En acabando con el relato madrileño, podré daros una primicia que durante el próximo mes iré desarrollando. Fui a Majadahonda a visitar el hogar del seguidor de este blog y bloguero a su vez Hopewell, álter ego de Víctor Blázquez, y pasé una buena velada en su compañía y en la de su mujer Cris, sus retoños Kike y Lucas, y sus, en sentido figurado, retoños perrunos, Lucas y Nina. Él me dio la magnífica noticia de que va a salir su primera novela publicada; no su primera escrita, pues tiene un largo camino a las espaldas ya desde nuestros tiempos escolares, sino la primera editada, por el sello Dolmen, llamada El cuarto jinete. A partir de marzo aparecerá en las mejores librerías y, si no, al menos en las mejores librerías especializadas en el género de zombis y similar. Yo, desde luego, cuando salga me abalanzaré hacia ella, y la usaré como recurso frecuente en cumpleaños y cualquier evento que implique tener un detalle. Os invito a hacer lo propio. Yo, conocedor de la prosa de mi amigo, os aseguro que no os arrepentiréis y que os costará dejarla una vez comenzada.
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
sábado, febrero 18, 2012
miércoles, febrero 15, 2012
Madrid entre exámenes (II).
Al margen del día que fuera ayer, tuvo su carga de surrealismo. No hubo, apenas, suerte. Claro que bastante suerte tuve ya con las notas... No siempre se puede ganar, amigos. Lo cierto es que hoy, pese a los consabidos cambios de rutina, estoy satisfecho en general con el comienzo del cuatrimestre. Por primera vez he asistido a una asignatura de libre configuración que no es de mi carrera, sino de Historia del Arte. Se llama Medios de Comunicación, y parece más interesante que bastantes que haya tenido que cursar de modo obligatorio.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.

Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.
Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
martes, febrero 14, 2012
Madrid entre exámenes (I).
Al salir de León tuve la pequeña decepción de que en el provinciano quiosco de la estación de tren no tuvieran la Fotogramas. Menos es nada, en la de autobús ya ni siquiera queda quiosco de prensa, solo un local vacío y desmantelado. ¿Qué entretenimientos, pues, ofrecerá a los viajeros de paso? ¿Hacer cruising?
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.

Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.
Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
domingo, febrero 12, 2012
De Faraón a Moisés (y II).
He perdido ya la cuenta de todas las veces que he intentado comenzar esta entrada post-viaje a Madrid. Me ha dado un error bx-blablabla que, por otro lado, al menos me ha impulsado a comenzar con el parcial de Historia del Español y dejarme de enredar en estas páginas.
Hoy que parece que la cosa funciona, tan solo quiero aludir a este mensaje considerado como segunda parte en cuanto a que, si antes de irme a Madrid hablaba de las metamorfosis esporádicas de Gallardón, cuando volvía en el tren me quedé atónito al ver sus palabras, luego matizadas o reconvertidas, en las que hablaba de la constitucionalidad del llamado matrimonio homosexual; es preferible, para mí al menos, llamarlo matrimonio igualitario en tanto que dos hombres o dos mujeres se pueden casar entre sí sin necesidad de ser homosexuales o lesbianas, eso es evidente.
Gallardón se cansó de ser el malo (o el bueno, según se mire) y volvió a sus veleidades rupturistas y, cabe decir, contradictorias con el recurso que interpuso su partido; no así con su partido de forma unánime, porque tanto en público como en privado cada vez más voces populares parecen darse cuenta de que, si ganaron las elecciones, fue sobre todo por motivos económicos, y no por el miedo a que lo que hagan con su vida dos paisanos o dos paisanas vaya a terminar con la institución familiar; no está acabada, solo diversificada, lo cual solo es signo de los tiempos. No es fácil saber con qué persona compartir tu vida, al menos yo a día de hoy no lo tengo claro, pero no veo que eso tenga que preocupar a unos ni a otros. La búsqueda de la felicidad debiera estar por encima de estos tejemanejes políticos.
En fin, al vigésimo intento doy por concluido este mensaje pues todavía queda rato de estudio, y, además, espero volver pronto para colgar fotos y comentaros las anécdotas más destacadas del viaje, confío que tendré ratos muertos para ello, al menos en este cuatrimestre final habrá menos horas de clase.
lunes, enero 30, 2012
De Faraón a Moisés.
Se acabó. Al margen de un examen para subir nota puedo afirmar, con poco margen para la duda, que el primer cuatrimestre está aprobado y que mañana puedo ir a Madrid ligero de equipaje. Es mi primera visita desde que se ha inaugurado el Botellato, pero, la verdad, parece que en los últimos días se está luciendo el ex-regidor, Gallardón. Después de ser Faráon, con múltiples obras, múltiples aspiraciones a los juegos olímpicos y la pía invasión de la capital el verano pasado, ahora se ha vuelto un Moisés, y solo le ha faltado sacar las nuevas tablas de la ley; no quiere perder el tiempo, vaya.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
sábado, enero 21, 2012
Este es el principio del final.
Comprenderéis que en estas fechas no voy a prodigarme mucho por aquí. Ayer tuve mi última hora de clase del cuatrimestre, si bien el verdadero día de despedidas fue el jueves. Tras la última sesión de Tendencias Literarias Actuales, tuvimos una pequeña tertulia. Una compañera a la que aprecio bastante, que se encuentra realizando su tesis, me puso, sin pretenderlo, en modo pánico al comentar la falta de becas que en los últimos cursos se está dando. Ninguna sorpresa, desde luego. Como ella misma comentó con sorna, ¿para qué sirve una tesis de Humanidades? ¿Para qué sirve nuestra propia facultad, con clases de dos alumnos como la de ayer? Pues para algo servirá, si han querido dar un impulso al Cervantes otorgándole la presidencia a Vargas Llosa (y este, también sin sorpresa, la rechazó).
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
domingo, enero 15, 2012
Una semana.
A una semana para que finalice el primer cuatrimestre (al menos en cuanto a clases se refiere), mi sentimiento es contradictorio, en tanto que quiero que acabe ya esta carrera, comenzada tres veces, y por otra parte no podré evitar algo de pena cuando en junio llegue a su fin, porque, claro está, pretendo acabar en junio.
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
miércoles, enero 11, 2012
El ahorro del chorro.
Algo huele a podrido en Dinamarca, se decía en el Hamlet, pero esa pestilencia era metafórica, no como la que se instaló en la ciudad de León los últimos dos días (hoy parece haber remitido por ahora). El misterio del mal olor sin procedencia exacta. Olía como si hubieran abonado la ciudad entera, aunque esta tierra sea más bien infértil y solo produzca habitualmente bares y parados. Pensé que pudiera ser la primera señal del Apocalipsis, cual si un volcán no sospechado nos estuviera advirtiendo con sus emanaciones de azufre, pero también recordé que una costumbre arraigada en esta tierra, en honor a la justicia habrá que señalar que no solo en esta, es que la gente se arroje mierda unos sobre otros, bien de frente o por la espalda. ¿Cómo no iba a estar el terreno abonado de esta manera? O tal vez sea un problema de cañerías. Ahora, por eso de los recortes, las fuentes principales solo funcionan cuatro horas al día. Quizá una fuente no sirva para mucho, salvo cuando a alguien le da por bañarse en ella, pero no creo que el ayuntamiento más endeudado, el de Madrid, vaya a seguir el ejemplo con Cibeles y Neptuno. Pero en fin, después de esas económicas luces y las pelotas gigantes (de Navidad, claro) que colgaban de las farolas, está bien seguir la senda del ahorro, el ahorro del chorro. Yo me he aplicado el cuento. Salí ayer y no vi nada en rebajas que me convenciera. Quizá las sensaciones olfativas tampoco movieran al consumismo...
domingo, enero 08, 2012
Cuestión de gustos.
Al contemplar esta fecha, esta víspera, me pregunto si seré capaz de mantener un ritmo aceptable para el blog en este mes. Bueno, se intentará y, si no... Todavía no me pagan por esto, ¿verdad? Escribiré, sí, escribiré, pero aquí no tanto. Por suerte, los temas siempre abundan, basta rascar un poco para encontrar noticias no capitales, pero muy interesantes para mí. Hace poco se supo que JRR Tolkien estuvo nominado (por usar términos comunes) al premio Nobel hace cincuenta años, a propuesta de su amigo y también creador de mundos CS Lewis. Los académicos suecos se hicieron los ídem y le denostaron diciendo que su prosa era de segunda categoría. Y no penséis que fue solo él. Otros autores, de menos ventas y mayor consideración general por parte de la crítica, también fueron rechazados; el premio al final recayó en un yugoslavo que por el momento no ha pasado a la Historia, si acaso a la de su país.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
miércoles, enero 04, 2012
La no especial noche.
Si la noche del 30 de diciembre no estaba, como se dice, muy pallá, tampoco lo estuve la del 31. Quizá fuera por esa prolongada comida en el parador de San Marcos, de la que salí a las siete con el estómago hinchado y un tanto revuelto. Para mí no hay días sagrados, y mucho menos noches sagradas. La de Nochevieja no lo es, y tampoco tiene nada de especial en el sentido en que para la mayoría de la gente no suele ser más que una versión bigger y longer de cualquier otra noche en la que se sale. Beneficiados, si acaso, los bares que inflan sus precios y aquellos que cuelan un par de churros por un euro. Por lo que a mí respecta, salir o no salir es un hecho indiferente para la suerte que pueda albergar el resto del año. Sí que llegué hasta un bar, el bar de aquí abajo, el Cantabrín; la mitad de la clientela eran familiares y allegados. Lo más constructivo fue una conversación que tuve con un experimentado filólogo, acerca de las vías que se me abren en este nuevo año, algo que sí es decisivo sobremanera. Al bar del Zoe ya no llegué. Luego me enteré de que, en realidad, nadie había llegado allí, je, je.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
viernes, diciembre 30, 2011
Adiós, y no vuelvas.
Se acabó 2011. Pero, al hacerse duro de pelar, quiere fastidiar un poco en sus estertores y otorgarme cierta ración de malestar pre-nochevieja. Así pues, podrán subir los impuestos pero lo que siempre estará baja será mi tensión, ya veremos si mañana mejora porque me enfrento a una triple perspectiva interesante, cuasi imposible de afrontar si no es con energía. Y esto del estómago revuelto, ¿tendrá que ver con el menú de la comida de primos, que en mí consistió en porciones diversas de las pizzas de los demás, con especial mención de la Diablesa de Juancho, que con ese nombre no augura nada bueno?
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
miércoles, diciembre 28, 2011
Inocentada de libro.
Es increíble, a veces parece que las cosas solo existen si aparecen por Internet. Ayer me sorprendió el escándalo que se había armado por la aparición en el portal digital de El Corte Inglés y otros sitios del libro Conocer y sanar la homosexualidad de Richard Cohen, editado por LibrosLibres. Libro que yo ya conocía desde... 2006. Yo lo había visto en el centro de Pozuelo donde trabajé y, si bien ha sido retirado de la red, no me cabe duda de que en este y otros centros comerciales seguirá, con la propaganda gratuita que se le ha concedido.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
viernes, diciembre 23, 2011
¡Felices Fiestas!
Soy consciente de lo arriesgado que es poner muchas esperanzas en una sola persona o una sola relación, pero ha llegado el momento de jugar con un poco de audacia. Luego siempre te podrán fallar, siempre habrá aprendices de Scrooge que no sean visitados por el Fantasma de las Navidades Pasadas, pero, a falta de otros milagros, yo nunca perderé la fe en que ciertas situaciones, a las que uno no comprende bien cómo se ha llegado, sean reversibles. Por eso, que paséis unos días plenos de alegría y, utilizando las palabras que me han sido transmitidas, que la esperanza llene siempre vuestro corazón.
domingo, diciembre 18, 2011
Puente prenavideño (y III).
Domingo: hace una semana me desperté temprano y sereno, por lo cual fui hasta un sitio que habitualmente me tengo vedado por su peligro potencial: la cuesta Moyano, pero el coste me salió casi a cero; dos euros, dos libros. Uno de ellos para clase, el otro sacado de esa lista de futuribles que tengo y, como el resto, quizá lo lea en un tiempo o quizá no lo lea nunca, por un eurillo tampoco vamos a darnos prisa. Luego quedé con el viejo camarada de este blog, Hall; arriba podéis verme con el típico té chino del típico chino, en la calle de Hortaleza. Al fondo, aunque no puede apreciarse, había una nutrida mesa de comensales osos, no precisamente comedores de bambú. Sí, era una colonización extraña, empezaba a ver osos por todas partes: de compras, con sus maletas, cogidos de la mano en un gesto de envidiable normalidad... Luego me enteré de que no es que de repente hubieran aflorado las panzas ni las camisas de cuadros, sino que se debía a un encuentro osuno en Madrid, el MadBear. ¡Larga vida a la estirpe, pues, aunque yo no sea muy asiduo de ella!
Gracias a mi fumada del lunes pasado, todavía me quedaba una tarde para disfrutar de una terracita en pleno diciembre. Aquí tenemos una auténtica, y literal, foto de perfil en La Latina, sacada por el amigo Nacho. El tono rojizo, que recuerda vagamente a un lupanar exterior, se debe en realidad a la razón de que no nos hubiésemos quedado ateridos allí, una especie de parrillas que desde el techo nos calentaban y, a mí particularmente, a veces me achicharraban, confío en que su radiación no fuese cancerígena. Respecto a esa aparición del fondo, no hace falta que la enviéis a Cuarto Milenio; no es un muerto, luego se levantó, aunque más bien con ayuda de la policía.
Eso dio de sí el viaje. Tan breve como en su planteamiento, tan felizmente aprovechado como era mi deseo, si bien, claro, no pude ver a todas aquellas personas a quienes habría querido. Algunas, para estas próximas fiestas; las otras, para una visita posterior que estoy proyectando hacia finales de enero, como sea que el examen del 9 de febrero ni siquiera parece que vaya a ser de obligado cumplimiento. Y, si se hiciera, lo podré estudiar aunque sea enfundado en un forro polar y al lado del único radiador. Hala, nos veremos en las, es de suponer, últimas entradas del año.
viernes, diciembre 16, 2011
Puente prenavideño (II).
Sábado: este fue el único día en el que comí en el piso de Legazpi, restillos que quedaban: un buen plato de pasta y unos nuggets congelados. Bastante es, habida cuenta de que nadie vive regularmente allí. Si en mi último viaje fui a finales de agosto para librarme de los rigores del calor, esta vez no pude evitar el frío, porque solo hay un radiador eléctrico para toda la casa, y la ausencia de muebles tampoco es que abrigue. No me sorprende que ahora mismo esté acatarrado, a ver si esto no persiste hasta navidades. Para colmo, al principio creí estar a oscuras allí, pero no era cuestión de las bombillas, sino de un mal contacto del interruptor que llegué a arreglar.
Al estar solo tres días, resultará obvio decir que alterné bastante con amigos y permanecí poco en el viejo piso. El sábado por la tarde, en la foto de arriba, me podéis ver en un pequeño pub de Chueca.
A la hora de cenar también permanecimos por esa zona. Se puso a llover, y eso en Madrid puede constituir motivo de caos. Pequé de ingenuo. Pensaba que el Mercado de San Antón iba a ser un espacio tan diáfano como en mi último viaje, pero, teniendo en cuenta las riadas humanas en las que me había sumergido la jornada anterior, estaba claro que no iba a ser así. Suertudos nosotros, con todo, pudimos hallar un sitio casi en la salida de emergencia. Me tomé algo que no sabría si definir como copa de Lambrusco o cáliz de Lambrusco, con la pizza aparte. Mi amigo convino en ir a algún lugar de tapas más asequibles y numerosas. Es decir, algún lugar tipo los que hay aquí. Es que en este reconvertido Mercado, con su toque chic, puede notarse que lo chic tiene un precio, pues en León me ponen el Lambrusco y la pizza me la regalan, no va a aparte.
De camino, tomamos un recuerdo fotográfico de la iluminación de la plaza de Chueca, que, se supone, es una bandera del arco iris, sui generis. A mí me recuerda más bien a tiras de regaliz...
El tugurio en cuestión de tapas al modo leonés era una sidrería, El Tigre, y que yo recuerde es el único sitio en que haya visto un camarero que te acomoda ya no en mesas, sino en espacios de barra sobrantes, eso da noticia de cómo estaría el lugar, y eso que era la hora del fútbol. La tapa más abundante, sí, también más basta, la consumición algo más cara que aquí, nobleza obliga, y los vasos de sidra no eran de culo ancho sino más bien de coca cola, algo que muchos hubiesen interpretado como blasfemia. Mi noche acabó allí porque mi amigo curraba y unas compañeras de facultad, de turismo por la capital, decidieron permanecer en su alojamiento, ante el tiempo poco amigo. Eso me permitió, al menos, disfrutar de mi último día con energías renovadas, como podremos comprobar en la entrega final del viaje.
martes, diciembre 13, 2011
Puente prenavideño (I).
Mientras llegan las fiestas en sí, vamos a hacer tiempo analizando esta breve, pero intensa, escapada prenavideña a Madrid; hacía bastante que no me pasaba por la capital en estas fechas y, ¡vaya ambiente! Excesivo, al menos en horas punta. Vayamos por días:
Viernes: aunque en su publicidad se precie de tener el 98,4 por ciento de puntualidad, mi tren llegó un cuarto de hora tarde, un obstáculo liviano que no impidió mi ronda por el centro que, como no podía ser menos, comenzó por Sol, y su arbolazo de ahí arriba. Quizá esté de más subrayar el inabarcable gentío que se esparcía entre Sol, Preciados y Callao. La plaza principal, una vez desaparecidos los indignados, había sido tomada sobre todo por dos especies: la de vendedores de lotería y la de mimos o gente disfrazada con cochambrosos trajes de Pocoyó, Bob Esponja, Super Mario, etc.
El Corte Inglés, puesto que celebra su mes grande, no había escatimado en iluminación, como podéis comprobar tanto en Preciados como en su clásica fachada de Cortylandia, que me recuerda tiempos pretéritos y el otro viernes andaba atestada de una tercera especie, la de vendedores de globos. En esta apoteosis del consumismo, todos tienen su hueco, aunque la faceta más ridícula es que la podremos comprobar a continuación.
La Plaza Mayor, iluminada por una especie de pequeños ovnis de colores. El mercadillo este sí que es todo un clásico, pero no triunfaban los belenes ni los abetos. Ya no proliferaba una especie, sino una extraña mutación en las cabezas de muchos de los viandantes, en forma de gorros de todo tipo: el favorito parecía ser uno en forma de cabeza de reno, pero no faltaban setas, sombreros de Papá Noel, también pelucas a lo afro y otras más adecuadas para la cogorza de Nochevieja. Puede que los gastos se hayan reducido un poco, pero sin embargo nadie parecía tener problema en soltar euros para lucirse de tal ridícula guisa. ¡En fin! Espíritu navideño, imagino, y también calentaría un poco la cabeza porque el tiempo ha sido coherente con estas fechas.
Cuando ya me sentía engullido por esa avalancha de personas anónimas, me fui a alternar con los amigos de la capital, en el típico barrio de La Latina. El bar de abajo se llama La concha, pero bien podría llamarse La verga. Pagué la novatada de la cámara nueva y, por desgracia, se me acabó la batería, y es una lástima, porque yo quería dar fe de los dos cuadros que presidían ese salón. El de atrás era de un efebo desnudo, tumbado cual tomando el sol. Como tenía cuernos, yo no supe a ciencia cierta si era un efebo cornudo o un sátiro sin patas de cabra; los cuernos eran pequeños, pero no tanto como su órgano de la generación. Más tela traía el cuadro de al lado, un Martirio de San Sebastián en el que tanto el martirizado como los martirizadores eran hombres musculosos que solo portaban una especie de suspensorios. Ni en Chueca llegué a ver algo así. Pero, en fin, me recogí pronto, que los viajes suelen cansarme, y navegar entre la multitud ya ni os digo. Regresaré para narraros un sábado con más energía.
martes, diciembre 06, 2011
Macropuente.
Esta semana no tenemos clase, aunque el país no se va a hundir por ello. No es lo mismo para trabajadores que para estudiantes, si bien quiero aclarar un concepto: la asistencia a clase es importante, sí, pero es en el trabajo de casa cuando uno se juega la posibilidad de subir la nota, venciendo todas las tentaciones que impulsan en contra del mismo. Es el cuento que me estoy aplicando estos días, al menos hasta el viernes; entonces me iré a Madrid, tan solo por tres noches, y sí que obviaré la carrera para aprovechar minuto a minuto el viaje.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
sábado, diciembre 03, 2011
Sleeping Beauty.
La cinta juega a ratos al feísmo, y sobre todo a subrayar el contraste entre la blanca y lisa desnudez de Emily Browning y la de sus partenaires, delicia de gerontófilos, algunos de ellos parecidos a Papá Noel y otros a algún hermano marista. A pesar de estar en la selección de Cannes y Sitges, la película fue injustamente vapuleada por parte de algunos críticos que a mi juicio no fueron muy comprensivos con ella; a mí me gustó aunque, con ese tema, me resultó necesariamente desagradable. Desde luego que no se explican todos los hilos de la trama, como la relación que tiene con ese amigo toxicómano, o cómo es posible que tenga tres trabajos y además vaya a clase. Eso sí, en vez de coger apuntes decide camuflar una videocámara, algo que podría darme ideas para alguna asignatura si no fuéramos tan poquitos en clase.
Al menos os la puedo recomendar por la chavala, que es una delicia y además actúa bastante bien. Por mi parte, en otro momento podré hablaros de este macropuente que, pese a los gruñidos de algunos, dedicaré en su mayor parte al trabajo en casa, que a la hora de los resultados siempre es más determinante que el llevado a cabo en el aula.
jueves, diciembre 01, 2011
Dialectos y condones de fresa.
Me ilusionó, pero también me dio rabia, ver que en el hall de mi facultad los de Cruz Roja habían montado un puesto de información por el día contra el VIH. Ilusión, porque es necesario. Rabia, porque esa idea la había tenido yo y resulta que me la copiaron de forma inconsciente, ja, ja, yo no pude montar un chiringuito así, bastante tenía con memorizar todos los rasgos extraños de dicha habla pirenaica. Y no llevé condones a clase para repartir. No quería que alguien, con razón, pensara que estaba haciendo una proposición directa. En cambio, me dieron dos condones: uno normal, otro de fresa. ¡Yupi! Como sea que este último caduca en 2016, cabe la opción de que en los próximos años alguien vaya a darse un goloso banquete, si es que para ese entonces no han ilegalizado el sexo oral.
También obsequiaban con un gran desconocido, el condón femenino; algún lumbrera había grapado uno en el corcho de clase, con el manual de instrucciones. Eso sí, no daban lubricante, al parecer no habían pensado en el público HSH (Hombre Sexo con Hombre, mejor esta etiqueta que aquella, poco precisa, de sexo homosexual). Resulta difícil ponerse serio cuando uno ha tenido un día intenso como este, pero quiero dejar constancia de mi deseo acerca de que en el futuro, bien sea Cruz Roja, Diversidad León u otras asociaciones, alguien lleve a cabo campañas de este estilo; todavía queda mucho por aprender.... y no solo modalidades lingüísticas titubeantes.
martes, noviembre 22, 2011
La vida sigue igual (por ahora).
El pasado fin de semana asistimos a dos éxitos sobrenaturales e incomprensibles para mí. Por un lado, el de la enésima entrega de esa saga mormona de vampiros, a años luz de la JRR Tolkien que felizmente volverá al cine pronto; por el otro, el de los espectros del 20-N (casualidad o no), que amenazan con desenterrar ideas ya olvidadas.
¡Ninguna sorpresa en ambos casos! Como la de mayo, esta victoria electoral ha tenido mucho de inercia. Inercia de quienes votaron, inercia de quienes no lo hicieron bien por principios bien por dejadez. El cambio por el cambio lo ha ofuscado todo. Estoy seguro de que algunos votantes no tenían ni idea de a qué candidatos elegían, y en cambio sí sabían bien que no van a hacer nada por esta ciudad, y sin embargo les votaron. El resto, una ley electoral injusta (se puede decir hasta la saciedad) y una avalancha que solo se paró en las tierras norteñas de los galos, digo los vascos, cuyos votos son tan respetables como los de la tierra no reconquistada.
Por lo que a mí respecta, digo que no me identifico en absoluto con mi barrio; eso sí, no todos somos iguales (yo no lo soy, tampoco personas que conozco). La primera vez que bajé a votar había cola, entre la que destacaba un colorido fantoche, todavía joven, con su traje, patillas y corbata patriótica, que iba con su pequeña familia a votar, supongo que por el bien de la misma. Ante lo cual, subí a casa y esperé a que se vaciara la sala. Por fin pude votar después, ante la aburrida mirada de una cacatúa, miembra de la mesa, que no quiso saludarme. Conste que no quería recurrir a términos injuriosos, pero en algunas circunstancias me es imposible.
Mi voto no influyó el bipartidismo que se vive aquí, cada vez más escorado hacia la derecha. Sea como fuere, antes de opinar habrá que esperar a ver qué hacen los futuros gobernantes. Yo, respecto a mi modo de ser y creencias, no suelo pedir comprensión aunque sí respeto; del mismo modo, no comprenderé lo que ha sucedido pero estoy dispuesto a respetar, claro está, siempre que me respeten y respeten los derechos que me afectan tanto directa como indirectamente.
¡Ninguna sorpresa en ambos casos! Como la de mayo, esta victoria electoral ha tenido mucho de inercia. Inercia de quienes votaron, inercia de quienes no lo hicieron bien por principios bien por dejadez. El cambio por el cambio lo ha ofuscado todo. Estoy seguro de que algunos votantes no tenían ni idea de a qué candidatos elegían, y en cambio sí sabían bien que no van a hacer nada por esta ciudad, y sin embargo les votaron. El resto, una ley electoral injusta (se puede decir hasta la saciedad) y una avalancha que solo se paró en las tierras norteñas de los galos, digo los vascos, cuyos votos son tan respetables como los de la tierra no reconquistada.
Por lo que a mí respecta, digo que no me identifico en absoluto con mi barrio; eso sí, no todos somos iguales (yo no lo soy, tampoco personas que conozco). La primera vez que bajé a votar había cola, entre la que destacaba un colorido fantoche, todavía joven, con su traje, patillas y corbata patriótica, que iba con su pequeña familia a votar, supongo que por el bien de la misma. Ante lo cual, subí a casa y esperé a que se vaciara la sala. Por fin pude votar después, ante la aburrida mirada de una cacatúa, miembra de la mesa, que no quiso saludarme. Conste que no quería recurrir a términos injuriosos, pero en algunas circunstancias me es imposible.
Mi voto no influyó el bipartidismo que se vive aquí, cada vez más escorado hacia la derecha. Sea como fuere, antes de opinar habrá que esperar a ver qué hacen los futuros gobernantes. Yo, respecto a mi modo de ser y creencias, no suelo pedir comprensión aunque sí respeto; del mismo modo, no comprenderé lo que ha sucedido pero estoy dispuesto a respetar, claro está, siempre que me respeten y respeten los derechos que me afectan tanto directa como indirectamente.
sábado, noviembre 19, 2011
Poca reflexión, mucha pereza.
El viernes pasado logré el objetivo de presentar a mi escritor (confesando que, si solo había leído un prólogo de él, procuraría reparar esa falta en el futuro). De propina, por esos cinco minutos fui obsequiado a cenar en el palacio Jabalquinto, la cena más lujosa de Filología hasta la fecha. La jornada se alargó, aunque podría haberse alargado bastante más, algo muy distinto de lo que me ocurrió ayer, que me estuve durmiendo casi toda la tarde; no se qué le pasa a mi cuerpo, cuando llega el fin de semana parece tener un chip para desconectar y apenas reaccionar ya hasta el sábado.
Así pues, hoy habrá que trabajar aunque estoy en un proceso de depresión preventiva por el resultado (al menos el predecible) de las elecciones de mañana. Iré a votar, aunque por el camino tenga que encontrarme con montones de personas que voten en sentido contrario al mío. Qué le vamos a hacer, habrá que ser respetuoso, aunque cueste. Lamentablemente mi falta de tiempo me impide comentar las mentiras acerca de eso que se ha llamado matrimonio homosesuá, o algo así, o hacer un breve análisis de cómo ha sido mi existencia bajo la era ZP, que comenzó allá cuando estaba terminando mis estudios cinematográficos en Ponferrada, y continuó cuando ya había comenzado aquí Filología, tan solo matriculado de cuatro asignaturas. Yo ya tengo claro el sentido de mi voto, y no favorecerá el bipartidismo, y tampoco será eso llamado voto útil. Entre pequeños partidos de izquierda, algunos ya consolidados y otros nuevos, optaré supongo por lo mismo que en las de mayo. Yo no os animaré a que votéis por ningún partido concreto, pero sí a que votéis, por lo que sea y, si no, al menos a que votéis nulo (no en blanco). De lo contrario, podrá pasar el absurdo de que alguien como el alcalde de aquí diga que ha triunfado cuando se ha llevado el treinta y cinco por ciento de los votos. ¡Pues oiga, yo si en un examen saco 3,5 suspendo!
Pues feliz reflexión, felices elecciones y, en el peor de los casos, con carreras como la mía siempre cabe exiliarse, je, je.
viernes, noviembre 11, 2011
El minuto de gloria.
Esta tarde, en la conclusión de unas jornadas de tendencias literarias actuales, voy a tener la oportunidad de presentar a un autor, Juan Jacinto Muñoz Rengel. Juan Jacinto, si lees este blog (por algún casual) quiero que sepas que solo he leído un prólogo tuyo, que me gustó, y en el futuro procuraré leer más; ahora mismo, entre Carpentier, Azorín, etc. tampoco es que pueda dedicarme mucho a un género que me encanta como los relatos fantásticos.
Agradezco la ocasión que me brindan mis profesores, José Enrique y Natalia, para, como dijo esta, promocionarme y tener un minuto de gloria, ja, ja, que espero aprovechar. Yo nunca he dejado de escribir, incluso aunque en este blog haya bajado el ritmo de entradas debido al trabajo de clase. La carrera es importante, puesto que de algo hay que vivir, pero la creación para mí siempre está en un primer plano. Siempre estoy dispuesto a aprender de esos escritores que no tienen que apoquinar por ver sus libros publicados. ¿Podré convertirme yo, en poco tiempo, en miembro de este grupo? Ya veremos, aunque tampoco hay que descuidar el auge de los soportes no físicos.
Así pues, procuraré no ponerme nervioso y cumplir con el pequeño encargo que se me ha ofrecido. Hablando de responsabilidades, hoy fui nombrado vicedelegado de clase. No tiene mucho mérito, nadie más se presentaba y tampoco íbamos a quedarnos sin ese puesto. Al menos no acabaré la carrera sin haber tenido un cargo, ja, ja
viernes, noviembre 04, 2011
Del ABC al arroz.
Voy a dejar un rato el libro de Alejo Carpentier... Leerlo, condición obligatoria, es como ver crecer la hierba, y eso que es una novela de aventuras, a su modo. Eso sí, ahora dispongo de más tiempo de lectura en horas libres y huecos después de comer. Ello se debe a que han quitado la prensa gratuita de la facultad. Parece ser así, y no creo que regrese. Cierto es que la oferta era limitada: en ocasiones El Mundo, y siempre el ABC. Resultaban útiles para esos momentos en los que no había demasiado ambiente de conversación en clase, para las dilatadas esperas en alguna asignatura, por algunas noticias jugosas sobre cine y cultura, y también porque algunas exageraciones apocalípticas resultaban bastante divertidas. ¡Ahora ya no podremos seguir por esta vía la campaña electoral! El apocalipsis llegará después de la misma, pero no pasa nada, yo ya medito planes de trabajo en el extranjero.
Una pena. La crisis también les habrá hecho mella, imagino. Y yo que pensaba que ya no se regalaba nada y esta mañana, poco transitada ya la facultad, empiezo a ver a alumnos con bolsitas de papel de la marca Brillante. Calmadamente, sin el ímpetu de esos paisanos que son capaces de apretujarse por un kilo de pepinos, me acerqué a un improvisado stand a la entrada, con un par de, digamos, azafatas que me obsequiaron con otro par de boles de arroz para microondas. No es que me descubrieran América, porque llevo ya un par de cursos utilizando esos envases, bastante cómodos, sin renunciar al arroz de cazuela como el que acabo de tomar. Pero, en fin, me dieron en el gusto, no siempre te regalan algo que eres capaz de aprovechar. Lo que me sorprendió fue esta promoción alimentaria en pleno hall de Filosofía y Letras. Algo insólito. ¿Trasladarán algún día las fiestas de Erasmus, con sus sombreros mejicanos y sus pelucas de colores? En una facultad tan polivalente como la nuestra, todo puede suceder.
Una pena. La crisis también les habrá hecho mella, imagino. Y yo que pensaba que ya no se regalaba nada y esta mañana, poco transitada ya la facultad, empiezo a ver a alumnos con bolsitas de papel de la marca Brillante. Calmadamente, sin el ímpetu de esos paisanos que son capaces de apretujarse por un kilo de pepinos, me acerqué a un improvisado stand a la entrada, con un par de, digamos, azafatas que me obsequiaron con otro par de boles de arroz para microondas. No es que me descubrieran América, porque llevo ya un par de cursos utilizando esos envases, bastante cómodos, sin renunciar al arroz de cazuela como el que acabo de tomar. Pero, en fin, me dieron en el gusto, no siempre te regalan algo que eres capaz de aprovechar. Lo que me sorprendió fue esta promoción alimentaria en pleno hall de Filosofía y Letras. Algo insólito. ¿Trasladarán algún día las fiestas de Erasmus, con sus sombreros mejicanos y sus pelucas de colores? En una facultad tan polivalente como la nuestra, todo puede suceder.
lunes, octubre 31, 2011
Lluvioso Halloween.
Esta será la Noche de los Muertos... pasados por agua. La verdad es que esta costumbre del Halloween, aunque me gusta, la asocio sobre todo con niños, como los típicos de las películas americanas y sus bolsas de caramelos. Aquí en León casi solo he visto disfrazados a niños un tanto ya creciditos. Corrían el riesgo de que se les corriera el maquillaje de zombis. Claro, ninguno llevaba paraguas. ¿Acaso lo llevan las brujas, los demonios, los vampiros y demás hordas infernales? Por desgracia, los seres humanos sí tenemos que enfrentarnos con la gripe. De todos modos, la calidad de los disfraces tampoco era nada del otro mundo. Algunos se conformaban con un par de cuernos, o un par de orejas de gatita. Otros iban con una especie de corbata y sombrerito, como si en vez de a Halloween fueran a un baile de graduación lo más cutre posible.
Por mi parte, mi mejor homenaje a esta fecha hubiera sido visionar una buena película de terror, no como las que echan en la televisión, salvo excepciones. Otra noche será. Ahora demos la bienvenida a otro mes de clase, el único íntegro en lo que resta de cuatrimestre (hay que empezarlo con ánimo positivo, si no vamos listos).
Por mi parte, mi mejor homenaje a esta fecha hubiera sido visionar una buena película de terror, no como las que echan en la televisión, salvo excepciones. Otra noche será. Ahora demos la bienvenida a otro mes de clase, el único íntegro en lo que resta de cuatrimestre (hay que empezarlo con ánimo positivo, si no vamos listos).
lunes, octubre 24, 2011
Genealogía de móviles.
Poco importa que hoy haya sido el día más largo y pesado de la semana, no quiero que pase sin haber dejado constancia, aunque sea solo gráfica, de la celebración de mi cumpleaños. Por la tarde sufrí un boicot por parte de mi móvil, y suerte que pude cambiar la tarjeta a un primo lejano, más moderno, otro Nokia al que apodé El Rojillo, móvil de transición que he cambiado por su hermano gemelo, El Negrillo. No hay ninguna connotación aquí, solo los llamo así por su color, casi siempre he puesto apodo a mis móviles. Siempre en nuestro recuerdo estará el Huevomóvil, el auténtico móvil de los Abrasadores, con La cabalgata de las valkirias de Wagner. Pero, en fin, la vida de estos cacharros cada vez es más efímera. Y lo peor de todo es que de la noche a la mañana, sin dar síntomas, pueden estar a punto de arruinarte un evento así.
La foto está tomada en Mary te Quiero, pizzería que sufrió una metamorfosis desde que era la Latina, hacia un decorado más kitsch pero que no ha cambiado como punto de encuentro para primos ansiosos por degustar las botellas de vino de Antonio Banderas o las de Lambrusco con las que estamos brindando. Una de las degustantes es de la propia Emilia, cuna del caldo italiano, y parece que al menos dio su aprobado a este. Con Juan y Espe presentes, pudiera entenderse el brindis asimismo como un recuerdo a la abrasadora Car, que podrá reintegrarse a la convención de MTQ, esperemos, en Navidad. Por cierto, en su afán de transformismo este lugar no solo tiene bancos multicolor sino que ha incorporado a la carta sandwiches como los de Rodilla, ¡qué recuerdos! En fin. Solo quiero dejar constancia de esto y de que lo pasé muy bien y que no debo sentir los años porque el Lambrusco, dentro de su traición afrutada, me produjo con treinta años, en la jornada postrera, el mismo dolor de tarro que con veintinueve. Pero mereció la pena... Y a ver la próxima celebración, en la que (digo yo) ya podré dármelas de licenciado.
jueves, octubre 20, 2011
Bye, bye, gobernador de Libia.
Habrá quien no entienda, con toda razón, el epígrafe de este blog. Diré que tiene conexión con una canción de Franco Battiato, Carta al gobernador de Libia. Diría más, pero tampoco las fuerzas dan para mucho y... ¡he venido aquí para hablar no de mi libro, sino de mi cumpleaños!
El anterior gobernador de Libia, los de la boina, todos se conjuran para restarme protagonismo, ja, ja. Mientras sea para bien... Porque, tanto aquí como en Libia, es de desear que se abra una etapa de esperanza que además, simbólico evento, coincidiría con mi aniversario número treinta. ¿Acaso no es una buena noticia alcanzar una nueva década en la existencia? A mí no me resulta deprimente porque mi yo de treinta años ha evolucionado bastante a partir del yo de veinte (quizá en algunas cosas involucionado, eso sería caso aparte) y, si a partir de los veinte fui capaz de afrontar metas antes no sospechadas, no veo por qué ahora no vaya a poder suceder lo mismo.
No podemos elegir, claro está, que el día de nuestro cumpleaños sea festivo, por eso ha caído en la jornada con más clases. Menos mal que el churrasco de la cafetería pudo elevarme un tanto la tensión; al final, recordando el reboot o precuela (?) de El planeta de los simios (excelente, por cierto), volví a mis ancestros simios y cogí el hueso con la mano para comerlo a mordiscos y dejarlo mondo y lirondo. En realidad, fue un acto de protesta; estoy ya cansado de esas personas que no saben comer un filete sin rallar con el cuchillo en el plato. O yo soy hipersensible, o la peña está abotargada. La primera opción es más viable. Un simio hipersensible.
En fin, mañana, tras la única hora de clase, comenzarán los preparativos de mi celebración. Pretendo que sea austera, pero, no obstante, que marque cierta línea de lo que puede dar de sí esta década entrante. Sea como fuere, gracias por estar aquí un año más.
domingo, octubre 16, 2011
Con alcohol no tiene sentido.
Espero que la universidad no se gaste demasiada pasta en la confección de mantelitos para bandejas en el comedor del campus, porque su mensaje no parece del todo efectivo. Su lema es: Con alcohol no tiene sentido y ponen a un tío y a una tía metidos en una suerte de burbuja, como si tuviesen una enfermedad contagiosa, y con un careto de alucinados que, eso sí, es posible alcanzar según hasta qué punto se beba. Deberían repartir esos manteles en las espichas, para que la gente pudiera apoyar el calimocho. De hecho, en el propio comedor sirven vino, aunque es sabido que su consumo con moderación puede constituir un buen elixir para alargar la vida.
También pone: Con alcohol no sientes. ¿Qué es lo que no se siente? ¿Aludirá a los cinco sentidos o a otras sensibilidades que sí es posible activar, quizá ralentizadas, con el consumo de alcohol? Quién sabe, en todo caso veremos si mañana sigue el mantelito de marras.
A mí el alcohol no me aísla pero, confieso, puede dormirme. Ayer me pasó. Además, antes había cometido un error que me resultó casi inexplicable. Por suerte, un bache de esos en los que te metes casi voluntariamente y luego, en la mayoría de los casos, eres capaz de salir por tu propio pie. ¿Estaba dicho error en relación con el alcohol? Bueno, se supone que esta sustancia me tendría que haber ayudado a evitarlo... En este primer mes he abierto algunos frentes y, la verdad, puede que haya que tener un poquito de paciencia para ver resultados, si es que los hubiera. Así que, señores ideólogos de la universidad, seamos francos: con alcohol, la moderación sí tiene sentido. Como en tantos otros aspectos de nuestra existencia. Esa sería la propaganda más eficaz.
También pone: Con alcohol no sientes. ¿Qué es lo que no se siente? ¿Aludirá a los cinco sentidos o a otras sensibilidades que sí es posible activar, quizá ralentizadas, con el consumo de alcohol? Quién sabe, en todo caso veremos si mañana sigue el mantelito de marras.
A mí el alcohol no me aísla pero, confieso, puede dormirme. Ayer me pasó. Además, antes había cometido un error que me resultó casi inexplicable. Por suerte, un bache de esos en los que te metes casi voluntariamente y luego, en la mayoría de los casos, eres capaz de salir por tu propio pie. ¿Estaba dicho error en relación con el alcohol? Bueno, se supone que esta sustancia me tendría que haber ayudado a evitarlo... En este primer mes he abierto algunos frentes y, la verdad, puede que haya que tener un poquito de paciencia para ver resultados, si es que los hubiera. Así que, señores ideólogos de la universidad, seamos francos: con alcohol, la moderación sí tiene sentido. Como en tantos otros aspectos de nuestra existencia. Esa sería la propaganda más eficaz.
martes, octubre 11, 2011
Impresiones preliminares.
Asumo que me pongo a escribir aquí por no querer asumir poner orden en los apuntes, los libros de literatura hispanoamericana y el Lexikon der Romanistischen Linguistik, grueso volumen que, pese a lo que pueda parecer, está en español. En estas tres primeras semanas no puedo quejarme, las clases no son muy duras, con una excepción. Hay un profesor que, por lo visto, aspira a convertirse en personaje habitual de este blog. Yo, como diría este catedrático respecto a Pío Baroja, me limitaré a ser observador de la realidad (aunque confieso que no evitaré ciertos juicios, que para eso es mi blog). Leí que se cumplían sesenta años desde la creación de mi colegio, Maristas San José, y el espíritu que anidaba en algunos profesores ha regresado en una persona que es una contradicción en sí misma, pues por una parte cuenta en mucho nuestra asistencia a clase y, por la otra, ofrece pocos alicientes para la misma. Y no es que desprecie su erudición ni la materia que transmite, que ya me interesaba antes pero, en fin, ciertos tics y manías son poco asumibles para mí, cuando mi cumpleaños está cerca y ya voy teniendo una edad, je, je. No voy a hacer juicios prematuros, pues tenemos el curso por delante.
Y en ese por delante se incluyen los más de veinte libros, o así, que tengo que conseguir; ¡vayamos al tradicional mercadillo de lance a ver si cae alguna ganga!
miércoles, octubre 05, 2011
Quinto aniversario.
Han pasado cinco años desde que vivía en el piso de la foto, cuando aquellas tazas de té aún no estaban destrozadas y el traje con el que me iba a disfrazar, pero con el que en aquel momento trabajaba, no había sido aún sustituido por el más informal uniforme de universitario.
A finales del 2006, la eclosión de las redes sociales quedaba un poco lejos para mí, inicié este blog sin pensar en una posible continuidad a largo plazo. Las andanzas en el Corte Inglés eran lo bastante jugosas como para que evitara desperdiciar el plasmarlas en un blog al que al menos tuvieran acceso mis compañeros de trabajo y un reducido círculo de seguidores, algo que no ha variado hasta hoy, si bien hay ciertas rachas en las que he tenido múltiples visitas, incluso de lugares tan improbables como Irán o India. ¿Qué se les habrá perdido aquí?
Bajo la invocación del Gobernador de Libia (el simbólico, el actual ya poco gobierna), comencé la nueva experiencia que me ha aportado sensaciones positivas, quizá también alguna negativa. Un espacio como este, claro está, depende mucho de los vaivenes de nuestro devenir. Yo en aquel entonces no tenía decidido completar mi antigua carrera aquí en León, de manera presencial. ¡Acabarla con treinta años! Al comienzo parecía deprimente, pero estoy a punto de cumplirlos y, francamente, se me ha pasado muy rápido. Es el curso final. La mayor parte de materias son atrayentes y, sí, tengo un cierto cansancio, pero no tanto por el trabajo en sí sino porque quiero abrir nuevos horizontes y dejar atrás esta etapa. Bueno, es cuestión de meses, digo yo.
El blog ha bajado en número de entradas, sin que ello implique desidia por mi parte. Ni todos los años son iguales, ni siempre se tiene algo demasiado interesante que decir. Lo único evidente para mí es que, a menos que suceda algo imposible de prever, quiero continuar con este espacio que, en el efímero mundo cibernético, ha cumplido la respetable edad de cinco años. Aquí me tendréis, y aquí os espero. Gracias por haberme acompañado en el trayecto.
lunes, septiembre 26, 2011
El día del No Comienzo.
Hoy ha sido el día de mi No Comienzo en clase. Por fiarme de los confusos horarios de internet, por no indagar y porque tampoco me informaron; al final, no obstante, no he hecho el viaje en balde; al menos ha servido para librarme de un par de créditos pendientes, y para aprovechar más el día, por ejemplo escribiendo aquí.
Ayer vi la película del cartel. Ah, ¿que no sabéis polaco? Yo tampoco. Se llama Suicide Room, y es una de esas rarezas que solo se pueden encontrar rastreando. Probablemente, con ese título, no sea lo mejor para empezar el curso con buen pie, pero merecía la pena verla, aunque sea porque sale un chico bastante guapo, durante media película en calzoncillos (no tan guapos). Sí, claro, es deprimente, es la historia de un emo que se vuelve hikikomori, para esto es inútil el diccionario de la RAE. Y no sucede en Japón, sino en Polonia (a menos que haya entendido yo mal). Al comienzo, tras un baile universitario que parece de coña porque todos tienen tipo de modelo, se emborrachan y el prota, por eso de las apuestas, se da el lote con un amigo cachitas, mientras son grabados por móvil. Pero bueno, ¿qué diría Juan Pablo II?
Luego, la cosa se magnifica por las redes sociales, el tío se reprime y decide pasar de las clases y encerrarse en su cuarto. Allí se integra en una pandilla virtual, esa Suicide Room, con tíos que tienen ridículos avatares de minotauros y robots, liderados por una chavala de pelo rosa y mucho peligro. A partir de ahí, veremos los esfuerzos de sus padres por sacarle de esa vida conectada a la red. Claro que, al final, aparte de predecible, la cosa parece un poco absurda: ¿por qué los padres no le cortan antes el internet? ¿Por qué no custodian mejor su medicación? En definitiva, ¿qué les llevó a tener un hijo, si con sus respectivos trabajos apenas podían disfrutar un momento de sexo en el coche?
Yo nunca he sido gótico, ni emo. Mi palidez es natural, eso sí. El pelo liso no me quedaba mal, pero rizado me resulta más auténtico. Estuve tentado de ir a clase con la capucha echada y sombra negra en los ojos, pero pocos se podrían haber impresionado, puesto que no había nadie y, además, pintas más raras se han visto por allí. Si es posible, demando para este curso un erasmus polaco como el de la película, y no como las polacas del año pasado, que después de garabatear cuatro cosas que les dije para nuestro trabajo ni siquiera me invitaron a una birra... Mañana veremos.
viernes, septiembre 23, 2011
Día de la Visibilidad Bisexual.
Os adjunto esta noticia aparecida en internet:
http://www.ileon.com/actualidad/008965/los-bisexuales-reclaman-una-sociedad-plural
No está mal para una ciudad como León... ¡Feliz día!
jueves, septiembre 15, 2011
Red State.
Esta película es sorprendente en varios sentidos. Para empezar, es de Kevin Smith, que ha tocado muchos palos y se ha estrellado en unos cuantos. El comienzo es muy suyo: tres adolescentes acuden a la llamada del sexo fácil a través de internet con una mujer mayor que ellos. Vista en versión original, os aseguro que el fuckómetro (el medidor de la palabra fuck) está cerca de explotar por sobrepasar los límites. Sí, tiene detalles de humor que se podrían decir a lo Kevin Smith, como ese sheriff que hace cruising de incógnito (o al menos eso le gustaría a él). Pero, si al principio pudiera parecer una comedia, ¿en qué se convierte luego? Por momentos, en una especie de thriller con retazos de terror. Ya sabéis, los jóvenes encerrados que intentar escapar de un grupo de pirados.
No obstante, hacia mitad de la película se produce un cambio, la historia se convierte en un asedio, con ciertos ecos del salvaje oeste, y termina como una metáfora de Estados Unidos tras el 11-S, y cómo para acabar con un grupo de terroristas (que no merecen mi compasión, desde luego) unos burócratas no dudan en dar órdenes de disparar a todo lo que se mueva, aunque sean niños pequeños. Al final, todo un caos en el que solo se salva la dignidad del personaje de John Goodman y que, curiosamente, concluye a través de una graciosa casualidad.
Pues nada, si os animáis descubriréis a un director que se reinventa, una película que no es la típica de horror adolescente sino que toca las pelotas, y cómo la posibilidad de tener sexo gratis y fácil puede esconder una contrapartida chunga. ¿Y por qué se llama Red State? Bueno, supongo que si os metéis en internet podáis resolver fácilmente ese punto...
domingo, septiembre 11, 2011
Estampas matritenses (y II).
Aprovechando que la edición de entradas de este blog parece haber felizmente cambiado a mejor, voy a dedicar esta segunda parte a la memoria de aquellos amigos a los que las razones profesionales, o de otra índole, han llevado a establecerse en la capital, como también yo en su día estuve allí hasta que decidí regresar a por Filología, pese a considerar que cinco años podían ser demasiados. Pues ya veis... Pronto empieza el último acto. ¡Telón!
Yendo por la céntrica Malasaña, te puedes encontrar de todo, como esta terraza situada enfrente de un cine X (¿pero queda alguien que vea ese tipo de películas en sitios así? O acaso irán a... Miedo). Ahí arriba estoy con Nacho, y este posa con Jose no en el sofá de su casa, sino en un bar de la calle Barco, con una decoración muy hogareña a la par que confortable. Tanto, que nos dejaron entrar con unas deliciosas pizzas cortadas al peso en un establecimiento de al lado, de una masa fina y muy diferente a los mazacotes de esos puestos abiertos hasta altas horas de la madrugada y cuyo fin principal parece ser el de absorber el alcohol a través de toda su grasaza.
No querría terminar sin tener un recuerdo para un buen amigo y seguidor del blog. Una parada antes de bajarme en Majadahonda, en el tren sonó la metálica voz de El Barrial. Centro comercial, y sentí un escalofrío al pensar que había atravesado un agujero temporal para retornar a algún domingo en el que me tocara currar allí, como ese en que llegué un poco tarde y me cayó la bronca, para luego comprobar que el jefe picajoso se dedicaba a perder el tiempo de charloteo durante media hora. Nevermore! Costó que nos hicieran la foto, puesto que la cámara es ya una señora de edad que tiende a apagarse cuando siente el contacto de unos dedos extraños que no sean los míos. No obstante, aquí está la instantánea, y, si no me dan el coñazo con insistencia en la facultad, espero regresar para otro cónclave Hopewell-Tis, con la posibilidad de integrar otros invitados.
Y ahora, vuelta a la realidad, próxima parada: automatrícula. Tiempo de parada: corto, como sea que ya he elegido las asignaturas y habrá que tocar madera para que no me haya equivocado. Así que a empezar con espíritu elevado, llevando el lema, aunque se repita, de El viaje llega a su fin.
viernes, septiembre 09, 2011
Estampas matritenses (I).
¡Ya estamos aquí! Y con dos semanas, poco más, de libertad todavía. A lo Mesonero Romanos, aunque con un espíritu menos castizo y conservador, puedo traer como recuerdo una serie de estampillas matritenses, de fotos realizadas por esa cámara que ya está pidiendo a gritos una jubilación. Cada vez que la saco, parece que me diera vergüenza, ya todo el mundo con sus teléfonos inteligentes (aunque si tan inteligentes son, que se presenten a los exámenes por mí), y cacharros digitales del tamaño de una libretita. Solo podría haber un shock más grande si sacara una de carrete, y desechable, como las que vendían no hace tantos años.
Pero relajemos y, antes de que llegue el mal tiempo (o bueno, que al menos nos libra del calor), ahí dejo mi estampa en la plaza de Chueca, degustando un mojito a las frutas del bosque en la terraza de la coctelería La mariquita (dejo en vuestras manos la decisión de si ese nombre revela mayor o menor gusto). No suelo tomar copas para el postre y esa, aunque estaba deliciosa, quizá no me sentó del todo bien. La culpabilidad estaría entre esta y el frappuccino del Starbucks en el que aproveché para colgar la última entrega de la novela. Nunca me sentaron demasiado bien las cosas del Starbucks, sus tés me han llegado a dar náuseas. Y no solo lo digo porque sea un sitio poco económico...
Antes de ese postre bautizado con hielo, estuvimos comiendo justo al lado, en el mercado de San Antón, uno que han reformado recientemente y que en su segunda planta tiene puestos de tapeo, no ciertamente al estilo leonés pero sí más exótico e internacional: que si un italiano, un japonés, un griego... Analicemos mi petit menú: ensalada de tomatitos, queso feta con pimientos, hamburguesa de solomillo con cebolla caramelizada, todo ello regado con una copa de Lambrusco, que quizá tenga que asumir parte de su culpabilidad en el malestar provocado junto al frappuccino y al mojito.
Aproveché la estancia en el mercado para el más difícil todavía, comer unos noodles con palillos. Los japoneses son listos, porque los comen directamente de boles que pueden acercar a la cara, y de esa manera es más fácil utilizar los palillos que en el absurdo caso de tener que acercar un plato hondo y enorme. Aquí acaba la lección gastronómica de hoy, en la próxima serie colocaré algunas estampas más con amigos, alternando a lo grande por Madrid o sus aledaños. ¡Buen provecho!
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