miércoles, marzo 23, 2011

LOS CERDOS. Entrega 32.

X

Una jornada más del taller de carnicería llegaba a su ocaso y Jonás tampoco había aparecido, al menos hasta ese entonces. Él, sin ser el alma de la fiesta, sí que incidía de modo indirecto en la figura que desempeñaba esa función, Ari. Realizando esta una labor solitaria como la de pasar el mocho, sin necesidad de mostrar una máscara alegre de cara a sus compañeros, su melancolía había encontrado menos trabas para desarrollarse. Al monitor, pese a no tener un poso de maestro, no le habían pasado inadvertidos esos supuestos que afectaban, según creía, a dos alumnos, el ausente y la presente.

- Ari- le dijo- ¿sabes algo de Jonás? Ha faltado dos tardes seguidas, y me parece raro.

- Bueno, creo que estaba un poco cansado, por sus… experimentos- la colombiana estaba buscando una explicación que maquillara ligeramente los hechos.

- Entiendo. Quizá, ahora que ha vuelto a su verdadera vocación, esto le parezca un coñazo, y tampoco se lo afearía… Y mira que el chico le pone interés, pero, en fin, ya veremos qué pasa, si tiene una tercera ausencia sin justificar igual tengo que darle de baja en el curso. Y no me gustaría, desde luego.

- Bueno, hablaré con él- anunció Ari y, sin querer dar muchos más detalles, acabada la limpieza se juntó con el grupo para salir del centro.

El monitor quiso aprovechar luego para hacer un pequeño inventario de las existencias cárnicas de las que disponían en la cámara frigorífica. Al entrar allí, nadie podría notar el encontrarse en medio del estío. Él, sin necesidad de presumir de hombría, ya se había acostumbrado a trabajar allí y no necesitaba ponerse prenda de abrigo alguna, más allá del eterno mandil de cocinero que ya estaba algo sucio tras la sesión.

Bajo la tenue luz que ambientaba el espacio, el monitor se encontraba de espaldas a la entrada de la cámara, situado frente a una mesa en el medio de la misma. Encima de ella había colocado algunos trozos de carne, sobrantes del taller, entre ellos un par de piezas de ternera para filetear. Además, a otro lado de la mesa había alineado varios cochinillos, que luego tenía pensado colocar en las estanterías.

Jonás, habiendo aparecido cuando ya todos sus compañeros iban camino de sus casas, y penetrado con sigilo en el aula de carnicería sin que nadie pudiera haberlo notado, abrió muy lentamente la puerta de la cámara frigorífica. En la mano libre llevaba un cuchillo de filetear, lo sostenía oculto detrás de su espalda. Percibió, con satisfacción, que el monitor no se había dado cuenta de su presencia, y comenzó a acercarse a él poco a poco, sin bajar en ningún momento el cuchillo.

Cuando llegó a estar detrás de él, quien en aquel momento estaba cogiendo un cochinillo entre sus brazos, alzó la mano y descargó el cuchillo con rapidez, para clavarlo de un tajo en el centro del lomo de otro de los puerquitos. El monitor saltó, por el susto, y poco le faltó para agredir al invasor con la única arma de la que en aquel entonces disponía, el animal. Al reconocer a Jonás trató de sonreír pero no pudo disimular el momento de terror que había pasado.

- ¡Joder, Jonás!- gritó- ¿Es esta tu idea de una broma?

Sin querer parecer mal educado, Jonás no podía parar de reír, no como un jovencito bromista sino como un maniaco, pues no en vano delante de él se había formado una imagen pesadillesca: el monitor, cuyo rostro se había convertido en el de un cerdo, permanecía delante de él portando al pequeño gorrino. Esa estampa, vista a través de sus ojos, era tan grotesca como la de un híbrido humano-porcino que sostenía a una especie de retoño inerte. Y Jonás pudo comprobar cómo, a través de sus nuevas facciones, el monitor iba trasluciendo su cabreo.

- ¡Bueno, pues ya no le veo puta la gracia!- gruñó- ¿Sabes que me ha podido dar un infarto?

Jonás trató de sofocar su risa incontrolada.

- Lo…ja, ja… lo siento- se excusó- Es que quería darte una sorpresa, ¿sabes? No soy una persona muy acostumbrada a perder, así que, para remediar mis errores, me he quedado un par de días practicando en casa y me gustaría comprobar si ya se cortar bien un filete. Sí, vale, mejor sería haber esperado a la clase de mañana pero… Creo que me he dejado llevar por la euforia, je, je.

El monitor todavía estaba mosqueado, pero la declaración de Jonás picó su curiosidad. Notó que su alumno evitaba mirarle a los ojos. Lo interpretó como timidez, o vergüenza ante la broma macabra que le había preparado, pero lo cierto era que Jonás intentaba no encararse más con aquel engendro fruto de su mente.

- Es un poquito tarde para que te de clase, Jonás- comentó- ¿Así que has estado practicando? Vaya, y yo que pensaba que nos habías dejado por tus experimentos… Bueno, pues hacer el viaje pa ná es tontería… ¿Y si le das un viaje a la ternera?

Jonás extrajo el cuchillo de donde lo había clavado, y recibió un guante protector y un afilador de manos de su maestro. Amarrando bien la pieza, relajó sus rasgos en gesto de concentración, como si se dispusiera a templar un violín, y tras ello realizó un delicado giro de muñeca, cortando un filete limpio y fino, al que luego fue agregando un par más. El monitor no salía de su asombro, mientras observaba que Jonás estaba realizando la tarea casi con los ojos cerrados, en todo caso seguía sin mirar a los suyos.

- ¡Vaya! Tiene mucho mérito, Jonás. Pero, ¿qué pasa, es que tienes miedo escénico? ¿Por qué no vuelves a clase y demuestras esta mejoría ante tus compañeros?

Jonás no contestó por el momento. Cuando hubo apilado varios filetes, se los ofreció a su profesor, como si fueran un tributo de agradecimiento, y lo hizo mientras realizaba el esfuerzo de mirar a su rostro y sonreírle.

- No, a mí no me los des- replicó, mientras los envolvía en un papel para luego devolvérselos- Resérvalos para una ocasión más especial… ¿Sabes que he estado hablando con Ari? La noté un poco apagadilla, raro en ella, ¿verdad? Invítala con esta carne que has cortado tan bien.

- Ya- exclamó con ironía, dando a entender que su indirecta no había supuesto un misterio para él- No es mala idea, pero ahora será mejor que me marche y te deje trabajar. Por cierto, ¡bonitos cochinillos!

- ¿Te gustan los cerdos?- preguntó el monitor, cuando él ya se estaba alejando.

- Últimamente no veo otra cosa…- masculló Jonás, pero para sí, el profesor ya no podía escucharle.

sábado, marzo 19, 2011

LOS CERDOS. Entrega 31.

Tras una tradicional sesión de lavandería en el baño de Ari, Jonás había conseguido, si no que las manchas desaparecieran, sí al menos disimularlas lo suficiente para el corto trayecto entre el piso de su vecina y el suyo propio. El calor se encargaría de secar la ropa que había dejado tendida en la ducha, salvo los calzoncillos. Dolorido por los golpes, el esfuerzo de frotar le había resultado mayor, así como iba a ser el de prepararse algo de desayuno. No quiso despertar a su anfitriona. Tendrían mucho que decirse, también ocasiones más oportunas de hacerlo. No creyó abusar de su hospitalidad abriendo el frigorífico y, entre algunos productos exóticos que fue incapaz de identificar, descubrió unas tiras de panceta que, por la irregularidad en el corte de unas a otras, supuso que procedían del taller, quizá alguna hubiese pasado por sus propias manos.

Aunque no era de desayunos muy fuertes, Jonás no creyó que Ari se molestara por quitarle ese fruto del trabajo de todo el grupo, echó varias tiras a freír y, mientras tanto, buscó papel para dejarle una nota. Le resultó, en principio, un recurso algo pobre, pero lo consideró más cortés que marcharse sin ningún tipo de despedida. Era una nota, no una carta, por ello Jonás fue parco y apuntó que no había querido despertarla y que probablemente no aparecería aquella tarde por el curso, pues necesitaba reposar de todo lo acontecido el día anterior.

A la vista de los acontecimientos Ari no quedó satisfecha con su nota, puesto que, una vez ella misma pudo arreglarse un poco, subió hasta la vivienda de Jonás. Pensaba que, tal vez, él no querría verla, no tan pronto al menos, y era consciente de las dudas que podían haber asaltado al joven en el momento de despertarse. No obstante, llamó y estuvo esperando hasta creer que, en efecto, él no abriría o no se encontraba allí. Cuando iba a regresar por la terraza, la puerta se abrió y Ari sintió un escalofrío al observar la figura que aparecía ante ella, cubierta de pies a cabeza por una bata blanca, guantes y una máscara antigás que era la que imprimía un matiz más inquietante al conjunto. No obstante, tras la máscara surgió de inmediato el rostro sonriente de Jonás, quien no parecía contrariado por verla.

- ¡Vaya! Hola, Ari. Disculpa estas pintas. Estaba en mi laboratorio… Preparando una matanza, ja, ja.

Si bien sonaba a burla, Ari no supo cómo interpretar sus palabras. Comenzaba a ponerse algo nerviosa, algo que disimuló bajo su habitual buen humor.

- Te veo muy bien, Jonás. ¿Te ha dado energía la panceta?

- Oh, Ari, sí, me sintió un poco mal el cogerla sin preguntarte pero bueno… Casi no padezco ni los golpes. Te debo un par de raciones, je, je.

- ¡Nada!- replicó ella, alcanzándole un par de bolsas de plástico que había traído- Tonterías. Tú hoy no te preocupes ni de la carne, ni del taller… Aquí te he traído una bolsa con surtido, ja, ja, que me gustaría que aceptaras. Ah, y la otra es de casquería y vísceras. No se si te gustan esas guarradas, ja, ja, pero, en fin, pensé que igual podrías sacarle provecho.

Una sonrisa no exenta de malignidad asomó a los labios del joven, lo cual reavivó el nerviosismo de Ari, aunque a continuación se dirigió a ella con un tono de dulzura.

- ¡Muchas gracias! La carne… En fin. Tengo el congelador lleno, no creo que pueda aceptarla. ¿Y por ahí qué traes? ¿Sesos, tripas…? Ja, ja. Hum. Igual se me revuelve el estómago, todavía no he conseguido borrar del todo las manchas de sangre.

- ¡Oh, Jonás, lo siento…!

- ¡No, mujer! Estaba bromeando. Trae para acá esas vísceras, que algún uso les daré, aunque sea para un experimento. Bien, ¿y cómo te encuentras tú?

Ari se mostró un tanto indecisa a la hora de hablar, rasgo poco conocido en ella.

- Bueno… No me siento muy bien, Jonás. No querría que estuvieras en peligro por mi culpa.

- Tranquila, Ari. ¿Lo dices por tu antiguo… lo que fuera? Ya te lo dije ayer, no creo que vuelva. Perro ladrador… No creas que no voy a tomar medidas, pero tampoco puedo estar en un estado de pánico permanente.

- Sí. Espero que no vuelva. ¿Pero qué me dices del otro gallo? Ese vive aquí y en cualquier momento puedes cruzarte con él. Anoche mismo volvió a amenazarte otra vez. Bueno, nos amenazaba a los dos.

- ¿El novio de la choni me dices?- inquirió Jonás con no poca sorna- En ese caso, perrito ladrador… No se, Ari, ojalá tuviera todo el tiempo del mundo para dedicarme a esas niñerías pero antes debo seguir con este experimento. Cuando lo acabe ya intentaré arreglarlo, ¿merecerá la pena? Hablar, hablar, estaría cojonudo hablar con todas las personas con las que pudiésemos arreglar nuestros problemas. Pero… ¿en qué idioma habla esta gente?

- Yo puedo hablar con ellos. No me importa. Solo quiero, por favor, que no vuelvas a sacar esa escopeta. Las carga el Diablo, incluso si están descargadas.

Jonás sonrió, para tranquilizarla.

- No te preocupes por eso. Si trato el asunto, lo trataré con moderación, pero ahora mejor me vuelvo con mis probetas y mis cacharros.

- Vale. Me gustaría que descansaras pero, ¿vas a ir luego al taller?

Jonás creyó percibir un mohín en su rostro.

- ¡Buf! A clase no creo que llegue, podría hacerlo después, a última hora, si voy bien de tiempo. Pronto estaré más libre, y me encantaría volver a quedar contigo.

Las palabras de Jonás sonaron sinceras para Ari, pero seguían constituyendo un cierto misterio. Le pareció que las percepciones acerca de algunos fragmentos de la noche anterior no eran similares ni para ella ni para él. No obstante, tras el ofrecimiento de Jonás este se despidió con dos besos y cerró la puerta, cargando en una mano la bolsa de la casquería y con la otra volviéndose a cubrir con la máscara antigás.

miércoles, marzo 16, 2011

LOS CERDOS. Entrega 30.

Jonás y Penélope se encontraban abrazados bajo la sábana, que en su momento había sido disfraz, en un instante de abstracción post-coital. Él dejó que su mirada se perdiera a través del cuarto, iluminado por una cantidad de velas tan inmensa que temió alguna vez que se quedaran dormidos y amanecieran achicharrados.

- ¿Hemos bajado bien la persiana?

Penélope se encogió de hombros.

- La persiana es una ruina. ¿Qué más da? Que nos despierte el alba. Eso sería muy poético, ¿verdad?

Jonás sonrió. Quería decirle algo, sin saber cómo empezar.

- Penélope… ¿Crees que he estado un poco bruto? En la ducha, me refiero.

- Oh, Jonás… ¿Bruto? Pasional, si acaso. Tampoco traspasaste ningún límite… Solo sacaste un poco al animal que llevas dentro. En general, creo que eres una persona zen. Y yo también, ¿no has visto todas esas velas?

- Ja, ja. ¿Sabes, Penélope? Estoy confuso. Creo que esta vez tú y yo hemos funcionado mejor. Querría creer que todo ha sido mejor…

- Entre tú y yo, sí. Vas venciendo tus dudas. Pero la situación no ha sido mejor, Jonás. Ha faltado él. Lo encontraremos. Te doy mi palabra.

Penélope apretó con fuerza la mano de Jonás, como para sellar de ese modo el compromiso. Pasados unos segundos, Jonás se echó a reír.

- ¿Sabes?- dijo- No quiero estar triste. Supongo que eso no es lo que querría Al. Así que me he puesto a imaginarme como un animal, como un cerdo…

- ¿Dos cerdos haciendo cerdadas?- apostilló Penélope con sorna.

-… y entonces- continuó él- por asociación de ideas he llegado hasta una vieja cancioncilla de mi infancia. Una nana. ¿Crees que podría hacer que te durmieras con eso?

- Bueno, no tengo tres años. Quizá con otro polvo sí, ja, ja.

- Es lo mismo, de todos modos solo recuerdo el principio…

Los cochinitos ya están en la cama.

Muchos besitos les da su mamá.

Como si siguiera la letra de la canción, Jonás empezó a dar muchos besitos por el rostro de Penélope, hasta que ella le amarró en uno en los labios, que se abrió para ser profundo preludio de otro retozo animal.

Jonás se despertó. En efecto, la persiana había dejado filtrarse los rayos de luz. A su lado, Penélope seguía sumida en el sueño, boca abajo. No tenía intención de sacarla de ese estado, pero la visión de su espalda desnuda, como una cuesta lisa y muy apetecible, le impulsó a posar los labios sobre su columna vertebral, sin que ella se inmutara. Jugueteando un poco con sus cabellos, a Jonás comenzó de nuevo a entrarle el sopor y fue a acompañar a su amiga hacia el territorio onírico.

Cuando Jonás despertó, Penélope ya no se encontraba allí. O, al menos, no se encontraba a la vista. Él seguía tumbado en una cama de matrimonio. Seguía desnudo. Una persiana seguía filtrando la luz del sol. Pero, junto a él, existía un bulto cubierto con una sábana que no pudo reconocer en principio como el cuerpo de Penélope. El bulto emitía ronquidos que Jonás tampoco recordaba como familiares. ¿Qué sitio era aquel? ¿Se encontraba soñando todavía? Realidad o sueño, lo que más deseaba era que, al levantar esa sábana, pudiera encontrarse de nuevo con la espalda de Penélope y recorrerla de arriba abajo como una escalera, depositando un beso en cada escalón. Sin embargo, no había ninguna señal de que eso pudiera producirse. Temeroso, haciendo pinza con dos dedos, cogió la sábana por un extremo y, queriendo desterrar esos temores que quizá no tuvieran ningún fundamento, de un tirón retiró la tela para encontrarse con las rotundas formas de Ari, dormida, asimismo, boca abajo.

Ella también estaba desnuda. Sin llegar a monstruoso, su cuerpo al natural disimulaba mal sus defectos y, sobre todo, no resistía comparación con el que Jonás había deseado encontrarse allí. Además de sorpresa, su vista causó una impresión tan fuerte en Jonás que tuvo que reprimir un grito y, casi saltando de la cama, se dirigió fuera del dormitorio, buscando el cuarto de baño. No iba a vomitar, no otra vez, en cambio metió la cabeza debajo del grifo, tenía que refrescarla y aclarar sus ideas.

Desterrando el recuerdo de Penélope, se centró en lo que había sucedido con Ari, en lo último que tenía en la memoria. En el sofá de su casa… Se quedó dormido. Sí, tal vez encima de ella. No recordaba el traslado al dormitorio, tampoco haber sido desnudado ni que se desnudara ella misma. Quizá estuviese malinterpretando el asunto. Como a un niño, Ari le quitó la ropa y le metió en la cama. Pero, ¿toda la ropa, aun con ese calor, y ella misma también?

Hasta entonces, Jonás solo había centrado sus pesquisas en Ari, pero la noche anterior le había dejado huellas mucho más visibles que lo que pudiera haber pasado entre él y ella. Jonás fue consciente de eso de una manera dolorosa al ver reflejados los moretones y marcas por todo su cuerpo en el espejo del lavabo, recuerdo del que ya consideraba como ex – novio de su vecina. El hecho de contemplar su cuerpo desnudo con tales estigmas provocó que el dolor de estos, que hasta entonces no le había preocupado gran cosa, se avivara. Jonás sintió un mareo y tuvo que agarrarse al lavabo. En el espejo observó no ya su cuerpo, sino su rostro, porque le daba la impresión de estar perdiendo el juicio. Junto al lavabo había una cuchilla de afeitar, muy usada, supuso que otro souvenir del hombre que le había utilizado de pelota de fútbol. Jonás la cogió y, lentamente, comenzó a pasársela por las muñecas. Se echó a reír, de forma macabra. Esa hoja, desgastada hasta tal punto que ni siquiera sería capaz de cortar un pelo del bigote de su antiguo dueño, tampoco podría cortarle las venas a él.

Asqueado, Jonás trató de serenarse y arrojó la inútil cuchilla a la papelera, para luego lavarse ambas manos. Las reflexiones que empezaban a surgirle le convencieron de que, en primer lugar, si pretendía volver a su casa vestido, tendría que eliminar, todo lo que pudiera, las manchas de su propia sangre en su ropa. Por ello, regresó al dormitorio por ver si podría rescatarla sin despertar a Ari.

martes, marzo 15, 2011

Escenas matritenses (y III).


Hace justo una semana tuve mi día cultural en Madrid, por la mañana el Museo del Romanticismo ya mencionado y a la tarde fui con un amigo y viejo conocido de este blog desde sus inicios a ver una exposición sobre Alejandro Magno en el Centro Canal, situado junto a las Torres Kio como se puede ver en la foto. A la entrada había controles de seguridad como los de los aeropuertos, si acaso menos exhaustivos, no se por qué, quizá por si alguien pudiera llevarse las monedas de oro de hace más de veinte siglos. En todo caso la selección de piezas era interesante, si bien no atendí de forma muy intensa al recorrido porque íbamos charlando sobre temas diversos, que no todos los días tiene uno la oportunidad de bajar por Madrid y hay que aprovechar las ocasiones...
El próximo viaje será, por fortuna, después del parcial de Gramática. Respecto a la novela Los cerdos, la buena noticia es que ya he revisado lo que llevaba escrito y tengo en mente lo que sigue; la mala, ese mismo examen. Con todo, creo que podré compatibilizar un poco de escritura y un mucho de estudio. Si me equivoco, lo sabremos con la nota. Así pues, mis regresos a este blog serán poco frecuentes a menos que sean para colgar los fragmentos con los que avance. Si alguien estaba siguiendo la novela, más valdrá que refresque un poco aquellos trozos diseminados a lo largo del blog, el último en octubre... Hay que echar el resto. Gramática no es ninguna tontería, y no quiero que me deje para septiembre la misma profesora que el curso pasado. 8 de abril, esa es la fecha.

sábado, marzo 12, 2011

Escenas matritenses (II)


Hay museos que hay que saber visitar en el momento adecuado. Eso me pasó con el Museo del Romanticismo, antes conocido como Museo Romántico. En la céntrica calle de San Mateo, habré pasado bastantes veces por delante de su puerta sin detenerme. Y no porque no estuviera en mi lista pero, en fin, la espera ha merecido la pena puesto que ahora estamos viendo el período romántico , respecto a la literatura pero también en su contexto sociocultural y echando un vistazo al panorama europeo de la época. Ha sido el complemento perfecto para las explicaciones.
El martes fue el día cultural del viaje, por la mañana tocó este museo. Primero había una pequeña e interesante colección de cajas que contenían objetos relacionados con Larra y, lo que es la exposición principal en sí, que por suerte me salió gratis, consiste en la recreación de una casa típica del s. XIX, con toda suerte de objetos y cuadros de entonces, hasta curiosidades como el retrete de Fernando VII, sito de forma poco solemne en el palacio en el que ahora está el Museo del Prado. Incluso los guías del museo parecían imbuidos del fastidio vital propio del Romanticismo, pues no hacían más que gruñir, quejándose de sus horarios, vacaciones, etc. y una me llamó la atención porque, en mi arrobo, me había salido del felpudo y estaba pisando una alfombra centenaria.
A la vista del clavo que supuso el ya citado metrobús, decidí no gustar mucho durante el viaje. Por ello pasé por la tienda del museo como alma que lleva el diablo, tan solo fijándome en algunos libros que ya he leído y otros que tengo en la libreta de futuribles. Eso sí, tomando un té me empecé el Don Álvaro o La fuerza del sino. ¿Dónde mejor? Además, siempre me ha gustado más que el Don Juan Tenorio, el cual leí casi íntegramente en el tren de regreso.
Pues nada. Os recomiendo esta visita, aunque sea más somera que la mía y no tengáis por qué deteneros en todas las baratijas curiosas que a mí me llamaron la atención. Además, acabo de saber que mi primer parcial de Literatura ha tenido una buena nota, así que confío que para el segundo, que abarcará este período, pueda superar la marca.

viernes, marzo 11, 2011

Escenas matritenses (I).


Siendo una visita muy positiva, al comienzo me encontré con una desagradable sorpresa, y es que mis dos metrobuses habían caducado tan solo unos días antes... Es por ello que tuve que apoquinar la asombrosa cifra de 9,30, casi a euro el viaje. No menos alucinante es que, como supongo que habréis escuchado, el consejero de Transportes de esa comunidad haya negado la existencia de ese abono, que llevo comprando desde que no costaba más allá de cuatro o cinco euros. Bueno, a partir de ahora habrá que evitar viajes innecesarios, asunto bastante arduo si lo que se quiere es aprovechar el tiempo.
Esa ha sido mi estrategia, pasar pocos pero provechosos días en la capital. Desde el sábado por la noche, el único momento en el que se sintió la fiesta carnavalera con sus disfraces, también agobios, y acabé pillando el primer metro de las seis para darme en retirada. Ciertas noches cambian poco a lo largo de los años, y esa me resultó bastante similar a alguna de mi etapa pre-Filología en León, respecto a la discoteca, la compañía, el ambiente... Digamos que con todo lo ventajoso y también lo viciado que tiene Madrid.
Seguiré comentando mis experiencias, de momento os dejo con un poco de cultura. Y no es que vaya a hablar de la nueva entrega de Torrente, sino que he colgado una foto del Instituto Cervantes, su sede central, puesto que, más allá de ser ruta turística, para mí es un posible puesto de trabajo futuro, aunque no tanto en Madrid como en cualquier otro punto del globo. Si licenciados con notas bajas han podido ir hasta Japón, digo yo que surgirá un amplio abanico donde elegir (y que no me pille un terremoto, si tengo esa suerte).

viernes, marzo 04, 2011

De Carnaval.

A tontas y a locas este blog ya lleva más de diez mil visitas, y eso que no lo promociono... Tanto el blog como yo nos tomaremos un descanso hasta el miércoles que viene. Llega el Carnaval, aunque a mí como fiesta me importa poco, solo quiero aprovechar los días libres. Ciertamente me podría tomar toda la semana, puesto que en total solo voy a tener tres horas de clase, pero existen otras razones para regresar: dentista, un examen que ver corregido y otro que comenzar en cuanto antes. En Madrid no voy a ver a todas las personas a las que quiero ver, y quizá no haga todo lo que me gustaría, pero para eso está la Semana Santa el mes que viene. Aquí en León no me pierdo mucho, la única novedad consiste en un concurso de Drag Queens el sábado por la noche, al que no voy a asistir aunque tengo sospechas sobre la identidad de algunos participantes...

lunes, febrero 28, 2011

Oscar: breve panorámica.

Misión cumplida. No solo he visto en directo la ceremonia de los Oscar, sino que también he asistido a clase sin perderme una, manteniendo un grado de atención considerable para estas circunstancias. Así pues, mis fuerzas están menguadas y tampoco voy a hacer una crónica profunda, me limitaré a apuntar tres reflexiones sobre la gala:

Primera: la sorpresa solo estaba respecto a la mejor película. Al final se lo llevó El discurso del rey, que es una muy buena película (o al menos mejor que otras de años anteriores). No era mi favorita, yo hubiese preferido un toque moderno, con La red social, o un toque definitivamente raro, con Cisne negro. Las historias sobre parejas del mismo sexo tendrán que esperar un poquito más, aunque bueno es ya que aparezcan. De todos modos ha sido un triunfo modesto, cuatro galardones, pero cuatro de peso.

Segunda: los presentadores no han gustado a casi nadie, pero es que también en la misma la gala se prestaron a comparaciones odiosas al aparecer Billy Cristal, que no presenta desde el año del Señor de los Anillos, en el que me provocó no pocas carcajadas. La presentadora cambió mucho de look en tres horas y el presentador tenía a ratos esa expresión alucinada de varios de sus personajes, aunque me quedo con su porte, da igual que no pronuncie palabra (considero que no le queda bien travestirse, aunque sí las mallas de ballet).

Tercera: el guionista de El discurso del rey se llevó su premio con setenta y tantos años... Vamos, que todavía me quedan opciones.

sábado, febrero 26, 2011

Mea culpa.

Me gusta la gente que es consecuente con sus ideas. El todavía presidente de la Academia de Cine dijo, antes de la gala: Algo habremos hecho mal para que los espectadores no vayan a ver nuestras películas. En efecto, que se aplique el cuento. Nadie en su sano juicio puede pretender que el público vaya en masa a ver una película como Balada triste de trompeta. A lo que parece, Álex de la Iglesia no consiguió suficiente dinero para llevar a cabo proyectos más ambiciosos, y se decantó por este, que no es precisamente parco en medios; dudo que llegue a recaudar lo invertido, y menos fuera de España, donde tendrán sus problemas para entender las referencias históricas y socioculturales.
Discrepo de la etiqueta de comedia, ni siquiera comedia negra. Tragicomedia, si acaso. ¿Esperpento? Pudiera ser, sobre todo en algunas escenas como esa en la que el payaso gordo o triste escapa en pelotas, con una barriga que le hace parecer un castratti, y comienza a comportarse de modo animalesco. Eso me dejó estupefacto. Pero risa, lo que se dice risa... A veces, y de forma involuntaria creo yo. Que nadie vea conspiraciones en el hecho de que se fuera de vacío en los Goya. No he visto Pan Negro, pero fácil lo tendría para superarla. Por supuesto que tuvo que llegar alguien como Tarantino para darle un par de premios, por la similitud en cuanto a sensibilidades; con todo, considero que Malditos Bastardos (que también refleja un inexistente atentado contra un dictador) resulta mucho más accesible al público.
No digo que la película sea una bazofia. Me gusta mucho el prólogo, los créditos, la premisa inicial y todo el aspecto técnico, pero creo que es mucho ruido para pocas nueces. Yo tengo aquí un VHS con una filme de terror de serie Z, Los payasos asesinos del espacio, y os puedo asegurar que sus escenas de humor negro son mucho más graciosas que las de los payasos asesinos del presidente. ¿Para cuándo un remake? En fin. Me voy, a seguir en la duda sobre si mañana quedarme a ver los Oscar, aunque eso vaya en perjuicio de ir a clase, actividad que a ratos empieza a resultarme molesta, sobre todo en aquellas clases en las que te preguntan cuestiones tan relevantes como que si te haces la cama todos los días...

martes, febrero 22, 2011

Ander.

Ahora que han pasado los Goya puedo decir que la piratería al menos te permite dar con rarezas que de otro modo serían casi imposibles de encontrar, fuera de grandes ciudades imagino. Es el caso de una película que han comparado con Brokeback Mountain, aunque solo guarda algunas semejanzas (y en conjunto resulta peor). Se llama Ander y, aunque ha sido premiada en festivales internacionales, dudo que haya llegado a muchos cines, por tres razones principales:
a) La mitad del metraje está hablado en euskera, con subtítulos.
b) Siendo una trama mínima, dura más de dos horas. Y sin ritmo digamos que ligero.
c) Last but not least. Trata de la historia de amor entre un pastor vasco y un inmigrante peruano. Vamos, para proyectarla en el Valle de los Caídos.
Recomiendo esta película, eso sí, a los enemigos de los tópicos sobre homosexualidad. No es que los rompa, los dinamita. Quien tenga en mente un protagonista atlético con calzoncillos de Calvin Klein (o imitaciones), que ahorra para ver a Lady Gaga... que vaya preparando el hara-kiri. Este tal Ander es gordo, peludo, lleva ropa interior de su bisabuelo, le gusta escuchar jazz mientras vigila a las vacas y meterse buenos bocatas de tortilla. Porque en esta película se come mucho, de principio a fin, y a lo bestia. En comparación, se folla poco, a lo hetero y a lo homo. Hay un personaje de prostituta, también poco típico, pues no está forzada y lo hace por comer ella y su hijo. La película tiene un desenlace positivo, sin estridencias como es el tono habitual en ella; eso sí, resulta triste que ciertos sentimientos nunca salgan a la luz hasta que la sombra paterna y materna se percibe lejos...
Y, como esto no es Mentiras y gordas, los cuerpos masculinos a los que se desnuda no quedan muy estéticos en pantalla. No es algo que me importe pero, como me suele suceder con el cine español, me pregunto si no sería mejor sugerir un poco más y mostrar un poco menos. Hace poco he visto Cisne negro, esa sí que es una película digna de ser premiada. Allí había escenas que me excitaron bastante sin mostrar ningún desnudo, claro que Natalie Portman y Mila Kunis no se pueden equiparar a unos mocetones vascos... (en mi gusto, claro).
Gordo también es el metraje. Tengo la impresión de que, si esta película es tan larga, es porque para pillar la subvención tuvieron que poner más diálogos en vasco, habida cuenta de que dos de los personajes principales solo hablan castellano. Pero, en fin, al margen de todo ello, me alegro de que alguien se acuerde de retratar la homosexualidad en el medio rústico. Falta hace...

jueves, febrero 17, 2011

Primer cuatrimestre: coda.

Llevemos hasta el extremo eso de que, a mal tiempo, buena cara, y vamos a sacar los aspectos positivos del día, que no son pocos: ya tengo las cuatro notas del cuatrimestre, y he aprobado todo. Por lo tanto, el horizonte del verano está libre y lo seguirá estando, por lo menos, hasta junio-julio. En la asignatura de los despropósitos, saqué 8,7, más de lo que esperaba y, aunque dijo que iba a indicar qué parte de nota correspondía a los múltiples porcentajes, no lo hizo, lo cual no deja de ser el despropósito final. En el trabajo de Fonética Experimental, tantas horas de laboratorio dieron su fruto y alcancé la máxima puntuación. No la matrícula, lo cual es de justicia, porque si no fuera por mi compañero yo jamás habría llegado hasta esa nota. Así pues, he sacado mejor resultado en la única asignatura de Lengua, lo cual es significativo, aunque no quiere decir que tenga pensado cambiar de especialidad.
La nota media, de cara a becas y esos rollos, es elevada, puedo estar satisfecho. Por lo que respecta al segundo cuatrimestre, he de decir que las dos asignaturas nuevas, también de Lengua, me están gustando, así que entre unas cosas y otras la motivación sigue en un buen nivel. Necesitaré una considerable porción para mañana, el parcial de Literatura, aunque en este caso tampoco se muy bien a qué responderá el resultado, si al estudio o a una serie de factores sobre los cuales tendré control en algún caso y en otros no. Sea como fuere, solo me queda un repasillo hoy y otro mañana.
Después, hasta el próximo parcial pata negra, de fecha aún inconcreta, podré sosegarme un poco y voy a ir en Carnaval a Madrid, ahora que el agua ha barrido con esos humos tóxicos...

miércoles, febrero 16, 2011

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (y II).

Debo agradecerle, al menos, que no estropeara el libro. En la biblioteca de León, en otros volúmenes de esta temática, me he encontrado insultos cobardicas, realizados desde la comodidad del anonimato, quizá por otro reprimido. A fin de cuentas, son personas que saben con qué clase de libros van a encontrarse, lo saben por la información de la cubierta. Si no les gustan, ¿entonces por qué los sacan? ¿Por qué los leen, si es que llegan a leerlos enteros? Es una pena que no hagan algo para detectar a esta gentuza. Deberían pagar un libro nuevo, y que les retiraran el carnet. No tengo por qué ir leyendo comentarios ajenos, aunque a veces sean muy significativos desde el punto de vista sociológico.

Lo cierto es que a veces me da pena pasar por la biblioteca. Una cosa es hablar en voz baja y otra en muy alta, y además por el móvil. En ocasiones ni siquiera los propios empleados dan ejemplo en ese sentido. Y, respecto a los visitantes, hay gente que no va a leer sino a calentarse, cosa que me parece bien pero creo que hay establecimientos más señalados para ese fin. El tipo que dejó ese marcapáginas bien podría ser asiduo de otra zona de la biblioteca… los servicios. Allí solo entré una vez, y salí rápido ya solo de ver las pintadas que había. Decoración acorde, si acaso, con una estación de autobuses, etc., no con un templo del saber. Allí, este anónimo y piadoso lector bien podría mantener relaciones sexuales fugaces y sin mayor riesgo, riesgo para su reputación me refiero, al igual que el personaje del libro. A este respecto, sigo pensando que hay lugares más señalados, quizá en esta ciudad tampoco muchos donde elegir.

Me he limitado a plantear una serie de suposiciones, para las que no tengo respuesta. La tendrían los seres inertes, si pudieran hablar. Las puertas de los servicios, los viejos y sobados ejemplares de la biblioteca pública… Sí, si los libros pudieran hablar acerca de sus lectores, ¡cuántas historias interesantes sabríamos, a veces mucho más que las propias que ellos contienen! Al menos por lo que se refiere al libro encuadernado de papel, dudo que pudiera decirse lo mismo acerca de las pujantes ediciones en formato digital. Si me hubiese descargado, legal o ilegalmente, El lenguaje perdido de las grúas, ahora no tendría un nuevo marcapáginas en mi colección que, al margen de su desatendida petición de pureza, por lo menos me recordará la indirecta senda por la que llegó hasta mí, y los insondables misterios de en qué estaría pensando quien decidió colocarlo en dicho libro.

domingo, febrero 13, 2011

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (I).

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA.

He leído hace poco la novela El lenguaje perdido de las grúas, de David Leavitt. Pese a ese título, tan largo y raro, la historia, dentro del marco de una familia disfuncional, parece convencional a fin de cuentas. Dará la razón a quienes piensen la absurda, bajo mi punto de vista, idea de que la orientación sexual se transmite a través de los genes. Como yo no creo eso, diré que todo gira en torno a una casualidad de este tipo: un hijo homosexual que sale del armario y su padre, que también es homosexual, y no quiere salir. En sus dudas, este último personaje piensa que igual es bisexual, pero en el desenlace desecha por completo esa apreciación. La historia tiene la perspectiva de un novelista gay, que desliza en algún momento algún tópico sobre la bisexualidad, de forma fugaz por suerte. La parte sufriente de este triángulo es la madre, que no es del todo lo buenrollista que se podría haber pensado ante estas circunstancias. Deambulan algunos personajes más, y alguna subtrama menos conseguida. El libro no acaba de modo truculento ni sensacionalista, lo cual es de agradecer.

No quería hablar tanto de la novela como de una circunstancia que acompañó al hecho de sacarla en la biblioteca. Alguien, un antiguo lector, había dejado un marcapáginas en el libro, cosa que puede parecer normal pero que, dado el carácter del mismo, resulta sospechosa respecto a la actitud de quien lo dejó. Por un lado viene una foto de Nuestra Señora de San Lorenzo, de Valladolid, la estatua de una virgen. Por detrás, ahí está el meollo, viene una Oración por el Triunfo de la Pureza. Supongo que, quien lo dejó ahí, lo hizo como una especie de obsequio para un futurible lector, y yo acepto el obsequio con gusto, aunque quizá no vaya a responder al fin con el que fue allí depositado.

Así que el triunfo de la pureza… Hum, justo en este tipo de novela, pues no, no parece casual. Aclaro que esta no es una novela pornográfica. El sexo, cuando aparece, lo hace de modo natural, porque a fin de cuentas es natural, poco importa que digan lo contrario. Lo que de manera natural es imposible, y lo digo con todo el respeto a quien lo crea posible, es esta foto en la que una madre sostiene a su hijo y por detrás se nos dice que esa madre es virgen. Se habla ahí de la pureza de los jóvenes, la fidelidad de los esposos… Sí, todo lo que no aparece en la novela, imagino que por eso allí fue colocada. No obstante, me pregunto qué clase de persona pudo haberlo dejado. En primer lugar, sospecho de un hombre (aunque en la novela también aparece una mujer lesbiana, un rol secundario).

A dicho hombre lo veo de edad madura, más parecido al protagonista mayor, Owen, que al otro protagonista, su hijo Philip. Sí, cabría la posibilidad de que fuera parecido a Owen, pero con una existencia más difícil. A fin de cuentas, la familia de la novela vive en Nueva York. ¿Que el hombre no quiere salir del armario? Pues nada, tiene cines pornográficos para gays (es una novela antigua, claro; teniendo internet, ¿quién necesita ahora cines?); tanto padre como hijo disponen de discotecas y bares de todo tipo para personas como ellos. Aquí en León no hay opciones de esa clase, ni cines en ese sentido ni muchos bares, que se podrían contar si acaso con la palma de una mano.

El sospechoso, pues, estaría lógicamente reprimido sobre todo por su fe cristiana, de lo contrario no entiendo por qué iba a hacer esa labor de proselitismo anónimo a través de un marcapáginas. Se permitiría un pecadillo leyendo esta novela, pero al menos luego querría aportar un consuelo a otros desviados como él que se vieran tentados de leerla.

viernes, febrero 11, 2011

Primer cuatrimestre: telón.

Es una pena que los fastos por la conclusión del primer cuatrimestre vayan a verse boicoteados por ese examen en medio de la nada que será el parcial de Literatura. Además, ¿qué puedo esperar de ese examen? ¿Qué se puede esperar de una profesora que nos habla de lo anticuada que estaba la educación en el s. XVIII, cuando ella misma es la anticuada en materia educativa? No exagero. Imaginad a una mujer que no se levanta de la silla en toda la hora, que tiene alergia a la tiza y no digamos ya a la pizarra. Cuando nos dice un nombre raro, cosa que ocurre cada poco, lo deletrea a toda leche, algo así como: El famoso escritor Jander Klander, Perico de los Palotes... No digo ya que nos ponga esos consabidos power point, pero vamos, que me recuerda a cierto profesor del colegio que empezaba con lo de: El río Yang Tché... Sí, como suena...
Me lo tendré que tomar con sentido del humor, porque es la única manera. Ya salió otra nota, la que iba ser mi nota consoladora, con perdón, la de Géneros II. Me gustó la asignatura, la manera en que explicaba el profesor... Pero, este mismo, al hacer el examen se descolgó con alguna pregunta muy poco concreta. Le expresé mis dudas y me dejó casi peor que antes. De todos modos, no me puedo quejar por un 9, a fin de cuentas es sobre. Me falta por saber la nota de la asignatura esperpéntica. Despropósito hasta el final, ya va tardando en salir, y no será por los siete alumnos que nos presentamos el lunes... En fin. Creo que necesito unos días bajo el viciado (y no necesariamente vicioso) aire de Madrid, en cuanto sepa de los últimos coletazos del cuatrimestre os los pondré en conocimiento.

martes, febrero 08, 2011

Ocho y dieciocho.

Ya he terminado los exámenes del cuatrimestre, que no del mes. Próxima parada: 18 de febrero. Supongo que empezaré con este a lo largo de la tarde-noche, si es que logro desterrar la pereza. Superada (o no) esa prueba, me gustaría pasar unos días por la capital, aunque, a la vista de la boina tóxica que la recubre, quizá deba llevarme una mascarilla. No importa. En ciertos sentidos, su ambiente es mucho más respirable que el de León.
Y, bien, todavía hay profesores que se dan prisa para corregir. Aunque, eso sí, las rebajas también parecen haber llegado a las calificaciones, porque me ha resultado un poco tacaña mi nota. Un ocho-gocho es muy bueno para una asignatura de Lengua, no tanto para una de Literatura. Francamente, yo no se qué es lo que quería para subírmela. Pero es lo mismo. Ya me he dado cuenta de que la cosecha de este curso respecto a los profesores, con alguna excepción, es de garrafa barata. Solo hace falta analizar el esperpéntico examen que tuve ayer, cúspide de la cadena de despropósitos que de principio a fin ha sido esa asignatura.
En todo caso, no quisiera mostrarme muy negativo. Más bien me siento impaciente. Es algo común en todos mis compañeros, enredados en los procelosos mares del Aula Virtual, Secretaría Virtual y el Moodle ese. Ahora, algunos profes ya ni se molestan en colgar un papel en el tablón, con lo cual al menos se rebajan los deseos de competitividad, que en clases tan reducidas como la mía tampoco es que tengan mucho sentido.
Así que, en vez de quedarme esta tarde esperando dos notas, como quien espera a Godot, procuraré ir adelantando un poco para el 18, punto y aparte de esta racha que ha comenzado ni tan bien como pretendía ni tan mal como para que pueda citarse el recurrente término de crisis.

sábado, febrero 05, 2011

Anuncios.


Han pasado once días desde el primer examen, y todavía no se ninguna nota. Llegarán todas de golpe, como suele suceder, y mientras sea para bien... El de ayer fue estupendo y, antes de empezar con el del lunes, el benjamín en cuanto a tamaño, voy a pasar como una cortinilla con algunos anuncios fílmicos. Me relaja bastante ver películas tras una jornada de estudio pero, eso sí, tengo menos paciencia con las que no me gustan.
- La trampa del mal: es el primer capítulo de una trilogía de terror. Y digo capítulo porque parece un capítulo de serie, algo extendido, por su brevedad y entretenimiento. Al final, el mensaje se resume en que, aunque exista el Diablo, tenemos suerte porque también existe Dios. Como no creo ni en uno ni en otro, empiezo a encontrar ridículas esas personas a las que disfrazan con lentillas y una voz de fumador empedernido.
- Amor y otras drogas: propaganda negativa. Esta ni la acabé, y hacía bastante que no abandonaba una película. Culpa mía, porque no me gusta este género. Aguanté media hora. Para empezar, no me creo al protagonista. Lo hizo muy bien como vaquero gay o bisexual (según la interpretación de cada cual), pero, tras romper un estereotipo, ahora recae en uno de brocha gorda, un hetero a lo Don Juan Tenorio, que seduce a las mujeres, da igual la edad, con dos o tres frases de vendedor de enciclopedias, despertando toda clase de mohínes y melindres descerebrados. Es cierto que Jake (apellido impronunciable) ha hecho un gran esfuerzo físico para la película pero, para gustos... Al margen de que no me convenza, lo encuentro muy cargante. Quizá no valga para la comedia, como tampoco vale el director, poco curtido en este terreno. Tras algún momento bochornoso, como la convención de comerciales de pastillas con una coreografía de ¡La Macarena! (a estas alturas...), aparece Anne Hathaway, con la que ya formó pareja en Brokeback, haciendo de marido gay con tapadera o de marido bisexual (según la interpretación de cada cual). El papel de ella es de una tía enferma y a priori cabreada, que, sin duda, acabaría cediendo tras diez minutos de filme. No se. Si alguien aguantó hasta el final ya me contará qué pasa con el ninfómano y la chica con párkinson.
- Déjame entrar: la mejor película de las tres. Pero, claro, es natural. La original era muy buena, y el director se ha limitado a calcar los planos, metiendo alguna secuencia nueva. La pregunta es: ¿era necesaria esta versión? Respuesta: no. Como resulta obvio, la diferencia más grande es que una tiene ambientación sueca y otra ambientación americana. Me quedo con la sueca.
Y ahora os dejo, me meteré con ciertas chapas medievales, por suerte breves. Dentro de un par de días acabaré los exámenes del cuatrimestre, que no los del mes.

miércoles, febrero 02, 2011

Animales.

¡Por Libia! Hoy es el Día de la Marmota y esta noche empieza el Año del Conejo, el año nuevo chino. Comienza el mes lleno de animales. Respecto a lo primero, lo cierto es que no había visto la película que dio fama al acontecimiento, Atrapado en el tiempo, pero lo hice hace poco, en Reyes. Me gustó, si obviamos el componente amoroso, inevitable en este tipo de películas. Estos días me he sentido un poco como en el Día de la Marmota, por culpa de mi impaciencia. Cada día entro en la secretaría virtual para comprobar que aún no están colgadas las notas del primer examen. Y ya ha pasado más de una semana... Bueno. Ya había escuchado al profesor que se iba a ausentar. Nobody is perfect. En fin. Mientras espero este, habrá que ir preparando el siguiente, para el viernes. A ver si entre la marmota y el conejo me dan suerte, aunque en verdad no me importa tanto estudiar como el tener que ir casi todos los días a la facultad, por unas u otras, pese a que se han suspendido las clases. ¿Por qué hay gente que cree que todos estudiamos en la biblioteca? Pues no. Una de las razones por las que regresé aquí fue porque estudio muy bien en casita, incluso tumbado en la cama, posición que se diría proclive a la vagancia pero lo que importa es que el cerebro se mantenga alerta.
Medio encendido lo tengo ahora, tras esta pequeña interrupción, la próxima vez que nos veamos espero no tener que decir que es Día de la Marmota otra vez respecto a las notas.

domingo, enero 30, 2011

Acabóse la cuesta.

El otro día os recomendaba un libro, hoy me dispongo a no recomendaros uno. No es que sea malo, pero es engañoso. Se llama El golem, de Gustav Meyrink (o algo así), yo pensaba que sería una novela con monstruo y resulta que el monstruo solo está en el título, al final todo es como una gran intoxicación opiácea que hubiera tenido su autor. Y yo que esperaba encontrar un golem como el de mi añorado juego Heroes of Might and Magic, repartiendo hostias a diestro y siniestro... ¡Cómo echo de menos ese juego! Con ganas mandaría al carajo todo el estudio con tal de liderar un batallón de golems hacia el asedio.
La última (o penúltima) estupidez de mi profesora ha sido que, además de enviar el trabajo por correo, como ya he hecho, tenemos que llevárselo a la facultad, un trabajo de ocho páginas... Como si la facultad la tuviera al lado... Y no es que me pese el culo, pero tampoco me gusta que me hagan perder el tiempo. En fin. ¡No miremos todo desde el lado negativo! Se termina el mes, un mes que comencé enfermo y que confío en que no acabe igual. La meta de la cuesta de enero se acerca, y yo he pasado por encima de todo: jornadas maratonianas, empleos exprés, incompetencias e informalidades... Hasta me he moderado en las rebajas.
Incluso he conseguido dar un poco de vidilla a este blog, una decena de entradas, algunas mejores que otras pero que en cierto modo también me relajan, puedo dar rienda suelta a mi vena creativa sin que el estudio se vea perjudicado por ello. No se si lo he dicho ya, pero todo cambiará en el segundo cuatrimestre. O al menos ahí reside mi esperanza.

sábado, enero 29, 2011

FARENHEIT 451


FARENHEIT 451

Mi profesor de Teoría de los Géneros Literarios II, la primera asignatura del curso que me he quitado de encima, mantiene una estrategia que juzgo como inteligente. Él, salvo pequeños cuentos para analizar en clase, no nos manda leer libros. Antes que eso, digamos que despierta nuestra curiosidad y, al menos en mí, eso ha funcionado y ya tengo una pequeña lista de lecturas a completar en un plazo menos comprimido que cuatro meses. Siempre es más placentero leer por gusto antes que por imposición, eso está claro, y puedo comprobarlo en otras asignaturas. En Géneros II, se dedica atención a géneros tenidos por menores, como la ciencia ficción, el policíaco o la novela negra, mientras que en otras materias de literatura, por llamarla así, del canon, nos obligan a tragarnos tostones contra nuestra voluntad.

Y no es cierto que estos géneros menores carezcan de calidad. Está la ciencia ficción, por ejemplo, en la que no todo son viajes espaciales y planetas remotos. Aquí hay libros que nos hacen no solo pensar, sino inquietarnos. Hay un triunvirato de obras, dos de las cuales ya había leído, 1984 y Un mundo feliz, y otra la acabo de leer, Farenheit 451. Como las anteriores, se sitúa dentro de una distopía, es decir, una contrautopía, un mundo futuro que aparenta ser feliz aunque, evidentemente, no lo es. Al igual que Orwell se basó en la realidad de su tiempo, el autor, Ray Bradbury, también nos habla de cosas que, desde la perspectiva actual, se dirían casi proféticas. En su futuro, los bomberos ya no tienen que apagar incendios y, en vez de ello, los provocan, se dedican a quemar libros. ¿La razón? Bueno, los libros, al menos buena parte de ellos, llevan a pensar, y esto conduce a la melancolía, a la tristeza. Es preferible una sociedad feliz, en la que predominan las pantallas de televisión del tamaño de una pared. Pero, claro, esa felicidad es muy relativa, tanto para el bombero protagonista, que se rebela, como para su idiotizada mujer. El primero, finalmente, acabará encontrando una Resistencia en forma de vagabundos desarrapados que en realidad son catedráticos e intelectuales, que llevan en su memoria (aunque para mí resulte difícil de asumir) libros enteros, para un futuro mejor en el que se pueda recuperar todo ese torrente de conocimiento. Otro aliciente es que el desenlace es bastante más optimista que el de 1984

Lo cierto es que a mí no me resulta deprimente la lectura. Antes bien me produce tristeza la televisión, por eso suelo verla poco. Ni siquiera, en su momento, telecomedias como Los Serrano, con sus bromas homófobas sin puta gracia y, en los últimos tiempos, hasta los informativos se están idiotizando. Hace poco la noticia era que en enero hacía calor (no en esta ciudad) y, para ilustrarlo, sacaban a un grupo de chicos en bañador haciendo cabriolas, con el plano detalle de un pezón atravesado por un piercing. Para qué decir más. Ironías de la vida, uno de los hitos de la telebasura le tomó prestado el título a otro de los libros de Ray Bradbury, Crónicas Marcianas. ¿Llegaría el autor, que todavía vive, a ver alguna vez este engendro? No se, pero es un caso que hubiera merecido una buena querella criminal…

jueves, enero 27, 2011

DE DIOSES Y HOMBRES.


DE DIOSES Y HOMBRES.

El otro día, desde Corazón de Mierda (aunque la mierda no sea ninguna estación), volvieron a boicotear la ceremonia de nominaciones a los Oscar, barriendo para casa y quedándose solo con la que logró Bardem y su Biutiful. No he visto esta película, creo que el realismo social no es lo mío, pero dudo que sea mejor que otra que, incomprensiblemente, ha quedado fuera de la lista, la francesa De dioses y hombres.

Ahora que estoy de exámenes supongo que debiera ver cosas ligeras y entretenidas, pero tampoco viene mal relajarse con la ascética existencia de un grupo de monjes en un monasterio del Atlas. Depende del día, la otra vez tocó un blockbuster de fantasía como el tercer Narnia, pero suelo preferir el cine independiente. La película se basa en hechos históricos y, aunque sabes bien cómo va a acabar, no por ello se sufre menos, al menos en mi caso. En 1996 este pequeño grupo monacal fue secuestrado por un comando terrorista islámico y, viendo que no se cumplían sus peticiones, los asesinaron sin que, lamentablemente, en la actualidad se haya solucionado el crimen.

La película refleja bien la vida de estos hombres, que nadie espere un estilo videoclipero, ni tampoco un sermón religioso. No es una película religiosa en el sentido de la propaganda. En absoluto. Los monjes del Atlas no adoctrinan, conviven con la miseria de sus vecinos ayudándolos, suministrando medicinas, consejos y todo en una armonía que solo se rompe cuando el fanatismo y la barbarie, surgidos al amparo de una sociedad corrupta, entran en escena. A mí no me gusta el proselitismo, ni el adoctrinamiento, supongo que por eso miro con simpatía al budismo. En esta película vemos hombres que mueren por su religión, y hombres que matan por su religión; bueno, más bien ignorantes que matan, porque muchos no han leído el Corán, o lo han hecho de un modo que se adecúe bien a sus instintos criminales. Resulta admirable cuán puras son las creencias de estos religiosos, que son capaces de rezar por la salvación de sus supuestos enemigos cuando estos mueren. Es cierto que no son santos, vemos sus luchas internas y miedos, pero aun así están a años luz de aquellos cuyos escándalos saltan día sí y día no a la prensa. Es como todo. La religión en sí no es negativa, lo negativo es cómo puede ser usada por los hombres.

Ahora que la llama prendida en Túnez se va extendiendo por países vecinos, os recomiendo esta película, que, pese a no ser fácil, ha sido todo un éxito en Francia, y ya podrían hacer alguna parecida por aquí sin los tópicos de siempre, parece que inevitables cuando surge según qué tema.

lunes, enero 24, 2011

MI SEMANA COMO PROFE (y 3).

EPÍLOGO

Hice bien en titular esto Mi semana como profe. Sí, no he durado más que una semana. Cuando me disponía a dar la tercera clase, me han relevado, por así decirlo, ja, ja. Eso sí, que nadie sugiera un motivo escandaloso. Es algo tan prosaico como que la pela es la pela y la experiencia es un grado. La niña (la llamaré así aunque sea adolescente) ha encontrado otra clase más grupal, que resulta más económica, con una maestra más curtida, aunque eso no es garantía segura de éxito.

En realidad, no me han dado tiempo a desarrollar el experimento. En dos clases, ¿qué voy a enseñar? No es que me desagrade perder el empleo, pero sí que hayan cambiado tan pronto de idea. De todos modos, estoy acostumbrado. En esta ciudad hay muchas iglesias, pero hay incluso más veletas que iglesias. No guardo rencor porque han pagado religiosamente, con un euro de propina, y deseo que a la chica le vaya muy bien con la Lengua y la Literatura. Ni siquiera se si ha aprobado la recuperación, pero me dijo que le salió muy bien. Confiaré en su entusiasmo. Ya que ella no lo puede tomar (en teoría), me tomaré un vino brindando por su triunfo, con el sueldo de estos dos días. Lo que no voy a comprar, de momento, es la Ortografía de la RAE, prefiero tener el capricho de algún libro más corto y más asequible. Lo cierto es que había adquirido uno de la editorial Valdemar: Latín y mentiras. Selección de pensamientos sobre el arte de educar. Lo compré cuando aún era un educador pero, de todos modos, lo leeré para futuribles casos.

Y, ya de forma confidencial, me despido con la esperanza de que este favor truncado que le hice a mi profesora por lo menos revierta de modo positivo de cara al parcial de su asignatura, que es lo más duro que me va a tocar en febrero.

De los trabajos siempre me voy yo. Me fui de Rodilla. Quebró el Blockbuster. Me fui del Corte. Me fui de Telepizza. En realidad no considero que me hayan despedido porque para mí esto no fue un empleo en serio, ha sido un modo de ganar 25 ñapas por un par de horas en las que no me he esforzado gran cosa.

MI SEMANA COMO PROFE (2)

Respecto a la exposición que hice en clase, creo que hay cosas para comentar, y vituperar. La asignatura, Narrativa Española, es uno de esos experimentos de adaptación a ese plan Bolonia bajo cuya égida, por suerte, nunca (en principio) vamos a estar. Como todos los experimentos, puede salir torcido. Aquí, bajo un totum revolutum de tantos por ciento que estuvo a punto de cambiar en el último momento, te exigen asistencia, participación, una exposición oral, un trabajo individual y, last but not least, un examen. Aparte de ello, por lo visto también se exigen unas determinadas técnicas didácticas, lo cual no deja de ser un absurdo porque cada maestrillo tiene su librillo y, en el hipotético caso de que yo llegue a dar clase en una facultad o un colegio, la daré como me plazca y no como me diga una señora, por muy profesora titular que sea.

La asignatura fue un despropósito desde el principio. Nos mandaron un trabajo en grupo, cosa que no me gusta ni siquiera cuando puedo elegir a gente de mi confianza. No fue el caso, en mi grupo eran todos extranjeros y digamos que con una perspectiva desigual de cara al trabajo. Si ha habido falta de coordinación, no he sido yo el mayor culpable en ello. Sospecho que hay personas que no estaban preparadas para enfrentarse a esta materia (ni para estudiar cuatro meses en este país). Cuando al fin llegó el momento de la exposición, yo analicé mi tema de modo bastante exhaustivo, dentro de lo que puedes decir en media hora, e hice el esfuerzo de memorizarlo más o menos y me gasté la tela en varios tacos de fotocopias. Cierto que no hice un power point de esos. No me dio la gana y no lo veía necesario, nuestra profesora dijo que no hacía falta aunque luego parece que lo echó de menos, en otra de sus contradicciones.

Está bien ese sistema de que el resto de alumnos comente lo bueno y lo mejorable de las exposiciones, un poco en plan Alcohólicos Anónimos, pero tengo la impresión de que la profe, al hacer lo mismo, reparaba a veces en meras insignificancias. A mí me dijo que, aunque mi exposición estaba bien, mi tono de voz era monótono. ¿?. Puede que sea verdad pero, de todos modos, el que lo diga ella no deja de ser una ironía. ¿Monótono? ¿Está hablando la misma mujer que nos tuvo dos meses analizando el mismo libro, con todas las ediciones de la A a la Z, compiladas por Fulano o Zutano? ¿Está sugiriendo que a clase uno va a divertirse? Porque yo en varias de las suyas casi echo raíces, y sin embargo hubo que firmar la asistencia como si estuviéramos en una fábrica.

No se a qué se refiere. Desconozco si mi tono de voz es monótono pero, de haberlo sabido, me hubiera puesto a imitar a cierto profesor de los Maristas que sí lo tenía de ese modo, y no por ello ha perdido su empleo. ¿Es que ahora la labor de docente es equiparable a la de actor? ¿Tendré que recitar mis lecciones como un Laurence Olivier? ¿O, tal vez, para darle más nervio, analizar la filmografía completa de Jim Carrey para dotarme de un nutrido arsenal de muecas? Ni idea, yo solo se que:

a) Me he matriculado de Narrativa Española, no de Enseñanza de Narrativa Española.

b) Me la pela que casi todos los profesores den por hecho que nuestra salida es la docencia. Nadie tiene una bola para mirar al futuro.

c) Los comentarios subjetivos de la profesora son válidos en cuanto que es ella quien corrige, pero no pueden ser generalizados.

Por ello, menos tonterías y menos boloniadas, que a clase se va a aprender, y hay recursos que ayudan pero no son ni mucho menos imprescindibles, al menos por el momento, ya que en esta sociedad de la tecnología pronto habrá que subirse al carro a menos que… Todo el mundo acabe en la UNED, ja, ja. No es broma. Ya algunas de mis compañeras han sugerido esa salida para no toparse con según qué profesores.

domingo, enero 23, 2011

MI SEMANA COMO PROFE (1)

MI SEMANA COMO PROFE.

Tenía la esperanza de empezar este año dando vidilla al blog, pero, vamos, que sería en estos momentos un pensamiento un tanto suicida. Bastante que lo he ido sacando adelante año tras año, a las duras y a las maduras. En la última entrada apunté que me iba a estrenar como profesor particular, puntualizando lo de en serio aunque solo fuera porque estas clases sí van a ser retribuidas con dinero. Pues bien, ya he impartido un par de esas sesiones y, además, en la carrera me tocó hacer una exposición sobre un trabajo, es decir, ponerme en la piel del profesor como quien dice, con la salvedad de que nuestra profesora se hallaba entre el público y hacía unas críticas que yo jamás hubiera hecho a ningún maestro, ni aquí ni por supuesto en el colegio.

Respecto a mis clases particulares, solo cabe decir… ¡Ironías de la vida! Hace un año yo suspendía Lengua III, Sintaxis, si bien por tres décimas y debido a un estudio insuficiente. Recuperarla en septiembre me ha servido, además, para tenerla fresca de cara a estas clases porque mi alumna me ha consultado sobre todo dudas acerca de la sintaxis. ¡Ohú! Creo que mi profesora de Literatura, la que me consiguió el empleo, debió de decirles que yo era muy bueno en su materia, pero no añadió que en Lengua, si acaso, me defiendo… ¡Ja, ja! No obstante, parto con ventaja. La sintaxis de Filología Hispánica no es la misma que en Cuarto de la ESO… eso está claro. Y compré un mamotreto de manual de la Nueva Gramática de la Real Academia (y eso que es la versión reducida), suponía que al final podría amortizarlo y ahora está llegando el momento, de hecho estoy pensando pillar también la Ortografía, un instrumento imprescindible para cualquier profesor más o menos serio. He tenido un bautizo de fuego, por así decirlo, puesto que mi pupila tuvo recuperación el martes pasado, y confío en que mañana me diga si la ha pasado o no. Conste que no es ninguna borrica, suspendió raspando, con cuatro (en eso se parece a su maestro jedi).

sábado, enero 15, 2011

The Never-Ending Week.

Esta ha sido la última semana, completa, del cuatrimestre, pero... ¡Cuánto le cuesta acabar a la jodía! Todo cambiará a partir de mediados de febrero, o al menos vivo con esa esperanza. Entonces, yo seré el primero que deba refrescar mi memoria respecto a la novela Los cerdos (y, de paso, revisarla para posibles modificaciones). Entonces será el momento de plantearse volver unos días a la capital. Hasta entonces, quizá pueda plantearme algún reto nuevo. Por casualidades de la vida, y otros factores que ahora serían prolijos de contar, mañana voy a tener la oportunidad de, por primera vez, probarme como profesor particular un poco en serio. No es que no haya explicado a compañeros de clase o amigos lecciones varias, con mayor o menor fortuna, pero ahora será otro rollo y, aunque estén previstas un par de horas semanales, debo considerarme un tipo con suerte por encontrar trabajo parcial en estas épocas de penuria. Voy a dejarlo aquí, que, además de mis exámenes, voy a tener que encargarme de alguno que otro ajeno. The Never-Ending Week terminará mañana, currando también, pero luego al menos tan solo quedarán tres días de clase antes del parón.

PD- Mañana por la noche ni globos de oro ni leches. ¡Jo! A ver si se lo dan a Julianne Moore y me lo pierdo...

sábado, enero 08, 2011

Tengo algo que deciros.


He visto pocas películas durante estas fiestas, pero una de ellas venía muy a cuento con el espíritu de las mismas. Ya se sabe. Por Navidad, la familia se reúne y hay mayor probabilidad de que surjan anuncios, algunos inesperados y otros indeseados. Esto sucede en la película italiana Tengo algo que deciros, de Ferzan Ozpetek. Un joven regresa a casa por Navidad, de Roma a su pequeña ciudad natal, Lecce (léase Leche, curiosamente comienza igual que León), y allí le cuenta a su hermano que va a salir del armario durante una cena familiar, y de paso dejar claro que quiere seguir su camino de escritor y pasa de currar en el negocio de fabricar macarrones y demás. En esto, voilá, que el propio hermano se adelanta y se declara gay en dicha cena, por lo que tiene que exiliarse y el otro hermano debe asumir le guste o no su cargo en la fábrica.
Al margen de las probabilidades de que dos hermanos varones sean ambos homosexuales, que las hay, quiero decir que este filme no es un dramón sino una comedia, de tintes dramáticos, pero con un tono suave y muy apropiado para las fechas navideñas. La familia protagonista es tradicional, pero no normal en el sentido que pueda imaginarse. El personaje del padre intolerante no se hace odioso porque es ridículo y bufonesco, las escenas en las que le entra la paranoia de que toda la ciudad sepa su secreto son de lo más exageradas. Por ahí hay otros personajes como una joven bella que intenta sacar el lado bisexual del protagonista (sin lograrlo) y la cinta baja enteros cuando llegan los amigos gays de Roma, un trío de locas que aportan litros de aceite, por otro lado tan básico en la dieta mediterránea. Ahí se entra en el terreno del tópico aunque no sin cierto realismo, puesto que yo conozco a personas así y sin necesidad de ir a una capital del estado para encontrarlas.
En fin. Podemos alegrarnos. Los italianos están bastante peor que nosotros, solo hace falta ver quiénes mandan allí, con ese vecino incómodo del Vaticano que influye mucho más de lo que debería. A mí me ha gustado, también porque no puedo evitar sentirme identificado con algunas situaciones. Al final (y no es que quiera estropeároslo) el protagonista se confiesa pero no en cuanto a orientación sexual, sino que dice que quiere ser escritor, terreno espinoso incluso para los personajes de ficción. Yo, mientras sigo la misma senda, tendré que afianzar la licenciatura, así que me pongo a ello, que el toro empieza a acercarse demasiado.

miércoles, enero 05, 2011

Noche de Reyes.

Sigo sin encontrarme muy bien, aunque en este caso tenga más que ver con la tensión baja que con cualquier virus. Para rematar, acabo de asestar un duro golpe a mi salud mental comenzando a ver una película (?) titulada Isi Disi que, para colmo, es una secuela del primer Isi Disi. No cabe duda. La entrada de Tetacinco en Cuatro no solo se ha llevado por delante a CNN + sino que además está esparciendo la basura. ¿Cómo es posible que en la Noche de Reyes emitan algo así? ¿Es que no hay producciones familiares disponibles o es que querían echar a los niños, espantados, para que se fueran pronto a la cama? Al menos Antena 3 había escogido una película fantástica más apta, que no buena, con mi Hayden Christensen, ahora el pobre perdido en una nebulosa post- Star Wars.
Respecto a ese subproducto (espero que así asumido por sus creadores) de Isi Disi, solo cabe decir que es de esas armas arrojadizas que usan los reaccionarios para atacar al cine español, si bien no les falta razón en cabrearse porque semejante bazofia obtenga subvenciones públicas... Aunque, por fortuna, no la he visto entera, creo que el punto álgido fue la colaboración de Celia Blanco, Lucía Lapiedra y una tal Zuleidy (?) que no aparenta más allá de catorce años pese al felpudo que se marca. ¿Por qué aparecen estas tres estrellas del porno? Deduzco que el director y guionista, a la par que salido, es un friki confeso, pero debiera limitarse a colgar sus vídeos frikis en Internet. Seguro que aventajarían en varios pueblos a Vagos y Maleantes...
En fin. No todo va a ser basura. Voy a autorregalarme, vía Reyes Magos, dos libros de ensayos escritos por y acerca de Tolkien, dos saldos. A fin de cuentas, no solo era un gran escritor sino además un ilustre filólogo, y me puede dar ideas de cara al fin de mi carrera. Tendré que pedir a los Reyes que me den fuerzas, porque como siga así de flojo alguna que otra asignatura va a acabar más sodomizada que las tres gracias que antes mencioné.
Que os traigan muchas cosas, o pocas pero buenas, je, je.

martes, enero 04, 2011

El número 1 del 11.

Si tuviera que juzgar cómo irá el año según el grado de entusiasmo con el que tomé las uvas y celebré su venida... Entonces tendría que decir que será un desastre. Pero, ¡qué le vamos a facer! Yo no tuve la culpa. Patético, pero verídico, otro virus de esos, pasajeros y de fuente desconocida, me tuvo que atacar justo el último día del diez. ¡Horror! Una pesadilla recurrente es tener que pasar la Nochevieja viendo los especiales de música (grabados un par de meses antes), pero a tanto no llegué. De rebote, al menos esta mala pata contribuyó a uno de mis más firmes propósitos para el año, el ahorro, pronto abriré cuenta para ello. ¿El fin de ese dinero? Aún es pronto para saberlo, pero dependerá de, por un lado, lo que la universidad me pueda conceder en forma de becas y, por el otro, lo que la universidad me pueda arrebatar en virtud de un máster que no quiero hacer pero que, indirectamente, me veré obligado a realizar según las nuevas directrices de esa cueva de Alí Babá o, mejor dicho, Alí Bo-Bolonia...
De todos modos, sea cual sea su comienzo, enero no suele ser un mes muy digerible, así que habrá que apurar los últimos días de vacaciones al tiempo que se adelanta un poco para todo lo que vendrá después. Digamos que el virus navideño ha ido rotando a través de los años. En 2007 me arruinó la cena de primos y de clase. En 2008 (casi) la Nochebuena. En 2009 no, por fortuna, bastante tenía ya con ser amo de casa. Y en 2010 le tocó el turno a la Nochevieja. Y hablo de días sueltos porque poco más me dura. Llegan, tocan un poco las narices y luego se van. Pero en esta ocasión no llegó a tiempo a la cena de primos, que se celebró en la misma pizzería de hace un año, entonces llamada Latina y ahora Mary te quiero... No estaban todos los primos que son, pero las ausencias fueron por motivos bastante felices en este caso.
En fin. Ahora, a esperar a los Reyes. Les pediría que me hicieran algún trabajo en alguna asignatura que tal vez no debí escoger... Tampoco estaría mal alguna compañera de trabajos, alguna más excitante en todos los sentidos que las que ahora me corresponden... Bueno, no divaguemos. Que tengáis buena entrada de año y una cuesta de enero que no se pase de repecho.

jueves, diciembre 30, 2010

Dos mil uans.


Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...
¡Queda justo un día para el nuevo año! Deseo, valga la redundancia, que vuestros deseos se cumplan (si vais a dejar de fumar, os van a ayudar un poquito). Yo no tengo mucho más que decir por ahora, no voy a caer en el absurdo de querer condensar ahora todo el transcurso del año. Dejemos la retaguardia y miremos hacia adelante. Y, como para casi todo en esta vida, se puede recurrir a Hitchcock en este caso cantando: Qué será, será...

FELIZ AÑO DOS MIL UANS. QUE EL GOBERNADOR DE LIBIA NOS AMPARE.
Y, SOBRE TODO (COMO PUEDE DEDUCIRSE DE LA FOTO DE ARRIBA), CHAMPAGNE FOR EVERYONE.

viernes, diciembre 24, 2010

¡Felices Fiestas!

Al final he cumplido mi amenaza, si es que se puede llamar así, de rebajar el número de entradas este año. Confío en que haya sido por la carrera y no por pasotismo o falta de inspiración, en todo caso no me he olvidado en ningún momento de este blog ni de la novela que estaba albergando, a la que pretendo regresar cuando, a partir de febrero, el número de asignaturas se reduzca y las clases vespertinas desaparezcan.
Todavía tengo que visitar los cada vez más numerosos establecimientos de chinos para comprar algunos regalos surreales de cara a esta Nochebuena, que no falte sentido del humor aunque me temo que el ingenio se ha quedado seco para el Concursito, como sea que he terminado las clases hace un par de días y hasta entonces he tenido que estar pendiente de las tareas. Por cierto, a través de mi hermano Paconcio me acaban de llegar dos ejemplares de mis libros adquiridos a través de la web Amazon e imprimidos directamente en los Estados Unidos. En concreto, ponen: Made in the USA. Lexington, KY. ¡Toma ya! ¡Mis primeros libros Made in USA! ¡Y de Kentucky, como los pollos! No me preguntéis cómo es posible que hayan llegado tan lejos, ni si alguien está ganando pasta a mis expensas; aún no he podido averiguarlo, de todos modos me hace mucha ilusión esa mera etiqueta. Por eso, y por muchas cosas más, ¡champagne for everyone esta noche! Paz, amor e igualdad. Felices Fiestas.

PD- No se por qué pero ni en este blog ni en el otro puedo aumentar el tamaño de la letra. Se puede entender que este, con más de cuatro años, ya esté empezando a envejecer, pero el otro es joven aún... Ja, ja.

lunes, noviembre 29, 2010

Amigo Leslie.


La última vez que vi a Leslie Nielsen fue, valga la redundancia, en su último trabajo, no demasiado bueno pero que al menos nos permitió verle en un insólito dúo con Chiquito de la Calzada. Sí, se trata de Spanish Movie, una película que me dejó dos dudas:

a) Siendo una película repleta de cameos como el de Leslie, llena de amiguetes, ¿por qué no se sumó a la fiesta el inventor de las películas de amiguetes, Santiago Segura? ¿Por qué no hubo una parodia de Torrente, si es uno de los mayores fenómenos del cine español reciente?

b) Y, aunque era una opción bastante menos probable, ¿por qué no Almodóvar, si era uno de los principales homenajeados, antes que parodiados?

Sea como fuere, era natural que en una película que seguía el género de las llamadas spoof movies se quisiera traer al rey de las spoof movies. Lo cierto es que, en un año que se está cebando con el mundo del cine, esta pérdida se me hace bastante dolorosa. Habrá quien niegue que es un genio. ¿Cómo se puede dudar? Es un genio en su campo, en el hacer reír. Por lo menos para mí. Anda que no habré visto yo veces Espía como puedas, que se puede tomar como un conjunto inmenso de chorradas o disfrutarla si se sabe penetrar en su sentido del humor. ¡Sí! Leslie Nielsen me ha hecho disfrutar a raudales, mucho más que otros llamados maestros del Séptimo Arte. Descanse en paz y gracias por alargarme la vida, si es cierto que el reír la alarga.

PD- Rejuveneciendo un poco el asunto, enhorabuena a la Academia que se ocupa de los Oscar por poner a Anne Hathaway y James Franco para conducir la próxima gala. Ahora sí que tengo justificación para pirarme todas las clases que haya al día siguiente. ¡Menuda pareja! Aunque en esto, y solo en esto, tengo que decantarme hacia el bando franquista...

miércoles, noviembre 24, 2010

Sasha Gris.


Mañana solo tengo una hora de clase y supongo que debiera alegrarme, de lo contrario no estaría escribiendo estas líneas que serán breves. Breve también (apenas hora y cuarto) es la película de la que voy a hablar, sin embargo el título es largo y ni siquiera se molestaron en traducirlo: The girlfriend experience. Ideal para quien quiera pajas mentales. Quien quiera pajas físicas, que busque a la protagonista en otras películas, como hice yo después, comprobando que, por mala que sea una película, al menos es bueno que te reafirme en tu orientación (que no opción) sexual. Ejem, sois libres de pensar mal... Aunque quizá no acertéis, je, je.
La película es rara por todas partes. Rara porque sale una actriz porno, Sasha Grey, en un papel protagonista dramático, y no lo hace mal. Rara porque es de Steven Soderbegh (¿lo he escrito bien?), un tipo que hace películas como churros, pero no iguales como churros, sino cada cual de un palo lo más alejado posible de otra. Rara porque es como si hubieran tirado el guión al aire y hubieran juntado las páginas según caían.
Pese a la chica, a mí no me resultó excitante esta hora y cuarto de peroratas interminables, supongo que por la frialdad que destila el conjunto. No gris sino muy colorida os dejo una foto suya ahí arriba, suponiendo que desde Penthouse no leen este blog y no me demandarán por ello, ni alcanzaré la calificación X porque, a diferencia de otras, en esta imagen sale vestida (o casi). Podría haber puesto una con el culo al aire pero, en fin, no tendréis que usar mucho la imaginación, yo soy soy bastante culófilo y aquí rindo homenaje a esas posaderas tan bien formadas bien por la naturaleza, por el ejercicio físico o por el Photoshop como la novia del Cristiano Ronaldo. Sea como fuere, fotos como esa han tenido bastante influencia en mi devenir, alguna vez podré escribir largo y tendido sobre ello...

domingo, noviembre 21, 2010

Cien.

Cien entradas llevamos este año en el blog. No está nada mal. Ha bajado, desde luego, pero ya advertí acerca de ello. Esta semana tengo múltiples lecturas, encargadas por una profesora que suele asistir a una tertulia semanal en el bar de aquí abajo. Acabo de pasar y no la he visto, supongo que el cónclave habría terminado ya. Es una mujer peculiar, de la que podré hablar largo y tendido a sabiendas de que es poco probable que descubra este espacio (aunque en esta ciudad nunca te puedes fiar...) .
Este cuatrimestre no es ni el más trabajoso ni el más difícil que he tenido en la carrera, pero sí el que más horas me obliga a permanecer en la facultad, comprenderéis por ello el abandono al que he sometido al blog y, lo que me duele más, a la novela, si bien esta creo que podré terminarla, a más tardar, en verano. Sea como fuere, estoy contento. Este mes he topado con estímulos no previstos, y otros que quieren asomar en lontananza. Es todo lo que necesito, una pequeña motivación que me ayude a asistir a clase incluso cuando menos me apetece, y llevo ocho semanas sin pirarme ninguna, he batido mi récord y así seguiré, siempre dispuesto a pirarme si es por motivos que merezcan la pena, no por mera vagancia. Terminar la carrera es un hecho ya motivador en sí mismo, pero otros empujoncitos vienen bastante bien.
Así pues, he disfrutado de esta tarde-noche de sábado como también disfruté de la tarde del viernes, y ahora iré a descansar todo lo que mi espíritu marmotil necesite para mañana rematar algunos flecos... Me sienta mal no venir más por aquí, pero retornaré siempre que pueda, pronto llegarán las navidades y luego, a partir de febrero, ya será otro cantar, si las cosas van como imagino.

viernes, noviembre 05, 2010

Enredados.




Entre las desventajas de las redes sociales, al menos para mi persona, está la de que me distrae de tareas más productivas como escribir en este blog, en otros proyectos o no digamos ya respecto a las tareas de la universidad. Pese a todo, en época de exámenes no faltan los comentarios de gente atacada, que combate el tedio del estudio colgando impresiones sobre el desastre que profetizan.
Yo no estoy enganchado a Facebook, ni mucho menos. Me es útil, entre otras cosas porque habría personas de las que ya no sabría nada si no fuera por esta herramienta. A diferencia de lo que se dice en la película La red social, no me ha servido para evitar preliminares a la hora de echar un polvo, en lo que difiere de otras hermanas suyas, menores y bastardas. No, Facebook será una red de amigos pero en todo caso me parece que está bastante lejos de ser red de contactos. Si no fuera por su espectacular ascensión no se explicaría el surgimiento de dicho filme, el que, por otra parte, tiene entidad por sí mismo al margen del tema. No parecía a priori que la historia de estos jóvenes informáticos que se vuelven ricos en un abrir y cerrar de ojos pudiera ser muy apasionante, pero ahí está el mérito de convertirla en un entretenido largometraje de dos horas de duración que alberga una temática intemporal con la cualquiera puede identificarse: la amistad, la ambición, etc. Poco importan las probables exageraciones de la historia real, no estamos ante un documental sino ante una dramatización con sus imperfecciones, como la gran mayoría de guiones que merecen ser recordados. Me cuesta creer muchas cosas, como que existan alumnos de Harvard que tienen tiempo para sacar de media Matrícula de Honor, entrenar para los Juegos Olímpicos y no perderse sus selectas juergas, todo a la vez. Envidiable, ¿no? O ese piso franco de informáticos reconcentrados en la programación y obviando las orgías de drogas y chicas colocadas que suceden a su alrededor. Y, pese a que el protagonista se presenta como superdotado, al menos es una alivio saber que hace trampas en sus trabajos, cosa a la que yo por ahora me resisto.
Es una película básicamente masculina, en la que los personajes femeninos no gozan de mucho estatus aunque lo más probable es que el guionista no tenga culpa por ello y se haya limitado a reflejar en cierto modo la realidad. El comienzo, en el que se narra cómo nace el antecedente de Facebook, alcanza momentos propios de American Pie. El filme desarrolla una estructura circular: en el desenlace, resulta irónico cómo Mark utiliza su invento, de paternidad discutida durante toda la historia, para enviar una solicitud de amistad a la chica que le abandonó. Será que, pese a todo, hay cosas que aún no pueden comprarse con dinero... En fin. Una buena opción fílmica, incluso para aquellos que no tenéis perfil en la red social, lo que por otra parte os evitará malas experiencias y malos entendidos como los que yo he sufrido no hace demasiado tiempo, y toco madera para no sufrir más. Además, cuenta con el protagonismo de Jeese Eisenberg, quien está demostrando buen olfato con su carrera y que, pese a recaer en personajes de friki más o menos integrado, me resulta atractivo, aunque en esta película su personaje trabaje mucho para no serlo.