martes, agosto 30, 2016
Regreso al Naranco- El Cristo.
Ha sido un fin de semana no solo satisfactorio sino, además, imprevisto. A modo de recopilación, todos aquellos planes que había llevado a cabo durante este mes, en solitario, los he repetido acompañado y, además, en calidad de guía. Por otro lado, todo ha sido posible gracias a una serie de recursos que yo ya había abandonado y despreciado. Error. ¡Nunca se sabe dónde van a surgir las segundas oportunidades! El caso es que, además de regresar al Naranco, a las iglesias prerrománicas y a la pista finlandesa, ayer también fui bien guiado hasta la cumbre, al Cristo que al fin, antes de que el mes llegara a su conclusión, he podido ver y registrar.
El camino más directo hacia el monumento, como suele suceder, era el único que no había tomado la otra vez. Para regresar, eso sí, lo hicimos por la carretera, sin mayor percance pese a alguna cruz adornada con flores que descubrimos por el camino, lúgubre recordatorio de alguna pérdida en el mismo monte. La ruta de ida era plenamente agreste, montañera, y además se desviaba en algunas frágiles construcciones tipo Refugio o Lavadero, que alguien había organizado al estilo de oasis con sillas de plástico como un chill out en plena naturaleza. Por lo demás, rampas empinadas con las que hacía bastante que no me atrevía, pero mereció la pena cuando en lontananza pude ver nuestro objetivo de espaldas, junto con los inevitables coches de turistas veraniegos, al margen de que fuese lunes. La mayoría, posando en imitación de la postura del Cristo remedo del que hace poco fue símbolo de los Juegos Olímpicos de Brasil. Yo no, desde luego.
La excursión no solo me sirvió para descubrir el Cristo, también pude vislumbrar el inicio de otras rutas montañeras que (igual parcialmente, pues son más largas) podrían aprovecharse, además de un merendero estupendo para algún pic-nic con el que airear ideas de tesis. Por otro lado, aunque no hay ninguna cafetería o bar allá arriba, en el regreso paramos en una parrilla argentina, para refrescar la garganta con unas buenas vistas de la ciudad. Una jornada excelente, la de la víspera de la llegada de mi nueva compañera de piso. Ahora me siento preparado para poder ser yo mismo guía, para ella o para alguna otra persona de paso como la que conocí este fin de semana, hasta la cumbre del Naranco. Pero, a priori, prefiero no tener que repetir esta semana...
jueves, agosto 25, 2016
Procreaciones.
Hablaba el otro día del sexo posmoderno y no se me ocurre mejor película para representarlo que una reciente, que vi anoche, Theo y Hugo París 5.59. Creo recordar que la han traducido así, con este absurdo título que se diría sacado de una escaleta. El original en francés, más poético, decía Theo y Hugo en el mismo barco. ¿Qué barco? El del sida, al parecer. Uno del que es difícil bajarse. Para ilustrar esta historia de la generación Tinder/Grindr/Bender (este último rimaba mejor que Wapo), a los directores se les vino la inspiración y decidieron ser no-originales e incluir escenas de sexo explícito. Como si nadie hubiera hecho lo mismo en los últimos diez años. En ningún caso el hecho de introducir una secuencia en un cuarto oscuro de esta guisa, de cuarto de hora o poco más, intensifica la sensación buscada. Aburre y redunda. Yo la hubiera dejado en cinco. Igual es que querían espantar a público y críticos, o hacer un documental reducido sobre esos espacios a los que no todo el mundo puede y / o quiere entrar.
La tesis parece ser que del sexo anónimo se puede llegar al amor, en la misma noche y en cuestión de una hora y media, que es la duración de esta historia a tiempo real. El sentimentalismo, en el otro extremo de la deshumanización inicial, se termina antojando algo ridículo. Con todo, creo que es una de las mejores pelis de temática LGTB que he visto recientemente. En Francia saben moverse en ese género. Y, desde luego, no hay comparación posible con Blue is the Warmest Colour... No lo digo por el cariño que le guardo a esta peli tras mi TFM.
Complementé esa con un documental sobre la supuesta sobrepoblación del planeta. No lo hice de manera intencionada. Es cierto que algunos polemistas bragados, estilo Dragó y demás, creen que la homosexualidad sirve para equilibrar la demografía planetaria, idea un tanto peregrina pero que no era la tratada en la película. En realidad, se desmontan los mitos acerca de esta pretendida superpoblación. No es que seamos muchos, es que los recursos están mal repartidos. Parece obvio, pero conviene señalarlo. De hecho, la despoblación es un problema, ese sí, preocupante, no digamos ya aquí en Asturias y en otras regiones. Así se fue la noche, entre procreaciones y no-procreaciones, antes de volver a la tesis que, a fin de cuentas, se mueve en una onda similar.
La tesis parece ser que del sexo anónimo se puede llegar al amor, en la misma noche y en cuestión de una hora y media, que es la duración de esta historia a tiempo real. El sentimentalismo, en el otro extremo de la deshumanización inicial, se termina antojando algo ridículo. Con todo, creo que es una de las mejores pelis de temática LGTB que he visto recientemente. En Francia saben moverse en ese género. Y, desde luego, no hay comparación posible con Blue is the Warmest Colour... No lo digo por el cariño que le guardo a esta peli tras mi TFM.
Complementé esa con un documental sobre la supuesta sobrepoblación del planeta. No lo hice de manera intencionada. Es cierto que algunos polemistas bragados, estilo Dragó y demás, creen que la homosexualidad sirve para equilibrar la demografía planetaria, idea un tanto peregrina pero que no era la tratada en la película. En realidad, se desmontan los mitos acerca de esta pretendida superpoblación. No es que seamos muchos, es que los recursos están mal repartidos. Parece obvio, pero conviene señalarlo. De hecho, la despoblación es un problema, ese sí, preocupante, no digamos ya aquí en Asturias y en otras regiones. Así se fue la noche, entre procreaciones y no-procreaciones, antes de volver a la tesis que, a fin de cuentas, se mueve en una onda similar.
martes, agosto 23, 2016
Headache.
Creo que ya tengo guía sherpa para la excursión al Cristo. A menos que haya rajadas, claro. En relación a coronar otros montes, ayer vi un artículo interesante en el Diario de León sobre cómo la sexualidad de los hombres está evolucionando, seguro que habría suscitado el interés de Masters y Jhonson de seguir con vida. Estoy terminando la tercera temporada de la serie y en la temática abundan ahora las disfunciones sexuales, en especial referentes al varón, como la impotencia, en sus distintas variantes.
El artículo hablaba de la falta de deseo sexual, que solía atribuirse a las mujeres pero, ahora, lo de me duele la cabeza también se puede aplicar a los hombres. Los tópicos van variando y la sexualidad misma parece que se ralentiza con la irrupción de la tecnología. Porque, con todas las similitudes que han surgido entre el juego Pokemon Go y las diferentes aplicaciones para ligar, cabría preguntarse si no será más fácil buscar un pokémon perdido que una relación casual de efímeras consecuencias. El sexo está al alcance de un clic pero, claro, consumarlo sigue requiriendo de ciertas dosis de acción. Por lo que a mí respecta, una de las circunstancias más dañinas para lograr una intimidad física satisfactoria es el calor. Y todavía tengo que padecer la no se qué número de ola de calor actualmente... Imagino que por eso tendré dolor de cabeza, por eso y por las variaciones temporales de un día para otro.
El fin de semana que viene, por unos condicionantes u otros, albergo ciertas expectativas que, en mi estado actual, distarían mucho de cumplirse. Si así fuera, corramos el telón y pasemos a septiembre, un mes de comienzos, un mes que no siempre ha trascendido pero siempre me ha gustado.
El artículo hablaba de la falta de deseo sexual, que solía atribuirse a las mujeres pero, ahora, lo de me duele la cabeza también se puede aplicar a los hombres. Los tópicos van variando y la sexualidad misma parece que se ralentiza con la irrupción de la tecnología. Porque, con todas las similitudes que han surgido entre el juego Pokemon Go y las diferentes aplicaciones para ligar, cabría preguntarse si no será más fácil buscar un pokémon perdido que una relación casual de efímeras consecuencias. El sexo está al alcance de un clic pero, claro, consumarlo sigue requiriendo de ciertas dosis de acción. Por lo que a mí respecta, una de las circunstancias más dañinas para lograr una intimidad física satisfactoria es el calor. Y todavía tengo que padecer la no se qué número de ola de calor actualmente... Imagino que por eso tendré dolor de cabeza, por eso y por las variaciones temporales de un día para otro.
El fin de semana que viene, por unos condicionantes u otros, albergo ciertas expectativas que, en mi estado actual, distarían mucho de cumplirse. Si así fuera, corramos el telón y pasemos a septiembre, un mes de comienzos, un mes que no siempre ha trascendido pero siempre me ha gustado.
lunes, agosto 15, 2016
Naranco.
El hecho de llevar un tiempo viviendo aquí no significa, en absoluto, que haya visto todo lo que me gustaría en la ciudad y alrededores. Ya el mes pasado intenté engañar a mi visitante para subir al Cristo que corona el monte Naranco, pero pasó. Hizo bien, ya lo creo. Desde mi sofá la estatua se ve pequeñita, casi al alcance de la mano, pero subirse allí arriba a pie tiene cierta tela. De haberlo hecho (si hubiésemos llegado), no doy un duro por tomar una copa luego a la noche en el Antiguo. Me gustan los planes conjuntos, cierto, pero no estoy dispuesto a rehuir una oportunidad que me tiente si puedo aprovecharla por mi cuenta. Es por ello que, en estos días tontos y demasiado calurosos para lo que se estila en esta zona, me he puesto a completar la tríada del Naranco. Tríada que, en mi optimismo, llegué a pensar que se podría concluir en una sola jornada.
Bueno, veamos, desde luego que se podría haber llevado a cabo en un solo día, pero el de ayer, por la tarde, sí lo dediqué a actividades sociales, aunque caseras: ver Viernes 13, partes 2 y 3, por eso de que pegan mucho ahora los campamentos veraniegos junto a un lago. Campamentos que, eso sí, nunca llegan a inaugurarse. Así pues, solo disponía de la mañana y, al margen de lo que diga mi directora, no fui nada organizado, por lo que perdí algo de tiempo. Subí hasta la ruta del Prerrománico, como se puede comprobar en estas fotos, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Estos dos monumentos estaban bien señalizados, desde luego. Para subir al Cristo (Monumento al Sagrado Corazón me pareció ver en el Google), no me informé bien de antemano. Eso sí, iba por buen camino; más que camino, una carretera que, en festivo, estaba bastante transitada y malrrollera para excursionistas de a pie, estrechándose a trozos y en otros un poco al borde del abismo, algo que nunca me ha agradado pese a nuestra experiencia desde la infancia triscando como cabras.
¿Llegué al Cristo? No. La carretera, además de sinuosa, da un importante rodeo, así que me quedé a medio camino, digamos. Para otra vez, con dos etapas, bocata y demás, seguramente lo consiga. Tal vez como el último puntal de agosto, antes de abandonar mi vida monástica aquí. También pasé por la pista finlandesa pero, como no había señalización alguna, me perdí la entrada y regresé esta mañana. Las fotos de arriba y abajo las saqué allí. No es tan larga como creía pero, dado que tardo media hora en llegar allí y otra media en completarla, no parece mal sustituto al aire libre del gimnasio que me acaban de cerrar.
En todo caso, ha sido mi primera aproximación a unos lugares que, seguramente, podré disfrutar en más ocasiones y estaciones. El monte siempre me ha ofrecido un efecto balsámico y, para un doctorado, en este caso resulta una herramienta excelente para airear ideas oxidadas y desenclaustrar cuerpos.
domingo, agosto 07, 2016
Epílogo freak / Masters of Sex.
Llegó agosto, camaradas del blog, y eso significa que no estamos ante un mes muy productivo. O sí, según cómo se mire. Esta semana ha sido una de las que más, si no la que más, compromisos sociales he tenido del año. No obstante, la tesis avanza. Una lectura detallada y crítica de la bibliografía, incluyendo caritas burlonas dibujadas en los márgenes de los libros cuando hay algo que me produce hilaridad para bien o para mal, es algo tan relevante como cuando comienzas a escribir. No es que la mía sea una investigación científica del tipo de Masters and Jhonson pero bueno...
Además de tomar tapas e ir a la piscina, esta semana he ido avanzando en una de las actividades más recomendadas cuando este termómetro parece congelarse (irónicamente) ad infinitum en los 37 grados: recuperar series que quería ver desde hacía bastante. Es el caso de Masters of Sex. Pero, oiga, ¿es esto ocio? No lo veo así, la pareja de investigadores antes mencionados aparecen en mis fuentes y no descarto citarlos de forma directa o utilizar la propia serie como base. La primera temporada, que acabo de terminar, ha satisfecho mis expectativas, a sabiendas de que no podía esperar un Juego de Tronos o similar. Machismo, homofobia, prejuicios... Todos los temas que estoy tratando se ven reflejados allí. Siempre me interesó la investigación sexológica (que también es un área de autoconocimiento) aunque no sea el campo principal de mi tesis. No descarto que, si en verdad consigo establecerme con un trabajo lo bastante remunerado, pueda seguir estudios en esa línea.
Pero, al tiempo, he acabado la primera temporada de una serie muy distinta, que se ha convertido en un fenómeno (previsible, claro está) del verano: Stranger Things. Es el epílogo freak perfecto para mis devaneos en las tres ferias weirds del último mes. Es que es tan friki, tanto, tanto, que parecen haber aplicado una fórmula matemática para alcanzar la mixtura perfecta y apelar a la nostalgia. De forma un tanto fría y calculada, eso es lo que no me gustó. Por lo demás, es el tipo de producto que yo mismo podría haber escrito (con variantes, posiblemente lo habría convertido en una aventura de los Abrasadores).
Voy a seguir con Masters, antes de que comience la cuarta temporada el mes que viene, y vuelva asimismo esa AHS que tantos buenos ratos nos dio el otoño pasado en Oviedo. Nada más por ahora. El organismo necesita descansar de estos días, así que mutis por el foro.
Además de tomar tapas e ir a la piscina, esta semana he ido avanzando en una de las actividades más recomendadas cuando este termómetro parece congelarse (irónicamente) ad infinitum en los 37 grados: recuperar series que quería ver desde hacía bastante. Es el caso de Masters of Sex. Pero, oiga, ¿es esto ocio? No lo veo así, la pareja de investigadores antes mencionados aparecen en mis fuentes y no descarto citarlos de forma directa o utilizar la propia serie como base. La primera temporada, que acabo de terminar, ha satisfecho mis expectativas, a sabiendas de que no podía esperar un Juego de Tronos o similar. Machismo, homofobia, prejuicios... Todos los temas que estoy tratando se ven reflejados allí. Siempre me interesó la investigación sexológica (que también es un área de autoconocimiento) aunque no sea el campo principal de mi tesis. No descarto que, si en verdad consigo establecerme con un trabajo lo bastante remunerado, pueda seguir estudios en esa línea.
Pero, al tiempo, he acabado la primera temporada de una serie muy distinta, que se ha convertido en un fenómeno (previsible, claro está) del verano: Stranger Things. Es el epílogo freak perfecto para mis devaneos en las tres ferias weirds del último mes. Es que es tan friki, tanto, tanto, que parecen haber aplicado una fórmula matemática para alcanzar la mixtura perfecta y apelar a la nostalgia. De forma un tanto fría y calculada, eso es lo que no me gustó. Por lo demás, es el tipo de producto que yo mismo podría haber escrito (con variantes, posiblemente lo habría convertido en una aventura de los Abrasadores).
Voy a seguir con Masters, antes de que comience la cuarta temporada el mes que viene, y vuelva asimismo esa AHS que tantos buenos ratos nos dio el otoño pasado en Oviedo. Nada más por ahora. El organismo necesita descansar de estos días, así que mutis por el foro.
domingo, julio 31, 2016
El ecuador del período monástico.
Aquí estoy, escribiendo un domingo por la mañana, un domingo no-veraniego de Oviedo en soledad y total calma, salvo el sonido de las palomas y poco más. Me encuentro a la mitad de mi estancia solitaria en el piso. En un mes llegará mi nueva compañera y, desde luego, no voy a juzgarla de antemano. Ahora mismo, con todo, la impresión monacal no deja de ser un recurso poético. Como ya he reseñado a lo largo del mes, he recibido visitas y también he hecho excursiones con amigos a Avilés y a Gijón, por no hablar de León, a donde me dirigiré de nuevo mañana. Hoy mismo, de hecho, conoceré un nuevo lugar y a una nueva persona en Oviedo, alguien con inquietudes creativas. Así pues, mi labor de monje se reduce a ciertos momentos, variados, en los que he seguido mis proyectos a buen ritmo, tal y como me recordaba mi directora en una tutoría que tuvimos el viernes en Avilés.
Ella me marcó el planning doctoral (o más bien me lo supervisó, que ya me había hecho yo algo a la idea) pero, en el terreno más creativo y literario, soy yo quien decide el camino a seguir. Ya he estado escribiendo este mes. Poesía, rara cosa, un recurso al que solo acudo cuando en verdad lo veo necesario y que este año resulta muy simbólico para mí. No obstante, también quiero levantar proyectos de más alcance, a priori. Transcurrido un mes con triplete friki, debo decir que no fui a esos eventos como un mero espectador, como un fan sin disfrazar pero marcando camisetas temáticas. No, también fui a buscar ideas e inspiración, que he encontrado. Ya tengo la idea de una novela netamente friki, de explotation, por así llamarla. Comercial, si se quiere, porque considero que se pueden alternar proyectos más limitados en cuanto a su ambición, como los versos que estoy reflejando en mi cuaderno, junto a otros a los que pueda ver más como divertimento y que quizá consigan llegar a un público específico, pero más extenso (o no, los caminos de la literatura son inescrutables).
Sea como fuere, se trata de un proyecto que se puede compatibilizar perfectamente con la tesis. Se puede y, quizá, se debe, porque el contraste que crearía con esta me sería muy útil como un método de escape y un complemento ideal. Eso sí, no faltarían en la novela elementos, no teóricos, exportados de los estudios de género, queer... Como creador no voy a dejar de reflejar estas nuevas sensibilidades que estoy tratando y que, a mi juicio, me han enriquecido como persona. En agosto, manos a la obra. Me pondré con otro cuaderno, del tipo de los que utiliza James Patterson según cuenta en sus clases magistrales (regalo online de Paco). Solo utilizo el boli para el esquema general, que no es poca cosa. Creía que este año no iba a surgir ninguna idea (a desarrollar) de novela. Por lo que respecta a las ideas no desarrolladas, siguen durmiendo el sueño de los justos hasta que alguien vaya a rescatarlas, quizá cuando yo mismo me rescate del doctorado. Así que, en fin, no son planes de playa y piscina, pero yo siempre detesté a la una y a la otra por lo que implican de monotonía (para un rato están bien). Feliz mes, y hagamos un responso final por mi gimnasio, el M3 (Maximiza tu Mecánica Muscular, eso son nombres y lo demás chorradas), que se ha visto obligado a cerrar sus puertas. Para una vez que consigo pasar más de un año en un gimnasio... El ejercicio ligero es útil para la creatividad, así que ya buscaré parques, montes o recursos similares donde seguir maximizándome, ejem.
Ella me marcó el planning doctoral (o más bien me lo supervisó, que ya me había hecho yo algo a la idea) pero, en el terreno más creativo y literario, soy yo quien decide el camino a seguir. Ya he estado escribiendo este mes. Poesía, rara cosa, un recurso al que solo acudo cuando en verdad lo veo necesario y que este año resulta muy simbólico para mí. No obstante, también quiero levantar proyectos de más alcance, a priori. Transcurrido un mes con triplete friki, debo decir que no fui a esos eventos como un mero espectador, como un fan sin disfrazar pero marcando camisetas temáticas. No, también fui a buscar ideas e inspiración, que he encontrado. Ya tengo la idea de una novela netamente friki, de explotation, por así llamarla. Comercial, si se quiere, porque considero que se pueden alternar proyectos más limitados en cuanto a su ambición, como los versos que estoy reflejando en mi cuaderno, junto a otros a los que pueda ver más como divertimento y que quizá consigan llegar a un público específico, pero más extenso (o no, los caminos de la literatura son inescrutables).
Sea como fuere, se trata de un proyecto que se puede compatibilizar perfectamente con la tesis. Se puede y, quizá, se debe, porque el contraste que crearía con esta me sería muy útil como un método de escape y un complemento ideal. Eso sí, no faltarían en la novela elementos, no teóricos, exportados de los estudios de género, queer... Como creador no voy a dejar de reflejar estas nuevas sensibilidades que estoy tratando y que, a mi juicio, me han enriquecido como persona. En agosto, manos a la obra. Me pondré con otro cuaderno, del tipo de los que utiliza James Patterson según cuenta en sus clases magistrales (regalo online de Paco). Solo utilizo el boli para el esquema general, que no es poca cosa. Creía que este año no iba a surgir ninguna idea (a desarrollar) de novela. Por lo que respecta a las ideas no desarrolladas, siguen durmiendo el sueño de los justos hasta que alguien vaya a rescatarlas, quizá cuando yo mismo me rescate del doctorado. Así que, en fin, no son planes de playa y piscina, pero yo siempre detesté a la una y a la otra por lo que implican de monotonía (para un rato están bien). Feliz mes, y hagamos un responso final por mi gimnasio, el M3 (Maximiza tu Mecánica Muscular, eso son nombres y lo demás chorradas), que se ha visto obligado a cerrar sus puertas. Para una vez que consigo pasar más de un año en un gimnasio... El ejercicio ligero es útil para la creatividad, así que ya buscaré parques, montes o recursos similares donde seguir maximizándome, ejem.
domingo, julio 24, 2016
Orgullo Friki Strikes Back.
En efecto, ya lo advertí, había posibilidad de un triplete freak en menos de un mes y así ha sucedido. Tanto el Metrópoli, cuya visita ya reseñé, como el Celsius de Avilés y el Level Up de León son festivales norteños jóvenes, cada uno dentro de sus peculiaridades y posibilidades; en todo caso, las tres estancias me resultaron bastante estimulantes y las de este fin de semana ya en buena compañía. El Celsius acentúa la parte literaria, yo compré un par de libros ilustrados por Martín para Paco y me llevé de recuerdo esa camiseta de Hulk (de la versión moderna de Hulk, a diferencia de la otra que tengo), la cual estrenaría al día siguiente en León. Arriba, mostrándola en plaza del Ayuntamiento de Avilés.
El Level Up, por otro lado, supuso un reencuentro con mi facultad de siempre, mi favorita, excelente marco para un evento de estas características. A fin de cuentas, creo que, en el campus, la mía siempre ha sido más asociada al ámbito creativo, bien representado en el festival. Y, también, hay una atmósfera bastante libre, de exaltación de la rareza, que hace no sorprenderse ni aunque te cruces con alguien travestido de Sailor Moon (o similar). Creo que el espíritu de Filosofía y Letras también concuerda bastante con la letra, valga la redundancia, de estas jornadas. Arriba, con Claudia y Nuria, que me acompañaron en la exploración del hall transformado del edificio. Abajo, los caballeros medievales. Ya son ganas, con el calor que hacía.
Quizá en un futuro próximo deba regresar, por temas de investigación relativos al doctorado, pero de momento ahí dejo una instantánea de la facul en todo su esplendor. También, el souvenir que en este caso me tocó en una de esas tómbolas que sortean chapas, llaveros, colgantes y demás. Supongo que ahora solo me queda asistir a la propia feria análoga de Oviedo, soy consciente de que existe pero nunca me ha pillado en la ciudad... Habrá que ver si en las próximas ediciones de estos eventos también me apunto, aunque el año que viene tampoco se presenta como para gastar tiempo mirando chapas. En todo caso, ahí queda este mes abierto y cerrado con un ciclo friki en diferentes escenarios y atesorando buenos recuerdos. Un poco de evasión inteligente que siempre será un complemento necesario para un proyecto que sigue su marcha sin interrupciones (y que así continúe).
domingo, julio 17, 2016
Penitencia.
Se acabó. Una vez termina la temporada de Juego de Tronos, se supera (positivamente, por suerte) el comité de seguimiento del doctorado y termina la temporada, esta noche, de Cuarto Milenio, puede decirse que el curso está finiquitado. ¿Hace falta algo más? Oh, sí, desde luego: alguna que otra ola de calor, sin que este año vaya a sufrir la que me tocaría sin remedio en el piso de Madrid. Incluso en Gijón le pegaba, aparte de la pátina de polvillo de la Semana Negra, ya una tradición el que se cuele por la garganta para resecarla más todavía.
Me cuesta venir a León cuando en Oviedo ha llegado a haber clima otoñal, pero aquí estoy. El comité de seguimiento, repito, muy bien. Para adelante y, una vez más, si no hay cataclismos se podrá terminar a tiempo. Bien está lo que bien acaba. Ahora toca tomar nuevo impulso, pese a que la temperatura no ayude. Ayer por la tarde salí tan solo a dar una vuelta, antes de pensarlo mejor y recluirme en casa. En todo caso, nos quejamos de vicio, siempre hay gente mucho más estoica en estos terrenos. Me crucé con una figura prototípica de la calle Ancha, un cura de aspecto preconciliar, al menos en la vestimenta; con la solana de más de treinta grados, el pío varón iba con la sotana calada hasta los huesos, de cuello a suelo, casi una sombra andante aunque bien le hubiera venido una sombra en sí. Si bien, desde luego, sí que tenía gafas de sol, la penitencia no llega a tanto. Me pregunto qué pensaría de la exhibición de carne a su alrededor, de tantos muslos más blancos que los míos, de los cachetes y la tan estigmatizada celulitis, mostrada sin complejo. Embutido en ese uniforme, en esa barrera contra las tentaciones del mundo, al menos escapaba a la media general de bastantes hombres alrededor, para los que el verano siempre es excusa para ser hortera. Yo no, desde luego. Prefiero sufrir un poco, aunque no como religioso, si acaso como esteta, y tapar lo que me gusta enseñar en privado. Esta tarde supongo que habrá que seguir practicando esta suerte de filosofía ornamental.
Me cuesta venir a León cuando en Oviedo ha llegado a haber clima otoñal, pero aquí estoy. El comité de seguimiento, repito, muy bien. Para adelante y, una vez más, si no hay cataclismos se podrá terminar a tiempo. Bien está lo que bien acaba. Ahora toca tomar nuevo impulso, pese a que la temperatura no ayude. Ayer por la tarde salí tan solo a dar una vuelta, antes de pensarlo mejor y recluirme en casa. En todo caso, nos quejamos de vicio, siempre hay gente mucho más estoica en estos terrenos. Me crucé con una figura prototípica de la calle Ancha, un cura de aspecto preconciliar, al menos en la vestimenta; con la solana de más de treinta grados, el pío varón iba con la sotana calada hasta los huesos, de cuello a suelo, casi una sombra andante aunque bien le hubiera venido una sombra en sí. Si bien, desde luego, sí que tenía gafas de sol, la penitencia no llega a tanto. Me pregunto qué pensaría de la exhibición de carne a su alrededor, de tantos muslos más blancos que los míos, de los cachetes y la tan estigmatizada celulitis, mostrada sin complejo. Embutido en ese uniforme, en esa barrera contra las tentaciones del mundo, al menos escapaba a la media general de bastantes hombres alrededor, para los que el verano siempre es excusa para ser hortera. Yo no, desde luego. Prefiero sufrir un poco, aunque no como religioso, si acaso como esteta, y tapar lo que me gusta enseñar en privado. Esta tarde supongo que habrá que seguir practicando esta suerte de filosofía ornamental.
miércoles, julio 13, 2016
La Nueva Calle de la Amargura.
El pasado fin de semana pude simultanear los papeles de anfitrión y descubridor a un tiempo. Ya puedo descubrir Oviedo a otras personas, y también redescubrir zonas, pero aún faltan otras por ser exploradas. En el podio de visitas, desde luego, quedarían Gascona y la Ruta de los Vinos, básicamente dos calles. Hay otras dos, que parecen una sola, las cuales podrían ser bautizadas como Nueva Calle de la Amargura, en correlato con la de León. Las calles Mon y Oscura (¿esta última no tiene ya un magnífico nombre en sí para encajar en ese calificativo?) no es que sean sinónimo de tristeza, de hecho son zona de jolgorio, más durante el curso que ahora en verano. En todo caso, algunas de sus características bien las pondrían en la misma senda que la inhóspita y también fiestera rúa del Barrio Húmedo.
Comenzamos la ruta por otra calle de menor fama, Martín Vigil, pero que posee asimismo lugares interesantes, no todos de hostelería (como la librería asociativa Cambalache), tomando una birra en la cervecería Cimmeria. Luego, visita cuasi obligada a ese lugar de expatriados que es la Competencia, ya en Gascona. En la parte humilde de este misma calle, ración y sidra en el chigre La Ruina. Con ese nombre parecería lo peor de lo peor, pero ya estuve allí en San Mateo con Jill y la decoración tiene un toque kistch muy peculiar, además de buena relación calidad/precio.
Hubo un breve merodeo por esa neo-calle amarga, sin parar demasiado. Poco personal, captadores que nos ofrecían copas de dudosa entidad y escasa receptividad a mi idea de visitar la Bat-Cueva, con sus bat-jarras y bat-chupitos. No engaña la denominación, el sitio es algo inhóspito, pero las bat-cañas acabarán cayendo, ya sea solo o en compañía. Tuvo que ser al día siguiente, una vez pagamos el tributo a la visita cultural viendo el Museo Arqueológico, cuando le sacamos más partido al casco antiguo.
Ya es hora de explicar a qué vienen estas fotos. Todas se sacaron en la plaza Trascorrales. Dado que las estatuas callejeras brotan cual champiñones en Oviedo, qué menos que inmortalizar esa burra (supongo que será burra porque hay un garito que se llama Tras la burra). Nos sentamos en la terraza de un pub llamado Serie B, bien decorado con afiches de películas de esa categoría. Luego nos movimos a la vuelta de la esquina. Aunque solo fuera para decir, propiamente, que había estado de copas, me arriesgué con un combinado barato de esos. No pareció sentar demasiado mal al día siguiente, cuando regresamos a la plaza para ver una exposición sobre Indalecio Prieto y por ello concluyo con el rostro de esta lozana pescadera, en ese mismo lugar. Disfruté mucho de la visita y espero que no sea la última este verano. Ahora toca afrontar el verdadero motivo de mi estancia aquí, con el comité de seguimiento de mañana. No lo he hecho tan mal como para que se me deniegue mi permanencia en el doctorado aunque, desde luego, si quiero terminar en tres años no va a ser tarea sencilla. Trabajaré el doble o el triple, si es necesario, pero no voy a renunciar a momentos de ocio como los que relato aquí. Sería contraproducente y desmotivador. De hecho, una excelente idea de cara a un buen desarrollo de la tesis sería seguir buscando lugares interesantes, que me gusten y de los que pueda quedar buen recuerdo durante mi estancia, más allá de mis inevitables momentos de clausura. Me impongo esta tarea a mí mismo, más allá de las que mañana me sugiera el tribunal.
domingo, julio 03, 2016
Try everything.
Termina una semana en la que he estado en tres ciudades y me he pasado de listo en dos o tres ocasiones. Sí, debo reconocerlo, porque ahora toca jornada de reflexión. La de la semana pasada para poco valió, así que, a mediados de año, más vale abrir un período para meditar qué se ha hecho hasta ahora y cómo, en la medida de lo posible, se puede mejorar. Errores ha habido y seguirá habiendo, lo de que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra no deja de ser un eufemismo. Se dice dos como pudiera decirse cien.
En todo caso, los errores retrasan pero no frenan. Hace poco volví a visionar la película de Disney Zootopia (o Zootópolis, no recuerdo cómo es la versión española), porque mi sobrino Marcelo la estaba viendo en el desayuno. En esta, la gacela Gazelle-Shakira canta el tema principal, llamado Try everything. Me llamó la atención porque habla de cómo se cometen los mismos errores una y otra vez, pero en un tono optimista y alegre. De hecho, la historia trata de deseos cumplidos por los que nadie daba un duro, como el de la conejita protagonista por ser oficial de policía. Todo debe ponerse en perspectiva, tal y como ya he señalado en este espacio: en esta semana, por ejemplo, la convivencia con mi compi de piso, una vez ya lo ha abandonado, o diversos eventos que han tenido lugar en estas fechas.
Por ahora, he decidido seguir tanto en este piso como en esta ciudad. Sigo pensando en que los mejores momentos de Oviedo (o Asturias en general) están por llegar. Quizá me equivoque en esto también, pero, si así es, probaré de nuevo, como dice la canción.
En todo caso, los errores retrasan pero no frenan. Hace poco volví a visionar la película de Disney Zootopia (o Zootópolis, no recuerdo cómo es la versión española), porque mi sobrino Marcelo la estaba viendo en el desayuno. En esta, la gacela Gazelle-Shakira canta el tema principal, llamado Try everything. Me llamó la atención porque habla de cómo se cometen los mismos errores una y otra vez, pero en un tono optimista y alegre. De hecho, la historia trata de deseos cumplidos por los que nadie daba un duro, como el de la conejita protagonista por ser oficial de policía. Todo debe ponerse en perspectiva, tal y como ya he señalado en este espacio: en esta semana, por ejemplo, la convivencia con mi compi de piso, una vez ya lo ha abandonado, o diversos eventos que han tenido lugar en estas fechas.
Por ahora, he decidido seguir tanto en este piso como en esta ciudad. Sigo pensando en que los mejores momentos de Oviedo (o Asturias en general) están por llegar. Quizá me equivoque en esto también, pero, si así es, probaré de nuevo, como dice la canción.
jueves, junio 30, 2016
Orgullo Friki, también.
De un Orgullo a otro. Y no es que sea el Día del Orgullo Friki (eso ya pasó), pero sin duda mucho de eso se ha podido ver en el festival Metrópoli de Gijón. Ya me había ambientado con el libro Orgulloso de ser friki, del Señor Buebo (como suena) y, como sea que no estoy seguro de si el próximo verano estaré en Asturias, debo aprovechar ahora para ver eventos en los que no he estado. En todo caso, me pregunto si habrá un Día del Orgullo Friki LGTBI. Seguro... Está todo inventado. Yo, que solo soy medio friki, sin llegar a la pata negra, desde luego que no hice cosplay, pero sí elegí una camiseta con mi superhéroe favorito, Hulk. La foto refleja mi versión customizada, vía cómic.
Primero, Expo Star Wars, con infinidad de piezas de todo tipo. El pabellón principal era, francamente, un sacacuartos con puestos de toda índole. Yo no caí en la trampa, tan solo me traje como recuerdo un imán para la nevera y un champiñón del Super Mario con la gorra de Luigi. Para que le de vidilla a la habitación... Vi disfraces de todo tipo: Pikachus, lolitas manga, guerreras con un hacha más grande que yo, un Darth Maul, aunque sobre todo me hizo gracia un tipo con una camiseta de la Mordor University. En contra de posibles tópicos, el sitio estaba repleto de chicos guapos y chicas guapas (no todos frikis, imagino). Cuando vi a uno que encajaba de sobra en la descripción de manual de friki (obesidad cuasi mórbida, chándal, gafas, mochila cutre), me hubiera tentado hacerle un homenaje allí mismo. Yo no llevaba un atuendo llamativo, pero me abordaron unos chavales que hacían una encuesta o similar para youtube. De cómics no tengo ni idea, aunque de cine algo manejo, así que desde luego que acerté quién es el director de The Avengers. No les pregunté en qué canal va a salir esto. Bueno, tampoco me importa demasiado.
No hay que descartar que en alguna edición posterior, de esta o cualquier otra feria, asista vestido de Edgar Allan Poe. Ahí sí que sería carne de selfie. De hecho, frente a la playa había una tienda que vendía un muñeco de Poe. No lo compré, en esta ocasión. Dos chorraditas en una tarde son suficientes, la tercera en una próxima visita. No me quedé al concierto de Mago de Oz (tampoco lo hice en la noche de San Juan), ye lo que tiene vivir en Oviedo, si se sale de fiesta por Gijón o se pilla el búho o el primer bus de la mañana. Tras el paréntesis freak (que, por cierto, continuará el próximo mes con el Celsius de Avilés y quizá el Level Up de León, en los que nunca he estado), no queda más remedio que comenzar julio organizándose. El tribunal de seguimiento se acerca. Que la Fuerza nos acompañe.
martes, junio 28, 2016
La edad de oro.
Ironías de la vida, la edad de oro de la selección nacional de fútbol coincidió con un momento en el que, lejos ya del entusiasmo adolescente que desplegábamos al ver los partidos de los años noventa, ni a mis amigos ni a mí nos movía demasiado el ardor a este respecto. Hablo del período 2008-2012, que también fue el tiempo, casualmente, de mi licenciatura. Y todavía existe una tercera coincidencia más, que viene muy bien en el día de hoy.
La asociación Diversidad León operó, más o menos, en aquel mismo lapso. Como tantos otros colectivos, salvo aquellos con una envidiable longevidad, su actividad llegó a su fin. Me puedo equivocar en muchas ocasiones, pero al menos de algo estaba más que seguro: el relevo llegaría para cubrir el ámbito del activismo LGTBI de la ciudad y/o de la provincia. En efecto, eso es algo que se ha podido comprobar tanto esta mañana como el fin de semana pasado. Y yo me alegro, aunque por diversas razones (la tesis en cabeza, como podréis suponer) me haya abstenido de participar. Tal y como señalé en este mismo espacio hace escaso tiempo, eso no significa que en el futuro no pueda colaborar con una o más asociaciones, o participar en sus eventos. Lo haga o no, en perspectiva estoy satisfecho (orgulloso diría, si no resultara tan evidente en la jornada de hoy) de haber aportado mi trabajo en la puesta en marcha y funcionamiento de dos organizaciones leonesas que guardaré en el recuerdo para siempre. Sobre todo, teniendo en cuenta que, con mi naturaleza de lobo estepario Stark, no soy dado a meterme en semejantes movidas. Pero, si llevé a cabo algunas excepciones, por algo sería...
Mi calidad de miembro en estos grupos me ayudó a crecer como persona y eso es algo que, desde otro punto de vista, también estoy llevando a cabo en el doctorado. Sí, no se si estaría bien reconocerlo en el comité de seguimiento, para la tesis me ayuda, sobre todo, como arma de auto-conocimiento. ¿Me ayudará también a encontrar curro? Hoy no es momento de dilucidarlo. ¡Feliz Orgullo y mucha Bi-sibilidad, mes amis!
miércoles, junio 22, 2016
El Tren de la Bruxa Constrictor.
Ni siquiera en pleno proceso de elaboración de la tesis doctoral, esta especie de rito iniciático (como se califica en el manual El doctorando organizado) sin necesidad de matar tigres ni clavarse lanzas, debe perderse el espíritu infantil. Y mucho menos en época de fiestas, es por eso que ayer acompañé a mi hermano y mi sobrino (el más obvio destinatario) a la feria de San Juan y San Pedro, aprovechando que habían venido de Suecia. Sorpresa, más obvia todavía: un calor inclemente, 34 grados que suponen la máxima que he visto yo este año. A priori la feria abría a las seis, aunque lo tomaban con calma, viendo que la gente aún no se animaba a pasear por allá. Así pues, otro clásico: los chiringuitos de las asociaciones de vecinos e inmigrantes. Un momento, ¿y la jaima moruna? Ya el año pasado no me pareció verla y en este tengo la impresión de que se ha esfumado por completo. ¿Será por eso que decían de que tomar el té a determinada temperatura daba cáncer de esófago? Sea como fuere, me fiaría más de un té de menta que de algunos de los mojitos que venden por esos lares. Optamos por un clásico, la sidra, ahí podéis verme escanciado y he preferido no subir las fotos con filtros de snapchat, un invento que hasta ahora no me ha servido para nada excepto para echar unas risas (que no es poco).
Sí, la verdad es que se han puesto de moda en la feria unos globos de formas totalmente inapropiadas, el mío no era el peor de todos, desde luego. Me lo dieron en la única atracción en la que me monté... El tren de la bruja. ¡Ya llovió desde la última vez! La bruja era bigotuda y se hacía acompañar de un arlequín diabólico que nos daba con un mazo (de plástico, algo de daño hacía), disparaba líquidos con una pistola, etc. Vaya, la atracción ha incorporado más elementos de los que yo recordaba, con su catálogo de tijeras gigantes, sierras y demás que, si no fuera porque estaban hechas en cartón, podrían recordarme a la saga Saw. Salimos indemnes de allí y, aunque era demasiado pronto como para que abriera la tómbola, sí que gané un par de premios en la máquina de ganchos, ese traga-euros, ¡y seguidos! Tras algún intento fallido, claro. Tarde lúdica y dulcemente regresiva, estampa de cómo voy alternando las fiestas con los últimos retazos al borrador de mi primer capítulo (borrador bastante avanzado, cabe decir; mi directora me aleccionó bien). Tal vez haga falta volver en una visita nocturna, que suelen tener mucho encanto. ¡Veremos si encaja en el planning!
martes, junio 21, 2016
Rainbows.
La semana pasada trajo numerosos arco-iris, tras la masacre de Orlando que ya comenté y, asimismo, como fenómeno natural, producto del lluvioso tiempo antes del verano, que comienza hoy. Para muestra, esta bella imagen que pude compartir con mi compi de piso, en nuestros últimos días de convivencia, desde el balcón de nuestra casa. Un memorial climatológico. No sería el único, al día siguiente descubrí otros arco-iris de carácter más artificial, como en mi primera excursión a Avilés, con motivo (aparte de visitar la ciudad) de asistir a una conferencia de mi directora de tesis en el contexto de un festival LGTB+ que ya me gustaría ver en una urbe más extensa como León.
El festival se celebra esta semana en el marco del Centro Niemeyer, al que se accede por este puente estilo arco-iris sobre la ría de Avilés. Este complejo cultural, que no había visto hasta entonces y por desgracia no coincidí en la performance de Amanda Coogan, se yergue como un escenario posapocalíptico en ese entorno industrial con inmensas grúas y llamas ondeantes en el horizonte. Tuve la extraordinaria suerte, como se puede comprobar en las fotos, de que mi visita tuviera lugar antes de que esas nubes descargaran en todo su esplendor, y debiera refugiarme en los soportales de la plaza mayor.
Como siempre o casi siempre me suele suceder, puede que me tirase una hora dando patadas buscando un sitio para comer (conté veinte mil pasos en la jornada, pero no pude superar el récord de París). Buscaba algo tan simple como un chino/bufé/wok, ya que la noche anterior había visto una peli sobre chinos gays en Londres que, por cierto, cumplía todos y cada uno de los tópicos asociados a la homosexualidad pero que también poseía un interesante discurso sobre la sexualidad como bufé oriental, que no desentona con mi personalidad. Por supuesto, basta buscar algo tan simple como un chino para no encontrarlo, por lo que tiré a apuesta ganada de antemano: La Competencia. Ya he visitado las franquicias de Gijón, Avilés y, acabáramos, Oviedo. Es posible que regrese pronto a tierras avilesinas, porque julio es un mes megafreak en Asturias. Primero, festival Metropoli hasta el 3 de julio en Gijón, y luego el Celsius en Avilés, al que en alguna edición acudió el amigo Víctor (por no hablar de la Semana Negra entre medias).Debo aprovechar, tal vez sea mi último verano en territorio astur. De momento, las fiestas en León, durante las cuales parece ser que la bandera arco-iris, de hecho, volverá al Ayuntamiento, si bien en mástil portátil. Cualquier avance, por tímido que sea, bienvenido, aunque yo ya no haya estado involucrado en su consecución.
martes, junio 14, 2016
Lo inenarrable.
Faltan palabras para expresarse en estos casos. Si no fuera por la confluencia de dos fenómenos tan acaparadores de atención como son el fútbol y la política, imagino que el atentado del pasado domingo hubiera tenido más repercusión, si bien tampoco es que haya pasado de puntillas por la actualidad. ¿Cómo podría? Pudiera haberle pasado a cualquiera, al margen de su orientación/opción sexual o como se quiera llamar. Podría haberme pasado a mí mismo, poco frecuentador de discotecas, catalogadas de ambiente o no, pero que hasta hace un par de años sí que solía visitar algún lugar por el estilo, con buenos recuerdos.
Podrán gustar más o menos, pero son espacios de libertad, que generan frustración y envidia en quienes no comparten los valores que significan. No elucubraré aquí sobre si ha sido obra de una sola persona o amparada por algún grupo terrorista, porque me trae sin cuidado. Lo que está fuera de toda duda es el carácter del acto, el odio al diferente que rezuma. ¿O no tan diferente? ¿Por qué no un odio a uno mismo? Lo último que leía era que los amigos del autor de la masacre le consideraban gay y que frecuentaba la propia discoteca en la que actuó. Me parecería de lo más lógico. La homofobia interiorizada es de las peores que hay. El padre de este sujeto decía que había visto a dos hombres besándose y eso le había enfadado. ¿Enfado o quizá frustración, por no atreverse a hacer él lo mismo en público?
Sí, posiblemente sintió asco, aunque no parece un argumento sólido como para liarse a tiros. A mí hay muchas cosas que me dan asco, sobre todo cuando se acerca esta temible estación del verano. Acabo de venir de un supermercado saturado, en el que moverse era someterse a pruebas olímpicas y abundaban pazguatos y gente vulgar y lamentable. ¿Y qué? Esa es la prueba de la convivencia. De eso he aprendido yo bastante este año y los problemas se solucionan de otra manera.
Pero, claro, hay ocasiones en las que el odio es demasiado fuerte y quienes se dejan invadir por este no tienen nada que perder. Tantos años luchando para obtener espacios en los que poder expresarse con libertad pero estos quedan lejos de convertirse en santuarios. La violencia avanza, es buena y mala señal. Cuanta más visibilidad, más violencia, porque la gente se ve acorralada en sus prejuicios y necesita defenderse, con puños o balas. En las ciudades en las que la visibilidad se queda muy corta, como las dos en las que yo vivo, desde luego que no suele haber muchas noticias de agresiones. En todo caso, no se puede volver atrás. No me he implicado activamente en grupos de concienciación LGTB+ desde hace algunos años, si bien mi tesis tiene un evidente carácter social (algo difícilmente explicable en el contexto de unas jornadas doctorales). Tal vez sea el momento adecuado de regresar, aunque sea con perfil bajo. No todo va a ser teoría.
Podrán gustar más o menos, pero son espacios de libertad, que generan frustración y envidia en quienes no comparten los valores que significan. No elucubraré aquí sobre si ha sido obra de una sola persona o amparada por algún grupo terrorista, porque me trae sin cuidado. Lo que está fuera de toda duda es el carácter del acto, el odio al diferente que rezuma. ¿O no tan diferente? ¿Por qué no un odio a uno mismo? Lo último que leía era que los amigos del autor de la masacre le consideraban gay y que frecuentaba la propia discoteca en la que actuó. Me parecería de lo más lógico. La homofobia interiorizada es de las peores que hay. El padre de este sujeto decía que había visto a dos hombres besándose y eso le había enfadado. ¿Enfado o quizá frustración, por no atreverse a hacer él lo mismo en público?
Sí, posiblemente sintió asco, aunque no parece un argumento sólido como para liarse a tiros. A mí hay muchas cosas que me dan asco, sobre todo cuando se acerca esta temible estación del verano. Acabo de venir de un supermercado saturado, en el que moverse era someterse a pruebas olímpicas y abundaban pazguatos y gente vulgar y lamentable. ¿Y qué? Esa es la prueba de la convivencia. De eso he aprendido yo bastante este año y los problemas se solucionan de otra manera.
Pero, claro, hay ocasiones en las que el odio es demasiado fuerte y quienes se dejan invadir por este no tienen nada que perder. Tantos años luchando para obtener espacios en los que poder expresarse con libertad pero estos quedan lejos de convertirse en santuarios. La violencia avanza, es buena y mala señal. Cuanta más visibilidad, más violencia, porque la gente se ve acorralada en sus prejuicios y necesita defenderse, con puños o balas. En las ciudades en las que la visibilidad se queda muy corta, como las dos en las que yo vivo, desde luego que no suele haber muchas noticias de agresiones. En todo caso, no se puede volver atrás. No me he implicado activamente en grupos de concienciación LGTB+ desde hace algunos años, si bien mi tesis tiene un evidente carácter social (algo difícilmente explicable en el contexto de unas jornadas doctorales). Tal vez sea el momento adecuado de regresar, aunque sea con perfil bajo. No todo va a ser teoría.
martes, junio 07, 2016
Libros paralelos.
Durante mi breve estancia en París, que realicé como un simple turista más, estuve en un hotel que, si no llegaba al gran lujo, se quedaba a las puertas. Mi permanencia allí fue como cliente, no como lavaplatos, a diferencia de las experiencias personales que relata George Orwell en Vagabundo en París y Londres, libro cuya lectura debo a la recomendación del buen amigo Oli, que no suele fallar en sus consejos. El relato de Orwell resulta un baño de humildad para cualquier escritor, sea célebre o desconocido: pese a las condiciones poco menos de esclavitud en las que vivió durante un tiempo, el autor al menos pudo sacar inspiración para escribir una obra que no ha perdido en intensidad y actualidad.
¡Ni tanto! Salvando las distancias, recordé un libro que leí la primavera pasada, acerca del joven español con premio fin de carrera que se dedica a fregar váteres (aunque no solo eso) en Londres. Comparando su experiencia con la de Orwell, ya podía darse con un canto en los piños. En todo caso, en una carambola posmoderna típica de los tiempos que corren, el libro de Sobradamente preparado... en realidad surgió a partir de un minúsculo tweet que se convirtió en viral. Orwell no hubiera soñado con esto, aunque en 1984 se acercó un tanto.
Con doctorado o no, a mí no me importaría lavar platos en el extranjero si hubiese que rascar de donde fuera, pero, viendo la evolución de este curso, no parece que vaya a ser necesario. Tan solo me gustaría adquirir algo más de experiencia dando clases de español, por eso de desarrollar la especialidad y tal... En todo caso, ya he comenzado la redacción en sí de la tesis, y por ahora va a un ritmo muy adecuado. Usaré la obra de Orwell como motivadora y, ejem, empoderante, si se me permite el palabro que se me ha pegado escribiendo mi investigación.
¡Ni tanto! Salvando las distancias, recordé un libro que leí la primavera pasada, acerca del joven español con premio fin de carrera que se dedica a fregar váteres (aunque no solo eso) en Londres. Comparando su experiencia con la de Orwell, ya podía darse con un canto en los piños. En todo caso, en una carambola posmoderna típica de los tiempos que corren, el libro de Sobradamente preparado... en realidad surgió a partir de un minúsculo tweet que se convirtió en viral. Orwell no hubiera soñado con esto, aunque en 1984 se acercó un tanto.
Con doctorado o no, a mí no me importaría lavar platos en el extranjero si hubiese que rascar de donde fuera, pero, viendo la evolución de este curso, no parece que vaya a ser necesario. Tan solo me gustaría adquirir algo más de experiencia dando clases de español, por eso de desarrollar la especialidad y tal... En todo caso, ya he comenzado la redacción en sí de la tesis, y por ahora va a un ritmo muy adecuado. Usaré la obra de Orwell como motivadora y, ejem, empoderante, si se me permite el palabro que se me ha pegado escribiendo mi investigación.
martes, mayo 31, 2016
La maldición erasmiana.
Vale que la última vez vine con una serie de buenas noticias. Pero, claro, en el doctorado sigue habiendo, y los habrá, despropósitos. El último viene de muy, muy lejos. No tanto, concedo. Desde octubre, pero, con lo intenso que ha sido el curso, ya pueden haber pasado varios eones. Yo ya imaginaba que habría terminado el plazo para la estancia internacional, pero no que pillara tan atrás. Las becas erasmus para los convenios finalizaron sobre los últimos días de octubre. A mediados de aquel mes, cuando yo había defendido la tesina, sin duda que vería la convocatoria por internet, pero no quise o no supe interpretarla. Estaba muy motivado por terminar la tesina, y me distraje, de forma más o menos voluntaria, con la cercanía de mi cumpleaños, con la decoración de calabazas y las temporadas nuevas y viejas de American Horror Story. Podría intentarlo para un cuarto curso, si no fuera por el hecho de que no quiero que dicho curso exista (de hecho, me lo tendrían que conceder).
La estancia internacional no es obligatoria, en ningún caso, pero sí enfáticamente recomendada. Así, yo pondré el énfasis en lo que considero básico: hacer una buena tesis, sin atender a comparaciones y obviando que el 85 por ciento o 90 de tesis se diga que acaban en cum laude. En todo caso, 300 ñapas en Inglaterra tampoco hubieran dado para mucho. Queda esperar a ver qué opina el comité de seguimiento acerca de mi pequeño lapsus. Conste que, ya de no haberlo hecho en la carrera, sí quería haberme agenciado el erasmus en el doctorado. ¡Será que está maldito!
No todo es negativo, eso sí. En vez de preocuparme por las eventualidades de una estancia fuera, podré centrarme en lo que tengo entre manos. En este mundo globalizado, ya no es tan necesario irse fuera para disponer de gran parte de las fuentes requeridas para la investigación. Una vez concluida esta, desde luego que el desplazamiento estaría mucho más justificado por motivos laborales, tal y como llevo sosteniendo aquí desde que decidí convertirme en doctorando. No ha sido el único error del curso, ni el más grave. En mis manos está compensarlo.
La estancia internacional no es obligatoria, en ningún caso, pero sí enfáticamente recomendada. Así, yo pondré el énfasis en lo que considero básico: hacer una buena tesis, sin atender a comparaciones y obviando que el 85 por ciento o 90 de tesis se diga que acaban en cum laude. En todo caso, 300 ñapas en Inglaterra tampoco hubieran dado para mucho. Queda esperar a ver qué opina el comité de seguimiento acerca de mi pequeño lapsus. Conste que, ya de no haberlo hecho en la carrera, sí quería haberme agenciado el erasmus en el doctorado. ¡Será que está maldito!
No todo es negativo, eso sí. En vez de preocuparme por las eventualidades de una estancia fuera, podré centrarme en lo que tengo entre manos. En este mundo globalizado, ya no es tan necesario irse fuera para disponer de gran parte de las fuentes requeridas para la investigación. Una vez concluida esta, desde luego que el desplazamiento estaría mucho más justificado por motivos laborales, tal y como llevo sosteniendo aquí desde que decidí convertirme en doctorando. No ha sido el único error del curso, ni el más grave. En mis manos está compensarlo.
domingo, mayo 29, 2016
El renacido.
Entre finales de abril y finales de mayo, el curso ha renacido, y yo con él: Research Matters, retomar el contacto con mi directora, el congreso, inicio de la tesis, calendario... No solo eso. Desde un punto de vista más personal, también ha habido motivos alentadores para mí: tensiones resueltas, reencuentros, próximos retornos, tiempos recobrados, lugares recobrados... En verdad que la primavera, finalmente, sí está haciendo honor a su nombre y está dando lugar a un renacer en ciertos campos. Tal y como la increíble chupa de agua que está cayendo mientras escribo, la lluvia se llevará los sentimientos negativos para dar paso a una nueva etapa que, en cierto modo, ya ha comenzado. Hoy no hay nada más que decir. Solo, en consecuencia con el inicio de esta semana, terminarla del mismo modo: manos a la obra.
jueves, mayo 26, 2016
Show Must Go On.
Una de las enseñanzas que se pueden sacar de este congreso (ha habido varias), y no necesariamente zen, es que un inicial despropósito es susceptible de tornarse en todo un acierto si se sabe manejar bien. De la cara de pasmo que se me quedó cuando dijeron que me habían incluido en un panel en inglés (aunque jamás me obligaron a exponer en este idioma), al resultado óptimo del lunes. En realidad, también hubo paneles mixtos. Ayer se produjo una graciosa situación, lost in translation, de una compañera que dio su ponencia en inglés, luego otra ponente argentina lo hizo en español y, en el turno de preguntas, esta preguntó a la primera en español y la otra contestó en inglés. ¡Menudo guirigay!
Exponer en este idioma era un reto que, antes o después, tenía que plantearme.Hubo varias personas que me felicitaron por considerarlo, de hecho, un reto, me dieron la enhorabuena por mi valentía, entre ellas mi directora, cual si hubiese ascendido al Aconcagua.
No era para tanto, pero, veamos. El contenido en sí, que era lo importante, lo llevaba bien estructurado y documentado. El power-point no me valió para nada porque el ratón petó. Gajes de la primera vez. Lo relevante fue que, pese a ser en un idioma no nativo, lo llevaba bien ensayado. No me pusieron atril (eso llegó luego) así que, en contra de mis deseos, lo hice sentado y, al menos, grabé el audio en el iPad. Recibí preguntas, a diferencia de en otras jornadas, y en estas ya lo pasé peor por no tenerlas previstas, pero, con cierto entusiasmo y las ideas claras acerca de lo que quería responder, salí airoso. La gran mayoría de las personas en este programa de doctorado son de Filología Inglesa, y creo que supieron disculparme al tratarse de alguien de Hispánica. Al basarse en la obra de la británica Jeanette Winterson, creo que tenía mucho más sentido hacerlo en su propio idioma.
Por lo que respecta al resto del congreso, y pese a que no asistí de forma íntegra, me resultó muy satisfactorio. Entre lo que no me perdí estuvo la entrevista a la artista irlandesa Amanda Coogan, cuya performance en el Niemeyer no vi porque estaba en León. Ayer, ponencias sobre una serie web de tipo lésbico canadiense, y sobre transexualidad (bueno, mejor dicho sobre drag queens). La guinda, inesperada y por ello me supo mejor, fue el recital poético de una joven creadora que tiene un poemario asimismo de sensibilidad lésbica, que espero leer pronto y posiblemente aprovechar. Lástima que no pudiera hacerle una pregunta, porque tenía que irme a currar. Por lo que respecta a otras preguntas, que debería haber planteado en inglés, no las supe estructurar bien y, por ello, me reafirmo en el error de no haberme apuntado al tándem o algún tipo de clases de conversación o intercambio.Nada que no se pueda arreglar el curso que viene. Todo fue tan british que incluso el avituallamiento vino en forma de té y pastitas... Bueno, imagino que tampoco iban a poner bollus preñaos. En suma, estoy contento y este fin de semana voy a comenzar la tesis en sí, aprovechando en buena parte material de la tesina y otros trabajos. El show solo acaba de empezar...
martes, mayo 17, 2016
Martes del Bollo.
¡Martes del Bollo! En verdad que algunas coincidencias parecen diseñadas por alguna malévola entidad que dirija nuestros azares. Martes de Campo o Martes del Bollo, o Fiesta de la Balesquida, tales denominaciones recibe la fiesta que se celebra hoy en Oviedo. En contra de lo que pensaba en un primer instante, no es una celebración en loor a la gula, sino que se remite al siglo XIII. Pero no voy a soltar el rollo histórico. Digamos que lo tradicional es salir a alguno de los espacios verdes de la ciudad para degustar el clásico bollu preñau con vino o sidra.
Como sea que tengo congreso el lunes, opté por apagar la fame en casa. No se de qué añada sería el vino, pero por un tiempo me permitió continuar con la ponencia. Si hablaba de coincidencias fue porque hoy también se celebra el Día contra la LGTB (y más) fobia. ¿Más bollos? Sí, desde luego, los que reflejo en el escrito que estoy preparando para el evento. Bollería elevada al cubo. Había una concentración delante del teatro Campoamor. Un puñado de gente, sobre el mismo número o quizá algo inferior que la última vez que dicho acto se celebró en León; con todo, personas concienciadas y, además, el día me estaba reservando otra sorpresa: un festival de cine LGTBIQ en Avilés, en el centro Neimeyer. Complementado, eso sí, con algunas charlas sobre la materia que serán impartidas por profesoras de mi programa. Mi directora está entre ellas y me encantaría ir a verla. Así que es posible que se avecine excursión, sin descartar pasarme a ver alguna de las pelis que exhibirán.
En definitiva, puedo decir que, aunque al principio me resultaba extraño este día festivo a destiempo, y pensé que tal vez me estorbaría en la preparación de mi ponencia, finalmente ha sido una jornada bastante bien aprovechada, andariega, que me ha abierto nuevas posibilidades y me ha hecho un poco más ovetense de adopción, regresando a muchos lugares de memoria reciente. Los espacios, tal y como escribí en mi ponencia, no suelen ser neutrales. Están cargados. Yo ya deambulo por lugares cargados en Oviedo, algunos de ellos me producen gran emotividad por pertenecer a la cartografía de mis memorias y sentimientos. Así, al menos, veo esta ciudad menos extraña. La hago un poco más mía. Como dice Jeanette Winterson en una entrevista que menciono en mi ponencia, las ciudades son entes vivos. No se si el curso que viene seguiré aquí o no, imagino que sí. En todo caso, no podré decir que no he almacenado ciertos momentos para el recuerdo, algunos de los cuales habéis podido ver reflejados aquí.
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