No debería estar escribiendo esto, y el mes que viene no esperéis muchos escritos, sin embargo es que no puedo dejar de darle vueltas al argumento de la película Mientras duermes, la cual mereció más suerte en los Goya, pero no respecto al guión, desde luego. Cada vez me parece que hace aguas por más partes. ¿Y por qué? Bueno, la principal razón yo pienso que es su simpatía por el protagonista, por el villano que se hace amo de la función frente a sus víctimas, que son tan planas y tan tontas que poca compasión despiertan. Se nota que querían que el malvado saliera indemne por cualquier precio, por increíble que pareciera.
Y no es que sea una mala película, pero no un thriller realista, desde luego,de eso tiene poco. ¿En realidad hay mujeres tan confiadas como la protagonista? Supongo que sí. Una chica guapa, que vive sola porque su novio está fuera, empieza a recibir mensajes y cartas anónimas de tono obsceno, cuando no amenazador. ¿Qué hace? ¿Se cambia de piso? No. ¿Pone una alarma o algo similar? Tampoco. Cabe pensar, al menos, que echará la llave a la puerta por las noches. ¡Increíble pero cierto, no! ¿Y por qué no, porque tiene la cabeza a pájaros? No, porque es necesario para que el relato del guionista avance. Por ello, el personaje de Luis Tosar puede entrar por las noches en su casa, dormirla y violarla.
¿Y por qué puede entrar? Porque, siendo el portero, tiene las llaves de todas las casas del bloque, cosa que yo no he visto jamás y, si la viera, me cuidaría de vigilar cómo fuera dicho portero. En la película, un viejo argentino con bastón empieza a sospechar de él, tarde y mal. La policía tampoco queda muy bien. En el personaje de la niña cotilla, o yo me equivoco o se confundió la cuenta de Tuenti por la cuenta de Twitter.Y, por muy dormida que estuviera la bella durmiente, me cuesta creer que día tras día no se diera cuenta de que alguien la había forzado durante sus sueños. Menos mal que su novio es un poco más cauto, ja, ja.
Pero, en fin, reconozco que cuesta hacer una historia de intriga en la que todas las piezas encajen, y yo mismo he cometido faltas de credibilidad en mis escritos. Ahora bien, casi habría que recomendar a Jaume Balagueró que volviese al terreno del terror puro, en el cual se perdona más ese tipo de faltas, donde los asesinos son siempre listos y además, por lo común, inmortales. Como en otras, esta película se beneficia del gran trabajo de Luis Tosar, que confiere tanto carisma a su personaje que, en verdad, sufrimos por él cuando parece que están a punto de pillarle. Un tipo totalmente asocial que solo encuentra consuelo haciendo sufrir a los demás, o escuchando cómo sufren. Suerte que la mayoría de mujeres no suelen ser tan ingenuas como su víctima, de lo contrario esto sería un continuo devenir de porteros violadores e hijos bastardos.
miércoles, febrero 29, 2012
domingo, febrero 26, 2012
Oscar nueche.
Aquí os escribe uno inmerso en una larga trayectoria de exámenes que no termina hasta el próximo 23 de marzo. Con todo, me puedo permitir caprichos. Mañana, salvando una hora prescindible (al menos eso espero) podré ir a clase de cuatro a seis, de cara a comentar un par de artículos que albergan numerosas pajas mentales, algo en lo que quizá me favorezca la falta de sueño. ¿Por qué la gente se romperá tanto la cabeza para hablar de la tele, la radio o el cine?
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
sábado, febrero 18, 2012
Madrid entre exámenes (y III).
En acabando con el relato madrileño, podré daros una primicia que durante el próximo mes iré desarrollando. Fui a Majadahonda a visitar el hogar del seguidor de este blog y bloguero a su vez Hopewell, álter ego de Víctor Blázquez, y pasé una buena velada en su compañía y en la de su mujer Cris, sus retoños Kike y Lucas, y sus, en sentido figurado, retoños perrunos, Lucas y Nina. Él me dio la magnífica noticia de que va a salir su primera novela publicada; no su primera escrita, pues tiene un largo camino a las espaldas ya desde nuestros tiempos escolares, sino la primera editada, por el sello Dolmen, llamada El cuarto jinete. A partir de marzo aparecerá en las mejores librerías y, si no, al menos en las mejores librerías especializadas en el género de zombis y similar. Yo, desde luego, cuando salga me abalanzaré hacia ella, y la usaré como recurso frecuente en cumpleaños y cualquier evento que implique tener un detalle. Os invito a hacer lo propio. Yo, conocedor de la prosa de mi amigo, os aseguro que no os arrepentiréis y que os costará dejarla una vez comenzada.
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
miércoles, febrero 15, 2012
Madrid entre exámenes (II).
Al margen del día que fuera ayer, tuvo su carga de surrealismo. No hubo, apenas, suerte. Claro que bastante suerte tuve ya con las notas... No siempre se puede ganar, amigos. Lo cierto es que hoy, pese a los consabidos cambios de rutina, estoy satisfecho en general con el comienzo del cuatrimestre. Por primera vez he asistido a una asignatura de libre configuración que no es de mi carrera, sino de Historia del Arte. Se llama Medios de Comunicación, y parece más interesante que bastantes que haya tenido que cursar de modo obligatorio.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.

Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.
Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
martes, febrero 14, 2012
Madrid entre exámenes (I).
Al salir de León tuve la pequeña decepción de que en el provinciano quiosco de la estación de tren no tuvieran la Fotogramas. Menos es nada, en la de autobús ya ni siquiera queda quiosco de prensa, solo un local vacío y desmantelado. ¿Qué entretenimientos, pues, ofrecerá a los viajeros de paso? ¿Hacer cruising?
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.

Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.
Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
domingo, febrero 12, 2012
De Faraón a Moisés (y II).
He perdido ya la cuenta de todas las veces que he intentado comenzar esta entrada post-viaje a Madrid. Me ha dado un error bx-blablabla que, por otro lado, al menos me ha impulsado a comenzar con el parcial de Historia del Español y dejarme de enredar en estas páginas.
Hoy que parece que la cosa funciona, tan solo quiero aludir a este mensaje considerado como segunda parte en cuanto a que, si antes de irme a Madrid hablaba de las metamorfosis esporádicas de Gallardón, cuando volvía en el tren me quedé atónito al ver sus palabras, luego matizadas o reconvertidas, en las que hablaba de la constitucionalidad del llamado matrimonio homosexual; es preferible, para mí al menos, llamarlo matrimonio igualitario en tanto que dos hombres o dos mujeres se pueden casar entre sí sin necesidad de ser homosexuales o lesbianas, eso es evidente.
Gallardón se cansó de ser el malo (o el bueno, según se mire) y volvió a sus veleidades rupturistas y, cabe decir, contradictorias con el recurso que interpuso su partido; no así con su partido de forma unánime, porque tanto en público como en privado cada vez más voces populares parecen darse cuenta de que, si ganaron las elecciones, fue sobre todo por motivos económicos, y no por el miedo a que lo que hagan con su vida dos paisanos o dos paisanas vaya a terminar con la institución familiar; no está acabada, solo diversificada, lo cual solo es signo de los tiempos. No es fácil saber con qué persona compartir tu vida, al menos yo a día de hoy no lo tengo claro, pero no veo que eso tenga que preocupar a unos ni a otros. La búsqueda de la felicidad debiera estar por encima de estos tejemanejes políticos.
En fin, al vigésimo intento doy por concluido este mensaje pues todavía queda rato de estudio, y, además, espero volver pronto para colgar fotos y comentaros las anécdotas más destacadas del viaje, confío que tendré ratos muertos para ello, al menos en este cuatrimestre final habrá menos horas de clase.
lunes, enero 30, 2012
De Faraón a Moisés.
Se acabó. Al margen de un examen para subir nota puedo afirmar, con poco margen para la duda, que el primer cuatrimestre está aprobado y que mañana puedo ir a Madrid ligero de equipaje. Es mi primera visita desde que se ha inaugurado el Botellato, pero, la verdad, parece que en los últimos días se está luciendo el ex-regidor, Gallardón. Después de ser Faráon, con múltiples obras, múltiples aspiraciones a los juegos olímpicos y la pía invasión de la capital el verano pasado, ahora se ha vuelto un Moisés, y solo le ha faltado sacar las nuevas tablas de la ley; no quiere perder el tiempo, vaya.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
sábado, enero 21, 2012
Este es el principio del final.
Comprenderéis que en estas fechas no voy a prodigarme mucho por aquí. Ayer tuve mi última hora de clase del cuatrimestre, si bien el verdadero día de despedidas fue el jueves. Tras la última sesión de Tendencias Literarias Actuales, tuvimos una pequeña tertulia. Una compañera a la que aprecio bastante, que se encuentra realizando su tesis, me puso, sin pretenderlo, en modo pánico al comentar la falta de becas que en los últimos cursos se está dando. Ninguna sorpresa, desde luego. Como ella misma comentó con sorna, ¿para qué sirve una tesis de Humanidades? ¿Para qué sirve nuestra propia facultad, con clases de dos alumnos como la de ayer? Pues para algo servirá, si han querido dar un impulso al Cervantes otorgándole la presidencia a Vargas Llosa (y este, también sin sorpresa, la rechazó).
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
domingo, enero 15, 2012
Una semana.
A una semana para que finalice el primer cuatrimestre (al menos en cuanto a clases se refiere), mi sentimiento es contradictorio, en tanto que quiero que acabe ya esta carrera, comenzada tres veces, y por otra parte no podré evitar algo de pena cuando en junio llegue a su fin, porque, claro está, pretendo acabar en junio.
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
miércoles, enero 11, 2012
El ahorro del chorro.
Algo huele a podrido en Dinamarca, se decía en el Hamlet, pero esa pestilencia era metafórica, no como la que se instaló en la ciudad de León los últimos dos días (hoy parece haber remitido por ahora). El misterio del mal olor sin procedencia exacta. Olía como si hubieran abonado la ciudad entera, aunque esta tierra sea más bien infértil y solo produzca habitualmente bares y parados. Pensé que pudiera ser la primera señal del Apocalipsis, cual si un volcán no sospechado nos estuviera advirtiendo con sus emanaciones de azufre, pero también recordé que una costumbre arraigada en esta tierra, en honor a la justicia habrá que señalar que no solo en esta, es que la gente se arroje mierda unos sobre otros, bien de frente o por la espalda. ¿Cómo no iba a estar el terreno abonado de esta manera? O tal vez sea un problema de cañerías. Ahora, por eso de los recortes, las fuentes principales solo funcionan cuatro horas al día. Quizá una fuente no sirva para mucho, salvo cuando a alguien le da por bañarse en ella, pero no creo que el ayuntamiento más endeudado, el de Madrid, vaya a seguir el ejemplo con Cibeles y Neptuno. Pero en fin, después de esas económicas luces y las pelotas gigantes (de Navidad, claro) que colgaban de las farolas, está bien seguir la senda del ahorro, el ahorro del chorro. Yo me he aplicado el cuento. Salí ayer y no vi nada en rebajas que me convenciera. Quizá las sensaciones olfativas tampoco movieran al consumismo...
domingo, enero 08, 2012
Cuestión de gustos.
Al contemplar esta fecha, esta víspera, me pregunto si seré capaz de mantener un ritmo aceptable para el blog en este mes. Bueno, se intentará y, si no... Todavía no me pagan por esto, ¿verdad? Escribiré, sí, escribiré, pero aquí no tanto. Por suerte, los temas siempre abundan, basta rascar un poco para encontrar noticias no capitales, pero muy interesantes para mí. Hace poco se supo que JRR Tolkien estuvo nominado (por usar términos comunes) al premio Nobel hace cincuenta años, a propuesta de su amigo y también creador de mundos CS Lewis. Los académicos suecos se hicieron los ídem y le denostaron diciendo que su prosa era de segunda categoría. Y no penséis que fue solo él. Otros autores, de menos ventas y mayor consideración general por parte de la crítica, también fueron rechazados; el premio al final recayó en un yugoslavo que por el momento no ha pasado a la Historia, si acaso a la de su país.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
miércoles, enero 04, 2012
La no especial noche.
Si la noche del 30 de diciembre no estaba, como se dice, muy pallá, tampoco lo estuve la del 31. Quizá fuera por esa prolongada comida en el parador de San Marcos, de la que salí a las siete con el estómago hinchado y un tanto revuelto. Para mí no hay días sagrados, y mucho menos noches sagradas. La de Nochevieja no lo es, y tampoco tiene nada de especial en el sentido en que para la mayoría de la gente no suele ser más que una versión bigger y longer de cualquier otra noche en la que se sale. Beneficiados, si acaso, los bares que inflan sus precios y aquellos que cuelan un par de churros por un euro. Por lo que a mí respecta, salir o no salir es un hecho indiferente para la suerte que pueda albergar el resto del año. Sí que llegué hasta un bar, el bar de aquí abajo, el Cantabrín; la mitad de la clientela eran familiares y allegados. Lo más constructivo fue una conversación que tuve con un experimentado filólogo, acerca de las vías que se me abren en este nuevo año, algo que sí es decisivo sobremanera. Al bar del Zoe ya no llegué. Luego me enteré de que, en realidad, nadie había llegado allí, je, je.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
viernes, diciembre 30, 2011
Adiós, y no vuelvas.
Se acabó 2011. Pero, al hacerse duro de pelar, quiere fastidiar un poco en sus estertores y otorgarme cierta ración de malestar pre-nochevieja. Así pues, podrán subir los impuestos pero lo que siempre estará baja será mi tensión, ya veremos si mañana mejora porque me enfrento a una triple perspectiva interesante, cuasi imposible de afrontar si no es con energía. Y esto del estómago revuelto, ¿tendrá que ver con el menú de la comida de primos, que en mí consistió en porciones diversas de las pizzas de los demás, con especial mención de la Diablesa de Juancho, que con ese nombre no augura nada bueno?
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
miércoles, diciembre 28, 2011
Inocentada de libro.
Es increíble, a veces parece que las cosas solo existen si aparecen por Internet. Ayer me sorprendió el escándalo que se había armado por la aparición en el portal digital de El Corte Inglés y otros sitios del libro Conocer y sanar la homosexualidad de Richard Cohen, editado por LibrosLibres. Libro que yo ya conocía desde... 2006. Yo lo había visto en el centro de Pozuelo donde trabajé y, si bien ha sido retirado de la red, no me cabe duda de que en este y otros centros comerciales seguirá, con la propaganda gratuita que se le ha concedido.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
viernes, diciembre 23, 2011
¡Felices Fiestas!
Soy consciente de lo arriesgado que es poner muchas esperanzas en una sola persona o una sola relación, pero ha llegado el momento de jugar con un poco de audacia. Luego siempre te podrán fallar, siempre habrá aprendices de Scrooge que no sean visitados por el Fantasma de las Navidades Pasadas, pero, a falta de otros milagros, yo nunca perderé la fe en que ciertas situaciones, a las que uno no comprende bien cómo se ha llegado, sean reversibles. Por eso, que paséis unos días plenos de alegría y, utilizando las palabras que me han sido transmitidas, que la esperanza llene siempre vuestro corazón.
domingo, diciembre 18, 2011
Puente prenavideño (y III).
Domingo: hace una semana me desperté temprano y sereno, por lo cual fui hasta un sitio que habitualmente me tengo vedado por su peligro potencial: la cuesta Moyano, pero el coste me salió casi a cero; dos euros, dos libros. Uno de ellos para clase, el otro sacado de esa lista de futuribles que tengo y, como el resto, quizá lo lea en un tiempo o quizá no lo lea nunca, por un eurillo tampoco vamos a darnos prisa. Luego quedé con el viejo camarada de este blog, Hall; arriba podéis verme con el típico té chino del típico chino, en la calle de Hortaleza. Al fondo, aunque no puede apreciarse, había una nutrida mesa de comensales osos, no precisamente comedores de bambú. Sí, era una colonización extraña, empezaba a ver osos por todas partes: de compras, con sus maletas, cogidos de la mano en un gesto de envidiable normalidad... Luego me enteré de que no es que de repente hubieran aflorado las panzas ni las camisas de cuadros, sino que se debía a un encuentro osuno en Madrid, el MadBear. ¡Larga vida a la estirpe, pues, aunque yo no sea muy asiduo de ella!
Gracias a mi fumada del lunes pasado, todavía me quedaba una tarde para disfrutar de una terracita en pleno diciembre. Aquí tenemos una auténtica, y literal, foto de perfil en La Latina, sacada por el amigo Nacho. El tono rojizo, que recuerda vagamente a un lupanar exterior, se debe en realidad a la razón de que no nos hubiésemos quedado ateridos allí, una especie de parrillas que desde el techo nos calentaban y, a mí particularmente, a veces me achicharraban, confío en que su radiación no fuese cancerígena. Respecto a esa aparición del fondo, no hace falta que la enviéis a Cuarto Milenio; no es un muerto, luego se levantó, aunque más bien con ayuda de la policía.
Eso dio de sí el viaje. Tan breve como en su planteamiento, tan felizmente aprovechado como era mi deseo, si bien, claro, no pude ver a todas aquellas personas a quienes habría querido. Algunas, para estas próximas fiestas; las otras, para una visita posterior que estoy proyectando hacia finales de enero, como sea que el examen del 9 de febrero ni siquiera parece que vaya a ser de obligado cumplimiento. Y, si se hiciera, lo podré estudiar aunque sea enfundado en un forro polar y al lado del único radiador. Hala, nos veremos en las, es de suponer, últimas entradas del año.
viernes, diciembre 16, 2011
Puente prenavideño (II).
Sábado: este fue el único día en el que comí en el piso de Legazpi, restillos que quedaban: un buen plato de pasta y unos nuggets congelados. Bastante es, habida cuenta de que nadie vive regularmente allí. Si en mi último viaje fui a finales de agosto para librarme de los rigores del calor, esta vez no pude evitar el frío, porque solo hay un radiador eléctrico para toda la casa, y la ausencia de muebles tampoco es que abrigue. No me sorprende que ahora mismo esté acatarrado, a ver si esto no persiste hasta navidades. Para colmo, al principio creí estar a oscuras allí, pero no era cuestión de las bombillas, sino de un mal contacto del interruptor que llegué a arreglar.
Al estar solo tres días, resultará obvio decir que alterné bastante con amigos y permanecí poco en el viejo piso. El sábado por la tarde, en la foto de arriba, me podéis ver en un pequeño pub de Chueca.
A la hora de cenar también permanecimos por esa zona. Se puso a llover, y eso en Madrid puede constituir motivo de caos. Pequé de ingenuo. Pensaba que el Mercado de San Antón iba a ser un espacio tan diáfano como en mi último viaje, pero, teniendo en cuenta las riadas humanas en las que me había sumergido la jornada anterior, estaba claro que no iba a ser así. Suertudos nosotros, con todo, pudimos hallar un sitio casi en la salida de emergencia. Me tomé algo que no sabría si definir como copa de Lambrusco o cáliz de Lambrusco, con la pizza aparte. Mi amigo convino en ir a algún lugar de tapas más asequibles y numerosas. Es decir, algún lugar tipo los que hay aquí. Es que en este reconvertido Mercado, con su toque chic, puede notarse que lo chic tiene un precio, pues en León me ponen el Lambrusco y la pizza me la regalan, no va a aparte.
De camino, tomamos un recuerdo fotográfico de la iluminación de la plaza de Chueca, que, se supone, es una bandera del arco iris, sui generis. A mí me recuerda más bien a tiras de regaliz...
El tugurio en cuestión de tapas al modo leonés era una sidrería, El Tigre, y que yo recuerde es el único sitio en que haya visto un camarero que te acomoda ya no en mesas, sino en espacios de barra sobrantes, eso da noticia de cómo estaría el lugar, y eso que era la hora del fútbol. La tapa más abundante, sí, también más basta, la consumición algo más cara que aquí, nobleza obliga, y los vasos de sidra no eran de culo ancho sino más bien de coca cola, algo que muchos hubiesen interpretado como blasfemia. Mi noche acabó allí porque mi amigo curraba y unas compañeras de facultad, de turismo por la capital, decidieron permanecer en su alojamiento, ante el tiempo poco amigo. Eso me permitió, al menos, disfrutar de mi último día con energías renovadas, como podremos comprobar en la entrega final del viaje.
martes, diciembre 13, 2011
Puente prenavideño (I).
Mientras llegan las fiestas en sí, vamos a hacer tiempo analizando esta breve, pero intensa, escapada prenavideña a Madrid; hacía bastante que no me pasaba por la capital en estas fechas y, ¡vaya ambiente! Excesivo, al menos en horas punta. Vayamos por días:
Viernes: aunque en su publicidad se precie de tener el 98,4 por ciento de puntualidad, mi tren llegó un cuarto de hora tarde, un obstáculo liviano que no impidió mi ronda por el centro que, como no podía ser menos, comenzó por Sol, y su arbolazo de ahí arriba. Quizá esté de más subrayar el inabarcable gentío que se esparcía entre Sol, Preciados y Callao. La plaza principal, una vez desaparecidos los indignados, había sido tomada sobre todo por dos especies: la de vendedores de lotería y la de mimos o gente disfrazada con cochambrosos trajes de Pocoyó, Bob Esponja, Super Mario, etc.
El Corte Inglés, puesto que celebra su mes grande, no había escatimado en iluminación, como podéis comprobar tanto en Preciados como en su clásica fachada de Cortylandia, que me recuerda tiempos pretéritos y el otro viernes andaba atestada de una tercera especie, la de vendedores de globos. En esta apoteosis del consumismo, todos tienen su hueco, aunque la faceta más ridícula es que la podremos comprobar a continuación.
La Plaza Mayor, iluminada por una especie de pequeños ovnis de colores. El mercadillo este sí que es todo un clásico, pero no triunfaban los belenes ni los abetos. Ya no proliferaba una especie, sino una extraña mutación en las cabezas de muchos de los viandantes, en forma de gorros de todo tipo: el favorito parecía ser uno en forma de cabeza de reno, pero no faltaban setas, sombreros de Papá Noel, también pelucas a lo afro y otras más adecuadas para la cogorza de Nochevieja. Puede que los gastos se hayan reducido un poco, pero sin embargo nadie parecía tener problema en soltar euros para lucirse de tal ridícula guisa. ¡En fin! Espíritu navideño, imagino, y también calentaría un poco la cabeza porque el tiempo ha sido coherente con estas fechas.
Cuando ya me sentía engullido por esa avalancha de personas anónimas, me fui a alternar con los amigos de la capital, en el típico barrio de La Latina. El bar de abajo se llama La concha, pero bien podría llamarse La verga. Pagué la novatada de la cámara nueva y, por desgracia, se me acabó la batería, y es una lástima, porque yo quería dar fe de los dos cuadros que presidían ese salón. El de atrás era de un efebo desnudo, tumbado cual tomando el sol. Como tenía cuernos, yo no supe a ciencia cierta si era un efebo cornudo o un sátiro sin patas de cabra; los cuernos eran pequeños, pero no tanto como su órgano de la generación. Más tela traía el cuadro de al lado, un Martirio de San Sebastián en el que tanto el martirizado como los martirizadores eran hombres musculosos que solo portaban una especie de suspensorios. Ni en Chueca llegué a ver algo así. Pero, en fin, me recogí pronto, que los viajes suelen cansarme, y navegar entre la multitud ya ni os digo. Regresaré para narraros un sábado con más energía.
martes, diciembre 06, 2011
Macropuente.
Esta semana no tenemos clase, aunque el país no se va a hundir por ello. No es lo mismo para trabajadores que para estudiantes, si bien quiero aclarar un concepto: la asistencia a clase es importante, sí, pero es en el trabajo de casa cuando uno se juega la posibilidad de subir la nota, venciendo todas las tentaciones que impulsan en contra del mismo. Es el cuento que me estoy aplicando estos días, al menos hasta el viernes; entonces me iré a Madrid, tan solo por tres noches, y sí que obviaré la carrera para aprovechar minuto a minuto el viaje.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
sábado, diciembre 03, 2011
Sleeping Beauty.
La cinta juega a ratos al feísmo, y sobre todo a subrayar el contraste entre la blanca y lisa desnudez de Emily Browning y la de sus partenaires, delicia de gerontófilos, algunos de ellos parecidos a Papá Noel y otros a algún hermano marista. A pesar de estar en la selección de Cannes y Sitges, la película fue injustamente vapuleada por parte de algunos críticos que a mi juicio no fueron muy comprensivos con ella; a mí me gustó aunque, con ese tema, me resultó necesariamente desagradable. Desde luego que no se explican todos los hilos de la trama, como la relación que tiene con ese amigo toxicómano, o cómo es posible que tenga tres trabajos y además vaya a clase. Eso sí, en vez de coger apuntes decide camuflar una videocámara, algo que podría darme ideas para alguna asignatura si no fuéramos tan poquitos en clase.
Al menos os la puedo recomendar por la chavala, que es una delicia y además actúa bastante bien. Por mi parte, en otro momento podré hablaros de este macropuente que, pese a los gruñidos de algunos, dedicaré en su mayor parte al trabajo en casa, que a la hora de los resultados siempre es más determinante que el llevado a cabo en el aula.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
