martes, diciembre 30, 2014

Alcanzar el cielo.



Hace dos años me encontraba a punto de encarar la última jornada del 2012, que había sido especialmente productivo y movidito, llegando a un 31 de diciembre en el que alcanzaría el cielo, o al menos un adelanto de la parcela que me estaba esperando. Suena a hipérbole, es cierto, pero así me sentía. Como aquellos que se envuelven en una nube tóxica y parecen flotar, mi felicidad en aquella Nochevieja (que fue tan multitudinaria como una Nochebuena) me hacía levitar de una manera cercana a la estupidez. Quien llega hasta el cielo también debe saber caer hasta el infierno, y algo parecido me sucedió la Nochevieja pasada. En realidad, no fue tan malo, pero no fue la mejor manera de disolver el recuerdo de lo que me había sucedido en el 12. Mejor disolvente es el champán (o el cava). Si es que mañana no tengo otro a mano... 

El cielo de León, tocado de cerca en la terraza del Conde Luna, nos sirvió de escenario para brindar el día de Navidad. Encuentro familiar y literario, con la intervención estelar de una gran figura de la literatura leonesa contemporánea, Martín (aunque habrá quien siga opinando que el cómic no es literatura en sí). El encuentro fue organizado por mi hermano Paco y, para que se vea la relevancia del ilustre invitado, recordaré (desconozco ahora mismo si ya lo mencioné en el blog) que él ilustró el catálogo de la exposición sobre el pop del museo Thyseen, que estuve visitando con Oli el pasado julio. Por supuesto, compré el cómic y él no solo me lo dedicó, sino que incluyó un dibujo original de su personaje, Bitch, que guardaré como oro en paño junto a otros libros dedicados. Y es que, ¡qué suerte tuve la semana pasada! Al de Martín debo sumarle un libro cuya existencia desconocía y, por ello, la alegría de recibirlo ha sido mayor. Me refiero al primer volumen de poesía de mi hermano Pedro. Me está gustando mucho y, a juego con ese cómic de los Borbones que también me regaló y con el que me he partido de risa estos días, afirmo que me llena de orgullo y satisfacción. ¡Larga vida a las letras leonesas, ya sean en cómic, poesía o novela, como la que he dejado a la mitad y continuaré, si el gobernador de Libia lo permite, el año que viene!


Si hay una pérdida que de verdad voy a notar mañana va a ser la de mi amigo Robson, porque, a diferencia de otras personas que han desaparecido voluntariamente, él se ha ido por motivos académicos (los mismos por los que vino) y sería impreciso aventurar una fecha de regreso. Con él bien podría brindar en el lugar que me ha dado suerte en este 2014. Es posible que brinde de todas maneras, aunque sea yo solo. En la lista de propósitos del nuevo año, por ahora solo uno: limpiar mi carpeta de Archivos Bajados, me ha costado huevo y medio encontrar las fotos que quería colgar. Por suerte, Paco, además de hacer posible el cónclave cultural, me ha traído otro portátil que aliviará un poco la carga de este. Pronto serás un portátil emérito, querido, ya se sabe que este es año de abdicaciones. ¡Brindo por su generosidad, y porque tengáis un excelente año nuevo! 


lunes, diciembre 22, 2014

La sonrisa etrusca.

En este año que finaliza, he reducido de forma sustancial mi adquisición de libros, excepto aquellas compras por motivos académicos, y gracias a ello he podido rescatar viejas lecturas pendientes, ya sean de la biblioteca familiar, antiguos regalos olvidados o libros que dejaron mis hermanos aquí. Desde luego que en la actualidad me estoy centrando en lecturas relacionadas con la tesis, pero no de forma monotemática. 
He aprovechado para leer una novela que andaba rondando por la casa, La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro. Se lee muy bien, en tres o cuatro días y un par de viajes en tren, la historia es absorbente. Y su encanto se basa asimismo en su sencillez, pues es una historia de redención protagonizada por un personaje terminal, el clásico viejo cascarrabias. Bueno, más que cascarrabias, una insufrible versión de lo que se entiende por macho italiano. Machista hasta la náusea, sobre todo desde los estándares de mi doctorado, y por descontado homófobo; eso sí, firme defensor de la zoofilia como iniciación a la vida sexual. 
Este campesino calabrés, caricatura de la Italia más violenta y atrasada, atravesará no obstante un proceso de feminización a través, por un lado, del cuidado de su nieto y, por el otro, de una última relación con una mujer que le aporta más que el mero goce animal del que el sátiro se mostraba tan orgulloso, ya declinante a causa de su enfermedad (que no a causa de sus años porque, también según estándares actuales, tampoco es tan viejo). Este proceso incluso dejará huellas físicas, como el crecimiento de pechos debido a las hormonas de la terapia, que se subraya con el comentario de mitos como el de Tiresias. El personaje tiene también algo de don Quijote, pues va confundiendo la vida real con su lucha en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. El mundo de los partisanos, tan homoerótico, se revela un irónico contrapunto, fuera de ello consciente el autor o  no. De lo que seguro que sí fue consciente es de otras ambigüedades, como esa estudiante comunista que con pantalones prietos tiene el culo como un muchachito, ante la mirada lujuriosa y confundida del tío. Ye lo que tiene una figura tan extrema, hasta la parodia. Los extremos se tocan. 
La moraleja que, al menos yo, extraigo de la historia es la imbecilidad de todos esos abuelos y padres que quieren cortar a sus hjos y nietos por el mismo patrón que ellos mismos. Como es lógico, y sin lugar para sorpresas, el viejo pastor no llegará a comprobar si el nieto acabará dando navajazos y llevándose a mozas al pajar, como a él le gustaría. En todo caso, tampoco llegará a comprobar si sucede lo contrario, una posible decepción que se ahorra. Como don Quijote, representa a un mundo que se derrumba. Afortunadamente, debo añadir. 

miércoles, diciembre 10, 2014

Los pretendientes.

No se qué me afecta más en estos momentos, si el sentimiento de culpa o el catarro. No debiera estar escribiendo aquí, sino en las Jornadas Doctorales en Mieres. Sin embargo, en la misma tónica en la que comencé el doctorado, matriculándome a destiempo, también envié a dichas jornadas la inscripción pasado el plazo. Dado el carácter obligatorio del evento, confiaba en que al menos nos enviarían la información relevante al correo, pero no, todo quedó en ese espacio de múltiples recovecos llamado Aula Virtual. Plazo: 27 de noviembre por la mañana, yo lo envío el 2 de diciembre por la tarde. ¿Por qué? Bueno, el hecho de no tener internet en casa influyó en parte, pero no en el todo. Debo confesar mi despiste, despiste que en León tal vez no se hubiera dado. El ático de soltero me distrajo un poco, debo suponer, además de todas las novedades de playa, Ikea, etc. Intenté enmendar el error, eso sí. Envié la inscripción justificando en la medida de lo posible mi tardanza, pero no hubo respuesta, porque no quisieron responder o porque el puente ha sido bastante largo. En todo caso, no es el primer mensaje que queda sin respuesta. No solo yo he pecado de informalidad. Ayer, mirando las listas de admitidos, mi nombre no estaba ahí, como supuse. Un alivio, de todos modos, porque no tenía el cuerpo para plantarme a las nueve de la mañana en Mieres.


Poca tragedia, no obstante. Son jornadas anuales, ya podré ir el año que viene si no me han echado por mis novillos. En realidad, ¿qué sentido tenía asistir? Mi tesis está totalmente en pañales, poco iba a poder contar sobre ella. Esta clase de eventos, si bien albergan interés, entran en la lógica de Bolonia. Me libré de este plan en la carrera, pero no en el doctorado. Esto ya no es en plan de encerrarse en el estudio a investigar, todavía hay que aguantar la gaita de los créditos. Así sea, pero lo de hoy no tiene remedio ya. Todo lo que pudo salir mal, salió mal. Y, como penitencia, en uno de los bares de mi calle a los que suelo ir a mirar internet, y que también tiene la ventaja de poder leer un par de periódicos sin tener que comprarlos, me puso Hombres, mujeres y viceversa. Programa este del que nunca había visto más de treinta segundos y que, para colmo irónico y maléfico, presentaba a una mujer llamada Samira, y sus pretendientes. Por lo poco que pude escucharla, considero que no merecía ensuciar un nombre tan bonito y que ha tenido, y tiene, tanta repercusión para mí. Que el programa era machista no era ninguna sorpresa, pero también llegué a ver su homofobia a través de la aparición de un personajillo afeminado que se dedicaba a juzgar la estética de los heterosexuales viriles. Una parodia, como los sissies o fairies de las películas de Hollywood en los años 20, para hacer reír a los espectadores. Después de eso, ya tuve suficiente de Samira y sus admiradores. Marché, con la intención de no volver allí a partir de las 12:45 horas. En el primer mes del próximo año, mi intención es conectarme ya en casa y no tener que depender tanto de conexiones ajenas. Eso contribuirá a evitar absurdos fallos como el del día de hoy, el cual confío que a la larga se pueda compensar de algún modo. 

jueves, diciembre 04, 2014

Vuelve el mar.



Esto más que una entrada va a parecer un reportaje fotográfico. ¡Ye lo que tiene! Uno no ve un paisaje así todos los días, al menos si no vive en ciudades como Gijón. Y conste que Oviedo me encanta, pero, al igual que León, le falta el mar. Yo, que no tengo espíritu de hipster pero sí me gusta el exclusivismo en ciertos campos, prefiero pasear por la playa cuando no hay nadie. Por ejemplo, hace dos años también en noviembre, por Malmö. Entonces estaba lloviendo, y no había absolutamente nadie en la playa. En Gijón, por el contrario, no llovía y el tiempo permitió que, si no abarrotada, la arena sí estuviese poblada por varios paseantes, en realidad más perros que personas. Resulta curioso, porque en verano no se ve un chucho. En el agua, tan solo algunos surfistas. La ocasión mereció que hiciera lo que casi nunca hago: ¡un selfie! (Mejor sería hablar de autorretrato, que es un término bastante familiar gracias a la tradición pictórica). 


¡El mar! Tenía ganas de verlo, ya que no lo hice en verano. No me bañé, pero me mojé los pies. Ya puede verse. No llevaba muda, y tuve que transportar la arena hasta el piso, como un canelo. Alguna ola traicionera así lo quiso. 



Era la semana del Festival de Cine de Gijón, pero no vi ninguna película. Eso no quiere decir que no me imbuyera del espíritu del certamen, había algunas casetas con libros relacionados con el cine y yo adquirí, a precio rebajado, uno editado por el festival a propósito del eterno enfant terrible, Larry Clark. 




Hubo un sitio que me faltó de ver en Suecia. No es ningún monumento histórico ni natural, ni siquiera es necesario viajar allí para hacerlo pues se trata del Ikea. Fui allí y, envuelto por los efluvios de la nostalgia, comencé a soltar pasta con demasiada alegría. Eso sí, a precios españoles, no suecos. 


No faltaron las albóndigas, con salsa de arándanos y bandera incluida. En realidad, me hubiera bastado con ese plato para comer, al margen del menú. Hasta que llegué al restaurante, me perdí por ese leviatán diseñado para perderse, de hecho. Para la casa compré solo baratijas, la parte del león vino en la tienda de alimentos puesto que, claro está, disponían de cosas que tomaba allí en Suecia y que en España no son fáciles de conseguir: el glögg, vino navideño, las botellitas para el snaps y, por supuesto, los rollos de canela. Para no naufragar, dejé en el tintero el arenque (se toma con el snaps, pero me traía sin cuidado allí y me trae sin cuidado aquí) y tomar un perrito caliente con textura de goma, pero delicioso sabor, en la cafetería. Tiempo habrá, para eso y para el bufé asiático del Parque Principado. Desde luego que, al salir del coloso sueco, ya no quise fundirme más presupuesto allí, pese a visitar la Fnac y alguna cadena de ropa no vista aún. 


Espero que a raíz de estas fotos no se piense que me estoy dedicando tan solo a hacer turismo (incluyendo el turismo de centro comercial). Han sido mis dos únicos viajes, el primero a media hora y el segundo tan cercano que fui en autobús local. El doctorado va bien, salvo algún despiste en los horarios debido, en parte, a la inconstante conexión a Internet que por el momento tengo. Nada que no se pueda arreglar, supongo... Demos por finalizado el reportaje, que ya me está entrando hambre de ver las albóndigas. 

lunes, noviembre 17, 2014

Pumarín: Año Cero.


Desde luego que, en mi nueva vivienda asturiana, no me puedo quejar de vistas, ni de sol. En la cocina, con su pequeña terraza (posiblemente un rincón proclive para escanciar sidra), veo toda esta maraña de tejados, con la torre de la catedral al fondo. Me siento como el personaje del magistral en La Regenta. De hecho, creo que me voy a llevar unos prismáticos para imitarle. 


En el salón, un gran espacio con escasos muebles todavía, puedo ver el monte, y la calle en la que resido, con su centro para mayores y sus tradicionales bailes de salón. Llegué el lunes por la tarde, y al día siguiente tuve que desplazarme a la facultad de Medicina, bastante más lejos que el campus de Humanidades, para asistir a unas jornadas de bienvenida al doctorado. Una de las facultades más feas que he visto, de carácter se diría que industrial, aunque reconozco que la cafetería era muy luminosa. El aula en la que nos dieron la charla se refleja en la foto de abajo. Un espeluznante portaaviones, que, dado que tuve que sentarme bastante arriba, me provocó vértigo y sin duda constituiría un excelente decorado para una película de terror: Tesis 2 (para miedo, la retahíla interminable de puntos e indicaciones que tuve que enumerar de cara a mi propia tesis). 


 Ha sido una semana magnífica, no tengo dudas a la hora de afirmarlo. Bien en clase, bien fuera de clase, bien al ir descubriendo el barrio del Pumarín y otros rincones de Oviedo. He tenido fogonazos de creatividad, ya no solo por lo que respecta a la escritura sino también a avances en el doctorado, razón primordial de mi estancia allí, y en el trabajo. A falta de beca, algo habrá que trabajar para costearme el privilegio de vivir en ese piso tan mono. Dejándome llevar del tan cacareado espíritu emprendedor, me ha surgido alguna idea defendible como trabajo a tiempo parcial y, sobre todo, relacionada con mis estudios y/o preferencias. A fin de cuentas, para trabajar de camarero no necesitaba irme tan lejos. Para saber si esas ideas, bien desarrolladas, pueden tener éxito al menos para pagar el montante del alquiler, me parece que habrá que esperar al año que viene. La casa debe ser más habitable aún para desarrollarlas, aunque mi cuarto ha quedado bastante bien, como podéis comprobar en la foto. El ventanal es tan amplio que, salvando las distancias, podría emular al protagonista de Shame cuando se pone a hacer el amor pegado al cristal desde un rascacielos de Nueva York. No, pardiez, no es algo que haya probado y dudo que lo haga. Me conformo con tener un rincón privilegiado para continuar con este espacio allí cuando disponga de red. El blog comenzó en Madrid, y le toca viajar más al norte. Suerte que muchos bares (y la universidad) sí ofrecen conexión, aunque me quedo con el rótulo que vi en uno: Esti chigre tien wifi pa toos

domingo, noviembre 09, 2014

Con M de Mudanza.



Yo también voy a hacer mi Movember particular, no para dejarme bigote, como sea que no me gusta raspar ni ser raspado (aunque a veces sea inevitable), sino en el sentido de que voy a moverme (move)-trasladarme a otra ciudad, mañana. No es un traslado trágico, desde luego. Todo lo contrario. Mientras no adquiera obligaciones mayores, podré venir a León cuantas veces tenga en gana. Hace dos años (6 de noviembre), me mudaba a Suecia, destino que desde luego no permitía tanta movilidad en ese sentido. El extranjero (que, por cierto, forma parte del doctorado para la estancia investigadora) no se descarta en absoluto, pero ahora lo que toca es esta cercana y vecina ciudad, con mucho encanto, cuyo trayecto desde el campus hasta el barrio céntrico ya me conozco casi de memoria. Os digo yo que una ciudad que tiene una estatua dedicada a un culo no puede ser una mala ciudad para vivir. 
De hecho, el primer viaje que hice al volver de Suecia fue a Oviedo, y parece ser que no por una mera casualidad. Como viaje no resultó inútil, pese a que sí lo fuera el examen del TOEFL y un par de peluches que compré junto a la catedral y a la Regenta, una vaca y un huevo Kinder con la leyenda Te quiero un huevo, que a saber dónde estarán tanto ellos como su persona destinataria. En todo caso, eso no importa ahora. Que la corrupción rampante no solo afecta a la economía, sino a los más sencillos modales es algo que descubrí ya hace tiempo. Y en Oviedo seguirá habiendo gente que me lo recuerde, ya lo creo que sí. No me desilusiona. Mis expectativas son altas porque la ciudad me gusta, el doctorado y las clases me gustan (aunque de estas solo queda un puñado), el piso me gusta y confío en que me guste vivir en él. Lo único que está fuera de duda, ahora mismo, es que no voy a compartirlo con un casero que termine en un psiquiátrico. Ya solo eso merece brindar con un culín de sidra. Caerán muchos culines en la ciudad del Culis Monumentalibus. A vuestra salud. 

martes, noviembre 04, 2014

Pospor.



Ya imaginaba desde un principio que este máster, por el cual voy a pasar de manera tan breve, iba a ser ligeramente distinto del anterior. En efecto, no creo recordar que en la Universidad de León, durante todos los cursos que pasé allí, en algún momento nos pusieran un vídeo con una performance de una artista meando en lugares públicos, de pie. Sí. Las cuestiones de género y la teoría queer nos llevaron a valorar las diferencias mingitorias entre hombres y mujeres. Así que, cuando salí de clase, me llamó la atención encontrarme este cartel en el aseo. No me di por aludido, claro, yo cumplí su recomendación a rajatabla. 
No obstante, el gran punto de inflexión llegó al día siguiente, cuando las clásicas exposiciones de PowerPoint alcanzaron un grado nunca visto hasta entonces, con fotos pornográficas: falos en ristre, squirting (término muy buscado por la red, seguramente esta entrada consiga más visitantes con su mera inclusión), variedades diversas de lo que se considera como parafilias, etc. No es que nos pusieran eso para que no nos aburriéramos, tan solo que era una conferencia sobre post-porno a cargo de una doctoranda, como yo, pero que lleva el tema de su investigación bastante más avanzado que el difuso embrión del que dispongo por mi parte. Más allá de la anécdota, la verdad es que la clase me resultó bastante útil. Ya había escuchado antes algo acerca del término, y considero que me servirá más para mi propio tema más que otras cuestiones más teóricas y profundas. Eso sí, me gustaría saber qué hubiera pasado si en mi exposición de TFM me hubiera presentado con una sarta de imágenes de ese calibre. Hubiese merecido la pena solo por ver la cara de algunos y algunas...
Asistir a estas sesiones está mereciendo la pena. Eso sí, por el momento hay pleno: tres clases, y las tres con trancazo de garganta irritada, tos, cansancio... Mañana tal vez podamos sumar una cuarta. En fin, la misma canción de todos los otoños, nada novedoso y que no pueda explicarse en una estación que es capaz de variar de treinta grados a quince en pocos días. El Halloweeen no fue tan nocturno como mi cumpleaños. Después de la tormenta, llegó la calma. Pero disfrutando, aun así, de pequeños placeres, como el que se ve aquí abajo...


domingo, octubre 26, 2014

La gran belleza / Knock, knock, knocking on Heaven´s door.



Tengo reciente el visionado de La gran belleza, el filme italiano que barrió sin piedad a La vida de Adele en unos cuantos galardones. No estoy seguro de que sea mejor, pero la verdad es que me impactó y me dejó mal cuerpo (también pudo ser por un conato de catarro) la trayectoria decadente y banal del protagonista, incapaz de proseguir su carrera literaria ante una vida que encadena fiestas, algunas de carácter risiblemente hortera, y otras de pretendido carácter artístico pero horteras de todos modos. Esas mezclas de performances y strip-teases me han traído a la mente mi propia fiesta de ayer, la de mi cumpleaños (que cayó en lunes tal y como dije aquí). Visita a sitios clásicos, como el Zoe, donde están tomadas las fotos, y también a alguna nueva incorporación con sus propias dosis de decadencia: strippers masculinos, hombres objeto, que también los hay (como tal vez podamos comentar en la asignatura de máster que ya ha comenzado), para disfrute de hombres y mujeres, reptando por una plataforma mientras su culo se abre casi en un gesto tridimensional. Bueno, igual la imagen no es muy agradable, pero es que la tengo reciente. Solo nos faltó que pusieran también, como en el filme, eso de ¡Mueve la colita, mamita rica! Cola entendida como culo, claro está, en la acepción del otro lado del charco. 



¿Que es para mí la gran belleza? Un dulce despertar, esa podría ser una de las respuestas. He tenido la suerte de disfrutar de una de las mejores celebraciones de cumpleaños de los últimos tiempos. Esas fotos enrojecidas, que parecen más de Halloween o para enviarlas a Cuarto Milenio a que busquen algo extraño en ellas, las hicimos en el Zoe, mientras sonaba Knock, knock, knocking on Heaven´s door (o como se escriba). Si bien no volvimos muy tarde, hoy me siento tan magullado que no debería estar escribiendo. Lo haré porque tengo más frescas las sensaciones ahora. Y porque no quiero que las francachelas disuelvan mi vocación literaria, como al Jep de la película. Aprovechemos ahora que la tormenta de la tesis aún está un poco lejos. Mucho podría contar de mi viaje a Oviedo el jueves, pero me temo que tendrá que ser en otra ocasión, y probablemente refiriéndome a otro viaje, cuando no al inicio de mi estancia allí. De momento, hoy toca reponerse y abjurar del gin-tonic por muy moderno que sea. Si acaso, gin-limón o gin-naranja, algo que no me recuerde a algún vomitivo remedio contra la gripe. 

lunes, octubre 20, 2014

33.



Tenía dudas sobre si este año mi cumpleaños me pillaría fuera de España o no. Finalmente aquí sigo, pero lo cierto es que casi me pilla fuera de León. Ya tengo piso en Oviedo, y sin necesidad de buscar. Se ha dado la feliz circunstancia de que mi tutora disponía de uno para alquilar a partir de noviembre, nuevo y en buena zona, y además me ha puesto condiciones bastante ventajosas. Así que no es una oportunidad como para ser desperdiciada. El jueves estuve allí, una visita bien aprovechada: tarjeta universitaria, tutoría para el doctorado, seguir descubriendo la ciudad y algunas calles de peculiar nombre como la de la foto de arriba... Y el próximo jueves, si nada cambia, ya tengo clase. Una única asignatura, pero que en apariencia resulta muy interesante y útil para mi investigación. 
El cumpleaños cae en lunes esta vez. ¿El peor día posible? Puede, pero ya el sábado pasado nos pegamos una buena juerga, con tributo incluido a los old times: visita a Casa Benito, que ya había aparecido en televisión un par de días antes, y por primera vez nos pusieron una aceituna. Picante, eso sí. Pero me sentó mejor que el calimocho que tomábamos tiempo ha, eso lo aseguro. Al próximo sábado ya podrá hacerse una celebración oficial, con toda la gente que se pueda reunir. Hoy lo que se dice hoy, baste con ir a un par de sitios para dar por bueno el día. Yo creía que iba a echar de menos las tapas de León, pero el otro día en un bar de allá nos vienen con dos bandejas, una de pimientos de Padrón y luego otra de patatas bravas o ali-oli. Me dijo mi tutora que era imposible adelgazar en Asturias. Bueno, supongo que eso depende de cuánto se alterne, yo por mi parte procuraré experimentar platos saludables en mi nueva cocina. 
Así pues, este nuevo año sí trae cambios. No tan radicales como los de hace un par de otoños, pero cambios muy estimulantes para mí. No se va a perder el contacto de forma brusca. Viviré entre dos tierras, como la canción, con muchos lazos en común. No hay mejor regalo posible para mí que el proceso que acaba de empezar. 

domingo, octubre 05, 2014

Octavo aniversario del blog.



Pues sí. Coincide justo hoy, no es algo que haya podido evitar y, a luengas noches, breves entradas de blog. En todo caso, no es más que un aniversario simbólico. La celebración es que este mismo espacio siga existiendo. Menguado, pero vivo. Cuando lo comencé, allá por octubre del 2006, escribía con más frecuencia pero de modo un tanto experimental. No faltaba alguna que otra ridiculez, muchas veces relacionada con el trabajo que estaba desempeñando en aquel momento. Un empleo fijo, ¡sí! Podría haberme quedado en él e imagino que allí seguiría a día de hoy, pero entonces no hubiera finalizado Filología Hispánica, y tanto el máster en Literatura Comparada como el recién nacido doctorado en Género y Diversidad serían puras entelequias. Creo haber obrado de la mejor manera. No puedo estar completamente seguro porque la vida, en cada momento, te obliga a tomar decisiones en las que la precipitación suele conducir al error. Ya lo pude comprobar anoche mismo. 
Al menos sí se puede celebrar que siga siendo capaz de pasar una noche de fiesta en condiciones de aguante, rodeado de amigos, tanto los antiguos como los recientes, así como otros a los que algún día espero tratar como tales, y otros que lo serían si su comportamiento guardara un poco más de coherencia. En todo caso, me alegra irme a un lugar tan cercano como Oviedo. Así podré seguir en contacto con este ambiente, y a la vez tener la ventaja de descubrir uno nuevo. Para mí será como un renacer, sin necesidad de apocalipsis previo. Si acaso, el apocalipsis vendrá de dos obras que estoy leyendo antes de la mudanza, escritas o editadas por mi amigo Víctor: la última entrega de su Cuarto Jinete y la antología Postales desde el fin del mundo. La conclusión de su trilogía posiblemente sea la mejor entrega por ser la más intimista, centrándose de forma especial en las motivaciones de unos personajes que luchan por sobrevivir. Y de supervivencia se sabe bien en este país con todo lo que ha llovido desde aquel 2006, en el cual todavía resultaba bastante sencillo encontrar un curro (yo me permitía el lujo de abandonarlos). 
¿Qué toca hoy? ¿Té moruno en la jaima para que los antioxidantes compensen lo bebido anoche en el Goa (gran sitio, por cierto, que dure)? ¿Vegetar hasta que llegue la hora de Cuarto Milenio? Por cierto, menudo programa el del otro día, con el grupo en la cueva, me recordó mucho a los Goonies. Y el tío haciendo una performance neandertal, impagable. Desde luego que, si llego a la edad de Enrique de Vicente, quiero tener su vitalidad. Sí, cuando este blog comenzó, Cuarto Milenio ya existía. No obstante, andan a la par. En fin, dije que la entrada sería breve, ¿verdad? Es el vicio de la escritura, agazapado y a la espera de expandirse en alguna tesis/novela/proyecto variado. Es el vicio que ha mantenido con vida esto durante ocho años, en esta nube virtual. ¿Cuánto ocuparía en papel? No es algo que me haya planteado, como tampoco el que alguna vez sufriera un cortocircuito y desapareciera en un soplo de aire. Siempre será parte de mi vida. Que el gobernador de Libia nos acompañe en estos tiempos de cambio. Y como diría Nacha la Macha... (no se muy bien qué frase suya podría utilizar de conclusión, pero mejor será que la censure preventivamente). 

domingo, septiembre 28, 2014

La saga continúa.

Esta semana, además del ambiente festivo de estas fechas, ha sido eminentemente familiar, porque ha coincidido la visita de mi hermano Pedro como guía de un pequeño grupo de visitantes de Suecia, así como el nacimiento de mi sobrino Oliver (¿u Óliver? Me imagino que depende de la españolización o no del nombre). En todo caso, y aunque todavía no le conozco en persona porque tiempo habrá para hacerlo sin agobiar mucho, es un motivo de alegría y felicidades a Gui y Bea, pese a que su nueva tarea tal vez les impida acudir a mi improvisada celebración de cumpleaños, como sucedió el otoño pasado. 
Ya es mi tercer sobrino, las sobrinas no abundan, así que el hecho en sí no es novedad, pero sí el que haya nacido en España, en León, y por lo tanto vaya a tener más contacto con él. Cierto que viene al mundo justo cuando yo quiero ir a vivir a otra ciudad, en todo caso no se puede decir que medie un abismo de distancia entre las dos regiones vecinas. El siempre irritante asunto de buscar piso puede tener una solución cómoda y satisfactoria en cuanto que mi tutora tiene uno en proceso de renovación para alquilar, a partir de noviembre. Por lo demás, una vez que mi admisión en el doctorado es oficial, me encuentro esperando a que me envíen la matrícula para que la pueda abonar aquí y devolverla escaneada. Están tardando un poco más de lo que creía, pero no deja de ser otro asunto burrocrático, dudo que vaya a constituir un problema de cara al inicio del curso. 
A ver si la semana que viene puedo afirmar que todos los trámites quedan formalizados, mientras continuamos con el espíritu festivo de los tradicionales tés morunos en las jaimas y demás. La saga continúa (blood of my blood), yo por mi parte me encuentro al comienzo del período de gestación de mi tesis. Lo que pueda suceder, al margen de esto, está en el aire. Mejor así, creo que se acerca una época de estimulantes novedades. Si me equivoco o no, me imagino que se podrá comprobar en la medida en la que continúe escribiendo en este espacio, que dentro de una semana cumple ocho añitos. Está hecho un chaval, también. 

sábado, septiembre 13, 2014

Crónicas burrocráticas.


Ayer hice un viaje a Oviedo, un viaje breve cuyo objetivo principal era solucionar el embrollo de la matriculación en mi doctorado, una vez que la admisión en el mismo ya es un hecho, como pude comprobar charlando allí con una de las coordinadoras. Era consciente de que desplazarme allí no iba a asegurar que me matricularan en el acto, pero imaginaba de todos modos que el viaje no sería baldío. Y no lo fue. La ruta del autobús a través del puerto de montaña siempre deja unas vistas impresionantes. Y, si a las once había llegado allí, a las once y veinte, rodeando un poco, entré al edificio central o histórico de la universidad. A las once y media ya me habían atendido. En el Centro Internacional de Posgrado tenían un jaleo considerable, pero sobre todo para los cursos de máster. En la sección de doctorado la consulta fue inmediata. Que si mis documentos no habían llegado, pese a que la profesora que los envío luego me enseñó el mensaje personalmente... En todo caso, después de comprobar cómo las llamadas telefónicas al centro no eran respondidas, siempre me parece más positivo plantarse allí y que al menos te vean la cara, saliendo del anonimato. Apuntaron mi nombre y teléfono, diciendo que me llamarían la semana que viene para enviarme las cartas de pago y que no tuviera que regresar solo para eso. En teoría el plazo acabó ayer, pero es lo mismo. En el máster ya me matriculé a mitad de curso. Esta flexibilidad tan española me está beneficiando, ya lo creo. 
Al margen de la burocracia, lo más relevante para mí del viaje fue el tiempo que pasé en el campus de Humanidades, o del Milán (vaya vuesa merced a saber por qué le llaman así). Ya lo había visitado en el fallido intento de aprobar el TOEFL, pero lo de ayer fue mucho más significativo, porque lo hacía ya como miembro de la universidad, doctorando admitido pero no formalizado. Lástima que el calor que no hizo en agosto apareciera ayer, me hizo recordar ese fin de semana en el que estuvo lloviendo continuamente en la ciudad... Me pasé por el aulario, el edificio departamental, y por supuesto la cafetería donde hice tiempo hasta que la coordinadora estuviese disponible. Ella, que no solo ha hecho todo lo posible para ayudarme con las gestiones sino que me resultó muy simpática, me llevó al Centro de Estudios de Mujeres (no recuerdo ahora mismo si el nombre concreto es así, pero lo sería en esencia). Estuvimos charlando, todavía no con mucha profundidad sobre el doctorado porque tiempo habrá para ello. 
Comí en el llamado Bulevar de la Sidra, calle Gascona, pero no, no tomé sidra. Estaba deshidratado, preferí agua fresca. Tiempo habrá, asimismo, para la sidra. Descartando la Competencia, que ya en León tenemos cuatro (y allí dos, por lo que pude ver), fui a un sitio más tradicional, donde comí ensalada con quesos astures y solomillos al cabrales. Pasé también del cachopo. Demasiada carne, para mi gusto, preferí esos solomillos tan blandos que casi no había que masticarlos. Haciendo un poco de tiempo hasta que saliera el bus, fui a la cadena de cheap-drinking Copas Rotas. En León abrieron un local en el Húmedo pero, cuando se dieron cuenta de que allí lo de pagar por las tapas no se estila, cerraron. Yo no quería tapas, y estuve un rato allí, frente al ayuntamiento, donde estaban ya haciendo las pruebas para el pregón de las fiestas. Sí, llegué en plena preparación de las fiestas. Ahí está el cartel alusivo al que hice una foto, porque me llamó la atención y porque, en efecto, estaba muy en la línea del espíritu del doctorado. Nun seyas babayu! 
Yo no había ido allí por las fiestas, así que regresé al Alsa. La última ironía y/o coincidencia de la jornada, en el asiento de al lado había una mujer con el pelo teñido de rosa, pulsera con la bandera del arco iris y leyendo una especie de apuntes sobre un taller de diversidad sexual de un sindicato. Pocas veces he tenido un motivo tan obvio para entablar una charla. Sin embargo, la modorra post-viaje era un hecho, así como la falta de costumbre a la hora de establecer conversación con compañeros/as de asiento, con significativas excepciones como la de mi viaje a Lund. De hecho, suelo viajar en asientos aislados. No ayer, que tocó regresar al bus proletario. De todos modos, parecía muy centrada en sus papeles y sin necesidad de hablar con nadie, pues ya estaba hablando sola a ratos. 
Así, al margen de la burrocracia, ayer pasé unas horas visitando una ciudad en la que pretendo vivir, y en la que viviré a menos que haya cambios en contra de mi voluntad. Me fijé, muchas veces de refilón, en lugares en los que podría pasar bastante tiempo en un futuro cercano. Y, ya solo por eso, mereció la pena el viaje relámpago. Soy consciente de que establecerme allí requerirá esfuerzos, pero la sensación que ayer tuve en conjunto fue la de una satisfacción general por el devenir de los acontecimientos. Informaré una vez la matrícula esté completa y pagada, esta vez la sangría no será tan considerable como la del máster. Y, si hay que hacer otra visita como la de ayer, pues bienvenida sea, mientras no la haga a diario, como aquellos desquiciados viajes a Ponferrada tiempo ha. 

martes, septiembre 09, 2014

Bisexuales en serie.



Existe la teoría de que la libertad creativa y los grandes guionistas se han trasladado del cine a la televisión, lo cual no es más que otra hipérbole asociada a los mass-media. Por supuesto que en el cine sigue habiendo grandes películas, tan solo hay que molestarse en buscarlas: tanto en las producciones independientes, como en el cine comercial que no desdeña narrar una buena historia, sirva como ejemplo la última entrega de la saga X Men, que he visto recientemente. La diferencia, más que obvia, es que en la televisión hay más tiempo para desarrollar las tramas. La duración es variable, pero ver una serie completa puede llevar unas sesenta o setenta horas, dependiendo de las temporadas y de si es drama o comedia. La continuidad entre estas no siempre es un requisito, como puede verse en series como True detective. En otras, como la de la foto, al espectador no le queda otro remedio que fastidiarse esperando hasta la siguiente. Es lo mismo que sucede en Juego de Tronos solo que, en este caso, existe el problema de basarse en una saga literaria que todavía no ha concluido. Eso sí, la adaptación se toma bastantes licencias. Algunas de ellas para mejor, como la que tiene que ver con el título de esta entrada. 
Respecto a la libertad creativa, es verdad que la censura de la presión comercial parece ser menor en muchos de los proyectos televisivos, aunque en ocasiones eso desemboque en un exceso de desnudos gratuitos, por lo general de mujeres, cuando no en muestras de lesbian chic (asunto que pretendo abordar en mi tesis, es por ello que ya voy tomando ejemplos). Juego de Tronos ha sido vapuleada en ese sentido, no sin cierta razón por su exceso de escenas en burdeles, pero la verdad es que el sexo ya estaba en los libros de Martin. A diferencia de Tolkien, es menos épico y más humano: el erotismo y la escatología son comunes. Hay que agradecer, eso sí, que la serie muestre de forma más clara la orientación sexual de los personajes. El caso de Oberyn Martell, explicando su bisexualidad mientras vemos en escorzo el culo de su amante masculino, y junto a ellos su auténtica paramour se solaza con dos prostitutas, es antológico. Un personaje, además, que gozaba de las simpatías del público, y cuyo final se justifica en la línea de esa montaña rusa emocional que es Canción de Hielo y Fuego
Yo no veo muchas series, por razones de tiempo como señalé, pero procuro ver algunas que me recomiendan. No demasiado interesado en cuestiones realistas de mafiosos, narcotraficantes o demás ralea (aunque siempre hay excepciones), me fijé en Penny Dreadful (llamada así por las revistas sensacionalistas de la época), un totum revolutum de monstruos clásicos como Drácula, Frankenstein y su criatura, el hombre lobo, Dorian Gray, Jack el Destripador (un monstruo de persona, vaya)... No todos aparecen in situ en la primera temporada, pero hay referencias sutiles. Una amiga, que conoce desde dentro el mercado televisivo, me recomendó no ver esta serie, sugiriendo que era aburrida. Tiene razón. Hay escenas bastante lentas, con diálogos solemnes que cualquiera diría que han sido escritos por el mismo guionista de la última entrega de James Bond (y con la producción del director de esta, Sam Mendes). Pero también hay escenas de gran tensión, y cierta originalidad respecto a personajes ya muy vistos. En el caso de Dorian Gray, ya en la última versión fílmica se insinuaba su bisexualidad, pero en la serie se muestra claramente. Primero, de forma un poco obvia, durante una orgía. Y después, en un giro argumental que me dejó un tanto estupefacto. Lástima que se trate de un personaje periférico, que no participa en la trama principal. Se presenta bajo la figura del bisexual perverso, primo segundo de la lesbiana perversa, un ser ambiguo, que pervierte a quienes le rodean. Un demonio, en palabras de un personaje más ingenuo, el de la prostituta tuberculosa. Su escena bebiendo absenta en buena compañía me hizo añorar esa cena en Estocolmo con mi hermano Pedro, cuando en un restaurante francés dimos buena cuenta del brebaje, con su terrón de azúcar incluido. ¡Quién se tomara una absenta con el auténtico Mr. Gray, y no ese Mr. Grey de pacotilla del que Oscar Wilde seguro que se está burlando desde su tumba!


En fin. Ahora voy a dejar de ver series porque tengo asuntos pendientes más importantes. Esperaré a la quinta de GOT (por no hablar del sexto libro de la serie), a la segunda de Penny y confío en que la espera será menos larga para matricularme en el doctorado de la universidad de Oviedo. Sí, ayer fue fiesta en Asturias, pero hoy no, así que, por favor, aceleren un poco la burrocracia. Seguiremos informando. 


domingo, agosto 31, 2014

La mochila de ida y vuelta.



Si hay algo que me resulta evidente tras todos los viajes, de mayor o menor distancia, que he realizado, es que el entusiasmo de cara a los mismos es susceptible de variar a cada instante, desde la idea que se tiene en mente hasta el propio momento en que se sube a cualquiera que sea el medio de transporte utilizado. Eso me sucedió el domingo pasado en Picos de Europa, aunque conseguí llegar hasta allí, como demuestra la foto. Por una serie de circunstancias externas e internas, entre las que destacan una planificación mejorable y las deficientes comunicaciones de la montaña leonesa, al final perdí las ganas de dormir allí. Una parte de mí quería permanecer a toda costa, en honor a los viejos tiempos y en honor al compromiso que había adquirido con mi amigo. Dicho compromiso, no obstante, se puede cumplir en cualquier momento mientras permanezca viviendo aquí. También en invierno, cuando el monte resulta majestuoso en otras tonalidades. Y, por lo que respecta al pasado, hace una semana también recuperé un poco el espíritu de antiguas excursiones, aunque fuera brevemente. No tuve estómago para probar ninguna de las sabrosas viandas que nos sirvieron, pero sí fuerzas para llegar hasta el cercano mirador desde el que tomé esa instantánea. Con el móvil. Ni siquiera tuve ganas de abrir la mochila y sacar la cámara. Una mochila de ida y vuelta, ese fue el símbolo más penoso para mí. 
De todos modos, no es ninguna tragedia, ni ninguna novedad. En alguno de los escasos campamentos que realicé (yo guardo bien mi privacidad y los campamentos la anulan), una chica de origen extranjero, creo recordar, y generosas carnes logró llegar a la cima de una montaña, y yo no. Desde luego que yo no discrimino a nadie por sus kilos de más, pero siempre me resulta curioso ver a alguien así trotando peña arriba, más aún cuando me sobrepasa y me deja en tierra. Habría que puntualizar que yo sí podría haber logrado llegar, pero a mi ritmo. Tensión baja, pulsaciones altas, sensibilidad al calor. ¿ Cabe añadir algún elemento más para señalar que a mí me gusta más la montaña de lo que le gusta a mi cuerpo? Sí, claro está. El vértigo. Si en ese mismo campamento no logré descender un muro arrastrando el culo pared para abajo, como para escalar el Muro con punzones para el hielo. Con todo, el espíritu de los Abrasadores es el de la perseverancia y la superación de las dificultades, sin pretender convertir esto en un espacio de autoayuda al estilo de Napoleon Hill. Y ya hoy mismo iba a madrugar para subirme al autobús de Posada y pasar el día allí, pero mi amigo terminó su trabajo en la zona y ahora lo desempeña en Valporquero. Hoy no era buen día para vernos, pero habrá más fines de semana. El verano no es la única época para salir fuera. Y, por lo que a mí respecta, no es la mejor, aun siendo consciente de que para muchas personas es la única en la que se lo pueden permitir. 
En septiembre todavía se puede combinar playa y montaña. León y Asturias son regiones muy propicias para ello. Asturias, por otra parte, es mi primera parada para el doctorado. Fuera de plazo, estoy esperando, con la mediación de una de las supervisoras del programa, a ver si en la oficina pertinente me contestan a mi solicitud de ingreso tardío (tardío por la estrechez del propio plazo que imponen). Agosto es un mes bastante parado para esos trámites, así que ya solo por eso me alegro de que mañana comience septiembre. Hay otras opciones no muy lejanas, Salamanca o Madrid, así como otras, nacionales o internacionales. En el extranjero, lo que he podido comprobar hasta ahora, no solo escasean las plazas de Humanidades, sino que los requisitos que ponen me resultan algo sobredimensionados, una mera criba. ¿Tanta demanda hay? No importa. Ya tengo una idea bastante clara acerca de mi investigación, ahora solo me falta la plaza. Llegará, si todo va bien en los próximos meses, y cuando la tenga será un gran alivio para mí, un descanso más placentero que el levantarse de la arena y sacudirse la arena de los pies. Y de todas las partes del cuerpo. 

domingo, agosto 17, 2014

El Gran Hotel Budapest / The Gatekeeper.

En la comedia de época de Wes Anderson, que pude ver hace algunos días, la trama es coral, con numerosos cameos de actores famosos que le otorgan cierta apariencia de Torrente intelectual, pero el protagonismo recae en un relamido conserje de hotel, siempre atento a las formas y a saber ganarse el favor de sus clientes (con métodos un tanto discutibles en lo que respecta a las damas de edad avanzada). Me vino a la cabeza anoche esa figura ficticia al entrar en un hostel de León. Tras haber visitado varios en Suecia, ayer solo iba de visitante, lógicamente, pero fui retenido en el vestíbulo por los rudos modales de un cancerbero en chándal, sin identificación y que no llegaba ni al cero con cinco por ciento del glamour que desprendía el personaje de El Gran Hotel Budapest. Hay categorías, claro. No es lo mismo un hotel de lujo, real o inventado, que un lugar con escasas comodidades y pensado, sobre todo, como espacio de tránsito en el Camino de Santiago. ¿Será que el hecho de ser atendido con buena educación también se compra, como las alpargatas o el desayuno?
Si lo que el hermano lego pretendía era recordarme las normas, bien  pudiera haberlo hecho de forma más efectiva. Su incompetencia profesional es la misma que se sufre en otros establecimientos hosteleros de la ciudad (bares, restaurantes, etc.). Recuerdo la imbecilidad absoluta de la dueña de un bar del Húmedo, que nos echó de una mesa de su bien extendida terraza, para prepararla de cara a servir cenas. Quizá ganó una cena de algún guiri o algún turista nacional, y mientras tanto perdió para siempre a dos consumidores de León que, no solo no van a volver a poner los pies allí para tapeo, sino que tampoco van a llevar a nadie, ni mucho menos recomendarlo. En el próximo informe sobre el estado de la hostelería, que se prevé malo debido a un tiempo no propiamente veraniego y a la recurrente razón de la crisis, estaría bien hacer un poco de autocrítica. Si hay establecimientos que pierden clientes, en muchos casos será simplemente porque se lo merezcan. 
A mí cosas así ya no suelen amargarme las salidas, si bien en ocasiones aspiraría a transmutarme en un Jaime Lannister amenazando con decapitar a taberneros o taberneras insolentes (al menos cuando tenía las dos manos). Y la salida de anoche, ya lo creo, tuvo un final muy digno. En el rico catálogo de juegos de mesa de nuestro pasado reciente había uno llamado Atmosfear, que no es lo que podría considerarse bonito pero al menos sí bastante original en su momento por la mezcla de terror y carácter interactivo con un grotesco personaje: El Gatekeeper, que nos ponía diversas pruebas, arrojando al agujero negro a quienes fallaran, e iba degenerando tanto física como mentalmente a medida que el tiempo del juego iba llegando a su final, arrojándonos insultos como ¡Gusano! o ¡Braga! (¿O era Plaga?). 
Anoche también me acordé del Gatekeeper al ver a ese guardián de las puertas. ¿Acaso se creyó que iba a robar a los peregrinos, quienes, como todo el mundo sabe, suelen guardar un potosí debajo de sus conchas, con perdón? Puestos a ponernos pijos, lo mejor hubiera sido sacar un billete de cien euros en el acto y pedir la mejor habitación. Ninguna de allí vale cien euros, cierto, así que con las vueltas le hubiera encargado una botella de champán bien fría para cuando volviera horas después, del brazo de un par de scorts de más o menos lujo. Al menos el lenguaje del dinero es universal, tanto como el del cine. 

domingo, agosto 10, 2014

Hacia el monte.


Si este blog se llama como se llama se debe a aquellas excursiones veraniegas del siglo pasado (no recuerdo ahora si alguna llegó a celebrarse en el presente), a aquellas acampadas de primos y de algún amigo por la montaña de León. Esta tierra quizá carezca de otros recursos, pero de monte no se puede quejar. Hacia el monte hemos tirado siempre desde la infancia. Y no es que seamos cabras, aunque alguna vez nos poseyera el espíritu del cornudo animal, con gran riesgo para nuestra integridad física. Sería la suerte, o algún elfo benéfico que velaba por nosotros, el caso es que nunca hubo accidente a destacar.
Se tira hacia el monte y, por ende, hacia la naturaleza. Incluso en las llanas tierras de Escania aproveché yo para disfrutar un mes viviendo en una casa rodeada de bosques y ríos, constituyendo esto la mayor ventaja de aislarse en el apartado Furulund. Ese fue mi pueblo para mí, que ni siquiera tengo pueblo en León. Ahora, en este cruce de caminos en el que he vuelto (temporalmente y porque no queda otro remedio) a ostentar la ubicua etiqueta de ni-ni, considero que una liberadora visita al monte sería lo mejor antes de que comience septiembre, el mes en el que todo, sea con matices académicos o no, vuelve a ponerse en marcha. 
Puesto que un amigo se encuentra en Posada de Valdeón por motivos laborales todo agosto, qué mejor razón para regresar un par de jornadas al camping que ya fue testigo de nuestras aventuras veranos atrás. Ese es el plan más factible para las dos próximas semanas, sin descartar que en septiembre, se haya solucionado o no el tema del doctorado, podamos ir a la playa antes de que haya proclamar eso de que el otoño is coming. Hacia el monte, siempre, en San Isidro, Yosemite o cualquier loma con algo de pendiente. Ahí tenemos nuestras raíces, y las raíces de este propio espacio. 

martes, julio 29, 2014

Pass.


Pues eso, pass. Con dos eses, para evitar equívocos. Pass con grado C, que supongo que equivaldría a aprobado, aprobado alto en todo caso ya que he obtenido 71 sobre 100. A solo cuatro décimas del grado B en el examen de Advanced. Más de lo que hubiera esperado. Me valía con lo mínimo, aquí no aspiraba a las mismas florituras que en el máster. Y, al margen de si me servirá o no para trabajar y/o hacer doctorado en el extranjero, me he quitado un gran peso de encima, amortizando todas las clases de academia y justificando el cansancio de la noche del 28, en la cual tuve que volver antes a casa y tal vez perdí una buena ocasión (que, no obstante, va a poder repetirse). 
Al igual que mi aprobado de septiembre en Lengua III, hace unos años, me enteré de la buena nueva en Madrid. Y me resultó sorprendente. ¿Pero no era el 8 de agosto? Pues no, el 25 de julio. Vi el correo en el mercado de San Antón, pero no tenía mi código de identificación, por lo que cual tuve que regresar y llevarme el portátil a algún lugar con wifi. ¿El Matadero? Ha caído en desgracia, ya no me funciona allí. Recalé en una tasca del barrio de Legazpi, llamada El deleite. Con ese nombre, es lógico que tuviera una buena premonición respecto a lo que iba a encontrarme. Y, en efecto. No pude celebrarlo como querría (eso queda pendiente) pero, al levantar los ojos de la pantalla con alivio, observé cómo al otro lado de la calle había una óptica llamada Samy. Ironías de la vida, aunque la significación del nombre varía mucho ya sea con la versión griega o latina de la letra. El propio rótulo pude leerlo aunque de forma borrosa, al estar lejos, lo cual no deja de ser también irónico al tratarse de una óptica. 
El breve viaje a Madrid, por motivos familiares, me sirvió, aparte de para pasar calor (daño colateral que ya había asumido), para ver dos interesantes exposiciones, una en el Caixa Fórum acerca de la cultura grecolatina y el tránsito del mito a la razón (poca cola, Platón no vende tanto como Pixar) y la del Thyssen sobre los Mitos del Pop, que vi con Oli. De allí es esa foto en la que sostengo el cómic de Miguel Ángel Martín, basado en la exposición. Es la primera obra que tengo de él, seguro que no la última, siempre es un placer leer a personas que conoces y con las que has podido compartir algún que otro vino y tapa. Espero que podamos coincidir en Navidad junto a mi hermano Paco, y que nos lo dedique entre bar y bar, ja, ja. 
De vuelta en León, la maquinaria sigue en marcha, obviando la parálisis del mes de agosto. El certificado en Inglés es todo un estímulo y empujón para la búsqueda del doctorado, acerca del cual ya estoy haciendo algunas gestiones, pero están algo verdes para ser expuestas aquí. El balance del curso, desde luego, ha sido todo lo satisfactorio que yo hubiera esperado una vez regresé de los países nórdicos. 




sábado, julio 12, 2014

Alpargatas.


Se acabó. Han sido dos cursos, pero no dos años: de febrero del 2013 a julio del 2014. El máster concluyó ayer con la defensa de mi trabajo final, un análisis del cómic El azul es un color cálido, el cual sostengo en la foto de arriba, frente a La vida de Adele, su adaptación fílmica. Siguiendo la línea de las peripecias que han acontecido en la facultad durante los últimos años, el desenlace fue un poco rocambolesco. El presidente del tribunal no apareció a las diez, cuando debía empezar nuestra defensa, raro asunto teniendo en cuenta lo puntilloso que era respecto a la puntualidad durante el curso en que lo tuve como profesor. Se barajó si sustituirle o no y la incertidumbre nos ponía más nerviosos, hasta que al final apareció a las diez y media, con sus famosas alpargatas o pantuflas, cual si hubiera venido dando un paseo desde la habitación de su casa (algo que no sería descartable). Como el lugar de reunión era uno de los seminarios, no un aula en sí, no había preparado power point ni nada parecido. De todos modos, al final recalamos en la vieja clase donde hemos tenido todas las sesiones del curso, por no hablar de las de Filología. 


En orden alfabético, si bien ella y yo compartimos el segundo apellido, mi compañera María rompió el hielo y luego tuvo lugar lo más temido por nosotros, las preguntas del tribunal. Sin embargo, resulta que no eran preguntas, tan solo sugerencias y/o valoraciones. La mayor parte de ellas positivas, todo hay que decir. Cuando me tocó el turno, traté de vencer el miedo escénico y no se me dio mal. Cabe decir, de todos modos, que el público era escaso. Aparte del tribunal, las tutoras y el coordinador, los únicos espectadores fueron Claudia, a quien debo este testimonio gráfico, y otro compañero del máster, Abdoulaye. No hubo broncas, desde luego, no obstante el tribunal decidió bajarnos medio punto la nota, quedado una calificación final nada desdeñable y, lo que más me importa en estos momentos, la sensación de que estamos preparados para la tesis. Dijeron que nuestros trabajos, de hecho, sobrepasaban lo que se esperaba de un TFM. Una de las profesoras me dijo que yo tenía buena pluma y, pese a la temática de mi trabajo, no se refería a nada relativo a Judith Butler ni similares, sino a que le gustaba cómo estaba escrito. No puedo pedir un piropo mejor. Ahora que he entregado el trabajo, podré volver a escribir ficción, al margen de mis aportaciones en este blog como es lógico.Si bien ya tenía ganas de hacer este máster desde antes de que fuera aprobado, al final lo hice por falta del Advanced, ese examen por cuyo resultado parece ser que habrá que esperar hasta el 8 de agosto. Desconozco cómo hubiera resultado la experiencia de realizar un máster en Lund y en inglés, pero el que acabo de concluir me ha gustado y, lo que es más importante, me ha orientado en una determinada dirección. Ahora sí puedo volver a repasar webs de universidades extranjeras, aunque no tenga asegurado aún el supuesto requisito del idioma. La aventura no ha hecho más que empezar.

domingo, julio 06, 2014

Autobombo estival.

http://innova.diariodeleon.es/el-n-o-1-que-tiene-beca/

Cual si de un Ocho apellidos vascos en la televisión se tratara, continúo haciéndome propaganda con este, el segundo artículo en el que he aparecido por el mismo motivo en cosa de un mes, con la particularidad de que este es exclusivo sobre mi persona, y la foto no la he enviado yo, como puede comprobarse, sino que es obra de un fotógrafo profesional. Apareció el día de San Juan y, por eso de las fiestas, tardó una semana en ser colgado en la web que ahora adjunto. 
Hace un par de días tuvo lugar la ceremonia de entrega, por así decirlo, de mi TFM, y el próximo viernes será la defensa, confiando en que el tiempo siga algo turbio y no se abra paso el calor de julio fundiéndome los plomos. Por lo que se refiere a las notas del conjunto de materias del máster, no tengo demasiados motivos de queja. A partir de ahora, se abre en lontananza un futuro con posibilidades tan amplias como amplio es el mapa que en la foto aparece al lado de mi jeto. Si bien el artículo concluye hablando en términos de frustración, yo prefiero adoptar una actitud más positiva y afirmar, en palabras de Julio César, que dio nombre al presente mes y cuya biografía acabo de leer en Los doce césares de Suetonio, Alea jacta est (O Jacta alea est, como indica mi edición). 

domingo, junio 29, 2014

Saint Peter Day (o como se diga).

Menudo día el de ayer. Comenzó a una hora en que ya había amanecido, pero que, para mí, resultaba mismamente de madrugada, y acabó en la madrugada en sí, no tan tarde como pudiera haberlo hecho. Del examen de Cambridge lo mejor que se puede decir es que no conviene ni sufrir por adelantado, ni tampoco alegrarse por adelantado. Dado que tardan más de un mes en corregirlo, hasta entonces seguiré pensando lo que ya pensaba ayer: que, para ser la primera prueba de este tipo que afronto y constituir un examen objetivamente difícil, mi sensación fue de haber cumplido de forma aceptable. Para aprobar, al menos, ya sea el Advanced o al menos el First. Las virguerías las dejaremos para el máster, con su correspondiente TFM. Sufrir por adelantado es tan inútil como los remordimientos que pudieran surgir por no haberme planteado obtener este certificado antes. ¿Antes? Sencillamente, no lo necesitaba. Aunque, vistas como están las cosas, no es de extrañar que ahora los adolescentes que no han acabado el bachiller se lo piensen mejor y preparen este tipo de pruebas as soon as possible, como comprobamos ayer. 
Después de colgar un porrón de normas en la puerta de la sala, como si fueran las tablas de Moisés, resulta que el asunto no pintaba tan apocalíptico, dado que el examen comenzó con impuntualidad nada británica. Yo puedo estar satisfecho de haber completado las cinco partes, como decimos en español, de cabo a rabo, e incluso con tiempo de sobra en ocasiones. Hay que reconocer, claro está, que sobre la hora de la comida nos pusieron el Listening, la prueba que requiere mayor concentración, y el cansancio acumulado no ayudó mucho a desentrañar lo que decían esos anónimos locutores con problemas de vocalización. Todavía por la tarde faltaba la parte oral, que comenzó asimismo con un más previsible retraso. ¿Cómo fue? Bueno, cuesta ponderarlo. Yo en Suecia hablaba en Inglés porque era mi principal vía de comunicación. Lo de este examen se basa más en preguntas tipo Miss (o Mr.) España, certámenes por fortuna ya abolidos, y que si siguen existiendo lo hacen sin demasiado ruido. 
Si ya tras un examen sencillo de la carrera, pongamos que de dos horas, solía quedar con las baterías un tanto descargadas, se puede uno imaginar cómo estaba ayer, tras unas seis horas, con sus pequeñas pausas incluidas. Nevermind, era la última jornada grande de las fiestas, así que fuimos a ver qué actividades había por ahí, entre otras un Orgullo Zombi que, por lo visto, en León sustituye al verdadero Orgullo que se celebraba ayer y que no tuvieron la vergüenza de apoyar. Bueno, sí que hubo fiesta del Orgullo, pero de carácter comercial en uno de los pocos garitos de ambiente de la ciudad que tienen un éxito que parezca garantizar su existencia. Si logré arrastrarme hasta esas horas, con el colofón de una drag (que en inglés también significa arrastrar) ondeando la bandera arco iris, fue porque tenía una cita, menos formal pero en verdad más agradable que la de la mañana. 
Ahora me quedan un puñado de días para sacar las conclusiones de mi trabajo final, por fortuna creo que las tengo bastantes claras, y el día once parece ser que el ciclo del máster quedará concluido. ¿Y luego? Para empezar, supongo que comenzaré comprobando si el hipotético certificado de ayer me serviría para mi doctorado. Aunque, hasta el día ocho de agosto o por esas fechas, la existencia de ese título continuará siendo hipotética. 

lunes, junio 16, 2014

Translating.

Me refugio en este blog para poder escribir unas líneas en mi propio idioma después de pergeñar un par de redacciones en inglés, ya en la víspera del examen: una aceptable y la otra no me ha dado buena impresión. En fin, yo iré con el ánimo alto, como siempre, porque es imposible saber qué es lo que vamos a encontrarnos el día 28, y el factor suerte también tendrá mucho que decir. Me pregunto si no debería imitar los gloriosos tiempos en los que el amigo Hall escribía sus entradas de blog en inglés, y comenzar a hacer lo propio en el mío aunque no fuera más que para practicar un poco. Bueno, tal vez si me cargo el examen...
En cuestión de idiomas, resulta complicado cambiar el chip. Una vez me he acostumbrado a la versión original, regresar al doblaje puede parecerme risible, como me sucedió ayer mientras veía una versión latina de la secuela de 300, con frases como Peleas más duro de lo que fornicas, y similares. Después, como el programa de Cuarto Milenio era repetido por la entrevista del papa y el partido del Mundial (más por esto último), hice zapping y, por primera vez, vi un episodio de Juego de Tronos, doblado, el penúltimo de la presente temporada. Respecto a la saga literaria, ya voy por A feast for crows, pero jamás había visto ningún capítulo entero, salvo ciertos clips con un mayor o menor número de mujeres desnudas. Así, mientras intentaba poner rostro al batiburrillo de personajes que presenta la trama, me empezaron a chirriar ciertas traducciones (Villatopo...), que se ajustan al sentido literal pero a las que mi imaginación ya se había acostumbrado a recrear en inglés. 
Se quejaba el autor, George RR Martin, de que el número de episodios es corto para reflejar la psicología de tantos personajes, y es cierto. Pero se trata de un medio televisivo, donde el presupuesto tiene un límite y, si en el libro pone que hay veinte mamuts, pues en la pantalla aparece uno, y gracias. La verdad es que la saga está muy bien escrita y, no solo me ha servido para progresar con el idioma, sino además para evadirme en su mundo de fantasía, en un curso que ahora llega a su fin y durante el cual muchas veces he tenido que desconectar, necesariamente. En esta epopeya, los personajes están luchando de continuo contra la adversidad, y por eso creo que es el marco apropiado para un período de crisis como el que todavía vivimos. Cuando entregue mi TFM, confío en empalmar las cuatro temporadas seguidas durante un verano que, creedme,  para mí no va a tener la connotación de época muerta que se le suele asociar. No voy a recurrir al podemos, fórmula ya bastante amortizada tanto en la política como en el fútbol, pero espero que el nuevo reinado que se abre coincida con un paso hacia adelante en el que probablemente abandone este reino y vaya en busca de otros, que en la realidad son más que siete...

domingo, junio 08, 2014

Artículo Diario de León Premios Fin de Carrera

Me llena de orgullo y satisfacción... (frase muy a cuento para esta semana). Pues eso, que aquí os presento un artículo sobre premios extraordinarios, y yo soy el único que se atreve a posar con muñeco de nieve. Parece que mis palabras han calado, como sea que las han utilizado incluso en el editorial del periódico. La mejor generación de jóvenes puede perderse, alertan. En fin... Yo creo que no voy a perderme, más bien voy a encontrarme. 

http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/mejores-siguen-estudiando_895887.html

http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/estoy-ingles-hare-doctorado-extranjero_895883.html

http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/editorial-mejor-generacion-jovenes-puede-perderse_895913.html




miércoles, mayo 28, 2014

Come Duerme Muere.



El título de esta joyita, bastante premiada en festivales de peso pero que ha pasado desapercibida, habla de la supervivencia, de la lucha por la vida que llevan a cabo día a día un grupo de personas humildes en la bella región de Escania, Suecia. Rasa es una joven que lleva toda su vida en Suecia, aunque nació en Montenegro. Vive con su padre, a quien mantiene con su sueldo pues él tiene problemas para trabajar. Ambos residen en un pueblín, no demasiado diferente de Furulund, y ella se gana la vida en una fábrica empaquetando lechugas y otras verduras, del mismo modo que lo hacen algunos de sus amigos. Pero, como sea que la crisis afecta de forma global, se ve en la calle, obligada a reciclarse a través de un curso en la oficina de empleo. Vitalista por naturaleza, hará todo lo posible por encontrar trabajo, hasta que le llega una oferta de Malmö y debe abandonar su pequeño mundo para sumarse a la gran ciudad. 
He contado todo el argumento de la película, sí, aunque, en este caso, no creo habérsela destrozado a nadie. Es una historia sin ningún misterio, y universal. Es un filme realista, que lo mismo podría haber transcurrido en León que allí arriba. Especialmente recomendado para aquellos que tengan una imagen demasiado idílica de Suecia (nación que, por cierto, ha sido la única en enviar al Europarlamento a una diputada gitana y feminista. ¿Qué diría mi casero?). Los personajes son entrañables, si bien no les faltan prejuicios homófobos y xenófobos, también difieren bastante del sueco tolerante y culto que pudiéramos imaginar. A mí, que ya he estado viviendo allí, poco podría sorprenderme. El relato no insiste en el morbo y en la desgracia, antes bien tiene detalles de humor y un desenlace enérgico y esperanzador. Con todo, yo lo pasé bastante mal viéndolo, aun siendo consciente de que mi perfil se aleja rotundamente del de esos personajes imaginarios. 
A fin de cuentas, la película narra las penurias de un grupo de trabajadores con baja cualificación, los cuales, en cualquier país, son carne de cañón. Otra cosa es que, en países como España, donde la tasa de paro posiblemente doble la de la región de Escania, un arquitecto o un ingeniero no desecharan empaquetar lechugas si eso les sirviera para ir sobreviviendo. Yo lo haría, llegado el caso. Pero es un poco pronto para asustarse ante un hipotético futuro que no empezaré a planificar hasta que mi trabajo fin de máster esté defendido. Hasta entonces, vaya mi recomendación de este filme, como apropiado epílogo para las elecciones europeas. 

domingo, mayo 25, 2014

Europa no queda lejos.

Acabo de votar en estas elecciones tan, a priori, impopulares. No en este barrio, donde tuve que hacer cola y todo, entre electores y electoras con una media de edad de unos dos o tres siglos (se me perdone el sarcasmo, pues no me he levantado de especial buen humor). En la mesa electoral, un doble de Enrique de Vicente buscó mi apellido, que debiera ser llamativo en esta ciudad, mientras el presidente de la mesa, con cara de no quiero estar aquí y un gesto bastante menos cálido que el que yo lucí cuando me tocó esa tarea hace una década, depositaba mi voto (¿pero no habíamos quedado en que ahora el voto ya se podía depositar personalmente?). 
Había tres policías, muchos me parecen para ese colegio de monjas reconvertido en electódromo, pero en el aire todavía resuenan los ecos de los funestos acontecimientos vividos en las últimas semanas en la ciudad. Parece que la abstención será menor aquí, mal signo pues ya pude comprobar personalmente a quién votan. A los barberos de becas... En fin, esta noche, ya en horario de Cuarto Milenio, comprobaremos los resultados. Y yo no solo me fijaré en los de España. ¿Para qué, si tengo pensado salir de aquí? No tengo confirmado aún mi destino, pero bien me fijaré en el posible auge de la extrema derecha xenófoba en los países nórdicos, con su populismo barato en plan de echar a los vagos sureños que van a haraganear a sus por otra parte poco acogedoras, al menos en el clima, naciones. 
Europa no me queda lejos. Vale que pasen de las elecciones aquellas personas que no se moverían de aquí aunque el paro subiera al cuarenta por ciento, y que estarán todo el día durmiendo la resaca del partido de anoche, pero a mí la Unión Europea sí me afecta, desde un punto de vista profesional. El próximo martes, en principio, saldrá un artículo de prensa en el que explico, si la periodista me entendió adecuadamente, por qué no voy a quedarme aquí. Si en todos los países se recorta, al menos en otros han tenido el criterio de no hacerlo en temas que, a la larga, podrían revertir no solo en beneficio de la comunidad nacional, sino también en el de su economía. Es lo que se llama visión de futuro. Yo procuro tenerla, y según ella planificaré el último mes y medio de curso que me resta. 

miércoles, mayo 07, 2014

El eruto.

Cuando me despedía del barrio de Legazpi una vez más, maleta en mano, uno de los vecinos del lugar pasó frente a mí y se despidió a su modo, soltando un eruto ante el cual bien pudiese haber exclamado: ¡Que aproveche! No voy ahora a entrar en la descripción del sujeto, en todo caso me dio a entender algo evidente: que la educación, entendida como buenas maneras antes que como sistema educativo, también está en crisis. Y la crisis más en sí misma sigue dejando estampas poco estéticas en la zona. El eruto y la mierda, podría haber titulado estas líneas, aunque hubiera quedado un tanto vulgar. No obstante, una porción de estiércol de dimensiones considerables, y digo estiércol porque parecía más de procedencia vacuna que perruna, permaneció durante toda la semana en mi calle, disminuyendo de tamaño día a día, pero sin llegar a desaparecer del todo (el hecho de que hubiera un puente tal vez ayudó a eso). Fuera del Matadero y el Madrid Río, las dos relucientes joyas, el resto, poco dado al turismo y territorio casi exclusivo de la working o no-working class, continúa un tanto olvidado. 
El eruto es solo una anécdota, claro, de un viaje que dio mucho de sí, un necesario paréntesis tras el cual regreso aquí para comprobar una cierta sensación de parálisis en el máster. Vale, las clases ya acabaron hace un mes, pero, quienes vamos a defender (extraño verbo) nuestro trabajo final en julio, a priori la mitad de la clase, necesitamos ya ir confirmando los plazos de cara a una planificación óptima del tiempo, no digamos ya si encima hay que hacerlo compatible con retos como el examen del Advanced y sus tropecientas, algunas realmente absurdas, partes. Y la tutoría final pendiente sería bienvenida, asimismo. Y ese trabajo es lo último que me ata a esta ciudad. Al margen de donde recale después, lo que está claro es que no voy a dejarme influenciar por esos vídeos virales, que últimamente tienden a soltar pestes de Suecia, diciendo que no es un paraíso (obvio) y que no reciben con los brazos abiertos (más obvio; si acaso, las suecas sí nos venían con los brazos abiertos en aquellas películas del landismo). Toda una sarta de obviedades y llamadas apocalípticas que a mí, que ya he estado allí y tengo más de dos dedos de frente, no me asustan. Si quiero asustarme, reservaré billete a Uganda, donde me puede caer la cadena perpetua. Seamos un poco serios, please
Solo espero que la información llegue en los próximos días, aunque llegue o no voy a comenzar la redacción el próximo fin de semana. Una redacción no lineal, y que tampoco quiero trufar de demasiadas referencias bibliográficas. Lo importante es que sea sincero y que tenga vocación de futuro. Ya lo creo... No es un trabajo para cumplir con un máster. Debe ser una carta de presentación, un índice del camino que podría seguir en hipotéticas universidades extranjeras. En ese sentido, debería sentir presión, pero, claro, siempre es posible modificarlo una vez defendido ante el tribunal... 

lunes, abril 21, 2014

La envolvente sensación de la risa.



A mí siempre me ha gustado ir al cine, no importa lo mala que fuera la película. No obstante, en los últimos tiempos no voy demasiado. He desarrollado otra clase de hábitos, entre los cuales se encuentra el ver los filmes en versión original. Si son de lengua inglesa, me ayudan a mejorar en su dominio; si son, por ejemplo, en francés o en japonés, puedo valorar mejor si una actuación es de calidad o no. Si la película es española, y los únicos subtítulos que tiene son en algunas frases habladas en euskera, entonces lo más probable, dado el contexto, es que estemos hablando de 8 apellidos vascos
Fui a verla aunque no quería, en principio, si bien me atraía como fenómeno. Jamás pensé que fuera a tener este éxito. La última película del guionista Borja Cobeaga, No controles, me divirtió bastante y tuvo buena acogida por el público, pero nada que se parezca a esto. Y, por si fuera poco, es un fenómeno que puede tratar de tú a tú a toda una señora Copa del Rey de fútbol. El pasado miércoles, a última sesión, fui con mi amigo Jose al viejo Van Gogh, el único cine que sobrevive de la antigua hornada. La sala se llenó, eso sí, cuando las luces se habían apagado, haciéndose realidad otro tópico hispánico, como otros de los que aparecen en la película. 
La respuesta del público fue bastante entusiasta. Hasta la pareja de adolescentes que tenía a mi lado prestó atención, para mi sorpresa. Las carcajadas, merecidas o no, son contagiosas en un ámbito como ese, provocando una suerte de risoterapia colectiva, que es lo que necesita ahora el país, y lo que ha aupado a esta película al podio en el que se codea con su némesis angustiosa, Lo imposible. Yo me reí, aun siendo consciente de que bastantes chistes eran malos. Lástima que, en su tramo final, la película no arriesgara en el despiporre. ¿Dónde está el clímax? A la noche siguiente, la de Genarín, tuve la clara sensación de que, cuando alguien haga la película definitiva sobre Genaro, podrá lograr también un éxito apabullante, tan solo con que reciba la mitad de atención mediática, y etílica, del evento. Y tanto mejor si regalan un chato de orujo con la entrada. 
Pese a todo, yo de lo que en verdad quería hablar era de Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, una de las películas cuyo tráiler pudimos ver antes de la sesión. El avance me resultó divertido y, curiosamente, también incluía algunos de los mismos tópicos sobre los andaluces que la película que íbamos a ver a continuación. El protagonista de este one-man-show, Guillaume Gallienne, daba la impresión de interpretar al clásico homosexual afeminado y, en todo caso, el filme está en la senda del queer (horrendo palabro) cinema francés que está triunfando en los festivales y galas de todo el mundo durante el último año, tal y como comprobamos en la entrada anterior. 
Gallienne noqueó a La vida de Adele en los César, y ambas guardan sorprendentes similitudes pese a que la primera dura menos de la mitad que la segunda, y es de carácter cómico. Yo me reí, aunque es un tipo de humor diferente al de 8 apellidos. A veces más inteligente, pero a veces no, a veces también se refugia en el tópico, ya no solo respecto a andaluces o ingleses, sino también a homosexuales, pintando una discoteca de ambiente como si fuera el Infierno de Dante, ambientación musical incluida. Lo que más me defraudó fue la manera en la que trata el tema de la orientación y/o identidad sexual. Según una tía del protagonista, o eres homosexual o eres heterosexual. Punto. La conclusión del filme, sorprendente y precipitada, parece sugerir lo mismo. ¿Será que el director-guionista-protagonista-personaje necesitaba una auto-catarsis en esa línea? Posible opción. 
De todos modos, es un filme muy recomendable y la risa siempre es bienvenida. Yo mismo, muy reticente al humor escatológico, disfruté el momento en que una actriz tan fina, estilizada y bella como Diane Kruger aparece como una experta en colonoterapia. 

lunes, abril 14, 2014

La película-espanto de estas fechas.



Hay que reconocer que la película bíblica de esta Semana Santa, Noé, se ha ido un poco lejos a la hora de buscar el tema, hasta el comienzo mismo de la Biblia, en discordancia con los pasajes que se reflejan durante estos días. Puestos a escoger una historia con potencial, cercana en el relato a la de Noé, yo todavía estoy esperando a que alguien se atreva con una versión actual de la destrucción de Sodoma y Gomorra, tal vez un Roland Emmerich atronando la pantalla con gigantescas bolas de fuego, sería un cineasta con probada experiencia para el asunto. 
Hasta entonces, para ver sodomitas y pecadores me basta con películas como esta, El desconocido del lago, que también guarda relación con el elemento acuático, aunque en un sentido diferente al de Noé. Esta película, al igual que La vida de Adele, fue premiada en la última edición de Cannes, una edición que llamaría bastante queer si no fuera porque estoy un poco harto de este término tras leer El género en disputa de Judith Butler, un libro tan influyente como insufrible en su lectura. No es una película de Semana Santa, desde luego. Puestos a idear un perverso acto de pornoterrorismo, se podría proyectar en alguna pantalla gigante el próximo viernes por la mañana, como colofón pagano y priápico del Genarín. A quienes todavía estuvieren borrachos les traería sin cuidado... 
Este filme, muy bueno aunque dudo que sea el mejor del año, como afirmaban algunas revistas, destaca por su simpleza, lo que no quiere decir que sea una película simple. Simpleza de elementos: personajes, escenario, trama... Siguiendo el paralelismo con Adele, llega precedido de la etiqueta de (homo)sexualmente explícito. No, no es para tanto. Sí, hay sexo entre hombres, pero los planos explícitos se limitan a dos, protagonizados por dobles de pene (con perdón) y solo duran segundos. No tiene ningún sentido su inclusión, salvo que el director haya querido dar un toque de porno arty, como Lars Von Trier y otros provocadores. 
La nimia trama sigue las andanzas de un hombre que aprovecha el veraneo para visitar, en un lago, la zona de levante, o, como resulta más popular en España, de cruising. Allí traba amistad con un observador pasivo, no en el sentido erótico, del panorama, y se enamora de otro habitual, derivando en una historia de amor fou, como dicen los franceses, y un thriller bastante heterodoxo. El lago, otro protagonista más de la película, es una especie de edén, siguiendo la línea bíblica, en el que los hombres pueden desnudar sus cuerpos, y también sus almas, sin miedo a los armarios, al qué dirán y a cualquier tipo de prejuicio. Por no haber, no hay ni mujeres, no aparece una sola actriz en todo el metraje, y el momento más cómico viene a cargo de un pazguato preguntándose dónde estarán las mujeres, que ni están ni se las espera. 
Lejos de constituirse como apología del cruising, el filme provocará que algunos de sus espectadores se lo piensen un par de veces antes de irse con el primer desconocido que vean, por muy atractivo que sea este, en un entorno que de paradisíaco puede tornarse en salvaje y hostil. Es el problema que albergan esta especie de cotos cerrados, a diferencia de otros que se insertan en la estructura misma de la ciudad, y por lo tanto resultan menos amenazadores. 
Si ya el naif cartel del filme puede escandalizar a algunas personas, entonces qué dirían del resto... En todo caso, esta película no llegará a todos los cines, ni mucho menos. Seguiremos esperando esa gran producción bíblica, con poco sexo pero muchos sodomitas a la brasa.