lunes, julio 24, 2017

Contrapesos.



 La última semana sirvió, en ocasiones de forma inesperada y en otras más previsible, para compensar algunas contrariedades y decepciones que habían ido surgiendo durante el mes, cual si se hubiese establecido un sistema de contrapesos. El Cuñao del Mes quedó totalmente olvidado, anulado. He conocido, para mi sorpresa, a una persona más interesante y atractiva en todos los sentidos, todavía es pronto para sacar conclusiones pero el mero hecho de haberla conocido es un contrapeso firme y hermoso como un monolito. Y, después de que hubiera pateado las ferias frikis de Oviedo y Gijón en solitario, por motivos más luctuosos o más felices según cómo se consideren, en León siempre he dispuesto de más compañía a la hora de visitar el Level Up. Esta vez en el Auditorio, entorno noble pero que no tiene el encanto de la eterna facultad, la que siempre será mi facultad pues la de Oviedo no ha llegado a impregnarme de esa manera. Por cierto, aunque siga perteneciendo a esta última, pronto volveré a la de León aunque solo sea por rapiñar la biblioteca, saludar y consultar a mis antiguas mentoras y quizá inyectarme un poco de inspiración extra. La feria de este fin de semana fue, como ya sucedió el año pasado, más reducida que sus primas asturianas. Qué le vamos a hacer, no por ello le faltaban atractivos. En esta ocasión, la visita fue breve pero al menos sirvió para pasear mi careta-Kaneki, excesivamente calurosa para la época, y ganar en la tómbola unas gafas molonas, que solo valen para disfrazarse y con eso basta. 



Debido a alguna de esas estimulantes novedades de las que hablaba, he alargado un poco mi estancia, acortando de este modo mis últimos días de soledad monacal en el piso de Oviedo. ¿Importa eso? Mi idilio con Palmira Villa ha sido largo y ya va tocando a su fin. Los últimos acontecimientos hacen prever (esperemos) que mi regreso, pese a que nunca me fui del todo, va a gozar de elementos motivadores, además de otros que no hayan aparecido aún. Ahora solo falta vaciar mis habitáculos y desprenderse de muchas cosas. Estilo zen. Una mudanza siempre es un proceso simbólico, de ordenar y reciclar retazos. Me emociona y me distrae. Sí, me distrae del doctorado, qué remedio. Si el próximo, casi seguramente, último curso consigo lo que no logré los anteriores, imponerme un horario que no ignore del todo, confío en llevar a cabo un sprint final de esos que tanto me gustan.

lunes, julio 17, 2017

Cuñao del Mes.


El pasado fin de semana volvió a evidenciarse la diferencia de expectativas sociales entre León y Oviedo. Allí he pasado buenos momentos en este mes de julio, con la excursión al Naranco ya relatada o el hecho de compartir mesa y nuevas experiencias gastronómicas en un restaurante peruano, probando el ceviche y el pisco sour, además de en el Sushi San que tenía pendiente desde el inicio del curso. Hasta ahí lo positivo, porque en otras ocasiones ha habido cierto estancamiento que me ha llevado a embarcarme en solitario, de nuevo, en el Metrópoli de Gijón (no por ello dejé de disfrutarlo, ahí está la foto de arriba) o en la fiesta del Orgullo. Contacté con el colectivo que organizaba esta y me avisó para una posible presentación justo cuando acababa de regresar a León. Otra pequeña dosis de mal fario ovetense. En fin, podré conocer a esa gente de todas maneras, incluso cuando ya no viva allí. 
Así que estos últimos días, por contraste, todos ocupados por amigos y por gente nueva que difícilmente podría entrar en esa categoría. Merece la pena arriesgarse, en todo caso. En los últimos años he conocido bastantes personas nuevas y todo hace pensar que es el camino que debo seguir en el futuro próximo, no digamos ya si me voy al extranjero, donde sería una condición sine qua non. Respecto a la que me encontré fugazmente este sábado, a iniciativa suya, no se muy bien qué intenciones tendría aunque el camino me pareció un tanto erróneo. Ahora, después de la última tutoría con mi directora, ahora que debo comenzar mi particular tour de force sacando motivación de debajo de las piedras, que me venga un completo desconocido con comentarios de barra de bar totalmente demodé, viejos ya desde antes de que él naciera, pues en fin... Que sí, que sí, que las Humanidades no tienen futuro, que no dan dinero, que yo debería estar trabajando ya en la empresa privada (¿y si decidiese crear yo mi propia empresa?), bla, bla. Justo lo que buscaba una tarde-noche de sábado, una reposición de capítulos de teleserie vieja y barata. Al menos estuvo bien la pachanga al Trivial. Que yo perdiera, cinco a seis quesitos, no me importa gran cosa, dada la incubación catarral en la que estaba inmerso y, al menos, así habré podido agrandar unos gramos más su ego acorazado. 
Pues no. Hakuna matata, vive y deja vivir. Yo se perfectamente qué es lo que estoy haciendo, el tiempo dirá si me equivoco. Lo que nunca me imaginé encontrar, sobre todo según qué vías, es un espécimen de lo que se suele llamar cuñado. Lo nombro Cuñao del Mes y, como diría Jar Jar: Tusa ser muy pesao. 

lunes, julio 03, 2017

Arguyu y jira.


 He vuelto al Naranco, al Cristo. Diez meses después de mi primera visita, si aquella vez me hizo de guía sherpa el mismo amigo que vino conmigo ayer, en esta ocasión ya me conocía el camino y, además, fuimos dentro de una excursión organizada, no precisamente en soledad. Era la Jira al Naranco, una vetusta tradición recuperada este año, y me pareció un buen momento para decir adiós (o hasta pronto, nunca se sabe) al coloso encima del monte. Como no se puede tener todo en esta vida, el sábado por la noche se celebraba una fiesta del Orgullo (o Arguyu) en Lata de Zinc, un local que tenía ganas de conocer aunque no me quede precisamente al lado de casa. Logré compaginar ambas actividades, no siendo en todo caso la primera vez que uno el monte a la resaca. Podríamos hablar de monsaca.



 La fiesta estaba programada para que comenzara a las once pero no fue hasta las doce y media más o menos que la DJ se puso a los mandos, lo cual no ayudó mucho a que pudiera permanecer demasiado allí. Mereció la pena, en todo caso, ya no solo por el sitio sino porque, a diferencia de otras fiestas y bares de ese estilo, el ambiente me resultó más estimulante, tanto para alternar como desde una perspectiva de doctorando: más andrógino, más queer, en definitiva una bocanada de libertad que, imagino, trajo un poco del espíritu que aquella noche se estaba viviendo en Madrid.


 A la mañana siguiente, contra mis propios pronósticos, llegué a tiempo para que me dieran la gorra y pañuelo oficial, encontrarme con los amigos y comenzar con el resto de romeros (y romeras, si es que este término existe) la ascensión a los monumentos, con escolta policial y cortando la calle por segunda vez en una semana. En San Miguel de Lillo, una banda de gaitas nos hizo el pasillo de honor para iniciar la escalada más ardua, pero la más montañera en sí. Y gracias que hacía un poco de calor, que los días anteriores han estado revueltos. Llegué arriba con la camiseta chorreando, sí, pero el sol tampoco pegaba de forma excesiva. Hubo mucha suerte en la jornada, luego fuimos al prau donde nos invitaron a bollinos preñaos y culinos de sidra, y desplegamos nuestra propia merendola. Pan y vino para hacer camino, los bombones de queso azul que parecen interminables, snacks de lentejas, etc. Fue una jornada estupenda, de esas que recordaré una vez ya no viva aquí. En la medida de lo posible, quiero seguir en contacto con Asturias, no solo para el doctorado; también en una vertiente social, de posible colaboración con colectivos como el que organizó la fiesta, etc. Una cosa es que mis expectativas no se hayan cumplido del todo durante mi estancia y otra que pretenda romper todos los lazos y todas las circunstancias positivas de las que he gozado aquí. Desde luego que no.



viernes, junio 30, 2017

El Orgullo ha vuelto.


 En realidad, el Orgullo ya había vuelto a León el año pasado, lo vi pero no me quedé. Me arrepentí en su momento, claro que las circunstancias eran diferentes. De un año para otro se pasó nada menos que de unos treinta y cinco grados a veinte o así, suerte que no llovió. Y, del reducido entorno enfrente del Ayuntamiento, a un recinto más diáfano como el de Espacio Vías. Si algo bueno tiene el que, a diferencia de la edición anterior, la bandera no se haya izado frente al Ayuntamiento, es que el nuevo emplazamiento me producía menor agobio. Y, como centro juvenil, también transmitía algo simbólico. Bastantes chavalas y chavales se unieron a la concentración y manifestación, bastantes para lo que hubiera esperado. Eso siempre es una buena señal.





 Ahora mismo no pertenezco a ningún colectivo. Aquí tenemos Xega, con un correo que les mandé, no respondido y alguna tentativa de pasarme por la sede; allí está Awen, que organizó lo del pasado miércoles. He ido por libre a estos últimos actos, el del 17 de mayo en Oviedo, luego el festival de Avilés y finalmente el Día del Orgullo esta semana. Siempre he considerado la opción de implicarme más, algo que no sucede desde aquel Orgullo del 2012, el último en Botines y en el que incluso leí el manifiesto; no obstante, tal vez temí que la investigación de mi tesis, muy en relación con estas temáticas, fuera a verse algo resentida. No se, es complicado hallar un equilibrio. Aunque, quién sabe, quizá de haberme integrado en alguno de estos grupos no abandonaría la ciudad.




Al margen del activismo en colectivos y similares, siempre que pueda me uniré a este tipo de eventos. ¡Y que siempre puedan seguirse celebrando, especialmente en ciudades como León! Siempre son susceptibles de mejorar pero, ahora que yo lo veo desde la barrera, tampoco voy a criticar ligeramente su funcionamiento. Me gustó bastante, como revival, que nos juntáramos una pequeña representación de integrantes del anterior colectivo. El espíritu no ha cambiado. Y también que, a diferencia del año pasado, la manifestación sí cortara la calle. No soy muy dado a manifestaciones, pero así funcionan, ¿no? Terminamos en los sindicatos, as usual. Para concluir un día mágico, concierto de La Oreja con sus cometas en el cielo, un canto a la diversidad como la misma Leire señaló en consonacia con la semana del World Pride. 




Y, obviamente, no, no he ido al World Pride. Estoy en Oviedo, tiempo otoñal a ratos. Si llego a saber que en Madrid no iban a llegar a 30 grados... Lástima. Pero no, ya no iba cuando tenía piso y tampoco ahora. Todos los orgullos son necesarios pero el acto del pasado miércoles, además de celebración, tenía un aura ya como de resistencia. Me alegra haber formado parte de ella. Tanto de esa como de las pasadas, ya desde 2004. De eso sí que puedo estar orgulloso.

lunes, junio 26, 2017

Fiesta en el infierno.


 En esta noche de San Juan, finalmente, me uní al plan Candamia, plan outsider pero no por ello peor, como pude comprobar. En anteriores ediciones no había asistido, primero porque celebrabra el santo y cumpleaños de Juancho, invariablmente en el río junto al resto de marea botellona; cuando este tren etílico ya se nos pasó, coincidiendo en 2012 con el fin de mi carrera, los años siguientes no pude acompañar a la expedición dado que esta ni siquiera se puso en marcha por problemas meterológicos. Por suerte, el viernes hizo muy buen tiempo, calor primero y fresco de anochecida allá arriba. Portando las viandas, subimos una empinada senda por unos diez minutos, mereció la pena por las vistas y tranquilidad de las que disfrutamos posteriormente.



 Noche de bruxas, con el cielo se diría inyectado en sangre, aunque la cámara de mi móvil no pueda hacer entera justicia a la transición de colores. Y, por supuesto, tampoco tiene la resolución suficiente como para que hubiese retratado algunas de las estrellas, planetas o constelaciones que, en ese marco, pudieron percibirse mucho mejor que en la ciudad. Lástima que sea tan ignorante en ese terreno, casi todo me parecieron puntos blancos. Ya en plena noche, bajamos sin dar un triste traspié y regresamos a la civilización, por decir algo.



Eso por lo que respecta a la noche de San Juan. Al día siguiente, el plato fuerte consistió en el concierto de Fangoria; al menos para mí, porque al resto no le motivó especial entusiasmo. Yo no soy fanático, ni de ese grupo ni de ningún otro (empezando por la Oreja, que toca el miércoles), pero reconozco que me atrae por sus sanas dosis de petardeo, evidente entre el público, que a menudo esconde unas letras de buena calidad, así como el espectáculo que ofrecen. Y qué decir de clásicos como el A quién le importa, himno oficioso de un Orgullo que en León también se celebrará, por más que sea en versión mini. El directo valió la pena, incluso aunque la verdadera fiesta en el infierno se produjera al acabar, cuando se formaron varios tapones en las salidas de la plaza. ¡Vaya! Parece que toda la seguridad se haya reservado para el World Pride, donde también tocarán, desde luego. En realidad, el concierto fue solo el aperitivo para mí. Ya no suelo trasnochar, excepto cuando la ocasión lo merece, como fue el caso. Un par de cañas con los colegas, en la feria de la catedral y el Harvard, y luego una esperada cita, ya bastante postergada. Me faltó tiempo para apurar la noche. Y no deja de ser una ironía, porque venía de un fin de semana anterior en Oviedo que fue absolutamente tranquilo (de vez en cuando tampoco es malo de por sí). Si mi regreso a León tras la mudaza va a mantenerse en este tono, bienvenido sea. 



lunes, junio 05, 2017

Puesta al día en series.

Tratándose de mi experiencia personal, eso de ponerse al día resulta relativo. Yo, que ni siquiera he visto aquellas consideradas como las más grandes series de la historia reciente, o de la historia en general, soy bastante selectivo a la hora de engancharme a esas creaciones a las que, por lo general, hay que dedicar un tiempo mucho mayor que a cualquier película. Mi criterio de selección suele basarse en motivos que no tienen que ver con la calidad del producto o las recomendaciones críticas. Aunque, claro está, yo tampoco me desprendo de las llamadas fiebres virales. La semana pasada visioné al fin uno de los últimos fenómenos, Por trece razones. Hubiese preferido Por ocho razones, porque, con su ingenioso mecanismo narrador, considero pese a todo que no había motivos para alargar de tal modo una trama que no daba más de sí, al menos en su primera temporada, porque la segunda, como es obvio, ya está en marcha. 
Más allá de las modas, esta serie me resultaba muy interesante por su temática, en buena parte relacionada con mis investigaciones: adolescencia, machismo, acoso y abuso sexual, etc. Y en el terreno LGTB, hallazgos como ese personaje lésbico en el armario pese a tener dos padres, o el personaje gay que, a diferencia de otros que en la serie tienen la misma orientación, se escapa de estereotipos. De nuevo, como en tantas otras películas pero con un tono más trágico, el sistema grupal de los institutos de Estados Unidos se recrea para llevar a la perdición a su protagonista, quien, pese a su sensibilidad como escritora y su personalidad propia, se verá empujada a querer integrarse de cualquier modo posible, sufriendo esas trece razones que la llevarán a un final que ya se nos muestra desde el principio de la historia. 
Y, si el tema LGTB se mostraba en esta de forma secundaria, no es el caso de When We Rise, miniserie del creador del filme Milk que, de hecho, vuelve a recrear la historia del famoso activista de San Francisco, desde otro punto de vista. Varios personajes de diverso género, raza y orientación (eso sí, no hay que buscar bisexuales aquí) van trazando su trayectoria desde su juventud, en los años setenta, hasta el momento actual, desde la eclosión del Castro en la ciudad de California hasta la victoriosa lucha por el matrimonio igualitario durante el gobierno de Obama.  En muchos momentos me pareció estar viendo una plasmación de la bibliografía que he ido incorporando a la tesis, con motivos ya conocidos como las divisiones de feministas más institucionales vs. feministas lesbianas, de gays vs. lesbianas, etc. Pero, claro, no obviando la aniquilación del VIH durante los ochenta, que consiguió la unidad frente a la masacre. 
Del mismo modo que ocurrió con la película sobre Milk, Dustin Lance Black y Gus Van Sant vuelven a crear un relato, sobre todo, motivador. No hace falta decir que no es lo mismo ser activista en el Castro, o en Chueca, que en ciudades como León u Oviedo pero, al completar la serie, pese a su carácter previsible que ya imaginaba, me entraron ganas de seguir con su espíritu. Aquí prima el mensaje sobre la calidad, aunque cuenta con interpretaciones muy potentenes y momentos de emoción pura.  ¿Puede haber una serie mejor para el mes del Orgullo? Yo ahora, después de haber superado de forma muy positiva el comité de seguimiento (yo no estaba muy convencido pero si lo dice el comité...), acabo de retomar la escritura de la tesis, dentro del plan para el verano pese a que la estación no haya comenzado aún. Desde luego que introduciré referencias pertinentes a estas series y, aunque deba ahorrar tiempo, también voy a darme algún capricho friki como la segunda temporada de Ataque a los Titanes, además de otras series que asimismo están en muy estrecha relación con mi trabajo, como El cuento de la criada o Sense 8. Volveré sin duda por aquí para comentar algunas de ellas.

miércoles, mayo 31, 2017

Día Cero.

Vivo sin vivir en mí, como dicen, con inspiración mística, en la canción con la que he titulado esta entrada. Y es que vaya sobresaltos. Ahí está lo de la comisión de seguimiento. En dos años, ha pasado del 25 de julio, con el abanico a cuestas, al dos de junio, que también imagino hará calor pero igual nubladejo como hoy. A este paso nos la ponen en Semana Santa. Por suerte, ya he enviado el informe y lo ensayaré como un histrión para su defensa. No estoy satisfecho. Este curso podría haber dado mucho más de sí. Me he dejado distraer por cuestiones que no venían a cuento y en las que nunca debí caer. Con todo, la tesis ha seguido avanzando, al coste de la prórroga, que yo nunca quise solicitar. No importa. Siempre se está comenzando, ¿no? Hagamos el día cero, tabla rasa y a darle caña hasta el traslado a la ciudad que vio nacer este proyecto. Si allí no resucita, entonces ya entraremos en cuestiones fuera de mi entendimiento. Tiremos el dado de nuevo.

jueves, mayo 25, 2017

La bella y la bestia / Princesitas.

Hace una semana visioné finalmente la nueva versión de La bella y la bestia de Disney, que, como imaginaba, resulta innecesaria a todos los efectos salvo en un lógico campo: el económico. A la vista de la recaudación, en ese sentido la traslación era bastante justificada. ¿Alguna novedad relevante, pues? Las hay, desde luego, puesto que, aunque la historia sigue casi paso por paso el original de animación, el metraje se ha incrementado del mismo modo. Aunque un filme de esta clase no necesitaba publicidad adicional, surgió en su estreno una absurda polémica sobre el que sería el primer personaje gay oficial del estudio. Oficial, claro, porque extraoficial se me ocurrirían unos cuantos. ¿Y quién sería este, que provocó la reacción histérica de algunos gobiernos que se dirían afectados por una severa represión sexual? Bueno, en el filme se dan pistas. Ya en el original aparecía la relación entre Gastón y LeFou, siendo sospechosa la admiración de este último hacia su colega, símbolo de la hipervirilidad atrofiada. En la nueva versión aparece fugazmente otro personaje cuya única función parece ser crear un momento equívoco con LeFou justo cuando la historia va a terminar. Metido un poco con calzador. Si de verdad quieren ser pioneros en eso, más vale que en el próximo intento introduzcan un personaje de verdadera entidad. 
Por lo demás, el nuevo añadido, a priori, tendría que ver con una actitud más feminista por parte de la princesa (aunque de princesa no tiene mucho, salvo al final por casamiento), no en vano la actriz que se encarga de interpretarla también es famosa por sus reivindicaciones feministas. Ya se sabe que Bella es criticada por leer en un pueblo en el que la gente resulta especialmente supersticiosa y necia, en este filme se subraya la educación como una manera de progresar socialmente y apartarse de la mediocridad general. El problema, obviamente, es que la historia no deja de ser un cuento de hadas. Y de los tradicionales. No es Frozen. Con todos sus deseos de independencia, al final se casa no con una bestia sino con un príncipe tan viril como Gastón pero redimido por el amor. El amor romántico, ese que ahora se cuestiona pero quien más o quien menos ha crecido con el influjo ideológico de estas historias. La moraleja del cuento es que no se deben despreciar las apariencias pero, a diferencia de lo que pasaba con el pobre Quasimodo, al final tanto la vieja vagabunda como la bestia se convierten en seres bellos, dignos de admiración. El príncipe desprecia y debe pagar por ello puesto que el desprecio (que la mayoría de la gente hemos otorgado y /o padecido) en ocasiones se vuelve en contra y nos explota en la cara. El príncipe paga convertido en bestia pero al final vuelve a ser el príncipe azul característico, esa figura idílica que tanto daño psicológico ha causado en tantas niñas (y no solo niñas) que se aferran a ese ideal incluso ya traspasada con mucho la infancia. Ellas mismas se convierten en princesitas y sufren de princesitis, un síndrome difícil de extirpar. Y pese a todo... Sigo siendo deudor de muchos buenos ratos gracias a Disney y esta clase de historias. En este caso, me quedo con la original. Entonces la vi doblada, porque no había otro remedio, y ahora la vi en versión original puesto que soy otra persona distinta, no se si peor o mejor. Con todo, por supuesto que yo mismo cantaba en español: Qué festín...

domingo, mayo 07, 2017

Día de la Madre.



Ha resultado toda una inspiración el libro del monje zen Thich Nhat Hanh que casualmente encontré en la mesa de intercambio de mi facultad el Día del Libro. No es que pueda suscribir todo lo que dice... Eso de que no se debe probar una gota de alcohol, je, je, vaya con el Hanh. Radical en exceso, como en su valoración de las películas violentas. A mí me gustan y no por eso he sido violento en este piso, ya lo he demostrado. Lo que sí me llegó al corazón, como si ese último capítulo hubiese sido escrito para mí, fueron unos fragmentos llegando ya al desenlace. No encuentro mejor reflexión para un día como hoy que esas palabras ajenas. 
Dice el autor: Incluso el día en que nuestra madre fallezca será un día de continuación, ya que seguirá perpetuándose en muchas otras formas. Hablando de una amiga suya que estuvo cuidando a su propia madre de 93 años, recuerda las palabras que ella le dirigió a la misma: Este cuerpo no es solamente tuyo, tu cuerpo es mucho más grande (...) En nuestro interior tú permaneces muy viva (...) En tu juventud fuiste capaz de enseñar a mucha gente a cocinar y a hacer muchas otras cosas. Hiciste feliz a la gente. Ahora estamos haciendo lo mismo, continuamos la labor que tú empezaste. 
Prosigue Hanh: Esta es una meditación sobre el no yo. Ayudó a su madre a ver que su cuerpo era tan solo una pequeña parte de su verdadero yo, y ella comprendió que cuando su cuerpo fallezca, continuará manfiestándose en muchas otras formas. ¿Quién puede decir que tu madre ha fallecido? (...) Cuando sientes a tu madre en la dimensión última, ves que ella continúa aún en ti. Lo mismo ocurre con una flor. 
Con una flor, sí, como la flor del Naranco con la que he querido ilustrar esta entrada. Me ha parecido tan apropiado este texto, tan en consonacia con el espíritu de mi propio poemario, que ahí lo dejo. El espíritu del renacimiento. El espíritu de la primavera. Eso es lo que de verdad importa. 

domingo, abril 30, 2017

Bookcrossing.


Ya señalé que el domingo, al ser día no lectivo, provocó que los actos del Día del Libro se trasladaran hasta el lunes en mi facultad. Actos humildes pero con buena intención y significado. Primero hubo un bookcrossing organizado por el Ayuntamiento, liberaron varios ejemplares por todo el campus del Milán y yo me quedé con un best-seller fantástico, sobre hombres lobo, al que no auguro excesiva calidad literaria pero que me servirá para seguir practicando inglés hasta que lo lea y lo libere de nuevo. En la puerta del aulario, una asociación de alumnas y alumnos (yo solo vi alumnas atendiendo) montó una mesa con libros para intercambiar por otros o por un donativo, además de ofrecer tapas veganas y bebidas. Yo les ofrecí un par de ejemplares de mi poemario a cambio de una obra de un monje zen al que hasta entonces no había leído pero tenía ganas. Aceptaron de buen grado, desconozco si alguien se interesaría a posteriori por mi humilde obrita. Más tarde hubo una timba poética pero a eso ya no me quedé. Una cosa es que siga teniendo inspiración para escribir poesía, y de hecho ya he indicado en el otro blog cómo he comenzado otro poemario, pero eso no significa que me vea con el ánimo de recitar en público. Al menos por ahora.



Después de dejar el puesto (donde luego me llevé un poco de tortilla vegana a cambio de un donativo), liberé, tal y como tenía previsto, yo mismo tres ejemplares en diversos puntos del campus. El más simbólico, ya lo creo, fue esa especie de jardín zen que hay en el mismo. Alguien se lo llevó, confío no fuera quien se encargara de la limpieza. Abandoné otro en el aulario y uno más en el pasillo del departamento de Filología Inglesa y Germana, por eso de que ha sido uno de los enclaves de más peso a lo largo de mi estancia. De allí, como sea que no es un lugar tan transitado, no se lo llevó nadie. Ahí quedó, de todas maneras. Por la tarde, se lo regalé dedicado a una de las personas a las que he conocido durante este curso, al igual que ya había hecho con mi compañera del tándem. En consonancia con la filosofía del libro que obtuve del maestro zen, puedo decir que, aunque no todo haya salido como yo esperaba, he sido afortunado al conocer a gente de bastante interés este año. No descartemos seguir haciéndolo, incluso cuando ya no viva allí. A mí mismo me dije que el curso tercero tendría que ser el mejor de todos. Así ha sido, hasta la fecha, y el curso está a punto de concluir. Eso no quiere decir que yo haya visto aún lo mejor de Oviedo. Todavía es pronto para saberlo...

domingo, abril 23, 2017

Libros liberados.



El fatum, esos idus de marzo ya aludidos, se materializaron en abril (el mes más cruel), sin lugar para la sorpresa. Ha habido consecuencias y las habrá, es algo que he podido comprobar este fin de semana que concluye hoy con el Día del Libro. Con eso de caer en domingo, algunos eventos se retrasan hasta mañana, como uno que tendrá lugar en mi facultad y en el que quizá libere algunos ejemplares de mi poemario. Total, para eso están los libros, para ser liberados y recorrer mundo. En esta efeméride de nuevo la balanza se descompensa y me paso un poco en cuanto a la adquisición pero, en fin, cuando encuentras tres buenas compras por tres euros es normal caer en la tentación. No se cuántos de los libros que tengo en este cuarto sobrevivirán a la mudanza. Bastantes, ya lo creo, sobre todo aquellos relacionados con el doctorado. Se puede hacer hueco para libros aunque sea debajo del colchón, como hacía Jeanette Winterson en un intento vano de salvaros de la pira incendiaria a la que iba a destinarlos su madre. 
Una lectura en francés para seguir aprendiendo y practicando, ese Paris Insolite que seguro que me retrotraerá a esa ciudad que espero volver a pisar en el futuro, por parte de un autor bohemio y vagabundo a un tiempo. Lo completé con buena variedad, las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma y las Vidas Paralelas de Plutarco. Desde luego que merecen más la pena esos clásicos intemporales que otras obras contemporáneas que de obra igual solo tienen el título. En un puesto para la defensa de los animales encontré un ejemplar, en cierto sentido, bastante bestia, que no engañaba al contener en su título algo así como Del bar a la cama. Era un manual de seducción de hombres hacia mujeres, ya se sabe que estas cosas van por modas literarias pero esta clase de supuesta literatura no debió tener mucho éxito porque cada poco me encuentro con libros así tirados de precio y escritos (obviamente) por hombres que presumen de haber dado placer a cientos o miles de mujeres, etc. A mí me pareció más bien un catálogo de lugares comunes pero, en fin, quien encuentre consuelo en esta pseudociencia de barra de bar pues tampoco perderá mucho tiempo en repasar sus textos breves y sus dibujos de posturas sexuales, perritos cachondos y demás. Yo prefiero unos verdaderos manuales de sexualidad femenina como los de Serrano Vicéns o el Más allá de los labios de Leonelli, bastante más útiles de leer que esas filosofías de gañanes. 
¿Cómo era eso de que no hay libro tan malo que no contenga algo bueno? En el caso anterior, seguro que me hubiera echado las risas con él pero ya había comprado demasiado. Mañana se presenta un día interesante pero no echemos campanas al vuelo. Lo mismo pensé del jueves y al final me metí una hostia literal, cayendo al suelo y con el brazo lesionado para todo el fin de semana, suerte que pueda estar escribiendo esta entrada. ¡Feliz Día del Libro! 

domingo, abril 16, 2017

Todo lo que fuimos.


 Concluye la Semana Santa, que el año pasado fue partida en dos de modo brusco y en el presente ha transcurrido a medias entre Oviedo y León. En ambos lugares hubo limonadas y, de fondo, procesiones, aunque, desde luego, hubo que llegar aquí para que el calor y el gentío, dos de los factores que más me desagradan, se hicieran fuertes en la plaza. Mejor que la lluvia, supongo, al menos para las terrazas. He salido todos los días (no hablo de este, los planes aún no están maduros y pueden corromperse), hasta horas razonables, la medianoche o poco más. La costumbre de trasnochar se va perdiendo aunque, ya lo creo, sigue habiendo excepciones tanto aquí como allá. No es algo sistemático, depende del entorno y de cómo este evolucione. Tomemos el caso del Jueves Santo, quizá la peor noche del año para salir. Esta vez, birras por la Palomera, a donde no llegaba demasiado bullicio pero sí masas ávidas de repostar bebida. Qué se puede decir de un evento que en Asturias se anuncia como San Genarín y se oferta como un paquete de parque temático. Ahora me puede desagradar, pero muchos, o todos, estuvimos allí también, por ejemplo en esa Plaza del Grano vallada para la ocasión. Allí nos juntamos, vomitando si era necesario en tan insigne lugar. Ya pasó la época, ahora solo queda enfrentarnos a todo lo que fuimos, algo que en este curso ya (por fortuna) moribundo he tenido que afrontar muchas veces, de modo directo o indirecto. Noté que me faltaba algo. Quizá podría haber alargado la noche, pero seguí la misma estrategia que en Oviedo y poco puedo arrepentirme de ello. Como recompensa, al día siguiente volvimos al mismo pueblo que nos acogió en Navidad. A riesgo de despeñarme, trepé hasta hacer las fotos que ilustran el texto. ¿Hubiera sido capaz con un cuerpo destrozado por la noche? Habrá que reservar algunas neuronas para cuando meta el turbo en la escritura. Salut!




domingo, abril 09, 2017

Mosquitos, moscones y martillazos.

Es esta una semana de muy malos recuerdos pero que, no obstante, se ha celebrado, en su primer tramo, en un clima lo más positivo posible, en compañía de gran número de familiares y también algún amigo. El regreso a Oviedo, por otra parte, comenzó de manera un tanto nefasta. Este piso, que entre sus valores siempre ha ostentado una tranquilidad casi monacal, se veía perturbado por unas obras en el piso de al lado, posiblemente para ponerlo a la venta. Martillazos incluso un sábado por la tarde. El día en que la sinfonía se hizo más machacona, creí descansar ya por la noche al acostarme cuando un zumbido me pasó rozando la cara. ¿Un mosquito? Un poco pronto para eso, ¿o no? Lo curioso es que me pareció verlo apoyado en alguna pared de la casa y lo dejé ahí con absurda misericordia, pues luego me dejó su impronta en diversas partes de mi anatomía, desde el cuello, prototípica marca vampiresca, hasta el tobillo. Habrá huido o habrá muerto de empacho, el caso es que no he vuelto a tener noticas suyas. Debería de haberle enseñado también la filosofía a martillazos, tal y como predicaba Nietzsche, a quien estoy leyendo en estos días. Prefiero las mosconas y moscones enormes que suelen entrar por la terraza y que, pese a su ruidosa presencia, al menos son inofensivas. 
Presencias extrañas en el hogar y otras que se van materializando, espíritus informes que toman carne, ¡y menuda carne! Ahora, el silencio. La Semana de Pasión me encuentra en soledad aquí, por algunas jornadas, antes de regresar al tumulto de los papones y las limonadas (que aquí también se ofertan). En Oviedo hay menos tradición procesionaria, aunque no faltaran palmas de todos los colores hoy a mediodía. Y si el tiempo acompaña, para qué hablar. A mí en cambio me provoca cierto sopor, coincidiendo con el final de una semana que trae muchos momentos para rumiar, también como diría Nietzsche, y recuerdos al asalto, algunos muy lejanos ya. Suerte que puedo concentrarme para escribir en el blog, pero a los temas corporales les cuesta, de hecho, tomar cuerpo en la tesis por ahora. Llegarán, todo a su tiempo. Ay, el cuerpo... 

lunes, marzo 27, 2017

Cometcon.


 Sí, los idus de marzo han mostrado, de nuevo, su peor cara y es por ello, aparte de por otras razones más peregrinas, que tuve que ir en solitario a la Cometcon. No me sentí demasiado solo, no obstante, sino parte de una comunidad no tan minoritaria ni tan alternativa. Yo que me reía de la venta anticipada, porque el año pasado no la necesité para cualquiera de las ferias visitadas, ni hubo necesidad de tragarse cola, me planto alli el viernes y me topo con una señora cola que me llevó tres cuartos de hora. Eso sí, ya pillé la entrada para el domingo de paso. El viernes se desbordaron las previsiones y, entre que llegué tarde y la cantidad de gente, no permanecí demasiado allí, lo suficiente para dar una vuelta por los stand, ver el recinto en general incluyendo el auditorio y adquirir algunas fruslerías, tentempié de lo que iba a gastar (para bien o para mal) ayer.


Desde que estuve en la Expotaku con el mismo amigo que no pudo acompañarme a esta, bastante he avanzado en terrenos del frikismo no visitados (o poco visitados) hasta entonces. Ya en Gijón me tocó el póster de Tokyo Ghoul y comencé a ver el anime y luego a leer el manga, agotando ya la mitad de la serie y quizá luego compre el octavo volumen. Es mi buque enseña. Como se podrá comprobar en breve, mi primer atisbo de cosplay lo he llevado a cabo a imagen de Ken Kaneki, el protagonista, medio ghoul y medio humano. Un híbrido, y de eso estoy tratando mucho en la tesis. Aparte de ese manga, de tipo fantástico, también he leído yaoi, un tipo de historias de amor entre chicos, bastante castas (por lo general) y que suelen tener éxito entre jóvenes lectoras pero para mí me sirven tan bien como su reverso, las yuri, de amor entre chicas. Ayer adquirí un yuri, no exactamente del tipo purista japonés pero bastante inspirado en ese género. Arriba está la portada, que al menos muestra mujeres con curvas. Además, me lo dedicó su guionista, presente en el evento.



 La verdad es que ayer me lo tomé de un modo bastante más relajado. En un principio pensé en asistir los tres días pero el sábado hubo lleno total y lo único friki que llevé a cabo fue conseguir (a duras penas) la figura de Yoda que me acompañó como amuleto en la feria. Ayer me quedé a comer allí, tras descubrir finalmente el bar. Hacía un día estupendo, tras el cambio de hora, estuve en la terraza con mis ramen y la bebida abstemia que se imponía allí (why?). Con todos los palillos que hay en este piso, resulta que se habían quedado cortos y hubo que comer los fideos con tenedor. Sacrilegio. Y sacrilegio doble eso de no tener té. ¿Pero no era un evento japonés hasta las cejas? De todos modos, repuse fuerzas bien para seguir trotando y gastando. Algunos gastos pretendo amortizarlos, eso sí.



Esta máscara de Kaneki, que da un calor considerable (prefiero no pensar en el verano), me servirá una vez me haya puesto una peluca negra o blanca, según el grado de evolución del personaje. Y si no, también vale para una pseudo-versión de las sombras del Grey. Conste que yo quería unas orejas de gato pero no, yo solo no tenía gracia en absoluto. Para otra vez. La última parte de mi estancia la pasé en el auditorio, entre una pasarela de cosplay y un concurso de baile. No tuvo nombre observar a hombretones vestidos de guerreros al ritmo, no entendí bien por qué, de Beyonce. Da igual, una atmósfera queer se extendía por todo el evento y es por ello que ir a esos sitios me gusta el doble. Son los lugares con más banderas del arco iris después del Orgullo. Se nota un ambiente de inclusión, de respeto y libertad en pocas palabras. 



 De este modo, me alegré de asistir y, a la vuelta, ya pude quedar con el colega y darle algún souvenir, no fuera más que una chapita o algún método profiláctico dispuesto gratuitamente (¿frikis y sexo?). Cogí un folleto de la próxima feria, el Metrópoli de Gijón, aunque la mujer que los repartía no tuviese a bien ofrecerme uno. Se retrasa, así que no coincidirá con San Juan y San Pedro en León. Doy casi por hecho que pueda ir y, respecto al año que viene, no seguiré viviendo en Oviedo a menos que cambien mucho las tornas. En todo caso, eso no significa que no pueda repetir en la Cometcon, sea con alojamiento o no. Cada vez le tomo más gusto a estos eventos y no descarto ni participar de modo más activo ni que en el futuro pueda haber alguna posibilidad de ampliar horizontes laborales o creativos por esa vía.




sábado, marzo 18, 2017

Vuelven los idus de marzo.

Y solo hará falta rememorar las entradas de este blog de hace un año para constatar que entramos en una quincena dolorosa... A partir de mañana. Hace ahora justo un año, el 18 de marzo estaba yo tan alegre por haber recuperado Ponferrada como tierra en la que se puede ser feliz, aunque sea fugazmente, jamás pude esperar que de aquel paraíso natural, que los hay aparte de Asturias, iba a entrar en una deriva que todavía hoy pretendo sanar. Y hoy, hoy mismo los idus de marzo vuelven a amenazar con peligros muy similares a los de entonces; ahora no me afectan a mí personalmente, pero sí a una de las personas más queridas que tengo en Oviedo, una de las que más han facilitado mi estancia allí. Ojalá la primavera le traiga noticias favorables. Y si no, tendremos otro motivo para hermanarnos, uno de aquellos que preferiría desechar. Sea como fuere, allí estaré para dar fe de la verdadera amistad, esa que ha surgido durante estos años de cuando en cuando, quizá como contraste con otras formas que lo parecían pero que al final se quedaron en una superficialidad tan inane como la que los tiempos corrientes suelen fomentar. No temo ya la llegada de la estación del supuesto renacimiento.

martes, febrero 28, 2017

Sunlight.



 Este domingo regresé a Gijón. ¿La excusa? Bueno, me gusta esa ciudad y está a media hora en bus, pocas excusas necesito. Por otro lado, mi primera parada fue a la biblioteca y resultó fructífera. Hacía un día estupendo, un domingo de carnaval con mucha gente disfrazada. Incluso las estatuas, como se puede comprobar con la foto Don Pelayo Leia de abajo. Para no pisarse las fiestas entre sí, en Oviedo se celebrará el próximo fin de semana. No me importa perdérmelo, yo nunca fui de disfrazarme (salvo en los cortos, faltaría más). Paseo por la playa, incluido el triclinium sobre estas líneas.



 De ahí, justo enfrente, tapa en la Compe, tapa triple en comparación con la leonesa, y birra en la librería La Revoltosa, que siempre tiene buenos ejemplares relacionados con la tesis si bien no adquirí ninguno. Se iba haciendo un poco tarde para comer, me dieron con la puerta en las napias en el Pecaditos (su concepto low-cost se extendió a los modales y no tengo previsto regresar allí) y, rara cosa en mí, decidí tomar un helado, en febrero, sentado bajo el raro buen tiempo que hoy ya se ha estropeado. Tras un té en el bar biológico, me gasté lo que había presupuestado de comida en, claro, la Casa del Libro (ahora recuerdo que en Madrid me hicieron una entrevista allí y me botaron, pero no por ello he alargado el boicot al igual que tampoco lo hice con la Fnac).



Al no estar este año en León para la ceremonia, no hubo opción de quedarse para los Oscar. ¿Hubiera aguantado, tras la pateada larga en Gijón, si ni siquiera aguanté hasta el final de Cuarto Milenio? Quién sabe. Si llego a saber que iba a haber sorpresa, todavía me quedo. Yo siempre tan oportuno. Me quedo en vela esperando que gane Brokeback Mountain, cosa que no sucedió, y el otro día ya imaginaba que la palma se la llevaría el musical, que está bastante bien pero no llega al nivel de Moonlight. Eso compensa en parte atracos pasados. Cierto que trata la homosexualidad de forma sutil, pero esa es la base de la película, la sutilidad, lo que no se dice, la ambigüedad y el silencio. Yo me sentí identificado y alegre de su accidentada victoria. Siempre podría verlo en diferido como el año pasado. Entonces tuvo gracia, ahora no la tendría en absoluto.

miércoles, febrero 22, 2017

Lágrimas.



Anoche vi, finalmente, La La Land. No, no estaré en León para los Oscar. Tampoco pasa nada, nunca fue una costumbre permanente. No quise visionar ese filme en San Valentín, eso ya hubiera sido sobredosis de romanticismo. Es una verdadera feel-good movie, de tan buen rollo que supongo que eso le dará el triunfo en la gala, por encima de una historia superior y mucho menos agradable como es Moonlight. A mí, más que la relación amorosa, me gustó la doble lucha por los deseos de cada cual. En eso sí me puedo sentir más identificado. De todos modos, no pudo levantarme el ánimo. ¿Cómo podría? Hoy es el aniversario de la persona gracias a la cual escribo estas líneas, el primero sin ella (bueno, al menos desde una perspectiva física). 
Al acostarme, no pude evitar que me vinieran las lágrimas. A lo largo de la noche, escuché otras lágrimas, aunque imagino provocadas por sentimientos diferentes, mezclados en el alcohol y en los efluvios que bien recuerdo de no hace tanto tiempo. Cuando desperté, las lágrimas todavía estaban allí. Es natural. Sin embargo, este día para el recuerdo debe ser para rememorar y continuar las virtudes y enseñanzas maternas: la tenacidad, la capacidad de trabajo, el entusiasmo, todo lo que necesitaré para terminar la tesis, de la cual entrego una parte hoy (si todo va bien, claro). Si alguna vez llego a ponerme delante del tribunal, sabré que, aunque me hubiese gustado que me acompañara ahí en presencia, sin ella jamás lo hubiera logrado. 

domingo, febrero 19, 2017

Amor y amistad.


No se por qué ambos conceptos se diferencian. Amistad es amor. El amor que yo entrego a amigas y amigos, además del que recibo por su parte, merece ser tenido en cuenta. Otra cosa es el amor romántico, la noción que tenemos de él, que de eso se supone que trata el San Valentín de esta semana. Si he de ser justo, debo decir que es una celebración a la que sí me he sumado en algunos momentos, ya sea de forma oficial o extraoficial. Este año, no. Ya se lo dije a mi compi Melissa: Books are my lovers. Me regalé uno, gasto nada baladí pues se trata de un libro de muy saludable lectura, y tomé unas tapas con uno de los mejores amigos que he hecho en Oviedo. Home, un plan más barato que una cena o una noche de hotel e incluso motel. Por lo que respecta al inicio de este año, Cupido (o Eros) ha usado más plomo que otra cosa. 
Así, a diferencia de ese amor tradicional que tenemos en mente, el de los bombones como el de la foto, las tartas y todo el merchandising que conlleva, yo celebré la buena amistad durante toda la semana. Hoy quizá también. Lo hice tanto en Oviedo como en León aunque en esta última ciudad, en la que las raíces son evidentemente más profundas, pudiera quedar ayer con siete personas en la misma jornada. No es este un mes fácil. Ha tenido lugar el pistoletazo de salida de un período de recuerdo, de todos los malos recuerdos del año pasado. Ante lo cual, he intentado mantener la concentración todo lo posible pero con un evidente ralentí en la tesis. ¡Suerte de prórroga! Como en las buenas películas que a mí me gustan, los últimos momentos del doctorado determinarán el éxito o el fracaso. Desde luego que la tesis es una prioridad, pero quizá no he sabido bien establecer un sistema de prioridades. 

miércoles, febrero 08, 2017

Beware the Slenderman.

Slenderman es un monstruo de los tiempos modernos, inseparable de la era cibernética. Allí nació y allí se ha desarrollado su mitología. Por desgracia, también puede ser una proyección nefasta en mentes jóvenes e influenciables como las que aparecen en el documental que lleva el título de este misma entrada, producido por HBO. Las dos niñas de doce años que apuñalaron, casi hasta la muerte, a su amiga porque se creían acólitas de Slenderman, quien las castigaría si no llevaban a cabo esa prueba, son el signo de una época confusa, en la que la empatía se está perdiendo a marchas forzadas. La misma sociedad (en este caso la americana) que llena de tabletas los colegios para que las usen los niños, también reacciona con afán vengativo contra estos infantes intoxicados por fantasías virtuales que no están dirigidas, a priori, a ellos. 
Al igual que en otras noticias, que sí terminan en masacres a diferencia de esta, nos encontramos con dos figuras que no encajan, pero que se tienen la una a la otra y encuentran una guía, un mentor en un personaje imaginario que representa la oscuridad pero, por otro lado, como se explica en el documental, también puede ser un símbolo de protección, de amparo. Por otra parte, la enfermedad mental mal tratada se presenta como un resorte que ayuda a poner en marcha la tragedia. Ante eso, un sistema judicial que las trata como adultas, más interesado en el castigo que en la rehabilitación. Eso no es nuevo, es una característica que ya hemos visto muchas veces reflejada en los Estados Unidos, no digamos ya en la época actual. 
El personaje de Slenderman es peligroso porque provoca fascinación. De hecho, esa fue la razón por la que tenía tantas ganas de ver el documental, tras descubrir la historia en Cuarto Milenio. Ahí es donde entra la necesidad de separar realidad y ficción. Y de canalizar la frustración que, en caldos de cultivo como estos, encuentra una vía de escape en la violencia. Leí un artículo hoy que advertía de la pérdida de empatía debido a la proliferación de las falsas amistades de las redes sociales, las falsas conversaciones y el miedo a la reflexión interna y la soledad. Sí, es muy posible. Yo (que tampoco es que tenga el nivel de empatía por las nubes) estoy notando este hecho del que hablaba el texto. Si a eso se le suma la oscuridad que cada persona lleva dentro de sí... Entonces la historia de terror se hace realidad. Como en el documental. Ahí no era el monstruo el que más asustaba.

martes, enero 31, 2017

Prórroga (II).

Desde el primer día de este mes resultó evidente que las rémoras del pasado año no se iban a despegar por arte de magia apenas comenzando este. En todo caso, siguiendo el razonamiento del último post, la situación ha mejorado bastante en doce meses. Lógico. Lo negativo suele tener su contrapartida positiva y, cuando algo es malo, resulta más sencillo mejorarlo. En la primera mitad de 2016 se juntaron circunstancias de variado pelaje, no todas funestas. También conseguí alguna meta establecida años atrás, tantos que ya no daba mucho por alcanzarla. 
Esta última semana de enero me he sentido un poco perdido por aquí. Por un lado, se presentaba una opción fuerte de continuidad en Oviedo; por el otro, esta misma parece haberse disuelto cuando aún no había asimilado sus posibilidades. Si me equivoco, lo haré notar. Pero puedo reafirmarme en que esa prórroga que nunca quise, después de que no necesitase prórrogas ni en carrera ni en máster, es una oportunidad impagable para poner en orden tanto el doctorado como todo el espectro que le rodea. Esto no es ni la carrera ni el máster. Esto tiene una entidad más etérea, mucho más posmoderna acorde con la materia misma que trata. Supongo que por eso me cuesta más. De todas maneras, línea a línea, el proyecto va aumentando y, con él, también un conocimiento no tangible, una vía que era, probablemente, lo que de verdad estaba buscando y para la que el doctorado podría considerarse mera excusa. Eso será lo que nadie pueda arrebatarme, al margen de cómo concluya este proceso.

viernes, enero 20, 2017

Prórroga.

Prórroga. Es feo de decir, feo de escribir, ¿cuál será la etimología de esta palabra? Puedo imaginarla pero el caso es que voy a tener que acostumbrarme a mascullar este vocablo un buen número de ocasiones, espero que en todas con la boca vacía. 
Como dije, ha sido una semana poco blue. De hecho, puedo afirmar sin ningún género de duda que, en la primera semana del año en Oviedo, mejoré un período de nada menos que seis meses, la primera mitad del pasado año  allí. Era uno de mis objetivos primordiales y se ha cumplido ya. En cambio, otro de mis objetivos ha caído de forma muy pero que muy previsible. Y todo por una falta de información, una falta de comunicación, una serie de impedimentos ya conocidos en este doctorado que comenzó con despropósitos desde el día uno. Y, ante todo, falta de cálculo. Yo contaba con poder defender la tesis dentro del marco de este año, vaya, que antes de Navidad sería posible. Pues no, resulta que como tarde tendría que entregarla en mayo para que, comisiones y toda clase de trámites mediante, pudiese defenderla en septiembre. Vamos que, aunque lo llevo a buen ritmo, hay que ir a la prórroga. Que, además, esto no solo depende de mi capacidad de escritura, sino también de cómo se desarrollen las pocas actividades obligatorias que me restan. Con el plan antiguo, podías eternizarte con la tesis; ahora, el proceso se ha boloñizado, sin que pudiese librarme. 
En todo caso, esto no solo me da oxígeno sino que, lo que me hace más ilusión, me permitirá tener la ocasión de reparar errores del año pasado, en el que no destaqué, precisamente, por mis dotes de clarividencia, tanto en asuntos doctorales como extradoctorales. Por lo demás, he conocido a una persona en mi misma situación de prórroga pero en otra especialidad. La conocí de modo inesperado, como ha sucedido con muchas personas importantes en mi vida, y quizá a través de ella pueda encontrar la motivación extra que me haría navegar con timón firme en el doctorado. Tendré que trabajar también en esto, de modo tan duro o quizá más que en mi investigación.

lunes, enero 16, 2017

Blue Monday.

Blue? En todo caso, grey. Oviedo vuelve a sus fueros y la lluvia nos visita a diario. Plomizo pero necesario, desde luego, mejor esto que la sequía. Solo me gustaría que la nieve visitase al menos el Naranco, para así poder subir y llevarme una estampa distinta de la que descubrí el verano. 
Este invento de Blue Monday se debe a varias ecuaciones, o algo así, que tienen en cuenta variantes como las deudas navideñas (que yo no tengo), los kilos ganados (yo no gané ninguno y he vuelto al gimnasio), el clima (al que estoy más que acostumbrado), etc. Todo para dilucidar que es el día más triste del año. Bueno, no para mí. Aunque, claro, soy privilegiado. Si Cuarto Milenio acaba más tarde de lo habitual por un programa nuevo con un sofá o no se qué, pues me puedo permitir levantarme más tarde que la media en lunes. Eso sí, me desperté con el recuerdo de haber soñado con una antigua pareja. Nunca recuerdo mis sueños; ese, por desgracia, sí. Quién sabe, cualquier día podría toparme de bruces con ella, en la vida real. En todo caso, la jornada se presentó, como contraste, con nuevas oportunidades afectivas, otras que continúan y diversos grados de belleza, que se van relativizando unos a otros. Una mañana interesante, considero. Con lluvia, frío y todo. 
Si acaso, necesito una cierta dosis de motivación para retomar la escritura de la tesis y ante ello bien me vendrá la tutoría de mañana. No hay depresión. Solo pereza. Pero, eso sí, el catarro ha remitido, que ese sí era buen valedor de cualquier actitud perezosa. Quizá hoy celebre el supuesto día triste buscando la última obra del amigo Víctor. Encontrarla sí que me haría feliz. 

domingo, enero 01, 2017

Silencio.

No solo es el título de la nueva película de Martin Scorsese, que tiene una pinta estupenda, sino que, en este nuevo año, me he despertado con el silencio, después del bullicio. Hay que ver cómo cambian estas fechas de un año, valga la redundancia, para otro. Ayer hubo una nochevieja necesariamente atípica. La cena y uvas muy bien; la salida, tras unos días algo chungo, trasnochadora en la línea de otras ediciones, sin churros ni leches ni ver amanecer. Poca gente pero buena compañía y buenos lugares, por lo general. No faltó Benito, con su siempre enérgico ejercicio de travestismo de tasca centenaria a garito latino con luces violetas. Y esta mañana, tras un sueño como siempre breve en esta jornada, el silencio más absoluto. Ni siquiera me despertó el concierto de año nuevo como otras veces. Lo puse yo y ahí sigue mientras escribo esto, después de que haya recogido los restos del naufragio en la cocina, recogiendo y bailando vals (o algo así). Por una vez, estoy usando este portátil como objeto en verdad portátil. Y con sus mismos boicots. El MacBook espera. Por lo que respecta al balance de nochevieja, momento del año que siempre se ha caracterizado por bastantes despropósitos, solo me cabe añadir que ha sido bueno y que, en todo caso, ha arrastrado tendencias ya vistas en el moribundo 2016, poca sorpresa y, si acaso, indican qué tipo de líneas divergentes podrían seguirse a partir de hoy. Y ahora, a disfrutar de la música (y de la tortilla de patata y los tigres supervivientes de ayer).