domingo, enero 30, 2011
Acabóse la cuesta.
sábado, enero 29, 2011
FARENHEIT 451

FARENHEIT 451
Mi profesor de Teoría de los Géneros Literarios II, la primera asignatura del curso que me he quitado de encima, mantiene una estrategia que juzgo como inteligente. Él, salvo pequeños cuentos para analizar en clase, no nos manda leer libros. Antes que eso, digamos que despierta nuestra curiosidad y, al menos en mí, eso ha funcionado y ya tengo una pequeña lista de lecturas a completar en un plazo menos comprimido que cuatro meses. Siempre es más placentero leer por gusto antes que por imposición, eso está claro, y puedo comprobarlo en otras asignaturas. En Géneros II, se dedica atención a géneros tenidos por menores, como la ciencia ficción, el policíaco o la novela negra, mientras que en otras materias de literatura, por llamarla así, del canon, nos obligan a tragarnos tostones contra nuestra voluntad.
Y no es cierto que estos géneros menores carezcan de calidad. Está la ciencia ficción, por ejemplo, en la que no todo son viajes espaciales y planetas remotos. Aquí hay libros que nos hacen no solo pensar, sino inquietarnos. Hay un triunvirato de obras, dos de las cuales ya había leído, 1984 y Un mundo feliz, y otra la acabo de leer, Farenheit 451. Como las anteriores, se sitúa dentro de una distopía, es decir, una contrautopía, un mundo futuro que aparenta ser feliz aunque, evidentemente, no lo es. Al igual que Orwell se basó en la realidad de su tiempo, el autor, Ray Bradbury, también nos habla de cosas que, desde la perspectiva actual, se dirían casi proféticas. En su futuro, los bomberos ya no tienen que apagar incendios y, en vez de ello, los provocan, se dedican a quemar libros. ¿La razón? Bueno, los libros, al menos buena parte de ellos, llevan a pensar, y esto conduce a la melancolía, a la tristeza. Es preferible una sociedad feliz, en la que predominan las pantallas de televisión del tamaño de una pared. Pero, claro, esa felicidad es muy relativa, tanto para el bombero protagonista, que se rebela, como para su idiotizada mujer. El primero, finalmente, acabará encontrando una Resistencia en forma de vagabundos desarrapados que en realidad son catedráticos e intelectuales, que llevan en su memoria (aunque para mí resulte difícil de asumir) libros enteros, para un futuro mejor en el que se pueda recuperar todo ese torrente de conocimiento. Otro aliciente es que el desenlace es bastante más optimista que el de 1984…
Lo cierto es que a mí no me resulta deprimente la lectura. Antes bien me produce tristeza la televisión, por eso suelo verla poco. Ni siquiera, en su momento, telecomedias como Los Serrano, con sus bromas homófobas sin puta gracia y, en los últimos tiempos, hasta los informativos se están idiotizando. Hace poco la noticia era que en enero hacía calor (no en esta ciudad) y, para ilustrarlo, sacaban a un grupo de chicos en bañador haciendo cabriolas, con el plano detalle de un pezón atravesado por un piercing. Para qué decir más. Ironías de la vida, uno de los hitos de la telebasura le tomó prestado el título a otro de los libros de Ray Bradbury, Crónicas Marcianas. ¿Llegaría el autor, que todavía vive, a ver alguna vez este engendro? No se, pero es un caso que hubiera merecido una buena querella criminal…
jueves, enero 27, 2011
DE DIOSES Y HOMBRES.

DE DIOSES Y HOMBRES.
El otro día, desde Corazón de Mierda (aunque la mierda no sea ninguna estación), volvieron a boicotear la ceremonia de nominaciones a los Oscar, barriendo para casa y quedándose solo con la que logró Bardem y su Biutiful. No he visto esta película, creo que el realismo social no es lo mío, pero dudo que sea mejor que otra que, incomprensiblemente, ha quedado fuera de la lista, la francesa De dioses y hombres.
Ahora que estoy de exámenes supongo que debiera ver cosas ligeras y entretenidas, pero tampoco viene mal relajarse con la ascética existencia de un grupo de monjes en un monasterio del Atlas. Depende del día, la otra vez tocó un blockbuster de fantasía como el tercer Narnia, pero suelo preferir el cine independiente. La película se basa en hechos históricos y, aunque sabes bien cómo va a acabar, no por ello se sufre menos, al menos en mi caso. En 1996 este pequeño grupo monacal fue secuestrado por un comando terrorista islámico y, viendo que no se cumplían sus peticiones, los asesinaron sin que, lamentablemente, en la actualidad se haya solucionado el crimen.
La película refleja bien la vida de estos hombres, que nadie espere un estilo videoclipero, ni tampoco un sermón religioso. No es una película religiosa en el sentido de la propaganda. En absoluto. Los monjes del Atlas no adoctrinan, conviven con la miseria de sus vecinos ayudándolos, suministrando medicinas, consejos y todo en una armonía que solo se rompe cuando el fanatismo y la barbarie, surgidos al amparo de una sociedad corrupta, entran en escena. A mí no me gusta el proselitismo, ni el adoctrinamiento, supongo que por eso miro con simpatía al budismo. En esta película vemos hombres que mueren por su religión, y hombres que matan por su religión; bueno, más bien ignorantes que matan, porque muchos no han leído el Corán, o lo han hecho de un modo que se adecúe bien a sus instintos criminales. Resulta admirable cuán puras son las creencias de estos religiosos, que son capaces de rezar por la salvación de sus supuestos enemigos cuando estos mueren. Es cierto que no son santos, vemos sus luchas internas y miedos, pero aun así están a años luz de aquellos cuyos escándalos saltan día sí y día no a la prensa. Es como todo. La religión en sí no es negativa, lo negativo es cómo puede ser usada por los hombres.
Ahora que la llama prendida en Túnez se va extendiendo por países vecinos, os recomiendo esta película, que, pese a no ser fácil, ha sido todo un éxito en Francia, y ya podrían hacer alguna parecida por aquí sin los tópicos de siempre, parece que inevitables cuando surge según qué tema.
lunes, enero 24, 2011
MI SEMANA COMO PROFE (y 3).
EPÍLOGO
Hice bien en titular esto Mi semana como profe. Sí, no he durado más que una semana. Cuando me disponía a dar la tercera clase, me han relevado, por así decirlo, ja, ja. Eso sí, que nadie sugiera un motivo escandaloso. Es algo tan prosaico como que la pela es la pela y la experiencia es un grado. La niña (la llamaré así aunque sea adolescente) ha encontrado otra clase más grupal, que resulta más económica, con una maestra más curtida, aunque eso no es garantía segura de éxito.
En realidad, no me han dado tiempo a desarrollar el experimento. En dos clases, ¿qué voy a enseñar? No es que me desagrade perder el empleo, pero sí que hayan cambiado tan pronto de idea. De todos modos, estoy acostumbrado. En esta ciudad hay muchas iglesias, pero hay incluso más veletas que iglesias. No guardo rencor porque han pagado religiosamente, con un euro de propina, y deseo que a la chica le vaya muy bien con la Lengua y la Literatura. Ni siquiera se si ha aprobado la recuperación, pero me dijo que le salió muy bien. Confiaré en su entusiasmo. Ya que ella no lo puede tomar (en teoría), me tomaré un vino brindando por su triunfo, con el sueldo de estos dos días. Lo que no voy a comprar, de momento, es la Ortografía de la RAE, prefiero tener el capricho de algún libro más corto y más asequible. Lo cierto es que había adquirido uno de la editorial Valdemar: Latín y mentiras. Selección de pensamientos sobre el arte de educar. Lo compré cuando aún era un educador pero, de todos modos, lo leeré para futuribles casos.
Y, ya de forma confidencial, me despido con la esperanza de que este favor truncado que le hice a mi profesora por lo menos revierta de modo positivo de cara al parcial de su asignatura, que es lo más duro que me va a tocar en febrero.
De los trabajos siempre me voy yo. Me fui de Rodilla. Quebró el Blockbuster. Me fui del Corte. Me fui de Telepizza. En realidad no considero que me hayan despedido porque para mí esto no fue un empleo en serio, ha sido un modo de ganar 25 ñapas por un par de horas en las que no me he esforzado gran cosa.
MI SEMANA COMO PROFE (2)
Respecto a la exposición que hice en clase, creo que hay cosas para comentar, y vituperar. La asignatura, Narrativa Española, es uno de esos experimentos de adaptación a ese plan Bolonia bajo cuya égida, por suerte, nunca (en principio) vamos a estar. Como todos los experimentos, puede salir torcido. Aquí, bajo un totum revolutum de tantos por ciento que estuvo a punto de cambiar en el último momento, te exigen asistencia, participación, una exposición oral, un trabajo individual y, last but not least, un examen. Aparte de ello, por lo visto también se exigen unas determinadas técnicas didácticas, lo cual no deja de ser un absurdo porque cada maestrillo tiene su librillo y, en el hipotético caso de que yo llegue a dar clase en una facultad o un colegio, la daré como me plazca y no como me diga una señora, por muy profesora titular que sea.
La asignatura fue un despropósito desde el principio. Nos mandaron un trabajo en grupo, cosa que no me gusta ni siquiera cuando puedo elegir a gente de mi confianza. No fue el caso, en mi grupo eran todos extranjeros y digamos que con una perspectiva desigual de cara al trabajo. Si ha habido falta de coordinación, no he sido yo el mayor culpable en ello. Sospecho que hay personas que no estaban preparadas para enfrentarse a esta materia (ni para estudiar cuatro meses en este país). Cuando al fin llegó el momento de la exposición, yo analicé mi tema de modo bastante exhaustivo, dentro de lo que puedes decir en media hora, e hice el esfuerzo de memorizarlo más o menos y me gasté la tela en varios tacos de fotocopias. Cierto que no hice un power point de esos. No me dio la gana y no lo veía necesario, nuestra profesora dijo que no hacía falta aunque luego parece que lo echó de menos, en otra de sus contradicciones.
Está bien ese sistema de que el resto de alumnos comente lo bueno y lo mejorable de las exposiciones, un poco en plan Alcohólicos Anónimos, pero tengo la impresión de que la profe, al hacer lo mismo, reparaba a veces en meras insignificancias. A mí me dijo que, aunque mi exposición estaba bien, mi tono de voz era monótono. ¿?. Puede que sea verdad pero, de todos modos, el que lo diga ella no deja de ser una ironía. ¿Monótono? ¿Está hablando la misma mujer que nos tuvo dos meses analizando el mismo libro, con todas las ediciones de la A a la Z, compiladas por Fulano o Zutano? ¿Está sugiriendo que a clase uno va a divertirse? Porque yo en varias de las suyas casi echo raíces, y sin embargo hubo que firmar la asistencia como si estuviéramos en una fábrica.
No se a qué se refiere. Desconozco si mi tono de voz es monótono pero, de haberlo sabido, me hubiera puesto a imitar a cierto profesor de los Maristas que sí lo tenía de ese modo, y no por ello ha perdido su empleo. ¿Es que ahora la labor de docente es equiparable a la de actor? ¿Tendré que recitar mis lecciones como un Laurence Olivier? ¿O, tal vez, para darle más nervio, analizar la filmografía completa de Jim Carrey para dotarme de un nutrido arsenal de muecas? Ni idea, yo solo se que:
a) Me he matriculado de Narrativa Española, no de Enseñanza de Narrativa Española.
b) Me la pela que casi todos los profesores den por hecho que nuestra salida es la docencia. Nadie tiene una bola para mirar al futuro.
c) Los comentarios subjetivos de la profesora son válidos en cuanto que es ella quien corrige, pero no pueden ser generalizados.
Por ello, menos tonterías y menos boloniadas, que a clase se va a aprender, y hay recursos que ayudan pero no son ni mucho menos imprescindibles, al menos por el momento, ya que en esta sociedad de la tecnología pronto habrá que subirse al carro a menos que… Todo el mundo acabe en la UNED, ja, ja. No es broma. Ya algunas de mis compañeras han sugerido esa salida para no toparse con según qué profesores.
domingo, enero 23, 2011
MI SEMANA COMO PROFE (1)
MI SEMANA COMO PROFE.
Tenía la esperanza de empezar este año dando vidilla al blog, pero, vamos, que sería en estos momentos un pensamiento un tanto suicida. Bastante que lo he ido sacando adelante año tras año, a las duras y a las maduras. En la última entrada apunté que me iba a estrenar como profesor particular, puntualizando lo de en serio aunque solo fuera porque estas clases sí van a ser retribuidas con dinero. Pues bien, ya he impartido un par de esas sesiones y, además, en la carrera me tocó hacer una exposición sobre un trabajo, es decir, ponerme en la piel del profesor como quien dice, con la salvedad de que nuestra profesora se hallaba entre el público y hacía unas críticas que yo jamás hubiera hecho a ningún maestro, ni aquí ni por supuesto en el colegio.
Respecto a mis clases particulares, solo cabe decir… ¡Ironías de la vida! Hace un año yo suspendía Lengua III, Sintaxis, si bien por tres décimas y debido a un estudio insuficiente. Recuperarla en septiembre me ha servido, además, para tenerla fresca de cara a estas clases porque mi alumna me ha consultado sobre todo dudas acerca de la sintaxis. ¡Ohú! Creo que mi profesora de Literatura, la que me consiguió el empleo, debió de decirles que yo era muy bueno en su materia, pero no añadió que en Lengua, si acaso, me defiendo… ¡Ja, ja! No obstante, parto con ventaja. La sintaxis de Filología Hispánica no es la misma que en Cuarto de la ESO… eso está claro. Y compré un mamotreto de manual de la Nueva Gramática de la Real Academia (y eso que es la versión reducida), suponía que al final podría amortizarlo y ahora está llegando el momento, de hecho estoy pensando pillar también la Ortografía, un instrumento imprescindible para cualquier profesor más o menos serio. He tenido un bautizo de fuego, por así decirlo, puesto que mi pupila tuvo recuperación el martes pasado, y confío en que mañana me diga si la ha pasado o no. Conste que no es ninguna borrica, suspendió raspando, con cuatro (en eso se parece a su maestro jedi).
sábado, enero 15, 2011
The Never-Ending Week.
sábado, enero 08, 2011
Tengo algo que deciros.

He visto pocas películas durante estas fiestas, pero una de ellas venía muy a cuento con el espíritu de las mismas. Ya se sabe. Por Navidad, la familia se reúne y hay mayor probabilidad de que surjan anuncios, algunos inesperados y otros indeseados. Esto sucede en la película italiana Tengo algo que deciros, de Ferzan Ozpetek. Un joven regresa a casa por Navidad, de Roma a su pequeña ciudad natal, Lecce (léase Leche, curiosamente comienza igual que León), y allí le cuenta a su hermano que va a salir del armario durante una cena familiar, y de paso dejar claro que quiere seguir su camino de escritor y pasa de currar en el negocio de fabricar macarrones y demás. En esto, voilá, que el propio hermano se adelanta y se declara gay en dicha cena, por lo que tiene que exiliarse y el otro hermano debe asumir le guste o no su cargo en la fábrica.
miércoles, enero 05, 2011
Noche de Reyes.
martes, enero 04, 2011
El número 1 del 11.
jueves, diciembre 30, 2010
Dos mil uans.
Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...
viernes, diciembre 24, 2010
¡Felices Fiestas!
lunes, noviembre 29, 2010
Amigo Leslie.

La última vez que vi a Leslie Nielsen fue, valga la redundancia, en su último trabajo, no demasiado bueno pero que al menos nos permitió verle en un insólito dúo con Chiquito de la Calzada. Sí, se trata de Spanish Movie, una película que me dejó dos dudas:
miércoles, noviembre 24, 2010
Sasha Gris.

Mañana solo tengo una hora de clase y supongo que debiera alegrarme, de lo contrario no estaría escribiendo estas líneas que serán breves. Breve también (apenas hora y cuarto) es la película de la que voy a hablar, sin embargo el título es largo y ni siquiera se molestaron en traducirlo: The girlfriend experience. Ideal para quien quiera pajas mentales. Quien quiera pajas físicas, que busque a la protagonista en otras películas, como hice yo después, comprobando que, por mala que sea una película, al menos es bueno que te reafirme en tu orientación (que no opción) sexual. Ejem, sois libres de pensar mal... Aunque quizá no acertéis, je, je.
domingo, noviembre 21, 2010
Cien.
viernes, noviembre 05, 2010
Enredados.

Entre las desventajas de las redes sociales, al menos para mi persona, está la de que me distrae de tareas más productivas como escribir en este blog, en otros proyectos o no digamos ya respecto a las tareas de la universidad. Pese a todo, en época de exámenes no faltan los comentarios de gente atacada, que combate el tedio del estudio colgando impresiones sobre el desastre que profetizan.
sábado, octubre 30, 2010
CUIDADO CON LAS PROHIBICIONES.
No seré yo quien defienda a Sánchez Dragó en la peripecia erótico-oriental que ha confesado en su último libro, pero quiero anotar ciertas reacciones que me preocupan. Lo cierto es que en literatura estamos estudiando ahora las diferencias entre el personaje real y el personaje literario. Yo me imagino que, por razones de publicidad o porque sencillamente él es así, Dragó ha exagerado su personaje literario. En vez de trece años, no me extrañaría que las colegialas japonesas con las que dice haberse acostado hubieran tenido dieciséis, o más. Hay ciertos uniformes que poseen la virtud de restar años a quien los lleva… A mí lo que me parece de mal gusto son ciertas expresiones machistas que se podía haber ahorrado, y merced a las cuales el formato del libro pasa del diálogo humanista al diálogo de madrugada en Casa Benito, por lo menos. Lo que no entiendo es por qué él habla de delito, si no considera que el hecho haya constituido delito en sí. ¿Es delito el mal gusto? Quizá hace cuarenta años Sánchez Dragó fuera un galán, en todo caso el mal gusto no es delito sino un valor relativo. La acusación que se le ha hecho huele a kilómetros a acusación política. No os quepa la menor duda, existen precedentes. Ya pasó con el libro Todas putas; en ese caso, el autor logró ser flor de un día pero no ha vuelto a brillar, este año estrenaba una película que con suerte habrá durado una semana en cartelera. ¿No se dan cuenta los políticos de la gran labor, gratuita, que hacen por los escritores anónimos o ya reconocidos? Si alguna vez lo que escribo adquiere cierta relevancia, estoy seguro de que tropezaré con esta misma piedra. Y lo más chistoso es que muchos izquierdistas, supuestos herederos del amor libre de Mayo del 68, se han vestido de inquisidores.
Lo que más me preocupa, en todo caso, es que algunas librerías han retirado este libro. Retirado, es decir, prohibido. ¿Cómor? ¿Estos libreros son oportunistas o tan solo ignorantes, no tienen la menor idea acerca de la historia de la literatura? ¿Van a retirar todos los libros con contenido pederasta? ¿Quitarán Lolita o La muerte en Venecia? ¿Se cargarán buena parte de la obra grecolatina? ¿O los Diarios de Joe Orton, en los que se queja con amargura de que en Inglaterra estuviera prohibido acostarse con adolescentes tal y como hacía en Marruecos? Llegando al colmo, ¿arrojarán a la hoguera Las ciento veinte jornadas de Sodoma, esa repugnante obra del Marqués de Sade en la que niños y niñas no solo son violados, sino torturados y asesinados? En comparación con otros libros, lo de Dragó parece una risible cana al aire. Además, yo supongo que los libreros no tienen tiempo para leer todas las novedades, y si no fuera por este inflado escándalo allí seguiría el libro, con mayor o menor éxito.
No se por qué se considera a Dragó un escritor de derechas. Durante mi estancia en el Corte Inglés yo pude ver espeluznantes obras, reaccionarias hasta el dolor, había libros en los que se anunciaba cómo curar la homosexualidad (sin base científica, claro) pero, no obstante, yo no hubiera prohibido esos libros. Supongo que la libertad de expresión todavía significa algo, aunque merced a ella se me insulte o incluso se diga que no existo. En Madrid éramos seguidores asiduos del programa de Dragó, era el espíritu libre de Telemadrid. Invitaba tanto a gente de izquierdas como de derechas, desde Ortega Lara hasta una bestia negra del catolicismo, Leo Bassi. No comparto, desde luego, muchas de las ideas del escritor, pero al menos es una persona políticamente incorrecta dentro de una sociedad que avanza hacia un cretinismo creciente. Y, eso es innegable, tiene una erudición que ya quisieran muchos libreros y políticos, y aún puedo disfrutar de ella gracias a sus intervenciones en programas de la competencia, como Cuarto Milenio.
Así que, señores, preocúpense de lo que le preocupa al pueblo, que no es este episodio lolítico-erótico, sino otros problemas tan obvios que no tengo ni que citarlos. A fin de cuentas, muchas de estas críticas hacia la conducta sexual de alguien participan de dos de los vicios capitales de esta sociedad: la hipocresía y la envidia. ¿Cómo podemos saber si alguno de estos criticadores no se habrán excitado al ver dibujos de colegialas japonesas, con esa expresión infantil y esa carencia de vello púbico? El que esté libre de culpa…
jueves, octubre 28, 2010
Ventajas y desventajas de la masificación.
jueves, octubre 21, 2010
LOS CERDOS. Entrega 29.
IX
Penélope se encontraba en su estudio, trabajando en un cuadro, cuando llamaron al timbre. El encontrarse a Jonás en la puerta fue una sorpresa inesperada a la par que alegre para ella, pero él no parecía contagiado de ese sentimiento, y le dio dos besos de forma apresurada, mostrando una actitud ansiosa. Penélope no quiso, en principio, aludir a su comportamiento y le invitó a pasar a su espacio de creación.
- ¡Vaya, Jonás! Existen las coincidencias casuales, pero esta parece que se sale de la categoría. ¿Te imaginarás a qué cuadro le estaba dando unos retoques finales?
No era necesaria mucha intuición para adivinarlo, pero el pensamiento de Jonás no podía ir más allá de los límites del objetivo que le había llevado hasta su casa.
- ¿A cuál?- murmuró, distraído.
Penélope, que le disculpaba por la turbación que ya había notado en él, le llevó de la mano hasta colocarle detrás del atril con el mencionado cuadro.
- No soy de enseñar mi obra hasta que no está acabada a mi gusto, pero bueno, dado que esta anda casi a punto y que tú eres uno de los modelos, pues… Aquí la tienes. ¡Tachán!
Jonás se enfrentó a la pintura para la que había posado, un lienzo bucólico, centrado en la figura de dos pastorcillos idealizados en los que apenas podía reconocer a su amigo y a él mismo. Sin embargo, la temática, el hecho de verse reflejado allí junto a él, la rememoración de aquella noche que habían pasado los tres juntos, todos esos factores avivaron con más fuerza el pensamiento que quería transmitir a Penélope y al final accionaron en conjunto el mecanismo de una bomba de relojería con la que Jonás por poco se vino abajo. Comenzó a sollozar, pero pronto se cubrió el rostro, avergonzado.
- Perdóname…- susurró, con un hilillo de voz, la faz escondida entre las manos- Debo de parecer ridículo.
Lejos de consolarle, Penélope reaccionó enfurecida, cogiendo sus manos para separarlas del rostro congestionado, mientras enfrentaba su mirada con la de Jonás, a través del velo de sus lágrimas.
- ¿Ridículo, dices?- le increpó- Ridículas son todas las ocasiones en las que has querido llorar y te has avergonzado por ello. ¿Qué eres, un ser reprimido? Por favor, Jonás, conmigo no te guardes tus sentimientos, no los castres. Bastante sufrimiento he visto, y he padecido, por eso.
- Tienes una curiosa manera de consolar a la gente- murmuró Jonás, secándose la cara con el brazo.
Penélope le abrazó y, en esa postura, Jonás acercó los labios hacia su oreja para comunicarle al fin lo que pretendía.
- Al se ha ido. Parecerá chistoso, pero comprenderás por qué ahora no puedo verle ni en pintura. El recuerdo duele bastante.
Jonás supuso que el mejor modo de sacar de la duda a Penélope sería entregarle la nota que el propio Al le había enviado. Era la hoja de una de sus libretas, que Jonás extrajo arrugada del bolsillo trasero de su pantalón.
JONÁS.
Te dije que no me gustaban las despedidas. Y no me gustan, maldita sea. Por eso voy a ser breve, y no pecaré de lirismo. No, eso quizá lo encuentre donde estaré cuando recibas esta nota. Espero que no intentes buscarme, pero si lo haces no te daré pistas, las tienes todas dentro de ti. Recuerdos a Penélope. Os tengo a los dos aquí, aunque te cueste creerlo.
Un beso/ Un abrazo/ Lo que gustes, de tu amigo
AL.
Penélope permaneció con la nota entre las manos, debatiéndose entre intentar buscar un significado o dejarse llevar por la emoción.
- Quizá ahora seas tú la que te estés reprimiendo- sugirió Jonás.
- Temo que si me pongo a llorar no termine en horas- replicó, con sarcasmo- Y no es ahora eso lo que nos puede ayudar, ¿no crees? Jonás, necesito más respuestas que esto, y tú me las puedes dar.
- Ha sido por mi culpa.
- Eso no es una respuesta.
- ¡Sí! Al y yo tuvimos unas palabras, no me atrevo a llamarlo discusión, había alcohol de por medio, él volvió con el rollo de ser pastor… Insistió, pero, ¿cómo podía tomarlo en serio?
- Quizá si lo hubieras tomado en serio no se habría ido- aventuró Penélope- Jonás, si ese es el estilo de vida que quiere, creo que deberíamos respetarlo. Puede parecer raro, pero nada hace pensar que él se esté dañando a sí mismo. Igual es lo que necesita ahora, un poco de soledad, poner sus ideas en orden. No es una situación irreversible.
- ¡Muy bien! Si quiere vivir solo, que lo haga. Pero, ¿por qué no puedo verle? Yo puedo admitir su decisión, pero no la manera en la que nos hemos separado. Si hubiera sabido que era la última vez que le veía, al menos en un tiempo, creo que me hubiera despedido de otra manera. ¿No lo hubieras hecho tú? ¿No lo hubiera hecho cualquiera? ¿Cómo podía saber que iba a llevar a cabo su propósito tan pronto? Al menos que le pueda ver una vez más y pueda disculparme por mi error.
- ¿Tu error?- repitió Penélope- Me imagino a qué te refieres, pero no creo que sea un error, y eso él lo sabe. Dices error como si fuera algo voluntario, pero quizá esté dentro de tu naturaleza, quizá no puedas dominarlo.
- Ahora lo he visto con más claridad, al mirar tu cuadro. He revivido todos los momentos de esa noche, todas mis sensaciones y quiero abrirme a él aunque luego ya no vuelva a verle en toda la vida. Claro que no se si lo lograré…
- Tendrás mi ayuda- le aseguró ella- Pero, antes de nada, ¿tú tienes alguna idea de dónde puede estar él ahora mismo? Porque en el papel hay una sugerencia sobre que puedas saberlo.
Jonás asintió.
- Si hablamos de la naturaleza, solo hay un sitio que conozca como, por así decirlo, mítico para Al. Es una zona de montaña, no lejos de nuestra ciudad. De pequeños solíamos ir allí de excursión con mis padres, y nos pasábamos el rato trotando como cabras por ahí… Sí, eran tiempos felices, es posible que de establecerse en alguna parte lo haya hecho allí. A medida que crecíamos ya fue perdiendo el encanto para nosotros. La última vez estuvimos de acampada hace unos años pero, en fin…
- Imagino que el sitio no habría cambiado, pero vosotros sí. Muy bien, Jonás. Voy contigo.
- ¿Qué?
- Ya me has oído. Vamos, cari, no juegues más conmigo. Vas a ir a ese lugar, y yo te acompaño. Sí, esto es un asunto de viejos amigos, y yo acabo de llegar, pero no intentes marginarme. Yo también formo parte del triángulo que en cierto modo hemos construido. Y se que soy parte de la causa por la que os habéis distanciado.
- No, no, eso no es cierto…
- ¡Vamos! Es una historia vieja como el mundo. He sido la mala, la clásica arpía que se interpone en la amistad de dos antiguos colegas, por lo general heterosexuales solo que él no lo es y tú lo serás hasta cierto punto. ¿Me quieres hacer creer que habéis discutido y que yo no he formado parte de esa discusión?
- ¡Sí!- reconoció Jonás- Sí que formaste. Pero ahora eso ya no importa. Vale, ven conmigo. Le encontraremos y aclararemos esto. Entre los tres.
- ¿Por qué no empezar ahora?- inquirió Penélope, acercándose más hacia él.
- ¿A qué te refieres?
- Si vas a expresarle tus sentimientos, podrías empezar por mí.
Jonás se dejó envolver por la cercanía de Penélope, de la que sentía irradiar una acogedora calidez.
- Tengo que estarle agradecido- reconoció él- Creo que me ha abierto los ojos sobre ti.
Dio la impresión de que Jonás iba a seguir hablando, pero antes de que pudiera articular una nueva palabra los labios de Penélope cubrieron los suyos. Jonás recordaba bien la escena que había tenido lugar a continuación. Había aparecido en su mente como un doloroso flash-back cuando se duchó por primera vez en su nuevo piso. Los dos bajo el agua. Él cubriendo de besos su lisa retaguardia, empujándola hacia la pared en medio de un alocado frenesí de lujuria. Sus pensamientos estaban desordenados, como fascículos, había habido un salto temporal desde el primer ósculo que se dieron hasta toda la cabalgata de ellos resbalando bajo la lluvia. Se habían derribado en el suelo del estudio, hasta casi derribar a su vez las obras artísticas en formación de Penélope. Habían vuelto a brindar con Lambrusco, salpicando así unas ropas que pronto quedarían dispersas por la sala, como trapos sucios. Rebozándose en alcohol y en pintura, habían llegado luego hasta el cuarto de baño, separando tan solo sus labios para dar salida a las carcajadas que les provocaba aquella escena un tanto grotesca. De la ducha fueron deslizándose hacia la cama, apenas secados, no querían retardar más un coito que habían estado postergando a lo largo de todos aquellos escenarios que se superponían en la mente de Jonás como piezas de un puzzle a medio resolver.
sábado, octubre 16, 2010
LOS CERDOS. Entrega 28.
Finalmente, Jonás llegó a su calle, jadeando pero al menos con la seguridad de que los últimos humanos que se habían cruzado en su camino eran eso, humanos, al menos desde su apariencia externa. Incluso él mismo quiso ver su rostro reflejado en un retrovisor para comprobar que, aunque desgastado por los efectos de la noche, seguía siendo el habitual. Pensaba que la espiral de locura en la que se había metido llegaría a su fin al alcanzar el territorio conocido de su calle, pero caminando por esta hacia su mitad escuchó gritos de riña provenientes del parque. Eso le parecía ya algo habitual, lo que le hizo detenerse fue que el tono de estos le resultaba familiar, en especial el de uno de ellos.
En esos momentos, lo último que quería era mediar en un conflicto, ni siquiera presenciarlo, pero pronto reconoció a los contendientes y, pese a que su cerebro no diese para mucho más en la jornada, no estaba tan borracho para no suponer que el motivo de la trifulca, de forma parcial o total, era él, y asimismo supuso quién podría haber prendido la llama de la discordia. Jonás se acercó poco a poco, no era necesario el sigilo ante ese estruendo, hasta ver a Ari y su novio discutiendo entre los columpios infantiles. Como hablaban ambos a la vez y con un acento más cerrado que el habitual, Jonás casi no lograba entender lo que decían, pero pronto se llegó a la manos, por parte del novio, que envió empujones y algún bofetón hacia Ari; suaves, pero no tanto viniendo de quien venían. Imaginó que su entrada lograría imponer el silencio y la paz, como así sucedió. Un instante de silencio profundo en el que notó cómo Ari aguantaba por un momento la respiración, enviándole la misma mirada que se destinaría a un enfermo en fase terminal. Su novio, en cambio, parecía querer adoptar el papel de dicha enfermedad y llevarle a la tumba en segundos. Jonás se arrepintió de su interrupción, un poco tarde ya.
- Vale- murmuró Jonás, con poca convicción, colocándose entre ambos- No hace falta recurrir a la violencia. Eh… Este, novio de Ari, como te llames… Mira, no quiero meterme en vuestros problemas de pareja e igual me estoy equivocando… El caso es que aprecio mucho a Ari, la considero una gran amiga pese a que nos conocemos de hace poco, y no hay nada más que eso… Si acaso alguien te ha podido comentar algo diferente…
Jonás apenas podía hablar pero, cuando salían de su boca, tenía a sus palabras por juiciosas, al menos para la hora y el momento. De todos modos, tuvo la impresión de que el novio no había escuchado ni una sola desde el principio. Ari se acercó por detrás para confirmarle en esa idea.
- Jonás- susurró- te agradezco que hagas esto por mí, pero, créeme, será mejor que eches a correr ahora mismo.
Él estaba de acuerdo, y se dispuso a reanudar su eterna carrera nocturna, pero los puños del hombretón fueron más rápidos. Jonás, poco tentado de volver a dialogar con quien hace oídos sordos, cayó al suelo de un puñetazo. Viendo que, como fardo, tenía poco aguante, el novio probó luego su resistencia como balón de fútbol con una serie de patadas mientras Jonás se encogía y trataba de cubrir sus zonas vitales. En esa postura a duras penas podía ver la cara de su agresor; no obstante, desde el suelo Jonás percibió su rostro como el de un cerdo salvaje y rabioso, mejor se diría un jabalí sacando los colmillos y casi arrojando espuma por entre los mismos. Jonás ya no se sorprendió de ese cambio, no era eso lo que le provocaba pánico sino la violencia que estaba sufriendo. ¿De ese modo tan poco glorioso acabaría la existencia del que parecía llamado a ser un científico insigne?
- ¡Huye, Jonás, huye!- gritó Ari, mientras frenaba el pie de su novio- ¡No te preocupes por mí, que esto ya me lo he toreado yo una de veces…!
Fuera cierto o no, Jonás solo podía preocuparse entonces por su propia integridad y, sin conseguir enderezarse del todo, escapó encorvado y con hilos de sangre fluyendo de nariz y boca.
- ¡Déjame!- aulló el hombre, siendo retenido por Ari con una fiereza que hubiera sorprendido a Jonás de presenciarla- ¡Una más y lo mato!
- ¡Anda, anda!- exclamó Ari, como si calmara a un bebé gigantesco y peligroso- ¿Para qué quieres matar tú a ese? ¿No te ha quedado claro que prefiero estar contigo? ¡Venga, vamos a tomar una última, a ver si te calmas!
Si Ari había conseguido pasar más de dos noches con ese hombre, sin exponerse a riesgos, era porque sabía muy bien cómo amansar su fiera interior, lo que había sido una tabla de salvación para Jonás. Un tiempo más tarde aparecieron en la entrada de la terraza del piso de Ari, y el cambio en sus semblantes se notaba a primera vista. Esa última copa a la que se había referido ella parecía haber suavizado el humor de su novio de forma considerable. Este cantaba, reía y, tras la violencia, el alcohol le había marcado para entonces con el signo de la lujuria, algo que se notaba por la manera de agarrar a Ari, ya lejos todo resentimiento. Ella se había especializado en revertir situaciones peligrosas, a sabiendas de que la fogosidad era un sentimiento a extinguir mejor dentro de la cama.
Mientras ella, sin abandonar las carantoñas, desviaba un tanto la vista para buscar las llaves, su novio sintió de repente un frío contacto metálico en la nuca. En un primer instante no supo cómo reaccionar pero, cuando Ari enderezó la mirada, notó el terror reflejado en su rostro. Ella, pese a la iluminación difusa y su propia visión borrosa, estaba contemplando a Jonás, quien, en un completo sigilo, se había deslizado detrás de ellos para encañonar con la escopeta al hombre. Su temor era sincero en cuanto jamás había observado en su vecino unos rasgos tan desencajados, tan plenos de un sentimiento carente de compasión; además, no se había cambiado la ropa manchada por su propia sangre.
- ¡Jonás!- suspiró Ari, en un tono suplicante.
- ¿Qué pasa?- gruñó su novio, haciendo un amago de darse la vuelta frente a lo cual Jonás clavó con más ímpetu la punta del arma en su cráneo.
- Ni te muevas- le advirtió, con una voz áspera que Ari tampoco habría supuesto en él.
- Hazle caso- le rogó esta, apretando su mano- Lleva un arma.
Lejos de amilanarse, el novio sonrió, luciendo una bien formada dentadura que no podía mostrar a su rival.
- No se qué tienes ahí detrás- dijo- pero si lo que quieres es asustarme con juguetes, chaval…
- De juguete serán tus sesos- replicó él, sin que le temblara el pulso- Y como intentes darte la vuelta te los vuelo.
Entonces, el amenazado pareció variar de estrategia.
- Mira, si lo que quieres es tirarte a mi novia, podrías para empezar ser más macho y no atacarme por la espalda.
- ¡Yo soy un hombre! ¿Lo eres tú?- inquirió Jonás, que no podía quitarse de la mente las imágenes porcinas- Dices que es de juguete, pero mi abuelo cazaba jabalíes con esto. ¿Eres un jabalí?
- Jonás, por favor…- insistió Ari- Se que podemos arreglar esto de otra forma.
- Tendrás que confiar en mí, si me aprecias- respondió él, sin mirarla, sin perder de vista a su presa- Te prometo que todo va a salir bien.
Quizá porque le creyera, o porque no veía otra salida, Ari introdujo la llave con rapidez y desapareció de la escena. Entonces, Jonás respiró hondo y trató de alcanzar un tono a medio camino entre la conciliación y la amenaza.
- Mira… Quiero que olvidemos todo lo que ha pasado esta noche. Pelillos a la mar, ¿eh? No te conozco pero, francamente, creo que has demostrado que no te mereces a Ari. No te vuelvas a acercar a ella, por favor, ni a este barrio en general porque, aunque no lo parezca, puedo ser peor que el puto Klu Klux Klan para ti. ¿Entendido?
Por toda respuesta, el otro se echó a reír mientras levantaba las manos, en son de paz, y lentamente se daba la vuelta.
- ¡Vale! ¡Me rindo! ¡Me rindo! - se burló- Tienes razón. No me la merezco. Me merezco mucho más, y tengo a muchas más. ¡Quédate con ella! Has demostrado tener muchos más cojones de los que te eché. Disfrutad y cuídate, vaquero… No creo que siempre puedas salir a la calle con ese juguetito.
Con tranquilidad, siendo en todo momento apuntado por el arma, el hombre abrió la puerta de la terraza y desapareció escaleras abajo. Ari, que había estado vigilando la escena de reojo, abrió una rendija de la puerta para indicarle que pasara. Jonás, caminando de espaldas, sin bajar la guardia, se introdujo poco a poco en el piso. Solo entonces dejó caer la escopeta al suelo, que Ari estaba observando cual si fuera el instrumento del diablo.
- No te preocupes. No es de juguete, eso es cierto, pero tampoco está cargada. Creo que, aunque él se ha ido como un gallo, no aparecerá más. Ha hecho un poco de teatro… Pero, ante las armas, también los hombres grandes se vuelven pequeños.
Jonás se arrastró hasta el sofá, donde se dejó caer a plomo. Ari se sentó junto a él, no quería hacer reproches pero se notaba cierta indignación latente en sus gestos.
- Pero, Jonás… ¿Por qué lo has hecho?
- Creo que vas a tener que disculparme. Es posible que tú quisieras a ese hombre, aunque te pegara, pero ya no lo volverá a hacer. A mí, todavía, pero a ti… ¡Era lo mínimo, Ari! Desde el poco tiempo que hace que he llegado, siempre me has tratado bien. Y eso es ahora lo que necesito. Ahora más que nunca…
Jonás apoyó su cabeza en el hombro de Ari, quien le abrazó, como si le acunara, hasta que el joven tardó poco en quedarse dormido.