Esta mañana, yendo hacia el gimnasio, me encontré a un par de chicos, uno cogido del brazo del otro, imagino que en la pausa del instituto, le iba contando que si le había comido el morro a uno y no se qué más, desconozco hasta qué punto sus comentarios eran reales o se estaba tirando el pego; el caso es que, al menos ese, entre los dos, era un adolescente claramente LGTBI y no es el primero que me encuentro en Padre Isla, una calle larga, por otro lado, y en la que te puedes encontrar de todo; hace poco, de hecho, juraría haber visto al coronel Pedro Baños, después de tantas madrugadas con Iker.
En realidad, no debería haber ido al gimnasio, y tampoco debería estar escribiendo aquí. Esto es una locura, el lunes debo llevar la tesis completa (o casi) a hacer una encuadernación que me permita entregarla el miércoles en Oviedo, a ver si cuela. Si no, en julio. Escaparme al gym fue mi manera de desconectar, centrarme y reflexionar sobre ello, una medicina que ya he probado antes, la del ejercicio y el jacuzzi. Además, el ver a ese chaval viviendo su identidad con tanta desenvoltura (claro que yo he estado tres semanas seguidas quedando con uno con todavía más descaro) no es un hecho casual, sino que me motiva para dar más caña a esa tesis en la que las adolescencias diversas son expuestas con todos los peligros que, por desgracia, conllevan. Lástima que, en un trabajo de este tipo, no sea correcto poner anécdotas personales, porque vendría a cuento. En cambio, tengo pendientes decenas, si no centenares, de correcciones. Algunas se quedarán por el camino, la mayoría se resuelven en pocos minutos. Yo procuro organizarme bien, como siempre alaba mi directora, pero esta tarea no va a quedar perfecta, eso lo tengo claro. En realidad, ¿importa? Al menos mejoraré mi TFM y mi tesina. En el primero usé de referencia una columna de cotilleos; en la segunda, de nuevo, a Iker Jiménez. No tengo vergüenza... Como diría el Valle Inclán que presidió el Congreso por breve tiempo, habrá que ver cómo mejoro el flujo de mis correcciones.
miércoles, mayo 29, 2019
domingo, mayo 12, 2019
Viva forever.
El cómic de Maldita tesis sigue siendo una de las grandes obras de referencia de este doctorado, pese a que no lo he utilizado como fuente (y no es posible que lo haga, a menos que lo introduzca en los agradecimientos). Sin embargo, ¿podría decirse que esta tesis está maldita? Cada vez lo parece menos. El lunes me llegó la bala de plata, último recurso que, irónicamente, llegó en tercer lugar, cuando ya apenas hacía falta. El artículo basado en mi ponencia del congreso de Mundo Hispánico fue pre-aceptado, como suponía, con los mejores informes hasta la fecha. De hecho, la coletilla de publicable con enmiendas se la pusieron las y los editores, no los informes. Ayer lo envié de nuevo.
Se rompió, al menos, una maldición este año, la de los artículos; no obstante, a lo largo de este doctorado he sufrido varias pérdidas, de personas más cercanas o de paso más ligero por mi vida, y no solo yo, también amigos o personas relacionadas con la tesis tuvieron que sufrirlas. Esta semana se confirmaron mis peores augurios, aquellos que me surgieron el año pasado pero que, hasta ahora, no me había atrevido a investigar a fondo. Se ha ido uno de los primeros amigos que hice en Madrid, allá por 2005. Es cierto que, una vez me trasladé a León para retomar la carrera, el contacto se había ido perdiendo, pero no del todo, seguimos viéndonos en mis visitas anuales a la capital, hasta que, ya el año pasado, debido a la pérdida del piso allí, a mi trabajo con la tesis y al disparatado precio de los alojamientos, decidí no bajarme.
Pues bien, desde finales del 2018 mi amigo se había sumido en un insólito silencio en las redes sociales y, como sea que esta clase de espacios al menos sirven para no perder de vista a las personas lejanas, al final confirmé, a través de sus contactos, que ha fallecido y, con él, una pequeña parte de mi vida.
Pequeña pero muy significativa, con él recuerdo las primeras rondas por el barrio de Chueca, los sábados noche en el Long Play de Vázquez de Mella, ahora Pedro Zerolo (llevo dos días tratando de acordarme del nombre de esa discoteca y, pese a la resaca, me acaba de surgir. ¡Suerte que conservo neuronas!). Fue la década pasada y parece que fuera hace un siglo. Todo ese petardeo, que a veces viene bien, se ha perdido, al igual que llevo tres años seguidos perdiendo a personas con las que tenía mayor o menor contacto, me temo que en las mismas circunstancias. ¿Un poco maldita no estará la tesis, pues? Por favor, que sea la última baja del doctorado. Con mi tesis no solo quiero hacer un trabajo científico o ganar un título, también considero que arrojo, en cierta manera, una advertencia sobre cómo la opresión sobre las personas con una sexualidad o identidad diferentes, aunque ya no tan grave como en épocas que reflejan Beatriz Gimeno y Jeanette Winterson, sigue existiendo. A veces bajo capas de glamour, de superficialidad y hedonismo vacío, pero ahí está. Y yo no quiero seguir ese camino. No lo haré. En tu recuerdo, como fan acérrimo de las Spice, titulo esta entrada, y siempre me quedarán esas memorias, a veces tan esperpénticas como las cenas en un lugar llamado Pink Pollo. Forever.
Se rompió, al menos, una maldición este año, la de los artículos; no obstante, a lo largo de este doctorado he sufrido varias pérdidas, de personas más cercanas o de paso más ligero por mi vida, y no solo yo, también amigos o personas relacionadas con la tesis tuvieron que sufrirlas. Esta semana se confirmaron mis peores augurios, aquellos que me surgieron el año pasado pero que, hasta ahora, no me había atrevido a investigar a fondo. Se ha ido uno de los primeros amigos que hice en Madrid, allá por 2005. Es cierto que, una vez me trasladé a León para retomar la carrera, el contacto se había ido perdiendo, pero no del todo, seguimos viéndonos en mis visitas anuales a la capital, hasta que, ya el año pasado, debido a la pérdida del piso allí, a mi trabajo con la tesis y al disparatado precio de los alojamientos, decidí no bajarme.
Pues bien, desde finales del 2018 mi amigo se había sumido en un insólito silencio en las redes sociales y, como sea que esta clase de espacios al menos sirven para no perder de vista a las personas lejanas, al final confirmé, a través de sus contactos, que ha fallecido y, con él, una pequeña parte de mi vida.
Pequeña pero muy significativa, con él recuerdo las primeras rondas por el barrio de Chueca, los sábados noche en el Long Play de Vázquez de Mella, ahora Pedro Zerolo (llevo dos días tratando de acordarme del nombre de esa discoteca y, pese a la resaca, me acaba de surgir. ¡Suerte que conservo neuronas!). Fue la década pasada y parece que fuera hace un siglo. Todo ese petardeo, que a veces viene bien, se ha perdido, al igual que llevo tres años seguidos perdiendo a personas con las que tenía mayor o menor contacto, me temo que en las mismas circunstancias. ¿Un poco maldita no estará la tesis, pues? Por favor, que sea la última baja del doctorado. Con mi tesis no solo quiero hacer un trabajo científico o ganar un título, también considero que arrojo, en cierta manera, una advertencia sobre cómo la opresión sobre las personas con una sexualidad o identidad diferentes, aunque ya no tan grave como en épocas que reflejan Beatriz Gimeno y Jeanette Winterson, sigue existiendo. A veces bajo capas de glamour, de superficialidad y hedonismo vacío, pero ahí está. Y yo no quiero seguir ese camino. No lo haré. En tu recuerdo, como fan acérrimo de las Spice, titulo esta entrada, y siempre me quedarán esas memorias, a veces tan esperpénticas como las cenas en un lugar llamado Pink Pollo. Forever.
martes, abril 30, 2019
Noche de Walpurgis.
Ya lo he dicho por aquí, en más de una ocasión: a veces, basta quejarse de que algo no aparece y... ¡voilá! Ahí lo tenemos. No había habido sorpresas positivas en el mes, lo dije el sábado y, la misma jornada por la noche, en realidad las dos de la madrugada del domingo, curioso momento para que me confirmen que tengo mi primer artículo de revista académica publicado, el de Cuestiones de Género. Y, además, de aquí de León, de la que considero mi universidad de siempre, he sido profeta en mi tierra. ¡Pues se acabó la espera! No era mi candidato a artículo salvador, pero, en fin, eso también forma parte de las sorpresas y los giros de guion de este doctorado. El artículo sobre las brujas en Winterson, ¿cómo no iba a darme suerte en vísperas de la Noche de Walpurgis? No en vano lo envié ya hace un año, cuando tenía en mi poder la agenda de las brujas. 2018 resultó más positivo de lo esperado, al igual que el cuarto curso. La ruta ha sido larga y todavía hay mecha; sobre todo, falta por conocer el resultado del artículo de S. XXI, que tenía mejores informes que el otro. Si ya me publican dos, me sobro; y eso que todavía falta por saber el destino de la supuesta bala de plata, del capítulo para el libro basado en el congreso de Mundo Hispánico.
Así pues, todo lo demás es irrelevante. Ni una sola diva podrá arrebatarme la satisfacción de haber conseguido el objetivo detrás del que llevo, por lo menos, un par de años. Si los árboles no dejan ver el bosque, la odisea del artículo no me dejaba ver la propia tesis, que no he podido trabajar tanto como quería. Pues bien, ahora llega el momento de la tesis, de pasarla por el tuneo de las referencias científicas y el corsé de la apariencia académica. ¡A ver si cuela! Nada hay imposible para los Abrasadores. Y que vivan las bruxas.
Así pues, todo lo demás es irrelevante. Ni una sola diva podrá arrebatarme la satisfacción de haber conseguido el objetivo detrás del que llevo, por lo menos, un par de años. Si los árboles no dejan ver el bosque, la odisea del artículo no me dejaba ver la propia tesis, que no he podido trabajar tanto como quería. Pues bien, ahora llega el momento de la tesis, de pasarla por el tuneo de las referencias científicas y el corsé de la apariencia académica. ¡A ver si cuela! Nada hay imposible para los Abrasadores. Y que vivan las bruxas.
sábado, abril 27, 2019
Sentencia de muerte para la grosería.
Termina el mes, que no ha seguido la senda del anterior. Nada de sorpresas imprevistas y motivadoras, antes bien la tensa espera, el silencio, en ocasiones, incomprensible, y mucho esperpento, mucha mala educación. El título de esta entrada corresponde a uno de los relatos de la antología Prohibido a nerviosos, presentada por el amigo Hitch(cock). Al protagonista le diagnostican unos cuatro meses de vida, ante lo cual decide ir ejecutando a personas que se muestran gratuitamente groseras, a veces con verdadera alevosía y mala fe. No es que yo pretenda seguir esa línea, ni que la recomiende, aunque, la verdad, es una fantasía común en muchas mentes. Aunque yo mismo pueda pecar de falta de modales, de vez en cuando, no lo hago de manera sistemática, ni tampoco con la descarada falta de seriedad que ostentan otras personas con las que tengo la gracia o la desgracia de encontrarme.
Este mes ha sido espectacular respecto a realidades de este tipo y no, no me refiero solo a la tensa espera de los artículos, sino a gente que deja de hablar, que no contesta a saludos, que se muestra simpática para darte la espalda al día siguiente, o que no aparece a la hora fijada y tampoco se disculpa por ello. Son algunos ejemplos, imagino que habrá habido más. Mucha reina de baratillo, mucha diva, muchas ganas de marear ahora que no necesito que me mareen, que necesito guardar las neuronas que me queden para solucionar un proyecto que, a día de hoy, todavía no puedo dar por seguro. Así que, en fin, sentencia de muerte es excesivo, pero fuera de mi vida estas reinonas e inestables, al menos hasta que termine con esta agonía doctoral. Ya solo me faltaba que este curso se hubiera convertido en el curso de las reinas.
Este mes ha sido espectacular respecto a realidades de este tipo y no, no me refiero solo a la tensa espera de los artículos, sino a gente que deja de hablar, que no contesta a saludos, que se muestra simpática para darte la espalda al día siguiente, o que no aparece a la hora fijada y tampoco se disculpa por ello. Son algunos ejemplos, imagino que habrá habido más. Mucha reina de baratillo, mucha diva, muchas ganas de marear ahora que no necesito que me mareen, que necesito guardar las neuronas que me queden para solucionar un proyecto que, a día de hoy, todavía no puedo dar por seguro. Así que, en fin, sentencia de muerte es excesivo, pero fuera de mi vida estas reinonas e inestables, al menos hasta que termine con esta agonía doctoral. Ya solo me faltaba que este curso se hubiera convertido en el curso de las reinas.
domingo, abril 14, 2019
Conejito de la suerte.
Dos semanas después, ya he enviado los dos artículos con enmiendas, y ahora toca seguir con la conocida dinámica del doctorado: la espera, o la tensa espera. Con la salvedad, eso sí, de que el plazo se está terminando, por lo que confío en que este mes pueda recibir al menos una de las respuestas. Ayer, después de la entrega del segundo artículo, me pasé por la pequeña feria friki de Espacio Vías, que el año pasado me había sorprendido a finales de Semana Santa, y este lo hizo al comienzo. Como suele suceder en esta ciudad, logré que algún amigo se me uniera en la expedición geek, a pesar de que el nivel de hormonas adolescentes del recinto era todavía más desproporcionado que en sus hermanas mayores, como el Level Up, no digamos ya el CometCon o Metrópoli.
Sin embargo, ya he resaltado varias veces por aquí cómo es un ambiente en el que me siento como pez en el agua, no solo como friki, también friki queer: con sus chicas envueltas en banderas del arco iris, tíos haciendo cosplay travesti, y chapas que ponen Fuck gender roles. Por no hablar de las coreografías de pop coreano que estaban montando en el escenario, y que eran el verdadero espectáculo del momento. Dado que no había demasiados puestos en los que dejarme la pasta, al final, por tradición, pillé un sobre sorpresa libre de etiqueta de género (había otros rosas que ponían solo para chicas) y, pese a su supuesta masculinidad, me tocó un colgante de conejito con el que no se si me admitirían a alguna cofradía de papones. El conejo parece tener cierto gesto psicópata pero, aunque yo no soy de llevar colgantes y, por ahora, lo tengo aquí junto al ordenador en un rincón de recuerdos frikis, espero que sea mi conejito de la suerte para las semanas decisivas que se aproximan. Ahora voy a seguir con la tesis, el proyecto principal que, irónicamente, ha venido jugando un papel secundario con esta mandanga de los artículos.
sábado, marzo 30, 2019
Aceptación (II).
Ha llegado el reverso luminoso de aquella infausta semana de julio en la que recibí el rechazo de mis dos primeros artículos revisados. El tercero de aquella lista, se quedó fuera de plazo y han tardado un año en contestar pero, he ahí la sorpresa, a la tercera fue la vencida y me lo han aceptado... con enmiendas, faltaría más. Dos en una semana, las tornas cambiaron de forma totalmente imprevista. Y esta vez el mensaje no me llegó recién amanecido, sino de tapas por el Cid, buen momento para la celebración. Si finalmente me lo publican, y muy mal tendría que hacerlo para que no fuera así, me hará especial ilusión porque es una revista de la que sigo considerando mi principal universidad, la de León, aunque no sea de mi propia facultad.
Los dos informes son positivos, si bien en uno de ellos se me envían como cuarenta notas de correcciones. Resulta curioso que, pese a tal meticulosidad, la revisora se olvidara de que, a priori, el informe es anónimo, y se le colara su propio nombre. Por eso se que es revisora, y, además, ella ha inferido que yo soy autora, ja, ja. Dice que tengo problemas de redacción y puntuación, me lo han dicho en otros informes y llegaré a pensar que el premio fin de carrera en Filología me lo saqué en un rasca de la feria. Es cierto, yo escribo como me da la gana. Lo llevo haciendo doce años aquí y es tarde para cambiar, aunque trato de amoldarme, qué remedio, a ese lenguaje pretendidamente científico. Además, no hace falta insistir en que la publicación de artículos de esta índole puede llegar a ser una pesadilla kafkiana y esquizofrénica, con informes de doble ciego en los que un ciego se contradice con el otro y no sabes a cuál seguir, o directrices que mi directora me sugirió y que en estas ocasiones me anulan o me las dan la vuelta.
En todo caso, es evidente que estoy feliz. Llevo mucho tiempo esperando esta oportunidad, que voy a aprovechar aunque solo me den de plazo hasta el jueves para corregirlo. Es el momento más delicado. Y más dulce, también. A las puertas. Alea jacta est.
Los dos informes son positivos, si bien en uno de ellos se me envían como cuarenta notas de correcciones. Resulta curioso que, pese a tal meticulosidad, la revisora se olvidara de que, a priori, el informe es anónimo, y se le colara su propio nombre. Por eso se que es revisora, y, además, ella ha inferido que yo soy autora, ja, ja. Dice que tengo problemas de redacción y puntuación, me lo han dicho en otros informes y llegaré a pensar que el premio fin de carrera en Filología me lo saqué en un rasca de la feria. Es cierto, yo escribo como me da la gana. Lo llevo haciendo doce años aquí y es tarde para cambiar, aunque trato de amoldarme, qué remedio, a ese lenguaje pretendidamente científico. Además, no hace falta insistir en que la publicación de artículos de esta índole puede llegar a ser una pesadilla kafkiana y esquizofrénica, con informes de doble ciego en los que un ciego se contradice con el otro y no sabes a cuál seguir, o directrices que mi directora me sugirió y que en estas ocasiones me anulan o me las dan la vuelta.
En todo caso, es evidente que estoy feliz. Llevo mucho tiempo esperando esta oportunidad, que voy a aprovechar aunque solo me den de plazo hasta el jueves para corregirlo. Es el momento más delicado. Y más dulce, también. A las puertas. Alea jacta est.
domingo, marzo 24, 2019
Aceptación.
Ha sido una semana con suerte, sí. Bueno, no todo en esta vida se puede justificar a través de la buena o mala suerte, también influyen otros factores, como, en el caso del doctorado, el esfuerzo y la progresión continua. Hay un camino desde julio del año pasado, con sus dos artículos rechazados en la misma semana, hasta el día de hoy, en el que, al fin, he recibido uno con los dos informes positivos. Aceptación condicionada, sí, pero así pasó también con mi primera reseña, ha habido una importante evolución desde el curso pasado y, ya en sí, resulta un hecho positivo. Tendré que incorporar las recomendaciones, no imposiciones, las cuatro cosas que vienen en los informes y esperar que sirva, pero lo más difícil ya se ha conseguido. Además, de modo inesperado, un domingo a las ocho y media de la mañana; ni siquiera debería haber estado despierto pero, como me he acostumbrado a los buenos hábitos, por así decirlo, me llegó el mensaje en directo y confieso que se me humedecían los ojos, pensando en todo lo que ha pasado hasta llegar a este punto. Así que ahora no voy a defraudar. Ni con este artículo ni con la tesis. No será la mejor tesis, ni yo el mejor investigador, y puede que ni siquiera esto me proporcione una carrera en ese mundo académico en el que, ya se sabe, si no publicas, pereces...
En todo caso, el doctorado sí lo tengo que sacar, y, aunque siempre hubiera dudas, los últimos obstáculos se están disipando y el camino está ahí, a mi alcance, si quiero darlo todo y superar la última prueba.
En todo caso, el doctorado sí lo tengo que sacar, y, aunque siempre hubiera dudas, los últimos obstáculos se están disipando y el camino está ahí, a mi alcance, si quiero darlo todo y superar la última prueba.
domingo, marzo 17, 2019
(Semi) Cerrado.
No, no parece que en esta primera mitad de año vaya a pasarme mucho por aquí. Mi escritura se centra en la tesis, en esas líneas que procuro repasar de forma minuciosa, antes de lanzarlas a la pasarela de escrutinios. He establecido un calendario de entregas de capítulos, que ha apreciado mi directora, siempre dispuesta a elogiar mi sentido de la organización. Pues sí, ya que quizá en otras facetas no sea posible que me admire tanto, ja, ja, al menos que lo haga en esa y, de hecho, ya hoy cumplí a tiempo mi entrega del primero. Por lo demás, sigue el Esperando a Godot de los artículos, salvo una reseña sobre Gimeno que apareció publicada en la revista Raudem. Debo decir que, por pequeño que fuera el paso, el ver ese PDF en el que venía mi nombre, por primera vez en una publicación de ese estilo, me hizo sentir un pequeño orgullo. ¿Valdrá para algo? A saber. Sigamos al acecho, mientras, además de las sempiternas distracciones de uno y otro tipo, también han aparecido buenas noticias relativas a la salud y el dinero (¿el amor? No, por ahí vienen las distracciones). Y también progresando en el mundo artístico visual, con el primer retrato que, a mi juicio, ha quedado aceptable. ¡Veremos si el retratado opina lo mismo! Este espacio permanecerá (semi)cerrado, pero todo dependerá, claro, de si hay novedades de interés, para lo bueno y para lo malo.
domingo, febrero 24, 2019
Nostalgia de Oscar.
Esta ha sido una semana marcada (entre otros asuntos) por la nostalgia. Nostalgia que trae lugares, personas, ambientes e incluso absurdas situaciones de vuelta. Y esta noche también habrá, por supuesto, como sea que la retransmisión de los Oscar forma parte de mi evolución como persona (mucho antes incluso de que los domingos noche estuvieran capitalizados por la nave del misterio). ¿Habrá noche golfa, como el año pasado? ¿Noche golfilla, al menos, para cumplir viendo el comienzo, o la mitad? Esta vez quieren hacerla más corta, se han cargado al presentador y casi se cargan algunos de los premios. Veamos. Mañana toca comprar, poco, algo de colada, rutinaria, clase de arte (qué diferencia con aquella clase del máster que me fumé tras los Oscar y provocó la indignación de una profesora con comportamiento indignante), y quizá repetición de cita, ojalá... ¿Puedo arramblar con todo ello si hoy trasnocho? Cosas peores se hicieron si, una vez más, volvemos la mirada hacia el pasado. Los Oscar no solo forman parte de mi desarrollo personal, también de mi memoria sentimental, comenzando con la más reciente. Un ciclo llega a su fin y noto cómo hay heridas que van a ser exorcizadas de un modo u otro. Quizá antes de que el ciclo termine. Estos Oscar forman parte del final de esa época y, tan solo por ello, quizá debiera darles la cortesía de una media hora. ¿No va a comenzar la gala, según decían, con el Bohemian Rhapsody (ahora sí lo he escrito bien)? Pues qué mejor que eso para cerrar una semana en la que, como en esa canción, he pasado por toda una serie de estados eufóricos y delirantes. La respuesta, tonight. La mandanga ya está preparada.
viernes, febrero 22, 2019
Rechazo (II).
Puede ser el número dos respecto a los episodios de rechazo este año, pero no el último. Ahora bien, no quiero que pueda parecer que el comienzo de 2019 se ha caracterizado tan solo por este sentimiento. Esta misma semana, también he gozado de lo opuesto al rechazo, y he gozado lo mío. Mi cuerpo sí fue mi gozo, volviendo a la sempiterna novela de Gimeno. Por otra parte, los rechazos asociados al doctorado fueron de entidad menor: una reseña enviada en julio, nada menos, sobre la que me mandaron la típica contestación de que no se ajusta a los parámetros de la revista, que si tengo que leer la sección About o no se qué leches. Bueno, si la revista se llama Masculinidades y mi reseña era de un libro sobre prostitución masculina, supongo que algo tendrá que ver con la masculinidad, ¿nop? Y, si me rechazan la entrevista a la propia Gimeno, es indiferente, porque esta me va a servir en mucho para el aparato crítico de mi análisis, además de constituirse en apéndice del trabajo.
Hoy es un día de reminiscencias nostálgicas, un día para afirmar la lucha y seguir adelante. Cuando existen personas que, consciente o inconscientemente, pretender establecer boicots a mi proyecto, yo digo que por ahí no paso. Después de cuatro años de trabajo, que se coman su intento de boicot con patatas, porque yo tengo a quien imitar en los ejemplos de luchas, yo no me rajo y voy con esto hasta el final. He dicho.
Hoy es un día de reminiscencias nostálgicas, un día para afirmar la lucha y seguir adelante. Cuando existen personas que, consciente o inconscientemente, pretender establecer boicots a mi proyecto, yo digo que por ahí no paso. Después de cuatro años de trabajo, que se coman su intento de boicot con patatas, porque yo tengo a quien imitar en los ejemplos de luchas, yo no me rajo y voy con esto hasta el final. He dicho.
domingo, febrero 10, 2019
Rechazo.
Sin grandes tragedias, pero no puedo afirmar que el año haya comenzado de buena manera. La tónica general es positiva, eso sí, pero, por el momento, ha habido importantes temas en los que me he dado de bruces con la inmovilidad y el rechazo. Aunque el único rechazo importante, en realidad, es el que tuvo lugar este jueves cuando, una vez más, el mi pobre artículo sobre Deseo, placer, de Gimeno fue rechazado por la misma revista (que, a modo de premio de consolación, al menos sí me aceptó una reseña). Creo que lo peor fue el modo de fracaso porque, ya de fracasar, hacerlo con todo el andamiaje. Pues no. Ha habido importantes mejoras, y eso es positivo, pero me ha dejado con la sensación de coitus interruptus, ahora que estoy leyendo libros sobre sexología. De los dos informes del artículo, uno era favorable y el otro desfavorable; no he leído este último ya que, a estas alturas de la película, me trae sin cuidado y, por otra parte, era más de lo mismo, que si falta bibliografía (pese a que incluí cuarenta referencias), que si Foucault, que si esto o lo otro. Pero bueno, ¿tanto le habría costado a esta entidad anónima poner aquello de aceptación condicional? Esto empieza a parecerme una farsa.
Pero hay, aún, tres artículos en reserva, además de otro que acabaré hoy y este pobre huérfano que, sin cambiar una palabra, probablemente tendrá una última oportunidad si lo envío la próxima semana a una revista de la Uned. Ironías de la vida, el viernes vino a León la autora motivo de mi análisis, pero mi cuerpo no fue mi gozo, a diferencia de su novela, y me asaltó con un catarro pasajero que me dejó fuera de combate. Lástima, aunque, francamente, no creo que el hecho de conocer a Gimeno en persona vaya a cambiar la suerte de mi doctorado. Presentaba un libro que conozco de memoria, como sea que es sobre el que me aceptaron la otra reseña pendiente. Me gustaría conocerla, sí, aunque tal vez mejor después de que defienda la tesis, si es que dicha defensa llega a materializarse. Para que así sea, voy a darlo todo. Otras metas podrán esperar unos meses, dado que en esta el calendario es el que es. Hay algo de lo que estoy seguro, y es de que todos los rechazos acaecidos en lo poco que llevamos de año son reversibles. O insignificantes.
Pero hay, aún, tres artículos en reserva, además de otro que acabaré hoy y este pobre huérfano que, sin cambiar una palabra, probablemente tendrá una última oportunidad si lo envío la próxima semana a una revista de la Uned. Ironías de la vida, el viernes vino a León la autora motivo de mi análisis, pero mi cuerpo no fue mi gozo, a diferencia de su novela, y me asaltó con un catarro pasajero que me dejó fuera de combate. Lástima, aunque, francamente, no creo que el hecho de conocer a Gimeno en persona vaya a cambiar la suerte de mi doctorado. Presentaba un libro que conozco de memoria, como sea que es sobre el que me aceptaron la otra reseña pendiente. Me gustaría conocerla, sí, aunque tal vez mejor después de que defienda la tesis, si es que dicha defensa llega a materializarse. Para que así sea, voy a darlo todo. Otras metas podrán esperar unos meses, dado que en esta el calendario es el que es. Hay algo de lo que estoy seguro, y es de que todos los rechazos acaecidos en lo poco que llevamos de año son reversibles. O insignificantes.
domingo, enero 27, 2019
Under pressure.
Aprovecho el título para hacer referencia a la canción de Queen, ya que esta semana estuve viendo Bohemian Rapsody, espero haberlo escrito bien, la biografía del grupo que ha recibido, merecidamente, críticas por su carácter comercial y falseador de la realidad. Habrá que ver en el futuro si alguien se atreve a hacer otra versión, sin las interferencias de la banda. En todo caso, me alegro de que en el filme más taquillero del año en España se pronuncie la palabra bisexual, aunque solo sea para que un personaje la niegue, del mismo modo que me alegré el otro día al ver en la biblioteca pública que habían llevado el libro sobre bifobia del que envié una reseña.
Pero, por lo demás, no se puede decir que esté bajo excesiva presión todavía. Me encuentro finalizando el que será el último artículo de la terna, salvo posibles recursos de última hora. Cuando lo mande, retomaré la versión final de la tesis, un trabajo mucho más agradecido en cuanto a que, si bien es necesario mantener una serie de formalismos, al menos los corsés no son tan rígidos como los que imponen las publicaciones. El doctorado puede perjudicar gravemente la salud (deberían poner el aviso en los folletos informativos) así que este año lo he comenzado cuidando y mejorando mi salud. Retomé el gimnasio y, sin duda, recordaré la visita de la semana pasada, coincidiendo con la primera gran nevada del año en la ciudad. La sensación de remojarse en el jacuzzi mientras en el exterior caen las copos en constante fluir resulta un contraste que sumar al ciclo del gym, que este curso empezó con esa sesión, tan lejana ya, de tumbarse en la piscina y hablar del futuro.
El mes corto del año comenzará con un cumple y seguirá con el regreso a mis viejos y queridos capítulos, que, en un modo u otro, han evolucionado a la vez que yo también lo he hecho. No se si habrá visita a Oviedo, porque la salud puede ser cara y he de moderar mi presupuesto. En retrospectiva, siempre supe por qué el año pasado no hice viajes al extranjero ni, por primera vez en mucho tiempo, a Madrid. Había que reservarse para gestas más necesarias. De todos modos, sí que haré excursiones de un día. Alguna excursión burocrática me tocará, qué remedio. Quizá de esas en las que haga falta llorar un poco, ja, ja. O ejercer presión.
Pero, por lo demás, no se puede decir que esté bajo excesiva presión todavía. Me encuentro finalizando el que será el último artículo de la terna, salvo posibles recursos de última hora. Cuando lo mande, retomaré la versión final de la tesis, un trabajo mucho más agradecido en cuanto a que, si bien es necesario mantener una serie de formalismos, al menos los corsés no son tan rígidos como los que imponen las publicaciones. El doctorado puede perjudicar gravemente la salud (deberían poner el aviso en los folletos informativos) así que este año lo he comenzado cuidando y mejorando mi salud. Retomé el gimnasio y, sin duda, recordaré la visita de la semana pasada, coincidiendo con la primera gran nevada del año en la ciudad. La sensación de remojarse en el jacuzzi mientras en el exterior caen las copos en constante fluir resulta un contraste que sumar al ciclo del gym, que este curso empezó con esa sesión, tan lejana ya, de tumbarse en la piscina y hablar del futuro.
El mes corto del año comenzará con un cumple y seguirá con el regreso a mis viejos y queridos capítulos, que, en un modo u otro, han evolucionado a la vez que yo también lo he hecho. No se si habrá visita a Oviedo, porque la salud puede ser cara y he de moderar mi presupuesto. En retrospectiva, siempre supe por qué el año pasado no hice viajes al extranjero ni, por primera vez en mucho tiempo, a Madrid. Había que reservarse para gestas más necesarias. De todos modos, sí que haré excursiones de un día. Alguna excursión burocrática me tocará, qué remedio. Quizá de esas en las que haga falta llorar un poco, ja, ja. O ejercer presión.
domingo, enero 13, 2019
Llegará el crepúsculo y tendrá tu nombre.
¿Podría ser este un año crepuscular? Quizá, aunque eso no es algo negativo de por sí. Cambios habrá, ya los ha habido en el poco tiempo transcurrido desde una Nochevieja que fue, por suerte, tranquila. Amigos que, a priori, parecían eternizados aquí, pero que se van, con un futuro bajo el brazo como el que otros y otras andamos buscando. El crepúsculo (violeta, faltaría más) del doctorado se acerca. Acabo de enviar mi bala de plata, o algo así, el artículo derivado de mi ponencia en el congreso de León. Puedo asegurar que está más logrado que aquellos que me devolvieron el pasado verano, aunque, a saber, mucho dependerá también de lo que opinen los Pares Anónimos. ¿No es este un buen nombre para una asociación? La tesis no es el único ámbito en que se debe avanzar, también sigo con las clases de arte, realizando algunas obras bajo el signo de Hitch, cuyo blog quizá debiera rescatar. ¿Y si se diera el irónico caso de que encontrara mayores salidas en este ámbito que en el de la investigación que he venido desarrollando estos años? Cosas más raras he visto. No voy a cerrar ninguna puerta, lo que está claro es que apuntarme a esas clases, algo para lo que Ana me dio un empujón decisivo, ha sido uno de los mayores aciertos del curso. Aunque la tesis, hasta cierto punto, se pueda desarrollar de modo creativo, la verdadera creatividad libre y sin freno se debe encauzar por otras vías, complementarias y confluyentes, en ciertos casos, con mis temas de estudio. Esta es una buena actitud con la que comenzar el año.
lunes, diciembre 31, 2018
La escalada.
En Nochebuena volví al monte, después de una necesaria visita al ambulatorio, a través de urgencias, pues el que me toca estaba cerrado. Hacía bastante que no pasaba por la consulta, ahora recuerdo por qué, con el esperpéntico ambiente de caos y esperas que reina por allí. En todo caso, me dieron un antibiótico y un analgésico para ir tirando durante las fiestas, ahora ya estoy bien y esperando al fin de estas para otra visita no menos necesaria, la del dentista. No puedo retrasarlo más, qué le vamos a hacer. Aunque me encontraba poco operativo, la Nochebuena fue estupenda en Vegacervera, y a la mañana siguiente fuimos en ruta por las hoces y por la zona de las cuevas de Valporquero, donde tomé la instantánea de esa roca colosal, que se yergue magnífica como desafiando a quien pretenda escalarla.
Eso me recordó a un libro que (pese al ruido) comencé a leer en la sala de espera, Hacia rutas salvajes. Se basa en la historia real de un joven idealista que llevó sus principios nómadas hasta las últimas consecuencias. Aunque la historia es fascinante, no me identifico en demasía. Me encanta la naturaleza, como puede comprobarse, pero este año he permanecido bastante sedentario. Y me ha ido mejor que en años más movidos a ese respecto. Mi verdadera escalada, mi verdadero reto (pues reto lo considero, como indiqué en estas navidades), llega a partir de la medianoche. No más prórrogas. El doctorado no es, claro está, mi única meta para el 2019, pero es la única que tiene un límite marcado de forma nítida. ¿Lo demás? Pues como si lo aplazo al veinte veinte. No a los deseos locos de año nuevo, sí a tener claras las prioridades. Así que toca amarrarse a la dura roca, os escribiré desde la cima, si es que llego. Feliz odisea.
domingo, diciembre 23, 2018
El día más corto, la noche más larga.
Hay tradiciones navideñas para todos los gustos, más o menos aceptadas. En mi caso, suelo ponerme malo por estas fechas pero lo cierto es que no lo hago a propósito, para evitar compromisos sociales; es una época favorable para ello, creo yo. Al menos en mi caso, pero el otro día, coincidiendo con el solsticio de invierno, me dio fuerte. Yo había quedado relativamente pronto para ir al monte con Ricardo y Ana pero no fue necesario poner el despertador, me pregunto si dormí algo en toda la nochecita toledana, en la que empecé a delirar en algunos momentos, recopilando escenarios, personajes y situaciones de la saga Torrente. No quise rajarme, de todos modos. El monte llama, y entre el resto de excursionistas y yo juntamos una buena farmacopea para permitir llegar arriba, aunque fuera apenas medio vivo. Y, como la niebla no fue obstáculo, allá subimos, hasta la collada del Fontún. Hacer cumbre estaba, por lo que a mí respecta, out of the question. Tiempo habrá para ello, supongo. Además, mañana regreso a la montaña para Nochebuena, como hace dos años. Drogado o no, habrá que celebrarlo del mejor modo posible. Hasta Año Nuevo no vuelve a ponerse en marcha la maquinaria, después de que ya envié uno de los artículos importantes, el reformado para Asparkía. Así pues, mientras espero a que mi garganta recupere su tamaño original y que no me vea papudo en el espejo, os deseo felices fiestas. Y saludables, indeed.
domingo, diciembre 09, 2018
Por los suelos.
El título no se refiere a mi estado de ánimo, ni al hecho de que volviera a casa a las cinco de la mañana... Tendré que explicar el contexto, más adelante, por ahora respetaré el orden cronológico de las primeras jornadas de Humanidades Médicas en Oviedo. Todo fue bien, y eso que eran las primeras, la verdad es que terminé entusiasmado, tanto como mi participación como ponente como con el hecho de haber formado parte de la organización, desde el principio. No asistí en su totalidad, pero casi. El jueves por la tarde fui de público al segundo panel y luego me tocó ser vendedor de libros y guardián de los caudales. Vendí solo un par pero esos diez minutos fueron una mejor experiencia que mis varios meses en la librería del Corte... Luego, un par de cañas y al hotel a preparar mi gran momento del viernes. Lo llevaba todo muy medido, sí, al igual que el de León, y salió bien. Le gustó a mi directora, buena señal, y supongo que también a parte del público, salvo algún frikazo tradicional de estos eventos, que no tenía mucha idea de lo que se estaba hablando.
Tras la pausa del café y del té, llegó la parte de performance, incluyendo un taller al que yo, en un principio, no me había apuntado; tenía previsto haber vuelto al gimnasio de allí, finalmente me apunté y no me arrepiento, aparte de que, en sí, tuvo mucho de ejercicio físico. Fueron las primeras jornadas académicas en las que, no solo me he acabado poniendo el chándal, sino también rodando por el suelo, de ahí el título que encabeza la entrada. Fue genial, un complemento perfecto al academicismo de un simposio así, además de encajar con el espíritu de las humanidades médicas por ponernos en la piel de quienes tienen capacidades diferentes. Gracias a la energía que quemé allí en el salón de actos, fui capaz de meterme un menú asturiano después, con pote y pitu caleya, si es que se escribe así.
Tras recoger la sala de juntas y mantener una breve conversación-tutoría con Luz Mar, estuve a punto de quedarme tirado en la cama pero salí a tomar un par de tapas y, como apuntaba por aquí, a brindar con Juanjo en el Ópera por el próximo año, degustando un Madame Butterfly. No hace falta subrayar el carácter crucial del año próximo, y lo justificado que está el brindis. Veo necesario mantener la cabeza serena para evitar errores estúpidos como el que comenté, el de no poder enviar el artículo a la revista, cuando lo cierto es que ni siquiera me había hecho un perfil en la misma, y por fortuna ya he arreglado ese pequeño lapsus. Existen motivos para ser optimista, no obstante, con otra reseña aceptada, con la corrección de otro artículo antes de Navidad que tiene mucho potencial, y con la oportunidad de oro de convertir la ponencia de León en artículo de libro para febrero. Si con todo esto no se puede defender la tesis, apaga y vámonos. Ahora que está de moda hablar de la reconquista, con esas cabalgadas que parecen más bien de orcos, puedo afirmar que en mes y medio he logrado de un modo u otro seis certificados más para la saca. Reconquistemos, pues.
martes, noviembre 27, 2018
Simposio y cierre.
Este mes ha venido marcado por una estructura circular de congresos, simposios o jornadas. Si ya narré aquí el de León a comienzos, esta semana volveré a Oviedo, posiblemente por última vez este año, para las I Jornadas de Humanidades Médicas, aquellas para las que he ido asistiendo a reuniones a lo largo de todo el curso. Mi comunicación es el viernes por la mañana, no tan temprano como la anterior, y, con la experiencia tan reciente, la verdad es que el nerviosismo se ha reducido bastante. Voy a quedarme un par de noches, la segunda con el fin de disfrutar también un poco la estancia, la ciudad, y de brindar por el nuevo año, algo anticipadamente; un brindis similar al del pasado diciembre en el café Ópera. Supongo que dio algo de suerte, porque ha sido un año bastante positivo. No acabé el doctorado, cierto; por ello, todos los brindis que haga para el 2019 deberán llevar la coletilla de ahora o nunca. Es decir, ahora o nunca al menos en Oviedo. Un plan B o C siempre sería factible, si bien indeseado. No asumo, a día de hoy, la idea de no defender el año próximo. Además de las dos ponencias, este mes he enviado un par de reseñas que cuentan con opciones, también me han mandado, en calidad de revisor, un artículo sobre pornografía mainstream (buena fama me estoy creando) y he terminado el que, hasta la fecha, es el artículo más completo y mejorado de todos los míos. Lástima que, por ahora, no haya sido capaz de subirlo a la plataforma digital de la revista. Es la primera vez que tengo problemas en ese ámbito, empiezo a pensar que ese tipo de páginas son inventos demoníacos. No me echaré atrás ahora por un rollo burocrático más, presencial o no. ¡Y lo que me queda! Ojalá estas jornadas, que han sido preparadas con mimo (en especial por parte de mi directora) sean tan buenas como me las imagino. Y, en todo caso, será el cierre del año en Oviedo, salvo sorpresas de última hora.
domingo, noviembre 11, 2018
Rutas.
El regreso al monte siempre es algo positivo, más todavía si es por partida doble en la misma semana, con familia y amigos. No descubrí nuevas rutas, sino que revisité antiguas, con un carácter simbólico. Es el caso de Viadangos de Arbás. Fuimos allí el fin de semana más tórrido de agosto, nos bañamos en su fría poza y luego pasamos a las aguas más cálidas del pantano. No hubo baño posible en esta edición invernal, que no otoñal. Si me había quedado con las ganas de pisar nieve, al final apuré la copa hasta el fondo, ni tan fondo. El fondo al que llegué metiendo la pierna hasta la rodilla en algunos recodos del camino. Las variables en la evolución del año quedaron bien visibles al repetir la foto sobre el puentecillo, como puede comprobarse. Y esta vez sí que llegamos hasta el pequeño bosque que se atisba al fondo. Un lugar mágico, en conjunto; una excursión breve, mañanera, pero muy bien aprovechada. ¿Falta la versión primaveral, supongo?
El paso más grande, sin embargo, lo di esta semana, regresando a la dinámica de congresos para el doctorado. En realidad, creo que no me hacían falta más comunicaciones por completar, pero, siendo el evento en León, en mi propia facultad, no iba a perder esta ocasión, que, a la postre, quizá solucione al fin los problemas que debo superar antes de defender la tesis. Siempre me pongo nervioso con esta clase de actos, al margen de cuánto público haya. Yo sabía que habría poco y acerté, siendo el panel el jueves a las nueve de la mañana. No me importaba, yo lo que quería era prepararlo bien; menos nervios me hubiese provocado si me limitara a leerlo, clavando los ojos en el papel y sin mirar a la gente, como hizo algún compi. Pero no, siguiendo (hasta cierto punto) las enseñanzas de ese curso de Comunicación Oral en Oviedo, me lo aprendí sin llegar a los quince minutos de límite, y procuré mirar al escaso, pero merecedor de respeto, público.
Y, además del doble certificado, de comunicación y asistencia (pese a que solo fui a mi propio panel), nos dieron un bolso con un montón de chuminadas de esas que me encantan: cuaderno, chapita, etc. ¡Por no hablar del catering! Vamos, que me cundió el regreso a la facultad, a esa facultad con goteras pero cuya aula magna, desaprovechada en su grandeza respecto al número de presentes, ahora ha ganado lustre con las estatuas primas hermanas del Hulk de Santo Domingo. Lo único malo es que no pudiera venir mi antigua directora Natalia por enfermedad, pero, cuando finalmente coincidamos, eso provocará un gran avance en el tema de los artículos. De todos modos, quizá ni siquiera sea necesario que me acepten un artículo, porque la ponencia de este congreso podrá convertirse en un acta publicada en libro (a menos que la escriba de forma pésima). Con ello, a priori, ya estaría el cupo completado y entraríamos en la recta final. Por unas rutas u otras, estoy convencido de llegar hasta allí.
domingo, octubre 21, 2018
Cumpleaños salchichero.
Llevamos dos años seguidos celebrando la versión casera del Oktoberfest, con gran alegría al precio de una importante orgía calórica. ¡Carpe diem! Es solo una noche al año. Y, esta vez, coincidió justo con mi cumple. ¿Cómo resistirse a convertirlo en un dos por uno? Además, Claudia me regaló una colección de mostachos fiesteros del Tiger, por lo que el alma bávara al menos se recogería bien en fotos como la que he incluido aquí. Al igual que en la edición pasada, la fuente de salchichas resultaba una absoluta desproporción para cinco personas (una de ellas vegetariana), a menos que hubiéramos dispuesto celebrar una especie de suicidio ritual y colectivo. Yo tomé cuatro, bien regadas, con chucrut para digerir y, de aperitivo, un pastel de puré de patata con, sí, más salchichas que el chef Ricardo nos había preparado. Y lo que le sobrará...
Estoy muy contento con todo el transcurrir del fin de semana, también con los regalos recibidos, entre los que hay variedad y calidad: un libro de relatos de horror de Ligotti, un diccionario de cultura japonesa, una hermosa libreta para apuntar sueños, un juego de mesa como los que nos gustan, una novela de George Eliot y, como broche, un retrato de mí mismo transformado en Poe. Este último, obra de Antonio, luce tan bien que le tendré que buscar un lugar con más espacio. Ahora me encuentro, en cierto modo, digiriendo todavía no solo la cena sino buena parte de las sensaciones y vivencias de este aniversario. Durante el que, ya es casualidad, vino a León mi autora analizada, Beatriz Gimeno, pero reconozco que pasé bastante de ir a verla. La tuve muy en cuenta, eso sí, para enviar la corrección de la reseña que dijeron que me publicarían con modificaciones. Esperando a ver si es verdad, la próxima semana, aparte de las sesiones de gimnasio con las cuales diluir la grasa salchichera, voy a continuar con los artículos, verdadera pesadilla de este doctorado. Habrá que confiar en que, siguiendo todos los brindis del día de ayer, realmente este nuevo año que empieza para mí sea bueno. ¡El comienzo lo ha sido!
domingo, octubre 14, 2018
Atípica visita a Oviedo.
Pues sí, atípica. De hecho, ni siquiera hice fotos con las que pueda ilustrarla. Fue todo tan rápido, tan bien aprovechado... Como debería ser siempre, por otra parte. Por primera vez ni hice fotos, ni pasé por la calle Gascona, la catedral o el casco histórico, ni siquiera visité librerías donde adquirir algún manga o algún ejemplar adecuado para la tesis, de esos que aquí me cuesta bastante encontrar. Y tampoco puede hablarse de visita exprés, porque sí que me quedé a dormir, en el aparthotel junto al campus que ya he visitado en otras ocasiones por sus facilidades logísticas.
¿En qué se gastó el tiempo, pues? Bueno, estuve toda la tarde en mi facultad, lo cual concordaba con el motivo esencial de la estancia. Un par de horas de reunión para las jornadas de Humanidades Médicas de finales de noviembre, y luego la ansiada tutoría personal, en la que recibí mi chute de motivación y nuevas instrucciones y deberes para sacar adelante el proyecto. No solo yo estoy cabreado por el tema de las publicaciones, mi directora también. Lo más humillante de esto es que ese requisito es bastante reciente, a la reunión asistió un antiguo doctorando suyo que leyó su tesis sin haber publicado ni media línea. Así que, en fin, una vez más tuve la sensación de haber llegado tarde a todo. Pero albergo confianza, se solucionará de un modo u otro. Al menos esa es la percepción que me dio ella y con la cual salí del campus. Terminada la sesión, ya pude disfrutar de unas cañas con Juanjo por la zona de vinos, y vuelta a la habitación. Sin trasnoche, dormí bastante bien teniendo en cuenta que no siempre sucede así en hoteles. Imagino que estaría agotado, o que hubo más silencio del habitual. A la mañana siguiente, antes de ir la estación, inesperada sesión de recuerdo del pasado por mi barrio, muy necesaria y evocadora de buenos momentos por allá, que también los hubo y para elegir.
Así pues, la próxima visita parece evidente que coincidirá con dichas jornadas, en las que yo presentaré una comunicación, al igual que la que voy a leer en León a primeros de mes. En noviembre acabo ya con ese tema, y por narices habrá que avanzar en el otro. Eso no impedirá que antes, en la barrera simbólica de mi cumple, continúe con fastos ya iniciados esta semana.
¿En qué se gastó el tiempo, pues? Bueno, estuve toda la tarde en mi facultad, lo cual concordaba con el motivo esencial de la estancia. Un par de horas de reunión para las jornadas de Humanidades Médicas de finales de noviembre, y luego la ansiada tutoría personal, en la que recibí mi chute de motivación y nuevas instrucciones y deberes para sacar adelante el proyecto. No solo yo estoy cabreado por el tema de las publicaciones, mi directora también. Lo más humillante de esto es que ese requisito es bastante reciente, a la reunión asistió un antiguo doctorando suyo que leyó su tesis sin haber publicado ni media línea. Así que, en fin, una vez más tuve la sensación de haber llegado tarde a todo. Pero albergo confianza, se solucionará de un modo u otro. Al menos esa es la percepción que me dio ella y con la cual salí del campus. Terminada la sesión, ya pude disfrutar de unas cañas con Juanjo por la zona de vinos, y vuelta a la habitación. Sin trasnoche, dormí bastante bien teniendo en cuenta que no siempre sucede así en hoteles. Imagino que estaría agotado, o que hubo más silencio del habitual. A la mañana siguiente, antes de ir la estación, inesperada sesión de recuerdo del pasado por mi barrio, muy necesaria y evocadora de buenos momentos por allá, que también los hubo y para elegir.
Así pues, la próxima visita parece evidente que coincidirá con dichas jornadas, en las que yo presentaré una comunicación, al igual que la que voy a leer en León a primeros de mes. En noviembre acabo ya con ese tema, y por narices habrá que avanzar en el otro. Eso no impedirá que antes, en la barrera simbólica de mi cumple, continúe con fastos ya iniciados esta semana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
