viernes, noviembre 27, 2015

Thanksgiving.



Tout est pardonné. Unos que vienen y otros que se van... Tan manido como suena. Yo ya  no guardo rencor, y mucho menos en un día como hoy, aunque en España no se celebre. Hoy ha sido, de todas maneras, una jornada especial. Por la mañana, aprendiendo cómo se defiende una tesis doctoral por parte de una compañera, que la hizo además sobre cine, mi otra carrera, analizando la biografía fílmica de Sylvia Plath. Yo no defendía, pero estaba nervioso como si lo hiciera. Eso sí, actuando como infiltrado, tomando notas en plan espionaje industrial. Me ha venido bastante bien, he perdido un poco el miedo y, además, he tenido una tutoría con mi directora para tirar hacia delante con este curso. Allá vamos. 



Por la noche, aprender a enrollar sushi por parte de auténticos estudiantes japoneses. Sí, hay pruebas. Cierto que aún no tengo las fotos porque no me las han mandado, pero todo llegará, supongo. No se me dio mal la cosa. Todo lo que sea mejorar mis conocimientos de cultura oriental, encantado, y más si luego me los puedo comer con una pizquita de wasabi. Podría preguntarse uno que por qué, si no me gusta mucho el pescado, me lo como crudo. Incluso los calamares los comí crudos, rara cosa, con lo buenos que están fritos en el Casa Condeso. Bueno, la vida es probar nuevas experiencias. También me comía el arenque crudo en Suecia, con su aquavit para paliar el sabor... 



Así que, raro acontecimiento, Thanksgiving con acento japonés. El pavo, no obstante, llegará el sábado. Yo no estaré para verlo, prefiero ir a León y trabajar un poco, ahora que me he motivado con la defensa de esta mañana. Ya sobrará alguna tajada que me caerá la semana que viene, debo suponer. 




En este mismo blog explicaba por qué no había hecho Erasmus (hasta el momento, claro). Esta cena, sin embargo, tenía todo el sabor a Erasmus, aunque los japoneses no puedan serlo, tratándose de un programa europeo. Usemos el genérico, pues. Debo dar gracias, nunca mejor dicho, por un día como el de hoy. Cierto que en este mes, ya a punto de concluir, no siempre he conseguido lo que quería, por ejemplo en el terreno social, pero los altibajos son más que previsibles en un proyecto de estas características, y la valoración global me parece positiva. 








domingo, noviembre 22, 2015

Ma petite rebelión tecnológica.

Intentar escribir estas líneas cuando: a) Al fin hace un tiempo verdaderamente otoñal y, por ende, también ha regresado el catarro otoñal; y b) Tengo como ambientación sonora la matraca constante en que se ha convertido el rugir de motores de este ordenador; por tanto, todo ello conforma un conjunto poco inspirador. Leyendo ayer a Epicuro y Montaigne podía extraer la máxima de que el dinero, en exceso, puede convertirse en ocupación tan esclava y situación tan desasosegante como la penuria; no obstante, una cosa es no vivir para el consumo, y otra alargar artificialmente la vida de unos cacharros que han sido diseñados según los principios de la obsolescencia programada. A este portátil le puedo perdonar que vaya lento, pero no el ruido. Y suerte que este mes ha sido prácticamente vacacional en lo que se refiere al doctorado. Tan solo la música de mi reproductor, si bien no a demasiado volumen, ha sido capaz de acallar ese zumbido agonizante. Tengo dos ordenadores y ninguno funciona apropiadamente. Se sortea un formateo. Puede que dos. Una última operación de urgencia antes de optar por adquirir otro en las rebajas, que tampoco es que fuera a salir muy caro y, desde luego, se amortizaría sobradamente para el final de este curso. 
Otorguemos una calurosa despedida, por otro lado, al móvil de cuarta mano (ya que no de cuarta generación), caracterizado por atorarse de buenas a primeras y que será sustituido, seguramente, en las próximas fiestas. Por lo que respecta al calcetín que lo recubre, se encuentra en pleno proceso de desintegración, tras las numerosas veces en que he creído perderlo pero finalmente aparecía con una fidelidad digna de encomio. Es dura y corta la existencia de estas pequeñas almas de chip, pero en el caso presente ha resultado mucho más fructífera que la de otros aparatos apartados por el dictado de las modas, cuando aún albergan mucha vida en su interior. Se han ganado una merecido jubilación, y ya se rebelan porque yo todavía no se la concedo. Buen servicio, camarades. No sobreviviréis al 2015. Al menos, no demasiado. 

sábado, noviembre 14, 2015

Macabras coincidencias.

Incluso en esta época de comunicaciones inmediatas es posible crearse una burbuja durante varias horas, sobre todo si, en base a unas normas no escritas de cortesía y compañerismo, se procura no mirar demasiado el móvil durante una reunión social. Eso es lo que yo procuro hacer, y ayer solo rompí esa regla para buscar unas fotos sobre lucha leonesa que, si el autor no ha sido consciente del homoerotismo que desprenden, desde luego que me dejaría de piedra. Entre estas frivolidades y birras varias, no nos dimos cuenta de que, en París, en esos mismos instantes, otras personas que disfrutaban con normalidad de su ocio iban a sufrir una abrupta y violenta interrupción. Incluso, macabra coincidencia, estuvimos bromeando sobre la posible pedantería intrínseca del idioma francés, al menos hacia nuestros oídos. Es cierto. Mi profesor dice que, para hablar francés, hay que darse importancia. Yo es lo que hago, por ridículo que suene, y él mismo ha alabado mi entusiasmo. Lo cual me alegra, no por una mera cuestión de orgullo sino porque me gustan esas clases. Asisto, en primer lugar, por querencia propia, y en segundo por motivos curriculares y académicos. J´aime una buena parte de la cultura francesa, y su lengua como parte de ella. 
Fui postergando aprender su idioma. Sí, también he ido postergando la visita a París, ciudad del romanticismo, bla, bla. Macabra ironía, también, que hace dos semanas hablara con Paco la posibilidad de que pudiéramos coincidir allí después de Navidad. En todo caso, lo importante es vencer el miedo. No renunciar a nuestro estilo de vida, yendo a bares o a discotecas tan solo por el temor de que alguna persona fanatizada pretenda destruir dicho estilo a tiros. En otro macabro presagio, el profesor se entonó a cantar la Marsellesa el pasado jueves, himno del que, ahora por fin, ya voy comprendiendo algo de su letra. Si finalmente el año que viene consigo hacer ese viaje a la capital gala (aunque solo sea un par de días, si el presupuesto no da para más), chapurrearé mi nuevo idioma y estoy convencido de que nada, ninguna pátina de ideología o credo, logrará eclipsar la belleza que confío encontrar allí. Incluso en las Catacumbas, a donde me gustaría ir si bien no es la mejor imagen para traer ahora. Cierto que llevo tres años sin viajar al extranjero, y que en el presente me hubiera gustado pero no lo he hecho. De todas maneras, siempre preferí calidad a cantidad. El valor simbólico frente a la simple experiencia turística. Y eso es lo que espero encontrarme cuando ponga los pies en esa hoy castigada urbe. Los acontecimientos han redoblado mi ímpetu de ir allí y dejarme envolver por toda su esencia, que permanecerá intacta. Confío en que podáis verlo en este mismo espacio y que consiga, al igual que hizo mi hermano, reflejar en mis fotografías una cara no tan estándar y más humanizada de la ciudad. 

martes, noviembre 10, 2015

Pumarín: Año Uno.



¡Más aniversarios! Hace un año que llegué a este piso, por entonces escasamente amueblado, y me instalé en la habitación pequeña de la foto, separada ahora de la mía por una pared fina, demasiado fina, a la que vendría bien alguna técnica de insonorización tipo Proust. No es que se haya perdido aquel silencio, en ocasiones aterrador, con el que me estrené aquí. Continúa apareciendo, de modo intermitente, no así la sensación de soledad que me acompañó en aquellos primeros momentos y que, por cuestión quizá de masoquismo, acompañé del visionado de la clásica película de fantasmas. No importa, ningún fenómeno paranormal ha aparecido en esta vivienda desde entonces. 
Ahora ya tengo wifi, trabajo temporal (ayer fue mi payday), más muebles y compañera. Sigo descubriendo Oviedo y Gijón. El sábado, en la calle Martín Vigil, con un par de interesantes librerías, de lance y alternativa, y otro par de buenas cervecerías una con la Old Skull de León, una IPA difícil de encontrar en mi ciudad de origen. El domingo regresé a Gijón, no iba desde agosto y pareciera que no había cambiado de mes, dado el tiempo. Me habían quedado pendientes entonces otras librerías, tipo café, como La Revoltosa o Toma 3, esta última con conciertos y proyecciones en la pared de filmes como Psicosis. Una lástima, eso sí, que nadie estuviera en condiciones de acompañarme en estas exploraciones. Hace un año, ya desde antes de mi mudanza, ya había logrado concertar una cita aquí, con un amigo, también bloguero, ahora mismo un tanto liado con su curro. He conocido gente, pero no tanta como debería o, mejor dicho, me han faltado ocasiones de continuidad. De todas maneras, seamos francos: hay muchos, muchos recursos que todavía no he explotado, valga citar los cuatro o cinco del pasado fin de semana como hipotéticos cuarteles de operaciones. Y en última instancia, la principal razón de estancia aquí es el doctorado, que continúa con ritmo estable, más calmado ahora tras la tesina. 
El mero hecho de que, un año después, continúe aquí, circunstancia no muy común en mis pisos de alquiler, ya es señal de que me he encontrado cómodo, con un nivel de independencia que me ha beneficiado en lo personal, en lo académico-laboral y en lo creativo. Si no hay sorpresas, buenas o malas, mi intención es permanecer aquí hasta que complete mi tesis. Mi casera y tutora, Esther, me enseñó ayer lo monas que vienen ahora las tesis doctorales, ja, ja, tipo libro a doble cara y con una longitud que es la que yo me planteo, sobre trescientas páginas. En la imprenta te sangrarán, cierto, pero el resultado es lo bastante óptimo como para guardar en estanterías, donde tal vez nadie las vuelva a leer, y para inmortalizarlo en imágenes como la que confío en colgar aquí, a su debido momento. 

viernes, noviembre 06, 2015

Tres años.


Se cumplen tres años desde que viajé a Suecia, y qué mejor manera de celebrarlo que con esta botella de Absolut Pride, producto de la tierra, de hecho, de la misma tierra en la que estuve viviendo: el granero de Escania. Le dije a Jill que la compraría, ahora que en breve me van a pagar mis primeras clases particulares del curso, y ayer la estrenamos. No estuve en el piso para celebrar Halloween pero anoche, sin ninguna razón aparente más allá de ver AHS, tuvimos una cena mejicana gracias a Sam, official chef que nos deleitó con tacos y margaritas. En contra de lo que pudiera parecer, creo que mi catarro no se resintió, antes bien me ha permitido retomar el gimnasio. 
Tres años después, me siento preparado para el hipotético caso de que quisiera regresar. No solo he obtenido más experiencia académica, con el máster, el doctorado y los idiomas, y más experiencia laboral con mis pinitos de profesor. También, experiencia de la vida en sí misma, me siento una persona más desarrollada y, si regresare (con contrato o no), sería bastante consciente de que, más allá de aquellos recorridos turísticos y naturales de los que fui dando cuenta por este canal, tendría que ganarme el futuro desde el primer día de estancia. De momento, es necesario defender la tesis. Cierto que el doctorado (en parte) se puede realizar a distancia. Allá por mayo, incluso, cuando la vida social aquí ofrecía menos posibilidades que ahora, llegué a pensar en realizar ya no una estancia internacional, sino realmente pasar una larga temporada en el extranjero. No obstante, no merece la pena. Aquí hay jornadas, congresos, contacto directo con tutora y directora, hasta ahora me ha ido bastante bien y no veo razón de que la progresión vaya a detenerse. 
Además, esto me permite estar en contacto con las raíces leonesas, algo de lo que no podré presumir cuando llegue el caso de regresar fuera. No necesariamente a Suecia, pero, de todos modos, no cabe duda de que mi estancia allí fue bien aprovechada, y determinante. 

jueves, noviembre 05, 2015

Merde.

Ayer vi una película tan infecta que ni siquiera quiero poner su cartel aquí. Lo peor de todo es que ya tenía malas expectativas, que quedaron superadas. Es la segunda vez en el año que me sucede, tras Pixels, a la que tenía por película de aventuras de los años ochenta pero resulta que no era otra cosa que una comedia de Adam Sandler, con los chistes asociados a esta clase. En el caso de Knock, knock, de Eli Roth, es que ni siquiera es una peli de terror o un thriller, es otra comedia, involuntaria. Hitchcock se estará muriendo otra vez, pero de carcajadas. Roth siempre ostenta el leit-motiv de la desconfianza, de la Otredad. Desconfianza hacia Europa del Este, o directamente xenofobia (Hostel), desconfianza hacia las mujeres, desconfianza a abrir la puerta o a ayudar a los extraños (en el presente caso). Y eso que no he visto Green Inferno, donde por lo visto los malos son los pobres indígenas de la Amazonia, esquilmados por el considerado Primer Mundo. 
Esta película es mala de dolor. Guión ridículo, deficientes actuaciones, sensación de absurdo y escasa originalidad. Si no fuera por ese carcajeante final, podríamos hablar de un remake de Atracción fatal. Pero no es remake, ni siquiera parodia. Pretende que nos la creamos, y ahí está el problema. Cómo me voy yo a creer que Keanu Reeves, tras películas como Speed o Matrix, se va a dejar vencer como una ursulina por dos chavalas con buen cuerpo, bien lo enseñan, pero que no son precisamente heroínas de acción. Cómo me voy a creer que parte del suspense radique en la posibilidad de que sean menores de edad, cuando es más claro que el agua que no lo son. ¿Y qué clase de psicópatas, porque lo son, cuelgan un vídeo en una red social enseñando su rostro? Esto no tiene pies ni cabeza. Lo más irritante, en suma, es que tras hora y media de utilizar todos los tópicos machistas asociados a las mujeres (zorras, locas, mentirosas, etc.), al final parece que quieren introducir un mensaje feminista. La culpa es del tío, por infiel. Eso entronca con el espíritu reaccionario de los años ochenta, pero es que es mentira. Infiel, después de un episodio de acoso sexual, casi violación. Más le hubiera valido al director y a sus guionistas ahorrarse la lección. Ya en Hostel 2 se incluyó una castración, cual si fuera una plasmación gráfica del Manifesto SCUM. Otro toque gore, más bien. Aquí, como en otros filmes del autor, las mujeres son el cebo para el crimen, y los hombres las siguen hacia el matadero o, si se resisten, las violan, como en Aftershock, la anterior y muy desagradable película de los mismos creadores. Pues eso, una auténtica merde
Si alguien quiere ver una buena parodia del cine de terror de los años ochenta, que vea The final girls, un divertido ejercicio metanarrativo sobre Viernes 13. Eso sí, sin los desnudos de las cintas de los años ochenta, por eso de obtener una calificación moral más benévola. 

lunes, noviembre 02, 2015

Hitch is coming.


El Día de Difuntos nos devuelve a un personaje del pasado, que no estaba, desde luego, muerto. Tan solo esperando su regreso en tiempos apropiados, tiempos duros que requieren del heroísmo peculiar que alguien así puede llevar a cabo. ¿O no? En todo caso, el hechizo está en el aire y ya solo queda esperar la resurrección. 

sábado, octubre 31, 2015

Pumpkin Ending.



Llega Halloween, pero las calabazas ya se pudrieron, como esta de arriba, la mía, ya en estado de descomposición. Ye lo que tiene prepararlas dos semanas antes de esta fecha, y factores añadidos como la humedad, las corrientes, etc. Comenzaron a criar moho, adquiriendo unas muecas aún más escalofriantes, y ya no podíamos ni encenderlas por temor de que esa pequeña selva interna se prendiera, creando una atmósfera tóxica en el salón. En todo caso, cumplimos. Yo hoy no estoy en Oviedo, parece ser que mi compi y sus amigos lo celebrarán allí viendo una película sobre bruxas (no necesariamente de terror) y bebiendo algún brebaje. Sin abusar, espero, ese salón estilo Ikea todavía está demasiado nuevo, a diferencia de los de otros vetustos pisos de Vetusta. 
Yo no me iba a perder una de las visitas a España de mi hermano Paconcio, pardiez. Vale más que eso que veinte jalogüines. En mi caso, la tradición no es el trick or treat, sino el catarro otoñal, al igual que el año pasado. La pronunciación del francés, con sus sonidos guturales, no ayuda a relajar la garganta. Pero estoy contento, ya conjugué el presente del verbo ser y el profe dijo que tenía madera. ¡Y en solo seis días! Ya sabía yo que esa lengua iba a encajar bien en mi persona. Así pues, ya tengo excusa para no trasnochar, al igual que no lo hice la semana pasada. No importa, hay un puente largo por delante para la familia y amigos, a algunos de los cuales ya hace una temporada que no veo. Confiemos en que hoy no nos visiten los espíritus, pese a haber perdido ya la protección de las calabazas. 

domingo, octubre 25, 2015

Purgatorio.


En la película Inside Out, existe una especie de vertedero en el que terminan los recuerdos que van a desaparecer. Por contra, hay otra clase de recuerdos llamados nucleares, o algo así, que contienen las experiencias que más hondo han calado en la psique de la protagonista y que deben ser protegidos, pues, en aras de su estabilidad mental. Hace un año se produjo en mí un recuerdo de ese tipo, que no solo no se ha evaporado sino que siempre permanece bastante en la superficie, no digamos ya cuando estoy escribiendo estas líneas en las que voy a referirme a él. 
Se trata de la celebración de mi cumple, hace un año. Era muy consciente de que sería difícil repetir algo así. Esta vez ha tocado purgatorio, para compensar. No digo, desde luego, que esté decepcionado con lo sucedido esta semana. En Oviedo, pese a no conocer tanta gente como aquí, mis expectativas se cumplieron más allá de lo esperado; por lo que respecta a León, las circunstancias favorables del año pasado no se han repetido, sin que ello haya sido obstáculo para que hayamos salido el viernes, ayer y muy probablemente hoy. El caso es que, no los recuerdos, pero sí ha habido personas y lugares que han desaparecido por distintas razones. Hay amigos a los que se siente aún muy cerca pese a que físicamente se encuentren bastante lejos. A otras personas solo cabe englobarlas en la categoría de gente que gusta de desaparecer de modo abrupto. ¿Por qué? No se, ojalá pudiera introducirme en su cabeza para saberlo. Aunque, en este caso, imagino que necesitaríamos más personajes que los que aparecen en la película. Por ejemplo, Vanidad ocuparía un papel importante. Y también hay lugares físicos que no es que desaparezcan, sencillamente cierran, de forma temporal o definitiva. Es un misterio incomprensible para mí ver cómo este año he dejado de contar con dos de mis favoritos, cuando hay otros a los que casi siempre  veo vacíos y ahí siguen. 
Sí, creo que lo que me faltó en este filme fue el ver reflejado cómo funciona la mente de personas no tan estereotipadas como la familia protagonista, más divertido sería introducirse en la psicología de gente menos normal. Aunque, claro, si el principal problema de la protagonista es que se deprime por mudarse a San Francisco, entonces será que su cerebro no rige muy bien. Ya me gustaría a mí vivir allí, vaya. Ni siquiera el uso de Skype, esa herramienta tan aborrecida ahora mismo por mí (aunque imagino que en el futuro me será muy útil), le sirve para mantener a flote la Isla de la Amistad. Bueno, por lo que a mí respecta, mi mudanza se ha limitado a hora y media de autobús, por lo que, tal y como afirmaba hace un año, se podría decir que vivo entre dos tierras. Más en la tierra asturiana, eso sí. A día de hoy no tengo razones para volver cada fin de semana, si bien pueden coincidir varios seguidos en los que sí haya motivos, como en el próximo, con la visita de mi hermano Paco. Ya celebramos el Halloween por adelantado, y las calabazas que decoramos fueron invadidas por el moho, debo suponer que mi compañera tal vez las habrá condenado ya a la basura. El fin del mes, por lo tanto, regresaré aquí, considero mucho más productivos todos los temas y proyectos a tratar con Paconcio antes que una nueva ración de chuches con forma de araña y alguna que otra película de brujas o vampiros por la tele. 

martes, octubre 20, 2015

Con la ilusión de un niño.


Cierto, no esperaba que el día de mi cumpleaños en Oviedo pudiera ser tan especial como en León, pero, por diferentes circunstancias que han confluido en esta jornada, la verdad es que me siento muy contento, y todavía espero celebrarlo en León de un modo u otro, aunque no sea con tanta juerga e insomnio como en el año pasado. Yo entre semana debo permanecer aquí porque ya me he creado una serie de compromisos, básicamente el dar y recibir clase, por no hablar de la razón principal de permanencia, el doctorado con sus tutorías y demás gestiones. Al caer en martes, al menos he tenido la suerte de poder compartir la tarta con Jill, mi compañera de piso, que es la que tomó esa foto. 



No solo eso, sino que también quiso sorprenderme colgando lo que podéis ver, un detalle bastante emocionante que bien podría haberme arrancado alguna lágrima o dos. Si pudiera resultar infantil, como lo de las calabazas, bienvenida sea esa ilusión de niño con la que lo recibí, al igual que el último avance de la próxima película de Star Wars. Son detalles que dejan la sensibilidad a flor de piel. También la clase de Francés, a la que no dejé de asistir hoy aunque fuera mi cumpleaños, parece requerir de una sensibilidad especial, aunque luego sea para decir frases ridículas como: Je suis Blip Blop (un marciano). En el caso de hoy, supongo que el chupito de licor sueco que tomé con Jill pudo ayudarme a conseguir el acento francés apropiado. Ah, la Suede! 


En resumen, este día de cumpleaños no solo ha estado mejor de lo que esperaba, sino que debo asumir cómo algunas personas de mi vida aquí, en las cuales quizá mi confianza había permanecido fluctuante, han consolidado el éxito de su celebración. Comenzaré este nuevo año con mentalidad positiva, pues, y haciendo autocrítica para que, en lo sucesivo, no juzgue demasiado a la ligera la actitud de la gente. La fiesta llega a su fin, y ya se nota el cansancio. Hoy, más que nunca, que la Fuerza nos acompañe. 

domingo, octubre 18, 2015

Pre-Halloween.


Este año, al darse la circunstancia de estar compartiendo piso con una auténtica ciudadana de los Estados Unidos de América, el Halloween podrá celebrarse con toda propiedad. Bueno, en realidad creo que más bien el Pre-Halloween, porque para el día 31 es muy posible que me encuentre en León. En todo caso, después de la imaginería con calabazas y demás parafernalia que hemos estado viendo durante las sucesivas temporadas de American Horror Story, llegó el momento de decorar nuestras propias hortalizas. En mi caso, me estrenaba, y el resultado no ha sido todo lo malo que cabría esperar. 


La de la izquierda la hice yo. Algo mas pequeña y sucia, pero creo que la expresión de su rostro es todo lo maligna que se pueda esperar de una calabaza. Si no lo creéis, esperad a verla iluminada con la vela dentro. 

 Aquí, en plan psicópata antes de abrir el cráneo de mi pobre criatura y vaciarla de gran cantidad de pipas que, a priori, vamos a cocinar hoy en el horno, en el caso de que este funcione. 



El vino español, no es que concuerde muy bien con el espíritu pero sí lo hace el fondo de la imagen, en el que ligeramente podrá verse a Lady Gaga en el inicio de la temporada quinta de la serie. Una temporada más sexy, desde luego, que estuve revisando anoche pues durante el proceso de decoración de las calabazas hubo detalles que se me colaron, como la nacionalidad sueca de las rubias que hacían de víctimas en el prólogo de la temporada. 




Durante las dos próximas semanas, las tendremos como elemento decorativo que, en verdad, no queda nada mal. Se le podrían añadir muchas otras cosas, como una mano de goma cercenada y sangrante que ayer vi en Tiger, pero, en fin, tampoco es plan de gastar el dinero en chorradas. No gano todavía lo suficiente para ello. Tras este momento, entre Jack Skellington y Sleepy Hollow, procederé a pasar la aspiradora por el salón, no me extrañaría ver algún resto naranja en la alfombra, aparte de las ya consabidas cáscaras de palomita que suelen quedar por allí después de nuestras sesiones audiovisuales. Os dejo con esta desasosegante visión, a la espera de que el martes podamos celebrar mi cumpleaños con un pastel, no precisamente de calabaza. 



jueves, octubre 15, 2015

Tres bien.



Una semana de novedades, esta. Siempre resulta estimulante, aunque el esfuerzo y la excitación, si se unen a las estacionales corrientes gripales del momento, le pueden dejar tocado a uno. No importa. Es lógico que hoy se tenga un poco de resaca de la defensa. Pero defendida está, y con una calificación de 9. Estoy contento, es lo que esperaba. El nivel de exigencia es algo mayor aquí, solo he perdido medio punto desde el TFM. Me parece adecuado, en tanto en que existe una progresión desde el máster hasta esta tesina que, pese a ser de licenciatura (una de las últimas, momento histórico), está inscrita dentro de un programa de doctorado. Las sugerencias a mejorar me las imaginaba, en su mayoría. Sobre todo el tema de las fuentes. Eso de usar Cuarto Milenio como refuerzo puede ser adecuado al hablar de exorcismos, no tanto como un recurso científico. Por no mencionar la whiskypedia... Fácil de remediar, tan solo hay que ir acumulando artículos serios y estudios, aunque solo vayan a usarse cinco páginas de los mismos. Si el objetivo principal era el entrenamiento para la tesis, este ha salido muy bien. Tras este pistoletazo, o cañonazo, de salida para el segundo curso, ahora procederemos a hacer el plan de actividades, incluyendo una posible, y deseada, estancia internacional. 
Me sentí especialmente complacido porque el tribunal destacó mi exposición oral, al igual que sucedió en el TFM. Debemos pasar por alto, pues, la que llevé a cabo en el curso de Comunicación Oral, que no preparé bien ni tenía el día para ello. En todo caso, reconozco que ese curso me ha venido de perlas para esta experiencia y otras análogas. Otro motivo para la satisfacción es el inicio del curso de Francés. Por primera vez en mi vida he asistido a una clase de este tipo y he sido capaz de decir frases completas, con esa pronunciación que puede sonar ridícula pero no por ello debe abochornar. Tres Bien! (creo que me falta el acento con el rabo para el otro lado, pero ahora mismo no es algo que me apetezca buscar, vaya). Aunque sea el nivel cero patatero, o A 1.1, resulta ameno y eso es lo que me motivará a salir de mi guarida esta tarde. 
Nuevas rutinas en esta nueva temporada. Ayer tuve, además, mi primera clase, a efectos prácticos, de Inglés. Tras la defensa no es que el cerebro me diese para mucho más, pero en eso consiste la profesionalidad, supongo, y esa metodología que me elogió mi directora por la mañana. Compararme con el profesor de la academia de León, el que nos impartía Advanced, es totalmente ridículo, pero sí he copiado alguno de sus trucos. Yo me muevo entre el B1 y el B2, considero que ese es el nivel que puedo asumir para la enseñanza. Compré un pizarrín, que de momento no tengo donde colgar, y mezclé un poco de gramática (básica, pero es necesario repasar) y de speaking, que es probablemente lo que más tengan que practicar. ¡Al igual que yo! No es que sea un experto, pero para mantener una conversación, con algunos errores que ellos tal vez no perciban, creo que estoy preparado. En todo caso, si de verdad en la escuela de idiomas las clases eran como me han comentado, raro será que conmigo no vayan a practicar en mejores condiciones. Yo soy alumno y profesor, unas veces delante y otras veces detrás de la metafórica tarima de enseñanza. La defensa era entrenamiento, esto también. Si en el futuro debo dar clases de forma más sistemática, al menos no se podrá decir que no he ensayado algunas nociones antes. 

lunes, octubre 12, 2015

Pájaros en la niebla.



Back to basics. Bueno, no tan basics. Una cosa es que haya retomado el bus como medio de transporte principal, pero es que el de hoy debía ser el más moderno de la flota. No es que tuviera ya la consabida pantalla con música y películas, sino un verdadero buspad con puerto USB, internet, TV (que no sintonizaba bien en el puerto) y... juegos. Quién me hubiera dicho a mí que iba a estrenarme en el Angry Birds, quizá el juego favorito de mi sobrino Marcelo, en estas circunstancias, enmedio de una cegadora niebla que no dejaba contemplar las montañas. Me mostré un poco inútil, ya lo creo. Fui capaz de superar el primer nivel, pero lo dejé en el segundo, a falta de un cerdo verde en pie (por cierto, que uno de mis pen drive tiene la forma de esos gorrinos). 
Una excelente manera de mantener a los niños ocupados, que no callados. Venía uno enfrente, enfrascado en un juego bastante más violento, bélico, y haciendo partícipes a los demás de sus progresos con los misiles, cañones, etc. Bueno, eso es lo malo del autobús, que no te permite ir muy lejos. En todo caso, con tanta saturación de entretenimiento, puedo asegurar que un viaje corto de por sí, como este, se hace más breve aún. Ahora solo queda, si es que me surgen ganas en este día de fiesta nacional, redactar un power-point para la defensa del miércoles e introducirlo en el cerdo verde-pen drive para que pueda exponerlo en la sala del departamento. Cuánta responsabilidad porcina... En el fondo, el Angry Birds no es tan distinto del doctorado. En ambos se trata de derribar obstáculos y, si se destruyen varios de un solo golpe, tanto mejor. Por lo que respecta a las explosiones, en mi caso sería explosiones de júbilo cada vez que doy un paso más en la adquisición de este título. Confiemos en que esta semana, salga el asunto mejor o peor, pueda alcanzar un estado semejante. 

jueves, octubre 08, 2015

Languages.

Cabría plantearse la hipótesis acerca de si, en el caso de haber tenido el certificado de Advanced por aquel entonces, mi solicitud para cursar un máster en la Universidad de Lund hubiera prosperado. No lo se, en todo caso haber superado ese examen me está beneficiando sin necesidad de salir de España. Mi primera tentativa para dar clases aquí, a la postre frustrada, fue como profesor de Español a nivel de instituto; no obstante, todas las demás han sido para impartir Inglés, idioma del que, a pesar de no tener un nivel profesional, sí puedo decir que el que tengo me sirve para ofrecer clases de apoyo. Ayer conocí a mis dos nuevos alumnos, con un nivel entre el B1 y B2 (según el baremo que yo entiendo, porque hay muchos). Yo no he hecho Magisterio, ni siquiera el recurrente máster sacacuartos para las oposiciones, aunque eso no me dificultará el preparar un par de clases por semana con las diferentes partes de las que se examinarán. Yendo a León este puente, allí aún tengo libros de ese nivel, incluso del bachillerato, y diferentes recursos didácticos. 
Por si fuera poco, ayer me llamaron para dar clase en un colegio de un pueblo asturiano, dos horas semanales para preparar el examen del Trinity con chavales de Primaria. Me temo que no podré, y no porque no sepa qué narices es ese examen o porque no tenga experiencia en trabajar con alumnos de esa edad. El caso es que me coincide con las clases de Francés en la Casa de las Lenguas, de octubre a mayo, que ya he abonado. Además, este tercer idioma no es un capricho. Dos idiomas es algo que ya posee mucha gente, veo necesario iniciarme en un tercero. Nada exótico, cierto, pero no me veo estudiando Chino o Árabe. En todo caso, ya como nociones autodidactas, tengo dos manuales de Sueco que me traje de allí. Ese será el cuarto lenguaje que pueda ir mirando durante este curso. Si volviera allí, ya podré asistir a clases, porque las dan gratuitas, en la oficina del paro o donde cuadre. Por ahora, esta es la previsión respecto al tema de languages. Sin descartar nuevas clases particulares, desde luego, siempre adaptándolas al ritmo del doctorado. 

lunes, octubre 05, 2015

Noveno aniversario del blog.



El sábado se celebraba en Oviedo la Noche Blanca, variación de las ya conocidas Noches en Blanco de Madrid y otras ciudades, que por lo visto nacieron en Francia con la vocación de servir de marco a la temporada de galerías de arte, aunque a la larga han desembocado en un evento polivalente y, a juzgar por lo visto el otro día, multitudinario. Demasiado. Museos que casi siempre veo vacíos soportaban largas colas, a las que no me quise unir puesto que nadie, por diferentes motivos, quiso acompañarme en la tarea. Me interesaba el concepto porque, durante el proceso de confección de la tesina, he venido rumiando algún proyecto artístico que podría aprovechar ideas del pasado, surgidas poco después del propio nacimiento de este blog. No es que la literatura no sea un arte, desde luego, pero me refiero a terrenos no explorados aún. La única manera de saber si una idea tiene o no potencial es desarrollarla y, por fortuna, yo tengo personas que pueden ayudarme en ese ámbito. 
Habrá que testar si tiene potencial artístico y, además, económico. No se vive solo de ser visible, como acabo de leer en un artículo que colgó el amigo Víctor, que de esas cosas sabe un rato. El tema de los ingresos y el trabajo (remunerado) siempre se acaba colando en cualquier momento, aunque sea a horas intempestivas, como el sábado anterior a la Noche Blanca. Al igual que en el sueño del faraón, he visto cómo pasaban las vacas gordas, sin que pudiese ordeñarlas, y llegaban las vacas flacas. Gente menos esforzada que yo gozó de la largueza pasada (llegaron a haber hasta tres becas, gobierno, comunidad y universidad), pero la situación actual no me amilana. Como una respuesta en diferido, ayer me escribieron un par de alumnos del campus para que les diera clase. No me salvará la vida, pero es una ocupación digna, que me aporta experiencia y, al menos, está en la línea de lo estudiado. 
Hace nueve años sí tenía un empleo pagado de forma razonable, vestido con camisa y corbata de similar color a las que ayer llevaba Enrique de Vicente, si bien para soportar a algunas de las luminarias que pasaron por allí no hay sueldo que lo abarque. Tomé entonces la decisión de cambiar de rumbo, que me ha llevado hasta donde estoy, y me siento contento, todavía hoy, de haberlo hecho. Me resulta hilarante que, por el camino, haya recibido reproches cíclicos, que desparecen y vuelven a aparecer, con ninguna eficacia en ninguna de las fases. Por suerte, yo creo saber lo que estoy haciendo. Cada cual debe seguir su camino, sin que el absurdo vicio de las comparaciones se interponga. Este blog nació en el marco de la primera novela de los Abrasadores, saga que no he abandonado y que es probable que retome de algún modo cuando se cumpla una década de la publicación de su primera entrega. Sería muy interesante comprobar cómo evolucionan sus personajes, al igual que yo mismo he evolucionado. Por lo demás, el camino del arte es insospechado y, mientras me lo permita el proyecto doctoral que (a priori) tiene más garantías de asegurarme el sustento, seguiré a partir de este otoño explorando esas nuevas ideas que iré trayendo hasta aquí, o hasta el otro blog para su reactivación, o incluso puede que haya que habilitar un nuevo espacio. Este sitio, el original, seguirá en pie, en palabras de la comisión de seguimiento, salvo catástrofe colectiva o personal. Gracias por haberme acompañado, y que el gobernador de Libia nos ampare. 

miércoles, septiembre 30, 2015

La tesina llegó a puerto (y no en AVE).


Se supone que la cama es para dormir y para otras conocidas funciones, pero, en mi caso, también es una mesa supletoria. Muy útil para hacer acopio de fuentes, desparramadas por todas partes. Anoche, tras una nueva sesión de American Horror Story (la temporada 2, Asylum, tiene bastante que ver con el tema de mi doctorado pero no la he usado como referencia aún), vaya gracia que me hizo limpiar toda la superficie para poder descansar mi ya cargada cabeza. En todo caso, hoy madrugué para poder acabar el trabajo. No tanto como los que inauguraron hoy el AVE, pero más que otros días. Me alegro de que al fin haya llegado el tren a León, a Oviedo ya se verá. De todos modos, mis últimos viajes han sido en autobús. La competencia me beneficia a la hora de encontrar buenas ofertas. Esta semana no viajo, el sábado es la Noche Blanca o en Blanco (no me ha quedado claro) aquí, razón de más para celebrar la entrega de la tesina. 92 páginas y 84 referencias después, aquí está el taco de tesinas, ya depositado. Al margen de lo que ocurra en la defensa, su redacción se justifica por sí sola porque, de modo objetivo, creo que es mejor que el TFM. Más documentada y más larga, porque aquel estaba a doble espacio y esta a espacio y medio. Y, si uno de los objetivos era el entrenamiento para la tesis, entonces creo que he aprendido bastante durante el proceso. El ciclo no se cierra, hoy mismo voy a enviar un abstract para un congreso el año que viene, pues resulta una de las actividades obligatorias en este programa. Otoño empieza a tope, y así es como debe ser. 



miércoles, septiembre 23, 2015

Otoño pisando fuerte.



Hoy hay muchas cosas por celebrar. El Día de la Bisexualidad, sí, el primero, aunque siga teniendo una repercusión bastante escasa en los medios. Ha coincidido, por otra parte, con el fin de uno de los veranos más calurosos que se recuerden, si no el que más. Ya solo por eso merece la pena dar la bienvenida a la nueva estación, aunque es cierto que aquí en el norte los efectos de la ola de calor se han mantenido bastante al margen. No se si por todas esas celebraciones, el caso es que hoy no estoy haciendo casi nada respecto a la tesina. Una tutoría bailonga, mañana parece ser la fecha final, me ha hecho esperar para las últimas correcciones de aquella. Y, entre tanto, he procurado comenzar otoño con la mayor de las energías, al ritmo de una versión dance de Yo quiero verte danzar, de Battiato, en el gimnasio. Podría declararse un sacrilegio, pero no en ese contexto. Si yo seleccionara la playlist, se pincharía a diario, pardiez. Por otra parte, ahora que Halloween se acerca y este año tengo una compañera de piso que lo ha vivido con plenitud, he comenzado a ver con ella una serie que, de forma inexplicable, se me había escapado hasta ahora pese a que llevo un buen tiempo queriendo verla: American Horror Story. Hala, un empacho de cuatro temporadas antes de que empiece la quinta. Supongo que mis buenos resultados en la carrera pudieron deberse a que siempre fui más de películas, que duran menos... En todo caso, la tradición no decae. El otoño pasado ya vi alguna peli de terror ochentero con el primer amigo que hice aquí, y ahora vuelve la sangre y los gritos al salón, en este piso que, por fortuna, no parece encantado. Supongo que es demasiado nuevo como para albergar una historia con tropecientos crímenes, como ocurre en la serie. Y, tras tres meses viviendo solo, imagino que algún fenómeno extraño me hubiese llamado la atención. En fin, antes de que su lectorado y mi doctorado nos pongan las pilas, aprovechemos para estos sanos rituales de horror, en esta casi siempre encapotada ciudad. Confío en que de verdad el otoño haya supuesto una inyección de dinamismo, porque de eso voy a necesitar bastante hasta que finalice el mes. 

viernes, septiembre 18, 2015

Las pegatinas acusadoras.



Ye lo que tiene. Empezamos las fiestas con agua, las terminamos con agua. Bueno, en realidad San Mateo no acaba todavía pero, tras haberlo disfrutado unas tres jornadas, creo que ya es suficiente y que puedo venir a León un par de días, después de pasar el que, tal vez, haya sido el período más largo en Oviedo de forma continuada. Eso sí, ayer estábamos preparados para la lluvia. Yo, con mi ruina paragüil, que resiste a todos los embates, y mi compi Jill con uno que acababa de comprar en el chino. No todo iba a ser malo, claro, el agua había barrido la clientela en las mesas al aire libre y, aprovechando un parón seco, nos dispusimos a achicarla y sentarnos, obviando advertencias pasadas como dolor de garganta, etc. Tomamos un mojito y luego nos pasamos al Topu Fartón, que siempre folla con condón según reza una pegatina que me había encontrado y que le regalé a Jill como muestra de la riqueza de nuestro idioma. Obviando, una vez más, las previsibles consecuencias de mezclar bebidas (y que arrastro hasta el momento actual), hubo que realizar un bautizo de sidra para que ella pudiera hacerme fotos y vídeos, no se dónde terminarán pero casi es mejor no saberlo. No me considero una mala influencia, eso sí, que además le estoy enseñando algunos detalles del español, como ese subjuntivo que siempre trae mártires a quienes lo estudian. Para quienes gustamos de escribir, la verdad es que resulta bastante útil. 
Hablando de pegatinas, nos sentamos en una mesa en la que resistían, pese a la lluvia, unas de la asociación Xega que alguien había pegado allí. Por ejemplo, la de la foto de arriba, a juego con la próxima celebración del Día de la Bisexualidad. Por alguna extraña pirueta del azar, me fui a sentar justo enfrente de donde estaba colocada. ¡Vaya con las pegatinas acusadoras! Aunque, en verdad, no podría hablarse de acusación. Yo suscribo al cien por cien el mensaje de la misma. Francamente, ya podríamos tener un chiringuito así en León durante el próximo San Froilán. Le daría color, incluso aunque no estuviese colocado justo enfrente del ayuntamiento. Si bien esta mañana tuve una tutoría, hubo que rematar la faena en la calle Gascona, ahora que había reiniciado a Jill en los arcanos de la sidra. En esta segunda ocasión, ya a mesa y mantel, con un buen plato de rabas y pimientos de padrón y un profesional escanciando, y no desperdiciando demasiado, el brebaje. ¡Vaya con los pimientos! Acostumbrado a los de aquí, con los huevos rotos, ya pensaba que no picaba ninguno. Pues ayer uno al menos sí. En todo caso, disfruté mucho de la velada. Así da gusto hacer de guía turístico, incluso en una ciudad que no es la mía. Mi estancia en León no podrá durar hasta que comience San Froilán, en todo caso podría regresar para el próximo fin de semana y visitar el tradicional mercadillo medieval, con jaima o sin jaima. Todo dependerá de esa tesina y el punto de cocción que alcance en los próximos días. Ya no soy el anacoreta que, a finales de agosto, se dedicaba a aumentarla línea tras línea, pero ahora hay motivos para la calma. Considero que quedará algo más larga, y mejor, que el TFM. El tiempo dirá, pero, como se ve, yo ya he tenido mi celebración por adelantado. 


martes, septiembre 15, 2015

La tortilla nostálgica.



El tema de subvertir los roles de género no debe quedarse solo en el doctorado y la tesina, sino que debe saltar a la vida real. Así pues, anoche enseñé a mi nueva flatmate cómo se hace una tortilla francesa (para la española no tenía patatas, las cuales acabo de comprar). La verdad es que es fácil, porque esa receta es como un contenedor en el que se puede echar cualquier cosa: rápido, barato, muy útil para un Master Chef PhD Edition Low Cost. Me quedó mejor de lo que esperaba, sería por el orgullo masculino. 
Masculinidad es lo que sobra en Jurassic World. Imposible verla con los mismos ojos que su primera versión, hace veinte años. En todo caso, busca emocionar, y lo consigue, a través de una catarata de guiños nostálgicos. ¿Cuándo aparece la música de John Williams? ¿Cuándo aparece el T-Rex? Bueno, es obvio cuándo aparece el T-Rex. Incluso, en un holograma, sale ese dinosaurio escupidor que mi primo Juancho tenía en versión de goma, al igual que el propio T-Rex. Es una verdadera tortilla nostálgica. 
Lástima que flojee en los personajes humanos. En la de Spielberg recuerdo buenas actuaciones y diálogos. Ahora no se si es por los actores, los guionistas o el director... Ese empeño por meter a un héroe de acción desemboca en la creación de un tarugo que, si puede comunicarse con los velociraptors, es porque tiene la misma sensibilidad que ellos, respecto al uso del cerebro reptiliano, nunca mejor dicho. No deja de tener lógica. Y la heroína es fuerte, sí. Me gustaría comentarlo con mi compi de doctorado Cristina, pues es el tema de su tesis. No obstante, lo ridículo de que vaya corriendo siempre con tacones no se hubiera visto con Laura Dern o Julianne Moore. En un momento dado le grita a su empleado inmaduro, que colecciona muñecos de dinosaurios: ¡Se un hombre y haz algo por una vez en tu vida! Lo que le estaba mandando era... abrir una puerta. Yo prefería caracteres como el de Sam Neill, un hombre de ciencia pero, tras la catástrofe, también un hombre de acción. 
Aunque lo que importan son los dinosaurios, ¿no? Y la aventura, eso está muy logrado. Ser niños, de nuevo, como el pequeño protagonista del filme, como cuando nos dejamos llevar por la avalancha de merchandising a primeros de los noventa, tal y como nos dejaremos embaucar en diciembre con el Episodio VII (No hace falta añadir más). ¡Qué remedio! No diré nada yo, que uno de mis regalos de Reyes fue una figurita de Bilbo Bolsón. Niños de espíritu, pero con el espíritu crítico de adultos. Al menos eso me sucedió a mí al ver la película, máxime con la investigación que estoy haciendo y los libros que estoy consultando. Chris Pratt: no ambiciones el papel de Indiana Jones, porque ese sí que solo hay uno. Si acaso, una aventura crepuscular más con Harrison Ford y fin de la saga. ¡No nos toquéis la nostalgia! 

sábado, septiembre 12, 2015

Del Paraíso al Diluvio.


En vaya fregados que me meto, yo que esta semana solo pretendía repasar todos los capítulos de la tesina. Se cumple un año de aquella visita de la que hablaba con anterioridad, aquella en la que solo vi los preparativos de San Mateo, sin disfrutar de las fiestas en sí. En esta ocasión, no he llegado a ver el cartel de Stop Agresiones Sexistes. Aunque sea con moderación, debo disfrutar de estas celebraciones. ¿Quién sabe, con las vueltas que da la vida, si en el próximo San Mateo estaré aún en Oviedo? Además, tenía la excusa perfecta: enseñar la ciudad a mi compi de piso, en el momento en el que más visitantes tiene de todo el año. El tour comenzó por la Ruta de los Vinos, el lugar más frecuentado por mí. Pese a la fiesta ovetense, no dudé en tirar para lo mío y llevarla a los clones del Rebote y la Competencia (ya, esta última tiene muchos clones, incluso en la propia León). Pasamos luego a ver la verbena del campo de San Francisco, con una señora que me estaba dejando estupefacto al ver sus movimientos de cadera y pantalón apretado para darlo y marcarlo todo. Tiramos luego hacia el casco viejo, con todos los chiringuitos, incluyendo el del Topu Fartón, el único decorado con banderas del arco iris. Ya no nos movimos de la plaza de la catedral, donde estaba a punto de comenzar el concierto de D (valga la redundancia) vicio. Sí, ese grupo que sería injusto tildar de boy band pero, en todo caso, tenían una buena cantidad de público objetivo de boy band. Era como volver atrás en el tiempo. Y no hasta la adolescencia, sino casi hasta el propio Diluvio Universal. El Paraíso con el que cerraron su actuación, esa canción tan sonada el año pasado, se convirtió en una lluvia intensa para la que no íbamos preparados. 


Suerte que siempre se puede improvisar una especie de atuendo jedi con el que cubrirse. A mal tiempo, buena cara y a mantener el entusiasmo de la chavalería, aunque con una botella de sidra, como la que escanció el cantante desde el escenario, se hubiera mantenido mejor. El final del concierto fue, como es lógico, el final de la salida, a casa a secarse y a confiar en que no haya consecuencias para el trabajo. Si no las ha habido para escribir estas líneas, supongo que tampoco las habrá para repasar unos folios, mientras me pienso qué plan pueda seguir hoy. Más seco, en todo caso. Desconozco si me quedaré hasta el 21, en todo caso la matrícula de la tesina es hasta el 22, lo cual me deja un margen, siempre y cuando el paripé ese que tuve que gestionar para que me den el visto bueno funcione antes de esa fecha. Ahora me voy, no volando hasta el Paraíso Andrés (cuyo tupé quedó totalmente indemne del agua), sino a cocinar algo energético que me permita aprovechar algún trozo de tarde. ¡Feliz San Mateo! 

lunes, septiembre 07, 2015

Síntomas claros de inicio de curso.

El inicio del curso ya no es lo que era. Sin clases ahora, pero sigue habiendo síntomas claros que avisan de su comienzo. Desde hace tantos años, uno sería el arranque de la temporada de Cuarto Milenio. Durante la carrera no resultaba fácil quedarse hasta las dos de la mañana, como anoche, pero ahora, si bien las gestiones mañaneras siguen bastante presentes, por el momento lo de madrugar es optativo. Un inicio de temporada larguísimo, cierto es. Cuando ya había terminado el documental extramuros, con su emocionante desenlace, todavía restaba el programa entero, con su propio cierre, que también me resultó conmovedor pese a que, a esas horas, ya me había adormilado varias veces e incluso me había envuelto con la mantita. Esto último sí que constituye otro síntoma inequívoco del nuevo curso. Estaba enseñoreado, master of the house, hoy ya me toca compartir piso. 
La llegada de mi compañera y una nueva traba burocrática para la matrícula de la tesina (a este paso van a ser más arduas las gestiones que el hecho de terminarla), me distrajeron un poco del plan de trabajo, pero no lo llevo mal, máxime cuando estoy en la incertidumbre respecto a las fechas de cada trámite, fechas bailongas. Mañana es fiesta, pero eso no cambia nada. Ni siquiera sabía, hasta hace poco, que lo fuera, el Día de Asturias. Una gran suerte que en la biblioteca ofreciesen calendarios académicos, de lo contrario igual habría hecho el canelo otra vez yendo al gimnasio para verlo cerrado, como en aquel martes de campo cuya idiosincrasia todavía no he logrado comprender del todo. Lo haré a medida que me empape más del espíritu ovetense. San Mateo sería un magnífico marco para comenzar. El próximo día doce se cumple un año de mi primer viaje a Oviedo con motivo del doctorado, el primero de una larga terna. Quedé con mi tutora y casera de este piso (nunca imaginé que me sería tan fácil alojarme), luego cafetería en el campus viendo los periódicos con la Diada y demás, Gascona... Buen calor hacía, más o menos como el de hoy si te daba el sol de frente; a la sombra, fresquito y viento, un clásico de esta tierra. 
El curso pasado, con sus lógicas fallas que intentaré ir remedando, dio un balance positivo, y es por ello que estoy sentado aquí, en el mismo Pumarín, y ya he abonado la tutela académica correspondiente. Esta vez no empiezo in media res. Eso me da ánimos. Ahí están los síntomas, ahora a luchar por los resultados. 

viernes, septiembre 04, 2015

Catástrofes varias.


No, no voy a hablar aquí de catástrofes humanitarias como las que estamos viendo estos días a cuenta de la guerra y el desplazamiento de personas a costa de este y otros males. Sería un tema para la reflexión, ahora estoy en la fase final de mi trabajo y ni siquiera debería haberme pasado por aquí. Mis catástrofes son más ligeras en cuanto a que son virtuales, digitales. Los millones de personas que perecen no dejan de ser otra cosa que un producto de los efectos visuales. La noche antes de regresar a Oviedo vi San Andreas, me gustan los filmes catastróficos aunque, como ya se ha comprobado, tienden a mostrar personajes estereotipados y una ideología conservadora a más no poder. En este, la familia separada al final permanece unida, poco importa que para la reconciliación haya tenido que palmar buena parte de la población de California. Yo disfruté viendo la destrucción, de eso se trata, aunque me daba pena el estado en que quedó San Francisco, bastante bien recreada. Si el filme no adoleciera tanto de sentido del humor, debería haber aparecido algún sacerdote diciendo que el terremoto de 9,5 o 9,6 no era sino un castigo divino contra la ciudad del pecado y del Castro. Sin embargo, la catedral de la ciudad, que no se derrumba en la película, me pareció de las más liberales que he visto. ¿Cómo se explica, si no, el mural-recordatorio a las víctimas del sida que hay dentro, obra de Keith Haring? (Abajo). 




También resistía, a duras penas, la Coit Tower (abajo también, ¿de verdad se llama así? Lo cierto es que no recuerdo bien). En fin, una película para la nostalgia, aunque sea de tan destructiva manera. Lo que más me gustó, debo admitirlo, fue la versión de California Dreaming al final. Aquí en Oviedo, la naturaleza no es tan brutal pero hemos entrado de lleno en el otoño. Tengo un amigo aquí que, con el cielo despejado, decía que el tiempo andaba revuelto y por eso no salía. ¿Qué hará esta semana? ¿Se parapetará debajo del sofá? A mí no me importa este cambio. Nublado, feo, lluvioso, con todo este regreso me ha ido muy, muy bien. Vaya suerte la de ayer, viendo a la administradora, mi tutora y mi directora en poco rato, sin haberlo planeado. Y encontrar en las diversas bibliotecas todos los libros que buscaba, y alguno más. Todos gratis. En cambio, el libro más caro que he comprado en este mes me lo vendieron a cara de perro en una librería que, sin duda, se tiene por ilustre, pero la mujer que me atendió ostentaba una, asimismo, falta de tacto tan catastrófica que no me lo podía creer. Y allí no vuelvo. Estoy deseando acabar con la tesina para visitar las librerías-café que he visto en Gijón, qué duda cabe que serán sitios más constructivos para ampliar mi biblioteca o incluso para ampliar relaciones aquí. Catastrófico fue el fin de la escuela de cine de Ponferrada, y ayer me divertí de lo lindo al ver a Gonzalo Suárez, director honorario hasta su abrupta partida, haciendo de una versión de... Gonzalo Suárez en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Pardiez, deberíamos haber analizado esta película en la escuela, con él presente. Hubiera sido un punto. Aunque, para troupe a lo Almodóvar, los personajes que había allí. Serían otro catastrófico capítulo aparte, ahora toca volver a la escritura más seria. En la medida de lo posible. 


domingo, agosto 30, 2015

El ataque de los alimentos.


Anoche una gran bola de fuego cruzó España, aunque en León no llegó a verse. Tal vez sus efectos, o los de la superluna que sí nos acompañó durante toda la noche y que reflejo en la foto de abajo, provocaron una rebelión de los alimentos, que llevan atacándome desde que me aventuré a comer uno de esos huevos fritos de arriba, ¡será por huevos! Mal invento. Con eso de ahorrarse siete platos pequeños, el pan no logró frenar la expansión de la yema, un derrame naranja sobre mis pantalones, por suerte, negros. Y hace un rato, mientras echaba sal a la pasta, la tapa del salero se cayó junto a multitud de granos de arroz que estaban allí dentro. En mi estado actual, no provocado ya por los vecinos-minions sino por una de las últimas noches veraniegas aprovechables de León, tuve que ir retirando granitos de arroz a mano, casi uno por uno de los espirales que tomé. Ya podría haber hecho espaguetis, las cosas hubieran ido mejor. Os aseguro que la bebida se ha mostrado más respetuosa, será porque no he abusado de ella... Ahora he dejado de comer y tan solo estoy sufriendo el boicot de este ordenador, algo a lo que ya estoy acostumbrado y que no ha podido impedir el avance de mis investigaciones. En fin, confiando en que los comestibles se serenen, en lo que podría convertirse en argumento de alguna película de ciencia ficción, voy a reposar en este intermezzo, como el de Ingrid Bergman, antes de que septiembre haga acto de presencia. 


sábado, agosto 29, 2015

Los Minions y la cacofonía ambiental.



La película de Los Minions, según creo recordar, ya está entre las más exitosas del cine animado, pero sin que ello signifique el que llegue a un nivel de calidad semejante a aquella que ahora mismo encabeza la lista, Frozen. No estoy seguro de que la saga de Gru vaya a ser recordada en el futuro, así como convendría enviar al olvido las declaraciones de su creador sobre por qué estos bichos son todos varones (al menos hasta que necesiten algún giro de guión para sacar otra secuela más). Dice el cineasta que son muy estúpidos y les gusta pelearse entre ellos, rasgos típicamente masculinos. El caballerete debería hablar por sí mismo. En todo caso, sus palabras concuerdan con el espíritu de los filmes, con personajes muy planos, muy arquetípicos, y situaciones bastante conservadoras, a pesar de que se pretenda que los protagonistas sean malvados. Es muy fácil eludir responsabilidades propias y justificar un comportamiento estúpido a través de ese carácter varonil que, a fin de cuentas, no deja de ser una construcción cultural, más allá del nivel de testosterona que tenga cada uno. Así es en el mundo de los humanos; en el de los Minions, a saber, ni siquiera queda claro cómo se reproducen, pues aparecen como castrados. Eso sí, la tendencia a travestirse y esa obsesión por las bananas daría pie a interpretaciones muy evidentes. 
El espíritu Minion se apoderó anoche de un reducido, por suerte, grupo de modernos neandertales, de esos que debían pensar que las mujeres se quedaban embarazadas por la mediación de un tótem. O cabría hablar no de minis, sino de ninis, ni cerebro ni vergüenza. El caso es que, tras el oasis de paz de Oviedo, ese piso a veces tan tranquilo que da la impresión de que se va a abrir el vacío y nos va a engullir, aquí al lado hubo una timba de consola hasta entrada la madrugada, con todo tipo de gruñidos semejantes al idioma de esos bichos amarillos, que en realidad es una mezcla de idiomas: inglés, español, italiano, a saber... Entonces me acordé de otra película, del tráiler de Batman vs. Superman, con eso de: Así es como empieza todo... La ira, la rabia, que convierten al bueno... En cruel. Algo así, en todo caso no hizo falta disfrazarse de justiciero. Si yo viviera aquí y eso se repitiera a menudo, todavía. No parece ser otra cosa que una serpiente del agonizante verano, este verano que se resiste a morir con la buena temperatura que estamos disfrutando aquí, pero que siempre deja daños colaterales con estos mini-rodríguez, esta vulgaridad generalizada que siempre se asocia al estío. Por lo que respecta a hoy, si quieren tener la noche más larga sugeriría que se fueran a Astorga.
En todo caso, yo hoy no voy a dedicarme a la tesina. Para evitar dolores de cabeza a mi directora, estoy siguiendo su último consejo y buscando, en el totum revolutum de internet, artículos de expertos (o no) acerca de las obras a analizar. Por mucha cacofonía ambiental, la mente todavía llega a eso. 

miércoles, agosto 26, 2015

Bruxas y herejes por doquier.

Desde mi última escapada a Gijón, tengo a bien informar que la tesina ha seguido tomando forma de manera bastante satisfactoria, a mi juicio, cumplimentando en la medida de lo posible todas y cada una de las correcciones y/o sugerencias que me encontré en el borrador. Una de las razones de su mejora ha sido el incremento de fuentes, a través de librerías, bibliotecas públicas y universitarias (amén de la mía propia y la de otras personas), el consabido recurso de la red, etc. Entre otras sanas costumbres que he ido adquiriendo este año, en los últimos días me he despertado bastante pronto de forma natural, sin sonidos estridentes. Así, el domingo me acerqué hasta el rastro para ver si adquiría alguna ganga que sumar a la bibliografía. Así fue, obteniendo información de forma directa, con un ensayo acerca de enigmas del cristianismo con una sección sobre el Grial, y de forma indirecta con una novela histórica, que quería leer desde hacía tiempo ha, cuya temática está en estrecha relación con varios de los temas de la tesina: Q (corto título para un bonito tocho de libro). 
Entre tanto hereje, también yo haré un auto de fe al decir que, en el presente año, me he dejado llevar por bastantes libros que nada tenían que ver con el doctorado, lo cual tal vez influya en el resultado final de la tesina. Y no aprendo, ahora me he enredado también con Q, que, no obstante, algo sí tiene que ver. Me ha enganchado como lo hizo el año pasado A Song Of Ice and Fire, saga con la que guarda bastantes similitudes. Entre Calibán y la bruja de Federici, La mujer de púrpura de Winterson, Q y otras lecturas, ando perdido entre brujas, herejes, griales y tantos temas que no se si estoy concluyendo una tesina o preparándome para opositar a colaborador de Cuarto Milenio, cuya próxima temporada está por fortuna cerca. 
En todo caso, hoy toca ir a León para ver a familia y amigos de Granada, antes de que enfilen camino al sur. La maquinaria no se para, empero, con nueva remesa en la biblioteca de allí y quizá otras adquisiciones. Cuando vea a mi directora en septiembre, y confío en hacerlo pronto, no podrá pillarme con el cuadernillo de verano sin completar. Aunque los últimos retazos, como es obvio, tendré que remendarlos con ella. Así sea. ¡Comienza la diversión! 

domingo, agosto 16, 2015

¿La semana más improductiva del año?



Eso escuché, la semana con mayor parálisis, en especial, en el sector económico. Bueno, no sería en el del turismo, al menos en Gijón. La noche ovetense, como pudimos comprobar ayer, sí que estaba floja, se habría ido el personal a la Semana Grande o a sus respectivos pueblos . Por lo que a mí respecta, de improductiva nada. He avanzado bibliografía, incluyendo a algunos autores que podrían considerarse incompatibles con el mes de agosto. Para hacer una pausa, esta mañana me desplacé a Gijón y fui hasta la feria de muestras. Entré gratis porque a alguien le sobró una entrada y tuvo a bien ofrecérmela. Un golpe de suerte para un recinto en el que hay que tener mucho cuidado para no fundirse la cartera. La mía no, tan solo un par de paquetes de incienso en la zona árabe. 
Como sea que los muy abundantes lugares de yantar se caracterizaban por la clásica fritanga, con precios previsiblemente al alza aunque no tanto como en algunas clavadas veraniegas que se han hecho notar hace poco, me fui a comer enfrente del paseo marítimo, descubriendo una pizzería que es franquicia pero al menos resultaba más saludable. Además, siempre merece la pena comer observando la mar bravía, muy brava en la jornada de hoy, llegando a mostrarse la bandera roja. Tras otear la ubicación de dos librerías-café a las que pretendo ir en otra visita, puesto que no era necesario agotar todos los cartuchos en la misma jornada, regresé pensando si no me habría dado demasiado el sol en la cabeza, pese a que nunca llegó a asomar del todo a través de las nubes. En todo caso, ha sido un buen fin de semana, nada improductivo ya no solo en el terreno investigador, sino en el social, e incluso en el creativo, que ahora no goza de mucho tiempo para expresarse. Las próximas fiestas, aquí en Oviedo. Veremos entonces, en cosa de un mes, si esos garitos a medio gas van perdiendo su ambiente algo lánguido. 

miércoles, agosto 12, 2015

Vanitas vanitatis.

En el ensayo, magnífico por otra parte, Mujeres, salud y poder, de Carme Valls-Llobet, había un apartado en el que se hablaba, dentro del control que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres, del bien conocido culto al cuerpo que mueve el negocio de la cirugía estética, entre tantos otros. Pero no solo hay mujeres objeto, eso es evidente. Este mes de agosto, como en otros anteriores, se ha celebrado un festival en Barcelona, que mayoritariamente se surte de homosexuales extranjeros (aunque también se ha querido visibilizar a las lesbianas, por no hablar de aquellas y aquellos bisexuales que no se han citado). Siempre me hace gracia porque, en especial quienes asisten, lo pintan como un paraíso pero a mí más bien me resulta un atiborrado hormiguero, lleno de musculosas hormigas, eso sí. Ha salido en casi todos los informativos del fin de semana y me he dedicado a ver si localizaba a algún gordo, algún cuerpo que se saliera de la norma, con poco éxito. Desde luego que no todos los asistentes lucen físicos tan trabajados, pero he llegado a leer alguna noticia falsa y jocosa, acerca de que algún visitante con michelines había sido expulsado por no pegar en la foto. 
Otra de las lecturas para la tesina es la Biblia, y estoy por los libros sapienciales, en los que se dice eso de Vanitas vanitatis. Para qué añadir más. El portavoz del evento, para contrarrestar, alegaba que mucha de esa gente de fuera vive en países donde sería impensable, y peligroso, expresar su identidad y sexualidad de forma tan abierta. Me parece bien, claro, aunque, para franqueza, me quedo con la de una asistente que decía que para ir allí había que prepararse física y económicamente durante un año. Y psicológicamente, imagino, si vas a comprar unos calzoncillos por setenta pavos. Conste que yo también voy al gimnasio y he perdido calorías a mansalva, pero no me plantearía asistir a algo así. No es lo mío. La vanidad puede servir para conocer gente, pero, en muchas ocasiones, no deja de ser una ilusión sin mucho porvenir. Y todo vanidad. 

domingo, agosto 09, 2015

Interludio.

Hace un año, el mes de agosto se caracterizó, en primer lugar, por la aparición y rápida desaparición de una verdadera serpiente de verano, una de esas personas que surgen en tu vida y se evaporan tan rápido como los fuegos artificiales que suelo ver desde el salón del piso de Oviedo, arrojados desde los pueblos del monte cercanos; en segundo lugar, por una excursión al propio monte, mal planificada y, por ende, mal ejecutada. Esos momentos de ociosidad ya pasaron, ahora no me plantearía siquiera subir para ver al Cristo, ese detalle brasileiro que vigila la ciudad desde las alturas, y esos dos factores del pasado ya no tienen importancia para mí, como no sea para contemplarlos desde el prisma de la experiencia. 
En los próximas días, tal vez, sí me plantee una nueva visita a Gijón, durante sus fiestas. Vaya gracia de fiestas, por cierto, que han logrado que tenga que pagar por el billete de tren el precio más elevado que recuerdo. ¡Que vuelva el otoño! Mi bolsillo lo agradecerá. Al margen de que asome el hocico o no por allí, mis verdaderos días de interludio son estos, rescatando la cazadora otoñal para las noches de agosto en León. ¡Un clásico! Los sofocos para dormir después de medianoche los dejamos para otros lares menos afortunados, al menos en cuanto al clima. No voy a alargar esta entrada porque este mes, en sí, no puede ser demasiado prolífico. Tras los dimes y diretes de burrocracia a comienzos del otoño pasado, creo que el próximo curso va a comenzar con menos obstáculos y de un modo bastante más enérgico. Sirvan estos días para refrescar, y mucho, las ideas y aprender  las lecciones que están ahí desde hace tiempo, si tan solo nos molestamos en considerarlas. 

domingo, agosto 02, 2015

Unas bollos de cuidado.



Ya conocía esta serie de tiras cómicas, que se inició en 1983, por parte de Alison Bechdel, cuyo nombre tal vez sea más popular por el llamado Test Bechdel, respecto a la presencia de papeles femeninos en las películas, que está extraído de sus historias. Encontré dos entregas de la saga, a precio de saldo, aquí en Oviedo, y no dudé en adquirirlas porque, con su alto componente autobiográfico, bien se avenían tanto con mi TFM, basado también en un cómic, como con la tesina que estoy redactando, con su autobiografía en sí de Jeanette Winterson. 
Estas longevas tiras tienen algo de comedia de situación, además de ir reflejando, y criticando, el entorno sociocultural en el que se desarrollan, en especial el de los Estados Unidos y, por otra parte, dar cuenta de hitos de la cultura popular como Harry Potter, Pokemon, etc. Me sorprendió gratamente que pudiera verme identificado, con respecto a mi estado actual, en algún personaje. Sobre todo en el de Ginger, cuando todavía está terminando su tesis doctoral, tras diez años dedicada a ello. Yo no tengo previsto un plazo tan largo, claro está. También se critica al academicismo universitario, en el personaje de Sydney, una profesora de Estudios de Género que suele soltar una cháchara posmoderna, bastante incomprensible, del estilo de Butler u otras figuras teóricas. Crítica y auto-crítica, también, respecto al modo de vida de las lesbianas, muy diverso en cada caso. También aparece algún personaje bisexual por ahí, ahora que acabo de comenzar la segunda de las entregas que dispongo.
Una lectura muy agradable, aunque se acaba rápido, por desgracia. Espero encontrar algún volumen más en tiendas especializadas, porque pocas librerías tienen productos de este tipo, salvo que sean librerías de tipo independiente como la que vertebra las historias de esta ficción.