucha desesperación que llevara encima, no se habría atrevido a franquearla sin la presencia de su acompañante, que saludó al voluminoso cancerbero que vigilaba el acceso a ese inframundo de condenados por la lujuria.
Jonás no mintió al decir que solo estaba allí por la bebida, de hecho decidió no interesarse en principio por todas las partes del establecimiento que quedaran fuera de la barra. La luz era tenue y acogedora, él no perdió de vista al joven guía, que le hizo una seña al camarero.
- ¡A ver!- exclamó- Un par de chupitos para quitar penas, a cuenta de la casa.
Les sirvieron en efecto dos chupitos en los que Jonás, antes que especialidad de la casa, creyó que encontraría garrafón de la casa. Pero no era momento de tener remilgos… El joven latino alzó el suyo para brindar con él.
- ¡Porque tengas una feliz noche! ¡Y que te vea mañana por casa para que me lo puedas contar!
Jonás bebió la pequeña dosis de lo que le pareció una mezcla suave, que si acaso inducía al consumidor a pasar a licores con más potencia. Su cicerone se despidió con una palmadita en la espalda, dispuesto a buscar otros eventuales clientes, y Jonás se quedó solo, que a fin de cuentas era lo que estaba deseando. No supo muy bien explicarse qué sentía. Si a esa sensación podía llamarla ansiedad, entonces supuso que sería capaz de ahogarla en un whisky doble. No prestaba atención, al menos en el comienzo de su estancia allí, a lo que ocurría en el resto de sala y escenario. En este, dominado por la característica barra de strip tease, una bailarina de rasgos caucásicos daba vueltas, conservando aún la ropa interior, y de vez en cuando jugueteaba con, o quizá mejor sería decir desperdiciaba, un bote de nata montada.
El espectáculo no resultaba muy excitante para Jonás, quien en algún momento dirigió su mirada hacia la chica o hacia el público, que estaba constituido en su gran mayoría por varones de diferente edad, más o menos entusiastas de lo que estaban viendo. Él, aunque a todas luces no fuese el momento oportuno, trató de observar la escena bajo un punto de vista científico, como si en vez de utilizar su probeta estuviese analizando a diversos machos de su especie, atravesando un período de celo durante el cual acechaban a su posible hembra. No obstante, por mucho que quisiera animalizarlos no cabía la opción de que entre estos se iniciara una competición para conseguir la cópula, ni que se pelearan entre ellos, ahí estaba el cancerbero para disuadirles de esa iniciativa. ¿Quién necesitaba la ceremonia del cortejo? Mientras tuvieran la cartera bien abultada, nada de eso era necesario. Jonás en todo caso la tendría para tomar unos cuantos tragos hasta que la situación se le hiciera un poco más soportable. Quizá entonces tendría que cambiar su refugio de la barra por una mesa…
domingo, septiembre 12, 2010
LOS CERDOS. Entrega 24.
VIII
En efecto Jonás no había bebido demasiado esa noche, aún. La jarra de cerveza le refrescó, el líquido pronto fue a parar al urinario del restaurante. Concluyó la cena con un chupito de flores, invitación de la casa, dulzón y poco proclive a hacer mala mezcla con lo anterior. Su cabeza no sufría una nueva borrachera, tampoco el bochorno, por fortuna, ya que la noche, sin ser fresca, tampoco llegaba a los extremos del día. Jonás se dejó llevar por la llamada de la oscuridad, de esa aliada con la que Penélope podía haber contado para dar rienda suelta a todos sus demonios.
Se encontraba solitario pero no en soledad, puesto que, en su paseo sin destino prefijado, llegó hasta lo que parecía una animada zona de copas, un barrio de trazado bastante irregular que al menos le recordó a alguno de la ciudad que había dejado atrás. La diferencia principal era que este le resultó más sórdido, quizá por una iluminación mortecina, aunque también podría alegarse lo mismo de la propia calle en la que residía. Los rincones oscuros eran lugares tentadores para refugiarse, como pudo comprobar al sentarse en un banco de piedra. Cerca de allí, en un recodo del camino, pudo vislumbrar a dos hombres que se estaban dando el lote de manera pasional, pegados contra una pared. En realidad no podía estar del todo seguro acerca de su sexo desde su posición, sin embargo Jonás había mejorado su radar para percibir ese tipo de realidades.
No tenía curiosidad por espiarlos, de todos modos, esa noche no tocaba labor de mirón y observó por tanto un poco de reojo, para luego perder la vista en algún lugar inconcreto.
Una imagen irrumpió en la mente de Jonás. Eran dos hombres, no tan cariñosos entre sí pero de vez en cuando cogidos del hombro. Esos, que no eran otros que Al y el propio Jonás, regresaban de una noche de juerga, en medio de discusión que tenía parte de verdad y parte de broma, una característica bastante relacionada con el alcohol. De hecho estaban compartiendo una bebida para el camino, la cual contenía un vaso de plástico con capacidad para un litro. No hablaban demasiado fuerte, aunque sus voces retumbaban en el vacío de las callejuelas del regreso, por las que no se veía a mucha gente, si acaso algún que otro trasnochador que no se interesaba por lo que ellos estaban hablando. La voz de ambos se había convertido en un soniquete muy influenciado por el clásico tonillo que impone un exceso de bebida.
- No te entiendo, Jonás… Tú querías quedar con Penélope… Pero ya lo has hecho, ¿no? La has invitado a cenar, todo un detalle por tu parte. ¿Por qué no le pediste que te invitara ella al postre?
- Coño, ya empiezas a hablar como ella…
- Será porque he pasado más tiempo con ella… Pero, ¿acaso no era lo que buscabas? ¿Hacer de celestino? Tampoco es que vivamos una luna de miel, tío, hemos echado solo unos pocos polvos, aunque alguno muy salvaje, y en algún otro se nos olvidó el condón…
- ¿Te importaría no decirme esas cosas cuando estoy compartiendo el cachi contigo?
Al cogió la bebida, escupió dentro y se la devolvió a Jonás.
- ¡No voy a permitir que desprecie mi saliva alguien que se ha enrollado conmigo!
Jonás miró alrededor, por si pasara alguien. Desde aquella noche Al y él no habían hablado demasiado claramente sobre lo que había ocurrido entre ellos. Bebió un trago, para que viera que ni despreciaba su saliva ni la noche que pasaron juntos.
- Te conozco, Jonás, creo saber qué buscas. ¿Alcanzar la estabilidad, tal vez? Estoy seguro de que podrás conseguirlo, gracias a tu talento y tu trabajo. Por lo que se refiere a tu vida privada… No, no busques donde no tienes que buscar. Ella no es uno de tus experimentos. Yo tampoco.
- Entonces ya tenéis otro punto en común…
- Para bien o, seguramente, para mal. Somos inestables, Jonás. Tú podrás serlo en ocasiones, pero nosotros lo llevamos ya en la sangre. ¿Con quién podría ser compatible ella? Con gente como yo, con gente que también padece un frágil equilibrio mental y, por tanto, sabe a lo que se está enfrentando.
- Ese desequilibrio no está solo en vosotros. A mí me estáis arrastrando hacia él.
- ¿Solo eso? Y entonces, ¿por qué no te apartas de nosotros? ¿No será que tenemos algo más que ofrecerte? Jonás, por mucho que lo intento no llego a entender qué significa ella para ti. Y lo peor de todo es que tampoco se qué significo yo para ti.
Jonás se sentó en un banco cogiendo el vaso, Al le imitó. Tras beber, miró a su amigo intentando parecer más sereno de lo que estaba.
- Al, creo que esta conversación va más allá de lo que podríamos considerar la típica filosofía de dos amigotes que vuelven a casa tras coger una trompa.
- Tú y yo no somos amigotes, aquí no hay filosofía que valga. Solo veo cierta actitud esquizofrénica en la que ni tú quieres follar conmigo, ni tampoco quieres que yo folle con ella.
- ¡Yo jamás he dicho eso!- protestó Jonás.
- No es necesario… Tú la quieres solo para ti y yo no te lo reprocho, pero sí voy a desanimarte. Eso no es posible, señor Pigmalión, esa chica modela pero no deja que la modelen. De todos modos, si consideras que soy un obstáculo entre vosotros, creo que podré quitarme de en medio.
Jonás le arrojó una mirada cortante.
- Y yo creo que ciertas cosas no deberían decirse ni bajo los efectos de la colonia que nos estamos tomando.
Al rió, cogiendo a su amigo por el hombro.
- No seas tonto. No me refería a eso, ¿eh? Mi época como bisexual suicida ya ha quedado atrás. Me refiero a quitarme de en medio en el sentido del que te hablé: largarme, alejarme del mundanal ruido.
Jonás esbozó una sonrisilla burlona, casi imperceptible.
- Hoy me permitirás que sea yo también charlatán y te diga: no te creo.
- ¿Que no me crees? Espero que seas más charlatán en tu explicación.
- Mira, Al, a lo largo de nuestra amistad me has contado bastantes cosas que yo no he podido creer, a menos que pensara que acabarías en un manicomio.
- Como en efecto acabé, poco tiempo por fortuna.
- En ocasiones me arrepentí de no creerte, como en tu intento de suicidio. Pero en otras muchas sencillamente tus ideas, tus proyectos, todos esos descabellados propósitos de los que hablabas acababan en la papelera de reciclaje de tu ordenador mental, por así decirlo.
Al sacó de su bolsillo trasero una libreta Moleskine negra.
- Apuntaré esa metáfora…
- ¿Por qué tendría que creerte ahora? ¿De verdad voy a creer que vas a ir al monte abandonando la carrera, a tu familia, que me vas a abandonar… y a ella también? Suena a otro de tus intentos para llamar la atención. ¿Qué encontrarías allí, Al?
Fuera para meditar o no una respuesta, su amigo permaneció en silencio contemplando las estrechas calles que les rodeaban, con unas paredes sucias por los carteles, pintadas y algún que otro desperfecto provocado por los viandantes que volvían de juerga como ellos. Jonás pensó en un primer momento si no estaría mareado, con ganas de vomitar; en ese caso la cosa no sería tan inusual, él mismo podría acabar de tal modo si continuaba bebiendo. Al estaba ebrio pero no inconsciente, su mirada regresó para cruzarse con la de Jonás.
- ¿Encontrar? Bueno, quizá me encuentre a mí mismo, al margen de todo y de todos, al margen de mis seres queridos entre los que tú te encuentras. Hay algo fabuloso en la naturaleza, y es su objetividad. Soy humano, me gusta vivir entre humanos, pero estos tienen la irremediable manía de juzgar, comentar, valorar… y castrar. Sobre todo a los castrados, a ellos les encanta castrar. En realidad, no creo que haya un solo sitio en este país en el que me encontrara fuera del alcance de los hombres, es lo que tiene esta civilización moderna. Sin embargo, hay algunos en los que el contacto se reduce al mínimo. ¿Por qué no? Cabras, piedras, árboles, arroyos, montañas… No juzgan, no comentan, no valoran, no castran. Se limitan a cumplir con la tarea que les ha encomendado la naturaleza, aunque no sean conscientes de ella. Habrá quien piense que por vivir de esa manera uno puede volverse loco pero… ¿Y aquí? Observa estas paredes, Jonás, observa estas calles; tampoco sienten, tampoco juzgan, pero noto cómo me oprimen. Son calles y paredes sucias, propias de una ciudad sucia, sí, aunque se crea limpia. Mejor es volver a la pureza de los orígenes. ¿No me crees? Pues no te culpo. Sí, en el pasado te mentí, Jonás, mentí a mucha gente. Pero, en realidad, ¿podríamos hablar de mentira? No creo. Hablemos de inestabilidad, como te dije antes, de esa carga tan inevitable tanto para ella como para mí. No es tanto mentir como cambiar de opinión, a veces en segundos. La veleta gira y gira… Pero ahora quedará quieta, Jonás. No creas que el alcohol habla por mí, como tampoco habló por ti la última noche.
Al no evitó que un par de lágrimas silenciosas se desplazaran por su rostro; Jonás lo vio y se las borró con su dedo índice, apretándose contra él de forma más envolvente.
- Tengo que irme, Jonás… Temo, temer también es humano. Temo a los cerdos. Y no a los cerdos en cuanto animales, sino temo empezar a ver esas grotescas mutaciones que ya conocemos en cada persona que se cruce conmigo…
- No es posible- objetó Jonás, queriendo interrumpirle por primera vez- ¿Como ella? Pero ella plasmó esos cerdos en sus cuadros, Al, no los veía en la realidad.
- ¿Estás seguro? Sí, aparecían en sus cuadros… ¿Y de dónde los sacó? ¿De sus pesadillas? Pero las pesadillas también pueden tenerse estando despierto, amigo mío. Por eso no hay ninguna necesidad de tener celos. Ella y yo estamos más unidos, sí, por experiencias comunes que tú no has tenido nunca y ojalá nunca tengas. Hazme caso, Jonás, aléjate de ella. Yo ya me alejaré de ti por mi propia cuenta. No te arriesgues a venir por nuestra senda. Encuentra trabajo, encuentra pareja. Yo estaré bien y, si no lo estuviera, jamás me iré de este mundo sin despedirme de ti, a menos que me lo impidan. Me siento afortunado, Jonás… Algunas de las cosas que quería decirte ya te las dije, quizá no con palabras pero en todo caso te las dije. Ahora es momento de partir. Me iré antes de lo que imaginas. Y no trates de impedirlo, si lo que quieres es mi beneficio y no lo contrario…
Al se puso de pie, dispuesto a marchar aunque Jonás le sujetaba por el brazo.
- ¡Al! Vale, haz lo que creas oportuno pero… ¿Por qué me dejas ahora?
- Porque no me gustan las despedidas. Y creo que esta noche ya me he puesto más sentimental de lo que me hubiera gustado. No te preocupes, el camino es corto. En eso sí me gusta esta ciudad.
Jonás le dejó irse, mientras se quedaba a solas en el banco, con la bebida. En el breve lapso de tiempo durante el que terminó esta, no se molestó en asumir ninguna de las abundantes palabras de su amigo. Tampoco lo hubiese logrado.