domingo, agosto 31, 2014

La mochila de ida y vuelta.



Si hay algo que me resulta evidente tras todos los viajes, de mayor o menor distancia, que he realizado, es que el entusiasmo de cara a los mismos es susceptible de variar a cada instante, desde la idea que se tiene en mente hasta el propio momento en que se sube a cualquiera que sea el medio de transporte utilizado. Eso me sucedió el domingo pasado en Picos de Europa, aunque conseguí llegar hasta allí, como demuestra la foto. Por una serie de circunstancias externas e internas, entre las que destacan una planificación mejorable y las deficientes comunicaciones de la montaña leonesa, al final perdí las ganas de dormir allí. Una parte de mí quería permanecer a toda costa, en honor a los viejos tiempos y en honor al compromiso que había adquirido con mi amigo. Dicho compromiso, no obstante, se puede cumplir en cualquier momento mientras permanezca viviendo aquí. También en invierno, cuando el monte resulta majestuoso en otras tonalidades. Y, por lo que respecta al pasado, hace una semana también recuperé un poco el espíritu de antiguas excursiones, aunque fuera brevemente. No tuve estómago para probar ninguna de las sabrosas viandas que nos sirvieron, pero sí fuerzas para llegar hasta el cercano mirador desde el que tomé esa instantánea. Con el móvil. Ni siquiera tuve ganas de abrir la mochila y sacar la cámara. Una mochila de ida y vuelta, ese fue el símbolo más penoso para mí. 
De todos modos, no es ninguna tragedia, ni ninguna novedad. En alguno de los escasos campamentos que realicé (yo guardo bien mi privacidad y los campamentos la anulan), una chica de origen extranjero, creo recordar, y generosas carnes logró llegar a la cima de una montaña, y yo no. Desde luego que yo no discrimino a nadie por sus kilos de más, pero siempre me resulta curioso ver a alguien así trotando peña arriba, más aún cuando me sobrepasa y me deja en tierra. Habría que puntualizar que yo sí podría haber logrado llegar, pero a mi ritmo. Tensión baja, pulsaciones altas, sensibilidad al calor. ¿ Cabe añadir algún elemento más para señalar que a mí me gusta más la montaña de lo que le gusta a mi cuerpo? Sí, claro está. El vértigo. Si en ese mismo campamento no logré descender un muro arrastrando el culo pared para abajo, como para escalar el Muro con punzones para el hielo. Con todo, el espíritu de los Abrasadores es el de la perseverancia y la superación de las dificultades, sin pretender convertir esto en un espacio de autoayuda al estilo de Napoleon Hill. Y ya hoy mismo iba a madrugar para subirme al autobús de Posada y pasar el día allí, pero mi amigo terminó su trabajo en la zona y ahora lo desempeña en Valporquero. Hoy no era buen día para vernos, pero habrá más fines de semana. El verano no es la única época para salir fuera. Y, por lo que a mí respecta, no es la mejor, aun siendo consciente de que para muchas personas es la única en la que se lo pueden permitir. 
En septiembre todavía se puede combinar playa y montaña. León y Asturias son regiones muy propicias para ello. Asturias, por otra parte, es mi primera parada para el doctorado. Fuera de plazo, estoy esperando, con la mediación de una de las supervisoras del programa, a ver si en la oficina pertinente me contestan a mi solicitud de ingreso tardío (tardío por la estrechez del propio plazo que imponen). Agosto es un mes bastante parado para esos trámites, así que ya solo por eso me alegro de que mañana comience septiembre. Hay otras opciones no muy lejanas, Salamanca o Madrid, así como otras, nacionales o internacionales. En el extranjero, lo que he podido comprobar hasta ahora, no solo escasean las plazas de Humanidades, sino que los requisitos que ponen me resultan algo sobredimensionados, una mera criba. ¿Tanta demanda hay? No importa. Ya tengo una idea bastante clara acerca de mi investigación, ahora solo me falta la plaza. Llegará, si todo va bien en los próximos meses, y cuando la tenga será un gran alivio para mí, un descanso más placentero que el levantarse de la arena y sacudirse la arena de los pies. Y de todas las partes del cuerpo. 

domingo, agosto 17, 2014

El Gran Hotel Budapest / The Gatekeeper.

En la comedia de época de Wes Anderson, que pude ver hace algunos días, la trama es coral, con numerosos cameos de actores famosos que le otorgan cierta apariencia de Torrente intelectual, pero el protagonismo recae en un relamido conserje de hotel, siempre atento a las formas y a saber ganarse el favor de sus clientes (con métodos un tanto discutibles en lo que respecta a las damas de edad avanzada). Me vino a la cabeza anoche esa figura ficticia al entrar en un hostel de León. Tras haber visitado varios en Suecia, ayer solo iba de visitante, lógicamente, pero fui retenido en el vestíbulo por los rudos modales de un cancerbero en chándal, sin identificación y que no llegaba ni al cero con cinco por ciento del glamour que desprendía el personaje de El Gran Hotel Budapest. Hay categorías, claro. No es lo mismo un hotel de lujo, real o inventado, que un lugar con escasas comodidades y pensado, sobre todo, como espacio de tránsito en el Camino de Santiago. ¿Será que el hecho de ser atendido con buena educación también se compra, como las alpargatas o el desayuno?
Si lo que el hermano lego pretendía era recordarme las normas, bien  pudiera haberlo hecho de forma más efectiva. Su incompetencia profesional es la misma que se sufre en otros establecimientos hosteleros de la ciudad (bares, restaurantes, etc.). Recuerdo la imbecilidad absoluta de la dueña de un bar del Húmedo, que nos echó de una mesa de su bien extendida terraza, para prepararla de cara a servir cenas. Quizá ganó una cena de algún guiri o algún turista nacional, y mientras tanto perdió para siempre a dos consumidores de León que, no solo no van a volver a poner los pies allí para tapeo, sino que tampoco van a llevar a nadie, ni mucho menos recomendarlo. En el próximo informe sobre el estado de la hostelería, que se prevé malo debido a un tiempo no propiamente veraniego y a la recurrente razón de la crisis, estaría bien hacer un poco de autocrítica. Si hay establecimientos que pierden clientes, en muchos casos será simplemente porque se lo merezcan. 
A mí cosas así ya no suelen amargarme las salidas, si bien en ocasiones aspiraría a transmutarme en un Jaime Lannister amenazando con decapitar a taberneros o taberneras insolentes (al menos cuando tenía las dos manos). Y la salida de anoche, ya lo creo, tuvo un final muy digno. En el rico catálogo de juegos de mesa de nuestro pasado reciente había uno llamado Atmosfear, que no es lo que podría considerarse bonito pero al menos sí bastante original en su momento por la mezcla de terror y carácter interactivo con un grotesco personaje: El Gatekeeper, que nos ponía diversas pruebas, arrojando al agujero negro a quienes fallaran, e iba degenerando tanto física como mentalmente a medida que el tiempo del juego iba llegando a su final, arrojándonos insultos como ¡Gusano! o ¡Braga! (¿O era Plaga?). 
Anoche también me acordé del Gatekeeper al ver a ese guardián de las puertas. ¿Acaso se creyó que iba a robar a los peregrinos, quienes, como todo el mundo sabe, suelen guardar un potosí debajo de sus conchas, con perdón? Puestos a ponernos pijos, lo mejor hubiera sido sacar un billete de cien euros en el acto y pedir la mejor habitación. Ninguna de allí vale cien euros, cierto, así que con las vueltas le hubiera encargado una botella de champán bien fría para cuando volviera horas después, del brazo de un par de scorts de más o menos lujo. Al menos el lenguaje del dinero es universal, tanto como el del cine. 

domingo, agosto 10, 2014

Hacia el monte.


Si este blog se llama como se llama se debe a aquellas excursiones veraniegas del siglo pasado (no recuerdo ahora si alguna llegó a celebrarse en el presente), a aquellas acampadas de primos y de algún amigo por la montaña de León. Esta tierra quizá carezca de otros recursos, pero de monte no se puede quejar. Hacia el monte hemos tirado siempre desde la infancia. Y no es que seamos cabras, aunque alguna vez nos poseyera el espíritu del cornudo animal, con gran riesgo para nuestra integridad física. Sería la suerte, o algún elfo benéfico que velaba por nosotros, el caso es que nunca hubo accidente a destacar.
Se tira hacia el monte y, por ende, hacia la naturaleza. Incluso en las llanas tierras de Escania aproveché yo para disfrutar un mes viviendo en una casa rodeada de bosques y ríos, constituyendo esto la mayor ventaja de aislarse en el apartado Furulund. Ese fue mi pueblo para mí, que ni siquiera tengo pueblo en León. Ahora, en este cruce de caminos en el que he vuelto (temporalmente y porque no queda otro remedio) a ostentar la ubicua etiqueta de ni-ni, considero que una liberadora visita al monte sería lo mejor antes de que comience septiembre, el mes en el que todo, sea con matices académicos o no, vuelve a ponerse en marcha. 
Puesto que un amigo se encuentra en Posada de Valdeón por motivos laborales todo agosto, qué mejor razón para regresar un par de jornadas al camping que ya fue testigo de nuestras aventuras veranos atrás. Ese es el plan más factible para las dos próximas semanas, sin descartar que en septiembre, se haya solucionado o no el tema del doctorado, podamos ir a la playa antes de que haya proclamar eso de que el otoño is coming. Hacia el monte, siempre, en San Isidro, Yosemite o cualquier loma con algo de pendiente. Ahí tenemos nuestras raíces, y las raíces de este propio espacio. 

martes, julio 29, 2014

Pass.


Pues eso, pass. Con dos eses, para evitar equívocos. Pass con grado C, que supongo que equivaldría a aprobado, aprobado alto en todo caso ya que he obtenido 71 sobre 100. A solo cuatro décimas del grado B en el examen de Advanced. Más de lo que hubiera esperado. Me valía con lo mínimo, aquí no aspiraba a las mismas florituras que en el máster. Y, al margen de si me servirá o no para trabajar y/o hacer doctorado en el extranjero, me he quitado un gran peso de encima, amortizando todas las clases de academia y justificando el cansancio de la noche del 28, en la cual tuve que volver antes a casa y tal vez perdí una buena ocasión (que, no obstante, va a poder repetirse). 
Al igual que mi aprobado de septiembre en Lengua III, hace unos años, me enteré de la buena nueva en Madrid. Y me resultó sorprendente. ¿Pero no era el 8 de agosto? Pues no, el 25 de julio. Vi el correo en el mercado de San Antón, pero no tenía mi código de identificación, por lo que cual tuve que regresar y llevarme el portátil a algún lugar con wifi. ¿El Matadero? Ha caído en desgracia, ya no me funciona allí. Recalé en una tasca del barrio de Legazpi, llamada El deleite. Con ese nombre, es lógico que tuviera una buena premonición respecto a lo que iba a encontrarme. Y, en efecto. No pude celebrarlo como querría (eso queda pendiente) pero, al levantar los ojos de la pantalla con alivio, observé cómo al otro lado de la calle había una óptica llamada Samy. Ironías de la vida, aunque la significación del nombre varía mucho ya sea con la versión griega o latina de la letra. El propio rótulo pude leerlo aunque de forma borrosa, al estar lejos, lo cual no deja de ser también irónico al tratarse de una óptica. 
El breve viaje a Madrid, por motivos familiares, me sirvió, aparte de para pasar calor (daño colateral que ya había asumido), para ver dos interesantes exposiciones, una en el Caixa Fórum acerca de la cultura grecolatina y el tránsito del mito a la razón (poca cola, Platón no vende tanto como Pixar) y la del Thyssen sobre los Mitos del Pop, que vi con Oli. De allí es esa foto en la que sostengo el cómic de Miguel Ángel Martín, basado en la exposición. Es la primera obra que tengo de él, seguro que no la última, siempre es un placer leer a personas que conoces y con las que has podido compartir algún que otro vino y tapa. Espero que podamos coincidir en Navidad junto a mi hermano Paco, y que nos lo dedique entre bar y bar, ja, ja. 
De vuelta en León, la maquinaria sigue en marcha, obviando la parálisis del mes de agosto. El certificado en Inglés es todo un estímulo y empujón para la búsqueda del doctorado, acerca del cual ya estoy haciendo algunas gestiones, pero están algo verdes para ser expuestas aquí. El balance del curso, desde luego, ha sido todo lo satisfactorio que yo hubiera esperado una vez regresé de los países nórdicos. 




sábado, julio 12, 2014

Alpargatas.


Se acabó. Han sido dos cursos, pero no dos años: de febrero del 2013 a julio del 2014. El máster concluyó ayer con la defensa de mi trabajo final, un análisis del cómic El azul es un color cálido, el cual sostengo en la foto de arriba, frente a La vida de Adele, su adaptación fílmica. Siguiendo la línea de las peripecias que han acontecido en la facultad durante los últimos años, el desenlace fue un poco rocambolesco. El presidente del tribunal no apareció a las diez, cuando debía empezar nuestra defensa, raro asunto teniendo en cuenta lo puntilloso que era respecto a la puntualidad durante el curso en que lo tuve como profesor. Se barajó si sustituirle o no y la incertidumbre nos ponía más nerviosos, hasta que al final apareció a las diez y media, con sus famosas alpargatas o pantuflas, cual si hubiera venido dando un paseo desde la habitación de su casa (algo que no sería descartable). Como el lugar de reunión era uno de los seminarios, no un aula en sí, no había preparado power point ni nada parecido. De todos modos, al final recalamos en la vieja clase donde hemos tenido todas las sesiones del curso, por no hablar de las de Filología. 


En orden alfabético, si bien ella y yo compartimos el segundo apellido, mi compañera María rompió el hielo y luego tuvo lugar lo más temido por nosotros, las preguntas del tribunal. Sin embargo, resulta que no eran preguntas, tan solo sugerencias y/o valoraciones. La mayor parte de ellas positivas, todo hay que decir. Cuando me tocó el turno, traté de vencer el miedo escénico y no se me dio mal. Cabe decir, de todos modos, que el público era escaso. Aparte del tribunal, las tutoras y el coordinador, los únicos espectadores fueron Claudia, a quien debo este testimonio gráfico, y otro compañero del máster, Abdoulaye. No hubo broncas, desde luego, no obstante el tribunal decidió bajarnos medio punto la nota, quedado una calificación final nada desdeñable y, lo que más me importa en estos momentos, la sensación de que estamos preparados para la tesis. Dijeron que nuestros trabajos, de hecho, sobrepasaban lo que se esperaba de un TFM. Una de las profesoras me dijo que yo tenía buena pluma y, pese a la temática de mi trabajo, no se refería a nada relativo a Judith Butler ni similares, sino a que le gustaba cómo estaba escrito. No puedo pedir un piropo mejor. Ahora que he entregado el trabajo, podré volver a escribir ficción, al margen de mis aportaciones en este blog como es lógico.Si bien ya tenía ganas de hacer este máster desde antes de que fuera aprobado, al final lo hice por falta del Advanced, ese examen por cuyo resultado parece ser que habrá que esperar hasta el 8 de agosto. Desconozco cómo hubiera resultado la experiencia de realizar un máster en Lund y en inglés, pero el que acabo de concluir me ha gustado y, lo que es más importante, me ha orientado en una determinada dirección. Ahora sí puedo volver a repasar webs de universidades extranjeras, aunque no tenga asegurado aún el supuesto requisito del idioma. La aventura no ha hecho más que empezar.

domingo, julio 06, 2014

Autobombo estival.

http://innova.diariodeleon.es/el-n-o-1-que-tiene-beca/

Cual si de un Ocho apellidos vascos en la televisión se tratara, continúo haciéndome propaganda con este, el segundo artículo en el que he aparecido por el mismo motivo en cosa de un mes, con la particularidad de que este es exclusivo sobre mi persona, y la foto no la he enviado yo, como puede comprobarse, sino que es obra de un fotógrafo profesional. Apareció el día de San Juan y, por eso de las fiestas, tardó una semana en ser colgado en la web que ahora adjunto. 
Hace un par de días tuvo lugar la ceremonia de entrega, por así decirlo, de mi TFM, y el próximo viernes será la defensa, confiando en que el tiempo siga algo turbio y no se abra paso el calor de julio fundiéndome los plomos. Por lo que se refiere a las notas del conjunto de materias del máster, no tengo demasiados motivos de queja. A partir de ahora, se abre en lontananza un futuro con posibilidades tan amplias como amplio es el mapa que en la foto aparece al lado de mi jeto. Si bien el artículo concluye hablando en términos de frustración, yo prefiero adoptar una actitud más positiva y afirmar, en palabras de Julio César, que dio nombre al presente mes y cuya biografía acabo de leer en Los doce césares de Suetonio, Alea jacta est (O Jacta alea est, como indica mi edición). 

domingo, junio 29, 2014

Saint Peter Day (o como se diga).

Menudo día el de ayer. Comenzó a una hora en que ya había amanecido, pero que, para mí, resultaba mismamente de madrugada, y acabó en la madrugada en sí, no tan tarde como pudiera haberlo hecho. Del examen de Cambridge lo mejor que se puede decir es que no conviene ni sufrir por adelantado, ni tampoco alegrarse por adelantado. Dado que tardan más de un mes en corregirlo, hasta entonces seguiré pensando lo que ya pensaba ayer: que, para ser la primera prueba de este tipo que afronto y constituir un examen objetivamente difícil, mi sensación fue de haber cumplido de forma aceptable. Para aprobar, al menos, ya sea el Advanced o al menos el First. Las virguerías las dejaremos para el máster, con su correspondiente TFM. Sufrir por adelantado es tan inútil como los remordimientos que pudieran surgir por no haberme planteado obtener este certificado antes. ¿Antes? Sencillamente, no lo necesitaba. Aunque, vistas como están las cosas, no es de extrañar que ahora los adolescentes que no han acabado el bachiller se lo piensen mejor y preparen este tipo de pruebas as soon as possible, como comprobamos ayer. 
Después de colgar un porrón de normas en la puerta de la sala, como si fueran las tablas de Moisés, resulta que el asunto no pintaba tan apocalíptico, dado que el examen comenzó con impuntualidad nada británica. Yo puedo estar satisfecho de haber completado las cinco partes, como decimos en español, de cabo a rabo, e incluso con tiempo de sobra en ocasiones. Hay que reconocer, claro está, que sobre la hora de la comida nos pusieron el Listening, la prueba que requiere mayor concentración, y el cansancio acumulado no ayudó mucho a desentrañar lo que decían esos anónimos locutores con problemas de vocalización. Todavía por la tarde faltaba la parte oral, que comenzó asimismo con un más previsible retraso. ¿Cómo fue? Bueno, cuesta ponderarlo. Yo en Suecia hablaba en Inglés porque era mi principal vía de comunicación. Lo de este examen se basa más en preguntas tipo Miss (o Mr.) España, certámenes por fortuna ya abolidos, y que si siguen existiendo lo hacen sin demasiado ruido. 
Si ya tras un examen sencillo de la carrera, pongamos que de dos horas, solía quedar con las baterías un tanto descargadas, se puede uno imaginar cómo estaba ayer, tras unas seis horas, con sus pequeñas pausas incluidas. Nevermind, era la última jornada grande de las fiestas, así que fuimos a ver qué actividades había por ahí, entre otras un Orgullo Zombi que, por lo visto, en León sustituye al verdadero Orgullo que se celebraba ayer y que no tuvieron la vergüenza de apoyar. Bueno, sí que hubo fiesta del Orgullo, pero de carácter comercial en uno de los pocos garitos de ambiente de la ciudad que tienen un éxito que parezca garantizar su existencia. Si logré arrastrarme hasta esas horas, con el colofón de una drag (que en inglés también significa arrastrar) ondeando la bandera arco iris, fue porque tenía una cita, menos formal pero en verdad más agradable que la de la mañana. 
Ahora me quedan un puñado de días para sacar las conclusiones de mi trabajo final, por fortuna creo que las tengo bastantes claras, y el día once parece ser que el ciclo del máster quedará concluido. ¿Y luego? Para empezar, supongo que comenzaré comprobando si el hipotético certificado de ayer me serviría para mi doctorado. Aunque, hasta el día ocho de agosto o por esas fechas, la existencia de ese título continuará siendo hipotética. 

lunes, junio 16, 2014

Translating.

Me refugio en este blog para poder escribir unas líneas en mi propio idioma después de pergeñar un par de redacciones en inglés, ya en la víspera del examen: una aceptable y la otra no me ha dado buena impresión. En fin, yo iré con el ánimo alto, como siempre, porque es imposible saber qué es lo que vamos a encontrarnos el día 28, y el factor suerte también tendrá mucho que decir. Me pregunto si no debería imitar los gloriosos tiempos en los que el amigo Hall escribía sus entradas de blog en inglés, y comenzar a hacer lo propio en el mío aunque no fuera más que para practicar un poco. Bueno, tal vez si me cargo el examen...
En cuestión de idiomas, resulta complicado cambiar el chip. Una vez me he acostumbrado a la versión original, regresar al doblaje puede parecerme risible, como me sucedió ayer mientras veía una versión latina de la secuela de 300, con frases como Peleas más duro de lo que fornicas, y similares. Después, como el programa de Cuarto Milenio era repetido por la entrevista del papa y el partido del Mundial (más por esto último), hice zapping y, por primera vez, vi un episodio de Juego de Tronos, doblado, el penúltimo de la presente temporada. Respecto a la saga literaria, ya voy por A feast for crows, pero jamás había visto ningún capítulo entero, salvo ciertos clips con un mayor o menor número de mujeres desnudas. Así, mientras intentaba poner rostro al batiburrillo de personajes que presenta la trama, me empezaron a chirriar ciertas traducciones (Villatopo...), que se ajustan al sentido literal pero a las que mi imaginación ya se había acostumbrado a recrear en inglés. 
Se quejaba el autor, George RR Martin, de que el número de episodios es corto para reflejar la psicología de tantos personajes, y es cierto. Pero se trata de un medio televisivo, donde el presupuesto tiene un límite y, si en el libro pone que hay veinte mamuts, pues en la pantalla aparece uno, y gracias. La verdad es que la saga está muy bien escrita y, no solo me ha servido para progresar con el idioma, sino además para evadirme en su mundo de fantasía, en un curso que ahora llega a su fin y durante el cual muchas veces he tenido que desconectar, necesariamente. En esta epopeya, los personajes están luchando de continuo contra la adversidad, y por eso creo que es el marco apropiado para un período de crisis como el que todavía vivimos. Cuando entregue mi TFM, confío en empalmar las cuatro temporadas seguidas durante un verano que, creedme,  para mí no va a tener la connotación de época muerta que se le suele asociar. No voy a recurrir al podemos, fórmula ya bastante amortizada tanto en la política como en el fútbol, pero espero que el nuevo reinado que se abre coincida con un paso hacia adelante en el que probablemente abandone este reino y vaya en busca de otros, que en la realidad son más que siete...

domingo, junio 08, 2014

Artículo Diario de León Premios Fin de Carrera

Me llena de orgullo y satisfacción... (frase muy a cuento para esta semana). Pues eso, que aquí os presento un artículo sobre premios extraordinarios, y yo soy el único que se atreve a posar con muñeco de nieve. Parece que mis palabras han calado, como sea que las han utilizado incluso en el editorial del periódico. La mejor generación de jóvenes puede perderse, alertan. En fin... Yo creo que no voy a perderme, más bien voy a encontrarme. 

http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/mejores-siguen-estudiando_895887.html

http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/estoy-ingles-hare-doctorado-extranjero_895883.html

http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/editorial-mejor-generacion-jovenes-puede-perderse_895913.html




miércoles, mayo 28, 2014

Come Duerme Muere.



El título de esta joyita, bastante premiada en festivales de peso pero que ha pasado desapercibida, habla de la supervivencia, de la lucha por la vida que llevan a cabo día a día un grupo de personas humildes en la bella región de Escania, Suecia. Rasa es una joven que lleva toda su vida en Suecia, aunque nació en Montenegro. Vive con su padre, a quien mantiene con su sueldo pues él tiene problemas para trabajar. Ambos residen en un pueblín, no demasiado diferente de Furulund, y ella se gana la vida en una fábrica empaquetando lechugas y otras verduras, del mismo modo que lo hacen algunos de sus amigos. Pero, como sea que la crisis afecta de forma global, se ve en la calle, obligada a reciclarse a través de un curso en la oficina de empleo. Vitalista por naturaleza, hará todo lo posible por encontrar trabajo, hasta que le llega una oferta de Malmö y debe abandonar su pequeño mundo para sumarse a la gran ciudad. 
He contado todo el argumento de la película, sí, aunque, en este caso, no creo habérsela destrozado a nadie. Es una historia sin ningún misterio, y universal. Es un filme realista, que lo mismo podría haber transcurrido en León que allí arriba. Especialmente recomendado para aquellos que tengan una imagen demasiado idílica de Suecia (nación que, por cierto, ha sido la única en enviar al Europarlamento a una diputada gitana y feminista. ¿Qué diría mi casero?). Los personajes son entrañables, si bien no les faltan prejuicios homófobos y xenófobos, también difieren bastante del sueco tolerante y culto que pudiéramos imaginar. A mí, que ya he estado viviendo allí, poco podría sorprenderme. El relato no insiste en el morbo y en la desgracia, antes bien tiene detalles de humor y un desenlace enérgico y esperanzador. Con todo, yo lo pasé bastante mal viéndolo, aun siendo consciente de que mi perfil se aleja rotundamente del de esos personajes imaginarios. 
A fin de cuentas, la película narra las penurias de un grupo de trabajadores con baja cualificación, los cuales, en cualquier país, son carne de cañón. Otra cosa es que, en países como España, donde la tasa de paro posiblemente doble la de la región de Escania, un arquitecto o un ingeniero no desecharan empaquetar lechugas si eso les sirviera para ir sobreviviendo. Yo lo haría, llegado el caso. Pero es un poco pronto para asustarse ante un hipotético futuro que no empezaré a planificar hasta que mi trabajo fin de máster esté defendido. Hasta entonces, vaya mi recomendación de este filme, como apropiado epílogo para las elecciones europeas. 

domingo, mayo 25, 2014

Europa no queda lejos.

Acabo de votar en estas elecciones tan, a priori, impopulares. No en este barrio, donde tuve que hacer cola y todo, entre electores y electoras con una media de edad de unos dos o tres siglos (se me perdone el sarcasmo, pues no me he levantado de especial buen humor). En la mesa electoral, un doble de Enrique de Vicente buscó mi apellido, que debiera ser llamativo en esta ciudad, mientras el presidente de la mesa, con cara de no quiero estar aquí y un gesto bastante menos cálido que el que yo lucí cuando me tocó esa tarea hace una década, depositaba mi voto (¿pero no habíamos quedado en que ahora el voto ya se podía depositar personalmente?). 
Había tres policías, muchos me parecen para ese colegio de monjas reconvertido en electódromo, pero en el aire todavía resuenan los ecos de los funestos acontecimientos vividos en las últimas semanas en la ciudad. Parece que la abstención será menor aquí, mal signo pues ya pude comprobar personalmente a quién votan. A los barberos de becas... En fin, esta noche, ya en horario de Cuarto Milenio, comprobaremos los resultados. Y yo no solo me fijaré en los de España. ¿Para qué, si tengo pensado salir de aquí? No tengo confirmado aún mi destino, pero bien me fijaré en el posible auge de la extrema derecha xenófoba en los países nórdicos, con su populismo barato en plan de echar a los vagos sureños que van a haraganear a sus por otra parte poco acogedoras, al menos en el clima, naciones. 
Europa no me queda lejos. Vale que pasen de las elecciones aquellas personas que no se moverían de aquí aunque el paro subiera al cuarenta por ciento, y que estarán todo el día durmiendo la resaca del partido de anoche, pero a mí la Unión Europea sí me afecta, desde un punto de vista profesional. El próximo martes, en principio, saldrá un artículo de prensa en el que explico, si la periodista me entendió adecuadamente, por qué no voy a quedarme aquí. Si en todos los países se recorta, al menos en otros han tenido el criterio de no hacerlo en temas que, a la larga, podrían revertir no solo en beneficio de la comunidad nacional, sino también en el de su economía. Es lo que se llama visión de futuro. Yo procuro tenerla, y según ella planificaré el último mes y medio de curso que me resta. 

miércoles, mayo 07, 2014

El eruto.

Cuando me despedía del barrio de Legazpi una vez más, maleta en mano, uno de los vecinos del lugar pasó frente a mí y se despidió a su modo, soltando un eruto ante el cual bien pudiese haber exclamado: ¡Que aproveche! No voy ahora a entrar en la descripción del sujeto, en todo caso me dio a entender algo evidente: que la educación, entendida como buenas maneras antes que como sistema educativo, también está en crisis. Y la crisis más en sí misma sigue dejando estampas poco estéticas en la zona. El eruto y la mierda, podría haber titulado estas líneas, aunque hubiera quedado un tanto vulgar. No obstante, una porción de estiércol de dimensiones considerables, y digo estiércol porque parecía más de procedencia vacuna que perruna, permaneció durante toda la semana en mi calle, disminuyendo de tamaño día a día, pero sin llegar a desaparecer del todo (el hecho de que hubiera un puente tal vez ayudó a eso). Fuera del Matadero y el Madrid Río, las dos relucientes joyas, el resto, poco dado al turismo y territorio casi exclusivo de la working o no-working class, continúa un tanto olvidado. 
El eruto es solo una anécdota, claro, de un viaje que dio mucho de sí, un necesario paréntesis tras el cual regreso aquí para comprobar una cierta sensación de parálisis en el máster. Vale, las clases ya acabaron hace un mes, pero, quienes vamos a defender (extraño verbo) nuestro trabajo final en julio, a priori la mitad de la clase, necesitamos ya ir confirmando los plazos de cara a una planificación óptima del tiempo, no digamos ya si encima hay que hacerlo compatible con retos como el examen del Advanced y sus tropecientas, algunas realmente absurdas, partes. Y la tutoría final pendiente sería bienvenida, asimismo. Y ese trabajo es lo último que me ata a esta ciudad. Al margen de donde recale después, lo que está claro es que no voy a dejarme influenciar por esos vídeos virales, que últimamente tienden a soltar pestes de Suecia, diciendo que no es un paraíso (obvio) y que no reciben con los brazos abiertos (más obvio; si acaso, las suecas sí nos venían con los brazos abiertos en aquellas películas del landismo). Toda una sarta de obviedades y llamadas apocalípticas que a mí, que ya he estado allí y tengo más de dos dedos de frente, no me asustan. Si quiero asustarme, reservaré billete a Uganda, donde me puede caer la cadena perpetua. Seamos un poco serios, please
Solo espero que la información llegue en los próximos días, aunque llegue o no voy a comenzar la redacción el próximo fin de semana. Una redacción no lineal, y que tampoco quiero trufar de demasiadas referencias bibliográficas. Lo importante es que sea sincero y que tenga vocación de futuro. Ya lo creo... No es un trabajo para cumplir con un máster. Debe ser una carta de presentación, un índice del camino que podría seguir en hipotéticas universidades extranjeras. En ese sentido, debería sentir presión, pero, claro, siempre es posible modificarlo una vez defendido ante el tribunal... 

lunes, abril 21, 2014

La envolvente sensación de la risa.



A mí siempre me ha gustado ir al cine, no importa lo mala que fuera la película. No obstante, en los últimos tiempos no voy demasiado. He desarrollado otra clase de hábitos, entre los cuales se encuentra el ver los filmes en versión original. Si son de lengua inglesa, me ayudan a mejorar en su dominio; si son, por ejemplo, en francés o en japonés, puedo valorar mejor si una actuación es de calidad o no. Si la película es española, y los únicos subtítulos que tiene son en algunas frases habladas en euskera, entonces lo más probable, dado el contexto, es que estemos hablando de 8 apellidos vascos
Fui a verla aunque no quería, en principio, si bien me atraía como fenómeno. Jamás pensé que fuera a tener este éxito. La última película del guionista Borja Cobeaga, No controles, me divirtió bastante y tuvo buena acogida por el público, pero nada que se parezca a esto. Y, por si fuera poco, es un fenómeno que puede tratar de tú a tú a toda una señora Copa del Rey de fútbol. El pasado miércoles, a última sesión, fui con mi amigo Jose al viejo Van Gogh, el único cine que sobrevive de la antigua hornada. La sala se llenó, eso sí, cuando las luces se habían apagado, haciéndose realidad otro tópico hispánico, como otros de los que aparecen en la película. 
La respuesta del público fue bastante entusiasta. Hasta la pareja de adolescentes que tenía a mi lado prestó atención, para mi sorpresa. Las carcajadas, merecidas o no, son contagiosas en un ámbito como ese, provocando una suerte de risoterapia colectiva, que es lo que necesita ahora el país, y lo que ha aupado a esta película al podio en el que se codea con su némesis angustiosa, Lo imposible. Yo me reí, aun siendo consciente de que bastantes chistes eran malos. Lástima que, en su tramo final, la película no arriesgara en el despiporre. ¿Dónde está el clímax? A la noche siguiente, la de Genarín, tuve la clara sensación de que, cuando alguien haga la película definitiva sobre Genaro, podrá lograr también un éxito apabullante, tan solo con que reciba la mitad de atención mediática, y etílica, del evento. Y tanto mejor si regalan un chato de orujo con la entrada. 
Pese a todo, yo de lo que en verdad quería hablar era de Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, una de las películas cuyo tráiler pudimos ver antes de la sesión. El avance me resultó divertido y, curiosamente, también incluía algunos de los mismos tópicos sobre los andaluces que la película que íbamos a ver a continuación. El protagonista de este one-man-show, Guillaume Gallienne, daba la impresión de interpretar al clásico homosexual afeminado y, en todo caso, el filme está en la senda del queer (horrendo palabro) cinema francés que está triunfando en los festivales y galas de todo el mundo durante el último año, tal y como comprobamos en la entrada anterior. 
Gallienne noqueó a La vida de Adele en los César, y ambas guardan sorprendentes similitudes pese a que la primera dura menos de la mitad que la segunda, y es de carácter cómico. Yo me reí, aunque es un tipo de humor diferente al de 8 apellidos. A veces más inteligente, pero a veces no, a veces también se refugia en el tópico, ya no solo respecto a andaluces o ingleses, sino también a homosexuales, pintando una discoteca de ambiente como si fuera el Infierno de Dante, ambientación musical incluida. Lo que más me defraudó fue la manera en la que trata el tema de la orientación y/o identidad sexual. Según una tía del protagonista, o eres homosexual o eres heterosexual. Punto. La conclusión del filme, sorprendente y precipitada, parece sugerir lo mismo. ¿Será que el director-guionista-protagonista-personaje necesitaba una auto-catarsis en esa línea? Posible opción. 
De todos modos, es un filme muy recomendable y la risa siempre es bienvenida. Yo mismo, muy reticente al humor escatológico, disfruté el momento en que una actriz tan fina, estilizada y bella como Diane Kruger aparece como una experta en colonoterapia. 

lunes, abril 14, 2014

La película-espanto de estas fechas.



Hay que reconocer que la película bíblica de esta Semana Santa, Noé, se ha ido un poco lejos a la hora de buscar el tema, hasta el comienzo mismo de la Biblia, en discordancia con los pasajes que se reflejan durante estos días. Puestos a escoger una historia con potencial, cercana en el relato a la de Noé, yo todavía estoy esperando a que alguien se atreva con una versión actual de la destrucción de Sodoma y Gomorra, tal vez un Roland Emmerich atronando la pantalla con gigantescas bolas de fuego, sería un cineasta con probada experiencia para el asunto. 
Hasta entonces, para ver sodomitas y pecadores me basta con películas como esta, El desconocido del lago, que también guarda relación con el elemento acuático, aunque en un sentido diferente al de Noé. Esta película, al igual que La vida de Adele, fue premiada en la última edición de Cannes, una edición que llamaría bastante queer si no fuera porque estoy un poco harto de este término tras leer El género en disputa de Judith Butler, un libro tan influyente como insufrible en su lectura. No es una película de Semana Santa, desde luego. Puestos a idear un perverso acto de pornoterrorismo, se podría proyectar en alguna pantalla gigante el próximo viernes por la mañana, como colofón pagano y priápico del Genarín. A quienes todavía estuvieren borrachos les traería sin cuidado... 
Este filme, muy bueno aunque dudo que sea el mejor del año, como afirmaban algunas revistas, destaca por su simpleza, lo que no quiere decir que sea una película simple. Simpleza de elementos: personajes, escenario, trama... Siguiendo el paralelismo con Adele, llega precedido de la etiqueta de (homo)sexualmente explícito. No, no es para tanto. Sí, hay sexo entre hombres, pero los planos explícitos se limitan a dos, protagonizados por dobles de pene (con perdón) y solo duran segundos. No tiene ningún sentido su inclusión, salvo que el director haya querido dar un toque de porno arty, como Lars Von Trier y otros provocadores. 
La nimia trama sigue las andanzas de un hombre que aprovecha el veraneo para visitar, en un lago, la zona de levante, o, como resulta más popular en España, de cruising. Allí traba amistad con un observador pasivo, no en el sentido erótico, del panorama, y se enamora de otro habitual, derivando en una historia de amor fou, como dicen los franceses, y un thriller bastante heterodoxo. El lago, otro protagonista más de la película, es una especie de edén, siguiendo la línea bíblica, en el que los hombres pueden desnudar sus cuerpos, y también sus almas, sin miedo a los armarios, al qué dirán y a cualquier tipo de prejuicio. Por no haber, no hay ni mujeres, no aparece una sola actriz en todo el metraje, y el momento más cómico viene a cargo de un pazguato preguntándose dónde estarán las mujeres, que ni están ni se las espera. 
Lejos de constituirse como apología del cruising, el filme provocará que algunos de sus espectadores se lo piensen un par de veces antes de irse con el primer desconocido que vean, por muy atractivo que sea este, en un entorno que de paradisíaco puede tornarse en salvaje y hostil. Es el problema que albergan esta especie de cotos cerrados, a diferencia de otros que se insertan en la estructura misma de la ciudad, y por lo tanto resultan menos amenazadores. 
Si ya el naif cartel del filme puede escandalizar a algunas personas, entonces qué dirían del resto... En todo caso, esta película no llegará a todos los cines, ni mucho menos. Seguiremos esperando esa gran producción bíblica, con poco sexo pero muchos sodomitas a la brasa. 

miércoles, abril 09, 2014

La última clase, el último sofoco.



Esta vez sí que es la última, a menos (raro escenario) que se aplace a después de Semana Santa. Nunca tuve la intención de eternizarme como estudiante, ni en la universidad de León ni en ninguna otra, pese a lo que pudiera haber sugerido algún neo-neoliberal, de esos que se levantan un día mascando ideas ajenas y no tienen nada mejor que hacer que criticar a quienes hemos trabajado duro en la carrera, cosa de la que dichos especímenes no siempre pueden presumir. Los siete años en la facultad han correspondido a la licenciatura, curso por año, y al máster; respecto a este último, desarrollado en dos debido a mi estancia inicial en el extranjero. 
El máster quise hacerlo en Lund, no pudo ser, y, pese a que lo consideraba un trámite hacia el doctorado, el de aquí me está gustando mucho, ya lo creo. La docencia llega a su fin, y solo resta un trabajo fin de máster que, tal vez, pueda servirme como carta de presentación que me abra puertas de facultades foráneas. La asignatura de Teatro, la última aunque no debiera ser así; queda como postrera por la un tanto caótica localización de sus clases. Y, en esta semana final, hemos vuelta a la vieja aula de siempre, una de las más calurosas del edificio. Eso viene estupendo en invierno, y por invernal podríamos haber tenido a la semana pasada, con su lluvia y bajas temperaturas; en esta, ideal para tomar limonadas en una terraza, el golpe de calor por poco me ha vuelto a noquear, de nuevo, en esos incómodos bancos. 
La profesora, que ya me conoce, repite chistes sobre el contenido de mi termo verde, otro clásico que ha sobrevivido durante estos años. En Cuarto, dijo que lo llenaba de absenta, por eso del espíritu del XIX. En realidad, lo que llevo allí es simple agua del lavabo, el antídoto contra no ya el veneno del teatro, en alusión a la obra analizada hoy, sino al veneno del verano anticipado. Y, por casualidades de la vida o por alguna estructura cíclica en esto, mañana concluimos, al igual que el curso pasado, coincidiendo con la espicha de nuestra facultad. Y, por fortuna, la ventana no da al césped, y así imagino que podremos tenerla abierta sin escuchar el Happy de turno, aunque bien happy voy a estar cuando termine. Y, sin embargo, no tan happy, la verdad es que es una lástima tener que pisar por última vez esas aulas para recibir clase. Volveré. Volveré para defender mi trabajo final, y, aunque a día de hoy me resulta una idea cuando menos bizarra, no puede descartarse del todo que alguna vez sea yo quien regrese para dar una clase, o una conferencia. ¿Estoy picando alto? Bueno, no hace falta ser neo-neoliberal para tener ambición. 
Llega el momento del adiós. Mi profesora dijo que soy un espíritu sensible. Es cierto. Aunque, tal vez, debiera serlo algo más para echar una lagrimita ya solo ante la visión de la fotografía que he puesto para enmarcar esta entrada (una foto de Segundo). Podría mandársela a Carmen, para que la analizara en Cuarto Milenio. Algunas de las personas de allí han derivado en fantasmas en mi vida, no porque yo lo hubiera querido así. 

lunes, marzo 31, 2014

Darth Vader for president!


¿Y qué hago yo escribiendo aquí, si tengo que redactar una informal letter para mañana? Aún digo más: ¿qué es eso de letters, si ya casi nadie escribe cartas? Tal vez el examen de Cambridge se haya quedado un poco apolillado en su concepción, en todo caso tomaré el ejercicio como si se tratase de una carta electrónica. Sea en español o en inglés, no me gusta escribir cuando el tema no es libre. Que recomiende a un amigo una academia de informática, ¡menuda mamonada! Prefiero escribir lo que me salga del bolo, como decía ese infecto libro que apareció a rebufo de los tropecientos grandes hermanos, inextinguible fenómeno. 
Sea como fuere, es el último día del mes y supongo que ello me ha hecho regresar por aquí y dar cuenta de una insólita noticia, tan insólita que es verídica. El Partido de Internet, o algo así, de Ucrania ha presentado a Darth Vader como candidato a las elecciones presidenciales. Al margen de lo simbólico del gesto, el atractivo es innegable. Mejor votar a Lord Vader antes que a la extrema derecha. Al menos, ese personaje tuvo un proceso de redención, y en su juventud, antes de pasarse al lado oscuro, poseía los dulces rasgos de Hayden Christensen (¿qué ha sido de él?). En España, en cambio, seguro que triunfaría más un candidato estilo emperador Palpatine: por ejemplo, Rouco Varela, que incluso después de haberse jubilado sigue chupando cámara en funerales oficiales como el de hoy. 
Desde luego que, si realmente Darth Vader pudiese existir y llegase a presidente, hasta los rusos tendrían que recular. Para España, se podría proponer a otro lord, incorruptible ante el saqueo, Eddard Stark. En la foto de arriba, cuando no se habían inventado los selfies, aparezco junto al gran Vader en una exposición, retratado por el amigo Hal. Que la Fuerza me acompañe, en verdad, para la última semana de junio: el 28, día del Orgullo, el mayor orgullo para mí será aprobar el examen de Advanced, que cae en dicho día. Y, tal vez esa misma semana, tenga que entregar en depósito mi trabajo de fin de máster. ¿Dónde los depositan? Ni idea. El caso es que la defensa, concepto que suena muy bélico para una simple exposición de veinte minutos, caerá en julio. No veo necesario ir con bermudas y sandalias, aunque sí acompañarme de mi icónica cantimplora verde. Se espera una primavera tan tormentosa como su propio comienzo... 

domingo, marzo 09, 2014

La resaca del Oscar acabó bien.



Después de ver el estado en el que se encontraba uno de mis compañeros el último día de clase, llegué a la conclusión de que bien podría haberme presentado yo, con toda la resaca del Oscar, el lunes pasado. No lo hice, y no me arrepiento. Ese día la profesora, además de enfadarse por mi falta de asistencia, comenzó a tratar a los alumnos, no precisamente unos recién llegados a la universidad, en modo preescolar, incluso revisando los libros con sus notas como quien revisa los cuadernos de escritura que vendía yo en mi época de Pozuelo. Vapores del lunes, serían, que se le fueron pasando a medida que recordaba que yo, hace tres años, era un alumno bastante ejemplar en su asignatura, hasta tal punto que eso llegó a causarme problemas con otros de los asistentes. Al día siguiente, no me dijo absolutamente nada, y las tres jornadas de clase han sido provechosas, y con su punto justo de diversión, algo que no se puede decir de todas. Bien está lo que bien acaba. 
Tras ver una de las triunfadoras de la gala, Frozen, no puedo quitarme de la cabeza el tema que ganó la estatuilla. Natural. Además de ser un gran tema, en la línea de los mejores de la casa, el personaje que lo canta tiene varios puntos en común conmigo: prefiere el frío al calor (claro que eso puede formar parte de su maldición), y, al igual que otros héroes y heroínas Disney, le planta cara a las dificultades, aunque eso suponga construirse un enorme castillo en lo alto de la montaña, en el que disfrutar de sus poderes, poco comprendidos por los súbditos que acaban de coronarla reina. Yo, por fortuna, no estoy en un castillo de hielo, sino bien rodeado en esta por otra parte decadente ciudad, pero el ambiente nórdico que transpira el filme, con sus renos y sus trolls, me recuerda hacia dónde debo volver mis pasos. 

PD- Por favor, espero que esa nueva moda de las películas mastodónticas de temática LGTB sea pasajera. Tras las tres horas de Adele, ahora casi otras tres con Laurence anyways, filme que desbarra tanto que tal vez hasta el propio Almodóvar podría sentirse abrumado ante él. Si no estás contando epopeyas de la Tierra Media, más vale que no dejes en tres horas lo que puedes contar en dos... 

domingo, marzo 02, 2014

Last Oscar in Spain?



Hace un año, tras la edición de los Oscar, mi por entonces pareja, en un momento de ofuscación (por usar un eufemismo), me acusó de que, mientras que con los Oscar aguantaba despierto hasta las seis de la mañana, a ella la despachaba a las once. Si lo recuerdo ahora, me da la risa, aunque, sí, algo tenían en común los Oscar y ella: proporcionarme alguna noche de insomnio, al menos una vez al año. Insomnio con gusto, no pica, en ambos casos. 
Sí, tengo que aguantar hoy. ¿Dónde estaré a finales de febrero del año que viene? Me encantaría saberlo. ¿Tendré, si no Canal Plus, al menos internet para verlo por estrímin? Quién sabe. Hasta entonces, aprovecha el momento, carpe diem. Y dos placeres siempre son mejor que uno. Primero Cuarto Milenio, luego nos trasladamos hasta LA. Ya se ve, mucho tiempo disponible para escribir en el blog, pero, a decir verdad, no tenía pensado hacerlo. Ya tengo la quiniela de Fotogramas, como en los viejos tiempos, los Mr. Corn made in USA, con un extraño sabor que tal vez boicotee las escasas horas de sueño. Y hablando de boicot... Mañana comienza la asignatura de Teatro. Una asignatura participativa. Como todas, solo que esta en serio. ¿Estaré en condiciones? Bueno, todavía no he agotado en este curso mi cupo de horas fumadas. Todo sea por amor al arte, y amor a Hollywood, con su mezcla de espectáculo y miserias. En la foto de arriba, para que pueda comprobarse que yo también sabía manejar una cámara. Claro que lo mío es la escritura... 

jueves, febrero 27, 2014

La increíble nota menguante.



Al fin he visto la segunda parte de El Hobbit. Si bien es meritoria la recreación del dragón Smaug (o Esmó, depende de quién lo pronuncie), ninguna escena me pareció tan emotiva como la de Gollum en la primera, que vi en Copenhague. No me atrevería a decir que la tercera, y última, pueda visionarla también en el extranjero. Pero, vistas como están las cosas, tampoco puedo negarlo. 
En León no me quedo con beca. Y, por tanto, no tengo intención de quedarme. Ni mi expediente ni mi premio me han servido siquiera para pasar la primera fase de la beca que me serviría para realizar el doctorado. ¿Por qué no? Bueno, porque me han bajado cuatro décimas. No parece que se las hayan comido con patatas, por lo visto es un proceso de ponderación, que no acabo de entender bien, si es que entiendo algo, en el que tienen en cuenta factores como la media obtenida en mi clase. Bueno, ¿y qué coño tiene que ver lo que hayan sacado mis compañeros o compañeras con lo que he sacado yo? ¿Por qué algunas notas suben, con este procedimiento, y otras bajan? 
Lo único que se es que el hecho de quedarse fuera por cuatro décimas es lo bastante humillante como para despreciar sus recortadas dádivas. Si por mí fuera, ya sabría yo por dónde empezar a recortar. No importa... De todos modos, tenía ganas de volver al extranjero. Un mes me supo a poco. Justo había tenido mi primera cita seria cuando hubo que hacer las maletas. Aunque, si quiero asegurarme mi estancia fuera, más me valdrá conseguir otra clase de citas, académicas y/o laborales. Ya podía traslucirse a través de mi entrada anterior. Si fui capaz de lavar platos y tazas con restos momificados de cruasanes en el Rodilla, en el peor de los casos también podré pagarme la tesis haciendo esa clase de oficios para los que supongo que no pedirán aprobar el Advanced. Por si acaso, a seguir preparando el Inglés, aunque ello conlleve escuchar a locutores que parecen haberse pasado de pintas en el Sant Patrick´s Day, igual que yo hace ahora un año. Familiares, amigos y conocidos en ciudades foráneas, que se preparen para la chapa que voy a dar para ver si alguna universidad de su zona, por remota que sea, está dispuesta a apadrinarme (o a amadrinarme, al fin y al cabo universidad es de género femenino). 

miércoles, febrero 19, 2014

La paradoja sándwich.



Durante mi último viaje a Madrid he podido comprobar cómo una empresa ha ido a peor, mientras que otra, en la que yo mismo trabajé antes de planear el asalto definitivo a mi licenciatura, ha ido a mejor, al menos en lo que respecta a su imagen. El viaje en tren de clase preferente ha perdido bastante el sentido que se le daba a ese adjetivo. ¿Qué privilegios tiene ahora? Casi ninguno. El periódico, y a la ida se les olvidó pasármelo. Lejanos ya quedaron esos tiempos de opulencia, con aperitivo, cena y copa, copa que casi nadie quería. Debieran haber aprovechado, mientras pudieron. Hay otros beneficios más intangibles que sí se han conservado, como el espacio, la mayor tranquilidad y silencio; lógico, al ver cómo se ha devaluado el servicio, y que ello no ha implicado una bajada en la tarifa, los viajeros se habrán cambiado a vagones más económicos, como puede que haga yo en el futuro. 
Durante uno de mis paseos por Madrid, me acerqué al sitio donde tuve mi primer trabajo allí, el Rodilla de la glorieta de Bilbao. Hace años ya, por lo que supuse que no vería ninguna cara conocida. Así fue. Y no solo las caras habían cambiado, también la estética del local. Tanto el letrero como la decoración interna habían envejecido, por así decir, luciendo un estilo vintage que parecía rememorar los primeros establecimientos de la marca en Madrid, que ya tiene un porrón de años, tal vez se acerque al siglo. La paradoja residía en el contraste con un plantel rejuvenecido. Un trío de buenos mozos, con los que ya pudiera haber coincidido yo en su momento. Además, habían desterrado la camisa negra, a la que solo parecía faltarle el alzacuellos, por una camiseta del mismo color, mucho más moderna y funcional. 
Cuando yo estuve allí, entre otras jefas, había una auténtica bruxa constrictor que me traía por la calle de la amargura, obsesionada con la limpieza, como si estuviera atravesando de forma permanente la fase anal freudiana. Fue una de las principales razones para abandonar ese lugar. En estos tiempos en los que se habla tanto de la iniciativa privada, de los emprendedores, del autoempleo, deberían contratar a muchas jefecillas como esas, para que cualquier empleado albergara la esperanza de convertirse en su propio patrón. Me sorprendió encontrar a ese trío de maromos porque, durante mi singladura laboral, solo éramos dos varones, y uno estaba relegado al inframundo por decisión propia. Sí, mi compañero no salía de su cueva sandwichera, donde preparaba las brandadas de bacalao y similares, pero lo hacía así por no querer atender de cara al público. ¡No le culpo! Así no tenía por qué enfrentarse al yonqui habitual, al vagabundo que pintaba mujeres desnudas, a la señora histérica (o varios ejemplares de la especie), etc. ¿Dónde estaban todos esos personajes durante mi visita el domingo anterior? ¡Me han cambiado mi Rodilla! Para bien, diría yo, y además con wifi. 
Pero ni el wifi ni nada sirvió para que llegara a mi correo mensaje alguno sobre si paso o no a la siguiente fase de la beca. Si no paso, creo que debería plantearme volver a mirar destinos en el mapa. Hoy es el Día contra la LGTBfobia en el Deporte. Algunas ligas de fútbol europeas han hecho campañas para sensibilizar sobre este tema, mientras la española se queda de brazos cruzados y labios cerrados. Bueno, tal vez no sea mala idea ir a alguno de esos países más sensibles, con mayor dotación en sus presupuestos educativos y mejores expectativas de empleo, aunque solo sea rellenando sándwiches en alguna cueva. Para algo serviría mi experiencia, no solo académica.