martes, septiembre 15, 2015

La tortilla nostálgica.



El tema de subvertir los roles de género no debe quedarse solo en el doctorado y la tesina, sino que debe saltar a la vida real. Así pues, anoche enseñé a mi nueva flatmate cómo se hace una tortilla francesa (para la española no tenía patatas, las cuales acabo de comprar). La verdad es que es fácil, porque esa receta es como un contenedor en el que se puede echar cualquier cosa: rápido, barato, muy útil para un Master Chef PhD Edition Low Cost. Me quedó mejor de lo que esperaba, sería por el orgullo masculino. 
Masculinidad es lo que sobra en Jurassic World. Imposible verla con los mismos ojos que su primera versión, hace veinte años. En todo caso, busca emocionar, y lo consigue, a través de una catarata de guiños nostálgicos. ¿Cuándo aparece la música de John Williams? ¿Cuándo aparece el T-Rex? Bueno, es obvio cuándo aparece el T-Rex. Incluso, en un holograma, sale ese dinosaurio escupidor que mi primo Juancho tenía en versión de goma, al igual que el propio T-Rex. Es una verdadera tortilla nostálgica. 
Lástima que flojee en los personajes humanos. En la de Spielberg recuerdo buenas actuaciones y diálogos. Ahora no se si es por los actores, los guionistas o el director... Ese empeño por meter a un héroe de acción desemboca en la creación de un tarugo que, si puede comunicarse con los velociraptors, es porque tiene la misma sensibilidad que ellos, respecto al uso del cerebro reptiliano, nunca mejor dicho. No deja de tener lógica. Y la heroína es fuerte, sí. Me gustaría comentarlo con mi compi de doctorado Cristina, pues es el tema de su tesis. No obstante, lo ridículo de que vaya corriendo siempre con tacones no se hubiera visto con Laura Dern o Julianne Moore. En un momento dado le grita a su empleado inmaduro, que colecciona muñecos de dinosaurios: ¡Se un hombre y haz algo por una vez en tu vida! Lo que le estaba mandando era... abrir una puerta. Yo prefería caracteres como el de Sam Neill, un hombre de ciencia pero, tras la catástrofe, también un hombre de acción. 
Aunque lo que importan son los dinosaurios, ¿no? Y la aventura, eso está muy logrado. Ser niños, de nuevo, como el pequeño protagonista del filme, como cuando nos dejamos llevar por la avalancha de merchandising a primeros de los noventa, tal y como nos dejaremos embaucar en diciembre con el Episodio VII (No hace falta añadir más). ¡Qué remedio! No diré nada yo, que uno de mis regalos de Reyes fue una figurita de Bilbo Bolsón. Niños de espíritu, pero con el espíritu crítico de adultos. Al menos eso me sucedió a mí al ver la película, máxime con la investigación que estoy haciendo y los libros que estoy consultando. Chris Pratt: no ambiciones el papel de Indiana Jones, porque ese sí que solo hay uno. Si acaso, una aventura crepuscular más con Harrison Ford y fin de la saga. ¡No nos toquéis la nostalgia! 

sábado, septiembre 12, 2015

Del Paraíso al Diluvio.


En vaya fregados que me meto, yo que esta semana solo pretendía repasar todos los capítulos de la tesina. Se cumple un año de aquella visita de la que hablaba con anterioridad, aquella en la que solo vi los preparativos de San Mateo, sin disfrutar de las fiestas en sí. En esta ocasión, no he llegado a ver el cartel de Stop Agresiones Sexistes. Aunque sea con moderación, debo disfrutar de estas celebraciones. ¿Quién sabe, con las vueltas que da la vida, si en el próximo San Mateo estaré aún en Oviedo? Además, tenía la excusa perfecta: enseñar la ciudad a mi compi de piso, en el momento en el que más visitantes tiene de todo el año. El tour comenzó por la Ruta de los Vinos, el lugar más frecuentado por mí. Pese a la fiesta ovetense, no dudé en tirar para lo mío y llevarla a los clones del Rebote y la Competencia (ya, esta última tiene muchos clones, incluso en la propia León). Pasamos luego a ver la verbena del campo de San Francisco, con una señora que me estaba dejando estupefacto al ver sus movimientos de cadera y pantalón apretado para darlo y marcarlo todo. Tiramos luego hacia el casco viejo, con todos los chiringuitos, incluyendo el del Topu Fartón, el único decorado con banderas del arco iris. Ya no nos movimos de la plaza de la catedral, donde estaba a punto de comenzar el concierto de D (valga la redundancia) vicio. Sí, ese grupo que sería injusto tildar de boy band pero, en todo caso, tenían una buena cantidad de público objetivo de boy band. Era como volver atrás en el tiempo. Y no hasta la adolescencia, sino casi hasta el propio Diluvio Universal. El Paraíso con el que cerraron su actuación, esa canción tan sonada el año pasado, se convirtió en una lluvia intensa para la que no íbamos preparados. 


Suerte que siempre se puede improvisar una especie de atuendo jedi con el que cubrirse. A mal tiempo, buena cara y a mantener el entusiasmo de la chavalería, aunque con una botella de sidra, como la que escanció el cantante desde el escenario, se hubiera mantenido mejor. El final del concierto fue, como es lógico, el final de la salida, a casa a secarse y a confiar en que no haya consecuencias para el trabajo. Si no las ha habido para escribir estas líneas, supongo que tampoco las habrá para repasar unos folios, mientras me pienso qué plan pueda seguir hoy. Más seco, en todo caso. Desconozco si me quedaré hasta el 21, en todo caso la matrícula de la tesina es hasta el 22, lo cual me deja un margen, siempre y cuando el paripé ese que tuve que gestionar para que me den el visto bueno funcione antes de esa fecha. Ahora me voy, no volando hasta el Paraíso Andrés (cuyo tupé quedó totalmente indemne del agua), sino a cocinar algo energético que me permita aprovechar algún trozo de tarde. ¡Feliz San Mateo! 

lunes, septiembre 07, 2015

Síntomas claros de inicio de curso.

El inicio del curso ya no es lo que era. Sin clases ahora, pero sigue habiendo síntomas claros que avisan de su comienzo. Desde hace tantos años, uno sería el arranque de la temporada de Cuarto Milenio. Durante la carrera no resultaba fácil quedarse hasta las dos de la mañana, como anoche, pero ahora, si bien las gestiones mañaneras siguen bastante presentes, por el momento lo de madrugar es optativo. Un inicio de temporada larguísimo, cierto es. Cuando ya había terminado el documental extramuros, con su emocionante desenlace, todavía restaba el programa entero, con su propio cierre, que también me resultó conmovedor pese a que, a esas horas, ya me había adormilado varias veces e incluso me había envuelto con la mantita. Esto último sí que constituye otro síntoma inequívoco del nuevo curso. Estaba enseñoreado, master of the house, hoy ya me toca compartir piso. 
La llegada de mi compañera y una nueva traba burocrática para la matrícula de la tesina (a este paso van a ser más arduas las gestiones que el hecho de terminarla), me distrajeron un poco del plan de trabajo, pero no lo llevo mal, máxime cuando estoy en la incertidumbre respecto a las fechas de cada trámite, fechas bailongas. Mañana es fiesta, pero eso no cambia nada. Ni siquiera sabía, hasta hace poco, que lo fuera, el Día de Asturias. Una gran suerte que en la biblioteca ofreciesen calendarios académicos, de lo contrario igual habría hecho el canelo otra vez yendo al gimnasio para verlo cerrado, como en aquel martes de campo cuya idiosincrasia todavía no he logrado comprender del todo. Lo haré a medida que me empape más del espíritu ovetense. San Mateo sería un magnífico marco para comenzar. El próximo día doce se cumple un año de mi primer viaje a Oviedo con motivo del doctorado, el primero de una larga terna. Quedé con mi tutora y casera de este piso (nunca imaginé que me sería tan fácil alojarme), luego cafetería en el campus viendo los periódicos con la Diada y demás, Gascona... Buen calor hacía, más o menos como el de hoy si te daba el sol de frente; a la sombra, fresquito y viento, un clásico de esta tierra. 
El curso pasado, con sus lógicas fallas que intentaré ir remedando, dio un balance positivo, y es por ello que estoy sentado aquí, en el mismo Pumarín, y ya he abonado la tutela académica correspondiente. Esta vez no empiezo in media res. Eso me da ánimos. Ahí están los síntomas, ahora a luchar por los resultados. 

viernes, septiembre 04, 2015

Catástrofes varias.


No, no voy a hablar aquí de catástrofes humanitarias como las que estamos viendo estos días a cuenta de la guerra y el desplazamiento de personas a costa de este y otros males. Sería un tema para la reflexión, ahora estoy en la fase final de mi trabajo y ni siquiera debería haberme pasado por aquí. Mis catástrofes son más ligeras en cuanto a que son virtuales, digitales. Los millones de personas que perecen no dejan de ser otra cosa que un producto de los efectos visuales. La noche antes de regresar a Oviedo vi San Andreas, me gustan los filmes catastróficos aunque, como ya se ha comprobado, tienden a mostrar personajes estereotipados y una ideología conservadora a más no poder. En este, la familia separada al final permanece unida, poco importa que para la reconciliación haya tenido que palmar buena parte de la población de California. Yo disfruté viendo la destrucción, de eso se trata, aunque me daba pena el estado en que quedó San Francisco, bastante bien recreada. Si el filme no adoleciera tanto de sentido del humor, debería haber aparecido algún sacerdote diciendo que el terremoto de 9,5 o 9,6 no era sino un castigo divino contra la ciudad del pecado y del Castro. Sin embargo, la catedral de la ciudad, que no se derrumba en la película, me pareció de las más liberales que he visto. ¿Cómo se explica, si no, el mural-recordatorio a las víctimas del sida que hay dentro, obra de Keith Haring? (Abajo). 




También resistía, a duras penas, la Coit Tower (abajo también, ¿de verdad se llama así? Lo cierto es que no recuerdo bien). En fin, una película para la nostalgia, aunque sea de tan destructiva manera. Lo que más me gustó, debo admitirlo, fue la versión de California Dreaming al final. Aquí en Oviedo, la naturaleza no es tan brutal pero hemos entrado de lleno en el otoño. Tengo un amigo aquí que, con el cielo despejado, decía que el tiempo andaba revuelto y por eso no salía. ¿Qué hará esta semana? ¿Se parapetará debajo del sofá? A mí no me importa este cambio. Nublado, feo, lluvioso, con todo este regreso me ha ido muy, muy bien. Vaya suerte la de ayer, viendo a la administradora, mi tutora y mi directora en poco rato, sin haberlo planeado. Y encontrar en las diversas bibliotecas todos los libros que buscaba, y alguno más. Todos gratis. En cambio, el libro más caro que he comprado en este mes me lo vendieron a cara de perro en una librería que, sin duda, se tiene por ilustre, pero la mujer que me atendió ostentaba una, asimismo, falta de tacto tan catastrófica que no me lo podía creer. Y allí no vuelvo. Estoy deseando acabar con la tesina para visitar las librerías-café que he visto en Gijón, qué duda cabe que serán sitios más constructivos para ampliar mi biblioteca o incluso para ampliar relaciones aquí. Catastrófico fue el fin de la escuela de cine de Ponferrada, y ayer me divertí de lo lindo al ver a Gonzalo Suárez, director honorario hasta su abrupta partida, haciendo de una versión de... Gonzalo Suárez en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Pardiez, deberíamos haber analizado esta película en la escuela, con él presente. Hubiera sido un punto. Aunque, para troupe a lo Almodóvar, los personajes que había allí. Serían otro catastrófico capítulo aparte, ahora toca volver a la escritura más seria. En la medida de lo posible. 


domingo, agosto 30, 2015

El ataque de los alimentos.


Anoche una gran bola de fuego cruzó España, aunque en León no llegó a verse. Tal vez sus efectos, o los de la superluna que sí nos acompañó durante toda la noche y que reflejo en la foto de abajo, provocaron una rebelión de los alimentos, que llevan atacándome desde que me aventuré a comer uno de esos huevos fritos de arriba, ¡será por huevos! Mal invento. Con eso de ahorrarse siete platos pequeños, el pan no logró frenar la expansión de la yema, un derrame naranja sobre mis pantalones, por suerte, negros. Y hace un rato, mientras echaba sal a la pasta, la tapa del salero se cayó junto a multitud de granos de arroz que estaban allí dentro. En mi estado actual, no provocado ya por los vecinos-minions sino por una de las últimas noches veraniegas aprovechables de León, tuve que ir retirando granitos de arroz a mano, casi uno por uno de los espirales que tomé. Ya podría haber hecho espaguetis, las cosas hubieran ido mejor. Os aseguro que la bebida se ha mostrado más respetuosa, será porque no he abusado de ella... Ahora he dejado de comer y tan solo estoy sufriendo el boicot de este ordenador, algo a lo que ya estoy acostumbrado y que no ha podido impedir el avance de mis investigaciones. En fin, confiando en que los comestibles se serenen, en lo que podría convertirse en argumento de alguna película de ciencia ficción, voy a reposar en este intermezzo, como el de Ingrid Bergman, antes de que septiembre haga acto de presencia. 


sábado, agosto 29, 2015

Los Minions y la cacofonía ambiental.



La película de Los Minions, según creo recordar, ya está entre las más exitosas del cine animado, pero sin que ello signifique el que llegue a un nivel de calidad semejante a aquella que ahora mismo encabeza la lista, Frozen. No estoy seguro de que la saga de Gru vaya a ser recordada en el futuro, así como convendría enviar al olvido las declaraciones de su creador sobre por qué estos bichos son todos varones (al menos hasta que necesiten algún giro de guión para sacar otra secuela más). Dice el cineasta que son muy estúpidos y les gusta pelearse entre ellos, rasgos típicamente masculinos. El caballerete debería hablar por sí mismo. En todo caso, sus palabras concuerdan con el espíritu de los filmes, con personajes muy planos, muy arquetípicos, y situaciones bastante conservadoras, a pesar de que se pretenda que los protagonistas sean malvados. Es muy fácil eludir responsabilidades propias y justificar un comportamiento estúpido a través de ese carácter varonil que, a fin de cuentas, no deja de ser una construcción cultural, más allá del nivel de testosterona que tenga cada uno. Así es en el mundo de los humanos; en el de los Minions, a saber, ni siquiera queda claro cómo se reproducen, pues aparecen como castrados. Eso sí, la tendencia a travestirse y esa obsesión por las bananas daría pie a interpretaciones muy evidentes. 
El espíritu Minion se apoderó anoche de un reducido, por suerte, grupo de modernos neandertales, de esos que debían pensar que las mujeres se quedaban embarazadas por la mediación de un tótem. O cabría hablar no de minis, sino de ninis, ni cerebro ni vergüenza. El caso es que, tras el oasis de paz de Oviedo, ese piso a veces tan tranquilo que da la impresión de que se va a abrir el vacío y nos va a engullir, aquí al lado hubo una timba de consola hasta entrada la madrugada, con todo tipo de gruñidos semejantes al idioma de esos bichos amarillos, que en realidad es una mezcla de idiomas: inglés, español, italiano, a saber... Entonces me acordé de otra película, del tráiler de Batman vs. Superman, con eso de: Así es como empieza todo... La ira, la rabia, que convierten al bueno... En cruel. Algo así, en todo caso no hizo falta disfrazarse de justiciero. Si yo viviera aquí y eso se repitiera a menudo, todavía. No parece ser otra cosa que una serpiente del agonizante verano, este verano que se resiste a morir con la buena temperatura que estamos disfrutando aquí, pero que siempre deja daños colaterales con estos mini-rodríguez, esta vulgaridad generalizada que siempre se asocia al estío. Por lo que respecta a hoy, si quieren tener la noche más larga sugeriría que se fueran a Astorga.
En todo caso, yo hoy no voy a dedicarme a la tesina. Para evitar dolores de cabeza a mi directora, estoy siguiendo su último consejo y buscando, en el totum revolutum de internet, artículos de expertos (o no) acerca de las obras a analizar. Por mucha cacofonía ambiental, la mente todavía llega a eso. 

miércoles, agosto 26, 2015

Bruxas y herejes por doquier.

Desde mi última escapada a Gijón, tengo a bien informar que la tesina ha seguido tomando forma de manera bastante satisfactoria, a mi juicio, cumplimentando en la medida de lo posible todas y cada una de las correcciones y/o sugerencias que me encontré en el borrador. Una de las razones de su mejora ha sido el incremento de fuentes, a través de librerías, bibliotecas públicas y universitarias (amén de la mía propia y la de otras personas), el consabido recurso de la red, etc. Entre otras sanas costumbres que he ido adquiriendo este año, en los últimos días me he despertado bastante pronto de forma natural, sin sonidos estridentes. Así, el domingo me acerqué hasta el rastro para ver si adquiría alguna ganga que sumar a la bibliografía. Así fue, obteniendo información de forma directa, con un ensayo acerca de enigmas del cristianismo con una sección sobre el Grial, y de forma indirecta con una novela histórica, que quería leer desde hacía tiempo ha, cuya temática está en estrecha relación con varios de los temas de la tesina: Q (corto título para un bonito tocho de libro). 
Entre tanto hereje, también yo haré un auto de fe al decir que, en el presente año, me he dejado llevar por bastantes libros que nada tenían que ver con el doctorado, lo cual tal vez influya en el resultado final de la tesina. Y no aprendo, ahora me he enredado también con Q, que, no obstante, algo sí tiene que ver. Me ha enganchado como lo hizo el año pasado A Song Of Ice and Fire, saga con la que guarda bastantes similitudes. Entre Calibán y la bruja de Federici, La mujer de púrpura de Winterson, Q y otras lecturas, ando perdido entre brujas, herejes, griales y tantos temas que no se si estoy concluyendo una tesina o preparándome para opositar a colaborador de Cuarto Milenio, cuya próxima temporada está por fortuna cerca. 
En todo caso, hoy toca ir a León para ver a familia y amigos de Granada, antes de que enfilen camino al sur. La maquinaria no se para, empero, con nueva remesa en la biblioteca de allí y quizá otras adquisiciones. Cuando vea a mi directora en septiembre, y confío en hacerlo pronto, no podrá pillarme con el cuadernillo de verano sin completar. Aunque los últimos retazos, como es obvio, tendré que remendarlos con ella. Así sea. ¡Comienza la diversión! 

domingo, agosto 16, 2015

¿La semana más improductiva del año?



Eso escuché, la semana con mayor parálisis, en especial, en el sector económico. Bueno, no sería en el del turismo, al menos en Gijón. La noche ovetense, como pudimos comprobar ayer, sí que estaba floja, se habría ido el personal a la Semana Grande o a sus respectivos pueblos . Por lo que a mí respecta, de improductiva nada. He avanzado bibliografía, incluyendo a algunos autores que podrían considerarse incompatibles con el mes de agosto. Para hacer una pausa, esta mañana me desplacé a Gijón y fui hasta la feria de muestras. Entré gratis porque a alguien le sobró una entrada y tuvo a bien ofrecérmela. Un golpe de suerte para un recinto en el que hay que tener mucho cuidado para no fundirse la cartera. La mía no, tan solo un par de paquetes de incienso en la zona árabe. 
Como sea que los muy abundantes lugares de yantar se caracterizaban por la clásica fritanga, con precios previsiblemente al alza aunque no tanto como en algunas clavadas veraniegas que se han hecho notar hace poco, me fui a comer enfrente del paseo marítimo, descubriendo una pizzería que es franquicia pero al menos resultaba más saludable. Además, siempre merece la pena comer observando la mar bravía, muy brava en la jornada de hoy, llegando a mostrarse la bandera roja. Tras otear la ubicación de dos librerías-café a las que pretendo ir en otra visita, puesto que no era necesario agotar todos los cartuchos en la misma jornada, regresé pensando si no me habría dado demasiado el sol en la cabeza, pese a que nunca llegó a asomar del todo a través de las nubes. En todo caso, ha sido un buen fin de semana, nada improductivo ya no solo en el terreno investigador, sino en el social, e incluso en el creativo, que ahora no goza de mucho tiempo para expresarse. Las próximas fiestas, aquí en Oviedo. Veremos entonces, en cosa de un mes, si esos garitos a medio gas van perdiendo su ambiente algo lánguido. 

miércoles, agosto 12, 2015

Vanitas vanitatis.

En el ensayo, magnífico por otra parte, Mujeres, salud y poder, de Carme Valls-Llobet, había un apartado en el que se hablaba, dentro del control que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres, del bien conocido culto al cuerpo que mueve el negocio de la cirugía estética, entre tantos otros. Pero no solo hay mujeres objeto, eso es evidente. Este mes de agosto, como en otros anteriores, se ha celebrado un festival en Barcelona, que mayoritariamente se surte de homosexuales extranjeros (aunque también se ha querido visibilizar a las lesbianas, por no hablar de aquellas y aquellos bisexuales que no se han citado). Siempre me hace gracia porque, en especial quienes asisten, lo pintan como un paraíso pero a mí más bien me resulta un atiborrado hormiguero, lleno de musculosas hormigas, eso sí. Ha salido en casi todos los informativos del fin de semana y me he dedicado a ver si localizaba a algún gordo, algún cuerpo que se saliera de la norma, con poco éxito. Desde luego que no todos los asistentes lucen físicos tan trabajados, pero he llegado a leer alguna noticia falsa y jocosa, acerca de que algún visitante con michelines había sido expulsado por no pegar en la foto. 
Otra de las lecturas para la tesina es la Biblia, y estoy por los libros sapienciales, en los que se dice eso de Vanitas vanitatis. Para qué añadir más. El portavoz del evento, para contrarrestar, alegaba que mucha de esa gente de fuera vive en países donde sería impensable, y peligroso, expresar su identidad y sexualidad de forma tan abierta. Me parece bien, claro, aunque, para franqueza, me quedo con la de una asistente que decía que para ir allí había que prepararse física y económicamente durante un año. Y psicológicamente, imagino, si vas a comprar unos calzoncillos por setenta pavos. Conste que yo también voy al gimnasio y he perdido calorías a mansalva, pero no me plantearía asistir a algo así. No es lo mío. La vanidad puede servir para conocer gente, pero, en muchas ocasiones, no deja de ser una ilusión sin mucho porvenir. Y todo vanidad. 

domingo, agosto 09, 2015

Interludio.

Hace un año, el mes de agosto se caracterizó, en primer lugar, por la aparición y rápida desaparición de una verdadera serpiente de verano, una de esas personas que surgen en tu vida y se evaporan tan rápido como los fuegos artificiales que suelo ver desde el salón del piso de Oviedo, arrojados desde los pueblos del monte cercanos; en segundo lugar, por una excursión al propio monte, mal planificada y, por ende, mal ejecutada. Esos momentos de ociosidad ya pasaron, ahora no me plantearía siquiera subir para ver al Cristo, ese detalle brasileiro que vigila la ciudad desde las alturas, y esos dos factores del pasado ya no tienen importancia para mí, como no sea para contemplarlos desde el prisma de la experiencia. 
En los próximas días, tal vez, sí me plantee una nueva visita a Gijón, durante sus fiestas. Vaya gracia de fiestas, por cierto, que han logrado que tenga que pagar por el billete de tren el precio más elevado que recuerdo. ¡Que vuelva el otoño! Mi bolsillo lo agradecerá. Al margen de que asome el hocico o no por allí, mis verdaderos días de interludio son estos, rescatando la cazadora otoñal para las noches de agosto en León. ¡Un clásico! Los sofocos para dormir después de medianoche los dejamos para otros lares menos afortunados, al menos en cuanto al clima. No voy a alargar esta entrada porque este mes, en sí, no puede ser demasiado prolífico. Tras los dimes y diretes de burrocracia a comienzos del otoño pasado, creo que el próximo curso va a comenzar con menos obstáculos y de un modo bastante más enérgico. Sirvan estos días para refrescar, y mucho, las ideas y aprender  las lecciones que están ahí desde hace tiempo, si tan solo nos molestamos en considerarlas. 

domingo, agosto 02, 2015

Unas bollos de cuidado.



Ya conocía esta serie de tiras cómicas, que se inició en 1983, por parte de Alison Bechdel, cuyo nombre tal vez sea más popular por el llamado Test Bechdel, respecto a la presencia de papeles femeninos en las películas, que está extraído de sus historias. Encontré dos entregas de la saga, a precio de saldo, aquí en Oviedo, y no dudé en adquirirlas porque, con su alto componente autobiográfico, bien se avenían tanto con mi TFM, basado también en un cómic, como con la tesina que estoy redactando, con su autobiografía en sí de Jeanette Winterson. 
Estas longevas tiras tienen algo de comedia de situación, además de ir reflejando, y criticando, el entorno sociocultural en el que se desarrollan, en especial el de los Estados Unidos y, por otra parte, dar cuenta de hitos de la cultura popular como Harry Potter, Pokemon, etc. Me sorprendió gratamente que pudiera verme identificado, con respecto a mi estado actual, en algún personaje. Sobre todo en el de Ginger, cuando todavía está terminando su tesis doctoral, tras diez años dedicada a ello. Yo no tengo previsto un plazo tan largo, claro está. También se critica al academicismo universitario, en el personaje de Sydney, una profesora de Estudios de Género que suele soltar una cháchara posmoderna, bastante incomprensible, del estilo de Butler u otras figuras teóricas. Crítica y auto-crítica, también, respecto al modo de vida de las lesbianas, muy diverso en cada caso. También aparece algún personaje bisexual por ahí, ahora que acabo de comenzar la segunda de las entregas que dispongo.
Una lectura muy agradable, aunque se acaba rápido, por desgracia. Espero encontrar algún volumen más en tiendas especializadas, porque pocas librerías tienen productos de este tipo, salvo que sean librerías de tipo independiente como la que vertebra las historias de esta ficción. 

viernes, julio 31, 2015

La era de la dispersión.

Anoche, fundidos ya los plomos tras retomar con fuerza la tesina (al menos en cantidad de páginas), vi una película llamada Unfriended. Como semejante adjetivo no existe en español, optaron por algo menos original pero más expeditivo respecto al carácter del filme: Eliminado. Estas películas de Blumhouse la han convertido en una especie de Todo a 100 del género de terror, muy rentable y que a veces funciona mejor que otras, pero en este caso es el colmo de lo paupérrimo.Varios escenarios simultáneos, aunque un único plano, el de la pantalla de ordenador en que se desarrolla toda la trama. Lejos de resultar aburrido por ello, la estética de acumulación de ventanas y más ventanas llega a abrumar en algún momento, pese a su duración de una hora y cuarto. Ninguno de los protagonistas es un dechado de inteligencia pero, al haber mamado la informática desde su tierna infancia, se mueven a velocidad de vértigo en este pandemonio de mensajes entrecruzados, charlas paralelas, reacciones a tiempo real y recursos casi infinitos que, sin embargo, no les sirven para luchar contra lo sobrenatural. ¿No podrían haber visitado la web de algún buen exorcista?
De exorcismos hablé en el capítulo que estoy preparando esta semana para la tesina. Sí, no me lo invento, viene en las obras como tal. Hasta ahora lo cierto es que no he sacado mucho provecho a la red para preparar mi trabajo. Y no hablo solo de la whiskypedia (el actual decano de mi facultad dixit), sino del importante número de artículos sobre mi autora que deben andar colgados por los mundos de Google y demás. Así me lo recordó mi directora, y no es algo que no haya previsto. Es un recurso fácil pero, ironías de la vida, del que aún no me había aprovechado. Tendré que hacerlo el mes que viene. Resulta fácil dispersarse con una cantidad tan ingente de material que puede ser transformado dentro de mi proyecto. Sin usarlo aún, de hecho, ya me resulta complicado no dispersarme cuando me pongo a escribir y tengo varias ventanas más abiertas a la vez. En fin, tal y como he leído en ensayos y artículos, es lo normal de esta era, la era de la dispersión. ¿Acaso no es esta entrada una dispersión de mi trabajo? Pero, si ayer hice cuatro folios, y hoy solo me falta uno para llegar a los cinco previstos, resulta una dispersión que, en cierto modo, me puedo permitir. Para eso sirven las matemáticas, y para eso sirve no ser caótico, tal y como dice mi directora (cuando vea de qué modo me pongo a recopilar bibliografía, tal vez se lo piense dos veces antes de volver a decir que no lo soy). 

Feliz final de mes, y cuidado con la dispersión quienes se ocupen del volante. A disfrutar del buen tiempo, aunque aquí se toman muy en serio eso de que en agosto, frío al rostro. 

miércoles, julio 29, 2015

El pseudo-fin del verano.

Me he metido en el túnel del tiempo. Del tiempo atmosférico, me refiero. En una semana, he perdido veinte grados. Del calor veraniego de Madrid, a las lluvias (¡ya tardaban!) de Oviedo, con temperatura otoñal. Prefiero esto, francamente. Al menos así puedo estar escribiendo aquí, no con una mano sujeta al abanico. ¿Que debería estar escribiendo la tesina? Ya lo creo, no os chivéis. Esta mañana he tenido la tutoría fin de curso, por así decirlo, en una cafetería anexa al campus por tratarse de una fecha significativa. La última antes del agosto vacacional. Bueno, al menos el agosto que es tenido por vacacional. Por lo que a mí respecta, me siento como un repetidor de septiembre, pero sin nada que recuperar. Con los exámenes de septiembre, eso sí, la cosa era más sencilla: chapar y punto. Con estos trabajos de investigación, bueno, la materia resulta un poco más subjetiva, y hay algo en lo que todavía ando cojo: los métodos de investigación bibliográfica. Normal. Durante el máster, obvié la asignatura de Iniciación a la Investigación. En el doctorado, ni me enteré de que existía un curso de formación análogo. Suerte que no hemos llegado muy tarde al entrenamiento. Ya me dieron el aviso con el trabajo de TF, pero supe enmendar la jugada.
La escritura científica, si es que algo así existe, me tendrá ocupado el próximo mes pero, por ello, es posible que vuelva por aquí a menudo para practicar un poco de escritura no científica. Digamos adiós al verano. Mi piel ya tomó demasiado el sol, y el resto de vitaminas solares se pueden compensar con zanahorias y otro tipo de alimentación sana, mantenida en una economía de guerra. ¡Sí, esto es la guerra! Por fortuna, no he perdido aún ninguna batalla. Defendamos el honor también en la de septiembre. Autumn is coming.

domingo, julio 26, 2015

Un oasis de diluvio.


Ya estoy de vuelta en el oasis de Winterfell. Cada vez más despoblado, tanto en León como en Oviedo, tal vez la cosa cambie cuando el cambio climático arrecie con más fuerza, todavía, y comience un exilio hacia el norte. Tuve la suerte de que esta semana no ha apretado tan fuerte como en las anteriores, incluso ha habido algunos interludios de tormenta. No el martes, en Lavapiés, donde pudimos disfrutar de terraza en aquel entorno de creciente bollerismo, por así decirlo, y por tanto muy en consonancia con mi proyecto de doctorado. El miércoles, en cambio, sí que me vi sorprendido por un inesperado chaparrón que limpió el patio, supongo que única manera de que se callen quienes suelen posicionarse allí para protagonizar escenas a lo José Luis Moreno, con sus ocasionales brotes de histeria que, sin embargo, todavía no les han provocado un infarto en estos últimos años. Viendo lo cual, salí preparado de casa, con gorra a la vez que paraguas y, desde el tradicional chino donde comía con el amigo Hall, comenzó el aguacero una vez más. No me mojé, pero las deportivas con agujero en la puntera ya no daban más de sí. Suerte que por el centro hay innumerables tiendas donde adquirir alguna ganga de emergencia. 
Lo peor, como imaginaba, han sido las noches. He conseguido dormir, pero despertarse pegajoso con sudor no resultaba agradable. Al menos en León las mínimas son realmente mínimas. A pesar de que julio no es el mejor mes para concertar citas en la capital, y a pesar de que me han quedado visitas pendientes por ello, desconozco cuándo podré regresar. La tesina me aguarda. Y, en tanto que siga avanzando con ella, ya se dónde tengo la playa, mientras se pueda seguir yendo allí. Las cosas como son, tengo ganas de darle caña a este proyecto, no requerido en el plan académico pero, a mi juicio y al de mi directora, muy necesario. La inyección motivadora de la última comisión de seguimiento aún no ha perdido sus efectos, así que manos a la obra y al teclado. 



lunes, julio 20, 2015

¡Al rico calor!


Después de este, a ratos, tenebroso viaje en la nave del misterio, que ya está en el taller de cara al próximo septiembre, qué mejor que ofrecer otra faceta más luminosa de la ciudad de Gijón, ni tan luminosa... El pasado lunes disfruté de un par de días de playa junto a mi amigo Alejandro, que me ofreció su hospitalidad allí. Una suerte, porque, de lo contrario, la única opción de ir de sidras y luego regresar a Oviedo hubiera sido tomar el búho. Al estilo madrileño, a donde me las piro esta tarde. Hubo de todo. Playa, Semana Negra, vinos y, lógicamente, sidra. 


No compré libros allí, pero esta semana adquirí tres en la tienda de Cáritas por el ridículo precio de dos euros y medio. Buenos libros, algunos de los cuales ya había leído y, curiosamente, uno de ellos era nada menos que Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell. Parece que no solo no les importaba tener un libro así, sino que además me acercaron una escalera para que pudiera llegar a él sin partirme la crisma. Un gesto caritativo, sin duda. Volviendo a Gijón, nos bastó una jornada para que pudiera descubrir algunos sitios allí, como la ruta de vinos, también ir a otros no tan nuevos (la Competencia, una especie de club de expatriados). Concluimos la salida en la plaza de la Corrada, escanciando o al menos intentándolo. Era el lugar con mejor ambiente para ser un lunes por la noche. 




Sí, hoy toca Madrid. No es masoquismo, ya estuve en julio del año pasado, por no hablar de aquel verano en el que tenía que ir con traje y no por ello me derretí. En la tele llegaron a asustar diciendo que se alcanzarían los 42 grados, ahora el móvil me dice que unos 36, lo normal para estas fechas. Sea lo que tenga que ser, que yo iré bien preparado para el asunto. Lo importante es que aquí, en este cuarto, la temperatura en agosto no creo que suba de 30, lo justo para hacer la tesina. A pesar de estos grandes ventanales, una gran ventaja para la luminosidad natural y un ligero inconveniente a la hora de absorber los rayos del astro solar. 

jueves, julio 16, 2015

Expo Cuarto Milenio (y IV).


Finaliza aquí esta panorámica mostrando, en primer lugar, vestigios del pasado, si bien en algunas partes del globo qué duda cabe de que todavía forman parte de su cultura. Desde nuestras divinidades ibéricas hasta los trajes de chamán de diversas épocas y pueblos. También el chamán-lobo, referencia a uno de los últimos programas de esta temporada y que, por tanto, dudo que llegara a tiempo para la exposición de Madrid. 







La visita concluye, valga la redundancia, con el espacio dedicado a Los visitantes, una sección que desconozco si se mantendrá para la próxima temporada, pero en todo caso parece haber gozado de una notable aceptación. 










Ninguno de ellos demasiado agraciado, cabe decir, pero dejo para el final esta especie de duende maligno, cuya faz me pareció la encarnación de la maldad, tal vez por su semejanza con los diablos clásicos. Por eso hice una foto en primer plano y se la envié a la cuenta de Twitter del programa, por hacer la gracia, no es que sea yo un seguido asiduo de la misma ni mucho menos activo participante de la red social. Parece que gustó. Su creador, el maestro Juan Villa, la puso de favorita, aunque no faltó quien se fue por los cerros de Úbeda contándome películas que poco tenían que ver con mi intención al poner en común esta foto. Así es la procelosa galaxia, en este caso cibernética, en la cual por fortuna no suelo navegar, quizá porque todavía no tengo una gran necesidad de hacerme autobombo. 




¡Esto es todo! Mereció la pena ir, sin duda. El precio algo carillo, al nivel de una exposición sueca, pero, si lo dividimos entre el número de años que llevo siguiendo el programa, no es para tanto. Tras la elevación de ego que supuso asistir a la comisión de seguimiento académico de ayer, supongo que puedo permitirme uno de los escasos caprichos del verano. El mundo del misterio regresará en septiembre. Hasta entonces, lo que no es misterio es que tendré que darle duro a la tesina, como en los viejos tiempos de la carrera cuando no quedaba otra que chapar en agosto. En fin, al menos el agosto asturiano es soportable. 

martes, julio 14, 2015

Expo Cuarto Milenio (III).


Acabo de volver, una vez más, de Gijón, esta vez de un viaje básicamente de playa, noche y algo de Semana Negra. No tengo mucho tiempo para escribir porque debo ensayar la defensa ante la comisión académica de mañana (con la tranquilidad de que son solo cinco minutos y que, probablemente, no me vendrán con chorradas similares a las del curso de Comunicación Oral). Hoy vamos a entrar en terrenos oscuros y, a la vez, clásicos. Muñecos embrujados y demonios como el mítico Pazuzu, del filme El exorcista



Aquí un supuesto vampiro, enterrado con un pedrusco en la boca para que, si se levanta, no pueda usar sus colmillos para ganar adeptos a la causa...


El sector muñecos malignos ha revolucionado a los fans del programa, que les dejaban notitas de post-it y todo. Yo no llegué a tanto. Me quedo con la verdadera Anabelle, mucho más siniestra en su simplicidad que la que protagonizaba aquel horripilante (por malo) spin-off de The Conjuring





Aquí, un pobre condenado a los tormentos de la Inquisición. 


La diosa Lilith, a la que ya hice referencia por el ensayo que adquirí hace poco. 



Llegamos aquí a la galería de clásicos básicos, por así decirlo. La gárgola de Notre Dame, por ejemplo. 



Repóker de ases para concluir: el Yeti, el Hombre Elefante, Mothman, Nosferatu y el alien prototípico, tan solo un adelanto de los que mostraré en la entrega final, con los visitantes... Ahora abandonaré estos terrenos para volver a la razón real por la que estoy aquí. Mientras me quito las últimas arenillas de la playa, iré ensayando mi intervención, que está programada como la última del día (por razones que desconozco, pero espero que no sean malas). 







domingo, julio 12, 2015

Expo Cuarto Milenio (II).

Escribo esta segunda parte de mi visita coincidiendo con el fin de la décima temporada del programa esta noche. Se dice pronto, parece que fue ayer cuando empezamos a seguirlo allá en la pequeña tele del pasaje de Montesa. Tal y como dije, llega el bestiario, en todas sus inquietantes vertientes: bíblico, mítico, antediluviano, post-apocalíptico... Era la segunda sala de la exposición y puedo dar constancia de que los bichos tienen mucho tirón. A algunos solo los capté en un primer plano de sus horribles jetos, como fuera que no tenía espacio para maniobrar mejor. 

Por ejemplo, el de este behemoth, pavorosa bestia del libro de Job. También salía, por cierto, en el Heroes of Might and Magic, era de mis favoritos repartiendo estopa. Del leviatán no tengo imagen, quizá estaba demasiado solicitado. No me molesté en leer todas y cada una de las descripciones adjuntas, debo reconocerlo, así que del monstruo de abajo solo puedo decir que es un cerdo colmilludo, sin resonancias míticas. 



Arriba, el basilisco, si no recuerdo mal de la exposición ni tampoco del programa en el que apareció este segmento. Abajo, para quienes no soporten los insectos, unos descomunales antecesores de hace millones de años. 


La mantícora, otro clásico. 


Sobrevivirán al hombre. Ese es el inquietante rótulo de una serie de mutaciones tan espantosas que, en fin, al menos ya no estaremos para contemplarlas. Esto se podría conectar con el programa del pasado domingo, al hablar de la gran extinción puesta en marcha por nuestras acciones, que nos conducirán al abismo más pronto que tarde (si no hay solución de última hora). Ya lo creo, solo hay que ver cómo los veranos cada vez son más largos y calurosos (con afortunadas excepciones como la que disfruto aquí en Asturias). 




Terminemos el recorrido con este ejemplar de sirena, muy lejano de la estatua de Copenhague y variantes, más cerca de las amenazadoras bestias de la Odisea que, sin embargo, no tenían cola de pez. No incluyo en este bestiario el ataque de las palomas hambrientas, aunque fuera más real que cualquiera de estas esculturas. En la próxima entrega, el lado más demoníaco del programa, una apuesta segura.