domingo, enero 30, 2011

Acabóse la cuesta.

El otro día os recomendaba un libro, hoy me dispongo a no recomendaros uno. No es que sea malo, pero es engañoso. Se llama El golem, de Gustav Meyrink (o algo así), yo pensaba que sería una novela con monstruo y resulta que el monstruo solo está en el título, al final todo es como una gran intoxicación opiácea que hubiera tenido su autor. Y yo que esperaba encontrar un golem como el de mi añorado juego Heroes of Might and Magic, repartiendo hostias a diestro y siniestro... ¡Cómo echo de menos ese juego! Con ganas mandaría al carajo todo el estudio con tal de liderar un batallón de golems hacia el asedio.
La última (o penúltima) estupidez de mi profesora ha sido que, además de enviar el trabajo por correo, como ya he hecho, tenemos que llevárselo a la facultad, un trabajo de ocho páginas... Como si la facultad la tuviera al lado... Y no es que me pese el culo, pero tampoco me gusta que me hagan perder el tiempo. En fin. ¡No miremos todo desde el lado negativo! Se termina el mes, un mes que comencé enfermo y que confío en que no acabe igual. La meta de la cuesta de enero se acerca, y yo he pasado por encima de todo: jornadas maratonianas, empleos exprés, incompetencias e informalidades... Hasta me he moderado en las rebajas.
Incluso he conseguido dar un poco de vidilla a este blog, una decena de entradas, algunas mejores que otras pero que en cierto modo también me relajan, puedo dar rienda suelta a mi vena creativa sin que el estudio se vea perjudicado por ello. No se si lo he dicho ya, pero todo cambiará en el segundo cuatrimestre. O al menos ahí reside mi esperanza.

sábado, enero 29, 2011

FARENHEIT 451


FARENHEIT 451

Mi profesor de Teoría de los Géneros Literarios II, la primera asignatura del curso que me he quitado de encima, mantiene una estrategia que juzgo como inteligente. Él, salvo pequeños cuentos para analizar en clase, no nos manda leer libros. Antes que eso, digamos que despierta nuestra curiosidad y, al menos en mí, eso ha funcionado y ya tengo una pequeña lista de lecturas a completar en un plazo menos comprimido que cuatro meses. Siempre es más placentero leer por gusto antes que por imposición, eso está claro, y puedo comprobarlo en otras asignaturas. En Géneros II, se dedica atención a géneros tenidos por menores, como la ciencia ficción, el policíaco o la novela negra, mientras que en otras materias de literatura, por llamarla así, del canon, nos obligan a tragarnos tostones contra nuestra voluntad.

Y no es cierto que estos géneros menores carezcan de calidad. Está la ciencia ficción, por ejemplo, en la que no todo son viajes espaciales y planetas remotos. Aquí hay libros que nos hacen no solo pensar, sino inquietarnos. Hay un triunvirato de obras, dos de las cuales ya había leído, 1984 y Un mundo feliz, y otra la acabo de leer, Farenheit 451. Como las anteriores, se sitúa dentro de una distopía, es decir, una contrautopía, un mundo futuro que aparenta ser feliz aunque, evidentemente, no lo es. Al igual que Orwell se basó en la realidad de su tiempo, el autor, Ray Bradbury, también nos habla de cosas que, desde la perspectiva actual, se dirían casi proféticas. En su futuro, los bomberos ya no tienen que apagar incendios y, en vez de ello, los provocan, se dedican a quemar libros. ¿La razón? Bueno, los libros, al menos buena parte de ellos, llevan a pensar, y esto conduce a la melancolía, a la tristeza. Es preferible una sociedad feliz, en la que predominan las pantallas de televisión del tamaño de una pared. Pero, claro, esa felicidad es muy relativa, tanto para el bombero protagonista, que se rebela, como para su idiotizada mujer. El primero, finalmente, acabará encontrando una Resistencia en forma de vagabundos desarrapados que en realidad son catedráticos e intelectuales, que llevan en su memoria (aunque para mí resulte difícil de asumir) libros enteros, para un futuro mejor en el que se pueda recuperar todo ese torrente de conocimiento. Otro aliciente es que el desenlace es bastante más optimista que el de 1984

Lo cierto es que a mí no me resulta deprimente la lectura. Antes bien me produce tristeza la televisión, por eso suelo verla poco. Ni siquiera, en su momento, telecomedias como Los Serrano, con sus bromas homófobas sin puta gracia y, en los últimos tiempos, hasta los informativos se están idiotizando. Hace poco la noticia era que en enero hacía calor (no en esta ciudad) y, para ilustrarlo, sacaban a un grupo de chicos en bañador haciendo cabriolas, con el plano detalle de un pezón atravesado por un piercing. Para qué decir más. Ironías de la vida, uno de los hitos de la telebasura le tomó prestado el título a otro de los libros de Ray Bradbury, Crónicas Marcianas. ¿Llegaría el autor, que todavía vive, a ver alguna vez este engendro? No se, pero es un caso que hubiera merecido una buena querella criminal…

jueves, enero 27, 2011

DE DIOSES Y HOMBRES.


DE DIOSES Y HOMBRES.

El otro día, desde Corazón de Mierda (aunque la mierda no sea ninguna estación), volvieron a boicotear la ceremonia de nominaciones a los Oscar, barriendo para casa y quedándose solo con la que logró Bardem y su Biutiful. No he visto esta película, creo que el realismo social no es lo mío, pero dudo que sea mejor que otra que, incomprensiblemente, ha quedado fuera de la lista, la francesa De dioses y hombres.

Ahora que estoy de exámenes supongo que debiera ver cosas ligeras y entretenidas, pero tampoco viene mal relajarse con la ascética existencia de un grupo de monjes en un monasterio del Atlas. Depende del día, la otra vez tocó un blockbuster de fantasía como el tercer Narnia, pero suelo preferir el cine independiente. La película se basa en hechos históricos y, aunque sabes bien cómo va a acabar, no por ello se sufre menos, al menos en mi caso. En 1996 este pequeño grupo monacal fue secuestrado por un comando terrorista islámico y, viendo que no se cumplían sus peticiones, los asesinaron sin que, lamentablemente, en la actualidad se haya solucionado el crimen.

La película refleja bien la vida de estos hombres, que nadie espere un estilo videoclipero, ni tampoco un sermón religioso. No es una película religiosa en el sentido de la propaganda. En absoluto. Los monjes del Atlas no adoctrinan, conviven con la miseria de sus vecinos ayudándolos, suministrando medicinas, consejos y todo en una armonía que solo se rompe cuando el fanatismo y la barbarie, surgidos al amparo de una sociedad corrupta, entran en escena. A mí no me gusta el proselitismo, ni el adoctrinamiento, supongo que por eso miro con simpatía al budismo. En esta película vemos hombres que mueren por su religión, y hombres que matan por su religión; bueno, más bien ignorantes que matan, porque muchos no han leído el Corán, o lo han hecho de un modo que se adecúe bien a sus instintos criminales. Resulta admirable cuán puras son las creencias de estos religiosos, que son capaces de rezar por la salvación de sus supuestos enemigos cuando estos mueren. Es cierto que no son santos, vemos sus luchas internas y miedos, pero aun así están a años luz de aquellos cuyos escándalos saltan día sí y día no a la prensa. Es como todo. La religión en sí no es negativa, lo negativo es cómo puede ser usada por los hombres.

Ahora que la llama prendida en Túnez se va extendiendo por países vecinos, os recomiendo esta película, que, pese a no ser fácil, ha sido todo un éxito en Francia, y ya podrían hacer alguna parecida por aquí sin los tópicos de siempre, parece que inevitables cuando surge según qué tema.

lunes, enero 24, 2011

MI SEMANA COMO PROFE (y 3).

EPÍLOGO

Hice bien en titular esto Mi semana como profe. Sí, no he durado más que una semana. Cuando me disponía a dar la tercera clase, me han relevado, por así decirlo, ja, ja. Eso sí, que nadie sugiera un motivo escandaloso. Es algo tan prosaico como que la pela es la pela y la experiencia es un grado. La niña (la llamaré así aunque sea adolescente) ha encontrado otra clase más grupal, que resulta más económica, con una maestra más curtida, aunque eso no es garantía segura de éxito.

En realidad, no me han dado tiempo a desarrollar el experimento. En dos clases, ¿qué voy a enseñar? No es que me desagrade perder el empleo, pero sí que hayan cambiado tan pronto de idea. De todos modos, estoy acostumbrado. En esta ciudad hay muchas iglesias, pero hay incluso más veletas que iglesias. No guardo rencor porque han pagado religiosamente, con un euro de propina, y deseo que a la chica le vaya muy bien con la Lengua y la Literatura. Ni siquiera se si ha aprobado la recuperación, pero me dijo que le salió muy bien. Confiaré en su entusiasmo. Ya que ella no lo puede tomar (en teoría), me tomaré un vino brindando por su triunfo, con el sueldo de estos dos días. Lo que no voy a comprar, de momento, es la Ortografía de la RAE, prefiero tener el capricho de algún libro más corto y más asequible. Lo cierto es que había adquirido uno de la editorial Valdemar: Latín y mentiras. Selección de pensamientos sobre el arte de educar. Lo compré cuando aún era un educador pero, de todos modos, lo leeré para futuribles casos.

Y, ya de forma confidencial, me despido con la esperanza de que este favor truncado que le hice a mi profesora por lo menos revierta de modo positivo de cara al parcial de su asignatura, que es lo más duro que me va a tocar en febrero.

De los trabajos siempre me voy yo. Me fui de Rodilla. Quebró el Blockbuster. Me fui del Corte. Me fui de Telepizza. En realidad no considero que me hayan despedido porque para mí esto no fue un empleo en serio, ha sido un modo de ganar 25 ñapas por un par de horas en las que no me he esforzado gran cosa.

MI SEMANA COMO PROFE (2)

Respecto a la exposición que hice en clase, creo que hay cosas para comentar, y vituperar. La asignatura, Narrativa Española, es uno de esos experimentos de adaptación a ese plan Bolonia bajo cuya égida, por suerte, nunca (en principio) vamos a estar. Como todos los experimentos, puede salir torcido. Aquí, bajo un totum revolutum de tantos por ciento que estuvo a punto de cambiar en el último momento, te exigen asistencia, participación, una exposición oral, un trabajo individual y, last but not least, un examen. Aparte de ello, por lo visto también se exigen unas determinadas técnicas didácticas, lo cual no deja de ser un absurdo porque cada maestrillo tiene su librillo y, en el hipotético caso de que yo llegue a dar clase en una facultad o un colegio, la daré como me plazca y no como me diga una señora, por muy profesora titular que sea.

La asignatura fue un despropósito desde el principio. Nos mandaron un trabajo en grupo, cosa que no me gusta ni siquiera cuando puedo elegir a gente de mi confianza. No fue el caso, en mi grupo eran todos extranjeros y digamos que con una perspectiva desigual de cara al trabajo. Si ha habido falta de coordinación, no he sido yo el mayor culpable en ello. Sospecho que hay personas que no estaban preparadas para enfrentarse a esta materia (ni para estudiar cuatro meses en este país). Cuando al fin llegó el momento de la exposición, yo analicé mi tema de modo bastante exhaustivo, dentro de lo que puedes decir en media hora, e hice el esfuerzo de memorizarlo más o menos y me gasté la tela en varios tacos de fotocopias. Cierto que no hice un power point de esos. No me dio la gana y no lo veía necesario, nuestra profesora dijo que no hacía falta aunque luego parece que lo echó de menos, en otra de sus contradicciones.

Está bien ese sistema de que el resto de alumnos comente lo bueno y lo mejorable de las exposiciones, un poco en plan Alcohólicos Anónimos, pero tengo la impresión de que la profe, al hacer lo mismo, reparaba a veces en meras insignificancias. A mí me dijo que, aunque mi exposición estaba bien, mi tono de voz era monótono. ¿?. Puede que sea verdad pero, de todos modos, el que lo diga ella no deja de ser una ironía. ¿Monótono? ¿Está hablando la misma mujer que nos tuvo dos meses analizando el mismo libro, con todas las ediciones de la A a la Z, compiladas por Fulano o Zutano? ¿Está sugiriendo que a clase uno va a divertirse? Porque yo en varias de las suyas casi echo raíces, y sin embargo hubo que firmar la asistencia como si estuviéramos en una fábrica.

No se a qué se refiere. Desconozco si mi tono de voz es monótono pero, de haberlo sabido, me hubiera puesto a imitar a cierto profesor de los Maristas que sí lo tenía de ese modo, y no por ello ha perdido su empleo. ¿Es que ahora la labor de docente es equiparable a la de actor? ¿Tendré que recitar mis lecciones como un Laurence Olivier? ¿O, tal vez, para darle más nervio, analizar la filmografía completa de Jim Carrey para dotarme de un nutrido arsenal de muecas? Ni idea, yo solo se que:

a) Me he matriculado de Narrativa Española, no de Enseñanza de Narrativa Española.

b) Me la pela que casi todos los profesores den por hecho que nuestra salida es la docencia. Nadie tiene una bola para mirar al futuro.

c) Los comentarios subjetivos de la profesora son válidos en cuanto que es ella quien corrige, pero no pueden ser generalizados.

Por ello, menos tonterías y menos boloniadas, que a clase se va a aprender, y hay recursos que ayudan pero no son ni mucho menos imprescindibles, al menos por el momento, ya que en esta sociedad de la tecnología pronto habrá que subirse al carro a menos que… Todo el mundo acabe en la UNED, ja, ja. No es broma. Ya algunas de mis compañeras han sugerido esa salida para no toparse con según qué profesores.

domingo, enero 23, 2011

MI SEMANA COMO PROFE (1)

MI SEMANA COMO PROFE.

Tenía la esperanza de empezar este año dando vidilla al blog, pero, vamos, que sería en estos momentos un pensamiento un tanto suicida. Bastante que lo he ido sacando adelante año tras año, a las duras y a las maduras. En la última entrada apunté que me iba a estrenar como profesor particular, puntualizando lo de en serio aunque solo fuera porque estas clases sí van a ser retribuidas con dinero. Pues bien, ya he impartido un par de esas sesiones y, además, en la carrera me tocó hacer una exposición sobre un trabajo, es decir, ponerme en la piel del profesor como quien dice, con la salvedad de que nuestra profesora se hallaba entre el público y hacía unas críticas que yo jamás hubiera hecho a ningún maestro, ni aquí ni por supuesto en el colegio.

Respecto a mis clases particulares, solo cabe decir… ¡Ironías de la vida! Hace un año yo suspendía Lengua III, Sintaxis, si bien por tres décimas y debido a un estudio insuficiente. Recuperarla en septiembre me ha servido, además, para tenerla fresca de cara a estas clases porque mi alumna me ha consultado sobre todo dudas acerca de la sintaxis. ¡Ohú! Creo que mi profesora de Literatura, la que me consiguió el empleo, debió de decirles que yo era muy bueno en su materia, pero no añadió que en Lengua, si acaso, me defiendo… ¡Ja, ja! No obstante, parto con ventaja. La sintaxis de Filología Hispánica no es la misma que en Cuarto de la ESO… eso está claro. Y compré un mamotreto de manual de la Nueva Gramática de la Real Academia (y eso que es la versión reducida), suponía que al final podría amortizarlo y ahora está llegando el momento, de hecho estoy pensando pillar también la Ortografía, un instrumento imprescindible para cualquier profesor más o menos serio. He tenido un bautizo de fuego, por así decirlo, puesto que mi pupila tuvo recuperación el martes pasado, y confío en que mañana me diga si la ha pasado o no. Conste que no es ninguna borrica, suspendió raspando, con cuatro (en eso se parece a su maestro jedi).

sábado, enero 15, 2011

The Never-Ending Week.

Esta ha sido la última semana, completa, del cuatrimestre, pero... ¡Cuánto le cuesta acabar a la jodía! Todo cambiará a partir de mediados de febrero, o al menos vivo con esa esperanza. Entonces, yo seré el primero que deba refrescar mi memoria respecto a la novela Los cerdos (y, de paso, revisarla para posibles modificaciones). Entonces será el momento de plantearse volver unos días a la capital. Hasta entonces, quizá pueda plantearme algún reto nuevo. Por casualidades de la vida, y otros factores que ahora serían prolijos de contar, mañana voy a tener la oportunidad de, por primera vez, probarme como profesor particular un poco en serio. No es que no haya explicado a compañeros de clase o amigos lecciones varias, con mayor o menor fortuna, pero ahora será otro rollo y, aunque estén previstas un par de horas semanales, debo considerarme un tipo con suerte por encontrar trabajo parcial en estas épocas de penuria. Voy a dejarlo aquí, que, además de mis exámenes, voy a tener que encargarme de alguno que otro ajeno. The Never-Ending Week terminará mañana, currando también, pero luego al menos tan solo quedarán tres días de clase antes del parón.

PD- Mañana por la noche ni globos de oro ni leches. ¡Jo! A ver si se lo dan a Julianne Moore y me lo pierdo...

sábado, enero 08, 2011

Tengo algo que deciros.


He visto pocas películas durante estas fiestas, pero una de ellas venía muy a cuento con el espíritu de las mismas. Ya se sabe. Por Navidad, la familia se reúne y hay mayor probabilidad de que surjan anuncios, algunos inesperados y otros indeseados. Esto sucede en la película italiana Tengo algo que deciros, de Ferzan Ozpetek. Un joven regresa a casa por Navidad, de Roma a su pequeña ciudad natal, Lecce (léase Leche, curiosamente comienza igual que León), y allí le cuenta a su hermano que va a salir del armario durante una cena familiar, y de paso dejar claro que quiere seguir su camino de escritor y pasa de currar en el negocio de fabricar macarrones y demás. En esto, voilá, que el propio hermano se adelanta y se declara gay en dicha cena, por lo que tiene que exiliarse y el otro hermano debe asumir le guste o no su cargo en la fábrica.
Al margen de las probabilidades de que dos hermanos varones sean ambos homosexuales, que las hay, quiero decir que este filme no es un dramón sino una comedia, de tintes dramáticos, pero con un tono suave y muy apropiado para las fechas navideñas. La familia protagonista es tradicional, pero no normal en el sentido que pueda imaginarse. El personaje del padre intolerante no se hace odioso porque es ridículo y bufonesco, las escenas en las que le entra la paranoia de que toda la ciudad sepa su secreto son de lo más exageradas. Por ahí hay otros personajes como una joven bella que intenta sacar el lado bisexual del protagonista (sin lograrlo) y la cinta baja enteros cuando llegan los amigos gays de Roma, un trío de locas que aportan litros de aceite, por otro lado tan básico en la dieta mediterránea. Ahí se entra en el terreno del tópico aunque no sin cierto realismo, puesto que yo conozco a personas así y sin necesidad de ir a una capital del estado para encontrarlas.
En fin. Podemos alegrarnos. Los italianos están bastante peor que nosotros, solo hace falta ver quiénes mandan allí, con ese vecino incómodo del Vaticano que influye mucho más de lo que debería. A mí me ha gustado, también porque no puedo evitar sentirme identificado con algunas situaciones. Al final (y no es que quiera estropeároslo) el protagonista se confiesa pero no en cuanto a orientación sexual, sino que dice que quiere ser escritor, terreno espinoso incluso para los personajes de ficción. Yo, mientras sigo la misma senda, tendré que afianzar la licenciatura, así que me pongo a ello, que el toro empieza a acercarse demasiado.

miércoles, enero 05, 2011

Noche de Reyes.

Sigo sin encontrarme muy bien, aunque en este caso tenga más que ver con la tensión baja que con cualquier virus. Para rematar, acabo de asestar un duro golpe a mi salud mental comenzando a ver una película (?) titulada Isi Disi que, para colmo, es una secuela del primer Isi Disi. No cabe duda. La entrada de Tetacinco en Cuatro no solo se ha llevado por delante a CNN + sino que además está esparciendo la basura. ¿Cómo es posible que en la Noche de Reyes emitan algo así? ¿Es que no hay producciones familiares disponibles o es que querían echar a los niños, espantados, para que se fueran pronto a la cama? Al menos Antena 3 había escogido una película fantástica más apta, que no buena, con mi Hayden Christensen, ahora el pobre perdido en una nebulosa post- Star Wars.
Respecto a ese subproducto (espero que así asumido por sus creadores) de Isi Disi, solo cabe decir que es de esas armas arrojadizas que usan los reaccionarios para atacar al cine español, si bien no les falta razón en cabrearse porque semejante bazofia obtenga subvenciones públicas... Aunque, por fortuna, no la he visto entera, creo que el punto álgido fue la colaboración de Celia Blanco, Lucía Lapiedra y una tal Zuleidy (?) que no aparenta más allá de catorce años pese al felpudo que se marca. ¿Por qué aparecen estas tres estrellas del porno? Deduzco que el director y guionista, a la par que salido, es un friki confeso, pero debiera limitarse a colgar sus vídeos frikis en Internet. Seguro que aventajarían en varios pueblos a Vagos y Maleantes...
En fin. No todo va a ser basura. Voy a autorregalarme, vía Reyes Magos, dos libros de ensayos escritos por y acerca de Tolkien, dos saldos. A fin de cuentas, no solo era un gran escritor sino además un ilustre filólogo, y me puede dar ideas de cara al fin de mi carrera. Tendré que pedir a los Reyes que me den fuerzas, porque como siga así de flojo alguna que otra asignatura va a acabar más sodomizada que las tres gracias que antes mencioné.
Que os traigan muchas cosas, o pocas pero buenas, je, je.

martes, enero 04, 2011

El número 1 del 11.

Si tuviera que juzgar cómo irá el año según el grado de entusiasmo con el que tomé las uvas y celebré su venida... Entonces tendría que decir que será un desastre. Pero, ¡qué le vamos a facer! Yo no tuve la culpa. Patético, pero verídico, otro virus de esos, pasajeros y de fuente desconocida, me tuvo que atacar justo el último día del diez. ¡Horror! Una pesadilla recurrente es tener que pasar la Nochevieja viendo los especiales de música (grabados un par de meses antes), pero a tanto no llegué. De rebote, al menos esta mala pata contribuyó a uno de mis más firmes propósitos para el año, el ahorro, pronto abriré cuenta para ello. ¿El fin de ese dinero? Aún es pronto para saberlo, pero dependerá de, por un lado, lo que la universidad me pueda conceder en forma de becas y, por el otro, lo que la universidad me pueda arrebatar en virtud de un máster que no quiero hacer pero que, indirectamente, me veré obligado a realizar según las nuevas directrices de esa cueva de Alí Babá o, mejor dicho, Alí Bo-Bolonia...
De todos modos, sea cual sea su comienzo, enero no suele ser un mes muy digerible, así que habrá que apurar los últimos días de vacaciones al tiempo que se adelanta un poco para todo lo que vendrá después. Digamos que el virus navideño ha ido rotando a través de los años. En 2007 me arruinó la cena de primos y de clase. En 2008 (casi) la Nochebuena. En 2009 no, por fortuna, bastante tenía ya con ser amo de casa. Y en 2010 le tocó el turno a la Nochevieja. Y hablo de días sueltos porque poco más me dura. Llegan, tocan un poco las narices y luego se van. Pero en esta ocasión no llegó a tiempo a la cena de primos, que se celebró en la misma pizzería de hace un año, entonces llamada Latina y ahora Mary te quiero... No estaban todos los primos que son, pero las ausencias fueron por motivos bastante felices en este caso.
En fin. Ahora, a esperar a los Reyes. Les pediría que me hicieran algún trabajo en alguna asignatura que tal vez no debí escoger... Tampoco estaría mal alguna compañera de trabajos, alguna más excitante en todos los sentidos que las que ahora me corresponden... Bueno, no divaguemos. Que tengáis buena entrada de año y una cuesta de enero que no se pase de repecho.

jueves, diciembre 30, 2010

Dos mil uans.


Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...
¡Queda justo un día para el nuevo año! Deseo, valga la redundancia, que vuestros deseos se cumplan (si vais a dejar de fumar, os van a ayudar un poquito). Yo no tengo mucho más que decir por ahora, no voy a caer en el absurdo de querer condensar ahora todo el transcurso del año. Dejemos la retaguardia y miremos hacia adelante. Y, como para casi todo en esta vida, se puede recurrir a Hitchcock en este caso cantando: Qué será, será...

FELIZ AÑO DOS MIL UANS. QUE EL GOBERNADOR DE LIBIA NOS AMPARE.
Y, SOBRE TODO (COMO PUEDE DEDUCIRSE DE LA FOTO DE ARRIBA), CHAMPAGNE FOR EVERYONE.

viernes, diciembre 24, 2010

¡Felices Fiestas!

Al final he cumplido mi amenaza, si es que se puede llamar así, de rebajar el número de entradas este año. Confío en que haya sido por la carrera y no por pasotismo o falta de inspiración, en todo caso no me he olvidado en ningún momento de este blog ni de la novela que estaba albergando, a la que pretendo regresar cuando, a partir de febrero, el número de asignaturas se reduzca y las clases vespertinas desaparezcan.
Todavía tengo que visitar los cada vez más numerosos establecimientos de chinos para comprar algunos regalos surreales de cara a esta Nochebuena, que no falte sentido del humor aunque me temo que el ingenio se ha quedado seco para el Concursito, como sea que he terminado las clases hace un par de días y hasta entonces he tenido que estar pendiente de las tareas. Por cierto, a través de mi hermano Paconcio me acaban de llegar dos ejemplares de mis libros adquiridos a través de la web Amazon e imprimidos directamente en los Estados Unidos. En concreto, ponen: Made in the USA. Lexington, KY. ¡Toma ya! ¡Mis primeros libros Made in USA! ¡Y de Kentucky, como los pollos! No me preguntéis cómo es posible que hayan llegado tan lejos, ni si alguien está ganando pasta a mis expensas; aún no he podido averiguarlo, de todos modos me hace mucha ilusión esa mera etiqueta. Por eso, y por muchas cosas más, ¡champagne for everyone esta noche! Paz, amor e igualdad. Felices Fiestas.

PD- No se por qué pero ni en este blog ni en el otro puedo aumentar el tamaño de la letra. Se puede entender que este, con más de cuatro años, ya esté empezando a envejecer, pero el otro es joven aún... Ja, ja.

lunes, noviembre 29, 2010

Amigo Leslie.


La última vez que vi a Leslie Nielsen fue, valga la redundancia, en su último trabajo, no demasiado bueno pero que al menos nos permitió verle en un insólito dúo con Chiquito de la Calzada. Sí, se trata de Spanish Movie, una película que me dejó dos dudas:

a) Siendo una película repleta de cameos como el de Leslie, llena de amiguetes, ¿por qué no se sumó a la fiesta el inventor de las películas de amiguetes, Santiago Segura? ¿Por qué no hubo una parodia de Torrente, si es uno de los mayores fenómenos del cine español reciente?

b) Y, aunque era una opción bastante menos probable, ¿por qué no Almodóvar, si era uno de los principales homenajeados, antes que parodiados?

Sea como fuere, era natural que en una película que seguía el género de las llamadas spoof movies se quisiera traer al rey de las spoof movies. Lo cierto es que, en un año que se está cebando con el mundo del cine, esta pérdida se me hace bastante dolorosa. Habrá quien niegue que es un genio. ¿Cómo se puede dudar? Es un genio en su campo, en el hacer reír. Por lo menos para mí. Anda que no habré visto yo veces Espía como puedas, que se puede tomar como un conjunto inmenso de chorradas o disfrutarla si se sabe penetrar en su sentido del humor. ¡Sí! Leslie Nielsen me ha hecho disfrutar a raudales, mucho más que otros llamados maestros del Séptimo Arte. Descanse en paz y gracias por alargarme la vida, si es cierto que el reír la alarga.

PD- Rejuveneciendo un poco el asunto, enhorabuena a la Academia que se ocupa de los Oscar por poner a Anne Hathaway y James Franco para conducir la próxima gala. Ahora sí que tengo justificación para pirarme todas las clases que haya al día siguiente. ¡Menuda pareja! Aunque en esto, y solo en esto, tengo que decantarme hacia el bando franquista...

miércoles, noviembre 24, 2010

Sasha Gris.


Mañana solo tengo una hora de clase y supongo que debiera alegrarme, de lo contrario no estaría escribiendo estas líneas que serán breves. Breve también (apenas hora y cuarto) es la película de la que voy a hablar, sin embargo el título es largo y ni siquiera se molestaron en traducirlo: The girlfriend experience. Ideal para quien quiera pajas mentales. Quien quiera pajas físicas, que busque a la protagonista en otras películas, como hice yo después, comprobando que, por mala que sea una película, al menos es bueno que te reafirme en tu orientación (que no opción) sexual. Ejem, sois libres de pensar mal... Aunque quizá no acertéis, je, je.
La película es rara por todas partes. Rara porque sale una actriz porno, Sasha Grey, en un papel protagonista dramático, y no lo hace mal. Rara porque es de Steven Soderbegh (¿lo he escrito bien?), un tipo que hace películas como churros, pero no iguales como churros, sino cada cual de un palo lo más alejado posible de otra. Rara porque es como si hubieran tirado el guión al aire y hubieran juntado las páginas según caían.
Pese a la chica, a mí no me resultó excitante esta hora y cuarto de peroratas interminables, supongo que por la frialdad que destila el conjunto. No gris sino muy colorida os dejo una foto suya ahí arriba, suponiendo que desde Penthouse no leen este blog y no me demandarán por ello, ni alcanzaré la calificación X porque, a diferencia de otras, en esta imagen sale vestida (o casi). Podría haber puesto una con el culo al aire pero, en fin, no tendréis que usar mucho la imaginación, yo soy soy bastante culófilo y aquí rindo homenaje a esas posaderas tan bien formadas bien por la naturaleza, por el ejercicio físico o por el Photoshop como la novia del Cristiano Ronaldo. Sea como fuere, fotos como esa han tenido bastante influencia en mi devenir, alguna vez podré escribir largo y tendido sobre ello...

domingo, noviembre 21, 2010

Cien.

Cien entradas llevamos este año en el blog. No está nada mal. Ha bajado, desde luego, pero ya advertí acerca de ello. Esta semana tengo múltiples lecturas, encargadas por una profesora que suele asistir a una tertulia semanal en el bar de aquí abajo. Acabo de pasar y no la he visto, supongo que el cónclave habría terminado ya. Es una mujer peculiar, de la que podré hablar largo y tendido a sabiendas de que es poco probable que descubra este espacio (aunque en esta ciudad nunca te puedes fiar...) .
Este cuatrimestre no es ni el más trabajoso ni el más difícil que he tenido en la carrera, pero sí el que más horas me obliga a permanecer en la facultad, comprenderéis por ello el abandono al que he sometido al blog y, lo que me duele más, a la novela, si bien esta creo que podré terminarla, a más tardar, en verano. Sea como fuere, estoy contento. Este mes he topado con estímulos no previstos, y otros que quieren asomar en lontananza. Es todo lo que necesito, una pequeña motivación que me ayude a asistir a clase incluso cuando menos me apetece, y llevo ocho semanas sin pirarme ninguna, he batido mi récord y así seguiré, siempre dispuesto a pirarme si es por motivos que merezcan la pena, no por mera vagancia. Terminar la carrera es un hecho ya motivador en sí mismo, pero otros empujoncitos vienen bastante bien.
Así pues, he disfrutado de esta tarde-noche de sábado como también disfruté de la tarde del viernes, y ahora iré a descansar todo lo que mi espíritu marmotil necesite para mañana rematar algunos flecos... Me sienta mal no venir más por aquí, pero retornaré siempre que pueda, pronto llegarán las navidades y luego, a partir de febrero, ya será otro cantar, si las cosas van como imagino.

viernes, noviembre 05, 2010

Enredados.




Entre las desventajas de las redes sociales, al menos para mi persona, está la de que me distrae de tareas más productivas como escribir en este blog, en otros proyectos o no digamos ya respecto a las tareas de la universidad. Pese a todo, en época de exámenes no faltan los comentarios de gente atacada, que combate el tedio del estudio colgando impresiones sobre el desastre que profetizan.
Yo no estoy enganchado a Facebook, ni mucho menos. Me es útil, entre otras cosas porque habría personas de las que ya no sabría nada si no fuera por esta herramienta. A diferencia de lo que se dice en la película La red social, no me ha servido para evitar preliminares a la hora de echar un polvo, en lo que difiere de otras hermanas suyas, menores y bastardas. No, Facebook será una red de amigos pero en todo caso me parece que está bastante lejos de ser red de contactos. Si no fuera por su espectacular ascensión no se explicaría el surgimiento de dicho filme, el que, por otra parte, tiene entidad por sí mismo al margen del tema. No parecía a priori que la historia de estos jóvenes informáticos que se vuelven ricos en un abrir y cerrar de ojos pudiera ser muy apasionante, pero ahí está el mérito de convertirla en un entretenido largometraje de dos horas de duración que alberga una temática intemporal con la cualquiera puede identificarse: la amistad, la ambición, etc. Poco importan las probables exageraciones de la historia real, no estamos ante un documental sino ante una dramatización con sus imperfecciones, como la gran mayoría de guiones que merecen ser recordados. Me cuesta creer muchas cosas, como que existan alumnos de Harvard que tienen tiempo para sacar de media Matrícula de Honor, entrenar para los Juegos Olímpicos y no perderse sus selectas juergas, todo a la vez. Envidiable, ¿no? O ese piso franco de informáticos reconcentrados en la programación y obviando las orgías de drogas y chicas colocadas que suceden a su alrededor. Y, pese a que el protagonista se presenta como superdotado, al menos es una alivio saber que hace trampas en sus trabajos, cosa a la que yo por ahora me resisto.
Es una película básicamente masculina, en la que los personajes femeninos no gozan de mucho estatus aunque lo más probable es que el guionista no tenga culpa por ello y se haya limitado a reflejar en cierto modo la realidad. El comienzo, en el que se narra cómo nace el antecedente de Facebook, alcanza momentos propios de American Pie. El filme desarrolla una estructura circular: en el desenlace, resulta irónico cómo Mark utiliza su invento, de paternidad discutida durante toda la historia, para enviar una solicitud de amistad a la chica que le abandonó. Será que, pese a todo, hay cosas que aún no pueden comprarse con dinero... En fin. Una buena opción fílmica, incluso para aquellos que no tenéis perfil en la red social, lo que por otra parte os evitará malas experiencias y malos entendidos como los que yo he sufrido no hace demasiado tiempo, y toco madera para no sufrir más. Además, cuenta con el protagonismo de Jeese Eisenberg, quien está demostrando buen olfato con su carrera y que, pese a recaer en personajes de friki más o menos integrado, me resulta atractivo, aunque en esta película su personaje trabaje mucho para no serlo.

sábado, octubre 30, 2010

CUIDADO CON LAS PROHIBICIONES.

No seré yo quien defienda a Sánchez Dragó en la peripecia erótico-oriental que ha confesado en su último libro, pero quiero anotar ciertas reacciones que me preocupan. Lo cierto es que en literatura estamos estudiando ahora las diferencias entre el personaje real y el personaje literario. Yo me imagino que, por razones de publicidad o porque sencillamente él es así, Dragó ha exagerado su personaje literario. En vez de trece años, no me extrañaría que las colegialas japonesas con las que dice haberse acostado hubieran tenido dieciséis, o más. Hay ciertos uniformes que poseen la virtud de restar años a quien los lleva… A mí lo que me parece de mal gusto son ciertas expresiones machistas que se podía haber ahorrado, y merced a las cuales el formato del libro pasa del diálogo humanista al diálogo de madrugada en Casa Benito, por lo menos. Lo que no entiendo es por qué él habla de delito, si no considera que el hecho haya constituido delito en sí. ¿Es delito el mal gusto? Quizá hace cuarenta años Sánchez Dragó fuera un galán, en todo caso el mal gusto no es delito sino un valor relativo. La acusación que se le ha hecho huele a kilómetros a acusación política. No os quepa la menor duda, existen precedentes. Ya pasó con el libro Todas putas; en ese caso, el autor logró ser flor de un día pero no ha vuelto a brillar, este año estrenaba una película que con suerte habrá durado una semana en cartelera. ¿No se dan cuenta los políticos de la gran labor, gratuita, que hacen por los escritores anónimos o ya reconocidos? Si alguna vez lo que escribo adquiere cierta relevancia, estoy seguro de que tropezaré con esta misma piedra. Y lo más chistoso es que muchos izquierdistas, supuestos herederos del amor libre de Mayo del 68, se han vestido de inquisidores.

Lo que más me preocupa, en todo caso, es que algunas librerías han retirado este libro. Retirado, es decir, prohibido. ¿Cómor? ¿Estos libreros son oportunistas o tan solo ignorantes, no tienen la menor idea acerca de la historia de la literatura? ¿Van a retirar todos los libros con contenido pederasta? ¿Quitarán Lolita o La muerte en Venecia? ¿Se cargarán buena parte de la obra grecolatina? ¿O los Diarios de Joe Orton, en los que se queja con amargura de que en Inglaterra estuviera prohibido acostarse con adolescentes tal y como hacía en Marruecos? Llegando al colmo, ¿arrojarán a la hoguera Las ciento veinte jornadas de Sodoma, esa repugnante obra del Marqués de Sade en la que niños y niñas no solo son violados, sino torturados y asesinados? En comparación con otros libros, lo de Dragó parece una risible cana al aire. Además, yo supongo que los libreros no tienen tiempo para leer todas las novedades, y si no fuera por este inflado escándalo allí seguiría el libro, con mayor o menor éxito.

No se por qué se considera a Dragó un escritor de derechas. Durante mi estancia en el Corte Inglés yo pude ver espeluznantes obras, reaccionarias hasta el dolor, había libros en los que se anunciaba cómo curar la homosexualidad (sin base científica, claro) pero, no obstante, yo no hubiera prohibido esos libros. Supongo que la libertad de expresión todavía significa algo, aunque merced a ella se me insulte o incluso se diga que no existo. En Madrid éramos seguidores asiduos del programa de Dragó, era el espíritu libre de Telemadrid. Invitaba tanto a gente de izquierdas como de derechas, desde Ortega Lara hasta una bestia negra del catolicismo, Leo Bassi. No comparto, desde luego, muchas de las ideas del escritor, pero al menos es una persona políticamente incorrecta dentro de una sociedad que avanza hacia un cretinismo creciente. Y, eso es innegable, tiene una erudición que ya quisieran muchos libreros y políticos, y aún puedo disfrutar de ella gracias a sus intervenciones en programas de la competencia, como Cuarto Milenio.

Así que, señores, preocúpense de lo que le preocupa al pueblo, que no es este episodio lolítico-erótico, sino otros problemas tan obvios que no tengo ni que citarlos. A fin de cuentas, muchas de estas críticas hacia la conducta sexual de alguien participan de dos de los vicios capitales de esta sociedad: la hipocresía y la envidia. ¿Cómo podemos saber si alguno de estos criticadores no se habrán excitado al ver dibujos de colegialas japonesas, con esa expresión infantil y esa carencia de vello púbico? El que esté libre de culpa…

jueves, octubre 28, 2010

Ventajas y desventajas de la masificación.


Últimamente, con el desarrollo de la novela no estoy teniendo mucho tiempo para comentar cómo está siendo el inicio del cuarto curso. Por lo general, muy bien. Somos pocos (si bien ello depende de la asignatura) pero aguantamos. No han logrado cerrarnos el chiringuito, pero sí boicotear un poco esta privilegiada situación que gozamos en plenos tiempos de crisis.
Ya he comentado alguna vez las ventajas que alberga el ser una clase reducida, algo que no hubiera sucedido de haber continuado en la Complutense. También las tiene una clase masificada, pero sobre todo para los malos estudiantes. Con un número amplio de alumnos, es posible resguardarse en un rincón para dormitar o leer el periódico. Aunque, para estar en ese plan, mejor es pirarse la clase, suponiendo que al profesor le será más difícil reparar en esa ausencia con una lista de decenas de matriculados. En mi primer año en Madrid yo adopté este plan perezoso, y las notas fueron asimismo perezosas. Desde luego que el cambio a León me ha venido muy bien. Este curso aún no he faltado a clase y, pese a ello, cada vez se me pasa más rápido.
¿Desventajas? Bueno, en Madrid había más masificación y, por tanto, más variedad de elección. Allí podría haberme licenciado por la rama de Literatura Universal y Comparada, como sería mi deseo. Allí había un ramillete de asignaturas optativas, algunas bastante pintorescas, que en mi facultad ha sido castrado sin piedad. He tenido que recular con dos materias y las dos, casualmente, de literatura, aunque es de justicia decir que en años anteriores también algunas de lengua no han podido ser cursadas. Así las cosas, me he visto obligado a sustituirlas por otras en las que la posibilidad de éxito está más cara. Pese a todo, el curso está compensado. En el primer cuatrimestre hay siete asignaturas, pero la mayoría son de literatura; en el segundo hay cinco, pero la (gran) mayoría son de lengua. Ni por asomo voy a sacar los mismos resultados que en Tercero, momento en el que por alguna confluencia cósmica o más bien por una bendita confluencia de asignaturas pude alcanzar lo que imagino que será mi pico en esta titulación.
Al menos si baja el nivel no será por profusión de espichas ni pichadas de ese estilo, yo voy a intentar darlo todo de cara a futuribles becas que están un poquito más lejos por la poda que han realizado a la optatividad de este curso. Con ellas o sin ellas, creo que empleo habrá, aunque haya que buscarlo lejos. La novela seguirá, sea o no sea a trompicones, no todas las semanas seré capaz de colgar algo y en la presente lo veo dudoso, aunque no se olvide que tenemos un puente por delante. Tras la celebración de mi cumpleaños, de la que cuelgo aquí un par de fotos, procuraré tomarme estos días un poco más relajados, pero relajados en el sentido de ahorrar energías para trabajar, como una abejita, un poquito por aquí y un poquito por acullá.

jueves, octubre 21, 2010

LOS CERDOS. Entrega 29.

IX

Penélope se encontraba en su estudio, trabajando en un cuadro, cuando llamaron al timbre. El encontrarse a Jonás en la puerta fue una sorpresa inesperada a la par que alegre para ella, pero él no parecía contagiado de ese sentimiento, y le dio dos besos de forma apresurada, mostrando una actitud ansiosa. Penélope no quiso, en principio, aludir a su comportamiento y le invitó a pasar a su espacio de creación.

- ¡Vaya, Jonás! Existen las coincidencias casuales, pero esta parece que se sale de la categoría. ¿Te imaginarás a qué cuadro le estaba dando unos retoques finales?

No era necesaria mucha intuición para adivinarlo, pero el pensamiento de Jonás no podía ir más allá de los límites del objetivo que le había llevado hasta su casa.

- ¿A cuál?- murmuró, distraído.

Penélope, que le disculpaba por la turbación que ya había notado en él, le llevó de la mano hasta colocarle detrás del atril con el mencionado cuadro.

- No soy de enseñar mi obra hasta que no está acabada a mi gusto, pero bueno, dado que esta anda casi a punto y que tú eres uno de los modelos, pues… Aquí la tienes. ¡Tachán!

Jonás se enfrentó a la pintura para la que había posado, un lienzo bucólico, centrado en la figura de dos pastorcillos idealizados en los que apenas podía reconocer a su amigo y a él mismo. Sin embargo, la temática, el hecho de verse reflejado allí junto a él, la rememoración de aquella noche que habían pasado los tres juntos, todos esos factores avivaron con más fuerza el pensamiento que quería transmitir a Penélope y al final accionaron en conjunto el mecanismo de una bomba de relojería con la que Jonás por poco se vino abajo. Comenzó a sollozar, pero pronto se cubrió el rostro, avergonzado.

- Perdóname…- susurró, con un hilillo de voz, la faz escondida entre las manos- Debo de parecer ridículo.

Lejos de consolarle, Penélope reaccionó enfurecida, cogiendo sus manos para separarlas del rostro congestionado, mientras enfrentaba su mirada con la de Jonás, a través del velo de sus lágrimas.

- ¿Ridículo, dices?- le increpó- Ridículas son todas las ocasiones en las que has querido llorar y te has avergonzado por ello. ¿Qué eres, un ser reprimido? Por favor, Jonás, conmigo no te guardes tus sentimientos, no los castres. Bastante sufrimiento he visto, y he padecido, por eso.

- Tienes una curiosa manera de consolar a la gente- murmuró Jonás, secándose la cara con el brazo.

Penélope le abrazó y, en esa postura, Jonás acercó los labios hacia su oreja para comunicarle al fin lo que pretendía.

- Al se ha ido. Parecerá chistoso, pero comprenderás por qué ahora no puedo verle ni en pintura. El recuerdo duele bastante.

Jonás supuso que el mejor modo de sacar de la duda a Penélope sería entregarle la nota que el propio Al le había enviado. Era la hoja de una de sus libretas, que Jonás extrajo arrugada del bolsillo trasero de su pantalón.

JONÁS.

Te dije que no me gustaban las despedidas. Y no me gustan, maldita sea. Por eso voy a ser breve, y no pecaré de lirismo. No, eso quizá lo encuentre donde estaré cuando recibas esta nota. Espero que no intentes buscarme, pero si lo haces no te daré pistas, las tienes todas dentro de ti. Recuerdos a Penélope. Os tengo a los dos aquí, aunque te cueste creerlo.

Un beso/ Un abrazo/ Lo que gustes, de tu amigo

AL.

Penélope permaneció con la nota entre las manos, debatiéndose entre intentar buscar un significado o dejarse llevar por la emoción.

- Quizá ahora seas tú la que te estés reprimiendo- sugirió Jonás.

- Temo que si me pongo a llorar no termine en horas- replicó, con sarcasmo- Y no es ahora eso lo que nos puede ayudar, ¿no crees? Jonás, necesito más respuestas que esto, y tú me las puedes dar.

- Ha sido por mi culpa.

- Eso no es una respuesta.

- ¡Sí! Al y yo tuvimos unas palabras, no me atrevo a llamarlo discusión, había alcohol de por medio, él volvió con el rollo de ser pastor… Insistió, pero, ¿cómo podía tomarlo en serio?

- Quizá si lo hubieras tomado en serio no se habría ido- aventuró Penélope- Jonás, si ese es el estilo de vida que quiere, creo que deberíamos respetarlo. Puede parecer raro, pero nada hace pensar que él se esté dañando a sí mismo. Igual es lo que necesita ahora, un poco de soledad, poner sus ideas en orden. No es una situación irreversible.

- ¡Muy bien! Si quiere vivir solo, que lo haga. Pero, ¿por qué no puedo verle? Yo puedo admitir su decisión, pero no la manera en la que nos hemos separado. Si hubiera sabido que era la última vez que le veía, al menos en un tiempo, creo que me hubiera despedido de otra manera. ¿No lo hubieras hecho tú? ¿No lo hubiera hecho cualquiera? ¿Cómo podía saber que iba a llevar a cabo su propósito tan pronto? Al menos que le pueda ver una vez más y pueda disculparme por mi error.

- ¿Tu error?- repitió Penélope- Me imagino a qué te refieres, pero no creo que sea un error, y eso él lo sabe. Dices error como si fuera algo voluntario, pero quizá esté dentro de tu naturaleza, quizá no puedas dominarlo.

- Ahora lo he visto con más claridad, al mirar tu cuadro. He revivido todos los momentos de esa noche, todas mis sensaciones y quiero abrirme a él aunque luego ya no vuelva a verle en toda la vida. Claro que no se si lo lograré…

- Tendrás mi ayuda- le aseguró ella- Pero, antes de nada, ¿tú tienes alguna idea de dónde puede estar él ahora mismo? Porque en el papel hay una sugerencia sobre que puedas saberlo.

Jonás asintió.

- Si hablamos de la naturaleza, solo hay un sitio que conozca como, por así decirlo, mítico para Al. Es una zona de montaña, no lejos de nuestra ciudad. De pequeños solíamos ir allí de excursión con mis padres, y nos pasábamos el rato trotando como cabras por ahí… Sí, eran tiempos felices, es posible que de establecerse en alguna parte lo haya hecho allí. A medida que crecíamos ya fue perdiendo el encanto para nosotros. La última vez estuvimos de acampada hace unos años pero, en fin…

- Imagino que el sitio no habría cambiado, pero vosotros sí. Muy bien, Jonás. Voy contigo.

- ¿Qué?

- Ya me has oído. Vamos, cari, no juegues más conmigo. Vas a ir a ese lugar, y yo te acompaño. Sí, esto es un asunto de viejos amigos, y yo acabo de llegar, pero no intentes marginarme. Yo también formo parte del triángulo que en cierto modo hemos construido. Y se que soy parte de la causa por la que os habéis distanciado.

- No, no, eso no es cierto…

- ¡Vamos! Es una historia vieja como el mundo. He sido la mala, la clásica arpía que se interpone en la amistad de dos antiguos colegas, por lo general heterosexuales solo que él no lo es y tú lo serás hasta cierto punto. ¿Me quieres hacer creer que habéis discutido y que yo no he formado parte de esa discusión?

- ¡Sí!- reconoció Jonás- Sí que formaste. Pero ahora eso ya no importa. Vale, ven conmigo. Le encontraremos y aclararemos esto. Entre los tres.

- ¿Por qué no empezar ahora?- inquirió Penélope, acercándose más hacia él.

- ¿A qué te refieres?

- Si vas a expresarle tus sentimientos, podrías empezar por mí.

Jonás se dejó envolver por la cercanía de Penélope, de la que sentía irradiar una acogedora calidez.

- Tengo que estarle agradecido- reconoció él- Creo que me ha abierto los ojos sobre ti.

Dio la impresión de que Jonás iba a seguir hablando, pero antes de que pudiera articular una nueva palabra los labios de Penélope cubrieron los suyos. Jonás recordaba bien la escena que había tenido lugar a continuación. Había aparecido en su mente como un doloroso flash-back cuando se duchó por primera vez en su nuevo piso. Los dos bajo el agua. Él cubriendo de besos su lisa retaguardia, empujándola hacia la pared en medio de un alocado frenesí de lujuria. Sus pensamientos estaban desordenados, como fascículos, había habido un salto temporal desde el primer ósculo que se dieron hasta toda la cabalgata de ellos resbalando bajo la lluvia. Se habían derribado en el suelo del estudio, hasta casi derribar a su vez las obras artísticas en formación de Penélope. Habían vuelto a brindar con Lambrusco, salpicando así unas ropas que pronto quedarían dispersas por la sala, como trapos sucios. Rebozándose en alcohol y en pintura, habían llegado luego hasta el cuarto de baño, separando tan solo sus labios para dar salida a las carcajadas que les provocaba aquella escena un tanto grotesca. De la ducha fueron deslizándose hacia la cama, apenas secados, no querían retardar más un coito que habían estado postergando a lo largo de todos aquellos escenarios que se superponían en la mente de Jonás como piezas de un puzzle a medio resolver.

sábado, octubre 16, 2010

LOS CERDOS. Entrega 28.

Finalmente, Jonás llegó a su calle, jadeando pero al menos con la seguridad de que los últimos humanos que se habían cruzado en su camino eran eso, humanos, al menos desde su apariencia externa. Incluso él mismo quiso ver su rostro reflejado en un retrovisor para comprobar que, aunque desgastado por los efectos de la noche, seguía siendo el habitual. Pensaba que la espiral de locura en la que se había metido llegaría a su fin al alcanzar el territorio conocido de su calle, pero caminando por esta hacia su mitad escuchó gritos de riña provenientes del parque. Eso le parecía ya algo habitual, lo que le hizo detenerse fue que el tono de estos le resultaba familiar, en especial el de uno de ellos.

En esos momentos, lo último que quería era mediar en un conflicto, ni siquiera presenciarlo, pero pronto reconoció a los contendientes y, pese a que su cerebro no diese para mucho más en la jornada, no estaba tan borracho para no suponer que el motivo de la trifulca, de forma parcial o total, era él, y asimismo supuso quién podría haber prendido la llama de la discordia. Jonás se acercó poco a poco, no era necesario el sigilo ante ese estruendo, hasta ver a Ari y su novio discutiendo entre los columpios infantiles. Como hablaban ambos a la vez y con un acento más cerrado que el habitual, Jonás casi no lograba entender lo que decían, pero pronto se llegó a la manos, por parte del novio, que envió empujones y algún bofetón hacia Ari; suaves, pero no tanto viniendo de quien venían. Imaginó que su entrada lograría imponer el silencio y la paz, como así sucedió. Un instante de silencio profundo en el que notó cómo Ari aguantaba por un momento la respiración, enviándole la misma mirada que se destinaría a un enfermo en fase terminal. Su novio, en cambio, parecía querer adoptar el papel de dicha enfermedad y llevarle a la tumba en segundos. Jonás se arrepintió de su interrupción, un poco tarde ya.

- Vale- murmuró Jonás, con poca convicción, colocándose entre ambos- No hace falta recurrir a la violencia. Eh… Este, novio de Ari, como te llames… Mira, no quiero meterme en vuestros problemas de pareja e igual me estoy equivocando… El caso es que aprecio mucho a Ari, la considero una gran amiga pese a que nos conocemos de hace poco, y no hay nada más que eso… Si acaso alguien te ha podido comentar algo diferente…

Jonás apenas podía hablar pero, cuando salían de su boca, tenía a sus palabras por juiciosas, al menos para la hora y el momento. De todos modos, tuvo la impresión de que el novio no había escuchado ni una sola desde el principio. Ari se acercó por detrás para confirmarle en esa idea.

- Jonás- susurró- te agradezco que hagas esto por mí, pero, créeme, será mejor que eches a correr ahora mismo.

Él estaba de acuerdo, y se dispuso a reanudar su eterna carrera nocturna, pero los puños del hombretón fueron más rápidos. Jonás, poco tentado de volver a dialogar con quien hace oídos sordos, cayó al suelo de un puñetazo. Viendo que, como fardo, tenía poco aguante, el novio probó luego su resistencia como balón de fútbol con una serie de patadas mientras Jonás se encogía y trataba de cubrir sus zonas vitales. En esa postura a duras penas podía ver la cara de su agresor; no obstante, desde el suelo Jonás percibió su rostro como el de un cerdo salvaje y rabioso, mejor se diría un jabalí sacando los colmillos y casi arrojando espuma por entre los mismos. Jonás ya no se sorprendió de ese cambio, no era eso lo que le provocaba pánico sino la violencia que estaba sufriendo. ¿De ese modo tan poco glorioso acabaría la existencia del que parecía llamado a ser un científico insigne?

- ¡Huye, Jonás, huye!- gritó Ari, mientras frenaba el pie de su novio- ¡No te preocupes por mí, que esto ya me lo he toreado yo una de veces…!

Fuera cierto o no, Jonás solo podía preocuparse entonces por su propia integridad y, sin conseguir enderezarse del todo, escapó encorvado y con hilos de sangre fluyendo de nariz y boca.

- ¡Déjame!- aulló el hombre, siendo retenido por Ari con una fiereza que hubiera sorprendido a Jonás de presenciarla- ¡Una más y lo mato!

- ¡Anda, anda!- exclamó Ari, como si calmara a un bebé gigantesco y peligroso- ¿Para qué quieres matar tú a ese? ¿No te ha quedado claro que prefiero estar contigo? ¡Venga, vamos a tomar una última, a ver si te calmas!

Si Ari había conseguido pasar más de dos noches con ese hombre, sin exponerse a riesgos, era porque sabía muy bien cómo amansar su fiera interior, lo que había sido una tabla de salvación para Jonás. Un tiempo más tarde aparecieron en la entrada de la terraza del piso de Ari, y el cambio en sus semblantes se notaba a primera vista. Esa última copa a la que se había referido ella parecía haber suavizado el humor de su novio de forma considerable. Este cantaba, reía y, tras la violencia, el alcohol le había marcado para entonces con el signo de la lujuria, algo que se notaba por la manera de agarrar a Ari, ya lejos todo resentimiento. Ella se había especializado en revertir situaciones peligrosas, a sabiendas de que la fogosidad era un sentimiento a extinguir mejor dentro de la cama.

Mientras ella, sin abandonar las carantoñas, desviaba un tanto la vista para buscar las llaves, su novio sintió de repente un frío contacto metálico en la nuca. En un primer instante no supo cómo reaccionar pero, cuando Ari enderezó la mirada, notó el terror reflejado en su rostro. Ella, pese a la iluminación difusa y su propia visión borrosa, estaba contemplando a Jonás, quien, en un completo sigilo, se había deslizado detrás de ellos para encañonar con la escopeta al hombre. Su temor era sincero en cuanto jamás había observado en su vecino unos rasgos tan desencajados, tan plenos de un sentimiento carente de compasión; además, no se había cambiado la ropa manchada por su propia sangre.

- ¡Jonás!- suspiró Ari, en un tono suplicante.

- ¿Qué pasa?- gruñó su novio, haciendo un amago de darse la vuelta frente a lo cual Jonás clavó con más ímpetu la punta del arma en su cráneo.

- Ni te muevas- le advirtió, con una voz áspera que Ari tampoco habría supuesto en él.

- Hazle caso- le rogó esta, apretando su mano- Lleva un arma.

Lejos de amilanarse, el novio sonrió, luciendo una bien formada dentadura que no podía mostrar a su rival.

- No se qué tienes ahí detrás- dijo- pero si lo que quieres es asustarme con juguetes, chaval…

- De juguete serán tus sesos- replicó él, sin que le temblara el pulso- Y como intentes darte la vuelta te los vuelo.

Entonces, el amenazado pareció variar de estrategia.

- Mira, si lo que quieres es tirarte a mi novia, podrías para empezar ser más macho y no atacarme por la espalda.

- ¡Yo soy un hombre! ¿Lo eres tú?- inquirió Jonás, que no podía quitarse de la mente las imágenes porcinas- Dices que es de juguete, pero mi abuelo cazaba jabalíes con esto. ¿Eres un jabalí?

- Jonás, por favor…- insistió Ari- Se que podemos arreglar esto de otra forma.

- Tendrás que confiar en mí, si me aprecias- respondió él, sin mirarla, sin perder de vista a su presa- Te prometo que todo va a salir bien.

Quizá porque le creyera, o porque no veía otra salida, Ari introdujo la llave con rapidez y desapareció de la escena. Entonces, Jonás respiró hondo y trató de alcanzar un tono a medio camino entre la conciliación y la amenaza.

- Mira… Quiero que olvidemos todo lo que ha pasado esta noche. Pelillos a la mar, ¿eh? No te conozco pero, francamente, creo que has demostrado que no te mereces a Ari. No te vuelvas a acercar a ella, por favor, ni a este barrio en general porque, aunque no lo parezca, puedo ser peor que el puto Klu Klux Klan para ti. ¿Entendido?

Por toda respuesta, el otro se echó a reír mientras levantaba las manos, en son de paz, y lentamente se daba la vuelta.

- ¡Vale! ¡Me rindo! ¡Me rindo! - se burló- Tienes razón. No me la merezco. Me merezco mucho más, y tengo a muchas más. ¡Quédate con ella! Has demostrado tener muchos más cojones de los que te eché. Disfrutad y cuídate, vaquero… No creo que siempre puedas salir a la calle con ese juguetito.

Con tranquilidad, siendo en todo momento apuntado por el arma, el hombre abrió la puerta de la terraza y desapareció escaleras abajo. Ari, que había estado vigilando la escena de reojo, abrió una rendija de la puerta para indicarle que pasara. Jonás, caminando de espaldas, sin bajar la guardia, se introdujo poco a poco en el piso. Solo entonces dejó caer la escopeta al suelo, que Ari estaba observando cual si fuera el instrumento del diablo.

- No te preocupes. No es de juguete, eso es cierto, pero tampoco está cargada. Creo que, aunque él se ha ido como un gallo, no aparecerá más. Ha hecho un poco de teatro… Pero, ante las armas, también los hombres grandes se vuelven pequeños.

Jonás se arrastró hasta el sofá, donde se dejó caer a plomo. Ari se sentó junto a él, no quería hacer reproches pero se notaba cierta indignación latente en sus gestos.

- Pero, Jonás… ¿Por qué lo has hecho?

- Creo que vas a tener que disculparme. Es posible que tú quisieras a ese hombre, aunque te pegara, pero ya no lo volverá a hacer. A mí, todavía, pero a ti… ¡Era lo mínimo, Ari! Desde el poco tiempo que hace que he llegado, siempre me has tratado bien. Y eso es ahora lo que necesito. Ahora más que nunca…

Jonás apoyó su cabeza en el hombro de Ari, quien le abrazó, como si le acunara, hasta que el joven tardó poco en quedarse dormido.