jueves, septiembre 29, 2016

Ribadesella.


Un viaje inesperado y breve, pero aprovechado a la perfección y lleno de reminiscencias del pasado, fue el que llevé a cabo el fin de semana con parte de mi familia a Ribadesella, en la línea de las vacaciones de hace tantos años ya. Pasamos frente a la casa en la que los primos dormíamos y donde yo escribía en cuadernitos nuestras aventuras, al igual que ahora escribo en este espacio, de forma pública. Por lo que se refiere a nuestro alojamiento de ahora, el hotel es ese caserón de arriba, reflejado en las aguas de la propia playa. Una pausa en el San Mateo que incluyó una lujosa habitación con la terraza más grande del edificio. Abajo se puede comprobar cómo, dado que también nos agasajaron con una botella de cava, afronto en la tumbona la dura vida del doctorando.


Al día siguiente nos desplazamos a Tereñes, un bucólico lugar con una ruta de huellas de dinosaurios que he apuntado como posible excursión para otro momento, con más tiempo y mejor calzado. Ello se debe a que hay que llegar a acantilados como los que aparecen debajo, parajes de belleza tan cautivadora como peligrosa. Y el tiempo, ese excelente tiempo que ahora mismo me está cociendo y dificultando la escritura en el blog, nos respetó la visita y dio lugar a que pudiera guardar instantáneas como estas. Tan solo llovizneó a primera hora, cuando, tras un desayuno bufé de esos que son invitaciones a mezclas raras y a engordar, dimos el primer paseo bordeando la playa. A quemar calorías, se ha dicho.






Ha sido una semana perfecta en cuanto a descubrir y redescubrir sitios tanto en Oviedo como en el resto de Asturias, en buena compañía. En realidad, todo el mes ha seguido la misma tónica y puedo mostrar mi satisfacción, de nuevo, por ello. Esta comunidad, sin ser la más grande del país, alberga infinitud de rincones pintorescos que me gustaría descubrir, pero no será posible hacerlo en su totalidad. A fin de cuentas, no vine aquí a hacer turismo, del mismo modo que, si al acabar me voy al extranjero, no lo haré por visitar nuevos países. Sea como fuere, disfrutemos mientras podamos.




martes, septiembre 27, 2016

Re-Mateando.


 San Mateo, pese a que solo lo disfruté en su segunda mitad, perfectamente aprovechado. Y suerte que solo fue la segunda mitad, porque si no se habría caído ya en el exceso. Ni un extremo ni otro... Desde el comienzo de mi estancia en Oviedo, tuve la suerte de encontrar un piso estupendo y de conocer gente, pero, en determinados momentos, he notado un cierto déficit social. Pues bien, este ha sido dinamitado en la última semana, en la que he salido todos los días por Oviedo, a excepción del sábado, con el breve viaje a Ribadesella. No me puedo quejar, desde luego. Da la impresión, irónica, de que el a priori último curso del doctorado, aquel en que debiera encerrarme más por una buena causa, va a ser el que más recursos va a plantearme para salir de casa. De todas maneras, hay locuras que no podré repetir muy a menudo, a riesgo de alcanzar resacones como el del miércoles (no tan duro como los de otros tiempos). Además, lo llevé mejor con un bollu preñau en la Mateína, como se puede comprobar. El concurso (internacional) de tortiella que vimos luego fue, cuando menos, peculiar.



 El viernes, Día de la Bisexualidad, el Topu apareció así decorado y aproveché para retratarme con ese fondo para enviar la imagen a Xega, el colectivo que ha dispuesto esta campaña. Con sitios así da gusto. Esos días seguimos descubriendo nuevos lugares y viendo parcialmente algún concierto, como el de Sweet California, pleno fervor adolescente (y pre-adolescente). Se siguen resistiendo las dos calles amargas, en modo ya casi chistoso. Penetramos el umbral de la Batcueva, quizá demasiado pronto. Todavía estaban adecentando la cueva y cabe decir que no nos hicieron demasiado caso. Sería por la hora, o porque igual les sobran los clientes. Pese a todo, ya habrá ocasión de volver y degustar sus dudosos brebajes.



 El paréntesis de la estancia en Ribadesella me gustaría reseñarlo en otra entrada, terminaré ahora el fin de fiesta como lo empecé, con uno de esos incombustibles mojitos en chiringuito. Con azúcar moreno y lima, no está mal, hay bares en Madrid mucho más caros donde le ponen limón y azúcar blanco. Ejem. Ayer, día en el que ya iba a comenzar un (muy breve) período detox tras volver al gimnasio y spa, tuve la alegría de recibir la segunda visita de un amigo llegado desde León, en este caso Ricardo. Fue breve, pero la Ruta de los Vinos volvió a ser un lugar de inexcusable visita. La tierra norteña, antes del winter is coming, se engalana de fiestas: cuando acaba san Mateo, viene san Froilán. Pues eso, y un breve viaje pendiente desde el verano. Es todo lo que necesito para el tercio final de mi investigación, sin prórrogas indeseadas. No se cómo terminará el curso, pero este comienzo me ha parecido excelente.



miércoles, septiembre 21, 2016

Mateando.




Me alegra bastante el haber superado algunos problemillas técnicos del portátil, que me habían alejado de este blog. Llego justo a tiempo para San Mateo, cuya noche grande tuvo lugar ayer. Salí por la ciudad, como el año pasado, con la diferencia de que esta vez sí coincidí para los fuegos artificiales. En primer lugar, mojito en el chiringuito, por ridículo que suene. Como sea que lo de tomar copas se ha convertido en algo no habitual (por fortuna), aprovecho estas circunstancias para romper esa costumbre, a riesgo de que al día siguiente, hoy, no me vea muy capacitado para seguir otras tradiciones, como la de comer el bollu preñao en el parque. ¿Cuántos días de comer bollo hay en esta ciudad? Parece que solo dos, y ya en el otro lo comí, por mucho que no fuera en el campo. 





 En el chiringuito no me regalaron un sombrero de verbena sino un pañuelo del color de mi doctorado, con la leyenda que reproduzco, y suscribo, abajo. Creo que quedará muy apropiado para decorar la habitación. No faltó el Topu Fartón, esta vez con pegatinas del topo algo más recatado, escanciando en vez de folgando. Allí tomé algo con mi amigo Juanjo y una amiga suya, luego nos dirigimos a uno de los sitios que aún no conocía de Oviedo, pese a haber pasado docenas de veces al lado. Suele suceder.

 Es la plaza del Paraguas. ¿Por qué se llama así? Bueno, la foto de abajo es muy obvia. Es un apéndice de la Neocalle de la Amargura, esa suma de dos calles que sigue siendo un territorio comanche para mí. En la salida de julio, ni batcueva ni batleches. Después, ha habido alguna oportunidad de visitarla pero no llegó a buen puerto y no por mi culpa. Anoche tampoco, pero, en todo caso, el ocio nocturno ha sido cosa de plazas: Trascorrales, Puerta del Sol, Paraguas. Y la calle Campoamor, el fin de fiesta. Bajo la sombrilla u ovni gigante se puede ver un escenario musical, sin ser el principal de las fiestas se pusieron unos a tocar una especie de ska, el caso es que poco nos duró el concierto porque fuimos a recoger a otro colega y enfilar al parque de Invierno, para buscar un sitio apropiado para los fuegos. Parecidos a los de León, mereció la pena el paseo (cosa que no puedo decir si tuviera que repetirlo hoy para hacer la romería del bollo) y la noche terminó por la reducida, pero al menos existente, zona de ambiente ovetense. Me entristece decir que, aunque poco, es más de lo que hay en mi ciudad natal. No puede extrañarme que haya quien desde allí se pille el bus para hacer excursiones sabatinas pasado el puerto. Había menos gente de la que hubiera esperado por ser fiestas pero creo que, precisamente por ser el día grande de las fiestas, había verbenas y otros entretenimientos que pudieron restar público. Fue divertido, me trajo recuerdos del pasado reciente y algunas reflexiones sociológicas que ahora tampoco es plan de redactar aquí. Hoy es día de descanso (ya era consciente de ello anoche) y de pasar un San Mateo relajado. A fin de cuentas, es muy posible que el próximo ya no esté en Oviedo. Sin intención de adelantar acontecimientos, desde luego.


domingo, septiembre 11, 2016

Fin de semana japonés.


 ¿Alguien pensó que ya se habían acabado todas las ferias frikis del verano? Qué va. Faltaba una, la Expotaku de Gijón. Yo ya conocía su existencia pero no tenía pensado ir. Lo que ocurre es que, a diferencia de lo que sucedió en el Metropoli, esta vez sí pude ir acompañado, no quise desperdiciar la oportunidad. Cierto que no soy un otaku, nunca he comprado un manga, pero siempre me ha gustado la estética y sí que he visto anime. Por otra parte, no sorprenderé a quien siga el blog diciendo que me encanta la cultura oriental y, en esa feria, también había su pequeña parte menos comercial y más alejada del manga. Lo que no quita, claro está, para que me dejara algunas ñapas en recuerdos más o menos chorras tipo tómbola. ¿Qué decir de este minúsculo pokémon? Ni siquiera se su nombre.


 Ya el viernes por la noche, en una perspectiva muy diferente, había visto el clásico El imperio de los sentidos. Censurado en Japón, también hoy en día, a mí me pareció un filme involuntariamente (¿o no?) cómico y, al saber que se trataba de una historia real, tampoco me sorprendió demasiado. Hay hechos reales, llevados al cine, que no pueden ser más absurdos. El caso es que, antes de ver la peli, me había cenado un huevo duro, entre otras cosas, y al ver el tratamiento que se daba a dicho alimento en el filme se me revolvieron un poco las tripas (¿de ahí viene lo de oviducto?). No tanto como con el final, pero es que el final ya lo conocía, mil veces espoileado en cualquier sitio. Moraleja: no practicar sexo si hay cuchillos cerca. Por cierto, los rasgos psicóticos e incluso físicos de la protagonista me recordaron a una mujer de mi pasado... Mejor no entrar en detalles. Por lo que respecta a la influencia del cine japonés, sería esta la que justificase la presencia de Star Wars en un evento otaku. Es más que evidente, no hace falta preguntar a George Lucas.

  
Además del bicho, la típica chapa y el póster de aquí abajo, me llevé un recuerdo literalmente tatuado en mi piel, pero que no durará demasiado: mi nombre escrito en japonés. Hasta ahora he evitado los tatuajes perennes, por la sencilla razón de que no encontraba nada que considerara lo bastante relevante como para grabármelo en el cuerpo. No se si en el futuro cambiaré de opinión...


Una de las consecuencias de mi visita ha sido que, como si no estuviera en el a priori último curso de doctorado, me he iniciado en un nueva serie anime, llamada Tokyo Ghoul. Yo escribí en mi mano Tokyo Go, quizá pensando en los pokémon y tal. Me enteré de su existencia por el póster que elegí en uno de los puestos, la chica me dijo que era una imagen perteneciente a la misma. Yo la escogí por ser tétrica, andrógina y queer, tres razones suficientes para tenerla colgada encima de mi cama. La serie comencé a verla anoche y me gustó, aparte de que su duración no va a condicionar en nada la entrega que tengo pensado hacer la semana que viene. Ahora ya solo me falta, curiosamente, ir a la propia feria de Oviedo, que me perdí el pasado mes de mayo pero espero reparar la falta el año que viene. Un año que, si el palillo de la suerte que saqué ayer no me engaña, va a ser beneficioso. ¡Esperemos que el palillo no mienta!




jueves, septiembre 08, 2016

Día de Asturias.


Sí, hoy es el Día de Asturias y es fiesta aunque, para quienes trabajamos en casa y sin un horario específico, podría decirse que todos los días son iguales. Hoy seguiré un rato repasando la tesis, igual que durante toda esta semana. ¿Será mi último Día de Asturias en Oviedo? Es posible. Soy consciente de que yo no siempre acierto en mis predicciones, pero ya estoy comenzando a preparar el Oviexit. 




 Desde luego que he pasado buenos momentos en esta ciudad, y en el resto de Asturias, algunos de los cuales he reflejado en este mismo espacio durante los últimos meses. No obstante, esta es una estación de paso para mí, ya voy teniendo de ganas de empezar de cero en algún otro lado. Siempre sostuve esta postura, no resulta una novedad. Me lo debo, y se lo debo a otras personas que confiaron y confían en mí. Hasta entonces, sigo descubriendo la ciudad, algunos planes se caen y otros surgen. Lo mejor para conocer, sin duda, callejear, sin rumbo fijo. Mi colega y yo nos topamos con un bar que tenía un stormtrooper en la puerta. Buena señal. La bola de cristal se llama, y hace un uso más generalizado de la nostalgia, todavía, que la serie de Stranger Things. Me gustaría saber, eso sí, quién puso el póster de Emmanuelle, que ni siquiera es peli de los ochenta, junto a otros de tipo más familiar.


Todo un hallazgo. Confío en que para San Mateo, una vez solucionen o no todos los problemas que están surgiendo para esta edición, pueda seguir conociendo rincones pintorescos que jalonen la parte final de mi estancia aquí. Es posible que, con el tiempo, los recuerde con nostalgia, como la que puedo sentir cuando veo ahora ese rótulo de Phoskitos.

domingo, septiembre 04, 2016

Vuelta al pupitre.

¡La dura vida del doctorando! Entre el fin de semana pasado, la ascensión al Cristo y la bienvenida a mi nueva compi, en total seis días seguidos de planes sociales en Oviedo. Al séptimo descansó (no porque quisiera) y en este fin de semana otra vez cumpleaños y tapeos en León. Y es que el verano, que no ha terminado aún, además nos castiga con un calor no muy propio de septiembre. El martes vino Melissa y, aprovechando que fui a enseñarle dónde estaba el Alimerka más cercano, visita obligada, tomamos unas cañas en la plazuela junto a nuestra calle. Ahí se condensa el espíritu del barrio de Pumarín, totalmente auténtico y a ella le gustó. Más natural que el centro turístico, desde luego. 
Al día siguiente fue la despedida de Jill, la antigua compañera, que se va su país con perspectivas de regreso. Como también vino la casera-tutora, me dio unas sugerencias muy bienvenidas para la tesis. No todo iba a ser holganza. La comida, en la calle Gascona, excesiva como siempre, pero no tanto como en ocasiones pasadas. Lo malo fue que luego dimos un paseo hacia el sur, Parque de Invierno, que de invernal no tuvo nada, el sol pegando con intensidad no muchas veces vista en Oviedo. De vuelta a casa nos repusimos con un té a medio camino. 
Fue una semana muy agradable, sobre todo por inesperada, pero no descuido la verdadera razón de mi permanencia allí. La primera mitad de mes, básicamente, se dedicará a la corrección del segundo capítulo que, tras los ajustes que preveo, se convertirá en la segunda parte del primer capítulo. Reajustar el esquema derivará en una tesis más compacta y con una mayor significación en sus bloques. Al menos eso es lo que a priori me parece. Voy a centrarme en ello, pues, al margen de unos vinos pendientes en la ruta de los ídem y algunas actividades más como un intento de rescatar el programa padrino (en Oviedo se llama de otro modo), ese que en León solo dio frutos bastante lamentables. La maquinaria regresa, y vuelta al pupitre. El pupitre de casa, ya que otros ya no los frecuento.

martes, agosto 30, 2016

Regreso al Naranco- El Cristo.


Ha sido un fin de semana no solo satisfactorio sino, además, imprevisto. A modo de recopilación, todos aquellos planes que había llevado a cabo durante este mes, en solitario, los he repetido acompañado y, además, en calidad de guía. Por otro lado, todo ha sido posible gracias a una serie de recursos que yo ya había abandonado y despreciado. Error. ¡Nunca se sabe dónde van a surgir las segundas oportunidades! El caso es que, además de regresar al Naranco, a las iglesias prerrománicas y a la pista finlandesa, ayer también fui bien guiado hasta la cumbre, al Cristo que al fin, antes de que el mes llegara a su conclusión, he podido ver y registrar.


El camino más directo hacia el monumento, como suele suceder, era el único que no había tomado la otra vez. Para regresar, eso sí, lo hicimos por la carretera, sin mayor percance pese a alguna cruz adornada con flores que descubrimos por el camino, lúgubre recordatorio de alguna pérdida en el mismo monte. La ruta de ida era plenamente agreste, montañera, y además se desviaba en algunas frágiles construcciones tipo Refugio o Lavadero, que alguien había organizado al estilo de oasis con sillas de plástico como un chill out en plena naturaleza. Por lo demás, rampas empinadas con las que hacía bastante que no me atrevía, pero mereció la pena cuando en lontananza pude ver nuestro objetivo de espaldas, junto con los inevitables coches de turistas veraniegos, al margen de que fuese lunes. La mayoría, posando en imitación de la postura del Cristo remedo del que hace poco fue símbolo de los Juegos Olímpicos de Brasil. Yo no, desde luego.


La excursión no solo me sirvió para descubrir el Cristo, también pude vislumbrar el inicio de otras rutas montañeras que (igual parcialmente, pues son más largas) podrían aprovecharse, además de un merendero estupendo para algún pic-nic con el que airear ideas de tesis. Por otro lado, aunque no hay ninguna cafetería o bar allá arriba, en el regreso paramos en una parrilla argentina, para refrescar la garganta con unas buenas vistas de la ciudad. Una jornada excelente, la de la víspera de la llegada de mi nueva compañera de piso. Ahora me siento preparado para poder ser yo mismo guía, para ella o para alguna otra persona de paso como la que conocí este fin de semana, hasta la cumbre del Naranco. Pero, a priori, prefiero no tener que repetir esta semana...

jueves, agosto 25, 2016

Procreaciones.

Hablaba el otro día del sexo posmoderno y no se me ocurre mejor película para representarlo que una reciente, que vi anoche, Theo y Hugo París 5.59. Creo recordar que la han traducido así, con este absurdo título que se diría sacado de una escaleta. El original en francés, más poético, decía Theo y Hugo en el mismo barco. ¿Qué barco? El del sida, al parecer. Uno del que es difícil bajarse. Para ilustrar esta historia de la generación Tinder/Grindr/Bender (este último rimaba mejor que Wapo), a los directores se les vino la inspiración y decidieron ser no-originales e incluir escenas de sexo explícito. Como si nadie hubiera hecho lo mismo en los últimos diez años. En ningún caso el hecho de introducir una secuencia en un cuarto oscuro de esta guisa, de cuarto de hora o poco más, intensifica la sensación buscada. Aburre y redunda. Yo la hubiera dejado en cinco. Igual es que querían espantar a público y críticos, o hacer un documental reducido sobre esos espacios a los que no todo el mundo puede y / o quiere entrar. 
La tesis parece ser que del sexo anónimo se puede llegar al amor, en la misma noche y en cuestión de una hora y media, que es la duración de esta historia a tiempo real. El sentimentalismo, en el otro extremo de la deshumanización inicial, se termina antojando algo ridículo. Con todo, creo que es una de las mejores pelis de temática LGTB que he visto recientemente. En Francia saben moverse en ese género. Y, desde luego, no hay comparación posible con Blue is the Warmest Colour... No lo digo por el cariño que le guardo a esta peli tras mi TFM.
Complementé esa con un documental sobre la supuesta sobrepoblación del planeta. No lo hice de manera intencionada. Es cierto que algunos polemistas bragados, estilo Dragó y demás, creen que la homosexualidad sirve para equilibrar la demografía planetaria, idea un tanto peregrina pero que no era la tratada en la película. En realidad, se desmontan los mitos acerca de esta pretendida superpoblación. No es que seamos muchos, es que los recursos están mal repartidos. Parece obvio, pero conviene señalarlo. De hecho, la despoblación es un problema, ese sí, preocupante, no digamos ya aquí en Asturias y en otras regiones.  Así se fue la noche, entre procreaciones y no-procreaciones, antes de volver a la tesis que, a fin de cuentas, se mueve en una onda similar.

martes, agosto 23, 2016

Headache.

Creo que ya tengo guía sherpa para la excursión al Cristo. A menos que haya rajadas, claro. En relación a coronar otros montes, ayer vi un artículo interesante en el Diario de León sobre cómo la sexualidad de los hombres está evolucionando, seguro que habría suscitado el interés de Masters y Jhonson de seguir con vida. Estoy terminando la tercera temporada de la serie y en la temática abundan ahora las disfunciones sexuales, en especial referentes al varón, como la impotencia, en sus distintas variantes. 
El artículo hablaba de la falta de deseo sexual, que solía atribuirse a las mujeres pero, ahora, lo de me duele la cabeza también se puede aplicar a los hombres. Los tópicos van variando y la sexualidad misma parece que se ralentiza con la irrupción de la tecnología. Porque, con todas las similitudes que han surgido entre el juego Pokemon Go y las diferentes aplicaciones para ligar, cabría preguntarse si no será más fácil buscar un pokémon perdido que una relación casual de efímeras consecuencias. El sexo está al alcance de un clic pero, claro, consumarlo sigue requiriendo de ciertas dosis de acción. Por lo que a mí respecta, una de las circunstancias más dañinas para lograr una intimidad física satisfactoria es el calor. Y todavía tengo que padecer la no se qué número de ola de calor actualmente... Imagino que por eso tendré dolor de cabeza, por eso y por las variaciones temporales de un día para otro. 
El fin de semana que viene, por unos condicionantes u otros, albergo ciertas expectativas que, en mi estado actual, distarían mucho de cumplirse. Si así fuera, corramos el telón y pasemos a septiembre, un mes de comienzos, un mes que no siempre ha trascendido pero siempre me ha gustado. 

lunes, agosto 15, 2016

Naranco.


El hecho de llevar un tiempo viviendo aquí no significa, en absoluto, que haya visto todo lo que me gustaría en la ciudad y alrededores. Ya el mes pasado intenté engañar a mi visitante para subir al Cristo que corona el monte Naranco, pero pasó. Hizo bien, ya lo creo. Desde mi sofá la estatua se ve pequeñita, casi al alcance de la mano, pero subirse allí arriba a pie tiene cierta tela. De haberlo hecho (si hubiésemos llegado), no doy un duro por tomar una copa luego a la noche en el Antiguo. Me gustan los planes conjuntos, cierto, pero no estoy dispuesto a rehuir una oportunidad que me tiente si puedo aprovecharla por mi cuenta. Es por ello que, en estos días tontos y demasiado calurosos para lo que se estila en esta zona, me he puesto a completar la tríada del Naranco. Tríada que, en mi optimismo, llegué a pensar que se podría concluir en una sola jornada. 



Bueno, veamos, desde luego que se podría haber llevado a cabo en un solo día, pero el de ayer, por la tarde, sí lo dediqué a actividades sociales, aunque caseras: ver Viernes 13, partes 2 y 3, por eso de que pegan mucho ahora los campamentos veraniegos junto a un lago. Campamentos que, eso sí, nunca llegan a inaugurarse. Así pues, solo disponía de la mañana y, al margen de lo que diga mi directora, no fui nada organizado, por lo que perdí algo de tiempo. Subí hasta la ruta del Prerrománico, como se puede comprobar en estas fotos, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Estos dos monumentos estaban bien señalizados, desde luego. Para subir al Cristo (Monumento al Sagrado Corazón me pareció ver en el Google), no me informé bien de antemano. Eso sí, iba por buen camino; más que camino, una carretera que, en festivo, estaba bastante transitada y malrrollera para excursionistas de a pie, estrechándose a trozos y en otros un poco al borde del abismo, algo que nunca me ha agradado pese a nuestra experiencia desde la infancia triscando como cabras.



¿Llegué al Cristo? No. La carretera, además de sinuosa, da un importante rodeo, así que me quedé a medio camino, digamos. Para otra vez, con dos etapas, bocata y demás, seguramente lo consiga. Tal vez como el último puntal de agosto, antes de abandonar mi vida monástica aquí. También pasé por la pista finlandesa pero, como no había señalización alguna, me perdí la entrada y regresé esta mañana. Las fotos de arriba y abajo las saqué allí. No es tan larga como creía pero, dado que tardo media hora en llegar allí y otra media en completarla, no parece mal sustituto al aire libre del gimnasio que me acaban de cerrar.



En todo caso, ha sido mi primera aproximación a unos lugares que, seguramente, podré disfrutar en más ocasiones y estaciones. El monte siempre me ha ofrecido un efecto balsámico y, para un doctorado, en este caso resulta una herramienta excelente para airear ideas oxidadas y desenclaustrar cuerpos.




domingo, agosto 07, 2016

Epílogo freak / Masters of Sex.

Llegó agosto, camaradas del blog, y eso significa que no estamos ante un mes muy productivo. O sí, según cómo se mire. Esta semana ha sido una de las que más, si no la que más, compromisos sociales he tenido del año. No obstante, la tesis avanza. Una lectura detallada y crítica de la bibliografía, incluyendo caritas burlonas dibujadas en los márgenes de los libros  cuando hay algo que me produce hilaridad para bien o para mal, es algo tan relevante como cuando comienzas a escribir. No es que la mía sea una investigación científica del tipo de Masters and Jhonson pero bueno...
Además de tomar tapas e ir a la piscina, esta semana he ido avanzando en una de las actividades más recomendadas cuando este termómetro parece congelarse (irónicamente) ad infinitum en los 37 grados: recuperar series que quería ver desde hacía bastante. Es el caso de Masters of Sex. Pero, oiga, ¿es esto ocio? No lo veo así, la pareja de investigadores antes mencionados aparecen en mis fuentes y no descarto citarlos de forma directa o utilizar la propia serie como base. La primera temporada, que acabo de terminar, ha satisfecho mis expectativas, a sabiendas de que no podía esperar un Juego de Tronos o similar. Machismo, homofobia, prejuicios... Todos los temas que estoy tratando se ven reflejados allí. Siempre me interesó la investigación sexológica (que también es un área de autoconocimiento) aunque no sea el campo principal de mi tesis. No descarto que, si en verdad consigo establecerme con un trabajo lo bastante remunerado, pueda seguir estudios en esa línea.
Pero, al tiempo, he acabado la primera temporada de una serie muy distinta, que se ha convertido en un fenómeno (previsible, claro está) del verano: Stranger Things. Es el epílogo freak perfecto para mis devaneos en las tres ferias weirds del último mes. Es que es tan friki, tanto, tanto, que parecen haber aplicado una fórmula matemática para alcanzar la mixtura perfecta y apelar a la nostalgia. De forma un tanto fría y calculada, eso es lo que no me gustó. Por lo demás, es el tipo de producto que yo mismo podría haber escrito (con variantes, posiblemente lo habría convertido en una aventura de los Abrasadores). 
Voy a seguir con Masters, antes de que comience la cuarta temporada el mes que viene, y vuelva asimismo esa AHS que tantos buenos ratos nos dio el otoño pasado en Oviedo. Nada más por ahora. El organismo necesita descansar de estos días, así que mutis por el foro.
 

domingo, julio 31, 2016

El ecuador del período monástico.

Aquí estoy, escribiendo un domingo por la mañana, un domingo no-veraniego de Oviedo en soledad y total calma, salvo el sonido de las palomas y poco más. Me encuentro a la mitad de mi estancia solitaria en el piso. En un mes llegará mi nueva compañera y, desde luego, no voy a juzgarla de antemano. Ahora mismo, con todo, la impresión monacal no deja de ser un recurso poético. Como ya he reseñado a lo largo del mes, he recibido visitas y también he hecho excursiones con amigos a Avilés y a Gijón, por no hablar de León, a donde me dirigiré de nuevo mañana. Hoy mismo, de hecho, conoceré un nuevo lugar y a una nueva persona en Oviedo, alguien con inquietudes creativas. Así pues, mi labor de monje se reduce a ciertos momentos, variados, en los que he seguido mis proyectos a buen ritmo, tal y como me recordaba mi directora en una tutoría que tuvimos el viernes en Avilés. 
Ella me marcó el planning doctoral (o más bien me lo supervisó, que ya me había hecho yo algo a la idea) pero, en el terreno más creativo y literario, soy yo quien decide el camino a seguir. Ya he estado escribiendo este mes. Poesía, rara cosa, un recurso al que solo acudo cuando en verdad lo veo necesario y que este año resulta muy simbólico para mí. No obstante, también quiero levantar proyectos de más alcance, a priori. Transcurrido un mes con triplete friki, debo decir que no fui a esos eventos como un mero espectador, como un fan sin disfrazar pero marcando camisetas temáticas. No, también fui a buscar ideas e inspiración, que he encontrado. Ya tengo la idea de una novela netamente friki, de explotation, por así llamarla. Comercial, si se quiere, porque considero que se pueden alternar proyectos más limitados en cuanto a su ambición, como los versos que estoy reflejando en mi cuaderno, junto a otros a los que pueda ver más como divertimento y que quizá consigan llegar a un público específico, pero más extenso (o no, los caminos de la literatura son inescrutables). 
Sea como fuere, se trata de un proyecto que se puede compatibilizar perfectamente con la tesis. Se puede y, quizá, se debe, porque el contraste que crearía con esta me sería muy útil como un método de escape y un complemento ideal. Eso sí, no faltarían en la novela elementos, no teóricos, exportados de los estudios de género, queer... Como creador no voy a dejar de reflejar estas nuevas sensibilidades que estoy tratando y que, a mi juicio, me han enriquecido como persona. En agosto, manos a la obra. Me pondré con otro cuaderno, del tipo de los que utiliza James Patterson según cuenta en sus clases magistrales (regalo online de Paco). Solo utilizo el boli para el esquema general, que no es poca cosa. Creía que este año no iba a surgir ninguna idea (a desarrollar) de novela. Por lo que respecta a las ideas no desarrolladas, siguen durmiendo el sueño de los justos hasta que alguien vaya a rescatarlas, quizá cuando yo mismo me rescate del doctorado. Así que, en fin, no son planes de playa y piscina, pero yo siempre detesté a la una y a la otra por lo que implican de monotonía (para un rato están bien). Feliz mes, y hagamos un responso final por mi gimnasio, el M3 (Maximiza tu Mecánica Muscular, eso son nombres y lo demás chorradas), que se ha visto obligado a cerrar sus puertas. Para una vez que consigo pasar más de un año en un gimnasio... El ejercicio ligero es útil para la creatividad, así que ya buscaré parques, montes o recursos similares donde seguir maximizándome, ejem.

domingo, julio 24, 2016

Orgullo Friki Strikes Back.


En efecto, ya lo advertí, había posibilidad de un triplete freak en menos de un mes y así ha sucedido. Tanto el Metrópoli, cuya visita ya reseñé, como el Celsius de Avilés y el Level Up de León son festivales norteños jóvenes, cada uno dentro de sus peculiaridades y posibilidades; en todo caso, las tres estancias me resultaron bastante estimulantes y las de este fin de semana ya en buena compañía. El Celsius acentúa la parte literaria, yo compré un par de libros ilustrados por Martín para Paco y me llevé de recuerdo esa camiseta de Hulk (de la versión moderna de Hulk, a diferencia de la otra que tengo), la cual estrenaría al día siguiente en León. Arriba, mostrándola en plaza del Ayuntamiento de Avilés. 



 El Level Up, por otro lado, supuso un reencuentro con mi facultad de siempre, mi favorita, excelente marco para un evento de estas características. A fin de cuentas, creo que, en el campus, la mía siempre ha sido más asociada al ámbito creativo, bien representado en el festival. Y, también, hay una atmósfera bastante libre, de exaltación de la rareza, que hace no sorprenderse ni aunque te cruces con alguien travestido de Sailor Moon (o similar). Creo que el espíritu de Filosofía y Letras también concuerda bastante con la letra, valga la redundancia, de estas jornadas. Arriba, con Claudia y Nuria, que me acompañaron en la exploración del hall transformado del edificio. Abajo, los caballeros medievales. Ya son ganas, con el calor que hacía.



 Quizá en un futuro próximo deba regresar, por temas de investigación relativos al doctorado, pero de momento ahí dejo una instantánea de la facul en todo su esplendor. También, el souvenir que en este caso me tocó en una de esas tómbolas que sortean chapas, llaveros, colgantes y demás. Supongo que ahora solo me queda asistir a la propia feria análoga de Oviedo, soy consciente de que existe pero nunca me ha pillado en la ciudad... Habrá que ver si en las próximas ediciones de estos eventos también me apunto, aunque el año que viene tampoco se presenta como para gastar tiempo mirando chapas. En todo caso, ahí queda este mes abierto y cerrado con un ciclo friki en diferentes escenarios y atesorando buenos recuerdos. Un poco de evasión inteligente que siempre será un complemento necesario para un proyecto que sigue su marcha sin interrupciones (y que así continúe).




domingo, julio 17, 2016

Penitencia.

Se acabó. Una vez termina la temporada de Juego de Tronos, se supera (positivamente, por suerte) el comité de seguimiento del doctorado y termina la temporada, esta noche, de Cuarto Milenio, puede decirse que el curso está finiquitado. ¿Hace falta algo más? Oh, sí, desde luego: alguna que otra ola de calor, sin que este año vaya a sufrir la que me tocaría sin remedio en el piso de Madrid. Incluso en Gijón le pegaba, aparte de la pátina de polvillo de la Semana Negra, ya una tradición el que se cuele por la garganta para resecarla más todavía. 
Me cuesta venir a León cuando en Oviedo ha llegado a haber clima otoñal, pero aquí estoy. El comité de seguimiento, repito, muy bien. Para adelante y, una vez más, si no hay cataclismos se podrá terminar a tiempo. Bien está lo que bien acaba. Ahora toca tomar nuevo impulso, pese a que la temperatura no ayude. Ayer por la tarde salí tan solo a dar una vuelta, antes de pensarlo mejor y recluirme en casa. En todo caso, nos quejamos de vicio, siempre hay gente mucho más estoica en estos terrenos. Me crucé con una figura prototípica de la calle Ancha, un cura de aspecto preconciliar, al menos en la vestimenta; con la solana de más de treinta grados, el pío varón iba con la sotana calada hasta los huesos, de cuello a suelo, casi una sombra andante aunque bien le hubiera venido una sombra en sí. Si bien, desde luego, sí que tenía gafas de sol, la penitencia no llega a tanto. Me pregunto qué pensaría de la exhibición de carne a su alrededor, de tantos muslos más blancos que los míos, de los cachetes y la tan estigmatizada celulitis, mostrada sin complejo. Embutido en ese uniforme, en esa barrera contra las tentaciones del mundo, al menos escapaba a la media general de bastantes hombres alrededor, para los que el verano siempre es excusa para ser hortera. Yo no, desde luego. Prefiero sufrir un poco, aunque no como religioso, si acaso como esteta, y tapar lo que me gusta enseñar en privado. Esta tarde supongo que habrá que seguir practicando esta suerte de filosofía ornamental.

miércoles, julio 13, 2016

La Nueva Calle de la Amargura.


El pasado fin de semana pude simultanear los papeles de anfitrión y descubridor a un tiempo. Ya puedo descubrir Oviedo a otras personas, y también redescubrir zonas, pero aún faltan otras por ser exploradas. En el podio de visitas, desde luego, quedarían Gascona y la Ruta de los Vinos, básicamente dos calles. Hay otras dos, que parecen una sola, las cuales podrían ser bautizadas como Nueva Calle de la Amargura, en correlato con la de León. Las calles Mon y Oscura (¿esta última no tiene ya un magnífico nombre en sí para encajar en ese calificativo?) no es que sean sinónimo de tristeza, de hecho son zona de jolgorio, más durante el curso que ahora en verano. En todo caso, algunas de sus características bien las pondrían en la misma senda que la inhóspita y también fiestera rúa del Barrio Húmedo. 

 Comenzamos la ruta por otra calle de menor fama, Martín Vigil, pero que posee asimismo lugares  interesantes, no todos de hostelería (como la librería asociativa Cambalache), tomando una birra en la cervecería Cimmeria. Luego, visita cuasi obligada a ese lugar de expatriados que es la Competencia, ya en Gascona. En la parte humilde de este misma calle, ración y sidra en el chigre La Ruina. Con ese nombre parecería lo peor de lo peor, pero ya estuve allí en San Mateo con Jill y la decoración tiene un toque kistch muy peculiar, además de buena relación calidad/precio.


 Hubo un breve merodeo por esa neo-calle amarga, sin parar demasiado. Poco personal, captadores que nos ofrecían copas de dudosa entidad y escasa receptividad a mi idea de visitar la Bat-Cueva, con sus bat-jarras y bat-chupitos. No engaña la denominación, el sitio es algo inhóspito, pero las bat-cañas acabarán cayendo, ya sea solo o en compañía. Tuvo que ser al día siguiente, una vez pagamos el tributo a la visita cultural viendo el Museo Arqueológico, cuando le sacamos más partido al casco antiguo.



 Ya es hora de explicar a qué vienen estas fotos. Todas se sacaron en la plaza Trascorrales. Dado que las estatuas callejeras brotan cual champiñones en Oviedo, qué menos que inmortalizar esa burra (supongo que será burra porque hay un garito que se llama Tras la burra). Nos sentamos en la terraza de un pub llamado Serie B, bien decorado con afiches de películas de esa categoría. Luego nos movimos a la vuelta de la esquina. Aunque solo fuera para decir, propiamente, que había estado de copas, me arriesgué con un combinado barato de esos. No pareció sentar demasiado mal al día siguiente, cuando regresamos a la plaza para ver una exposición sobre Indalecio Prieto y por ello concluyo con el rostro de esta lozana pescadera, en ese mismo lugar. Disfruté mucho de la visita y espero que no sea la última este verano. Ahora toca afrontar el verdadero motivo de mi estancia aquí, con el comité de seguimiento de mañana. No lo he hecho tan mal como para que se me deniegue mi permanencia en el doctorado aunque, desde luego, si quiero terminar en tres años no va a ser tarea sencilla. Trabajaré el doble o el triple, si es necesario, pero no voy a renunciar a momentos de ocio como los que relato aquí. Sería contraproducente y desmotivador. De hecho, una excelente idea de cara a un buen desarrollo de la tesis sería seguir buscando lugares interesantes, que me gusten y de los que pueda quedar buen recuerdo durante mi estancia, más allá de mis inevitables momentos de clausura. Me impongo esta tarea a mí mismo, más allá de las que mañana me sugiera el tribunal.


domingo, julio 03, 2016

Try everything.

Termina una semana en la que he estado en tres ciudades y me he pasado de listo en dos o tres ocasiones. Sí, debo reconocerlo, porque ahora toca jornada de reflexión. La de la semana pasada para poco valió, así que, a mediados de año, más vale abrir un período para meditar qué se ha hecho hasta ahora y cómo, en la medida de lo posible, se puede mejorar. Errores ha habido y seguirá habiendo, lo de que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra no deja de ser un eufemismo. Se dice dos como pudiera decirse cien. 
En todo caso, los errores retrasan pero no frenan. Hace poco volví a visionar la película de Disney Zootopia (o Zootópolis, no recuerdo cómo es la versión española), porque mi sobrino Marcelo la estaba viendo en el desayuno. En esta, la gacela Gazelle-Shakira canta el tema principal, llamado Try everything. Me llamó la atención porque habla de cómo se cometen los mismos errores una y otra vez, pero en un tono optimista y alegre. De hecho, la historia trata de deseos cumplidos por los que nadie daba un duro, como el de la conejita protagonista por ser oficial de policía. Todo debe ponerse en perspectiva, tal y como ya he señalado en este espacio: en esta semana, por ejemplo, la convivencia con mi compi de piso, una vez ya lo ha abandonado, o diversos eventos que han tenido lugar en estas fechas. 
Por ahora, he decidido seguir tanto en este piso como en esta ciudad. Sigo pensando en que los mejores momentos de Oviedo (o Asturias en general) están por llegar. Quizá me equivoque en esto también, pero, si así es, probaré de nuevo, como dice la canción.

jueves, junio 30, 2016

Orgullo Friki, también.

  
De un Orgullo a otro. Y no es que sea el Día del Orgullo Friki (eso ya pasó), pero sin duda mucho de eso se ha podido ver en el festival Metrópoli de Gijón. Ya me había ambientado con el libro Orgulloso de ser friki, del Señor Buebo (como suena) y, como sea que no estoy seguro de si el próximo verano estaré en Asturias, debo aprovechar ahora para ver eventos en los que no he estado. En todo caso, me pregunto si habrá un Día del Orgullo Friki LGTBI. Seguro... Está todo inventado. Yo, que solo soy medio friki, sin llegar a la pata negra, desde luego que no hice cosplay, pero sí elegí una camiseta con mi superhéroe favorito, Hulk. La foto refleja mi versión customizada, vía cómic.



Primero, Expo Star Wars, con infinidad de piezas de todo tipo. El pabellón principal era, francamente, un sacacuartos con puestos de toda índole. Yo no caí en la trampa, tan solo me traje como recuerdo un imán para la nevera y un champiñón del Super Mario con la gorra de Luigi. Para que le de vidilla a la habitación... Vi disfraces de todo tipo: Pikachus, lolitas manga, guerreras con un hacha más grande que yo, un Darth Maul, aunque sobre todo me hizo gracia un tipo con una camiseta de la Mordor University. En contra de posibles tópicos, el sitio estaba repleto de chicos guapos y chicas guapas (no todos frikis, imagino). Cuando vi a uno que encajaba de sobra en la descripción de manual de friki (obesidad cuasi mórbida, chándal, gafas, mochila cutre), me hubiera tentado hacerle un homenaje allí mismo. Yo no llevaba un atuendo llamativo, pero me abordaron unos chavales que hacían una encuesta o similar para youtube. De cómics no tengo ni idea, aunque de cine algo manejo, así que desde luego que acerté quién es el director de The Avengers. No les pregunté en qué canal va a salir esto. Bueno, tampoco me importa demasiado.



No hay que descartar que en alguna edición posterior, de esta o cualquier otra feria, asista vestido de Edgar Allan Poe. Ahí sí que sería carne de selfie. De hecho, frente a la playa había una tienda que vendía un muñeco de Poe. No lo compré, en esta ocasión. Dos chorraditas en una tarde son suficientes, la tercera en una próxima visita. No me quedé al concierto de Mago de Oz (tampoco lo hice en la noche de San Juan), ye lo que tiene vivir en Oviedo, si se sale de fiesta por Gijón o se pilla el búho o el primer bus de la mañana. Tras el paréntesis freak (que, por cierto, continuará el próximo mes con el Celsius de Avilés y quizá el Level Up de León, en los que nunca he estado), no queda más remedio que comenzar julio organizándose. El tribunal de seguimiento se acerca. Que la Fuerza nos acompañe.

martes, junio 28, 2016

La edad de oro.



Ironías de la vida, la edad de oro de la selección nacional de fútbol coincidió con un momento en el que, lejos ya del entusiasmo adolescente que desplegábamos al ver los partidos de los años noventa, ni a mis amigos ni a mí nos movía demasiado el ardor a este respecto. Hablo del período 2008-2012, que también fue el tiempo, casualmente, de mi licenciatura. Y todavía existe una tercera coincidencia más, que viene muy bien en el día de hoy. 
La asociación Diversidad León operó, más o menos, en aquel mismo lapso. Como tantos otros colectivos, salvo aquellos con una envidiable longevidad, su actividad llegó a su fin. Me puedo equivocar en muchas ocasiones, pero al menos de algo estaba más que seguro: el relevo llegaría para cubrir el ámbito del activismo LGTBI de la ciudad y/o de la provincia. En efecto, eso es algo que se ha podido comprobar tanto esta mañana como el fin de semana pasado. Y yo me alegro, aunque por diversas razones (la tesis en cabeza, como podréis suponer) me haya abstenido de participar. Tal y como señalé en este mismo espacio hace escaso tiempo, eso no significa que en el futuro no pueda colaborar con una o más asociaciones, o participar en sus eventos. Lo haga o no, en perspectiva estoy satisfecho (orgulloso diría, si no resultara tan evidente en la jornada de hoy) de haber aportado mi trabajo en la puesta en marcha y funcionamiento de dos organizaciones leonesas que guardaré en el recuerdo para siempre. Sobre todo, teniendo en cuenta que, con mi naturaleza de lobo estepario Stark, no soy dado a meterme en semejantes movidas. Pero, si llevé a cabo algunas excepciones, por algo sería... 
Mi calidad de miembro en estos grupos me ayudó a crecer como persona y eso es algo que, desde otro punto de vista,  también estoy llevando a cabo en el doctorado. Sí, no se si estaría bien reconocerlo en el comité de seguimiento, para la tesis me ayuda, sobre todo, como arma de auto-conocimiento. ¿Me ayudará también a encontrar curro? Hoy no es momento de dilucidarlo. ¡Feliz Orgullo y mucha Bi-sibilidad, mes amis! 



miércoles, junio 22, 2016

El Tren de la Bruxa Constrictor.




Ni siquiera en pleno proceso de elaboración de la tesis doctoral, esta especie de rito iniciático (como se califica en el manual El doctorando organizado) sin necesidad de matar tigres ni clavarse lanzas, debe perderse el espíritu infantil. Y mucho menos en época de fiestas, es por eso que ayer acompañé a mi hermano y mi sobrino (el más obvio destinatario) a la feria de San Juan y San Pedro, aprovechando que habían venido de Suecia. Sorpresa, más obvia todavía: un calor inclemente, 34 grados que suponen la máxima que he visto yo este año. A priori la feria abría a las seis, aunque lo tomaban con calma, viendo que la gente aún no se animaba a pasear por allá. Así pues, otro clásico: los chiringuitos de las asociaciones de vecinos e inmigrantes. Un momento, ¿y la jaima moruna? Ya el año pasado no me pareció verla y en este tengo la impresión de que se ha esfumado por completo. ¿Será por eso que decían de que tomar el té a determinada temperatura daba cáncer de esófago? Sea como fuere, me fiaría más de un té de menta que de algunos de los mojitos que venden por esos lares. Optamos por un clásico, la sidra, ahí podéis verme escanciado y he preferido no subir las fotos con filtros de snapchat, un invento que hasta ahora no me ha servido para nada excepto para echar unas risas (que no es poco). 


Sí, la verdad es que se han puesto de moda en la feria unos globos de formas totalmente inapropiadas, el mío no era el peor de todos, desde luego. Me lo dieron en la única atracción en la que me monté... El tren de la bruja. ¡Ya llovió desde la última vez! La bruja era bigotuda y se hacía acompañar de un arlequín diabólico que nos daba con un mazo (de plástico, algo de daño hacía), disparaba líquidos con una pistola, etc. Vaya, la atracción ha incorporado más elementos de los que yo recordaba, con su catálogo de tijeras gigantes, sierras y demás que, si no fuera porque estaban hechas en cartón, podrían recordarme a la saga Saw. Salimos indemnes de allí y, aunque era demasiado pronto como para que abriera la tómbola, sí que gané un par de premios en la máquina de ganchos, ese traga-euros, ¡y seguidos! Tras algún intento fallido, claro. Tarde lúdica y dulcemente regresiva, estampa de cómo voy alternando las fiestas con los últimos retazos al borrador de mi primer capítulo (borrador bastante avanzado, cabe decir; mi directora me aleccionó bien). Tal vez haga falta volver en una visita nocturna, que suelen tener mucho encanto. ¡Veremos si encaja en el planning! 

martes, junio 21, 2016

Rainbows.


La semana pasada trajo numerosos arco-iris, tras la masacre de Orlando que ya comenté y, asimismo, como fenómeno natural, producto del lluvioso tiempo antes del verano, que comienza hoy. Para muestra, esta bella imagen que pude compartir con mi compi de piso, en nuestros últimos días de convivencia, desde el balcón de nuestra casa. Un memorial climatológico. No sería el único, al día siguiente descubrí otros arco-iris de carácter más artificial, como en mi primera excursión a Avilés, con motivo (aparte de visitar la ciudad) de asistir a una conferencia de mi directora de tesis en el contexto de un festival LGTB+ que ya me gustaría ver en una urbe más extensa como León. 



El festival se celebra esta semana en el marco del Centro Niemeyer, al que se accede por este puente estilo arco-iris sobre la ría de Avilés. Este complejo cultural, que no había visto hasta entonces y por desgracia no coincidí en la performance de Amanda Coogan, se yergue como un escenario posapocalíptico en ese entorno industrial con inmensas grúas y llamas ondeantes en el horizonte. Tuve la extraordinaria suerte, como se puede comprobar en las fotos, de que mi visita tuviera lugar antes de que esas nubes descargaran en todo su esplendor, y debiera refugiarme en los soportales de la plaza mayor. 


Como siempre o casi siempre me suele suceder, puede que me tirase una hora dando patadas buscando un sitio para comer (conté veinte mil pasos en la jornada, pero no pude superar el récord de París). Buscaba algo tan simple como un chino/bufé/wok, ya que la noche anterior había visto una peli sobre chinos gays en Londres que, por cierto, cumplía todos y cada uno de los tópicos asociados a la homosexualidad pero que también poseía un interesante discurso sobre la sexualidad como bufé oriental, que no desentona con mi personalidad. Por supuesto, basta buscar algo tan simple como un chino para no encontrarlo, por lo que tiré a apuesta ganada de antemano: La Competencia. Ya he visitado las franquicias de Gijón, Avilés y, acabáramos, Oviedo. Es posible que regrese pronto a tierras avilesinas, porque julio es un mes megafreak en Asturias. Primero, festival Metropoli hasta el 3 de julio en Gijón, y luego el Celsius en Avilés, al que en alguna edición acudió el amigo Víctor (por no hablar de la Semana Negra entre medias).Debo aprovechar, tal vez sea mi último verano en territorio astur. De momento, las fiestas en León, durante las cuales parece ser que la bandera arco-iris, de hecho, volverá al Ayuntamiento, si bien en mástil portátil. Cualquier avance, por tímido que sea, bienvenido, aunque yo ya no haya estado involucrado en su consecución. 

martes, junio 14, 2016

Lo inenarrable.

Faltan palabras para expresarse en estos casos. Si no fuera por la confluencia de dos fenómenos tan acaparadores de atención como son el fútbol y la política, imagino que el atentado del pasado domingo hubiera tenido más repercusión, si bien tampoco es que haya pasado de puntillas por la actualidad. ¿Cómo podría? Pudiera haberle pasado a cualquiera, al margen de su orientación/opción sexual o como se quiera llamar. Podría haberme pasado a mí mismo, poco frecuentador de discotecas, catalogadas de ambiente o no, pero que hasta hace un par de años sí que solía visitar algún lugar por el estilo, con buenos recuerdos. 
Podrán gustar más o menos, pero son espacios de libertad, que generan frustración y envidia en quienes no comparten los valores que significan. No elucubraré aquí sobre si ha sido obra de una sola persona o amparada por algún grupo terrorista, porque me trae sin cuidado. Lo que está fuera de toda duda es el carácter del acto, el odio al diferente que rezuma. ¿O no tan diferente? ¿Por qué no un odio a uno mismo? Lo último que leía era que los amigos del autor de la masacre le consideraban gay y que frecuentaba la propia discoteca en la que actuó. Me parecería de lo más lógico. La homofobia interiorizada es de las peores que hay. El padre de este sujeto decía que había visto a dos hombres besándose y eso le había enfadado. ¿Enfado o quizá frustración, por no atreverse a hacer él lo mismo en público? 
Sí, posiblemente sintió asco, aunque no parece un argumento sólido como para liarse a tiros. A mí hay muchas cosas que me dan asco, sobre todo cuando se acerca esta temible estación del verano. Acabo de venir de un supermercado saturado, en el que moverse era someterse a pruebas olímpicas y abundaban pazguatos y gente vulgar y lamentable. ¿Y qué? Esa es la prueba de la convivencia. De eso he aprendido yo bastante este año y los problemas se solucionan de otra manera. 
Pero, claro, hay ocasiones en las que el odio es demasiado fuerte y quienes se dejan invadir por este no tienen nada que perder. Tantos años luchando para obtener espacios en los que poder expresarse con libertad pero estos quedan lejos de convertirse en santuarios. La violencia avanza, es buena y mala señal. Cuanta más visibilidad, más violencia, porque la gente se ve acorralada en sus prejuicios y necesita defenderse, con puños o balas. En las ciudades en las que la visibilidad se queda muy corta, como las dos en las que yo vivo, desde luego que no suele haber muchas noticias de agresiones. En todo caso, no se puede volver atrás. No me he implicado activamente en grupos de concienciación LGTB+ desde hace algunos años, si bien mi tesis tiene un evidente carácter social (algo difícilmente explicable en el contexto de unas jornadas doctorales). Tal vez sea el momento adecuado de regresar, aunque sea con perfil bajo. No todo va a ser teoría.

martes, junio 07, 2016

Libros paralelos.

Durante mi breve estancia en París, que realicé como un simple turista más, estuve en un hotel que, si no llegaba al gran lujo, se quedaba a las puertas. Mi permanencia allí fue como cliente, no como lavaplatos, a diferencia de las experiencias personales que relata George Orwell en Vagabundo en París y Londres, libro cuya lectura debo a la recomendación del buen amigo Oli, que no suele fallar en sus consejos. El relato de Orwell resulta un baño de humildad para cualquier escritor, sea célebre o desconocido: pese a las condiciones poco menos de esclavitud en las que vivió durante un tiempo, el autor al menos pudo sacar inspiración para escribir una obra que no ha perdido en intensidad y actualidad. 
¡Ni tanto! Salvando las distancias, recordé un libro que leí la primavera pasada, acerca del joven español con premio fin de carrera que se dedica a fregar váteres (aunque no solo eso) en Londres. Comparando su experiencia con la de Orwell, ya podía darse con un canto en los piños. En todo caso, en una carambola posmoderna típica de los tiempos que corren, el libro de Sobradamente preparado... en realidad surgió a partir de un minúsculo tweet que se convirtió en viral. Orwell no hubiera soñado con esto, aunque en 1984 se acercó un tanto. 
Con doctorado o no, a mí no me importaría lavar platos en el extranjero si hubiese que rascar de donde fuera, pero, viendo la evolución de este curso, no parece que vaya a ser necesario. Tan solo me gustaría adquirir algo más de experiencia dando clases de español, por eso de desarrollar la especialidad y tal... En todo caso, ya he comenzado la redacción en sí de la tesis, y por ahora va a un ritmo muy adecuado. Usaré la obra de Orwell como motivadora y, ejem, empoderante, si se me permite el palabro que se me ha pegado escribiendo mi investigación.