miércoles, julio 28, 2010

LOS CERDOS. Entrega 11.

IV

La siguiente clase práctica, para alivio de Jonás, no giró alrededor de los filetes debido al cambio de animal. En esa ocasión iban a aprender a trocear conejos. Jonás, dada la amplitud semántica del término, pensó sobre si Ariadna lo aprovecharía para sus bromas procaces o estaría de un humor más apagado debido a la discusión espiada por él. Sea cual fuere la relación que la unía con ese hombre, lo cierto es que Ari se mostró como al principio, Jonás procuró calarse un poco más la gorra por si acaso ella pudiera reconocer su rostro, aunque no recordaba que se hubiesen cruzado por la vivienda.

No era una operación delicada, por ello Jonás podía asegurarse cierto éxito. Antes bien era un proceso un tanto brutal. Los cuerpos de los conejos, alargados y desnudos, los ojos inertes, eran colocados sobre la tabla de cortar y, tras su decapitación, en cuatro o cinco limpios tajos más eran troceados de cara a una futura paella, guisado o lo que los alumnos consideraran conveniente. Jonás observó la escena primero cuando el monitor practicó el ejemplo, después con otros compañeros, le producía algo de repugnancia si bien mezclada con fascinación, puesto que no separaba la vista del procedimiento, más allá de la necesidad de aprender.

Cuando le tocó el turno, Jonás se puso frente al conejo como si fuera a ejecutar su condena a muerte, pese a que esta le había llegado al pobre animal mucho antes. Con precisión de verdugo, primero cortó la cabeza de un golpe certero, elegante, y con pocos más completó su tarea.

- ¡Vaya!- comentó el monitor- Lo has hecho muy bien. ¿Has estado practicando en casa?

Jonás prefirió mentir.

- Qué va… Solo que esto es más fácil que lo de los filetes.

Su franqueza provocó la risa del monitor.

- ¡Bueno, no se si será más fácil, pero lo has clavado a la primera! Si sacas esa garra con todo, seguro que de aquí a poco te nos haces un experto.

Si tú supieras de dónde saco la garra…, pensó Jonás puesto que, en efecto, la mecánica del corte le había permitido liberarse de buena parte de su tensión acumulada. Para algo más le iba a servir ese curso, pese a todo.

Cuando los alumnos salieron del aula al supermercado, cargando con sus bolsas repletas de carne, Jonás temió un momento al que en otras circunstancias no habría dado mayor relieve. Había escuchado murmullos sobre confraternizar un poco en la cafetería del centro. Pese a que no se hallaba en una fase muy expansiva de su existencia, a él no le hubiera importado tomar algo con sus compañeros, fingiendo una cierta integración en el grupo, pero eso podría suponer que a la hora de marchar Ari descubriera su condición de vecino. Y la conocería, desde luego, pero Jonás no quería que fuese tan pronto. Hasta entonces no le había reconocido como tal, de eso estaba seguro.

En efecto, la colombiana se acercó hacia su posición, ostentando su perenne sonrisa. Jonás le devolvió otra, mientras se devanaba los sesos para idear alguna excusa creíble.

- ¡Hola Jonás! ¿Te vienes a tomar una cervecita con la gente?

Una servesita, a decir de Ari, le hubiera venido muy bien en ese momento, pero Jonás negó con la cabeza, mostrando una sonrisa más amplia que la anterior.

- Me temo que no puedo, tengo que llegar pronto a casa.

- ¿Vives muy lejos?

Jonás estuvo cerca de enrojecer, viendo lo mal que le había salido la estrategia.

- Eh… No mucho. Es que tengo, en fin, esto…

- ¿Una cita?

Jonás asintió, sin que le importara ser víctima de la picardía de la mujer.

- ¿Tienes que seguir practicando con el conejo?- exclamó esta, sacando la lengua en un gesto chistoso que Jonás ya había visto en un par de ocasiones.

El joven prefirió seguirle el juego en la conversación, mejor que esta fuese por esos derroteros antes que regresara al lugar de residencia de Jonás. Podría quedar de aburrido, pero al menos así no quedaría de puritano.

- Sí. Voy a degustar este conejo, aunque no se por qué manos habrá pasado…

Ari emitió una carcajada.

- ¿Y cómo te gusta? En mi tierra lo hacemos picantón…

- Mejor el sabor natural, creo.

Ari, el alma de la fiesta, fue llamada por el resto de compañeros que se dirigían a la cafetería, por lo que tuvo que despedirse.

- Bueno, mi amol, que lo disfrutes… a mi salud. ¡Ja, ja!

Se fue guiñando el ojo al joven, quien se apresuró a salir al exterior. Quizá Ari fuera así con todo el mundo (al menos con todos los hombres), pero Jonás había notado una actitud inquietante en ella, sobre todo de cara a cuando supiera que eran vecinos. No quiso amilanarse por ello y regresó a su casa dispuesto a seguir construyendo su lugar de trabajo. Pensó que, cuando pudiera dedicarse a aquello a lo que más estaba acostumbrado, quizá los viejos pensamientos se esfumarían o al menos sería más inmune a ellos.

La mesa dedicada a sus investigaciones estaba casi completa, en algún lugar de su equipaje descubrió un bulto envuelto por numerosos periódicos y trapos viejos. No era un elemento de trabajo sino de decoración, en realidad mucho más que eso. Jonás había meditado largo tiempo sobre si era conveniente llevarlo, no por el objeto en sí, sino porque este contenía parte del alma de su creadora, parte de sus sentimientos plasmados en ese cuadro que iba a avivar una vez más sus recuerdos. No obstante, él necesitaba abrirlo y que permaneciera a la vista, presidiendo ese santuario, quizá pecara un poco de masoquismo pero en todo caso él estaba seguro de que, aunque lo hubiera podido arrojar al fuego de la chimenea en el caso de que esta existiese, su fantasma no era tan fácilmente destructible, mejor enfrentarse a él cara a cara.

Por ello desenvolvió el cuadro, que hasta cierto punto no tenía nada de peculiar: representaba a un grupo de figuras humanas paseando por la calle. ¿Humanas? En eso residía la nota discordante. Por esta raza se las hubiera reconocido hasta el cuello, pero su cabeza, en todos los casos, era la de un cerdo. Jonás no podía contemplar aquella obra con la perspectiva de un espectador, digámoslo así, virgen. Él había conocido, en un breve pero intenso período temporal, a su autora, por lo que las claves de aquellas extrañas criaturas mutantes le habían sido reveladas. Colocó aquel cuadro en un lugar central dentro de su laboratorio, a sabiendas de que sería imposible no remontarse a aquella noche en la que lo había contemplado por primera vez.

domingo, julio 25, 2010

LOS CERDOS. Entrega 10.

Habiendo recuperado el vestido y la calma, Jonás se trasladó al futuro laboratorio para ir sacando los enseres que le iban a dar aspecto de tal. Entre ellos asomaba lo clásico: libros, probetas, compuestos, etc. No obstante, algunos elementos desentonaban, como un pequeño juego de ajedrez plegable que sacó. Este era del tipo que suelen usarse para viajes, con pequeñas piezas que se adherían al tablero mediante un imán en su base. Aunque Jonás no tenía contendiente a la vista, se puso a armar el juego, mientras una sonrisa delataba que le traía algunos recuerdos a la mente, los cuales no le habían provocado una reacción tan virulenta como la anterior.

Jonás recordó una auténtica partida de ajedrez, disputada en casa de su amigo Alonso Polión, conocido por él como Al. El tablero era bastante más grande, pero sus figurillas representaban absurdos personajes de dibujos animados. En contraste con ello, la concentración de los dos amigos parecía muy profunda. No se notaba casi ni que respirasen, hasta que Jonás hizo un rápido movimiento y anunció, con solemnidad impostada:

- Jaque mate.

Hecho este anuncio, Al, sin dejarle tiempo para la reacción, barrió de un manotazo todas las figuras del tablero.

- ¡Eh!- protestó Jonás- ¿Qué haces?

- ¿Qué más da?- replicó Al- Ya has ganado, déjame desquitarme. Mi casa, mis reglas…

- Pero es mi ajedrez.

- ¿Es tuyo? Joder, qué patético. Recuérdame que te regale para tu cumpleaños otro, a ser posible más acorde con tu edad.

No obstante, parecía tener cierto valor sentimental para Jonás, quien enfurruñado fue recogiendo las piezas, mientras su silencio daba vía libre a su amigo para que pudiera divagar un poco.

- No pongas esa cara, Jonás… Solo estaba representando una metáfora de la vida. O de lo que a mí me gustaría que fuera la vida. ¿Te imaginas que, al igual que en un tablero de ajedrez, pudiéramos reiniciar la partida de una forma tan sencilla como la que acabo de hacer ahora?

- Dudo que vayamos a reiniciar la partida, viendo tu mal perder de hoy- se burló Jonás- No obstante, puedes seguir filosofando si quieres, dado que alguna de las figuritas parece haber aterrizado a un kilómetro de aquí.

- No es filosofía… Es tan solo un reflejo de mi desencanto. ¿Sabes? Aunque esta sociedad tenga honrosas excepciones de personas excepcionales, como es tu caso, creo que me voy a borrar de ella. Dimito.

Jonás sonrió, con el aspecto de alguien que ya ha oído la misma cantinela unas cuantas veces. Lejos de aburrirse por ello, quiso seguirle la corriente.

- ¿Y a dónde irás?

- Quiero ser pastor. No, no te rías tan pronto. No me refiero a un pastor palurdo, sino a un pastor poeta. Voy a hacer un menosprecio de ciudad, aunque sea una ciudad pequeña como esta, y una alabanza de aldea. Cuidaré de mi ganado y compondré versos en algún locus amoenus, cantaré a los amores de alguna ingrata que será para mis ruegos más dura que las piedras. Mis pasiones serán puramente platónicas.

- ¿Y para amores ingratos no sería suficiente con que te quedaras aquí? En eso tú y yo tenemos bastante experiencia, vaya.

- Creo que lo entenderías mejor si estudiases mi carrera, por suerte tú no la desprecias como la mayoría de tus amiguitos de facultad…

- Antiguos compañeros, querrás decir.

- Iletrados con batas… Bueno, tanto como iletrados no, perdonarás mi hipérbole. Pero alguno merecería ser sodomizado con ese alfil que acabas de recoger. Y sin lubricante.

- Vamos, Al… Ignorancia y prejuicios, eso es todo lo que padecen. Yo creo que al menos tú tienes futuro en tu carrera. Sacas buenas notas, porque te lo curras, ¿de qué coño te serviría todo ese estudio si al final acabas con un rebaño de cabras?

- No estudio por el dinero, supongo… Estudio por placer, por raro que suene, por la mera adquisición de conocimiento. Ojalá esta me pudiese servir para un futuro, pero yo no veo futuro aquí. Lo veo en una vida más sencilla, en una pobrecilla mesa y muy pocos elementos: un jarro de vino, un trozo de queso, algún clásico grecolatino y una libreta por si las Musas son generosas, todo ello envuelto bajo una agradable y leve brisa de montaña…

- Será en verano…- musitó Jonás por lo bajo, mientras acababa la tarea de recoger las figuras. Le era en ocasiones difícil saber si su amigo bromeaba, al menos hasta cierto punto, pero en la mirada que entonces le dedicó Al pudo vislumbrar un intenso brillo de franqueza.

- Soy consciente, Jonás, de que estás llamado a saborear las mieles de la gloria, sin embargo… No sabes cómo me gustaría que compartieras mi destino. Yo sería el pastor Alonsino y tú… Bueno, tú ya tienes un nombre peculiar, no hace falta cambiarlo.

- ¿No crees que, tal vez, si tuvieras al alcance algún amor más carnal podrías renunciar a los platónicos y a esa vida de pastorcillo? Porque, ya que mencionaste a mis viejos compañeros de clase, creo que hay una con la que podrías hacer más que buenas migas.

Al no esperaba aquel giro en la conversación, y por un instante se mostró estupefacto, hasta que su amigo optó por explicarse mejor.

- No es como las demás, desde luego… Es ex- compañera, como todos, pero no llegó a acabar la carrera. Las razones no se las he preguntado aún, pero creo que está un poco pirada.

- ¿Y por eso crees que será apropiada para mí?

- No solo por eso- contestó Jonás con una sonrisa- Claro que yo tampoco puedo presumir mucho de cordura.

- Pero tú lo disimulas mejor… Bien, ¿y entonces qué tiene ese abortado proyecto de química que me pueda interesar?

- El arte. Por eso te estoy contando todo esto. El fin de semana pasado salí con la gente de mi promoción y, por casualidad, nos reencontramos con ella. Nunca hubo demasiado trato entre nosotros, sin embargo charlé un poco con ella y me invitó a asistir a una exposición de pintura esta noche.

- Ajá. ¿Y ella qué hace? ¿Cobra la entrada? ¿Cuelga los cuadros?

- ¡Ja, ja! No me fastidies, Al, ella es la pintora, la artista.

En el rostro de su amigo se pintó por un momento la incredulidad, pero no quería parecer descortés a ese respecto.

- Sí, bueno… No quiero decir que la gente de Ciencias no pueda tener inquietudes artísticas. Los genios del Renacimiento eran buenos en todo, claro que de eso ahora ya no hay mucho por desgracia… Pero esa chica para tener ya su propia exposición tendrá que ser buena, ¿no?

- Es una debutante, aunque eso no esté reñido con su calidad. Como te dije antes, ella nunca tuvo mucho interés por la carrera. Quizá fueron esas inquietudes artísticas de las que hablas las que influyeron en que la dejara. De todos modos, por lo visto su exposición va a tener lugar en una sala que se especializa en apoyar a creadores noveles.

- ¡Ah!- suspiró Al- Qué pena que yo sea un patán con los pinceles, eso me podría ayudar pero, en definitiva, el espíritu del Renacimiento queda muy lejos de mí. Bueno, pues me has picado la curiosidad. Creo que un espíritu abierto, como el que yo presumo de poseer, no debe caer en el tópico. ¿Por qué no va a tener la chiquilla inquietudes artísticas? Las tienes tú también, he podido comprobarlo.

- Cierto- afirmó Jonás- De todos modos aquí hablamos de conceptos diferentes. Yo culturalmente sí soy inquieto, en la medida en la que me lo permite mi verdadera vocación, pero no soy creativo. Ella sí lo es, tú también, y eso es lo que me hace pensar que al menos tenéis un fuerte nexo común.

- ¡Oh, sí, Jonás! Bueno, no quiero hacerme esperanzas. No obstante, en gratitud hacia tu iniciativa y como en efecto tienes intereses culturales, aunque poco tiempo para desarrollarlos, permite que te ofrezca este pequeño obsequio.

Al se dirigió a una estantería en la que los libros formaban pirámides irregulares, al borde del derrumbe. Como por un milagro consiguió extraer uno sin que la obra se viniese abajo, era un delgado ejemplar de las Bucólicas de Virgilio, el mismo que había estado leyendo Jonás la noche anterior.

- Toma- le ofreció- Este libro es bastante breve, ni siquiera tú tienes excusa para no leerlo. Así, si la mujer de la que me hablas al final se desvanece en polvo para mí, podrás irte imbuyendo de espíritu pastoril y quizá así comprendas mejor la decisión que estoy rumiando y que posiblemente seguiré más tarde o más pronto… Por cierto, recuérdame luego que te lo dedique si estoy inspirado, porque ahora me has creado un cierto estado de excitación…

En efecto, Al se levantó de un brinco para dirigirse a un armario ropero, en el cual imperaba un caos parecido al que se observaba en los libros apilados. Jonás observó la sencilla portada del libro, con una sonrisa de afecto. Lo cierto es que él no dedicaba mucho tiempo a leer literatura en sí, pero le gustaba que Al le recomendara o regalara títulos. No solía fallar. Su amigo se hallaba revolviendo entre su ropa.

- ¿Y cómo se supone que uno debe asistir a ese evento? ¿Es algo más o menos… contracultural? ¿Una reunión de bohemios de manual?

Jonás observó a Al y supo que, se pusiera lo que se pusiera encima, su personalidad siempre iba a sobresalir en el conjunto. Como pastor podría tener cierta gracia, con ese pelo rizado que se le alborotaba alrededor del cráneo en una especie de media melena, bajo el cual aparecían unas facciones que, dado el gusto neoclásico del joven, no hubieran desentonado tanto esculpidas en mármol en algún templo de la Antigüedad, aunque ciertamente en Al se rompían todos los moldes, también los de las estatuas.

Ahora él no estaba, ni para jugar ni para enviar a esas minúsculas piezas de ajedrez a arrastrarse junto a los insectos. Como suele suceder en circunstancias análogas, aquella noche él había errado, al menos en parte, el tiro, y aquella ex – compañera de facultad que quiso endosar a su camarada no era otra que la misma figura que en su recuerdo bajo la ducha.

viernes, julio 23, 2010

LOS CERDOS. Entrega 9.

III

Jonás había escogido como dormitorio el que lo fuera de sus abuelos. Este era bastante más amplio que el reconvertido en laboratorio, la mayor parte de su extensión la ocupaba una cama de matrimonio, lo bastante mullida como para dormir con placidez, aunque no parecía ser el caso en aquel momento. En principio él había abierto la ventana, luego la cerró al comprobar que los ánimos estaban también caldeados, y alguna que otra trifulca brotó desde los pisos vecinos. Prefería calor a ruido, a fin de cuentas estaba prácticamente desnudo, tan solo cubierto por unos calzoncillos tipo boxer. Se había desprendido de la sábana, que reposaba a los pies de la cama hecha un revoltijo, y daba vueltas sobre la superficie del colchón, demasiado extensa para lo que él estaba acostumbrado. En algún momento alargó el brazo como para abarcar, dentro de una ensoñación presta a quebrase, algo que reposara junto a él, quizá un cuerpo imaginario.

Finalmente se desperezó de mala gana. Temía quizá acatarrarse si se levantaba así del lecho, por ello había dispuesto un batín junto a la cama. Se lo puso sin molestarse en atarlo, no escondiendo una erección que se marcaba con insistencia pero que en ese momento nadie podía percibir salvo él. Cuando esa parte de su ser volvió un poco a la calma se dispuso a ir al baño para vaciar la vejiga. Algunas pequeñas cucarachas aparecieron por el lavabo, no las dio mayor importancia. Su estado no era óptimo, con cierta resaca y una ligera irritación en la garganta debida, supuso, a los cubitos de hielo. Jonás creyó recomendable tomar una ducha antes que el desayuno, ya la noche anterior había enchufado el calentador de agua, esperando que no fuera insuficiente para despejar su cabeza. Despojado de batín y prenda interior, entró bajo lo que confiaba que fuera una lluvia benefactora para su cuerpo y los sentimientos que este albergaba.

Colocó su cabeza justo debajo del chorro de agua, para obtener de ese modo un ligero masaje en aquella zona maltratada por el alcohol y por unos pensamientos que primero se habían adueñado de su pene y ahora amenazaban con atacar ese centro neurálgico, sin que el agua fuese capaz de arrastrarlos a través de las cañerías. Jonás sintió cómo sus fuerzas flaqueaban. Dentro del estrecho cubículo habilitado como ducha, tuvo que apoyar sus dos brazos en la pared, daba la impresión de no mantener un equilibrio. Mientras el agua resbalaba por su espalda, y pronto estaría gélida, recordó otra ducha, aunque fuera en otra ciudad, en otro momento y, sobre todo, en unas circunstancias difíciles de olvidar.

Jonás se recordó tomando una ducha en compañía de una joven de edad aproximada a la suya. Ella era morena y un poco más alta que él, con un rostro de facciones extrañas pero no carentes de atractivo. Era de figura esbelta aunque esta se ensanchara en cierto modo de cintura para abajo. Pero, aunque su cuerpo desnudo dejara a la luz algunas imperfecciones, en Jonás se había desatado una frenética pasión hacia el mismo. La postura era incluso similar, con sus brazos extendidos pero no para encontrar un punto de apoyo sino para amarrarse a ella. Colocado frente a su espalda, Jonás pasó un brazo alrededor de sus senos, apretando su cuerpo contra el suyo mientras llenaba su piel de pequeños ósculos. Ella le correspondía, volteó el rostro para buscar su boca. Mientras se besaban ella, sin perder un ápice de fogosidad, comenzó a sentirse un tanto incómoda puesto que Jonás la estaba empujando hacia la pared.

El joven se encontraba, en aquella situación también, un tanto ebrio, quizá por ese motivo se había despertado en su interior una primitiva violencia cuyo fin no era hacer daño, nacía de la pasión desbocada y en su posesión del objeto querido le era complejo distinguir límites que no debían ser traspasados. Pero ella, antes que delicadeza, poseía una enérgica manera de contrarrestar su achuchón, no quiso interrumpir aquel arrebato cuyo recuerdo se había extendido por la mente de Jonás.

Este, en la ducha de su nuevo piso, quería revivir aquellos momentos embebido en ellos, como recrearlos a través de la mímica. Alzaba el brazo pero solo podía agarrar su propio pecho. Movía los labios, daba la impresión de besar a un imaginario ente pero en realidad solo el agua resbalaba por los mismos, como si Jonás fuera un pececillo boqueando. Su ensoñación era profunda pero no tanto como para impedir que se quebrara, a medida que iba saliendo de ella sus ojos se enrojecían, ya no de la resaca sino por unas lágrimas que él siempre intentaba reprimir. ¿Qué podía importar que surgieran entonces con libertad? El chorro de la ducha se confundía con ellas y las borraba al instante. Jonás creyó que su ánimo no se calmaría tan solo por sumergirse en el líquido elemento, y salió de la ducha, empapado y sin que su desnudez le importara, por otro lado había bajado las persianas para evitar que otros le miraran tal y como él había hecho ya. Nadie vigilaría sus acciones ni tampoco asistiría al resurgimiento de una erección más que inevitable tras recuerdos de ese calibre.

Al abrir la nevera para echar otro trago a la botella de whisky, una cucaracha fugitiva volvió a escaparse por la pared. En esa ocasión, sin miedo al asco, los reflejos de Jonás fueron más hábiles de lo que su situación prometía y aplastó al insecto con su puño desnudo. Algunas infortunadas compañeras de su especie habían salido al mismo tiempo y, ciego de ira, las fue persiguiendo a todas, grandes o pequeñas, llenando la cocina de cadáveres mientras sus manos adquirían el tono de un líquido repugnante. Poco le importaban entonces los miramientos, se dejó llevar en un par de minutos por una furia que acompañaba de aullidos amenazantes cada vez que arremetía contra alguna de esas invasoras. ¿Acaso iba a ser él el único que no gritara dentro del condenado vecindario? Pero Jonás sabía que esos bichos no eran tontos, y al poco ninguno dio señal de vida en la habitación. En el fondo a él no le gustaba dejarse llevar por la ira, ni siquiera contra esa plaga, pero consideró que ellas habían sido las culpables, habían invadido ya no solo su casa sino su intimidad, le habían sorprendido en un momento de flaqueza y detestaba que le vieran así, tanto humanos como los que no lo eran. No obstante, comenzó a calmarse en unos instantes, ayudado por otra pequeña cantidad de licor que le reconfortó. Cuando la tensión regresó a unos niveles considerados normales para él, se dirigió hacia la ducha una vez más, la cual no había dejado de funcionar. Sin importarle la temperatura del agua, volvió a meterse bajo el grifo y puso especial cuidado en lavar aquellas manos de las que aún chorreaban los restos de lo que habían sido vidas, por muy despreciables que le hubiesen parecido antes.

miércoles, julio 21, 2010

LOS CERDOS. Entrega 8.

Dado que esa sala, a juego con la casa, no era demasiado ancha, Jonás tuvo que reptar entre algunas montañas de cajas, erigidas por él en precario equilibrio. Puso su atención en un gran armario ropero que había al fondo de la habitación, cerca de la ventana. Este se encontraba abarrotado hasta los topes, no solo por dentro sino también encima de él, los bultos rozaban el techo. Jonás era consciente de que algunos de los objetos que contenía podían tener un mayor o menor valor sentimental, confiando en el que el reino de las polillas no hubiera llegado allá donde no lo hizo el de las cucarachas. No obstante, ese mueble le iba a ser imprescindible para remodelar el cuarto, por ello lo abrió sin miedo a ser sepultado. No fue así pero, removiendo un poco, varios trastos cayeron sin rozarle, entre ellos una vieja escopeta que llevaba adherida una instantánea, más reciente, de un pequeño Jonás junto a su abuelo, ambos vestidos con ropa de caza aunque el primero no hubiera llegado a ejercer.

El joven sonrió con cierta nostalgia, jamás llegó a entender del todo el funcionamiento del arma pero sí comprobó que estaba descargada, había una caja de cartuchos rondando por un rincón pero tan solo contenía otras fotografías del abuelo cazando junto a sus amigos. A Jonás eso le resultaba indiferente. Aún era pronto para saber si el barrio era más o menos inseguro, pero por ahora solo tenía que defenderse de los insectos, y no podía hacerlo a tiro limpio. En caso de peligro mayor, bueno sería tener sus cuchillos de entrenamiento a mano. Antes que como un instrumento de defensa, a Jonás le resultó interesante por su mirilla telescópica, parecía un añadido posterior por su modernidad y buen funcionamiento aún. A falta de una compañía que tampoco deseaba, y gracias a la disposición del edificio a modo de corral de comedias, podría curiosear entre sus vecinos, no por mero cotilleo ni por convertirse en voyeur (¿quién podría excitarle?), sino como un complemento para sus investigaciones. Al igual que utilizaba el microscopio en aras de progresar en su ciencia, al menos con su indiscreción lograría hacerse a la idea de qué clase de lugar había escogido para vivir. A juzgar por el primer recibimiento que tuvo, no le parecía algo descabellado. Si todos iban a ser hostiles, mejor adelantarse en conocer sus puntos débiles. Por otro lado, su cara se iluminó por completo al descubrir la auténtica golosina que le habían dejado como legado, una caja de puros y dos botellas de whisky añejo, bastante mejores que aquella con la que había bautizado el piso. El joven no fumaba por lo general, pero esos habanos eran del tipo que solía emplearse en grandes eventos y, desde su humilde posición, ese descubrimiento le pareció de por sí una ocasión propicia para darse el capricho. Las botellas sí las reservó para ulteriores oportunidades.

Tras reponer la copa, Jonás se sentó a la mesa con el puro humeando en un cenicero, la escopeta apoyada en la pared, al lado de la silla, y leyendo un delgado volumen que había rescatado de su equipaje. Era un ejemplar en rústica de las Bucólicas de Virgilio. Jonás no solía dedicar tiempo a libros que no trataran sobre temas relacionados con su investigación, pero podía hacer excepciones según la circunstancia. En ese caso por la persona que le había regalado el libro. Jonás consideró que el alcohol le estaba empujando hacia el resbaladizo terreno de los recuerdos pasados, y no quiso dejarse consumir tan pronto por esos rescoldos. Cerró el libro y se dispuso a buscar un entretenimiento fácil con el papel de fisgón que había imaginado. Tomó primero unas mínimas precauciones, como apagar la luz y bajar la persiana hasta cierto punto.

Disimulando de esa manera, hizo una panorámica con la mirilla a través de las ventanas y terrazas de la vecindad. Ya se ha mencionado que Jonás no tenía la intención de ser voyeur, no buscaba sexo ajeno, ni siquiera desnudos; sin embargo, con lo que primero topó fue con una escena de porno amateur protagonizada por la que dio en llamar como choni principal. Esta se encontraba cabalgando sobre un joven, Jonás supuso que quizá sería su novio, ese del que se quejaba y con el que tal vez se estuviera reconciliando de aquella saltarina manera. El maromo estaba tumbado, Jonás no pudo percibir ni sus rasgos ni si estaría durmiendo mientras la otra se movía encima de él, en una mecánica tan rutinaria que hizo imposible que Jonás se excitara, ni siquiera observando el continuo bote de sus bien torneados pechos. No, si necesitaba masturbarse mejor sería esperar a conseguir una conexión decente en ese piso…

El siguiente descubrimiento le interesó mucho más. Escuchó gritos en el balcón que quedaba, una planta más abajo, enfrente del suyo. Debido al calor la mayoría de las ventanas permanecían abiertas y no era raro escuchar discusiones de mayor o menor virulencia, pero en esa ocasión Jonás reconoció una de las voces que disputaban como la de Ariadna, su compañera de curso. Pese a tener el cerebro un poco embotado por el alcohol, el joven comenzó a atar cabos mientras contemplaba la escena, tan cercana que apenas necesitaba de la mirilla. Ari se encontraba junto a un hombre negro y corpulento, quizá algo mayor que ella. La colombiana sacó las llaves del piso, de lo cual él dedujo que era su vecina, descubrimiento que no le hizo mucha gracia a priori. Notó que ella quería acabar la discusión entrando y dando con la puerta en las narices a su novio, su amante o lo que fuera ese hombre. Jonás no lo tenía claro, le parecía una clásica situación de celos pero ambos se gritaban a la vez, a una velocidad y con un acento al que todavía no se había acostumbrado mucho.

La palabra más repetida era puta, que caía como un chaparrón sobre Ari sin que se inmutara lo más mínimo. Pese a que Jonás veía a esta como lo que suele denominarse una mujer de armas tomar, llegó a temer que al hombre se le fuera la mano. Pensó en cómo reaccionar en ese extremo, si llamar a la policía o erigirse él mismo en autoridad con su arma, por otra parte descargada. No fue necesario delatarse, Ari cerró de un portazo su domicilio y el enfurecido varón se tragó por esa vez el orgullo y abandonó la terraza.

Jonás pensó por un momento si no debería bajar a ver cómo se encontraba su compañera y vecina. Pero no era recomendable hacerlo con la escopeta, y si no la llevaba podría regresar el hombre y hacerlo sucumbir entre sus poderosos brazos. Decidió que no debía sobrepasar su tarea de mirón; si acaso, cuando Ari le reconociera como vecino (y seguramente sería pronto), él podría demostrar cierto interés por su historia y conocer las verdaderas circunstancias de aquella escena. Claro que entonces igual se vería enredado en problemas ajenos, y él había llegado a esa ciudad huyendo de los suyos, tanto los reales como los que su enfebrecida imaginación pudiese inventar. Consideró que, con su travesura, ya había descubierto mucho más de lo que hubiera pensado en un principio, por lo cual se dispuso a arrojarse a la cama y pegar ojo en la medida en la que ello fuera posible.

martes, julio 20, 2010

En capítulos anteriores...

Pese a que no me han abandonado ni la pereza ni el calor, he continuado con la novela y, al margen de la calidad literaria de lo que surja ahí, estoy contento a ese respecto. Creía que reengancharme al Age of Mythology, en su expansión The titans, iba a impedirlo, por fortuna la campaña era breve y en pocos días pude sofocar la rebelión de titanes para ponerme con esta novela que también guarda cierta relación indirecta con la mitología clásica. Dado que ha pasado cierto tiempo desde que comencé a colgar las entregas, voy a incluir unos enlaces para quien quiera revisar la historia, o por si alguien la descubre por primera vez. Gracias de antemano por vuestra atención, y espero que ahora lleve ya un buen ritmo, sin prisa, pasito a pasito puesto que, a diferencia de la universidad, aquí no tengo plazo de entrega.








viernes, julio 16, 2010

A tope de batas.

He visto hoy un reportaje sobre las carreras a las que aspiran los nuevos universitarios y, todo sea dicho, no hay grandes sorpresas. A la espera de ver si ponen Medicina (cosa que dudo, la tónica es quitar carreras y no ponerlas) parece que, aunque iletrados, vamos a tener una excelente salud, tanto nosotros como nuestras mascotas. La mayoría de los alumnos se apuntan a Enfermería, Veterinaria, Fisioterapia y Ciencias del Deporte. Ahora la Selectividad ha cambiado y se puede alcanzar hasta catorce puntos, ¡nada menos! No se cómo será ahora, pero no me cabe duda de que más sencilla que en mis tiempos, y no es que me quiera colgar medallas. Cabe pensar que los exámenes de Inglés ya no serán corregidos por la colonia de monos de Gibraltar, si no es así no puedo explicarme cómo fui suspendido tras sacar una media de Sobresaliente en esta materia durante el bachillerato. Y no fui el único... En el grado de Lengua Española y su Literatura ya mendigan a gente con cinco, y si les dejaran seguramente cogerían hasta con cuatro. De todos modos, la cosa tampoco pinta tan mal en proporción. De 25 plazas, se han apuntado 15, y eso es un abismo en comparación con los seis o siete españoles que solemos ir a clase. El próximo curso lo presiento bastante vacío, veremos si los Erasmus nos salvan y no se eliminan demasiadas optativas. Claro que quizá en la repesca (segunda, tercera, vete tú a saber qué opción) aterrice más gente en mi recién metamorfoseada carrera. Quizá comiencen a disiparse esos absurdos mitos de que en la misma no puede encontrarse trabajo. Quizá algunos de esos enfermeros, enfermeras y futuros profesionales en el bienestar del cuerpo opten por ocuparse del bienestar de la mente (me atrevería a decir del espíritu), por lo menos yo siento mi cabeza más sana desde que he continuado esta carrera.
En fin. Ellos sabrán lo que se pierden. Por lo que a mí respecta, este es mi mes virgen (de estudio). El que viene volveré a currar, lo cierto es que julio está siendo muy poco proclive a la disciplina. Es natural. Mi cuerpo se rebela, prefiere distraerse machacando titanes en el Age of Mythology y leer volúmenes atrasados antes que establecer una plantilla de trabajo para la novela. Pero eso no quiere decir que la haya abandonado, ni mucho menos. En todo caso, cuando siga confío en colgar los capítulos atrasados, será bueno refrescar la memoria, empezando por la del propio escritor...

martes, julio 13, 2010

Mitología comparada.


Mientras sigo con Las metamorfosis, ayer vi una película de tema asimismo mitológico, aunque no es original sino un remake, Furia de titanes. Cabe pensar, como en otros casos, si merece la pena haber hecho una nueva versión de un filme relativamente reciente, que tendrá más o menos mi edad. La distancia es cada vez más corta entre original y copia, no en vano este mismo mes saldrá la nueva Pesadilla en Elm Street. La mayor diferencia, como es obvio, está en los efectos especiales, aunque hay que reconocer que los del original de los ochenta, si bien menos sofisticados, tenían un encanto especial.
En la mitología clásica Perseo era un semidiós, engendrado por Zeus tras fecundar a Dánae convertido en lluvia de oro. Esta lluvia dorada desaparece en la película, curiosamente se coge la estratagema de otro mito, el de Hércules, y Zeus se disfraza del marido de Dánae, el cual luego, lógicamente, tiene un gran cabreo y arroja al niño al mar en un ataúd. Así comienza la película, con el descubrimiento del héroe de una manera, ironías de la vida, bastante bíblica. La trama nos muestra a unos humanos descreídos y vanidosos, y a unos dioses que, faltaría más, quieren vengarse de ellos a través de todo tipo de plagas. Aunque no se de muy buena imagen del Olimpo, lo cierto es que al final se cae en la trampa de establecer una dicotomía Bien vs. Mal, encarnados en las figuras de los hermanos Zeus y Hades. Que nadie se equivoque, Hades no es el dios del Infierno tal y como nosotros lo entendemos. Es el dios del inframundo, le tocó la peor parte del sorteo y no es de extrañar que esté mosqueado con Zeus. El Infierno cristiano es un invento más tardío, al comienzo todas las almas iban al mismo sitio, luego surgió el espacio de los Campos Elíseos para héroes y figuras destacadas. Lo cierto es que Zeus no es más respetable que Hades. Este último raptó a Perséfone pero el primero, con mejor gusto, raptaba a todo el mundo mientras le gustara, ya fuera Ganímedes, Europa, etc. etc. La cosa es que esta película necesitaba a un villano fuerte, ¿y quién mejor que Hades, aunque sea inmortal? Nada nuevo, ya fue el malo del Hércules de Disney y en el Percy Jackson lo tomaron más a chufla y apareció como una satánica estrella del rock.
Como en la original, el grueso de la acción corresponde a una serie de peripecias mitológicas y batallas contra escorpiones gigantes, Medusa, etc. Perseo se hace acompañar de un grupo bastante heterogéneo, desde barbudos viriles hasta efebos como Nicholas Hoult, más maquillado y menos atractivo que en Un hombre soltero, donde pese a no hacer de griego quedaba mejor con toalla y sin ella. También hay unos extraños seres, como híbridos entre ents y momias, y una mujer cuya presencia supongo que obedece a motivos comerciales, pero a la que no puedo adscribir a ninguna categoría exacta. Curiosa es también la caracterización de Zeus, en el cielo como un cruzado y en la tierra una especie de Gandalf.
A diferencia de la mitología clásica, aquí no hay boda al final, y en cambio sí una posible opción a segunda parte, cosa que no sería sorprendente puesto que la fuente es inagotable y además no hay que pagar derechos de autor...

domingo, julio 11, 2010

Los gafes éramos nosotros.

Cuando éramos más jóvenes, y no es que ahora ya no lo seamos, nos gustaba ir a ver los partidos de la selección española, aunque por lo general acabaran en fracaso. Ahora ya no, y por lo visto los gafes debíamos ser nosotros, porque sus triunfos han aumentado sobre todo de dos años a esta parte. Yo desde luego que me alegraré si gana la Roja, pero no será por la barrila con la que nos han estado friendo desde hace unas semanas, no digamos ya hoy. ¡Hoy no hay noticias prácticamente, todo es fútbol! El hecho de que sea algo histórico no justifica los infantilismos que tropecientas veces he visto por los medios, algunos me han puesto colorado, como si no lo estuviera ya por el calor.
No me parece normal que la primera imagen de un informativo sea la de un pulpo pitoniso. ¿Qué será lo próximo, nombrar a Manolo el del Bombo ministro de Cultura? Es bueno que gane nuestro país, aunque yo personalmente no voy a ganar nada; sí lo harán los jugadores, con unas cifras que a más de uno le harán replantearse si se habrá equivocado de carera. En fin, sea como fuere pasado mañana ya se vuelve a la vida normal. Y, faltos de originalidad, dirán que la noticia ahora es que es julio y hace calor. La noticia sería que hiciera frío, una noticia que me alegraría enormemente... Nos puede asombrar esto del fútbol, pero este país va por modas. Hubo un tiempo en el que el deporte nacional, por así llamarlo, fue el teatro, y creo que fue una época, al menos desde el punto vista artístico, bastante más brillante.

viernes, julio 09, 2010

¡A metamorfosearse!


Por si fuera poco con la pereza, ha tenido que sumarse, parece que por breve tiempo afortunadamente, la enfermedad. Bueno, tiene su lógica. Ya he dicho que el calor me sienta mal, tanto respecto a la tensión como otros factores. Si de mí dependiera, el verano no existiría, al menos desde el punto de vista meteorológico. Además, cuesta en mayor manera cuidar la garganta. Yo me prometí que no abusaría de los cubitos de hielo pero, con el mismo espíritu suicida que a mi juicio poseen aquellos que estos días se ponen a correr detrás de morlacos, parece ser que he irritado a mi garganta y en castigo ayer tuve algo de fiebre, nada grave en todo caso pero que me dejó en casa cuando en verdad tenía ganas de salir. Habrá que estar al loro para lo que resta.
Por no poder ni siquiera pude leer, ahora me he metido con un libro que me ha ayudado en parte en la adquisición de una o dos matrículas, Las metamorfosis de Ovidio. Esta es la principal fuente de la que bebían los poetas del Renacimiento y el Barroco a la hora de adaptar los mitos de la Antigüedad grecolatina a la moralidad cristiana. Hay que reconocer que, sin esa moralidad, el libro es una sucesión continua de monstruosidades capaz de poner los pelos de punta. Si acaso se puede salvar a algún personaje, como Orfeo, sobre el que hice mi último trabajo. Pero, ¿qué decir de los dioses, mucho más abyectos que los seres humanos? No son más que un puñado de vengativos violadores, un grupo de criminales entre los que no destaca ni la propia diosa de la Sabiduría; están a años luz de lo que yo considero que debería ser un dios, en el caso de que existiera.
No es de extrañar que la mecha del cristianismo prendiera pronto, su mensaje era mucho más positivo, al menos cuando aún no estaba desvirtuado. Hoy en día ya nadie cree en los dioses grecorromanos, a menos que esté mal de la cabeza, y yo me pregunto si llegará el día en que los libros ahora considerados como sagrados se verán como un catálogo de mitos, al igual que el volumen de Ovidio. Es posible, pero ninguno de nosotros vivirá para verlo, digo yo. Por lo que a mí respecta, seguiré leyendo el libro y procuraré hacerlo no desde mi perspectiva contemporánea sino poniéndome en contexto, para ver si así se me hace más digerible esta serie de incestos, canibalismo, matanzas y demás lindezas varias. Feliz fin de semana, moderado en mi caso si no quiero recaer.

martes, julio 06, 2010

Porca pereza!

Lamentablemente es comprobable que nuestro cuerpo, o partes de él, tiene una gran capacidad para la insumisión. Yo esperaba comenzar esta semana a reanudar la escritura de Los cerdos, esa novela cuyas partes ya se han perdido hace tiempo en este blog. No se si podrá ser... Yo estoy escribiendo, desde luego. No solo aquí, también algo de poesía, un género del que soy bastante devoto desde hace una temporada, y en otros lados. Lo cierto es que la novela requiere de un poco más de disciplina, y la disciplina casi la agoté mientras estuve estudiando los exámenes y haciendo los correspondientes trabajos. El calor insoportable (aunque menor que en Madrid) tampoco ayuda bastante. Y no es que León se caracterice por estíos muy duros, pero, aunque este año el calor se haya resistido, yo nunca me acostumbraré a esta temperatura. Me invita a la vagancia, por mucho que tenga una asignatura que recuperar. Así que no prometo nada. Puede que me de la inspiración, pero de todos modos estoy deseando hacer un par de viajes a los que no tengo pensado llevarme ordenador para escribir, aunque sí mis fieles libretas. Por suerte lo que sí puedo hacer es leer ejemplares de mi biblioteca que tenía en lista de espera, cosa que me dispongo a hacer ahora mientras me llega el sueño, llegará pese a todo.

sábado, julio 03, 2010

Reflexiones (cuasi) pornográficas.

REFLEXIONES (CUASI) PORNOGRÁFICAS.

No voy a hablar del Orgullo porque sería repetirme, pese al día que es hoy. Este año no asisto por motivos varios, de todos modos espero que vaya bien, pese a estar contraprogramado con el partido de España. Curiosamente hoy ya hubo una manifestación, en contra del aborto, pero ambas no van a coincidir y por tanto que nadie espere una batalla campal con fetos de plástico y taconazos. Yo me quedo con una frase que escuché a uno a quien entrevistaron en la plaza de Chueca: Es que nadie lleva goma, coño, que siempre la tengo que poner yo. Ya sabéis, llevad gomita, aun en el caso de que no tengáis pensado usarla.

Donde no se usa mucho de eso suele ser en las películas porno. Hoy voy a hablar de porno, no porque necesite subir el número de lectores del blog, sino porque creo que tanto estos como yo somos lo suficientemente maduros como para abordar el tema sin sonrisillas de picardía. Ayer, después de acabar un poema que colgaré luego, me quedé a ver un poco el filme porno del Plus. No os llevéis a engaños; el fin no era, a priori, el habitual en estos casos. Un escritor tiene que buscar la inspiración en los motivos más variopintos, y es por ello que yo ahora escribo sobre esa película cuya estrecha vía argumental versaba sobre una especie de Gran Hermano erótico. Hubo un tiempo, antes de la eclosión de Internet, en que el porno del Plus era como un sancta sanctórum en el que los adolescentes descubrían secretos vedados hasta entonces (¿en verdad habría quien lo viera codificado?). Yo ahora me puedo permitir observarlo por encima del hombro, no lo necesito y me puedo acercar con un fin sociológico. Sí, en serio, parece broma pero no lo es del todo.

Por lo general, el porno heterosexual me parece bastante detestable. Suele haber un contraste entre chicas guapas, pelín artificiales, y chicos y no tan chicos no tanto, al menos para mi gusto, quizá con porte de sementales pero poco atractivos en conjunto. No hablo ya de Ron Jeremy, digo que sobre gustos no hay nada escrito pero para mí las estrellas masculinas más guapas están en el porno gay; claro que la virilidad y yo estamos algo reñidos… En realidad las películas heterosexuales son, por lo común, bisexuales, salvo que los personajes bisexuales son siempre mujeres. Una morena, con camiseta de Hello Kitty, decía a cámara, en un confesionario poco pío: Los chicos me han gustado y las chicas están también muy buenas. Yo soy bisexual y las tías están tremendas. De Perogrullo, querida. Tú y las otras tres. No es necesario el decir por qué, lo sabe todo el mundo y yo lo expuse en un pasaje de El diez por ciento. Se apuntan de forma más suave estrellas como Madonna y Britney Spears al darse un beso, o incluso la conversa Miley Cyrus parece que ha amagado con ello.

Por lo que a mí respecta, lo tengo claro. Si prefiero las escenas sáficas es sencillamente porque ganan en estética, por lo mencionado antes. Suelen destilar mayor belleza. Y parece que el reglamento de este Gran Hermano se habría adaptado a estas características. Cuando una rubia de poderosa delantera trató de seducir a otra morena delgadísima y tatuadísima (todos llevaban tatuajes, reales o no), la cual la rechazó por razones que estuvieran en el guión, apareció luego una cortinilla con este mensaje: Fulanita tiene un punto más por su acercamiento a Menganita. Menganita sufre una penalización de un punto menos por resistir el avance de Fulanita. ¡Por Libia! Me pregunto qué hubiera pasado si alguno de los tres maromos hubiese intentado un acercamiento a otro. ¿Tarjeta roja? ¿El doble de puntos y el doble de abonados menos en el Plus? En todo caso, lo que sí es doble es el rasero por el que se regía ese concurso, en el cual me importa un carajo quién hubiera ganado al final. Me quedé con las ganas de ver a la morena declarada bisexual en acción, era el personaje que gozaba de mi mayor simpatía. Pero Morfeo no lo consideró así y me mandó a la cama.

Yo me quedo con el porno bisexual, por desgracia es bastante invisible al igual que la orientación en sí. Al menos el bisexual en todo el sentido del término, no el bisexual femenino dirigido a un público masculino. Como sea que en el Plus no van a escucharme, ya lo buscaré yo. Aunque prefiero la realidad…

En fin. Rehuyendo del tópico de que el fútbol solo es para heterosexuales, espero un gran éxito hoy en el Orgullo, en la selección y ya sabéis, si salís por la noche no olvidéis la goma (a ser posible de vuestra talla).

jueves, julio 01, 2010

El orgullo leonés.


EL ORGULLO LEONÉS.

El próximo día 4 de julio, domingo, se ha convocado en Rodiezmo el primer Día del Orgullo Leonés (u Orgullo de Ser Leonés, para no crear malas interpretaciones). Sus razones tendrá el convocante, la Unión del Pueblo Leonés, yo no entiendo ni la fecha ni el lugar, y me cuesta entender los motivos. Curiosamente es un día después del Orgullo LGTB de Madrid, yo no voy a asistir ni al uno ni al otro. Al primero porque yo no siento orgullo de ser leonés, ni tampoco me avergüenza. Soy leonés, y punto. Al segundo no iré este año por una serie de motivos, como podrían ser el calor que ya me está afectando aquí o, un hecho menor pero patético a mi juicio, el que Karmele Marchante haya estado entre los encargados de leer el pregón. Volviendo al principio, lo cierto es que si el líder de la UPL en verdad quiere una ciudad de futuro, moderna y que no invite a los jóvenes a la emigración o al exilio (como me invitaría a mí si no estuviese con la carrera), aparte de su particular Orgullo podría haber venido al que se celebró el pasado lunes junto a sus compañeros en el equipo de gobierno del Ayuntamiento de León.

Algún diario local, de venta conjunta con el ABC, destacó que el Orgullo no había salido a la calle en León. ¿Cómo? No importa el número, precisamente. En las grandes ciudades también se empezó con medio centenar de personas, y ahora ya veis. Desde luego que se puede aspirar a más, a mucho más, pero no es fácil. No en esta pequeña sociedad que es un gran baile de máscaras, infestado de espías y de armarios a prueba de bombas. Así que, si lo que quieren es que me enorgullezca de ser leonés, primero que comiencen a echar los cimientos de una ciudad del futuro, y el futuro no se construye con folclóricas excursiones campestres; el futuro no se construye obsesionándose con el pasado. Ya llegarán las vacas flacas, ya llegará la época de elecciones y entonces quizá la gente empiece a ver la patita al lobo y se piense lo de salir a la calle para ser visibles.

Lo que sí tuvo un público envidiable fue la cabalgata fantástica que desfiló el mismo lunes 28. Impresionó sobre todo la marioneta de diez metros de altura del final. El hecho de que la hubiesen bautizado con el nombre de Salvador me hizo pensar en que tal vez cobraría vida, un leviatán furioso a la manera de heraldo o profeta, para advertir a los ciudadanos sobre la decadencia progresiva que podría afectar a esta sociedad, con el riesgo de un coma irreversible a menos que se tomaran medidas en el futuro cercano.

Pero bueno, tampoco hay que ser tan catastrofistas. Lo que importa es que el Orgullo se celebró y ya van tres seguidos. Y, como nota positiva, diré que el cartel sobre sexo seguro que quedó colgado en la plaza de Botines aún no había sido arrancado a las tres de la madrugada. Aunque, claro, es posible que quienes pasaran por allí estuvieran ya tan borrachos que ni siquiera hubiesen reparado en el mismo…


lunes, junio 28, 2010

Orgullo LETB.

Hay que reconocer que el Diario de León siempre ha tenido especial sensibilidad hacia las noticias relacionadas con el colectivo LGTB. Sin embargo, sea por la falta de correctores o lo que fuere, hoy incluye una pequeña nota que habla del Orgullo LETB. Debo suponer algo así: Lesbianas, Extraterrestres, Transexuales y Bisexuales. Aunque, para mucha gente, todos lo que celebran ese acto son de otro planeta. Quizá el LE venga de le-sbianas. Quién sabe. Lo único claro es que el redactor parece tener manía a los gays, porque luego los vuelve a omitir: Lesbianas, Transexuales y Bisexuales.
No deja de tener gracia porque, por lo general, en los medios de comunicación pasa al revés: hablan tan solo de Orgullo Gay e ignoran al resto. Así hicieron en TVE, la tele de todos, incluyendo además carreras de tacones y otras mamarrachadas, aunque ya se sabe que lo festivo es lo que da juego. En fin, lo importante es que la bandera del arco iris ya cuelga del Ayuntamiento (algo dudoso para el año que viene, si cambia de gobierno) y que esta tarde es la manifestación, ambos actos incluidos en el programa de fiestas y ojalá puedan tener una asistencia aceptable. ¡Feliz Orgullo LGTB!

viernes, junio 25, 2010

El cónsul de Sodoma.

Nunca dejará de sorprenderme de qué modo las polémicas tienden a engordarse en este país, de forma completamente artificial. Ayer vi la película El cónsul de Sodoma, basada en la biografía de Jaime Gil de Biedma que acabo de leer. Cuando salió el trailer de este filme, algunos grupos y medios conservadores se escandalizaron por su explícita sexualidad, y pidieron una calificación por edades más restringida. Yo no se si el grito en el cielo fue por el erotismo o porque el poeta era homosexual (cosa que dudo, como veremos adelante). En todo caso, y por desgracia, dudo también que los adolescentes tuvieran interés en ver esta historia sobre la vida de uno de nuestros mejores poetas en el s. XX. No entiendo por qué el cine español no aprovecha más la figura de sus escritores, desde los clásicos (Garcilaso, Quevedo o Sor Juana) hasta los contemporáneos. Bueno, sí que hay otra película en proyecto sobre la turbulenta vida de Lope, en todo caso sería recomendable hacer más biopics como el que vamos a tratar.
Lo del trailer parece una argucia del productor antes que del director. Para quien no conozca la vida del poeta, hay que decir que hacer una biografía fiel del mismo (muy discreto respecto a su vida privada, eso sí) sin mostrar el sexo es como hacer una de Colón y no sacar un barco. Ahora bien, las fugaces escenas sexuales de la película son, si mal no recuerdo, unas seis o siete, y no todas de matiz homo, sino también heterosexual y bisexual. Si algún papá o mamá de esos la viera, cosa que dudo, se daría cuenta de que no es para tanto, que ocupan si acaso un cinco por ciento del metraje y reflejan una faceta de un hombre que por otro lado fue un negociante, directivo de una multinacional, y un poeta con una obra breve pero intensa y muy influyente, que estoy deseando releer para la semana que viene.
Pese a que en todas las reseñas aparece como poeta homosexual (a eso alude el título), lo cierto es que en la película se da especial relieve a su relación con Bel. No solo era promiscuo, también desarrolló amores bastante tormentosos. Y esa no fue la única mujer de su vida. La balanza se desequilibra respecto a los sexos, pero eso a mí me trae sin cuidado, no es una cuestión matemática creo yo. En el libro hay declaraciones para todos los gustos. Hay quienes afirman que él odiaba su homosexualidad, y otros que le tildan de bisexual. Esto último me resulta más probable, aunque depararía otra clase de polémica bastante diferente de la que vimos al principio. Si os interesa os recomiendo la biografía y, sobre todo, su propia obra. Si no os interesa o no tenéis tanto tiempo creo que la película, sin ser redonda, alberga interés, sobre todo en la composición de Jordi Mollá, eclipsado en todos los premios por la arrolladora personalidad de Malamadre...

jueves, junio 24, 2010

No tengo miedo al fuego eterno (II)



Esto es todo lo que he podido sacar con mi anticuada cámara y mi quizá también anticuada estatura. Ahí podéis ver a Leire, de azul, a los chicos con sus instrumentos. He de decir que yo no soy amayista a ultranza. No me cae mal Amaia Montero (tampoco es que la conozca en persona) pero creo que Leire canta igual de bien y es más atractiva, aunque esto último no cuente en el plano musical. Si yo tuviera una hija creo que Leire sería un nombre muy eufónico para ella, ¿no? Leire León.
No entiendo por qué algunos creyeron que con la marcha de la vocalista el grupo iba a irse al carajo. La elección de la cantante es decisiva, pero la Oreja no es un grupo con chica. Los pibes son su esencia, son quienes formaron el grupo en una primera instancia. Canciones como París o Muñeca de trapo me emocionan igual con la voz de Amaia o la de Leire, reconociendo que tengo a la primera más asociada a mi memoria.
Lo único malo del concierto es que se me hizo muy corto, aunque hora y media no es moco de pavo. La Oreja tiene un repertorio muy extenso y, como pasó con Battiato, era inevitable que canciones de valor sentimental para mí se cayeran. Con todo, las mejores sí salieron a la palestra. Acabado ya, me desplacé al río para incorporarme a los fastos del cumpleaños y santo de Juancho, a quien habían vestido de San Juan (sin necesidad de cortarle la cabeza, por fortuna). Nos desplazamos al Húmedo, a sabiendas de cómo estaría de saturado, y llegamos justo para el final apoteósico de la verbena de la Plaza Mayor. Bailando encima de un tablado, con cierto temor a que se viniera abajo, me quedé estupefacto viendo a dos tipos en la primera fila que se habían bajado los pantalones y estaban en pelotas. Nos estaban dando el culo, y era lo mejor que podían dar porque lo de delante no tenía el menor interés en verlo. Como sea que los bares estaban más o menos como los de Chueca el día de la manifestación, nos marchamos esperando que la tradición pueda proseguir el año que viene. Yo también espero que, cuando la Oreja saque nuevo disco, pueda asistir a otro concierto pagando o no, y acompañado de algún orejófilo/a, o al menos de alguien que no tenga orejitis y me de el gusto de acompañarme.

No tengo miedo al fuego eterno (I)




No me refiero al fuego de la hoguera, en el cual en otro tiempo quizá hubiera ardido alguna supuesta bruja o un sodomita, me refiero a parte de una canción de La Oreja de Van Gogh, a cuyo concierto al fin asistí ayer. Tras ciertas negociaciones, al final me quedé solo como el gobierno, fue el precio a pagar por mi asistencia y lo he pagado muy gustosamente. Por no tener compañía ya me perdí la oportunidad de verlos tocar con Amaia Montero, no quería perder ninguna otra, mucho menos siendo gratis. Pero ahora me he quitado una espina, con un broche perfecto a un cuatrimestre perfecto y una sensación de felicidad permanente durante la hora y media que duró. La primera canción, precisamente, fue Sola, pero no me di por aludido. No es que no tuviera gente, la tuve después; lo cierto es que la gente tenía otros intereses, lo cual me parece legítimo. Embriagado por la música de la Oreja y en medio de una multitud, tampoco se puede decir que estuviera como un profeta en el desierto.
De hecho, el público era heterogéneo, desde los clásicos grupos de adolescentes a coro hasta esas mismas adolescentes proyectadas en la treintena. No se olvide que el grupo tiene unos 12 años de trayectoria y que mucha gente ha crecido con él, entre ellos yo. También había un anciano bajito con pinta de desubicado, detrás de quien me coloqué para no perder visibilidad. Esto de la altura es una mierda a la hora de hacer fotos... Yo nunca pretendí ponerme frente al escenario como un fan fatal, desde luego. Tenía pensado colgar aquí fotos del concierto, pero creo que lo haré en otra entrada. Esta basura, a diferencia de textos anteriores, no me deja arrastrar fotos. Con la tecnología de Google Fotos, dice. Bah. Con la tecnología de Google Pollas... De esta manera, y aprovechando que este mes tengo este blog un poco abandonado, voy a colgar otra entrada con fotos del concierto, no muy buenas pero sí representativas.

domingo, junio 20, 2010

Llibertat.

No retiro nada de lo dicho sobre el profe de Hispanoamericana, pero hay que reconocer que es generoso en sus exámenes. Yo me llevé otra matrícula, gracias supongo a una semana de trabajo intensiva. En Románica no tenía muchas esperanzas pero con Janick nunca me ha ido mal y al final me calzó un 9 con el que puedo dar botes de alegría. Es una suerte. No solo se rebajan los salarios, parece ser que el curso que viene me saldrá a mitad de precio.
Este último examen me costó. Eran pocos días, y ya notaba cierta desgana y cansancio acumulado. Además tuve una distracción, un libro que me ventilé en tres días, muy absorbente como para dejarlo incluso en período de exámenes. Se llama Transgresoras y es de Alaska. No os dejéis engañar por la faceta petarda de esta mujer. Es muy lista, ya lo creo. Está estudiando Historia por la UNED, y no es tarea fácil ya de por sí, menos para alguien con una agenda como la suya. Este libro es una antología sobre mujeres que han influido en ella desde todos los puntos de vista: el arte, la política, la religión, etc. No es profundo pero sí muy ameno, con una buena labor bibliográfica y permite al lector tener una panorámica en la que luego ahondar si algún aspecto concreto le interesa. Alaska es una mujer que ha decidido llevar hasta sus últimas consecuencias su famosa canción: A quién le importa. Podría decirse que incluso hasta la contradicción. Ella es una musa gay y lo sabe, pero no se avergüenza de trabajar en medios donde algunos compañeros suyos sostienen que la homosexualidad es una enfermedad. No se pierde ningún Orgullo LGTB en Madrid, donde al final siempre, siempre suena el himno antes citado. Yo no creo que vaya este año. No es una cita obligatoria, depende de una serie de circunstancias, pero el de León ya está metido en el programa de fiestas.
Como este curso he terminado pronto, ayer pude tener mi primer sábado de fiestas sin ninguna prisa por volver a casa. No tengo planes precisos de aquí a fin de mes, tan solo puedo decir que me he quitado una losa con un resultado tan imprevisto que me parece casi imposible.

martes, junio 15, 2010

El último.

Ya he hablado de las peculiares características del profesor de Hispanoamericana, quien decidió llevar su pasotismo hasta el día del examen. Ayer, en vez de los folios oficiales de la universidad, nos dio un taco de blancuchos, corrientes y molientes. Vamos, que me podía haber traído el examen escrito de casa. De hecho, tiempo hubo para hacer el cambiazo. Nuestros profes, a veces por causas mayores y a veces no, tienden a dejarnos al cuidado de alguna becaria. Entre que se fue él y vino la nuestra, pasamos unos cinco minutos a solas, tiempo de sobra para sacar folios, sacar apuntes o chivar al de al lado lo que hiciera falta. No es la primera oportunidad que tengo en esta carrera para copiar; por fortuna, la hago para aprender y no tengo interés en trampas, ninguna asignatura me tiene tan desesperado como para incurrir en ellas. Eso sí, el examen era demasiado largo. De tres preguntas, una de ellas era ¡un tema entero! Tuve que resumir hasta algo más de la mitad, lo cual resulta absurdo. Si un alumno no puede completar su examen, debiera ser por falta de conocimiento, no de tiempo. En fin... No tengo mala impresión, a ver ahora si se apura un poco para corregir.
El viernes tengo el último, el de Románica II, una materia en la que no me había matriculado al principio. Ya se sabe qué se dice de los últimos: que si maricón el último, que si el que llega tarde ni oye misa ni come carne (ninguna de las dos circunstancias me preocupan). Pero también se dice que no hay quinto malo, y esta es la quinta del segundo cuatrimestre (yo también soy el quinto, el último de los hermanos). Al margen de que debiera estar estudiando y no escribiendo chorradas, hoy tengo un incentivo más en forma de matrícula en Curso Monográfico Barroco. Parece que Cuarto va a salir baratillo... Me he planteado currar durante el curso (en el caso de que encontrara trabajo); no obstante, considero que es preferible dedicar el tiempo a tener un buen expediente el día de hoy, y así conseguir un empleo (decente) el día de mañana. Gracias a las matrículas, eso sí, algo se puede ahorrar. En Hispanoamericana tengo mis dudas sobre que la pueda sacar, y en Románica imposible; de todos modos, el viernes es casi imposible que suspenda, a menos que lo deje en blanco. Por ello, esta tarde empezaré y, sea como fuere, el viernes quedo libre y no hay mejor motivación que ello. El penúltimo escaloncito, y el último largo me lo fiáis, para el 14 de septiembre...

sábado, junio 12, 2010

Hispana.

Durante toda esta semana he estado preparando un único examen (las mezclas en esto me sientan tan mal como en los licores espirituosos): el de Literatura Hispanoamericana I. Lo he tenido que dejar para el final, no por desidia sino porque durante el curso he venido currando en las materias de evaluación continua, en las que por el momento ha habido muy buen resultado. Más allá de estudiar los apuntes, que no es mucha tarea, el examen del lunes lleva adosados dos complementos como un trabajo de cierta extensión y saber el resumen de un libro afortunadamente breve. De todos modos he logrado abarcarlo, el tiempo me ha ayudado en ello al cortar de forma brusca el anticipo veraniego que teníamos hace una semana.
Al margen del interés variable de la asignatura, el problema está en cómo se ha dado. El profesor como persona goza de mi simpatía. Nos ha mandado leer su edición sobre la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz y he de reconocer que es un buen libro, con una introducción bien escrita e interesante sobre una de las pocas figuras femeninas que tratamos, una mujer excepcional como creadora hay que decir. Sin embargo, la sapiencia y el dominio sobre la materia que un profesor pueda tener no lo es todo si no dispone de buenas herramientas para transmitirla. Sus clases eran una charleta continua, un monólogo a saltitos que no parecía haber preparado con mucho interés, y ese pasotismo se extendía a la clase, en la que no siempre reinaba un mínimo de disciplina. Le hubiera sido fácil, creo yo, fotocopiar los textos de poetas bastante desconocidos para nosotros, y de esa manera enseñar de forma más práctica. La culpa no fue del todo suya puesto que quien confeccionó los horarios le daba sesiones de dos horas seguidas, que él hacía sin interrupción y las últimas clases ya me las piré porque hacía un calor insoportable, que él mismo notaba y me han dicho que incluso llegó a echar un sueñecito en algún momento dado.
Yo creo que hay una vía del medio entre el viejo sistema de la clase magistral y lo que parece imponer Bolonia, es decir, que el alumno haga el trabajo del profesor. Durante este curso hemos tenido dos profesoras (y en menor medida un tercero) que han sabido, además de dar apuntes, crear interés en el alumno a través de un método más interactivo. Yo no se si llegaré a dar clase, pero en todo caso he aprendido bastante de este sistema. Volviendo al venerable maestro de Hispana, hay que señalar que no dio el temario completo, y no por falta de tiempo. Solía acompañar sus clases con una serie de digresiones, con las que podía estar de acuerdo o no. Su idea básica es que lo vamos a tener muy jodido, más que la generación de nuestros padres, y que más nos vale emigrar cuanto antes. Bueno, es una solución que contemplo, aunque no la tengo como requisito indispensable...
Esta semana me ha costado menos chapar, aún conservo memoria, que realizar el trabajo. Me sorprendió que, siendo tan locuaz en su clase, luego en las tutorías no supiera qué decir, ni de qué manera orientarnos. Así que lo he hecho un poco a mi modo y, si lo llega a leer completo, espero que sepa valorarlo. Es algo absurdo que el trabajo siempre lo mande sobre los mismos dos libros. Año tras año, ¿no se irán agotando los temas posibles? En fin. Ahora os dejo. Aún me quedan algunos folios y acabar con la cansina de Sor Juana y todos sus peloteos a las diversas virreinas, siempre comparadas con Venus. El lunes veremos qué depara esto.

miércoles, junio 09, 2010

La Oreja de San Juan.


Andan por las redes sociales quejándose (al menos aquellos que no tienen tanto que estudiar como yo) de lo paupérrimas que van a ser las fiestas de San Juan y San Pedro este año en León. Tienen su razón, pero no es menos cierto que, cuando hay que ahorrar, se debe empezar por lo prescindible. Quien quiera buenos conciertos, tendrá que pagárselos, y la gente parece más dispuesta a eso antes que a comprar discos. De hecho, el precio de algunas entradas es absurdamente alto, no es de extrañar que Miley Cyrus no lograra abarrotar el Rock in Rio, aunque vacío no es que estuviera... Ella, al margen de ser fenómeno infantil, es aún una recién llegada.
Yo he asistido a conciertos en los que no me ha importado pagar, ya sea un precio más bajo, como Lantana, o más alto, como Franco Battiato. Hace bastantes años estuve a punto de ir a ver a Mónica Naranjo, cuando aún estaba de moda, incluso tenía ya mi entrada junto a un grupo de amigos; pero Mónica hizo un feo a los leoneses y ahora, tras su especie de resurrección artística, no tengo intención de ir a verla, ni gente con quien asistir. Por casualidades de la vida nunca he ido a La Oreja de Van Gogh, no con Amaia Montero en el equipo. Como no todo va a ser malo, parece que el Ayuntamiento me dará la oportunidad de hacerlo gratis la víspera de San Juan. Por exámenes no será, ahora lo que necesito es encontrar voluntarios dispuestos a acompañarme. Si no lo consigo, eso podrá significar dos cosas: o bien que mi vida social aquí es pésima, o bien que mi gusto musical no es muy compartido por la gente que aquí conozco. Descarto lo primero, y veo más probable lo segundo. De todos modos, aún queda tiempo para indagar y supongo que mi primo y abrasador Juancho me invitará a la fiesta de su cumpleaños y onomástica. Ya os informaré si hay avances, por ahora solo me queda esperar mientras llega el examen del lunes, con su batiburrillo de colones, cabezas de vaca, incas y monjas, y también espero una nota en la quizá tengo más esperanzas de las que existen. Espero dar novedades pronto, y que sean para bien.

lunes, junio 07, 2010

Chica de ensueño, criaturas de pesadilla.


Ayer, aunque solo fuera por hacerme compañía ahora que estoy momentáneamente solo, me puse a ver el concierto de Miley Cyrus en Rock in Rio. Me quedé estupefacto, la verdad. Tenía la idea de que sería una puritana integrista como los hermanos Jonas, pero salió a escena, muy desarrollada para su edad, muy ligera de ropa y arrastrándose por el suelo enseñando su generoso escote a cámara. ¡Ohú! Bueno, en una entrevista que leí decía ser una persona muy espiritual, pero que creía que se debe respetar a todo el mundo, ya que su mejor amigo es gay (tópico) y es su peluquero (tópico al cuadrado). Sí, parece que quiere cambiar su público infantil por uno al estilo de Lady Gaga. Como sea que aparenta unos cuantos años más de los que tiene, eso restó indecencia al hecho de que me excitara ligeramente.
Tras ese receso frívolo, me puse a ver una película recomendable, y que se podría arrojar como proyectil a la cabeza de Jiménez Losantos, César Vidal y demás engendros cósmicos, mucho más temibles que el universo de Lovecraft en el que esta historia se inspira. Se llama La herencia Valdemar, es un filme español, rompedor de tópicos. No ha recibido ningún tipo de subvención, y no es precisamente de presupuesto bajo. Es una película de género, terror clásico, apolítica por completo. Y, como nota sentimental, fue la última de Paul Naschy, uno de los iconos de nuestro terror. Es un producto de buena factura, digno y trabajado, si acaso lo más chusco es ver cómo personajes históricos ingleses son interpretados por actores españoles, hablando en español... Pecata minuta. Lo malo es que la película se divide en dos partes, y acaba in media res, habrá que esperar a ver cuándo se estrena la segunda, que incluye, entre otras localizaciones, nuestras cuevas de Valporquero.
En fin. Pese a lo dicho, durante la jornada de ayer estuve preparando el próximo examen, cosa que seguiré haciendo hoy en la medida de lo posible, así que nos veremos cuando sea conveniente.

viernes, junio 04, 2010

Adiós, Tercero.

Advertí no en vano a comienzos de año que iba a bajar el ritmo de las entradas del blog, pero creo que la causa lo merece, como veréis en unas líneas. Hay motivos para el regocijo. En primer lugar hoy ha sido el último día de clase de Tercero. Bien es cierto que no estaré en Cuarto, a efectos prácticos, hasta que no realice ese lejano examen del 14 de septiembre; en todo caso me siento más lejos de lo que nunca haya llegado. Ya tengo dos notas y, aunque sea difícil decirlo sin parecer pedante, las dos son la misma: 10, Matrícula. No tiene tanto mérito sobresalir cuando es en asignaturas que me apasionan tanto como estas, Teoría de los Géneros y Literatura Comparada. Eso sí, dudo de que el final de las notas sea tan bueno como el comienzo. Siempre hay que hacer sacrificios, soy consciente de ello... No me dormiré en los laureles, esta tarde vuelta al tajo a revisar un trabajo con el que finiquitaré la tercera materia de la ronda. Solo deseo que a partir del 18 pueda tener más tiempo que dedicar a mi querido blog y a mis queridos, je, je, cerdos. Gracias a todos por haberme acompañado en esta singladura, de rumbo incierto al principio pero ahora ya muy asentado.