domingo, abril 30, 2017
Bookcrossing.
Ya señalé que el domingo, al ser día no lectivo, provocó que los actos del Día del Libro se trasladaran hasta el lunes en mi facultad. Actos humildes pero con buena intención y significado. Primero hubo un bookcrossing organizado por el Ayuntamiento, liberaron varios ejemplares por todo el campus del Milán y yo me quedé con un best-seller fantástico, sobre hombres lobo, al que no auguro excesiva calidad literaria pero que me servirá para seguir practicando inglés hasta que lo lea y lo libere de nuevo. En la puerta del aulario, una asociación de alumnas y alumnos (yo solo vi alumnas atendiendo) montó una mesa con libros para intercambiar por otros o por un donativo, además de ofrecer tapas veganas y bebidas. Yo les ofrecí un par de ejemplares de mi poemario a cambio de una obra de un monje zen al que hasta entonces no había leído pero tenía ganas. Aceptaron de buen grado, desconozco si alguien se interesaría a posteriori por mi humilde obrita. Más tarde hubo una timba poética pero a eso ya no me quedé. Una cosa es que siga teniendo inspiración para escribir poesía, y de hecho ya he indicado en el otro blog cómo he comenzado otro poemario, pero eso no significa que me vea con el ánimo de recitar en público. Al menos por ahora.
Después de dejar el puesto (donde luego me llevé un poco de tortilla vegana a cambio de un donativo), liberé, tal y como tenía previsto, yo mismo tres ejemplares en diversos puntos del campus. El más simbólico, ya lo creo, fue esa especie de jardín zen que hay en el mismo. Alguien se lo llevó, confío no fuera quien se encargara de la limpieza. Abandoné otro en el aulario y uno más en el pasillo del departamento de Filología Inglesa y Germana, por eso de que ha sido uno de los enclaves de más peso a lo largo de mi estancia. De allí, como sea que no es un lugar tan transitado, no se lo llevó nadie. Ahí quedó, de todas maneras. Por la tarde, se lo regalé dedicado a una de las personas a las que he conocido durante este curso, al igual que ya había hecho con mi compañera del tándem. En consonancia con la filosofía del libro que obtuve del maestro zen, puedo decir que, aunque no todo haya salido como yo esperaba, he sido afortunado al conocer a gente de bastante interés este año. No descartemos seguir haciéndolo, incluso cuando ya no viva allí. A mí mismo me dije que el curso tercero tendría que ser el mejor de todos. Así ha sido, hasta la fecha, y el curso está a punto de concluir. Eso no quiere decir que yo haya visto aún lo mejor de Oviedo. Todavía es pronto para saberlo...
domingo, abril 23, 2017
Libros liberados.
El fatum, esos idus de marzo ya aludidos, se materializaron en abril (el mes más cruel), sin lugar para la sorpresa. Ha habido consecuencias y las habrá, es algo que he podido comprobar este fin de semana que concluye hoy con el Día del Libro. Con eso de caer en domingo, algunos eventos se retrasan hasta mañana, como uno que tendrá lugar en mi facultad y en el que quizá libere algunos ejemplares de mi poemario. Total, para eso están los libros, para ser liberados y recorrer mundo. En esta efeméride de nuevo la balanza se descompensa y me paso un poco en cuanto a la adquisición pero, en fin, cuando encuentras tres buenas compras por tres euros es normal caer en la tentación. No se cuántos de los libros que tengo en este cuarto sobrevivirán a la mudanza. Bastantes, ya lo creo, sobre todo aquellos relacionados con el doctorado. Se puede hacer hueco para libros aunque sea debajo del colchón, como hacía Jeanette Winterson en un intento vano de salvaros de la pira incendiaria a la que iba a destinarlos su madre.
Una lectura en francés para seguir aprendiendo y practicando, ese Paris Insolite que seguro que me retrotraerá a esa ciudad que espero volver a pisar en el futuro, por parte de un autor bohemio y vagabundo a un tiempo. Lo completé con buena variedad, las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma y las Vidas Paralelas de Plutarco. Desde luego que merecen más la pena esos clásicos intemporales que otras obras contemporáneas que de obra igual solo tienen el título. En un puesto para la defensa de los animales encontré un ejemplar, en cierto sentido, bastante bestia, que no engañaba al contener en su título algo así como Del bar a la cama. Era un manual de seducción de hombres hacia mujeres, ya se sabe que estas cosas van por modas literarias pero esta clase de supuesta literatura no debió tener mucho éxito porque cada poco me encuentro con libros así tirados de precio y escritos (obviamente) por hombres que presumen de haber dado placer a cientos o miles de mujeres, etc. A mí me pareció más bien un catálogo de lugares comunes pero, en fin, quien encuentre consuelo en esta pseudociencia de barra de bar pues tampoco perderá mucho tiempo en repasar sus textos breves y sus dibujos de posturas sexuales, perritos cachondos y demás. Yo prefiero unos verdaderos manuales de sexualidad femenina como los de Serrano Vicéns o el Más allá de los labios de Leonelli, bastante más útiles de leer que esas filosofías de gañanes.
¿Cómo era eso de que no hay libro tan malo que no contenga algo bueno? En el caso anterior, seguro que me hubiera echado las risas con él pero ya había comprado demasiado. Mañana se presenta un día interesante pero no echemos campanas al vuelo. Lo mismo pensé del jueves y al final me metí una hostia literal, cayendo al suelo y con el brazo lesionado para todo el fin de semana, suerte que pueda estar escribiendo esta entrada. ¡Feliz Día del Libro!
domingo, abril 16, 2017
Todo lo que fuimos.
Concluye la Semana Santa, que el año pasado fue partida en dos de modo brusco y en el presente ha transcurrido a medias entre Oviedo y León. En ambos lugares hubo limonadas y, de fondo, procesiones, aunque, desde luego, hubo que llegar aquí para que el calor y el gentío, dos de los factores que más me desagradan, se hicieran fuertes en la plaza. Mejor que la lluvia, supongo, al menos para las terrazas. He salido todos los días (no hablo de este, los planes aún no están maduros y pueden corromperse), hasta horas razonables, la medianoche o poco más. La costumbre de trasnochar se va perdiendo aunque, ya lo creo, sigue habiendo excepciones tanto aquí como allá. No es algo sistemático, depende del entorno y de cómo este evolucione. Tomemos el caso del Jueves Santo, quizá la peor noche del año para salir. Esta vez, birras por la Palomera, a donde no llegaba demasiado bullicio pero sí masas ávidas de repostar bebida. Qué se puede decir de un evento que en Asturias se anuncia como San Genarín y se oferta como un paquete de parque temático. Ahora me puede desagradar, pero muchos, o todos, estuvimos allí también, por ejemplo en esa Plaza del Grano vallada para la ocasión. Allí nos juntamos, vomitando si era necesario en tan insigne lugar. Ya pasó la época, ahora solo queda enfrentarnos a todo lo que fuimos, algo que en este curso ya (por fortuna) moribundo he tenido que afrontar muchas veces, de modo directo o indirecto. Noté que me faltaba algo. Quizá podría haber alargado la noche, pero seguí la misma estrategia que en Oviedo y poco puedo arrepentirme de ello. Como recompensa, al día siguiente volvimos al mismo pueblo que nos acogió en Navidad. A riesgo de despeñarme, trepé hasta hacer las fotos que ilustran el texto. ¿Hubiera sido capaz con un cuerpo destrozado por la noche? Habrá que reservar algunas neuronas para cuando meta el turbo en la escritura. Salut!
domingo, abril 09, 2017
Mosquitos, moscones y martillazos.
Es esta una semana de muy malos recuerdos pero que, no obstante, se ha celebrado, en su primer tramo, en un clima lo más positivo posible, en compañía de gran número de familiares y también algún amigo. El regreso a Oviedo, por otra parte, comenzó de manera un tanto nefasta. Este piso, que entre sus valores siempre ha ostentado una tranquilidad casi monacal, se veía perturbado por unas obras en el piso de al lado, posiblemente para ponerlo a la venta. Martillazos incluso un sábado por la tarde. El día en que la sinfonía se hizo más machacona, creí descansar ya por la noche al acostarme cuando un zumbido me pasó rozando la cara. ¿Un mosquito? Un poco pronto para eso, ¿o no? Lo curioso es que me pareció verlo apoyado en alguna pared de la casa y lo dejé ahí con absurda misericordia, pues luego me dejó su impronta en diversas partes de mi anatomía, desde el cuello, prototípica marca vampiresca, hasta el tobillo. Habrá huido o habrá muerto de empacho, el caso es que no he vuelto a tener noticas suyas. Debería de haberle enseñado también la filosofía a martillazos, tal y como predicaba Nietzsche, a quien estoy leyendo en estos días. Prefiero las mosconas y moscones enormes que suelen entrar por la terraza y que, pese a su ruidosa presencia, al menos son inofensivas.
Presencias extrañas en el hogar y otras que se van materializando, espíritus informes que toman carne, ¡y menuda carne! Ahora, el silencio. La Semana de Pasión me encuentra en soledad aquí, por algunas jornadas, antes de regresar al tumulto de los papones y las limonadas (que aquí también se ofertan). En Oviedo hay menos tradición procesionaria, aunque no faltaran palmas de todos los colores hoy a mediodía. Y si el tiempo acompaña, para qué hablar. A mí en cambio me provoca cierto sopor, coincidiendo con el final de una semana que trae muchos momentos para rumiar, también como diría Nietzsche, y recuerdos al asalto, algunos muy lejanos ya. Suerte que puedo concentrarme para escribir en el blog, pero a los temas corporales les cuesta, de hecho, tomar cuerpo en la tesis por ahora. Llegarán, todo a su tiempo. Ay, el cuerpo...
Presencias extrañas en el hogar y otras que se van materializando, espíritus informes que toman carne, ¡y menuda carne! Ahora, el silencio. La Semana de Pasión me encuentra en soledad aquí, por algunas jornadas, antes de regresar al tumulto de los papones y las limonadas (que aquí también se ofertan). En Oviedo hay menos tradición procesionaria, aunque no faltaran palmas de todos los colores hoy a mediodía. Y si el tiempo acompaña, para qué hablar. A mí en cambio me provoca cierto sopor, coincidiendo con el final de una semana que trae muchos momentos para rumiar, también como diría Nietzsche, y recuerdos al asalto, algunos muy lejanos ya. Suerte que puedo concentrarme para escribir en el blog, pero a los temas corporales les cuesta, de hecho, tomar cuerpo en la tesis por ahora. Llegarán, todo a su tiempo. Ay, el cuerpo...
lunes, marzo 27, 2017
Cometcon.
Sí, los idus de marzo han mostrado, de nuevo, su peor cara y es por ello, aparte de por otras razones más peregrinas, que tuve que ir en solitario a la Cometcon. No me sentí demasiado solo, no obstante, sino parte de una comunidad no tan minoritaria ni tan alternativa. Yo que me reía de la venta anticipada, porque el año pasado no la necesité para cualquiera de las ferias visitadas, ni hubo necesidad de tragarse cola, me planto alli el viernes y me topo con una señora cola que me llevó tres cuartos de hora. Eso sí, ya pillé la entrada para el domingo de paso. El viernes se desbordaron las previsiones y, entre que llegué tarde y la cantidad de gente, no permanecí demasiado allí, lo suficiente para dar una vuelta por los stand, ver el recinto en general incluyendo el auditorio y adquirir algunas fruslerías, tentempié de lo que iba a gastar (para bien o para mal) ayer.
Desde que estuve en la Expotaku con el mismo amigo que no pudo acompañarme a esta, bastante he avanzado en terrenos del frikismo no visitados (o poco visitados) hasta entonces. Ya en Gijón me tocó el póster de Tokyo Ghoul y comencé a ver el anime y luego a leer el manga, agotando ya la mitad de la serie y quizá luego compre el octavo volumen. Es mi buque enseña. Como se podrá comprobar en breve, mi primer atisbo de cosplay lo he llevado a cabo a imagen de Ken Kaneki, el protagonista, medio ghoul y medio humano. Un híbrido, y de eso estoy tratando mucho en la tesis. Aparte de ese manga, de tipo fantástico, también he leído yaoi, un tipo de historias de amor entre chicos, bastante castas (por lo general) y que suelen tener éxito entre jóvenes lectoras pero para mí me sirven tan bien como su reverso, las yuri, de amor entre chicas. Ayer adquirí un yuri, no exactamente del tipo purista japonés pero bastante inspirado en ese género. Arriba está la portada, que al menos muestra mujeres con curvas. Además, me lo dedicó su guionista, presente en el evento.
La verdad es que ayer me lo tomé de un modo bastante más relajado. En un principio pensé en asistir los tres días pero el sábado hubo lleno total y lo único friki que llevé a cabo fue conseguir (a duras penas) la figura de Yoda que me acompañó como amuleto en la feria. Ayer me quedé a comer allí, tras descubrir finalmente el bar. Hacía un día estupendo, tras el cambio de hora, estuve en la terraza con mis ramen y la bebida abstemia que se imponía allí (why?). Con todos los palillos que hay en este piso, resulta que se habían quedado cortos y hubo que comer los fideos con tenedor. Sacrilegio. Y sacrilegio doble eso de no tener té. ¿Pero no era un evento japonés hasta las cejas? De todos modos, repuse fuerzas bien para seguir trotando y gastando. Algunos gastos pretendo amortizarlos, eso sí.
Esta máscara de Kaneki, que da un calor considerable (prefiero no pensar en el verano), me servirá una vez me haya puesto una peluca negra o blanca, según el grado de evolución del personaje. Y si no, también vale para una pseudo-versión de las sombras del Grey. Conste que yo quería unas orejas de gato pero no, yo solo no tenía gracia en absoluto. Para otra vez. La última parte de mi estancia la pasé en el auditorio, entre una pasarela de cosplay y un concurso de baile. No tuvo nombre observar a hombretones vestidos de guerreros al ritmo, no entendí bien por qué, de Beyonce. Da igual, una atmósfera queer se extendía por todo el evento y es por ello que ir a esos sitios me gusta el doble. Son los lugares con más banderas del arco iris después del Orgullo. Se nota un ambiente de inclusión, de respeto y libertad en pocas palabras.
De este modo, me alegré de asistir y, a la vuelta, ya pude quedar con el colega y darle algún souvenir, no fuera más que una chapita o algún método profiláctico dispuesto gratuitamente (¿frikis y sexo?). Cogí un folleto de la próxima feria, el Metrópoli de Gijón, aunque la mujer que los repartía no tuviese a bien ofrecerme uno. Se retrasa, así que no coincidirá con San Juan y San Pedro en León. Doy casi por hecho que pueda ir y, respecto al año que viene, no seguiré viviendo en Oviedo a menos que cambien mucho las tornas. En todo caso, eso no significa que no pueda repetir en la Cometcon, sea con alojamiento o no. Cada vez le tomo más gusto a estos eventos y no descarto ni participar de modo más activo ni que en el futuro pueda haber alguna posibilidad de ampliar horizontes laborales o creativos por esa vía.
sábado, marzo 18, 2017
Vuelven los idus de marzo.
Y solo hará falta rememorar las entradas de este blog de hace un año para constatar que entramos en una quincena dolorosa... A partir de mañana. Hace ahora justo un año, el 18 de marzo estaba yo tan alegre por haber recuperado Ponferrada como tierra en la que se puede ser feliz, aunque sea fugazmente, jamás pude esperar que de aquel paraíso natural, que los hay aparte de Asturias, iba a entrar en una deriva que todavía hoy pretendo sanar. Y hoy, hoy mismo los idus de marzo vuelven a amenazar con peligros muy similares a los de entonces; ahora no me afectan a mí personalmente, pero sí a una de las personas más queridas que tengo en Oviedo, una de las que más han facilitado mi estancia allí. Ojalá la primavera le traiga noticias favorables. Y si no, tendremos otro motivo para hermanarnos, uno de aquellos que preferiría desechar. Sea como fuere, allí estaré para dar fe de la verdadera amistad, esa que ha surgido durante estos años de cuando en cuando, quizá como contraste con otras formas que lo parecían pero que al final se quedaron en una superficialidad tan inane como la que los tiempos corrientes suelen fomentar. No temo ya la llegada de la estación del supuesto renacimiento.
martes, febrero 28, 2017
Sunlight.
Este domingo regresé a Gijón. ¿La excusa? Bueno, me gusta esa ciudad y está a media hora en bus, pocas excusas necesito. Por otro lado, mi primera parada fue a la biblioteca y resultó fructífera. Hacía un día estupendo, un domingo de carnaval con mucha gente disfrazada. Incluso las estatuas, como se puede comprobar con la foto Don Pelayo Leia de abajo. Para no pisarse las fiestas entre sí, en Oviedo se celebrará el próximo fin de semana. No me importa perdérmelo, yo nunca fui de disfrazarme (salvo en los cortos, faltaría más). Paseo por la playa, incluido el triclinium sobre estas líneas.
De ahí, justo enfrente, tapa en la Compe, tapa triple en comparación con la leonesa, y birra en la librería La Revoltosa, que siempre tiene buenos ejemplares relacionados con la tesis si bien no adquirí ninguno. Se iba haciendo un poco tarde para comer, me dieron con la puerta en las napias en el Pecaditos (su concepto low-cost se extendió a los modales y no tengo previsto regresar allí) y, rara cosa en mí, decidí tomar un helado, en febrero, sentado bajo el raro buen tiempo que hoy ya se ha estropeado. Tras un té en el bar biológico, me gasté lo que había presupuestado de comida en, claro, la Casa del Libro (ahora recuerdo que en Madrid me hicieron una entrevista allí y me botaron, pero no por ello he alargado el boicot al igual que tampoco lo hice con la Fnac).
Al no estar este año en León para la ceremonia, no hubo opción de quedarse para los Oscar. ¿Hubiera aguantado, tras la pateada larga en Gijón, si ni siquiera aguanté hasta el final de Cuarto Milenio? Quién sabe. Si llego a saber que iba a haber sorpresa, todavía me quedo. Yo siempre tan oportuno. Me quedo en vela esperando que gane Brokeback Mountain, cosa que no sucedió, y el otro día ya imaginaba que la palma se la llevaría el musical, que está bastante bien pero no llega al nivel de Moonlight. Eso compensa en parte atracos pasados. Cierto que trata la homosexualidad de forma sutil, pero esa es la base de la película, la sutilidad, lo que no se dice, la ambigüedad y el silencio. Yo me sentí identificado y alegre de su accidentada victoria. Siempre podría verlo en diferido como el año pasado. Entonces tuvo gracia, ahora no la tendría en absoluto.
miércoles, febrero 22, 2017
Lágrimas.
Anoche vi, finalmente, La La Land. No, no estaré en León para los Oscar. Tampoco pasa nada, nunca fue una costumbre permanente. No quise visionar ese filme en San Valentín, eso ya hubiera sido sobredosis de romanticismo. Es una verdadera feel-good movie, de tan buen rollo que supongo que eso le dará el triunfo en la gala, por encima de una historia superior y mucho menos agradable como es Moonlight. A mí, más que la relación amorosa, me gustó la doble lucha por los deseos de cada cual. En eso sí me puedo sentir más identificado. De todos modos, no pudo levantarme el ánimo. ¿Cómo podría? Hoy es el aniversario de la persona gracias a la cual escribo estas líneas, el primero sin ella (bueno, al menos desde una perspectiva física).
Al acostarme, no pude evitar que me vinieran las lágrimas. A lo largo de la noche, escuché otras lágrimas, aunque imagino provocadas por sentimientos diferentes, mezclados en el alcohol y en los efluvios que bien recuerdo de no hace tanto tiempo. Cuando desperté, las lágrimas todavía estaban allí. Es natural. Sin embargo, este día para el recuerdo debe ser para rememorar y continuar las virtudes y enseñanzas maternas: la tenacidad, la capacidad de trabajo, el entusiasmo, todo lo que necesitaré para terminar la tesis, de la cual entrego una parte hoy (si todo va bien, claro). Si alguna vez llego a ponerme delante del tribunal, sabré que, aunque me hubiese gustado que me acompañara ahí en presencia, sin ella jamás lo hubiera logrado.
domingo, febrero 19, 2017
Amor y amistad.
No se por qué ambos conceptos se diferencian. Amistad es amor. El amor que yo entrego a amigas y amigos, además del que recibo por su parte, merece ser tenido en cuenta. Otra cosa es el amor romántico, la noción que tenemos de él, que de eso se supone que trata el San Valentín de esta semana. Si he de ser justo, debo decir que es una celebración a la que sí me he sumado en algunos momentos, ya sea de forma oficial o extraoficial. Este año, no. Ya se lo dije a mi compi Melissa: Books are my lovers. Me regalé uno, gasto nada baladí pues se trata de un libro de muy saludable lectura, y tomé unas tapas con uno de los mejores amigos que he hecho en Oviedo. Home, un plan más barato que una cena o una noche de hotel e incluso motel. Por lo que respecta al inicio de este año, Cupido (o Eros) ha usado más plomo que otra cosa.
Así, a diferencia de ese amor tradicional que tenemos en mente, el de los bombones como el de la foto, las tartas y todo el merchandising que conlleva, yo celebré la buena amistad durante toda la semana. Hoy quizá también. Lo hice tanto en Oviedo como en León aunque en esta última ciudad, en la que las raíces son evidentemente más profundas, pudiera quedar ayer con siete personas en la misma jornada. No es este un mes fácil. Ha tenido lugar el pistoletazo de salida de un período de recuerdo, de todos los malos recuerdos del año pasado. Ante lo cual, he intentado mantener la concentración todo lo posible pero con un evidente ralentí en la tesis. ¡Suerte de prórroga! Como en las buenas películas que a mí me gustan, los últimos momentos del doctorado determinarán el éxito o el fracaso. Desde luego que la tesis es una prioridad, pero quizá no he sabido bien establecer un sistema de prioridades.
miércoles, febrero 08, 2017
Beware the Slenderman.
Slenderman es un monstruo de los tiempos modernos, inseparable de la era cibernética. Allí nació y allí se ha desarrollado su mitología. Por desgracia, también puede ser una proyección nefasta en mentes jóvenes e influenciables como las que aparecen en el documental que lleva el título de este misma entrada, producido por HBO. Las dos niñas de doce años que apuñalaron, casi hasta la muerte, a su amiga porque se creían acólitas de Slenderman, quien las castigaría si no llevaban a cabo esa prueba, son el signo de una época confusa, en la que la empatía se está perdiendo a marchas forzadas. La misma sociedad (en este caso la americana) que llena de tabletas los colegios para que las usen los niños, también reacciona con afán vengativo contra estos infantes intoxicados por fantasías virtuales que no están dirigidas, a priori, a ellos.
Al igual que en otras noticias, que sí terminan en masacres a diferencia de esta, nos encontramos con dos figuras que no encajan, pero que se tienen la una a la otra y encuentran una guía, un mentor en un personaje imaginario que representa la oscuridad pero, por otro lado, como se explica en el documental, también puede ser un símbolo de protección, de amparo. Por otra parte, la enfermedad mental mal tratada se presenta como un resorte que ayuda a poner en marcha la tragedia. Ante eso, un sistema judicial que las trata como adultas, más interesado en el castigo que en la rehabilitación. Eso no es nuevo, es una característica que ya hemos visto muchas veces reflejada en los Estados Unidos, no digamos ya en la época actual.
El personaje de Slenderman es peligroso porque provoca fascinación. De hecho, esa fue la razón por la que tenía tantas ganas de ver el documental, tras descubrir la historia en Cuarto Milenio. Ahí es donde entra la necesidad de separar realidad y ficción. Y de canalizar la frustración que, en caldos de cultivo como estos, encuentra una vía de escape en la violencia. Leí un artículo hoy que advertía de la pérdida de empatía debido a la proliferación de las falsas amistades de las redes sociales, las falsas conversaciones y el miedo a la reflexión interna y la soledad. Sí, es muy posible. Yo (que tampoco es que tenga el nivel de empatía por las nubes) estoy notando este hecho del que hablaba el texto. Si a eso se le suma la oscuridad que cada persona lleva dentro de sí... Entonces la historia de terror se hace realidad. Como en el documental. Ahí no era el monstruo el que más asustaba.
Al igual que en otras noticias, que sí terminan en masacres a diferencia de esta, nos encontramos con dos figuras que no encajan, pero que se tienen la una a la otra y encuentran una guía, un mentor en un personaje imaginario que representa la oscuridad pero, por otro lado, como se explica en el documental, también puede ser un símbolo de protección, de amparo. Por otra parte, la enfermedad mental mal tratada se presenta como un resorte que ayuda a poner en marcha la tragedia. Ante eso, un sistema judicial que las trata como adultas, más interesado en el castigo que en la rehabilitación. Eso no es nuevo, es una característica que ya hemos visto muchas veces reflejada en los Estados Unidos, no digamos ya en la época actual.
El personaje de Slenderman es peligroso porque provoca fascinación. De hecho, esa fue la razón por la que tenía tantas ganas de ver el documental, tras descubrir la historia en Cuarto Milenio. Ahí es donde entra la necesidad de separar realidad y ficción. Y de canalizar la frustración que, en caldos de cultivo como estos, encuentra una vía de escape en la violencia. Leí un artículo hoy que advertía de la pérdida de empatía debido a la proliferación de las falsas amistades de las redes sociales, las falsas conversaciones y el miedo a la reflexión interna y la soledad. Sí, es muy posible. Yo (que tampoco es que tenga el nivel de empatía por las nubes) estoy notando este hecho del que hablaba el texto. Si a eso se le suma la oscuridad que cada persona lleva dentro de sí... Entonces la historia de terror se hace realidad. Como en el documental. Ahí no era el monstruo el que más asustaba.
martes, enero 31, 2017
Prórroga (II).
Desde el primer día de este mes resultó evidente que las rémoras del pasado año no se iban a despegar por arte de magia apenas comenzando este. En todo caso, siguiendo el razonamiento del último post, la situación ha mejorado bastante en doce meses. Lógico. Lo negativo suele tener su contrapartida positiva y, cuando algo es malo, resulta más sencillo mejorarlo. En la primera mitad de 2016 se juntaron circunstancias de variado pelaje, no todas funestas. También conseguí alguna meta establecida años atrás, tantos que ya no daba mucho por alcanzarla.
Esta última semana de enero me he sentido un poco perdido por aquí. Por un lado, se presentaba una opción fuerte de continuidad en Oviedo; por el otro, esta misma parece haberse disuelto cuando aún no había asimilado sus posibilidades. Si me equivoco, lo haré notar. Pero puedo reafirmarme en que esa prórroga que nunca quise, después de que no necesitase prórrogas ni en carrera ni en máster, es una oportunidad impagable para poner en orden tanto el doctorado como todo el espectro que le rodea. Esto no es ni la carrera ni el máster. Esto tiene una entidad más etérea, mucho más posmoderna acorde con la materia misma que trata. Supongo que por eso me cuesta más. De todas maneras, línea a línea, el proyecto va aumentando y, con él, también un conocimiento no tangible, una vía que era, probablemente, lo que de verdad estaba buscando y para la que el doctorado podría considerarse mera excusa. Eso será lo que nadie pueda arrebatarme, al margen de cómo concluya este proceso.
Esta última semana de enero me he sentido un poco perdido por aquí. Por un lado, se presentaba una opción fuerte de continuidad en Oviedo; por el otro, esta misma parece haberse disuelto cuando aún no había asimilado sus posibilidades. Si me equivoco, lo haré notar. Pero puedo reafirmarme en que esa prórroga que nunca quise, después de que no necesitase prórrogas ni en carrera ni en máster, es una oportunidad impagable para poner en orden tanto el doctorado como todo el espectro que le rodea. Esto no es ni la carrera ni el máster. Esto tiene una entidad más etérea, mucho más posmoderna acorde con la materia misma que trata. Supongo que por eso me cuesta más. De todas maneras, línea a línea, el proyecto va aumentando y, con él, también un conocimiento no tangible, una vía que era, probablemente, lo que de verdad estaba buscando y para la que el doctorado podría considerarse mera excusa. Eso será lo que nadie pueda arrebatarme, al margen de cómo concluya este proceso.
viernes, enero 20, 2017
Prórroga.
Prórroga. Es feo de decir, feo de escribir, ¿cuál será la etimología de esta palabra? Puedo imaginarla pero el caso es que voy a tener que acostumbrarme a mascullar este vocablo un buen número de ocasiones, espero que en todas con la boca vacía.
Como dije, ha sido una semana poco blue. De hecho, puedo afirmar sin ningún género de duda que, en la primera semana del año en Oviedo, mejoré un período de nada menos que seis meses, la primera mitad del pasado año allí. Era uno de mis objetivos primordiales y se ha cumplido ya. En cambio, otro de mis objetivos ha caído de forma muy pero que muy previsible. Y todo por una falta de información, una falta de comunicación, una serie de impedimentos ya conocidos en este doctorado que comenzó con despropósitos desde el día uno. Y, ante todo, falta de cálculo. Yo contaba con poder defender la tesis dentro del marco de este año, vaya, que antes de Navidad sería posible. Pues no, resulta que como tarde tendría que entregarla en mayo para que, comisiones y toda clase de trámites mediante, pudiese defenderla en septiembre. Vamos que, aunque lo llevo a buen ritmo, hay que ir a la prórroga. Que, además, esto no solo depende de mi capacidad de escritura, sino también de cómo se desarrollen las pocas actividades obligatorias que me restan. Con el plan antiguo, podías eternizarte con la tesis; ahora, el proceso se ha boloñizado, sin que pudiese librarme.
En todo caso, esto no solo me da oxígeno sino que, lo que me hace más ilusión, me permitirá tener la ocasión de reparar errores del año pasado, en el que no destaqué, precisamente, por mis dotes de clarividencia, tanto en asuntos doctorales como extradoctorales. Por lo demás, he conocido a una persona en mi misma situación de prórroga pero en otra especialidad. La conocí de modo inesperado, como ha sucedido con muchas personas importantes en mi vida, y quizá a través de ella pueda encontrar la motivación extra que me haría navegar con timón firme en el doctorado. Tendré que trabajar también en esto, de modo tan duro o quizá más que en mi investigación.
Como dije, ha sido una semana poco blue. De hecho, puedo afirmar sin ningún género de duda que, en la primera semana del año en Oviedo, mejoré un período de nada menos que seis meses, la primera mitad del pasado año allí. Era uno de mis objetivos primordiales y se ha cumplido ya. En cambio, otro de mis objetivos ha caído de forma muy pero que muy previsible. Y todo por una falta de información, una falta de comunicación, una serie de impedimentos ya conocidos en este doctorado que comenzó con despropósitos desde el día uno. Y, ante todo, falta de cálculo. Yo contaba con poder defender la tesis dentro del marco de este año, vaya, que antes de Navidad sería posible. Pues no, resulta que como tarde tendría que entregarla en mayo para que, comisiones y toda clase de trámites mediante, pudiese defenderla en septiembre. Vamos que, aunque lo llevo a buen ritmo, hay que ir a la prórroga. Que, además, esto no solo depende de mi capacidad de escritura, sino también de cómo se desarrollen las pocas actividades obligatorias que me restan. Con el plan antiguo, podías eternizarte con la tesis; ahora, el proceso se ha boloñizado, sin que pudiese librarme.
En todo caso, esto no solo me da oxígeno sino que, lo que me hace más ilusión, me permitirá tener la ocasión de reparar errores del año pasado, en el que no destaqué, precisamente, por mis dotes de clarividencia, tanto en asuntos doctorales como extradoctorales. Por lo demás, he conocido a una persona en mi misma situación de prórroga pero en otra especialidad. La conocí de modo inesperado, como ha sucedido con muchas personas importantes en mi vida, y quizá a través de ella pueda encontrar la motivación extra que me haría navegar con timón firme en el doctorado. Tendré que trabajar también en esto, de modo tan duro o quizá más que en mi investigación.
lunes, enero 16, 2017
Blue Monday.
Blue? En todo caso, grey. Oviedo vuelve a sus fueros y la lluvia nos visita a diario. Plomizo pero necesario, desde luego, mejor esto que la sequía. Solo me gustaría que la nieve visitase al menos el Naranco, para así poder subir y llevarme una estampa distinta de la que descubrí el verano.
Este invento de Blue Monday se debe a varias ecuaciones, o algo así, que tienen en cuenta variantes como las deudas navideñas (que yo no tengo), los kilos ganados (yo no gané ninguno y he vuelto al gimnasio), el clima (al que estoy más que acostumbrado), etc. Todo para dilucidar que es el día más triste del año. Bueno, no para mí. Aunque, claro, soy privilegiado. Si Cuarto Milenio acaba más tarde de lo habitual por un programa nuevo con un sofá o no se qué, pues me puedo permitir levantarme más tarde que la media en lunes. Eso sí, me desperté con el recuerdo de haber soñado con una antigua pareja. Nunca recuerdo mis sueños; ese, por desgracia, sí. Quién sabe, cualquier día podría toparme de bruces con ella, en la vida real. En todo caso, la jornada se presentó, como contraste, con nuevas oportunidades afectivas, otras que continúan y diversos grados de belleza, que se van relativizando unos a otros. Una mañana interesante, considero. Con lluvia, frío y todo.
Si acaso, necesito una cierta dosis de motivación para retomar la escritura de la tesis y ante ello bien me vendrá la tutoría de mañana. No hay depresión. Solo pereza. Pero, eso sí, el catarro ha remitido, que ese sí era buen valedor de cualquier actitud perezosa. Quizá hoy celebre el supuesto día triste buscando la última obra del amigo Víctor. Encontrarla sí que me haría feliz.
Este invento de Blue Monday se debe a varias ecuaciones, o algo así, que tienen en cuenta variantes como las deudas navideñas (que yo no tengo), los kilos ganados (yo no gané ninguno y he vuelto al gimnasio), el clima (al que estoy más que acostumbrado), etc. Todo para dilucidar que es el día más triste del año. Bueno, no para mí. Aunque, claro, soy privilegiado. Si Cuarto Milenio acaba más tarde de lo habitual por un programa nuevo con un sofá o no se qué, pues me puedo permitir levantarme más tarde que la media en lunes. Eso sí, me desperté con el recuerdo de haber soñado con una antigua pareja. Nunca recuerdo mis sueños; ese, por desgracia, sí. Quién sabe, cualquier día podría toparme de bruces con ella, en la vida real. En todo caso, la jornada se presentó, como contraste, con nuevas oportunidades afectivas, otras que continúan y diversos grados de belleza, que se van relativizando unos a otros. Una mañana interesante, considero. Con lluvia, frío y todo.
Si acaso, necesito una cierta dosis de motivación para retomar la escritura de la tesis y ante ello bien me vendrá la tutoría de mañana. No hay depresión. Solo pereza. Pero, eso sí, el catarro ha remitido, que ese sí era buen valedor de cualquier actitud perezosa. Quizá hoy celebre el supuesto día triste buscando la última obra del amigo Víctor. Encontrarla sí que me haría feliz.
domingo, enero 01, 2017
Silencio.
No solo es el título de la nueva película de Martin Scorsese, que tiene una pinta estupenda, sino que, en este nuevo año, me he despertado con el silencio, después del bullicio. Hay que ver cómo cambian estas fechas de un año, valga la redundancia, para otro. Ayer hubo una nochevieja necesariamente atípica. La cena y uvas muy bien; la salida, tras unos días algo chungo, trasnochadora en la línea de otras ediciones, sin churros ni leches ni ver amanecer. Poca gente pero buena compañía y buenos lugares, por lo general. No faltó Benito, con su siempre enérgico ejercicio de travestismo de tasca centenaria a garito latino con luces violetas. Y esta mañana, tras un sueño como siempre breve en esta jornada, el silencio más absoluto. Ni siquiera me despertó el concierto de año nuevo como otras veces. Lo puse yo y ahí sigue mientras escribo esto, después de que haya recogido los restos del naufragio en la cocina, recogiendo y bailando vals (o algo así). Por una vez, estoy usando este portátil como objeto en verdad portátil. Y con sus mismos boicots. El MacBook espera. Por lo que respecta al balance de nochevieja, momento del año que siempre se ha caracterizado por bastantes despropósitos, solo me cabe añadir que ha sido bueno y que, en todo caso, ha arrastrado tendencias ya vistas en el moribundo 2016, poca sorpresa y, si acaso, indican qué tipo de líneas divergentes podrían seguirse a partir de hoy. Y ahora, a disfrutar de la música (y de la tortilla de patata y los tigres supervivientes de ayer).
viernes, diciembre 30, 2016
El Norte recuerda.
Sí, creo que esta será la última entrada de este malhadado año. Malhadado pero con momentos muy positivos, no voy a sacar solo la ponzoña aquí. Por ejemplo, esta Navidad. Ha cambiado, todo cambia pese a que en ocasiones pensemos que siempre es lo mismo. Cambió y salió muy bien. Lejos del mundanal ruido. Sin apenas cobertura, fuera de la dictadura del wifi. En un castillo que valdría para jugar al Cluedo, pero sin intrusiones tipo The purge o similares. Con un spa en cierto modo mejor que el del gimnasio. Todo fue estupendo. Tanto la reunión familiar como el aislamiento, bien necesario, tal y como hoy mismo me he aislado aquí en casa para escribir esto. Y no solo el aislamiento de nuestro Winterfell, sino el que yo mismo experimenté en una excursión vespertina, a solas. Sí, no es muy responsable hacer rutas montañeras sin compañía pero disto de ser el único y, además, no me encontré absolutamente a nadie en el camino. De hecho, llegué a tener la sensación de ser el último hombre con vida en este planeta. Una lástima que esa sensación no la pudiera transformar en poesía para mi libro, que acabé en verano. Ya no es secreto, ya se reveló como mi regalo de Nochebuena. El lamento de las montañas. Y el recuerdo de las montañas, también. Ellas recuerdan, el Norte recuerda, nuestra familia recuerda y sobre ese recuerdo se vertebró esa pequeña y mágica escapada.
Se acabó. El guión se repite, como otros años. Varios días muy intensos seguidos, por unas u otras razones, por unas u otras bacterias, de un cuerpo necesitando reposo. No fui a ver Rogue One, pese a la foto de aquí abajo con un sable láser prestado. Da igual. Ni siquiera es un episodio canónico, es solo para hacer caja. Pereza antes de que concluya el año. Tanta, que ni siquiera he encendido el MacBook que el buen Santa Claus yanqui tuvo a bien traerme. En cambio, escribo con este HP (la marca le viene al pelo) que se ha rallado en este penúltimo día, borrándome mis palabras como aquel día en que lo estampé contra la pared del cuarto de Oviedo (no se lo digáis a mi casera, es la única vez en dos años que he maltratado su piso). Confío en poder decir unas últimas palabras sin necesidad de estamparlo de nuevo. Dije pereza, pero es mentira. Mi actividad mental ha estado a tope. No en la tesis, pero soy consciente de que, a medida que la vaya completando, pasará a segundo plano frente a trabajos más lucrativos. Sí, si algo me ha enseñado este año (entre sus múltiples lecciones) es que, sin necesidad de ser rico, necesito los suficientes ingresos para llevar el tipo de vida que quiero llevar. Ese no es un deseo de año nuevo, es una pura obviedad. Por ello, he ideado un proyecto laboral que combina técnicas de mis dos carreras (incluyendo la primera, esa que a priori no sirve para nada). La idea, que mezcla otras que han ido surgiendo a lo largo del año, pretende ser innovadora y, horror, emprendedora. Lo que no se es si será exitosa, en esos casos solo tengo que fijarme en experiencias ajenas y observar cómo se puede caer veinte veces mientras vuelvas a levantarte. Ese es el espíritu. No diré feliz año, diré que trabajemos para hacerlo verdaderamente feliz.
jueves, diciembre 22, 2016
Último año (entero) ovetense.
Voy a brindar con un glögg de azafrán que pillé en Ikea por el desenlace de este año en Oviedo (el verdadero desenlace lo pasaré en León). Y merece la pena brindar, porque ha habido una mejoría evidente. No tanta como yo querría, pero mis expectativas eran bastante altas, expectativas e incluso fantasías que rara vez se cumplen. De todas maneras, la segunda mitad del año realmente ha tenido la consistencia necesaria para justificar la estancia aquí, más allá de la tesis que es la verdadera razón y en la que he cumplido el objetivo de tener unos cien folios antes del cierre de año.
He tenido la suerte de conservar amigos que hice al principio, también de conocer otros como el que me hizo el retrato de arriba con Pingu, en la pista de patinaje en la que no patiné apenas pero, en fin, una experiencia más y un poco de variedad en los planes sociales. Tal y como he indicado en el título, creo que este será mi segundo y último año íntegro en Oviedo. Dije tres cursos, ese era mi límite. Si hay prórroga (motivada por detalles secundarios), la puedo pasar en otro lado. Aunque, claro está, no puedo mirar el futuro. Qué bien hubiera venido una bola de cristal a finales del pasado año... Pues eso. God Jul! Quedémonos con lo bueno y, de todos modos, ya dejaré las reflexiones para más adelante. De momento, hace un radiante sol de invierno en Pumarín City. Excelente para iniciar unos días de desconexión.
sábado, diciembre 17, 2016
Mi Black Mirror.
Muy buenas series estoy descubriendo, algunas pendientes desde hacía tiempo ya. Black Mirror y Westworld, cada una merecería su propia entrada de blog si no fuese porque el progreso de la tesis parece imparable, pese a todos los boicots de este año que concluye. Sí, este es el primer post del mes y vengo para contar una anecdotilla, que enlazaré con el comentario de la serie más antigua, la del espejo negro, cuya tercera temporada aún no he concluido. Ayer me agrega por facebook una chica que no conozco de nada, tipo modelo (normativo) y con una serie de fotos de esas que, siguiendo el lenguaje del doctorado, eran cosificadoras a más no poder. Yo ya sabía que era una estafa (no en vano, le han borrado el perfil hoy mismo) pero, como investigador de estos aspectos que soy, decidí seguir el juego a ver cuánto tardaba en pedirme pasta. De nombre extranjero y no muy buen manejo del castellano, nada más ser aceptada me somete a un tercer grado en plan si soy soltero, tengo novia, etc. Me propone una sesión de sexcam, no especifica a través de qué medio. Como sea que la lotería es el jueves y no creo que me toque nada ni tampoco que me caiga algún premio por adelantado, desde luego que hasta ahí llegó la broma. Le dije que salía a tomar algo con un colega y, ciertamente, no mentí. ¿Qué hubiese pasado si llego a aceptar? Puede que me derivara a una página de pago. Puede que fuera un hombre o cualquier persona que no concordase con lo que veía en la foto. Y puede, de ahí el título de esta entrada, que se tratase de un chantaje-hackeo-ataque, etc.
En el tercer episodio de la tercera temporada de Black Mirror (uno de los peores, aunque sale Bronn), un chaval es chantajeado por unos desconocidos remitentes que le han grabado masturbándose delante del portátil. La serie tiene elementos de ciencia ficción, es inquietante y visionaria pero no por ello necesariamente realista. Vamos, que ya con el primer episodio del cerdo lo dejaba claro.Si el capítulo me pareció flojo es porque, aunque su carácter verídico no importaba gran cosa, me resultó absurdo el que un chaval llegara a embarrarse de tal manera solo para que no sacaran un vídeo suyo haciéndose una manuela. ¡Pero si todo el mundo se masturba! (Y quien no lo haga debería planteárselo). Mucho más me convenció el siguiente episodio, el de San Junipero. No por la nostalgia o por el giro sorprendente, sino porque la verdadera sorpresa fue la descripción de una historia de amor entre mujeres, en la que uno de los personajes es bisexual.
En todo caso, mi fantasmática y efímera colega de red virtual se ha evaporado como cualquier otra fantasía de este vasto mundo cibernético. Mejor así. Mejor de carne y hueso, humano con todas sus fallas. Hala, vete con tus curvas a otra parte.
En el tercer episodio de la tercera temporada de Black Mirror (uno de los peores, aunque sale Bronn), un chaval es chantajeado por unos desconocidos remitentes que le han grabado masturbándose delante del portátil. La serie tiene elementos de ciencia ficción, es inquietante y visionaria pero no por ello necesariamente realista. Vamos, que ya con el primer episodio del cerdo lo dejaba claro.Si el capítulo me pareció flojo es porque, aunque su carácter verídico no importaba gran cosa, me resultó absurdo el que un chaval llegara a embarrarse de tal manera solo para que no sacaran un vídeo suyo haciéndose una manuela. ¡Pero si todo el mundo se masturba! (Y quien no lo haga debería planteárselo). Mucho más me convenció el siguiente episodio, el de San Junipero. No por la nostalgia o por el giro sorprendente, sino porque la verdadera sorpresa fue la descripción de una historia de amor entre mujeres, en la que uno de los personajes es bisexual.
En todo caso, mi fantasmática y efímera colega de red virtual se ha evaporado como cualquier otra fantasía de este vasto mundo cibernético. Mejor así. Mejor de carne y hueso, humano con todas sus fallas. Hala, vete con tus curvas a otra parte.
lunes, noviembre 28, 2016
Pavos y falos.
El Día de Acción de Gracias del pasado año se formó una curiosa amalgama de gente nativa de Estados Unidos, Japón y España en el piso de Palmira Villa. De hecho, no hubo pavo (al menos no aquella noche), sino un taller de sushi con la posterior cena. Una experiencia a recordar, sin duda. Por lo que respecta al de la semana pasada, mi compi americana esta vez se fue a celebrarlo a Madrid. Yo, por mi parte, me limité a asar un par de jamoncitos de pavo con puré de patata. No me quedó tan bien como a alguien con más experiencia en estas lides pero lo disfruté y la foto al menos salió resultona. Por lo que respecta al fin de semana, vine a León, ayer se celebraba la clausura de la exposición sobre Feminismos León en el Musac, con una performance a cargo del colectivo Pelos Feministas. Como sea que en el último mes he conocido a una integrante del mismo, estaba al corriente del acto y no nos perdimos la cita. Eran cuatro fragmentos interpretados en el vestíbulo del museo, acerca de la violencia obstétrica, el tratamiento en los medios de comunicación de las noticias relacionadas con la violencia de género o con las mujeres en general, la subversión de los roles establecidos y el tabú de la menstruación. Por lo que toca a los temas que estoy tratando en la tesis, el tercer episodio fue el más cercano en espíritu, incluyendo un lanzamiento de falo que no causó ningún accidente. Tampoco, pese a los temores previos, fuimos rociados con la mezcla que hacía las veces de flujo menstrual. Por si acaso, yo fui de rojo. Al acabar, tapas enfrente y luego cena con pizzas de la Competencia. Este grupo, que no conocía hasta hace poco y de cuya existencia me alegro, realiza tertulias, charlas y eventos similares casi cada semana, yo me he comprometido (una actividad complementaria para el doctorado pero me hubiera comprometido igual aunque no fuera así) a preparar una ponencia-debate sobre algunos de los asuntos ya tratados por mí en el máster o el doctorado de Género: postporno, queer, etc. Dado que diciembre es un mes plagado de festivos y que me gusta preparar bien cualquier ponencia que hago por breve que sea (en colaboración con el colectivo, por otro lado), considero que después de las fiestas será el momento apropiado. Es lo mínimo que puedo aportar a una iniciativa tan loable. Lo lógico sería que en Oviedo, donde hago la tesis, me surgieran también oportunidades de este estilo pero, claro, la lógica no suele cumplirse. Y menos en este demencial año que pronto termina.
domingo, noviembre 13, 2016
Regreso a la facultad.
De mucho se podría hablar esta semana. Resulta obligado señalar que el miércoles mi compi americana se mostró bastante indignada por la victoria de Trump, ella que ni siquiera pudo votar. Yo también estaba sorprendido, aunque le encontré cierta lógica. Entre otros factores porque, desde el doctorado en el que estoy metido, soy consciente de que buena parte de la población masculina se defiende panza arriba contra la supuesta pérdida de virilidad actual. Se pueden sentir identificados con un tipo al que las acusaciones de acoso sexual no le restan un voto pero, claro, una cosa es que se identifiquen y otra que puedan aspirar a hacer ellos lo mismo, que no tienen su poder ni su inmunidad. Lo de ir agarrando del pussy a quien les salga de los eggs no es algo que se pueda hacer alegremente. Con todo, solo hacer falta ver hoy que Dragó está contento por este ataque a la llamada ideología de género para comprender por dónde van los tiros. Hablando del doctorado, esta semana he vuelto allí a donde empezó todo (y que todavía se muestra como alternativa si lo de Oviedo acaba en catástrofe, esperemos que no): la facultad de Filosofía y Letras de León.
Hacía bastante que no pasaba por allí y lo hice a una hora totalmente desusada, un viernes por la tarde. Fui al campus para buscar a mi amigo Robson, que no es de letras pero vino a León de fin de semana, ahora que está pasando el curso en Toledo. Fue como hace dos años, al inicio del doctorado, cuando él aún no había regresado a Brasil y coincidíamos por allí. Solo le conozco desde hace dos años, pero en espíritu bien podría decirse que somos amigos de toda una vida. Regresé a mi facultad, al té de polvos de limón y las transformaciones artísticas del vestíbulo, no vi a nadie conocido pero sí comprobé que había variado algo el programa del máster. Parece que a mejor, porque la investigación debería haber sido siempre obligatoria. Ya me ha dado problemas en la tesis, ¡y los que me dará! Al volver a ese recinto, con frío y oscuridad, sufrí una regresión, sin necesidad de hipnosis. Me di cuenta, aunque en el fondo siempre había sido consciente de ello, de que algunos de los problemas que me están limitando en Oviedo provienen de carencias o asuntos no resueltos de cuando estaba allí cursando la carrera o el maśter. En todo caso, considero que resulta absurdo tratar ahora de compensar esos asuntos pasados. Hay que mover ficha y seguir adelante, de lo contrario será imposible avanzar sin lastre.
Ahora estoy en otra onda. Ya lo dije hace poco en este mismo espacio, con respecto al botellón de otro campus, el de Oviedo, pero también podría asegurarlo respecto a otras experiencias posmodernas vistas recientemente, que me provocan vergüenza ajena y sobre las que prefiero extender un púdico velo. Yo no estoy allí y no quiero estar. Los ejercicios nostálgicos gozan de su encanto y las amistades deben conservarse aunque sea con la ausencia de largos intervalos, pero algunas cosas hay que dejarlas ir. Es una lección que voy a aplicar para el resto del curso y, por otra parte, me ayudará el hecho de que he conocido algunas alternativas que sí concuerdan más con la persona en la que me he convertido en estos tiempos.
sábado, octubre 29, 2016
El hueco del tiempo.
Tomo prestado el título de la última novela de Jeanette Winterson. Es una de las que más me han gustado y, al igual que con otras, comenzaré su análisis muy pronto, con el inicio del bloque comparativo de la tesis. El tiempo, una de las constantes de la autora, parece ser cíclico. Vuelve el mismo presidente (no voy a creer en sorpresas de última hora), vuelven también los planes de salir al extranjero pese a la supuesta mejoría nacional. Tras la buena suerte del prolongado fin de semana de mi cumpleaños, también esta semana vuelven algunas decepciones, de tipo afectivo o social. Previsibles algunas de ellas. Bueno, es parte de la vida, al margen de los años que cumplas.
El mes comenzó mal, diría que va a terminar mal pero no ha concluido aún y, si en verdad la noche de Halloween la voy a pasar con parte de los Abrasadores, entonces difícil será que podamos considerarla mala. Este mes, aparte de situaciones que merman mi narcisismo, he tenido con todo la inmensa suerte de ver a todos los Abrasadores, algo que no sucede todos los meses. La familia ha gozado de una importancia considerable y más lo hará en el próximo día festivo, Todos los Santos, más allá de la americanización de la noche previa.
De esta manera, sintiéndome querido como me siento, considero que los arrebatos de ira, asco e incluso odio que me han sobrevenido esta semana bien pudieran alcanzar compensación y, de hecho, canalizarse a través de mi creatividad, algo que ya he conseguido: los transformé en el esqueleto de mi primer libro de relatos, una novedad en mi trayectoria.
Los años complejos, como este, pueden ser a la larga los que más nos influyan, o hasta beneficien. Quizá no tan duro, en comparación. Si vuelvo al extranjero, ¿acaso no sería toda una odisea de mucho mayor calibre? Aunque, claro, volvería mucho más preparado, más motivado. Habiendo tomado nota de los errores que no solo cometí en Suecia, sino también en el comienzo de mi estancia aquí en Oviedo. Ojalá pudiera abrir un hueco en el tiempo para averiguar si merecería la pena... Pero no, sin trampas. Estoy continuamente rodeado de gente que aceptó el reto y no les fue mal, o no demasiado mal. SI ellos pudieron, imagino que yo también.
El mes comenzó mal, diría que va a terminar mal pero no ha concluido aún y, si en verdad la noche de Halloween la voy a pasar con parte de los Abrasadores, entonces difícil será que podamos considerarla mala. Este mes, aparte de situaciones que merman mi narcisismo, he tenido con todo la inmensa suerte de ver a todos los Abrasadores, algo que no sucede todos los meses. La familia ha gozado de una importancia considerable y más lo hará en el próximo día festivo, Todos los Santos, más allá de la americanización de la noche previa.
De esta manera, sintiéndome querido como me siento, considero que los arrebatos de ira, asco e incluso odio que me han sobrevenido esta semana bien pudieran alcanzar compensación y, de hecho, canalizarse a través de mi creatividad, algo que ya he conseguido: los transformé en el esqueleto de mi primer libro de relatos, una novedad en mi trayectoria.
Los años complejos, como este, pueden ser a la larga los que más nos influyan, o hasta beneficien. Quizá no tan duro, en comparación. Si vuelvo al extranjero, ¿acaso no sería toda una odisea de mucho mayor calibre? Aunque, claro, volvería mucho más preparado, más motivado. Habiendo tomado nota de los errores que no solo cometí en Suecia, sino también en el comienzo de mi estancia aquí en Oviedo. Ojalá pudiera abrir un hueco en el tiempo para averiguar si merecería la pena... Pero no, sin trampas. Estoy continuamente rodeado de gente que aceptó el reto y no les fue mal, o no demasiado mal. SI ellos pudieron, imagino que yo también.
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