miércoles, julio 21, 2010

LOS CERDOS. Entrega 8.

Dado que esa sala, a juego con la casa, no era demasiado ancha, Jonás tuvo que reptar entre algunas montañas de cajas, erigidas por él en precario equilibrio. Puso su atención en un gran armario ropero que había al fondo de la habitación, cerca de la ventana. Este se encontraba abarrotado hasta los topes, no solo por dentro sino también encima de él, los bultos rozaban el techo. Jonás era consciente de que algunos de los objetos que contenía podían tener un mayor o menor valor sentimental, confiando en el que el reino de las polillas no hubiera llegado allá donde no lo hizo el de las cucarachas. No obstante, ese mueble le iba a ser imprescindible para remodelar el cuarto, por ello lo abrió sin miedo a ser sepultado. No fue así pero, removiendo un poco, varios trastos cayeron sin rozarle, entre ellos una vieja escopeta que llevaba adherida una instantánea, más reciente, de un pequeño Jonás junto a su abuelo, ambos vestidos con ropa de caza aunque el primero no hubiera llegado a ejercer.

El joven sonrió con cierta nostalgia, jamás llegó a entender del todo el funcionamiento del arma pero sí comprobó que estaba descargada, había una caja de cartuchos rondando por un rincón pero tan solo contenía otras fotografías del abuelo cazando junto a sus amigos. A Jonás eso le resultaba indiferente. Aún era pronto para saber si el barrio era más o menos inseguro, pero por ahora solo tenía que defenderse de los insectos, y no podía hacerlo a tiro limpio. En caso de peligro mayor, bueno sería tener sus cuchillos de entrenamiento a mano. Antes que como un instrumento de defensa, a Jonás le resultó interesante por su mirilla telescópica, parecía un añadido posterior por su modernidad y buen funcionamiento aún. A falta de una compañía que tampoco deseaba, y gracias a la disposición del edificio a modo de corral de comedias, podría curiosear entre sus vecinos, no por mero cotilleo ni por convertirse en voyeur (¿quién podría excitarle?), sino como un complemento para sus investigaciones. Al igual que utilizaba el microscopio en aras de progresar en su ciencia, al menos con su indiscreción lograría hacerse a la idea de qué clase de lugar había escogido para vivir. A juzgar por el primer recibimiento que tuvo, no le parecía algo descabellado. Si todos iban a ser hostiles, mejor adelantarse en conocer sus puntos débiles. Por otro lado, su cara se iluminó por completo al descubrir la auténtica golosina que le habían dejado como legado, una caja de puros y dos botellas de whisky añejo, bastante mejores que aquella con la que había bautizado el piso. El joven no fumaba por lo general, pero esos habanos eran del tipo que solía emplearse en grandes eventos y, desde su humilde posición, ese descubrimiento le pareció de por sí una ocasión propicia para darse el capricho. Las botellas sí las reservó para ulteriores oportunidades.

Tras reponer la copa, Jonás se sentó a la mesa con el puro humeando en un cenicero, la escopeta apoyada en la pared, al lado de la silla, y leyendo un delgado volumen que había rescatado de su equipaje. Era un ejemplar en rústica de las Bucólicas de Virgilio. Jonás no solía dedicar tiempo a libros que no trataran sobre temas relacionados con su investigación, pero podía hacer excepciones según la circunstancia. En ese caso por la persona que le había regalado el libro. Jonás consideró que el alcohol le estaba empujando hacia el resbaladizo terreno de los recuerdos pasados, y no quiso dejarse consumir tan pronto por esos rescoldos. Cerró el libro y se dispuso a buscar un entretenimiento fácil con el papel de fisgón que había imaginado. Tomó primero unas mínimas precauciones, como apagar la luz y bajar la persiana hasta cierto punto.

Disimulando de esa manera, hizo una panorámica con la mirilla a través de las ventanas y terrazas de la vecindad. Ya se ha mencionado que Jonás no tenía la intención de ser voyeur, no buscaba sexo ajeno, ni siquiera desnudos; sin embargo, con lo que primero topó fue con una escena de porno amateur protagonizada por la que dio en llamar como choni principal. Esta se encontraba cabalgando sobre un joven, Jonás supuso que quizá sería su novio, ese del que se quejaba y con el que tal vez se estuviera reconciliando de aquella saltarina manera. El maromo estaba tumbado, Jonás no pudo percibir ni sus rasgos ni si estaría durmiendo mientras la otra se movía encima de él, en una mecánica tan rutinaria que hizo imposible que Jonás se excitara, ni siquiera observando el continuo bote de sus bien torneados pechos. No, si necesitaba masturbarse mejor sería esperar a conseguir una conexión decente en ese piso…

El siguiente descubrimiento le interesó mucho más. Escuchó gritos en el balcón que quedaba, una planta más abajo, enfrente del suyo. Debido al calor la mayoría de las ventanas permanecían abiertas y no era raro escuchar discusiones de mayor o menor virulencia, pero en esa ocasión Jonás reconoció una de las voces que disputaban como la de Ariadna, su compañera de curso. Pese a tener el cerebro un poco embotado por el alcohol, el joven comenzó a atar cabos mientras contemplaba la escena, tan cercana que apenas necesitaba de la mirilla. Ari se encontraba junto a un hombre negro y corpulento, quizá algo mayor que ella. La colombiana sacó las llaves del piso, de lo cual él dedujo que era su vecina, descubrimiento que no le hizo mucha gracia a priori. Notó que ella quería acabar la discusión entrando y dando con la puerta en las narices a su novio, su amante o lo que fuera ese hombre. Jonás no lo tenía claro, le parecía una clásica situación de celos pero ambos se gritaban a la vez, a una velocidad y con un acento al que todavía no se había acostumbrado mucho.

La palabra más repetida era puta, que caía como un chaparrón sobre Ari sin que se inmutara lo más mínimo. Pese a que Jonás veía a esta como lo que suele denominarse una mujer de armas tomar, llegó a temer que al hombre se le fuera la mano. Pensó en cómo reaccionar en ese extremo, si llamar a la policía o erigirse él mismo en autoridad con su arma, por otra parte descargada. No fue necesario delatarse, Ari cerró de un portazo su domicilio y el enfurecido varón se tragó por esa vez el orgullo y abandonó la terraza.

Jonás pensó por un momento si no debería bajar a ver cómo se encontraba su compañera y vecina. Pero no era recomendable hacerlo con la escopeta, y si no la llevaba podría regresar el hombre y hacerlo sucumbir entre sus poderosos brazos. Decidió que no debía sobrepasar su tarea de mirón; si acaso, cuando Ari le reconociera como vecino (y seguramente sería pronto), él podría demostrar cierto interés por su historia y conocer las verdaderas circunstancias de aquella escena. Claro que entonces igual se vería enredado en problemas ajenos, y él había llegado a esa ciudad huyendo de los suyos, tanto los reales como los que su enfebrecida imaginación pudiese inventar. Consideró que, con su travesura, ya había descubierto mucho más de lo que hubiera pensado en un principio, por lo cual se dispuso a arrojarse a la cama y pegar ojo en la medida en la que ello fuera posible.

martes, julio 20, 2010

En capítulos anteriores...

Pese a que no me han abandonado ni la pereza ni el calor, he continuado con la novela y, al margen de la calidad literaria de lo que surja ahí, estoy contento a ese respecto. Creía que reengancharme al Age of Mythology, en su expansión The titans, iba a impedirlo, por fortuna la campaña era breve y en pocos días pude sofocar la rebelión de titanes para ponerme con esta novela que también guarda cierta relación indirecta con la mitología clásica. Dado que ha pasado cierto tiempo desde que comencé a colgar las entregas, voy a incluir unos enlaces para quien quiera revisar la historia, o por si alguien la descubre por primera vez. Gracias de antemano por vuestra atención, y espero que ahora lleve ya un buen ritmo, sin prisa, pasito a pasito puesto que, a diferencia de la universidad, aquí no tengo plazo de entrega.








viernes, julio 16, 2010

A tope de batas.

He visto hoy un reportaje sobre las carreras a las que aspiran los nuevos universitarios y, todo sea dicho, no hay grandes sorpresas. A la espera de ver si ponen Medicina (cosa que dudo, la tónica es quitar carreras y no ponerlas) parece que, aunque iletrados, vamos a tener una excelente salud, tanto nosotros como nuestras mascotas. La mayoría de los alumnos se apuntan a Enfermería, Veterinaria, Fisioterapia y Ciencias del Deporte. Ahora la Selectividad ha cambiado y se puede alcanzar hasta catorce puntos, ¡nada menos! No se cómo será ahora, pero no me cabe duda de que más sencilla que en mis tiempos, y no es que me quiera colgar medallas. Cabe pensar que los exámenes de Inglés ya no serán corregidos por la colonia de monos de Gibraltar, si no es así no puedo explicarme cómo fui suspendido tras sacar una media de Sobresaliente en esta materia durante el bachillerato. Y no fui el único... En el grado de Lengua Española y su Literatura ya mendigan a gente con cinco, y si les dejaran seguramente cogerían hasta con cuatro. De todos modos, la cosa tampoco pinta tan mal en proporción. De 25 plazas, se han apuntado 15, y eso es un abismo en comparación con los seis o siete españoles que solemos ir a clase. El próximo curso lo presiento bastante vacío, veremos si los Erasmus nos salvan y no se eliminan demasiadas optativas. Claro que quizá en la repesca (segunda, tercera, vete tú a saber qué opción) aterrice más gente en mi recién metamorfoseada carrera. Quizá comiencen a disiparse esos absurdos mitos de que en la misma no puede encontrarse trabajo. Quizá algunos de esos enfermeros, enfermeras y futuros profesionales en el bienestar del cuerpo opten por ocuparse del bienestar de la mente (me atrevería a decir del espíritu), por lo menos yo siento mi cabeza más sana desde que he continuado esta carrera.
En fin. Ellos sabrán lo que se pierden. Por lo que a mí respecta, este es mi mes virgen (de estudio). El que viene volveré a currar, lo cierto es que julio está siendo muy poco proclive a la disciplina. Es natural. Mi cuerpo se rebela, prefiere distraerse machacando titanes en el Age of Mythology y leer volúmenes atrasados antes que establecer una plantilla de trabajo para la novela. Pero eso no quiere decir que la haya abandonado, ni mucho menos. En todo caso, cuando siga confío en colgar los capítulos atrasados, será bueno refrescar la memoria, empezando por la del propio escritor...

martes, julio 13, 2010

Mitología comparada.


Mientras sigo con Las metamorfosis, ayer vi una película de tema asimismo mitológico, aunque no es original sino un remake, Furia de titanes. Cabe pensar, como en otros casos, si merece la pena haber hecho una nueva versión de un filme relativamente reciente, que tendrá más o menos mi edad. La distancia es cada vez más corta entre original y copia, no en vano este mismo mes saldrá la nueva Pesadilla en Elm Street. La mayor diferencia, como es obvio, está en los efectos especiales, aunque hay que reconocer que los del original de los ochenta, si bien menos sofisticados, tenían un encanto especial.
En la mitología clásica Perseo era un semidiós, engendrado por Zeus tras fecundar a Dánae convertido en lluvia de oro. Esta lluvia dorada desaparece en la película, curiosamente se coge la estratagema de otro mito, el de Hércules, y Zeus se disfraza del marido de Dánae, el cual luego, lógicamente, tiene un gran cabreo y arroja al niño al mar en un ataúd. Así comienza la película, con el descubrimiento del héroe de una manera, ironías de la vida, bastante bíblica. La trama nos muestra a unos humanos descreídos y vanidosos, y a unos dioses que, faltaría más, quieren vengarse de ellos a través de todo tipo de plagas. Aunque no se de muy buena imagen del Olimpo, lo cierto es que al final se cae en la trampa de establecer una dicotomía Bien vs. Mal, encarnados en las figuras de los hermanos Zeus y Hades. Que nadie se equivoque, Hades no es el dios del Infierno tal y como nosotros lo entendemos. Es el dios del inframundo, le tocó la peor parte del sorteo y no es de extrañar que esté mosqueado con Zeus. El Infierno cristiano es un invento más tardío, al comienzo todas las almas iban al mismo sitio, luego surgió el espacio de los Campos Elíseos para héroes y figuras destacadas. Lo cierto es que Zeus no es más respetable que Hades. Este último raptó a Perséfone pero el primero, con mejor gusto, raptaba a todo el mundo mientras le gustara, ya fuera Ganímedes, Europa, etc. etc. La cosa es que esta película necesitaba a un villano fuerte, ¿y quién mejor que Hades, aunque sea inmortal? Nada nuevo, ya fue el malo del Hércules de Disney y en el Percy Jackson lo tomaron más a chufla y apareció como una satánica estrella del rock.
Como en la original, el grueso de la acción corresponde a una serie de peripecias mitológicas y batallas contra escorpiones gigantes, Medusa, etc. Perseo se hace acompañar de un grupo bastante heterogéneo, desde barbudos viriles hasta efebos como Nicholas Hoult, más maquillado y menos atractivo que en Un hombre soltero, donde pese a no hacer de griego quedaba mejor con toalla y sin ella. También hay unos extraños seres, como híbridos entre ents y momias, y una mujer cuya presencia supongo que obedece a motivos comerciales, pero a la que no puedo adscribir a ninguna categoría exacta. Curiosa es también la caracterización de Zeus, en el cielo como un cruzado y en la tierra una especie de Gandalf.
A diferencia de la mitología clásica, aquí no hay boda al final, y en cambio sí una posible opción a segunda parte, cosa que no sería sorprendente puesto que la fuente es inagotable y además no hay que pagar derechos de autor...

domingo, julio 11, 2010

Los gafes éramos nosotros.

Cuando éramos más jóvenes, y no es que ahora ya no lo seamos, nos gustaba ir a ver los partidos de la selección española, aunque por lo general acabaran en fracaso. Ahora ya no, y por lo visto los gafes debíamos ser nosotros, porque sus triunfos han aumentado sobre todo de dos años a esta parte. Yo desde luego que me alegraré si gana la Roja, pero no será por la barrila con la que nos han estado friendo desde hace unas semanas, no digamos ya hoy. ¡Hoy no hay noticias prácticamente, todo es fútbol! El hecho de que sea algo histórico no justifica los infantilismos que tropecientas veces he visto por los medios, algunos me han puesto colorado, como si no lo estuviera ya por el calor.
No me parece normal que la primera imagen de un informativo sea la de un pulpo pitoniso. ¿Qué será lo próximo, nombrar a Manolo el del Bombo ministro de Cultura? Es bueno que gane nuestro país, aunque yo personalmente no voy a ganar nada; sí lo harán los jugadores, con unas cifras que a más de uno le harán replantearse si se habrá equivocado de carera. En fin, sea como fuere pasado mañana ya se vuelve a la vida normal. Y, faltos de originalidad, dirán que la noticia ahora es que es julio y hace calor. La noticia sería que hiciera frío, una noticia que me alegraría enormemente... Nos puede asombrar esto del fútbol, pero este país va por modas. Hubo un tiempo en el que el deporte nacional, por así llamarlo, fue el teatro, y creo que fue una época, al menos desde el punto vista artístico, bastante más brillante.

viernes, julio 09, 2010

¡A metamorfosearse!


Por si fuera poco con la pereza, ha tenido que sumarse, parece que por breve tiempo afortunadamente, la enfermedad. Bueno, tiene su lógica. Ya he dicho que el calor me sienta mal, tanto respecto a la tensión como otros factores. Si de mí dependiera, el verano no existiría, al menos desde el punto de vista meteorológico. Además, cuesta en mayor manera cuidar la garganta. Yo me prometí que no abusaría de los cubitos de hielo pero, con el mismo espíritu suicida que a mi juicio poseen aquellos que estos días se ponen a correr detrás de morlacos, parece ser que he irritado a mi garganta y en castigo ayer tuve algo de fiebre, nada grave en todo caso pero que me dejó en casa cuando en verdad tenía ganas de salir. Habrá que estar al loro para lo que resta.
Por no poder ni siquiera pude leer, ahora me he metido con un libro que me ha ayudado en parte en la adquisición de una o dos matrículas, Las metamorfosis de Ovidio. Esta es la principal fuente de la que bebían los poetas del Renacimiento y el Barroco a la hora de adaptar los mitos de la Antigüedad grecolatina a la moralidad cristiana. Hay que reconocer que, sin esa moralidad, el libro es una sucesión continua de monstruosidades capaz de poner los pelos de punta. Si acaso se puede salvar a algún personaje, como Orfeo, sobre el que hice mi último trabajo. Pero, ¿qué decir de los dioses, mucho más abyectos que los seres humanos? No son más que un puñado de vengativos violadores, un grupo de criminales entre los que no destaca ni la propia diosa de la Sabiduría; están a años luz de lo que yo considero que debería ser un dios, en el caso de que existiera.
No es de extrañar que la mecha del cristianismo prendiera pronto, su mensaje era mucho más positivo, al menos cuando aún no estaba desvirtuado. Hoy en día ya nadie cree en los dioses grecorromanos, a menos que esté mal de la cabeza, y yo me pregunto si llegará el día en que los libros ahora considerados como sagrados se verán como un catálogo de mitos, al igual que el volumen de Ovidio. Es posible, pero ninguno de nosotros vivirá para verlo, digo yo. Por lo que a mí respecta, seguiré leyendo el libro y procuraré hacerlo no desde mi perspectiva contemporánea sino poniéndome en contexto, para ver si así se me hace más digerible esta serie de incestos, canibalismo, matanzas y demás lindezas varias. Feliz fin de semana, moderado en mi caso si no quiero recaer.

martes, julio 06, 2010

Porca pereza!

Lamentablemente es comprobable que nuestro cuerpo, o partes de él, tiene una gran capacidad para la insumisión. Yo esperaba comenzar esta semana a reanudar la escritura de Los cerdos, esa novela cuyas partes ya se han perdido hace tiempo en este blog. No se si podrá ser... Yo estoy escribiendo, desde luego. No solo aquí, también algo de poesía, un género del que soy bastante devoto desde hace una temporada, y en otros lados. Lo cierto es que la novela requiere de un poco más de disciplina, y la disciplina casi la agoté mientras estuve estudiando los exámenes y haciendo los correspondientes trabajos. El calor insoportable (aunque menor que en Madrid) tampoco ayuda bastante. Y no es que León se caracterice por estíos muy duros, pero, aunque este año el calor se haya resistido, yo nunca me acostumbraré a esta temperatura. Me invita a la vagancia, por mucho que tenga una asignatura que recuperar. Así que no prometo nada. Puede que me de la inspiración, pero de todos modos estoy deseando hacer un par de viajes a los que no tengo pensado llevarme ordenador para escribir, aunque sí mis fieles libretas. Por suerte lo que sí puedo hacer es leer ejemplares de mi biblioteca que tenía en lista de espera, cosa que me dispongo a hacer ahora mientras me llega el sueño, llegará pese a todo.

sábado, julio 03, 2010

Reflexiones (cuasi) pornográficas.

REFLEXIONES (CUASI) PORNOGRÁFICAS.

No voy a hablar del Orgullo porque sería repetirme, pese al día que es hoy. Este año no asisto por motivos varios, de todos modos espero que vaya bien, pese a estar contraprogramado con el partido de España. Curiosamente hoy ya hubo una manifestación, en contra del aborto, pero ambas no van a coincidir y por tanto que nadie espere una batalla campal con fetos de plástico y taconazos. Yo me quedo con una frase que escuché a uno a quien entrevistaron en la plaza de Chueca: Es que nadie lleva goma, coño, que siempre la tengo que poner yo. Ya sabéis, llevad gomita, aun en el caso de que no tengáis pensado usarla.

Donde no se usa mucho de eso suele ser en las películas porno. Hoy voy a hablar de porno, no porque necesite subir el número de lectores del blog, sino porque creo que tanto estos como yo somos lo suficientemente maduros como para abordar el tema sin sonrisillas de picardía. Ayer, después de acabar un poema que colgaré luego, me quedé a ver un poco el filme porno del Plus. No os llevéis a engaños; el fin no era, a priori, el habitual en estos casos. Un escritor tiene que buscar la inspiración en los motivos más variopintos, y es por ello que yo ahora escribo sobre esa película cuya estrecha vía argumental versaba sobre una especie de Gran Hermano erótico. Hubo un tiempo, antes de la eclosión de Internet, en que el porno del Plus era como un sancta sanctórum en el que los adolescentes descubrían secretos vedados hasta entonces (¿en verdad habría quien lo viera codificado?). Yo ahora me puedo permitir observarlo por encima del hombro, no lo necesito y me puedo acercar con un fin sociológico. Sí, en serio, parece broma pero no lo es del todo.

Por lo general, el porno heterosexual me parece bastante detestable. Suele haber un contraste entre chicas guapas, pelín artificiales, y chicos y no tan chicos no tanto, al menos para mi gusto, quizá con porte de sementales pero poco atractivos en conjunto. No hablo ya de Ron Jeremy, digo que sobre gustos no hay nada escrito pero para mí las estrellas masculinas más guapas están en el porno gay; claro que la virilidad y yo estamos algo reñidos… En realidad las películas heterosexuales son, por lo común, bisexuales, salvo que los personajes bisexuales son siempre mujeres. Una morena, con camiseta de Hello Kitty, decía a cámara, en un confesionario poco pío: Los chicos me han gustado y las chicas están también muy buenas. Yo soy bisexual y las tías están tremendas. De Perogrullo, querida. Tú y las otras tres. No es necesario el decir por qué, lo sabe todo el mundo y yo lo expuse en un pasaje de El diez por ciento. Se apuntan de forma más suave estrellas como Madonna y Britney Spears al darse un beso, o incluso la conversa Miley Cyrus parece que ha amagado con ello.

Por lo que a mí respecta, lo tengo claro. Si prefiero las escenas sáficas es sencillamente porque ganan en estética, por lo mencionado antes. Suelen destilar mayor belleza. Y parece que el reglamento de este Gran Hermano se habría adaptado a estas características. Cuando una rubia de poderosa delantera trató de seducir a otra morena delgadísima y tatuadísima (todos llevaban tatuajes, reales o no), la cual la rechazó por razones que estuvieran en el guión, apareció luego una cortinilla con este mensaje: Fulanita tiene un punto más por su acercamiento a Menganita. Menganita sufre una penalización de un punto menos por resistir el avance de Fulanita. ¡Por Libia! Me pregunto qué hubiera pasado si alguno de los tres maromos hubiese intentado un acercamiento a otro. ¿Tarjeta roja? ¿El doble de puntos y el doble de abonados menos en el Plus? En todo caso, lo que sí es doble es el rasero por el que se regía ese concurso, en el cual me importa un carajo quién hubiera ganado al final. Me quedé con las ganas de ver a la morena declarada bisexual en acción, era el personaje que gozaba de mi mayor simpatía. Pero Morfeo no lo consideró así y me mandó a la cama.

Yo me quedo con el porno bisexual, por desgracia es bastante invisible al igual que la orientación en sí. Al menos el bisexual en todo el sentido del término, no el bisexual femenino dirigido a un público masculino. Como sea que en el Plus no van a escucharme, ya lo buscaré yo. Aunque prefiero la realidad…

En fin. Rehuyendo del tópico de que el fútbol solo es para heterosexuales, espero un gran éxito hoy en el Orgullo, en la selección y ya sabéis, si salís por la noche no olvidéis la goma (a ser posible de vuestra talla).

jueves, julio 01, 2010

El orgullo leonés.


EL ORGULLO LEONÉS.

El próximo día 4 de julio, domingo, se ha convocado en Rodiezmo el primer Día del Orgullo Leonés (u Orgullo de Ser Leonés, para no crear malas interpretaciones). Sus razones tendrá el convocante, la Unión del Pueblo Leonés, yo no entiendo ni la fecha ni el lugar, y me cuesta entender los motivos. Curiosamente es un día después del Orgullo LGTB de Madrid, yo no voy a asistir ni al uno ni al otro. Al primero porque yo no siento orgullo de ser leonés, ni tampoco me avergüenza. Soy leonés, y punto. Al segundo no iré este año por una serie de motivos, como podrían ser el calor que ya me está afectando aquí o, un hecho menor pero patético a mi juicio, el que Karmele Marchante haya estado entre los encargados de leer el pregón. Volviendo al principio, lo cierto es que si el líder de la UPL en verdad quiere una ciudad de futuro, moderna y que no invite a los jóvenes a la emigración o al exilio (como me invitaría a mí si no estuviese con la carrera), aparte de su particular Orgullo podría haber venido al que se celebró el pasado lunes junto a sus compañeros en el equipo de gobierno del Ayuntamiento de León.

Algún diario local, de venta conjunta con el ABC, destacó que el Orgullo no había salido a la calle en León. ¿Cómo? No importa el número, precisamente. En las grandes ciudades también se empezó con medio centenar de personas, y ahora ya veis. Desde luego que se puede aspirar a más, a mucho más, pero no es fácil. No en esta pequeña sociedad que es un gran baile de máscaras, infestado de espías y de armarios a prueba de bombas. Así que, si lo que quieren es que me enorgullezca de ser leonés, primero que comiencen a echar los cimientos de una ciudad del futuro, y el futuro no se construye con folclóricas excursiones campestres; el futuro no se construye obsesionándose con el pasado. Ya llegarán las vacas flacas, ya llegará la época de elecciones y entonces quizá la gente empiece a ver la patita al lobo y se piense lo de salir a la calle para ser visibles.

Lo que sí tuvo un público envidiable fue la cabalgata fantástica que desfiló el mismo lunes 28. Impresionó sobre todo la marioneta de diez metros de altura del final. El hecho de que la hubiesen bautizado con el nombre de Salvador me hizo pensar en que tal vez cobraría vida, un leviatán furioso a la manera de heraldo o profeta, para advertir a los ciudadanos sobre la decadencia progresiva que podría afectar a esta sociedad, con el riesgo de un coma irreversible a menos que se tomaran medidas en el futuro cercano.

Pero bueno, tampoco hay que ser tan catastrofistas. Lo que importa es que el Orgullo se celebró y ya van tres seguidos. Y, como nota positiva, diré que el cartel sobre sexo seguro que quedó colgado en la plaza de Botines aún no había sido arrancado a las tres de la madrugada. Aunque, claro, es posible que quienes pasaran por allí estuvieran ya tan borrachos que ni siquiera hubiesen reparado en el mismo…


lunes, junio 28, 2010

Orgullo LETB.

Hay que reconocer que el Diario de León siempre ha tenido especial sensibilidad hacia las noticias relacionadas con el colectivo LGTB. Sin embargo, sea por la falta de correctores o lo que fuere, hoy incluye una pequeña nota que habla del Orgullo LETB. Debo suponer algo así: Lesbianas, Extraterrestres, Transexuales y Bisexuales. Aunque, para mucha gente, todos lo que celebran ese acto son de otro planeta. Quizá el LE venga de le-sbianas. Quién sabe. Lo único claro es que el redactor parece tener manía a los gays, porque luego los vuelve a omitir: Lesbianas, Transexuales y Bisexuales.
No deja de tener gracia porque, por lo general, en los medios de comunicación pasa al revés: hablan tan solo de Orgullo Gay e ignoran al resto. Así hicieron en TVE, la tele de todos, incluyendo además carreras de tacones y otras mamarrachadas, aunque ya se sabe que lo festivo es lo que da juego. En fin, lo importante es que la bandera del arco iris ya cuelga del Ayuntamiento (algo dudoso para el año que viene, si cambia de gobierno) y que esta tarde es la manifestación, ambos actos incluidos en el programa de fiestas y ojalá puedan tener una asistencia aceptable. ¡Feliz Orgullo LGTB!

viernes, junio 25, 2010

El cónsul de Sodoma.

Nunca dejará de sorprenderme de qué modo las polémicas tienden a engordarse en este país, de forma completamente artificial. Ayer vi la película El cónsul de Sodoma, basada en la biografía de Jaime Gil de Biedma que acabo de leer. Cuando salió el trailer de este filme, algunos grupos y medios conservadores se escandalizaron por su explícita sexualidad, y pidieron una calificación por edades más restringida. Yo no se si el grito en el cielo fue por el erotismo o porque el poeta era homosexual (cosa que dudo, como veremos adelante). En todo caso, y por desgracia, dudo también que los adolescentes tuvieran interés en ver esta historia sobre la vida de uno de nuestros mejores poetas en el s. XX. No entiendo por qué el cine español no aprovecha más la figura de sus escritores, desde los clásicos (Garcilaso, Quevedo o Sor Juana) hasta los contemporáneos. Bueno, sí que hay otra película en proyecto sobre la turbulenta vida de Lope, en todo caso sería recomendable hacer más biopics como el que vamos a tratar.
Lo del trailer parece una argucia del productor antes que del director. Para quien no conozca la vida del poeta, hay que decir que hacer una biografía fiel del mismo (muy discreto respecto a su vida privada, eso sí) sin mostrar el sexo es como hacer una de Colón y no sacar un barco. Ahora bien, las fugaces escenas sexuales de la película son, si mal no recuerdo, unas seis o siete, y no todas de matiz homo, sino también heterosexual y bisexual. Si algún papá o mamá de esos la viera, cosa que dudo, se daría cuenta de que no es para tanto, que ocupan si acaso un cinco por ciento del metraje y reflejan una faceta de un hombre que por otro lado fue un negociante, directivo de una multinacional, y un poeta con una obra breve pero intensa y muy influyente, que estoy deseando releer para la semana que viene.
Pese a que en todas las reseñas aparece como poeta homosexual (a eso alude el título), lo cierto es que en la película se da especial relieve a su relación con Bel. No solo era promiscuo, también desarrolló amores bastante tormentosos. Y esa no fue la única mujer de su vida. La balanza se desequilibra respecto a los sexos, pero eso a mí me trae sin cuidado, no es una cuestión matemática creo yo. En el libro hay declaraciones para todos los gustos. Hay quienes afirman que él odiaba su homosexualidad, y otros que le tildan de bisexual. Esto último me resulta más probable, aunque depararía otra clase de polémica bastante diferente de la que vimos al principio. Si os interesa os recomiendo la biografía y, sobre todo, su propia obra. Si no os interesa o no tenéis tanto tiempo creo que la película, sin ser redonda, alberga interés, sobre todo en la composición de Jordi Mollá, eclipsado en todos los premios por la arrolladora personalidad de Malamadre...

jueves, junio 24, 2010

No tengo miedo al fuego eterno (II)



Esto es todo lo que he podido sacar con mi anticuada cámara y mi quizá también anticuada estatura. Ahí podéis ver a Leire, de azul, a los chicos con sus instrumentos. He de decir que yo no soy amayista a ultranza. No me cae mal Amaia Montero (tampoco es que la conozca en persona) pero creo que Leire canta igual de bien y es más atractiva, aunque esto último no cuente en el plano musical. Si yo tuviera una hija creo que Leire sería un nombre muy eufónico para ella, ¿no? Leire León.
No entiendo por qué algunos creyeron que con la marcha de la vocalista el grupo iba a irse al carajo. La elección de la cantante es decisiva, pero la Oreja no es un grupo con chica. Los pibes son su esencia, son quienes formaron el grupo en una primera instancia. Canciones como París o Muñeca de trapo me emocionan igual con la voz de Amaia o la de Leire, reconociendo que tengo a la primera más asociada a mi memoria.
Lo único malo del concierto es que se me hizo muy corto, aunque hora y media no es moco de pavo. La Oreja tiene un repertorio muy extenso y, como pasó con Battiato, era inevitable que canciones de valor sentimental para mí se cayeran. Con todo, las mejores sí salieron a la palestra. Acabado ya, me desplacé al río para incorporarme a los fastos del cumpleaños y santo de Juancho, a quien habían vestido de San Juan (sin necesidad de cortarle la cabeza, por fortuna). Nos desplazamos al Húmedo, a sabiendas de cómo estaría de saturado, y llegamos justo para el final apoteósico de la verbena de la Plaza Mayor. Bailando encima de un tablado, con cierto temor a que se viniera abajo, me quedé estupefacto viendo a dos tipos en la primera fila que se habían bajado los pantalones y estaban en pelotas. Nos estaban dando el culo, y era lo mejor que podían dar porque lo de delante no tenía el menor interés en verlo. Como sea que los bares estaban más o menos como los de Chueca el día de la manifestación, nos marchamos esperando que la tradición pueda proseguir el año que viene. Yo también espero que, cuando la Oreja saque nuevo disco, pueda asistir a otro concierto pagando o no, y acompañado de algún orejófilo/a, o al menos de alguien que no tenga orejitis y me de el gusto de acompañarme.

No tengo miedo al fuego eterno (I)




No me refiero al fuego de la hoguera, en el cual en otro tiempo quizá hubiera ardido alguna supuesta bruja o un sodomita, me refiero a parte de una canción de La Oreja de Van Gogh, a cuyo concierto al fin asistí ayer. Tras ciertas negociaciones, al final me quedé solo como el gobierno, fue el precio a pagar por mi asistencia y lo he pagado muy gustosamente. Por no tener compañía ya me perdí la oportunidad de verlos tocar con Amaia Montero, no quería perder ninguna otra, mucho menos siendo gratis. Pero ahora me he quitado una espina, con un broche perfecto a un cuatrimestre perfecto y una sensación de felicidad permanente durante la hora y media que duró. La primera canción, precisamente, fue Sola, pero no me di por aludido. No es que no tuviera gente, la tuve después; lo cierto es que la gente tenía otros intereses, lo cual me parece legítimo. Embriagado por la música de la Oreja y en medio de una multitud, tampoco se puede decir que estuviera como un profeta en el desierto.
De hecho, el público era heterogéneo, desde los clásicos grupos de adolescentes a coro hasta esas mismas adolescentes proyectadas en la treintena. No se olvide que el grupo tiene unos 12 años de trayectoria y que mucha gente ha crecido con él, entre ellos yo. También había un anciano bajito con pinta de desubicado, detrás de quien me coloqué para no perder visibilidad. Esto de la altura es una mierda a la hora de hacer fotos... Yo nunca pretendí ponerme frente al escenario como un fan fatal, desde luego. Tenía pensado colgar aquí fotos del concierto, pero creo que lo haré en otra entrada. Esta basura, a diferencia de textos anteriores, no me deja arrastrar fotos. Con la tecnología de Google Fotos, dice. Bah. Con la tecnología de Google Pollas... De esta manera, y aprovechando que este mes tengo este blog un poco abandonado, voy a colgar otra entrada con fotos del concierto, no muy buenas pero sí representativas.

domingo, junio 20, 2010

Llibertat.

No retiro nada de lo dicho sobre el profe de Hispanoamericana, pero hay que reconocer que es generoso en sus exámenes. Yo me llevé otra matrícula, gracias supongo a una semana de trabajo intensiva. En Románica no tenía muchas esperanzas pero con Janick nunca me ha ido mal y al final me calzó un 9 con el que puedo dar botes de alegría. Es una suerte. No solo se rebajan los salarios, parece ser que el curso que viene me saldrá a mitad de precio.
Este último examen me costó. Eran pocos días, y ya notaba cierta desgana y cansancio acumulado. Además tuve una distracción, un libro que me ventilé en tres días, muy absorbente como para dejarlo incluso en período de exámenes. Se llama Transgresoras y es de Alaska. No os dejéis engañar por la faceta petarda de esta mujer. Es muy lista, ya lo creo. Está estudiando Historia por la UNED, y no es tarea fácil ya de por sí, menos para alguien con una agenda como la suya. Este libro es una antología sobre mujeres que han influido en ella desde todos los puntos de vista: el arte, la política, la religión, etc. No es profundo pero sí muy ameno, con una buena labor bibliográfica y permite al lector tener una panorámica en la que luego ahondar si algún aspecto concreto le interesa. Alaska es una mujer que ha decidido llevar hasta sus últimas consecuencias su famosa canción: A quién le importa. Podría decirse que incluso hasta la contradicción. Ella es una musa gay y lo sabe, pero no se avergüenza de trabajar en medios donde algunos compañeros suyos sostienen que la homosexualidad es una enfermedad. No se pierde ningún Orgullo LGTB en Madrid, donde al final siempre, siempre suena el himno antes citado. Yo no creo que vaya este año. No es una cita obligatoria, depende de una serie de circunstancias, pero el de León ya está metido en el programa de fiestas.
Como este curso he terminado pronto, ayer pude tener mi primer sábado de fiestas sin ninguna prisa por volver a casa. No tengo planes precisos de aquí a fin de mes, tan solo puedo decir que me he quitado una losa con un resultado tan imprevisto que me parece casi imposible.

martes, junio 15, 2010

El último.

Ya he hablado de las peculiares características del profesor de Hispanoamericana, quien decidió llevar su pasotismo hasta el día del examen. Ayer, en vez de los folios oficiales de la universidad, nos dio un taco de blancuchos, corrientes y molientes. Vamos, que me podía haber traído el examen escrito de casa. De hecho, tiempo hubo para hacer el cambiazo. Nuestros profes, a veces por causas mayores y a veces no, tienden a dejarnos al cuidado de alguna becaria. Entre que se fue él y vino la nuestra, pasamos unos cinco minutos a solas, tiempo de sobra para sacar folios, sacar apuntes o chivar al de al lado lo que hiciera falta. No es la primera oportunidad que tengo en esta carrera para copiar; por fortuna, la hago para aprender y no tengo interés en trampas, ninguna asignatura me tiene tan desesperado como para incurrir en ellas. Eso sí, el examen era demasiado largo. De tres preguntas, una de ellas era ¡un tema entero! Tuve que resumir hasta algo más de la mitad, lo cual resulta absurdo. Si un alumno no puede completar su examen, debiera ser por falta de conocimiento, no de tiempo. En fin... No tengo mala impresión, a ver ahora si se apura un poco para corregir.
El viernes tengo el último, el de Románica II, una materia en la que no me había matriculado al principio. Ya se sabe qué se dice de los últimos: que si maricón el último, que si el que llega tarde ni oye misa ni come carne (ninguna de las dos circunstancias me preocupan). Pero también se dice que no hay quinto malo, y esta es la quinta del segundo cuatrimestre (yo también soy el quinto, el último de los hermanos). Al margen de que debiera estar estudiando y no escribiendo chorradas, hoy tengo un incentivo más en forma de matrícula en Curso Monográfico Barroco. Parece que Cuarto va a salir baratillo... Me he planteado currar durante el curso (en el caso de que encontrara trabajo); no obstante, considero que es preferible dedicar el tiempo a tener un buen expediente el día de hoy, y así conseguir un empleo (decente) el día de mañana. Gracias a las matrículas, eso sí, algo se puede ahorrar. En Hispanoamericana tengo mis dudas sobre que la pueda sacar, y en Románica imposible; de todos modos, el viernes es casi imposible que suspenda, a menos que lo deje en blanco. Por ello, esta tarde empezaré y, sea como fuere, el viernes quedo libre y no hay mejor motivación que ello. El penúltimo escaloncito, y el último largo me lo fiáis, para el 14 de septiembre...

sábado, junio 12, 2010

Hispana.

Durante toda esta semana he estado preparando un único examen (las mezclas en esto me sientan tan mal como en los licores espirituosos): el de Literatura Hispanoamericana I. Lo he tenido que dejar para el final, no por desidia sino porque durante el curso he venido currando en las materias de evaluación continua, en las que por el momento ha habido muy buen resultado. Más allá de estudiar los apuntes, que no es mucha tarea, el examen del lunes lleva adosados dos complementos como un trabajo de cierta extensión y saber el resumen de un libro afortunadamente breve. De todos modos he logrado abarcarlo, el tiempo me ha ayudado en ello al cortar de forma brusca el anticipo veraniego que teníamos hace una semana.
Al margen del interés variable de la asignatura, el problema está en cómo se ha dado. El profesor como persona goza de mi simpatía. Nos ha mandado leer su edición sobre la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz y he de reconocer que es un buen libro, con una introducción bien escrita e interesante sobre una de las pocas figuras femeninas que tratamos, una mujer excepcional como creadora hay que decir. Sin embargo, la sapiencia y el dominio sobre la materia que un profesor pueda tener no lo es todo si no dispone de buenas herramientas para transmitirla. Sus clases eran una charleta continua, un monólogo a saltitos que no parecía haber preparado con mucho interés, y ese pasotismo se extendía a la clase, en la que no siempre reinaba un mínimo de disciplina. Le hubiera sido fácil, creo yo, fotocopiar los textos de poetas bastante desconocidos para nosotros, y de esa manera enseñar de forma más práctica. La culpa no fue del todo suya puesto que quien confeccionó los horarios le daba sesiones de dos horas seguidas, que él hacía sin interrupción y las últimas clases ya me las piré porque hacía un calor insoportable, que él mismo notaba y me han dicho que incluso llegó a echar un sueñecito en algún momento dado.
Yo creo que hay una vía del medio entre el viejo sistema de la clase magistral y lo que parece imponer Bolonia, es decir, que el alumno haga el trabajo del profesor. Durante este curso hemos tenido dos profesoras (y en menor medida un tercero) que han sabido, además de dar apuntes, crear interés en el alumno a través de un método más interactivo. Yo no se si llegaré a dar clase, pero en todo caso he aprendido bastante de este sistema. Volviendo al venerable maestro de Hispana, hay que señalar que no dio el temario completo, y no por falta de tiempo. Solía acompañar sus clases con una serie de digresiones, con las que podía estar de acuerdo o no. Su idea básica es que lo vamos a tener muy jodido, más que la generación de nuestros padres, y que más nos vale emigrar cuanto antes. Bueno, es una solución que contemplo, aunque no la tengo como requisito indispensable...
Esta semana me ha costado menos chapar, aún conservo memoria, que realizar el trabajo. Me sorprendió que, siendo tan locuaz en su clase, luego en las tutorías no supiera qué decir, ni de qué manera orientarnos. Así que lo he hecho un poco a mi modo y, si lo llega a leer completo, espero que sepa valorarlo. Es algo absurdo que el trabajo siempre lo mande sobre los mismos dos libros. Año tras año, ¿no se irán agotando los temas posibles? En fin. Ahora os dejo. Aún me quedan algunos folios y acabar con la cansina de Sor Juana y todos sus peloteos a las diversas virreinas, siempre comparadas con Venus. El lunes veremos qué depara esto.

miércoles, junio 09, 2010

La Oreja de San Juan.


Andan por las redes sociales quejándose (al menos aquellos que no tienen tanto que estudiar como yo) de lo paupérrimas que van a ser las fiestas de San Juan y San Pedro este año en León. Tienen su razón, pero no es menos cierto que, cuando hay que ahorrar, se debe empezar por lo prescindible. Quien quiera buenos conciertos, tendrá que pagárselos, y la gente parece más dispuesta a eso antes que a comprar discos. De hecho, el precio de algunas entradas es absurdamente alto, no es de extrañar que Miley Cyrus no lograra abarrotar el Rock in Rio, aunque vacío no es que estuviera... Ella, al margen de ser fenómeno infantil, es aún una recién llegada.
Yo he asistido a conciertos en los que no me ha importado pagar, ya sea un precio más bajo, como Lantana, o más alto, como Franco Battiato. Hace bastantes años estuve a punto de ir a ver a Mónica Naranjo, cuando aún estaba de moda, incluso tenía ya mi entrada junto a un grupo de amigos; pero Mónica hizo un feo a los leoneses y ahora, tras su especie de resurrección artística, no tengo intención de ir a verla, ni gente con quien asistir. Por casualidades de la vida nunca he ido a La Oreja de Van Gogh, no con Amaia Montero en el equipo. Como no todo va a ser malo, parece que el Ayuntamiento me dará la oportunidad de hacerlo gratis la víspera de San Juan. Por exámenes no será, ahora lo que necesito es encontrar voluntarios dispuestos a acompañarme. Si no lo consigo, eso podrá significar dos cosas: o bien que mi vida social aquí es pésima, o bien que mi gusto musical no es muy compartido por la gente que aquí conozco. Descarto lo primero, y veo más probable lo segundo. De todos modos, aún queda tiempo para indagar y supongo que mi primo y abrasador Juancho me invitará a la fiesta de su cumpleaños y onomástica. Ya os informaré si hay avances, por ahora solo me queda esperar mientras llega el examen del lunes, con su batiburrillo de colones, cabezas de vaca, incas y monjas, y también espero una nota en la quizá tengo más esperanzas de las que existen. Espero dar novedades pronto, y que sean para bien.

lunes, junio 07, 2010

Chica de ensueño, criaturas de pesadilla.


Ayer, aunque solo fuera por hacerme compañía ahora que estoy momentáneamente solo, me puse a ver el concierto de Miley Cyrus en Rock in Rio. Me quedé estupefacto, la verdad. Tenía la idea de que sería una puritana integrista como los hermanos Jonas, pero salió a escena, muy desarrollada para su edad, muy ligera de ropa y arrastrándose por el suelo enseñando su generoso escote a cámara. ¡Ohú! Bueno, en una entrevista que leí decía ser una persona muy espiritual, pero que creía que se debe respetar a todo el mundo, ya que su mejor amigo es gay (tópico) y es su peluquero (tópico al cuadrado). Sí, parece que quiere cambiar su público infantil por uno al estilo de Lady Gaga. Como sea que aparenta unos cuantos años más de los que tiene, eso restó indecencia al hecho de que me excitara ligeramente.
Tras ese receso frívolo, me puse a ver una película recomendable, y que se podría arrojar como proyectil a la cabeza de Jiménez Losantos, César Vidal y demás engendros cósmicos, mucho más temibles que el universo de Lovecraft en el que esta historia se inspira. Se llama La herencia Valdemar, es un filme español, rompedor de tópicos. No ha recibido ningún tipo de subvención, y no es precisamente de presupuesto bajo. Es una película de género, terror clásico, apolítica por completo. Y, como nota sentimental, fue la última de Paul Naschy, uno de los iconos de nuestro terror. Es un producto de buena factura, digno y trabajado, si acaso lo más chusco es ver cómo personajes históricos ingleses son interpretados por actores españoles, hablando en español... Pecata minuta. Lo malo es que la película se divide en dos partes, y acaba in media res, habrá que esperar a ver cuándo se estrena la segunda, que incluye, entre otras localizaciones, nuestras cuevas de Valporquero.
En fin. Pese a lo dicho, durante la jornada de ayer estuve preparando el próximo examen, cosa que seguiré haciendo hoy en la medida de lo posible, así que nos veremos cuando sea conveniente.

viernes, junio 04, 2010

Adiós, Tercero.

Advertí no en vano a comienzos de año que iba a bajar el ritmo de las entradas del blog, pero creo que la causa lo merece, como veréis en unas líneas. Hay motivos para el regocijo. En primer lugar hoy ha sido el último día de clase de Tercero. Bien es cierto que no estaré en Cuarto, a efectos prácticos, hasta que no realice ese lejano examen del 14 de septiembre; en todo caso me siento más lejos de lo que nunca haya llegado. Ya tengo dos notas y, aunque sea difícil decirlo sin parecer pedante, las dos son la misma: 10, Matrícula. No tiene tanto mérito sobresalir cuando es en asignaturas que me apasionan tanto como estas, Teoría de los Géneros y Literatura Comparada. Eso sí, dudo de que el final de las notas sea tan bueno como el comienzo. Siempre hay que hacer sacrificios, soy consciente de ello... No me dormiré en los laureles, esta tarde vuelta al tajo a revisar un trabajo con el que finiquitaré la tercera materia de la ronda. Solo deseo que a partir del 18 pueda tener más tiempo que dedicar a mi querido blog y a mis queridos, je, je, cerdos. Gracias a todos por haberme acompañado en esta singladura, de rumbo incierto al principio pero ahora ya muy asentado.

domingo, mayo 23, 2010

Sin cerdos.

Sin cerdos y casi sin blog, este no es mes muy lucido para la creación aunque eso ya lo había advertido, el que viene tampoco lo será, al menos hasta el 18. Esta semana no me he puesto con la novela; aún estoy a tiempo, pero me resulta ridículo quitar tiempo a la carrera teniendo en cuenta que luego podré escribir casi a diario. He de decir que me quedan un par de semanas de curso (semana y media si contamos con que la última es ligera de clases) y también en dos semanas podré saber sendas notas en las que tengo puesto un listón, a priori, alto. Motivos no me faltan para mantener el ánimo, aunque con este tiempo pre-veraniego me embargue una dulce pereza. Se cumplen treinta años del estreno de Star Wars y he podido ver una escena esperpéntica (y gallega, no en vano de la tierra de Valle Inclán) con Tropas Imperiales desfilando frente a la catedral de Santiago de Compostela al son marcial de las gaitas. Así que solo puedo decir: Que la fuerza os acompañe. Al menos en los exámenes.

lunes, mayo 17, 2010

Día contra la LGTBfobia.


¡Feliz día contra la LGTBfobia, aunque ya termine!

viernes, mayo 14, 2010

LOS CERDOS. Entrega 7.

En regresando a la cocina, Jonás fue directo hacia el congelador. Hasta hace poco vacío, había ocupado la mitad de su espacio con una bolsa de cubitos de hielo del chino y la carne sobrante de aquella lección inicial. El joven supuso que, si durante todos los días del curso regresaba con semejante cantidad de provisiones, pronto el electrodoméstico quedaría saturado. No eran tiempos, con todo, de andar arrojando comida, por muy mal cortada que se encontrase esta. Se imaginó que la mayoría de sus compañeros del taller se hallarían agradecidos si les cediera su carne para repartir entre su numeroso clan. Más allá del filetón, que continuaba casi crudo en su parte interna, Jonás necesitaba refrescarse de inmediato.

Al abrir la puerta del congelador, se encontró con una cucaracha correteando por el borde de la misma, ya que el hecho de que hubiera surgido del interior era poco probable. El insecto desapareció con la misma rapidez con la que había entrado en escena, pero Jonás no pudo refrenar un respingo; el cuchillo, que aún tenía en la mano, se deslizó hacia el suelo sin causarle daño alguno. El joven había ahogado un grito. No sentía temor, sino sorpresa; tampoco le hubiera molestado parecer una asustada damisela, dada su situación solitaria en el cuarto. Era una cucaracha, de eso no le cabía duda, aunque no una de esas clásicas y negruzcas como las que solían aparecer en otros pisos. Aquella le resultó más alargada y de tonalidad marrón, un tamaño medio pero lo bastante considerable como para que le repugnara su presencia en el linde de su almacén de comestibles.

Sintiendo como la llamada de esa raza que había colonizado el piso en una sigilosa invasión, Jonás observó que por el fregadero aparecían otras, esas apenas crías, del tamaño de una hormiga o incluso menor. Superado el instante de aturdimiento, Jonás se dirigió hacia allí. Bichos promiscuos, a la par que tontos, pensó, ellas mismas se han colocado en la trampa y van a caer en su propio Mar Rojo. Accionó el grifo, y el agua las arrastró a través de esas cañerías en las que supuso que tendrían su imperio, por no hablar de otros múltiples escondites de los que el viejo piso andaba sobrado. Algunas escaparon por el suelo y Jonás cogió la escoba para barrer su existencia. No obstante, en la desbandada la mayoría se le esfumaron y el joven, resignado y negándose a que ese imprevisto ataque le fuera a disuadir de su objetivo principal, abrió el congelador sin temor alguno y se aprovisionó de un par de piedras.

Jonás no necesitó de muchas conjeturas para imaginarse que la cocina era el bastión fuerte de los insectos, así que en el salón se sentía ajeno a ellos, el whisky le bastó para ahogar sus escrúpulos e incluso dedicó el primer trago a esa numerosa, si bien indeseada, comunidad de compañeros de piso. Se había puesto a cenar al lado de la ventana, aunque su comida no es que se viera lo bastante ligera como para aliviarle el calor. Mientras engullía el filete, un par de chorrillos de sangre le bajaban por las comisuras de los labios, dando fe de que lo había dejado en su peculiar punto. Decidió hacer una pausa para llamar a su padre, desconociendo si le iba a pillar con mucho o poco trabajo. Él se había mostrado reticente al giro que había dado su vida, y relatarle el asunto de las cucarachas era en cierto modo darle la razón, pero Jonás necesitaba una serie de informaciones concretas que tal vez él pudiera ofrecerle.

Cogió el móvil y llamó al mesón, sin sospechar que en aquel momento su padre lo que se disponía a coger era un cochinillo listo para el asado, otra de esas piezas como las que tanta fama habían otorgado a su establecimiento. Sin embargo, el afán paterno por tener noticias suyas pudo lograr que compatibilizara cerdo y teléfono en el mismo momento, sin cesar de moverse por la cocina.

- ¡Jonás! ¿Qué tal? Estoy un poco liado, hijo, pero dime, ¿cómo te apañas?

- ¡Hola, papá! Perdona, me imaginé que tendrías curro aunque no sabía cuánto. Solo quería preguntarte una cosilla sobre el piso.

- A ver si te puedo ser de ayuda, porque últimamente no es que haya parado demasiado por allí…

- Ya- Jonás no sabía muy bien cómo abordar el tema de los bichos justo cuando su padre estaba cocinando- El caso es que… ¿Tú sabes si aquí solía haber… cucarachas? Bueno, el caso es que quizá sea un problema del bloque de viviendas, o solo que hayan salido por el calor, el caso es que me ha parecido ver unas cuantas, no es que sean una plaga pero bueno…

Aunque Jonás no pudiera observarlo, su padre frunció el ceño, sujetando el teléfono contra el hombro mientras preparaba al puerquito para su sesión de horno. Al poco reaccionó ante el asunto.

- ¡Ah! Claro, ahora me lo imagino, pero es que ya hace tiempo de eso. Fue tu abuela. Antes de enfermar guardó un cesto de patatas vete a saber dónde, por una de esas estanterías debajo de la cocina, y cuando quise darme cuenta eso se había convertido en un festín de cucarachas. ¡Y no creas que no intenté librarme de ellas! Eché polvos, eché insecticida pero nada. No se si las que has visto vendrán de ahí o será cosa de ahora, en todo caso vas a tener que echarle paciencia, ya me cuesta mantenerlas a raya aquí mismo…

Jonás comprendió. Había acudido a su progenitor buscando una respuesta fácil, que no había hallado. Es por eso que aquel pudo reconvenirle, como había imaginado.

- De todos modos te avisé de que no te metieras en ese cuchitril, lo que tendríamos que hacer es venderlo y que el que venga luego que apechugue con las cucarachas y con lo que haga falta. Jonás, ¿al menos te está sirviendo de algo estar allí?

- Bueno, he empezado un curso de auxiliar de carnicería.

Auxiliar de carnicería. En el tono en el que lo había dicho, resultaba hasta pedante y todo. Fue un error, lo supo, una carta mal jugada y mejor hubiera sido mentir, pero el whisky y el calor le estaban haciendo bajar la guardia. Se imaginó a su padre quedándose atónito. O, mejor dicho, desilusionado, aunque sus palabras resonaron por el teléfono con tono comprensivo.

- ¿Auxiliar de carnicero? ¿Qué es eso? Si de cortar carne se trata, para eso te hubieras quedado aquí para que te enseñara yo, que tú vales para eso y para mucho más.

- Es para ir tirando- objetó Jonás, tratando de recular a destiempo- No estoy muy instalado aún aquí, quiero ir poco a poco con mis experimentos…

En el fondo, él no quería dar explicaciones lógicas porque no sabía si podría encontrarlas. La lógica no era el sentido que le había acompañado durante aquel viaje. Es posible que su padre lo supusiese, por ello tampoco quería insistir demasiado.

- Mira, Jonás, si lo que quieres es estar un tiempo fuera me parece bien. Los jóvenes se cansan de estar aquí y tú has trabajado mucho, hijo, pero tampoco me extrañaría mucho si tras el verano te veo otra vez por acá.

- Uf… No se, papá, aún es pronto para saber eso. Ya te digo que ni siquiera he sacado los cacharros de trabajo, a ver si me pongo ahora con ello. Ya estamos en contacto, igual me escapo para allá un fin de semana, igual me tienes que dar clases particulares porque esto de partir no me viene de familia…

Jonás sonrió. Lo de volver un fin de semana era una excusa, pero lo de las clases en verdad lo hubiera deseado, para volver al taller demostrando al monitor sus progresos.

- Muy bien. Un beso, hijo.

- Igual. Ciao!

Jonás se metió otro trozo sangrante en la boca, meditando que, antes de tomarse otro whisky, bueno sería adentrarse en el maremágnum que tendría que ser su laboratorio, no fuese que las nieblas y la digestión le anclasen a aquella mesa.

domingo, mayo 09, 2010

LOS CERDOS. Entrega 6.

- A la hora de cortar filetes – comenzó el monitor- tenéis que estar muy atentos al juego de muñeca. Colocáis la base del cuchillo en la carne y luego lo dejáis deslizar suavemente hacia abajo para que vaya cortando la pieza. No hace falta presionar con fuerza, tan solo girar la muñeca con suavidad y que corra. ¡Suave y que corra!

¡Suave y que corra!, se repitió Jonás como un mantra, observando si los movimientos del maestro hacían honor a sus indicaciones. Amarrando el trozo de carne con la mano enguantada, con la otra colocó en efecto la parte final del cuchillo encima y deslizó el filo de forma limpia, hasta sacar un filete delgado al que pronto hicieron compañía otros dos de la misma consistencia. El monitor cogió uno entre los dedos para mostrarlo a sus aprendices de ejemplo.

- Las señoras suelen preferir filetes finos, para empanar o para hacer flamenquines, por ejemplo. A menudo os los pedirán así, acostumbraos a cortarlos delgados.

Antes de la clase los asistentes habían tenido que firmar en un listado, ya que cierto número de ausencias conllevarían no obtener el diploma. El monitor repasó las fotografías por encima, tratando de quedarse con aquellos rostros encuadrados por la misma visera.

- A ver, Jonás- anunció- Te ha tocado.

¡Oh, mierda!, pensó, si bien exhibiendo una sonrisa cohibida en la que expresaba sencillez y una disculpa por adelantado previendo que su suerte de primerizo iba a ser nula. No supo en ese instante por qué fue escogido para abrir la terna, quizá porque su nombre no destacaba por lo habitual, aunque los de algunos de sus compañeros latinos tampoco se quedaban cortos. Jonás fue aleccionado sobre cómo colocarse el guante metálico y afilar el cuchillo, antes de ponerse a la tarea. Su hendidura en la carne dio buen resultado, pero guió la senda del cuchillo de forma tan desviada que al final lo que salió de allí fue un filete estrecho en punta que luego se fue ensanchando hasta alcanzar un dedo de grosor. Jonás, avergonzado, cogió la considerable pieza y la colocó junto a las que había extraído el carnicero, deseando que quedara disimulada como una gorda y amorfa hermana de estas. El monitor, dulcificando una mirada de disgusto, le dio una palmada en el hombro.

- Bueno, no está mal- comentó- No está mal para un león, claro. ¡Menudo filetón! Pero bueno, en la primera vez tampoco pido milagros. Recuerda: ¡suave y que corra!

Jonás asintió, mientras regresaba al corro. No estaba acostumbrado a ser el blanco de la sorna de sus maestros, aunque este había estado bastante suave, como el movimiento de su muñeca, por ser el primer intento.

- Ariadna Velászquez- llamó luego, y la colombiana, que antes de comenzar ya se había metido en el bolsillo a casi toda la clase, se adelantó con un Ay mamasita y una mueca guasona

Sin embargo, cuando se puso a cortar lo hizo con seguridad, concentración y desgajó dos finas piezas que por poco alcanzaban la perfección de las que había puesto el maestro de muestra. Claro que ella no tenía la menor intención de presumir; acabada la tarea, retornó su semblante risueño.

-¡Vaya!- comentó el monitor, sin querer dar mucha sensación de asombro- Tú ya tenías experiencia en esto, ¿verdad? Bueno, todos podéis aspirar a imitarla, con un poco de técnica y bastante de paciencia.

- Con paciencia y salivita se la metió el elefante a la hormiguita- apostilló Ari, provocando la carcajada general. No así la de Jonás, quien consideró, con cierto prejuicio por su parte, que en su destreza los factores del sexo y de su nacionalidad habían ayudado en buen grado.

No obstante, tuvo que cambiar esas ideas más tarde, porque no había un perfil homogéneo para el buen cortador de filetes. Algunos hombres también demostraron buena mano, y alguna mujer también le acompañó en preparar carnaza para los animales del circo.

El azar quiso luego gastarle una broma provocando que, durante el reparto del género cortado, su propio filetón le cayera en el lote, algo de lo que no fue consciente hasta que llegó a su casa. Jonás enrojeció ante la osadía de aquella pieza que insistía en perseguirle, para su humillación, y decidió sacrificarla aquella misma noche. No era de tomar carne para cenar, mucho menos con aquel tiempo sofocante, pero decidió que digerir aquel mazacote sería más ligero que digerir el fracaso que había sufrido. ¡La primera en la frente! Cogió una de las vetustas sartenes de su abuela y al menos agradeció que hubieran incorporado la modernidad de unas placas de vitrocerámica. Puso el fuego al mínimo y dejó que el trozo de carne se fuera cocinando de forma muy lenta. Por fortuna se encontraba solo y no tendría que dar explicaciones a nadie que se escandalizara porque el corazón de aquel filete estuviera crudo cuando se dispusiera a sacarlo al plato. Jonás sonrió con desprecio, recordando al hipotético receptor de sus artes como carnicero.

Las señoras, las señoras… Bah. ¿Por qué tendría que preocuparse él de ese ente informe llamado las señoras, y su ansia de filetes finos que esconder bajo la capa del rebozado, quizá convirtiéndolos en esos flamenquines cuya definición trató de recordar, sin fortuna? La perfección en aquel arte era tan relativa como en cualquier otra. A fin de cuentas, aquel mundo había pasado de la rotundidad de unas carnes a lo Rubens al estado rayano en la anorexia que imperaba en la actualidad; o, mirado de otro modo, su filetón no hubiera desentonado junto a un cuerno de cerveza en el festín de un jefe vikingo, mientras que ahora era despreciado por las modas que imponían aquellas señoras que, quizá, no distarían mucho de los clientes del mesón de sus padres. Por favor, este filete no está demasiado pasado… Esos degustadores de suelas de zapato con las que él se complacería en golpearlos.

Pues no, a él le gustaba la carne poco hecha y pensaba tragarse ese filete regado, para desquitarse, con una buena cantidad de whisky. Trasteando por la cocina descubrió un cuchillo parecido al que habían utilizado en el curso, y un afilador. Creyó que era el momento de hacer los deberes y, aunque no le fue posible llevarse una pieza de ternera en la mochila, al menos los instrumentos los tenía al alcance para practicar su juego de muñeca, como si se tratara de meter una pelota de golf.

Amarrando el cuchillo con cuidado, Jonás salió de la cocina y atravesó el salón, que aún estaba bastante vacío y él no tenía previsto utilizarlo en gran manera. Todos los trastos de su mudanza los había trasladado a una habitación anexa, a un dormitorio ahora sin uso que iba a convertir en un laboratorio sui generis. Aparte de un televisor, varias sillas y una estantería con recuerdos familiares, el mueble de mayor provecho era una mesa situada al lado de la ventana que daba al patio, la cual estaba abierta para contrarrestar el sofoco. Allí era donde Jonás se dispondría a dar buena cuenta de la pieza que había dejado al calor.

Su piso no era demasiado grande, no había lo que se pueda denominar un pasillo, así que al final del salón se abrían tres puertas, una daba a su dormitorio, otra al cuarto en el que tenía pensado trabajar y la tercera al baño, bastante reducido, en el que el lavabo, el retrete y la ducha se disponían seguidos, casi tocando los unos con los otros. Jonás se colocó enfrente del espejo, de perfil.

- Suave y que corra. Suave y que corra- iba musitando, al tiempo que repetía el movimiento que les había enseñado el monitor.

Tras cuatro o cinco intentos, se sintió bastante ridículo y abandonó. Lo que es la técnica no le parecía lo más complejo del mundo, pero sin materia en la que ponerla en práctica su ejercicio se quedaba corto. Decidió volver para comprobar cómo iba el filetón.

martes, mayo 04, 2010

Alterada tensión.

Parece que este comienzo de mayo se me está atragantando otra vez, no por la fiebre ni la garganta sino por la tensión, que la tengo casi por los suelos sin que llegue a comprender por qué. Suerte que, en estos altibajos en los que va para arriba, estoy lo bastante animado como para escribir aquí. Quizá tenga que ver con los bruscos cambios de temperatura, de hasta veinte grados, que hemos estado sufriendo estas semanas. Si el tiempo está fucking crazy, nada raro que esto repercuta en nuestro organismo, y no se dice en vano que la primavera la sangre altera. Con todo, espero que esto termine pronto porque ya la semana que viene empezará el festival final de curros.
Ayer vi una película iraní llamada Nadie sabe nada de gatos persas. El título es una metáfora que alude a los ocultos músicos underground de ese país, tipos que cantan hevay metal en un establo con vacas o que rapean a lo persa en lo alto de un edificio en construcción. Cualquier lugar es bueno para hallar libertad en el régimen teocrático. A propósito del título, recordé cuando el presidente del país dijo algo así como que nadie sabe nada de homosexuales allí. Quizá sea pronto para que hagan una película sobre ese aspecto, pero semejante disparate (ya que la homosexualidad existe en todas partes, y desde mucho antes que el Islam) podría ponerse en relación con el de Evo Morales. Evo y Mahmud, o como huevos se llame, podrían formar un dúo cómico al estilo de los Morancos y hacer giras mundiales, tal vez mejor en el estilo de Martes y Trece y su número de Soy maricón, maricón de España... Lo curioso es que el alcohol está prohibido en Irán, pero teniendo el opio de su religión, del que abusan en demasía, ¿qué más se puede querer? El eco de esas sandeces debiera llegar hasta la tumba de Alejandro Magno, para que reviviera y fuera a conquistar Persia y arrojar a toda esa horda de mamarrachos a alguna isla desierta en la que montar su Utopía particular, una sociedad en la que hombres y pollos heterosexuales pudieran vivir en armonía. En fin. La próxima vez buscaré algo más alegre, que cosas así no creo que suban la tensión.

sábado, mayo 01, 2010

LOS CERDOS. Entrega 5.

II

Jonás Virgil tuvo que esperar algunos días antes de ingresar en el curso de auxiliar de carnicero. Mientras tanto, se dedicó a realizar breves incursiones por la ciudad, entre el turismo y la necesidad, que eran sofocadas por el propio sofoco, el cual le llevaba a guarecerse en la fresca vaciedad de su piso, aún algo lejos de ser habitable. Tuvo que pasar el trámite de una entrevista más, con la seleccionadora de personal de los supermercados Apolo, pero esta no prestó tanta atención a las circunstancias personales de Jonás y se comportó como lo que su aspecto sugirió al joven: una afable matrona vestida con una especie de traje negro de la cabeza a los pies, como si la oscuridad formara parte un agujero cósmico destinado a absorber parte de su abundante materia. Por alguna informal razón que Jonás no llegó a comprender, su entrevistadora en un momento dado se sentó en la mesa de trabajo a repasar documentación varia, desde entonces ya no pudo mostrar demasiada atención por sus palabras.

A partir de su cintura, la mujer desarrollaba como dos contenedores de grasa excedente, dos jamones en los que el tocino hubiera cantado victoria en su batalla contra lo magro. Jonás, que desde su llegada había estado malcomiendo más por desidia antes que por miseria, contempló aquella gran reserva y fantaseó sobre la posibilidad de que, tras la entrevista, viniera una parte práctica para probar su pericia con el cuchillo, teniendo que extraer un tasajo a modo de liposucción in situ. Pero él, que no albergaba la menor intención antropófaga, empezó a imaginar otras tiras de panceta, de origen porcino, dorándose en aquella vetusta cocina de su abuela que aún no había estrenado. La idea del cursillo se le hizo más apetitosa ante esa delicia virtual…

La entrevista tuvo lugar en un hipermercado de la cadena, situado a unas diez paradas de metro del domicilio de Jonás, el cual también disponía de un aula destinada a la formación. Para aprovechar el paseo más allá de ese mero trámite, el joven se prometió comenzar a tomarse en serio su tarea de hombre soltero con casa a medias y compró algunas viandas en el que sería su futuro taller. En la sección de bebidas espirituosas, Jonás se detuvo cierto tiempo en la fila de las botellas de whisky. Se decidió por una de calidad ligeramente superior a la media de lo que un joven de su posición podría permitirse. Quería bautizar su morada con un licor con ínfulas de nobleza, sin llegar a la ostentación. Respecto a los hielos, los imprescindibles cubitos, no necesitaban llegar hasta esa categoría. Los múltiples establecimientos regentados por chinos, alrededor de su barrio, bien podrían suministrarle la frescura en la que se fuera diluyendo aquel brebaje.

Un par de jornadas más tarde, cuando ya había recibido pero no desempacado su bata de científico al igual que el resto de sus aperos, Jonás se vio envuelto en otros albos ropajes, también en forma de bata pero esta destinada a una actividad inédita hasta entonces en él. Sobre la bata se había atado un delantal de un tono verduzco oscuro, y remataba su uniforme una gorra con el distintivo de los supermercados Apolo. Jonás se contempló de esa guisa ante el espejo de los aseos del hipermercado. Temió en principio que iba a quedar convertido en un mamarracho, y que si acaso podría colgar esa instantánea junto a su título como doctor, ilustrando las piruetas que el destino le había marcado; luego convino que, pese a una delgadez progresiva, el disfraz prestado le confería cierto grado de virilidad, aunque le faltaba un elemento imprescindible: el cuchillo.

Bajó por las escaleras de servicio hasta el aula, la cual se mantenía dentro de una temperatura fresca que vivificó sus sentidos. No era una clase al uso, como las de su facultad, si acaso una especie de almacén reconvertido en sala de despiece con espacio más que sobrado para los veinte o treinta alumnos que iban a asistir al taller. Al fondo comunicaba con la cámara frigorífica, fuente de la materia prima a trocear, y en la parte central había dispuestas unas alargadas mesas metálicas, con superficie a prueba de cortes. En un extremo se encontraban otros elementos como una máquina para picar la carne, un fregadero de cara a las tareas de limpieza y otra mesa rectangular con una báscula y rollos de papel para embalar las piezas al final de cada sesión. Colocadas de forma más o menos ordenada pudo ver otras partes básicas del instrumental: toda clase de cuchillos, afiladores, fregonas dentro de cubos, etc.

Alrededor de la mesa principal había un revoltijo de batas, gorras y delantales como los suyos, entre el grupo pudo distinguir al monitor. Supuso su cargo porque era la única figura que no iba tocada con visera, pese a que hubiera sido un disimulo a su alopecia, y más por su actitud antes que por la edad. El alumnado no era homogéneo, aunque ese factor tampoco lo había esperado Jonás. El número de mujeres superaba por poco al de hombres, y la mitad de los presentes denotaban un origen latinoamericano. Respecto a la edad, varios parecían haber sobrepasado ya el ecuador de su existencia, Jonás los etiquetó como parados con poca expectativa, dados sus años, de obtener un nuevo empleo. En el otro extremo también había dos o tres adolescentes con el aspecto de compatibilizar esa ocupación veraniega con sus estudios, o quizá no los cursaran y aquella fuera su primera experiencia en el mundo laboral.

No catalogó, pues, al maestro cocinero por su edad; pese a la calvicie le echó unos cuarenta, quizá no cumplidos. Era de estatura media, bien formado sin llegar a fornido. Se encontraba saludando y bromeando con los alumnos, Jonás percibió en él un buen gracejo castizo, no exento de mala leche como pronto podría comprobar; una persona simple, en un sentido no peyorativo de la palabra, ese fue su juicio a priori. No se sentía muy a gusto a las órdenes de alguien así, quizá por un aristocrático sentido de su dignidad que se cuidaría de mostrar mientras estuviera dentro de aquel reducto.

Jonás, aunque su objetivo al trasladarse a esa ciudad no era el de hacer amigos, procuró guardar las formas y se acopló al grupo al estilo de una onda concéntrica. A su llegada le envolvió un halo de carcajadas, alumnos y monitor tenían la vista fija en el foco que las provocaba. Era una mujer latina, estaba en la treintena bien larga, rasgo que más tarde dejaría patidifuso a Jonás cuando se enteró de que era abuela. Más allá de su condición familiar, respondía al nombre de Ariadna Velásquez y era de nacionalidad colombiana, como algunos de sus compañeros allí. Ari, así la llamaban todos, era gruesa pero no en demasía, remataba su bonachona figura con un pelo corto, de punta y teñido de rubio con briznas rojizas, aunque en ese momento estuviera cubierto por la gorra reglamentaria.

Todo su ser desprendía, de forma generosa, un vitalismo y una jocosidad que a Jonás le recordó a comportamientos similares que ya había podido notar en personas de su vecindario. Dentro de la algarabía que provocó en la sala, él no se sintió contagiado de su humor procaz, aunque no pudo evitar lucir una sonrisilla cuando le llegaban retazos de sus chistes verdes. No obstante, el monitor pronto quiso ir al ajo y se hizo acompañar de un par de muchachotes para traer la carne desde la cámara frigorífica. A su regreso el monitor plantó sobre la mesa un trozo rosáceo y de estructura más o menos cilíndrica. A falta de empezar con las clases teóricas y merced a lo visto en el mesón, Jonás lo identificó como ternera. Antes de ponerse a la tarea, el monitor se enfundó en la mano izquierda un guante de protección, formado con una malla metálica, requisito obligatorio a menos que quisieran correr el riesgo de que el número de sus dedos bajara de la decena. Cogió luego el cuchillo fileteador y se puso a afilarlo con esmero, dispuesto a enseñar a sus alumnos la lección inicial.

El corro de pupilos, antes tan alborotador, se alineó en fila para atenderla. Jonás meditó que, en el fondo, la sala no distaba tanto de parecerse a un laboratorio; precisando más, a una sala de disección. Ellos, discípulos enbatados, iban a asistir al análisis de un cadáver animal, al menos de una de sus partes. Jonás, acostumbrado en sus estudios a tratar con partículas infinitamente más pequeñas, se mostraba expectante.