jueves, abril 07, 2011
Cuesta arriba, pero con freno.
jueves, marzo 31, 2011
Bienvenido, probable buen mes.
domingo, marzo 27, 2011
A las dó son las tré.
miércoles, marzo 23, 2011
LOS CERDOS. Entrega 32.
X
Una jornada más del taller de carnicería llegaba a su ocaso y Jonás tampoco había aparecido, al menos hasta ese entonces. Él, sin ser el alma de la fiesta, sí que incidía de modo indirecto en la figura que desempeñaba esa función, Ari. Realizando esta una labor solitaria como la de pasar el mocho, sin necesidad de mostrar una máscara alegre de cara a sus compañeros, su melancolía había encontrado menos trabas para desarrollarse. Al monitor, pese a no tener un poso de maestro, no le habían pasado inadvertidos esos supuestos que afectaban, según creía, a dos alumnos, el ausente y la presente.
- Ari- le dijo- ¿sabes algo de Jonás? Ha faltado dos tardes seguidas, y me parece raro.
- Bueno, creo que estaba un poco cansado, por sus… experimentos- la colombiana estaba buscando una explicación que maquillara ligeramente los hechos.
- Entiendo. Quizá, ahora que ha vuelto a su verdadera vocación, esto le parezca un coñazo, y tampoco se lo afearía… Y mira que el chico le pone interés, pero, en fin, ya veremos qué pasa, si tiene una tercera ausencia sin justificar igual tengo que darle de baja en el curso. Y no me gustaría, desde luego.
- Bueno, hablaré con él- anunció Ari y, sin querer dar muchos más detalles, acabada la limpieza se juntó con el grupo para salir del centro.
El monitor quiso aprovechar luego para hacer un pequeño inventario de las existencias cárnicas de las que disponían en la cámara frigorífica. Al entrar allí, nadie podría notar el encontrarse en medio del estío. Él, sin necesidad de presumir de hombría, ya se había acostumbrado a trabajar allí y no necesitaba ponerse prenda de abrigo alguna, más allá del eterno mandil de cocinero que ya estaba algo sucio tras la sesión.
Bajo la tenue luz que ambientaba el espacio, el monitor se encontraba de espaldas a la entrada de la cámara, situado frente a una mesa en el medio de la misma. Encima de ella había colocado algunos trozos de carne, sobrantes del taller, entre ellos un par de piezas de ternera para filetear. Además, a otro lado de la mesa había alineado varios cochinillos, que luego tenía pensado colocar en las estanterías.
Jonás, habiendo aparecido cuando ya todos sus compañeros iban camino de sus casas, y penetrado con sigilo en el aula de carnicería sin que nadie pudiera haberlo notado, abrió muy lentamente la puerta de la cámara frigorífica. En la mano libre llevaba un cuchillo de filetear, lo sostenía oculto detrás de su espalda. Percibió, con satisfacción, que el monitor no se había dado cuenta de su presencia, y comenzó a acercarse a él poco a poco, sin bajar en ningún momento el cuchillo.
Cuando llegó a estar detrás de él, quien en aquel momento estaba cogiendo un cochinillo entre sus brazos, alzó la mano y descargó el cuchillo con rapidez, para clavarlo de un tajo en el centro del lomo de otro de los puerquitos. El monitor saltó, por el susto, y poco le faltó para agredir al invasor con la única arma de la que en aquel entonces disponía, el animal. Al reconocer a Jonás trató de sonreír pero no pudo disimular el momento de terror que había pasado.
- ¡Joder, Jonás!- gritó- ¿Es esta tu idea de una broma?
Sin querer parecer mal educado, Jonás no podía parar de reír, no como un jovencito bromista sino como un maniaco, pues no en vano delante de él se había formado una imagen pesadillesca: el monitor, cuyo rostro se había convertido en el de un cerdo, permanecía delante de él portando al pequeño gorrino. Esa estampa, vista a través de sus ojos, era tan grotesca como la de un híbrido humano-porcino que sostenía a una especie de retoño inerte. Y Jonás pudo comprobar cómo, a través de sus nuevas facciones, el monitor iba trasluciendo su cabreo.
- ¡Bueno, pues ya no le veo puta la gracia!- gruñó- ¿Sabes que me ha podido dar un infarto?
Jonás trató de sofocar su risa incontrolada.
- Lo…ja, ja… lo siento- se excusó- Es que quería darte una sorpresa, ¿sabes? No soy una persona muy acostumbrada a perder, así que, para remediar mis errores, me he quedado un par de días practicando en casa y me gustaría comprobar si ya se cortar bien un filete. Sí, vale, mejor sería haber esperado a la clase de mañana pero… Creo que me he dejado llevar por la euforia, je, je.
El monitor todavía estaba mosqueado, pero la declaración de Jonás picó su curiosidad. Notó que su alumno evitaba mirarle a los ojos. Lo interpretó como timidez, o vergüenza ante la broma macabra que le había preparado, pero lo cierto era que Jonás intentaba no encararse más con aquel engendro fruto de su mente.
- Es un poquito tarde para que te de clase, Jonás- comentó- ¿Así que has estado practicando? Vaya, y yo que pensaba que nos habías dejado por tus experimentos… Bueno, pues hacer el viaje pa ná es tontería… ¿Y si le das un viaje a la ternera?
Jonás extrajo el cuchillo de donde lo había clavado, y recibió un guante protector y un afilador de manos de su maestro. Amarrando bien la pieza, relajó sus rasgos en gesto de concentración, como si se dispusiera a templar un violín, y tras ello realizó un delicado giro de muñeca, cortando un filete limpio y fino, al que luego fue agregando un par más. El monitor no salía de su asombro, mientras observaba que Jonás estaba realizando la tarea casi con los ojos cerrados, en todo caso seguía sin mirar a los suyos.
- ¡Vaya! Tiene mucho mérito, Jonás. Pero, ¿qué pasa, es que tienes miedo escénico? ¿Por qué no vuelves a clase y demuestras esta mejoría ante tus compañeros?
Jonás no contestó por el momento. Cuando hubo apilado varios filetes, se los ofreció a su profesor, como si fueran un tributo de agradecimiento, y lo hizo mientras realizaba el esfuerzo de mirar a su rostro y sonreírle.
- No, a mí no me los des- replicó, mientras los envolvía en un papel para luego devolvérselos- Resérvalos para una ocasión más especial… ¿Sabes que he estado hablando con Ari? La noté un poco apagadilla, raro en ella, ¿verdad? Invítala con esta carne que has cortado tan bien.
- Ya- exclamó con ironía, dando a entender que su indirecta no había supuesto un misterio para él- No es mala idea, pero ahora será mejor que me marche y te deje trabajar. Por cierto, ¡bonitos cochinillos!
- ¿Te gustan los cerdos?- preguntó el monitor, cuando él ya se estaba alejando.
- Últimamente no veo otra cosa…- masculló Jonás, pero para sí, el profesor ya no podía escucharle.
sábado, marzo 19, 2011
LOS CERDOS. Entrega 31.
Tras una tradicional sesión de lavandería en el baño de Ari, Jonás había conseguido, si no que las manchas desaparecieran, sí al menos disimularlas lo suficiente para el corto trayecto entre el piso de su vecina y el suyo propio. El calor se encargaría de secar la ropa que había dejado tendida en la ducha, salvo los calzoncillos. Dolorido por los golpes, el esfuerzo de frotar le había resultado mayor, así como iba a ser el de prepararse algo de desayuno. No quiso despertar a su anfitriona. Tendrían mucho que decirse, también ocasiones más oportunas de hacerlo. No creyó abusar de su hospitalidad abriendo el frigorífico y, entre algunos productos exóticos que fue incapaz de identificar, descubrió unas tiras de panceta que, por la irregularidad en el corte de unas a otras, supuso que procedían del taller, quizá alguna hubiese pasado por sus propias manos.
Aunque no era de desayunos muy fuertes, Jonás no creyó que Ari se molestara por quitarle ese fruto del trabajo de todo el grupo, echó varias tiras a freír y, mientras tanto, buscó papel para dejarle una nota. Le resultó, en principio, un recurso algo pobre, pero lo consideró más cortés que marcharse sin ningún tipo de despedida. Era una nota, no una carta, por ello Jonás fue parco y apuntó que no había querido despertarla y que probablemente no aparecería aquella tarde por el curso, pues necesitaba reposar de todo lo acontecido el día anterior.
A la vista de los acontecimientos Ari no quedó satisfecha con su nota, puesto que, una vez ella misma pudo arreglarse un poco, subió hasta la vivienda de Jonás. Pensaba que, tal vez, él no querría verla, no tan pronto al menos, y era consciente de las dudas que podían haber asaltado al joven en el momento de despertarse. No obstante, llamó y estuvo esperando hasta creer que, en efecto, él no abriría o no se encontraba allí. Cuando iba a regresar por la terraza, la puerta se abrió y Ari sintió un escalofrío al observar la figura que aparecía ante ella, cubierta de pies a cabeza por una bata blanca, guantes y una máscara antigás que era la que imprimía un matiz más inquietante al conjunto. No obstante, tras la máscara surgió de inmediato el rostro sonriente de Jonás, quien no parecía contrariado por verla.
- ¡Vaya! Hola, Ari. Disculpa estas pintas. Estaba en mi laboratorio… Preparando una matanza, ja, ja.
Si bien sonaba a burla, Ari no supo cómo interpretar sus palabras. Comenzaba a ponerse algo nerviosa, algo que disimuló bajo su habitual buen humor.
- Te veo muy bien, Jonás. ¿Te ha dado energía la panceta?
- Oh, Ari, sí, me sintió un poco mal el cogerla sin preguntarte pero bueno… Casi no padezco ni los golpes. Te debo un par de raciones, je, je.
- ¡Nada!- replicó ella, alcanzándole un par de bolsas de plástico que había traído- Tonterías. Tú hoy no te preocupes ni de la carne, ni del taller… Aquí te he traído una bolsa con surtido, ja, ja, que me gustaría que aceptaras. Ah, y la otra es de casquería y vísceras. No se si te gustan esas guarradas, ja, ja, pero, en fin, pensé que igual podrías sacarle provecho.
Una sonrisa no exenta de malignidad asomó a los labios del joven, lo cual reavivó el nerviosismo de Ari, aunque a continuación se dirigió a ella con un tono de dulzura.
- ¡Muchas gracias! La carne… En fin. Tengo el congelador lleno, no creo que pueda aceptarla. ¿Y por ahí qué traes? ¿Sesos, tripas…? Ja, ja. Hum. Igual se me revuelve el estómago, todavía no he conseguido borrar del todo las manchas de sangre.
- ¡Oh, Jonás, lo siento…!
- ¡No, mujer! Estaba bromeando. Trae para acá esas vísceras, que algún uso les daré, aunque sea para un experimento. Bien, ¿y cómo te encuentras tú?
Ari se mostró un tanto indecisa a la hora de hablar, rasgo poco conocido en ella.
- Bueno… No me siento muy bien, Jonás. No querría que estuvieras en peligro por mi culpa.
- Tranquila, Ari. ¿Lo dices por tu antiguo… lo que fuera? Ya te lo dije ayer, no creo que vuelva. Perro ladrador… No creas que no voy a tomar medidas, pero tampoco puedo estar en un estado de pánico permanente.
- Sí. Espero que no vuelva. ¿Pero qué me dices del otro gallo? Ese vive aquí y en cualquier momento puedes cruzarte con él. Anoche mismo volvió a amenazarte otra vez. Bueno, nos amenazaba a los dos.
- ¿El novio de la choni me dices?- inquirió Jonás con no poca sorna- En ese caso, perrito ladrador… No se, Ari, ojalá tuviera todo el tiempo del mundo para dedicarme a esas niñerías pero antes debo seguir con este experimento. Cuando lo acabe ya intentaré arreglarlo, ¿merecerá la pena? Hablar, hablar, estaría cojonudo hablar con todas las personas con las que pudiésemos arreglar nuestros problemas. Pero… ¿en qué idioma habla esta gente?
- Yo puedo hablar con ellos. No me importa. Solo quiero, por favor, que no vuelvas a sacar esa escopeta. Las carga el Diablo, incluso si están descargadas.
Jonás sonrió, para tranquilizarla.
- No te preocupes por eso. Si trato el asunto, lo trataré con moderación, pero ahora mejor me vuelvo con mis probetas y mis cacharros.
- Vale. Me gustaría que descansaras pero, ¿vas a ir luego al taller?
Jonás creyó percibir un mohín en su rostro.
- ¡Buf! A clase no creo que llegue, podría hacerlo después, a última hora, si voy bien de tiempo. Pronto estaré más libre, y me encantaría volver a quedar contigo.
Las palabras de Jonás sonaron sinceras para Ari, pero seguían constituyendo un cierto misterio. Le pareció que las percepciones acerca de algunos fragmentos de la noche anterior no eran similares ni para ella ni para él. No obstante, tras el ofrecimiento de Jonás este se despidió con dos besos y cerró la puerta, cargando en una mano la bolsa de la casquería y con la otra volviéndose a cubrir con la máscara antigás.
miércoles, marzo 16, 2011
LOS CERDOS. Entrega 30.
Jonás y Penélope se encontraban abrazados bajo la sábana, que en su momento había sido disfraz, en un instante de abstracción post-coital. Él dejó que su mirada se perdiera a través del cuarto, iluminado por una cantidad de velas tan inmensa que temió alguna vez que se quedaran dormidos y amanecieran achicharrados.
- ¿Hemos bajado bien la persiana?
Penélope se encogió de hombros.
- La persiana es una ruina. ¿Qué más da? Que nos despierte el alba. Eso sería muy poético, ¿verdad?
Jonás sonrió. Quería decirle algo, sin saber cómo empezar.
- Penélope… ¿Crees que he estado un poco bruto? En la ducha, me refiero.
- Oh, Jonás… ¿Bruto? Pasional, si acaso. Tampoco traspasaste ningún límite… Solo sacaste un poco al animal que llevas dentro. En general, creo que eres una persona zen. Y yo también, ¿no has visto todas esas velas?
- Ja, ja. ¿Sabes, Penélope? Estoy confuso. Creo que esta vez tú y yo hemos funcionado mejor. Querría creer que todo ha sido mejor…
- Entre tú y yo, sí. Vas venciendo tus dudas. Pero la situación no ha sido mejor, Jonás. Ha faltado él. Lo encontraremos. Te doy mi palabra.
Penélope apretó con fuerza la mano de Jonás, como para sellar de ese modo el compromiso. Pasados unos segundos, Jonás se echó a reír.
- ¿Sabes?- dijo- No quiero estar triste. Supongo que eso no es lo que querría Al. Así que me he puesto a imaginarme como un animal, como un cerdo…
- ¿Dos cerdos haciendo cerdadas?- apostilló Penélope con sorna.
-… y entonces- continuó él- por asociación de ideas he llegado hasta una vieja cancioncilla de mi infancia. Una nana. ¿Crees que podría hacer que te durmieras con eso?
- Bueno, no tengo tres años. Quizá con otro polvo sí, ja, ja.
- Es lo mismo, de todos modos solo recuerdo el principio…
Los cochinitos ya están en la cama.
Muchos besitos les da su mamá.
Como si siguiera la letra de la canción, Jonás empezó a dar muchos besitos por el rostro de Penélope, hasta que ella le amarró en uno en los labios, que se abrió para ser profundo preludio de otro retozo animal.
Jonás se despertó. En efecto, la persiana había dejado filtrarse los rayos de luz. A su lado, Penélope seguía sumida en el sueño, boca abajo. No tenía intención de sacarla de ese estado, pero la visión de su espalda desnuda, como una cuesta lisa y muy apetecible, le impulsó a posar los labios sobre su columna vertebral, sin que ella se inmutara. Jugueteando un poco con sus cabellos, a Jonás comenzó de nuevo a entrarle el sopor y fue a acompañar a su amiga hacia el territorio onírico.
Cuando Jonás despertó, Penélope ya no se encontraba allí. O, al menos, no se encontraba a la vista. Él seguía tumbado en una cama de matrimonio. Seguía desnudo. Una persiana seguía filtrando la luz del sol. Pero, junto a él, existía un bulto cubierto con una sábana que no pudo reconocer en principio como el cuerpo de Penélope. El bulto emitía ronquidos que Jonás tampoco recordaba como familiares. ¿Qué sitio era aquel? ¿Se encontraba soñando todavía? Realidad o sueño, lo que más deseaba era que, al levantar esa sábana, pudiera encontrarse de nuevo con la espalda de Penélope y recorrerla de arriba abajo como una escalera, depositando un beso en cada escalón. Sin embargo, no había ninguna señal de que eso pudiera producirse. Temeroso, haciendo pinza con dos dedos, cogió la sábana por un extremo y, queriendo desterrar esos temores que quizá no tuvieran ningún fundamento, de un tirón retiró la tela para encontrarse con las rotundas formas de Ari, dormida, asimismo, boca abajo.
Ella también estaba desnuda. Sin llegar a monstruoso, su cuerpo al natural disimulaba mal sus defectos y, sobre todo, no resistía comparación con el que Jonás había deseado encontrarse allí. Además de sorpresa, su vista causó una impresión tan fuerte en Jonás que tuvo que reprimir un grito y, casi saltando de la cama, se dirigió fuera del dormitorio, buscando el cuarto de baño. No iba a vomitar, no otra vez, en cambio metió la cabeza debajo del grifo, tenía que refrescarla y aclarar sus ideas.
Desterrando el recuerdo de Penélope, se centró en lo que había sucedido con Ari, en lo último que tenía en la memoria. En el sofá de su casa… Se quedó dormido. Sí, tal vez encima de ella. No recordaba el traslado al dormitorio, tampoco haber sido desnudado ni que se desnudara ella misma. Quizá estuviese malinterpretando el asunto. Como a un niño, Ari le quitó la ropa y le metió en la cama. Pero, ¿toda la ropa, aun con ese calor, y ella misma también?
Hasta entonces, Jonás solo había centrado sus pesquisas en Ari, pero la noche anterior le había dejado huellas mucho más visibles que lo que pudiera haber pasado entre él y ella. Jonás fue consciente de eso de una manera dolorosa al ver reflejados los moretones y marcas por todo su cuerpo en el espejo del lavabo, recuerdo del que ya consideraba como ex – novio de su vecina. El hecho de contemplar su cuerpo desnudo con tales estigmas provocó que el dolor de estos, que hasta entonces no le había preocupado gran cosa, se avivara. Jonás sintió un mareo y tuvo que agarrarse al lavabo. En el espejo observó no ya su cuerpo, sino su rostro, porque le daba la impresión de estar perdiendo el juicio. Junto al lavabo había una cuchilla de afeitar, muy usada, supuso que otro souvenir del hombre que le había utilizado de pelota de fútbol. Jonás la cogió y, lentamente, comenzó a pasársela por las muñecas. Se echó a reír, de forma macabra. Esa hoja, desgastada hasta tal punto que ni siquiera sería capaz de cortar un pelo del bigote de su antiguo dueño, tampoco podría cortarle las venas a él.
Asqueado, Jonás trató de serenarse y arrojó la inútil cuchilla a la papelera, para luego lavarse ambas manos. Las reflexiones que empezaban a surgirle le convencieron de que, en primer lugar, si pretendía volver a su casa vestido, tendría que eliminar, todo lo que pudiera, las manchas de su propia sangre en su ropa. Por ello, regresó al dormitorio por ver si podría rescatarla sin despertar a Ari.
martes, marzo 15, 2011
Escenas matritenses (y III).
sábado, marzo 12, 2011
Escenas matritenses (II)
viernes, marzo 11, 2011
Escenas matritenses (I).
viernes, marzo 04, 2011
De Carnaval.
lunes, febrero 28, 2011
Oscar: breve panorámica.
sábado, febrero 26, 2011
Mea culpa.
martes, febrero 22, 2011
Ander.
jueves, febrero 17, 2011
Primer cuatrimestre: coda.
miércoles, febrero 16, 2011
ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (y II).
Debo agradecerle, al menos, que no estropeara el libro. En la biblioteca de León, en otros volúmenes de esta temática, me he encontrado insultos cobardicas, realizados desde la comodidad del anonimato, quizá por otro reprimido. A fin de cuentas, son personas que saben con qué clase de libros van a encontrarse, lo saben por la información de la cubierta. Si no les gustan, ¿entonces por qué los sacan? ¿Por qué los leen, si es que llegan a leerlos enteros? Es una pena que no hagan algo para detectar a esta gentuza. Deberían pagar un libro nuevo, y que les retiraran el carnet. No tengo por qué ir leyendo comentarios ajenos, aunque a veces sean muy significativos desde el punto de vista sociológico.
Lo cierto es que a veces me da pena pasar por la biblioteca. Una cosa es hablar en voz baja y otra en muy alta, y además por el móvil. En ocasiones ni siquiera los propios empleados dan ejemplo en ese sentido. Y, respecto a los visitantes, hay gente que no va a leer sino a calentarse, cosa que me parece bien pero creo que hay establecimientos más señalados para ese fin. El tipo que dejó ese marcapáginas bien podría ser asiduo de otra zona de la biblioteca… los servicios. Allí solo entré una vez, y salí rápido ya solo de ver las pintadas que había. Decoración acorde, si acaso, con una estación de autobuses, etc., no con un templo del saber. Allí, este anónimo y piadoso lector bien podría mantener relaciones sexuales fugaces y sin mayor riesgo, riesgo para su reputación me refiero, al igual que el personaje del libro. A este respecto, sigo pensando que hay lugares más señalados, quizá en esta ciudad tampoco muchos donde elegir.
Me he limitado a plantear una serie de suposiciones, para las que no tengo respuesta. La tendrían los seres inertes, si pudieran hablar. Las puertas de los servicios, los viejos y sobados ejemplares de la biblioteca pública… Sí, si los libros pudieran hablar acerca de sus lectores, ¡cuántas historias interesantes sabríamos, a veces mucho más que las propias que ellos contienen! Al menos por lo que se refiere al libro encuadernado de papel, dudo que pudiera decirse lo mismo acerca de las pujantes ediciones en formato digital. Si me hubiese descargado, legal o ilegalmente, El lenguaje perdido de las grúas, ahora no tendría un nuevo marcapáginas en mi colección que, al margen de su desatendida petición de pureza, por lo menos me recordará la indirecta senda por la que llegó hasta mí, y los insondables misterios de en qué estaría pensando quien decidió colocarlo en dicho libro.
domingo, febrero 13, 2011
ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA (I).
ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA PUREZA.
He leído hace poco la novela El lenguaje perdido de las grúas, de David Leavitt. Pese a ese título, tan largo y raro, la historia, dentro del marco de una familia disfuncional, parece convencional a fin de cuentas. Dará la razón a quienes piensen la absurda, bajo mi punto de vista, idea de que la orientación sexual se transmite a través de los genes. Como yo no creo eso, diré que todo gira en torno a una casualidad de este tipo: un hijo homosexual que sale del armario y su padre, que también es homosexual, y no quiere salir. En sus dudas, este último personaje piensa que igual es bisexual, pero en el desenlace desecha por completo esa apreciación. La historia tiene la perspectiva de un novelista gay, que desliza en algún momento algún tópico sobre la bisexualidad, de forma fugaz por suerte. La parte sufriente de este triángulo es la madre, que no es del todo lo buenrollista que se podría haber pensado ante estas circunstancias. Deambulan algunos personajes más, y alguna subtrama menos conseguida. El libro no acaba de modo truculento ni sensacionalista, lo cual es de agradecer.
No quería hablar tanto de la novela como de una circunstancia que acompañó al hecho de sacarla en la biblioteca. Alguien, un antiguo lector, había dejado un marcapáginas en el libro, cosa que puede parecer normal pero que, dado el carácter del mismo, resulta sospechosa respecto a la actitud de quien lo dejó. Por un lado viene una foto de Nuestra Señora de San Lorenzo, de Valladolid, la estatua de una virgen. Por detrás, ahí está el meollo, viene una Oración por el Triunfo de la Pureza. Supongo que, quien lo dejó ahí, lo hizo como una especie de obsequio para un futurible lector, y yo acepto el obsequio con gusto, aunque quizá no vaya a responder al fin con el que fue allí depositado.
Así que el triunfo de la pureza… Hum, justo en este tipo de novela, pues no, no parece casual. Aclaro que esta no es una novela pornográfica. El sexo, cuando aparece, lo hace de modo natural, porque a fin de cuentas es natural, poco importa que digan lo contrario. Lo que de manera natural es imposible, y lo digo con todo el respeto a quien lo crea posible, es esta foto en la que una madre sostiene a su hijo y por detrás se nos dice que esa madre es virgen. Se habla ahí de la pureza de los jóvenes, la fidelidad de los esposos… Sí, todo lo que no aparece en la novela, imagino que por eso allí fue colocada. No obstante, me pregunto qué clase de persona pudo haberlo dejado. En primer lugar, sospecho de un hombre (aunque en la novela también aparece una mujer lesbiana, un rol secundario).
A dicho hombre lo veo de edad madura, más parecido al protagonista mayor, Owen, que al otro protagonista, su hijo Philip. Sí, cabría la posibilidad de que fuera parecido a Owen, pero con una existencia más difícil. A fin de cuentas, la familia de la novela vive en Nueva York. ¿Que el hombre no quiere salir del armario? Pues nada, tiene cines pornográficos para gays (es una novela antigua, claro; teniendo internet, ¿quién necesita ahora cines?); tanto padre como hijo disponen de discotecas y bares de todo tipo para personas como ellos. Aquí en León no hay opciones de esa clase, ni cines en ese sentido ni muchos bares, que se podrían contar si acaso con la palma de una mano.
El sospechoso, pues, estaría lógicamente reprimido sobre todo por su fe cristiana, de lo contrario no entiendo por qué iba a hacer esa labor de proselitismo anónimo a través de un marcapáginas. Se permitiría un pecadillo leyendo esta novela, pero al menos luego querría aportar un consuelo a otros desviados como él que se vieran tentados de leerla.
viernes, febrero 11, 2011
Primer cuatrimestre: telón.
martes, febrero 08, 2011
Ocho y dieciocho.
sábado, febrero 05, 2011
Anuncios.

Han pasado once días desde el primer examen, y todavía no se ninguna nota. Llegarán todas de golpe, como suele suceder, y mientras sea para bien... El de ayer fue estupendo y, antes de empezar con el del lunes, el benjamín en cuanto a tamaño, voy a pasar como una cortinilla con algunos anuncios fílmicos. Me relaja bastante ver películas tras una jornada de estudio pero, eso sí, tengo menos paciencia con las que no me gustan.
miércoles, febrero 02, 2011
Animales.
domingo, enero 30, 2011
Acabóse la cuesta.
sábado, enero 29, 2011
FARENHEIT 451

FARENHEIT 451
Mi profesor de Teoría de los Géneros Literarios II, la primera asignatura del curso que me he quitado de encima, mantiene una estrategia que juzgo como inteligente. Él, salvo pequeños cuentos para analizar en clase, no nos manda leer libros. Antes que eso, digamos que despierta nuestra curiosidad y, al menos en mí, eso ha funcionado y ya tengo una pequeña lista de lecturas a completar en un plazo menos comprimido que cuatro meses. Siempre es más placentero leer por gusto antes que por imposición, eso está claro, y puedo comprobarlo en otras asignaturas. En Géneros II, se dedica atención a géneros tenidos por menores, como la ciencia ficción, el policíaco o la novela negra, mientras que en otras materias de literatura, por llamarla así, del canon, nos obligan a tragarnos tostones contra nuestra voluntad.
Y no es cierto que estos géneros menores carezcan de calidad. Está la ciencia ficción, por ejemplo, en la que no todo son viajes espaciales y planetas remotos. Aquí hay libros que nos hacen no solo pensar, sino inquietarnos. Hay un triunvirato de obras, dos de las cuales ya había leído, 1984 y Un mundo feliz, y otra la acabo de leer, Farenheit 451. Como las anteriores, se sitúa dentro de una distopía, es decir, una contrautopía, un mundo futuro que aparenta ser feliz aunque, evidentemente, no lo es. Al igual que Orwell se basó en la realidad de su tiempo, el autor, Ray Bradbury, también nos habla de cosas que, desde la perspectiva actual, se dirían casi proféticas. En su futuro, los bomberos ya no tienen que apagar incendios y, en vez de ello, los provocan, se dedican a quemar libros. ¿La razón? Bueno, los libros, al menos buena parte de ellos, llevan a pensar, y esto conduce a la melancolía, a la tristeza. Es preferible una sociedad feliz, en la que predominan las pantallas de televisión del tamaño de una pared. Pero, claro, esa felicidad es muy relativa, tanto para el bombero protagonista, que se rebela, como para su idiotizada mujer. El primero, finalmente, acabará encontrando una Resistencia en forma de vagabundos desarrapados que en realidad son catedráticos e intelectuales, que llevan en su memoria (aunque para mí resulte difícil de asumir) libros enteros, para un futuro mejor en el que se pueda recuperar todo ese torrente de conocimiento. Otro aliciente es que el desenlace es bastante más optimista que el de 1984…
Lo cierto es que a mí no me resulta deprimente la lectura. Antes bien me produce tristeza la televisión, por eso suelo verla poco. Ni siquiera, en su momento, telecomedias como Los Serrano, con sus bromas homófobas sin puta gracia y, en los últimos tiempos, hasta los informativos se están idiotizando. Hace poco la noticia era que en enero hacía calor (no en esta ciudad) y, para ilustrarlo, sacaban a un grupo de chicos en bañador haciendo cabriolas, con el plano detalle de un pezón atravesado por un piercing. Para qué decir más. Ironías de la vida, uno de los hitos de la telebasura le tomó prestado el título a otro de los libros de Ray Bradbury, Crónicas Marcianas. ¿Llegaría el autor, que todavía vive, a ver alguna vez este engendro? No se, pero es un caso que hubiera merecido una buena querella criminal…
jueves, enero 27, 2011
DE DIOSES Y HOMBRES.

DE DIOSES Y HOMBRES.
El otro día, desde Corazón de Mierda (aunque la mierda no sea ninguna estación), volvieron a boicotear la ceremonia de nominaciones a los Oscar, barriendo para casa y quedándose solo con la que logró Bardem y su Biutiful. No he visto esta película, creo que el realismo social no es lo mío, pero dudo que sea mejor que otra que, incomprensiblemente, ha quedado fuera de la lista, la francesa De dioses y hombres.
Ahora que estoy de exámenes supongo que debiera ver cosas ligeras y entretenidas, pero tampoco viene mal relajarse con la ascética existencia de un grupo de monjes en un monasterio del Atlas. Depende del día, la otra vez tocó un blockbuster de fantasía como el tercer Narnia, pero suelo preferir el cine independiente. La película se basa en hechos históricos y, aunque sabes bien cómo va a acabar, no por ello se sufre menos, al menos en mi caso. En 1996 este pequeño grupo monacal fue secuestrado por un comando terrorista islámico y, viendo que no se cumplían sus peticiones, los asesinaron sin que, lamentablemente, en la actualidad se haya solucionado el crimen.
La película refleja bien la vida de estos hombres, que nadie espere un estilo videoclipero, ni tampoco un sermón religioso. No es una película religiosa en el sentido de la propaganda. En absoluto. Los monjes del Atlas no adoctrinan, conviven con la miseria de sus vecinos ayudándolos, suministrando medicinas, consejos y todo en una armonía que solo se rompe cuando el fanatismo y la barbarie, surgidos al amparo de una sociedad corrupta, entran en escena. A mí no me gusta el proselitismo, ni el adoctrinamiento, supongo que por eso miro con simpatía al budismo. En esta película vemos hombres que mueren por su religión, y hombres que matan por su religión; bueno, más bien ignorantes que matan, porque muchos no han leído el Corán, o lo han hecho de un modo que se adecúe bien a sus instintos criminales. Resulta admirable cuán puras son las creencias de estos religiosos, que son capaces de rezar por la salvación de sus supuestos enemigos cuando estos mueren. Es cierto que no son santos, vemos sus luchas internas y miedos, pero aun así están a años luz de aquellos cuyos escándalos saltan día sí y día no a la prensa. Es como todo. La religión en sí no es negativa, lo negativo es cómo puede ser usada por los hombres.
Ahora que la llama prendida en Túnez se va extendiendo por países vecinos, os recomiendo esta película, que, pese a no ser fácil, ha sido todo un éxito en Francia, y ya podrían hacer alguna parecida por aquí sin los tópicos de siempre, parece que inevitables cuando surge según qué tema.
lunes, enero 24, 2011
MI SEMANA COMO PROFE (y 3).
EPÍLOGO
Hice bien en titular esto Mi semana como profe. Sí, no he durado más que una semana. Cuando me disponía a dar la tercera clase, me han relevado, por así decirlo, ja, ja. Eso sí, que nadie sugiera un motivo escandaloso. Es algo tan prosaico como que la pela es la pela y la experiencia es un grado. La niña (la llamaré así aunque sea adolescente) ha encontrado otra clase más grupal, que resulta más económica, con una maestra más curtida, aunque eso no es garantía segura de éxito.
En realidad, no me han dado tiempo a desarrollar el experimento. En dos clases, ¿qué voy a enseñar? No es que me desagrade perder el empleo, pero sí que hayan cambiado tan pronto de idea. De todos modos, estoy acostumbrado. En esta ciudad hay muchas iglesias, pero hay incluso más veletas que iglesias. No guardo rencor porque han pagado religiosamente, con un euro de propina, y deseo que a la chica le vaya muy bien con la Lengua y la Literatura. Ni siquiera se si ha aprobado la recuperación, pero me dijo que le salió muy bien. Confiaré en su entusiasmo. Ya que ella no lo puede tomar (en teoría), me tomaré un vino brindando por su triunfo, con el sueldo de estos dos días. Lo que no voy a comprar, de momento, es la Ortografía de la RAE, prefiero tener el capricho de algún libro más corto y más asequible. Lo cierto es que había adquirido uno de la editorial Valdemar: Latín y mentiras. Selección de pensamientos sobre el arte de educar. Lo compré cuando aún era un educador pero, de todos modos, lo leeré para futuribles casos.
Y, ya de forma confidencial, me despido con la esperanza de que este favor truncado que le hice a mi profesora por lo menos revierta de modo positivo de cara al parcial de su asignatura, que es lo más duro que me va a tocar en febrero.
De los trabajos siempre me voy yo. Me fui de Rodilla. Quebró el Blockbuster. Me fui del Corte. Me fui de Telepizza. En realidad no considero que me hayan despedido porque para mí esto no fue un empleo en serio, ha sido un modo de ganar 25 ñapas por un par de horas en las que no me he esforzado gran cosa.
MI SEMANA COMO PROFE (2)
Respecto a la exposición que hice en clase, creo que hay cosas para comentar, y vituperar. La asignatura, Narrativa Española, es uno de esos experimentos de adaptación a ese plan Bolonia bajo cuya égida, por suerte, nunca (en principio) vamos a estar. Como todos los experimentos, puede salir torcido. Aquí, bajo un totum revolutum de tantos por ciento que estuvo a punto de cambiar en el último momento, te exigen asistencia, participación, una exposición oral, un trabajo individual y, last but not least, un examen. Aparte de ello, por lo visto también se exigen unas determinadas técnicas didácticas, lo cual no deja de ser un absurdo porque cada maestrillo tiene su librillo y, en el hipotético caso de que yo llegue a dar clase en una facultad o un colegio, la daré como me plazca y no como me diga una señora, por muy profesora titular que sea.
La asignatura fue un despropósito desde el principio. Nos mandaron un trabajo en grupo, cosa que no me gusta ni siquiera cuando puedo elegir a gente de mi confianza. No fue el caso, en mi grupo eran todos extranjeros y digamos que con una perspectiva desigual de cara al trabajo. Si ha habido falta de coordinación, no he sido yo el mayor culpable en ello. Sospecho que hay personas que no estaban preparadas para enfrentarse a esta materia (ni para estudiar cuatro meses en este país). Cuando al fin llegó el momento de la exposición, yo analicé mi tema de modo bastante exhaustivo, dentro de lo que puedes decir en media hora, e hice el esfuerzo de memorizarlo más o menos y me gasté la tela en varios tacos de fotocopias. Cierto que no hice un power point de esos. No me dio la gana y no lo veía necesario, nuestra profesora dijo que no hacía falta aunque luego parece que lo echó de menos, en otra de sus contradicciones.
Está bien ese sistema de que el resto de alumnos comente lo bueno y lo mejorable de las exposiciones, un poco en plan Alcohólicos Anónimos, pero tengo la impresión de que la profe, al hacer lo mismo, reparaba a veces en meras insignificancias. A mí me dijo que, aunque mi exposición estaba bien, mi tono de voz era monótono. ¿?. Puede que sea verdad pero, de todos modos, el que lo diga ella no deja de ser una ironía. ¿Monótono? ¿Está hablando la misma mujer que nos tuvo dos meses analizando el mismo libro, con todas las ediciones de la A a la Z, compiladas por Fulano o Zutano? ¿Está sugiriendo que a clase uno va a divertirse? Porque yo en varias de las suyas casi echo raíces, y sin embargo hubo que firmar la asistencia como si estuviéramos en una fábrica.
No se a qué se refiere. Desconozco si mi tono de voz es monótono pero, de haberlo sabido, me hubiera puesto a imitar a cierto profesor de los Maristas que sí lo tenía de ese modo, y no por ello ha perdido su empleo. ¿Es que ahora la labor de docente es equiparable a la de actor? ¿Tendré que recitar mis lecciones como un Laurence Olivier? ¿O, tal vez, para darle más nervio, analizar la filmografía completa de Jim Carrey para dotarme de un nutrido arsenal de muecas? Ni idea, yo solo se que:
a) Me he matriculado de Narrativa Española, no de Enseñanza de Narrativa Española.
b) Me la pela que casi todos los profesores den por hecho que nuestra salida es la docencia. Nadie tiene una bola para mirar al futuro.
c) Los comentarios subjetivos de la profesora son válidos en cuanto que es ella quien corrige, pero no pueden ser generalizados.
Por ello, menos tonterías y menos boloniadas, que a clase se va a aprender, y hay recursos que ayudan pero no son ni mucho menos imprescindibles, al menos por el momento, ya que en esta sociedad de la tecnología pronto habrá que subirse al carro a menos que… Todo el mundo acabe en la UNED, ja, ja. No es broma. Ya algunas de mis compañeras han sugerido esa salida para no toparse con según qué profesores.
domingo, enero 23, 2011
MI SEMANA COMO PROFE (1)
MI SEMANA COMO PROFE.
Tenía la esperanza de empezar este año dando vidilla al blog, pero, vamos, que sería en estos momentos un pensamiento un tanto suicida. Bastante que lo he ido sacando adelante año tras año, a las duras y a las maduras. En la última entrada apunté que me iba a estrenar como profesor particular, puntualizando lo de en serio aunque solo fuera porque estas clases sí van a ser retribuidas con dinero. Pues bien, ya he impartido un par de esas sesiones y, además, en la carrera me tocó hacer una exposición sobre un trabajo, es decir, ponerme en la piel del profesor como quien dice, con la salvedad de que nuestra profesora se hallaba entre el público y hacía unas críticas que yo jamás hubiera hecho a ningún maestro, ni aquí ni por supuesto en el colegio.
Respecto a mis clases particulares, solo cabe decir… ¡Ironías de la vida! Hace un año yo suspendía Lengua III, Sintaxis, si bien por tres décimas y debido a un estudio insuficiente. Recuperarla en septiembre me ha servido, además, para tenerla fresca de cara a estas clases porque mi alumna me ha consultado sobre todo dudas acerca de la sintaxis. ¡Ohú! Creo que mi profesora de Literatura, la que me consiguió el empleo, debió de decirles que yo era muy bueno en su materia, pero no añadió que en Lengua, si acaso, me defiendo… ¡Ja, ja! No obstante, parto con ventaja. La sintaxis de Filología Hispánica no es la misma que en Cuarto de la ESO… eso está claro. Y compré un mamotreto de manual de la Nueva Gramática de la Real Academia (y eso que es la versión reducida), suponía que al final podría amortizarlo y ahora está llegando el momento, de hecho estoy pensando pillar también la Ortografía, un instrumento imprescindible para cualquier profesor más o menos serio. He tenido un bautizo de fuego, por así decirlo, puesto que mi pupila tuvo recuperación el martes pasado, y confío en que mañana me diga si la ha pasado o no. Conste que no es ninguna borrica, suspendió raspando, con cuatro (en eso se parece a su maestro jedi).
sábado, enero 15, 2011
The Never-Ending Week.
sábado, enero 08, 2011
Tengo algo que deciros.

He visto pocas películas durante estas fiestas, pero una de ellas venía muy a cuento con el espíritu de las mismas. Ya se sabe. Por Navidad, la familia se reúne y hay mayor probabilidad de que surjan anuncios, algunos inesperados y otros indeseados. Esto sucede en la película italiana Tengo algo que deciros, de Ferzan Ozpetek. Un joven regresa a casa por Navidad, de Roma a su pequeña ciudad natal, Lecce (léase Leche, curiosamente comienza igual que León), y allí le cuenta a su hermano que va a salir del armario durante una cena familiar, y de paso dejar claro que quiere seguir su camino de escritor y pasa de currar en el negocio de fabricar macarrones y demás. En esto, voilá, que el propio hermano se adelanta y se declara gay en dicha cena, por lo que tiene que exiliarse y el otro hermano debe asumir le guste o no su cargo en la fábrica.
miércoles, enero 05, 2011
Noche de Reyes.
martes, enero 04, 2011
El número 1 del 11.
jueves, diciembre 30, 2010
Dos mil uans.
Llega ese momento tan enojoso, el de plantearse deseos para el nuevo año. Un deseo obvio es el seguir con estos blogs (con mayor o menor número de entradas, eso dependerá). Si hablamos de deseos como quien habla de pilares básicos, por así decirlo, tengo dos claros. El primero, y recurrente, es el de la carrera, y el segundo tiene que ver con ella pues, a medida que la termino, quiero iniciar un proceso de cierta independencia, puedo aprovechar que en León eso es más asumible que en Madrid. Son deseos realistas, lo cual no quiere decir que sean fáciles. Faltaría un tercer deseo, no tan claro, que no expondré porque necesitaría muchas líneas para que no resultara ridículo. Me lo guardo en la recámara...