jueves, junio 30, 2016

Orgullo Friki, también.

  
De un Orgullo a otro. Y no es que sea el Día del Orgullo Friki (eso ya pasó), pero sin duda mucho de eso se ha podido ver en el festival Metrópoli de Gijón. Ya me había ambientado con el libro Orgulloso de ser friki, del Señor Buebo (como suena) y, como sea que no estoy seguro de si el próximo verano estaré en Asturias, debo aprovechar ahora para ver eventos en los que no he estado. En todo caso, me pregunto si habrá un Día del Orgullo Friki LGTBI. Seguro... Está todo inventado. Yo, que solo soy medio friki, sin llegar a la pata negra, desde luego que no hice cosplay, pero sí elegí una camiseta con mi superhéroe favorito, Hulk. La foto refleja mi versión customizada, vía cómic.



Primero, Expo Star Wars, con infinidad de piezas de todo tipo. El pabellón principal era, francamente, un sacacuartos con puestos de toda índole. Yo no caí en la trampa, tan solo me traje como recuerdo un imán para la nevera y un champiñón del Super Mario con la gorra de Luigi. Para que le de vidilla a la habitación... Vi disfraces de todo tipo: Pikachus, lolitas manga, guerreras con un hacha más grande que yo, un Darth Maul, aunque sobre todo me hizo gracia un tipo con una camiseta de la Mordor University. En contra de posibles tópicos, el sitio estaba repleto de chicos guapos y chicas guapas (no todos frikis, imagino). Cuando vi a uno que encajaba de sobra en la descripción de manual de friki (obesidad cuasi mórbida, chándal, gafas, mochila cutre), me hubiera tentado hacerle un homenaje allí mismo. Yo no llevaba un atuendo llamativo, pero me abordaron unos chavales que hacían una encuesta o similar para youtube. De cómics no tengo ni idea, aunque de cine algo manejo, así que desde luego que acerté quién es el director de The Avengers. No les pregunté en qué canal va a salir esto. Bueno, tampoco me importa demasiado.



No hay que descartar que en alguna edición posterior, de esta o cualquier otra feria, asista vestido de Edgar Allan Poe. Ahí sí que sería carne de selfie. De hecho, frente a la playa había una tienda que vendía un muñeco de Poe. No lo compré, en esta ocasión. Dos chorraditas en una tarde son suficientes, la tercera en una próxima visita. No me quedé al concierto de Mago de Oz (tampoco lo hice en la noche de San Juan), ye lo que tiene vivir en Oviedo, si se sale de fiesta por Gijón o se pilla el búho o el primer bus de la mañana. Tras el paréntesis freak (que, por cierto, continuará el próximo mes con el Celsius de Avilés y quizá el Level Up de León, en los que nunca he estado), no queda más remedio que comenzar julio organizándose. El tribunal de seguimiento se acerca. Que la Fuerza nos acompañe.

martes, junio 28, 2016

La edad de oro.



Ironías de la vida, la edad de oro de la selección nacional de fútbol coincidió con un momento en el que, lejos ya del entusiasmo adolescente que desplegábamos al ver los partidos de los años noventa, ni a mis amigos ni a mí nos movía demasiado el ardor a este respecto. Hablo del período 2008-2012, que también fue el tiempo, casualmente, de mi licenciatura. Y todavía existe una tercera coincidencia más, que viene muy bien en el día de hoy. 
La asociación Diversidad León operó, más o menos, en aquel mismo lapso. Como tantos otros colectivos, salvo aquellos con una envidiable longevidad, su actividad llegó a su fin. Me puedo equivocar en muchas ocasiones, pero al menos de algo estaba más que seguro: el relevo llegaría para cubrir el ámbito del activismo LGTBI de la ciudad y/o de la provincia. En efecto, eso es algo que se ha podido comprobar tanto esta mañana como el fin de semana pasado. Y yo me alegro, aunque por diversas razones (la tesis en cabeza, como podréis suponer) me haya abstenido de participar. Tal y como señalé en este mismo espacio hace escaso tiempo, eso no significa que en el futuro no pueda colaborar con una o más asociaciones, o participar en sus eventos. Lo haga o no, en perspectiva estoy satisfecho (orgulloso diría, si no resultara tan evidente en la jornada de hoy) de haber aportado mi trabajo en la puesta en marcha y funcionamiento de dos organizaciones leonesas que guardaré en el recuerdo para siempre. Sobre todo, teniendo en cuenta que, con mi naturaleza de lobo estepario Stark, no soy dado a meterme en semejantes movidas. Pero, si llevé a cabo algunas excepciones, por algo sería... 
Mi calidad de miembro en estos grupos me ayudó a crecer como persona y eso es algo que, desde otro punto de vista,  también estoy llevando a cabo en el doctorado. Sí, no se si estaría bien reconocerlo en el comité de seguimiento, para la tesis me ayuda, sobre todo, como arma de auto-conocimiento. ¿Me ayudará también a encontrar curro? Hoy no es momento de dilucidarlo. ¡Feliz Orgullo y mucha Bi-sibilidad, mes amis! 



miércoles, junio 22, 2016

El Tren de la Bruxa Constrictor.




Ni siquiera en pleno proceso de elaboración de la tesis doctoral, esta especie de rito iniciático (como se califica en el manual El doctorando organizado) sin necesidad de matar tigres ni clavarse lanzas, debe perderse el espíritu infantil. Y mucho menos en época de fiestas, es por eso que ayer acompañé a mi hermano y mi sobrino (el más obvio destinatario) a la feria de San Juan y San Pedro, aprovechando que habían venido de Suecia. Sorpresa, más obvia todavía: un calor inclemente, 34 grados que suponen la máxima que he visto yo este año. A priori la feria abría a las seis, aunque lo tomaban con calma, viendo que la gente aún no se animaba a pasear por allá. Así pues, otro clásico: los chiringuitos de las asociaciones de vecinos e inmigrantes. Un momento, ¿y la jaima moruna? Ya el año pasado no me pareció verla y en este tengo la impresión de que se ha esfumado por completo. ¿Será por eso que decían de que tomar el té a determinada temperatura daba cáncer de esófago? Sea como fuere, me fiaría más de un té de menta que de algunos de los mojitos que venden por esos lares. Optamos por un clásico, la sidra, ahí podéis verme escanciado y he preferido no subir las fotos con filtros de snapchat, un invento que hasta ahora no me ha servido para nada excepto para echar unas risas (que no es poco). 


Sí, la verdad es que se han puesto de moda en la feria unos globos de formas totalmente inapropiadas, el mío no era el peor de todos, desde luego. Me lo dieron en la única atracción en la que me monté... El tren de la bruja. ¡Ya llovió desde la última vez! La bruja era bigotuda y se hacía acompañar de un arlequín diabólico que nos daba con un mazo (de plástico, algo de daño hacía), disparaba líquidos con una pistola, etc. Vaya, la atracción ha incorporado más elementos de los que yo recordaba, con su catálogo de tijeras gigantes, sierras y demás que, si no fuera porque estaban hechas en cartón, podrían recordarme a la saga Saw. Salimos indemnes de allí y, aunque era demasiado pronto como para que abriera la tómbola, sí que gané un par de premios en la máquina de ganchos, ese traga-euros, ¡y seguidos! Tras algún intento fallido, claro. Tarde lúdica y dulcemente regresiva, estampa de cómo voy alternando las fiestas con los últimos retazos al borrador de mi primer capítulo (borrador bastante avanzado, cabe decir; mi directora me aleccionó bien). Tal vez haga falta volver en una visita nocturna, que suelen tener mucho encanto. ¡Veremos si encaja en el planning! 

martes, junio 21, 2016

Rainbows.


La semana pasada trajo numerosos arco-iris, tras la masacre de Orlando que ya comenté y, asimismo, como fenómeno natural, producto del lluvioso tiempo antes del verano, que comienza hoy. Para muestra, esta bella imagen que pude compartir con mi compi de piso, en nuestros últimos días de convivencia, desde el balcón de nuestra casa. Un memorial climatológico. No sería el único, al día siguiente descubrí otros arco-iris de carácter más artificial, como en mi primera excursión a Avilés, con motivo (aparte de visitar la ciudad) de asistir a una conferencia de mi directora de tesis en el contexto de un festival LGTB+ que ya me gustaría ver en una urbe más extensa como León. 



El festival se celebra esta semana en el marco del Centro Niemeyer, al que se accede por este puente estilo arco-iris sobre la ría de Avilés. Este complejo cultural, que no había visto hasta entonces y por desgracia no coincidí en la performance de Amanda Coogan, se yergue como un escenario posapocalíptico en ese entorno industrial con inmensas grúas y llamas ondeantes en el horizonte. Tuve la extraordinaria suerte, como se puede comprobar en las fotos, de que mi visita tuviera lugar antes de que esas nubes descargaran en todo su esplendor, y debiera refugiarme en los soportales de la plaza mayor. 


Como siempre o casi siempre me suele suceder, puede que me tirase una hora dando patadas buscando un sitio para comer (conté veinte mil pasos en la jornada, pero no pude superar el récord de París). Buscaba algo tan simple como un chino/bufé/wok, ya que la noche anterior había visto una peli sobre chinos gays en Londres que, por cierto, cumplía todos y cada uno de los tópicos asociados a la homosexualidad pero que también poseía un interesante discurso sobre la sexualidad como bufé oriental, que no desentona con mi personalidad. Por supuesto, basta buscar algo tan simple como un chino para no encontrarlo, por lo que tiré a apuesta ganada de antemano: La Competencia. Ya he visitado las franquicias de Gijón, Avilés y, acabáramos, Oviedo. Es posible que regrese pronto a tierras avilesinas, porque julio es un mes megafreak en Asturias. Primero, festival Metropoli hasta el 3 de julio en Gijón, y luego el Celsius en Avilés, al que en alguna edición acudió el amigo Víctor (por no hablar de la Semana Negra entre medias).Debo aprovechar, tal vez sea mi último verano en territorio astur. De momento, las fiestas en León, durante las cuales parece ser que la bandera arco-iris, de hecho, volverá al Ayuntamiento, si bien en mástil portátil. Cualquier avance, por tímido que sea, bienvenido, aunque yo ya no haya estado involucrado en su consecución. 

martes, junio 14, 2016

Lo inenarrable.

Faltan palabras para expresarse en estos casos. Si no fuera por la confluencia de dos fenómenos tan acaparadores de atención como son el fútbol y la política, imagino que el atentado del pasado domingo hubiera tenido más repercusión, si bien tampoco es que haya pasado de puntillas por la actualidad. ¿Cómo podría? Pudiera haberle pasado a cualquiera, al margen de su orientación/opción sexual o como se quiera llamar. Podría haberme pasado a mí mismo, poco frecuentador de discotecas, catalogadas de ambiente o no, pero que hasta hace un par de años sí que solía visitar algún lugar por el estilo, con buenos recuerdos. 
Podrán gustar más o menos, pero son espacios de libertad, que generan frustración y envidia en quienes no comparten los valores que significan. No elucubraré aquí sobre si ha sido obra de una sola persona o amparada por algún grupo terrorista, porque me trae sin cuidado. Lo que está fuera de toda duda es el carácter del acto, el odio al diferente que rezuma. ¿O no tan diferente? ¿Por qué no un odio a uno mismo? Lo último que leía era que los amigos del autor de la masacre le consideraban gay y que frecuentaba la propia discoteca en la que actuó. Me parecería de lo más lógico. La homofobia interiorizada es de las peores que hay. El padre de este sujeto decía que había visto a dos hombres besándose y eso le había enfadado. ¿Enfado o quizá frustración, por no atreverse a hacer él lo mismo en público? 
Sí, posiblemente sintió asco, aunque no parece un argumento sólido como para liarse a tiros. A mí hay muchas cosas que me dan asco, sobre todo cuando se acerca esta temible estación del verano. Acabo de venir de un supermercado saturado, en el que moverse era someterse a pruebas olímpicas y abundaban pazguatos y gente vulgar y lamentable. ¿Y qué? Esa es la prueba de la convivencia. De eso he aprendido yo bastante este año y los problemas se solucionan de otra manera. 
Pero, claro, hay ocasiones en las que el odio es demasiado fuerte y quienes se dejan invadir por este no tienen nada que perder. Tantos años luchando para obtener espacios en los que poder expresarse con libertad pero estos quedan lejos de convertirse en santuarios. La violencia avanza, es buena y mala señal. Cuanta más visibilidad, más violencia, porque la gente se ve acorralada en sus prejuicios y necesita defenderse, con puños o balas. En las ciudades en las que la visibilidad se queda muy corta, como las dos en las que yo vivo, desde luego que no suele haber muchas noticias de agresiones. En todo caso, no se puede volver atrás. No me he implicado activamente en grupos de concienciación LGTB+ desde hace algunos años, si bien mi tesis tiene un evidente carácter social (algo difícilmente explicable en el contexto de unas jornadas doctorales). Tal vez sea el momento adecuado de regresar, aunque sea con perfil bajo. No todo va a ser teoría.

martes, junio 07, 2016

Libros paralelos.

Durante mi breve estancia en París, que realicé como un simple turista más, estuve en un hotel que, si no llegaba al gran lujo, se quedaba a las puertas. Mi permanencia allí fue como cliente, no como lavaplatos, a diferencia de las experiencias personales que relata George Orwell en Vagabundo en París y Londres, libro cuya lectura debo a la recomendación del buen amigo Oli, que no suele fallar en sus consejos. El relato de Orwell resulta un baño de humildad para cualquier escritor, sea célebre o desconocido: pese a las condiciones poco menos de esclavitud en las que vivió durante un tiempo, el autor al menos pudo sacar inspiración para escribir una obra que no ha perdido en intensidad y actualidad. 
¡Ni tanto! Salvando las distancias, recordé un libro que leí la primavera pasada, acerca del joven español con premio fin de carrera que se dedica a fregar váteres (aunque no solo eso) en Londres. Comparando su experiencia con la de Orwell, ya podía darse con un canto en los piños. En todo caso, en una carambola posmoderna típica de los tiempos que corren, el libro de Sobradamente preparado... en realidad surgió a partir de un minúsculo tweet que se convirtió en viral. Orwell no hubiera soñado con esto, aunque en 1984 se acercó un tanto. 
Con doctorado o no, a mí no me importaría lavar platos en el extranjero si hubiese que rascar de donde fuera, pero, viendo la evolución de este curso, no parece que vaya a ser necesario. Tan solo me gustaría adquirir algo más de experiencia dando clases de español, por eso de desarrollar la especialidad y tal... En todo caso, ya he comenzado la redacción en sí de la tesis, y por ahora va a un ritmo muy adecuado. Usaré la obra de Orwell como motivadora y, ejem, empoderante, si se me permite el palabro que se me ha pegado escribiendo mi investigación.

martes, mayo 31, 2016

La maldición erasmiana.

Vale que la última vez vine con una serie de buenas noticias. Pero, claro, en el doctorado sigue habiendo, y los habrá, despropósitos. El último viene de muy, muy lejos. No tanto, concedo. Desde octubre, pero, con lo intenso que ha sido el curso, ya pueden haber pasado varios eones. Yo ya imaginaba que habría terminado el plazo para la estancia internacional, pero no que pillara tan atrás. Las becas erasmus para los convenios finalizaron sobre los últimos días de octubre. A mediados de aquel mes, cuando yo había defendido la tesina, sin duda que vería la convocatoria por internet, pero no quise o no supe interpretarla. Estaba muy motivado por terminar la tesina, y me distraje, de forma más o menos voluntaria, con la cercanía de mi cumpleaños, con la decoración de calabazas y las temporadas nuevas y viejas de American Horror Story. Podría intentarlo para un cuarto curso, si no fuera por el hecho de que no quiero que dicho curso exista (de hecho, me lo tendrían que conceder). 
La estancia internacional no es obligatoria, en ningún caso, pero sí enfáticamente recomendada. Así, yo pondré el énfasis en lo que considero básico: hacer una buena tesis, sin atender a comparaciones y obviando que el 85 por ciento o 90 de tesis se diga que acaban en cum laude. En todo caso, 300 ñapas en Inglaterra tampoco hubieran dado para mucho. Queda esperar a ver qué opina el comité de seguimiento acerca de mi pequeño lapsus. Conste que, ya de no haberlo hecho en la carrera, sí quería haberme agenciado el erasmus en el doctorado. ¡Será que está maldito! 
No todo es negativo, eso sí. En vez de preocuparme por las eventualidades de una estancia fuera, podré centrarme en lo que tengo entre manos. En este mundo globalizado, ya no es tan necesario irse fuera para disponer de gran parte de las fuentes requeridas para la investigación. Una vez concluida esta, desde luego que el desplazamiento estaría mucho más justificado por motivos laborales, tal y como llevo sosteniendo aquí desde que decidí convertirme en doctorando. No ha sido el único error del curso, ni el más grave. En mis manos está compensarlo. 

domingo, mayo 29, 2016

El renacido.

Entre finales de abril y finales de mayo, el curso ha renacido, y yo con él: Research Matters, retomar el contacto con mi directora, el congreso, inicio de la tesis, calendario... No solo eso. Desde un punto de vista más personal, también ha habido motivos alentadores para mí: tensiones resueltas, reencuentros, próximos retornos, tiempos recobrados, lugares recobrados... En verdad que la primavera, finalmente, sí está haciendo honor a su nombre y está dando lugar a un renacer en ciertos campos. Tal y como la increíble chupa de agua que está cayendo mientras escribo, la lluvia se llevará los sentimientos negativos para dar paso a una nueva etapa que, en cierto modo, ya ha comenzado. Hoy no hay nada más que decir. Solo, en consecuencia con el inicio de esta semana, terminarla del mismo modo: manos a la obra. 

jueves, mayo 26, 2016

Show Must Go On.


Una de las enseñanzas que se pueden sacar de este congreso (ha habido varias), y no necesariamente zen, es que un inicial despropósito es susceptible de tornarse en todo un acierto si se sabe manejar bien. De la cara de pasmo que se me quedó cuando dijeron que me habían incluido en un panel en inglés (aunque jamás me obligaron a exponer en este idioma), al resultado óptimo del lunes. En realidad, también hubo paneles mixtos. Ayer se produjo una graciosa situación, lost in translation, de una compañera que dio su ponencia en inglés, luego otra ponente argentina lo hizo en español y, en el turno de preguntas, esta preguntó a la primera en español y la otra contestó en inglés. ¡Menudo guirigay! 
Exponer en este idioma era un reto que, antes o después, tenía que plantearme.Hubo varias personas que me felicitaron por considerarlo, de hecho, un reto, me dieron la enhorabuena por mi valentía, entre ellas mi directora, cual si hubiese ascendido al Aconcagua.

 

No era para tanto, pero, veamos. El contenido en sí, que era lo importante, lo llevaba bien estructurado y documentado. El power-point no me valió para nada porque el ratón petó. Gajes de la primera vez. Lo relevante fue que, pese a ser en un idioma no nativo, lo llevaba bien ensayado. No me pusieron atril (eso llegó luego) así que, en contra de mis deseos, lo hice sentado y, al menos, grabé el audio en el iPad. Recibí preguntas, a diferencia de en otras jornadas, y en estas ya lo pasé peor por no tenerlas previstas, pero, con cierto entusiasmo y las ideas claras acerca de lo que quería responder, salí airoso. La gran mayoría de las personas en este programa de doctorado son de Filología Inglesa, y creo que supieron disculparme al tratarse de alguien de Hispánica. Al basarse en la obra de la británica Jeanette Winterson, creo que tenía mucho más sentido hacerlo en su propio idioma.



Por lo que respecta al resto del congreso, y pese a que no asistí de forma íntegra, me resultó muy satisfactorio. Entre lo que no me perdí estuvo la entrevista a la artista irlandesa Amanda Coogan, cuya performance en el Niemeyer no vi porque estaba en León. Ayer, ponencias sobre una serie web de tipo lésbico canadiense, y sobre transexualidad (bueno, mejor dicho sobre drag queens). La guinda, inesperada y por ello me supo mejor, fue el recital poético de una joven creadora que tiene un poemario asimismo de sensibilidad lésbica, que espero leer pronto y posiblemente aprovechar. Lástima que no pudiera hacerle una pregunta, porque tenía que irme a currar. Por lo que respecta a otras preguntas, que debería haber planteado en inglés, no las supe estructurar bien y, por ello, me reafirmo en el error de no haberme apuntado al tándem o algún tipo de clases de conversación o intercambio.Nada que no se pueda arreglar el curso que viene. Todo fue tan british que incluso el avituallamiento vino en forma de té y pastitas... Bueno, imagino que tampoco iban a poner bollus preñaos. En suma, estoy contento y este fin de semana voy a comenzar la tesis en sí, aprovechando en buena parte material de la tesina y otros trabajos. El show solo acaba de empezar...

martes, mayo 17, 2016

Martes del Bollo.





 ¡Martes del Bollo! En verdad que algunas coincidencias parecen diseñadas por alguna malévola entidad que dirija nuestros azares. Martes de Campo o Martes del Bollo, o Fiesta de la Balesquida, tales denominaciones recibe la fiesta que se celebra hoy en Oviedo. En contra de lo que pensaba en un primer instante, no es una celebración en loor a la gula, sino que se remite al siglo XIII. Pero no voy a soltar el rollo histórico. Digamos que lo tradicional es salir a alguno de los espacios verdes de la ciudad para degustar el clásico bollu preñau con vino o sidra.


 

 Como sea que tengo congreso el lunes, opté por apagar la fame en casa. No se de qué añada sería el vino, pero por un tiempo me permitió continuar con la ponencia. Si hablaba de coincidencias fue porque hoy también se celebra el Día contra la LGTB (y más) fobia. ¿Más bollos? Sí, desde luego, los que reflejo en el escrito que estoy preparando para el evento. Bollería elevada al cubo. Había una concentración delante del teatro Campoamor. Un puñado de gente, sobre el mismo número o quizá algo inferior que la última vez que dicho acto se celebró en León; con todo, personas concienciadas y, además, el día me estaba reservando otra sorpresa: un festival de cine LGTBIQ en Avilés, en el centro Neimeyer. Complementado, eso sí, con algunas charlas sobre la materia que serán impartidas por profesoras de mi programa. Mi directora está entre ellas y me encantaría ir a verla. Así que es posible que se avecine excursión, sin descartar pasarme a ver alguna de las pelis que exhibirán. 


En definitiva, puedo decir que, aunque al principio me resultaba extraño este día festivo a destiempo, y pensé que tal vez me estorbaría en la preparación de mi ponencia, finalmente ha sido una jornada bastante bien aprovechada, andariega, que me ha abierto nuevas posibilidades y me ha hecho un poco más ovetense de adopción, regresando a muchos lugares de memoria reciente. Los espacios, tal y como escribí en mi ponencia, no suelen ser neutrales. Están cargados. Yo ya deambulo por lugares cargados en Oviedo, algunos de ellos me producen gran emotividad por pertenecer a la cartografía de mis memorias y sentimientos. Así, al menos, veo esta ciudad menos extraña. La hago un poco más mía. Como dice Jeanette Winterson en una entrevista que menciono en mi ponencia, las ciudades son entes vivos.  No se si el curso que viene seguiré aquí o no, imagino que sí. En todo caso, no podré decir que no he almacenado ciertos momentos para el recuerdo, algunos de los cuales habéis podido ver reflejados aquí.

domingo, mayo 15, 2016

El cabaret de los horrores (y errores).

Sí, este mes va a ser parco en entradas. No queda otra. La preparación para el congreso de Oviedo me está resultando un cúmulo de despropósitos. No es solo que, a diferencia de otros congresos, no me respondieran para confirmarme si aceptaban mi ponencia o no, con lo cual me enteré tarde y con escaso tiempo para la preparación; además, el mero formalismo de que les enviara el abstract en versión bilingüe, español-inglés, les hizo deducir que yo iba a exponerlo en esta última lengua, y me han colocado en un panel en dicho idioma. ¡Y vaya panel! El primero, el que romperá el hielo el lunes a las diez. 
Me daban la opción de hacerlo en español, pero quedaría bastante cutre. Puede que en inglés también sea cutre, pero mi pronunciación no será peor que algunas de las que he escuchado en el programa de Género y Diversidad, ya sea máster o doctorado. Huelga decir que lo llevaré ensayado al dedillo, más o menos como la canción de Say yay!, o como se diga, de Eurovisión. Si fracaso, mi fracaso siempre será menor que el eurovisivo. Y me trae sin cuidado, porque yo solo quiero el certificado para mi colección de cromos doctorales. Lo peor que me podría pasar es que alguien me haga una pregunta y no la entienda. Si es así, puedo fingir que debo visitar el baño con urgencia. Quizá ni siquiera sea fingir. 
Por lo que respecta a este fin de semana, tuve dudas sobre en qué lugar debía quedarme para crear un clima de concentración. He conseguido pergeñar un primer borrador y, en todo caso, el momento clave en su preparación será la semana que viene. Nada mejor que una absurda fiesta como la del martes, con la excusa de ir a comer bollus preñaus al campo, para interrumpir mi recolección de fuentes para la ponencia. Aunque, claro, en veinte minutos... ¿Cuántas fuentes pueden salir a flote? Pocas. Confío en que lo haga medianamente bien, pero tampoco me preocupa mucho. Lo importante es la tesis, no los créditos acoplados a la misma. Ya que el congreso trata sobre los espacios, si quiero hacer la defensa lo antes posible tendré que remodelar mis propios espacios de trabajo. Ya no vale solo con el cuarto propio a lo Virginia Woolf. 

domingo, mayo 08, 2016

Regreso al paraíso.




 Hay que asumirlo: mi anterior visita a Ponferrada me pareció perfecta, pero la perfección siempre puede mejorar. Lo he conseguido este fin de semana. En marzo, mi estancia allí se vio empañada por ser el preámbulo de malas noticias. No sucedió así en estos últimos días. Además, ha llegado en el momento oportuno, antes de que comience la preparación de una ponencia para el día 23, cuyo resumen ya he estado redactando antes de regresar al blog. El congreso, llamado Urban Encounters o algo similar, se celebrará en Oviedo y, aunque había mandado ya el consabido abstract, reconozco que se me había olvidado. En especial, porque nadie me confirmó que mi colaboración hubiera sido aceptada, hasta hace algunos días. No importa. Este sí que voy a hacerlo, sea bien o regular, a menos que una nueva catástrofe particular o colectiva se ponga en medio. 














En mi ponencia hablaré del contraste entre espacio urbano y espacio rural. De nuevo, dicho contraste existió en nuestra ruta berciana. Viernes noche, tapeo por el casco viejo ponferradino, no hasta muy tarde para que el sábado por la mañana se pudiera hacer una breve, si bien intensa, excursión a la naturaleza. Nos desplazamos al cercano pueblo de Molinaseca que, además de ser bonito, no puede estar mejor pertrechado para los peregrinos que continuamente están pasando por allí, tal y como pudimos comprobar. Desde allí parte una ruta, algo referente a Las puentes de Malpaso, aunque al final no hice foto del cartel y no puedo comprobarlo. 


Sea como fuere, no caminamos demasiado ya que amenazaba lluvia, que no llegó (bastante de eso ya hay ahora mismo aquí en León). Eso sí, la exuberancia vegetal de ese paseo nos transmitió una agradable sensación de serenidad e infundió ánimos para las respectivas responsabilidades que teníamos que seguir desarrollando el fin de semana. Valga el ejemplo de este imponente castaño, no se si centenario o incluso milenario, que da fe de nuestra propia pequeñez como especie, frente al crecimiento continuo y, a priori, inmutable, si causas externas no lo impiden, de estos colosos testigos del paso de los tiempos. 






Sería un buen momento para aferrarse al estoicismo y comprobar la insignificancia de nuestro paso por esta tierra, y cuán quebradizo es. No obstante, dado que la noche anterior pasamos por un bar de ambiente mejicano con divertidas y coloristas alusiones a la muerte, mejor será olvidar ese tono fúnebre y celebrar el aquí y ahora, en consonancia con el libro de temática oriental que acabo de terminar hace poco. Si algo me ha enseñado este fin de semana, y lecciones ha habido varias, es que merece la pena esperar, siempre que sea posible. La retribución, que no venganza, termina llegando y se planta como un faro en medio del océano, como una flecha de peregrinaje indicando el regreso a ese paraíso que nunca llegué a perder del todo. La prima vera, en fin, ofrece sus frutos y yo no voy a desaprovecharlos para producir los míos propios. 




sábado, abril 30, 2016

Research Matters II.

Finaliza un mes que preferiría olvidar, que preferiría enviar a un agujero negro cósmico; sin embargo, lo terminaré con una nota positiva: ya me he ventilado cien créditos de actividades obligatorias del doctorado. Sesenta de la formación transversal ( y ni uno más, porque no pienso regresar a las jornadas doctorales) y cuarenta de las propias jornadas de nuestro programa, las Research Matters. En estas sí que no me importaría repetir, para ir calibrando la evolución de mi proyecto, así como los de mis compañeras y compañeros. El mío fue defendido el pasado jueves, en la primera mesa de las sesiones, que curiosamente fue la única exclusivamente masculina. Que no se diga, yo la verdad es que ya he aprendido a ver cómo muchos de los tópicos que asociaba con este doctorado, de forma directa e indirecta, se van dinamitando. ¿No es mejor así? Nadie dijo que esto fuera a ser un aburrido y previsible camino trillado. 
Quise buscar un equilibrio, el mayor equilibrio posible en los cinco minutos de que disponía, entre las preguntas que debía responder y cierto tono personal. Creo que lo conseguí, al menos a la coordinadora del programa le gustó y, si a ella le parece bien, pues entonces ya puedo estar contento. La próxima embestida será a mediados de julio con la comisión de seguimiento. No me produce especial inquietud. Al margen de algunos errores propios y de problemas que yo no he podido controlar, el ritmo del doctorado no va tan flojeras. Hay una clase de incertidumbre que me molesta, y que no debí soportar ni en la carrera ni en el máster. Allí hacías el examen: aprobado o suspenso; entregabas el trabajo, muy mal tenía que estar para que suspendieras. Ahora, dependo del capricho de terceras personas a las que ni siquiera conozco. A la hora de enviar un proyecto de artículo o de comunicación, al margen de su calidad intrínseca, corres el riesgo de quedar fuera si no encaja demasiado con lo que buscan, o por otros motivos. Eso me pasó el propio jueves, después de las jornadas. Me respondieron de una revista queer que, por muy queer que fuera, había rechazado mi propuesta por el gran número de competidoras y porque no concordaba del todo con lo que buscaban. Eso sí, las gallinas que entran por las que salen. Coincidí con Alejandro, compañero y organizador del simposio de Santander, ese al que no asistí por tener el cerebro licuado aquellos días. La ponencia que no di se convertirá en un artículo para el boletín de la asociación, así que no todo ha sido esfuerzo baldío. La semana que viene deben contestarme de un congreso en Oxford. Dudo mucho que la respuesta vaya a ser positiva, aunque cosas más raras he visto. 
En suma, estos tributos bolonios de congresos y artículos es que lo debo pagar, aparte de redactar la tesis en sí. Coincidí, brevemente, con mi directora y la tutoría ya está más cerca. Ella también tiene problemas en su entorno, pero cree que estos baches son algo muy natural dentro de un proyecto a gran escala como el presente. Ella alberga bastante más experiencia que yo a ese respecto, por lo que la motivación está lejos de agotarse. El martes es el examen de Francés. El profesor nos dijo, al petit comité de fieles a su clase, que con lo puesto ya podríamos aprobarlo. Imagino que sí, de todos modos repasaré durante este puente para hacerlo dignamente. Sin aspirar a la, ejem, excelencia. No es el momento. Yo solo quería bautizarme en el idioma, lo he hecho con creces. Que el florido mayo nos rescate de esta, la hora más oscura. 

miércoles, abril 27, 2016

Nostalgia digital.


¡Agárrense las carteras! Hoy (al margen de que mañana tenga las jornadas doctorales) tocó excursión al rebautizado como Intu Asturias. No para mí, al menos no solo para mí, el caso es que quería comprar una colección de fotocromos de Martín, en exclusiva para la Fnac, que irán a engrosar el extenso fondo martiniano de mi hermano. No me he perdido por el Ikea esta vez, o San Ikea, según algún chascarrillo sobre la gente de León que aprovechó el día 23 para ir allí. Fui a tiro fijo a la cafetería para tomar un auténtico, por más que congelado, rollo de canela. Celebré así que he perdido todo el peso que gané en Santander (etc.) y me puedo permitir ese piscolabis.


Pasé luego a la Fnac, con la suerte de obtener la colección entera de ocho carteles que homenajean los que solía haber en los cines, ahora ya en bastante desuso. No siempre que voy allí termino saliendo con libros, pero en este caso salí con dos, compra bastante justificada. No me tentó el consumismo, pero reconozco que me picó el gusanillo al pasar por una sección que no es de las que más visito... La de juegos de ordenador y consola. Como motivo nostálgico, ahora ha salido el Heroes VII. Yo me quedé en el IV... No lo compré, no tengo pensado hacerlo y tampoco se si funcionaría en este portátil, por mucho que esté formateado, bla, bla. Por cierto, la primera versión del Heroes ya ha cumplido veinte años. ¡Sí que hemos crecido, Abrasadores! En cambio, me sorprendió ver que vendían una consola Mega Drive, en plan vintage pero actualizada, tan solo para enchufar en la tele y jugar. La tenía mi prima Car y, actualizando los precios, ahora está bastante económica, sobre todo teniendo en cuenta que viene con... ¡ochenta juegos! Algunos morralla, pero otros verdaderos clásicos que me chiflaban, como el Golden Axe, ese al que echaba cinco duros y otros cinco duros en las recreativas. ¿Caeré en esta regresión infantil freudiana, poniendo en riesgo de demolición el edificio de la tesis? El tiempo dirá, no lo descarto aunque, por suerte, se controlarme. Incluso si tuviera que jugar como un enano con un hacha más grande que él para repartir estopa, sin duda sería una verdadera válvula de escape para la tensión de la escritura, y mejor repartir leña virtual que no real, digo yo. 
Caiga o no caiga el juego, lo cierto es que, tras tantos años, me he sacado la tarjeta de la Fnac, en plan reconciliación después de que no me dejaran trabajar allí. Todavía recuerdo la absurda entrevista, con sus cuentos de globos a punto de hundirse y gente a la que tirar por la borda. Seguro que en este mismo blog me referí a ella en su día. Bueno, estoy a una o dos compras de amortizarla, así que no he perdido nada con hacerla... 

sábado, abril 23, 2016

Maldita tesis / La tesis maldita.


Una recomendación, para este Día del Libro. Ya he hablado antes de esta novela gráfica, ¿no? O cómic, como se quiera, porque un cómic tampoco debería colgarse otros rótulos para parecer más respetable. Y este lo es, y además divertidísimo. Ayer leía un artículo de la revista Muy Interesante sobre el poder sanador del humor. Siendo esto así, durante un par de días duros en Santander pude solazarme con esta historia que, curiosamente, parodia un asunto que para mí no puede ser más serio. Imagino que por eso lo he disfrutado tanto, porque la identificación ha sido absoluta. 
Además, fue todo un flechazo. Después de la visita de nuestra familia madrileña, fui a la librería Nexus 4 para adquirir un manga que ellos no habían tenido tiempo de comprar. Un grato descubrimiento ese lugar. No solo tenían el citado manga, y varios ejemplares de Las horas perdidas de Víctor, sino que, además, como ya apunté en su momento, era la primera librería especializada que yo haya visto con un pequeño rincón de temática LGTB, tanto en cómic como en novelas de tipo fantástico o similar. Si vuelvo a Santander, en circunstancias más relajadas, espero volver a pasar por allí. 
A priori no tenía ninguna compra en mente, pero ya solo leer el argumento del cómic y echar un vistazo a sus páginas me confirmó que debía adquirirlo. Narra la historia de una profesora de instituto que deja su empleo para hacer una tesis sobre Kafka (a pesar de que le dicen que el sesenta por ciento de las tesis de literatura no se terminan). A partir de ahí, todos los problemas que debe afrontar, como el plazo de tres años que se acaba estirando, las clases mal pagadas, o no pagadas, que imparte en la universidad, el escepticismo de su pareja y sus familiares, o un director de tesis bastante pedante que no le hace el menor caso. A este último respecto, debo decir que, pese a que este año no he visto aún, en presencia, a mi propia directora, su personalidad no podría ser más distinta a la del personaje de ficción. Ambos hemos viajado bastante, por placer u obligación, y, por lo que respecta a esta semana, ella no ha podido darme una tutoría porque su padre fue ingresado en el hospital, algo a lo que ya tuvo que enfrentarse el pasado curso. ¡Maldito mes este! Suerte que ya solo le queda una semana. No se si será gafe el mes, o será gafe nuestro proyecto; si así fuera, habría que pasar de hablar de la maldita tesis a la tesis maldita. En todo caso, tampoco está yendo tan mal. Yo sigo enviando abstracts, la semana que viene repito en las jornadas de nuestro doctorado si no hay nuevos impedimentos... Y, lo que es más importante, el contacto entre ambos permanece fluido, aunque sea en el campo virtual. Yo agradezco sus palabras, su ánimo y estoy de acuerdo con ella en lo básico: que, siendo tiempos difíciles, no hay que abandonar. Esto es una carrera de fondo. Lamento que mi propia trayectoria no sea tan hilarante como para poder convertirla en una historia tan cómica como la de esta novela, pero, siguiendo el espíritu del reportaje que leí ayer, el sentido del humor debería ser lo último que perdamos, en cualquier circunstancia. 

jueves, abril 14, 2016

Know your limits.



Este es un mensaje polivalente, que lo mismo puede aparecer en un libro sobre zen que en una botella de cerveza. ¿En serio? Sí. Know your limits. En una Desperados, cortesía de los amigos de Jill con quienes no pude coincidir estos días, pone eso junto a dos iconos que a priori no me afectan mucho: el de la mujer embarazada (no me afectaría de forma directa, aunque la bebida siempre relaja, valga la redundancia, los límites) y el del coche. Suerte que sí conozco estos. Bueno, si me bebiera de seguido el pack de seis, ya estaríamos hablando de otra cosa. Pero tampoco es como la Kastel, si es que se escribe así, birra potente donde las haya. 
Si escribo esto en mi entrada mil y una es porque este motto viene al pelo de lo que estoy planeando, con la ayuda del cuaderno El Carro del que ya hablé. En los últimos días he escrito mucho de forma personal. Es lógico. La tesis aguarda su turno, y este no se hará esperar. Los límites no siempre nos los marcamos nosotros mismos. Este ha sido un año de acontecimientos imprevisibles, y, por lo tanto, tampoco se pueden hacer planes a muy largo plazo. Esta misma tarde, sin ir más lejos, iba a ir a clase de Francés cuando la jornada se ha torcido hacia una actividad no prevista, pero más adecuada para el contexto. ¡Enhorabuena! Ya he llegado a otro límite, este el de ocho clases fumadas, el máximo para presentarse al examen. Aunque, claro, el concepto de fumarse remite a otras realidades bastantes más livianas que aquellas por las que he faltado a una clase que, en verdad, me gusta bastante, y que me ha servido para lo que quería: alcanzar unas nociones básicas y, voilá, el curso que viene veremos si sigo aprendiendo el idioma, aunque sea en clases particulares. 
La semana que viene sí se hará presente ese estado tan etéreo llamado normalidad. Pero la rueda gira. Estoy a mitad de camino del doctorado. Más o menos. Si no lo resalté en la entrada número mil, fue porque se me fue la olla. Pero, vaya, mi cabeza funciona mejor que este ordenador, lo aseguro. Su boicot, ahora mismo, es el que menos me preocupa. ¡Este cacharro sí que ha conocido sus límites, y ha ido más allá! 

martes, abril 12, 2016

La Entrada Número Mil: El Carro.



Hay luz al final de la chimenea (aunque en esta foto no pueda apreciarse muy bien). ¡Mil entradas ya! Bueno, no se puede negar que en algunos sectores de mi vida he sido una persona constante, como en este blog: diez años y mil entradas. Debería ser motivo de celebración, si no llegase en un momento un tanto sombrío. En todo caso, son factores imprevisibles. Lo que importa es que este espacio, además de un testimonio de mi existencia, de mi obra y de otras cuestiones más, ha seguido una evolución que, claramente, ha sido para mejor. Solo hay que ver cómo eran las primeras entradas... Claro que, entonces, esto para mí no constituía otra cosa que un juguete nuevo, que usaba un poco como vía de escape para un trabajo un tanto frustrante. El día de los Five Carros marcó un hito aunque hay que reconocer que el amigo Oli llegó a superar esa marca. 
¿Cuál será el rumbo que seguirá este blog? Me gustaría saberlo, yo que ni siquiera se cuál será el mío propio a partir de que termine el presente curso. Suerte que yo siempre he tenido un modo (en ocasiones no muy fiable) de aclararme: la escritura. Por ello, hoy compré un cuaderno en la tienda Friking, en serio, cuya portada muestra una evolución de los joystick de consola. Voy a bautizarlo como El Carro, y apuntaré todas mis posibles alternativas para un futuro bastante cercano. Me salió esa carta en el tarot esta semana. Vale, la que salió la semana pasada no pudo ser más errónea, pero es que yo no me creo al cien por cien, ni por asomo, lo que marcan los arcanos. En este caso, no obstante, me da que acertaron de pleno. ¡El carro! Me suena a esa frase que me han repetido hasta la saciedad en los últimos días: Hay que tirar p´alante. Sí, aunque se haya estropeado una rueda, o incluso haya que cambiar las cuatro. El camino se llenará de luces y sombras, del mismo modo que los caballos que tiran del carro son blancos y negros, pero eso es algo asumido. Se abren numerosas bifurcaciones, lo cual siempre resulta estimulante. Sería injusto si dijese que este curso ha sido una mierda, pues ha albergado momentos para el recuerdo, pero voy a robar un eslogan de la política: se huelen aires de cambio. 
¿Para mejor? Eso espero, tratando de no repetir los errores tanto de este año como del pasado. On the road. Vamos allá, a por otras mil entradas si nos ponemos muy generosos. Yo sigo escribiendo en papel, tal y como acabo de mencionar, pero este etéreo espacio ha dejado un poso bastante profundo en mí. Y no me abulta en el cajón. Merci por haberme acompañado hasta el momento. 

domingo, abril 10, 2016

Los Cantos de Maldoror.


Te ha llegado un libro. ¿Qué clase de últimas palabras son esas? Bueno, si son dirigidas a mi persona, entonces ya parecen más significativas. Y, desde luego, nunca debieron haber sido unas últimas palabras. Hay personas que no se despiden porque no quieren, así de simple; otras, sencillamente no pueden. El día antes de que yo disfrutara de mi reencuentro con Ponferrada, me llegó ese mensaje final, esa despedida posmoderna por what´s up. ¿Y qué libro es el que ha marcado semejante fatalismo? No podría ser otro mejor: Los Cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont, que ni era conde ni nada. 



Esta obra maldita, que no había leído hasta ahora ni he comenzado aún, la encargué en realidad porque, además de estar en mi lista de hipotéticas lecturas, viene en una cuidada edición, ilustrada por Martín. Tampoco se me ocurre mejor ilustrador, pardiez, merced a las pesadillescas imágenes que evoca esta obra, Cual si de un Necronomicón se tratase, la aparición de la misma dio el pistoletazo a dos semanas y media de verdadera pesadilla, dando la impresión de que su malditismo pervivía a través de los siglos, y que, tal vez, debí hacer caso a la advertencia que venía en su contraportada: Lector, por tu propio bien, aléjate de este libro cuanto puedas. 


En todo caso, pese al recuerdo funesto, espero disfrutar de esta obra y que tal vez el propio Martín nos dedique sendos ejemplares, a mi hermano y a mí, en la acostumbrada cita navideña. No debería cargar de negatividad este volumen, del mismo modo que sería absurdo hacerlo con el último libro que compré en Santander, la novela gráfica Maldita tesis; una obra mucho más humorística y luminosa, de la que hablaré en otro momento. Los objetos se empapan del recuerdo, es inevitable. Y no solo los objetos, incluso el mítico Cuarto Milenio, que en una década me ha acompañado en tantos dimes y diretes, adquirirá una pátina algo triste puesto que, en los últimos meses, solíamos verlo juntos cuando coincidía que yo estaba en León. En su memoria, seguiré disfrutándolo, y empezaré esta misma noche (si no me duermo, claro está). 

jueves, abril 07, 2016

El lamento de las montañas.



En esta movida Semana Santa, movida y a todas luces marcada ya para siempre, mis amigos me recomendaron unos vídeos de Dokusho (no lo escribo bien, pero ese ahora es el menor de mis problemas) Villalba, maestro zen español. Así he hecho, y también saqué un libro suyo de la biblioteca. Siempre me gustaron las lecturas sobre zen, no en vano el primer libro que compré en Oviedo estaba bastante relacionado con el tema. Ahora mismo, más allá de esas políticas anales que merece la pena reivindicar aunque suenen a chiste (y es precisamente por esa hilaridad por lo que deben ser reivindicadas), necesitaba un alimento más espiritual. Algo que me ayudase a relativizar conceptos y trascender la visión materialista y dualista de nuestra realidad actual. La voz del valle, el color de las montañas, así se llama el libro del maestro. Las montañas no solo han jugado un papel muy importante  en mi vida, sino también han sido escenario recurrente a lo largo de los últimos tiempos, no fuera más que viéndolas desde el autobús. Observando una montaña, según la filosofía zen, se puede hallar la iluminación. A mí hasta ahora no me ha sucedido, pero su mera contemplación sí me produce una serenidad tal que no es de extrañar que el monasterio zen al que se refiere el maestro se situé en un entorno de este cariz. 
Yo nunca he sido un montañero de pro, lo asumo sin ningún pudor, pero es evidente que tengo una conexión muy especial con los puertos y los montes, por herencia materna y paterna. El mismo concepto de los Abrasadores, con quienes he compartido estos últimos días, no se entiende sin aquellas excursiones a veces tan suicidas, peña arriba y abajo, que nos marcábamos.Es un legado que debo mantener y transmitir, si no a mi descendencia (es pronto para saber si esta existirá), al menos sí a través de mi escritura. Allí, en la grandeza de estos colosos, tal vez sea donde, parafraseando a Dokusho, nos traslademos como parte de un continuum de energía cósmica, una vez abandonamos nuestros cuerpos físicos. Habrá a quien le suene demasiado pseudo-místico, pero no deja de remitir a una sabiduría que ha sobrevivido cientos de años, y que vale para bastante más que para bautizar algún spa o algún suplemento de periódico. Frente al ansia del tener más, y más, sin saciarnos nunca, es bonito apreciar la simple belleza de una rosa, como la de arriba, o de un paisaje mil veces transitado pero que nunca nos cansa. Por lo que a mí respecta, y aunque no haya evidencia científica, estoy seguro de que las montañas sienten, a su modo, y también se lamentan. Pero renacen, especialmente ahora en primavera, y siguen su ciclo. Seamos duros y resistentes, como ellas. 

lunes, abril 04, 2016