Vale que la última vez vine con una serie de buenas noticias. Pero, claro, en el doctorado sigue habiendo, y los habrá, despropósitos. El último viene de muy, muy lejos. No tanto, concedo. Desde octubre, pero, con lo intenso que ha sido el curso, ya pueden haber pasado varios eones. Yo ya imaginaba que habría terminado el plazo para la estancia internacional, pero no que pillara tan atrás. Las becas erasmus para los convenios finalizaron sobre los últimos días de octubre. A mediados de aquel mes, cuando yo había defendido la tesina, sin duda que vería la convocatoria por internet, pero no quise o no supe interpretarla. Estaba muy motivado por terminar la tesina, y me distraje, de forma más o menos voluntaria, con la cercanía de mi cumpleaños, con la decoración de calabazas y las temporadas nuevas y viejas de American Horror Story. Podría intentarlo para un cuarto curso, si no fuera por el hecho de que no quiero que dicho curso exista (de hecho, me lo tendrían que conceder).
La estancia internacional no es obligatoria, en ningún caso, pero sí enfáticamente recomendada. Así, yo pondré el énfasis en lo que considero básico: hacer una buena tesis, sin atender a comparaciones y obviando que el 85 por ciento o 90 de tesis se diga que acaban en cum laude. En todo caso, 300 ñapas en Inglaterra tampoco hubieran dado para mucho. Queda esperar a ver qué opina el comité de seguimiento acerca de mi pequeño lapsus. Conste que, ya de no haberlo hecho en la carrera, sí quería haberme agenciado el erasmus en el doctorado. ¡Será que está maldito!
No todo es negativo, eso sí. En vez de preocuparme por las eventualidades de una estancia fuera, podré centrarme en lo que tengo entre manos. En este mundo globalizado, ya no es tan necesario irse fuera para disponer de gran parte de las fuentes requeridas para la investigación. Una vez concluida esta, desde luego que el desplazamiento estaría mucho más justificado por motivos laborales, tal y como llevo sosteniendo aquí desde que decidí convertirme en doctorando. No ha sido el único error del curso, ni el más grave. En mis manos está compensarlo.
martes, mayo 31, 2016
domingo, mayo 29, 2016
El renacido.
Entre finales de abril y finales de mayo, el curso ha renacido, y yo con él: Research Matters, retomar el contacto con mi directora, el congreso, inicio de la tesis, calendario... No solo eso. Desde un punto de vista más personal, también ha habido motivos alentadores para mí: tensiones resueltas, reencuentros, próximos retornos, tiempos recobrados, lugares recobrados... En verdad que la primavera, finalmente, sí está haciendo honor a su nombre y está dando lugar a un renacer en ciertos campos. Tal y como la increíble chupa de agua que está cayendo mientras escribo, la lluvia se llevará los sentimientos negativos para dar paso a una nueva etapa que, en cierto modo, ya ha comenzado. Hoy no hay nada más que decir. Solo, en consecuencia con el inicio de esta semana, terminarla del mismo modo: manos a la obra.
jueves, mayo 26, 2016
Show Must Go On.
Una de las enseñanzas que se pueden sacar de este congreso (ha habido varias), y no necesariamente zen, es que un inicial despropósito es susceptible de tornarse en todo un acierto si se sabe manejar bien. De la cara de pasmo que se me quedó cuando dijeron que me habían incluido en un panel en inglés (aunque jamás me obligaron a exponer en este idioma), al resultado óptimo del lunes. En realidad, también hubo paneles mixtos. Ayer se produjo una graciosa situación, lost in translation, de una compañera que dio su ponencia en inglés, luego otra ponente argentina lo hizo en español y, en el turno de preguntas, esta preguntó a la primera en español y la otra contestó en inglés. ¡Menudo guirigay!
Exponer en este idioma era un reto que, antes o después, tenía que plantearme.Hubo varias personas que me felicitaron por considerarlo, de hecho, un reto, me dieron la enhorabuena por mi valentía, entre ellas mi directora, cual si hubiese ascendido al Aconcagua.
No era para tanto, pero, veamos. El contenido en sí, que era lo importante, lo llevaba bien estructurado y documentado. El power-point no me valió para nada porque el ratón petó. Gajes de la primera vez. Lo relevante fue que, pese a ser en un idioma no nativo, lo llevaba bien ensayado. No me pusieron atril (eso llegó luego) así que, en contra de mis deseos, lo hice sentado y, al menos, grabé el audio en el iPad. Recibí preguntas, a diferencia de en otras jornadas, y en estas ya lo pasé peor por no tenerlas previstas, pero, con cierto entusiasmo y las ideas claras acerca de lo que quería responder, salí airoso. La gran mayoría de las personas en este programa de doctorado son de Filología Inglesa, y creo que supieron disculparme al tratarse de alguien de Hispánica. Al basarse en la obra de la británica Jeanette Winterson, creo que tenía mucho más sentido hacerlo en su propio idioma.
Por lo que respecta al resto del congreso, y pese a que no asistí de forma íntegra, me resultó muy satisfactorio. Entre lo que no me perdí estuvo la entrevista a la artista irlandesa Amanda Coogan, cuya performance en el Niemeyer no vi porque estaba en León. Ayer, ponencias sobre una serie web de tipo lésbico canadiense, y sobre transexualidad (bueno, mejor dicho sobre drag queens). La guinda, inesperada y por ello me supo mejor, fue el recital poético de una joven creadora que tiene un poemario asimismo de sensibilidad lésbica, que espero leer pronto y posiblemente aprovechar. Lástima que no pudiera hacerle una pregunta, porque tenía que irme a currar. Por lo que respecta a otras preguntas, que debería haber planteado en inglés, no las supe estructurar bien y, por ello, me reafirmo en el error de no haberme apuntado al tándem o algún tipo de clases de conversación o intercambio.Nada que no se pueda arreglar el curso que viene. Todo fue tan british que incluso el avituallamiento vino en forma de té y pastitas... Bueno, imagino que tampoco iban a poner bollus preñaos. En suma, estoy contento y este fin de semana voy a comenzar la tesis en sí, aprovechando en buena parte material de la tesina y otros trabajos. El show solo acaba de empezar...
martes, mayo 17, 2016
Martes del Bollo.
¡Martes del Bollo! En verdad que algunas coincidencias parecen diseñadas por alguna malévola entidad que dirija nuestros azares. Martes de Campo o Martes del Bollo, o Fiesta de la Balesquida, tales denominaciones recibe la fiesta que se celebra hoy en Oviedo. En contra de lo que pensaba en un primer instante, no es una celebración en loor a la gula, sino que se remite al siglo XIII. Pero no voy a soltar el rollo histórico. Digamos que lo tradicional es salir a alguno de los espacios verdes de la ciudad para degustar el clásico bollu preñau con vino o sidra.
Como sea que tengo congreso el lunes, opté por apagar la fame en casa. No se de qué añada sería el vino, pero por un tiempo me permitió continuar con la ponencia. Si hablaba de coincidencias fue porque hoy también se celebra el Día contra la LGTB (y más) fobia. ¿Más bollos? Sí, desde luego, los que reflejo en el escrito que estoy preparando para el evento. Bollería elevada al cubo. Había una concentración delante del teatro Campoamor. Un puñado de gente, sobre el mismo número o quizá algo inferior que la última vez que dicho acto se celebró en León; con todo, personas concienciadas y, además, el día me estaba reservando otra sorpresa: un festival de cine LGTBIQ en Avilés, en el centro Neimeyer. Complementado, eso sí, con algunas charlas sobre la materia que serán impartidas por profesoras de mi programa. Mi directora está entre ellas y me encantaría ir a verla. Así que es posible que se avecine excursión, sin descartar pasarme a ver alguna de las pelis que exhibirán.
En definitiva, puedo decir que, aunque al principio me resultaba extraño este día festivo a destiempo, y pensé que tal vez me estorbaría en la preparación de mi ponencia, finalmente ha sido una jornada bastante bien aprovechada, andariega, que me ha abierto nuevas posibilidades y me ha hecho un poco más ovetense de adopción, regresando a muchos lugares de memoria reciente. Los espacios, tal y como escribí en mi ponencia, no suelen ser neutrales. Están cargados. Yo ya deambulo por lugares cargados en Oviedo, algunos de ellos me producen gran emotividad por pertenecer a la cartografía de mis memorias y sentimientos. Así, al menos, veo esta ciudad menos extraña. La hago un poco más mía. Como dice Jeanette Winterson en una entrevista que menciono en mi ponencia, las ciudades son entes vivos. No se si el curso que viene seguiré aquí o no, imagino que sí. En todo caso, no podré decir que no he almacenado ciertos momentos para el recuerdo, algunos de los cuales habéis podido ver reflejados aquí.
domingo, mayo 15, 2016
El cabaret de los horrores (y errores).
Sí, este mes va a ser parco en entradas. No queda otra. La preparación para el congreso de Oviedo me está resultando un cúmulo de despropósitos. No es solo que, a diferencia de otros congresos, no me respondieran para confirmarme si aceptaban mi ponencia o no, con lo cual me enteré tarde y con escaso tiempo para la preparación; además, el mero formalismo de que les enviara el abstract en versión bilingüe, español-inglés, les hizo deducir que yo iba a exponerlo en esta última lengua, y me han colocado en un panel en dicho idioma. ¡Y vaya panel! El primero, el que romperá el hielo el lunes a las diez.
Me daban la opción de hacerlo en español, pero quedaría bastante cutre. Puede que en inglés también sea cutre, pero mi pronunciación no será peor que algunas de las que he escuchado en el programa de Género y Diversidad, ya sea máster o doctorado. Huelga decir que lo llevaré ensayado al dedillo, más o menos como la canción de Say yay!, o como se diga, de Eurovisión. Si fracaso, mi fracaso siempre será menor que el eurovisivo. Y me trae sin cuidado, porque yo solo quiero el certificado para mi colección de cromos doctorales. Lo peor que me podría pasar es que alguien me haga una pregunta y no la entienda. Si es así, puedo fingir que debo visitar el baño con urgencia. Quizá ni siquiera sea fingir.
Por lo que respecta a este fin de semana, tuve dudas sobre en qué lugar debía quedarme para crear un clima de concentración. He conseguido pergeñar un primer borrador y, en todo caso, el momento clave en su preparación será la semana que viene. Nada mejor que una absurda fiesta como la del martes, con la excusa de ir a comer bollus preñaus al campo, para interrumpir mi recolección de fuentes para la ponencia. Aunque, claro, en veinte minutos... ¿Cuántas fuentes pueden salir a flote? Pocas. Confío en que lo haga medianamente bien, pero tampoco me preocupa mucho. Lo importante es la tesis, no los créditos acoplados a la misma. Ya que el congreso trata sobre los espacios, si quiero hacer la defensa lo antes posible tendré que remodelar mis propios espacios de trabajo. Ya no vale solo con el cuarto propio a lo Virginia Woolf.
Me daban la opción de hacerlo en español, pero quedaría bastante cutre. Puede que en inglés también sea cutre, pero mi pronunciación no será peor que algunas de las que he escuchado en el programa de Género y Diversidad, ya sea máster o doctorado. Huelga decir que lo llevaré ensayado al dedillo, más o menos como la canción de Say yay!, o como se diga, de Eurovisión. Si fracaso, mi fracaso siempre será menor que el eurovisivo. Y me trae sin cuidado, porque yo solo quiero el certificado para mi colección de cromos doctorales. Lo peor que me podría pasar es que alguien me haga una pregunta y no la entienda. Si es así, puedo fingir que debo visitar el baño con urgencia. Quizá ni siquiera sea fingir.
Por lo que respecta a este fin de semana, tuve dudas sobre en qué lugar debía quedarme para crear un clima de concentración. He conseguido pergeñar un primer borrador y, en todo caso, el momento clave en su preparación será la semana que viene. Nada mejor que una absurda fiesta como la del martes, con la excusa de ir a comer bollus preñaus al campo, para interrumpir mi recolección de fuentes para la ponencia. Aunque, claro, en veinte minutos... ¿Cuántas fuentes pueden salir a flote? Pocas. Confío en que lo haga medianamente bien, pero tampoco me preocupa mucho. Lo importante es la tesis, no los créditos acoplados a la misma. Ya que el congreso trata sobre los espacios, si quiero hacer la defensa lo antes posible tendré que remodelar mis propios espacios de trabajo. Ya no vale solo con el cuarto propio a lo Virginia Woolf.
domingo, mayo 08, 2016
Regreso al paraíso.
Hay que asumirlo: mi anterior visita a Ponferrada me pareció perfecta, pero la perfección siempre puede mejorar. Lo he conseguido este fin de semana. En marzo, mi estancia allí se vio empañada por ser el preámbulo de malas noticias. No sucedió así en estos últimos días. Además, ha llegado en el momento oportuno, antes de que comience la preparación de una ponencia para el día 23, cuyo resumen ya he estado redactando antes de regresar al blog. El congreso, llamado Urban Encounters o algo similar, se celebrará en Oviedo y, aunque había mandado ya el consabido abstract, reconozco que se me había olvidado. En especial, porque nadie me confirmó que mi colaboración hubiera sido aceptada, hasta hace algunos días. No importa. Este sí que voy a hacerlo, sea bien o regular, a menos que una nueva catástrofe particular o colectiva se ponga en medio.
En mi ponencia hablaré del contraste entre espacio urbano y espacio rural. De nuevo, dicho contraste existió en nuestra ruta berciana. Viernes noche, tapeo por el casco viejo ponferradino, no hasta muy tarde para que el sábado por la mañana se pudiera hacer una breve, si bien intensa, excursión a la naturaleza. Nos desplazamos al cercano pueblo de Molinaseca que, además de ser bonito, no puede estar mejor pertrechado para los peregrinos que continuamente están pasando por allí, tal y como pudimos comprobar. Desde allí parte una ruta, algo referente a Las puentes de Malpaso, aunque al final no hice foto del cartel y no puedo comprobarlo.
Sea como fuere, no caminamos demasiado ya que amenazaba lluvia, que no llegó (bastante de eso ya hay ahora mismo aquí en León). Eso sí, la exuberancia vegetal de ese paseo nos transmitió una agradable sensación de serenidad e infundió ánimos para las respectivas responsabilidades que teníamos que seguir desarrollando el fin de semana. Valga el ejemplo de este imponente castaño, no se si centenario o incluso milenario, que da fe de nuestra propia pequeñez como especie, frente al crecimiento continuo y, a priori, inmutable, si causas externas no lo impiden, de estos colosos testigos del paso de los tiempos.
Sería un buen momento para aferrarse al estoicismo y comprobar la insignificancia de nuestro paso por esta tierra, y cuán quebradizo es. No obstante, dado que la noche anterior pasamos por un bar de ambiente mejicano con divertidas y coloristas alusiones a la muerte, mejor será olvidar ese tono fúnebre y celebrar el aquí y ahora, en consonancia con el libro de temática oriental que acabo de terminar hace poco. Si algo me ha enseñado este fin de semana, y lecciones ha habido varias, es que merece la pena esperar, siempre que sea posible. La retribución, que no venganza, termina llegando y se planta como un faro en medio del océano, como una flecha de peregrinaje indicando el regreso a ese paraíso que nunca llegué a perder del todo. La prima vera, en fin, ofrece sus frutos y yo no voy a desaprovecharlos para producir los míos propios.
sábado, abril 30, 2016
Research Matters II.
Finaliza un mes que preferiría olvidar, que preferiría enviar a un agujero negro cósmico; sin embargo, lo terminaré con una nota positiva: ya me he ventilado cien créditos de actividades obligatorias del doctorado. Sesenta de la formación transversal ( y ni uno más, porque no pienso regresar a las jornadas doctorales) y cuarenta de las propias jornadas de nuestro programa, las Research Matters. En estas sí que no me importaría repetir, para ir calibrando la evolución de mi proyecto, así como los de mis compañeras y compañeros. El mío fue defendido el pasado jueves, en la primera mesa de las sesiones, que curiosamente fue la única exclusivamente masculina. Que no se diga, yo la verdad es que ya he aprendido a ver cómo muchos de los tópicos que asociaba con este doctorado, de forma directa e indirecta, se van dinamitando. ¿No es mejor así? Nadie dijo que esto fuera a ser un aburrido y previsible camino trillado.
Quise buscar un equilibrio, el mayor equilibrio posible en los cinco minutos de que disponía, entre las preguntas que debía responder y cierto tono personal. Creo que lo conseguí, al menos a la coordinadora del programa le gustó y, si a ella le parece bien, pues entonces ya puedo estar contento. La próxima embestida será a mediados de julio con la comisión de seguimiento. No me produce especial inquietud. Al margen de algunos errores propios y de problemas que yo no he podido controlar, el ritmo del doctorado no va tan flojeras. Hay una clase de incertidumbre que me molesta, y que no debí soportar ni en la carrera ni en el máster. Allí hacías el examen: aprobado o suspenso; entregabas el trabajo, muy mal tenía que estar para que suspendieras. Ahora, dependo del capricho de terceras personas a las que ni siquiera conozco. A la hora de enviar un proyecto de artículo o de comunicación, al margen de su calidad intrínseca, corres el riesgo de quedar fuera si no encaja demasiado con lo que buscan, o por otros motivos. Eso me pasó el propio jueves, después de las jornadas. Me respondieron de una revista queer que, por muy queer que fuera, había rechazado mi propuesta por el gran número de competidoras y porque no concordaba del todo con lo que buscaban. Eso sí, las gallinas que entran por las que salen. Coincidí con Alejandro, compañero y organizador del simposio de Santander, ese al que no asistí por tener el cerebro licuado aquellos días. La ponencia que no di se convertirá en un artículo para el boletín de la asociación, así que no todo ha sido esfuerzo baldío. La semana que viene deben contestarme de un congreso en Oxford. Dudo mucho que la respuesta vaya a ser positiva, aunque cosas más raras he visto.
En suma, estos tributos bolonios de congresos y artículos es que lo debo pagar, aparte de redactar la tesis en sí. Coincidí, brevemente, con mi directora y la tutoría ya está más cerca. Ella también tiene problemas en su entorno, pero cree que estos baches son algo muy natural dentro de un proyecto a gran escala como el presente. Ella alberga bastante más experiencia que yo a ese respecto, por lo que la motivación está lejos de agotarse. El martes es el examen de Francés. El profesor nos dijo, al petit comité de fieles a su clase, que con lo puesto ya podríamos aprobarlo. Imagino que sí, de todos modos repasaré durante este puente para hacerlo dignamente. Sin aspirar a la, ejem, excelencia. No es el momento. Yo solo quería bautizarme en el idioma, lo he hecho con creces. Que el florido mayo nos rescate de esta, la hora más oscura.
miércoles, abril 27, 2016
Nostalgia digital.
¡Agárrense las carteras! Hoy (al margen de que mañana tenga las jornadas doctorales) tocó excursión al rebautizado como Intu Asturias. No para mí, al menos no solo para mí, el caso es que quería comprar una colección de fotocromos de Martín, en exclusiva para la Fnac, que irán a engrosar el extenso fondo martiniano de mi hermano. No me he perdido por el Ikea esta vez, o San Ikea, según algún chascarrillo sobre la gente de León que aprovechó el día 23 para ir allí. Fui a tiro fijo a la cafetería para tomar un auténtico, por más que congelado, rollo de canela. Celebré así que he perdido todo el peso que gané en Santander (etc.) y me puedo permitir ese piscolabis.
Pasé luego a la Fnac, con la suerte de obtener la colección entera de ocho carteles que homenajean los que solía haber en los cines, ahora ya en bastante desuso. No siempre que voy allí termino saliendo con libros, pero en este caso salí con dos, compra bastante justificada. No me tentó el consumismo, pero reconozco que me picó el gusanillo al pasar por una sección que no es de las que más visito... La de juegos de ordenador y consola. Como motivo nostálgico, ahora ha salido el Heroes VII. Yo me quedé en el IV... No lo compré, no tengo pensado hacerlo y tampoco se si funcionaría en este portátil, por mucho que esté formateado, bla, bla. Por cierto, la primera versión del Heroes ya ha cumplido veinte años. ¡Sí que hemos crecido, Abrasadores! En cambio, me sorprendió ver que vendían una consola Mega Drive, en plan vintage pero actualizada, tan solo para enchufar en la tele y jugar. La tenía mi prima Car y, actualizando los precios, ahora está bastante económica, sobre todo teniendo en cuenta que viene con... ¡ochenta juegos! Algunos morralla, pero otros verdaderos clásicos que me chiflaban, como el Golden Axe, ese al que echaba cinco duros y otros cinco duros en las recreativas. ¿Caeré en esta regresión infantil freudiana, poniendo en riesgo de demolición el edificio de la tesis? El tiempo dirá, no lo descarto aunque, por suerte, se controlarme. Incluso si tuviera que jugar como un enano con un hacha más grande que él para repartir estopa, sin duda sería una verdadera válvula de escape para la tensión de la escritura, y mejor repartir leña virtual que no real, digo yo.
Caiga o no caiga el juego, lo cierto es que, tras tantos años, me he sacado la tarjeta de la Fnac, en plan reconciliación después de que no me dejaran trabajar allí. Todavía recuerdo la absurda entrevista, con sus cuentos de globos a punto de hundirse y gente a la que tirar por la borda. Seguro que en este mismo blog me referí a ella en su día. Bueno, estoy a una o dos compras de amortizarla, así que no he perdido nada con hacerla...
sábado, abril 23, 2016
Maldita tesis / La tesis maldita.
Una recomendación, para este Día del Libro. Ya he hablado antes de esta novela gráfica, ¿no? O cómic, como se quiera, porque un cómic tampoco debería colgarse otros rótulos para parecer más respetable. Y este lo es, y además divertidísimo. Ayer leía un artículo de la revista Muy Interesante sobre el poder sanador del humor. Siendo esto así, durante un par de días duros en Santander pude solazarme con esta historia que, curiosamente, parodia un asunto que para mí no puede ser más serio. Imagino que por eso lo he disfrutado tanto, porque la identificación ha sido absoluta.
Además, fue todo un flechazo. Después de la visita de nuestra familia madrileña, fui a la librería Nexus 4 para adquirir un manga que ellos no habían tenido tiempo de comprar. Un grato descubrimiento ese lugar. No solo tenían el citado manga, y varios ejemplares de Las horas perdidas de Víctor, sino que, además, como ya apunté en su momento, era la primera librería especializada que yo haya visto con un pequeño rincón de temática LGTB, tanto en cómic como en novelas de tipo fantástico o similar. Si vuelvo a Santander, en circunstancias más relajadas, espero volver a pasar por allí.
A priori no tenía ninguna compra en mente, pero ya solo leer el argumento del cómic y echar un vistazo a sus páginas me confirmó que debía adquirirlo. Narra la historia de una profesora de instituto que deja su empleo para hacer una tesis sobre Kafka (a pesar de que le dicen que el sesenta por ciento de las tesis de literatura no se terminan). A partir de ahí, todos los problemas que debe afrontar, como el plazo de tres años que se acaba estirando, las clases mal pagadas, o no pagadas, que imparte en la universidad, el escepticismo de su pareja y sus familiares, o un director de tesis bastante pedante que no le hace el menor caso. A este último respecto, debo decir que, pese a que este año no he visto aún, en presencia, a mi propia directora, su personalidad no podría ser más distinta a la del personaje de ficción. Ambos hemos viajado bastante, por placer u obligación, y, por lo que respecta a esta semana, ella no ha podido darme una tutoría porque su padre fue ingresado en el hospital, algo a lo que ya tuvo que enfrentarse el pasado curso. ¡Maldito mes este! Suerte que ya solo le queda una semana. No se si será gafe el mes, o será gafe nuestro proyecto; si así fuera, habría que pasar de hablar de la maldita tesis a la tesis maldita. En todo caso, tampoco está yendo tan mal. Yo sigo enviando abstracts, la semana que viene repito en las jornadas de nuestro doctorado si no hay nuevos impedimentos... Y, lo que es más importante, el contacto entre ambos permanece fluido, aunque sea en el campo virtual. Yo agradezco sus palabras, su ánimo y estoy de acuerdo con ella en lo básico: que, siendo tiempos difíciles, no hay que abandonar. Esto es una carrera de fondo. Lamento que mi propia trayectoria no sea tan hilarante como para poder convertirla en una historia tan cómica como la de esta novela, pero, siguiendo el espíritu del reportaje que leí ayer, el sentido del humor debería ser lo último que perdamos, en cualquier circunstancia.
jueves, abril 14, 2016
Know your limits.
Este es un mensaje polivalente, que lo mismo puede aparecer en un libro sobre zen que en una botella de cerveza. ¿En serio? Sí. Know your limits. En una Desperados, cortesía de los amigos de Jill con quienes no pude coincidir estos días, pone eso junto a dos iconos que a priori no me afectan mucho: el de la mujer embarazada (no me afectaría de forma directa, aunque la bebida siempre relaja, valga la redundancia, los límites) y el del coche. Suerte que sí conozco estos. Bueno, si me bebiera de seguido el pack de seis, ya estaríamos hablando de otra cosa. Pero tampoco es como la Kastel, si es que se escribe así, birra potente donde las haya.
Si escribo esto en mi entrada mil y una es porque este motto viene al pelo de lo que estoy planeando, con la ayuda del cuaderno El Carro del que ya hablé. En los últimos días he escrito mucho de forma personal. Es lógico. La tesis aguarda su turno, y este no se hará esperar. Los límites no siempre nos los marcamos nosotros mismos. Este ha sido un año de acontecimientos imprevisibles, y, por lo tanto, tampoco se pueden hacer planes a muy largo plazo. Esta misma tarde, sin ir más lejos, iba a ir a clase de Francés cuando la jornada se ha torcido hacia una actividad no prevista, pero más adecuada para el contexto. ¡Enhorabuena! Ya he llegado a otro límite, este el de ocho clases fumadas, el máximo para presentarse al examen. Aunque, claro, el concepto de fumarse remite a otras realidades bastantes más livianas que aquellas por las que he faltado a una clase que, en verdad, me gusta bastante, y que me ha servido para lo que quería: alcanzar unas nociones básicas y, voilá, el curso que viene veremos si sigo aprendiendo el idioma, aunque sea en clases particulares.
La semana que viene sí se hará presente ese estado tan etéreo llamado normalidad. Pero la rueda gira. Estoy a mitad de camino del doctorado. Más o menos. Si no lo resalté en la entrada número mil, fue porque se me fue la olla. Pero, vaya, mi cabeza funciona mejor que este ordenador, lo aseguro. Su boicot, ahora mismo, es el que menos me preocupa. ¡Este cacharro sí que ha conocido sus límites, y ha ido más allá!
martes, abril 12, 2016
La Entrada Número Mil: El Carro.
Hay luz al final de la chimenea (aunque en esta foto no pueda apreciarse muy bien). ¡Mil entradas ya! Bueno, no se puede negar que en algunos sectores de mi vida he sido una persona constante, como en este blog: diez años y mil entradas. Debería ser motivo de celebración, si no llegase en un momento un tanto sombrío. En todo caso, son factores imprevisibles. Lo que importa es que este espacio, además de un testimonio de mi existencia, de mi obra y de otras cuestiones más, ha seguido una evolución que, claramente, ha sido para mejor. Solo hay que ver cómo eran las primeras entradas... Claro que, entonces, esto para mí no constituía otra cosa que un juguete nuevo, que usaba un poco como vía de escape para un trabajo un tanto frustrante. El día de los Five Carros marcó un hito aunque hay que reconocer que el amigo Oli llegó a superar esa marca.
¿Cuál será el rumbo que seguirá este blog? Me gustaría saberlo, yo que ni siquiera se cuál será el mío propio a partir de que termine el presente curso. Suerte que yo siempre he tenido un modo (en ocasiones no muy fiable) de aclararme: la escritura. Por ello, hoy compré un cuaderno en la tienda Friking, en serio, cuya portada muestra una evolución de los joystick de consola. Voy a bautizarlo como El Carro, y apuntaré todas mis posibles alternativas para un futuro bastante cercano. Me salió esa carta en el tarot esta semana. Vale, la que salió la semana pasada no pudo ser más errónea, pero es que yo no me creo al cien por cien, ni por asomo, lo que marcan los arcanos. En este caso, no obstante, me da que acertaron de pleno. ¡El carro! Me suena a esa frase que me han repetido hasta la saciedad en los últimos días: Hay que tirar p´alante. Sí, aunque se haya estropeado una rueda, o incluso haya que cambiar las cuatro. El camino se llenará de luces y sombras, del mismo modo que los caballos que tiran del carro son blancos y negros, pero eso es algo asumido. Se abren numerosas bifurcaciones, lo cual siempre resulta estimulante. Sería injusto si dijese que este curso ha sido una mierda, pues ha albergado momentos para el recuerdo, pero voy a robar un eslogan de la política: se huelen aires de cambio.
¿Para mejor? Eso espero, tratando de no repetir los errores tanto de este año como del pasado. On the road. Vamos allá, a por otras mil entradas si nos ponemos muy generosos. Yo sigo escribiendo en papel, tal y como acabo de mencionar, pero este etéreo espacio ha dejado un poso bastante profundo en mí. Y no me abulta en el cajón. Merci por haberme acompañado hasta el momento.
domingo, abril 10, 2016
Los Cantos de Maldoror.
Te ha llegado un libro. ¿Qué clase de últimas palabras son esas? Bueno, si son dirigidas a mi persona, entonces ya parecen más significativas. Y, desde luego, nunca debieron haber sido unas últimas palabras. Hay personas que no se despiden porque no quieren, así de simple; otras, sencillamente no pueden. El día antes de que yo disfrutara de mi reencuentro con Ponferrada, me llegó ese mensaje final, esa despedida posmoderna por what´s up. ¿Y qué libro es el que ha marcado semejante fatalismo? No podría ser otro mejor: Los Cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont, que ni era conde ni nada.
Esta obra maldita, que no había leído hasta ahora ni he comenzado aún, la encargué en realidad porque, además de estar en mi lista de hipotéticas lecturas, viene en una cuidada edición, ilustrada por Martín. Tampoco se me ocurre mejor ilustrador, pardiez, merced a las pesadillescas imágenes que evoca esta obra, Cual si de un Necronomicón se tratase, la aparición de la misma dio el pistoletazo a dos semanas y media de verdadera pesadilla, dando la impresión de que su malditismo pervivía a través de los siglos, y que, tal vez, debí hacer caso a la advertencia que venía en su contraportada: Lector, por tu propio bien, aléjate de este libro cuanto puedas.
En todo caso, pese al recuerdo funesto, espero disfrutar de esta obra y que tal vez el propio Martín nos dedique sendos ejemplares, a mi hermano y a mí, en la acostumbrada cita navideña. No debería cargar de negatividad este volumen, del mismo modo que sería absurdo hacerlo con el último libro que compré en Santander, la novela gráfica Maldita tesis; una obra mucho más humorística y luminosa, de la que hablaré en otro momento. Los objetos se empapan del recuerdo, es inevitable. Y no solo los objetos, incluso el mítico Cuarto Milenio, que en una década me ha acompañado en tantos dimes y diretes, adquirirá una pátina algo triste puesto que, en los últimos meses, solíamos verlo juntos cuando coincidía que yo estaba en León. En su memoria, seguiré disfrutándolo, y empezaré esta misma noche (si no me duermo, claro está).
jueves, abril 07, 2016
El lamento de las montañas.
En esta movida Semana Santa, movida y a todas luces marcada ya para siempre, mis amigos me recomendaron unos vídeos de Dokusho (no lo escribo bien, pero ese ahora es el menor de mis problemas) Villalba, maestro zen español. Así he hecho, y también saqué un libro suyo de la biblioteca. Siempre me gustaron las lecturas sobre zen, no en vano el primer libro que compré en Oviedo estaba bastante relacionado con el tema. Ahora mismo, más allá de esas políticas anales que merece la pena reivindicar aunque suenen a chiste (y es precisamente por esa hilaridad por lo que deben ser reivindicadas), necesitaba un alimento más espiritual. Algo que me ayudase a relativizar conceptos y trascender la visión materialista y dualista de nuestra realidad actual. La voz del valle, el color de las montañas, así se llama el libro del maestro. Las montañas no solo han jugado un papel muy importante en mi vida, sino también han sido escenario recurrente a lo largo de los últimos tiempos, no fuera más que viéndolas desde el autobús. Observando una montaña, según la filosofía zen, se puede hallar la iluminación. A mí hasta ahora no me ha sucedido, pero su mera contemplación sí me produce una serenidad tal que no es de extrañar que el monasterio zen al que se refiere el maestro se situé en un entorno de este cariz.
Yo nunca he sido un montañero de pro, lo asumo sin ningún pudor, pero es evidente que tengo una conexión muy especial con los puertos y los montes, por herencia materna y paterna. El mismo concepto de los Abrasadores, con quienes he compartido estos últimos días, no se entiende sin aquellas excursiones a veces tan suicidas, peña arriba y abajo, que nos marcábamos.Es un legado que debo mantener y transmitir, si no a mi descendencia (es pronto para saber si esta existirá), al menos sí a través de mi escritura. Allí, en la grandeza de estos colosos, tal vez sea donde, parafraseando a Dokusho, nos traslademos como parte de un continuum de energía cósmica, una vez abandonamos nuestros cuerpos físicos. Habrá a quien le suene demasiado pseudo-místico, pero no deja de remitir a una sabiduría que ha sobrevivido cientos de años, y que vale para bastante más que para bautizar algún spa o algún suplemento de periódico. Frente al ansia del tener más, y más, sin saciarnos nunca, es bonito apreciar la simple belleza de una rosa, como la de arriba, o de un paisaje mil veces transitado pero que nunca nos cansa. Por lo que a mí respecta, y aunque no haya evidencia científica, estoy seguro de que las montañas sienten, a su modo, y también se lamentan. Pero renacen, especialmente ahora en primavera, y siguen su ciclo. Seamos duros y resistentes, como ellas.
lunes, abril 04, 2016
jueves, marzo 31, 2016
Cuídate de los idus de marzo.
De nuevo en León, tras un mes de mucho rodaje y del que, aunque parezca mentira, hoy es su último día. En sus inicios compré los diarios de Gil de Biedma, y me da la impresión de que hayan transcurrido un par de lustros desde entonces. Creo que se debe a la intensidad, para bien o para mal. Los idus de marzo pasaron y hemos sobrevivido a ellos. Pensaba que a partir de abril viajaría menos, aunque eso ya no depende de mis planes. En todo caso, ya lo decía ayer, las prioridades están claras. Y no voy tan mal de tiempo. No haré como la doctoranda del cómic que leí, tres años sin escribir una sola página de su tesis, pero sí un apasionante resumen de 69 páginas. Se burlaban en sus viñetas de la poca capacidad de síntesis de los investigadores humanísticos. Bueno, por fortuna yo sí la tengo, es por ello que, en esta última entrada de mes, preferiré ser sintético. Ha habido un aluvión de hechos, de palabras, de lugares. Ahora, para cerrar, silencio.
miércoles, marzo 30, 2016
Bubbles.
Hello, darling! I´m Bubbles! Champagne for everyone! Muy lejano parece ya el tiempo de Little Britain, ciertamente. Las burbujas, estos días, han sido las que han surgido en el hidromasaje del gimnasio al que me ha invitado con generosidad mi hermano Paco en Santander, al igual que a otras cosas. En el Metropolitan, gimnasio y spa, he intentado contrarrestar la tensión de estos días mediante el ejercicio físico, por un lado, y la sauna, la piscina y los masajes por el otro. Pardiez, menudo mes de masajes, y todos bastante diferentes. El de la ducha a presión, podría decirse que me taladraba la columna y me dejaba rojo el culo, pero mereció la pena.
Hospital-gimnasio-ruta gastronómica. Todo se puede compaginar, quizá salvo el doctorado. Al respecto de este, mi mayor progreso ha sido leer un cómic llamado Maldita tesis, en el que me he sentido tan identificado que me ha proporcionado una buena dosis de carcajadas. Lo encontré en la librería Nexus 4, donde también tenían varios ejemplares de Las horas perdidas del amigo Víctor. Por primera vez en una tienda de este estilo, comprobé cómo había una pequeña sección de cómic LGTB y novela fantástica de esta índole. Incluso un manga gay, demasiado explícito creo yo para llevarlo al hospital. Aunque, para cultura nipona, el restaurante japonés al que volvimos a ir. Ahí tenéis mi plato principal, a mí que todavía me sigue dando bastante reparo el pescado...
La esperanza nunca ha flaqueado. Y sigue en lo alto, como esa vigía de la escultura de abajo. Todo se relativiza, ya lo dije, y todo se supedita a un fin mayor. El doctorado, esa inmensa catedral de varias cúpulas tal y como era reflejado en la novela gráfica que leí, debe aceptar su lugar en la jerarquía. Aunque, si el mes que viene finalmente presento mi comunicación como está previsto, espero que eso suponga que he vuelto a viajar a esta ciudad por una razón mucho más satisfactoria. Hasta entonces, y usando una metáfora a lo Susan Sontang en uno de los ensayos que utilizaré para aquella, solo cabe decir que vamos a seguir dando batalla. Mucha batalla.
viernes, marzo 25, 2016
Pons Ferrata: el paraíso recobrado.
Tenía sentimientos encontrados respecto a Ponferrada, aunque no sea una ciudad que me desagrade, desde luego. Ello se debía a mi estancia allí durante mis estudios que desembocaron en mi primer título universitario (ya lo he repetido aquí: el hecho de no ser homologado no lo convierte en menos título). Me ocurrió un poco como en Oviedo ahora. Me creo altas expectativas, que no se cumplen. Antes bien, conozco a gente que no es la adecuada, por norma general. El azar, o no. El caso es que, gracias a la invitación de mi amigo Gonzalo, pude resarcirme en menos de veinticuatro horas. Tanto en su casco histórico como en el bello entorno natural, Ponferrada me mostró una imagen que era la que deseaba descubrir: un paraíso recobrado. Y, cuando el autobús pasó por delante de mi antiguo campus, no pude evitar que se me hiciera un nudo en la garganta.
Viernes de Dolores, sin que los hubiera. Celebración, que se cruzó con algunos actos iniciales de la Semana Santa, algo boicoteados por la lluvia. Nosotros estuvimos a resguardo en varios bares. Ninguno de ellos los recuerdo de mi carrera, pero es que ya ha llovido, valga la redundancia, y mucho. Lo que no hice fue cometer el error de beber tanto como en mis primeros días en esa ciudad. He llegado a una época en la que valoro mucho mi regeneración neuronal. Me va la tesis en ello.
Pese a mi moderación, cierto que no tenía demasiado sentido hacer al día siguiente una excursión a las diez de la mañana. Con todo, había que aprovechar la estancia. Y a mí me vino estupendamente. La primera parada fue en la presa de arriba, con una fuente de agua sulfurosa que olía como huevos podridos. Eso sí, llené mi dinosaurio-termo con ella y de sabor no era desagradable. Es más, quizá el azufre me diese fuerzas para continuar por la Senda de los Romeros, que es la que tomamos después, a la vera del río.
Aquí estoy, frente a un amago de las ruinas de Moria, intentando dar el pego de que me mantengo muy fresco en la ruta. El resarcimiento no solo llegó a la ciudad de Ponferrada, sino que también pudimos disfrutar de esa pequeña y bonita ruta, casi dos años después de que abortara mi estancia en Picos de Europa, por una serie de motivos que ahora, relativizados, me resultan ridículos. Lo que tiene la distancia... Hacia el monte, ya lo dije en su momento. Siempre el monte. Es esa una herencia familiar que jamás perderé. No es cuestión baladí que esa jornada fuese el Día del Padre. Una burbuja de felicidad, antes de afrontar acontecimientos más amargos. Pero los afrontaremos, aunque sea perdiendo el resuello tal como yo me veía cuesta arriba y apoyándome en esa fina vara. Welcome back, Ponferrada! Ojalá pueda volver antes de que acabe la primavera.
jueves, marzo 24, 2016
El Silencio.
Hoy me he levantado pronto, rara cosa para un día festivo, envuelto en un profundo silencio. Considero esto necesario, después de la muy extraña semana que he vivido, con estancias en nada menos que cuatro ciudades norteñas, por motivos diversos. Ayer hubo que regresar a Santander, así como volveremos allí al final de esta Semana Santa, y durante el viaje de vuelta sopesábamos la posibilidad de toparnos con la única, que yo recuerde, procesión que pasa por esta calle, la del Silencio. Finalmente no aparcamos en la misma, pero justo cuando yo iba a cruzarla, ya es casualidad, me encontré con el cortejo fúnebre que reflejo en la foto de arriba. Fui respetuoso, al menos por esa vez, y no pasé la calle hasta que hubo un alto en el inexorable camino de los papones. Sí, es esa procesión que lleva el rótulo de Solo hombres, como es lógico por su carácter monacal y conexión con la orden franciscana. Me resulta coherente con el origen medieval de esta tradición. No se puede pedir igualdad en un evento que, por más popular que se pretenda, tiene una estructura tan jerárquica como la Iglesia a la que pertenece. Al menos, eso sí, había espacio para los monaguillos, de los pocos que no iban encapuchados. Hombres y hombrecitos, a lo que se ve.
Es esta una ciudad de contrastes, desde los rebuznos del Genarín de esta noche (que los hay y bien que los he escuchado) hasta la seca y austera religiosidad del silencio de esta procesión. Es este el espíritu que se pretende en la Semana Santa leonesa, y que las autoridades cofrades se desviven en recuperar. Pero, en fin, lo que tira al final es el espectáculo, y no es de extrañar que anoche tan solo cuatro gatos asistiéramos desde la acera al paso de los hermanos. Una suerte, gracias a ello pude tomar las fotos. Desde un punto de vista estético, reconozco que me gustó el imprevisto encuentro con este desfile de penitentes. Aunque, claro, eso también se debía a la correspondencia con mi estado anímico. Si yo tuviera esas creencias, quizá me pondría asimismo un cruz al hombro y, descalzo o no, me purgaría solicitando el amparo divino, para mí y, en especial, para mis seres queridos. Pero no, yo no estoy en esa comunidad, mucho menos cada vez que algún obispo, urgentemente necesitado del mismo silencio de anoche, abre la boca. Valoro, en todo caso, la metáfora de que cada cual debe llevar su cruz a cuestas. Para lo bueno y para lo malo. De todo ello ha habido en la anterior, intensa, semana. Y de ello seguiré hablando aquí en estos días, supuestamente, libres.
martes, marzo 22, 2016
Macabras coincidencias II.
Suele suceder. Cuantos más acontecimientos me encuentro en la vida, menos ratos libres en los que poder reflejarlos en este espacio. En el caso del fin de semana anterior, porque, una vez más, me llevé la tableta y no el portátil de viaje, y no quería volver a sufrir esos problemas de ajuste fotográfico.
Me gustaría haber retomado el blog hablando de muchas cosas, de forma directa o sutil, de la enfermedad y el deseo, de la grandeza y la intimidad, de todas las cales y arenas con que la vida se torna en bandazos. Sin embargo, siento que debo continuar mi entrada del pasado noviembre. Ayer me llegó por correo (físico) un sobre con la información turística que había solicitado sobre la ciudad de Brujas, en Bélgica. Mi iniciativa se enmarca, por un lado, en un ejercicio de la clase de Francés; por el otro, en un posible viaje a dicha ciudad, para visitarla así como la exposición temporal que alberga, sobre las brujas de Brueghel. Operación Bruxas Constrictor, la había apodado. Sin embargo, decidí posponer el viaje, mucho antes del atentado de esta mañana en Bruselas, ciudad por la que también quería pasar.
Primavera es una estación movida para el doctorado y, por otra parte, a fines de verano me había surgido una oportunidad más golosa en Irlanda, esta vez con amigos, no en solitario. La ciudad flamenca queda como posible destino, sobre todo ahora que me han llegado un par de mapas y una guía de sus museos. Mi hipotética excursión, por cierto, se me había aparecido como una revelación porque mi próximo artículo quiero hacerlo acerca de la brujería en una novela de Jeanette Winterson (y de paso compararlo con la rica tradición española, desde luego). Pero, en fin, no se puede tener todo. Mi cuota de viaje extranjero la cubrí, de sobra, con París, así que gracias si me escapo unos días, cuando ya haya avanzado con la tesis, a Dublín o alrededores.
Así, si el viaje belga queda postergado, y no cancelado, no será por este nuevo acto de barbarie. En París, pese a controles de seguridad incluso en la Fnac, me sentí feliz, libre y satisfecho de contribuir con mi pequeño grano de arena al restablecimiento de una normalidad que nunca debió perderse. He de decir, a riesgo de que suene como una taza de Mr. Wonderful, que el amor puede ser mucho más potente que el odio si se lo propone. Yo he sentido amor, en diversas formas, en los últimos días. Amor y esperanza, de todo eso espero hablar aquí durante las jornadas libres de Semana Santa, si me es posible. Terrible comienzo de primavera, en una semana que, para mucha gente (también en el accidente de autobús con el grupo Erasmus) se ha tornado de verdadera Pasión. Frente a estos hechos, otros se relativizan. Y se puede tomar fe de la fortuna que, con todo, nos sonríe.
sábado, marzo 12, 2016
Expectativas y realidad.
En este mismo espacio decía, no hace demasiado tiempo, cómo las experiencias es preferible juzgarlas con una cierta perspectiva. En lo que se refiere al curso actual, sigo creyendo que es la mejor estrategia. Hace un par de días narraba aquí cómo me surgió, de manera bastante inesperada, mi primer alumno a quien impartir clase, en sí, de Español. Pese a que tuve que repasar sobre la marcha las nociones de análisis sintáctico y gramatical de mi carrera, considero que la clase salió bien y, en la medida de lo posible, pude aclararle algunos conceptos de cara al examen que tiene el martes.
No obstante, a pesar de que ayer yo ya tenía pensado permanecer en Oviedo para impartirle otra clase de refuerzo, me llamó por la noche para decirme que había encontrado otro profesor que, dado que él vive en un pueblo, podía asistir a su domicilio y, por lo tanto, le resultaba más cómodo. Me parece bien. Otra cosa, por supuesto, es que supeditar el aprendizaje a la comodidad no siempre es una buena idea. No se quién será ese profesor, yo no me considero un profesional, no todavía, y solo espero que de verdad le ayude con la asignatura. Este fugaz alumno, eso sí, me ha vuelto a poner de relieve las peculiaridades de este trabajo que, por ser parcial, no deja de ser trabajo.
Ye lo que tiene ser pseudo-autónomo. No aguanto a personas mediocres en el puesto de jefe (es feo decirlo, pero eso pienso) como pasaba en Madrid; no obstante, la estabilidad no es tan grande como si me hubiesen contratado en una academia. Si el chaval paga un mes en un centro así, se lo piensa dos veces antes de abandonarlo tras el primer día (o no, como esa gente de Francés que ha pagado por todo el curso y apenas ha aparecido un mes). Abonando el montante de hora en hora, la perspectiva es diferente. Además, el caso de este alumno es sintomático. Es que ya me pasó algo casi igual durante la carrera. Llega un examen o una recuperación. La madre, casi siempre es la madre, se rebota y busca lo que sea para que su hija o hijo no se la carguen. Pasado el examen, o incluso antes, encuentran a otra persona más barata, o más flexible, y se cambian como quien cambia de camisa, incluso sacando a la palestra excusas absurdas (Es una profesora de toda la vida).
No es serio, claro, pero es la ley de la oferta y la demanda. Yo no he firmado ningún contrato. Si me establezco realmente como autónomo (en otro país sería más factible), me contratan en una academia o monto la mía propia, entonces ya hablaríamos de otro sistema. Por ahora, yo estoy con la tesis y no puedo establecerme como primera ocupación en ese ámbito. Me alegro, eso sí, de que me sigan saliendo empleos. Un empleo de una hora, sí, el paradigma de un país que se cree en post-crisis, pero no está seguro. Recomiendo el documental En tierra extraña, de Iciar Bollaín.
No obstante, a pesar de que ayer yo ya tenía pensado permanecer en Oviedo para impartirle otra clase de refuerzo, me llamó por la noche para decirme que había encontrado otro profesor que, dado que él vive en un pueblo, podía asistir a su domicilio y, por lo tanto, le resultaba más cómodo. Me parece bien. Otra cosa, por supuesto, es que supeditar el aprendizaje a la comodidad no siempre es una buena idea. No se quién será ese profesor, yo no me considero un profesional, no todavía, y solo espero que de verdad le ayude con la asignatura. Este fugaz alumno, eso sí, me ha vuelto a poner de relieve las peculiaridades de este trabajo que, por ser parcial, no deja de ser trabajo.
Ye lo que tiene ser pseudo-autónomo. No aguanto a personas mediocres en el puesto de jefe (es feo decirlo, pero eso pienso) como pasaba en Madrid; no obstante, la estabilidad no es tan grande como si me hubiesen contratado en una academia. Si el chaval paga un mes en un centro así, se lo piensa dos veces antes de abandonarlo tras el primer día (o no, como esa gente de Francés que ha pagado por todo el curso y apenas ha aparecido un mes). Abonando el montante de hora en hora, la perspectiva es diferente. Además, el caso de este alumno es sintomático. Es que ya me pasó algo casi igual durante la carrera. Llega un examen o una recuperación. La madre, casi siempre es la madre, se rebota y busca lo que sea para que su hija o hijo no se la carguen. Pasado el examen, o incluso antes, encuentran a otra persona más barata, o más flexible, y se cambian como quien cambia de camisa, incluso sacando a la palestra excusas absurdas (Es una profesora de toda la vida).
No es serio, claro, pero es la ley de la oferta y la demanda. Yo no he firmado ningún contrato. Si me establezco realmente como autónomo (en otro país sería más factible), me contratan en una academia o monto la mía propia, entonces ya hablaríamos de otro sistema. Por ahora, yo estoy con la tesis y no puedo establecerme como primera ocupación en ese ámbito. Me alegro, eso sí, de que me sigan saliendo empleos. Un empleo de una hora, sí, el paradigma de un país que se cree en post-crisis, pero no está seguro. Recomiendo el documental En tierra extraña, de Iciar Bollaín.
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