domingo, junio 24, 2012
El tiempo fragmentario.
Ahora que han terminado ya las clases, y con nota mejor de la esperada, puedo decir que en algunos aspectos me gustan los apuntes de Literatura, no en las partes en las que se elevan a un nivel ya casi de pura pedantería, ni cuando se habla de que la vulva remite a la fuente (aunque al menos esa podría ser una metáfora gráfica que entendiera), pero con otras teorías sí estoy de acuerdo. En la novelística del siglo XX, hablando en concreto de la obra de Proust que terminé de leer este mismo año, el tiempo se presenta de forma fragmentaria, a base de retazos dispersos, pero la memoria es capaz de dar a ese conjunto una unidad, una especie de armonía espiritual (o algo así, tampoco pretendáis que en estos momentos vaya a recordarlo de seguido).
En todo caso, esa sensación me asalta cada vez que llega san Juan, a lo largo de los últimos cuatro años esta noche ha ido teniendo una serie de características similares, de tal modo que, cuando quiero recordar detalles de cada una, puedo saltar de un año para otro, hasta tal punto que todas se unen de modo más o menos armonioso. Sí que ha habido peculiaridades: antes los fuegos artificiales eran más espectaculares, ahora están recortados; antes la cita general era en el cocodrilo de madera, luego variamos por la rampa con su murete; el año que fui a ver La Oreja de Van Gogh, etc. Este año, gratamente, no ha habido recortes en cuanto al tiempo, pues ya no me quedan exámenes. Y el regalo, como no podía ser menos, ha sido El cuarto jinete. En otros años, yo mismo le dedicaba algún libro, pero, claro, en esta ocasión que lo haga el propio autor, ja, ja. Para otra cosa no habrán sacado dinero, pero al menos este año hay una Noche Zombi, en la que no estoy seguro que vaya a participar...
Hubo champagne, no champagne for everyone sino for me, pero brindé con todos, que había mucho que celebrar. Termina, así, un miniciclo de cuatro años en esta tradición. Para el que viene, aún hay incertidumbre pero, si hago el máster en Literatura, raro será que no me vuelva a pasar por allí si Juancho decide mantener el evento, al menos para la élite, ja, ja. Hasta en el día después de la gran noche los recuerdos se me hacen parecidos, aunque supongo que esto ya será por la poca originalidad de los informativos, que siempre sacan a los mismos tíos tirados en la arena de la playa mientras las máquinas de limpieza les van echando para otra parte...
jueves, junio 21, 2012
San Luis.
Hoy es San Luis Gonzaga y, aunque yo no he llegado a la canonización, hoy sí he alcanzado cierta beatitud, pese a dejar una, pura estrategia, para septiembre. En el primer año de carrera leí una serie de tratados de filosofía zen que me hicieron inmune a los embates que haya podido tener a posteriori, los cuales tampoco han sido tantos. También aprendí que los juicios previos hay que tomarlos con mucha cautela. Esta mañana fui a ver al profesor No pone más de siete y, más allá que superar esa marca, lo que más me alegró fue que me sonriera, me deseara feliz verano y, ¡al fin!, se despidiera de mí, tras tantos días sin hacerlo. Me daban ganas de ir gritando por el pasillo: ¡Es humano! Si alguien tan poco dado a la efusión sentimental y que me ha perdonado inventarme palabras, como tantas que me invento en este blog, me desea feliz verano, cabe pensar que el verano vaya a tener al menos una cierta dosis de felicidad.
Pues sí, ¿por qué no? Es más, hoy comenzó el verano, y hoy ya he sido feliz. Tras saber esa nota, me encontré con una persona que, aunque me provoca sentimientos encontrados, tiene una imagen, un aura, cuya visión casi siempre me provoca felicidad. Quizá ella forme parte de esta estación, tenida generalmente por frívola, por proclive a amores pasajeros, si bien llegar a la categoría de amores ya es aventurar bastante.
Yo comienzo hoy las vacaciones. Respecto al examen de mañana, lo traslado porque, al ser el colofón de la carrera, me gustaría que estuviese al nivel de la misma, no como mero trámite que hacer con desgana. Además, no es desagradable pasarse una parte del verano viendo fotografías de todos los tiempos y leyendo algún cómic, todo lo contrario. Ahora vamos a terminar con junio, parece que todavía le quedan cosas por decir...
Pues sí, ¿por qué no? Es más, hoy comenzó el verano, y hoy ya he sido feliz. Tras saber esa nota, me encontré con una persona que, aunque me provoca sentimientos encontrados, tiene una imagen, un aura, cuya visión casi siempre me provoca felicidad. Quizá ella forme parte de esta estación, tenida generalmente por frívola, por proclive a amores pasajeros, si bien llegar a la categoría de amores ya es aventurar bastante.
Yo comienzo hoy las vacaciones. Respecto al examen de mañana, lo traslado porque, al ser el colofón de la carrera, me gustaría que estuviese al nivel de la misma, no como mero trámite que hacer con desgana. Además, no es desagradable pasarse una parte del verano viendo fotografías de todos los tiempos y leyendo algún cómic, todo lo contrario. Ahora vamos a terminar con junio, parece que todavía le quedan cosas por decir...
miércoles, junio 20, 2012
Casi el fin.
El lunes tuvo lugar el examen casi, casi de desenlace. Desde luego que merecía haber sido el último. Fue un examen épico, lastrado por la elefantiasis de nuestro profesor a la hora de escoger sus preguntas, y su puntualidad estilo Willy Fogg a la hora de contestarlas. De seis personas, tres simplemente lo firmaron para hacer acto de presencia, y las otras tres, las únicas que habíamos aprobado el anterior parcial, le dimos duro de diez a doce. El magister, estricto observador de normas y procedimientos por absurdos que sean, me hace ir mañana para mirar la nota en el tablón y, si acaso, revisarla. De todos modos, no será lo único que haga en la facultad.
Batirme con el último titán de la carrera me dejó bastante bajo mínimos, el lunes, también ayer aunque creo que en este caso se debió asimismo a los restos del catarrillo de primavera. Hoy me encuentro con la opción de leer, que no estudiar, las 260 caras del examen del viernes. Si yo, a lo largo de cinco años, me hubiera tomado la carrera de otro modo, me limitaría a mirar los conceptos básicos, lo más factible de caer, y aspiraría al aprobado. Pero, en fin, no es un modo glorioso de acabar, y la asignatura de Medios de Comunicación me gusta. La puedo estudiar aquí o en Madrid, con tiempo de sobra, calma, y aprendiendo por el gusto de aprender, que es lo que me trajo aquí, no el hecho de pasar los exámenes como trámites para que al final te den un titulito.
El tiempo dirá si me arrepiento; lo dudo, al menos en la carrera he planificado bien, a veces demasiado en serio. En cuanto sepa más resultados podré hacer un balance completo, entonces regresaré por aquí.
Batirme con el último titán de la carrera me dejó bastante bajo mínimos, el lunes, también ayer aunque creo que en este caso se debió asimismo a los restos del catarrillo de primavera. Hoy me encuentro con la opción de leer, que no estudiar, las 260 caras del examen del viernes. Si yo, a lo largo de cinco años, me hubiera tomado la carrera de otro modo, me limitaría a mirar los conceptos básicos, lo más factible de caer, y aspiraría al aprobado. Pero, en fin, no es un modo glorioso de acabar, y la asignatura de Medios de Comunicación me gusta. La puedo estudiar aquí o en Madrid, con tiempo de sobra, calma, y aprendiendo por el gusto de aprender, que es lo que me trajo aquí, no el hecho de pasar los exámenes como trámites para que al final te den un titulito.
El tiempo dirá si me arrepiento; lo dudo, al menos en la carrera he planificado bien, a veces demasiado en serio. En cuanto sepa más resultados podré hacer un balance completo, entonces regresaré por aquí.
sábado, junio 09, 2012
El sótano del saber.
Aunque no soy de ir al Corte Inglés a mirar libros, hoy me indigné al comprobar que habían cambiado la ubicación del departamento cultural (pelis, libros, discos, papelería) hasta el sótano 1, nada menos, ¡toda una cultura del subsuelo! Pensé, en principio, que era otro efecto colateral de la crisis, degradar la cultura hasta un lugar en el que, por lo general, solían terminar las promociones, los cajones donde rebuscar bragas por un par de euros y similar. No obstante, he de reconocer que en el inframundo el espacio es más holgado. Y, gracias a ello, nuestro centro comercial se ha permitido algo hasta ahora no visto, dedicar un espacio solo al cómic. Curiosa coincidencia, pues pronto tendré que examinarme de la asignatura de Medios de Comunicación, donde este género tiene bastante relevancia. Por desgracia, esta materia es la última y no gozaré de mucho tiempo para prepararla. Si no apruebo, tampoco es un drama, en verano hay mucho tiempo para leer cómics... Y no solo tebeos, también, en la estela de la FNAC, han sacado su pequeño rincón mitómano (o friki), con tazas o pendrives dedicados a Star Wars, etc. ¡Hay que modernizarse, aunque para ello haya que descender al nivel del garaje! Y, fijaos si habrán aumentado las secciones, que El cuarto jinete disponía de nueve ejemplares, tengo una foto que lo atestigua. Quizá a finales de mes queden ocho, creo que tengo algún regalo pendiente. Dedico esta breve entrada a mi colega Hall, cuando se cumplen seis años desde que coincidiéramos en el centro de Pozuelo. Y solo espero que no haya tenido que vender muchos cuadernillos de verano con la imagen del ratoncillo Geronimo Stilton...
viernes, junio 08, 2012
El imperio de los sinsexo.
Abandono mi retiro para colgar (si es que soy capaz de hacerlo) un enlace a un documental que me ha dejado, por una parte, estupefacto y, por otra, divertido. Ojalá muchas comedias actuales pudieran tener tanto humor, aunque no deja de ser un humor que guarda bastante amargura detrás. Gracias a mi amiga Clara por la recomendación.
El imperio de los sinsexo habla de cómo en Japón no es que no haya sexo, sino que se ha reconvertido por vías que, desde luego, poco tienen que ver con la vida en pareja. El género masculino no queda muy bien parado en esta experiencia, merced a tres hombres, a cual más tronado, cada uno en su terreno eso sí. Sorprende la sinceridad con la que hablan a cámara, algo que también sucede con las mujeres.
El peculiar antihéroe de esta historia es un tal Fumiyo, si no recuerdo mal, que, pese a tener novia (algo a lo que aspira infructuosamente otro protagonista), se mueve impulsado por la vagancia y el egoísmo para saciar sus apetitos. Es decir, eyacular sin esfuerzo y no preocuparse lo más mínimo por si su pareja tiene o no tiene placer. Por lo visto, en Japón las cabinas de los sex-shop no son cabinas, sino recintos con un sillón donde uno podría dormir y una enorme pantalla con la que deleitarse y usar el producto estrella: una vagina artificial cuyo spot constituye uno de los hitos más esperpénticos del documental. Vaya, ni que estuviera anunciado detergente el señor.
El guapo del grupo, que llega al final, también opta por la soledad, y va asimismo a habitáculos privados a dedicarse a su vicio solitario, que en su caso es... cantar en el karaoke. Cuando llega el otro japonés, que intentó curarse su complejo con un Lamborgini que no le sirvió para ligar, y que va a cafeterías en las que hay gatos sueltos para personas con falta de cariño, entonces compruebas que lo de Lost in translation se quedaba corto. Feministas absténgase de ver a un entusiasta comercial de muñecas de placer que aconseja abandonar las mujeres de verdad, porque las sucedáneas no se quejan, no hablan y permiten ser dobladas en posturas muy poco zen. No obstante, también habla alguna feminista, regente de una tienda erótica solo para mujeres insatisfechas, que de esas hay varias en el documental, y también allí hay sustitutos para el cunnilingus. Dice esta chica que los hombres de hoy son cómodos, que no se esfuerzan en seducir a las mujeres. Bueno, por lo que a mí respecta, en este curso, ya extinguido salvo los exámenes, he dedicado tiempo, esfuerzo y dinero a ese fin. De momento, sin grandes resultados, y si en los cuatro años anteriores no me he esforzado en demasía es porque ha sido esta carrera la que en verdad ha tenido que ser cortejada con todas mis fuerzas. Ya veremos qué depara el verano.
Pues algún antiguo alumno de Filología Hispánica ha estado en Japón trabajando, yo ahora mismo me lo pensaría... Ja, ja. De todos modos, el documental no es completo. Vale que en cincuenta minutos no da para mucho pero, ¿no se podría haber reflejado algún comportamiento por parte de personas LGTB? ¿O el tabú era muy grande?
En fin. Yo de momento voy a ver si me dan beca para hacer el máster del curso que viene. Que aquí en España puede que no tengamos crisis sexual, pero la económica va camino de lanzarnos a todos fuera del país...
sábado, mayo 19, 2012
La colmena.
A mi marido le gusta que use tanga: otra frase enigmática a través de la cual se ha llegado hasta mi blog, no se sabe si pronunciada por un hombre o una mujer. En todo caso, de regusto un tanto torrentiano y casposo. Hablando de esto, anoche se emitió una gala en la pública, donde unos cómicos pretendían levantarnos el ánimo aunque, en muchos casos, lo único que me levantaban eran sentimientos deprimentes. Ver al señor Barragán no va a ayudar a superar esta crisis, desde luego. Al menos el broche final lo puso Chiquito de la Calzada: Papárrr, papárrr, he visto a una pareja haciendo una guarrerida española... Menos afortunado, el día después del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, fue otro chiste sobre ese peazo maricón que va llevando a un pollo con una correa... Por cierto, no entendí su sentido, como suele suceder con los chistes de Chiquito. ¿Importa eso?
No obstante, ciertos temas que parecen zafios, escatológicos, pueden ser elevados a obra maestra. Echando la vista hacia atrás, tenemos La colmena, de Cela, donde la escatología atraviesa muchas secuencias y el propio epílogo. El premio Nobel tenía una obsesión anal considerable. No se olvide lo que dijo sobre Lorca: Yo no tengo nada contra los homosexuales, me limito a no tomar por el culo. O algo así. Claro, eso lo dijo ya en su período de decadencia, luego que se casó con esa tía que sigue pontificando desde las páginas de ABC o La razón, no recuerdo.
En La colmena alcanzó su punto álgido. Y, al leerla, he sentido con temor cómo algunas de las secuencias que describe comienzan a repetirse hoy en día. No tanto por la represión o la censura, pero sí por la miseria, que se abre paso como si estuviéramos en una posguerra encubierta. Y la falta de dinero lleva a tomar decisiones desesperadas. El sexo, en esta novela, no suele ser por amor, sino antes bien una mercancía de cambio. Y esto se repite ahora. A mí esta semana, por sorprendente que me resulte, me han ofrecido (de manera indirecta, eso sí), sexo por dinero. Algo en lo que yo no he caído nunca, al menos por el momento. A falta de trabajo, la gente comienza a ofrecer lo que tiene más a mano... Así que no sería raro que en algún momento surgiera una versión renovada de La colmena, una colmena con las celdillas cada vez más caras, y algunas desahuciadas, en la que, aunque ya no se puede fumar en los bares, los fumadores recurran de nuevo a liar cigarros a través de las colillas que les sobran a otros... ¿Arriba ese ánimo? No será gracias a galas patrocinadas por marcas de salchichas...
domingo, mayo 13, 2012
Cuatro semanas.
Seamos francos, todo tiene su límite. Incluso el reinado de Sasha Grey en el top five de mi blog, destronada, con buen criterio, por El cuarto jinete. Siempre es preferible que la gente venga a este espacio en busca de literatura, no de sexo. Aún así, me parto el culo leyendo las palabras de búsqueda con las que algunas personas llegan a este blog. Por ejemplo: imágenes de cochinos sexuares. Sí, sexuares, ja, ja, parece que se ha colado Chiquito de la Calzada.
No está mal un poco de humor en una semana inestable, que empezó de mala manera. Lunes y martes, justo antes de que esta ola de calor africano nos sorprendiera, estuve con catarro y muy bajo de fuerzas. Pasaba de copiar como un escriba, falté a algunas clases y, de momento, estoy teniendo ciertos problemas para recopilar apuntes. Hay personas que, a diferencia de mí, se muestran poco diligentes y olvidadizas cuando tienen que devolver el favor. Y yo, tras cinco años ayudando a la gente, creo que me puedo permitir faltar a pocas clases sin que ello suponga arriesgarme en los exámenes.
Siento una mezcla de cansancio acumulado e impaciencia. Todavía quedan cuatro semanas, aunque con un número de horas reducido. No me siento presionado para sacar todo en junio, cualquier obsesión en ese sentido es negativa. Suceda lo que suceda, en verano comenzaré a buscar salidas ante este fin de ciclo. En eso ya no hay vuelta atrás, por fortuna.
No está mal un poco de humor en una semana inestable, que empezó de mala manera. Lunes y martes, justo antes de que esta ola de calor africano nos sorprendiera, estuve con catarro y muy bajo de fuerzas. Pasaba de copiar como un escriba, falté a algunas clases y, de momento, estoy teniendo ciertos problemas para recopilar apuntes. Hay personas que, a diferencia de mí, se muestran poco diligentes y olvidadizas cuando tienen que devolver el favor. Y yo, tras cinco años ayudando a la gente, creo que me puedo permitir faltar a pocas clases sin que ello suponga arriesgarme en los exámenes.
Siento una mezcla de cansancio acumulado e impaciencia. Todavía quedan cuatro semanas, aunque con un número de horas reducido. No me siento presionado para sacar todo en junio, cualquier obsesión en ese sentido es negativa. Suceda lo que suceda, en verano comenzaré a buscar salidas ante este fin de ciclo. En eso ya no hay vuelta atrás, por fortuna.
domingo, abril 29, 2012
Presentación de El cuarto jinete en León.
Ha sido esta una semana de tiempo furibundo, cuyo culmen llegó durante la presentación de ayer, de catarros, incertidumbres y también alguna alegría, como haber aprobado mi primera asignatura de la tanda que quedan. La inspiración pudo llegarme al fin para presentar esta obra, ya reseñada, en León, durante la feria del libro. Pese a ser sábado, la feria quedó desierta por una tormenta que en cualquier momento pareció a punto de desintegrar la jaima en la que estábamos. Lo curioso es que llegó una vez se había terminado el espectáculo de guiñoles vecino, cuesta imaginarse una atmósfera tan terrorífica para un tablado de marionetas, en cambio no para una novela como la de Víctor. Esta vez me sentí mucho mejor que cuando tuve que presentar a ese hombre a quien conocía y del que no había leído nada. Espero que la carrera de esta novela solo haya hecho que empezar... Y por lo que se refiere a mi propia carrera, no ha hecho más que acabar... je, je. Un mes queda, mayo mayete, y mi gran problema para centrarme es, de hecho, pensar en qué voy a hacer después. No obstante, empiezo a tener claras ciertas ideas, y os iré informando por aquí, siempre a sabiendas de que este año no va a ser el más abultado en cuanto al blog pero, en fin, tampoco parece que vaya a ser el fin del mundo, pese a apocalípticas tormentas como la de ayer.
domingo, abril 22, 2012
Comercialidad y personalismo.
En este puente todavía puedo permitirme tiempo no solo para la pereza, sino también para la reflexión. A raíz de acontecimientos como la charla a la que asistí con Víctor en Madrid, la celebración mañana del Día del Libro o diversos consejos por parte de amigos dispares, me he planteado muy mucho qué direcciones seguir en mi próximo quehacer literario.
Por suerte, me gusta la variedad. Lo mismo escribo aquí, que un poema, o preparo una novela. Es en este último terreno, la narrativa, en el que me surgen más dudas. Ahora estoy haciendo el borrador de una novela. La considero una mezcla entre guión y novela, por su formato y porque fácil y económicamente podría ser llevada al cine. Ahora bien, eso no quiere decir que el tema sea comercial. No, es una novela más bien personal, como las anteriores, en la que plasmo asuntos poco cómodos para nadie y en la que el tema de la sexualidad, si no de forma gráfica (pues no me interesa), sí está presente en toda la atmósfera y las acciones que mueven a los personajes.
Creo que tras cinco novelas escritas en primer lugar pensando en mí como destinatario (incluyendo a esta que no está terminada), debiera ampliar un poco mis miras. Buscar un número mayor de lectores no necesariamente implica tratarlos como iletrados, o escribir algo que no pueda entusiasmar al autor. Combinando comercialidad y personalismo, lo iré pensando a medida que me surjan ideas, y alguna ya ha aparecido, al tiempo que continúo con la otra novela que, construida en mi cabeza, con dos escenarios y pocos personajes, no tardará mucho, a priori, en ver la luz. No corren buenos tiempos para nada, tampoco para la literatura, así que mejor será ir explorando nuevas vías de reinvención.
Y, para celebrar el Día del Libro, os dejo una foto de mi primera visita, muy provechosa, a la Biblioteca Nacional.
miércoles, abril 18, 2012
Consecuencias literarias.
Este viaje a Madrid ha sido muy productivo, aunque no estoy muy seguro de que vaya a poder contarlo aquí. A diferencia de en febrero, ahora hacía menos frío, pero lo hacía, puede que por eso haya cogido un virus que me ha convertido en un zombi lento, no zombi rápido, aunque espero que los efectos no pasen más allá de un constipadillo que me llevó a no ir a clase ayer por la tarde, para ir hoy y que no hubiera. ¡Pelillos a la mar! Al menos me podría haber unido al campeonato de Trivial de la facultad, para demostrar veteranía...
Gracias al menor frío (y a la falta de estudio), pude escribir un poco en el piso. Los cónclaves con escritores y gente creativa estimularon el continuar una novela que estoy escribiendo en borrador, por ahora. Esta no creo que la vaya colgando por aquí, podría colgarla en otros formatos, eso ya lo vería. Estuve escribiendo ayer en la cafetería, y ahora me gustaría seguir también pero, ejem, maldito virus... Pero, en fin, ¿qué serían de estos restos de carrera sin algún virus? Este me librará de ir a la espicha de mañana de mi facultad aunque, de todos modos, tampoco tenía plan para ir. Triste, pero verídico. Sea como fuere, me quedo con la espicha de Segundo, que fue lo bastante surrealista como para llenar cinco años.
Gracias al menor frío (y a la falta de estudio), pude escribir un poco en el piso. Los cónclaves con escritores y gente creativa estimularon el continuar una novela que estoy escribiendo en borrador, por ahora. Esta no creo que la vaya colgando por aquí, podría colgarla en otros formatos, eso ya lo vería. Estuve escribiendo ayer en la cafetería, y ahora me gustaría seguir también pero, ejem, maldito virus... Pero, en fin, ¿qué serían de estos restos de carrera sin algún virus? Este me librará de ir a la espicha de mañana de mi facultad aunque, de todos modos, tampoco tenía plan para ir. Triste, pero verídico. Sea como fuere, me quedo con la espicha de Segundo, que fue lo bastante surrealista como para llenar cinco años.
domingo, abril 15, 2012
EL CUARTO JINETE.
EL CUARTO JINETE.
15/4/12 (Trayecto Madrid-León).
Ayer asistí a un evento de mucho interés junto al autor del libro que pretendo reseñar, Víctor Blázquez. Era una mesa redonda (bueno, sin mesa) en la que una docena aproximada de escritores afectos o practicantes del género de terror debatieron sobre el propio concepto de este género, su futuro y, en especial, los grandes problemas que tiene cualquiera que quiera publicar literatura, ahí ya puedo sumarme. Me gusta el género de terror, siempre me gustó. Lo he leído, no lo he cultivado de manera específica aunque, ciertamente, algunos pasajes de mis escritos están inspirados por un ánimo pesadillesco.
Me es imposible hablar de forma objetiva acerca de la primera novela publicada, que no escrita, por uno de mis mejores amigos desde el colegio. Ya durante esos años nos pasábamos nuestros escritos, por mi parte menos pues siempre he sido algo perezosillo, excepto en raptos de inspiración como el que tengo en este tren. Ya en esos relatos primigenios se vislumbraba lo que es El cuarto jinete. Bajo la influencia de grandes maestros del horror, en especial Stephen King, del que Víctor me animó a leer muy buenos libros, nos llega una pesadilla que también bebe, por supuesto, de la tradición audiovisual. Es casi imposible hablar de zombis y no referirse a La noche de los muertos vivientes de Romero, pese a que la figura del muerto viviente hunde sus raíces en épocas muy pretéritas, como se comentó en alguna docta intervención ayer.
En esa película de los años 60 se habló de un mensaje de calado social, a merced del contexto, como podía verse en su célebre desenlace. Siguiendo esa línea, podría deducirse que la actual oleada, por no usar lo de moda, de zombis, se entiende en un contexto de crisis global. Podría ser y podría no ser. No veo que, para dar pátina cultural a un género, sea necesario el dotarle de un mensaje social. La consideración de los géneros llamados menores ha variado a lo largo de los tiempos, como he podido estudiar en este último curso de carrera. Eso debiera considerarlo quien se acerque al terror con prejuicios de antemano.
Entrando en el libro, creo que, más allá de un mensaje, lo que contiene es una historia de supervivencia, y eso nos afecta a todos. Estoy siendo subjetivo, pero de modo objetivo diré que la novela me ha gustado, me ha cautivado desde que entré a saco en la acción en otro viaje de tren, el de llegada, y dos días después estaba terminada. Víctor (paso de decir lo de el autor, me siento raro) ha sabido crear un crescendo a lo largo de las trescientas páginas, de manera que el primer tercio es como un acto introductorio, con una notable presencia del narrador, que al principio consideré narrador testigo aunque luego comprobé que no era así. Este narrador usa la segunda persona del plural, rara avis, dirigiéndose directamente hacia nosotros, nos lleva a través del pueblo de Castle Hill como si fuera un escenario de cine. Un poco a la manera de El diablo cojuelo, levantamos los tejados de las casas para ver los vicios ocultos de esta pequeña comunidad, que ni se sitúa ni existe pero representa lo que más o menos entendemos por pequeño pueblo (interior) de los Estados Unidos. Con todo, perfectamente podría ser un pueblo español, con sus hipocresías y sus extremos, no pueden faltar ni una iglesia ni un (encubierto) burdel.
Una vez visto el escenario y los candidatos a superviviente, entramos de lleno en el conflicto. De hecho, la expresión zombi, que cualquiera esperaría pronto, tarda en llegar. Pero, en fin, ya nos habríamos hecho a la idea con la portada, ¿verdad? Por fortuna yo no he tenido que enfrentarme a una situación como la que se describe, ni de lejos, pero resulta interesante ver cómo evolucionan los contendientes de esta carrera. Pues carrera es, carrera por la vida. Francamente, a mí nunca me gustó mucho correr, así que, si no fuera por astucia o por suerte, sería comida para zombis pronto. En El cuarto jinete no hay darwinismo. No sobrevive el que mejor se adapta, ni el más apto. Hay toda una serie de factores: la solidaridad de los demás, la insolidaridad o traición de estos mismos, la suerte o incluso la mala suerte de quedarse encerrado en algún lugar, o la intervención providencial de un ejército al que, no obstante, tampoco conviene acercarse demasiado, con toda su retórica de bajas colaterales y demás parafernalia.
Creo que en esta historia hay heroísmo, pero no hay un héroe que sobresalga sobre los demás. Y, si el lector creyera encontrarlo, convendría no perderle de vista en lo sucesivo para ver si responde a esas expectativas. Sí hay evoluciones de personajes. Me conmovió sobre todo la del cínico periodista Mark, que acaba exponiéndose a una misión suicida para rescatar a una niña que ni siquiera es su hija, pero por la que siente un súbito sentimiento paternal. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de lo mismo? No es fácil de responder.
El terror, se decía ayer asimismo, es ante todo un sentimiento interior. Lo que mueve historias como esta es la inminencia de la tragedia. Cámbiense los zombis por una catástrofe natural, por la guerra, el hambre o la miseria, y se tendrá también a un grupo de humanos enfrentados a los dilemas más cruciales en el menor de los tiempos. En ese sentido, el terror no es solo dar sustos.
Concluyo. No quiero acabar con la paciencia de los lectores ni del propio autor, je, je. Además, acaban de servirme un zumo y, como diría Mark, es jodidamente difícil estar a las teclas y al zumo en este espacio. Os recomiendo El cuarto jinete y, de hecho, yo todavía tengo muchos cumpleaños y posibles citas para regalarlo, aunque habrá quien se asuste de la portada… Creo que este será el primero de una fructífera serie de libros, por parte de alguien que ha mamado la literatura y ha cogido su primer lápiz para inventar historias desde una edad casi prescolar, como en mi caso. Y me enorgullezco de haberle acompañado en este viaje, y mucho más porque se haya acordado de mí en los agradecimientos de esta su novela. Os aseguro que no me ha subvencionado para que le haga propaganda, ja, ja, y, si con toda sinceridad, os recomiendo esta novela es porque, de las pocas verdades absolutas que podemos asumir en este mundo, creo que una es que la literatura está para disfrutarla.
lunes, abril 09, 2012
El nabo (con perdón) que no dejaba ver el bosque.
Así pues, no se entiende tanta literatura acerca del miembro viril del protagonista que apenas se balancea unos segundos al comienzo de la película. Quien solo vaya a ver eso, podrá salirse pronto. Visto en detalle (no penséis mal) y, más allá de la broma de George Clooney en los Globos de Oro, resulta una señora polla, sin llegar a falo pero quizá en proceso, adecuada a la estatura y el porte del actor que la luce, un actor por otra parte cuya desnudez más intensa en este papel no se limita al plano físico. En fin, creo que estamos pocos acostumbrados a ver penes en pantalla, de lo contrario no se explicaría la polvareda.
Resulta del todo natural que un soltero se pasee en pelotas por su apartamento de Nueva York, y el principal conflicto de la película es la pérdida de intimidad que provoca la llegada de su un tanto desequilibrada hermana, un verdadero incordio para el desfile de prostitutas, ligues ocasionales, webcam, simples pajas de a pié y demás, porque el personaje es un adicto al sexo, término moderno para lo que habitualmente se conoce como más salido que el pito de un botijo. No es de tener relaciones estables. No le culpo por ello, yo tampoco, pues la estabilidad no puede encontrarse a cualquier precio. No obstante, cuando parece sentir algo más por una compañera de trabajo, es precisamente en el terreno sexual donde el asunto no funciona.
Eso sí, resulta un personaje más positivo que su jefe, un patético ligón que engaña tanto a su mujer como a sus hijos. En el caso de Brandon, no tiene más lazos que los de su hermana, y, antes que intentar comprenderla, prefiere sumergirse en un torbellino de sordidez en el que descubrimos que su heterosexualidad tiene licencias y que, como diría algún obispo, busca el infierno. Pero el infierno, como yo mismo considero, es sobre todo un estado interior, el que este ejecutivo, sin problemas de crisis económica, se crea sin encontrar asideros para salir. La película tiene una estructura totalmente cíclica, acabando como comienza, posible signo de un círculo más que vicioso del que se sugiere no va a ser fácil salir.
En fin, muy recomendable, no dejéis que los comentarios lúbricos oculten el bosque de la trascendencia.
sábado, abril 07, 2012
Balance semanal.
Ciertamente que estuve pensando en pasar en Madrid estos días centrales de Semana Santa, porque en los últimos años ya me cansaban lo que, se supone, son las fiestas grandes de León, por así decirlo. Pero, en fin, la capital se vacía bastante así que no se si tiene mucho sentido ir allí, a menos que uno quiera desconectar de forma tajante.
En algo hemos mejorado. Yo el año pasado estaba bastante indispuesto, de modo que no salí, a ningún sitio ni a ninguna hora, miércoles, jueves y viernes. Tampoco el tiempo invitaba a hacerlo, pues cayeron unas trombas de mayor calado que las que también han aparecido en este año. Eso sí, lo de ahora tiene muy mala leche, y hace desconfiar de la providencia divina, pues yo no recuerdo que de enero a marzo hayan caído más que algunas gotas dispersas. Quien no tiene fe, o quien quiere dar argumentos ajenos a la fe, valora la Semana Santa en virtud al turismo, que no obstante también habrá sufrido pérdidas ante la suspensión de bastantes procesiones y las terracitas abandonadas a la intemperie.
Lástima que parte de ese turismo se limite a ser turismo etílico, como en la noche del Jueves Santo, un remedo de lo que pasa en Cataluña pero sin playa. En ninguna otra noche me preguntan tantas direcciones. ¿Dónde está la catedral? Pues si no se sabe ya eso... ja, ja.
De todos modos, yo salí pero evité toda ruta relacionada con el Genarín, que ni siquiera se si salió en cuerpo y monigote. Opté por algo más alternativo, con mi prima Espe y sus colegas, para ya a ciertas horas de la mañana volver a lo mainstream, a la plaza mayor con los soportales abarrotados. Como el sentido común, y las neuronas que aún me hacen falta para aprobar lo que queda de carrera, me desaconsejan salir dos días seguidos, ayer tocó descansar y hoy habrá que despedir la semana antes de las verdaderas vacaciones para mí.
En algo hemos mejorado. Yo el año pasado estaba bastante indispuesto, de modo que no salí, a ningún sitio ni a ninguna hora, miércoles, jueves y viernes. Tampoco el tiempo invitaba a hacerlo, pues cayeron unas trombas de mayor calado que las que también han aparecido en este año. Eso sí, lo de ahora tiene muy mala leche, y hace desconfiar de la providencia divina, pues yo no recuerdo que de enero a marzo hayan caído más que algunas gotas dispersas. Quien no tiene fe, o quien quiere dar argumentos ajenos a la fe, valora la Semana Santa en virtud al turismo, que no obstante también habrá sufrido pérdidas ante la suspensión de bastantes procesiones y las terracitas abandonadas a la intemperie.
Lástima que parte de ese turismo se limite a ser turismo etílico, como en la noche del Jueves Santo, un remedo de lo que pasa en Cataluña pero sin playa. En ninguna otra noche me preguntan tantas direcciones. ¿Dónde está la catedral? Pues si no se sabe ya eso... ja, ja.
De todos modos, yo salí pero evité toda ruta relacionada con el Genarín, que ni siquiera se si salió en cuerpo y monigote. Opté por algo más alternativo, con mi prima Espe y sus colegas, para ya a ciertas horas de la mañana volver a lo mainstream, a la plaza mayor con los soportales abarrotados. Como el sentido común, y las neuronas que aún me hacen falta para aprobar lo que queda de carrera, me desaconsejan salir dos días seguidos, ayer tocó descansar y hoy habrá que despedir la semana antes de las verdaderas vacaciones para mí.
miércoles, abril 04, 2012
Las apariencias.
Cuando quedan un par de meses para terminar la carrera (y en el presente solo resta un número reducido de clases), uno puede reflexionar con mayor distancia sobre los aciertos y desaciertos cometidos a lo largo de la misma. Por lo general, siempre traté de respetar las opiniones ajenas, pero siempre contrastándolas con las surgidas de mi propia experiencia. Es lo que me ha sucedido, por ejemplo, con las opiniones acerca de profesores.
A ninguno de estos llegué a poner cuernos y rabo. No me gustan las visiones maniqueas pero sí me gusta estar prevenido. En ciertos casos, la valoración de la vox populi acertó e incluso se quedó corta; en otros, ciertas exageraciones o ciertos resentimientos personales la enturbiaron. Son cosas a tener en cuenta el día de mañana, pues al fin y al cabo las posibilidades de que yo mismo me convierta en profesor no son pequeñas. Y, al margen de las amenazas preventivas, algunos leones no resultaron tan fieros como los habían retratado.
Sirva la parrafada para expresar mi sorpresa cuando en el parcial de Literatura, cuyo profesor ostentaba la leyenda urbana de que nunca ponía una nota de más de siete, yo superé ese listón, sin tampoco llegar al resultado de otras materias. No me enorgullezco, lo cierto es que estudié para aprobar, simplemente, ante toda esa rumorología, y quería asegurarme tanto el aprobado que al final he llegado más lejos. No cabe duda de que ese profesor es de la vieja escuela. Y cree en la cultura del esfuerzo. Yo, que no suelo albergar ideas muy conservadoras, sí considero que un poco más de esfuerzo no vendría mal, eso sí que contribuiría a levantar el país, y no precisamente los recortes en becas... (a ver si no tengo que sufrirlos en mis carnes).
Así pues, me cundieron las tres semanas, no íntegras, en las que preparé el examen, que por otra parte no fueron monacales sino que me permitieron seguir quedando con mis amigos y con gente a la que quiero, o estoy en proceso de querer, je,je; me he quitado un gran peso para junio. Con cansancio acumulado me despido, espero descansar este fin de semana aunque haya quien tenga la absurda pretensión de que la ciudad estos días deba convertirse en una suerte de sucedáneo del turismo etílico, sin playa...
A ninguno de estos llegué a poner cuernos y rabo. No me gustan las visiones maniqueas pero sí me gusta estar prevenido. En ciertos casos, la valoración de la vox populi acertó e incluso se quedó corta; en otros, ciertas exageraciones o ciertos resentimientos personales la enturbiaron. Son cosas a tener en cuenta el día de mañana, pues al fin y al cabo las posibilidades de que yo mismo me convierta en profesor no son pequeñas. Y, al margen de las amenazas preventivas, algunos leones no resultaron tan fieros como los habían retratado.
Sirva la parrafada para expresar mi sorpresa cuando en el parcial de Literatura, cuyo profesor ostentaba la leyenda urbana de que nunca ponía una nota de más de siete, yo superé ese listón, sin tampoco llegar al resultado de otras materias. No me enorgullezco, lo cierto es que estudié para aprobar, simplemente, ante toda esa rumorología, y quería asegurarme tanto el aprobado que al final he llegado más lejos. No cabe duda de que ese profesor es de la vieja escuela. Y cree en la cultura del esfuerzo. Yo, que no suelo albergar ideas muy conservadoras, sí considero que un poco más de esfuerzo no vendría mal, eso sí que contribuiría a levantar el país, y no precisamente los recortes en becas... (a ver si no tengo que sufrirlos en mis carnes).
Así pues, me cundieron las tres semanas, no íntegras, en las que preparé el examen, que por otra parte no fueron monacales sino que me permitieron seguir quedando con mis amigos y con gente a la que quiero, o estoy en proceso de querer, je,je; me he quitado un gran peso para junio. Con cansancio acumulado me despido, espero descansar este fin de semana aunque haya quien tenga la absurda pretensión de que la ciudad estos días deba convertirse en una suerte de sucedáneo del turismo etílico, sin playa...
sábado, marzo 31, 2012
El mes baldío.
Baldío me refiero en cuanto al blog, porque en cuanto a otros aspectos se borraría la tendenciosa visión previa que algunos tienen acerca de los estudiantes, claro que a mí de estudiante universitario ya me va quedando poco. No obstante, podría haberlo sido más, no hay que descartar algún mes con rosco absoluto en el número de entradas. Lo peor de todo es que todavía he sido incapaz de hacerme una buena foto con la novela El cuarto jinete, cosa que haré, por supuesto, este blog tiene que dejar constancia de que soy uno de los pocos leoneses (¿o el único?) que ha logrado comprarla en esta ciudad. Y, cuando la lea, actividad prevista para Madrid pues así me será dedicada por el propio autor, ya os haré un análisis exhaustivo, pero sin desvelar nada importante, claro, je, je.
No es que no tenga más cosas que poner, es que se me han quitado las ganas de escribir, incluso con teclas. Creo que ciertos profesores debieran modernizarse en cuanto a sus clases, porque esta semana me ha llegado a doler el brazo de coger apuntes, pero para dos meses no me planteo llevar un portátil para escribir, en todo caso tendría que ser uno en versión reducida. El martes santo será eso, santo, para mí, si el resultado del examen, previsto para esa jornada, es positivo. Y, si no, da igual, abril es un mes con pocos días lectivos así que espero pasarme más por aquí.
No es que no tenga más cosas que poner, es que se me han quitado las ganas de escribir, incluso con teclas. Creo que ciertos profesores debieran modernizarse en cuanto a sus clases, porque esta semana me ha llegado a doler el brazo de coger apuntes, pero para dos meses no me planteo llevar un portátil para escribir, en todo caso tendría que ser uno en versión reducida. El martes santo será eso, santo, para mí, si el resultado del examen, previsto para esa jornada, es positivo. Y, si no, da igual, abril es un mes con pocos días lectivos así que espero pasarme más por aquí.
viernes, marzo 23, 2012
Regreso.
Tengo una duda no existencial. Querría saber si mi profesor de Literatura tiene esa actitud poco complaciente por naturaleza o solo es una pose para distanciarse de los alumnos. La semana pasada me quedé solo con él en clase y me dio la impresión de que ganaba en distancias cortas, claro que, pese a estar yo solo, se dirigía a mí en segunda persona del plural como si lo hiciera ante un auditorio.
En todo caso, creo que es mejor como ensayista, de ahí que esos apuntes que nos está dando sean, cómo lo diría, poco prácticos al menos respecto a ciertos autores. Decía que la gente no preparaba el examen y luego cogía los conceptos con alfileres, pero con alfileres tuve que recogerme yo los párpados para poder aguantar ayer el repaso de todos esos conceptos difusos y abstractos. Y luego resumir varios folios en media hora... Ja, ja. De todos modos, el examen está para aprobar, aunque sea con cinco. De lo contrario, estaría dispuesto a llevarme la asignatura de Erasmus, de paseo o a donde sea necesario. Si tengo que ir con todo el tocho a junio, solo me quedará exclamar, como Max Estrella: ¡Estoy mascando ortigas! ¡Me muero de rabia!
Por cierto, para próximos parciales o totales de importancia, debería convenir en apagar internet o al menos las redes sociales. Pueden ser un fuerte vehículo ya no de distracción, sino un caballo de Troya para que las preocupaciones personales entren donde solo debiera haber sitio para las intelectuales.
En fin, dejaré este tema hasta que vea la nota. Esta tarde me relajaré yendo a comprar (si es que ha llegado a provincias) la novela de mi gran amigo Víctor Blázquez, El cuarto jinete. Os invito a que hagáis lo mismo.
En todo caso, creo que es mejor como ensayista, de ahí que esos apuntes que nos está dando sean, cómo lo diría, poco prácticos al menos respecto a ciertos autores. Decía que la gente no preparaba el examen y luego cogía los conceptos con alfileres, pero con alfileres tuve que recogerme yo los párpados para poder aguantar ayer el repaso de todos esos conceptos difusos y abstractos. Y luego resumir varios folios en media hora... Ja, ja. De todos modos, el examen está para aprobar, aunque sea con cinco. De lo contrario, estaría dispuesto a llevarme la asignatura de Erasmus, de paseo o a donde sea necesario. Si tengo que ir con todo el tocho a junio, solo me quedará exclamar, como Max Estrella: ¡Estoy mascando ortigas! ¡Me muero de rabia!
Por cierto, para próximos parciales o totales de importancia, debería convenir en apagar internet o al menos las redes sociales. Pueden ser un fuerte vehículo ya no de distracción, sino un caballo de Troya para que las preocupaciones personales entren donde solo debiera haber sitio para las intelectuales.
En fin, dejaré este tema hasta que vea la nota. Esta tarde me relajaré yendo a comprar (si es que ha llegado a provincias) la novela de mi gran amigo Víctor Blázquez, El cuarto jinete. Os invito a que hagáis lo mismo.
sábado, marzo 03, 2012
Pobres griegos.
Con todo, el verdadero despropósito fílmico fue el que vi ayer, Inmortales, de Tarsem Singh. ¿Por dónde empezar? Decía que pobres griegos porque su cultura clásica queda masacrada en este filme, como también lo fue en la reciente Furia de titanes. Habrá que ver cómo sale su continuación, Ira de titanes. Al menos en esta habrá cíclopes, que siempre es algo digno de considerar. En la película de Tarsem se da una macedonia indigesta de dioses, héroes y humanos de a pie. El héroe es Teseo, pero del Teseo clásico solo queda un enfrentamiento con el Minotauro, que en realidad es un tío grande con una máscara en forma de cabeza de toro.
Del mismo modo, el villano es un rey que lleva un casco con forma de tenaza de cangrejo. Semejante guisa la soporta Mickey Rourke, que debiera escoger mejor sus papeles tras la nominación al Oscar. Habría mucho que hablar sobre el vestuario. Imaginativo, sí, pero para mi gusto llegando al ridículo en varios casos. La diseñadora sí que ganó un Oscar por el Drácula de Coppola pero, aquí, llega al absurdo al menos en dos puntos: uno en que las sacerdotisas llevan burkas coronados por una especie de pantalla de lámpara y, en especial, todo lo relacionado con el Olimpo. Casi imposible diferenciar entre los dioses: todos son jóvenes, imberbes y llevan minifalda, incluidos Zeus y Poseidón. Si acaso, muestran sus atributos propios a través de unas diademas que portan. Atenea tiene rasgos de Afrodita y, pese al título, parece que no son tan inmortales porque mueren y además sangran, a borbotones. Todo un disparate sin pies ni, sobre todo, cabeza, dado todas las que vuelan a lo largo de la historia.
Sin duda mi momento favorito llega al final, cuando se despierta a los titanes y resulta que estos se parecen a los masillas de los Power Rangers, si bien moviéndose más rápidos. El desenlace amenaza con una segunda parte, espero que no sea así, el director tiene gustos eclécticos y al parecer prolíficos, pues cuatro meses después de esta nos va a llegar una versión suya de Blancanieves, menos sangrienta, imagino, pero a saber qué hace con los enanitos... Lo peor es que me temo que este fin de semana no tendré tiempo para compensar con películas buenas. Ya no solo por el interminable examen que preparo, sino porque el lunes tengo un controlcito, que al menos ostenta el original nombre de seminario o puesta en común. Los mismos perros... No me puedo quejar, no obstante, creo que este será el primer y último mes completo de lo que resta de carrera, y de ello os hablaré en otra ocasión si hay tiempo.
miércoles, febrero 29, 2012
Simpatía por el demonio.
No debería estar escribiendo esto, y el mes que viene no esperéis muchos escritos, sin embargo es que no puedo dejar de darle vueltas al argumento de la película Mientras duermes, la cual mereció más suerte en los Goya, pero no respecto al guión, desde luego. Cada vez me parece que hace aguas por más partes. ¿Y por qué? Bueno, la principal razón yo pienso que es su simpatía por el protagonista, por el villano que se hace amo de la función frente a sus víctimas, que son tan planas y tan tontas que poca compasión despiertan. Se nota que querían que el malvado saliera indemne por cualquier precio, por increíble que pareciera.
Y no es que sea una mala película, pero no un thriller realista, desde luego,de eso tiene poco. ¿En realidad hay mujeres tan confiadas como la protagonista? Supongo que sí. Una chica guapa, que vive sola porque su novio está fuera, empieza a recibir mensajes y cartas anónimas de tono obsceno, cuando no amenazador. ¿Qué hace? ¿Se cambia de piso? No. ¿Pone una alarma o algo similar? Tampoco. Cabe pensar, al menos, que echará la llave a la puerta por las noches. ¡Increíble pero cierto, no! ¿Y por qué no, porque tiene la cabeza a pájaros? No, porque es necesario para que el relato del guionista avance. Por ello, el personaje de Luis Tosar puede entrar por las noches en su casa, dormirla y violarla.
¿Y por qué puede entrar? Porque, siendo el portero, tiene las llaves de todas las casas del bloque, cosa que yo no he visto jamás y, si la viera, me cuidaría de vigilar cómo fuera dicho portero. En la película, un viejo argentino con bastón empieza a sospechar de él, tarde y mal. La policía tampoco queda muy bien. En el personaje de la niña cotilla, o yo me equivoco o se confundió la cuenta de Tuenti por la cuenta de Twitter.Y, por muy dormida que estuviera la bella durmiente, me cuesta creer que día tras día no se diera cuenta de que alguien la había forzado durante sus sueños. Menos mal que su novio es un poco más cauto, ja, ja.
Pero, en fin, reconozco que cuesta hacer una historia de intriga en la que todas las piezas encajen, y yo mismo he cometido faltas de credibilidad en mis escritos. Ahora bien, casi habría que recomendar a Jaume Balagueró que volviese al terreno del terror puro, en el cual se perdona más ese tipo de faltas, donde los asesinos son siempre listos y además, por lo común, inmortales. Como en otras, esta película se beneficia del gran trabajo de Luis Tosar, que confiere tanto carisma a su personaje que, en verdad, sufrimos por él cuando parece que están a punto de pillarle. Un tipo totalmente asocial que solo encuentra consuelo haciendo sufrir a los demás, o escuchando cómo sufren. Suerte que la mayoría de mujeres no suelen ser tan ingenuas como su víctima, de lo contrario esto sería un continuo devenir de porteros violadores e hijos bastardos.
Y no es que sea una mala película, pero no un thriller realista, desde luego,de eso tiene poco. ¿En realidad hay mujeres tan confiadas como la protagonista? Supongo que sí. Una chica guapa, que vive sola porque su novio está fuera, empieza a recibir mensajes y cartas anónimas de tono obsceno, cuando no amenazador. ¿Qué hace? ¿Se cambia de piso? No. ¿Pone una alarma o algo similar? Tampoco. Cabe pensar, al menos, que echará la llave a la puerta por las noches. ¡Increíble pero cierto, no! ¿Y por qué no, porque tiene la cabeza a pájaros? No, porque es necesario para que el relato del guionista avance. Por ello, el personaje de Luis Tosar puede entrar por las noches en su casa, dormirla y violarla.
¿Y por qué puede entrar? Porque, siendo el portero, tiene las llaves de todas las casas del bloque, cosa que yo no he visto jamás y, si la viera, me cuidaría de vigilar cómo fuera dicho portero. En la película, un viejo argentino con bastón empieza a sospechar de él, tarde y mal. La policía tampoco queda muy bien. En el personaje de la niña cotilla, o yo me equivoco o se confundió la cuenta de Tuenti por la cuenta de Twitter.Y, por muy dormida que estuviera la bella durmiente, me cuesta creer que día tras día no se diera cuenta de que alguien la había forzado durante sus sueños. Menos mal que su novio es un poco más cauto, ja, ja.
Pero, en fin, reconozco que cuesta hacer una historia de intriga en la que todas las piezas encajen, y yo mismo he cometido faltas de credibilidad en mis escritos. Ahora bien, casi habría que recomendar a Jaume Balagueró que volviese al terreno del terror puro, en el cual se perdona más ese tipo de faltas, donde los asesinos son siempre listos y además, por lo común, inmortales. Como en otras, esta película se beneficia del gran trabajo de Luis Tosar, que confiere tanto carisma a su personaje que, en verdad, sufrimos por él cuando parece que están a punto de pillarle. Un tipo totalmente asocial que solo encuentra consuelo haciendo sufrir a los demás, o escuchando cómo sufren. Suerte que la mayoría de mujeres no suelen ser tan ingenuas como su víctima, de lo contrario esto sería un continuo devenir de porteros violadores e hijos bastardos.
domingo, febrero 26, 2012
Oscar nueche.
Aquí os escribe uno inmerso en una larga trayectoria de exámenes que no termina hasta el próximo 23 de marzo. Con todo, me puedo permitir caprichos. Mañana, salvando una hora prescindible (al menos eso espero) podré ir a clase de cuatro a seis, de cara a comentar un par de artículos que albergan numerosas pajas mentales, algo en lo que quizá me favorezca la falta de sueño. ¿Por qué la gente se romperá tanto la cabeza para hablar de la tele, la radio o el cine?
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
Hablando de cine, al menos mientras disponga de Canal Plus puedo continuar la tradición de la noche de Oscars en compañía de Mr. Corn, todo un señor maíz que puede hacerse duro de mascar aunque no tanto como otras compañías al fin y al cabo. He visto pocas de las películas nominadas, pero no me pierdo el regreso de Billy Cristal, qué le vamos a hacer, uno es nostálgico. Con los deberes hechos y el ánimo por ahora despejado, veremos qué depara esta nueva edición, la última (eso espero) enmarcada dentro de la carrera.
sábado, febrero 18, 2012
Madrid entre exámenes (y III).
En acabando con el relato madrileño, podré daros una primicia que durante el próximo mes iré desarrollando. Fui a Majadahonda a visitar el hogar del seguidor de este blog y bloguero a su vez Hopewell, álter ego de Víctor Blázquez, y pasé una buena velada en su compañía y en la de su mujer Cris, sus retoños Kike y Lucas, y sus, en sentido figurado, retoños perrunos, Lucas y Nina. Él me dio la magnífica noticia de que va a salir su primera novela publicada; no su primera escrita, pues tiene un largo camino a las espaldas ya desde nuestros tiempos escolares, sino la primera editada, por el sello Dolmen, llamada El cuarto jinete. A partir de marzo aparecerá en las mejores librerías y, si no, al menos en las mejores librerías especializadas en el género de zombis y similar. Yo, desde luego, cuando salga me abalanzaré hacia ella, y la usaré como recurso frecuente en cumpleaños y cualquier evento que implique tener un detalle. Os invito a hacer lo propio. Yo, conocedor de la prosa de mi amigo, os aseguro que no os arrepentiréis y que os costará dejarla una vez comenzada.
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
Bueno, vamos a concluir con el martes de la semana pasada, en el que fui a comer a un lugar ya algo prototípico de mis visitas, el mercado de San Antón; Clara fue quien me lo descubrió y también me acompañó en ese momento. Me dio por tomar un plato ligero y otro no tanto, claro que dentro del tapeo generalizado que rige ese lugar, ningún plato suele llenar en demasía. Así que, antes de la hamburguesa de pato con huevo de codorniz, degusté un almuerzo griego, con ensalada de sabor mediterráneo y una cerveza rubia llamada Mythos.
Un gesto de solidaridad con el pueblo griego, tan necesitado de ayuda, sombra de lo que fue el imperio helénico... En fin, luego tomamos café y té en una terraza de la plaza de Chueca, sin estufa, y veremos si la próxima vez es posible tomarlo incluso sin abrigo.
Terminaré con esto. Ayer fue el examen de Historia del Español II. No fue en treinta de junio, ni a las tres de la tarde, así que me salió mejor que el anterior, lo que no quita para que acabara con un dolor de cabeza que en parte continúa hoy. Pero este fin de semana voy a descansar, antes de que se avecine la gesta del año, el parcial de Lite antes de Semana Santa. Son los carnavales y no hay días festivos en clase, lo cual ha creado cierta confusión, entre profesores que no se enteran, alumnos que quieren suprimir horas, etc. No se si celebraré mucho esto, en todo caso me pareció curioso que, a pesar del cambio de alcalde, se haya mantenido el concurso de drag queens, un evento que no suele verse en León, y que me gustaría contemplar al menos en parte, claro que dudo que mis compañones vayan a tener algo de interés en el mismo... Quién sabe, ¡todo puede pasar en las Carnestolendas!
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