sábado, septiembre 13, 2014
Crónicas burrocráticas.
Ayer hice un viaje a Oviedo, un viaje breve cuyo objetivo principal era solucionar el embrollo de la matriculación en mi doctorado, una vez que la admisión en el mismo ya es un hecho, como pude comprobar charlando allí con una de las coordinadoras. Era consciente de que desplazarme allí no iba a asegurar que me matricularan en el acto, pero imaginaba de todos modos que el viaje no sería baldío. Y no lo fue. La ruta del autobús a través del puerto de montaña siempre deja unas vistas impresionantes. Y, si a las once había llegado allí, a las once y veinte, rodeando un poco, entré al edificio central o histórico de la universidad. A las once y media ya me habían atendido. En el Centro Internacional de Posgrado tenían un jaleo considerable, pero sobre todo para los cursos de máster. En la sección de doctorado la consulta fue inmediata. Que si mis documentos no habían llegado, pese a que la profesora que los envío luego me enseñó el mensaje personalmente... En todo caso, después de comprobar cómo las llamadas telefónicas al centro no eran respondidas, siempre me parece más positivo plantarse allí y que al menos te vean la cara, saliendo del anonimato. Apuntaron mi nombre y teléfono, diciendo que me llamarían la semana que viene para enviarme las cartas de pago y que no tuviera que regresar solo para eso. En teoría el plazo acabó ayer, pero es lo mismo. En el máster ya me matriculé a mitad de curso. Esta flexibilidad tan española me está beneficiando, ya lo creo.
Al margen de la burocracia, lo más relevante para mí del viaje fue el tiempo que pasé en el campus de Humanidades, o del Milán (vaya vuesa merced a saber por qué le llaman así). Ya lo había visitado en el fallido intento de aprobar el TOEFL, pero lo de ayer fue mucho más significativo, porque lo hacía ya como miembro de la universidad, doctorando admitido pero no formalizado. Lástima que el calor que no hizo en agosto apareciera ayer, me hizo recordar ese fin de semana en el que estuvo lloviendo continuamente en la ciudad... Me pasé por el aulario, el edificio departamental, y por supuesto la cafetería donde hice tiempo hasta que la coordinadora estuviese disponible. Ella, que no solo ha hecho todo lo posible para ayudarme con las gestiones sino que me resultó muy simpática, me llevó al Centro de Estudios de Mujeres (no recuerdo ahora mismo si el nombre concreto es así, pero lo sería en esencia). Estuvimos charlando, todavía no con mucha profundidad sobre el doctorado porque tiempo habrá para ello.
Comí en el llamado Bulevar de la Sidra, calle Gascona, pero no, no tomé sidra. Estaba deshidratado, preferí agua fresca. Tiempo habrá, asimismo, para la sidra. Descartando la Competencia, que ya en León tenemos cuatro (y allí dos, por lo que pude ver), fui a un sitio más tradicional, donde comí ensalada con quesos astures y solomillos al cabrales. Pasé también del cachopo. Demasiada carne, para mi gusto, preferí esos solomillos tan blandos que casi no había que masticarlos. Haciendo un poco de tiempo hasta que saliera el bus, fui a la cadena de cheap-drinking Copas Rotas. En León abrieron un local en el Húmedo pero, cuando se dieron cuenta de que allí lo de pagar por las tapas no se estila, cerraron. Yo no quería tapas, y estuve un rato allí, frente al ayuntamiento, donde estaban ya haciendo las pruebas para el pregón de las fiestas. Sí, llegué en plena preparación de las fiestas. Ahí está el cartel alusivo al que hice una foto, porque me llamó la atención y porque, en efecto, estaba muy en la línea del espíritu del doctorado. Nun seyas babayu!
Yo no había ido allí por las fiestas, así que regresé al Alsa. La última ironía y/o coincidencia de la jornada, en el asiento de al lado había una mujer con el pelo teñido de rosa, pulsera con la bandera del arco iris y leyendo una especie de apuntes sobre un taller de diversidad sexual de un sindicato. Pocas veces he tenido un motivo tan obvio para entablar una charla. Sin embargo, la modorra post-viaje era un hecho, así como la falta de costumbre a la hora de establecer conversación con compañeros/as de asiento, con significativas excepciones como la de mi viaje a Lund. De hecho, suelo viajar en asientos aislados. No ayer, que tocó regresar al bus proletario. De todos modos, parecía muy centrada en sus papeles y sin necesidad de hablar con nadie, pues ya estaba hablando sola a ratos.
Así, al margen de la burrocracia, ayer pasé unas horas visitando una ciudad en la que pretendo vivir, y en la que viviré a menos que haya cambios en contra de mi voluntad. Me fijé, muchas veces de refilón, en lugares en los que podría pasar bastante tiempo en un futuro cercano. Y, ya solo por eso, mereció la pena el viaje relámpago. Soy consciente de que establecerme allí requerirá esfuerzos, pero la sensación que ayer tuve en conjunto fue la de una satisfacción general por el devenir de los acontecimientos. Informaré una vez la matrícula esté completa y pagada, esta vez la sangría no será tan considerable como la del máster. Y, si hay que hacer otra visita como la de ayer, pues bienvenida sea, mientras no la haga a diario, como aquellos desquiciados viajes a Ponferrada tiempo ha.
martes, septiembre 09, 2014
Bisexuales en serie.
Existe la teoría de que la libertad creativa y los grandes guionistas se han trasladado del cine a la televisión, lo cual no es más que otra hipérbole asociada a los mass-media. Por supuesto que en el cine sigue habiendo grandes películas, tan solo hay que molestarse en buscarlas: tanto en las producciones independientes, como en el cine comercial que no desdeña narrar una buena historia, sirva como ejemplo la última entrega de la saga X Men, que he visto recientemente. La diferencia, más que obvia, es que en la televisión hay más tiempo para desarrollar las tramas. La duración es variable, pero ver una serie completa puede llevar unas sesenta o setenta horas, dependiendo de las temporadas y de si es drama o comedia. La continuidad entre estas no siempre es un requisito, como puede verse en series como True detective. En otras, como la de la foto, al espectador no le queda otro remedio que fastidiarse esperando hasta la siguiente. Es lo mismo que sucede en Juego de Tronos solo que, en este caso, existe el problema de basarse en una saga literaria que todavía no ha concluido. Eso sí, la adaptación se toma bastantes licencias. Algunas de ellas para mejor, como la que tiene que ver con el título de esta entrada.
Respecto a la libertad creativa, es verdad que la censura de la presión comercial parece ser menor en muchos de los proyectos televisivos, aunque en ocasiones eso desemboque en un exceso de desnudos gratuitos, por lo general de mujeres, cuando no en muestras de lesbian chic (asunto que pretendo abordar en mi tesis, es por ello que ya voy tomando ejemplos). Juego de Tronos ha sido vapuleada en ese sentido, no sin cierta razón por su exceso de escenas en burdeles, pero la verdad es que el sexo ya estaba en los libros de Martin. A diferencia de Tolkien, es menos épico y más humano: el erotismo y la escatología son comunes. Hay que agradecer, eso sí, que la serie muestre de forma más clara la orientación sexual de los personajes. El caso de Oberyn Martell, explicando su bisexualidad mientras vemos en escorzo el culo de su amante masculino, y junto a ellos su auténtica paramour se solaza con dos prostitutas, es antológico. Un personaje, además, que gozaba de las simpatías del público, y cuyo final se justifica en la línea de esa montaña rusa emocional que es Canción de Hielo y Fuego.
Yo no veo muchas series, por razones de tiempo como señalé, pero procuro ver algunas que me recomiendan. No demasiado interesado en cuestiones realistas de mafiosos, narcotraficantes o demás ralea (aunque siempre hay excepciones), me fijé en Penny Dreadful (llamada así por las revistas sensacionalistas de la época), un totum revolutum de monstruos clásicos como Drácula, Frankenstein y su criatura, el hombre lobo, Dorian Gray, Jack el Destripador (un monstruo de persona, vaya)... No todos aparecen in situ en la primera temporada, pero hay referencias sutiles. Una amiga, que conoce desde dentro el mercado televisivo, me recomendó no ver esta serie, sugiriendo que era aburrida. Tiene razón. Hay escenas bastante lentas, con diálogos solemnes que cualquiera diría que han sido escritos por el mismo guionista de la última entrega de James Bond (y con la producción del director de esta, Sam Mendes). Pero también hay escenas de gran tensión, y cierta originalidad respecto a personajes ya muy vistos. En el caso de Dorian Gray, ya en la última versión fílmica se insinuaba su bisexualidad, pero en la serie se muestra claramente. Primero, de forma un poco obvia, durante una orgía. Y después, en un giro argumental que me dejó un tanto estupefacto. Lástima que se trate de un personaje periférico, que no participa en la trama principal. Se presenta bajo la figura del bisexual perverso, primo segundo de la lesbiana perversa, un ser ambiguo, que pervierte a quienes le rodean. Un demonio, en palabras de un personaje más ingenuo, el de la prostituta tuberculosa. Su escena bebiendo absenta en buena compañía me hizo añorar esa cena en Estocolmo con mi hermano Pedro, cuando en un restaurante francés dimos buena cuenta del brebaje, con su terrón de azúcar incluido. ¡Quién se tomara una absenta con el auténtico Mr. Gray, y no ese Mr. Grey de pacotilla del que Oscar Wilde seguro que se está burlando desde su tumba!
En fin. Ahora voy a dejar de ver series porque tengo asuntos pendientes más importantes. Esperaré a la quinta de GOT (por no hablar del sexto libro de la serie), a la segunda de Penny y confío en que la espera será menos larga para matricularme en el doctorado de la universidad de Oviedo. Sí, ayer fue fiesta en Asturias, pero hoy no, así que, por favor, aceleren un poco la burrocracia. Seguiremos informando.
domingo, agosto 31, 2014
La mochila de ida y vuelta.
Si hay algo que me resulta evidente tras todos los viajes, de mayor o menor distancia, que he realizado, es que el entusiasmo de cara a los mismos es susceptible de variar a cada instante, desde la idea que se tiene en mente hasta el propio momento en que se sube a cualquiera que sea el medio de transporte utilizado. Eso me sucedió el domingo pasado en Picos de Europa, aunque conseguí llegar hasta allí, como demuestra la foto. Por una serie de circunstancias externas e internas, entre las que destacan una planificación mejorable y las deficientes comunicaciones de la montaña leonesa, al final perdí las ganas de dormir allí. Una parte de mí quería permanecer a toda costa, en honor a los viejos tiempos y en honor al compromiso que había adquirido con mi amigo. Dicho compromiso, no obstante, se puede cumplir en cualquier momento mientras permanezca viviendo aquí. También en invierno, cuando el monte resulta majestuoso en otras tonalidades. Y, por lo que respecta al pasado, hace una semana también recuperé un poco el espíritu de antiguas excursiones, aunque fuera brevemente. No tuve estómago para probar ninguna de las sabrosas viandas que nos sirvieron, pero sí fuerzas para llegar hasta el cercano mirador desde el que tomé esa instantánea. Con el móvil. Ni siquiera tuve ganas de abrir la mochila y sacar la cámara. Una mochila de ida y vuelta, ese fue el símbolo más penoso para mí.
De todos modos, no es ninguna tragedia, ni ninguna novedad. En alguno de los escasos campamentos que realicé (yo guardo bien mi privacidad y los campamentos la anulan), una chica de origen extranjero, creo recordar, y generosas carnes logró llegar a la cima de una montaña, y yo no. Desde luego que yo no discrimino a nadie por sus kilos de más, pero siempre me resulta curioso ver a alguien así trotando peña arriba, más aún cuando me sobrepasa y me deja en tierra. Habría que puntualizar que yo sí podría haber logrado llegar, pero a mi ritmo. Tensión baja, pulsaciones altas, sensibilidad al calor. ¿ Cabe añadir algún elemento más para señalar que a mí me gusta más la montaña de lo que le gusta a mi cuerpo? Sí, claro está. El vértigo. Si en ese mismo campamento no logré descender un muro arrastrando el culo pared para abajo, como para escalar el Muro con punzones para el hielo. Con todo, el espíritu de los Abrasadores es el de la perseverancia y la superación de las dificultades, sin pretender convertir esto en un espacio de autoayuda al estilo de Napoleon Hill. Y ya hoy mismo iba a madrugar para subirme al autobús de Posada y pasar el día allí, pero mi amigo terminó su trabajo en la zona y ahora lo desempeña en Valporquero. Hoy no era buen día para vernos, pero habrá más fines de semana. El verano no es la única época para salir fuera. Y, por lo que a mí respecta, no es la mejor, aun siendo consciente de que para muchas personas es la única en la que se lo pueden permitir.
En septiembre todavía se puede combinar playa y montaña. León y Asturias son regiones muy propicias para ello. Asturias, por otra parte, es mi primera parada para el doctorado. Fuera de plazo, estoy esperando, con la mediación de una de las supervisoras del programa, a ver si en la oficina pertinente me contestan a mi solicitud de ingreso tardío (tardío por la estrechez del propio plazo que imponen). Agosto es un mes bastante parado para esos trámites, así que ya solo por eso me alegro de que mañana comience septiembre. Hay otras opciones no muy lejanas, Salamanca o Madrid, así como otras, nacionales o internacionales. En el extranjero, lo que he podido comprobar hasta ahora, no solo escasean las plazas de Humanidades, sino que los requisitos que ponen me resultan algo sobredimensionados, una mera criba. ¿Tanta demanda hay? No importa. Ya tengo una idea bastante clara acerca de mi investigación, ahora solo me falta la plaza. Llegará, si todo va bien en los próximos meses, y cuando la tenga será un gran alivio para mí, un descanso más placentero que el levantarse de la arena y sacudirse la arena de los pies. Y de todas las partes del cuerpo.
domingo, agosto 17, 2014
El Gran Hotel Budapest / The Gatekeeper.
En la comedia de época de Wes Anderson, que pude ver hace algunos días, la trama es coral, con numerosos cameos de actores famosos que le otorgan cierta apariencia de Torrente intelectual, pero el protagonismo recae en un relamido conserje de hotel, siempre atento a las formas y a saber ganarse el favor de sus clientes (con métodos un tanto discutibles en lo que respecta a las damas de edad avanzada). Me vino a la cabeza anoche esa figura ficticia al entrar en un hostel de León. Tras haber visitado varios en Suecia, ayer solo iba de visitante, lógicamente, pero fui retenido en el vestíbulo por los rudos modales de un cancerbero en chándal, sin identificación y que no llegaba ni al cero con cinco por ciento del glamour que desprendía el personaje de El Gran Hotel Budapest. Hay categorías, claro. No es lo mismo un hotel de lujo, real o inventado, que un lugar con escasas comodidades y pensado, sobre todo, como espacio de tránsito en el Camino de Santiago. ¿Será que el hecho de ser atendido con buena educación también se compra, como las alpargatas o el desayuno?
Si lo que el hermano lego pretendía era recordarme las normas, bien pudiera haberlo hecho de forma más efectiva. Su incompetencia profesional es la misma que se sufre en otros establecimientos hosteleros de la ciudad (bares, restaurantes, etc.). Recuerdo la imbecilidad absoluta de la dueña de un bar del Húmedo, que nos echó de una mesa de su bien extendida terraza, para prepararla de cara a servir cenas. Quizá ganó una cena de algún guiri o algún turista nacional, y mientras tanto perdió para siempre a dos consumidores de León que, no solo no van a volver a poner los pies allí para tapeo, sino que tampoco van a llevar a nadie, ni mucho menos recomendarlo. En el próximo informe sobre el estado de la hostelería, que se prevé malo debido a un tiempo no propiamente veraniego y a la recurrente razón de la crisis, estaría bien hacer un poco de autocrítica. Si hay establecimientos que pierden clientes, en muchos casos será simplemente porque se lo merezcan.
A mí cosas así ya no suelen amargarme las salidas, si bien en ocasiones aspiraría a transmutarme en un Jaime Lannister amenazando con decapitar a taberneros o taberneras insolentes (al menos cuando tenía las dos manos). Y la salida de anoche, ya lo creo, tuvo un final muy digno. En el rico catálogo de juegos de mesa de nuestro pasado reciente había uno llamado Atmosfear, que no es lo que podría considerarse bonito pero al menos sí bastante original en su momento por la mezcla de terror y carácter interactivo con un grotesco personaje: El Gatekeeper, que nos ponía diversas pruebas, arrojando al agujero negro a quienes fallaran, e iba degenerando tanto física como mentalmente a medida que el tiempo del juego iba llegando a su final, arrojándonos insultos como ¡Gusano! o ¡Braga! (¿O era Plaga?).
Anoche también me acordé del Gatekeeper al ver a ese guardián de las puertas. ¿Acaso se creyó que iba a robar a los peregrinos, quienes, como todo el mundo sabe, suelen guardar un potosí debajo de sus conchas, con perdón? Puestos a ponernos pijos, lo mejor hubiera sido sacar un billete de cien euros en el acto y pedir la mejor habitación. Ninguna de allí vale cien euros, cierto, así que con las vueltas le hubiera encargado una botella de champán bien fría para cuando volviera horas después, del brazo de un par de scorts de más o menos lujo. Al menos el lenguaje del dinero es universal, tanto como el del cine.
Si lo que el hermano lego pretendía era recordarme las normas, bien pudiera haberlo hecho de forma más efectiva. Su incompetencia profesional es la misma que se sufre en otros establecimientos hosteleros de la ciudad (bares, restaurantes, etc.). Recuerdo la imbecilidad absoluta de la dueña de un bar del Húmedo, que nos echó de una mesa de su bien extendida terraza, para prepararla de cara a servir cenas. Quizá ganó una cena de algún guiri o algún turista nacional, y mientras tanto perdió para siempre a dos consumidores de León que, no solo no van a volver a poner los pies allí para tapeo, sino que tampoco van a llevar a nadie, ni mucho menos recomendarlo. En el próximo informe sobre el estado de la hostelería, que se prevé malo debido a un tiempo no propiamente veraniego y a la recurrente razón de la crisis, estaría bien hacer un poco de autocrítica. Si hay establecimientos que pierden clientes, en muchos casos será simplemente porque se lo merezcan.
A mí cosas así ya no suelen amargarme las salidas, si bien en ocasiones aspiraría a transmutarme en un Jaime Lannister amenazando con decapitar a taberneros o taberneras insolentes (al menos cuando tenía las dos manos). Y la salida de anoche, ya lo creo, tuvo un final muy digno. En el rico catálogo de juegos de mesa de nuestro pasado reciente había uno llamado Atmosfear, que no es lo que podría considerarse bonito pero al menos sí bastante original en su momento por la mezcla de terror y carácter interactivo con un grotesco personaje: El Gatekeeper, que nos ponía diversas pruebas, arrojando al agujero negro a quienes fallaran, e iba degenerando tanto física como mentalmente a medida que el tiempo del juego iba llegando a su final, arrojándonos insultos como ¡Gusano! o ¡Braga! (¿O era Plaga?).
Anoche también me acordé del Gatekeeper al ver a ese guardián de las puertas. ¿Acaso se creyó que iba a robar a los peregrinos, quienes, como todo el mundo sabe, suelen guardar un potosí debajo de sus conchas, con perdón? Puestos a ponernos pijos, lo mejor hubiera sido sacar un billete de cien euros en el acto y pedir la mejor habitación. Ninguna de allí vale cien euros, cierto, así que con las vueltas le hubiera encargado una botella de champán bien fría para cuando volviera horas después, del brazo de un par de scorts de más o menos lujo. Al menos el lenguaje del dinero es universal, tanto como el del cine.
domingo, agosto 10, 2014
Hacia el monte.
Si este blog se llama como se llama se debe a aquellas excursiones veraniegas del siglo pasado (no recuerdo ahora si alguna llegó a celebrarse en el presente), a aquellas acampadas de primos y de algún amigo por la montaña de León. Esta tierra quizá carezca de otros recursos, pero de monte no se puede quejar. Hacia el monte hemos tirado siempre desde la infancia. Y no es que seamos cabras, aunque alguna vez nos poseyera el espíritu del cornudo animal, con gran riesgo para nuestra integridad física. Sería la suerte, o algún elfo benéfico que velaba por nosotros, el caso es que nunca hubo accidente a destacar.
Se tira hacia el monte y, por ende, hacia la naturaleza. Incluso en las llanas tierras de Escania aproveché yo para disfrutar un mes viviendo en una casa rodeada de bosques y ríos, constituyendo esto la mayor ventaja de aislarse en el apartado Furulund. Ese fue mi pueblo para mí, que ni siquiera tengo pueblo en León. Ahora, en este cruce de caminos en el que he vuelto (temporalmente y porque no queda otro remedio) a ostentar la ubicua etiqueta de ni-ni, considero que una liberadora visita al monte sería lo mejor antes de que comience septiembre, el mes en el que todo, sea con matices académicos o no, vuelve a ponerse en marcha.
Puesto que un amigo se encuentra en Posada de Valdeón por motivos laborales todo agosto, qué mejor razón para regresar un par de jornadas al camping que ya fue testigo de nuestras aventuras veranos atrás. Ese es el plan más factible para las dos próximas semanas, sin descartar que en septiembre, se haya solucionado o no el tema del doctorado, podamos ir a la playa antes de que haya proclamar eso de que el otoño is coming. Hacia el monte, siempre, en San Isidro, Yosemite o cualquier loma con algo de pendiente. Ahí tenemos nuestras raíces, y las raíces de este propio espacio.
martes, julio 29, 2014
Pass.
Pues eso, pass. Con dos eses, para evitar equívocos. Pass con grado C, que supongo que equivaldría a aprobado, aprobado alto en todo caso ya que he obtenido 71 sobre 100. A solo cuatro décimas del grado B en el examen de Advanced. Más de lo que hubiera esperado. Me valía con lo mínimo, aquí no aspiraba a las mismas florituras que en el máster. Y, al margen de si me servirá o no para trabajar y/o hacer doctorado en el extranjero, me he quitado un gran peso de encima, amortizando todas las clases de academia y justificando el cansancio de la noche del 28, en la cual tuve que volver antes a casa y tal vez perdí una buena ocasión (que, no obstante, va a poder repetirse).
Al igual que mi aprobado de septiembre en Lengua III, hace unos años, me enteré de la buena nueva en Madrid. Y me resultó sorprendente. ¿Pero no era el 8 de agosto? Pues no, el 25 de julio. Vi el correo en el mercado de San Antón, pero no tenía mi código de identificación, por lo que cual tuve que regresar y llevarme el portátil a algún lugar con wifi. ¿El Matadero? Ha caído en desgracia, ya no me funciona allí. Recalé en una tasca del barrio de Legazpi, llamada El deleite. Con ese nombre, es lógico que tuviera una buena premonición respecto a lo que iba a encontrarme. Y, en efecto. No pude celebrarlo como querría (eso queda pendiente) pero, al levantar los ojos de la pantalla con alivio, observé cómo al otro lado de la calle había una óptica llamada Samy. Ironías de la vida, aunque la significación del nombre varía mucho ya sea con la versión griega o latina de la letra. El propio rótulo pude leerlo aunque de forma borrosa, al estar lejos, lo cual no deja de ser también irónico al tratarse de una óptica.
El breve viaje a Madrid, por motivos familiares, me sirvió, aparte de para pasar calor (daño colateral que ya había asumido), para ver dos interesantes exposiciones, una en el Caixa Fórum acerca de la cultura grecolatina y el tránsito del mito a la razón (poca cola, Platón no vende tanto como Pixar) y la del Thyssen sobre los Mitos del Pop, que vi con Oli. De allí es esa foto en la que sostengo el cómic de Miguel Ángel Martín, basado en la exposición. Es la primera obra que tengo de él, seguro que no la última, siempre es un placer leer a personas que conoces y con las que has podido compartir algún que otro vino y tapa. Espero que podamos coincidir en Navidad junto a mi hermano Paco, y que nos lo dedique entre bar y bar, ja, ja.
De vuelta en León, la maquinaria sigue en marcha, obviando la parálisis del mes de agosto. El certificado en Inglés es todo un estímulo y empujón para la búsqueda del doctorado, acerca del cual ya estoy haciendo algunas gestiones, pero están algo verdes para ser expuestas aquí. El balance del curso, desde luego, ha sido todo lo satisfactorio que yo hubiera esperado una vez regresé de los países nórdicos.
sábado, julio 12, 2014
Alpargatas.
Se acabó. Han sido dos cursos, pero no dos años: de febrero del 2013 a julio del 2014. El máster concluyó ayer con la defensa de mi trabajo final, un análisis del cómic El azul es un color cálido, el cual sostengo en la foto de arriba, frente a La vida de Adele, su adaptación fílmica. Siguiendo la línea de las peripecias que han acontecido en la facultad durante los últimos años, el desenlace fue un poco rocambolesco. El presidente del tribunal no apareció a las diez, cuando debía empezar nuestra defensa, raro asunto teniendo en cuenta lo puntilloso que era respecto a la puntualidad durante el curso en que lo tuve como profesor. Se barajó si sustituirle o no y la incertidumbre nos ponía más nerviosos, hasta que al final apareció a las diez y media, con sus famosas alpargatas o pantuflas, cual si hubiera venido dando un paseo desde la habitación de su casa (algo que no sería descartable). Como el lugar de reunión era uno de los seminarios, no un aula en sí, no había preparado power point ni nada parecido. De todos modos, al final recalamos en la vieja clase donde hemos tenido todas las sesiones del curso, por no hablar de las de Filología.
En orden alfabético, si bien ella y yo compartimos el segundo apellido, mi compañera María rompió el hielo y luego tuvo lugar lo más temido por nosotros, las preguntas del tribunal. Sin embargo, resulta que no eran preguntas, tan solo sugerencias y/o valoraciones. La mayor parte de ellas positivas, todo hay que decir. Cuando me tocó el turno, traté de vencer el miedo escénico y no se me dio mal. Cabe decir, de todos modos, que el público era escaso. Aparte del tribunal, las tutoras y el coordinador, los únicos espectadores fueron Claudia, a quien debo este testimonio gráfico, y otro compañero del máster, Abdoulaye. No hubo broncas, desde luego, no obstante el tribunal decidió bajarnos medio punto la nota, quedado una calificación final nada desdeñable y, lo que más me importa en estos momentos, la sensación de que estamos preparados para la tesis. Dijeron que nuestros trabajos, de hecho, sobrepasaban lo que se esperaba de un TFM. Una de las profesoras me dijo que yo tenía buena pluma y, pese a la temática de mi trabajo, no se refería a nada relativo a Judith Butler ni similares, sino a que le gustaba cómo estaba escrito. No puedo pedir un piropo mejor. Ahora que he entregado el trabajo, podré volver a escribir ficción, al margen de mis aportaciones en este blog como es lógico.Si bien ya tenía ganas de hacer este máster desde antes de que fuera aprobado, al final lo hice por falta del Advanced, ese examen por cuyo resultado parece ser que habrá que esperar hasta el 8 de agosto. Desconozco cómo hubiera resultado la experiencia de realizar un máster en Lund y en inglés, pero el que acabo de concluir me ha gustado y, lo que es más importante, me ha orientado en una determinada dirección. Ahora sí puedo volver a repasar webs de universidades extranjeras, aunque no tenga asegurado aún el supuesto requisito del idioma. La aventura no ha hecho más que empezar.
domingo, julio 06, 2014
Autobombo estival.
http://innova.diariodeleon.es/el-n-o-1-que-tiene-beca/
Cual si de un Ocho apellidos vascos en la televisión se tratara, continúo haciéndome propaganda con este, el segundo artículo en el que he aparecido por el mismo motivo en cosa de un mes, con la particularidad de que este es exclusivo sobre mi persona, y la foto no la he enviado yo, como puede comprobarse, sino que es obra de un fotógrafo profesional. Apareció el día de San Juan y, por eso de las fiestas, tardó una semana en ser colgado en la web que ahora adjunto.
Hace un par de días tuvo lugar la ceremonia de entrega, por así decirlo, de mi TFM, y el próximo viernes será la defensa, confiando en que el tiempo siga algo turbio y no se abra paso el calor de julio fundiéndome los plomos. Por lo que se refiere a las notas del conjunto de materias del máster, no tengo demasiados motivos de queja. A partir de ahora, se abre en lontananza un futuro con posibilidades tan amplias como amplio es el mapa que en la foto aparece al lado de mi jeto. Si bien el artículo concluye hablando en términos de frustración, yo prefiero adoptar una actitud más positiva y afirmar, en palabras de Julio César, que dio nombre al presente mes y cuya biografía acabo de leer en Los doce césares de Suetonio, Alea jacta est (O Jacta alea est, como indica mi edición).
Cual si de un Ocho apellidos vascos en la televisión se tratara, continúo haciéndome propaganda con este, el segundo artículo en el que he aparecido por el mismo motivo en cosa de un mes, con la particularidad de que este es exclusivo sobre mi persona, y la foto no la he enviado yo, como puede comprobarse, sino que es obra de un fotógrafo profesional. Apareció el día de San Juan y, por eso de las fiestas, tardó una semana en ser colgado en la web que ahora adjunto.
Hace un par de días tuvo lugar la ceremonia de entrega, por así decirlo, de mi TFM, y el próximo viernes será la defensa, confiando en que el tiempo siga algo turbio y no se abra paso el calor de julio fundiéndome los plomos. Por lo que se refiere a las notas del conjunto de materias del máster, no tengo demasiados motivos de queja. A partir de ahora, se abre en lontananza un futuro con posibilidades tan amplias como amplio es el mapa que en la foto aparece al lado de mi jeto. Si bien el artículo concluye hablando en términos de frustración, yo prefiero adoptar una actitud más positiva y afirmar, en palabras de Julio César, que dio nombre al presente mes y cuya biografía acabo de leer en Los doce césares de Suetonio, Alea jacta est (O Jacta alea est, como indica mi edición).
domingo, junio 29, 2014
Saint Peter Day (o como se diga).
Menudo día el de ayer. Comenzó a una hora en que ya había amanecido, pero que, para mí, resultaba mismamente de madrugada, y acabó en la madrugada en sí, no tan tarde como pudiera haberlo hecho. Del examen de Cambridge lo mejor que se puede decir es que no conviene ni sufrir por adelantado, ni tampoco alegrarse por adelantado. Dado que tardan más de un mes en corregirlo, hasta entonces seguiré pensando lo que ya pensaba ayer: que, para ser la primera prueba de este tipo que afronto y constituir un examen objetivamente difícil, mi sensación fue de haber cumplido de forma aceptable. Para aprobar, al menos, ya sea el Advanced o al menos el First. Las virguerías las dejaremos para el máster, con su correspondiente TFM. Sufrir por adelantado es tan inútil como los remordimientos que pudieran surgir por no haberme planteado obtener este certificado antes. ¿Antes? Sencillamente, no lo necesitaba. Aunque, vistas como están las cosas, no es de extrañar que ahora los adolescentes que no han acabado el bachiller se lo piensen mejor y preparen este tipo de pruebas as soon as possible, como comprobamos ayer.
Después de colgar un porrón de normas en la puerta de la sala, como si fueran las tablas de Moisés, resulta que el asunto no pintaba tan apocalíptico, dado que el examen comenzó con impuntualidad nada británica. Yo puedo estar satisfecho de haber completado las cinco partes, como decimos en español, de cabo a rabo, e incluso con tiempo de sobra en ocasiones. Hay que reconocer, claro está, que sobre la hora de la comida nos pusieron el Listening, la prueba que requiere mayor concentración, y el cansancio acumulado no ayudó mucho a desentrañar lo que decían esos anónimos locutores con problemas de vocalización. Todavía por la tarde faltaba la parte oral, que comenzó asimismo con un más previsible retraso. ¿Cómo fue? Bueno, cuesta ponderarlo. Yo en Suecia hablaba en Inglés porque era mi principal vía de comunicación. Lo de este examen se basa más en preguntas tipo Miss (o Mr.) España, certámenes por fortuna ya abolidos, y que si siguen existiendo lo hacen sin demasiado ruido.
Si ya tras un examen sencillo de la carrera, pongamos que de dos horas, solía quedar con las baterías un tanto descargadas, se puede uno imaginar cómo estaba ayer, tras unas seis horas, con sus pequeñas pausas incluidas. Nevermind, era la última jornada grande de las fiestas, así que fuimos a ver qué actividades había por ahí, entre otras un Orgullo Zombi que, por lo visto, en León sustituye al verdadero Orgullo que se celebraba ayer y que no tuvieron la vergüenza de apoyar. Bueno, sí que hubo fiesta del Orgullo, pero de carácter comercial en uno de los pocos garitos de ambiente de la ciudad que tienen un éxito que parezca garantizar su existencia. Si logré arrastrarme hasta esas horas, con el colofón de una drag (que en inglés también significa arrastrar) ondeando la bandera arco iris, fue porque tenía una cita, menos formal pero en verdad más agradable que la de la mañana.
Ahora me quedan un puñado de días para sacar las conclusiones de mi trabajo final, por fortuna creo que las tengo bastantes claras, y el día once parece ser que el ciclo del máster quedará concluido. ¿Y luego? Para empezar, supongo que comenzaré comprobando si el hipotético certificado de ayer me serviría para mi doctorado. Aunque, hasta el día ocho de agosto o por esas fechas, la existencia de ese título continuará siendo hipotética.
Después de colgar un porrón de normas en la puerta de la sala, como si fueran las tablas de Moisés, resulta que el asunto no pintaba tan apocalíptico, dado que el examen comenzó con impuntualidad nada británica. Yo puedo estar satisfecho de haber completado las cinco partes, como decimos en español, de cabo a rabo, e incluso con tiempo de sobra en ocasiones. Hay que reconocer, claro está, que sobre la hora de la comida nos pusieron el Listening, la prueba que requiere mayor concentración, y el cansancio acumulado no ayudó mucho a desentrañar lo que decían esos anónimos locutores con problemas de vocalización. Todavía por la tarde faltaba la parte oral, que comenzó asimismo con un más previsible retraso. ¿Cómo fue? Bueno, cuesta ponderarlo. Yo en Suecia hablaba en Inglés porque era mi principal vía de comunicación. Lo de este examen se basa más en preguntas tipo Miss (o Mr.) España, certámenes por fortuna ya abolidos, y que si siguen existiendo lo hacen sin demasiado ruido.
Si ya tras un examen sencillo de la carrera, pongamos que de dos horas, solía quedar con las baterías un tanto descargadas, se puede uno imaginar cómo estaba ayer, tras unas seis horas, con sus pequeñas pausas incluidas. Nevermind, era la última jornada grande de las fiestas, así que fuimos a ver qué actividades había por ahí, entre otras un Orgullo Zombi que, por lo visto, en León sustituye al verdadero Orgullo que se celebraba ayer y que no tuvieron la vergüenza de apoyar. Bueno, sí que hubo fiesta del Orgullo, pero de carácter comercial en uno de los pocos garitos de ambiente de la ciudad que tienen un éxito que parezca garantizar su existencia. Si logré arrastrarme hasta esas horas, con el colofón de una drag (que en inglés también significa arrastrar) ondeando la bandera arco iris, fue porque tenía una cita, menos formal pero en verdad más agradable que la de la mañana.
Ahora me quedan un puñado de días para sacar las conclusiones de mi trabajo final, por fortuna creo que las tengo bastantes claras, y el día once parece ser que el ciclo del máster quedará concluido. ¿Y luego? Para empezar, supongo que comenzaré comprobando si el hipotético certificado de ayer me serviría para mi doctorado. Aunque, hasta el día ocho de agosto o por esas fechas, la existencia de ese título continuará siendo hipotética.
lunes, junio 16, 2014
Translating.
Me refugio en este blog para poder escribir unas líneas en mi propio idioma después de pergeñar un par de redacciones en inglés, ya en la víspera del examen: una aceptable y la otra no me ha dado buena impresión. En fin, yo iré con el ánimo alto, como siempre, porque es imposible saber qué es lo que vamos a encontrarnos el día 28, y el factor suerte también tendrá mucho que decir. Me pregunto si no debería imitar los gloriosos tiempos en los que el amigo Hall escribía sus entradas de blog en inglés, y comenzar a hacer lo propio en el mío aunque no fuera más que para practicar un poco. Bueno, tal vez si me cargo el examen...
En cuestión de idiomas, resulta complicado cambiar el chip. Una vez me he acostumbrado a la versión original, regresar al doblaje puede parecerme risible, como me sucedió ayer mientras veía una versión latina de la secuela de 300, con frases como Peleas más duro de lo que fornicas, y similares. Después, como el programa de Cuarto Milenio era repetido por la entrevista del papa y el partido del Mundial (más por esto último), hice zapping y, por primera vez, vi un episodio de Juego de Tronos, doblado, el penúltimo de la presente temporada. Respecto a la saga literaria, ya voy por A feast for crows, pero jamás había visto ningún capítulo entero, salvo ciertos clips con un mayor o menor número de mujeres desnudas. Así, mientras intentaba poner rostro al batiburrillo de personajes que presenta la trama, me empezaron a chirriar ciertas traducciones (Villatopo...), que se ajustan al sentido literal pero a las que mi imaginación ya se había acostumbrado a recrear en inglés.
Se quejaba el autor, George RR Martin, de que el número de episodios es corto para reflejar la psicología de tantos personajes, y es cierto. Pero se trata de un medio televisivo, donde el presupuesto tiene un límite y, si en el libro pone que hay veinte mamuts, pues en la pantalla aparece uno, y gracias. La verdad es que la saga está muy bien escrita y, no solo me ha servido para progresar con el idioma, sino además para evadirme en su mundo de fantasía, en un curso que ahora llega a su fin y durante el cual muchas veces he tenido que desconectar, necesariamente. En esta epopeya, los personajes están luchando de continuo contra la adversidad, y por eso creo que es el marco apropiado para un período de crisis como el que todavía vivimos. Cuando entregue mi TFM, confío en empalmar las cuatro temporadas seguidas durante un verano que, creedme, para mí no va a tener la connotación de época muerta que se le suele asociar. No voy a recurrir al podemos, fórmula ya bastante amortizada tanto en la política como en el fútbol, pero espero que el nuevo reinado que se abre coincida con un paso hacia adelante en el que probablemente abandone este reino y vaya en busca de otros, que en la realidad son más que siete...
En cuestión de idiomas, resulta complicado cambiar el chip. Una vez me he acostumbrado a la versión original, regresar al doblaje puede parecerme risible, como me sucedió ayer mientras veía una versión latina de la secuela de 300, con frases como Peleas más duro de lo que fornicas, y similares. Después, como el programa de Cuarto Milenio era repetido por la entrevista del papa y el partido del Mundial (más por esto último), hice zapping y, por primera vez, vi un episodio de Juego de Tronos, doblado, el penúltimo de la presente temporada. Respecto a la saga literaria, ya voy por A feast for crows, pero jamás había visto ningún capítulo entero, salvo ciertos clips con un mayor o menor número de mujeres desnudas. Así, mientras intentaba poner rostro al batiburrillo de personajes que presenta la trama, me empezaron a chirriar ciertas traducciones (Villatopo...), que se ajustan al sentido literal pero a las que mi imaginación ya se había acostumbrado a recrear en inglés.
Se quejaba el autor, George RR Martin, de que el número de episodios es corto para reflejar la psicología de tantos personajes, y es cierto. Pero se trata de un medio televisivo, donde el presupuesto tiene un límite y, si en el libro pone que hay veinte mamuts, pues en la pantalla aparece uno, y gracias. La verdad es que la saga está muy bien escrita y, no solo me ha servido para progresar con el idioma, sino además para evadirme en su mundo de fantasía, en un curso que ahora llega a su fin y durante el cual muchas veces he tenido que desconectar, necesariamente. En esta epopeya, los personajes están luchando de continuo contra la adversidad, y por eso creo que es el marco apropiado para un período de crisis como el que todavía vivimos. Cuando entregue mi TFM, confío en empalmar las cuatro temporadas seguidas durante un verano que, creedme, para mí no va a tener la connotación de época muerta que se le suele asociar. No voy a recurrir al podemos, fórmula ya bastante amortizada tanto en la política como en el fútbol, pero espero que el nuevo reinado que se abre coincida con un paso hacia adelante en el que probablemente abandone este reino y vaya en busca de otros, que en la realidad son más que siete...
domingo, junio 08, 2014
Artículo Diario de León Premios Fin de Carrera
Me llena de orgullo y satisfacción... (frase muy a cuento para esta semana). Pues eso, que aquí os presento un artículo sobre premios extraordinarios, y yo soy el único que se atreve a posar con muñeco de nieve. Parece que mis palabras han calado, como sea que las han utilizado incluso en el editorial del periódico. La mejor generación de jóvenes puede perderse, alertan. En fin... Yo creo que no voy a perderme, más bien voy a encontrarme.
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/mejores-siguen-estudiando_895887.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/estoy-ingles-hare-doctorado-extranjero_895883.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/editorial-mejor-generacion-jovenes-puede-perderse_895913.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/mejores-siguen-estudiando_895887.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/estoy-ingles-hare-doctorado-extranjero_895883.html
http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/editorial-mejor-generacion-jovenes-puede-perderse_895913.html
miércoles, mayo 28, 2014
Come Duerme Muere.
El título de esta joyita, bastante premiada en festivales de peso pero que ha pasado desapercibida, habla de la supervivencia, de la lucha por la vida que llevan a cabo día a día un grupo de personas humildes en la bella región de Escania, Suecia. Rasa es una joven que lleva toda su vida en Suecia, aunque nació en Montenegro. Vive con su padre, a quien mantiene con su sueldo pues él tiene problemas para trabajar. Ambos residen en un pueblín, no demasiado diferente de Furulund, y ella se gana la vida en una fábrica empaquetando lechugas y otras verduras, del mismo modo que lo hacen algunos de sus amigos. Pero, como sea que la crisis afecta de forma global, se ve en la calle, obligada a reciclarse a través de un curso en la oficina de empleo. Vitalista por naturaleza, hará todo lo posible por encontrar trabajo, hasta que le llega una oferta de Malmö y debe abandonar su pequeño mundo para sumarse a la gran ciudad.
He contado todo el argumento de la película, sí, aunque, en este caso, no creo habérsela destrozado a nadie. Es una historia sin ningún misterio, y universal. Es un filme realista, que lo mismo podría haber transcurrido en León que allí arriba. Especialmente recomendado para aquellos que tengan una imagen demasiado idílica de Suecia (nación que, por cierto, ha sido la única en enviar al Europarlamento a una diputada gitana y feminista. ¿Qué diría mi casero?). Los personajes son entrañables, si bien no les faltan prejuicios homófobos y xenófobos, también difieren bastante del sueco tolerante y culto que pudiéramos imaginar. A mí, que ya he estado viviendo allí, poco podría sorprenderme. El relato no insiste en el morbo y en la desgracia, antes bien tiene detalles de humor y un desenlace enérgico y esperanzador. Con todo, yo lo pasé bastante mal viéndolo, aun siendo consciente de que mi perfil se aleja rotundamente del de esos personajes imaginarios.
A fin de cuentas, la película narra las penurias de un grupo de trabajadores con baja cualificación, los cuales, en cualquier país, son carne de cañón. Otra cosa es que, en países como España, donde la tasa de paro posiblemente doble la de la región de Escania, un arquitecto o un ingeniero no desecharan empaquetar lechugas si eso les sirviera para ir sobreviviendo. Yo lo haría, llegado el caso. Pero es un poco pronto para asustarse ante un hipotético futuro que no empezaré a planificar hasta que mi trabajo fin de máster esté defendido. Hasta entonces, vaya mi recomendación de este filme, como apropiado epílogo para las elecciones europeas.
domingo, mayo 25, 2014
Europa no queda lejos.
Acabo de votar en estas elecciones tan, a priori, impopulares. No en este barrio, donde tuve que hacer cola y todo, entre electores y electoras con una media de edad de unos dos o tres siglos (se me perdone el sarcasmo, pues no me he levantado de especial buen humor). En la mesa electoral, un doble de Enrique de Vicente buscó mi apellido, que debiera ser llamativo en esta ciudad, mientras el presidente de la mesa, con cara de no quiero estar aquí y un gesto bastante menos cálido que el que yo lucí cuando me tocó esa tarea hace una década, depositaba mi voto (¿pero no habíamos quedado en que ahora el voto ya se podía depositar personalmente?).
Había tres policías, muchos me parecen para ese colegio de monjas reconvertido en electódromo, pero en el aire todavía resuenan los ecos de los funestos acontecimientos vividos en las últimas semanas en la ciudad. Parece que la abstención será menor aquí, mal signo pues ya pude comprobar personalmente a quién votan. A los barberos de becas... En fin, esta noche, ya en horario de Cuarto Milenio, comprobaremos los resultados. Y yo no solo me fijaré en los de España. ¿Para qué, si tengo pensado salir de aquí? No tengo confirmado aún mi destino, pero bien me fijaré en el posible auge de la extrema derecha xenófoba en los países nórdicos, con su populismo barato en plan de echar a los vagos sureños que van a haraganear a sus por otra parte poco acogedoras, al menos en el clima, naciones.
Europa no me queda lejos. Vale que pasen de las elecciones aquellas personas que no se moverían de aquí aunque el paro subiera al cuarenta por ciento, y que estarán todo el día durmiendo la resaca del partido de anoche, pero a mí la Unión Europea sí me afecta, desde un punto de vista profesional. El próximo martes, en principio, saldrá un artículo de prensa en el que explico, si la periodista me entendió adecuadamente, por qué no voy a quedarme aquí. Si en todos los países se recorta, al menos en otros han tenido el criterio de no hacerlo en temas que, a la larga, podrían revertir no solo en beneficio de la comunidad nacional, sino también en el de su economía. Es lo que se llama visión de futuro. Yo procuro tenerla, y según ella planificaré el último mes y medio de curso que me resta.
Había tres policías, muchos me parecen para ese colegio de monjas reconvertido en electódromo, pero en el aire todavía resuenan los ecos de los funestos acontecimientos vividos en las últimas semanas en la ciudad. Parece que la abstención será menor aquí, mal signo pues ya pude comprobar personalmente a quién votan. A los barberos de becas... En fin, esta noche, ya en horario de Cuarto Milenio, comprobaremos los resultados. Y yo no solo me fijaré en los de España. ¿Para qué, si tengo pensado salir de aquí? No tengo confirmado aún mi destino, pero bien me fijaré en el posible auge de la extrema derecha xenófoba en los países nórdicos, con su populismo barato en plan de echar a los vagos sureños que van a haraganear a sus por otra parte poco acogedoras, al menos en el clima, naciones.
Europa no me queda lejos. Vale que pasen de las elecciones aquellas personas que no se moverían de aquí aunque el paro subiera al cuarenta por ciento, y que estarán todo el día durmiendo la resaca del partido de anoche, pero a mí la Unión Europea sí me afecta, desde un punto de vista profesional. El próximo martes, en principio, saldrá un artículo de prensa en el que explico, si la periodista me entendió adecuadamente, por qué no voy a quedarme aquí. Si en todos los países se recorta, al menos en otros han tenido el criterio de no hacerlo en temas que, a la larga, podrían revertir no solo en beneficio de la comunidad nacional, sino también en el de su economía. Es lo que se llama visión de futuro. Yo procuro tenerla, y según ella planificaré el último mes y medio de curso que me resta.
miércoles, mayo 07, 2014
El eruto.
Cuando me despedía del barrio de Legazpi una vez más, maleta en mano, uno de los vecinos del lugar pasó frente a mí y se despidió a su modo, soltando un eruto ante el cual bien pudiese haber exclamado: ¡Que aproveche! No voy ahora a entrar en la descripción del sujeto, en todo caso me dio a entender algo evidente: que la educación, entendida como buenas maneras antes que como sistema educativo, también está en crisis. Y la crisis más en sí misma sigue dejando estampas poco estéticas en la zona. El eruto y la mierda, podría haber titulado estas líneas, aunque hubiera quedado un tanto vulgar. No obstante, una porción de estiércol de dimensiones considerables, y digo estiércol porque parecía más de procedencia vacuna que perruna, permaneció durante toda la semana en mi calle, disminuyendo de tamaño día a día, pero sin llegar a desaparecer del todo (el hecho de que hubiera un puente tal vez ayudó a eso). Fuera del Matadero y el Madrid Río, las dos relucientes joyas, el resto, poco dado al turismo y territorio casi exclusivo de la working o no-working class, continúa un tanto olvidado.
El eruto es solo una anécdota, claro, de un viaje que dio mucho de sí, un necesario paréntesis tras el cual regreso aquí para comprobar una cierta sensación de parálisis en el máster. Vale, las clases ya acabaron hace un mes, pero, quienes vamos a defender (extraño verbo) nuestro trabajo final en julio, a priori la mitad de la clase, necesitamos ya ir confirmando los plazos de cara a una planificación óptima del tiempo, no digamos ya si encima hay que hacerlo compatible con retos como el examen del Advanced y sus tropecientas, algunas realmente absurdas, partes. Y la tutoría final pendiente sería bienvenida, asimismo. Y ese trabajo es lo último que me ata a esta ciudad. Al margen de donde recale después, lo que está claro es que no voy a dejarme influenciar por esos vídeos virales, que últimamente tienden a soltar pestes de Suecia, diciendo que no es un paraíso (obvio) y que no reciben con los brazos abiertos (más obvio; si acaso, las suecas sí nos venían con los brazos abiertos en aquellas películas del landismo). Toda una sarta de obviedades y llamadas apocalípticas que a mí, que ya he estado allí y tengo más de dos dedos de frente, no me asustan. Si quiero asustarme, reservaré billete a Uganda, donde me puede caer la cadena perpetua. Seamos un poco serios, please.
Solo espero que la información llegue en los próximos días, aunque llegue o no voy a comenzar la redacción el próximo fin de semana. Una redacción no lineal, y que tampoco quiero trufar de demasiadas referencias bibliográficas. Lo importante es que sea sincero y que tenga vocación de futuro. Ya lo creo... No es un trabajo para cumplir con un máster. Debe ser una carta de presentación, un índice del camino que podría seguir en hipotéticas universidades extranjeras. En ese sentido, debería sentir presión, pero, claro, siempre es posible modificarlo una vez defendido ante el tribunal...
El eruto es solo una anécdota, claro, de un viaje que dio mucho de sí, un necesario paréntesis tras el cual regreso aquí para comprobar una cierta sensación de parálisis en el máster. Vale, las clases ya acabaron hace un mes, pero, quienes vamos a defender (extraño verbo) nuestro trabajo final en julio, a priori la mitad de la clase, necesitamos ya ir confirmando los plazos de cara a una planificación óptima del tiempo, no digamos ya si encima hay que hacerlo compatible con retos como el examen del Advanced y sus tropecientas, algunas realmente absurdas, partes. Y la tutoría final pendiente sería bienvenida, asimismo. Y ese trabajo es lo último que me ata a esta ciudad. Al margen de donde recale después, lo que está claro es que no voy a dejarme influenciar por esos vídeos virales, que últimamente tienden a soltar pestes de Suecia, diciendo que no es un paraíso (obvio) y que no reciben con los brazos abiertos (más obvio; si acaso, las suecas sí nos venían con los brazos abiertos en aquellas películas del landismo). Toda una sarta de obviedades y llamadas apocalípticas que a mí, que ya he estado allí y tengo más de dos dedos de frente, no me asustan. Si quiero asustarme, reservaré billete a Uganda, donde me puede caer la cadena perpetua. Seamos un poco serios, please.
Solo espero que la información llegue en los próximos días, aunque llegue o no voy a comenzar la redacción el próximo fin de semana. Una redacción no lineal, y que tampoco quiero trufar de demasiadas referencias bibliográficas. Lo importante es que sea sincero y que tenga vocación de futuro. Ya lo creo... No es un trabajo para cumplir con un máster. Debe ser una carta de presentación, un índice del camino que podría seguir en hipotéticas universidades extranjeras. En ese sentido, debería sentir presión, pero, claro, siempre es posible modificarlo una vez defendido ante el tribunal...
lunes, abril 21, 2014
La envolvente sensación de la risa.
A mí siempre me ha gustado ir al cine, no importa lo mala que fuera la película. No obstante, en los últimos tiempos no voy demasiado. He desarrollado otra clase de hábitos, entre los cuales se encuentra el ver los filmes en versión original. Si son de lengua inglesa, me ayudan a mejorar en su dominio; si son, por ejemplo, en francés o en japonés, puedo valorar mejor si una actuación es de calidad o no. Si la película es española, y los únicos subtítulos que tiene son en algunas frases habladas en euskera, entonces lo más probable, dado el contexto, es que estemos hablando de 8 apellidos vascos.
Fui a verla aunque no quería, en principio, si bien me atraía como fenómeno. Jamás pensé que fuera a tener este éxito. La última película del guionista Borja Cobeaga, No controles, me divirtió bastante y tuvo buena acogida por el público, pero nada que se parezca a esto. Y, por si fuera poco, es un fenómeno que puede tratar de tú a tú a toda una señora Copa del Rey de fútbol. El pasado miércoles, a última sesión, fui con mi amigo Jose al viejo Van Gogh, el único cine que sobrevive de la antigua hornada. La sala se llenó, eso sí, cuando las luces se habían apagado, haciéndose realidad otro tópico hispánico, como otros de los que aparecen en la película.
La respuesta del público fue bastante entusiasta. Hasta la pareja de adolescentes que tenía a mi lado prestó atención, para mi sorpresa. Las carcajadas, merecidas o no, son contagiosas en un ámbito como ese, provocando una suerte de risoterapia colectiva, que es lo que necesita ahora el país, y lo que ha aupado a esta película al podio en el que se codea con su némesis angustiosa, Lo imposible. Yo me reí, aun siendo consciente de que bastantes chistes eran malos. Lástima que, en su tramo final, la película no arriesgara en el despiporre. ¿Dónde está el clímax? A la noche siguiente, la de Genarín, tuve la clara sensación de que, cuando alguien haga la película definitiva sobre Genaro, podrá lograr también un éxito apabullante, tan solo con que reciba la mitad de atención mediática, y etílica, del evento. Y tanto mejor si regalan un chato de orujo con la entrada.
Pese a todo, yo de lo que en verdad quería hablar era de Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, una de las películas cuyo tráiler pudimos ver antes de la sesión. El avance me resultó divertido y, curiosamente, también incluía algunos de los mismos tópicos sobre los andaluces que la película que íbamos a ver a continuación. El protagonista de este one-man-show, Guillaume Gallienne, daba la impresión de interpretar al clásico homosexual afeminado y, en todo caso, el filme está en la senda del queer (horrendo palabro) cinema francés que está triunfando en los festivales y galas de todo el mundo durante el último año, tal y como comprobamos en la entrada anterior.
Gallienne noqueó a La vida de Adele en los César, y ambas guardan sorprendentes similitudes pese a que la primera dura menos de la mitad que la segunda, y es de carácter cómico. Yo me reí, aunque es un tipo de humor diferente al de 8 apellidos. A veces más inteligente, pero a veces no, a veces también se refugia en el tópico, ya no solo respecto a andaluces o ingleses, sino también a homosexuales, pintando una discoteca de ambiente como si fuera el Infierno de Dante, ambientación musical incluida. Lo que más me defraudó fue la manera en la que trata el tema de la orientación y/o identidad sexual. Según una tía del protagonista, o eres homosexual o eres heterosexual. Punto. La conclusión del filme, sorprendente y precipitada, parece sugerir lo mismo. ¿Será que el director-guionista-protagonista-personaje necesitaba una auto-catarsis en esa línea? Posible opción.
De todos modos, es un filme muy recomendable y la risa siempre es bienvenida. Yo mismo, muy reticente al humor escatológico, disfruté el momento en que una actriz tan fina, estilizada y bella como Diane Kruger aparece como una experta en colonoterapia.
lunes, abril 14, 2014
La película-espanto de estas fechas.
Hay que reconocer que la película bíblica de esta Semana Santa, Noé, se ha ido un poco lejos a la hora de buscar el tema, hasta el comienzo mismo de la Biblia, en discordancia con los pasajes que se reflejan durante estos días. Puestos a escoger una historia con potencial, cercana en el relato a la de Noé, yo todavía estoy esperando a que alguien se atreva con una versión actual de la destrucción de Sodoma y Gomorra, tal vez un Roland Emmerich atronando la pantalla con gigantescas bolas de fuego, sería un cineasta con probada experiencia para el asunto.
Hasta entonces, para ver sodomitas y pecadores me basta con películas como esta, El desconocido del lago, que también guarda relación con el elemento acuático, aunque en un sentido diferente al de Noé. Esta película, al igual que La vida de Adele, fue premiada en la última edición de Cannes, una edición que llamaría bastante queer si no fuera porque estoy un poco harto de este término tras leer El género en disputa de Judith Butler, un libro tan influyente como insufrible en su lectura. No es una película de Semana Santa, desde luego. Puestos a idear un perverso acto de pornoterrorismo, se podría proyectar en alguna pantalla gigante el próximo viernes por la mañana, como colofón pagano y priápico del Genarín. A quienes todavía estuvieren borrachos les traería sin cuidado...
Este filme, muy bueno aunque dudo que sea el mejor del año, como afirmaban algunas revistas, destaca por su simpleza, lo que no quiere decir que sea una película simple. Simpleza de elementos: personajes, escenario, trama... Siguiendo el paralelismo con Adele, llega precedido de la etiqueta de (homo)sexualmente explícito. No, no es para tanto. Sí, hay sexo entre hombres, pero los planos explícitos se limitan a dos, protagonizados por dobles de pene (con perdón) y solo duran segundos. No tiene ningún sentido su inclusión, salvo que el director haya querido dar un toque de porno arty, como Lars Von Trier y otros provocadores.
La nimia trama sigue las andanzas de un hombre que aprovecha el veraneo para visitar, en un lago, la zona de levante, o, como resulta más popular en España, de cruising. Allí traba amistad con un observador pasivo, no en el sentido erótico, del panorama, y se enamora de otro habitual, derivando en una historia de amor fou, como dicen los franceses, y un thriller bastante heterodoxo. El lago, otro protagonista más de la película, es una especie de edén, siguiendo la línea bíblica, en el que los hombres pueden desnudar sus cuerpos, y también sus almas, sin miedo a los armarios, al qué dirán y a cualquier tipo de prejuicio. Por no haber, no hay ni mujeres, no aparece una sola actriz en todo el metraje, y el momento más cómico viene a cargo de un pazguato preguntándose dónde estarán las mujeres, que ni están ni se las espera.
Lejos de constituirse como apología del cruising, el filme provocará que algunos de sus espectadores se lo piensen un par de veces antes de irse con el primer desconocido que vean, por muy atractivo que sea este, en un entorno que de paradisíaco puede tornarse en salvaje y hostil. Es el problema que albergan esta especie de cotos cerrados, a diferencia de otros que se insertan en la estructura misma de la ciudad, y por lo tanto resultan menos amenazadores.
Si ya el naif cartel del filme puede escandalizar a algunas personas, entonces qué dirían del resto... En todo caso, esta película no llegará a todos los cines, ni mucho menos. Seguiremos esperando esa gran producción bíblica, con poco sexo pero muchos sodomitas a la brasa.
miércoles, abril 09, 2014
La última clase, el último sofoco.
Esta vez sí que es la última, a menos (raro escenario) que se aplace a después de Semana Santa. Nunca tuve la intención de eternizarme como estudiante, ni en la universidad de León ni en ninguna otra, pese a lo que pudiera haber sugerido algún neo-neoliberal, de esos que se levantan un día mascando ideas ajenas y no tienen nada mejor que hacer que criticar a quienes hemos trabajado duro en la carrera, cosa de la que dichos especímenes no siempre pueden presumir. Los siete años en la facultad han correspondido a la licenciatura, curso por año, y al máster; respecto a este último, desarrollado en dos debido a mi estancia inicial en el extranjero.
El máster quise hacerlo en Lund, no pudo ser, y, pese a que lo consideraba un trámite hacia el doctorado, el de aquí me está gustando mucho, ya lo creo. La docencia llega a su fin, y solo resta un trabajo fin de máster que, tal vez, pueda servirme como carta de presentación que me abra puertas de facultades foráneas. La asignatura de Teatro, la última aunque no debiera ser así; queda como postrera por la un tanto caótica localización de sus clases. Y, en esta semana final, hemos vuelta a la vieja aula de siempre, una de las más calurosas del edificio. Eso viene estupendo en invierno, y por invernal podríamos haber tenido a la semana pasada, con su lluvia y bajas temperaturas; en esta, ideal para tomar limonadas en una terraza, el golpe de calor por poco me ha vuelto a noquear, de nuevo, en esos incómodos bancos.
La profesora, que ya me conoce, repite chistes sobre el contenido de mi termo verde, otro clásico que ha sobrevivido durante estos años. En Cuarto, dijo que lo llenaba de absenta, por eso del espíritu del XIX. En realidad, lo que llevo allí es simple agua del lavabo, el antídoto contra no ya el veneno del teatro, en alusión a la obra analizada hoy, sino al veneno del verano anticipado. Y, por casualidades de la vida o por alguna estructura cíclica en esto, mañana concluimos, al igual que el curso pasado, coincidiendo con la espicha de nuestra facultad. Y, por fortuna, la ventana no da al césped, y así imagino que podremos tenerla abierta sin escuchar el Happy de turno, aunque bien happy voy a estar cuando termine. Y, sin embargo, no tan happy, la verdad es que es una lástima tener que pisar por última vez esas aulas para recibir clase. Volveré. Volveré para defender mi trabajo final, y, aunque a día de hoy me resulta una idea cuando menos bizarra, no puede descartarse del todo que alguna vez sea yo quien regrese para dar una clase, o una conferencia. ¿Estoy picando alto? Bueno, no hace falta ser neo-neoliberal para tener ambición.
Llega el momento del adiós. Mi profesora dijo que soy un espíritu sensible. Es cierto. Aunque, tal vez, debiera serlo algo más para echar una lagrimita ya solo ante la visión de la fotografía que he puesto para enmarcar esta entrada (una foto de Segundo). Podría mandársela a Carmen, para que la analizara en Cuarto Milenio. Algunas de las personas de allí han derivado en fantasmas en mi vida, no porque yo lo hubiera querido así.
lunes, marzo 31, 2014
Darth Vader for president!
¿Y qué hago yo escribiendo aquí, si tengo que redactar una informal letter para mañana? Aún digo más: ¿qué es eso de letters, si ya casi nadie escribe cartas? Tal vez el examen de Cambridge se haya quedado un poco apolillado en su concepción, en todo caso tomaré el ejercicio como si se tratase de una carta electrónica. Sea en español o en inglés, no me gusta escribir cuando el tema no es libre. Que recomiende a un amigo una academia de informática, ¡menuda mamonada! Prefiero escribir lo que me salga del bolo, como decía ese infecto libro que apareció a rebufo de los tropecientos grandes hermanos, inextinguible fenómeno.
Sea como fuere, es el último día del mes y supongo que ello me ha hecho regresar por aquí y dar cuenta de una insólita noticia, tan insólita que es verídica. El Partido de Internet, o algo así, de Ucrania ha presentado a Darth Vader como candidato a las elecciones presidenciales. Al margen de lo simbólico del gesto, el atractivo es innegable. Mejor votar a Lord Vader antes que a la extrema derecha. Al menos, ese personaje tuvo un proceso de redención, y en su juventud, antes de pasarse al lado oscuro, poseía los dulces rasgos de Hayden Christensen (¿qué ha sido de él?). En España, en cambio, seguro que triunfaría más un candidato estilo emperador Palpatine: por ejemplo, Rouco Varela, que incluso después de haberse jubilado sigue chupando cámara en funerales oficiales como el de hoy.
Desde luego que, si realmente Darth Vader pudiese existir y llegase a presidente, hasta los rusos tendrían que recular. Para España, se podría proponer a otro lord, incorruptible ante el saqueo, Eddard Stark. En la foto de arriba, cuando no se habían inventado los selfies, aparezco junto al gran Vader en una exposición, retratado por el amigo Hal. Que la Fuerza me acompañe, en verdad, para la última semana de junio: el 28, día del Orgullo, el mayor orgullo para mí será aprobar el examen de Advanced, que cae en dicho día. Y, tal vez esa misma semana, tenga que entregar en depósito mi trabajo de fin de máster. ¿Dónde los depositan? Ni idea. El caso es que la defensa, concepto que suena muy bélico para una simple exposición de veinte minutos, caerá en julio. No veo necesario ir con bermudas y sandalias, aunque sí acompañarme de mi icónica cantimplora verde. Se espera una primavera tan tormentosa como su propio comienzo...
domingo, marzo 09, 2014
La resaca del Oscar acabó bien.
Después de ver el estado en el que se encontraba uno de mis compañeros el último día de clase, llegué a la conclusión de que bien podría haberme presentado yo, con toda la resaca del Oscar, el lunes pasado. No lo hice, y no me arrepiento. Ese día la profesora, además de enfadarse por mi falta de asistencia, comenzó a tratar a los alumnos, no precisamente unos recién llegados a la universidad, en modo preescolar, incluso revisando los libros con sus notas como quien revisa los cuadernos de escritura que vendía yo en mi época de Pozuelo. Vapores del lunes, serían, que se le fueron pasando a medida que recordaba que yo, hace tres años, era un alumno bastante ejemplar en su asignatura, hasta tal punto que eso llegó a causarme problemas con otros de los asistentes. Al día siguiente, no me dijo absolutamente nada, y las tres jornadas de clase han sido provechosas, y con su punto justo de diversión, algo que no se puede decir de todas. Bien está lo que bien acaba.
Tras ver una de las triunfadoras de la gala, Frozen, no puedo quitarme de la cabeza el tema que ganó la estatuilla. Natural. Además de ser un gran tema, en la línea de los mejores de la casa, el personaje que lo canta tiene varios puntos en común conmigo: prefiere el frío al calor (claro que eso puede formar parte de su maldición), y, al igual que otros héroes y heroínas Disney, le planta cara a las dificultades, aunque eso suponga construirse un enorme castillo en lo alto de la montaña, en el que disfrutar de sus poderes, poco comprendidos por los súbditos que acaban de coronarla reina. Yo, por fortuna, no estoy en un castillo de hielo, sino bien rodeado en esta por otra parte decadente ciudad, pero el ambiente nórdico que transpira el filme, con sus renos y sus trolls, me recuerda hacia dónde debo volver mis pasos.
PD- Por favor, espero que esa nueva moda de las películas mastodónticas de temática LGTB sea pasajera. Tras las tres horas de Adele, ahora casi otras tres con Laurence anyways, filme que desbarra tanto que tal vez hasta el propio Almodóvar podría sentirse abrumado ante él. Si no estás contando epopeyas de la Tierra Media, más vale que no dejes en tres horas lo que puedes contar en dos...
domingo, marzo 02, 2014
Last Oscar in Spain?
Sí, tengo que aguantar hoy. ¿Dónde estaré a finales de febrero del año que viene? Me encantaría saberlo. ¿Tendré, si no Canal Plus, al menos internet para verlo por estrímin? Quién sabe. Hasta entonces, aprovecha el momento, carpe diem. Y dos placeres siempre son mejor que uno. Primero Cuarto Milenio, luego nos trasladamos hasta LA. Ya se ve, mucho tiempo disponible para escribir en el blog, pero, a decir verdad, no tenía pensado hacerlo. Ya tengo la quiniela de Fotogramas, como en los viejos tiempos, los Mr. Corn made in USA, con un extraño sabor que tal vez boicotee las escasas horas de sueño. Y hablando de boicot... Mañana comienza la asignatura de Teatro. Una asignatura participativa. Como todas, solo que esta en serio. ¿Estaré en condiciones? Bueno, todavía no he agotado en este curso mi cupo de horas fumadas. Todo sea por amor al arte, y amor a Hollywood, con su mezcla de espectáculo y miserias. En la foto de arriba, para que pueda comprobarse que yo también sabía manejar una cámara. Claro que lo mío es la escritura...
jueves, febrero 27, 2014
La increíble nota menguante.
Al fin he visto la segunda parte de El Hobbit. Si bien es meritoria la recreación del dragón Smaug (o Esmó, depende de quién lo pronuncie), ninguna escena me pareció tan emotiva como la de Gollum en la primera, que vi en Copenhague. No me atrevería a decir que la tercera, y última, pueda visionarla también en el extranjero. Pero, vistas como están las cosas, tampoco puedo negarlo.
En León no me quedo con beca. Y, por tanto, no tengo intención de quedarme. Ni mi expediente ni mi premio me han servido siquiera para pasar la primera fase de la beca que me serviría para realizar el doctorado. ¿Por qué no? Bueno, porque me han bajado cuatro décimas. No parece que se las hayan comido con patatas, por lo visto es un proceso de ponderación, que no acabo de entender bien, si es que entiendo algo, en el que tienen en cuenta factores como la media obtenida en mi clase. Bueno, ¿y qué coño tiene que ver lo que hayan sacado mis compañeros o compañeras con lo que he sacado yo? ¿Por qué algunas notas suben, con este procedimiento, y otras bajan?
Lo único que se es que el hecho de quedarse fuera por cuatro décimas es lo bastante humillante como para despreciar sus recortadas dádivas. Si por mí fuera, ya sabría yo por dónde empezar a recortar. No importa... De todos modos, tenía ganas de volver al extranjero. Un mes me supo a poco. Justo había tenido mi primera cita seria cuando hubo que hacer las maletas. Aunque, si quiero asegurarme mi estancia fuera, más me valdrá conseguir otra clase de citas, académicas y/o laborales. Ya podía traslucirse a través de mi entrada anterior. Si fui capaz de lavar platos y tazas con restos momificados de cruasanes en el Rodilla, en el peor de los casos también podré pagarme la tesis haciendo esa clase de oficios para los que supongo que no pedirán aprobar el Advanced. Por si acaso, a seguir preparando el Inglés, aunque ello conlleve escuchar a locutores que parecen haberse pasado de pintas en el Sant Patrick´s Day, igual que yo hace ahora un año. Familiares, amigos y conocidos en ciudades foráneas, que se preparen para la chapa que voy a dar para ver si alguna universidad de su zona, por remota que sea, está dispuesta a apadrinarme (o a amadrinarme, al fin y al cabo universidad es de género femenino).
miércoles, febrero 19, 2014
La paradoja sándwich.
Durante mi último viaje a Madrid he podido comprobar cómo una empresa ha ido a peor, mientras que otra, en la que yo mismo trabajé antes de planear el asalto definitivo a mi licenciatura, ha ido a mejor, al menos en lo que respecta a su imagen. El viaje en tren de clase preferente ha perdido bastante el sentido que se le daba a ese adjetivo. ¿Qué privilegios tiene ahora? Casi ninguno. El periódico, y a la ida se les olvidó pasármelo. Lejanos ya quedaron esos tiempos de opulencia, con aperitivo, cena y copa, copa que casi nadie quería. Debieran haber aprovechado, mientras pudieron. Hay otros beneficios más intangibles que sí se han conservado, como el espacio, la mayor tranquilidad y silencio; lógico, al ver cómo se ha devaluado el servicio, y que ello no ha implicado una bajada en la tarifa, los viajeros se habrán cambiado a vagones más económicos, como puede que haga yo en el futuro.
Durante uno de mis paseos por Madrid, me acerqué al sitio donde tuve mi primer trabajo allí, el Rodilla de la glorieta de Bilbao. Hace años ya, por lo que supuse que no vería ninguna cara conocida. Así fue. Y no solo las caras habían cambiado, también la estética del local. Tanto el letrero como la decoración interna habían envejecido, por así decir, luciendo un estilo vintage que parecía rememorar los primeros establecimientos de la marca en Madrid, que ya tiene un porrón de años, tal vez se acerque al siglo. La paradoja residía en el contraste con un plantel rejuvenecido. Un trío de buenos mozos, con los que ya pudiera haber coincidido yo en su momento. Además, habían desterrado la camisa negra, a la que solo parecía faltarle el alzacuellos, por una camiseta del mismo color, mucho más moderna y funcional.
Cuando yo estuve allí, entre otras jefas, había una auténtica bruxa constrictor que me traía por la calle de la amargura, obsesionada con la limpieza, como si estuviera atravesando de forma permanente la fase anal freudiana. Fue una de las principales razones para abandonar ese lugar. En estos tiempos en los que se habla tanto de la iniciativa privada, de los emprendedores, del autoempleo, deberían contratar a muchas jefecillas como esas, para que cualquier empleado albergara la esperanza de convertirse en su propio patrón. Me sorprendió encontrar a ese trío de maromos porque, durante mi singladura laboral, solo éramos dos varones, y uno estaba relegado al inframundo por decisión propia. Sí, mi compañero no salía de su cueva sandwichera, donde preparaba las brandadas de bacalao y similares, pero lo hacía así por no querer atender de cara al público. ¡No le culpo! Así no tenía por qué enfrentarse al yonqui habitual, al vagabundo que pintaba mujeres desnudas, a la señora histérica (o varios ejemplares de la especie), etc. ¿Dónde estaban todos esos personajes durante mi visita el domingo anterior? ¡Me han cambiado mi Rodilla! Para bien, diría yo, y además con wifi.
Pero ni el wifi ni nada sirvió para que llegara a mi correo mensaje alguno sobre si paso o no a la siguiente fase de la beca. Si no paso, creo que debería plantearme volver a mirar destinos en el mapa. Hoy es el Día contra la LGTBfobia en el Deporte. Algunas ligas de fútbol europeas han hecho campañas para sensibilizar sobre este tema, mientras la española se queda de brazos cruzados y labios cerrados. Bueno, tal vez no sea mala idea ir a alguno de esos países más sensibles, con mayor dotación en sus presupuestos educativos y mejores expectativas de empleo, aunque solo sea rellenando sándwiches en alguna cueva. Para algo serviría mi experiencia, no solo académica.
martes, febrero 11, 2014
Winterfell.
El estoico gigante, que no en vano ya resucitó una vez, recibe la primera gran nevada del invierno en León. ¿La última? Quién sabe. Nada sorprendente, también nevó en febrero el año pasado. Yo pude contemplarlo desde un gran ventanal, y, por cierto, no llevaba más ropa que la que lleva el monstruo de piedra. El intermitente temporal, por lo visto, se llevó por delante el letrero del lugar que me acogía durante esa nevada mañanera, las letras que forman el nombre de ese poeta casi homónimo. Ese destrozo me resultó muy simbólico, y más que sucediera en este mismo mes. Daría para una serie de reflexiones de carácter más literario que las que suelo hacer aquí.
El caso es que, un mes después, regreso a Madrid. Allí compré el primer volumen de Canción de hielo y fuego, que estoy a punto de concluir. Y vaya si el invierno ha aparecido, pero, claro, no de forma tan cruda como tendrían que soportarlo los Stark y compañía. Habrá quién piense que por qué regreso a ese piso, a pasar frío, pero nada que no solucionen un par de mantas, un forro polar que me sirva como bata, etc. Ojalá vea nevar en Madrid. Es un show, pero también un caos. No tengo clase hasta el día 27, así que me puedo permitir romper un poco la rutina. La semana que viene continuaré con los ya pocos trabajos del máster, en concreto uno de los más densos. No podré asistir a la obra de teatro que primero nos sugirió y luego casi nos obligó a ver nuestra siguiente profesora. Desconocedora, supongo, de los detalles, nos mandó asistir a una de las más caras del auditorio, en la que no cabía ningún tipo de descuento por carnet universitario. Tras dos mil quinientos del ala por la matrícula completa, pretender forzar a alumnos, algunos sin ningún ingreso, a vaciarse más la cartera resulta absurdo.
Es posible que me vaya con una intriga en curso. Saber si paso, o no, la primera criba de las becas FPU. La fecha estimada es la segunda mitad de febrero, pero algunas personas ya han sido informadas, mientras que yo (tal vez por enviar la solicitud casi en el plazo límite) no. Puede que en el Matadero, o en algún lugar capitalino con wifi, me pueda llevar la sorpresa, positiva o negativa. Lástima de haberme titulado en esta época de vacas flacas, donde hasta las Erasmus se han rebautizado como Plus, al estilo de los asientos de autobús del Alsa...
domingo, enero 19, 2014
El cálido invierno.
El pasado viernes tuvo lugar un bufo episodio en la facultad, que ahora cierra a las ocho por eso de ahorrar algo en el consumo eléctrico. Debido a una planificación mejorable en las exposiciones de la última asignatura que hemos cursado, salimos a las ocho y media, cuando ya no quedaba nadie y la puerta estaba cerrada. Ahorrando en iluminación, en efecto, las escaleras estaban oscuras y al menos las barandillas podían guiarnos casi a ciegas. Parecía una nueva versión de Tesis, con la salvedad de que no estábamos totalmente encerrados, ni hizo falta que apareciese la profesora para abrir con llave, había allí un timbre destinado a ese fin, como descubrí a su debido momento.
Salvado por la puerta, que no por la campana, gracias a esa circunstancia pude disfrutar de una noche muy especial. No importa el tiempo desapacible. Ya lo pude comprobar el pasado invierno, justo hace ahora un año. La estación puede tornarse bien cálida en buena compañía. Una lluvia persistente, factor que a mí nunca me ha resultado especialmente melancólico, lo es menos cuando con una mano sostienes el paraguas, y el otro brazo lo enlazas con el de una persona especial. Esa es la estampa que perdí. Y la estampa que recuperé. ¿Por algunos minutos? Quién sabe. Si solo fueran minutos, hubiera merecido la pena de todos modos. Hubiera gozado igualmente con un recuerdo que se me hacía lejano. Y es que, al igual que en ciertas ocasiones el tiempo parece detenerse, en otras parece avanzar tan rápido que apenas te das cuenta de los cambios que podría conllevar. Por lo que a mí respecta, en este comienzo del año me siento ilusionado de nuevo. Si la ilusión se queda en eso, ilusión, bienvenida sea igualmente, pues su mera existencia ya me ha iluminado, como un rayo de sol entre las espesas cortinas de agua.
Salvado por la puerta, que no por la campana, gracias a esa circunstancia pude disfrutar de una noche muy especial. No importa el tiempo desapacible. Ya lo pude comprobar el pasado invierno, justo hace ahora un año. La estación puede tornarse bien cálida en buena compañía. Una lluvia persistente, factor que a mí nunca me ha resultado especialmente melancólico, lo es menos cuando con una mano sostienes el paraguas, y el otro brazo lo enlazas con el de una persona especial. Esa es la estampa que perdí. Y la estampa que recuperé. ¿Por algunos minutos? Quién sabe. Si solo fueran minutos, hubiera merecido la pena de todos modos. Hubiera gozado igualmente con un recuerdo que se me hacía lejano. Y es que, al igual que en ciertas ocasiones el tiempo parece detenerse, en otras parece avanzar tan rápido que apenas te das cuenta de los cambios que podría conllevar. Por lo que a mí respecta, en este comienzo del año me siento ilusionado de nuevo. Si la ilusión se queda en eso, ilusión, bienvenida sea igualmente, pues su mera existencia ya me ha iluminado, como un rayo de sol entre las espesas cortinas de agua.
viernes, enero 10, 2014
Winter has already come.
Un viaje a Madrid nunca es un viaje inútil, poco importa que fracase la misión principal que me lleve allí. Y, bajo mi punto de vista, no fue un fracaso absoluto. Fue un viaje relámpago, por el cual he perdido dos clases de Inglés y una del máster, como daño colateral. Respecto al máster, en plena recta final de aquí a dos meses, la asistencia es importante, pero tampoco es que nos obliguen a asistir convertidos en armas bacteriológicas andantes, puesto que me fui a Madrid con catarro, y he vuelto, claro está, con catarro, al permanecer en un piso frío; supongo que tampoco ayudó el hielo en el que están enterrados los botellines de cerveza de la foto de arriba, pero, en fin, también tenía que disfrutar un poco del viaje, aunque se tratara de un viaje oficial...
Mi papel, de hecho, fue el correcto. Fui a enseñar un piso a una posible interesada, que a la postre no lo estaba tanto, pues no apareció. Y tampoco avisó. Un cambio de parecer al que estoy acostumbrado, en muchos aspectos de mi vida, pero que no por ello me resultó menos irritante. Ni se dignó a contestar mi mensaje. Suerte tiene de que en esta sociedad la seriedad se valore poco, y por un asunto así no vaya a perder la cabeza sobre los hombros. No digo esto porque vaya a comprar una espada, sino porque, como podéis comprobar, he comenzado a leer el libro Game of Thrones, primero de una saga inconclusa a día de hoy. ¿A qué se debe el retraso? ¿Por qué no me sumé al carro cuando comenzó la serie televisiva basada en dicha saga, de la cual tampoco he visto ni un capítulo? Bueno, yo no suelo seguir modas. Pero el género fantástico siempre me gustó, y ahora estoy terminando de leer una trilogía de estilo semejante. En Reyes me cayó un pequeño volumen de frases del enano Tyrion Lannister, uno de los personajes, y la verdad es que me gustó la prosa. El libro era en inglés, y este tomo también lo he comprado en inglés, compensando así un poco el fumarme las primeras clases del año.
Solo he leído el prólogo, y está bastante bien. Aparecen, a priori, unos personajes congelados, lo cual me recordó cómo la noche anterior me quedé aterido en la cama, por haber colocado solo una manta en vez de dos. Winter is coming... Como en los medios insistían siempre en las escenas de desnudos de la serie, estuve por llegar a la conclusión de que la saga era una especie de Tolkien con tetas. Tópicos que deberé revisar. Por cierto, también he estado leyendo ensayos del maestro JRR, ya que no me dio tiempo a ver la segunda parte de El Hobbit. Menuda erudición que tenía, yo jamás llegaré a ese nivel, claro que tampoco me preocupa... Espero que el final del máster concuerde bien con esta manía que me ha entrado de ir acumulando tochos que leo simultáneamente. En el caso de los libros de George RR Martin, orondos como el propio autor, tampoco es que tenga demasiada prisa en terminarlos. Así le voy dando tiempo para que acabe los que restan...
domingo, enero 05, 2014
El otro No Aniversario.
Ciertamente, este blog no es una red social, aunque ahora forma parte, en cierto modo, de una. Sea como fuere, nunca pretendí que este espacio estuviera expuesto de forma masiva. Yo no critico las redes sociales, aunque, desde luego, la comunicación no visual y no presencial me ha traído algunos disgustos. En compensación, también he ahorrado bastante tela. Pongamos el caso del what´s up, que no es propiamente una red social sino una herramienta en ocasiones malhadada, a la cual yo llegué más tarde que otros y otras colegas. La ventaja es que es gratis. La desventaja es que es gratis. Cualquier persona ociosa puede meterse en su cama, a horas no muy tardías de la noche pero ya respetables, y enviar pensamientos mal alumbrados a quien desee. Otra cosa es que el receptor quiera leerlos, o responderlos. Dicha herramienta es bastante chivata, lo cual ya debiera repercutir en su reputación. Y no sirve, seamos francos, para conversaciones de verdad. Ya desde el primer curso de carrera nos insistían en el esquema del proceso comunicativo y, pardiez, en estos chats virtuales hay una carencia considerable de contexto. ¿Qué puede hacer la pragmática en estos casos? Llevo un año entero beneficiándome de ese económico sistema, y a la vez sufriendo a personas que lo toman como atalaya para lanzar soflamas que no hubiesen arrojado a centímetros, o a otras personas que, sencillamente, no quieren escuchar (más apropiado sería decir que no quieren leer).
Me quedaré, al menos ahora, con las ventajas, que me ayudaron a crear un momento irrepetible justo ahora hace un año. Sí. Irrepetible. Ya se que es un adjetivo-comodín, pero, querido público, esta vez no ha sido escogido a la ligera. Si digo irrepetible, quiere decir que no se podrá volver a repetir, al menos en todas sus cualidades. No he querido ser banal en este sentido, no podría serlo. La cobardía de algunas de esas personas a la hora de atrincherarse en los recursos virtuales se atenuaría si pudiese conseguir espacios libres, en los cuales crear una atmósfera de intimidad que restablezcan una comunicación normalizada. No pido otra cosa a los Reyes Magos. Pero no será fácil, así que voy a tener que ayudarles, como si fuese un elfo de Papá Noel que se pasa a la otra facción...
Nota críptica- La Maset Premium de abadía fue la pócima ritual.
Me quedaré, al menos ahora, con las ventajas, que me ayudaron a crear un momento irrepetible justo ahora hace un año. Sí. Irrepetible. Ya se que es un adjetivo-comodín, pero, querido público, esta vez no ha sido escogido a la ligera. Si digo irrepetible, quiere decir que no se podrá volver a repetir, al menos en todas sus cualidades. No he querido ser banal en este sentido, no podría serlo. La cobardía de algunas de esas personas a la hora de atrincherarse en los recursos virtuales se atenuaría si pudiese conseguir espacios libres, en los cuales crear una atmósfera de intimidad que restablezcan una comunicación normalizada. No pido otra cosa a los Reyes Magos. Pero no será fácil, así que voy a tener que ayudarles, como si fuese un elfo de Papá Noel que se pasa a la otra facción...
Nota críptica- La Maset Premium de abadía fue la pócima ritual.
martes, diciembre 31, 2013
El No Aniversario.
Año tras año, este blog se reduce en entradas, quiero pensar que no en calidad (¡hay que ser optimistas, que estrenamos año!). No es falta de inspiración, desde luego: las crónicas escandinavas, un (muy) íntimo poemario, artículos para libros colectivos... y para qué hablar de los numerosos essays del máster, que también se basan en la escritura, desde luego. También estoy bocetando una historia de terror. Me encanta el género, no es por subirme al carro de mi buen amigo Hopewell, cuyas dos últimas novelas aún desconozco si han llegado a provincias. De ser así, Sus Majestades de Oriente ya sabrán qué regalo me hará especial ilusión.
Lo positivo de enmarcar un evento de relieve en un día como hoy es que, al ser el último del año, es difícil que se olvide. Ahora bien, si dicho evento no termina como a uno le hubiera gustado, un día como hoy puede volverse muy cansino, con todo ese rollo de las uvas de la suerte, el champán y el inevitable epílogo del cotillón y la siempre caótica noche de salir todos y no encontrarse nadie. Bueno, ya he rebasado el mediodía del 31, y no me siento especialmente mal. Por Libia, no tendría por qué estarlo.
El 14 se abre con muy buenas perspectivas, y una potente reserva de confianza respecto a los planes en curso, y otros que se otean en el horizonte. La consigna podría ser: confianza en mi trayectoria, y ningún respeto por quienes no confían en mi persona o en mi carrera. De hecho, es la consigna que he estado poniendo en práctica estos días. La segunda parte, solo si me obligan. La toxicidad, que solo venga de las rituales toxinas que se ingieren en noches como esta (pero es sabio moderarse año tras año, y que el naciente no se asuste ante nuestra espantosa cara post-celebración).
Desconozco si el próximo año seré más o menos fiel que este al blog, lo que es seguro es que no tengo la menor intención de abandonarlo, pues ha registrado momentos muy importantes en mi vida, como en la críptica primera entrada de este año que se nos va, y que ni siquiera yo entiendo al leerla a día de hoy. Pero para eso estamos los escritores, para plasmar pensamientos alucinatorios y, llegado el caso, que los descifren, si pueden, los sufridos filólogos del mañana. Feliz 2014, y que el Gobernador de Libia, (who the hell is he?) os ampare.
jueves, diciembre 05, 2013
Despedidas en la niebla.
Hoy ha sido una jornada un tanto crepuscular, con espesa niebla, el frío se da por supuesto y al menos han encendido las luces navideñas, pero es un espejismo para alegrar el puente, y el encendido permanente quedará para las fiestas. A pesar de hacer el máster en dos cursos, realmente la parte de más enjundia se la lleva este 2013, con 11 asignaturas cursadas de 15, comenzando a contar desde que en febrero me subí a este tren en marcha. Las clases se reanudarán tras los Reyes, y el trabajo, eso sí, continúa en casa.
Además de despedir a mis compañeros y compañeras hasta el año que viene, aunque tal vez haya algún encuentro antes de esa fecha, despedí asimismo a un profesor que me ha impartido, parcial o totalmente, cinco materias. Curiosamente, esta ha sido en la que le he visto menos cómodo. Bueno, el tema tampoco era para sentirse de ese modo, pues, en los tres últimos días, hemos hablado sobre nazismo, además de la proyección de la estupenda película The Reader (El lector). Del mismo modo que en Cuarto nos invitó, el último día, a tomar una caña o lo que fuese en la cafetería, hoy la despedida ha tenido necesariamente un carácter más melancólico, con los poemas de Paul Celan, algunos leídos personalmente por el autor, antes de arrojarse al Sena. Me quedaba con las cañas pero, en fin, si el máster tiene entre sus fines el complementar la formación que hemos recibido en la carrera, entonces cabe señalar que de Identidad Europea poco dimos en Filología Hispánica. No es la rama que voy a seguir, ni en el trabajo fin de máster ni en el futuro, pero plantea un interés indudable, a la par que incómodas preguntas.
Con solo un mes de retraso (no está mal para León), se ha estrenado La vida de Adele, y esa película sí será objeto de análisis, cuando pueda verla, eso sí, en versión original, y con la opción de detener su visionado para tomar notas. Mucho mejor que ir yo solo al cine, con la posibilidad de que se me siente un voyeur al lado. Sí, creo que el voyeurismo lleva afectando a esa película desde que ganó en Cannes. ¿Cómo es posible, si no, que yo haya podido ver sus escenas eróticas antes de ver la película en sí misma? Las mismas, por cierto, cortesía de un enlace de la versión digital de Cinemanía. Es un enlace a una página pornográfica, englobado dentro de una web de cine que no lo es. Me resulta absurdo, porque las escenas que he visto no son pornográficas, y mucho menos en el sentido de escenas entre mujeres que suelen verse en esa clase de sitios. Me han parecido realistas, y naturales, claro que necesito el contexto del filme en sí. Habrá que planear unos cuantos visionados. Y no porque las actrices sean guapas, que también...
Hablando de mujeres con sexualidades no normativas, os dejo con este vídeo de Marlene Dietrich, referido a la última clase del año, la de hoy. Por hacer un contraste, bien pudiera haber colgado uno de Aquí llega Condemor o alguna absurdez similar, que siempre logran divertirme. No obstante, vaya este como mi particular homenaje a un profesor que me ha proporcionado muy buenos momentos a lo largo de estos años.
viernes, noviembre 22, 2013
El largo parto.
¡Aquí está! Catorce meses después, el título de mi carrera, junto al plus del suplemento europeo, el papel bilingüe pensado, especialmente, para solucionarte la papeleta si hay que emigrar, como supongo que será mi caso. Tras una espera tan dilatada, al menos me concedieron como regalo una carpeta, cosa que no recuerdo en el caso de Cinematografía. Aquel no era un título oficial, y es de imaginar que, a menor caché, menos dispendios.
El único mes íntegro en cuanto a docencia está llegando a su fin, y ha sido una balsa de aceite, excepto algún incidente aislado que no tenía nada que ver con la universidad y que, por algún motivo que ahora mismo no me explico del todo, llegó a salpicar el honorable templo del saber. Las clases se me han pasado tan fugazmente como imaginaba. Es una pena, porque, además, estoy conociendo a alguna persona interesante con la que, asimismo, coincidiré fugazmente a menos que haga algo para remediarlo. El trabajo de fin de máster estará basado, a grandes rasgos, en una comparativa entre el cómic El azul es un color cálido y la película que se inspiró en él, la célebre La vida de Adele. Célebre porque ganó la Palma de Oro en Cannes, pero, de hecho, a León no ha llegado, y si llega lo hará por los circuitos alternativos habituales.
Habrá quien se pregunte que por qué tomé la decisión de hacer el trabajo sobre una película y un cómic que no había leído. Mi intuición, empero, no me traicionó. El cómic, novela gráfica si queremos ponernos finos, lo estoy terminando ahora. Sabía que iba a tocarme, así ha sido; es bello y triste, estoy escribiendo en el blog, en parte, para descansar antes de su desenlace. Creo que el trabajo podrá ser un broche muy digno para el máster, y quizá para mi estancia en la facultad, a falta de saber las opciones de doctorado.
También he rememorado el aniversario del viaje a Suecia. Increíble, parece que haya pasado un milenio desde entonces. Pero mi percepción se debe a que en este año 13 que va llegando a su fin han sucedido toda clase de peripecias, buenas y malas, pero que en su conjunto podrían dar, desde luego, para otra emotiva historia del estilo de la que estoy leyendo. La espera de la Navidad, ya lo creo, se hacía más intensa en esos paisajes nórdicos, aunque aquí ya se haya alcanzado un frío tal que, si no nieva, lo hará en cuanto me despiste. La nieve traerá consigo otra copiosa palada de recuerdos... Quizá aún me de tiempo a visitar Madrid antes del fin del año, libre de basuras aunque quizá también libre de iluminación festiva, todo está por ver. Nada me impediría comprar las dos últimas novelas del amigo Hopewell, la última de las cuales se estrena hoy. ¡Felicidades! Nada mejor que auto-regalarse libros de amigos. De momento, mi obligación es regresar a la historia de Clementine (rebautizada a posteriori Adele) y Emma. Respecto al parto al que aludía en el título, se ha fraguado tras tres intentos y, si su obtención no ha sido algo tan extraordinario como el premio que obtuve en septiembre, podría no obstante dar pie a consideraciones acerca de la constancia, y también de la paciencia, la manera de evitar distracciones que pretenden desviarnos de nuestro camino y que a la larga se quedan, ¿cómo era?, en polvo, en sombra, en nada.
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