viernes, junio 15, 2007

Escritura interruptus


Ayer concluyó la ronda de contactos para valorar la sinopsis de El desafío, y ha gustado bastante. La última supervisión la realizó su inspiradora, y aunque ella me dio la idea, luego me lió de manera que hoy me ha sido imposible trasladarla al papel. Lo comido por lo servido, ah!

No hablo de ella, que a fin de cuentas también escribe, pero me cuesta soportar a cualquiera que menosprecie la tarea del creador. Si, los comentarios del blog los puedo escribir con los ojos cerrados, pero ahora estamos hablando de otra liga.

Esto es más que un relato, no se si llegará a novela corta, según cómo cuadre, pero en todo caso continua otra novela de hace años, y debe marcar distancias. Yo juraría que ayer, que volví relativamente pronto, no fue una de esas noches matadoras, en cualquier caso me he visto incapaz para empezar el relato con las ideas que, eso sí, sí me surgieron en el día de hoy, cuando César está leyendo un poema de Allen Ginsberg y las reflexiones que le producen. Para mí escribir es un placer. Y una necesidad. Pero no lo puedo hacer a la ligera, según lo que vaya a escribir. Podía llegar totalmente muerto al Rodilla, al Corte, al otro. Se resentía, pero podía hacerlo. Esto es otra cosa. El que se haga sentado y sin horarios no le resta mérito. He tenido la gran suerte de que este proyecto me haya venido sin que nadie lo esperara, pero requerirá más tiempo del que en principio pensé. Para bien, desde luego.

1 comentario:

Hopewell dijo...

bueno, en gasómetro sobra creatividad por todas las esquinas... jejeje