viernes, diciembre 04, 2009

CRÓNICA DE UN NO RETORNO (POR AHORA) y 2

Y renuncié al sueño, al descanso, de forma voluntaria aunque el entorno tampoco ayudaba en demasía. Me forcé, en cierto sentido, pero no tanto como para que mi organismo me hubiera implorado clemencia. Ah, las delicias de Morfeo… A mí me gusta dormir, lo confieso, el sueño es como una pequeña muerte que suele borrar todos los problemas. No soy un lirón, tampoco de esos supuestos superhombres que se vanaglorian de que el descanso no está hecho para ellos. Lo cierto es que tendría que dormir menos para hacer más cosas, pero no estoy por renunciar ni a ese placer ni a esa necesidad. Andy Warhol, en su libro POPism, confiesa que no sabe si en los 60 pasaron más cosas porque se trasnochaba más o si la gente empezó a tomar anfetaminas porque necesitaban estar despiertos para hacer esas mismas cosas. Él mismo dice que durante algunos años de esa década no durmió más que 2 o 3 horas diarias. Todo era una fiesta, un continuo fluir non stop. Aunque esa época, por supuesto, arrastró a muchos juguetes rotos y cadáveres exquisitos.

A mí no me agrada tomar ningún tipo de droga para mantenerme despierto ni dormido. No me gusta el café, no me gusta su sabor y paso también de la coca-cola salvo en casos de emergencia. Y, respecto al té, lo prefiero bajo en teína. El centro La Nave tenía un cierto aire de decadencia warholiana, de hecho tenía hasta sus propias drag queens. Lo que me encantó de ese lugar, lo que le insufló vida a ese cuerpo que iba adquiriendo tonalidades de muerto viviente, fue ese microclima que lo circundaba; era algo especial, como un aura de libertad, una burbuja que nos separaba de un mundo en el cual no nos hubiéramos atrevido a llegar tan lejos en nuestras acciones. Tenías que pagar un precio por ese privilegio.

Sin embargo, siempre tuve la sensación de no encajar del todo. Y es natural. ¿Por qué he de encajar? Este campamento, siendo la némesis de aquellos veraniegos de los Hermanos Maristas, en el fondo me parecía algo ajeno a mí. Absurdo era que me hicieran servir si yo había pagado por estar allí (tal vez esto sea producto de mi mentalidad, ¿cómo era?, pequeñoburguesa), absurdos los paseos montañeses durante una clásica mañana dominguera con resaca… Sin embargo, había magia. La de estar fuera del albergue bajo el frío de diciembre, en el monte, de noche, con una camiseta y un sombrero vaquero; la esperanza que me creé aunque luego no duró más allá de un par de meses… Como alguien comentó en una foto, Se veía mucho amor por entonces. Quizá fuera un modo de darse calor. Pero, ¿era Amor? ¿En verdad se trataba de ese diosecillo que apunta a la vez con flechas de plomo y de oro? El amor debiera crear, por momentos, como una barrera alrededor de los amantes, una especie de cerco que los aislara del mundo hasta que ellos quisieran retornar; en esas circunstancias, el muro no se sostenía en sus cimientos, en esas curiosas noches de alcahuetes, esos billetes anónimos que se dirían sacados de una comedia de Lope…

Sea como fuere, yo no volví. Ni a las jornadas de primavera ni a las de verano, confesando que en este último caso me arrepentí en su día. ¿Me arrepentiré ahora también por no ir? No lo se, en todo caso también me arrepentiría en el caso de ir. La regularidad de estos eventos me hace asegurar que, en todo caso, dentro de tres meses tendría una nueva oportunidad. ¿Iré? Ni idea. La mayor razón para descolgarme de estos enredos es la carrera, la más fuerte pero no la única. Otras circunstancias me invitaron a cambiar de aires y, si esas circunstancias cambiaran como es mi deseo, entonces ya no tendría sentido emprender el viaje.

Si alguien se ha sentido agraviado por mi ausencia, aunque dudo que lea este texto, que sepa que tanto el sacar la carrera como sacarla bien forman parte de una necesidad de mera supervivencia, que quiero servirme de ese fin para que llegue el día en el que pueda celebrar mi intimidad con sábanas limpias y una copa de Lambrusco, y el enervante zumbido del despertador solo suene cuando sea realmente necesario.

Para lograr ese propósito hay que actuar más y hablar menos; escribí esto como mezcla de una serie de sentimientos que debían ser canalizados, pero a partir de mañana retornaré a la senda de ese ya no tan largo camino.

jueves, diciembre 03, 2009

CRÓNICA DE UN NO RETORNO (POR AHORA) Parte I

CRÓNICA DE UN NO RETORNO (POR AHORA)


3/12/08

Hoy, como hace un año, debería encontrarme en la víspera de mi viaje a las jornadas de invierno del colectivo aragonés Magenta. Solo de pensar que mañana tendría que ponerme en camino me entran náuseas, y no porque la experiencia me resulte poco aconsejable de repetir, sino porque desde el primer momento en el que subiera al tren o autobús me estaría torturando la sensación de perder cuatro o cinco días preciosos para librarme de parte de mis pesadas alforjas de trabajo. Porque no todos los cursos son iguales. Ni todas las carreras son iguales. Ni, por supuesto, todos los estudiantes son iguales. Estas tres diferencias, aunque salten a la vista, parece que no todo el mundo las tiene claras. Yo sí, porque no me queda más remedio.

Este curso se han invertido las tornas. Si el segundo cuatrimestre se presenta bastante despejado, no puedo decir lo mismo de este. Hubo dos buenos motivos que me hicieron, en el último momento, decantarme por asistir a esas jornadas. Uno fue el eje central sobre el que iban a transcurrir, y el segundo es mejor dejarlo en el limbo porque hasta ahora no he sabido sacarle provecho. Era reticente, y es lógico. Siempre he encontrado bastante detestables los campamentos y similar. No es una cuestión de falta de sociabilidad… Tanto placer encuentro en pasar ratos con buenos amigos o conocer gente como en los instantes del estilo en el que me hallo ahora, dedicado a mí y al a priori reducido público al que vaya a llegar este escrito. En los campamentos parece como si todo estuviera milimetrado para que no te quede un resquicio de tiempo que dedicar a ti y tengas que permanecer de continuo absorbido en la masa social. Y, si intentas buscar esos instantes de intimidad, puedes dar por seguro que la idea no será bien acogida a menos que la gente de que te rodees comprenda y acepte tu comportamiento. En el pueblo de Torrellas renuncié por unos pocos días a disfrutar de espacios personales pero, francamente, hacia el final ya me encontraba hastiado.

Habrá quien piense que tanto la lectura como la escritura son entretenimientos individuales que entorpecen el relacionarse socialmente. ¿Entretenimientos? Por los cojones. Yo no moriré por falta de libros o por no poder reflejar lo que siento en un papel o un ordenador, pero el caso es que se trata de impulsos que provienen de mi organismo y me han acompañado siempre como si desarrollara un instinto. Si no fuera así, ¿qué sentido tendría que ahora me encuentre escribiendo sobre sentimientos propios cuando en realidad debería estar resumiendo libros de otros autores? Este impulso me vence, vence incluso al sopor que surge tras una semana de clases.

No, yo no valgo para la casa de Gran Hermano. Una casa ideal para mí, sin llegar a ser una inalcanzable torre de marfil, tampoco es una granja de pollos reconvertida en albergue con treinta camas por cuarto, cuarto en el que no pueda hallar mi espíritu reposo ni para la intimidad para con mi creación ni para otro tipo de intimidades que en la oscuridad parecen clandestinas y que a mí me gusta llevar a cabo con una luz, tenue al menos, que me haga recordar el momento (cuando este merezca ser recordado). Aquí en León puedo salir por la noche, puedo avistar las bandadas de paso que pronto emigrarán pero, en el caso de que saliera durante todo el puente, y eso no va a ser, al día siguiente siempre tendría este refugio para purgar los excesos y reflejar las más interesantes experiencias. Lo de Zaragoza es una especie de continuum, una esquizofrénica situación en la que por un lado hay una parte didáctica y comprometida y por el otro una parte lúdica que boicotea a la primera hasta el extremo de torpedearla.

martes, diciembre 01, 2009

Día contra el sida 09.


El colectivo Diversidad León ha celebrado el Día Mundial contra el Sida (aunque no se si celebrar es el verbo correcto) con una caseta informativa en la plaza de la Pícara Justina, de 12 a 13 horas, y esta tarde se reanudará de 18 a 21. Desde aquí quiero agradecer a todos los leoneses que han demostrado interés y solidaridad, y también agradezco de antemano a quienes lo mostrarán en el día de hoy. En la foto, yo me destapo en esta fría jornada enseñando la camiseta con el lema de hace un par de años. Os invito a todos a que recordéis el impacto que aún provoca esta pandemia y que logremos irla erradicando.

sábado, noviembre 28, 2009

Érase una vez en el III Reich.


Pese a que tengo un libro sobre su breve, si bien intensa, filmografía, no soy tan entusiasta de Tarantino como otros amigos míos, es un tipo que me provoca reacciones encontradas al igual que sucede con buena parte de la crítica y los espectadores a nivel mundial.
Ha logrado algo envidiable, y es hacer lo que le da la gana. Se permite caprichos, en su mayor parte cameos en películas de amigos, y otros que le salen rana como sus pinitos de actor en el teatro. Sí participo de la alabanza general a Pulp Fiction (aunque la autoría de su guión ha creado no poca polémica) pero abomino de otros proyectos en los que da la impresión de que solo se ha divertido él. Me refiero en concreto a ese programa doble partido a la mitad, en el que él se encargó de un capítulo (con duración de película estándar) que contenía un diez por ciento de persecuciones de coche y un noventa de conversaciones en las que Tarantino sacaba a relucir su lado femenino, con nefastas consecuencias.
Me ha gustado Malditos bastardos, tiene momentos soberbios y además es un entretenimiento de primera clase con sus dos horas y media. No creo en la perfección y por tanto no puedo decir que sea perfecta; tiene momentos de calidad superior, pero el conjunto queda algo desproporcionado. Considero que mi problema ha sido la falta de perspectiva: hasta la parte final cometí el error de tomarme en serio la película, algo que no me hubiera sucedido con Pulp Fiction o Kill Bill, de tomármela como un filme bélico sui generis, pero tuve que abandonar esa visión en el desenlace si no quería que me pareciera una patochada. Que se salten el párrafo los que no quieran saber cómo acaba, pero que se pretenda que nos creamos que acabar con el causante de la Segunda Guerra Mundial y del exterminio de millones de judíos, algo que no lograron los generales de la Operación Valkiria, lo pueden conseguir un par de empleados de un cine y un par de zoquetes soldados que entran a un acto de toda la jerarquía nazi cargados de dinamita, como quien va con su cubo de palomitas... ¿Cómor? No me lo voy a tomar en serio porque seguramente Tarantino tampoco se lo habrá tomado, es tan solo el espíritu pulp, que es lo que le gusta, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Ahora bien, si el director escribiera la Historia qué rápido hubiera acabado todo...
Como director Tarantino es genial, como guionista tiende a la desmesura. Siguiendo un ejemplo renacentista, actúa como la abeja que va libando flores para luego conseguir la miel. Él centrifuga todas sus influencias, que no son pocas (tebeos, novelas, cine de serie Z, mucho western en el caso que nos ocupa...) y luego nos ofrece una deliciosa tarta que corre el riesgo de empachar. A mí los momentos que más me han convencido son en los que hay personajes sentados a una mesa y charlando: el comienzo es sublime, la partida de cartas, la comida con Goebbels e interrogatorio posterior... Cierto que los diálogos no pueden alcanzar el nivel de surrealismo de los de otros proyectos, pero buena parte de la fuerza de las escenas se sigue basando en ellos. La parte menos interesante, y en eso coincido con casi toda la crítica, es precisamente la de los malditos bastardos. Tarantino ha trabajado con desigualdad a sus personajes y, como fruto de esa libertad de la que hablaba al principio, no concede a Brad Pitt el estatus de estrella que quizá algunos espectadores habrían esperado. El coronel Landa, cuyo actor fue premiado en Cannes, maneja a todos como quiere y Pitt no tiene nada que hacer frente a él. A veces actúa como si pasara por allí o hubiera aceptado el rol merced a alguna juerga etílica con Quentin... Su personaje no es un héroe de acción, ni siquiera es simpático a mi juicio, es la horma del zapato del nazi cazajudíos, al ser él propiamente un cazanazis cuyos métodos son análogos a los del otro, sin que se mida la violencia según un código moral, algo que Tarantino no ha hecho nunca y tampoco va a hacer ahora. Creo que, aunque quizá esté un poco mayor, Stallone hubiera sido perfecto para su papel. Su nombre, si no recuerdo mal, salió a la palestra en el interminable proceso de gestación de este filme, junto a otros habituales como Tim Roth, Michael Madsen...
En fin. Con todo lo dicho, la verdad es que Tarantino es uno de los grandes creadores del cine actual, un autor en el sentido más estricto del término, y por ello cada proyecto suyo se aguarda con gran expectación, sobre todo porque se toma su tiempo para hacerlos. La idea de hacer Kill Bill 3 y 4 parece una chaladura a priori, y precisamente por ello es estimulante, al menos sacará del ostracismo a la pobre Uma Thurman. Quienes queráis adentraros en este far west con yanquis que actúan como indios y nazis que actúan como vaqueros seguramente no saldréis arrepentidos.

jueves, noviembre 26, 2009

Congelados.

Antes de nada, diré que no me refiero al tiempo y que, por suerte, mi problema de móvil ya está arreglado. Es lo que tienen estos pequeños problemas gratuitos, que al menos suelen resolverse pronto y con facilidad. Pasé por la tienda del otro martes y seguía la misma torda en la misma postura. Luego fui a consultar a otra más simpática y servicial, y ahora tengo al pequeño puck encerrado en un papelajo.
El ir a clase muchas veces me rejuvenece, sobre todo cuando los profesores hacen frente común y nos meten a todos en el mismo saco de los 20 o 21 años. Bueno, yo por si acaso seguiré tomando un montón de antioxidantes con el té verde. Nuestra profe, la misma que nos está dando el cuatrimestre con sus controlitos resacosos en lunes, creyó que yo rondaba esa edad. Pero yo no tengo la menor molestia en confesar lo contrario, porque aún no soy viejo y la juventud, a medida que la esperanza de vida aumenta, parece como que se alarga. Para justificar ser el senex de la clase, y omitiendo mis empleos, saqué la carrera de Ponferrada. ¿Me ha servido? Bueno, una cosa es servir y otra ganar dinero. Claro que me ha servido, ahí está el título colgado y me la pela su falta de homologación. Yo he seguido metido en guiones, tanto los de Pigmalión como otros para los que me falta el tiempo hurtado, precisamente, por los múltiples trabajos de dicha profe, je, je.
Pero, al margen de algunos éxitos de taquilla, el cine español está en situación delicada y la televisión, más exitosa, por lo general no me parece que de productos de mucha calidad. Se ha armado un lío estrambótico por la congelación de las subvenciones al cine español desde la Comisión Europea. Es un embrollo demasiado surreal para contarlo en pocas líneas, el caso es que hay amenazas de que se van a paralizar los rodajes. ¿Es posible que el cine español pudiera pararse por falta de subvenciones? Es triste, pero posiblemente sí. Sobre todo, como es obvio, las producciones más modestas, cuyos responsables parecen ser los culpables del lío. No se, yo solo apuntaré un aspecto que me parece crucial. Como en otros muchos ámbitos de la vida, siempre es preferible calidad antes que cantidad. No tiene sentido sacar 200 películas al año, que saquen 50 y compaginando entretenimiento y calidad, es lo mejor. Después de degustar las sencillas historias del cine nipón me tragué una mamarrachada de ciencia ficción llamada Pandorum, concluyendo que muchas veces es mejor la sencillez para atraerse al público.
En fin. Yo seguiré escribiendo, como sea, mientras me deje tiempo esta carrera que, ya en estricto sentido económico, confío en que será más productiva que la anterior.

miércoles, noviembre 25, 2009

Mi vida como ilegal.

Ayer estuve cazando pucks por casa, cual si fueran duendes de esos de la ONCE. Encontré un par, pero estaban no fichados. ¡Es increíble, la cantidad de tarjetas de móvil que he acumulado en estos años, y más aún que no encuentre la que me hace falta! Así pues conseguí encender el teléfono, y me sirvió para despertador, pero no tenía línea, mis líneas están caducadas porque así lo quiso el ministro, merced a terroristas islámicos, narcotraficantes, etarras y demás hermanitas de la caridad. La única línea que tengo fichada es la más traspapelada, qué le vamos a hacer. ¿Me quitan la línea? Pues yo les quito mi voto, de todos modos no tenía pensado votar a ZP. Ocho años ya están bien, que el poder desgasta. Si viene el barbas en 2012 pues que venga, total yo a partir de esa fecha no estoy muy seguro de si querré seguir viviendo en este país.
Ayer me pasé por la tienda de Vodafone en la que hice mi contrato. Pensé, iluso de mí, que al no haber ni un solo cliente esperando me atenderían mejor. Pero la señorita, como pegada al monitor de su ordenador, no se interesó de forma muy viva por mi suerte. Y yo, que he sido dependiente, opté por dejar a semejante inepta y, sacando orgullo, deduje que si ella no me quería ayudar yo tampoco necesitaba su ayuda y que se la metiera, como dice Góngora, por la fuente del mediodía. Ya iré a buscar a alguien que aprecie más un bien escaso como es un puesto de trabajo por precario que sea. Espero no tener que desdecirme en mi propósito.
Mientras tanto, voy a degustar el té en compañía de mi móvil ilegal por momentos, incomunicado por el Gran Hermano de la paranoia colectiva, y luego ya saldremos a perder un poco el tiempo o a que me lo hagan perder.

martes, noviembre 24, 2009

Puck el de la colina Pook.

Distingo, a bote pronto, entre problemas reales y gratuitos. Los primeros los encaramos por obligación, mientras que los segundos, surgidos de una acción falta de reflexión, suelen robar bastante tiempo a los primeros. Hoy he tenido un problema gratuito, motivado por mis impulsos y el claro espesor mental de las primeras horas de la mañana.
A las nueve, alguna persona o entidad que desconocía, o no le importaba, que estaba en clase, me llamó y lo apagué por acto reflejo. No había puesto el modo de silencio porque a esas horas no suelo tener llamadas a menos que sean de esos piratas telefónicos que dan la murga con que te cambies de Internet o de cuenta bancaria. Pero hacía bastante tiempo que no apagaba el móvil, así que en principio no recordaba mi código pin. Y no es que mi memoria no trabaje, de hecho este cuatrimestre lo está haciendo de continuo. Pero ese numerito hacía ya bastante que no salía a la palestra y, en vez de dejar que regresara a mi memoria, agoté mis posibilidades y me saltó con que pusiera el código puck. Eso me recordó a Puck el de la colina Pook, un libro infantil de Rudyard Kipling que no leí en su día y ahora he recuperado. ¿Código puck, o como se llame? Pues teniendo en cuenta que mi tarjeta ha ido cambiando de móvil a medida que estos se hacían viejos, a saber dónde pelotas estará el código mágico ese, sospecho de un armario preñado de trastos en el que me internaré a ver si llego hasta Narnia o a la patria de Puck y todos los malditos duendes tecnológicos que nos juegan estas pasadas.
Lo cierto es que entre semana lo uso más para despertador que para llamadas, por eso no me urge ya que, al igual que Internet, puedo vivir sin móvil pero no sin los víveres que tengo pensado comprar esta tarde en vez de visitar, en el peor de los casos, la tienda de Vodafone. Recordad, aquellos que tenéis mi edad, que hubo un tiempo en el que no existían los móviles y aún así nos las apañábamos para quedar... Parece la Prehistoria, claro. Por lo que se refiere a mí, hoy tengo claro mi orden de prioridades y que la próxima vez no tendré el dedo tan suelto.

domingo, noviembre 22, 2009

Fin de semana japo y zen.


Venía yo rumiando desde hacía un tiempo la necesidad de tomar un fin de semana de clausura para así adelantar trabajo, liberar mi raciocinio de la ponzoña con el fin de no sucumbir a esa costumbre tan hispana de dejar todo para el último día. Aún así ya me veo esperando a los Reyes Magos entre apuntes, y mi calendario de exámenes así lo atestigua. Como complemento ideal a estas tareas he escogido echarme al paladar el por lo común sosegado ritmo de dos exquisiteces niponas. Ambas tienen un tema común, las relaciones familiares y la muerte, al igual que otra española que os recomiendo, Tres días con la familia. Con ese asunto, y en medio de este tiempo desapacible, parecen el preludio perfecto para tirarse por la ventana, pero en realidad son un revulsivo ante la plaga de Luna Nueva, cuyo éxito crece sin parar cual si se tratara de la muy superior saga de El señor de los anillos, que echaron ayer también.
El programa doble podría ser triple si se incluye a Mi vecino Totoro, de visionado reciente, pero esa es harina de otro costal. Se trata de Still Walking y Despedidas, esta última ganó por sorpresa el Oscar a mejor película de habla no inglesa. Como suele suceder en estos casos, la no premiada es superior, sin restar méritos a la otra. Still Walking ha sido aupada por la crítica a los primeros puestos de puntuación, si no al primero, y es una historia más pura que la otra, no se permite concesiones . Despedidas, por otro lado, alberga imágenes bellísimas sobre el ritual de la muerte, no exentas de humor, toda una parafernalia esmerada que irónicamente poco después acaba convertida en un puñado de cenizas.
Otro de los alicientes de estos filmes tiene que ver con la mera cultura de allí, y es que los personajes trasiegan té como si fuese agua. No se por qué habré tenido yo que nacer en un país tan cafetero como este, en el que el bicho raro soy yo por eso y por quemar incienso, je, je, incluso la máquina de té de la facultad me ha estafado ya en varias ocasiones. Pero, como pudimos comprobar en la charla de dos ex-alumnos, los filólogos tenemos una gran anchura de miras a la hora de escoger destino y quién sabe si en el futuro no tendré yo que pasar por alguna de esas casas con aspecto de derribarse al primer estornudo.
Así que, si sois capaces de asimilar su ritmo a vuestro acelerado organismo occidental, os recomiendo cualquiera de estas dos o las que he citado de forma colateral. A mí me han ayudado a tomarme con filosofía este par de días tan bien aprovechados que puedo darme por satisfecho. Bien está lo que bien acaba. ¡Sayonara!

viernes, noviembre 20, 2009

¡Que venga Chuck Norris!


El otro día vi la última película de Bruce Willis, en su regreso a la ciencia ficción y a un personaje en el estilo de otros héroes suyos, Los sustitutos. Tenía un estimulante punto de partida, un futuro en el que los humanos nos limitamos a vegetar enchufados a una máquina mientras controlamos a unos clones, más perfectos (físicamente) que nosotros, con los que podemos regalarnos una noche de farra, polvete incluido, sin temor a resacas, infecciones y aunque seamos más feos que Picio. Me gustó más esta película que la de Moon, también con clones, aunque habrá quien se haga cruces por ello. Al menos esta no se las da de intelectualoide, y ofrece un buen entretenimiento con cierto trasfondo.
Ahora vuelven los héroes de acción de los 80, aunque sea con actores en edad de jubilación. A los de la Sexta, en la que algunos de sus mandamases son también productores de cine español, les ha dado por poner la saga de Delta Force, con Chuck Norris. Ohú. Me pregunto si tendría algo que ver con lo del Alakrana. Ay, ay, aquí en España es que no hemos tenido héroes de acción de los años 80. Pienso en la última de Rambo, en la que el bueno de Jhon se cargaba a docenas a los putos birmanos, decapitándolos o como fuera, pero no importaba porque eran los malos. ¿Cuánto le hubieran durado un puñado de zarrapastrosos piratas? ¿Acaso les iba a dejar escapar, para que luego se montaran una bacanal para colocarse, tajarse y tirarse pagando (esperemos que no con nuestro dinero) a todo lo que pillaran? No, no. Bien vendría el equipo de machos que Stallone ha reunido para su próxima película, The expendables: gente como Gobernator o el propio Bruce Willis, en sendos cameos, y luego Jet Li, Jason Statham, Dolph Lundgren o Mickey Rourke, entre otros. ¡Buf! Demasiada chicha para tan triste grupo de bucaneros, Si al menos fueran piratas simpáticos, como la saga del capitán Sparrow que tendrá una cuarta entrega (espero que sin la elefantiasis de la tercera)...
En fin, que estoy planteándome dejar la filología y enrolarme, ya se sabe la canción: La vida pirata la vida mejor, sin estudiar, sin trabajar, con la botella de ron, con la botella de ron... (me acuerdo gracias a Hopewell jaja) Y hay menos posibilidades de acabar colgado en un mástil que hace unos siglos. Pero bueno, por ahora habrá que conformarse con leer a Espronceda. Y, si quieren liberar esas infestadas aguas, que se dejan de burocracia y avisen a alguno de esos viejos tipos duros como el propio Walker Texas Ranger, que le sobraría tiempo para a la vuelta evangelizarnos a todos. ¡Dios nos bendiga!

miércoles, noviembre 18, 2009

Cap. 12

La última vez se me pasó pero, por poco tiempo del que disponga, en esta ocasión no se va a repetir. Ahí va el enlace al capítulo 12 de Pigmalión:

http://pigmaliontv.blogspot.com/

¡Y ya solo quedan tres! (para esta temporada, al menos) Este tiene muchos alicientes, como la presentación de uno de los personajes más entrañables. Se aproxima un desenlace in crescendo, como en las buenas intrigas. ¡Que os aproveche!

domingo, noviembre 15, 2009

El blog ha muerto. ¡Viva el blog!

Ayer encontré dos curiosas noticias tecnológicas tanto en Público como en la Cuatro. En el periódico, que regala libros de filosofía como otros regalan tostadoras, había un estupendo reportaje sobre un futuro a corto plazo en el que podremos tener, por lo que parece, relaciones sexuales con robots prácticamente semejantes a mujeres (no está la sociedad tan avanzada como para que se planteen, por ahora, fabricar hombres) En cinco años, dicen algunos. Uf, pues sí que habríamos evolucionado desde la muñeca hinchable de todas las despedidas de soltero. Parece que el mundo cyborg que retrato en Los Abrasadores no es una entelequia, solo espero que pueda servir para hacer el amor y no la guerra. Me recuerda a esa espantosamente aburrida película, Lars y una chica de verdad (o algo así), en la que el protagonista tenía problemas para relacionarse con la gente y adquiría una de estas realistas réplicas para tener una relación, eso sí, casta. ¿Y por qué no un gigoló como el Jude Law de Inteligencia Artificial? Je, je.
En el telediario de la noche salió una feria de blogs. Por lo visto, el perfil habitual del bloguero es de un hombre joven y adicto a las tecnologías (?) Por supuesto que sacaron la excepción en una venerable abuelita bloguera. Y luego uno dijo que los blogs ya están pasando de moda, que ahora se llevan las redes sociales porque son más interactivas y no requieren tanto seguimiento. En esto último le doy la razón. Llevar un blog y actualizarlo cada poco puede resultar un suplicio cuando no tienes nada interesante que decir o cuando no tienes tiempo de decirlo, aunque yo aprovecho hasta las circunstancias más adversas, como esta mañana de domingo lluviosa y con resaquilla, para escribir. Adelanto que el año que viene no tengo pensado seguir este ritmo, creo que tendré que hacer descansar más este blog para dedicarme más a su hermanito poético o a otros proyectos. Por lo que respecta a las redes sociales, podría prescindir de Facebook, y más aún de Tuenti, antes que de este blog, que es más veterano, es una creación mía y me ha acompañado en grandes momentos de mi vida. Es menos interactivo, y más íntimo. Y yo en las redes sociales no escribo, propiamente hablando. Alguna frase, alguna reflexión... Nada más. Por suerte a mí no me imponen las modas, así que esperemos que haya blog para rato, o al menos hasta que Blogger quiera.

jueves, noviembre 12, 2009

Fucking lunas.

Ayer tuve la mala idea de ver Moon, la película que triunfó en el último festival de Sitges quizá porque su jurado supo penetrar en capas filosóficas que a mí se me escapan o me resbalan. Desde luego que la ciencia ficción reflexiva no es para mí. Me dormí en 2001, escuché a gente roncando en la proyección del Solaris de George Clooney (no se cómo sería el original) y en Blade Runner quizá me dormí también. Todo esto puede sonar a blasfemias, pero, qué le vamos a hacer, para mí el paradigma del sci-fi sigue siendo Star Wars, pese a lo naif (ni el Imperio Contraataca ni la Venganza de los Sith lo son)
La culpa fue mía, yo ayer por la noche no tenía el menor interés de pensar, tan solo de desconectar un poco antes de asumir el último madrugón semanal. Y esta película me entusiasmó al principio, pero luego me fue aburriendo. Con un actor por duplicado, el mismo escenario casi siempre y una grúa parlante, pocos alicientes pude hallar. Eso no quiere decir que la película sea mala, pero posiblemente no era el momento adecuado ni yo tenía un concepto acertado acerca de la misma. Para clones, me quedo con los de George Lucas.
Y podrían haber llamado a la película Luna, quizá no quisieron por la proximidad de Luna Nueva, la segunda entrega de la incomprensiblemente exitosa (para mí) saga que comenzó con Crespúsculo. ¡Qué sociedad esta! Dicen que unas instituciones van a gastar miles de euros para fomentar la masturbación en los adolescentes, y esta es una actividad que se fomenta por sí sola y no necesita más estímulo que el que provoca ella misma; por otro lado, esos mismos jóvenes se agolpan para jalear a estos vampiros castos o, peor aún, enloquecen ante los Jonas Brothers y sus anillos de pureza. ¿Qué es esto? ¿Neopuritanismo contra sexo banalizado? No estoy por ponerme filosófico, solo diré que al menos Luna Nueva pinta mejor que la anterior película, al menos parece tener más acción y personajes interesantes. El lobo que aparece en el anuncio canta a digital a saco, y del entuerto se encarga el director de American Pie, dueño de una carrera esquizofrénica que va de desde los chicos salidos de la tarta de manzana hasta el presente best-seller mormón, pasando por otra adaptación literaria, esta vez atea, que diluyó y echó a perder junto a toda su saga, La brújula dorada.
En fin, yo sí que voy a bajar de la luna y trataré de ponerme a hacer cosas útiles este fin de semana, si puede ser.

miércoles, noviembre 11, 2009

Misantropía y buen rollo.


Os voy a recomendar dos comedias diferentes aunque con un mensaje común en su desenlace: celebrar la alegría de vivir, ya sea respecto a un viejo cascarrabias o respecto a otras viejecitas más alegres y marchosas. Con todo, lo más divertido que he leído en los últimos días es que Jorge Javier Vázquez es licenciado en mi carrera a extinguir, Filología Hispánica. ¡Ohú! Cinco años estudiando esta bella titulación para luego ganarse la vida hablando de cosas ínfimas a más no poder. Y no digo que la obra de Proust no tenga algo que ver con el Lecturas, pero aún así... La vida da muchas vueltas, pero en el futuro yo no me veo rodeado de rebotados del Gran Hermano y otros tipos iletrados y orgullosos de serlo.
Por un lado está Si la cosa funciona, de Woody Allen. Supongo que no es necesario decir que este hombre se repite, ya que rueda una película al año y su registro tampoco es que sea muy variado, no le veo haciendo una película de terror o un capítulo de la saga Star Wars (C3PO ganaría mucho, eso sí) Nos presenta aquí a un personaje odioso en principio, que juega a engañarnos con lo que el filme dará de sí cuando en realidad el desenlace no tiene nada de negativo y sí peca de irreal, como otros episodios de la película; véase la boda de la joven guapa con este misántropo que es su polo opuesto, o los padres, integristas religiosos que se hacen todo lo contrario en cuestión de minutos. En fin, ¡es una comedia, para qué pedir realismo! Y Allen, a medida que se hace mayor, parece estar más abierto a abordar todo tipo de relaciones erótico-sentimentales (bueno, la suya con su hija adoptiva es peculiar también) Primero coqueteó con el lesbianismo en ese folclórico retrato que fue Vicky Cristina Barcelona, y aquí hay una pareja de homosexuales y una mujer, madura, que mantiene un trío permanente (no se aclara si de connotación hetero o bisexual) con dos maromos. Omitiré la etiqueta habitual de este no es el mejor Woody Allen, pero sí diré que me ha parecido lo mejor desde Match Point, que era bien distinta.
Vacaciones de Ferragosto es otra estimulante propuesta, de apenas hora y cuarto de duración, que narra algo que se podría haber quedado en anécdota rara: un italiano maduro, sin oficio ni beneficio, se ve obligado a cuidar a un grupo de ancianitas (entre ellas su propia madre) a cambio de favores de diversa índole, durante lo más tórrido del mes de agosto. Y, aunque no falten leves trifulcas entre las madamas, al hombre se le dará tan bien que uno piensa que ojalá hubiera muchos como él en este mundo. Terminé el visionado con unas ganas tremendas de tomarme un Lambrusco, aunque dicho vino creo que no aparecía en la historia, quizá algún mensaje subliminal que yo no hubiera captado. Como sea, es todo un chute de buen rollo y una puñalada en el corazón de todo ese cine que idolatra la juventud y la belleza, a menudo efímera, por encima de cualquier otro valor.
Hace falta reír en estos tiempos oscuros. Si no lo conseguís con esta sesión doble, será que nuestros conceptos del humor difieren un poco, je. Sea como fuere, que aproveche.

domingo, noviembre 08, 2009

La foto pendiente.


Ayer Paco en persona me recordó que no había colgado estas bonitas e interesantes fotos que me envió. De Florida, ¿verdad? Quizá recuerde mal esta cabecita loca, más loca que nunca en días como el de hoy, en los que me da por pensar que la barca de nuestra vida acabará hundiéndose bajo el peso de nuestras gilipolleces. Pero esas reflexiones son muy propias de las tardes de domingo raras, ya lo decía Amaral, y nuestra misión es ir aligerando esa barca.


El estado de Maine, el de Stephen King, acaba de prohibir el matrimonio gay y, que me perdone Hopewell la hipérbole, eso es más terrorífico que cualquiera de sus novelas. ¿No sería un buen argumento para el maestro? Una plaga de homofobia se extiende por algún apacible pueblecito a la manera de los vampiros de Salem´s Lot. Paco también me ha obsequiado con unas chapas a favor de la proposición 8, la que aprueba dicho matrimonio, que llevaré por aquí aunque la mayoría de la gente no tendrá ni puñetera idea de a qué se refieren (y en algunos casos me haré el sueco respecto a ello)

Estas camisetas son tan bonitas como los maromos descabezados que las llevan, me gustaría tener una aunque quizá sean demasiado de San Francisco como para León. Sí me gustaría lucirla cuando salga a exponer mi trabajo para Literatura III, el cual versará sobre los abundantes y por lo general anónimos poemas sobre la sodomía en el Siglo de Oro. Hablando de deberes, voy a ir terminando para luego repasar el minicontrol de Filología Románica de todos los lunes. Aunque fáciles, estos exámenes me fastidian mucho mis tardes de domingo raras (e irónicamente productivas), por lo que nuestra profe francesa mejor que no cuente conmigo para coger alguna de sus optativas del segundo cuatrimestre. No me qiero ir sin desear una pronta recuperación para nuestra Má, porque la salud de los padres es lo importante y todo lo demás accesorio.
PD- Ya se ha estrenado el cap. 11 de Pigmalión, el capítulo maldito. Otra tarea pendiente, colgar el enlace el próximo día.

sábado, noviembre 07, 2009

Inmortal.

Seré tu luz... No, no me refiero a la canción de la Oreja. Ya escribo desde mi viejo ordenador, que no creo que llegue a los 103 años de Francisco Ayala pero en todo caso, teniendo en cuenta la proporción portátil-ser humano, aún parece tener cuerda. Ya empezaba yo a darle la razón a Rajoy en eso de que Santo Job solo hubo uno (y el Santo Job tuvo la suerte de no haber llegado a la era de la informática) cuando, gracias a la externa e indispensable ayuda familiar, aquí ando de nuevo. Otro que también ha resucitado es un muñequito de Bilbo, regalo de hace varios cumpleaños, que debía andar rondando por el piso de República Argentina y ha aparecido, como es usual, escondido en cualquier madriguera. ¡Qué nostalgia! Me pregunto quién interpretará al mítico personaje en la próxima versión de El hobbit, una duda que trae en vilo a muchos fans bastante más frikis que yo. En fin. Ahora que he recuperado mi herramienta de trabajo confío en que pueda escribir entradas más sustanciosas que esta, aunque no lo tengo claro. Este cuatrimestre es durillo, y cuando me viene la inspiración suele ser para un campo que tenía olvidado y en el que ahora tengo puestas muchas esperanzas y energías, el de la poesía. Si visitáis mi otro blog creo que lo podréis comprobar. Lo que importa es que el old laptop ya está con su dueño, el Viernes (aunque en mi edición era Domingo) se ha reencontrado con su Robinsón. Y que no me deje al menos hasta que acabe esta singladura.

jueves, noviembre 05, 2009

Al rescate.

Una de mis sentencias favoritas, si no la que más, es la que reza de esta manera o similar: No se valora lo suficiente lo que se tiene hasta que se pierde. Cierto. No hay año en que no la saque a colación y, de hecho, ahora mismo me ronda en la cabeza por temas varios.
Respecto al ordenador, es algo obvio. Cuando tienes la rutina a estas horas de tomar el té y chatear un rato al tiempo que degustas alguna lectura más o menos digerible, es raro que de un día para otro se rompa. En breve, el Leon Team (más bien mi hermano, que yo estaré casi de oyente) se pondrá manos a la operación y con suerte esta noche, tras una semana más corta de lo habitual y poco dura, podré solazarme en la visión de los documentos que creí perder y rememorando otros que tal vez deba sacrificar...
No se. Qué nervios en todo caso. Siento una cierta sensación de euforia y a la vez temor. ¿Será el mono? ¿Será que soy adicto a las nuevas tecnologías? No lo creo, en todo caso sí lo seré a algunas costumbres que, siempre que salgo de aquí, intento conservar aunque no de todas lo consigo (el olor a incienso no es muy popular)
Así que voy a reponer fuerzas y , como empezamos con aforismos, os dejo con otro muy sano que he aplicado hoy: One apple a day keep doctors away.

lunes, noviembre 02, 2009

Todos los difuntos (ordenadores)

He exagerado a sabiendas en el título. Mi ordenador no está difunto, ya lo creo, solo está siendo boicoteado por sus súbditos hasta el extremo de que va a necesitar ayuda foránea, la mía y la de mis aliados. Todo este desorden ha sido iniciado por el Windows, que de la noche a la mañana se declaró en huelga por motivos no conocidos hasta la fecha, y mis intentos de instalar alguna otra versión fueron abortados.
A la espera de que esa sustituta llegue, por ahora ni siquiera puedo encender el portátil por un cargador que, ese sí, puede contarse ya en el número de los difuntos. Lo adquirí en una tienda en la que juegan a electricistas y dependientes, cuando de lo primero saben bastante y para lo segundo pobremente valen. Me temo que tendré que regresar allí, mal que me pese, porque si lo único que necesita es un nuevo sistema operativo y electricidad, pues tampoco creo que sea para echarse a llorar, quizá en unos días tenga conmigo a ese trasto que tanto ha significado para mí.
Sí, podéis reír, pero hay algo de sentimental en esto. Ese portátil me ha acompañado en dos ciudades, viviendo en cuatro o cinco pisos diferentes, pariendo este blog y el otro, ayudándome en mil actividades confesables e inconfesables, y no es Internet todo lo que reluce... De hecho, también tiene canciones, pelis, fotos, tantos escritos como ya no puedo recordar y ha sido escenario de mil batallas en, por supuesto, el Héroes. Por ello no pienso rendirme tan pronto, porque un par de hijoputescos accesorios quieran darme guerra. El portátil ya estuvo a punto de fenecer hace un par de años, cuando empecé la carrera, pero no fue necesario ponerlo en la UCI, ha seguido sirviéndome con fidelidad y, ante los achaques, buena cara y a intentar arreglar el estropicio antes de que la hora de los exámenes y los trabajos se acerque demasiado.
Difunto aún no, y lucharé por tenerlo a mi lado con suerte (quizá peque de optimista) hasta terminar mi también moribunda licenciatura.

viernes, octubre 30, 2009

Vuelven los filólogos.


Soy por ahora incapaz de hallar los mecanismos de este ordenador, que es mejor que el mío pero cualquiera lo diría, no me ha dejado ver ni una mísera peli aunque por suerte, a horas más tardías, en la tele emiten esa joyita de Pesadilla antes de Navidad.
Hasta que arregle el estropicio espero que sepáis comprender por qué soy breve en mis escritos, pero no quería dejar pasar la ocasión de colgar una foto de la salida de ayer con mis compis filólogos. Yo, para variar, salgo agarrando algo de beber, en este caso una Miau. La foto es en el Korova, marco habitual de otras instantáneas de primitos. Ojalá haya muchas más ocasiones como esta, porque me hacen disfrutar más aún de una carrera que se me está pasando como un suspiro. No añadiré nada más. Como si de un hechizo de Halloween se tratara, el precio de una noche de diversión como la de ayer ha sido un encantamiento que ahora mismo embota mis sentidos, y mis problemas tecnológicos no ayudan a atenuarlo. Pero es un precio bien pagado. Os dejo con esa bella imagen que quedará como un recordatorio para el futuro, de cómo se lo pasaba la pequeña célula filóloga cuando salía de fiesta.

miércoles, octubre 28, 2009

Huelga.

De la noche a la mañana, como quien dice, me he quedado sin portátil y no porque dicho cacharro esté anciano, que lo está, sino que ha sido el Windows lo que ha fallado sin que encuentre una mínima razón para que lo haga. Mientras pruebo si soy capaz, seguramente no, de repararlo, al menos tengo este otro ordenador, más moderno pero al que no estoy acostumbrado y por tanto tampoco voy a extenderme mucho. Ayer, una semana después de mi cumpleaños, parecía el día de Todo al Revés: no funciona el portátil, no funciona la báscula, no tienen mi libro encargado... Ohú,¿qué habré hecho para merecer esto? Y no es que sea yo un adicto irredento a Internet, pero lo cierto es que mi vetusta máquina me sirve para bastantes más servicios.
Jamás me volveré a fiar de Windows, ni el 7 ni el 69, pero de momento es lo que hay. Confío en que la reparación acabará, a más tardar, la semana que viene, y hasta entonces si vengo por aquí no creo que sea más que para despotricar brevemente contra este desahucio que me ha venido sin esperarlo y, digo yo, sin merecerlo.

domingo, octubre 25, 2009

Fin de semana de atroces blockbusters.

Cuando era niño tenía una serie de muñecos de acción de los cuales unos eran auténticos, fabricados por Hasbro, y otros bastardos, en la mejor tradición de las videoconsolas a lo Nintendo-Nipondo. Como por aquel entonces no sabía nada de inglés les llamaba Yiyou, aunque el original es GI Joe, como la película que acaban de sacar hace poco.
Como a mí siempre me ha gustado inventarme historias, jugaba con mis muñequitos a hacer películas cuyas tramas no recuerdo, pero que seguramente serían más creíbles que las de la película de Stephen Sommers. Este hombre nos dejó buenas muestras de cine de aventuras, entretenido y sin mayores pretensiones, con los filmes sobre la Momia. En GI Joe veo dos elementos principales. Por una parte, desde luego, los fuegos de artificio de las escenas de acción, algunas bastante buenas como la de la Torre Eiffel y otras muy embrolladas como la final. Por el otro, y sin que sepa comprender por qué, han metido flash-backs que explican la vida íntima y las motivaciones (?) de algunos de los personajes, sin que llegue a entenderse por qué algunos buenos cambian a malos, otros malos a buenos o directamente alcanzan el mayor de los ridículos como la historia de los niños karatekas.
En Harry Potter estaba claro el final abierto porque es una serie de libros, pero aquí el final es tan abierto como un Seven Eleven, en plan ¡Nos veremos las caras!, suplicando una segunda parte que se rodará, imagino, en el caso de que esta recaude lo previsto. No hay mucho más que decir, habida cuenta de lo reventado que estoy hoy y ya me toca las narices bastante el gastar energía comentando este disparate que eleva la calidad, por comparación, de la sexta entrega del joven mago. Me sigo quedando con mis yiyous de siempre, ahora olvidados por alguna caja pero que me caían bastante más simpáticos que estos encarnados por unos actores sin muchos complejos para disfrazarse.

viernes, octubre 23, 2009

Rosa y negro.


Cuando una saga (ya sea literaria, cinematográfica o de otro estilo) se compone de varios capítulos, es bastante difícil lograr una progresión y que cada entrega supere en interés a la anterior. Esto es algo claro en la de Harry Potter, que aventaja en calidad a otros fenómenos como los de Crepúsculo o, a bastante menor escala, Eragon. Me defraudó su desenlace y en cierto modo me defraudaron los dos últimos libros, puede que al leerlos en inglés me perdiera algo pero dudo que mi sensación se desprendiera solo de eso. A los que nos gusta escribir muchas veces, al leer, nos hacemos una imagen mental de cómo nos gustaría reescribir esa historia. Yo eché de menos más riesgo, más innovación, pero quizá fuera la propia JK Rowling quien no tenía el menor interés renovador. O tal vez estaba hasta las narices de su criatura estrella y quería quitársela de en medio como fuera para seguir una carrera como escritora que hasta ahora no ha dado otro fruto.

No me ha sorprendido que no me guste la película de Harry Potter y el Misterio del Príncipe porque tampoco me gustó el libro. Hay muchas cosas que no entiendo de este filme. Para empezar, ¿dónde están algunas de las imágenes más espectaculares del tráiler? Me refiero a una escena en la que varios brujos sobre escobas destrozan el Puente del Milenio de Londres, si no recuerdo mal, un delirio infográfico que les tendría que haber costado sus buenos dólares y que en la película... no aparece por ninguna parte. ¿Estará en el DVD? ¿Lo habrán dejado para la séptima, dividida en dos? Lo extraño es que, con una duración de casi dos horas y media, las escenas de acción escasean muchísimo, y el clímax deja bastante que desear. Es como si hubieran pensado: Esto es solo un episodio de transición, para que vayan abriendo boca. Quien quiera peleas, batallas, duelos y demás parafernalia que espere al capítulo doble final y de paso exprimamos hasta la saciedad esta maquinaria.

El contraste de tonos en la película canta mucho. Vale que ya son adolescentes (aunque los actores superen en edad a sus personajes) pero las tontuelas tramas sobre enamoramientos varios y cruzados acaparan demasiado protagonismo, en detrimento de una trama principal cuyo hilo suele ser ínfimo. Yo tengo que soportar las rabietas y carantoñas de personajes secundarios sin interés, llamados a ser partenaires de los principales, cuando en realidad lo que quiero es ver más flash-backs sobre los orígenes de Lord Voldemort, mucho más desarrollados en el libro. Y, pese al título, os aseguro que el misterio del Príncipe Mestizo apenas se aclara, o directamente queda en la mayor confusión. Creo que para historias de amor casto entre adolescentes ya tenemos (o teníamos) la saga High School Musical, y el propio Daniel Radcliffe ha reconocido que Zac Efron es más guapo que él, je, je, lo cual apruebo. Y, ya que JK Rowling tiene dinero para esta vida y para dos más, podría haber sacado a alguno de los alumnos del armario, en vez de hacerlo a posteriori con Dumbledore ( ¿por qué los personajes gays siempre mueren? ¿El hecho de que Dumbledore cogiera una revista sobre punto de cruz era una pista? Preguntas sin respuesta)

Otros que han arriesgado poco han sido los de Warner Bros. Para los tres últimos volúmenes han escogido a un director curtido en el academicismo de las series de la BBC, cuando hubiera sido mejor un soplo de aire fresco como el que dio Alfonso Cuarón en la que quizá sea la mejor película (¿y el mejor libro?) Pero creo que a los ejecutivos no les importa la calidad, tan solo sacar beneficios ingentes ahora que Disney ha comprado Marvel y ellos viven de Harry Potter y de la renovada e hiperatrofiada saga de Batman, tras pegarse un merecido hostión con Superman.

Así que solo puedo alegrarme de no haber pagado en el cine por ver esta película entre rosa y negra que delata a distancia el probable cansancio de la autora del original. Ahora solo cabe esperar que el dípitco final merezca la pena. Francamente, yo espero con más ansia el de El Hobbit a cargo de Guillermo del Toro, basado en la obra maestra de unos de los maestros, valga la redundancia, de Rowling.

miércoles, octubre 21, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte seis y última.


El broche del viaje fue una barbacoa que celebramos el domingo 11, en un cortijo enorme que hubiera sido escenario ideal para rodar escenas de Pigmalión o la enésima revisitación del género de zombis. No tengo fotos de ese evento, por desgracia, pero sí de la excursión del sábado a la sierra de Baza. En realidad teníamos pensado ir a las Alpujarras, una comarca típicamente granadina, que para montañas y bosques bonitos ya tenemos León. Pero eso no quita para que sea un lugar imponente, como podréis comprobar por las fotos. Todas las saqué desde el mismo sitio, este mirador.



El paseo lo dimos para bajar un opíparo banquete que tomamos en un complejo con el mismo nombre, el de Narváez. Lo cierto es que yo quería tomar una comida ligera, a base de algunas tortitas de camarones pero, como ya expliqué, en mi plato empezaron a aparecer misteriosamente diversos trozos, por otra parte deliciosos, de los platos de mis comensales: brocheta de cerdo, solomillo de buey, codillo... Vamos, la pesadilla para un vegetariano, cosa que no soy. Aquí dejo una vista desde el mirador, cara al sol.


El mismo viaje hacia la sierra de Baza fue algo caótico y no exento de anécdotas poco confesables, pero que nos dieron charleta durante la comida y quedarán para comentarlas en la posteridad. Coronando el mirador había una casucha, de esas que nos encantaban de pequeños cuando hacíamos rutas como Abrasadores. Esta es una vista desde su ventanuco.



A diferencia de mis paseos por Granada, esta excursión al monte no fue un viaje solitario, por ello puedo despedirme con un par de fotos tanto de mi persona como de los generosos anfitriones que han hecho posible este viaje, Car y Carli, a quienes no puedo estar más agradecido.


Ayer me felicitaron, diciendo que lo pasaron muy bien con mi visita. Yo también, desde luego, y solo lamento haber sido tan corto de ingenio como para no haber hecho una foto cuando formábamos un equipo, a veces desafinado en cuanto a cuerdas vocales, en The Beatles: Rock Band. I wanna be your lover, baby, I wanna be your man... (no me extraña que esa canción no se encuentre entre las más célebres del grupo)


Espero volver, chicos. Y que no tengan que pasar otros dos años.

martes, octubre 20, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte cinco.

El lugar que veis arriba (si es que podéis ver algo con esa mortecina luz que el móvil apenas puede captar) hubiera sido perfecto para celebrar mi cumpleaños hoy. ¡Unos tanto...! En León solo había una tetería más o menos auténtica, el Houbi, pero ahora está cerrada por razones que desconozco, si bien sospecho; con todo, ese sitio no tiene ni el encanto ni la ambientación mucho más genuina de los establecimientos de Granada. En la ciudad nazarí conté un número aproximado de veinte teterías en un par de calles anexas. Yo disfruté sobre todo en esta de arriba porque estuve a las once de la mañana y no había un alma.


En esa soledad, y pese a la tenue iluminación, aproveché para leer el periódico, seguir un poco con Whasington Irving y enviar un mensaje de cierta importancia para mí, que aún no ha sido respondido. Mi única compañía fue la de mi actual Moleskine (¿la octava, la novena? No recuerdo), la cual por desgracia ya se está rompiendo por la parte de atrás debido a llevarla pegada a mi culo durante los grandes calores de Madrid y Granada. ¡Bueno! Esa es su misión, qué le vamos a hacer, acompañarme en la batalla. Porque la vida, pese a que puede ser maravillosa, no deja de ser una batalla continua aunque no sea más que contra el tiempo. Al cumplir un año más, aunque haya quien se deprima por ello, estamos obteniendo una pequeña victoria dentro de esa batalla, y para mí eso es motivo de alegría. Yo, en parte, renací a los veinte años y por ello no da miedo acercarme a los treinta, porque un nuevo Renacimiento puede surgir con la nueva década (o quizá un poco antes) Con un poco de suerte tanto en el año que se abre para a mí ahora como en el futuro podré seguir gozando de viajes maravillosos como este, de experiencias maravillosas de las que dejar constancia en el blog y que me modelen como persona y como escritor.

Eso de arriba, aunque parezca mentira, es la entrada a los aseos, no al harén. A la espera, asunto dudoso, de que alguien quiera hacer una tetería semejante en León, me despido para hacerme mi propio té, y creo que hoy el Sueños de La Alhambra estaría genial (comprado detrás de la catedral granadina) Me perdonaréis que sea breve, pero en un día especial como hoy quiero tiempo para mí aunque sea para hacer sencillamente nada (si pudiera...)

lunes, octubre 19, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte cuatro.


El Museo de Ciencia de Granada es inabarcable en unas pocas horas y, aunque no me solucionó incógnitas como por qué los locos tienden a atraerse entre sí o por qué hay películas como El caballero oscuro que parecen fascinar a (casi) todo el mundo menos a mí, resultó un sitio de gran interés. Pude seguir la ruta del Año Darwin que ya había comenzado en el de Madrid. Si en León tenemos un banco con la figura de Gaudí, allí es un Einstein petrificado quien observa a los visitantes, algunos tan científicamente ignorantes como yo.



Siguiendo la galería de estatuas ilustres, en el jardín se hallaba esta del propio Darwin, acompañado de su icónica tortuga.





Y, para acabar, una dama, Madame Curie, y os aseguro que lo que lleva en la mano no es un porrón de Casa Benito presto a ser empinado.




Un buen motivo para visitar este museo era una exposición temporal sobre taxidermia que, aparte del repelús que pueda provocar la visión de los ficticios animales, lo cierto es que impresiona. Y si no juzgad vosotros mismos, pese a que la calidad de mi cámara-móvil sea mala sobre todo con la iluminación de la sala.




Tenemos aquí diversas escenas de cacería con tigres y leones.




Ahí abajo, un plano general y otro detalle de una impresionante estampida que parece flotar en el aire como por arte de magia.






No falta el símbolo de la casa, el señor León o tal vez Leona, ya que no tiene melena, mis conocimientos respecto al rey de la selva se limitan a la película de Disney.




A esta enorme torre, a modo de observatorio del museo, me subí yo bien resguardado por las señoritas ascensoristas, y puedo asegurar que no fuimos devorados por esas hormigas atómicas que están trepando por fuera, que solo forman parte del atrezzo.





Puede parecer una maqueta, pero esta es la foto que tomé del museo a vista de pájaro. Y con esto concluyo por hoy, que es mi primer lunes con clase en semanas y eso se nota (pero al menos me ha valido el primer 9 del curso) Cuando regrese seré un año mayor pero eso no es para mí motivo de pena, antes bien de alegría como os explicaré si tengo el momento de hacerlo.


domingo, octubre 18, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte tres.

Mañana tengo que pasar un bache por ser la víspera de mi cumpleaños, he de hacer la exposición de un tema y por lo tanto aprendérmelo hoy, pese a no tener ni el ánimo ni el cuerpo para ello. Voy a colgar unas fotillos, asunto pendiente desde ayer.


Esto es el Generalife. Abajo tenéis otra visión de este Patio de la Acequia, o de la Alberca, o de algo que empiece por a en todo caso.



La cita para los Palacios Nazaríes la tenía a la una y media, por ello me dio tiempo a tomar un bocadito y leer los Cuentos de la Alhambra en el entorno que los inspiró. Había una cola tremenda, en cuestión de minutos nos pidieron la entrada dos veces y lo cierto es que disfruté poco la visita. Estaba masificada, no podías dar un solo paso sin que te apuntara una cámara, un móvil o similar. Y yo había quedado para comer, así que apuré y aquí os dejo un par de instantáneas de lo que creo que se llama Patio de Arrayanes.

(Dije dos pero Blogger no me está dejando subir la segunda y paso; en mi primera tarde de estudio no voy a dejar que me putee ni Blogger ni la madre que lo parió. Para compensar, tengo muchas fotos para la próxima entrega, el Museo de Ciencia. Eso sí, la mayoría de bichos muertos)

viernes, octubre 16, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte dos.

Hace poco hubo un concurso, con tanta credibilidad como el Premio Planeta, que escogió a las Siete Maravillas del Mundo Moderno. La Alhambra no llegó a ese extraño club de elegidos, ni falta que hace. Es una maravilla, lo avala el sentido común, y merece la pena pagar los 12 euracos de entrada pese a todas las amenazas de reservar con tiempo (yo he estado dos veces y he pasado mucho de reservar) Arriba tenéis una instantánea del interior, tomada desde una de las torres, creo que la del Cubo. A la derecha está el palacio de Carlos V. Abajo hay una mejor vista del palacio, donde estuve en una interesante exposición sobre Whasington Irving y sus Cuentos de la Alhambra, que terminé de leer ayer.


Aquí tenéis una bella vista de Granada desde la misma torre.

Ahí está la Alcazaba, y esa foto la tomé desde la torre de la Vela, que veréis a continuación.





El hombre turras que está tocando la campana, bastante distinto al jorobado de Notre Dame pero aún así poco agraciado, estuvo dale que te pego durante toda mi visita, es por ello que duré poco en esa torre. Al volver a Loja, y gracias a las recurrentes guías de viaje, me enteré de que era en conmemoración de la batalla de Lepanto o algo así. ¡Pues vaya con el aniversario!



Me despido con una vista desde la torre de la Vela, si es que podéis distinguir algo. Entre la altura, que daba mareos, y el repiqueteo de la campana, que daba náuseas, volví rápido a darme una caminata hasta los jardines de ensueño del Generalife. (Ese día, miércoles, abusé del turismo intensivo y me pasé de andar. Unas ampollas lo atestiguaron) Tengo algunas unas fotos de allí y de los Palacios Nazaríes. No son muchas, en parte por razones que ya diré. Mañana las pondré si todo va bien, y seguiremos exprimiendo el breve pero apurado viaje a Granada.

miércoles, octubre 14, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte uno.





Vista de la colina de la Alhambra desde la orilla del río Darro.





Vista panorámica desde uno de los miradores del Albaicín, aunque no el más famoso: el de San Cristóbal. Se ve la muralla árabe, luego la Alhambra y la sierra. No pude hacerla tan bien como quería porque dicho mirador, minúsculo, estaba tomado por una horda de chavales en plan daños colaterales de Física o Química. Por lo visto les importaba un carajo tanto la vista como los turistas que acudían hasta allí, pues lo habían tomado por completo y estaban sentados de espaldas al paisaje, en una especie de botellón sin botellón.



El barrio del Albaicín es una especie de laberinto cretense con gran concentración de teterías y rastafaris. Como muestra de la variopinta población que lo habita, ahí tenéis la leyenda que corona esta vivienda, la cual yo también aceptaría gustosamente: Hakuna Matata, ¡vive y deja vivir!

Esta semana los comentarios serán sucintos, porque así tienen que serlo. Dejaré que sean las imágenes quienes hablen esta vez...

lunes, octubre 12, 2009

Nuevo regreso a Ítaca.

A lo largo de estos más de tres años de blog, ha habido muchos regresos a Ítaca, la mayoría rodeados de una aureola de aturdimiento como la que me envuelve ahora. Aunque la melancolía pueda teñir en parte los retornos de nuestros viajes, hay un motivo para el alborozo; pese a haber pasado el fin de semana a base de tortillas de patata, pimientos de Padrón (de los que unos pican y otros un montón), embutidos, tapas, vinos, tortitas de camarones, diversos tipos de carne (que mis compañeros de mantel deslizaban hacia mi plato con más o menos disimulo), churros, porras y, sobre todo, una barbacoa no precisamente a base de verduras a la parrilla sino de pinchos morunos, chorizo y panceta... (tomemos aire) Digo que, pese a todo eso, me he mantenido en mi peso, incluso bajando unos míseros cien gramos. Claro que, en el otro lado de la balanza, están mis caminatas interminables por Granada (ampollas incluidas), paseos por la sierra y alguna noche que me fui a la cama sin cenar, agotado tras varias imitaciones de Jhon Lennon en The Beatles Rock Band.
Como no voy a poder hacer un resumen completo, bastante tengo con recuperar las clases perdidas, iré colgando alguna foto significativa de sus bellos lugares, con alguna anecdotilla de esas que se pueden confesar. Comienza el cuarto año del blog Los Abrasadores, y espero poder seguir pasando ratos agradables en compañía de todos vosotros.

domingo, octubre 04, 2009

Que tres años no son nada.

Qué curioso, el blog y yo cumplimos años el mismo mes. Como mañana no voy a estar por aquí aprovecho para felicitar a este espacio público de creación que me ha acompañado en la última trayectoria de mi vida. He estado pensando y la verdad es que el mensaje que más recuerdo, aunque eso no quiere decir que sea el mejor, es el de Los five carros affaire, y eso que fue un verdadero horror. Ojalá hubiera tenido Internet y blog cuando estaba en esa lúgubre residencia de Madrid allá por el 2000, me hubiera sentido menos solo y os habríais sorprendido con un montón de anécdotas, algunas ridículas y otras inquietantes. En fin. Creo que el blog se ha merecido una semana de descanso, aunque no se si colgaré alguna crónica desde Granada.
Me voy a hacer una escapada nazarí. No se si la merezco o no, en todo caso era un viaje pendiente desde el verano y ahora es una fecha más recomendable para hacerlo. Incluso podría fingir una coartada académica puesto que tengo que hacer un trabajo sobre la influencia del árabe en el español y poner diez palabras como ejemplo. Una de ellas posiblemente será alcachofa, y había pensado llevar esta hortaliza a clase para apoyarme de forma gráfica durante la exposición; el problema es que perdería todo el crédito que me quedase entre el gineceo Erasmus, si es que por entonces aún me queda algo. Mientras me inspiro a la sombra de la Alhambra, felicitaré una vez más a mi tierna criatura y a vosotros, quienes seguís sus pasos, os doy miles de gracias y espero seguir compartiéndola en el futuro.

Nulla die sine linea

Plinio el Viejo

viernes, octubre 02, 2009

Mal comienzo cinematográfico.

Anoche, por estrenar mes, tuve la desdichada idea de ver una película que ya me imaginaba mala, pero no tanto. Al menos creí que sería algo ligerito tras la primera semana de clase. La película titulada Año Uno es, precisamente, una de las peores del año, si no la peor. La vi a trozos, porque verla entera hubiera sido un atentado contra mi dignidad.
Lo curioso es que la premisa era interesante, pese a constituir un disparate repleto de trogloditas, hebreos y romanos mezclados sin ton ni son, burlándose de personajes de esa cultura judeocristiana que, al menos a mí, tanto daño ha causado. Harold Ramis debe de estar sintiendo el desgaste de su ingenio, y el hecho de que tanto él como los guionistas de esta patochada vayan a encargarse de Cazafantasmas 3 me da más miedo que un millón de fantasmas. El otro culpable, en la sombra, es Judd Apatow como productor. Algunos críticos irresponsables llegaron a decir que transforma en oro todo lo que toca, pero eso es mentira y aquí más bien se diría que transforma en mierda, como la que gráficamente aparece en el filme junto a pedos, auto-lluvias doradas, hombres gruesos y peludos y un montón de guarradas propias de un Torrente prehistórico. Y la última parte, situada en Sodoma (¿por qué nadie se acuerda de Gomorra? ¿Será porque su pronunciación es más difícil?) es insoportable. Ni siquiera puede salvarse la presencia de Michael Cera, siempre tan tierno y adorable con los papeles atolondrados que le adjudican. De Jack Black mejor no hablo porque es como para asesinarle.
En fin. Ha sido un error cometido conscientemente pero que al menos no me ha robado mucho tiempo, de hecho ni siquiera me molestaré en buscar su foto para colgarla. Espero que eso no sea signo de mal fario para este mes que empieza y en el que tengo puestas altas expectativas. Os aseguro que cuando empiece el trabajo en este cuatrimestre, y empezará pronto, seré bastante más selectivo con mis visionados, sobre todo teniendo en cuenta que existen grandes obras maestras que aún no he visto (ni creo que vea)