martes, mayo 10, 2011

Faculty of Arts.

Para facultad, la que tenemos en este país para traducir libremente. Si nos vamos al cine, eso daría para muchas entradas del blog. Un título como Ice Princess puede derivar a algo así como Soñando, soñando, triunfé patinando. Creo que ni siquiera los niños, o niñas, público potencial, estarían tentados de ir a ver una película con un título tan absurdo y largo.
Ahora, en la Universidad de León, han sacado unos cartelitos para indicar mejor los edificios del campus, lo cual me parece bien, y han añadido unos subtítulos en inglés, lo cual me parece mejor. Me preguntaba yo: ¿cómo habrán traducido Facultad de Filosofía y Letras (aunque de lo primero ya poco exista)? Pues, si la memoria no me falla, como Faculty of Arts. ¿Facultad de Artes? No me parece muy apropiado. Si todavía tuviéramos una verdadera Facultad de Bellas Artes... No obstante, yo puedo sentirme identificado, en el sentido de que siempre me he considerado más artista que filólogo. Para mí, ser artista es ser alguien creativo, para ello no hace falta ir a la universidad ni ganar dinero... Una de las cosas que más echo de menos respecto al curso pasado es que sus asignaturas me permitían ser más, hasta cierto punto, creativo.
Por lo que se refiere al presente, canalizo ese espíritu a través de este blog, de la poesía, y de esa novela que me gustaría continuar aunque estemos en una época poco propicia para esa misión. ¿Quién sabe? Eso depende de cómo nos organicemos... Si veis que no aparezco demasiado por aquí, suponed que estoy bajo las tareas de la Faculty of Arts, o enfangado en el lodo de Los cerdos.

viernes, mayo 06, 2011

Free Day.

Nada de día libre... A qué negarlo, no se si será un hecho verídico o una sensación entre física y psicológica, pero desde el fin de Semana Santa el viernes me resulta un día algo lamentable. A lo largo de la carrera ha gozado de diversa consideración. En Primero había que estar a las nueve de la mañana allí para Lingüísitica. En más de una ocasión me junté con alguna borrachina que volvía en el bus a reposar su etílica figura. ¡Vivo contraste! En Segundo y Tercero, a gusto del consumidor, asignaturas optativas y en general un viernes poco comprometido. En Cuarto... Ejem. No se quién estructuró el viernes. Quizá sería filólogo, en todo caso no ingeniero. ¿Dos horas seguidas de Gramática y, después, aquella asignatura en la que la falta de masificación me resulta más revulsiva? Ohú... Al menos los cursos sí los estructuraron bien. Si el presente, en vez de llamarse Cuarto se llamara Primero, posiblemente habría dejado a mucha gente en la cuneta, tal vez empezando por mí.
Claro que uno siempre puede entretenerse con la campaña electoral. El lunes realicé un comentario pragmático sobre un folleto del candidato del PP, un señor que todavía no ha tenido tiempo de meter la pata y que, para comenzar con buen pie, afirma en dicha propaganda que los leoneses somos gente abierta, inquieta, genuina y auténtica. El significado de los dos últimos adjetivos no lo entiendo demasiado bien. También dijo que pretendía que esta fuese una ciudad divertida, aunque el concepto de diversión no sea igual, como es obvio, para todos los ciudadanos. Hoy mismo hay un concierto gratuito, y van y protestan porque dicen que es propaganda electoral. Pero, ¿en qué quedamos? ¿No querían que esta ciudad tuviera sus ocios? A ver si hay que limitarse a los dos santos, Juan y Froilán...
Si el caché de los artistas es muy alto, igual hay que pensar en entretenimientos más baratos. ¿Un botellódromo? Eso nunca falla aunque, a falta de espacios habilitados, siempre tendremos el Genarín. Yo veo como idea menos descabellada el follódromo que proponía Carmen de Mairena en su campaña. El problema es que tendría que ser un follódromo muy discreto, porque en esta ciudad la discreción en algunas personas pasa de ser una precaución a convertirse en una paranoia teñida de aroma provinciano. Pero, en fin, algún uso se le podría sacar a tanto piso vacío, ¿no?
Yo hoy, ni conciertos ni mítines. Me he vuelto más de sábados. El viernes me conformo con deglutir algunas de las mayores sandeces que estos ojos hayan visto o que estos oídos hayan escuchado a lo largo de este curso al que por fortuna solo le quedan veinte días (¡contados! Y quizá alguna hora que le descuente).

miércoles, mayo 04, 2011

Misión cumplida, de momento.

No me refiero a lo de Bin Laden, sino que, tras casi un mes de espera, ha salido la nota del parcial de Gramática y me he topado con un ocho que no esperaba... Ah, bien empieza el florido mayo.
Respecto a lo de Bin Laden, me ha asaltado la idea de que deberían hacer una recreación fílmica que fuese dirigida, escrita y protagonizada por Sylvester Stallone. Sí, sí, entre una secuela de Los mercenarios y la quinta de Rambo. ¿Que está un poco viejo ya para esos trotes? Bueno, ¿y la magia del cine? Una historia así no puede desaprovecharse: tiene ecos de Far West, de James Bond, incluso de Saw (por eso de las torturas en Guantánamo) y, además, también permitiría lucir algo de músculo dramático. Con el asunto de una de las víctimas, una mujer utilizada como escudo humano, ¡qué buen monólogo escribiría Sylvester, para demostrar que no todo es repartir mamporros! Ya lo estoy viendo, recitando con una voz descompuesta (o, mejor dicho, la voz del doblador): ¡Tú no estabas allí! ¡Tú no tuviste que mirarle a los ojos...!
Si no nos ponemos muy fieles a la realidad, ¿no sería la misión cumbre de Rambo antes de jubilarse? ¿Qué son un puñado de militares birmanos? Buah... Puestos a deliberar sobre posibles proyectos fílmicos, por absurdos que estos suenen, yo apuesto por una nueva reunión de los fundadores del Planet Hollywood, ya no en cameo sino en un canto del cisne final a la caza, que no captura, de Bin Laden. ¿No es mejor un trío de action-heros antes que un grupo de soldados anónimos?
Por mi parte, solo me queda un asalto a la fortaleza gramatical, y para colmo es el primero, siete de junio, así que iré entrenando mi comando de neuronas, al que últimamente no maltrato en demasía.

lunes, mayo 02, 2011

De regentas.

Si no puedo hacer más largo, o más interesante, este primer post del mes, echadle la culpa a esa magna obra de nuestra literatura, llamada La Regenta. Es la segunda vez que la leo pero, a diferencia de la primera, esta es fruto de la obligación y debo completar su lectura aprisa y corriendo, por lo que en algunos pasajes farragosos se me hace detestable. Solo por esas circunstancias, conste, lo cierto es que tanto en una como en otra vez me he podido declarar devoto de esta novela, llena de grandes creaciones como esa expresión, rubia lúbrica, que espero poder aplicar a alguna persona sin que se sienta ofendida.
Este mes es cansino, porque no tiene ninguna fiesta y porque es mes de elecciones. Cuando se trata de elecciones generales, en marzo ya las hemos ventilado. No obstante, también hay aspectos positivos: es el último mes y no me han llamado para formar parte de ninguna mesa electoral. ¡Qué suerte! Cuando tuve que ser presidente de una de estas, me di cuenta de un par de cosas: que no tengo conciencia de barrio y que ese dicho de que en León nos conocemos todos no es más que una hipérbole. Se cumplirá, si acaso, en aquellos con tendencia a meter las narices en todo, como ciertos habitantes de la Vetusta de Clarín, que se basó en Oviedo y en la que he encontrado no pocos puntos de similitud con esta ciudad en la que habito, aunque quizá en las próximas elecciones ya no lo haga.
Cuando llegue el día sabré si quiero ir a votar, pero me cansa, solo hay dos grandes partidos y cada vez son más parecidos. Ya se acabó el tiempo de votar a los menos malos para que no salieran los otros. Además, ya veo el colegio de monjas cada vez que me asomo a la ventana, ¿es que también voy a tener que ir allí a votar, ja, ja? ¿Para qué? Poco hay que ver. Gente votando, luciéndose y haciendo corros, dando soluciones para la ciudad y preguntándose que por qué los jóvenes se van de esta moderna Vetusta, aunque algunos regresen por razones pragmáticas como es mi propio caso.
De todas maneras, lo de las elecciones me preocupa muy poco, no es algo que vaya a solucionarme la vida, en comparación con el trabajo diario. Me vuelvo con mi regenta, y regresaré cuando el ladrillo esté concluido, o a punto de concluir.

viernes, abril 29, 2011

¡Quién estuviera en Inglaterra!

Pozí. Allí, hoy, todos contentos. Con la boda real se ha declarado fiesta, tanto para quienes van a atenderla como para quienes han huido de ella. ¡Quién la pillara hoy! Llega mayo, y a los profes les entran las prisas. Hemos sufrido dos horas seguidas acerca del modo verbal, con una clase medio aletargada, y diversos catarrillos primaverales en el aire como el que yo mismo tengo.
Yo no soy muy aficionado a la monarquía británica, a diferencia de Hollywood, donde, quizá porque en Estados Unidos no hay reyes, siempre emocionan historias de ese calibre. De hecho, no entiendo muy bien para qué sirven las monarquías, aparte de los beneficios que aportan a toda clase de medios de comunicación. Curiosa ceremonia esta, que mezcla a un cantante homosexual (y marido) con embajadores de países en los que el cantante homosexual y el marido estarían colgando de un pino, si no fuera porque no crecen pinos en el desierto. La sangre azul, bla, bla... Todo anacronismos. ¿Una función representativa? A mí, por lo menos la española, no me representa. Parece que, por contrato, están obligados a hacer gala de la fe católica, o anglicana en el otro caso. Luego, en su intimidad, supongo que harán lo que les de la gana. Tienen que guardar las apariencias para seguir siendo jaleados por esos paisanetes ociosos, como los que llevan una semana acampados delante de la abadía de Westminster. De vez en cuando meten la gamba, como nuestra reina, pero por lo general se limitan a esa difusa amalgama de funciones, la mayoría de añejo sabor.
Como todo tiene una contrapartida, aunque esta gente tenga la vida ya solucionada, también tiene que aguantar a los mamarrachos de turno criticando todo lo que hacen: de qué modo visten, a dónde van y a dónde no van, etc. Aunque imagino que les importará muy poco, y cada vez menos. Por mi parte, os puedo asegurar que he seguido con escaso interés todo lo relativo a ese enlace. Más entretenido estoy con la Fotogramas. Para reyes, sigo prefiriendo los de Hollywood.

jueves, abril 28, 2011

Cargando... Modo Mayo 10.

Qué mal se acostumbra uno... Yo que pensaba que, por eso de que el primero de mayo cae en domingo y pitos y flautas, la fiesta se pasaba el lunes... Pues no. Dicho día me toca la única exposición del cuatrimestre, un comentario pragmático sobre un panfleto de propaganda política que nos introdujeron en el buzón cuando la campaña electoral aún caía muy lejos. Será interesante analizar el lenguaje tan encubierto y muchas veces hiperbólico que se emplea para este tipo de citas.
Así pues, del uno de mayo al tres de junio va a haber un período non stop, que dicho en nuestro idioma también podría significar período ya empiezo a estar hasta las pelotas de este cursito. Sea como fuere, a cargar las pilas en modo Mayo 10, que es solo un mes y, con todo, no voy a pasarlo encerrado, ahora que los chaparrones nos han dado un respiro. La lógica sugiere un período bimensual nefasto para los estudiantes pero, en viendo lo visto, la lógica ha sido prostituida muchas veces a lo largo de este curso, y es por ello que, sin renunciar al trabajo, sí renuncio a mi hábito de monje. No merece la pena. Solo dos asignaturas me preocupan: de una, estoy esperando a ver si me quito lastre para junio; de otra, veo como señal fatídica que sea tardona en el examen, a treinta de junio nada menos. Eso ya no es colindante con el verano, ¡es pleno verano!
Da igual, seguiré viniendo aquí cuando pueda, aunque solo sea por no perder el hábito de escribir al servicio de mi creatividad, y no al servicio de resumir bibliografía...

domingo, abril 24, 2011

De relax y otros textos.

Desde que llegué a León, he hecho muy pocas cosas productivas. Tengo motivos para ello y, de todos modos, creo que aún es posible recuperar el tiempo. Ni siquiera ayer, Día del Libro, tuve fuerzas para empezar uno que por otra parte ya he leído, La regenta, un buen libro pero difícil de atacar. Del comentario de texto pragmático para la semana próxima, mejor ni hablamos. Eso sí, descubrí por casualidad en la prensa un pequeño texto que, aunque no escogeré para el análisis, sería gracioso de llevar a clase para sacar los sobreentendidos que alberga. Es este:

PAPONES. Daros (sic) un buen masaje, la penitencia es tan grande que el relax va a ser igual de grande. Española. Desplazamientos. Hoteles. (Obvio el número de teléfono).

Aunque ya lo habréis supuesto, si os digo que esto es un anuncio de la sección de Relax (un eufemismo como cualquier otro) podréis encontrar la coherencia del texto. Y conste que yo no leo estos anuncios, aunque algunos son muy divertidos, ni he requerido nunca este tipo de servicios, ni femeninos ni masculinos. Lo encontré de casualidad y me hizo gracia por su tono irreverente, habida cuenta de que el diario en que apareció suele dedicar mucho espacio a la alabanza de la Semana Santa, llegando a protestar contra la degeneración de la fiesta de Genarín (a la que por suerte no he asistido).

Igual es que soy muy mal pensado y en realidad este anuncio solo alude a masajes, como si remitiera a una fisioterapeuta que por algún azar ha recaído en la sección de Relax... Cuesta creer, ¿no? Tampoco penséis mal vosotros, pero creo que a mí sí me haría falta un masaje. No he andado en procesión, no he pujado pasos pero, debido a esa mala adaptación de mi organismo de la que hablaba, he pasado mucho tiempo tumbado y mi espalda ya comenzaba a resentirse... Pero, en fin, yo solo querría masajes, ja, ja, lo otro ya llegará.

Como sea que anoche sí salí para despedir al exilio leonés, creo que no escribiré más, solo haré notar que, pese a la polémica que se levanta de vez en cuando respecto a la prohibición de este tipo de anuncios en la prensa, parece que los periódicos necesitan esos ingresos, aunque algunos parezcan mofarse de lo espiritual a costa de atraer hacia lo carnal.

jueves, abril 21, 2011

Semana Santa en Madrid (II).




Todas mis fotos pertenecen a la misma jornada del viaje. Ello tiene su lógica, porque no quise ir cargando de continuo con el mamotreto de cámara heredada, que va pidiendo una jubilación forzosa. Sí, habrá que encontrar sustituta en las próximas rebajas o similar porque, aunque domino mejor la escritura que la fotografía, las fotos siempre dan vidilla al blog.
Esa de arriba es de La Fontana de Oro, una cervecería de reminiscencias literarias que ahora más bien se han perdido, entre deportes televisados, la happy hour y los conciertos en vivo. No obstante, todavía algo queda en la decoración, que alterna mosaicos con La Pepa y motocicletas colgadas del techo. Por no hablar de las placas que dan fe de su historia:


Sí, La Fontana de Oro fue un café de comienzos del XIX, época romántica de breve duración en este país, sitio habitual de literatos y también revolucionarios durante esa convulsa etapa. No se qué opinaría Galdós si pudiera entrar hoy en día. Se hubiese encontrado con tres hooligans, los únicos que estaban viendo el fútbol, poco preocupados por hacer el ridículo, supongo que las pintas que llevaban encima les habrían quitado esa preocupación. A fin de cuentas, se trataba de una cervecería como las que solemos frecuentar en León, por eso pedimos unas Franziskaner (a ver si lo he escrito bien) y pasamos allí un rato agradable.


Ahí ando yo, con la birra del monje, luego me pondré junto a Nacho. Salvando las inevitables distancias, León tiene puntos en común con Madrid, ya no solo por la numerosa colonia de leoneses que allí residen. También existen bares de abundantes tapas, como en el que cerramos la ronda. Eso sí, valgan unas precisiones para no quedarse lost in translation. Lo que aquí llamamos corto, allí se llama caña. Lo que aquí llamamos caña, allí es una caña doble. Claro, ya decía yo que eso de que en La Fontana las cañas estuvieran a un euro me parecía muy barato... sobre todo para Madrid. En fin, hablando de beber, hoy es lo de Genarín, una procesión más etílica que atea, no como la que prohibieron ahí en la capital. Ya veremos qué sucede, porque creo que mi organismo se ha adaptado mal al cambio de clima entre Madrid (casi veraniego) y León (turbio y lluvioso). Ya me costaba escribir esto pero, en fin, como sea que los seguidores de este blog han aumentado, sin que yo me explique muy bien por qué, pues no conviene dejar esto abandonado. Supongo que a Madrid ya no volveré hasta verano, ahora habrá que luchar para que ese verano quede libre de gramáticas y similares.

miércoles, abril 20, 2011

Semana Santa en Madrid (I).




Pese al título, lo cierto es que en Madrid casi no me di cuenta de que estuviéramos en Semana Santa. Es una ciudad grande, y no me topé con ninguna procesión ni con lo que aquí llamamos papones. Tuve que regresar para, nada más salir del tren, tropezar con una tardía procesión, impertérrita bajo una ligera lluvia, que estaba inaugurando la ampliación de Ordoño II hacia tierras inhóspitas en las que hasta ahora no he puesto el pie. Por la hora y el mal tiempo no gozaba en aquel tramo de muchos adeptos...
Ramos, verdes, sí vi el domingo, el día más andariego de todos. Primero quedé con Oli para subir la cuesta de Moyano, aunque fue en la bajada cuando hice mis adquisiciones literarias. Ese sitio es una tentación para mí, pero suelo moderarme y tan solo compré un par de clásicos al precio de seis euros la pareja, vamos, menos de lo que me costó tomarme un mojito. Comimos, al igual que otras veces, en un chino situado en la plaza del Ángel, de ahí es la foto de arriba, con los chupitos, invitación de la casa. Yo me metí una buena fuente de fideos fritos, combustible necesario para seguir la ronda que no terminaría hasta la noche.
De forma casual, como en muchas ocasiones nos encontramos con las cosas, pasamos por el Parnasillo, que era un café literario muy famoso a comienzos del siglo XIX, donde acudían insignes representantes del movimiento romántico. Ahora, a lo que parece, sobrevive como cervecería, al igual que otro del que hablaremos en la próxima ocasión. Eso sí, no le faltan mosaicos con el busto de autores de esa época (Larra, Espronceda), más tardíos (Galdós) o incluso importados (Oscar Wilde). Es lo bueno que tiene Madrid, observar o incluso introducirse en lugares relacionados con los temas que hemos estado estudiando. Pronto colgaré más fotos de esta visita por el Madrid más castizo, si bien remozado por factores comerciales.





miércoles, abril 13, 2011

Más magreos y menos coitos.

No, no me he inventado el título, lo he sacado del suplemento de universidad de hoy de El Mundo, que tiene sus puntos, aunque suelo encontrar más divertido el Alfa y Omega del ABC, que sin duda querría menos magreos, menos coitos y menos de todo.
Bajo la apocalíptica enseña de Promiscuidad al acecho, el reportaje habla de que los expertos aconsejan el sexo progresivo, es decir, empezar poquito a poco con el petting que, como muchos extranjerismos que nos invaden, no es más que el magreo antes citado, y retrasar el coito. No hace falta que diga, claro, que el enfoque del artículo es cien por cien heterosexual, como sea que, hasta donde mi entendimiento llega, por el petting ninguna chica va a quedarse embarazada.
¿Retrasar el coito? Por Libia, tampoco está tan mal, a fin de cuentas creo que el coito está muy sobrevalorado, el coito de ambas clases que, si yo fuera un patán acientífico, tildaría de natural y contranatural. Yo no voy a hablar de mis experiencias porque temo que ello quede en esa categoría de Entradas populares, si es que alguien puede tener interés, pero me alivié al leer que la edad media de la primera relación sexual había bajado de los 23 a los 18 años. Yo, que me pensaba tardío, veo que no era para tanto aunque, claro está, esto de las medias, da igual sexuales que políticas, es algo tan sumamente engañoso... Según el cristal con que se mire. Algunos, que se habrán estrenado cuando yo estaba jugando al Donkey Kong Country, se reirán. Otros, que andarán a verlas venir, sentirán la presión del medio (o no).
Moraleja: no es tan malo que la profesora de Literatura llegue a menos veinticinco o menos veinte, al menos así tengo tiempo de echar un ojo en estos curiosos artículos, inspiradores de los míos propios. ¿No podría ser un buen lema para el viaje a Madrid que voy a hacer mañana? ¡Más magreos y menos coitos! Pero, aunque los días serán pocos, al menos que los magreos sean de cierta consistencia. Podría variarse el dicho, de esta manera: ¡Quien quiera magreos que se moje el culo! Si no hay nada más y, salvo visita a locutorio, nos vemos a la vuelta. Felices vacaciones, quienes las podáis disfrutar y/o merecer.

lunes, abril 11, 2011

¿Quién hurta?

La tensión me ha bajado, no se si por el calor o porque el cuerpo está maltrecho por la batalla del examen de Gramática. Si no me llega el ánimo para seguir con la novela antes de Semana Santa, al menos comentaré una anécdota curiosa, de aliento picaresco aunque también no poco vergonzoso.
Mi facultad no se caracteriza por tener un gran número de alumnos y, sobre todo en las que corresponden a Filología, las aulas muchas veces andan vacías, huérfanas a la espera de que algún alumno las aproveche para repasar un examen o pasar el rato, como yo he hecho en ocasiones. No obstante, ahora las quieren cerrar a cal y canto cuando no se esté dando clase. Y todo porque, ya sea con la excusa de la crisis o porque algún listo se ha querido montar un Home Cinema en casa, ha habido una serie de hurtos, y no precisamente de vetustas sillas ni borradores, parece ser que se han llevado dos proyectores, de los que están clavados en el techo, como quien se lleva el ABC que nos ponen todos los días abajo.
¡Hay que echarle cara! A mí, por absurdo que parezca, ya me desapareció una boina hace tiempo, y no suelo dejar mis pertenencias al provecho de los cleptómanos, a menos que sepa que se ha quedado alguien en clase. ¿Así que nos quieren dejar sin proyector, ese instrumento que nos ha alegrado algunas clases con el visionado de pelis, anuncios, videoclips y también, por qué no decirlo, nos ha aburrido con ciertas exposiciones y ciertos power points de dudosa digestión? ¡Váyanse a otra facultad con más matrículas y, por ende, más dinero, señores cacos!
Bueno, esta semana son las fiestas de la facultad y por lo visto, además de celebrarse con una macarronada (a la boloñesa, faltaría más) van a hacer varios concursos, uno de Trivial que me voy a perder. ¡Qué le vamos a hacer! Para esa tarde toca escapadita. Lo cierto es que, viendo esos carteles que alertan de la ola de robos, no pude evitar acordarme de algún corto que rodamos hace ya tiempo, pero cuyo recuerdo pervive en mí, aunque pocos de vosotros sepáis a qué me refiero: ¡Eh! ¿Quién anda ahí? ¿Quién anda ahí? ¿Quién hurta?

domingo, abril 10, 2011

Entradas populares.

Ayer, tras ver cómo las posibilidades de ocio se desvanecían o eran desintegradas por mí, decidí pasar el mocho por el blog, para limpiar enlaces desfasados y añadir alguna floritura como esta de las Entradas Populares, que no es que sea como Los 40 principales pero bueno, le da cierta gracia al asunto.
No tengo la menor idea del criterio que Google ha usado para seleccionar estas entradas, porque es mezclar temas dispares: el anillo de pureza de la antaño casta Miley Cyrus, mi visita al Museo de Ciencias de Granada, la actriz porno que ya no quiere hacer porno, un cuentecillo de mi clase de Inglés y una referencia a la Eurocopa del 2008. Buenas excusas para hacer memoria o sentir, según el caso, cierta nostalgia.
Solo espero que haya cierta movilidad respecto a estas entradas, no me gustaría que mes tras mes sigan estando las mismas cinco, aunque sospecho que la de Sasha Grey permanecerá largo tiempo, como sea que un buen culo, en dos o tres dimensiones, siempre atrae ojos. Ya se verá.

sábado, abril 09, 2011

De primavera-verano.

Hoy sí puedo decir que los pajaritos cantan, y no porque en verdad estén cantando, sino porque me he quitado un buen peso de encima (al menos por ahora). Ayer era una penosa tarde para hacer un examen pero, con todo, allí me metí para escribir durante tres horas, contestar a todas las preguntas y entregar un puñadito de hojas. Al margen de las ya consabidas gambas, seamos realistas y, sumando un poquito de allí y un poquito de allá, pongamos entre un cinco y, si es generosa, un siete. De todos modos, eso no va a condicionar mi viaje, salga antes o después del mismo.
Tras salir, a las ocho y cuarto, fui a celebrar, si no el resultado, al menos el habérmelo quitado de encima, a una terraza del Gran Café con Alejandro. Hacía un calor increíble, incluso cuando ya anocheció. Eso viene bien para según qué cosas, en fin, lo cierto es que entre la semana anterior y esta hemos inaugurado la temporada veraniega de terrazas (todo un alivio para los fumadores).
Por lo que respecta a hoy, ejem, no hay planes especiales, me basta con reponer fuerzas después de la orgía morfológica de ayer. Tengo unos días de transición, entre el examen y el viaje a Madrid, en los cuales quizá pueda colgar otro fragmento de novela. No lo prometo, pero ahora las circunstancias ayudan más. Hala, a tomar el aire, al menos quienes podáis.

jueves, abril 07, 2011

Cuesta arriba, pero con freno.

Si no he escrito hasta ahora en este mes, ni en la novela ni en el blog, no ha sido por pereza y desidia, que también, sino porque he estado ocupado diseccionando las propias palabras; hoy es víspera de examen pero, sea como fuere, si yo siento la necesidad de escribir pues escribo, poco me puede importar ese examen que ni siquiera es obligatorio y, además, tampoco madrugará, siendo a las cinco de la tarde.
Cuando decidí volver de Madrid para continuar esta carrera (decisión más dolorosa de lo que algunos podrán creer), mi meta era exigente aunque no demasiado, pues quería sacar cada curso en un año, sin preocuparme de la nota. Luego vino Bolonia metiendo prisa, y empecé a estudiar de cara a una beca aunque, no obstante, el hecho de sacar calificaciones muy altas no siempre depende de mi esfuerzo sino de otras circunstancias sobre las que puedo tener o no el control. Podrían decirle a esto a Esperanza Aguirre a cuento de su idea del Bachillerato de la Excelencia...
En carreras largas, como esta, resulta natural llegar a puntos en los que todo se hace cuesta arriba, y no solo ya el sacarse las asignaturas. Yo, pese a que solo queda mes y medio de clases, siento cómo Cuarto me está mostrando una cara poco simpática (con excepciones, eso sí) y me muevo entre la añoranza de Tercero y el deseo de que llegue Quinto.
Ciertas peculiaridades de esta facultad, al principio entrañables, también pueden albergar un reverso tenebroso. Por ejemplo, lo reducido de las clases, que a veces puede crear un ambiente familiar muy agradable, pero en otras fastidia. ¿Se contagia a los profesores? Los hay muy profesionales. Se limitan a enseñar, y punto. Nos explican lo mejor que pueden su asignatura, aunque esta sea un coñazo como la de mañana, y carril. Por desgracia, otros abusan del paternalismo y de una falsa amistad con los alumnos.
Eso me resulta cargante. Hay cosas que no pasarían de ser una clase grande. Vamos a ver. Si un profesor falta a su hora y luego pretende recuperarla, imaginad que dice a sus cien alumnos: Bueno, os ponéis de acuerdo entre vosotros y me decís para cuando la damos. ¿Ponerse de acuerdo cien personas, con sus horarios diferentes y sus vidas diferentes, por no hablar de aquellos que directamente no quieran recuperarla? Pues bien, cuatro personas tampoco tienen por qué ponerse de acuerdo, sobre todo si tienen metas distintas, estrategias distintas y diplomacias distintas. Y yo no tengo por qué aguantar que un profesor salte a la esfera de lo que considero mi vida personal, y me diga que hable a quien no quiero hablar, o que arregle mis diferencias con quienes no puedo o no quiero arreglarlas, o que de por sentado dónde está mi futuro (en oposiciones a Secundaria), o que me pida que vaya dejando apuntes...
Que haya profesionalidad, ante todo. Yo quiero aprender, lo demás me distrae, y con este calor ya ni os digo. De cara a evitar informalidades, niñerías, faltas de respeto o demás inconvenientes, me reservo el derecho a variar mi propia estrategia de cara a lo poco que queda de curso. Hoy se celebra una manifestación de jóvenes en varias ciudades españolas, con el lema: Sin curro. Sin casa. Sin pensión. Sin miedos. Sí, no hay que tener miedos, como por ejemplo a lo que pueda pasar mañana por la tarde, y aunque otras cosas falten al menos todavía nos queda algo de dignidad.

jueves, marzo 31, 2011

Bienvenido, probable buen mes.

¡Se acabó el mes! ¡Y se acabó la semana de clase! Pronto, ¿verdad? Sí, pero es que mañana hay el tradicional viaje a Madrid para ver una obra de teatro, algo que ya no es obligatorio sino opcional. Yo solo hice una vez el viaje de vuelta, dándome cuenta de que, tras tanto Supra y Alvia, ya no estoy hecho para un autobús estilo cuatro latas. Sibaritismos de viajero, en fin, que volveré a la capital antes de Semana Santa y es mucha paliza para una sola jornada, no merece la pena.
Eso sí, me viene bien para seguir preparando el parcial, un parcial de fecha aún no sólidamente establecida. Pese a mis buenas intenciones, no he avanzado con la novela. Me enredé en algunas distracciones fílmicas como la Fotogramas o la primera parte de la última película (parece un trabalenguas) de Harry Potter. Pese a ser solo la primera parte, es larguísima, pero mucho mejor que la anterior; a ver si en el desenlace pueden arreglar el tremendo galimatías que se me ha quedado tras verla.
En mi descargo afirmaré que, cuanto más cerca está el examen, menos ganas siento de trabajar, por paradójico que resulte. Nada grave. Mañana, cortesía de los excursionistas, dormiré cual marmota y luego pondré la maquinaria en marcha.
Ave, abril. Es un mes deseado para mí. No se si será un buen mes, como puse en el título, pero es probable, sobre todo porque la segunda quincena es, casi en su integridad, vacacional. Hala, más munición para que nos llamen vagos a los universitarios (me gustaría verlos metidos en procesos morfológicos...). De todos modos, que nadie caiga en la trampa. Esa vacación, en la que también habrá que ir avanzando, no es más que el preludio a una recta final que este año se alarga, hasta el treinta de junio nada menos. Por ello, vaya la jerarquía por delante, que la novela llegará a su fin, si nada ajeno lo obstaculiza, con el verano, a lo sumo.
Que entre, pues, a ver si cumple al menos alguna de sus expectativas.

domingo, marzo 27, 2011

A las dó son las tré.

Como si el ser humano no tuviera ya tendencia general a desperdiciar el tiempo, encima hoy nos han quitado una hora. ¿Una hora de qué? La respuesta, a gusto del lector: de fiesta, de sueño, de estudio... Ejem. Con una hora menos, quizá no tenga mucho sentido el haber visitado el blog pero, en fin... Considero necesario estudiar la Gramática de mi lengua, por coñazo que me resulte a ratos, pues es la herramienta básica de la que me valgo para luego escribir aquí y en otras partes. Mi español no siempre es correcto, aunque mis pocos lectores no suelen recordármelo, je, je. Por suerte, la Gramática está a nuestro servicio y no al revés, si bien en momentos como este creo que el siervo tendré que ser yo.
Y es una pena porque esta semana he visto películas muy interesantes para comentar, y en clase han surgido ciertos temas, más enjundiosos o más absurdos, acerca del Romanticismo. Con todo, la actualidad manda y voy a seguir con la materia, en la senda de septiembre antes que la de febrero. Al tratarse de un examen opcional, tendré dos oportunidades más este año en caso de fallo, así que fuera pánicos. Me ha costado bastante no estudiar sino empezar a hacerlo, como sea que en su primera semana la primavera se ha mostrado caótica en cuanto al tiempo, y eso acostumbra a restarme fuerzas. ¡Bueno! Parece que el cambio horario se me está echando encima así que os dejo. Confío en que la semana que viene saldrá una nueva entrega de la novela, no estoy aún tan mal como para no dedicarme algunas horas de creatividad. Hala, que os divirtáis cambiando los relojes, yo haré lo propio con el mío en cuanto me crezcan las uñas.

miércoles, marzo 23, 2011

LOS CERDOS. Entrega 32.

X

Una jornada más del taller de carnicería llegaba a su ocaso y Jonás tampoco había aparecido, al menos hasta ese entonces. Él, sin ser el alma de la fiesta, sí que incidía de modo indirecto en la figura que desempeñaba esa función, Ari. Realizando esta una labor solitaria como la de pasar el mocho, sin necesidad de mostrar una máscara alegre de cara a sus compañeros, su melancolía había encontrado menos trabas para desarrollarse. Al monitor, pese a no tener un poso de maestro, no le habían pasado inadvertidos esos supuestos que afectaban, según creía, a dos alumnos, el ausente y la presente.

- Ari- le dijo- ¿sabes algo de Jonás? Ha faltado dos tardes seguidas, y me parece raro.

- Bueno, creo que estaba un poco cansado, por sus… experimentos- la colombiana estaba buscando una explicación que maquillara ligeramente los hechos.

- Entiendo. Quizá, ahora que ha vuelto a su verdadera vocación, esto le parezca un coñazo, y tampoco se lo afearía… Y mira que el chico le pone interés, pero, en fin, ya veremos qué pasa, si tiene una tercera ausencia sin justificar igual tengo que darle de baja en el curso. Y no me gustaría, desde luego.

- Bueno, hablaré con él- anunció Ari y, sin querer dar muchos más detalles, acabada la limpieza se juntó con el grupo para salir del centro.

El monitor quiso aprovechar luego para hacer un pequeño inventario de las existencias cárnicas de las que disponían en la cámara frigorífica. Al entrar allí, nadie podría notar el encontrarse en medio del estío. Él, sin necesidad de presumir de hombría, ya se había acostumbrado a trabajar allí y no necesitaba ponerse prenda de abrigo alguna, más allá del eterno mandil de cocinero que ya estaba algo sucio tras la sesión.

Bajo la tenue luz que ambientaba el espacio, el monitor se encontraba de espaldas a la entrada de la cámara, situado frente a una mesa en el medio de la misma. Encima de ella había colocado algunos trozos de carne, sobrantes del taller, entre ellos un par de piezas de ternera para filetear. Además, a otro lado de la mesa había alineado varios cochinillos, que luego tenía pensado colocar en las estanterías.

Jonás, habiendo aparecido cuando ya todos sus compañeros iban camino de sus casas, y penetrado con sigilo en el aula de carnicería sin que nadie pudiera haberlo notado, abrió muy lentamente la puerta de la cámara frigorífica. En la mano libre llevaba un cuchillo de filetear, lo sostenía oculto detrás de su espalda. Percibió, con satisfacción, que el monitor no se había dado cuenta de su presencia, y comenzó a acercarse a él poco a poco, sin bajar en ningún momento el cuchillo.

Cuando llegó a estar detrás de él, quien en aquel momento estaba cogiendo un cochinillo entre sus brazos, alzó la mano y descargó el cuchillo con rapidez, para clavarlo de un tajo en el centro del lomo de otro de los puerquitos. El monitor saltó, por el susto, y poco le faltó para agredir al invasor con la única arma de la que en aquel entonces disponía, el animal. Al reconocer a Jonás trató de sonreír pero no pudo disimular el momento de terror que había pasado.

- ¡Joder, Jonás!- gritó- ¿Es esta tu idea de una broma?

Sin querer parecer mal educado, Jonás no podía parar de reír, no como un jovencito bromista sino como un maniaco, pues no en vano delante de él se había formado una imagen pesadillesca: el monitor, cuyo rostro se había convertido en el de un cerdo, permanecía delante de él portando al pequeño gorrino. Esa estampa, vista a través de sus ojos, era tan grotesca como la de un híbrido humano-porcino que sostenía a una especie de retoño inerte. Y Jonás pudo comprobar cómo, a través de sus nuevas facciones, el monitor iba trasluciendo su cabreo.

- ¡Bueno, pues ya no le veo puta la gracia!- gruñó- ¿Sabes que me ha podido dar un infarto?

Jonás trató de sofocar su risa incontrolada.

- Lo…ja, ja… lo siento- se excusó- Es que quería darte una sorpresa, ¿sabes? No soy una persona muy acostumbrada a perder, así que, para remediar mis errores, me he quedado un par de días practicando en casa y me gustaría comprobar si ya se cortar bien un filete. Sí, vale, mejor sería haber esperado a la clase de mañana pero… Creo que me he dejado llevar por la euforia, je, je.

El monitor todavía estaba mosqueado, pero la declaración de Jonás picó su curiosidad. Notó que su alumno evitaba mirarle a los ojos. Lo interpretó como timidez, o vergüenza ante la broma macabra que le había preparado, pero lo cierto era que Jonás intentaba no encararse más con aquel engendro fruto de su mente.

- Es un poquito tarde para que te de clase, Jonás- comentó- ¿Así que has estado practicando? Vaya, y yo que pensaba que nos habías dejado por tus experimentos… Bueno, pues hacer el viaje pa ná es tontería… ¿Y si le das un viaje a la ternera?

Jonás extrajo el cuchillo de donde lo había clavado, y recibió un guante protector y un afilador de manos de su maestro. Amarrando bien la pieza, relajó sus rasgos en gesto de concentración, como si se dispusiera a templar un violín, y tras ello realizó un delicado giro de muñeca, cortando un filete limpio y fino, al que luego fue agregando un par más. El monitor no salía de su asombro, mientras observaba que Jonás estaba realizando la tarea casi con los ojos cerrados, en todo caso seguía sin mirar a los suyos.

- ¡Vaya! Tiene mucho mérito, Jonás. Pero, ¿qué pasa, es que tienes miedo escénico? ¿Por qué no vuelves a clase y demuestras esta mejoría ante tus compañeros?

Jonás no contestó por el momento. Cuando hubo apilado varios filetes, se los ofreció a su profesor, como si fueran un tributo de agradecimiento, y lo hizo mientras realizaba el esfuerzo de mirar a su rostro y sonreírle.

- No, a mí no me los des- replicó, mientras los envolvía en un papel para luego devolvérselos- Resérvalos para una ocasión más especial… ¿Sabes que he estado hablando con Ari? La noté un poco apagadilla, raro en ella, ¿verdad? Invítala con esta carne que has cortado tan bien.

- Ya- exclamó con ironía, dando a entender que su indirecta no había supuesto un misterio para él- No es mala idea, pero ahora será mejor que me marche y te deje trabajar. Por cierto, ¡bonitos cochinillos!

- ¿Te gustan los cerdos?- preguntó el monitor, cuando él ya se estaba alejando.

- Últimamente no veo otra cosa…- masculló Jonás, pero para sí, el profesor ya no podía escucharle.

sábado, marzo 19, 2011

LOS CERDOS. Entrega 31.

Tras una tradicional sesión de lavandería en el baño de Ari, Jonás había conseguido, si no que las manchas desaparecieran, sí al menos disimularlas lo suficiente para el corto trayecto entre el piso de su vecina y el suyo propio. El calor se encargaría de secar la ropa que había dejado tendida en la ducha, salvo los calzoncillos. Dolorido por los golpes, el esfuerzo de frotar le había resultado mayor, así como iba a ser el de prepararse algo de desayuno. No quiso despertar a su anfitriona. Tendrían mucho que decirse, también ocasiones más oportunas de hacerlo. No creyó abusar de su hospitalidad abriendo el frigorífico y, entre algunos productos exóticos que fue incapaz de identificar, descubrió unas tiras de panceta que, por la irregularidad en el corte de unas a otras, supuso que procedían del taller, quizá alguna hubiese pasado por sus propias manos.

Aunque no era de desayunos muy fuertes, Jonás no creyó que Ari se molestara por quitarle ese fruto del trabajo de todo el grupo, echó varias tiras a freír y, mientras tanto, buscó papel para dejarle una nota. Le resultó, en principio, un recurso algo pobre, pero lo consideró más cortés que marcharse sin ningún tipo de despedida. Era una nota, no una carta, por ello Jonás fue parco y apuntó que no había querido despertarla y que probablemente no aparecería aquella tarde por el curso, pues necesitaba reposar de todo lo acontecido el día anterior.

A la vista de los acontecimientos Ari no quedó satisfecha con su nota, puesto que, una vez ella misma pudo arreglarse un poco, subió hasta la vivienda de Jonás. Pensaba que, tal vez, él no querría verla, no tan pronto al menos, y era consciente de las dudas que podían haber asaltado al joven en el momento de despertarse. No obstante, llamó y estuvo esperando hasta creer que, en efecto, él no abriría o no se encontraba allí. Cuando iba a regresar por la terraza, la puerta se abrió y Ari sintió un escalofrío al observar la figura que aparecía ante ella, cubierta de pies a cabeza por una bata blanca, guantes y una máscara antigás que era la que imprimía un matiz más inquietante al conjunto. No obstante, tras la máscara surgió de inmediato el rostro sonriente de Jonás, quien no parecía contrariado por verla.

- ¡Vaya! Hola, Ari. Disculpa estas pintas. Estaba en mi laboratorio… Preparando una matanza, ja, ja.

Si bien sonaba a burla, Ari no supo cómo interpretar sus palabras. Comenzaba a ponerse algo nerviosa, algo que disimuló bajo su habitual buen humor.

- Te veo muy bien, Jonás. ¿Te ha dado energía la panceta?

- Oh, Ari, sí, me sintió un poco mal el cogerla sin preguntarte pero bueno… Casi no padezco ni los golpes. Te debo un par de raciones, je, je.

- ¡Nada!- replicó ella, alcanzándole un par de bolsas de plástico que había traído- Tonterías. Tú hoy no te preocupes ni de la carne, ni del taller… Aquí te he traído una bolsa con surtido, ja, ja, que me gustaría que aceptaras. Ah, y la otra es de casquería y vísceras. No se si te gustan esas guarradas, ja, ja, pero, en fin, pensé que igual podrías sacarle provecho.

Una sonrisa no exenta de malignidad asomó a los labios del joven, lo cual reavivó el nerviosismo de Ari, aunque a continuación se dirigió a ella con un tono de dulzura.

- ¡Muchas gracias! La carne… En fin. Tengo el congelador lleno, no creo que pueda aceptarla. ¿Y por ahí qué traes? ¿Sesos, tripas…? Ja, ja. Hum. Igual se me revuelve el estómago, todavía no he conseguido borrar del todo las manchas de sangre.

- ¡Oh, Jonás, lo siento…!

- ¡No, mujer! Estaba bromeando. Trae para acá esas vísceras, que algún uso les daré, aunque sea para un experimento. Bien, ¿y cómo te encuentras tú?

Ari se mostró un tanto indecisa a la hora de hablar, rasgo poco conocido en ella.

- Bueno… No me siento muy bien, Jonás. No querría que estuvieras en peligro por mi culpa.

- Tranquila, Ari. ¿Lo dices por tu antiguo… lo que fuera? Ya te lo dije ayer, no creo que vuelva. Perro ladrador… No creas que no voy a tomar medidas, pero tampoco puedo estar en un estado de pánico permanente.

- Sí. Espero que no vuelva. ¿Pero qué me dices del otro gallo? Ese vive aquí y en cualquier momento puedes cruzarte con él. Anoche mismo volvió a amenazarte otra vez. Bueno, nos amenazaba a los dos.

- ¿El novio de la choni me dices?- inquirió Jonás con no poca sorna- En ese caso, perrito ladrador… No se, Ari, ojalá tuviera todo el tiempo del mundo para dedicarme a esas niñerías pero antes debo seguir con este experimento. Cuando lo acabe ya intentaré arreglarlo, ¿merecerá la pena? Hablar, hablar, estaría cojonudo hablar con todas las personas con las que pudiésemos arreglar nuestros problemas. Pero… ¿en qué idioma habla esta gente?

- Yo puedo hablar con ellos. No me importa. Solo quiero, por favor, que no vuelvas a sacar esa escopeta. Las carga el Diablo, incluso si están descargadas.

Jonás sonrió, para tranquilizarla.

- No te preocupes por eso. Si trato el asunto, lo trataré con moderación, pero ahora mejor me vuelvo con mis probetas y mis cacharros.

- Vale. Me gustaría que descansaras pero, ¿vas a ir luego al taller?

Jonás creyó percibir un mohín en su rostro.

- ¡Buf! A clase no creo que llegue, podría hacerlo después, a última hora, si voy bien de tiempo. Pronto estaré más libre, y me encantaría volver a quedar contigo.

Las palabras de Jonás sonaron sinceras para Ari, pero seguían constituyendo un cierto misterio. Le pareció que las percepciones acerca de algunos fragmentos de la noche anterior no eran similares ni para ella ni para él. No obstante, tras el ofrecimiento de Jonás este se despidió con dos besos y cerró la puerta, cargando en una mano la bolsa de la casquería y con la otra volviéndose a cubrir con la máscara antigás.

miércoles, marzo 16, 2011

LOS CERDOS. Entrega 30.

Jonás y Penélope se encontraban abrazados bajo la sábana, que en su momento había sido disfraz, en un instante de abstracción post-coital. Él dejó que su mirada se perdiera a través del cuarto, iluminado por una cantidad de velas tan inmensa que temió alguna vez que se quedaran dormidos y amanecieran achicharrados.

- ¿Hemos bajado bien la persiana?

Penélope se encogió de hombros.

- La persiana es una ruina. ¿Qué más da? Que nos despierte el alba. Eso sería muy poético, ¿verdad?

Jonás sonrió. Quería decirle algo, sin saber cómo empezar.

- Penélope… ¿Crees que he estado un poco bruto? En la ducha, me refiero.

- Oh, Jonás… ¿Bruto? Pasional, si acaso. Tampoco traspasaste ningún límite… Solo sacaste un poco al animal que llevas dentro. En general, creo que eres una persona zen. Y yo también, ¿no has visto todas esas velas?

- Ja, ja. ¿Sabes, Penélope? Estoy confuso. Creo que esta vez tú y yo hemos funcionado mejor. Querría creer que todo ha sido mejor…

- Entre tú y yo, sí. Vas venciendo tus dudas. Pero la situación no ha sido mejor, Jonás. Ha faltado él. Lo encontraremos. Te doy mi palabra.

Penélope apretó con fuerza la mano de Jonás, como para sellar de ese modo el compromiso. Pasados unos segundos, Jonás se echó a reír.

- ¿Sabes?- dijo- No quiero estar triste. Supongo que eso no es lo que querría Al. Así que me he puesto a imaginarme como un animal, como un cerdo…

- ¿Dos cerdos haciendo cerdadas?- apostilló Penélope con sorna.

-… y entonces- continuó él- por asociación de ideas he llegado hasta una vieja cancioncilla de mi infancia. Una nana. ¿Crees que podría hacer que te durmieras con eso?

- Bueno, no tengo tres años. Quizá con otro polvo sí, ja, ja.

- Es lo mismo, de todos modos solo recuerdo el principio…

Los cochinitos ya están en la cama.

Muchos besitos les da su mamá.

Como si siguiera la letra de la canción, Jonás empezó a dar muchos besitos por el rostro de Penélope, hasta que ella le amarró en uno en los labios, que se abrió para ser profundo preludio de otro retozo animal.

Jonás se despertó. En efecto, la persiana había dejado filtrarse los rayos de luz. A su lado, Penélope seguía sumida en el sueño, boca abajo. No tenía intención de sacarla de ese estado, pero la visión de su espalda desnuda, como una cuesta lisa y muy apetecible, le impulsó a posar los labios sobre su columna vertebral, sin que ella se inmutara. Jugueteando un poco con sus cabellos, a Jonás comenzó de nuevo a entrarle el sopor y fue a acompañar a su amiga hacia el territorio onírico.

Cuando Jonás despertó, Penélope ya no se encontraba allí. O, al menos, no se encontraba a la vista. Él seguía tumbado en una cama de matrimonio. Seguía desnudo. Una persiana seguía filtrando la luz del sol. Pero, junto a él, existía un bulto cubierto con una sábana que no pudo reconocer en principio como el cuerpo de Penélope. El bulto emitía ronquidos que Jonás tampoco recordaba como familiares. ¿Qué sitio era aquel? ¿Se encontraba soñando todavía? Realidad o sueño, lo que más deseaba era que, al levantar esa sábana, pudiera encontrarse de nuevo con la espalda de Penélope y recorrerla de arriba abajo como una escalera, depositando un beso en cada escalón. Sin embargo, no había ninguna señal de que eso pudiera producirse. Temeroso, haciendo pinza con dos dedos, cogió la sábana por un extremo y, queriendo desterrar esos temores que quizá no tuvieran ningún fundamento, de un tirón retiró la tela para encontrarse con las rotundas formas de Ari, dormida, asimismo, boca abajo.

Ella también estaba desnuda. Sin llegar a monstruoso, su cuerpo al natural disimulaba mal sus defectos y, sobre todo, no resistía comparación con el que Jonás había deseado encontrarse allí. Además de sorpresa, su vista causó una impresión tan fuerte en Jonás que tuvo que reprimir un grito y, casi saltando de la cama, se dirigió fuera del dormitorio, buscando el cuarto de baño. No iba a vomitar, no otra vez, en cambio metió la cabeza debajo del grifo, tenía que refrescarla y aclarar sus ideas.

Desterrando el recuerdo de Penélope, se centró en lo que había sucedido con Ari, en lo último que tenía en la memoria. En el sofá de su casa… Se quedó dormido. Sí, tal vez encima de ella. No recordaba el traslado al dormitorio, tampoco haber sido desnudado ni que se desnudara ella misma. Quizá estuviese malinterpretando el asunto. Como a un niño, Ari le quitó la ropa y le metió en la cama. Pero, ¿toda la ropa, aun con ese calor, y ella misma también?

Hasta entonces, Jonás solo había centrado sus pesquisas en Ari, pero la noche anterior le había dejado huellas mucho más visibles que lo que pudiera haber pasado entre él y ella. Jonás fue consciente de eso de una manera dolorosa al ver reflejados los moretones y marcas por todo su cuerpo en el espejo del lavabo, recuerdo del que ya consideraba como ex – novio de su vecina. El hecho de contemplar su cuerpo desnudo con tales estigmas provocó que el dolor de estos, que hasta entonces no le había preocupado gran cosa, se avivara. Jonás sintió un mareo y tuvo que agarrarse al lavabo. En el espejo observó no ya su cuerpo, sino su rostro, porque le daba la impresión de estar perdiendo el juicio. Junto al lavabo había una cuchilla de afeitar, muy usada, supuso que otro souvenir del hombre que le había utilizado de pelota de fútbol. Jonás la cogió y, lentamente, comenzó a pasársela por las muñecas. Se echó a reír, de forma macabra. Esa hoja, desgastada hasta tal punto que ni siquiera sería capaz de cortar un pelo del bigote de su antiguo dueño, tampoco podría cortarle las venas a él.

Asqueado, Jonás trató de serenarse y arrojó la inútil cuchilla a la papelera, para luego lavarse ambas manos. Las reflexiones que empezaban a surgirle le convencieron de que, en primer lugar, si pretendía volver a su casa vestido, tendría que eliminar, todo lo que pudiera, las manchas de su propia sangre en su ropa. Por ello, regresó al dormitorio por ver si podría rescatarla sin despertar a Ari.

martes, marzo 15, 2011

Escenas matritenses (y III).


Hace justo una semana tuve mi día cultural en Madrid, por la mañana el Museo del Romanticismo ya mencionado y a la tarde fui con un amigo y viejo conocido de este blog desde sus inicios a ver una exposición sobre Alejandro Magno en el Centro Canal, situado junto a las Torres Kio como se puede ver en la foto. A la entrada había controles de seguridad como los de los aeropuertos, si acaso menos exhaustivos, no se por qué, quizá por si alguien pudiera llevarse las monedas de oro de hace más de veinte siglos. En todo caso la selección de piezas era interesante, si bien no atendí de forma muy intensa al recorrido porque íbamos charlando sobre temas diversos, que no todos los días tiene uno la oportunidad de bajar por Madrid y hay que aprovechar las ocasiones...
El próximo viaje será, por fortuna, después del parcial de Gramática. Respecto a la novela Los cerdos, la buena noticia es que ya he revisado lo que llevaba escrito y tengo en mente lo que sigue; la mala, ese mismo examen. Con todo, creo que podré compatibilizar un poco de escritura y un mucho de estudio. Si me equivoco, lo sabremos con la nota. Así pues, mis regresos a este blog serán poco frecuentes a menos que sean para colgar los fragmentos con los que avance. Si alguien estaba siguiendo la novela, más valdrá que refresque un poco aquellos trozos diseminados a lo largo del blog, el último en octubre... Hay que echar el resto. Gramática no es ninguna tontería, y no quiero que me deje para septiembre la misma profesora que el curso pasado. 8 de abril, esa es la fecha.

sábado, marzo 12, 2011

Escenas matritenses (II)


Hay museos que hay que saber visitar en el momento adecuado. Eso me pasó con el Museo del Romanticismo, antes conocido como Museo Romántico. En la céntrica calle de San Mateo, habré pasado bastantes veces por delante de su puerta sin detenerme. Y no porque no estuviera en mi lista pero, en fin, la espera ha merecido la pena puesto que ahora estamos viendo el período romántico , respecto a la literatura pero también en su contexto sociocultural y echando un vistazo al panorama europeo de la época. Ha sido el complemento perfecto para las explicaciones.
El martes fue el día cultural del viaje, por la mañana tocó este museo. Primero había una pequeña e interesante colección de cajas que contenían objetos relacionados con Larra y, lo que es la exposición principal en sí, que por suerte me salió gratis, consiste en la recreación de una casa típica del s. XIX, con toda suerte de objetos y cuadros de entonces, hasta curiosidades como el retrete de Fernando VII, sito de forma poco solemne en el palacio en el que ahora está el Museo del Prado. Incluso los guías del museo parecían imbuidos del fastidio vital propio del Romanticismo, pues no hacían más que gruñir, quejándose de sus horarios, vacaciones, etc. y una me llamó la atención porque, en mi arrobo, me había salido del felpudo y estaba pisando una alfombra centenaria.
A la vista del clavo que supuso el ya citado metrobús, decidí no gustar mucho durante el viaje. Por ello pasé por la tienda del museo como alma que lleva el diablo, tan solo fijándome en algunos libros que ya he leído y otros que tengo en la libreta de futuribles. Eso sí, tomando un té me empecé el Don Álvaro o La fuerza del sino. ¿Dónde mejor? Además, siempre me ha gustado más que el Don Juan Tenorio, el cual leí casi íntegramente en el tren de regreso.
Pues nada. Os recomiendo esta visita, aunque sea más somera que la mía y no tengáis por qué deteneros en todas las baratijas curiosas que a mí me llamaron la atención. Además, acabo de saber que mi primer parcial de Literatura ha tenido una buena nota, así que confío que para el segundo, que abarcará este período, pueda superar la marca.

viernes, marzo 11, 2011

Escenas matritenses (I).


Siendo una visita muy positiva, al comienzo me encontré con una desagradable sorpresa, y es que mis dos metrobuses habían caducado tan solo unos días antes... Es por ello que tuve que apoquinar la asombrosa cifra de 9,30, casi a euro el viaje. No menos alucinante es que, como supongo que habréis escuchado, el consejero de Transportes de esa comunidad haya negado la existencia de ese abono, que llevo comprando desde que no costaba más allá de cuatro o cinco euros. Bueno, a partir de ahora habrá que evitar viajes innecesarios, asunto bastante arduo si lo que se quiere es aprovechar el tiempo.
Esa ha sido mi estrategia, pasar pocos pero provechosos días en la capital. Desde el sábado por la noche, el único momento en el que se sintió la fiesta carnavalera con sus disfraces, también agobios, y acabé pillando el primer metro de las seis para darme en retirada. Ciertas noches cambian poco a lo largo de los años, y esa me resultó bastante similar a alguna de mi etapa pre-Filología en León, respecto a la discoteca, la compañía, el ambiente... Digamos que con todo lo ventajoso y también lo viciado que tiene Madrid.
Seguiré comentando mis experiencias, de momento os dejo con un poco de cultura. Y no es que vaya a hablar de la nueva entrega de Torrente, sino que he colgado una foto del Instituto Cervantes, su sede central, puesto que, más allá de ser ruta turística, para mí es un posible puesto de trabajo futuro, aunque no tanto en Madrid como en cualquier otro punto del globo. Si licenciados con notas bajas han podido ir hasta Japón, digo yo que surgirá un amplio abanico donde elegir (y que no me pille un terremoto, si tengo esa suerte).

viernes, marzo 04, 2011

De Carnaval.

A tontas y a locas este blog ya lleva más de diez mil visitas, y eso que no lo promociono... Tanto el blog como yo nos tomaremos un descanso hasta el miércoles que viene. Llega el Carnaval, aunque a mí como fiesta me importa poco, solo quiero aprovechar los días libres. Ciertamente me podría tomar toda la semana, puesto que en total solo voy a tener tres horas de clase, pero existen otras razones para regresar: dentista, un examen que ver corregido y otro que comenzar en cuanto antes. En Madrid no voy a ver a todas las personas a las que quiero ver, y quizá no haga todo lo que me gustaría, pero para eso está la Semana Santa el mes que viene. Aquí en León no me pierdo mucho, la única novedad consiste en un concurso de Drag Queens el sábado por la noche, al que no voy a asistir aunque tengo sospechas sobre la identidad de algunos participantes...

lunes, febrero 28, 2011

Oscar: breve panorámica.

Misión cumplida. No solo he visto en directo la ceremonia de los Oscar, sino que también he asistido a clase sin perderme una, manteniendo un grado de atención considerable para estas circunstancias. Así pues, mis fuerzas están menguadas y tampoco voy a hacer una crónica profunda, me limitaré a apuntar tres reflexiones sobre la gala:

Primera: la sorpresa solo estaba respecto a la mejor película. Al final se lo llevó El discurso del rey, que es una muy buena película (o al menos mejor que otras de años anteriores). No era mi favorita, yo hubiese preferido un toque moderno, con La red social, o un toque definitivamente raro, con Cisne negro. Las historias sobre parejas del mismo sexo tendrán que esperar un poquito más, aunque bueno es ya que aparezcan. De todos modos ha sido un triunfo modesto, cuatro galardones, pero cuatro de peso.

Segunda: los presentadores no han gustado a casi nadie, pero es que también en la misma la gala se prestaron a comparaciones odiosas al aparecer Billy Cristal, que no presenta desde el año del Señor de los Anillos, en el que me provocó no pocas carcajadas. La presentadora cambió mucho de look en tres horas y el presentador tenía a ratos esa expresión alucinada de varios de sus personajes, aunque me quedo con su porte, da igual que no pronuncie palabra (considero que no le queda bien travestirse, aunque sí las mallas de ballet).

Tercera: el guionista de El discurso del rey se llevó su premio con setenta y tantos años... Vamos, que todavía me quedan opciones.

sábado, febrero 26, 2011

Mea culpa.

Me gusta la gente que es consecuente con sus ideas. El todavía presidente de la Academia de Cine dijo, antes de la gala: Algo habremos hecho mal para que los espectadores no vayan a ver nuestras películas. En efecto, que se aplique el cuento. Nadie en su sano juicio puede pretender que el público vaya en masa a ver una película como Balada triste de trompeta. A lo que parece, Álex de la Iglesia no consiguió suficiente dinero para llevar a cabo proyectos más ambiciosos, y se decantó por este, que no es precisamente parco en medios; dudo que llegue a recaudar lo invertido, y menos fuera de España, donde tendrán sus problemas para entender las referencias históricas y socioculturales.
Discrepo de la etiqueta de comedia, ni siquiera comedia negra. Tragicomedia, si acaso. ¿Esperpento? Pudiera ser, sobre todo en algunas escenas como esa en la que el payaso gordo o triste escapa en pelotas, con una barriga que le hace parecer un castratti, y comienza a comportarse de modo animalesco. Eso me dejó estupefacto. Pero risa, lo que se dice risa... A veces, y de forma involuntaria creo yo. Que nadie vea conspiraciones en el hecho de que se fuera de vacío en los Goya. No he visto Pan Negro, pero fácil lo tendría para superarla. Por supuesto que tuvo que llegar alguien como Tarantino para darle un par de premios, por la similitud en cuanto a sensibilidades; con todo, considero que Malditos Bastardos (que también refleja un inexistente atentado contra un dictador) resulta mucho más accesible al público.
No digo que la película sea una bazofia. Me gusta mucho el prólogo, los créditos, la premisa inicial y todo el aspecto técnico, pero creo que es mucho ruido para pocas nueces. Yo tengo aquí un VHS con una filme de terror de serie Z, Los payasos asesinos del espacio, y os puedo asegurar que sus escenas de humor negro son mucho más graciosas que las de los payasos asesinos del presidente. ¿Para cuándo un remake? En fin. Me voy, a seguir en la duda sobre si mañana quedarme a ver los Oscar, aunque eso vaya en perjuicio de ir a clase, actividad que a ratos empieza a resultarme molesta, sobre todo en aquellas clases en las que te preguntan cuestiones tan relevantes como que si te haces la cama todos los días...

martes, febrero 22, 2011

Ander.

Ahora que han pasado los Goya puedo decir que la piratería al menos te permite dar con rarezas que de otro modo serían casi imposibles de encontrar, fuera de grandes ciudades imagino. Es el caso de una película que han comparado con Brokeback Mountain, aunque solo guarda algunas semejanzas (y en conjunto resulta peor). Se llama Ander y, aunque ha sido premiada en festivales internacionales, dudo que haya llegado a muchos cines, por tres razones principales:
a) La mitad del metraje está hablado en euskera, con subtítulos.
b) Siendo una trama mínima, dura más de dos horas. Y sin ritmo digamos que ligero.
c) Last but not least. Trata de la historia de amor entre un pastor vasco y un inmigrante peruano. Vamos, para proyectarla en el Valle de los Caídos.
Recomiendo esta película, eso sí, a los enemigos de los tópicos sobre homosexualidad. No es que los rompa, los dinamita. Quien tenga en mente un protagonista atlético con calzoncillos de Calvin Klein (o imitaciones), que ahorra para ver a Lady Gaga... que vaya preparando el hara-kiri. Este tal Ander es gordo, peludo, lleva ropa interior de su bisabuelo, le gusta escuchar jazz mientras vigila a las vacas y meterse buenos bocatas de tortilla. Porque en esta película se come mucho, de principio a fin, y a lo bestia. En comparación, se folla poco, a lo hetero y a lo homo. Hay un personaje de prostituta, también poco típico, pues no está forzada y lo hace por comer ella y su hijo. La película tiene un desenlace positivo, sin estridencias como es el tono habitual en ella; eso sí, resulta triste que ciertos sentimientos nunca salgan a la luz hasta que la sombra paterna y materna se percibe lejos...
Y, como esto no es Mentiras y gordas, los cuerpos masculinos a los que se desnuda no quedan muy estéticos en pantalla. No es algo que me importe pero, como me suele suceder con el cine español, me pregunto si no sería mejor sugerir un poco más y mostrar un poco menos. Hace poco he visto Cisne negro, esa sí que es una película digna de ser premiada. Allí había escenas que me excitaron bastante sin mostrar ningún desnudo, claro que Natalie Portman y Mila Kunis no se pueden equiparar a unos mocetones vascos... (en mi gusto, claro).
Gordo también es el metraje. Tengo la impresión de que, si esta película es tan larga, es porque para pillar la subvención tuvieron que poner más diálogos en vasco, habida cuenta de que dos de los personajes principales solo hablan castellano. Pero, en fin, al margen de todo ello, me alegro de que alguien se acuerde de retratar la homosexualidad en el medio rústico. Falta hace...

jueves, febrero 17, 2011

Primer cuatrimestre: coda.

Llevemos hasta el extremo eso de que, a mal tiempo, buena cara, y vamos a sacar los aspectos positivos del día, que no son pocos: ya tengo las cuatro notas del cuatrimestre, y he aprobado todo. Por lo tanto, el horizonte del verano está libre y lo seguirá estando, por lo menos, hasta junio-julio. En la asignatura de los despropósitos, saqué 8,7, más de lo que esperaba y, aunque dijo que iba a indicar qué parte de nota correspondía a los múltiples porcentajes, no lo hizo, lo cual no deja de ser el despropósito final. En el trabajo de Fonética Experimental, tantas horas de laboratorio dieron su fruto y alcancé la máxima puntuación. No la matrícula, lo cual es de justicia, porque si no fuera por mi compañero yo jamás habría llegado hasta esa nota. Así pues, he sacado mejor resultado en la única asignatura de Lengua, lo cual es significativo, aunque no quiere decir que tenga pensado cambiar de especialidad.
La nota media, de cara a becas y esos rollos, es elevada, puedo estar satisfecho. Por lo que respecta al segundo cuatrimestre, he de decir que las dos asignaturas nuevas, también de Lengua, me están gustando, así que entre unas cosas y otras la motivación sigue en un buen nivel. Necesitaré una considerable porción para mañana, el parcial de Literatura, aunque en este caso tampoco se muy bien a qué responderá el resultado, si al estudio o a una serie de factores sobre los cuales tendré control en algún caso y en otros no. Sea como fuere, solo me queda un repasillo hoy y otro mañana.
Después, hasta el próximo parcial pata negra, de fecha aún inconcreta, podré sosegarme un poco y voy a ir en Carnaval a Madrid, ahora que el agua ha barrido con esos humos tóxicos...

miércoles, febrero 16, 2011

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (y II).

Debo agradecerle, al menos, que no estropeara el libro. En la biblioteca de León, en otros volúmenes de esta temática, me he encontrado insultos cobardicas, realizados desde la comodidad del anonimato, quizá por otro reprimido. A fin de cuentas, son personas que saben con qué clase de libros van a encontrarse, lo saben por la información de la cubierta. Si no les gustan, ¿entonces por qué los sacan? ¿Por qué los leen, si es que llegan a leerlos enteros? Es una pena que no hagan algo para detectar a esta gentuza. Deberían pagar un libro nuevo, y que les retiraran el carnet. No tengo por qué ir leyendo comentarios ajenos, aunque a veces sean muy significativos desde el punto de vista sociológico.

Lo cierto es que a veces me da pena pasar por la biblioteca. Una cosa es hablar en voz baja y otra en muy alta, y además por el móvil. En ocasiones ni siquiera los propios empleados dan ejemplo en ese sentido. Y, respecto a los visitantes, hay gente que no va a leer sino a calentarse, cosa que me parece bien pero creo que hay establecimientos más señalados para ese fin. El tipo que dejó ese marcapáginas bien podría ser asiduo de otra zona de la biblioteca… los servicios. Allí solo entré una vez, y salí rápido ya solo de ver las pintadas que había. Decoración acorde, si acaso, con una estación de autobuses, etc., no con un templo del saber. Allí, este anónimo y piadoso lector bien podría mantener relaciones sexuales fugaces y sin mayor riesgo, riesgo para su reputación me refiero, al igual que el personaje del libro. A este respecto, sigo pensando que hay lugares más señalados, quizá en esta ciudad tampoco muchos donde elegir.

Me he limitado a plantear una serie de suposiciones, para las que no tengo respuesta. La tendrían los seres inertes, si pudieran hablar. Las puertas de los servicios, los viejos y sobados ejemplares de la biblioteca pública… Sí, si los libros pudieran hablar acerca de sus lectores, ¡cuántas historias interesantes sabríamos, a veces mucho más que las propias que ellos contienen! Al menos por lo que se refiere al libro encuadernado de papel, dudo que pudiera decirse lo mismo acerca de las pujantes ediciones en formato digital. Si me hubiese descargado, legal o ilegalmente, El lenguaje perdido de las grúas, ahora no tendría un nuevo marcapáginas en mi colección que, al margen de su desatendida petición de pureza, por lo menos me recordará la indirecta senda por la que llegó hasta mí, y los insondables misterios de en qué estaría pensando quien decidió colocarlo en dicho libro.

domingo, febrero 13, 2011

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (I).

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA.

He leído hace poco la novela El lenguaje perdido de las grúas, de David Leavitt. Pese a ese título, tan largo y raro, la historia, dentro del marco de una familia disfuncional, parece convencional a fin de cuentas. Dará la razón a quienes piensen la absurda, bajo mi punto de vista, idea de que la orientación sexual se transmite a través de los genes. Como yo no creo eso, diré que todo gira en torno a una casualidad de este tipo: un hijo homosexual que sale del armario y su padre, que también es homosexual, y no quiere salir. En sus dudas, este último personaje piensa que igual es bisexual, pero en el desenlace desecha por completo esa apreciación. La historia tiene la perspectiva de un novelista gay, que desliza en algún momento algún tópico sobre la bisexualidad, de forma fugaz por suerte. La parte sufriente de este triángulo es la madre, que no es del todo lo buenrollista que se podría haber pensado ante estas circunstancias. Deambulan algunos personajes más, y alguna subtrama menos conseguida. El libro no acaba de modo truculento ni sensacionalista, lo cual es de agradecer.

No quería hablar tanto de la novela como de una circunstancia que acompañó al hecho de sacarla en la biblioteca. Alguien, un antiguo lector, había dejado un marcapáginas en el libro, cosa que puede parecer normal pero que, dado el carácter del mismo, resulta sospechosa respecto a la actitud de quien lo dejó. Por un lado viene una foto de Nuestra Señora de San Lorenzo, de Valladolid, la estatua de una virgen. Por detrás, ahí está el meollo, viene una Oración por el Triunfo de la Pureza. Supongo que, quien lo dejó ahí, lo hizo como una especie de obsequio para un futurible lector, y yo acepto el obsequio con gusto, aunque quizá no vaya a responder al fin con el que fue allí depositado.

Así que el triunfo de la pureza… Hum, justo en este tipo de novela, pues no, no parece casual. Aclaro que esta no es una novela pornográfica. El sexo, cuando aparece, lo hace de modo natural, porque a fin de cuentas es natural, poco importa que digan lo contrario. Lo que de manera natural es imposible, y lo digo con todo el respeto a quien lo crea posible, es esta foto en la que una madre sostiene a su hijo y por detrás se nos dice que esa madre es virgen. Se habla ahí de la pureza de los jóvenes, la fidelidad de los esposos… Sí, todo lo que no aparece en la novela, imagino que por eso allí fue colocada. No obstante, me pregunto qué clase de persona pudo haberlo dejado. En primer lugar, sospecho de un hombre (aunque en la novela también aparece una mujer lesbiana, un rol secundario).

A dicho hombre lo veo de edad madura, más parecido al protagonista mayor, Owen, que al otro protagonista, su hijo Philip. Sí, cabría la posibilidad de que fuera parecido a Owen, pero con una existencia más difícil. A fin de cuentas, la familia de la novela vive en Nueva York. ¿Que el hombre no quiere salir del armario? Pues nada, tiene cines pornográficos para gays (es una novela antigua, claro; teniendo internet, ¿quién necesita ahora cines?); tanto padre como hijo disponen de discotecas y bares de todo tipo para personas como ellos. Aquí en León no hay opciones de esa clase, ni cines en ese sentido ni muchos bares, que se podrían contar si acaso con la palma de una mano.

El sospechoso, pues, estaría lógicamente reprimido sobre todo por su fe cristiana, de lo contrario no entiendo por qué iba a hacer esa labor de proselitismo anónimo a través de un marcapáginas. Se permitiría un pecadillo leyendo esta novela, pero al menos luego querría aportar un consuelo a otros desviados como él que se vieran tentados de leerla.

viernes, febrero 11, 2011

Primer cuatrimestre: telón.

Es una pena que los fastos por la conclusión del primer cuatrimestre vayan a verse boicoteados por ese examen en medio de la nada que será el parcial de Literatura. Además, ¿qué puedo esperar de ese examen? ¿Qué se puede esperar de una profesora que nos habla de lo anticuada que estaba la educación en el s. XVIII, cuando ella misma es la anticuada en materia educativa? No exagero. Imaginad a una mujer que no se levanta de la silla en toda la hora, que tiene alergia a la tiza y no digamos ya a la pizarra. Cuando nos dice un nombre raro, cosa que ocurre cada poco, lo deletrea a toda leche, algo así como: El famoso escritor Jander Klander, Perico de los Palotes... No digo ya que nos ponga esos consabidos power point, pero vamos, que me recuerda a cierto profesor del colegio que empezaba con lo de: El río Yang Tché... Sí, como suena...
Me lo tendré que tomar con sentido del humor, porque es la única manera. Ya salió otra nota, la que iba ser mi nota consoladora, con perdón, la de Géneros II. Me gustó la asignatura, la manera en que explicaba el profesor... Pero, este mismo, al hacer el examen se descolgó con alguna pregunta muy poco concreta. Le expresé mis dudas y me dejó casi peor que antes. De todos modos, no me puedo quejar por un 9, a fin de cuentas es sobre. Me falta por saber la nota de la asignatura esperpéntica. Despropósito hasta el final, ya va tardando en salir, y no será por los siete alumnos que nos presentamos el lunes... En fin. Creo que necesito unos días bajo el viciado (y no necesariamente vicioso) aire de Madrid, en cuanto sepa de los últimos coletazos del cuatrimestre os los pondré en conocimiento.

martes, febrero 08, 2011

Ocho y dieciocho.

Ya he terminado los exámenes del cuatrimestre, que no del mes. Próxima parada: 18 de febrero. Supongo que empezaré con este a lo largo de la tarde-noche, si es que logro desterrar la pereza. Superada (o no) esa prueba, me gustaría pasar unos días por la capital, aunque, a la vista de la boina tóxica que la recubre, quizá deba llevarme una mascarilla. No importa. En ciertos sentidos, su ambiente es mucho más respirable que el de León.
Y, bien, todavía hay profesores que se dan prisa para corregir. Aunque, eso sí, las rebajas también parecen haber llegado a las calificaciones, porque me ha resultado un poco tacaña mi nota. Un ocho-gocho es muy bueno para una asignatura de Lengua, no tanto para una de Literatura. Francamente, yo no se qué es lo que quería para subírmela. Pero es lo mismo. Ya me he dado cuenta de que la cosecha de este curso respecto a los profesores, con alguna excepción, es de garrafa barata. Solo hace falta analizar el esperpéntico examen que tuve ayer, cúspide de la cadena de despropósitos que de principio a fin ha sido esa asignatura.
En todo caso, no quisiera mostrarme muy negativo. Más bien me siento impaciente. Es algo común en todos mis compañeros, enredados en los procelosos mares del Aula Virtual, Secretaría Virtual y el Moodle ese. Ahora, algunos profes ya ni se molestan en colgar un papel en el tablón, con lo cual al menos se rebajan los deseos de competitividad, que en clases tan reducidas como la mía tampoco es que tengan mucho sentido.
Así que, en vez de quedarme esta tarde esperando dos notas, como quien espera a Godot, procuraré ir adelantando un poco para el 18, punto y aparte de esta racha que ha comenzado ni tan bien como pretendía ni tan mal como para que pueda citarse el recurrente término de crisis.

sábado, febrero 05, 2011

Anuncios.


Han pasado once días desde el primer examen, y todavía no se ninguna nota. Llegarán todas de golpe, como suele suceder, y mientras sea para bien... El de ayer fue estupendo y, antes de empezar con el del lunes, el benjamín en cuanto a tamaño, voy a pasar como una cortinilla con algunos anuncios fílmicos. Me relaja bastante ver películas tras una jornada de estudio pero, eso sí, tengo menos paciencia con las que no me gustan.
- La trampa del mal: es el primer capítulo de una trilogía de terror. Y digo capítulo porque parece un capítulo de serie, algo extendido, por su brevedad y entretenimiento. Al final, el mensaje se resume en que, aunque exista el Diablo, tenemos suerte porque también existe Dios. Como no creo ni en uno ni en otro, empiezo a encontrar ridículas esas personas a las que disfrazan con lentillas y una voz de fumador empedernido.
- Amor y otras drogas: propaganda negativa. Esta ni la acabé, y hacía bastante que no abandonaba una película. Culpa mía, porque no me gusta este género. Aguanté media hora. Para empezar, no me creo al protagonista. Lo hizo muy bien como vaquero gay o bisexual (según la interpretación de cada cual), pero, tras romper un estereotipo, ahora recae en uno de brocha gorda, un hetero a lo Don Juan Tenorio, que seduce a las mujeres, da igual la edad, con dos o tres frases de vendedor de enciclopedias, despertando toda clase de mohínes y melindres descerebrados. Es cierto que Jake (apellido impronunciable) ha hecho un gran esfuerzo físico para la película pero, para gustos... Al margen de que no me convenza, lo encuentro muy cargante. Quizá no valga para la comedia, como tampoco vale el director, poco curtido en este terreno. Tras algún momento bochornoso, como la convención de comerciales de pastillas con una coreografía de ¡La Macarena! (a estas alturas...), aparece Anne Hathaway, con la que ya formó pareja en Brokeback, haciendo de marido gay con tapadera o de marido bisexual (según la interpretación de cada cual). El papel de ella es de una tía enferma y a priori cabreada, que, sin duda, acabaría cediendo tras diez minutos de filme. No se. Si alguien aguantó hasta el final ya me contará qué pasa con el ninfómano y la chica con párkinson.
- Déjame entrar: la mejor película de las tres. Pero, claro, es natural. La original era muy buena, y el director se ha limitado a calcar los planos, metiendo alguna secuencia nueva. La pregunta es: ¿era necesaria esta versión? Respuesta: no. Como resulta obvio, la diferencia más grande es que una tiene ambientación sueca y otra ambientación americana. Me quedo con la sueca.
Y ahora os dejo, me meteré con ciertas chapas medievales, por suerte breves. Dentro de un par de días acabaré los exámenes del cuatrimestre, que no los del mes.

miércoles, febrero 02, 2011

Animales.

¡Por Libia! Hoy es el Día de la Marmota y esta noche empieza el Año del Conejo, el año nuevo chino. Comienza el mes lleno de animales. Respecto a lo primero, lo cierto es que no había visto la película que dio fama al acontecimiento, Atrapado en el tiempo, pero lo hice hace poco, en Reyes. Me gustó, si obviamos el componente amoroso, inevitable en este tipo de películas. Estos días me he sentido un poco como en el Día de la Marmota, por culpa de mi impaciencia. Cada día entro en la secretaría virtual para comprobar que aún no están colgadas las notas del primer examen. Y ya ha pasado más de una semana... Bueno. Ya había escuchado al profesor que se iba a ausentar. Nobody is perfect. En fin. Mientras espero este, habrá que ir preparando el siguiente, para el viernes. A ver si entre la marmota y el conejo me dan suerte, aunque en verdad no me importa tanto estudiar como el tener que ir casi todos los días a la facultad, por unas u otras, pese a que se han suspendido las clases. ¿Por qué hay gente que cree que todos estudiamos en la biblioteca? Pues no. Una de las razones por las que regresé aquí fue porque estudio muy bien en casita, incluso tumbado en la cama, posición que se diría proclive a la vagancia pero lo que importa es que el cerebro se mantenga alerta.
Medio encendido lo tengo ahora, tras esta pequeña interrupción, la próxima vez que nos veamos espero no tener que decir que es Día de la Marmota otra vez respecto a las notas.