Ha llegado el reverso luminoso de aquella infausta semana de julio en la que recibí el rechazo de mis dos primeros artículos revisados. El tercero de aquella lista, se quedó fuera de plazo y han tardado un año en contestar pero, he ahí la sorpresa, a la tercera fue la vencida y me lo han aceptado... con enmiendas, faltaría más. Dos en una semana, las tornas cambiaron de forma totalmente imprevista. Y esta vez el mensaje no me llegó recién amanecido, sino de tapas por el Cid, buen momento para la celebración. Si finalmente me lo publican, y muy mal tendría que hacerlo para que no fuera así, me hará especial ilusión porque es una revista de la que sigo considerando mi principal universidad, la de León, aunque no sea de mi propia facultad.
Los dos informes son positivos, si bien en uno de ellos se me envían como cuarenta notas de correcciones. Resulta curioso que, pese a tal meticulosidad, la revisora se olvidara de que, a priori, el informe es anónimo, y se le colara su propio nombre. Por eso se que es revisora, y, además, ella ha inferido que yo soy autora, ja, ja. Dice que tengo problemas de redacción y puntuación, me lo han dicho en otros informes y llegaré a pensar que el premio fin de carrera en Filología me lo saqué en un rasca de la feria. Es cierto, yo escribo como me da la gana. Lo llevo haciendo doce años aquí y es tarde para cambiar, aunque trato de amoldarme, qué remedio, a ese lenguaje pretendidamente científico. Además, no hace falta insistir en que la publicación de artículos de esta índole puede llegar a ser una pesadilla kafkiana y esquizofrénica, con informes de doble ciego en los que un ciego se contradice con el otro y no sabes a cuál seguir, o directrices que mi directora me sugirió y que en estas ocasiones me anulan o me las dan la vuelta.
En todo caso, es evidente que estoy feliz. Llevo mucho tiempo esperando esta oportunidad, que voy a aprovechar aunque solo me den de plazo hasta el jueves para corregirlo. Es el momento más delicado. Y más dulce, también. A las puertas. Alea jacta est.
sábado, marzo 30, 2019
domingo, marzo 24, 2019
Aceptación.
Ha sido una semana con suerte, sí. Bueno, no todo en esta vida se puede justificar a través de la buena o mala suerte, también influyen otros factores, como, en el caso del doctorado, el esfuerzo y la progresión continua. Hay un camino desde julio del año pasado, con sus dos artículos rechazados en la misma semana, hasta el día de hoy, en el que, al fin, he recibido uno con los dos informes positivos. Aceptación condicionada, sí, pero así pasó también con mi primera reseña, ha habido una importante evolución desde el curso pasado y, ya en sí, resulta un hecho positivo. Tendré que incorporar las recomendaciones, no imposiciones, las cuatro cosas que vienen en los informes y esperar que sirva, pero lo más difícil ya se ha conseguido. Además, de modo inesperado, un domingo a las ocho y media de la mañana; ni siquiera debería haber estado despierto pero, como me he acostumbrado a los buenos hábitos, por así decirlo, me llegó el mensaje en directo y confieso que se me humedecían los ojos, pensando en todo lo que ha pasado hasta llegar a este punto. Así que ahora no voy a defraudar. Ni con este artículo ni con la tesis. No será la mejor tesis, ni yo el mejor investigador, y puede que ni siquiera esto me proporcione una carrera en ese mundo académico en el que, ya se sabe, si no publicas, pereces...
En todo caso, el doctorado sí lo tengo que sacar, y, aunque siempre hubiera dudas, los últimos obstáculos se están disipando y el camino está ahí, a mi alcance, si quiero darlo todo y superar la última prueba.
En todo caso, el doctorado sí lo tengo que sacar, y, aunque siempre hubiera dudas, los últimos obstáculos se están disipando y el camino está ahí, a mi alcance, si quiero darlo todo y superar la última prueba.
domingo, marzo 17, 2019
(Semi) Cerrado.
No, no parece que en esta primera mitad de año vaya a pasarme mucho por aquí. Mi escritura se centra en la tesis, en esas líneas que procuro repasar de forma minuciosa, antes de lanzarlas a la pasarela de escrutinios. He establecido un calendario de entregas de capítulos, que ha apreciado mi directora, siempre dispuesta a elogiar mi sentido de la organización. Pues sí, ya que quizá en otras facetas no sea posible que me admire tanto, ja, ja, al menos que lo haga en esa y, de hecho, ya hoy cumplí a tiempo mi entrega del primero. Por lo demás, sigue el Esperando a Godot de los artículos, salvo una reseña sobre Gimeno que apareció publicada en la revista Raudem. Debo decir que, por pequeño que fuera el paso, el ver ese PDF en el que venía mi nombre, por primera vez en una publicación de ese estilo, me hizo sentir un pequeño orgullo. ¿Valdrá para algo? A saber. Sigamos al acecho, mientras, además de las sempiternas distracciones de uno y otro tipo, también han aparecido buenas noticias relativas a la salud y el dinero (¿el amor? No, por ahí vienen las distracciones). Y también progresando en el mundo artístico visual, con el primer retrato que, a mi juicio, ha quedado aceptable. ¡Veremos si el retratado opina lo mismo! Este espacio permanecerá (semi)cerrado, pero todo dependerá, claro, de si hay novedades de interés, para lo bueno y para lo malo.
domingo, febrero 24, 2019
Nostalgia de Oscar.
Esta ha sido una semana marcada (entre otros asuntos) por la nostalgia. Nostalgia que trae lugares, personas, ambientes e incluso absurdas situaciones de vuelta. Y esta noche también habrá, por supuesto, como sea que la retransmisión de los Oscar forma parte de mi evolución como persona (mucho antes incluso de que los domingos noche estuvieran capitalizados por la nave del misterio). ¿Habrá noche golfa, como el año pasado? ¿Noche golfilla, al menos, para cumplir viendo el comienzo, o la mitad? Esta vez quieren hacerla más corta, se han cargado al presentador y casi se cargan algunos de los premios. Veamos. Mañana toca comprar, poco, algo de colada, rutinaria, clase de arte (qué diferencia con aquella clase del máster que me fumé tras los Oscar y provocó la indignación de una profesora con comportamiento indignante), y quizá repetición de cita, ojalá... ¿Puedo arramblar con todo ello si hoy trasnocho? Cosas peores se hicieron si, una vez más, volvemos la mirada hacia el pasado. Los Oscar no solo forman parte de mi desarrollo personal, también de mi memoria sentimental, comenzando con la más reciente. Un ciclo llega a su fin y noto cómo hay heridas que van a ser exorcizadas de un modo u otro. Quizá antes de que el ciclo termine. Estos Oscar forman parte del final de esa época y, tan solo por ello, quizá debiera darles la cortesía de una media hora. ¿No va a comenzar la gala, según decían, con el Bohemian Rhapsody (ahora sí lo he escrito bien)? Pues qué mejor que eso para cerrar una semana en la que, como en esa canción, he pasado por toda una serie de estados eufóricos y delirantes. La respuesta, tonight. La mandanga ya está preparada.
viernes, febrero 22, 2019
Rechazo (II).
Puede ser el número dos respecto a los episodios de rechazo este año, pero no el último. Ahora bien, no quiero que pueda parecer que el comienzo de 2019 se ha caracterizado tan solo por este sentimiento. Esta misma semana, también he gozado de lo opuesto al rechazo, y he gozado lo mío. Mi cuerpo sí fue mi gozo, volviendo a la sempiterna novela de Gimeno. Por otra parte, los rechazos asociados al doctorado fueron de entidad menor: una reseña enviada en julio, nada menos, sobre la que me mandaron la típica contestación de que no se ajusta a los parámetros de la revista, que si tengo que leer la sección About o no se qué leches. Bueno, si la revista se llama Masculinidades y mi reseña era de un libro sobre prostitución masculina, supongo que algo tendrá que ver con la masculinidad, ¿nop? Y, si me rechazan la entrevista a la propia Gimeno, es indiferente, porque esta me va a servir en mucho para el aparato crítico de mi análisis, además de constituirse en apéndice del trabajo.
Hoy es un día de reminiscencias nostálgicas, un día para afirmar la lucha y seguir adelante. Cuando existen personas que, consciente o inconscientemente, pretender establecer boicots a mi proyecto, yo digo que por ahí no paso. Después de cuatro años de trabajo, que se coman su intento de boicot con patatas, porque yo tengo a quien imitar en los ejemplos de luchas, yo no me rajo y voy con esto hasta el final. He dicho.
Hoy es un día de reminiscencias nostálgicas, un día para afirmar la lucha y seguir adelante. Cuando existen personas que, consciente o inconscientemente, pretender establecer boicots a mi proyecto, yo digo que por ahí no paso. Después de cuatro años de trabajo, que se coman su intento de boicot con patatas, porque yo tengo a quien imitar en los ejemplos de luchas, yo no me rajo y voy con esto hasta el final. He dicho.
domingo, febrero 10, 2019
Rechazo.
Sin grandes tragedias, pero no puedo afirmar que el año haya comenzado de buena manera. La tónica general es positiva, eso sí, pero, por el momento, ha habido importantes temas en los que me he dado de bruces con la inmovilidad y el rechazo. Aunque el único rechazo importante, en realidad, es el que tuvo lugar este jueves cuando, una vez más, el mi pobre artículo sobre Deseo, placer, de Gimeno fue rechazado por la misma revista (que, a modo de premio de consolación, al menos sí me aceptó una reseña). Creo que lo peor fue el modo de fracaso porque, ya de fracasar, hacerlo con todo el andamiaje. Pues no. Ha habido importantes mejoras, y eso es positivo, pero me ha dejado con la sensación de coitus interruptus, ahora que estoy leyendo libros sobre sexología. De los dos informes del artículo, uno era favorable y el otro desfavorable; no he leído este último ya que, a estas alturas de la película, me trae sin cuidado y, por otra parte, era más de lo mismo, que si falta bibliografía (pese a que incluí cuarenta referencias), que si Foucault, que si esto o lo otro. Pero bueno, ¿tanto le habría costado a esta entidad anónima poner aquello de aceptación condicional? Esto empieza a parecerme una farsa.
Pero hay, aún, tres artículos en reserva, además de otro que acabaré hoy y este pobre huérfano que, sin cambiar una palabra, probablemente tendrá una última oportunidad si lo envío la próxima semana a una revista de la Uned. Ironías de la vida, el viernes vino a León la autora motivo de mi análisis, pero mi cuerpo no fue mi gozo, a diferencia de su novela, y me asaltó con un catarro pasajero que me dejó fuera de combate. Lástima, aunque, francamente, no creo que el hecho de conocer a Gimeno en persona vaya a cambiar la suerte de mi doctorado. Presentaba un libro que conozco de memoria, como sea que es sobre el que me aceptaron la otra reseña pendiente. Me gustaría conocerla, sí, aunque tal vez mejor después de que defienda la tesis, si es que dicha defensa llega a materializarse. Para que así sea, voy a darlo todo. Otras metas podrán esperar unos meses, dado que en esta el calendario es el que es. Hay algo de lo que estoy seguro, y es de que todos los rechazos acaecidos en lo poco que llevamos de año son reversibles. O insignificantes.
Pero hay, aún, tres artículos en reserva, además de otro que acabaré hoy y este pobre huérfano que, sin cambiar una palabra, probablemente tendrá una última oportunidad si lo envío la próxima semana a una revista de la Uned. Ironías de la vida, el viernes vino a León la autora motivo de mi análisis, pero mi cuerpo no fue mi gozo, a diferencia de su novela, y me asaltó con un catarro pasajero que me dejó fuera de combate. Lástima, aunque, francamente, no creo que el hecho de conocer a Gimeno en persona vaya a cambiar la suerte de mi doctorado. Presentaba un libro que conozco de memoria, como sea que es sobre el que me aceptaron la otra reseña pendiente. Me gustaría conocerla, sí, aunque tal vez mejor después de que defienda la tesis, si es que dicha defensa llega a materializarse. Para que así sea, voy a darlo todo. Otras metas podrán esperar unos meses, dado que en esta el calendario es el que es. Hay algo de lo que estoy seguro, y es de que todos los rechazos acaecidos en lo poco que llevamos de año son reversibles. O insignificantes.
domingo, enero 27, 2019
Under pressure.
Aprovecho el título para hacer referencia a la canción de Queen, ya que esta semana estuve viendo Bohemian Rapsody, espero haberlo escrito bien, la biografía del grupo que ha recibido, merecidamente, críticas por su carácter comercial y falseador de la realidad. Habrá que ver en el futuro si alguien se atreve a hacer otra versión, sin las interferencias de la banda. En todo caso, me alegro de que en el filme más taquillero del año en España se pronuncie la palabra bisexual, aunque solo sea para que un personaje la niegue, del mismo modo que me alegré el otro día al ver en la biblioteca pública que habían llevado el libro sobre bifobia del que envié una reseña.
Pero, por lo demás, no se puede decir que esté bajo excesiva presión todavía. Me encuentro finalizando el que será el último artículo de la terna, salvo posibles recursos de última hora. Cuando lo mande, retomaré la versión final de la tesis, un trabajo mucho más agradecido en cuanto a que, si bien es necesario mantener una serie de formalismos, al menos los corsés no son tan rígidos como los que imponen las publicaciones. El doctorado puede perjudicar gravemente la salud (deberían poner el aviso en los folletos informativos) así que este año lo he comenzado cuidando y mejorando mi salud. Retomé el gimnasio y, sin duda, recordaré la visita de la semana pasada, coincidiendo con la primera gran nevada del año en la ciudad. La sensación de remojarse en el jacuzzi mientras en el exterior caen las copos en constante fluir resulta un contraste que sumar al ciclo del gym, que este curso empezó con esa sesión, tan lejana ya, de tumbarse en la piscina y hablar del futuro.
El mes corto del año comenzará con un cumple y seguirá con el regreso a mis viejos y queridos capítulos, que, en un modo u otro, han evolucionado a la vez que yo también lo he hecho. No se si habrá visita a Oviedo, porque la salud puede ser cara y he de moderar mi presupuesto. En retrospectiva, siempre supe por qué el año pasado no hice viajes al extranjero ni, por primera vez en mucho tiempo, a Madrid. Había que reservarse para gestas más necesarias. De todos modos, sí que haré excursiones de un día. Alguna excursión burocrática me tocará, qué remedio. Quizá de esas en las que haga falta llorar un poco, ja, ja. O ejercer presión.
Pero, por lo demás, no se puede decir que esté bajo excesiva presión todavía. Me encuentro finalizando el que será el último artículo de la terna, salvo posibles recursos de última hora. Cuando lo mande, retomaré la versión final de la tesis, un trabajo mucho más agradecido en cuanto a que, si bien es necesario mantener una serie de formalismos, al menos los corsés no son tan rígidos como los que imponen las publicaciones. El doctorado puede perjudicar gravemente la salud (deberían poner el aviso en los folletos informativos) así que este año lo he comenzado cuidando y mejorando mi salud. Retomé el gimnasio y, sin duda, recordaré la visita de la semana pasada, coincidiendo con la primera gran nevada del año en la ciudad. La sensación de remojarse en el jacuzzi mientras en el exterior caen las copos en constante fluir resulta un contraste que sumar al ciclo del gym, que este curso empezó con esa sesión, tan lejana ya, de tumbarse en la piscina y hablar del futuro.
El mes corto del año comenzará con un cumple y seguirá con el regreso a mis viejos y queridos capítulos, que, en un modo u otro, han evolucionado a la vez que yo también lo he hecho. No se si habrá visita a Oviedo, porque la salud puede ser cara y he de moderar mi presupuesto. En retrospectiva, siempre supe por qué el año pasado no hice viajes al extranjero ni, por primera vez en mucho tiempo, a Madrid. Había que reservarse para gestas más necesarias. De todos modos, sí que haré excursiones de un día. Alguna excursión burocrática me tocará, qué remedio. Quizá de esas en las que haga falta llorar un poco, ja, ja. O ejercer presión.
domingo, enero 13, 2019
Llegará el crepúsculo y tendrá tu nombre.
¿Podría ser este un año crepuscular? Quizá, aunque eso no es algo negativo de por sí. Cambios habrá, ya los ha habido en el poco tiempo transcurrido desde una Nochevieja que fue, por suerte, tranquila. Amigos que, a priori, parecían eternizados aquí, pero que se van, con un futuro bajo el brazo como el que otros y otras andamos buscando. El crepúsculo (violeta, faltaría más) del doctorado se acerca. Acabo de enviar mi bala de plata, o algo así, el artículo derivado de mi ponencia en el congreso de León. Puedo asegurar que está más logrado que aquellos que me devolvieron el pasado verano, aunque, a saber, mucho dependerá también de lo que opinen los Pares Anónimos. ¿No es este un buen nombre para una asociación? La tesis no es el único ámbito en que se debe avanzar, también sigo con las clases de arte, realizando algunas obras bajo el signo de Hitch, cuyo blog quizá debiera rescatar. ¿Y si se diera el irónico caso de que encontrara mayores salidas en este ámbito que en el de la investigación que he venido desarrollando estos años? Cosas más raras he visto. No voy a cerrar ninguna puerta, lo que está claro es que apuntarme a esas clases, algo para lo que Ana me dio un empujón decisivo, ha sido uno de los mayores aciertos del curso. Aunque la tesis, hasta cierto punto, se pueda desarrollar de modo creativo, la verdadera creatividad libre y sin freno se debe encauzar por otras vías, complementarias y confluyentes, en ciertos casos, con mis temas de estudio. Esta es una buena actitud con la que comenzar el año.
lunes, diciembre 31, 2018
La escalada.
En Nochebuena volví al monte, después de una necesaria visita al ambulatorio, a través de urgencias, pues el que me toca estaba cerrado. Hacía bastante que no pasaba por la consulta, ahora recuerdo por qué, con el esperpéntico ambiente de caos y esperas que reina por allí. En todo caso, me dieron un antibiótico y un analgésico para ir tirando durante las fiestas, ahora ya estoy bien y esperando al fin de estas para otra visita no menos necesaria, la del dentista. No puedo retrasarlo más, qué le vamos a hacer. Aunque me encontraba poco operativo, la Nochebuena fue estupenda en Vegacervera, y a la mañana siguiente fuimos en ruta por las hoces y por la zona de las cuevas de Valporquero, donde tomé la instantánea de esa roca colosal, que se yergue magnífica como desafiando a quien pretenda escalarla.
Eso me recordó a un libro que (pese al ruido) comencé a leer en la sala de espera, Hacia rutas salvajes. Se basa en la historia real de un joven idealista que llevó sus principios nómadas hasta las últimas consecuencias. Aunque la historia es fascinante, no me identifico en demasía. Me encanta la naturaleza, como puede comprobarse, pero este año he permanecido bastante sedentario. Y me ha ido mejor que en años más movidos a ese respecto. Mi verdadera escalada, mi verdadero reto (pues reto lo considero, como indiqué en estas navidades), llega a partir de la medianoche. No más prórrogas. El doctorado no es, claro está, mi única meta para el 2019, pero es la única que tiene un límite marcado de forma nítida. ¿Lo demás? Pues como si lo aplazo al veinte veinte. No a los deseos locos de año nuevo, sí a tener claras las prioridades. Así que toca amarrarse a la dura roca, os escribiré desde la cima, si es que llego. Feliz odisea.
domingo, diciembre 23, 2018
El día más corto, la noche más larga.
Hay tradiciones navideñas para todos los gustos, más o menos aceptadas. En mi caso, suelo ponerme malo por estas fechas pero lo cierto es que no lo hago a propósito, para evitar compromisos sociales; es una época favorable para ello, creo yo. Al menos en mi caso, pero el otro día, coincidiendo con el solsticio de invierno, me dio fuerte. Yo había quedado relativamente pronto para ir al monte con Ricardo y Ana pero no fue necesario poner el despertador, me pregunto si dormí algo en toda la nochecita toledana, en la que empecé a delirar en algunos momentos, recopilando escenarios, personajes y situaciones de la saga Torrente. No quise rajarme, de todos modos. El monte llama, y entre el resto de excursionistas y yo juntamos una buena farmacopea para permitir llegar arriba, aunque fuera apenas medio vivo. Y, como la niebla no fue obstáculo, allá subimos, hasta la collada del Fontún. Hacer cumbre estaba, por lo que a mí respecta, out of the question. Tiempo habrá para ello, supongo. Además, mañana regreso a la montaña para Nochebuena, como hace dos años. Drogado o no, habrá que celebrarlo del mejor modo posible. Hasta Año Nuevo no vuelve a ponerse en marcha la maquinaria, después de que ya envié uno de los artículos importantes, el reformado para Asparkía. Así pues, mientras espero a que mi garganta recupere su tamaño original y que no me vea papudo en el espejo, os deseo felices fiestas. Y saludables, indeed.
domingo, diciembre 09, 2018
Por los suelos.
El título no se refiere a mi estado de ánimo, ni al hecho de que volviera a casa a las cinco de la mañana... Tendré que explicar el contexto, más adelante, por ahora respetaré el orden cronológico de las primeras jornadas de Humanidades Médicas en Oviedo. Todo fue bien, y eso que eran las primeras, la verdad es que terminé entusiasmado, tanto como mi participación como ponente como con el hecho de haber formado parte de la organización, desde el principio. No asistí en su totalidad, pero casi. El jueves por la tarde fui de público al segundo panel y luego me tocó ser vendedor de libros y guardián de los caudales. Vendí solo un par pero esos diez minutos fueron una mejor experiencia que mis varios meses en la librería del Corte... Luego, un par de cañas y al hotel a preparar mi gran momento del viernes. Lo llevaba todo muy medido, sí, al igual que el de León, y salió bien. Le gustó a mi directora, buena señal, y supongo que también a parte del público, salvo algún frikazo tradicional de estos eventos, que no tenía mucha idea de lo que se estaba hablando.
Tras la pausa del café y del té, llegó la parte de performance, incluyendo un taller al que yo, en un principio, no me había apuntado; tenía previsto haber vuelto al gimnasio de allí, finalmente me apunté y no me arrepiento, aparte de que, en sí, tuvo mucho de ejercicio físico. Fueron las primeras jornadas académicas en las que, no solo me he acabado poniendo el chándal, sino también rodando por el suelo, de ahí el título que encabeza la entrada. Fue genial, un complemento perfecto al academicismo de un simposio así, además de encajar con el espíritu de las humanidades médicas por ponernos en la piel de quienes tienen capacidades diferentes. Gracias a la energía que quemé allí en el salón de actos, fui capaz de meterme un menú asturiano después, con pote y pitu caleya, si es que se escribe así.
Tras recoger la sala de juntas y mantener una breve conversación-tutoría con Luz Mar, estuve a punto de quedarme tirado en la cama pero salí a tomar un par de tapas y, como apuntaba por aquí, a brindar con Juanjo en el Ópera por el próximo año, degustando un Madame Butterfly. No hace falta subrayar el carácter crucial del año próximo, y lo justificado que está el brindis. Veo necesario mantener la cabeza serena para evitar errores estúpidos como el que comenté, el de no poder enviar el artículo a la revista, cuando lo cierto es que ni siquiera me había hecho un perfil en la misma, y por fortuna ya he arreglado ese pequeño lapsus. Existen motivos para ser optimista, no obstante, con otra reseña aceptada, con la corrección de otro artículo antes de Navidad que tiene mucho potencial, y con la oportunidad de oro de convertir la ponencia de León en artículo de libro para febrero. Si con todo esto no se puede defender la tesis, apaga y vámonos. Ahora que está de moda hablar de la reconquista, con esas cabalgadas que parecen más bien de orcos, puedo afirmar que en mes y medio he logrado de un modo u otro seis certificados más para la saca. Reconquistemos, pues.
martes, noviembre 27, 2018
Simposio y cierre.
Este mes ha venido marcado por una estructura circular de congresos, simposios o jornadas. Si ya narré aquí el de León a comienzos, esta semana volveré a Oviedo, posiblemente por última vez este año, para las I Jornadas de Humanidades Médicas, aquellas para las que he ido asistiendo a reuniones a lo largo de todo el curso. Mi comunicación es el viernes por la mañana, no tan temprano como la anterior, y, con la experiencia tan reciente, la verdad es que el nerviosismo se ha reducido bastante. Voy a quedarme un par de noches, la segunda con el fin de disfrutar también un poco la estancia, la ciudad, y de brindar por el nuevo año, algo anticipadamente; un brindis similar al del pasado diciembre en el café Ópera. Supongo que dio algo de suerte, porque ha sido un año bastante positivo. No acabé el doctorado, cierto; por ello, todos los brindis que haga para el 2019 deberán llevar la coletilla de ahora o nunca. Es decir, ahora o nunca al menos en Oviedo. Un plan B o C siempre sería factible, si bien indeseado. No asumo, a día de hoy, la idea de no defender el año próximo. Además de las dos ponencias, este mes he enviado un par de reseñas que cuentan con opciones, también me han mandado, en calidad de revisor, un artículo sobre pornografía mainstream (buena fama me estoy creando) y he terminado el que, hasta la fecha, es el artículo más completo y mejorado de todos los míos. Lástima que, por ahora, no haya sido capaz de subirlo a la plataforma digital de la revista. Es la primera vez que tengo problemas en ese ámbito, empiezo a pensar que ese tipo de páginas son inventos demoníacos. No me echaré atrás ahora por un rollo burocrático más, presencial o no. ¡Y lo que me queda! Ojalá estas jornadas, que han sido preparadas con mimo (en especial por parte de mi directora) sean tan buenas como me las imagino. Y, en todo caso, será el cierre del año en Oviedo, salvo sorpresas de última hora.
domingo, noviembre 11, 2018
Rutas.
El regreso al monte siempre es algo positivo, más todavía si es por partida doble en la misma semana, con familia y amigos. No descubrí nuevas rutas, sino que revisité antiguas, con un carácter simbólico. Es el caso de Viadangos de Arbás. Fuimos allí el fin de semana más tórrido de agosto, nos bañamos en su fría poza y luego pasamos a las aguas más cálidas del pantano. No hubo baño posible en esta edición invernal, que no otoñal. Si me había quedado con las ganas de pisar nieve, al final apuré la copa hasta el fondo, ni tan fondo. El fondo al que llegué metiendo la pierna hasta la rodilla en algunos recodos del camino. Las variables en la evolución del año quedaron bien visibles al repetir la foto sobre el puentecillo, como puede comprobarse. Y esta vez sí que llegamos hasta el pequeño bosque que se atisba al fondo. Un lugar mágico, en conjunto; una excursión breve, mañanera, pero muy bien aprovechada. ¿Falta la versión primaveral, supongo?
El paso más grande, sin embargo, lo di esta semana, regresando a la dinámica de congresos para el doctorado. En realidad, creo que no me hacían falta más comunicaciones por completar, pero, siendo el evento en León, en mi propia facultad, no iba a perder esta ocasión, que, a la postre, quizá solucione al fin los problemas que debo superar antes de defender la tesis. Siempre me pongo nervioso con esta clase de actos, al margen de cuánto público haya. Yo sabía que habría poco y acerté, siendo el panel el jueves a las nueve de la mañana. No me importaba, yo lo que quería era prepararlo bien; menos nervios me hubiese provocado si me limitara a leerlo, clavando los ojos en el papel y sin mirar a la gente, como hizo algún compi. Pero no, siguiendo (hasta cierto punto) las enseñanzas de ese curso de Comunicación Oral en Oviedo, me lo aprendí sin llegar a los quince minutos de límite, y procuré mirar al escaso, pero merecedor de respeto, público.
Y, además del doble certificado, de comunicación y asistencia (pese a que solo fui a mi propio panel), nos dieron un bolso con un montón de chuminadas de esas que me encantan: cuaderno, chapita, etc. ¡Por no hablar del catering! Vamos, que me cundió el regreso a la facultad, a esa facultad con goteras pero cuya aula magna, desaprovechada en su grandeza respecto al número de presentes, ahora ha ganado lustre con las estatuas primas hermanas del Hulk de Santo Domingo. Lo único malo es que no pudiera venir mi antigua directora Natalia por enfermedad, pero, cuando finalmente coincidamos, eso provocará un gran avance en el tema de los artículos. De todos modos, quizá ni siquiera sea necesario que me acepten un artículo, porque la ponencia de este congreso podrá convertirse en un acta publicada en libro (a menos que la escriba de forma pésima). Con ello, a priori, ya estaría el cupo completado y entraríamos en la recta final. Por unas rutas u otras, estoy convencido de llegar hasta allí.
domingo, octubre 21, 2018
Cumpleaños salchichero.
Llevamos dos años seguidos celebrando la versión casera del Oktoberfest, con gran alegría al precio de una importante orgía calórica. ¡Carpe diem! Es solo una noche al año. Y, esta vez, coincidió justo con mi cumple. ¿Cómo resistirse a convertirlo en un dos por uno? Además, Claudia me regaló una colección de mostachos fiesteros del Tiger, por lo que el alma bávara al menos se recogería bien en fotos como la que he incluido aquí. Al igual que en la edición pasada, la fuente de salchichas resultaba una absoluta desproporción para cinco personas (una de ellas vegetariana), a menos que hubiéramos dispuesto celebrar una especie de suicidio ritual y colectivo. Yo tomé cuatro, bien regadas, con chucrut para digerir y, de aperitivo, un pastel de puré de patata con, sí, más salchichas que el chef Ricardo nos había preparado. Y lo que le sobrará...
Estoy muy contento con todo el transcurrir del fin de semana, también con los regalos recibidos, entre los que hay variedad y calidad: un libro de relatos de horror de Ligotti, un diccionario de cultura japonesa, una hermosa libreta para apuntar sueños, un juego de mesa como los que nos gustan, una novela de George Eliot y, como broche, un retrato de mí mismo transformado en Poe. Este último, obra de Antonio, luce tan bien que le tendré que buscar un lugar con más espacio. Ahora me encuentro, en cierto modo, digiriendo todavía no solo la cena sino buena parte de las sensaciones y vivencias de este aniversario. Durante el que, ya es casualidad, vino a León mi autora analizada, Beatriz Gimeno, pero reconozco que pasé bastante de ir a verla. La tuve muy en cuenta, eso sí, para enviar la corrección de la reseña que dijeron que me publicarían con modificaciones. Esperando a ver si es verdad, la próxima semana, aparte de las sesiones de gimnasio con las cuales diluir la grasa salchichera, voy a continuar con los artículos, verdadera pesadilla de este doctorado. Habrá que confiar en que, siguiendo todos los brindis del día de ayer, realmente este nuevo año que empieza para mí sea bueno. ¡El comienzo lo ha sido!
domingo, octubre 14, 2018
Atípica visita a Oviedo.
Pues sí, atípica. De hecho, ni siquiera hice fotos con las que pueda ilustrarla. Fue todo tan rápido, tan bien aprovechado... Como debería ser siempre, por otra parte. Por primera vez ni hice fotos, ni pasé por la calle Gascona, la catedral o el casco histórico, ni siquiera visité librerías donde adquirir algún manga o algún ejemplar adecuado para la tesis, de esos que aquí me cuesta bastante encontrar. Y tampoco puede hablarse de visita exprés, porque sí que me quedé a dormir, en el aparthotel junto al campus que ya he visitado en otras ocasiones por sus facilidades logísticas.
¿En qué se gastó el tiempo, pues? Bueno, estuve toda la tarde en mi facultad, lo cual concordaba con el motivo esencial de la estancia. Un par de horas de reunión para las jornadas de Humanidades Médicas de finales de noviembre, y luego la ansiada tutoría personal, en la que recibí mi chute de motivación y nuevas instrucciones y deberes para sacar adelante el proyecto. No solo yo estoy cabreado por el tema de las publicaciones, mi directora también. Lo más humillante de esto es que ese requisito es bastante reciente, a la reunión asistió un antiguo doctorando suyo que leyó su tesis sin haber publicado ni media línea. Así que, en fin, una vez más tuve la sensación de haber llegado tarde a todo. Pero albergo confianza, se solucionará de un modo u otro. Al menos esa es la percepción que me dio ella y con la cual salí del campus. Terminada la sesión, ya pude disfrutar de unas cañas con Juanjo por la zona de vinos, y vuelta a la habitación. Sin trasnoche, dormí bastante bien teniendo en cuenta que no siempre sucede así en hoteles. Imagino que estaría agotado, o que hubo más silencio del habitual. A la mañana siguiente, antes de ir la estación, inesperada sesión de recuerdo del pasado por mi barrio, muy necesaria y evocadora de buenos momentos por allá, que también los hubo y para elegir.
Así pues, la próxima visita parece evidente que coincidirá con dichas jornadas, en las que yo presentaré una comunicación, al igual que la que voy a leer en León a primeros de mes. En noviembre acabo ya con ese tema, y por narices habrá que avanzar en el otro. Eso no impedirá que antes, en la barrera simbólica de mi cumple, continúe con fastos ya iniciados esta semana.
¿En qué se gastó el tiempo, pues? Bueno, estuve toda la tarde en mi facultad, lo cual concordaba con el motivo esencial de la estancia. Un par de horas de reunión para las jornadas de Humanidades Médicas de finales de noviembre, y luego la ansiada tutoría personal, en la que recibí mi chute de motivación y nuevas instrucciones y deberes para sacar adelante el proyecto. No solo yo estoy cabreado por el tema de las publicaciones, mi directora también. Lo más humillante de esto es que ese requisito es bastante reciente, a la reunión asistió un antiguo doctorando suyo que leyó su tesis sin haber publicado ni media línea. Así que, en fin, una vez más tuve la sensación de haber llegado tarde a todo. Pero albergo confianza, se solucionará de un modo u otro. Al menos esa es la percepción que me dio ella y con la cual salí del campus. Terminada la sesión, ya pude disfrutar de unas cañas con Juanjo por la zona de vinos, y vuelta a la habitación. Sin trasnoche, dormí bastante bien teniendo en cuenta que no siempre sucede así en hoteles. Imagino que estaría agotado, o que hubo más silencio del habitual. A la mañana siguiente, antes de ir la estación, inesperada sesión de recuerdo del pasado por mi barrio, muy necesaria y evocadora de buenos momentos por allá, que también los hubo y para elegir.
Así pues, la próxima visita parece evidente que coincidirá con dichas jornadas, en las que yo presentaré una comunicación, al igual que la que voy a leer en León a primeros de mes. En noviembre acabo ya con ese tema, y por narices habrá que avanzar en el otro. Eso no impedirá que antes, en la barrera simbólica de mi cumple, continúe con fastos ya iniciados esta semana.
viernes, octubre 05, 2018
XII Aniversario del Blog.
Llego a este aniversario (solo llegar ya es un mérito, al menos certifica que no he abandonado este espacio, que la obsolescencia no lo ha sacrificado al olvido) en bajo estado de forma física y ni me tomo la molestia de buscar una imagen que pueda concordar con el mismo. Resulta indiferente, por otro lado; esto no es Instagram, aquí siempre predominó la palabra. La lengua castellana, con su gramática, que estoy repasando ahora de cara a dar clases. Sigo sin estudiantes, claro, ya lo había señalado en mi último texto aquí.
Cuando comencé este blog sí tenía trabajo, y buena parte de su contenido se basaba en las disparatadas peripecias por las que pasaba en el curro. Resulta inútil elucubrar qué hubiera sido de mi vida si hubiese permanecido allí. Las cosas como son. Me largué porque no lo necesitaba. Y sigo sin necesitarlo de manera imperiosa, es por ello que estoy dedicando el tiempo a poner unas líneas aquí en vez de navegar por páginas de empleo o sitios similares. Así que por supervivencia no, claro, pero seguiré a la búsqueda de un modo u otro, adaptando además mi estilo de vida y mis gastos según cómo vaya el proceso. Nada de adquisiciones chorras en sitios como el mercado medieval de estas fechas y, si la semana que viene voy a Oviedo, todavía no tengo claro si me quedaré a dormir allí.
¿Detalles positivos de este comienzo de mes? Los hay, y variados. Ha nacido mi cuarto sobrino. Me he apuntado a clases de expresión artística, en relación con mi proyecto de Hitch, ese que de forma bastante esporádica voy actualizando en el otro blog. He ayudado en la reconversión del piso franco, antiguo estudio de rodaje, en vivienda de uso turístico, lo cual, en cierto modo, ya es un trabajo de por sí y en el futuro, con suerte, traerá beneficios. Me contestan por una reseña que envié a la misma revista que me había rechazado un artículo, y ha pasado de no publicable a publicable con modificaciones. Eso es todo un avance de por sí. Y dentro de un mes, congreso en León con una comunicación mañanera a la que iré con tanto sueño (o más) que el que tengo ahora, y eso que es mediodía. Así pues, buenos indicios, o puntos de partida.
Me imagino que, cuando celebre el XIII aniversario, lo haré con mayores novedades que contar. El trece no suele connotar mala suerte para mí, 2013 fue un año muy significativo y fechas como el 13 de septiembre marcan objetivos logrados. Cada pequeña meta ya es un logro. Terminar hoy esta entrada ya me ha supuesto un logro, por absurdo que suene. Tenía que hacerlo, tenía que ser hoy y lo he hecho. Esa es la mentalidad para otras lides, supongo. Brindo por otro año más en vuestra compañía aquí.
Cuando comencé este blog sí tenía trabajo, y buena parte de su contenido se basaba en las disparatadas peripecias por las que pasaba en el curro. Resulta inútil elucubrar qué hubiera sido de mi vida si hubiese permanecido allí. Las cosas como son. Me largué porque no lo necesitaba. Y sigo sin necesitarlo de manera imperiosa, es por ello que estoy dedicando el tiempo a poner unas líneas aquí en vez de navegar por páginas de empleo o sitios similares. Así que por supervivencia no, claro, pero seguiré a la búsqueda de un modo u otro, adaptando además mi estilo de vida y mis gastos según cómo vaya el proceso. Nada de adquisiciones chorras en sitios como el mercado medieval de estas fechas y, si la semana que viene voy a Oviedo, todavía no tengo claro si me quedaré a dormir allí.
¿Detalles positivos de este comienzo de mes? Los hay, y variados. Ha nacido mi cuarto sobrino. Me he apuntado a clases de expresión artística, en relación con mi proyecto de Hitch, ese que de forma bastante esporádica voy actualizando en el otro blog. He ayudado en la reconversión del piso franco, antiguo estudio de rodaje, en vivienda de uso turístico, lo cual, en cierto modo, ya es un trabajo de por sí y en el futuro, con suerte, traerá beneficios. Me contestan por una reseña que envié a la misma revista que me había rechazado un artículo, y ha pasado de no publicable a publicable con modificaciones. Eso es todo un avance de por sí. Y dentro de un mes, congreso en León con una comunicación mañanera a la que iré con tanto sueño (o más) que el que tengo ahora, y eso que es mediodía. Así pues, buenos indicios, o puntos de partida.
Me imagino que, cuando celebre el XIII aniversario, lo haré con mayores novedades que contar. El trece no suele connotar mala suerte para mí, 2013 fue un año muy significativo y fechas como el 13 de septiembre marcan objetivos logrados. Cada pequeña meta ya es un logro. Terminar hoy esta entrada ya me ha supuesto un logro, por absurdo que suene. Tenía que hacerlo, tenía que ser hoy y lo he hecho. Esa es la mentalidad para otras lides, supongo. Brindo por otro año más en vuestra compañía aquí.
domingo, septiembre 30, 2018
El pabellón de los ausentes.
Nadie dijo que fuera a ser fácil. Dejar una docena larga de carteles en el campus no garantiza, desde luego, tener ofertas de trabajo; creo que lo que sucedió en Oviedo me acostumbró mal, cuando solo necesité un par de pasaditas por mi facultad para hallar alumnos estables para todo el curso. Pero no, esto no consistirá en meras pegadas, las estrategias deberán ser más variadas y versátiles. Al menos, eso sí, debo reconocer que mi regreso al campus, ya como virtual profesor que no como alumno, me ha servido para irlo conociendo mejor que cuando estudiaba allí. En mi segunda jornada, comencé guardando un folleto sobre el programa de doctorado de Humanidades (lo hice como recurso, no como admisión de tirar la toalla) para luego dirigirme a Filosofía y Letras, reponer carteles arrancados, tomar el mágico té aguado que dan allí y leer un rato; terminada la sesión nostálgica, llegó ya no la nostalgia, sino el golpe duro de trasladarme a un escenario no visitado hasta la fecha (después de poner otro cartel junto al cuartel general Erasmus). ¿Y qué sentimientos podría despertarme un lugar inédito para mí? Inédito en lo físico, pero no en mi imaginario ni en mi memoria sentimental.
La facultad de Veterinaria se me presentó como un gigantesco pabellón de los ausentes. Jamás había pisado por allí, pero recordé cómo, allá por 2014, coincidieron en aquel espacio dos personas ahora tristemente desaparecidas, ya sea o no para siempre (¿qué es para siempre? Esa es otra historia). Dos personas que relaciono directa e íntimamente con aquel año, y, de modo muy especial, con el mes de octubre, ese que comienza mañana. Demasiada carga, se me estaba formando un nudo en el estómago del que solo pude irme desprendiendo al trasladarme a Biología, con su inquietante colección de pájaros disecados a lo Hitchcock, y luego a Educación y parada final en la cafetería de arriba. La verdad es que rememorar esos recuerdos de hace cuatro años me lleva a una conclusión poco novedosa; de hecho, es siempre la misma. Hay que aprovechar los momentos, cada instante que tenemos, no importa lo breve que sean. Esto, precisamente, he hecho este fin de semana, e incluso aquellos ratos más, en apariencia, insignificantes y tediosos podrán ser echados de menos, probablemente, en alguna parte del futuro. Al brasileño Robson (una de esas dos figuras), ahora que su nación corre riesgo de involución reaccionaria, le vi por última vez a comienzos del año pasado en Madrid, y lo que daría por tomar un vermut juntos, incluso aunque no me mole mucho el vermut, como aquel con el que cerramos aquella época. Así que nunca está de más un consejo: cuidad de aquellas personas amadas, cualquiera sea el amor que os une, cuidadlas incluso cuando os den la chapa. Nunca se sabe cuándo algún pabellón podrá albergar la memoria de los ausentes.
La facultad de Veterinaria se me presentó como un gigantesco pabellón de los ausentes. Jamás había pisado por allí, pero recordé cómo, allá por 2014, coincidieron en aquel espacio dos personas ahora tristemente desaparecidas, ya sea o no para siempre (¿qué es para siempre? Esa es otra historia). Dos personas que relaciono directa e íntimamente con aquel año, y, de modo muy especial, con el mes de octubre, ese que comienza mañana. Demasiada carga, se me estaba formando un nudo en el estómago del que solo pude irme desprendiendo al trasladarme a Biología, con su inquietante colección de pájaros disecados a lo Hitchcock, y luego a Educación y parada final en la cafetería de arriba. La verdad es que rememorar esos recuerdos de hace cuatro años me lleva a una conclusión poco novedosa; de hecho, es siempre la misma. Hay que aprovechar los momentos, cada instante que tenemos, no importa lo breve que sean. Esto, precisamente, he hecho este fin de semana, e incluso aquellos ratos más, en apariencia, insignificantes y tediosos podrán ser echados de menos, probablemente, en alguna parte del futuro. Al brasileño Robson (una de esas dos figuras), ahora que su nación corre riesgo de involución reaccionaria, le vi por última vez a comienzos del año pasado en Madrid, y lo que daría por tomar un vermut juntos, incluso aunque no me mole mucho el vermut, como aquel con el que cerramos aquella época. Así que nunca está de más un consejo: cuidad de aquellas personas amadas, cualquiera sea el amor que os une, cuidadlas incluso cuando os den la chapa. Nunca se sabe cuándo algún pabellón podrá albergar la memoria de los ausentes.
domingo, septiembre 23, 2018
Verano: el tiempo recobrado.
Hoy ya es oficiamente otoño, pero ayer fue un día de verano pleno, por muy 22 de septiembre que fuese. Además, ha habido suerte. Sí, puede que este mes no haya sido todo lo bueno que me hubiera gustado como comienzo de curso, pero esta ha sido la semana más positiva y constructiva de todas. Y, después de varias semanas a la expectativa, ayer hubo sesión piscinera en buena compañía. Y habrá que agradecérselo al calor, porque, a priori, la piscina exterior del gimnasio iba a cerrar el día 17. Ahora todavía habrá opciones de arrebañar las instalaciones el 29. Ayer fue un momento magnífico por su condición de jornada fronteriza entre ambas estaciones, con poco personal en el césped y en el agua, que estaba fría pero así motivaba para moverse más. Si a eso le añadimos una charla sobre proyectos artísticos mientras nos secábamos y una caña posterior por Eras, entonces tendremos una salida perfecta.
Y barata, todo hay que decir. Esta semana he anunciado oficialmente a mi familia el que pretendo buscar alojamiento propio este otoño; así pues, no tiene mucho sentido gastar en caprichos, no hasta que haya fuentes de ingresos estables y fiables. Esta vez no he ido a San Mateo, iré limitando mis visitas a Oviedo según necesidades del doctorado, sin olvidar a la gente de allí ni al mero hecho de disfrutar de mis breves estancias en la ciudad. No he necesitado playa ni viajes para tener interesantes experiencias como la de ayer, u otras llevadas a cabo durante la estación que acabamos de despedir. Lo que necesito lo expresé bien esta semana, quitándome un gran peso de encima. Ahora hay que conseguir que se convierta en realidad. Feliz inicio del otoño y feliz día de la Visibilidad Bisexual! (que se inició con un sueño muy adecuado en ese sentido).
domingo, septiembre 16, 2018
Enseña tu tesis.
Quién me iba a decir que toda la actualidad de estos días se iba a basar, primordialmente, en que si un TFM por aquí, una tesis por allá. Y, en el primero de los casos, albergando puntos en común con el mío. Además, esto ha servido para sacar a flote los prejuicios e ignorancia de un gran número de señoros (y señoras) periodistas, columnistas y demás opinadores para quienes un máster que se llama Estudios Interdisciplinares de Género solo puede ser la nada, un vacío, una inutilidad, un papel regalado. ¡Habría que ver si, en el caso de que me saque este doctorado de tema análogo, iba yo a escuchar razonamientos del mismo pelaje! En el caso de la antigua ministra, su problema no ha estado en el máster en sí, sino en el plagio. Además, un mal plagio, que copia casi hasta los errores del original. Si de 50 páginas necesitas 20 de copia, mal vamos. Y, por fortuna, yo ya he abandonado el vicio de recurrir a la Wikipedia.
El caso de la tesis del presidente del Gobierno parece distinto. Sorprende la rapidez, que la haga en un par de años pero, posiblemente, esa puede ser la principal razón de la ligereza y falta de profundidad que señalan en ella. Y muchas críticas se basan en obviedades. Sí, en la universidad privada cabe pensar que los controles serán más relajados que en otras. Sí, el tribunal es afín, por supuesto; espero que, llegado el caso, el mío también lo sea. Y, dados los contactos que por aquel entonces ya tendría, está claro que no le costó mucho publicar un artículo o un capítulo de libro, mi cruz actual. Y el cum laude... Por lo visto, te lo dan en un ochenta por ciento de casos, así que el veinte por ciento restantes serán tesis que han pasado con calzador, imagino. Es una mención devaluada, aunque resultona.
Así que habría que enviar al presidente el mítico cómic Maldita tesis y, al menos, todo este asunto me ha servido para tratar de insuflarme fuerzas en mi propio proyecto. En este comienzo, poco ilusionante, de curso, lo tenía abandonado, entre tutorías atrasadas, problemas varios y demás. Solo estamos comenzando, desde luego, no voy a arrojar la toalla en la pista de salida. Espero sacarla y, si en el futuro, por la razón que sea, se desata el interés público por leerla, sin duda será muy divertido contemplar cómo se encuentran con todos esos anos, falos, y episodios XXX que contiene.
El caso de la tesis del presidente del Gobierno parece distinto. Sorprende la rapidez, que la haga en un par de años pero, posiblemente, esa puede ser la principal razón de la ligereza y falta de profundidad que señalan en ella. Y muchas críticas se basan en obviedades. Sí, en la universidad privada cabe pensar que los controles serán más relajados que en otras. Sí, el tribunal es afín, por supuesto; espero que, llegado el caso, el mío también lo sea. Y, dados los contactos que por aquel entonces ya tendría, está claro que no le costó mucho publicar un artículo o un capítulo de libro, mi cruz actual. Y el cum laude... Por lo visto, te lo dan en un ochenta por ciento de casos, así que el veinte por ciento restantes serán tesis que han pasado con calzador, imagino. Es una mención devaluada, aunque resultona.
Así que habría que enviar al presidente el mítico cómic Maldita tesis y, al menos, todo este asunto me ha servido para tratar de insuflarme fuerzas en mi propio proyecto. En este comienzo, poco ilusionante, de curso, lo tenía abandonado, entre tutorías atrasadas, problemas varios y demás. Solo estamos comenzando, desde luego, no voy a arrojar la toalla en la pista de salida. Espero sacarla y, si en el futuro, por la razón que sea, se desata el interés público por leerla, sin duda será muy divertido contemplar cómo se encuentran con todos esos anos, falos, y episodios XXX que contiene.
domingo, septiembre 09, 2018
Mi experiencia lesbiana con la soledad.
Me gustaría decir que esta primera semana de curso, por así decirlo, ha sido motivadora, pero se ha quedado a medio gas. Ciclos que se cierran, gente que se raja, decepciones, asuntos sin avance y accidentes absurdos, por decir solo algunos aspectos de la misma. Que el título no lleve a engaños, soledad no es que haya sufrido; en cuanto a la vida social y las amistades, sigo saliendo casi como el mes pasado, aunque introduciendo una mayor moderación. De hecho, tendré pronto que sacrificar algunas de estas salidas para poder tomar impulso en otros ámbitos.
Ayer fue uno de esos días flojos, en los que uno es consciente de que debería estar pensado en hacer mil cosas a la vez pero, a la hora de la verdad, apenas hay energía para cocinar unos macarrones. Así que comencé, y terminé, siendo una lectura adictiva, el manga Mi experiencia lesbiana con la soledad, que le había regalado a Claudia, también pensando un poco en mí, y ella me había prestado. Cuentan de un sabio que un día... Ya se sabe, las situaciones autobiográficas que la autora relata allí llegan a tal extremo de patetismo que, en comparación, tanto mi vida como muchas otras resultan un prodigio de estabilidad. En El azul es un color cálido, motivo de análisis en mi TFM, se contaba una historia similar, de iniciación erótica, pero se hacía desde el amor, la pasión desatada. Este manga es anti-romántico y supongo que, además de por lo divertido que resulta, esa es una de las razones por las que me gustó tanto. Ahora que hay mucho debate con la prostitución, resulta que también existen mujeres, jóvenes, que recurren a contratar prostitutas nada menos que para iniciarse en el sexo. Y lejos de considerarlo una vergüenza, la autora se vale de ello para escribir un manga que ha llegado lejos, de lo contrario no estaría hablando de él. Una circunstancia patética ante los ojos de mucha gente, pero que le ha hecho ser conocida, al menos en su ámbito. Es motivo de reflexión, sin duda.
Salvando las distancias, a mí me sucede algo similar con algunos de los escritos que estoy planeando en estos días. La literatura sirve para eso, entre otras cosas, ¿no? Para exorcizar recuerdos. Y de eso en este blog he utilizado bastante. Lo seguiré haciendo, aunque quizá no con tanta gracia como en esa obra fácil y rápida de leer, que os recomiendo sin duda.
Ayer fue uno de esos días flojos, en los que uno es consciente de que debería estar pensado en hacer mil cosas a la vez pero, a la hora de la verdad, apenas hay energía para cocinar unos macarrones. Así que comencé, y terminé, siendo una lectura adictiva, el manga Mi experiencia lesbiana con la soledad, que le había regalado a Claudia, también pensando un poco en mí, y ella me había prestado. Cuentan de un sabio que un día... Ya se sabe, las situaciones autobiográficas que la autora relata allí llegan a tal extremo de patetismo que, en comparación, tanto mi vida como muchas otras resultan un prodigio de estabilidad. En El azul es un color cálido, motivo de análisis en mi TFM, se contaba una historia similar, de iniciación erótica, pero se hacía desde el amor, la pasión desatada. Este manga es anti-romántico y supongo que, además de por lo divertido que resulta, esa es una de las razones por las que me gustó tanto. Ahora que hay mucho debate con la prostitución, resulta que también existen mujeres, jóvenes, que recurren a contratar prostitutas nada menos que para iniciarse en el sexo. Y lejos de considerarlo una vergüenza, la autora se vale de ello para escribir un manga que ha llegado lejos, de lo contrario no estaría hablando de él. Una circunstancia patética ante los ojos de mucha gente, pero que le ha hecho ser conocida, al menos en su ámbito. Es motivo de reflexión, sin duda.
Salvando las distancias, a mí me sucede algo similar con algunos de los escritos que estoy planeando en estos días. La literatura sirve para eso, entre otras cosas, ¿no? Para exorcizar recuerdos. Y de eso en este blog he utilizado bastante. Lo seguiré haciendo, aunque quizá no con tanta gracia como en esa obra fácil y rápida de leer, que os recomiendo sin duda.
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