jueves, noviembre 15, 2012

En Furulund.


Me dio pena abandonar Estocolmo. También me dio pena abandonar Madrid, Granada y, pese a llevar cinco años allí y estar un poco harto, León. ¡Es ley de vida! Dejé a mi familia sueca, como también dejé a la española, al parecer por un breve intervalo hasta Navidad. Por fortuna existen mecanismos como Viber, Facebook o este propio blog para suplir en parte esa carencia física. Yo ahora estoy en Furulund, un pueblo a diez kilómetros de Lund, un lugar tranquilo y considero que me vendrá bien vivir un tiempo en un entorno campestre. 
Si lo que quiero es ciudad, la de Lund, siendo pequeña como León, goza de una atractiva atmósfera universitaria y cultural. Mañana confío en pasar una productiva jornada inaugural allí. Si prefiero adentrarme en la tercera ciudad más grande del país, en quince minutos me planto en Malmö. Y, para descubrir la capital de una nación que todavía no he visitado, en una hora aproximada estaría en Copenhague. Por no hablar de que, para volver a Estocolmo, me bastarían cuatro horas como las de ayer. En fin, una multitud de ambientes para no aburrirse. Y el mes que viene, por mucho que me claven, volveré a poner el pie en León. 
Mi futuro depende, entre otros factores, de encuentros fortuitos como el de ayer en el tren. Me senté al lado de una mujer chilena que trabaja de periodista en Malmö y, aparte de una charla muy interesante, me proporcionó el correo de un profesor del departamento de Español de Lund. Puedo considerarme un hombre afortunado por ello. Me hablan de personas que han tardado una semana o un mes en encontrar trabajo por aquí, pero yo prefiero seguir mi propia vía, consciente de que los resultados llegarán porque estoy mentalizado para ello. Mi única barrera de importancia aquí es el idioma, pero ya he comenzado a aprenderlo; problema relativo, en el mundo universitario, y en Suecia en general, se habla inglés, quizá excepto algunos abueletes de los que abundan en Furulund. 
Nada más. El juego ha comenzado, y hoy mismo, aunque no salga de esta confortable casa, me pondré a mover los hilos. 

lunes, noviembre 12, 2012

En Estocolmo


Sí, en efecto, aquí anochece a las cuatro. De todos modos, yo no puedo comprobarlo porque estoy en una habitación de albergue que no tiene ventanas, decorada con papel pintado y un espejo, muy al estilo David Lynch. Este es mi tercer hostel en Estocolmo y, por ahora, el último. El mejor fue el segundo, lo tendré en cuenta para posibles visitas futuras. 
¿Qué podría decir sin extenderme demasiado? En Estocolmo me he encontrado con aspectos que ya preveía: un frío no ciertamente exagerado, unos precios altos como suele suceder en las capitales de cada nación y aquí más, gente guapa a la que todavía no tengo el gusto de conocer... Estocolmo no es el fin del trayecto. Ese es Lund, ciudad más pequeña y espero que más asequible. Aquí sobre todo vine a visitar la ciudad de un modo más holgado que la última vez, y a pasar tiempo con mi familia sueca. Objetivos cumplidos en ambos casos. 


El día de mi llegada a Suecia estuvo marcado por la noticia de la constitucionalidad del matrimonio igualitario. Si tomo esto como un símbolo, será que el viaje ha sido marcado por una buena estrella. Hasta ahora, de hecho, no ha habido incidentes que lamentar. El avión de Ryanair no se quedó sin combustible, si bien iba cargado hasta las mismas puertas de la cabina del piloto. Esta semana he viajado por tierra, mar, aire y bajo tierra. 


Al margen de que la gente, por lo general, se acueste antes, hay marcha en Estocolmo. Pero hay que pagarla, claro está. Este no es país para borrachos. Si acaso, los borrachos se pillarán un Ryanair hasta España para comprar vino en los supermercados, cosa que aquí no es posible. El licor se sirve por centilitros, y, no, es un sueño que por un euro te sirvan un corto y una tapa como en León. Como diría una amiga, la civilización se paga, ja, ja. Mientras los impuestos del alcohol vayan para servicios sociales, por mí de acuerdo. De todas maneras, lo de socializar yo voy a dejarlo para Lund, allí es donde comienza la verdadera vida sueca y donde, entre otras barreras, habrá que sortear la del aislamiento. 


Este plato que veis se llama pytt i panna, no lo recomiendo para cuando antes se han tomado como entrantes arenques y buenas tostadas de mantequilla. Frío no estoy pasando, y hambre tampoco, los dos grandes males a los que me podría enfrentar. Por desgracia en León no pude practicar idiomas (quizá no me esforcé demasiado), pero en inglés me estoy defendiendo de modo razonable. Hay ciertos aspectos que son universales, basta un poco de sentido común para comprenderlos. En una ciudad como León tampoco pude disponer de cursos de sueco. En cinco días aquí, lo digo sin ningún tipo de vanagloria, creo haber aprendido ya un puñado de palabras y expresiones comunes. No parece una lengua demasiado complicada para quienes hemos estudiado inglés. Eso sí, los extranjeros nos estarán dando las gracias por el sencillo sistema vocálico del español, supongo. 


Para comenzar con el sueco no es absurdo pensar que valen los libros y programas que usan los niños suecos para aprender a hablar. Ver con Marcelo y Lucas Bolibompa, una especie de Barrio Sésamo, al menos me ha dado nociones básicas de abecedario. A priori desconozco si será imprescindible tener un nivel básico de sueco para obtener mi primer empleo; por si acaso, hasta que lo encuentre, he procurado no fundir muchas coronas en esta primera semana, salvo algún capricho comprensible como el Vasamuseet, que veis arriba, una auténtica gozada a la par que el primer o el segundo museo más visitado de Estocolmo. Allí fue donde vi más españoles. Y los rehuí, pues no decían más que chorradas. Confío en que todavía mañana pueda tomar alguna caña con mi hermano Pedro en Södermalm, el barrio in de entre estos lares. Por lo demás, esta coqueta habitación no tiene mesa, así pues voy a abstenerme de escribir más y, una vez en la casa de Lund, que tiene un aspecto excelente tal y como me lo mostró el casero, iré desarrollando por extenso mis peripecias. 

jueves, noviembre 01, 2012

Comienza el viaje.


En los últimos días, muy seguro de mí mismo, o tal vez confiado, en vez de estar preparando mi viaje internacional, he recorrido España de norte a sur, pasando por el centro. Unas vacaciones se dirían de despedida, pero lo cierto es que a lo largo de ellas he permanecido en la incertidumbre de no saber si al final me iría o no. Y en ella continúo. Mi solicitud de plaza de profesor asociado cumplirá el viernes dos semanas, el tiempo estimado en que otras anteriores solían resolverse. Pero, ya se sabe, mañana es probable que haya puente, algo muy querido cuando era estudiante y que ahora me fastidia. ¿Podría resolverse la plaza el lunes? De ser así, y si me la concedieran, regresaría a León. Más vale pájaro en mano... Pero, si me entero el martes, en Barajas, ya no habrá vuelta atrás. 
Prefiero ir ligero de equipaje, aunque en la práctica eso suponga revolver en un batiburrillo inmenso de ropas (es Suecia en otoño, claro, uno no puede disponer camisas de flores), y seleccionar algún pesado manual por si diera clase de español antes de Navidades. No obstante, si tengo que hacer algún sacrificio en cuanto al peso, dejaré aquí los libros. El trabajo de profesor está aún en el aire, prefiero tener un buen forro polar en el que envolverme, aunque no soy tan catastrofista como para pensar en que pueda alguna noche dormir debajo de un puente. El caos de maletas tiene algo de paranoico, en el sentido de que doy por hecho que me voy a olvidar de algo, solo espero que sea algo de escasa relevancia. Para pasar un mes y medio allí, antes del fin de año, tampoco creo necesario portar un baúl. Hay que aprender lecciones de mis viajes a Madrid, con ropa que no sale de la maleta y, claro está, comenzar a usar las lavadoras, públicas o no. 
Yo no considero que me vaya a la aventura, pero sí considero que esto es una aventura. Lo considera todo el mundo: mi futuro casero, mi familia, mis amigos... ¡Todavía hay margen para aventuras, aunque sean de diversa índole a las de los Abrasadores! Eso me estimula. De hecho, si al final me dieran la plaza, creo que experimentaría una sensación de desagrado impropia de alguien que en esta ciudad consigue empleo. De todos modos, aunque me quedase, las cosas cambiarían. Ya lo creo. El ciclo Filología está tan muerto como los difuntos que hoy son visitados en sus nichos. Si comienza un nuevo ciclo en León, novedades traerá, mejores o peores. 
Este blog no será abandonado, wifi mediante; el futuro de mi escritura, eso sí, dependerá de hallar lugares apropiados para la creación, y de encontrar un soporte en el que dicha creación se sostenga en la medida en la que por ahora dudo que vaya a ser rentable. El arte no suele serlo. Pero escribir está dentro de mi ADN, por así decirlo, y en ello nunca daré mi brazo a torcer. Además, tengo estímulos nuevos, como Rafael Chirbes, un autor que debería ser más reconocido, descubierto gracias a mi amigo Alejandro. Mimoun y, sobre todo, Los viejos amigos, esos viejos amigos a los que lamentaré perder, pero no los perderé del todo, claro está. 

sábado, octubre 20, 2012

¿Último cumpleaños en León?



¡Quién sabe! Una cosa es clara: yo tengo ganas de dejar de vivir aquí. No es que odie esta vida, pero tras cinco años me parece necesario un cambio de rumbo. Por otra parte, se me abre una vía alternativa: el miércoles pasado surgió una plaza urgente de profesor asociado para el departamento de Lingüística. Yo no tenía la menor idea, me avisó un amigo y, de una forma no excesivamente cuidada, logré reunir los documentos previstos, con alguna previsible laguna, y los entregué ayer, antes de que venciera el plazo. Huelga decir que no se pierde nada con ello. En una anterior convocatoria de este tipo, se presentaron dos contendientes. Ante semejante competencia, positivo es probar. Se trataría de dar cuatro horas a la semana, en campos que no son los que más domino, pero sería experiencia laboral y académica, algo de lo que ahora mismo carezco en la universidad de Lund. 
Así pues, solo cabe esperar que el fallo salga antes de que ponga el pie en el avión. La semana que viene toca viaje, supuestamente de despedida, por Madrid y Granada. Si durante este me concedieran la plaza, tendría que volver a León como un relámpago, en el caso de que la quisiera aprovechar. Es bueno disponer de varias oportunidades a elegir. Y, al margen de la chavala confundida de Lund, estuve hablando por más de media hora con un sueco a través de Skype, en inglés, logrando desentrañar la mayor parte de la conversación para mi sorpresa, y creo que ya tengo habitación disponible. Lund o León, lo único claro es que la vida va a cambiar, incluso aunque permanezca aquí. 
Por lo que respecta a hoy, tampoco es un día de muchas preocupaciones, toca celebrar el cumpleaños con unos lambrusquillos, as usual, y en buena compañía. Let´s go! 

martes, octubre 16, 2012

L(o)uis

Yo nunca tengo problema en dar la razón a buenos amigos, aunque me fastidie. Muchas veces, eso sí, lo que me aconsejan es algo que yo ya se, de modo explícito o implícito. Después de cinco años, es muy difícil buscar piso. Yo querría un apartamento individual, pero para eso, por ahora, no llega el presupuesto. Así que toca compartir, y encima buscando en el extranjero, desde León. Todo ello da lugar a errores absurdos, como el que he sufrido, de una imbecilidad digna de una novela de Houllebecq, como la que leí ayer. 
En español tenemos la raíz -a, que permite distinguir entre pares de nombres como Luis/Luisa, por ejemplo. Ello no pasa en el extranjero, países no hispanohablantes  Tenemos Louise, Louis, etc. Así pues, fui tomado como una señorita por una estudiante de Lund, poco avezada por lo visto en eso de buscar compañeras de piso. Tras verme vía Skype, dijo que, de compartir, hostias. ¡Vaya! Es decir, que, cuando no sabía mi género, dijo que yo era agradable, y luego... ¿De qué colegio de monjas se ha escapado usted, señorita, que no tiene puta la idea de cómo soy, ni de qué busco, ni de que no soy Alfredo Landa persiguiendo suecas o no suecas? 
Pues nada, espero que tenga suerte y más ojo la próxima vez, aunque otra parte de mí (la parte angry) desea que se joda y se chupe todo el alquiler del mes ella sola, como castigo ejemplar... ¡Serenidad, pese a todo! Creo que ya tengo habitación en un pueblo cerca de Lund, en una casa grande con jardín, compartiendo con estudiantes hispanohablantes y un casero sueco que parece inteligente y divertido. Así pues, este tropezón no será para tanto, en peores me encontraré una vez llegue allí, mañana hablaré con quien imagino será mi casero y ahora me voy a tomar un vaso de cola zero para reponerme del susto. Ciao cho chin! 

lunes, octubre 08, 2012

Mi no-Erasmus

Los recortes llegan a todos los ámbitos, ahora se habla también de que el programa Erasmus está en peligro aunque, en realidad, las becas que ofrece tampoco es que sean para vivir desahogadamente si no se tiene una subvención adicional. Para mi carrera sería una verdadera desgracia que no hubiera Erasmus, ciertas asignaturas se mantenían a base de alumnos extranjeros. 
Yo no hice Erasmus. Yo nunca he actuado en base de lo que se tiene que hacer, aunque ello me haya perjudicado. No creo en lugares comunes, ni mucho menos en eso de que constituye el mejor año de tu vida, clara hipérbole a menos que se trate de gente bastante desgraciada. Yo respeto y estimo a aquellas compañeras que se han ido o ahora mismo están fuera con Filología Hispánica. A mí me parecía absurdo irme fuera de España a aprender español. Si yo me hubiera ido de Erasmus, principalmente hubiera buscado aquello que los tópicos asocian a ello. Preferí mantener el expediente. 
Los tópicos tienen base de verdad, pero incluyen mentiras carcajeantes. La mayor, que el Erasmus provee un aprobado fijo. ¡Qué va! Anda que no he visto yo suspensos humillantes y, de hecho, hay profesores que no tienen especial predilección por estos alumnos. Tampoco tuvo piedad mi más reciente profesor de literatura con la única chica extranjera de la clase, que abandonó a los pocos meses tras ver el berenjenal en que se había metido. Hay gente que estudia, qué duda cabe, y con una buena organización le sobra tiempo para visitar España e hincharse a tapas. Otros optan por ciertas trampillas, fácilmente descubiertas, la whiskypedia o, si encuentran nativos receptivos como yo, les piden ayuda. Confío en encontrar gente tan colaboradora cuando vaya a Suecia. 
Salvando lo del idioma, todas las habilidades que se asocian al Erasmus se pueden desarrollar aquí. A mí me pasó en Madrid. Allí estudié y trabajé, compartí un piso donde cocinaba, limpiaba, etc. Incluso respecto al tópico más persistente, las oportunidades sexuales, os puedo asegurar que en Madrid surgían en grado mayor a las de León, y no será porque aquí no me las restrieguen a diario. En realidad, el tema no es el desplazamiento, sino la capacidad de sacrificio. Cualquier persona es susceptible de ser arrastrada por las fiestas, como lo fui yo el sábado hasta cierto punto. Frente a lo que opiniones ignorantes puedan sostener, yo tuve durante la carrera largas temporadas de fiestas tanto dentro como fuera de León. Pero las capé. Hubo que elegir. 
Otras opiniones igual de ligeras podrán pensar que no me fui por comodidad. En absoluto. De hecho, me voy ahora, dentro de un mes. Y voy a sacrificar, con alegría por mi parte, buena parte de la comodidad que tengo aquí. No importa, lo compensaré con otra clase de estímulos y desafíos que me saquen de este epílogo leonés en el que, convertido temporalmente en ni-ni, me siento en tierra de nadie si bien gracias a ello me permito disfrutar de los últimos vinos baratos y de los últimos trasnoches para ver Cuarto Milenio. 
A diferencia del Erasmus, yo me iré para siempre si veo que merece la pena. No es algo que pueda saber ahora... 

viernes, octubre 05, 2012

Sexto aniversario


¡Se dice pronto! Seis años. Ciertamente, en el actual he bajado el ritmo del blog, de modo similar a lo que sucede con el blog poético. Bueno, resulta inevitable, y no es un problema de inspiración, sino de prioridades. Fijáos en lo que ha sucedido esta semana: quizá por la buena (mala) vida con la que estoy celebrando el fin de la carrera y el no-inicio del nuevo curso, o tal vez debido a la llegada severa del otoño, me ha atacado uno de esos persistentes catarrillos, de nada ha servido que llevara dos meses poniéndome en forma en el gimnasio. En estos días no ha habido deporte y, lo que es más frustrante para mí, tampoco he podido seguir con los preparativos de mi viaje. 
Claro que, ¿son tan importantes los preparativos? La más necesaria es la preparación psicológica, que varía según la jornada: a veces me muestro más optimista, en otras ocasiones menos, lo cierto es que estas últimas suelen coincidir con los días resacosos o congestionados, como el presente. Sea como fuere, ni uno solo de estos días olvido la absoluta  necesidad del viaje. No hablo ya de su éxito o no, pero la mera experiencia será el verdadero colofón de mi carrera, y un escalón más dentro de una serie de pasos que comenzaron hace seis años, cuando comencé este blog y, merced al lamentable episodio del five carros affaire me planteé la salida de un puesto de trabajo pre-crisis, en el que tal vez podría continuar ahora mismo. ¡Qué gran decisión la mía al año siguiente, lo digo sin asomo de vanidad, la de completar los estudios que siempre quise terminar, y además (algo que yo no preveía) con excelentes resultados! 
El amigo Hall podrá recordar cómo marché de Madrid con una maleta vacía, aunque llena de esperanza que al final pudo materializarse. Cuando vaya a Estocolmo no podré llevar ni la mitad de equipaje que querría, es lo que tiene el low-cost, pero las herramientas vitales para encontrar trabajo no serán físicas, tendré que irlas desarrollando para desenvolverme en un idioma que no es el mío, e ir aprendiendo el nativo, sumergiéndome sin miedo en esos ambientes, la única manera segura de establecerme allí. 
Bueno, no puedo seguir con estos fastos, el catarro me lo impide. Diré, por último, que una excelente manera de llegar a un país extranjero es ir conociendo su cultura, comenzando por la popular, por ello (y porque me gusta), en los últimos días estoy reproduciendo de continuo los greatest hits de ABBA, y ahí os dejo un vídeo que lo certifica. Gracias por seguirme, y thank you for the music. 

lunes, septiembre 24, 2012

El no-comienzo

Ayer tuve la suerte de trasnochar sin problema; podría haber tenido más fortuna, eso sí, si alguna persona se hubiese comportado de manera más edificante pero, en fin, quizá en el extranjero encuentre mentalidades dispuestas a actuar de modo más consecuente. Cuarto Milenio, programa habitualmente vetado durante el curso, comenzó a una hora inusualmente temprana, medianoche, así que pude disfrutar como un enano viendo el debate sobre apariciones marianas a cargo de Sánchez Dragó, Santiago Vázquez, Enrique de Vicente y un cuarto tipo que, al no ser tan freak, tenía poca voz y voto en el asunto. 
Hoy comenzó el curso, y no tuve que madrugar para ver a la buena de Janick. Un curso que se prevé movido, con huelgas que no me afectarán, como tampoco lo harán las subidas de tasas (bastante me han clavado ya por pedir el título) y, en fin, albergo un sentimiento que combina cierta nostalgia con el alivio de la liberación. Me gustaría volver a la vida universitaria, ya lo creo, pero desde otro ámbito y, en principio, en otra universidad. Apuntar a obtener un empleo en una entidad así es comenzar desde un peldaño bastante alto, no obstante eso pretendo para cuando vaya a Suecia, desde luego que en la vía del profesor ayudante o asistente conversacional, como mucho. Si no, ya lo dijo el amigo Gonzalo, siempre se puede hacer coronas de abeto para Navidad. En Madrid no me arredré por enfrentarme a cosas peores. 
Comienza una aventura, no necesariamente placentera, la de buscar trabajo, que en este país ya ha pasado de aventura a odisea. Confío, como otros tantos exiliados, en que fuera será más sencillo. Yo no me engaño. Yo no caeré en el error de aquellos que, atraídos por algún idílico programa de televisión, se fueron a la vecina Noruega no muy preparados y acabaron durmiendo en un banco durante el invierno. Para eso he estado ahorrando durante estos cursos, para eso llevo un buen expediente y para eso he escogido un lugar en el que reside una parte de familia que no permitirá que me muera de hambre o de frío. Mejor frío que calor, eso sí. 
Así pues, mi ruta en internet se compondrá de un batiburrillo desesperante de webs en inglés, sueco y, con suerte, spanska. Poco tiempo me quedará para el blog, aunque ya me gustaría en el futuro poder colgar alguna foto desde un hostel de Estocolmo, Lund o alguna otra ciudad universitaria o al menos donde sea capaz de ganarme los garbanzos, tal vez cabría decir los arenques tratándose de ese país. En todo caso, por obvio que suene decirlo, siempre hay vuelta atrás. Y no, no estoy tan hasta las pelotas de vivir aquí como para que no vaya a echar de menos ciertos aspectos de León, como esa facultad que fue una segunda casa y que hoy se habrá llenado de agitación, la agitación que pervive incluso en los estudios más minoritarios. 

lunes, septiembre 10, 2012

Fin de trayecto.


Se acabó. Para quien puso en duda que lo más recomendable fuera dejar mi última asignatura para septiembre, hoy me dieron la nota y ello hace de este Quinto curso el mejor de toda la carrera. He cumplido, al pie de la letra, lo de reservar lo mejor para el final. Huelga decir que a lo largo del verano he oscilado entre una retahíla de posibilidades a la hora de encarar el futuro. Estaba la opción primigenia de un máster y doctorado, al menos cuatro años más aquí, lo que ahora mismo se me antoja un pasaporte directo hacia la náusea. Eso sí, tanto el máster como la tesis son recursos rescatables tanto en años próximos como en otros destinos que no sean este. 
Tras cinco años aquí, que no han sido precisamente monacales pero sí con ciertos sacrificios, considero lo más inteligente marcar cierta brecha en los acontecimientos e ir al extranjero. No a tontas ni a locas, no a acabar durmiendo un banco, ni pensando en que será fácil; nunca lo ha sido, ni aquí ni fuera, no lo era cuando tenía que fregar urinarios o lidiar con clientes reaccionarios en alguno de mis empleos. No busco algo sencillo, pero sí estimulante, que me saque de la inevitable (al menos para mí) monotonía en la que he llegado a instalarme. Huelga decir que, si un primer intento no funciona, cabría la opción tanto de la marcha atrás como la de probar suerte en otros tantos destinos. 
Quiero empezar por Suecia, me empujan allí lazos familiares y otras tantas consideraciones. Tengo muy claro que viajaré allí, haya o no encontrado trabajo. Al fin y al cabo, también merezco un viaje de fin de carrera, si lo merecieron otros con menos méritos. La preparación va a ser rigurosa, no obstante espero iros informando a través de este blog, que no querrá ser abandonado en ningún sitio. Gracias por acompañarme en este camino, y, claro, champagne for everyone. 

lunes, agosto 13, 2012

Abrasado.



El viernes, después de comer, comencé a oler a quemado, y al principio consideraba que se trataría del incienso, vía chino, que había encendido. Pero ya cuando vi que no se había puesto niebla, sino un humo denso que impedía abrir las ventanas en una de las tardes más calurosas del verano, comencé a sospechar que habría un incendio cercano, quizá algún cateto al que se le habían quemado las lentejas. Nunca hubiese imaginado que el foco estaba en el vecino (aunque, por suerte, al otro lado de la calle) Ayuntamiento. Ni que desde mi propia terraza podría divisarse una llamarada de tal consistencia como la de la foto de arriba, un tanto cegada por el humo. 


El caso es que ahí estaba, y yo, castigando mis pulmones como no lo hacía desde que terminó lo de fumar en los bares, decidí creerme un poco el reportero y buscar eso que, en la asignatura que pronto comenzaré a estudiar, se llamaba el instante decisivo. En todo caso, significativas sí son mis fotos. A nivel nacional cabe decir que la noticia no influyó demasiado. Tal vez, de haberse confirmado que era un acto terrorista o un sabotaje, sí hubiera tenido más relevancia, no digamos ya si hubiese fallecido alguien. Los informativos dedican más espacio cuando hay muertos... Accidente o venganza de algún ex-trabajador puteado, eso todavía no se sabrá. Eso sí, fue todo un espectáculo ver al alcalde, con su aspecto de curilla, subido a una grúa en plan El coloso en llamas. ¡Pobre hombre! No gana para disgustos. Si al menos se hubiera quemado el edificio antes del 28 de junio, ya tendría una excusa para no colgar la bandera del arco iris. 
Sí, no quiero hacer leña del edificio chamuscado, pero este alcalde, surgido casi de la nada tras el tsunami popular del fatídico año 2011, lleva dos años negándose a hacer ese gesto de visibilidad, cuando esta misma semana, un par de días antes del siniestro, resulta que recibió a un grupo de jóvenes antiabortistas del extranjero, que venían en peregrinación y no tuvieron nada mejor que hacer que pasar por aquí, donde el cupo de beatos ya no da más de sí. Sea como fuere, el aura de santidad de nuestro regidor no impidió que el viernes se desatara el pánico con todas las llamas del averno, no sofocadas hasta la madrugada. 


En fin. No tengo claro si este es el principio del final o la consumación del desenlace. He visto ratas por la calle, he visto el entorno de los Maristas, tan frecuentado por mí en tiempos, destrozado, y ahora esto. A comienzos de año fuimos noticia por el olor a estiércol, ahora por este suceso que congrega a ociosos, obstaculizando mi calle, y me ha quitado el sitio donde solía quedar con bastante gente, uno de mis puntos de encuentro. 
Yo lo tengo claro, desde luego. El fin de semana pasado, con sus puntos de interés, fue mediocre, las expectativas no fueron cumplidas. Más allá del humo, ya disipado, en esta ciudad hay una atmósfera enrarecida que provoca que algunas personas no progresen en sus comportamientos, o que muchos planes se malogren. No quiero quitarme, con ello, responsabilidad en mis errores pero, francamente, yo solo vine para hacer la carrera, y es momento de marchar. A ello me pondré a partir de hoy mismo. No soy yo el que se ha abrasado, no obstante creo que hay que resurgir de cero, desde las cenizas. 

lunes, agosto 06, 2012

Verano olímpico.

Debo agradecer a mi hermano Paconcio el que no solo me proporcione materiales para estimular la mente, como el flexo, la silla o el propio ordenador en que escribo, sino que también se preocupe por mi bienestar y forma física, últimamente un poco descuidada entre tapas, birras y similares tentaciones. Por eso me ha financiado el gimnasio para un par de meses, no tendría sentido un compromiso de permanencia anual porque la idea de continuar en León en agosto del año que viene es una idea que no concibo, salvo en mis pesadillas. Ahora que llevo tan solo una semana, y asombrado de que tres días hayan valido para un inicio de metamorfosis corporal tan marcado, pienso que debería haber tenido yo esa idea a comienzos del curso, o incluso a comienzos de la carrera. 
Aunque, eso sí, habríamos contado con los obstáculos de rigor, la falta de tiempo y de dinero. Yo ahora, al menos este mes, procuraré aprovechar, llevando a cabo un plan de tres días alternos para el ejercicio. Los otros tres los dedicaré, si acaso, al spa, que un buen jacuzzi o una buena sauna seguida de un caldero de agua fría arrojada sobre la cabeza también purifican lo suyo. Y el domingo es poco probable que vaya, habrá que estar al tanto de las posibles resacas, muy pocas porque actualmente poca gente se apunta a planes que sobrepasen, con creces, la medianoche. Quizá mejor así, porque las copas engordan y porque, dentro de poco, las energías que ahora aprovecho bien en el gimnasio o bien en escribir estas líneas serán canalizadas, todas las posibles, en la salida profesional que no puede demorarse, en ningún caso, dentro de un curso de barbecho. Eso costará más, imagino, que machacarse los deltoides y toda esa innombrable retahíla de músculos dentro de ese circuito de aparatos de tortura, gustosamente pagados eso sí, que, al no matarnos, sí nos hacen más fuertes. 

martes, julio 31, 2012

Mi gran boda leonesa.




Ha sido este un año propicio para bodas y nacimientos, aunque algunos de estos eventos los he visto a través de personas con las que ya no guardo mucho contacto. No ha sido así en el caso de mi hermano Gui y Bea, cuya celebración del pasado sábado me pareció original, divertida, plena en detalles sorprendentes, muy lejos de cualquier soporífera ceremonia religiosa. Y dicen que es más bonito casarse por la Iglesia... Bah, el enlace en sí se concertó en el juzgado, pero la celebración en El molino de Ángel tuvo una emotividad tan fuerte que casi se me saltan las lágrimas. Bueno, mientras fuera de emoción y no de envidia, porque ya me gustaría tener una boda así, ja, ja. 
Aderezada de vídeos, canciones, y la sátira y los textos bien escogidos del doctor en Lingüística Mario, futuro asesor de mi persona a la hora de escoger salidas a la carrera, la boda pasó rápido al, por decirlo en plan revista, cocktail, y de ahí a una suculenta cena, de esas que provocan sepulturas llenas, por suerte (o por desgracia, con toda el hambre que hay por el país) me dejé parte de la paletilla y así pude visitar la discoteca junto a un puro del estanco de mi familia, que me acompañó durante casi toda la noche; no quise apurarlo, valga la redundancia, más allá de la vitela, no fuera ello a retrotraernos a los tiempos de La colmena; además, yo no soy fumador. Ni siquiera fumador social. Si hacemos la analogía con la orientación sexual, sería un no fumador-flexible. En grandes eventos como este, las costumbres propias se relajan y los excesos, en justa medida, pueden ser bienvenidos. Por otra parte, siempre preferiré un buen puro o una pipa meditativa antes que esos cigarros con mil aditivos, que se acaban en un momento y cuyo precio provoca sonrojo. 




La pena, para mí, es que la fiesta en el propio molino no hubiese durado más, porque era un sitio bastante más acogedor que el Studio 54, al que nos dirigimos después en el autobús, como si se trataran de los tiempos de la Oh! León. En esta discoteca, distante no en nombre sino en ambiente a la neoyorquina de Warhol y Capote, al comienzo los invitados éramos los amos de la pista, aunque luego fuimos siendo engullidos por otro enlace y, sobre todo, unas cuantas despedidas de soltero entre las que había algunas vacas locas, literalmente así vestidas. 
Entre los supervivientes a las siete de la mañana había tres abrasadores y un visitante de Suecia, Pedro. Ni él ni yo fuimos capaces al día siguiente de asistir a la comida post-evento. Bajo mi criterio, una fecha mal escogida, los almuerzos en Año Nuevo y después de bodas debieran ser trasladados... Ahora, el listón ha quedado alto. Para mí, después de haber buscado pareja en este curso de forma infructuosa (y todavía estoy en ello), lo de hablar de bodas me resulta lejano, y cabría pensar si se trataría un enlace secreto, como los que se estilan ahora, o un enlace por todo lo grande. Más me preocupa ahora mismo encontrar trabajo y, como este, quizá para casarme tenga que irme también lejos. El tiempo dirá, y espero ir informando por este canal. 

miércoles, julio 25, 2012

Madrid, culto y cálido.


Conocía bien los dos riesgos a los que me exponía durante este viaje: la temperatura y, debido a esta o a la estación en sí, la ausencia de amigos con los que quedar. Sufrí ambos riesgos, pero no me arrepiento de haberlo realizado. El objetivo principal era distraer un poco la rutina, y eso se ha logrado con creces. Entre aquellos amigos a los que es poco probable ver en León y con los que pude coincidir se encuentra el gran seguidor de este blog desde sus inicios, Oli-Hall, con quien realicé una extenuante ruta museística desde el Caixa Forum, con las pinturas de William Blake, hasta el Thyseen integral, con la colección permanente y la exposición temporal de Hopper. Mucha suela de zapatilla, mucho sol después en toda la cabeza, y ya quedé impedido para salir esa noche, primando la cultura sobre la juerga. 




Otras buenas elecciones fueron la exposición dedicada a Góngora en la Biblioteca Nacional, la muestra fotográfica de Warhol y La Factory, y otra selección de fotografía en el Instituto Cervantes, lugar que visitaba por primera vez y donde me interesé por los cursos para profesores de español o, mejor dicho, para profesores en ciernes. 


























Volví a León y resulta que seguía haciendo el mismo calor, ja, ja, ahora se ha nublado, en uno de esos casos de inestabilidad temporal que suelen provocarme una bajada de tensión, o eso o que me dura la resaca del viaje de ayer. En todo caso, para el próximo ya tomaré medidas de cara a poder disfrutarlo más en buena compañía. Ahora veremos cómo le ha ido a la célula leonesa, si es que consigo localizarla... 

miércoles, julio 18, 2012

Madrid, first round.

Hoy marcho al que, imagino, será el primer viaje a Madrid del verano, no el último. El hecho de ir en julio me expone a riesgos, como el calor, que esta semana ya en León ha tocado techo en este año, o que la gente se haya ido de vacaciones. Puede que no esté, por desgracia, todo lo bien acompañado que quisiera, pero seguro que alguien resistirá en la capital, quizá contra su voluntad. De todos modos, ya tengo planificadas algunas visitas a exposiciones, sobre todo gratuitas, es lo mejor que se puede hacer en estos momentos, si ya lo que es el mero transporte se está poniendo prohibitivo, ¡y eso que aún no ha subido el iva! 
Prefiero esto a la playa, al menos. Allí solo me cabe la opción de bañarme o estar tumbado aunque, eso sí, me gustaría ir algún día de estos, que hace bastante que no me meto en el mar. En Madrid es casi imposible que me aburra, y confío en que esta visita será provechosa, al menos en cuanto a romper la rutina, una desconexión necesario, a un mes desde que acabé el curso, y en una ciudad como esta, que en verano no suele deparar demasiadas sorpresas. Espero volver con alguna foto interesante que colgar aquí, quizá hasta de alguna manifestación, que de esas no faltan esos días por allí... 

lunes, julio 09, 2012

El tasazo.

Si la educación pública se midiera por el rasero de la rentabilidad, yo llevaría cinco años robando al Estado, en clases que apenas llegaban a diez alumnos, algunas en las que llegué incluso a permanecer yo solo. Soy un privilegiado, lo se. Si fuera por los de la Junta, probablemente se habrían cargado mi carrera, y probablemente lo hagan en el futuro, fusionándola con otras, como vaticinó algún profesor que, al estar ya cerca de la jubilación, poco se preocupa de su futuro. 
Soy un privilegiado porque mi carrera es de las más baratas de la universidad, con una media de 700 euros, que ahora subirá a mil. También debe tenerse en cuenta que ese precio se corresponde con la experimentalidad de la carrera, con sus materiales. ¿Materiales, nosotros? Sí, fotocopias, quien las da gratis, luego el proyector, que algún miserable fue a robar, miserable tiene que ser para robar a los pobres... En la carrera de Cinematografía, la excusa que se nos dio a los guionistas para pagar la elevada matrícula fue que con ese dinero se financiarían las cámaras, equipo técnico y todos los aparatos necesarios para que nuestras obras vieran la luz, aunque fuera, claro está, bajo la tamizada visión del director. 
En Ponferrada, que yo recuerde, la última matrícula salió en torno a los 2500 euros. Y sobre ese monto más o menos creo que se va a quedar lo del máster, subiendo desde los 1600. Habrá que fiarse del periódico, porque en la web todavía no han tenido a bien señalarlo. Caro, muy caro, eso me parece para un máster en Literatura, con cuatro meses de clase, cuyas asignaturas, interesantes por otro lado, en muchas ocasiones tan solo refrescan lo que ya habíamos dado en la carrera. Están las becas, sí, unas becas que, proporcionalmente, habrán bajado en la misma medida en la que subían las matrículas. Lo de las becas, huelga decirlo, tampoco está actualizado en la página web, así que cabe mirarlas por mi cuenta. Pero con desgana, porque es posible que no las aproveche. Y en la página del Ministerio tampoco han salido las del curso que viene. ¡Por Libia! 
Pues, qué queréis que os diga, no me hace mucha ilusión pagar 2400 euros por pasar un año más en una ciudad en la que ya no me apetece vivir. Así pues, como la semana que viene voy a Madrid, no vendría mal pasarse por el Instituto Cervantes, a ver si consigo algo de asesoramiento, no todo van a ser vacaciones allí, je, je... 

lunes, julio 02, 2012

No hay dos sin tres.

Anoche, unos diez mil leoneses y visitantes abarrotaron la plaza de Santo Domingo para celebrar un evento que innegablemente, incluso para quienes no gusten del fútbol, es histórico. Allí estuve yo, aunque más como espectador que como entusiasta participante, no obstante me empapé, ya que no de agua, del ambiente festivo, solo enturbiado por algún gordo y zafio representante del género masculino, armado con una bandera franquista. En cambio, el jueves pasado hubo unas cincuenta personas en la manifestación del Orgullo LGTB. Esa misma noche, todavía escuché quejas por la poca participación, y las escuché por parte de alguien que la había visto... sentado en una terraza. A veces mucho hay que reprimirse para no recurrir a la violencia. 
Más allá de comparaciones sin sentido, hay un símil evidente entre la triple corona de la selección de fútbol y mis tres mejores años en Filología Hispánica: Primero (08), Tercero (10) y Quinto (12). Diría más: el soniquete de no hay dos sin tres fue, a fin de cuentas, uno de mis lemas a la hora de venir aquí a completar la carrera, tras los intentos fallidos de Madrid y de la UNED. Quizá más socorrido será acudir a ese a la tercera va la vencida. Ni tan vencida... Ahora, mientras espero a ir mirando becas para el máster, también espero a que mañana se produzca otra victoria nacional, una victoria de la dignidad del pueblo español. Entonces podremos seguir gritando: ¡Campeones, campeones...! 

domingo, junio 24, 2012

El tiempo fragmentario.



Ahora que han terminado ya las clases, y con nota mejor de la esperada, puedo decir que en algunos aspectos me gustan los apuntes de Literatura, no en las partes en las que se elevan a un nivel ya casi de pura pedantería, ni cuando se habla de que la vulva remite a la fuente (aunque al menos esa podría ser una metáfora gráfica que entendiera), pero con otras teorías sí estoy de acuerdo. En la novelística del siglo XX, hablando en concreto de la obra de Proust que terminé de leer este mismo año, el tiempo se presenta de forma fragmentaria, a base de retazos dispersos, pero la memoria es capaz de dar a ese conjunto una unidad, una especie de armonía espiritual (o algo así, tampoco pretendáis que en estos momentos vaya a recordarlo de seguido). 
En todo caso, esa sensación me asalta cada vez que llega san Juan, a lo largo de los últimos cuatro años esta noche ha ido teniendo una serie de características similares, de tal modo que, cuando quiero recordar detalles de cada una, puedo saltar de un año para otro, hasta tal punto que todas se unen de modo más o menos armonioso. Sí que ha habido peculiaridades: antes los fuegos artificiales eran más espectaculares, ahora están recortados; antes la cita general era en el cocodrilo de madera, luego variamos por la rampa con su murete; el año que fui a ver La Oreja de Van Gogh, etc. Este año, gratamente, no ha habido recortes en cuanto al tiempo, pues ya no me quedan exámenes. Y el regalo, como no podía ser menos, ha sido El cuarto jinete. En otros años, yo mismo le dedicaba algún libro, pero, claro, en esta ocasión que lo haga el propio autor, ja, ja. Para otra cosa no habrán sacado dinero, pero al menos este año hay una Noche Zombi, en la que no estoy seguro que vaya a participar... 
Hubo champagne, no champagne for everyone sino for me, pero brindé con todos, que había mucho que celebrar. Termina, así, un miniciclo de cuatro años en esta tradición. Para el que viene, aún hay incertidumbre pero, si hago el máster en Literatura, raro será que no me vuelva a pasar por allí si Juancho decide mantener el evento, al menos para la élite, ja, ja. Hasta en el día después de la gran noche los recuerdos se me hacen parecidos, aunque supongo que esto ya será por la poca originalidad de los informativos, que siempre sacan a los mismos tíos tirados en la arena de la playa mientras las máquinas de limpieza les van echando para otra parte... 

jueves, junio 21, 2012

San Luis.

Hoy es San Luis Gonzaga y, aunque yo no he llegado a la canonización, hoy sí he alcanzado cierta beatitud, pese a dejar una, pura estrategia, para septiembre. En el primer año de carrera leí una serie de tratados de filosofía zen que me hicieron inmune a los embates que haya podido tener a posteriori, los cuales tampoco han sido tantos. También aprendí que los juicios previos hay que tomarlos con mucha cautela. Esta mañana fui a ver al profesor No pone más de siete y, más allá que superar esa marca, lo que más me alegró fue que me sonriera, me deseara feliz verano y, ¡al fin!, se despidiera de mí, tras tantos días sin hacerlo. Me daban ganas de ir gritando por el pasillo: ¡Es humano! Si alguien tan poco dado a la efusión sentimental y que me ha perdonado inventarme palabras, como tantas que me invento en este blog, me desea feliz verano, cabe pensar que el verano vaya a tener al menos una cierta dosis de felicidad. 
Pues sí, ¿por qué no? Es más, hoy comenzó el verano, y hoy ya he sido feliz. Tras saber esa nota, me encontré con una persona que, aunque me provoca sentimientos encontrados, tiene una imagen, un aura, cuya visión casi siempre me provoca felicidad. Quizá ella forme parte de esta estación, tenida generalmente por frívola, por proclive a amores pasajeros, si bien llegar a la categoría de amores ya es aventurar bastante. 
Yo comienzo hoy las vacaciones. Respecto al examen de mañana, lo traslado porque, al ser el colofón de la carrera, me gustaría que estuviese al nivel de la misma, no como mero trámite que hacer con desgana. Además, no es desagradable pasarse una parte del verano viendo fotografías de todos los tiempos y leyendo algún cómic, todo lo contrario. Ahora vamos a terminar con junio, parece que todavía le quedan cosas por decir... 

miércoles, junio 20, 2012

Casi el fin.

El lunes tuvo lugar el examen casi, casi de desenlace. Desde luego que merecía haber sido el último. Fue un examen épico, lastrado por la elefantiasis de nuestro profesor a la hora de escoger sus preguntas, y su puntualidad estilo Willy Fogg a la hora de contestarlas. De seis personas, tres simplemente lo firmaron para hacer acto de presencia, y las otras tres, las únicas que habíamos aprobado el anterior parcial, le dimos duro de diez a doce. El magister, estricto observador de normas y procedimientos por absurdos que sean, me hace ir mañana para mirar la nota en el tablón y, si acaso, revisarla. De todos modos, no será lo único que haga en la facultad. 
Batirme con el último titán de la carrera me dejó bastante bajo mínimos, el lunes, también ayer aunque creo que en este caso se debió asimismo a los restos del catarrillo de primavera. Hoy me encuentro con la opción de leer, que no estudiar, las 260 caras del examen del viernes. Si yo, a lo largo de cinco años, me hubiera tomado la carrera de otro modo, me limitaría a mirar los conceptos básicos, lo más factible de caer, y aspiraría al aprobado. Pero, en fin, no es un modo glorioso de acabar, y la asignatura de Medios de Comunicación me gusta. La puedo estudiar aquí o en Madrid, con tiempo de sobra, calma, y aprendiendo por el gusto de aprender, que es lo que me trajo aquí, no el hecho de pasar los exámenes como trámites para que al final te den un titulito. 
El tiempo dirá si me arrepiento; lo dudo, al menos en la carrera he planificado bien, a veces demasiado en serio. En cuanto sepa más resultados podré hacer un balance completo, entonces regresaré por aquí. 

sábado, junio 09, 2012

El sótano del saber.

Aunque no soy de ir al Corte Inglés a mirar libros, hoy me indigné al comprobar que habían cambiado la ubicación del departamento cultural (pelis, libros, discos, papelería) hasta el sótano 1, nada menos, ¡toda una cultura del subsuelo! Pensé, en principio, que era otro efecto colateral de la crisis, degradar la cultura hasta un lugar en el que, por lo general, solían terminar las promociones, los cajones donde rebuscar bragas por un par de euros y similar. No obstante, he de reconocer que en el inframundo el espacio es más holgado. Y, gracias a ello, nuestro centro comercial se ha permitido algo hasta ahora no visto, dedicar un espacio solo al cómic. Curiosa coincidencia, pues pronto tendré que examinarme de la asignatura de Medios de Comunicación, donde este género tiene bastante relevancia. Por desgracia, esta materia es la última y no gozaré de mucho tiempo para prepararla. Si no apruebo, tampoco es un drama, en verano hay mucho tiempo para leer cómics... Y no solo tebeos, también, en la estela de la FNAC, han sacado su pequeño rincón mitómano (o friki), con tazas o pendrives dedicados a Star Wars, etc. ¡Hay que modernizarse, aunque para ello haya que descender al nivel del garaje! Y, fijaos si habrán aumentado las secciones, que El cuarto jinete disponía de nueve ejemplares, tengo una foto que lo atestigua. Quizá a finales de mes queden ocho, creo que tengo algún regalo pendiente. Dedico esta breve entrada a mi colega Hall, cuando se cumplen seis años desde que coincidiéramos en el centro de Pozuelo. Y solo espero que no haya tenido que vender muchos cuadernillos de verano con la imagen del ratoncillo Geronimo Stilton... 

viernes, junio 08, 2012

El imperio de los sinsexo.





Abandono mi retiro para colgar (si es que soy capaz de hacerlo) un enlace a un documental que me ha dejado, por una parte, estupefacto y, por otra, divertido. Ojalá muchas comedias actuales pudieran tener tanto humor, aunque no deja de ser un humor que guarda bastante amargura detrás. Gracias a mi amiga Clara por la recomendación. 
El imperio de los sinsexo habla de cómo en Japón no es que no haya sexo, sino que se ha reconvertido por vías que, desde luego, poco tienen que ver con la vida en pareja. El género masculino no queda muy bien parado en esta experiencia, merced a tres hombres, a cual más tronado, cada uno en su terreno eso sí. Sorprende la sinceridad con la que hablan a cámara, algo que también sucede con las mujeres. 
El peculiar antihéroe de esta historia es un tal Fumiyo, si no recuerdo mal, que, pese a tener novia (algo a lo que aspira infructuosamente otro protagonista), se mueve impulsado por la vagancia y el egoísmo para saciar sus apetitos. Es decir, eyacular sin esfuerzo y no preocuparse lo más mínimo por si su pareja tiene o no tiene placer. Por lo visto, en Japón las cabinas de los sex-shop no son cabinas, sino recintos con un sillón donde uno podría dormir y una enorme pantalla con la que deleitarse y usar el producto estrella: una vagina artificial cuyo spot constituye uno de los hitos más esperpénticos del documental. Vaya, ni que estuviera anunciado detergente el señor. 
El guapo del grupo, que llega al final, también opta por la soledad, y va asimismo a habitáculos privados a dedicarse a su vicio solitario, que en su caso es... cantar en el karaoke. Cuando llega el otro japonés, que intentó curarse su complejo con un Lamborgini que no le sirvió para ligar, y que va a cafeterías en las que hay gatos sueltos para personas con falta de cariño, entonces compruebas que lo de Lost in translation se quedaba corto. Feministas absténgase de ver a un entusiasta comercial de muñecas de placer que aconseja abandonar las mujeres de verdad, porque las sucedáneas no se quejan, no hablan y permiten ser dobladas en posturas muy poco zen. No obstante, también habla alguna feminista, regente de una tienda erótica solo para mujeres insatisfechas, que de esas hay varias en el documental, y también allí hay sustitutos para el cunnilingus. Dice esta chica que los hombres de hoy son cómodos, que no se esfuerzan en seducir a las mujeres. Bueno, por lo que a mí respecta, en este curso, ya extinguido salvo los exámenes, he dedicado tiempo, esfuerzo y dinero a ese fin. De momento, sin grandes resultados, y si en los cuatro años anteriores no me he esforzado en demasía es porque ha sido esta carrera la que en verdad ha tenido que ser cortejada con todas mis fuerzas. Ya veremos qué depara el verano. 
Pues algún antiguo alumno de Filología Hispánica ha estado en Japón trabajando, yo ahora mismo me lo pensaría... Ja, ja. De todos modos, el documental no es completo. Vale que en cincuenta minutos no da para mucho pero, ¿no se podría haber reflejado algún comportamiento por parte de personas LGTB? ¿O el tabú era muy grande? 
En fin. Yo de momento voy a ver si me dan beca para hacer el máster del curso que viene. Que aquí en España puede que no tengamos crisis sexual, pero la económica va camino de lanzarnos a todos fuera del país... 



sábado, mayo 19, 2012

La colmena.



A mi marido le gusta que use tanga: otra frase enigmática a través de la cual se ha llegado hasta mi blog, no se sabe si pronunciada por un hombre o una mujer. En todo caso, de regusto un tanto torrentiano y casposo. Hablando de esto, anoche se emitió una gala en la pública, donde unos cómicos pretendían levantarnos el ánimo aunque, en muchos casos, lo único que me levantaban eran sentimientos deprimentes. Ver al señor Barragán no va a ayudar a superar esta crisis, desde luego. Al menos el broche final lo puso Chiquito de la Calzada: Papárrr, papárrr, he visto a una pareja haciendo una guarrerida española... Menos afortunado, el día después del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, fue otro chiste sobre ese peazo maricón que va llevando a un pollo con una correa... Por cierto, no entendí su sentido, como suele suceder con los chistes de Chiquito. ¿Importa eso? 
No obstante, ciertos temas que parecen zafios, escatológicos, pueden ser elevados a obra maestra. Echando la vista hacia atrás, tenemos La colmena, de Cela, donde la escatología atraviesa muchas secuencias y el propio epílogo. El premio Nobel tenía una obsesión anal considerable. No se olvide lo que dijo sobre Lorca: Yo no tengo nada contra los homosexuales, me limito a no tomar por el culo. O algo así. Claro, eso lo dijo ya en su período de decadencia, luego que se casó con esa tía que sigue pontificando desde las páginas de ABC o La razón, no recuerdo. 
En La colmena alcanzó su punto álgido. Y, al leerla, he sentido con temor cómo algunas de las secuencias que describe comienzan a repetirse hoy en día. No tanto por la represión o la censura, pero sí por la miseria, que se abre paso como si estuviéramos en una posguerra encubierta. Y la falta de dinero lleva a tomar decisiones desesperadas. El sexo, en esta novela, no suele ser por amor, sino antes bien una mercancía de cambio. Y esto se repite ahora. A mí esta semana, por sorprendente que me resulte, me han ofrecido (de manera indirecta, eso sí), sexo por dinero. Algo en lo que yo no he caído nunca, al menos por el momento. A falta de trabajo, la gente comienza a ofrecer lo que tiene más a mano... Así que no sería raro que en algún momento surgiera una versión renovada de La colmena, una colmena con las celdillas cada vez más caras, y algunas desahuciadas, en la que, aunque ya no se puede fumar en los bares, los fumadores recurran de nuevo a liar cigarros a través de las colillas que les sobran a otros... ¿Arriba ese ánimo? No será gracias a galas patrocinadas por marcas de salchichas... 

domingo, mayo 13, 2012

Cuatro semanas.

Seamos francos, todo tiene su límite. Incluso el reinado de Sasha Grey en el top five de mi blog, destronada, con buen criterio, por El cuarto jinete. Siempre es preferible que la gente venga a este espacio en busca de literatura, no de sexo. Aún así, me parto el culo leyendo las palabras de búsqueda con las que algunas personas llegan a este blog. Por ejemplo: imágenes de cochinos sexuares. Sí, sexuares, ja, ja, parece que se ha colado Chiquito de la Calzada. 
No está mal un poco de humor en una semana inestable, que empezó de mala manera. Lunes y martes, justo antes de que esta ola de calor africano nos sorprendiera, estuve con catarro y muy bajo de fuerzas. Pasaba de copiar como un escriba, falté a algunas clases y, de momento, estoy teniendo ciertos problemas para recopilar apuntes. Hay personas que, a diferencia de mí, se muestran poco diligentes y olvidadizas cuando tienen que devolver el favor. Y yo, tras cinco años ayudando a la gente, creo que me puedo permitir faltar a pocas clases sin que ello suponga arriesgarme en los exámenes. 
Siento una mezcla de cansancio acumulado e impaciencia. Todavía quedan cuatro semanas, aunque con un número de horas reducido. No me siento presionado para sacar todo en junio, cualquier obsesión en ese sentido es negativa. Suceda lo que suceda, en verano comenzaré a buscar salidas ante este fin de ciclo. En eso ya no hay vuelta atrás, por fortuna. 

domingo, abril 29, 2012

Presentación de El cuarto jinete en León.


Ha sido esta una semana de tiempo furibundo, cuyo culmen llegó durante la presentación de ayer, de catarros, incertidumbres y también alguna alegría, como haber aprobado mi primera asignatura de la tanda que quedan. La inspiración pudo llegarme al fin para presentar esta obra, ya reseñada, en León, durante la feria del libro. Pese a ser sábado, la feria quedó desierta por una tormenta que en cualquier momento pareció a punto de desintegrar la jaima en la que estábamos. Lo curioso es que llegó una vez se había terminado el espectáculo de guiñoles vecino, cuesta imaginarse una atmósfera tan terrorífica para un tablado de marionetas, en cambio no para una novela como la de Víctor. Esta vez me sentí mucho mejor que cuando tuve que presentar a ese hombre a quien conocía y del que no había leído nada. Espero que la carrera de esta novela solo haya hecho que empezar... Y por lo que se refiere a mi propia carrera, no ha hecho más que acabar... je, je. Un mes queda, mayo mayete, y mi gran problema para centrarme es, de hecho, pensar en qué voy a hacer después. No obstante, empiezo a tener claras ciertas ideas, y os iré informando por aquí, siempre a sabiendas de que este año no va a ser el más abultado en cuanto al blog pero, en fin, tampoco parece que vaya a ser el fin del mundo, pese a apocalípticas tormentas como la de ayer. 

domingo, abril 22, 2012

Comercialidad y personalismo.




En este puente todavía puedo permitirme tiempo no solo para la pereza, sino también para la reflexión. A raíz de acontecimientos como la charla a la que asistí con Víctor en Madrid, la celebración mañana del Día del Libro o diversos consejos por parte de amigos dispares, me he planteado muy mucho qué direcciones seguir en mi próximo quehacer literario. 
Por suerte, me gusta la variedad. Lo mismo escribo aquí, que un poema, o preparo una novela. Es en este último terreno, la narrativa, en el que me surgen más dudas. Ahora estoy haciendo el borrador de una novela. La considero una mezcla entre guión y novela, por su formato y porque fácil y económicamente podría ser llevada al cine. Ahora bien, eso no quiere decir que el tema sea comercial. No, es una novela más bien personal, como las anteriores, en la que plasmo asuntos poco cómodos para nadie y en la que el tema de la sexualidad, si no de forma gráfica (pues no me interesa), sí está presente en toda la atmósfera y las acciones que mueven a los personajes. 
Creo que tras cinco novelas escritas en primer lugar pensando en mí como destinatario (incluyendo a esta que no está terminada), debiera ampliar un poco mis miras. Buscar un número mayor de lectores no necesariamente implica tratarlos como iletrados, o escribir algo que no pueda entusiasmar al autor. Combinando comercialidad y personalismo, lo iré pensando a medida que me surjan ideas, y alguna ya ha aparecido, al tiempo que continúo con la otra novela que, construida en mi cabeza, con dos escenarios y pocos personajes, no tardará mucho, a priori, en ver la luz. No corren buenos tiempos para nada, tampoco para la literatura, así que mejor será ir explorando nuevas vías de reinvención. 
Y, para celebrar el Día del Libro, os dejo una foto de mi primera visita, muy provechosa, a la Biblioteca Nacional. 

miércoles, abril 18, 2012

Consecuencias literarias.

Este viaje a Madrid ha sido muy productivo, aunque no estoy muy seguro de que vaya a poder contarlo aquí. A diferencia de en febrero, ahora hacía menos frío, pero lo hacía, puede que por eso haya cogido un virus que me ha convertido en un zombi lento, no zombi rápido, aunque espero que los efectos no pasen más allá de un constipadillo que me llevó a no ir a clase ayer por la tarde, para ir hoy y que no hubiera. ¡Pelillos a la mar! Al menos me podría haber unido al campeonato de Trivial de la facultad, para demostrar veteranía... 
Gracias al menor frío (y a la falta de estudio), pude escribir un poco en el piso. Los cónclaves con escritores y gente creativa estimularon el continuar una novela que estoy escribiendo en borrador, por ahora. Esta no creo que la vaya colgando por aquí, podría colgarla en otros formatos, eso ya lo vería. Estuve escribiendo ayer en la cafetería, y ahora me gustaría seguir también pero, ejem, maldito virus... Pero, en fin, ¿qué serían de estos restos de carrera sin algún virus? Este me librará de ir a la espicha de mañana de mi facultad aunque, de todos modos, tampoco tenía plan para ir. Triste, pero verídico. Sea como fuere, me quedo con la espicha de Segundo, que fue lo bastante surrealista como para llenar cinco años. 

domingo, abril 15, 2012

EL CUARTO JINETE.


EL CUARTO JINETE.






15/4/12 (Trayecto Madrid-León). 


Ayer asistí a un evento de mucho interés junto al autor del libro que pretendo reseñar, Víctor Blázquez. Era una mesa redonda (bueno, sin mesa) en la que una docena aproximada de escritores afectos o practicantes del género de terror debatieron sobre el propio concepto de este género, su futuro y, en especial, los grandes problemas que tiene cualquiera que quiera publicar literatura, ahí ya puedo sumarme. Me gusta el género de terror, siempre me gustó. Lo he leído, no lo he cultivado de manera específica aunque, ciertamente, algunos pasajes de mis escritos están inspirados por un ánimo pesadillesco. 


Me es imposible hablar de forma objetiva acerca de la primera novela publicada, que no escrita, por uno de mis mejores amigos desde el colegio. Ya durante esos años nos pasábamos nuestros escritos, por mi parte menos pues siempre he sido algo perezosillo, excepto en raptos de inspiración como el que tengo en este tren. Ya en esos relatos primigenios se vislumbraba lo que es El cuarto jinete. Bajo la influencia de grandes maestros del horror, en especial Stephen King, del que Víctor me animó a leer muy buenos libros, nos llega una pesadilla que también bebe, por supuesto, de la tradición audiovisual. Es casi imposible hablar de zombis y no referirse a La noche de los muertos vivientes de Romero, pese a que la figura del muerto viviente hunde sus raíces en épocas muy pretéritas, como se comentó en alguna docta intervención ayer. 


En esa película de los años 60 se habló de un mensaje de calado social, a merced del contexto, como podía verse en su célebre desenlace. Siguiendo esa línea, podría deducirse que la actual oleada, por no usar lo de moda, de zombis, se entiende en un contexto de crisis global. Podría ser y podría no ser. No veo que, para dar pátina cultural a un género, sea necesario el dotarle de un mensaje social. La consideración de los géneros llamados menores ha variado a lo largo de los tiempos, como he podido estudiar en este último curso de carrera. Eso debiera considerarlo quien se acerque al terror con prejuicios de antemano. 


Entrando en el libro, creo que, más allá de un mensaje, lo que contiene es una historia de supervivencia, y eso nos afecta a todos. Estoy siendo subjetivo, pero de modo objetivo diré que la novela me ha gustado, me ha cautivado desde que entré a saco en la acción en otro viaje de tren, el de llegada, y dos días después estaba terminada. Víctor (paso de decir lo de el autor, me siento raro) ha sabido crear un crescendo a lo largo de las trescientas páginas, de manera que el primer tercio es como un acto introductorio, con una notable presencia del narrador, que al principio consideré narrador testigo aunque luego comprobé que no era así. Este narrador usa la segunda persona del plural, rara avis, dirigiéndose directamente hacia nosotros, nos lleva a través del pueblo de Castle Hill como si fuera un escenario de cine. Un poco a la manera de El diablo cojuelo, levantamos los tejados de las casas para ver los vicios ocultos de esta pequeña comunidad, que ni se sitúa ni existe pero representa lo que más o menos entendemos por pequeño pueblo (interior) de los Estados Unidos. Con todo, perfectamente podría ser un pueblo español, con sus hipocresías y sus extremos, no pueden faltar ni una iglesia ni un (encubierto) burdel. 


Una vez visto el escenario y los candidatos a superviviente, entramos de lleno en el conflicto. De hecho, la expresión zombi, que cualquiera esperaría pronto, tarda en llegar. Pero, en fin, ya nos habríamos hecho a la idea con la portada, ¿verdad? Por fortuna yo no he tenido que enfrentarme a una situación como la que se describe, ni de lejos, pero resulta interesante ver cómo evolucionan los contendientes de esta carrera. Pues carrera es, carrera por la vida. Francamente, a mí nunca me gustó mucho correr, así que, si no fuera por astucia o por suerte, sería comida para zombis pronto. En El cuarto jinete no hay darwinismo. No sobrevive el que mejor se adapta, ni el más apto. Hay toda una serie de factores: la solidaridad de los demás, la insolidaridad o traición de estos mismos, la suerte o incluso la mala suerte de quedarse encerrado en algún lugar, o la intervención providencial de un ejército al que, no obstante, tampoco conviene acercarse demasiado, con toda su retórica de bajas colaterales y demás parafernalia. 


Creo que en esta historia hay heroísmo, pero no hay un héroe que sobresalga sobre los demás. Y, si el lector creyera encontrarlo, convendría no perderle de vista en lo sucesivo para ver si responde a esas expectativas. Sí hay evoluciones de personajes. Me conmovió sobre todo la del cínico periodista Mark, que acaba exponiéndose a una misión suicida para rescatar a una niña que ni siquiera es su hija, pero por la que siente un súbito sentimiento paternal. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de lo mismo? No es fácil de responder. 


El terror, se decía ayer asimismo, es ante todo un sentimiento interior. Lo que mueve historias como esta es la inminencia de la tragedia. Cámbiense los zombis por una catástrofe natural, por la guerra, el hambre o la miseria, y se tendrá también a un grupo de humanos enfrentados a los dilemas más cruciales en el menor de los tiempos. En ese sentido, el terror no es solo dar sustos. 


Concluyo. No quiero acabar con la paciencia de los lectores ni del propio autor, je, je. Además, acaban de servirme un zumo y, como diría Mark, es jodidamente difícil estar a las teclas y al zumo en este espacio. Os recomiendo El cuarto jinete y, de hecho, yo todavía tengo muchos cumpleaños y posibles citas para regalarlo, aunque habrá quien se asuste de la portada… Creo que este será el primero de una fructífera serie de libros, por parte de alguien que ha mamado la literatura y ha cogido su primer lápiz para inventar historias desde una edad casi prescolar, como en mi caso. Y me enorgullezco de haberle acompañado en este viaje, y mucho más porque se haya acordado de mí en los agradecimientos de esta su novela. Os aseguro que no me ha subvencionado para que le haga propaganda, ja, ja, y, si con toda sinceridad, os recomiendo esta novela es porque, de las pocas verdades absolutas que podemos asumir en este mundo, creo que una es que la literatura está para disfrutarla. 

lunes, abril 09, 2012

El nabo (con perdón) que no dejaba ver el bosque.


Justifíquese este extraño título porque ayer vi Shame y, como todo el mundo más o menos enterado, desde luego que lo hice en parte animado por el mismo morbo que mueve al personaje de Brandon Sullivan. A todos aquellos que pretendían ver un filme casi porno les digo: no os molestéis. Si queréis algo así, haced como el propio Brandon y buscadlo en internet, eso sí, a ser posible sin pagar y sin hacerlo en el ordenador del trabajo. 
Así pues, no se entiende tanta literatura acerca del miembro viril del protagonista que apenas se balancea unos segundos al comienzo de la película. Quien solo vaya a ver eso, podrá salirse pronto. Visto en detalle (no penséis mal) y, más allá de la broma de George Clooney en los Globos de Oro, resulta una señora polla, sin llegar a falo pero quizá en proceso, adecuada a la estatura y el porte del actor que la luce, un actor por otra parte cuya desnudez más intensa en este papel no se limita al plano físico. En fin, creo que estamos pocos acostumbrados a ver penes en pantalla, de lo contrario no se explicaría la polvareda. 
Resulta del todo natural que un soltero se pasee en pelotas por su apartamento de Nueva York, y el principal conflicto de la película es la pérdida de intimidad que provoca la llegada de su un tanto desequilibrada hermana, un verdadero incordio para el desfile de prostitutas, ligues ocasionales, webcam, simples pajas de a pié y demás, porque el personaje es un adicto al sexo, término moderno para lo que habitualmente se conoce como más salido que el pito de un botijo. No es de tener relaciones estables. No le culpo por ello, yo tampoco, pues la estabilidad no puede encontrarse a cualquier precio. No obstante, cuando parece sentir algo más por una compañera de trabajo, es precisamente en el terreno sexual donde el asunto no funciona. 
Eso sí, resulta un personaje más positivo que su jefe, un patético ligón que engaña tanto a su mujer como a sus hijos. En el caso de Brandon, no tiene más lazos que los de su hermana, y, antes que intentar comprenderla, prefiere sumergirse en un torbellino de sordidez en el que descubrimos que su heterosexualidad tiene licencias y que, como diría algún obispo, busca el infierno. Pero el infierno, como yo mismo considero, es sobre todo un estado interior, el que este ejecutivo, sin problemas de crisis económica, se crea sin encontrar asideros para salir. La película tiene una estructura totalmente cíclica, acabando como comienza, posible signo de un círculo más que vicioso del que se sugiere no va a ser fácil salir. 
En fin, muy recomendable, no dejéis que los comentarios lúbricos oculten el bosque de la trascendencia. 

sábado, abril 07, 2012

Balance semanal.

Ciertamente que estuve pensando en pasar en Madrid estos días centrales de Semana Santa, porque en los últimos años ya me cansaban lo que, se supone, son las fiestas grandes de León, por así decirlo. Pero, en fin, la capital se vacía bastante así que no se si tiene mucho sentido ir allí, a menos que uno quiera desconectar de forma tajante. 
En algo hemos mejorado. Yo el año pasado estaba bastante indispuesto, de modo que no salí, a ningún sitio ni a ninguna hora, miércoles, jueves y viernes. Tampoco el tiempo invitaba a hacerlo, pues cayeron unas trombas de mayor calado que las que también han aparecido en este año. Eso sí, lo de ahora tiene muy mala leche, y hace desconfiar de la providencia divina, pues yo no recuerdo que de enero a marzo hayan caído más que algunas gotas dispersas. Quien no tiene fe, o quien quiere dar argumentos ajenos a la fe, valora la Semana Santa en virtud al turismo, que no obstante también habrá sufrido pérdidas ante la suspensión de bastantes procesiones y las terracitas abandonadas a la intemperie. 
Lástima que parte de ese turismo se limite a ser turismo etílico, como en la noche del Jueves Santo, un remedo de lo que pasa en Cataluña pero sin playa. En ninguna otra noche me preguntan tantas direcciones. ¿Dónde está la catedral? Pues si no se sabe ya eso... ja, ja. 
De todos modos, yo salí pero evité toda ruta relacionada con el Genarín, que ni siquiera se si salió en cuerpo y monigote. Opté por algo más alternativo, con mi prima Espe y sus colegas, para ya a ciertas horas de la mañana volver a lo mainstream, a la plaza mayor con los soportales abarrotados. Como el sentido común, y las neuronas que aún me hacen falta para aprobar lo que queda de carrera, me desaconsejan salir dos días seguidos, ayer tocó descansar y hoy habrá que despedir la semana antes de las verdaderas vacaciones para mí. 

miércoles, abril 04, 2012

Las apariencias.

Cuando quedan un par de meses para terminar la carrera (y en el presente solo resta un número reducido de clases), uno puede reflexionar con mayor distancia sobre los aciertos y desaciertos cometidos a lo largo de la misma. Por lo general, siempre traté de respetar las opiniones ajenas, pero siempre contrastándolas con las surgidas de mi propia experiencia. Es lo que me ha sucedido, por ejemplo, con las opiniones acerca de profesores. 
A ninguno de estos llegué a poner cuernos y rabo. No me gustan las visiones maniqueas pero sí me gusta estar prevenido. En ciertos casos, la valoración de la vox populi acertó e incluso se quedó corta; en otros, ciertas exageraciones o ciertos resentimientos personales la enturbiaron. Son cosas a tener en cuenta el día de mañana, pues al fin y al cabo las posibilidades de que yo mismo me convierta en profesor no son pequeñas. Y, al margen de las amenazas preventivas, algunos leones no resultaron tan fieros como los habían retratado. 
Sirva la parrafada para expresar mi sorpresa cuando en el parcial de Literatura, cuyo profesor ostentaba la leyenda urbana de que nunca ponía una nota de más de siete, yo superé ese listón, sin tampoco llegar al resultado de otras materias. No me enorgullezco, lo cierto es que estudié para aprobar, simplemente, ante toda esa rumorología, y quería asegurarme tanto el aprobado que al final he llegado más lejos. No cabe duda de que ese profesor es de la vieja escuela. Y cree en la cultura del esfuerzo. Yo, que no suelo albergar ideas muy conservadoras, sí considero que un poco más de esfuerzo no vendría mal, eso sí que contribuiría a levantar el país, y no precisamente los recortes en becas... (a ver si no tengo que sufrirlos en mis carnes). 
Así pues, me cundieron las tres semanas, no íntegras, en las que preparé el examen, que por otra parte no fueron monacales sino que me permitieron seguir quedando con mis amigos y con gente a la que quiero, o estoy en proceso de querer, je,je; me he quitado un gran peso para junio. Con cansancio acumulado me despido, espero descansar este fin de semana aunque haya quien tenga la absurda pretensión de que la ciudad estos días deba convertirse en una suerte de sucedáneo del turismo etílico, sin playa... 

sábado, marzo 31, 2012

El mes baldío.

Baldío me refiero en cuanto al blog, porque en cuanto a otros aspectos se borraría la tendenciosa visión previa que algunos tienen acerca de los estudiantes, claro que a mí de estudiante universitario ya me va quedando poco. No obstante, podría haberlo sido más, no hay que descartar algún mes con rosco absoluto en el número de entradas. Lo peor de todo es que todavía he sido incapaz de hacerme una buena foto con la novela El cuarto jinete, cosa que haré, por supuesto, este blog tiene que dejar constancia de que soy uno de los pocos leoneses (¿o el único?) que ha logrado comprarla en esta ciudad. Y, cuando la lea, actividad prevista para Madrid pues así me será dedicada por el propio autor, ya os haré un análisis exhaustivo, pero sin desvelar nada importante, claro, je, je. 
No es que no tenga más cosas que poner, es que se me han quitado las ganas de escribir, incluso con teclas. Creo que ciertos profesores debieran modernizarse en cuanto a sus clases, porque esta semana me ha llegado a doler el brazo de coger apuntes, pero para dos meses no me planteo llevar un portátil para escribir, en todo caso tendría que ser uno en versión reducida. El martes santo será eso, santo, para mí, si el resultado del examen, previsto para esa jornada, es positivo. Y, si no, da igual, abril es un mes con pocos días lectivos así que espero pasarme más por aquí. 

viernes, marzo 23, 2012

Regreso.

Tengo una duda no existencial. Querría saber si mi profesor de Literatura tiene esa actitud poco complaciente por naturaleza o solo es una pose para distanciarse de los alumnos. La semana pasada me quedé solo con él en clase y me dio la impresión de que ganaba en distancias cortas, claro que, pese a estar yo solo, se dirigía a mí en segunda persona del plural como si lo hiciera ante un auditorio. 
En todo caso, creo que es mejor como ensayista, de ahí que esos apuntes que nos está dando sean, cómo lo diría, poco prácticos al menos respecto a ciertos autores. Decía que la gente no preparaba el examen y luego cogía los conceptos con alfileres, pero con alfileres tuve que recogerme yo los párpados para poder aguantar ayer el repaso de todos esos conceptos difusos y abstractos. Y luego resumir varios folios en media hora... Ja, ja. De todos modos, el examen está para aprobar, aunque sea con cinco. De lo contrario, estaría dispuesto a llevarme la asignatura de Erasmus, de paseo o a donde sea necesario. Si tengo que ir con todo el tocho a junio, solo me quedará exclamar, como Max Estrella: ¡Estoy mascando ortigas! ¡Me muero de rabia! 
Por cierto, para próximos parciales o totales de importancia, debería convenir en apagar internet o al menos las redes sociales. Pueden ser un fuerte vehículo ya no de distracción, sino un caballo de Troya para que las preocupaciones personales entren donde solo debiera haber sitio para las intelectuales. 
En fin, dejaré este tema hasta que vea la nota. Esta tarde me relajaré yendo a comprar (si es que ha llegado a provincias) la novela de mi gran amigo Víctor Blázquez, El cuarto jinete. Os invito a que hagáis lo mismo. 

sábado, marzo 03, 2012

Pobres griegos.


Y no lo digo por pobreza económica... Antes de nada, al hilo de la última entrada y la película que comenté, ayer casi me da una apoplejía al leer que ha obtenido el premio al mejor guión en la gala de los Gaudí del cine catalán. Me cuesta creer que allí, que tanto presumen de su escuela de cine, no hayan encontrado un guión mejor, al menos esto opina un titulado en Guión por una escuela provinciana y extinta... Claro que no se qué es más absurdo, si eso o que organicen estas galas de boato cuando andan cerrando ambulatorios. 
Con todo, el verdadero despropósito fílmico fue el que vi ayer, Inmortales, de Tarsem Singh. ¿Por dónde empezar? Decía que pobres griegos porque su cultura clásica queda masacrada en este filme, como también lo fue en la reciente Furia de titanes. Habrá que ver cómo sale su continuación, Ira de titanes. Al menos en esta habrá cíclopes, que siempre es algo digno de considerar. En la película de Tarsem se da una macedonia indigesta de dioses, héroes y humanos de a pie. El héroe es Teseo, pero del Teseo clásico solo queda un enfrentamiento con el Minotauro, que en realidad es un tío grande con una máscara en forma de cabeza de toro. 
Del mismo modo, el villano es un rey que lleva un casco con forma de tenaza de cangrejo. Semejante guisa la soporta Mickey Rourke, que debiera escoger mejor sus papeles tras la nominación al Oscar. Habría mucho que hablar sobre el vestuario. Imaginativo, sí, pero para mi gusto llegando al ridículo en varios casos. La diseñadora sí que ganó un Oscar por el Drácula de Coppola pero, aquí, llega al absurdo al menos en dos puntos: uno en que las sacerdotisas llevan burkas coronados por una especie de pantalla de lámpara y, en especial, todo lo relacionado con el Olimpo. Casi imposible diferenciar entre los dioses: todos son jóvenes, imberbes y llevan minifalda, incluidos Zeus y Poseidón. Si acaso, muestran sus atributos propios a través de unas diademas que portan. Atenea tiene rasgos de Afrodita y, pese al título, parece que no son tan inmortales porque mueren y además sangran, a borbotones. Todo un disparate sin pies ni, sobre todo, cabeza, dado todas las que vuelan a lo largo de la historia. 
Sin duda mi momento favorito llega al final, cuando se despierta a los titanes y resulta que estos se parecen a los masillas de los Power Rangers, si bien moviéndose más rápidos. El desenlace amenaza con una segunda parte, espero que no sea así, el director tiene gustos eclécticos y al parecer prolíficos, pues cuatro meses después de esta nos va a llegar una versión suya de Blancanieves, menos sangrienta, imagino, pero a saber qué hace con los enanitos... Lo peor es que me temo que este fin de semana no tendré tiempo para compensar con películas buenas. Ya no solo por el interminable examen que preparo, sino porque el lunes tengo un controlcito, que al menos ostenta el original nombre de seminario o puesta en común. Los mismos perros... No me puedo quejar, no obstante, creo que este será el primer y último mes completo de lo que resta de carrera, y de ello os hablaré en otra ocasión si hay tiempo.