domingo, abril 29, 2012
Presentación de El cuarto jinete en León.
Ha sido esta una semana de tiempo furibundo, cuyo culmen llegó durante la presentación de ayer, de catarros, incertidumbres y también alguna alegría, como haber aprobado mi primera asignatura de la tanda que quedan. La inspiración pudo llegarme al fin para presentar esta obra, ya reseñada, en León, durante la feria del libro. Pese a ser sábado, la feria quedó desierta por una tormenta que en cualquier momento pareció a punto de desintegrar la jaima en la que estábamos. Lo curioso es que llegó una vez se había terminado el espectáculo de guiñoles vecino, cuesta imaginarse una atmósfera tan terrorífica para un tablado de marionetas, en cambio no para una novela como la de Víctor. Esta vez me sentí mucho mejor que cuando tuve que presentar a ese hombre a quien conocía y del que no había leído nada. Espero que la carrera de esta novela solo haya hecho que empezar... Y por lo que se refiere a mi propia carrera, no ha hecho más que acabar... je, je. Un mes queda, mayo mayete, y mi gran problema para centrarme es, de hecho, pensar en qué voy a hacer después. No obstante, empiezo a tener claras ciertas ideas, y os iré informando por aquí, siempre a sabiendas de que este año no va a ser el más abultado en cuanto al blog pero, en fin, tampoco parece que vaya a ser el fin del mundo, pese a apocalípticas tormentas como la de ayer.
domingo, abril 22, 2012
Comercialidad y personalismo.
En este puente todavía puedo permitirme tiempo no solo para la pereza, sino también para la reflexión. A raíz de acontecimientos como la charla a la que asistí con Víctor en Madrid, la celebración mañana del Día del Libro o diversos consejos por parte de amigos dispares, me he planteado muy mucho qué direcciones seguir en mi próximo quehacer literario.
Por suerte, me gusta la variedad. Lo mismo escribo aquí, que un poema, o preparo una novela. Es en este último terreno, la narrativa, en el que me surgen más dudas. Ahora estoy haciendo el borrador de una novela. La considero una mezcla entre guión y novela, por su formato y porque fácil y económicamente podría ser llevada al cine. Ahora bien, eso no quiere decir que el tema sea comercial. No, es una novela más bien personal, como las anteriores, en la que plasmo asuntos poco cómodos para nadie y en la que el tema de la sexualidad, si no de forma gráfica (pues no me interesa), sí está presente en toda la atmósfera y las acciones que mueven a los personajes.
Creo que tras cinco novelas escritas en primer lugar pensando en mí como destinatario (incluyendo a esta que no está terminada), debiera ampliar un poco mis miras. Buscar un número mayor de lectores no necesariamente implica tratarlos como iletrados, o escribir algo que no pueda entusiasmar al autor. Combinando comercialidad y personalismo, lo iré pensando a medida que me surjan ideas, y alguna ya ha aparecido, al tiempo que continúo con la otra novela que, construida en mi cabeza, con dos escenarios y pocos personajes, no tardará mucho, a priori, en ver la luz. No corren buenos tiempos para nada, tampoco para la literatura, así que mejor será ir explorando nuevas vías de reinvención.
Y, para celebrar el Día del Libro, os dejo una foto de mi primera visita, muy provechosa, a la Biblioteca Nacional.
miércoles, abril 18, 2012
Consecuencias literarias.
Este viaje a Madrid ha sido muy productivo, aunque no estoy muy seguro de que vaya a poder contarlo aquí. A diferencia de en febrero, ahora hacía menos frío, pero lo hacía, puede que por eso haya cogido un virus que me ha convertido en un zombi lento, no zombi rápido, aunque espero que los efectos no pasen más allá de un constipadillo que me llevó a no ir a clase ayer por la tarde, para ir hoy y que no hubiera. ¡Pelillos a la mar! Al menos me podría haber unido al campeonato de Trivial de la facultad, para demostrar veteranía...
Gracias al menor frío (y a la falta de estudio), pude escribir un poco en el piso. Los cónclaves con escritores y gente creativa estimularon el continuar una novela que estoy escribiendo en borrador, por ahora. Esta no creo que la vaya colgando por aquí, podría colgarla en otros formatos, eso ya lo vería. Estuve escribiendo ayer en la cafetería, y ahora me gustaría seguir también pero, ejem, maldito virus... Pero, en fin, ¿qué serían de estos restos de carrera sin algún virus? Este me librará de ir a la espicha de mañana de mi facultad aunque, de todos modos, tampoco tenía plan para ir. Triste, pero verídico. Sea como fuere, me quedo con la espicha de Segundo, que fue lo bastante surrealista como para llenar cinco años.
Gracias al menor frío (y a la falta de estudio), pude escribir un poco en el piso. Los cónclaves con escritores y gente creativa estimularon el continuar una novela que estoy escribiendo en borrador, por ahora. Esta no creo que la vaya colgando por aquí, podría colgarla en otros formatos, eso ya lo vería. Estuve escribiendo ayer en la cafetería, y ahora me gustaría seguir también pero, ejem, maldito virus... Pero, en fin, ¿qué serían de estos restos de carrera sin algún virus? Este me librará de ir a la espicha de mañana de mi facultad aunque, de todos modos, tampoco tenía plan para ir. Triste, pero verídico. Sea como fuere, me quedo con la espicha de Segundo, que fue lo bastante surrealista como para llenar cinco años.
domingo, abril 15, 2012
EL CUARTO JINETE.
EL CUARTO JINETE.
15/4/12 (Trayecto Madrid-León).
Ayer asistí a un evento de mucho interés junto al autor del libro que pretendo reseñar, Víctor Blázquez. Era una mesa redonda (bueno, sin mesa) en la que una docena aproximada de escritores afectos o practicantes del género de terror debatieron sobre el propio concepto de este género, su futuro y, en especial, los grandes problemas que tiene cualquiera que quiera publicar literatura, ahí ya puedo sumarme. Me gusta el género de terror, siempre me gustó. Lo he leído, no lo he cultivado de manera específica aunque, ciertamente, algunos pasajes de mis escritos están inspirados por un ánimo pesadillesco.
Me es imposible hablar de forma objetiva acerca de la primera novela publicada, que no escrita, por uno de mis mejores amigos desde el colegio. Ya durante esos años nos pasábamos nuestros escritos, por mi parte menos pues siempre he sido algo perezosillo, excepto en raptos de inspiración como el que tengo en este tren. Ya en esos relatos primigenios se vislumbraba lo que es El cuarto jinete. Bajo la influencia de grandes maestros del horror, en especial Stephen King, del que Víctor me animó a leer muy buenos libros, nos llega una pesadilla que también bebe, por supuesto, de la tradición audiovisual. Es casi imposible hablar de zombis y no referirse a La noche de los muertos vivientes de Romero, pese a que la figura del muerto viviente hunde sus raíces en épocas muy pretéritas, como se comentó en alguna docta intervención ayer.
En esa película de los años 60 se habló de un mensaje de calado social, a merced del contexto, como podía verse en su célebre desenlace. Siguiendo esa línea, podría deducirse que la actual oleada, por no usar lo de moda, de zombis, se entiende en un contexto de crisis global. Podría ser y podría no ser. No veo que, para dar pátina cultural a un género, sea necesario el dotarle de un mensaje social. La consideración de los géneros llamados menores ha variado a lo largo de los tiempos, como he podido estudiar en este último curso de carrera. Eso debiera considerarlo quien se acerque al terror con prejuicios de antemano.
Entrando en el libro, creo que, más allá de un mensaje, lo que contiene es una historia de supervivencia, y eso nos afecta a todos. Estoy siendo subjetivo, pero de modo objetivo diré que la novela me ha gustado, me ha cautivado desde que entré a saco en la acción en otro viaje de tren, el de llegada, y dos días después estaba terminada. Víctor (paso de decir lo de el autor, me siento raro) ha sabido crear un crescendo a lo largo de las trescientas páginas, de manera que el primer tercio es como un acto introductorio, con una notable presencia del narrador, que al principio consideré narrador testigo aunque luego comprobé que no era así. Este narrador usa la segunda persona del plural, rara avis, dirigiéndose directamente hacia nosotros, nos lleva a través del pueblo de Castle Hill como si fuera un escenario de cine. Un poco a la manera de El diablo cojuelo, levantamos los tejados de las casas para ver los vicios ocultos de esta pequeña comunidad, que ni se sitúa ni existe pero representa lo que más o menos entendemos por pequeño pueblo (interior) de los Estados Unidos. Con todo, perfectamente podría ser un pueblo español, con sus hipocresías y sus extremos, no pueden faltar ni una iglesia ni un (encubierto) burdel.
Una vez visto el escenario y los candidatos a superviviente, entramos de lleno en el conflicto. De hecho, la expresión zombi, que cualquiera esperaría pronto, tarda en llegar. Pero, en fin, ya nos habríamos hecho a la idea con la portada, ¿verdad? Por fortuna yo no he tenido que enfrentarme a una situación como la que se describe, ni de lejos, pero resulta interesante ver cómo evolucionan los contendientes de esta carrera. Pues carrera es, carrera por la vida. Francamente, a mí nunca me gustó mucho correr, así que, si no fuera por astucia o por suerte, sería comida para zombis pronto. En El cuarto jinete no hay darwinismo. No sobrevive el que mejor se adapta, ni el más apto. Hay toda una serie de factores: la solidaridad de los demás, la insolidaridad o traición de estos mismos, la suerte o incluso la mala suerte de quedarse encerrado en algún lugar, o la intervención providencial de un ejército al que, no obstante, tampoco conviene acercarse demasiado, con toda su retórica de bajas colaterales y demás parafernalia.
Creo que en esta historia hay heroísmo, pero no hay un héroe que sobresalga sobre los demás. Y, si el lector creyera encontrarlo, convendría no perderle de vista en lo sucesivo para ver si responde a esas expectativas. Sí hay evoluciones de personajes. Me conmovió sobre todo la del cínico periodista Mark, que acaba exponiéndose a una misión suicida para rescatar a una niña que ni siquiera es su hija, pero por la que siente un súbito sentimiento paternal. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de lo mismo? No es fácil de responder.
El terror, se decía ayer asimismo, es ante todo un sentimiento interior. Lo que mueve historias como esta es la inminencia de la tragedia. Cámbiense los zombis por una catástrofe natural, por la guerra, el hambre o la miseria, y se tendrá también a un grupo de humanos enfrentados a los dilemas más cruciales en el menor de los tiempos. En ese sentido, el terror no es solo dar sustos.
Concluyo. No quiero acabar con la paciencia de los lectores ni del propio autor, je, je. Además, acaban de servirme un zumo y, como diría Mark, es jodidamente difícil estar a las teclas y al zumo en este espacio. Os recomiendo El cuarto jinete y, de hecho, yo todavía tengo muchos cumpleaños y posibles citas para regalarlo, aunque habrá quien se asuste de la portada… Creo que este será el primero de una fructífera serie de libros, por parte de alguien que ha mamado la literatura y ha cogido su primer lápiz para inventar historias desde una edad casi prescolar, como en mi caso. Y me enorgullezco de haberle acompañado en este viaje, y mucho más porque se haya acordado de mí en los agradecimientos de esta su novela. Os aseguro que no me ha subvencionado para que le haga propaganda, ja, ja, y, si con toda sinceridad, os recomiendo esta novela es porque, de las pocas verdades absolutas que podemos asumir en este mundo, creo que una es que la literatura está para disfrutarla.
lunes, abril 09, 2012
El nabo (con perdón) que no dejaba ver el bosque.
Así pues, no se entiende tanta literatura acerca del miembro viril del protagonista que apenas se balancea unos segundos al comienzo de la película. Quien solo vaya a ver eso, podrá salirse pronto. Visto en detalle (no penséis mal) y, más allá de la broma de George Clooney en los Globos de Oro, resulta una señora polla, sin llegar a falo pero quizá en proceso, adecuada a la estatura y el porte del actor que la luce, un actor por otra parte cuya desnudez más intensa en este papel no se limita al plano físico. En fin, creo que estamos pocos acostumbrados a ver penes en pantalla, de lo contrario no se explicaría la polvareda.
Resulta del todo natural que un soltero se pasee en pelotas por su apartamento de Nueva York, y el principal conflicto de la película es la pérdida de intimidad que provoca la llegada de su un tanto desequilibrada hermana, un verdadero incordio para el desfile de prostitutas, ligues ocasionales, webcam, simples pajas de a pié y demás, porque el personaje es un adicto al sexo, término moderno para lo que habitualmente se conoce como más salido que el pito de un botijo. No es de tener relaciones estables. No le culpo por ello, yo tampoco, pues la estabilidad no puede encontrarse a cualquier precio. No obstante, cuando parece sentir algo más por una compañera de trabajo, es precisamente en el terreno sexual donde el asunto no funciona.
Eso sí, resulta un personaje más positivo que su jefe, un patético ligón que engaña tanto a su mujer como a sus hijos. En el caso de Brandon, no tiene más lazos que los de su hermana, y, antes que intentar comprenderla, prefiere sumergirse en un torbellino de sordidez en el que descubrimos que su heterosexualidad tiene licencias y que, como diría algún obispo, busca el infierno. Pero el infierno, como yo mismo considero, es sobre todo un estado interior, el que este ejecutivo, sin problemas de crisis económica, se crea sin encontrar asideros para salir. La película tiene una estructura totalmente cíclica, acabando como comienza, posible signo de un círculo más que vicioso del que se sugiere no va a ser fácil salir.
En fin, muy recomendable, no dejéis que los comentarios lúbricos oculten el bosque de la trascendencia.
sábado, abril 07, 2012
Balance semanal.
Ciertamente que estuve pensando en pasar en Madrid estos días centrales de Semana Santa, porque en los últimos años ya me cansaban lo que, se supone, son las fiestas grandes de León, por así decirlo. Pero, en fin, la capital se vacía bastante así que no se si tiene mucho sentido ir allí, a menos que uno quiera desconectar de forma tajante.
En algo hemos mejorado. Yo el año pasado estaba bastante indispuesto, de modo que no salí, a ningún sitio ni a ninguna hora, miércoles, jueves y viernes. Tampoco el tiempo invitaba a hacerlo, pues cayeron unas trombas de mayor calado que las que también han aparecido en este año. Eso sí, lo de ahora tiene muy mala leche, y hace desconfiar de la providencia divina, pues yo no recuerdo que de enero a marzo hayan caído más que algunas gotas dispersas. Quien no tiene fe, o quien quiere dar argumentos ajenos a la fe, valora la Semana Santa en virtud al turismo, que no obstante también habrá sufrido pérdidas ante la suspensión de bastantes procesiones y las terracitas abandonadas a la intemperie.
Lástima que parte de ese turismo se limite a ser turismo etílico, como en la noche del Jueves Santo, un remedo de lo que pasa en Cataluña pero sin playa. En ninguna otra noche me preguntan tantas direcciones. ¿Dónde está la catedral? Pues si no se sabe ya eso... ja, ja.
De todos modos, yo salí pero evité toda ruta relacionada con el Genarín, que ni siquiera se si salió en cuerpo y monigote. Opté por algo más alternativo, con mi prima Espe y sus colegas, para ya a ciertas horas de la mañana volver a lo mainstream, a la plaza mayor con los soportales abarrotados. Como el sentido común, y las neuronas que aún me hacen falta para aprobar lo que queda de carrera, me desaconsejan salir dos días seguidos, ayer tocó descansar y hoy habrá que despedir la semana antes de las verdaderas vacaciones para mí.
En algo hemos mejorado. Yo el año pasado estaba bastante indispuesto, de modo que no salí, a ningún sitio ni a ninguna hora, miércoles, jueves y viernes. Tampoco el tiempo invitaba a hacerlo, pues cayeron unas trombas de mayor calado que las que también han aparecido en este año. Eso sí, lo de ahora tiene muy mala leche, y hace desconfiar de la providencia divina, pues yo no recuerdo que de enero a marzo hayan caído más que algunas gotas dispersas. Quien no tiene fe, o quien quiere dar argumentos ajenos a la fe, valora la Semana Santa en virtud al turismo, que no obstante también habrá sufrido pérdidas ante la suspensión de bastantes procesiones y las terracitas abandonadas a la intemperie.
Lástima que parte de ese turismo se limite a ser turismo etílico, como en la noche del Jueves Santo, un remedo de lo que pasa en Cataluña pero sin playa. En ninguna otra noche me preguntan tantas direcciones. ¿Dónde está la catedral? Pues si no se sabe ya eso... ja, ja.
De todos modos, yo salí pero evité toda ruta relacionada con el Genarín, que ni siquiera se si salió en cuerpo y monigote. Opté por algo más alternativo, con mi prima Espe y sus colegas, para ya a ciertas horas de la mañana volver a lo mainstream, a la plaza mayor con los soportales abarrotados. Como el sentido común, y las neuronas que aún me hacen falta para aprobar lo que queda de carrera, me desaconsejan salir dos días seguidos, ayer tocó descansar y hoy habrá que despedir la semana antes de las verdaderas vacaciones para mí.
miércoles, abril 04, 2012
Las apariencias.
Cuando quedan un par de meses para terminar la carrera (y en el presente solo resta un número reducido de clases), uno puede reflexionar con mayor distancia sobre los aciertos y desaciertos cometidos a lo largo de la misma. Por lo general, siempre traté de respetar las opiniones ajenas, pero siempre contrastándolas con las surgidas de mi propia experiencia. Es lo que me ha sucedido, por ejemplo, con las opiniones acerca de profesores.
A ninguno de estos llegué a poner cuernos y rabo. No me gustan las visiones maniqueas pero sí me gusta estar prevenido. En ciertos casos, la valoración de la vox populi acertó e incluso se quedó corta; en otros, ciertas exageraciones o ciertos resentimientos personales la enturbiaron. Son cosas a tener en cuenta el día de mañana, pues al fin y al cabo las posibilidades de que yo mismo me convierta en profesor no son pequeñas. Y, al margen de las amenazas preventivas, algunos leones no resultaron tan fieros como los habían retratado.
Sirva la parrafada para expresar mi sorpresa cuando en el parcial de Literatura, cuyo profesor ostentaba la leyenda urbana de que nunca ponía una nota de más de siete, yo superé ese listón, sin tampoco llegar al resultado de otras materias. No me enorgullezco, lo cierto es que estudié para aprobar, simplemente, ante toda esa rumorología, y quería asegurarme tanto el aprobado que al final he llegado más lejos. No cabe duda de que ese profesor es de la vieja escuela. Y cree en la cultura del esfuerzo. Yo, que no suelo albergar ideas muy conservadoras, sí considero que un poco más de esfuerzo no vendría mal, eso sí que contribuiría a levantar el país, y no precisamente los recortes en becas... (a ver si no tengo que sufrirlos en mis carnes).
Así pues, me cundieron las tres semanas, no íntegras, en las que preparé el examen, que por otra parte no fueron monacales sino que me permitieron seguir quedando con mis amigos y con gente a la que quiero, o estoy en proceso de querer, je,je; me he quitado un gran peso para junio. Con cansancio acumulado me despido, espero descansar este fin de semana aunque haya quien tenga la absurda pretensión de que la ciudad estos días deba convertirse en una suerte de sucedáneo del turismo etílico, sin playa...
A ninguno de estos llegué a poner cuernos y rabo. No me gustan las visiones maniqueas pero sí me gusta estar prevenido. En ciertos casos, la valoración de la vox populi acertó e incluso se quedó corta; en otros, ciertas exageraciones o ciertos resentimientos personales la enturbiaron. Son cosas a tener en cuenta el día de mañana, pues al fin y al cabo las posibilidades de que yo mismo me convierta en profesor no son pequeñas. Y, al margen de las amenazas preventivas, algunos leones no resultaron tan fieros como los habían retratado.
Sirva la parrafada para expresar mi sorpresa cuando en el parcial de Literatura, cuyo profesor ostentaba la leyenda urbana de que nunca ponía una nota de más de siete, yo superé ese listón, sin tampoco llegar al resultado de otras materias. No me enorgullezco, lo cierto es que estudié para aprobar, simplemente, ante toda esa rumorología, y quería asegurarme tanto el aprobado que al final he llegado más lejos. No cabe duda de que ese profesor es de la vieja escuela. Y cree en la cultura del esfuerzo. Yo, que no suelo albergar ideas muy conservadoras, sí considero que un poco más de esfuerzo no vendría mal, eso sí que contribuiría a levantar el país, y no precisamente los recortes en becas... (a ver si no tengo que sufrirlos en mis carnes).
Así pues, me cundieron las tres semanas, no íntegras, en las que preparé el examen, que por otra parte no fueron monacales sino que me permitieron seguir quedando con mis amigos y con gente a la que quiero, o estoy en proceso de querer, je,je; me he quitado un gran peso para junio. Con cansancio acumulado me despido, espero descansar este fin de semana aunque haya quien tenga la absurda pretensión de que la ciudad estos días deba convertirse en una suerte de sucedáneo del turismo etílico, sin playa...
sábado, marzo 31, 2012
El mes baldío.
Baldío me refiero en cuanto al blog, porque en cuanto a otros aspectos se borraría la tendenciosa visión previa que algunos tienen acerca de los estudiantes, claro que a mí de estudiante universitario ya me va quedando poco. No obstante, podría haberlo sido más, no hay que descartar algún mes con rosco absoluto en el número de entradas. Lo peor de todo es que todavía he sido incapaz de hacerme una buena foto con la novela El cuarto jinete, cosa que haré, por supuesto, este blog tiene que dejar constancia de que soy uno de los pocos leoneses (¿o el único?) que ha logrado comprarla en esta ciudad. Y, cuando la lea, actividad prevista para Madrid pues así me será dedicada por el propio autor, ya os haré un análisis exhaustivo, pero sin desvelar nada importante, claro, je, je.
No es que no tenga más cosas que poner, es que se me han quitado las ganas de escribir, incluso con teclas. Creo que ciertos profesores debieran modernizarse en cuanto a sus clases, porque esta semana me ha llegado a doler el brazo de coger apuntes, pero para dos meses no me planteo llevar un portátil para escribir, en todo caso tendría que ser uno en versión reducida. El martes santo será eso, santo, para mí, si el resultado del examen, previsto para esa jornada, es positivo. Y, si no, da igual, abril es un mes con pocos días lectivos así que espero pasarme más por aquí.
No es que no tenga más cosas que poner, es que se me han quitado las ganas de escribir, incluso con teclas. Creo que ciertos profesores debieran modernizarse en cuanto a sus clases, porque esta semana me ha llegado a doler el brazo de coger apuntes, pero para dos meses no me planteo llevar un portátil para escribir, en todo caso tendría que ser uno en versión reducida. El martes santo será eso, santo, para mí, si el resultado del examen, previsto para esa jornada, es positivo. Y, si no, da igual, abril es un mes con pocos días lectivos así que espero pasarme más por aquí.
viernes, marzo 23, 2012
Regreso.
Tengo una duda no existencial. Querría saber si mi profesor de Literatura tiene esa actitud poco complaciente por naturaleza o solo es una pose para distanciarse de los alumnos. La semana pasada me quedé solo con él en clase y me dio la impresión de que ganaba en distancias cortas, claro que, pese a estar yo solo, se dirigía a mí en segunda persona del plural como si lo hiciera ante un auditorio.
En todo caso, creo que es mejor como ensayista, de ahí que esos apuntes que nos está dando sean, cómo lo diría, poco prácticos al menos respecto a ciertos autores. Decía que la gente no preparaba el examen y luego cogía los conceptos con alfileres, pero con alfileres tuve que recogerme yo los párpados para poder aguantar ayer el repaso de todos esos conceptos difusos y abstractos. Y luego resumir varios folios en media hora... Ja, ja. De todos modos, el examen está para aprobar, aunque sea con cinco. De lo contrario, estaría dispuesto a llevarme la asignatura de Erasmus, de paseo o a donde sea necesario. Si tengo que ir con todo el tocho a junio, solo me quedará exclamar, como Max Estrella: ¡Estoy mascando ortigas! ¡Me muero de rabia!
Por cierto, para próximos parciales o totales de importancia, debería convenir en apagar internet o al menos las redes sociales. Pueden ser un fuerte vehículo ya no de distracción, sino un caballo de Troya para que las preocupaciones personales entren donde solo debiera haber sitio para las intelectuales.
En fin, dejaré este tema hasta que vea la nota. Esta tarde me relajaré yendo a comprar (si es que ha llegado a provincias) la novela de mi gran amigo Víctor Blázquez, El cuarto jinete. Os invito a que hagáis lo mismo.
En todo caso, creo que es mejor como ensayista, de ahí que esos apuntes que nos está dando sean, cómo lo diría, poco prácticos al menos respecto a ciertos autores. Decía que la gente no preparaba el examen y luego cogía los conceptos con alfileres, pero con alfileres tuve que recogerme yo los párpados para poder aguantar ayer el repaso de todos esos conceptos difusos y abstractos. Y luego resumir varios folios en media hora... Ja, ja. De todos modos, el examen está para aprobar, aunque sea con cinco. De lo contrario, estaría dispuesto a llevarme la asignatura de Erasmus, de paseo o a donde sea necesario. Si tengo que ir con todo el tocho a junio, solo me quedará exclamar, como Max Estrella: ¡Estoy mascando ortigas! ¡Me muero de rabia!
Por cierto, para próximos parciales o totales de importancia, debería convenir en apagar internet o al menos las redes sociales. Pueden ser un fuerte vehículo ya no de distracción, sino un caballo de Troya para que las preocupaciones personales entren donde solo debiera haber sitio para las intelectuales.
En fin, dejaré este tema hasta que vea la nota. Esta tarde me relajaré yendo a comprar (si es que ha llegado a provincias) la novela de mi gran amigo Víctor Blázquez, El cuarto jinete. Os invito a que hagáis lo mismo.
sábado, marzo 03, 2012
Pobres griegos.
Con todo, el verdadero despropósito fílmico fue el que vi ayer, Inmortales, de Tarsem Singh. ¿Por dónde empezar? Decía que pobres griegos porque su cultura clásica queda masacrada en este filme, como también lo fue en la reciente Furia de titanes. Habrá que ver cómo sale su continuación, Ira de titanes. Al menos en esta habrá cíclopes, que siempre es algo digno de considerar. En la película de Tarsem se da una macedonia indigesta de dioses, héroes y humanos de a pie. El héroe es Teseo, pero del Teseo clásico solo queda un enfrentamiento con el Minotauro, que en realidad es un tío grande con una máscara en forma de cabeza de toro.
Del mismo modo, el villano es un rey que lleva un casco con forma de tenaza de cangrejo. Semejante guisa la soporta Mickey Rourke, que debiera escoger mejor sus papeles tras la nominación al Oscar. Habría mucho que hablar sobre el vestuario. Imaginativo, sí, pero para mi gusto llegando al ridículo en varios casos. La diseñadora sí que ganó un Oscar por el Drácula de Coppola pero, aquí, llega al absurdo al menos en dos puntos: uno en que las sacerdotisas llevan burkas coronados por una especie de pantalla de lámpara y, en especial, todo lo relacionado con el Olimpo. Casi imposible diferenciar entre los dioses: todos son jóvenes, imberbes y llevan minifalda, incluidos Zeus y Poseidón. Si acaso, muestran sus atributos propios a través de unas diademas que portan. Atenea tiene rasgos de Afrodita y, pese al título, parece que no son tan inmortales porque mueren y además sangran, a borbotones. Todo un disparate sin pies ni, sobre todo, cabeza, dado todas las que vuelan a lo largo de la historia.
Sin duda mi momento favorito llega al final, cuando se despierta a los titanes y resulta que estos se parecen a los masillas de los Power Rangers, si bien moviéndose más rápidos. El desenlace amenaza con una segunda parte, espero que no sea así, el director tiene gustos eclécticos y al parecer prolíficos, pues cuatro meses después de esta nos va a llegar una versión suya de Blancanieves, menos sangrienta, imagino, pero a saber qué hace con los enanitos... Lo peor es que me temo que este fin de semana no tendré tiempo para compensar con películas buenas. Ya no solo por el interminable examen que preparo, sino porque el lunes tengo un controlcito, que al menos ostenta el original nombre de seminario o puesta en común. Los mismos perros... No me puedo quejar, no obstante, creo que este será el primer y último mes completo de lo que resta de carrera, y de ello os hablaré en otra ocasión si hay tiempo.
miércoles, febrero 29, 2012
Simpatía por el demonio.
No debería estar escribiendo esto, y el mes que viene no esperéis muchos escritos, sin embargo es que no puedo dejar de darle vueltas al argumento de la película Mientras duermes, la cual mereció más suerte en los Goya, pero no respecto al guión, desde luego. Cada vez me parece que hace aguas por más partes. ¿Y por qué? Bueno, la principal razón yo pienso que es su simpatía por el protagonista, por el villano que se hace amo de la función frente a sus víctimas, que son tan planas y tan tontas que poca compasión despiertan. Se nota que querían que el malvado saliera indemne por cualquier precio, por increíble que pareciera.
Y no es que sea una mala película, pero no un thriller realista, desde luego,de eso tiene poco. ¿En realidad hay mujeres tan confiadas como la protagonista? Supongo que sí. Una chica guapa, que vive sola porque su novio está fuera, empieza a recibir mensajes y cartas anónimas de tono obsceno, cuando no amenazador. ¿Qué hace? ¿Se cambia de piso? No. ¿Pone una alarma o algo similar? Tampoco. Cabe pensar, al menos, que echará la llave a la puerta por las noches. ¡Increíble pero cierto, no! ¿Y por qué no, porque tiene la cabeza a pájaros? No, porque es necesario para que el relato del guionista avance. Por ello, el personaje de Luis Tosar puede entrar por las noches en su casa, dormirla y violarla.
¿Y por qué puede entrar? Porque, siendo el portero, tiene las llaves de todas las casas del bloque, cosa que yo no he visto jamás y, si la viera, me cuidaría de vigilar cómo fuera dicho portero. En la película, un viejo argentino con bastón empieza a sospechar de él, tarde y mal. La policía tampoco queda muy bien. En el personaje de la niña cotilla, o yo me equivoco o se confundió la cuenta de Tuenti por la cuenta de Twitter.Y, por muy dormida que estuviera la bella durmiente, me cuesta creer que día tras día no se diera cuenta de que alguien la había forzado durante sus sueños. Menos mal que su novio es un poco más cauto, ja, ja.
Pero, en fin, reconozco que cuesta hacer una historia de intriga en la que todas las piezas encajen, y yo mismo he cometido faltas de credibilidad en mis escritos. Ahora bien, casi habría que recomendar a Jaume Balagueró que volviese al terreno del terror puro, en el cual se perdona más ese tipo de faltas, donde los asesinos son siempre listos y además, por lo común, inmortales. Como en otras, esta película se beneficia del gran trabajo de Luis Tosar, que confiere tanto carisma a su personaje que, en verdad, sufrimos por él cuando parece que están a punto de pillarle. Un tipo totalmente asocial que solo encuentra consuelo haciendo sufrir a los demás, o escuchando cómo sufren. Suerte que la mayoría de mujeres no suelen ser tan ingenuas como su víctima, de lo contrario esto sería un continuo devenir de porteros violadores e hijos bastardos.
Y no es que sea una mala película, pero no un thriller realista, desde luego,de eso tiene poco. ¿En realidad hay mujeres tan confiadas como la protagonista? Supongo que sí. Una chica guapa, que vive sola porque su novio está fuera, empieza a recibir mensajes y cartas anónimas de tono obsceno, cuando no amenazador. ¿Qué hace? ¿Se cambia de piso? No. ¿Pone una alarma o algo similar? Tampoco. Cabe pensar, al menos, que echará la llave a la puerta por las noches. ¡Increíble pero cierto, no! ¿Y por qué no, porque tiene la cabeza a pájaros? No, porque es necesario para que el relato del guionista avance. Por ello, el personaje de Luis Tosar puede entrar por las noches en su casa, dormirla y violarla.
¿Y por qué puede entrar? Porque, siendo el portero, tiene las llaves de todas las casas del bloque, cosa que yo no he visto jamás y, si la viera, me cuidaría de vigilar cómo fuera dicho portero. En la película, un viejo argentino con bastón empieza a sospechar de él, tarde y mal. La policía tampoco queda muy bien. En el personaje de la niña cotilla, o yo me equivoco o se confundió la cuenta de Tuenti por la cuenta de Twitter.Y, por muy dormida que estuviera la bella durmiente, me cuesta creer que día tras día no se diera cuenta de que alguien la había forzado durante sus sueños. Menos mal que su novio es un poco más cauto, ja, ja.
Pero, en fin, reconozco que cuesta hacer una historia de intriga en la que todas las piezas encajen, y yo mismo he cometido faltas de credibilidad en mis escritos. Ahora bien, casi habría que recomendar a Jaume Balagueró que volviese al terreno del terror puro, en el cual se perdona más ese tipo de faltas, donde los asesinos son siempre listos y además, por lo común, inmortales. Como en otras, esta película se beneficia del gran trabajo de Luis Tosar, que confiere tanto carisma a su personaje que, en verdad, sufrimos por él cuando parece que están a punto de pillarle. Un tipo totalmente asocial que solo encuentra consuelo haciendo sufrir a los demás, o escuchando cómo sufren. Suerte que la mayoría de mujeres no suelen ser tan ingenuas como su víctima, de lo contrario esto sería un continuo devenir de porteros violadores e hijos bastardos.
domingo, febrero 26, 2012
Oscar nueche.
Aquí os escribe uno inmerso en una larga trayectoria de exámenes que no termina hasta el próximo 23 de marzo. Con todo, me puedo permitir caprichos. Mañana, salvando una hora prescindible (al menos eso espero) podré ir a clase de cuatro a seis, de cara a comentar un par de artículos que albergan numerosas pajas mentales, algo en lo que quizá me favorezca la falta de sueño. ¿Por qué la gente se romperá tanto la cabeza para hablar de la tele, la radio o el cine?
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
sábado, febrero 18, 2012
Madrid entre exámenes (y III).
En acabando con el relato madrileño, podré daros una primicia que durante el próximo mes iré desarrollando. Fui a Majadahonda a visitar el hogar del seguidor de este blog y bloguero a su vez Hopewell, álter ego de Víctor Blázquez, y pasé una buena velada en su compañía y en la de su mujer Cris, sus retoños Kike y Lucas, y sus, en sentido figurado, retoños perrunos, Lucas y Nina. Él me dio la magnífica noticia de que va a salir su primera novela publicada; no su primera escrita, pues tiene un largo camino a las espaldas ya desde nuestros tiempos escolares, sino la primera editada, por el sello Dolmen, llamada El cuarto jinete. A partir de marzo aparecerá en las mejores librerías y, si no, al menos en las mejores librerías especializadas en el género de zombis y similar. Yo, desde luego, cuando salga me abalanzaré hacia ella, y la usaré como recurso frecuente en cumpleaños y cualquier evento que implique tener un detalle. Os invito a hacer lo propio. Yo, conocedor de la prosa de mi amigo, os aseguro que no os arrepentiréis y que os costará dejarla una vez comenzada.
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
miércoles, febrero 15, 2012
Madrid entre exámenes (II).
Al margen del día que fuera ayer, tuvo su carga de surrealismo. No hubo, apenas, suerte. Claro que bastante suerte tuve ya con las notas... No siempre se puede ganar, amigos. Lo cierto es que hoy, pese a los consabidos cambios de rutina, estoy satisfecho en general con el comienzo del cuatrimestre. Por primera vez he asistido a una asignatura de libre configuración que no es de mi carrera, sino de Historia del Arte. Se llama Medios de Comunicación, y parece más interesante que bastantes que haya tenido que cursar de modo obligatorio.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.

Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
Y, como sea que el blog es un medio de comunicación de los más recientes, voy a seguir escribiendo ahora que me lo puedo permitir. Tengo menos horas de clase, y más dispersas. Habrá numerosos huecos a rellenar buenamente. Rellanaré este comentando un poco más el viaje a Madrid. El viernes tres del presente hacía un viento considerable en la capital. Pese a ello, estuve con un amigo de compras, claro que yo no compré nada. Por suerte, ya bastante de eso hubo otros días. Para reponer fuerzas y entrar en calor (humano) fuimos a la sidrería El Tigre versión 2.0. En la original había una cancerbera echando a la gente para esta, alegando que el local ya estaba muy congestionado. Absurda razón, pues la secuela también andaba de bote en bote, y muy llena de extranjeros.
Pareciera que en alguna guía hubiese aparecido ese como de los pocos bares de tapas gratuitas, al leonés modo, lo cierto es que la tapa era lo mismo que te puedes encontrar aquí en cualquier lado: patatas, tortilla de patatas, croquetas. Económico, y abundante. Al día siguiente continuó esta tendencia de tascas tradicionales, en el barrio de la Latina. Tascas con fútbol, como a la que fui con Nacho y Jessica.
El domingo rematamos la faena en otra terraza, aquella de la que ya dejé registro gráfico en el último viaje y por lo tanto no repetí en este. Después no volví a Legazpi sino que decidí quedarme con ellos para cumplir una tradición de antaño, en pisos ya amortizados de Madrid, la de ver Cuarto Milenio, acojonándose un poco si es necesario (pues no pocas veces me tocó verlo a mí en solitario). Agradezco su hospitalidad, la pizza casera y el hecho de que Nacho me dejara dormir en su zulo-estudio, bastante decente para lo que se suele ver en la capital. Concluiré en la próxima entrega mostrando qué dieron de sí los tres últimos días.
martes, febrero 14, 2012
Madrid entre exámenes (I).
Al salir de León tuve la pequeña decepción de que en el provinciano quiosco de la estación de tren no tuvieran la Fotogramas. Menos es nada, en la de autobús ya ni siquiera queda quiosco de prensa, solo un local vacío y desmantelado. ¿Qué entretenimientos, pues, ofrecerá a los viajeros de paso? ¿Hacer cruising?
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.

Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
De Madrid lo que más recordaré será el frío. Suelo evitar los meses más tórridos del verano, que son precisamente los que me quedan libres en la carrera. No obstante, ahora mismo tampoco es buena elección ir a ese piso en pleno invierno. La falta de mobiliario y un único radiador eléctrico provocan una sensación que, unida a la inoportuna ola de frío polar, me ha dejado unas impresiones gélidas que yo no recordaba desde hace mucho tiempo en la ciudad, quizá nunca las experimentara así.
Pese a todo, no han faltado las terrazas. Con sus estufitas, que me achicharraban tan bien que se daba la paradoja de que tenía menos frío en plena calle que en mi piso. Estuve con mi amiga Clara en la del Ramsés, delante nada menos de la Puerta de Alcalá, un sitio tope cool, como se dice, con su photocall y todo, ahí hay nivel y lamento el volumen de anglicismos. Ahí podéis verme en un sillón, a mis anchas.
Al día siguiente hubo que descender en el nivel de sofisticación para cumplir el ritual del viejo chino con mi amigo, seguidor y bloguero Hall. Para ser jueves no se veía a muchos currantes por allí, y eso que esta es una de las formas más económicas de comer en Madrid. Eso sí, no hubo invitación a chupito, lo cual me parece una celebración bastante tacaña del Año del Dragón. Amigos orientales, igual os habéis ganado que para la próxima vez os pongamos los cuernos con el de la calle Hortaleza...
En fin. Me es imposible escribir más por ahora. Tras los múltiples boicots a los que ha sido sometido este mensaje, y las pocas hojas de apuntes que me esperan antes de que mañana se reanuden las clases, creo que nos veremos en una próxima entrega del viaje.
domingo, febrero 12, 2012
De Faraón a Moisés (y II).
He perdido ya la cuenta de todas las veces que he intentado comenzar esta entrada post-viaje a Madrid. Me ha dado un error bx-blablabla que, por otro lado, al menos me ha impulsado a comenzar con el parcial de Historia del Español y dejarme de enredar en estas páginas.
Hoy que parece que la cosa funciona, tan solo quiero aludir a este mensaje considerado como segunda parte en cuanto a que, si antes de irme a Madrid hablaba de las metamorfosis esporádicas de Gallardón, cuando volvía en el tren me quedé atónito al ver sus palabras, luego matizadas o reconvertidas, en las que hablaba de la constitucionalidad del llamado matrimonio homosexual; es preferible, para mí al menos, llamarlo matrimonio igualitario en tanto que dos hombres o dos mujeres se pueden casar entre sí sin necesidad de ser homosexuales o lesbianas, eso es evidente.
Gallardón se cansó de ser el malo (o el bueno, según se mire) y volvió a sus veleidades rupturistas y, cabe decir, contradictorias con el recurso que interpuso su partido; no así con su partido de forma unánime, porque tanto en público como en privado cada vez más voces populares parecen darse cuenta de que, si ganaron las elecciones, fue sobre todo por motivos económicos, y no por el miedo a que lo que hagan con su vida dos paisanos o dos paisanas vaya a terminar con la institución familiar; no está acabada, solo diversificada, lo cual solo es signo de los tiempos. No es fácil saber con qué persona compartir tu vida, al menos yo a día de hoy no lo tengo claro, pero no veo que eso tenga que preocupar a unos ni a otros. La búsqueda de la felicidad debiera estar por encima de estos tejemanejes políticos.
En fin, al vigésimo intento doy por concluido este mensaje pues todavía queda rato de estudio, y, además, espero volver pronto para colgar fotos y comentaros las anécdotas más destacadas del viaje, confío que tendré ratos muertos para ello, al menos en este cuatrimestre final habrá menos horas de clase.
lunes, enero 30, 2012
De Faraón a Moisés.
Se acabó. Al margen de un examen para subir nota puedo afirmar, con poco margen para la duda, que el primer cuatrimestre está aprobado y que mañana puedo ir a Madrid ligero de equipaje. Es mi primera visita desde que se ha inaugurado el Botellato, pero, la verdad, parece que en los últimos días se está luciendo el ex-regidor, Gallardón. Después de ser Faráon, con múltiples obras, múltiples aspiraciones a los juegos olímpicos y la pía invasión de la capital el verano pasado, ahora se ha vuelto un Moisés, y solo le ha faltado sacar las nuevas tablas de la ley; no quiere perder el tiempo, vaya.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
Cumpliendo compromisos electorales, lo cual es muy loable, sobre todo si uno está en su grupo de votantes, no tan numeroso como se ha señalado... De todos modos, no van a la raíz del problema. ¿A quién le gusta el aborto? A mí no, desde luego. Tampoco tendría que sufrirlo. Las adolescentes de 16 y 17 años no pueden votar, así que poco importa su opinión, sí en cambio la de aquellas mujeres que ya no tienen capacidad de reproducción y que representan un número no desdeñable de votantes para el gobierno. Tampoco tendrían esta capacidad los curas, políticos, tertulianos de derechas, etc. Si no quieren abortos en bachillerato, podrían empezar por dar una buena educación afectivo-sexual en bachillerato. ¿O eso tampoco les gusta?
En todo caso, Gallardón siempre ha sido un político mutante. Un verso libre, sí, tan libre que ensancha o acorta su mente según las circunstancias. De la portada de la Zero resulta que ahora ha pasado al siglo XIX, interpretando a Albéniz en la última película de Garci. ¿Habrá regresado al XXI? En todo caso, sea quien sea el que mande yo mañana voy a ir allí, y espero pasármelo muy bien, al menos cambiar el chip que siempre es positivo. A falta de saber cuánto pasaré por la red, os puedo decir que nos vemos al regreso.
sábado, enero 21, 2012
Este es el principio del final.
Comprenderéis que en estas fechas no voy a prodigarme mucho por aquí. Ayer tuve mi última hora de clase del cuatrimestre, si bien el verdadero día de despedidas fue el jueves. Tras la última sesión de Tendencias Literarias Actuales, tuvimos una pequeña tertulia. Una compañera a la que aprecio bastante, que se encuentra realizando su tesis, me puso, sin pretenderlo, en modo pánico al comentar la falta de becas que en los últimos cursos se está dando. Ninguna sorpresa, desde luego. Como ella misma comentó con sorna, ¿para qué sirve una tesis de Humanidades? ¿Para qué sirve nuestra propia facultad, con clases de dos alumnos como la de ayer? Pues para algo servirá, si han querido dar un impulso al Cervantes otorgándole la presidencia a Vargas Llosa (y este, también sin sorpresa, la rechazó).
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
Bueno, todavía quedan unos meses de carrera, no voy a ser pesimista por adelantado, pero tengo algo clarísimo: sin ingresos, yo no me quedo aquí. Valga que ahora me dedique cien por cien a la filología, sin remuneración, pero eso cambiará a partir del verano. Así que ya veremos si cae alguna beca, porque no me veo haciendo la tesis al mismo tiempo que voy a currar a Telepizza, ja, ja.
domingo, enero 15, 2012
Una semana.
A una semana para que finalice el primer cuatrimestre (al menos en cuanto a clases se refiere), mi sentimiento es contradictorio, en tanto que quiero que acabe ya esta carrera, comenzada tres veces, y por otra parte no podré evitar algo de pena cuando en junio llegue a su fin, porque, claro está, pretendo acabar en junio.
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
Ha sido largo el camino hasta aquí pero, salvo ciertas adversidades que eran de prever, no lo he sentido como tal. De hecho, la semana que viene despido a cuatro profesores que me caen bastante bien, y alguna asignatura de lo más interesante. No parece, a priori, una última semana para olvidar: en Tendencias Literarias Actuales, crítica feminista con anuncios de vibradores y dibujos de Milo Manara; en Literatura Española, Lorca y Poeta en Nueva York; en las Hispanoamericanas, exposiciones varias entre las que se encuentran las mías (pronto habrá que volver a ello); en Dialectología, el dialecto aragonés de aquella zona en la que encontré un amor fugaz si bien intenso; en Historia del Español... Bueno, esta no es mi asignatura favorita, pero sí tiene un profesor que me cae estupendamente, a quien ya no veré más.
No se si digo todo esto solo para motivarme y poder despertarme mañana mejor de lo que lo hice el lunes anterior, en todo caso creo que funcionará. Volveré, no se cuándo...
miércoles, enero 11, 2012
El ahorro del chorro.
Algo huele a podrido en Dinamarca, se decía en el Hamlet, pero esa pestilencia era metafórica, no como la que se instaló en la ciudad de León los últimos dos días (hoy parece haber remitido por ahora). El misterio del mal olor sin procedencia exacta. Olía como si hubieran abonado la ciudad entera, aunque esta tierra sea más bien infértil y solo produzca habitualmente bares y parados. Pensé que pudiera ser la primera señal del Apocalipsis, cual si un volcán no sospechado nos estuviera advirtiendo con sus emanaciones de azufre, pero también recordé que una costumbre arraigada en esta tierra, en honor a la justicia habrá que señalar que no solo en esta, es que la gente se arroje mierda unos sobre otros, bien de frente o por la espalda. ¿Cómo no iba a estar el terreno abonado de esta manera? O tal vez sea un problema de cañerías. Ahora, por eso de los recortes, las fuentes principales solo funcionan cuatro horas al día. Quizá una fuente no sirva para mucho, salvo cuando a alguien le da por bañarse en ella, pero no creo que el ayuntamiento más endeudado, el de Madrid, vaya a seguir el ejemplo con Cibeles y Neptuno. Pero en fin, después de esas económicas luces y las pelotas gigantes (de Navidad, claro) que colgaban de las farolas, está bien seguir la senda del ahorro, el ahorro del chorro. Yo me he aplicado el cuento. Salí ayer y no vi nada en rebajas que me convenciera. Quizá las sensaciones olfativas tampoco movieran al consumismo...
domingo, enero 08, 2012
Cuestión de gustos.
Al contemplar esta fecha, esta víspera, me pregunto si seré capaz de mantener un ritmo aceptable para el blog en este mes. Bueno, se intentará y, si no... Todavía no me pagan por esto, ¿verdad? Escribiré, sí, escribiré, pero aquí no tanto. Por suerte, los temas siempre abundan, basta rascar un poco para encontrar noticias no capitales, pero muy interesantes para mí. Hace poco se supo que JRR Tolkien estuvo nominado (por usar términos comunes) al premio Nobel hace cincuenta años, a propuesta de su amigo y también creador de mundos CS Lewis. Los académicos suecos se hicieron los ídem y le denostaron diciendo que su prosa era de segunda categoría. Y no penséis que fue solo él. Otros autores, de menos ventas y mayor consideración general por parte de la crítica, también fueron rechazados; el premio al final recayó en un yugoslavo que por el momento no ha pasado a la Historia, si acaso a la de su país.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
Bueno, a mí nada de esto me extraña. Lo de los premios... Y el Nobel no es una excepción. Ya no hablaré del Nobel de la Paz, pero en Literatura ha habido decisiones irritantes. No lo merecía Tolkien pero lo mereció Echegaray que, a juzgar por lo que aprendí de él en el curso pasado, tampoco es que fuera un dramaturgo de primerísima categoría. No lo tiene Carlos Fuentes, cuya novela La muerte de Artemio Cruz ha sido mi pesadilla recurrente en estas fiestas, aunque reconozco su calidad. Sí se lo dieron, al final, a Vargas Llosa pero, personalmente, prefiero El señor de los anillos a Lituma en los Andes o La ciudad y los perros. Al margen de que su prosa no es descuidada, la enorme inventiva de un imaginario personal y la asimilación de diversas mitologías para elaborar una epopeya moderna merecen reconocimiento. De segunda, si acaso, serán algunos productos surgidos por la degeneración de su modelo, como ese Eragon que en cine tuvo una adaptación verdaderamente lamentable.
Allá cada cual con sus gustos. En este país, si pensaba que el pasado 20 de noviembre el mal gusto ya se había agotado, todavía he tenido que aguantar varias veces esa canción que traducida sería como Ay si te cojo. Pues vaya letra, pardiez, le digo eso a alguien e igual se piensa que planeo una violación. Y lo curioso es que la canta un brasileño que parece sueco aunque, eso sí, a juzgar por la profundidad de sus letras, no parece que vaya a llegar a académico. En fin. Veremos qué depara este fugaz regreso a las aulas.
miércoles, enero 04, 2012
La no especial noche.
Si la noche del 30 de diciembre no estaba, como se dice, muy pallá, tampoco lo estuve la del 31. Quizá fuera por esa prolongada comida en el parador de San Marcos, de la que salí a las siete con el estómago hinchado y un tanto revuelto. Para mí no hay días sagrados, y mucho menos noches sagradas. La de Nochevieja no lo es, y tampoco tiene nada de especial en el sentido en que para la mayoría de la gente no suele ser más que una versión bigger y longer de cualquier otra noche en la que se sale. Beneficiados, si acaso, los bares que inflan sus precios y aquellos que cuelan un par de churros por un euro. Por lo que a mí respecta, salir o no salir es un hecho indiferente para la suerte que pueda albergar el resto del año. Sí que llegué hasta un bar, el bar de aquí abajo, el Cantabrín; la mitad de la clientela eran familiares y allegados. Lo más constructivo fue una conversación que tuve con un experimentado filólogo, acerca de las vías que se me abren en este nuevo año, algo que sí es decisivo sobremanera. Al bar del Zoe ya no llegué. Luego me enteré de que, en realidad, nadie había llegado allí, je, je.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
Esto no quiere decir, desde luego, que no me haya divertido en estos días, y lo seguiré haciendo hasta el domingo, mezclándolo con alguna lectura o similar para que luego no se junte todo de golpe. Vuelve la normalidad, poco a poco, para lo bueno y lo malo. Así pues, bienvenidos a un nuevo año en Los Abrasadores.
viernes, diciembre 30, 2011
Adiós, y no vuelvas.
Se acabó 2011. Pero, al hacerse duro de pelar, quiere fastidiar un poco en sus estertores y otorgarme cierta ración de malestar pre-nochevieja. Así pues, podrán subir los impuestos pero lo que siempre estará baja será mi tensión, ya veremos si mañana mejora porque me enfrento a una triple perspectiva interesante, cuasi imposible de afrontar si no es con energía. Y esto del estómago revuelto, ¿tendrá que ver con el menú de la comida de primos, que en mí consistió en porciones diversas de las pizzas de los demás, con especial mención de la Diablesa de Juancho, que con ese nombre no augura nada bueno?
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
Sea como fuere, feliz año. Yo, salvo apocalipsis, acabaré la carrera, y lo que suceda a partir de entonces tendrá que ver con la opción de que las maltrechas arcas del estado puedan dotarme con una beca o no. Ya no hablo de ayudas al alquiler, ja, ja, aunque sí me gustaría alquilar alguna clase de zulo, cuando acabe la carrera o poco antes. Al menos, el hecho incontestable de que los alquileres son más baratos en León que en Madrid invita un poco al optimismo. Acabo, pues, no tiene sentido escribir en este estado, que no os deseo ni en la desolación post-nochevieja... Próspero 2012 y que el gobernador de Libia, quienquiera sea ahora, os ampare.
miércoles, diciembre 28, 2011
Inocentada de libro.
Es increíble, a veces parece que las cosas solo existen si aparecen por Internet. Ayer me sorprendió el escándalo que se había armado por la aparición en el portal digital de El Corte Inglés y otros sitios del libro Conocer y sanar la homosexualidad de Richard Cohen, editado por LibrosLibres. Libro que yo ya conocía desde... 2006. Yo lo había visto en el centro de Pozuelo donde trabajé y, si bien ha sido retirado de la red, no me cabe duda de que en este y otros centros comerciales seguirá, con la propaganda gratuita que se le ha concedido.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
Descubrí ese libro y, desde mi privilegiada posición de vendedor, hice lo mejor posible: llevármelo a casa. De este modo, caía en las mejores manos, sin posibilidad de hacer daño; yo no lo quería, desde luego, para curar mi inexistente homosexualidad, sino para conocer los argumentos de alguien que pretendía tratarla como si fuese una enfermedad. El libro, ante todo, es un fraude. Si alguien paga pensando que va a cambiar de orientación como quien cambia de camisa, mejor que vuelva a que le retornen su dinero. El libro, para mí, era involuntariamente divertido, aunque no pude soportar su lectura íntegra. Este tal Cohen, en realidad, antes que como enfermedad parece tratarla como un vicio, en plan de esos manuales de Usted puede dejar de fumar. El autor narra el vacío que le produjo su entretenida vida sexual y cómo por ello un día tuvo la revelación de casarse y tener hijos, con una mujer se entiende, pero no sin recaídas en lo que considera su antiguo mal. El libro, estoy hablando de memoria porque ya ha pasado luengo tiempo, tenía toda clase de obvios consejos, como que si uno quería curar su homosexualidad debía evitar a amigos homosexuales, y otras sandeces por el estilo. Lo que saqué en claro es que el tío probablemente se estaba reprimiendo, y no me extrañaría que todavía hoy, de vez en cuando, practicara lo contrario a lo que predica.
Mi antiguo empleo tenía una ideología básicamente económica: vendía los libros que se vendían, ya tiraran más a la izquierda o a la derecha, como bien remarca mi colega Hall. A su favor recuerdo un cuento ilustrado que contaba la historia de dos papás y su hijo; yo, en mis dominios de la sección infantil, solía colocarlo en un lugar destacado para así escandalizar a todos esos defensores de colegios integristas y segregacionistas. También andaba por ahí el libro de cuentos de Ana Botella... Esa sí que es una inocentada, ja, ja.
Conclusión: los escándalos son espontáneos y, a veces, contraproducentes. Alabo la determinación de todos esos colectivos LGTB que han conseguido retirar (parcialmente) el libro, pero también es cierto que han dado publicidad gratuita a una obra que pocas personas conocían, y algunas de rebote como yo; lo que es peor, ahora podrán caer en eso tan socorrido del victimismo. Pero que quede claro: la orientación sexual no es ningún tipo de enfermedad porque, si no, creo que surgirían muchas bajas laborales perpetuas, ja, ja.
viernes, diciembre 23, 2011
¡Felices Fiestas!
Soy consciente de lo arriesgado que es poner muchas esperanzas en una sola persona o una sola relación, pero ha llegado el momento de jugar con un poco de audacia. Luego siempre te podrán fallar, siempre habrá aprendices de Scrooge que no sean visitados por el Fantasma de las Navidades Pasadas, pero, a falta de otros milagros, yo nunca perderé la fe en que ciertas situaciones, a las que uno no comprende bien cómo se ha llegado, sean reversibles. Por eso, que paséis unos días plenos de alegría y, utilizando las palabras que me han sido transmitidas, que la esperanza llene siempre vuestro corazón.
domingo, diciembre 18, 2011
Puente prenavideño (y III).
Domingo: hace una semana me desperté temprano y sereno, por lo cual fui hasta un sitio que habitualmente me tengo vedado por su peligro potencial: la cuesta Moyano, pero el coste me salió casi a cero; dos euros, dos libros. Uno de ellos para clase, el otro sacado de esa lista de futuribles que tengo y, como el resto, quizá lo lea en un tiempo o quizá no lo lea nunca, por un eurillo tampoco vamos a darnos prisa. Luego quedé con el viejo camarada de este blog, Hall; arriba podéis verme con el típico té chino del típico chino, en la calle de Hortaleza. Al fondo, aunque no puede apreciarse, había una nutrida mesa de comensales osos, no precisamente comedores de bambú. Sí, era una colonización extraña, empezaba a ver osos por todas partes: de compras, con sus maletas, cogidos de la mano en un gesto de envidiable normalidad... Luego me enteré de que no es que de repente hubieran aflorado las panzas ni las camisas de cuadros, sino que se debía a un encuentro osuno en Madrid, el MadBear. ¡Larga vida a la estirpe, pues, aunque yo no sea muy asiduo de ella!
Gracias a mi fumada del lunes pasado, todavía me quedaba una tarde para disfrutar de una terracita en pleno diciembre. Aquí tenemos una auténtica, y literal, foto de perfil en La Latina, sacada por el amigo Nacho. El tono rojizo, que recuerda vagamente a un lupanar exterior, se debe en realidad a la razón de que no nos hubiésemos quedado ateridos allí, una especie de parrillas que desde el techo nos calentaban y, a mí particularmente, a veces me achicharraban, confío en que su radiación no fuese cancerígena. Respecto a esa aparición del fondo, no hace falta que la enviéis a Cuarto Milenio; no es un muerto, luego se levantó, aunque más bien con ayuda de la policía.
Eso dio de sí el viaje. Tan breve como en su planteamiento, tan felizmente aprovechado como era mi deseo, si bien, claro, no pude ver a todas aquellas personas a quienes habría querido. Algunas, para estas próximas fiestas; las otras, para una visita posterior que estoy proyectando hacia finales de enero, como sea que el examen del 9 de febrero ni siquiera parece que vaya a ser de obligado cumplimiento. Y, si se hiciera, lo podré estudiar aunque sea enfundado en un forro polar y al lado del único radiador. Hala, nos veremos en las, es de suponer, últimas entradas del año.
viernes, diciembre 16, 2011
Puente prenavideño (II).
Sábado: este fue el único día en el que comí en el piso de Legazpi, restillos que quedaban: un buen plato de pasta y unos nuggets congelados. Bastante es, habida cuenta de que nadie vive regularmente allí. Si en mi último viaje fui a finales de agosto para librarme de los rigores del calor, esta vez no pude evitar el frío, porque solo hay un radiador eléctrico para toda la casa, y la ausencia de muebles tampoco es que abrigue. No me sorprende que ahora mismo esté acatarrado, a ver si esto no persiste hasta navidades. Para colmo, al principio creí estar a oscuras allí, pero no era cuestión de las bombillas, sino de un mal contacto del interruptor que llegué a arreglar.
Al estar solo tres días, resultará obvio decir que alterné bastante con amigos y permanecí poco en el viejo piso. El sábado por la tarde, en la foto de arriba, me podéis ver en un pequeño pub de Chueca.
A la hora de cenar también permanecimos por esa zona. Se puso a llover, y eso en Madrid puede constituir motivo de caos. Pequé de ingenuo. Pensaba que el Mercado de San Antón iba a ser un espacio tan diáfano como en mi último viaje, pero, teniendo en cuenta las riadas humanas en las que me había sumergido la jornada anterior, estaba claro que no iba a ser así. Suertudos nosotros, con todo, pudimos hallar un sitio casi en la salida de emergencia. Me tomé algo que no sabría si definir como copa de Lambrusco o cáliz de Lambrusco, con la pizza aparte. Mi amigo convino en ir a algún lugar de tapas más asequibles y numerosas. Es decir, algún lugar tipo los que hay aquí. Es que en este reconvertido Mercado, con su toque chic, puede notarse que lo chic tiene un precio, pues en León me ponen el Lambrusco y la pizza me la regalan, no va a aparte.
De camino, tomamos un recuerdo fotográfico de la iluminación de la plaza de Chueca, que, se supone, es una bandera del arco iris, sui generis. A mí me recuerda más bien a tiras de regaliz...
El tugurio en cuestión de tapas al modo leonés era una sidrería, El Tigre, y que yo recuerde es el único sitio en que haya visto un camarero que te acomoda ya no en mesas, sino en espacios de barra sobrantes, eso da noticia de cómo estaría el lugar, y eso que era la hora del fútbol. La tapa más abundante, sí, también más basta, la consumición algo más cara que aquí, nobleza obliga, y los vasos de sidra no eran de culo ancho sino más bien de coca cola, algo que muchos hubiesen interpretado como blasfemia. Mi noche acabó allí porque mi amigo curraba y unas compañeras de facultad, de turismo por la capital, decidieron permanecer en su alojamiento, ante el tiempo poco amigo. Eso me permitió, al menos, disfrutar de mi último día con energías renovadas, como podremos comprobar en la entrega final del viaje.
martes, diciembre 13, 2011
Puente prenavideño (I).
Mientras llegan las fiestas en sí, vamos a hacer tiempo analizando esta breve, pero intensa, escapada prenavideña a Madrid; hacía bastante que no me pasaba por la capital en estas fechas y, ¡vaya ambiente! Excesivo, al menos en horas punta. Vayamos por días:
Viernes: aunque en su publicidad se precie de tener el 98,4 por ciento de puntualidad, mi tren llegó un cuarto de hora tarde, un obstáculo liviano que no impidió mi ronda por el centro que, como no podía ser menos, comenzó por Sol, y su arbolazo de ahí arriba. Quizá esté de más subrayar el inabarcable gentío que se esparcía entre Sol, Preciados y Callao. La plaza principal, una vez desaparecidos los indignados, había sido tomada sobre todo por dos especies: la de vendedores de lotería y la de mimos o gente disfrazada con cochambrosos trajes de Pocoyó, Bob Esponja, Super Mario, etc.
El Corte Inglés, puesto que celebra su mes grande, no había escatimado en iluminación, como podéis comprobar tanto en Preciados como en su clásica fachada de Cortylandia, que me recuerda tiempos pretéritos y el otro viernes andaba atestada de una tercera especie, la de vendedores de globos. En esta apoteosis del consumismo, todos tienen su hueco, aunque la faceta más ridícula es que la podremos comprobar a continuación.
La Plaza Mayor, iluminada por una especie de pequeños ovnis de colores. El mercadillo este sí que es todo un clásico, pero no triunfaban los belenes ni los abetos. Ya no proliferaba una especie, sino una extraña mutación en las cabezas de muchos de los viandantes, en forma de gorros de todo tipo: el favorito parecía ser uno en forma de cabeza de reno, pero no faltaban setas, sombreros de Papá Noel, también pelucas a lo afro y otras más adecuadas para la cogorza de Nochevieja. Puede que los gastos se hayan reducido un poco, pero sin embargo nadie parecía tener problema en soltar euros para lucirse de tal ridícula guisa. ¡En fin! Espíritu navideño, imagino, y también calentaría un poco la cabeza porque el tiempo ha sido coherente con estas fechas.
Cuando ya me sentía engullido por esa avalancha de personas anónimas, me fui a alternar con los amigos de la capital, en el típico barrio de La Latina. El bar de abajo se llama La concha, pero bien podría llamarse La verga. Pagué la novatada de la cámara nueva y, por desgracia, se me acabó la batería, y es una lástima, porque yo quería dar fe de los dos cuadros que presidían ese salón. El de atrás era de un efebo desnudo, tumbado cual tomando el sol. Como tenía cuernos, yo no supe a ciencia cierta si era un efebo cornudo o un sátiro sin patas de cabra; los cuernos eran pequeños, pero no tanto como su órgano de la generación. Más tela traía el cuadro de al lado, un Martirio de San Sebastián en el que tanto el martirizado como los martirizadores eran hombres musculosos que solo portaban una especie de suspensorios. Ni en Chueca llegué a ver algo así. Pero, en fin, me recogí pronto, que los viajes suelen cansarme, y navegar entre la multitud ya ni os digo. Regresaré para narraros un sábado con más energía.
martes, diciembre 06, 2011
Macropuente.
Esta semana no tenemos clase, aunque el país no se va a hundir por ello. No es lo mismo para trabajadores que para estudiantes, si bien quiero aclarar un concepto: la asistencia a clase es importante, sí, pero es en el trabajo de casa cuando uno se juega la posibilidad de subir la nota, venciendo todas las tentaciones que impulsan en contra del mismo. Es el cuento que me estoy aplicando estos días, al menos hasta el viernes; entonces me iré a Madrid, tan solo por tres noches, y sí que obviaré la carrera para aprovechar minuto a minuto el viaje.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
¿Si podrían juntarse los festivos? Bueno, no se, yo no los puse en estas fechas, je, je. Que haya fiesta por la Inmaculada Concepción ni me va ni me viene ni creo, valga la redundancia, en ese concepto de una concepción inmaculada, claro que tampoco creo en los Reyes Magos y sin embargo bien celebro su fiesta, je, je. Respecto a hoy, es el Día de la Constitución y todavía hay que esperar a que el de voy a gobernar para todos retire su vergonzoso recurso en contra del matrimonio igualitario. No lo hará, prefiere jugar con derechos costosamente adquiridos por un puñado de votos, así que espero que los jueces puedan poner cordura.
Películas variadas para este parón; ayer cayó al fin La piel que habito, de Almodóvar. Me gustó, me gustan las historias retorcidas y creo que este director tiene la habilidad de lidiar con tramas que en manos de otros habrían resultado ridículas. Claro que hay momentos demasiado rocambolescos, como la aparición de ese tigre brasileño, pero al menos su presencia sirve para justificar el involuntario cameo de mi amigo Toño, disfrazado en la fiesta del Círculo de Bellas Artes. Lo que es evidente es que Almodóvar ya puede hacer lo que le de la gana, se arriesga y no se queda en meras comedias costumbristas.
Bueno, con macropuente o micropuente, que disfrutéis estos días como yo espero hacerlo.
sábado, diciembre 03, 2011
Sleeping Beauty.
La cinta juega a ratos al feísmo, y sobre todo a subrayar el contraste entre la blanca y lisa desnudez de Emily Browning y la de sus partenaires, delicia de gerontófilos, algunos de ellos parecidos a Papá Noel y otros a algún hermano marista. A pesar de estar en la selección de Cannes y Sitges, la película fue injustamente vapuleada por parte de algunos críticos que a mi juicio no fueron muy comprensivos con ella; a mí me gustó aunque, con ese tema, me resultó necesariamente desagradable. Desde luego que no se explican todos los hilos de la trama, como la relación que tiene con ese amigo toxicómano, o cómo es posible que tenga tres trabajos y además vaya a clase. Eso sí, en vez de coger apuntes decide camuflar una videocámara, algo que podría darme ideas para alguna asignatura si no fuéramos tan poquitos en clase.
Al menos os la puedo recomendar por la chavala, que es una delicia y además actúa bastante bien. Por mi parte, en otro momento podré hablaros de este macropuente que, pese a los gruñidos de algunos, dedicaré en su mayor parte al trabajo en casa, que a la hora de los resultados siempre es más determinante que el llevado a cabo en el aula.
jueves, diciembre 01, 2011
Dialectos y condones de fresa.
Me ilusionó, pero también me dio rabia, ver que en el hall de mi facultad los de Cruz Roja habían montado un puesto de información por el día contra el VIH. Ilusión, porque es necesario. Rabia, porque esa idea la había tenido yo y resulta que me la copiaron de forma inconsciente, ja, ja, yo no pude montar un chiringuito así, bastante tenía con memorizar todos los rasgos extraños de dicha habla pirenaica. Y no llevé condones a clase para repartir. No quería que alguien, con razón, pensara que estaba haciendo una proposición directa. En cambio, me dieron dos condones: uno normal, otro de fresa. ¡Yupi! Como sea que este último caduca en 2016, cabe la opción de que en los próximos años alguien vaya a darse un goloso banquete, si es que para ese entonces no han ilegalizado el sexo oral.
También obsequiaban con un gran desconocido, el condón femenino; algún lumbrera había grapado uno en el corcho de clase, con el manual de instrucciones. Eso sí, no daban lubricante, al parecer no habían pensado en el público HSH (Hombre Sexo con Hombre, mejor esta etiqueta que aquella, poco precisa, de sexo homosexual). Resulta difícil ponerse serio cuando uno ha tenido un día intenso como este, pero quiero dejar constancia de mi deseo acerca de que en el futuro, bien sea Cruz Roja, Diversidad León u otras asociaciones, alguien lleve a cabo campañas de este estilo; todavía queda mucho por aprender.... y no solo modalidades lingüísticas titubeantes.
martes, noviembre 22, 2011
La vida sigue igual (por ahora).
El pasado fin de semana asistimos a dos éxitos sobrenaturales e incomprensibles para mí. Por un lado, el de la enésima entrega de esa saga mormona de vampiros, a años luz de la JRR Tolkien que felizmente volverá al cine pronto; por el otro, el de los espectros del 20-N (casualidad o no), que amenazan con desenterrar ideas ya olvidadas.
¡Ninguna sorpresa en ambos casos! Como la de mayo, esta victoria electoral ha tenido mucho de inercia. Inercia de quienes votaron, inercia de quienes no lo hicieron bien por principios bien por dejadez. El cambio por el cambio lo ha ofuscado todo. Estoy seguro de que algunos votantes no tenían ni idea de a qué candidatos elegían, y en cambio sí sabían bien que no van a hacer nada por esta ciudad, y sin embargo les votaron. El resto, una ley electoral injusta (se puede decir hasta la saciedad) y una avalancha que solo se paró en las tierras norteñas de los galos, digo los vascos, cuyos votos son tan respetables como los de la tierra no reconquistada.
Por lo que a mí respecta, digo que no me identifico en absoluto con mi barrio; eso sí, no todos somos iguales (yo no lo soy, tampoco personas que conozco). La primera vez que bajé a votar había cola, entre la que destacaba un colorido fantoche, todavía joven, con su traje, patillas y corbata patriótica, que iba con su pequeña familia a votar, supongo que por el bien de la misma. Ante lo cual, subí a casa y esperé a que se vaciara la sala. Por fin pude votar después, ante la aburrida mirada de una cacatúa, miembra de la mesa, que no quiso saludarme. Conste que no quería recurrir a términos injuriosos, pero en algunas circunstancias me es imposible.
Mi voto no influyó el bipartidismo que se vive aquí, cada vez más escorado hacia la derecha. Sea como fuere, antes de opinar habrá que esperar a ver qué hacen los futuros gobernantes. Yo, respecto a mi modo de ser y creencias, no suelo pedir comprensión aunque sí respeto; del mismo modo, no comprenderé lo que ha sucedido pero estoy dispuesto a respetar, claro está, siempre que me respeten y respeten los derechos que me afectan tanto directa como indirectamente.
¡Ninguna sorpresa en ambos casos! Como la de mayo, esta victoria electoral ha tenido mucho de inercia. Inercia de quienes votaron, inercia de quienes no lo hicieron bien por principios bien por dejadez. El cambio por el cambio lo ha ofuscado todo. Estoy seguro de que algunos votantes no tenían ni idea de a qué candidatos elegían, y en cambio sí sabían bien que no van a hacer nada por esta ciudad, y sin embargo les votaron. El resto, una ley electoral injusta (se puede decir hasta la saciedad) y una avalancha que solo se paró en las tierras norteñas de los galos, digo los vascos, cuyos votos son tan respetables como los de la tierra no reconquistada.
Por lo que a mí respecta, digo que no me identifico en absoluto con mi barrio; eso sí, no todos somos iguales (yo no lo soy, tampoco personas que conozco). La primera vez que bajé a votar había cola, entre la que destacaba un colorido fantoche, todavía joven, con su traje, patillas y corbata patriótica, que iba con su pequeña familia a votar, supongo que por el bien de la misma. Ante lo cual, subí a casa y esperé a que se vaciara la sala. Por fin pude votar después, ante la aburrida mirada de una cacatúa, miembra de la mesa, que no quiso saludarme. Conste que no quería recurrir a términos injuriosos, pero en algunas circunstancias me es imposible.
Mi voto no influyó el bipartidismo que se vive aquí, cada vez más escorado hacia la derecha. Sea como fuere, antes de opinar habrá que esperar a ver qué hacen los futuros gobernantes. Yo, respecto a mi modo de ser y creencias, no suelo pedir comprensión aunque sí respeto; del mismo modo, no comprenderé lo que ha sucedido pero estoy dispuesto a respetar, claro está, siempre que me respeten y respeten los derechos que me afectan tanto directa como indirectamente.
sábado, noviembre 19, 2011
Poca reflexión, mucha pereza.
El viernes pasado logré el objetivo de presentar a mi escritor (confesando que, si solo había leído un prólogo de él, procuraría reparar esa falta en el futuro). De propina, por esos cinco minutos fui obsequiado a cenar en el palacio Jabalquinto, la cena más lujosa de Filología hasta la fecha. La jornada se alargó, aunque podría haberse alargado bastante más, algo muy distinto de lo que me ocurrió ayer, que me estuve durmiendo casi toda la tarde; no se qué le pasa a mi cuerpo, cuando llega el fin de semana parece tener un chip para desconectar y apenas reaccionar ya hasta el sábado.
Así pues, hoy habrá que trabajar aunque estoy en un proceso de depresión preventiva por el resultado (al menos el predecible) de las elecciones de mañana. Iré a votar, aunque por el camino tenga que encontrarme con montones de personas que voten en sentido contrario al mío. Qué le vamos a hacer, habrá que ser respetuoso, aunque cueste. Lamentablemente mi falta de tiempo me impide comentar las mentiras acerca de eso que se ha llamado matrimonio homosesuá, o algo así, o hacer un breve análisis de cómo ha sido mi existencia bajo la era ZP, que comenzó allá cuando estaba terminando mis estudios cinematográficos en Ponferrada, y continuó cuando ya había comenzado aquí Filología, tan solo matriculado de cuatro asignaturas. Yo ya tengo claro el sentido de mi voto, y no favorecerá el bipartidismo, y tampoco será eso llamado voto útil. Entre pequeños partidos de izquierda, algunos ya consolidados y otros nuevos, optaré supongo por lo mismo que en las de mayo. Yo no os animaré a que votéis por ningún partido concreto, pero sí a que votéis, por lo que sea y, si no, al menos a que votéis nulo (no en blanco). De lo contrario, podrá pasar el absurdo de que alguien como el alcalde de aquí diga que ha triunfado cuando se ha llevado el treinta y cinco por ciento de los votos. ¡Pues oiga, yo si en un examen saco 3,5 suspendo!
Pues feliz reflexión, felices elecciones y, en el peor de los casos, con carreras como la mía siempre cabe exiliarse, je, je.
viernes, noviembre 11, 2011
El minuto de gloria.
Esta tarde, en la conclusión de unas jornadas de tendencias literarias actuales, voy a tener la oportunidad de presentar a un autor, Juan Jacinto Muñoz Rengel. Juan Jacinto, si lees este blog (por algún casual) quiero que sepas que solo he leído un prólogo tuyo, que me gustó, y en el futuro procuraré leer más; ahora mismo, entre Carpentier, Azorín, etc. tampoco es que pueda dedicarme mucho a un género que me encanta como los relatos fantásticos.
Agradezco la ocasión que me brindan mis profesores, José Enrique y Natalia, para, como dijo esta, promocionarme y tener un minuto de gloria, ja, ja, que espero aprovechar. Yo nunca he dejado de escribir, incluso aunque en este blog haya bajado el ritmo de entradas debido al trabajo de clase. La carrera es importante, puesto que de algo hay que vivir, pero la creación para mí siempre está en un primer plano. Siempre estoy dispuesto a aprender de esos escritores que no tienen que apoquinar por ver sus libros publicados. ¿Podré convertirme yo, en poco tiempo, en miembro de este grupo? Ya veremos, aunque tampoco hay que descuidar el auge de los soportes no físicos.
Así pues, procuraré no ponerme nervioso y cumplir con el pequeño encargo que se me ha ofrecido. Hablando de responsabilidades, hoy fui nombrado vicedelegado de clase. No tiene mucho mérito, nadie más se presentaba y tampoco íbamos a quedarnos sin ese puesto. Al menos no acabaré la carrera sin haber tenido un cargo, ja, ja
viernes, noviembre 04, 2011
Del ABC al arroz.
Voy a dejar un rato el libro de Alejo Carpentier... Leerlo, condición obligatoria, es como ver crecer la hierba, y eso que es una novela de aventuras, a su modo. Eso sí, ahora dispongo de más tiempo de lectura en horas libres y huecos después de comer. Ello se debe a que han quitado la prensa gratuita de la facultad. Parece ser así, y no creo que regrese. Cierto es que la oferta era limitada: en ocasiones El Mundo, y siempre el ABC. Resultaban útiles para esos momentos en los que no había demasiado ambiente de conversación en clase, para las dilatadas esperas en alguna asignatura, por algunas noticias jugosas sobre cine y cultura, y también porque algunas exageraciones apocalípticas resultaban bastante divertidas. ¡Ahora ya no podremos seguir por esta vía la campaña electoral! El apocalipsis llegará después de la misma, pero no pasa nada, yo ya medito planes de trabajo en el extranjero.
Una pena. La crisis también les habrá hecho mella, imagino. Y yo que pensaba que ya no se regalaba nada y esta mañana, poco transitada ya la facultad, empiezo a ver a alumnos con bolsitas de papel de la marca Brillante. Calmadamente, sin el ímpetu de esos paisanos que son capaces de apretujarse por un kilo de pepinos, me acerqué a un improvisado stand a la entrada, con un par de, digamos, azafatas que me obsequiaron con otro par de boles de arroz para microondas. No es que me descubrieran América, porque llevo ya un par de cursos utilizando esos envases, bastante cómodos, sin renunciar al arroz de cazuela como el que acabo de tomar. Pero, en fin, me dieron en el gusto, no siempre te regalan algo que eres capaz de aprovechar. Lo que me sorprendió fue esta promoción alimentaria en pleno hall de Filosofía y Letras. Algo insólito. ¿Trasladarán algún día las fiestas de Erasmus, con sus sombreros mejicanos y sus pelucas de colores? En una facultad tan polivalente como la nuestra, todo puede suceder.
Una pena. La crisis también les habrá hecho mella, imagino. Y yo que pensaba que ya no se regalaba nada y esta mañana, poco transitada ya la facultad, empiezo a ver a alumnos con bolsitas de papel de la marca Brillante. Calmadamente, sin el ímpetu de esos paisanos que son capaces de apretujarse por un kilo de pepinos, me acerqué a un improvisado stand a la entrada, con un par de, digamos, azafatas que me obsequiaron con otro par de boles de arroz para microondas. No es que me descubrieran América, porque llevo ya un par de cursos utilizando esos envases, bastante cómodos, sin renunciar al arroz de cazuela como el que acabo de tomar. Pero, en fin, me dieron en el gusto, no siempre te regalan algo que eres capaz de aprovechar. Lo que me sorprendió fue esta promoción alimentaria en pleno hall de Filosofía y Letras. Algo insólito. ¿Trasladarán algún día las fiestas de Erasmus, con sus sombreros mejicanos y sus pelucas de colores? En una facultad tan polivalente como la nuestra, todo puede suceder.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



