viernes, octubre 23, 2009

Rosa y negro.


Cuando una saga (ya sea literaria, cinematográfica o de otro estilo) se compone de varios capítulos, es bastante difícil lograr una progresión y que cada entrega supere en interés a la anterior. Esto es algo claro en la de Harry Potter, que aventaja en calidad a otros fenómenos como los de Crepúsculo o, a bastante menor escala, Eragon. Me defraudó su desenlace y en cierto modo me defraudaron los dos últimos libros, puede que al leerlos en inglés me perdiera algo pero dudo que mi sensación se desprendiera solo de eso. A los que nos gusta escribir muchas veces, al leer, nos hacemos una imagen mental de cómo nos gustaría reescribir esa historia. Yo eché de menos más riesgo, más innovación, pero quizá fuera la propia JK Rowling quien no tenía el menor interés renovador. O tal vez estaba hasta las narices de su criatura estrella y quería quitársela de en medio como fuera para seguir una carrera como escritora que hasta ahora no ha dado otro fruto.

No me ha sorprendido que no me guste la película de Harry Potter y el Misterio del Príncipe porque tampoco me gustó el libro. Hay muchas cosas que no entiendo de este filme. Para empezar, ¿dónde están algunas de las imágenes más espectaculares del tráiler? Me refiero a una escena en la que varios brujos sobre escobas destrozan el Puente del Milenio de Londres, si no recuerdo mal, un delirio infográfico que les tendría que haber costado sus buenos dólares y que en la película... no aparece por ninguna parte. ¿Estará en el DVD? ¿Lo habrán dejado para la séptima, dividida en dos? Lo extraño es que, con una duración de casi dos horas y media, las escenas de acción escasean muchísimo, y el clímax deja bastante que desear. Es como si hubieran pensado: Esto es solo un episodio de transición, para que vayan abriendo boca. Quien quiera peleas, batallas, duelos y demás parafernalia que espere al capítulo doble final y de paso exprimamos hasta la saciedad esta maquinaria.

El contraste de tonos en la película canta mucho. Vale que ya son adolescentes (aunque los actores superen en edad a sus personajes) pero las tontuelas tramas sobre enamoramientos varios y cruzados acaparan demasiado protagonismo, en detrimento de una trama principal cuyo hilo suele ser ínfimo. Yo tengo que soportar las rabietas y carantoñas de personajes secundarios sin interés, llamados a ser partenaires de los principales, cuando en realidad lo que quiero es ver más flash-backs sobre los orígenes de Lord Voldemort, mucho más desarrollados en el libro. Y, pese al título, os aseguro que el misterio del Príncipe Mestizo apenas se aclara, o directamente queda en la mayor confusión. Creo que para historias de amor casto entre adolescentes ya tenemos (o teníamos) la saga High School Musical, y el propio Daniel Radcliffe ha reconocido que Zac Efron es más guapo que él, je, je, lo cual apruebo. Y, ya que JK Rowling tiene dinero para esta vida y para dos más, podría haber sacado a alguno de los alumnos del armario, en vez de hacerlo a posteriori con Dumbledore ( ¿por qué los personajes gays siempre mueren? ¿El hecho de que Dumbledore cogiera una revista sobre punto de cruz era una pista? Preguntas sin respuesta)

Otros que han arriesgado poco han sido los de Warner Bros. Para los tres últimos volúmenes han escogido a un director curtido en el academicismo de las series de la BBC, cuando hubiera sido mejor un soplo de aire fresco como el que dio Alfonso Cuarón en la que quizá sea la mejor película (¿y el mejor libro?) Pero creo que a los ejecutivos no les importa la calidad, tan solo sacar beneficios ingentes ahora que Disney ha comprado Marvel y ellos viven de Harry Potter y de la renovada e hiperatrofiada saga de Batman, tras pegarse un merecido hostión con Superman.

Así que solo puedo alegrarme de no haber pagado en el cine por ver esta película entre rosa y negra que delata a distancia el probable cansancio de la autora del original. Ahora solo cabe esperar que el dípitco final merezca la pena. Francamente, yo espero con más ansia el de El Hobbit a cargo de Guillermo del Toro, basado en la obra maestra de unos de los maestros, valga la redundancia, de Rowling.

miércoles, octubre 21, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte seis y última.


El broche del viaje fue una barbacoa que celebramos el domingo 11, en un cortijo enorme que hubiera sido escenario ideal para rodar escenas de Pigmalión o la enésima revisitación del género de zombis. No tengo fotos de ese evento, por desgracia, pero sí de la excursión del sábado a la sierra de Baza. En realidad teníamos pensado ir a las Alpujarras, una comarca típicamente granadina, que para montañas y bosques bonitos ya tenemos León. Pero eso no quita para que sea un lugar imponente, como podréis comprobar por las fotos. Todas las saqué desde el mismo sitio, este mirador.



El paseo lo dimos para bajar un opíparo banquete que tomamos en un complejo con el mismo nombre, el de Narváez. Lo cierto es que yo quería tomar una comida ligera, a base de algunas tortitas de camarones pero, como ya expliqué, en mi plato empezaron a aparecer misteriosamente diversos trozos, por otra parte deliciosos, de los platos de mis comensales: brocheta de cerdo, solomillo de buey, codillo... Vamos, la pesadilla para un vegetariano, cosa que no soy. Aquí dejo una vista desde el mirador, cara al sol.


El mismo viaje hacia la sierra de Baza fue algo caótico y no exento de anécdotas poco confesables, pero que nos dieron charleta durante la comida y quedarán para comentarlas en la posteridad. Coronando el mirador había una casucha, de esas que nos encantaban de pequeños cuando hacíamos rutas como Abrasadores. Esta es una vista desde su ventanuco.



A diferencia de mis paseos por Granada, esta excursión al monte no fue un viaje solitario, por ello puedo despedirme con un par de fotos tanto de mi persona como de los generosos anfitriones que han hecho posible este viaje, Car y Carli, a quienes no puedo estar más agradecido.


Ayer me felicitaron, diciendo que lo pasaron muy bien con mi visita. Yo también, desde luego, y solo lamento haber sido tan corto de ingenio como para no haber hecho una foto cuando formábamos un equipo, a veces desafinado en cuanto a cuerdas vocales, en The Beatles: Rock Band. I wanna be your lover, baby, I wanna be your man... (no me extraña que esa canción no se encuentre entre las más célebres del grupo)


Espero volver, chicos. Y que no tengan que pasar otros dos años.

martes, octubre 20, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte cinco.

El lugar que veis arriba (si es que podéis ver algo con esa mortecina luz que el móvil apenas puede captar) hubiera sido perfecto para celebrar mi cumpleaños hoy. ¡Unos tanto...! En León solo había una tetería más o menos auténtica, el Houbi, pero ahora está cerrada por razones que desconozco, si bien sospecho; con todo, ese sitio no tiene ni el encanto ni la ambientación mucho más genuina de los establecimientos de Granada. En la ciudad nazarí conté un número aproximado de veinte teterías en un par de calles anexas. Yo disfruté sobre todo en esta de arriba porque estuve a las once de la mañana y no había un alma.


En esa soledad, y pese a la tenue iluminación, aproveché para leer el periódico, seguir un poco con Whasington Irving y enviar un mensaje de cierta importancia para mí, que aún no ha sido respondido. Mi única compañía fue la de mi actual Moleskine (¿la octava, la novena? No recuerdo), la cual por desgracia ya se está rompiendo por la parte de atrás debido a llevarla pegada a mi culo durante los grandes calores de Madrid y Granada. ¡Bueno! Esa es su misión, qué le vamos a hacer, acompañarme en la batalla. Porque la vida, pese a que puede ser maravillosa, no deja de ser una batalla continua aunque no sea más que contra el tiempo. Al cumplir un año más, aunque haya quien se deprima por ello, estamos obteniendo una pequeña victoria dentro de esa batalla, y para mí eso es motivo de alegría. Yo, en parte, renací a los veinte años y por ello no da miedo acercarme a los treinta, porque un nuevo Renacimiento puede surgir con la nueva década (o quizá un poco antes) Con un poco de suerte tanto en el año que se abre para a mí ahora como en el futuro podré seguir gozando de viajes maravillosos como este, de experiencias maravillosas de las que dejar constancia en el blog y que me modelen como persona y como escritor.

Eso de arriba, aunque parezca mentira, es la entrada a los aseos, no al harén. A la espera, asunto dudoso, de que alguien quiera hacer una tetería semejante en León, me despido para hacerme mi propio té, y creo que hoy el Sueños de La Alhambra estaría genial (comprado detrás de la catedral granadina) Me perdonaréis que sea breve, pero en un día especial como hoy quiero tiempo para mí aunque sea para hacer sencillamente nada (si pudiera...)

lunes, octubre 19, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte cuatro.


El Museo de Ciencia de Granada es inabarcable en unas pocas horas y, aunque no me solucionó incógnitas como por qué los locos tienden a atraerse entre sí o por qué hay películas como El caballero oscuro que parecen fascinar a (casi) todo el mundo menos a mí, resultó un sitio de gran interés. Pude seguir la ruta del Año Darwin que ya había comenzado en el de Madrid. Si en León tenemos un banco con la figura de Gaudí, allí es un Einstein petrificado quien observa a los visitantes, algunos tan científicamente ignorantes como yo.



Siguiendo la galería de estatuas ilustres, en el jardín se hallaba esta del propio Darwin, acompañado de su icónica tortuga.





Y, para acabar, una dama, Madame Curie, y os aseguro que lo que lleva en la mano no es un porrón de Casa Benito presto a ser empinado.




Un buen motivo para visitar este museo era una exposición temporal sobre taxidermia que, aparte del repelús que pueda provocar la visión de los ficticios animales, lo cierto es que impresiona. Y si no juzgad vosotros mismos, pese a que la calidad de mi cámara-móvil sea mala sobre todo con la iluminación de la sala.




Tenemos aquí diversas escenas de cacería con tigres y leones.




Ahí abajo, un plano general y otro detalle de una impresionante estampida que parece flotar en el aire como por arte de magia.






No falta el símbolo de la casa, el señor León o tal vez Leona, ya que no tiene melena, mis conocimientos respecto al rey de la selva se limitan a la película de Disney.




A esta enorme torre, a modo de observatorio del museo, me subí yo bien resguardado por las señoritas ascensoristas, y puedo asegurar que no fuimos devorados por esas hormigas atómicas que están trepando por fuera, que solo forman parte del atrezzo.





Puede parecer una maqueta, pero esta es la foto que tomé del museo a vista de pájaro. Y con esto concluyo por hoy, que es mi primer lunes con clase en semanas y eso se nota (pero al menos me ha valido el primer 9 del curso) Cuando regrese seré un año mayor pero eso no es para mí motivo de pena, antes bien de alegría como os explicaré si tengo el momento de hacerlo.


domingo, octubre 18, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte tres.

Mañana tengo que pasar un bache por ser la víspera de mi cumpleaños, he de hacer la exposición de un tema y por lo tanto aprendérmelo hoy, pese a no tener ni el ánimo ni el cuerpo para ello. Voy a colgar unas fotillos, asunto pendiente desde ayer.


Esto es el Generalife. Abajo tenéis otra visión de este Patio de la Acequia, o de la Alberca, o de algo que empiece por a en todo caso.



La cita para los Palacios Nazaríes la tenía a la una y media, por ello me dio tiempo a tomar un bocadito y leer los Cuentos de la Alhambra en el entorno que los inspiró. Había una cola tremenda, en cuestión de minutos nos pidieron la entrada dos veces y lo cierto es que disfruté poco la visita. Estaba masificada, no podías dar un solo paso sin que te apuntara una cámara, un móvil o similar. Y yo había quedado para comer, así que apuré y aquí os dejo un par de instantáneas de lo que creo que se llama Patio de Arrayanes.

(Dije dos pero Blogger no me está dejando subir la segunda y paso; en mi primera tarde de estudio no voy a dejar que me putee ni Blogger ni la madre que lo parió. Para compensar, tengo muchas fotos para la próxima entrega, el Museo de Ciencia. Eso sí, la mayoría de bichos muertos)

viernes, octubre 16, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte dos.

Hace poco hubo un concurso, con tanta credibilidad como el Premio Planeta, que escogió a las Siete Maravillas del Mundo Moderno. La Alhambra no llegó a ese extraño club de elegidos, ni falta que hace. Es una maravilla, lo avala el sentido común, y merece la pena pagar los 12 euracos de entrada pese a todas las amenazas de reservar con tiempo (yo he estado dos veces y he pasado mucho de reservar) Arriba tenéis una instantánea del interior, tomada desde una de las torres, creo que la del Cubo. A la derecha está el palacio de Carlos V. Abajo hay una mejor vista del palacio, donde estuve en una interesante exposición sobre Whasington Irving y sus Cuentos de la Alhambra, que terminé de leer ayer.


Aquí tenéis una bella vista de Granada desde la misma torre.

Ahí está la Alcazaba, y esa foto la tomé desde la torre de la Vela, que veréis a continuación.





El hombre turras que está tocando la campana, bastante distinto al jorobado de Notre Dame pero aún así poco agraciado, estuvo dale que te pego durante toda mi visita, es por ello que duré poco en esa torre. Al volver a Loja, y gracias a las recurrentes guías de viaje, me enteré de que era en conmemoración de la batalla de Lepanto o algo así. ¡Pues vaya con el aniversario!



Me despido con una vista desde la torre de la Vela, si es que podéis distinguir algo. Entre la altura, que daba mareos, y el repiqueteo de la campana, que daba náuseas, volví rápido a darme una caminata hasta los jardines de ensueño del Generalife. (Ese día, miércoles, abusé del turismo intensivo y me pasé de andar. Unas ampollas lo atestiguaron) Tengo algunas unas fotos de allí y de los Palacios Nazaríes. No son muchas, en parte por razones que ya diré. Mañana las pondré si todo va bien, y seguiremos exprimiendo el breve pero apurado viaje a Granada.

miércoles, octubre 14, 2009

Estampas granadinas (o granaínas) Parte uno.





Vista de la colina de la Alhambra desde la orilla del río Darro.





Vista panorámica desde uno de los miradores del Albaicín, aunque no el más famoso: el de San Cristóbal. Se ve la muralla árabe, luego la Alhambra y la sierra. No pude hacerla tan bien como quería porque dicho mirador, minúsculo, estaba tomado por una horda de chavales en plan daños colaterales de Física o Química. Por lo visto les importaba un carajo tanto la vista como los turistas que acudían hasta allí, pues lo habían tomado por completo y estaban sentados de espaldas al paisaje, en una especie de botellón sin botellón.



El barrio del Albaicín es una especie de laberinto cretense con gran concentración de teterías y rastafaris. Como muestra de la variopinta población que lo habita, ahí tenéis la leyenda que corona esta vivienda, la cual yo también aceptaría gustosamente: Hakuna Matata, ¡vive y deja vivir!

Esta semana los comentarios serán sucintos, porque así tienen que serlo. Dejaré que sean las imágenes quienes hablen esta vez...

lunes, octubre 12, 2009

Nuevo regreso a Ítaca.

A lo largo de estos más de tres años de blog, ha habido muchos regresos a Ítaca, la mayoría rodeados de una aureola de aturdimiento como la que me envuelve ahora. Aunque la melancolía pueda teñir en parte los retornos de nuestros viajes, hay un motivo para el alborozo; pese a haber pasado el fin de semana a base de tortillas de patata, pimientos de Padrón (de los que unos pican y otros un montón), embutidos, tapas, vinos, tortitas de camarones, diversos tipos de carne (que mis compañeros de mantel deslizaban hacia mi plato con más o menos disimulo), churros, porras y, sobre todo, una barbacoa no precisamente a base de verduras a la parrilla sino de pinchos morunos, chorizo y panceta... (tomemos aire) Digo que, pese a todo eso, me he mantenido en mi peso, incluso bajando unos míseros cien gramos. Claro que, en el otro lado de la balanza, están mis caminatas interminables por Granada (ampollas incluidas), paseos por la sierra y alguna noche que me fui a la cama sin cenar, agotado tras varias imitaciones de Jhon Lennon en The Beatles Rock Band.
Como no voy a poder hacer un resumen completo, bastante tengo con recuperar las clases perdidas, iré colgando alguna foto significativa de sus bellos lugares, con alguna anecdotilla de esas que se pueden confesar. Comienza el cuarto año del blog Los Abrasadores, y espero poder seguir pasando ratos agradables en compañía de todos vosotros.

domingo, octubre 04, 2009

Que tres años no son nada.

Qué curioso, el blog y yo cumplimos años el mismo mes. Como mañana no voy a estar por aquí aprovecho para felicitar a este espacio público de creación que me ha acompañado en la última trayectoria de mi vida. He estado pensando y la verdad es que el mensaje que más recuerdo, aunque eso no quiere decir que sea el mejor, es el de Los five carros affaire, y eso que fue un verdadero horror. Ojalá hubiera tenido Internet y blog cuando estaba en esa lúgubre residencia de Madrid allá por el 2000, me hubiera sentido menos solo y os habríais sorprendido con un montón de anécdotas, algunas ridículas y otras inquietantes. En fin. Creo que el blog se ha merecido una semana de descanso, aunque no se si colgaré alguna crónica desde Granada.
Me voy a hacer una escapada nazarí. No se si la merezco o no, en todo caso era un viaje pendiente desde el verano y ahora es una fecha más recomendable para hacerlo. Incluso podría fingir una coartada académica puesto que tengo que hacer un trabajo sobre la influencia del árabe en el español y poner diez palabras como ejemplo. Una de ellas posiblemente será alcachofa, y había pensado llevar esta hortaliza a clase para apoyarme de forma gráfica durante la exposición; el problema es que perdería todo el crédito que me quedase entre el gineceo Erasmus, si es que por entonces aún me queda algo. Mientras me inspiro a la sombra de la Alhambra, felicitaré una vez más a mi tierna criatura y a vosotros, quienes seguís sus pasos, os doy miles de gracias y espero seguir compartiéndola en el futuro.

Nulla die sine linea

Plinio el Viejo

viernes, octubre 02, 2009

Mal comienzo cinematográfico.

Anoche, por estrenar mes, tuve la desdichada idea de ver una película que ya me imaginaba mala, pero no tanto. Al menos creí que sería algo ligerito tras la primera semana de clase. La película titulada Año Uno es, precisamente, una de las peores del año, si no la peor. La vi a trozos, porque verla entera hubiera sido un atentado contra mi dignidad.
Lo curioso es que la premisa era interesante, pese a constituir un disparate repleto de trogloditas, hebreos y romanos mezclados sin ton ni son, burlándose de personajes de esa cultura judeocristiana que, al menos a mí, tanto daño ha causado. Harold Ramis debe de estar sintiendo el desgaste de su ingenio, y el hecho de que tanto él como los guionistas de esta patochada vayan a encargarse de Cazafantasmas 3 me da más miedo que un millón de fantasmas. El otro culpable, en la sombra, es Judd Apatow como productor. Algunos críticos irresponsables llegaron a decir que transforma en oro todo lo que toca, pero eso es mentira y aquí más bien se diría que transforma en mierda, como la que gráficamente aparece en el filme junto a pedos, auto-lluvias doradas, hombres gruesos y peludos y un montón de guarradas propias de un Torrente prehistórico. Y la última parte, situada en Sodoma (¿por qué nadie se acuerda de Gomorra? ¿Será porque su pronunciación es más difícil?) es insoportable. Ni siquiera puede salvarse la presencia de Michael Cera, siempre tan tierno y adorable con los papeles atolondrados que le adjudican. De Jack Black mejor no hablo porque es como para asesinarle.
En fin. Ha sido un error cometido conscientemente pero que al menos no me ha robado mucho tiempo, de hecho ni siquiera me molestaré en buscar su foto para colgarla. Espero que eso no sea signo de mal fario para este mes que empieza y en el que tengo puestas altas expectativas. Os aseguro que cuando empiece el trabajo en este cuatrimestre, y empezará pronto, seré bastante más selectivo con mis visionados, sobre todo teniendo en cuenta que existen grandes obras maestras que aún no he visto (ni creo que vea)

miércoles, septiembre 30, 2009

Necesitamos váteres y tés.

El lunes pasado tuve uno de esos pocos sueños de los que suelo acordarme con más o menos nitidez, y lo cierto es que casaba a la perfección con el espíritu de la jornada que tenía por delante, la del primer día de curso. Era algo así como que entraba en mi antiguo colegio, Maristas San José, y dentro del mismo se hallaban las aulas de la facultad, una especie de conexión entre el presente y el pasado que para mí tiene mucha relevancia psicológica y no pocos reflejos en la realidad. A fin de cuentas, en mi carrera seguimos conservando algunos tics del bachillerato, sobre todo en el tema de la asistencia; muy bien lo se yo porque la semana que viene faltaré tres días por estar en Granada, pero no lo hubiera hecho si no creyese que en nada va a obstaculizar el éxito que pueda obtener en el presente curso.
Hoy aprovecho para escribir aquí porque se han suspendido las clases con motivo de la apertura oficial del curso académico. El rector, que parece un hombre cabal (yo le voté, y pocos alumnos hicieron el esfuerzo de meter la papeleta) concedió una entrevista al Diario de León el pasado domingo, en la que decía que lo que de verdad necesitaba la universidad eran científicos e ingenieros, si no recuerdo mal. Bueno, confieso que no leí la entrevista en su totalidad y por tanto sus razones tendrá para afirmar esa sentencia, plausible de ser mal interpretada. Eso sí, ha tenido la buena voluntad de arreglarnos la facultad, o al menos la biblioteca y los aseos, pero dicha voluntad se ha torcido un poco por razones que ahora no puedo dilucidar, y que tienen que ver con el retraso en su ejecución. El lunes nos encontramos con la sorpresa, poco higiénica, de que solo había unos servicios para toda la facultad y la sorpresa, poco armoniosa, de que las obras de nuestros meódromos aún están siendo llevadas a cabo, y sobre las clases sobrevuela en ocasiones el ruido de martillazos y taladros.
Hum... ¿Qué pensarán los Erasmus de esto, todo ese bello y rubio gineceo de polacas, francesas, eslovenas, belgas, australianas y demás, que parecen querer resucitar en nuestra clase el dogma del neolandismo? Por no hablar de los fichajes al vuelo vistos por toda la facultad, gracias a los cuales mi cuello está bien ejercitado para girarse. Espero que no piensen que esto forma parte del carácter español, porque si es así reniego de él. Es como las obras del entorno del Conde Luna, que ahora están acabando a toda prisa a ver si ponen la acera y el cartel de Americanos, os recibimos con alegría... Yo siempre digo que esta ciudad cada vez se parece más a Madrid, pero sobre todo en lo malo. No entiendo tantas obras, no entiendo tantos coches pero al menos lo que sí es verdad es que la carrera la estoy disfrutando mucho más aquí, en nuestra reducida clase por ahora triplicada con el auge del multiculturalismo.
Nosotros no somos científicos ni ingenieros, quizá alguien nos vea como los dandys de la universidad y a no pocos les gustaría darnos la patada y que nos fuéramos con nuestros desvalorizados estudios a otra parte, que nos descolgáramos de las ubres del presupuesto. Somos pocos, sí, pero creo que precisamente por ello somos más necesarios. ¿Qué clase de cyborg enseñará español a vuestros hijos, de lo contrario? ¿O hacemos como en los mencionados Maristas, donde todos los hermanos daban de todo aún sin tener idea de nada? A mí no me importa que seamos pocos, de hecho me siento como en familia. El primer día tuvimos una asignatura llamada Métrica y Retórica, de la que quizá hable en el otro blog. Allí surgió una frase de Juan Ramón Jiménez: A la inmensa minoría, siempre. Yo no soy tan radical, pero a la hora de escoger mis gustos no me fijo ni en minorías ni en mayorías. Cuando me metí en la Escuela de Cine no me fijé si tendría éxito o no, aunque de hecho al principio lo tenía y mucho; cuando me metí en Filología, en León, tampoco me importó ese burdo soniquete de si tendría salida o no, y vaya que si la tiene; tampoco me importa si mis blogs son más o menos leídos, y no me preocupo de hacer publicidad, aunque el de poesía va subiendo para mi sorpresa; tampoco me subo al carro de las modas, no pienso escribir sagas de vampiros ni novelas negras en gélidos parajes ni intrigas históricas con nombres de famosos, antes bien algo como Los Abrasadores que, francamente, dudo que la mayoría de editoriales quisiera publicar...
No, no me importa la minoría. Me importa estar agusto, y allí lo estoy. Incluso aunque, por no haber, ahora no haya ni máquina de té, si es que se puede llamar así al aguachirri con sabor a limón que al menos me calentaba al llegar el frío. Pero no importa, si hay que ir a clase en condiciones de guerrilla pues se irá. Lo prefiero siempre que tenga que pagar 600 euros de matrícula antes que 6000. El rector necesita científicos e ingenieros, pero nosotros somos más prosaicos, nos conformamos con váteres y tés.

domingo, septiembre 27, 2009

En la víspera de Tercero.

Sí, my friends, ya estoy en el curso de enmedio de mi carrera, y eso ya es motivo de celebración. Pese a ello, hoy no tengo mucha euforia. El salir los sábados suele pegar mal con madrugar los lunes, y me gustaría que fuera de otra manera pero mi organismo me rebate. Será un despertar bastante amargo, pero por lo general en días como el de mañana los profesores no tienen mucha gana de explayarse.
Mis nuevos y saludables hábitos casan mal asimismo con los de siempre. Con el furor de un recién converso, he experimentado agujetas que, respecto a mi consola más reciente, reciben el nombre de wiinitis. Eso por no hablar de los viajes que le he metido a la lámpara al practicar yoga... Eso con el Super Mario nunca hubiera pasado (ahí solo podías lesionarte los pulgares) El tapeo leonés, referencia internacional de nuestra ciudad quizá por encima de sus monumentos, es una seria amenaza contra el régimen de la balanza parlanchina y tocapelotas. Pero, como milagro de inicio de curso, he logrado mantenerme en la línea. Y eso pese al itinerario que describiré ahora.
Primero empecé de asamblea en el Senso, con los compañeros de Diversidad, degustando un vinito, que dicen que viene bien para el corazón (el aceptable, supongo, no el matarratas) Luego tocó la Céltica con una vieja conocida, la Delirium Tremens. Algo que se llame así ya es de temer... Como había que llenar el estómago con algo como fuera, nos trasladamos al Húmedo para una sesión de calóricas, grasientas pero necesarias tapas. Con wiinitis o sin ella, tuve que hacer un absurdo viaje hasta el CCAN para que al final el único descubrimiento allí fuera una de las revistas más degeneradas que he leído, el Tmeo. Al final hubo regreso al Húmedo pero sin dilatarlo mucho, que al comienzo no hay que gastar todo el gas.
Así pues, creo que se me disculpará el que mi inspiración no esté muy activa, habrá que esperar al informe sobre la vuelta al cole, sobre esa carrera que, aunque hoy no me atrevería a jurarlo, constituye todo un placer para mí. Que el gobernador de Libia (el de verdad, no el que va plantando jaimas por el mundo) me acompañe en esta nueva singladura. Y a vosotros en las vuestras, of course.

miércoles, septiembre 23, 2009

Día de la Bisexualidad.


En ocasiones una imagen vale más que mil palabras, y esta vez optaré por la imagen. Guardaré para mis discursos para cuando sea oportuno el redactarlos. ¡Feliz día!

lunes, septiembre 21, 2009

Otra de cine español.


Ayer vi al fin Los abrazos rotos, y me recordó bastante a otro filme de Almodóvar, de peor calidad: La mala educación. Ambos beben del cine negro clásico, más el último que el primero, y tienden a embrollarse en la parte final, hasta extremos casi incomprensibles.

Respecto a Los abrazos, la gran olvidada en la carrera por los Oscar (aunque su director ya tiene dos, cosa que pocos o ningún español pueden decir), considero que empieza y acaba con gran barullo. Al principio hay un juego de saltos temporales que tarda en enfocarse, pero la parte central es la que da peso a la película, la historia de amor fou (¿se dice así?) en la que puede lucirse Penélope Cruz, siempre bien resguardada, y que contiene secuencias de gran poder y que ya han sido reseñadas, como en la que se dobla sus propios labios. Cuando esa historia acaba, y ya solo queda unir los retales que le den congruencia, parece que la media hora final va cuesta abajo, para acabar en una secuencia cómica que no pega mucho con lo anterior. Ya que en el blog de Pigmalión se ha hablado tanto sobre el ritmo, no estaría mal que Almodóvar lo tuviera en cuenta; si lo que quería era hacer un thriller, su clímax es bastante absurdo y eso Hitchcock nunca lo hubiese consentido, a quien homenajea (o plagia) en la secuencia de las escaleras de Vértigo. Parece que parte de la mente del manchego quiere volver a sus comedias alocadas y quizá así lo haga, pero lo del final me parece un pegote, y la concejala de Asuntos Sociales es una burla fácil que mejor la hubiese dejado como cortometraje.

El apartado actoral es muy bueno y quizá se vea algo lastrado en los secundarios jóvenes. La película contiene cameos de dos tipos: por un lado las caras clásicas del universo almodovariano (Chus Lampreave, Rossy de Palma, Kiti Mánver...); por el otro, hay caras jóvenes y más televisivas, sin duda ansiando trabajar con el cineasta aunque sea en un papel de mero relleno, como Kira Miró (con un nuevo destete), Dani Martín (haciendo menos que nada) o, de nuevo, Alejo Sauras (y de nuevo como toxicómano descerebrado) ¡Todos al borde del ridículo gracias al embrujo de nuestro director más internacional!

Quiero hacer capítulo aparte con el personaje de Rubén Ochandiano, otro canterano de Al salir de clase, que me ha dejado estupefacto, propiciándome las mayores carcajadas del visionado. Cuando hace de joven lleva la misma peluca, o parecida, de Javier Bardem en No es país para viejos, y aunque no mate a nadie es como un psicópata obsesivo que graba todo en su videocámara. La diferencia, eso sí, es que tiene más pluma que un palomo cojo. Luego, cuando es mayor y se hace llamar Ray X (¡), la pierde de repente. Está claro que es más fácil para alguien que no tiene pluma fingirla, antes que para uno que tiene perderla. En fin, una más de las excentricidades de Almodóvar quien, queriendo dibujarlo en plan serio, consigue que me haga más gracia que las caricaturas de Chicas y maletas.

Pues nada, habrá que ver qué depara el próximo escalón en su carrera, bastante desigual pero, le pese a quien le pese, una de las de más proyección de nuestro cine. Creo que, al igual que el personaje de Lluís Homar, el tener al lado a un guionista joven y de ideas frescas tal vez podría quitarle un poco el anquilosamiento. Eso sí, recuerdo una vez en Madrid que mandé una remesa de guiones a productoras, y El Deseo fue la única que me devolvió uno con una nota de agradecimiento. Yo también agradezco la cortesía que tuvieron los hermanos Almodóvar con mi aún muy verde obra...

viernes, septiembre 18, 2009

Pagafantas (II)

Yo no se si una película como esta admite subtexto, pero me sorprendió que la primera aparición de la chica argentina fuera dentro de un cubo de basura. ¿Denotará esto algo de misoginia? Bueno, teniendo en cuenta el espíritu que impregna la película tampoco sería muy sorprendente. En ocasiones parece existir un contraste Norte vs. Sur, entre unos personajes reprimidos y apagados y otros apasionados y un tanto ligeros de cascos. He escuchado algunas teorías que afirman que los vascos son feos e incluso deformes, algo con lo que no estoy de acuerdo, desde luego. Pero, respecto al humor, me produce más efecto cuando se burlan de su propia y nada graciosa situación política. Esto lo supieron aprovechar bien en Las noticias del guiñol y también en ¡Vaya semanita!, programa en el que estuvieron los creadores de esta película y que contenía tronchantes sketches de Los Batasunnis.
En Pagafantas se nota quién es el único personaje vasco, vasco, y para mí es inevitable que su modo de hablar me resulte divertido, y en mayor grado cuanto más enfadado está. No revela esto ningún tipo de discriminación, ya me pasaba con la anterior ministra de Fomento y supongo que en otras partes de España se reirán también de mi acento cazurro.
Al igual que Mentiras y Gordas, aquí importa mucho el juego de identificación con el espectador que a mí también me toca en proporción variable, aunque será mejor no sacar mucha información por si llega a quien no quiero. Aparte de ello, también me hizo gracia por la manera en que la chica se burla del modo de hablar español, y eso que en teoría es la variante estándar; del mismo modo se choteaban los mejicanos que hemos conocido, aunque a mí sus chuflas siempre me sonaron algo pueriles: ¡Hossssssssstia, tíos, qué pasa joderrrrrr! Por otra parte, Bunbury es tan omnipresente que parece un personaje más, aunque me quedé con las ganas de un cameo real y no fingido.
Esta es una película efectiva, eso sí, y eso es justo lo que necesita el cine español. A mí me dio una cierta sensación como de capítulo de serie alargado, supongo que a eso ayuda su corta duración. Me sorprendió bastante que ganara el Premio de la Crítica y el Premio al Guión Novel en el Festival de Málaga, pero no olvidemos que en dicho festival entró a concurso Fuga de cerebros y que, cuando no hay mucho en donde elegir, mejor es tirar con lo menos malo. Esto también ha pasado en la lista de los Oscar porque, excepto la de Trueba que aún no se ha estrenado, ninguna de las otras dos ha obtenido unanimidad de críticas positivas, siendo superadas curiosamente por Pagafantas.
La comedia es un género muy difícil, al menos si quiere hacerse bien, y hay tantos tipos de humores que raramente todo el público podrá unificarse en su valoración. Yo reconozco en esta película una calidad decente, por encima de la media, una voluntad decente a la hora de realizarla y me alegro de que, gracias también a un muy buen uso de la publicidad en toda clase de soportes, haya podido llenar salas frente a la matraca infernal de los Trasnformers y compañía. Yo mismo estuve a punto de ir a verla en Madrid, pero al final el cine se quedó en una sola sesión, para que los gastos de mi viaje no fueran tan compulsivos como habitúan. ¿Hubiera merecido la pena pagar casi seis euros por su visionado? No estoy seguro, de todos modos parece claro que Pagafantas amortizará con creces su reducido presupuesto…

jueves, septiembre 17, 2009

Pigmalión vuelve al cole.

Entre tanto pagafantas, voy a proponeros una alternativa algo distinta:

http://pigmaliontv.blogspot.com/

He puesto un enlace al blog porque allí está colgado el noveno capítulo y además podéis dejar un comentario, ya sea alabando, vituperando u optando por una vía media entre ambas acciones. De todos hemos tenido, pero ya lo dijo Pío Baroja, Que hablen de uno aunque sea mal.

¡Feliz vuelta al cole a Pigmalión y a todos en general! El juego continúa.

miércoles, septiembre 16, 2009

Pagafantas (I)

Voy a hablar sobre Pagafantas, que no ha entrado en la terna de finalistas a los Oscar, la cual acaba de hacerse pública hace poco, y eso que esta película ha despertado gran entusiasmo, presentándose como la sorpresa de la temporada. Hay que señalar la ausencia de Almodóvar (¡no siempre se puede!) aunque sí está Trueba. Desconozco si el último filme de Amenábar llegó a tiempo para entrar en la lid. Según he leído que dos de cada tres estadounidenses padecen sobrepeso, mi apuesta es por Gordos, si bien dudo que llegue al nivel de Azuloscurocasinegro.
Respecto a Pagafantas, no se tome como un título literal sino más bien genérico. La chica de la película no toma fantas, antes bien cervezas a pares y de ahí para arriba. Por su parte, el chico, pese a ser un vasco de pelo en pecho (y en panza), soporta mal el alcohol, y no recuerdo que la invite a nada. Es un aspirante a ligón que sale todas las noches pero en plan abstemio, que es el plan más económico para salir. Me sorprende cómo, por tomar unos chupitos, llega a perder la conciencia mientras que ella no solo no se emborracha sino que consigue practicar unos imaginativos peinados, pese a no tener la menor experiencia.
Este es uno de los absurdos de la película, pero tiene bastantes. Si ella es fan de Héroes del Silencio desde que era niña, ¿cómo puede tragarse que el otro interviniera en la composición de Entre dos tierras? ¿Es tonta de capirote? Y encima, en la escena del karaoke, sale una pantalla en la que aparecen los verdaderos autores de la canción. Por no hablar de la boda en alta mar, a bordo de un pesquero con una especie de Capitán Pescanova de oficiante. ¿De verdad pretenden que creamos que eso tiene validez legal? Todo es posible en Euskadi, pero…
Es una comedia absurda, con personajes absurdos que se comportan de manera absurda. Lamento no participar del entusiasmo general, porque me habían puesto las expectativas muy altas, pero reconozco que tiene puntos muy divertidos. Lo que más me gustó fue el concepto del que parte el filme, y esos clips documentales en los que se describe la figura del pagafantas y la variedad de posturas que puede adoptar a semejanza de un Kamasutra casto. El guión juega con la vergüenza ajena, y la propia. Pretende que nos identifiquemos con el protagonista, pero supongo que incluso entre los pagafantas hay clases, y este tipo alcanza unos niveles tan grandes de cretinismo que al final uno no tiene ganas ya ni de reír, sino de que le parta la cara a la tía, quien en el fondo no tiene culpa de nada, o mejor aún de partírsela a él enviando el puño hacia la pantalla, como si se estuviera jugando al Wii Sports.
A mí el tío me da pena pero no porque no consiga follar (culpa suya si quiso dejar a su novia formal), sino porque el resto de su existencia es una basura. Tiene una basura de empleo anticuado, una familia basura con una vieja momia que nadie sabe qué pinta allí, su vida intelectual es un erial y no parece que quiera mejorar ni en lo físico ni en lo psíquico. Ni si quiera se aferra a eternizarse en una carrera, como su amigo. Así pues, si se lo juega todo a un comodín que le sale rana, ¿cómo no va a resultar patético? Hombres somos, y por naturaleza tenemos unos instintos primarios encaminados en principio a la reproducción, por lo cual es muy apropiado que la terminología del pagafantas se ilustre con una variopinta fauna. Sin embargo, tampoco es plan de dejar que nuestro espíritu animal nos humille. Y tampoco es un proceso que repercuta solo en hombres heterosexuales o bisexuales. El propio director de esta película dio la conexión con Mentiras y Gordas, en la que el personaje de Mario Casas es un pagadrogas gay y llega al extremo de empeñar el dinero de sus estudios para ese fin. Eso sí, consigue más que su colega vasco, al menos un abrazo desnudo y pasado por agua en el que ¿no se empalma? Otro fallo más para la película de Albacete y Menkes, y si en esta el problema es el exceso de sexo, en Pagafantas es lo contrario.

lunes, septiembre 14, 2009

Monstruoso doblaje.


Como parte de mis actividades culturales en Madrid fui a ver Up en versión original. Allí puedes ver películas comerciales en su idioma y con un comportamiento casi siempre ejemplar en el público. Me gustó, en algún momento se me hizo un nudo en la garganta y en la mayoría disfruté como un enano. Pixar es el heredero de Disney, a la espera de ver La princesa y el sapo, pero no es Disney. Será por mi edad, pero ni sus mejores películas me provocan lo mismo que El rey león, Mulan o La sirenita, por poner solo tres. Cierta parte de la crítica se ha empeñado en divinizar a esta compañía, asegurando que nada malo se puede decir de ella. Lo dudo. Nadie es perfecto, si acaso lo sería Dios en el supuesto de que existiera. A Pixar en ocasiones se le va la mano con el sentimentalismo, o igual es que mi corazón está ya demasiado duro. Lo noté en Up y me enervó en Cars. No es que sea algo muy negativo, y no a todo el mundo le molestará como a mí.

Ayer vi Monstruos contra Alienígenas, creo que ese es el título español, y esta película cambia el chip por completo. Dreamworks no es Pixar, ni quiere serlo. Las diferencias son evidentes, y trataré de hacer un compendio. Pixar hace películas con guiones sólidos en los que se alterna el drama y la comedia, aparte de buenos episodios de acción. Dreamworks apunta más a la comedia y la acción, y cuando quiere meter algún episodio más serio o un mensaje moral suele dar risa, por paradójico que resulte. Este tipo de comedia tiene un subtexto adulto, con numerosas referencias a la cultura popular, algunas de ellas solo para el público de Estados Unidos, y se apoya en las voces de comediantes y actores famosos, un recurso que Pixar no siempre utiliza (como con los dos robots casi mudos) A Dreamworks el guión se la suda bastante mientras el filme contenga una sucesión de chistes, de gracia desigual. No les importa alargar hasta la saciedad sus recursos, como con Shrek. La cuarta parte del ogro verde la espero con desidia, mientras que la tercera de Toy Story me produce buenas vibraciones.

En fin, que Monstruos vs. Aliens no pasará a la Historia, aunque tenga buenas escenas como en la que destrozan el puente Golden Gate y los monstruos se montan en un tranvía cuyo destino aparece como Castro, el barrio gay... Sí quiero hacer una petición a los distribuidores españoles, por favor, y es que ajusten la calidad de los dobladores nacionales a los de la versión original. No puede haber efecto más chirriante que el que todos los monstruos y los secundarios estén doblados por profesionales y luego la protagonista gigante provoque arcadas cada vez que habla. El reclamo publicitario que justifica este desmadre es el de Carolina Cerezuela, que será muy guapa pero aquí poco importa porque solo se escucha su voz, y esta da pena. Es la tiranía de las series de televisión, y eso que esta chica últimamente no se por dónde sale. Sí, para Up metieron a otro de Camera Café (o su evolución pokemon a hospital), pero ahí no puedo juzgar porque vi la película como debiera verlas todas, en VO...

sábado, septiembre 12, 2009

El jardín de las delicias.

Después de pasar por los tenebrosos lugares de Pigmalión, voy a sumergirme en la evocación de un bello lugar, que hubiera necesitado un Virgilio para cantarlo antes que una mente como la mía, un tanto embotada a la hora de pintar la écfrasis de la naturaleza en estado puro.
Un sitio que todo madrileño o persona que haya visitado la ciudad o residido en ella alguna vez (y no serán pocos) debería conocer. El coste de la entrada a este paraíso es simbólico, me costó un euro por ser estudiante y para el resto no es que valga mucho más; es el mismo precio que pagué más de una vez en Madrid por los helados coronados de barrita de Kit Kat del McDonalds, aquellos cuyos restos ahora estoy bajando a golpe de pie pero, ¿qué le iba a hacer? Con una temperatura tan desquiciante como la que había, el alivio podía venir de un helado industrial o, recurso más sabio, al abrigo de la sombra en esa verdura.
Bueno, me estoy refiriendo al Jardín Botánico, al ladito del museo del Prado. Un templo de la cultura frente a un templo de Natura (no se por qué me ha dado la manía de escribir en verso) Variopinta flora para una variopinta fauna humana asimismo, aunque no se puede decir que el edén estuviera muy saturado en aquellas horas de sobremesa, un domingo de agosto. A ratos el lindero me condujo solitario, y es raro alcanzar la soledad en esa gran urbe sin tener temor a que te atraquen.
Una de las próximas adquisiciones tecnológicas que pretendo obtener ya se está haciendo mucho de rogar, y es algo tan común ahora como una simple cámara digital. Yo no tengo vocación de fotógrafo, desde luego, aunque en este lugar me di cuenta de que una de mis aspiraciones frustradas podría ser la de naturalista; con todo, hay momentos en esta vida que merecen ser inmortalizados en imagen, aunque a veces sean tan sencillos como la foto que pongo abajo, un gato al asedio de un pato (esta vez no es mi culpa si rima) No logró su presa pero, en esa instantánea, sin ningún humano a la vista, podría hablarse del funcionamiento del ciclo de la vida al estilo de El Rey León, película por cierto recobrada durante este viaje.


En ocasiones mi móvil es capaz de tomar fotografías aceptables, pero lo normal es que no me entienda con él más allá de lo obvio: llamar, mandar mensajes y querer machacarlo cuando me despierta los días de clase. Por fortuna, en algunos acontecimientos de mi vida sí que he tenido cámara, aunque fuera de prestado. Ese fue el caso del maravilloso viaje a EEUU, del cual tuve una rememoranza en el estanque de la foto, dedicado al ilustre sueco Linneo.


Esto es una secuoya gigante, no se si tan grande como las que había en el parque de Yosemite pero en todo caso imponente entre esa especie de Torre de Babel de árboles que conforma el Jardín. Veamos si el cartel nos ilustra algo.

Sí, de California, desde luego. Una de las curiosidades del recinto es una galería de bonsais donada por Felipe González. Allí me encontré a un joven extranjero, rubio y mochilero, portando una gran cruz al cuello. No vi a Adán y a Eva pero, como si fueran la némesis del anterior, había una pareja de gays gorditos y calvitos, retozando en ocasiones sobre un banco el uno sobre la mullidez del otro. Además, familias con niños y abundantes grupos de jubilados, supongo que del propio Madrid. Curiosos museos, donde los propios visitantes se muestran tan dignos de contemplación. Además había un par de invernaderos, con una planta que estoy degustando ahora mismo.





No se lee muy bien pero es té, al menos eso ponía en el cartel. Unas hojas casi imprescindibles para mí. En fin, tenía algunas otras imágenes que creí aprovechables pero al verterlas a este ordenador veo que no es así. Por suerte me quedan un par más a modo de apéndice. Este año supongo que sabréis que se celebra el bicentenario del nacimiento de Darwin. Lo triste de estas efemérides es que mucha gente solo se acerca a los artistas como moda pasajera, pero lo bueno es que en otros casos sirven como incentivo y a mí, a quien la materia de Darwin me quedaba muy lejos, reconozco que me ha subyugado.

Dicha celebración quedaba bien reflejada en el Jardín Botánico y estaba en relación directa con la exposición dedicada al naturalista en el Museo de Ciencias Naturales, de donde es mi foto con el orangután que colgué hace poco. Allí compré el Viaje de un naturalista alrededor del mundo, edición de bolsillo, y me hizo ilusión descubrir, dentro de la serie de ediciones españolas de su obra, un ejemplar de El origen de las especies dentro de la colección Centenario Espasa, que es la que he leído yo esta primavera. Es el de la derecha.




Al igual que la Divina Comedia, que me estoy leyendo en la misma colección, es una gran obra con quizá algún momento un poco abstracto para novicios pero en todo caso merece la pena el tiempo que llevan. Una vez he acabado este texto, en el que resumo algunos aspectos de mi viaje a Madrid, me queda la firma, que en esta ocasión colgaré como imagen. Os explico: otro de mis cónclaves culturales fue en el Matadero, pues era una vergüenza que en nuestro barrio, el de Legazpi, hubiera una galería de arte desde hace algunos años y yo aún no me hubiese pasado por allí. El sitio, como el MUSAC, tiene algunas áreas que parecen un poco tomadura de pelo, junto a exposiciones interesantes como una de diseñadores japoneses en la que escribí lo que veis abajo. Había una pantalla en la que podías escribir algo en español y luego se transcribía a caracteres japoneses. Sospecho que lo hice mal pero, como la semana que viene pretendo apuntarme a un curso de japonés para principiantes, pues es buena ocasión para despedirse así. ¡Sayonara!

jueves, septiembre 10, 2009

Inestable.


Entre la inestabilidad física y la mental, me quedo con la física, aunque ninguna me produce temor si su proporción moderada permite controlarla. Tengo dos básculas parlanchinas; una anciana, que suele decirme el peso que le sale de las baterías, y otra es la de la Wii Fit, que tiene unas ínfulas que jamás hubiera albergado la vieja Super Nintendo, que en su gloria esté.

Por medio de un par de jueguecitos chorras, ha llegado a la rápida conclusión de que me suelo tropezar por la calle, cosa que no hago a menos que lleve sandalias, y que tengo la edad física de un cuarentón. Bueno, no está mal. Aún recuerdo cuando su hermana menor puso mi agilidad mental en los ochenta tacos, pero ninguno de estos veredictos se puede tomar en serio, al menos en un primer momento. Aunque me tilde de inestable lo cierto es que en el juego de la cuerda floja suelo ser bueno, así que puede decirse que en el mundo de la Wii... todo es relativo. Nada de esto pasaba con la Super Nes, ahí solo había juegos de entretenimiento como el Super Mario y demás. Lo cierto es que en la Wii también está Mario y otros juegos de mera diversión, pero yo he preferido este potro de tortura más semejante a Terminator. Pero no me importa, además la báscula siempre está a mis pies (obviamente) y por ello ya puede irritarme con sus chirriditos que yo mantengo el orgullo bien alto y el centro de gravedad cada vez más centrado.

Si la Wii Fit me recuerda a mi prima Car y a Carli, el Wii Sports me recuerda de forma inevitable a cierta noche con Hopewell y Nacho. Ya que en Pozuelo se ha impuesto la Ley Seca durante las fiestas, yo la impondría a la hora de jugar a la Wii, para evitar desperfectos. Y hoy he comprobado cómo el béisbol es un juego absolutamente incomprensible para mí, y no importa que nos machaquen con tantas películas o series como quieran, pese a ello he ganado dos partidas. Se ve que el juego está pensado para el público americano, porque el bowling es otra opción, hasta ahora la que mejor se me da.

Volviendo al Wii Fit, es curioso que me tilden de experto en el footing, algo de lo que no podría presumir a orillas del río. ¡No hay que ser pacatos respecto a las nuevas tecnologías! Para tener una clase de yoga es mejor pagarla, dirán los puristas, pero me sale más barato que me la de mi aséptica entrenadora personal, y por ahora no puede tener muchas quejas de mí. En fin. Veremos qué depara esta cosa, pero seguro que algo bueno, nada se pierde por echar treinta minutitos a la hucha de cerdo cada día, al menos los días que me encuentre aquí.

Lo cierto es que yo nunca estuve en contra de hacer deporte, pero no han sido buenas las circunstancias como para motivarme a ello salvo en casos contados. Prefiero este modo, primero porque no es algo obligado como lo era en el colegio; segundo, porque no hace nota media junto a otras asignaturas inútiles para mí como Religión o Matemáticas (aunque en Religión era bueno, doy fe); tercero, no tengo nadie con quien compararme ni nadie que me de la brasa y los únicos comentarios que recibo son de monigotes virtuales cuya opinión no tengo en mucha importancia. Y así da gusto.