jueves, diciembre 31, 2015

Happy New Hitch!



Yo no necesito una lista de deseos para el año nuevo, me sobran agendas, libretas, cuadernos, con líneas y líneas de notas que, en ocasiones, a mí mismo me cuesta comprender. A pesar del atolondramiento propio de las fiestas, bien recuerdo que apunté en mi agenda este día como aquel en el que recuperaría, tres años después, el blog poético, y me he permitido el lujo de bautizar las dos entradas con el mismo título. ¡Vaya aniversario! Y no solo es el aniversario de eso, pero, en fin, de lo otro mejor no acordarse es. El caso es que, al menos este objetivo, lo he cumplido, poco importa que solo haya sido para poner una entrada que es como un tráiler, nada más. 
Lo he retomado no con poesía, cierto. Inspiración podría tener, pese a todo, pero me dije que volvería a ese espacio por una buena causa, por un buen proyecto. No necesito improvisar proyectos esta noche; aparte del prolongado embarazo de la tesis, llevo meses contando con uno, de carácter artístico, del que ya di algunas pistas hace un par de meses aquí.
Para quienes no tengan ni idea de qué blog hablo, adjunto enlace: 

http://ellibrodelosamoresimprobables.blogspot.com.es/

Quiero volver a llenarlo (aunque sea de forma esporádica), no solo de poesía, sino también de arte en general, del arte como potencia polivalente al estilo de cómo la concibo en el Proyecto Hitch. También desde un punto de vista paródico, en la línea de las teorías queer que estoy aplicando en mi investigación; muy sano, por otra parte. En librerías-café de Gijón esbocé posibles estrategias. Si llegan o no a algo, el tiempo dirá. En todo caso, en esta época en que las jornadas doctorales parecen una comedia de situación pasada por el matiz del corporativismo, cualquier soplo de aire fresco creativo que pueda aportar me resulta bienvenido. Además de las letras, sobre las que ya tengo bastante práctica y no solo en este blog, me gustaría añadir nuevas vías de experimentación, en lo plástico, visual y otros cauces. Por otro lado, lo visual también influye en lo literario, como por ejemplo en el diseño de personajes; ya lo he comprobado en una idea de novela que tengo bastante madura. 
Por supuesto que yo no soy pintor ni dibujante. Sin embargo, quiero terminar este 2015, como el año pasado, con la inspiración del maestro Martín, que tuvo a bien dedicarme otro libro. En este caso, la primera entrega de Brian the Brain, su personaje mejor conseguido y, posiblemente, el más querido. Un outsider como pueda serlo yo mismo, un personaje con claroscuros, que siempre son los más interesantes (volviendo a El despertar de la Fuerza). Feliz año, y que (en este caso) el gobernador de Libia nos acompañe. 

miércoles, diciembre 30, 2015

La evolución de las sagas.




La Fuerza finalmente ha estado conmigo (y también gracias un poco a la ayuda externa), así que, tras el apagón wifi que he tenido todo el día, puedo al fin escribir algunas líneas sobre el Episodio VII, sin desvelar detalles mayores sobre la trama. Rebelión tecnológica, ayer el móvil casi me boicotea la salida de primos al cine. Una última rebelión, quizá el cacharro haya intuido que lo voy a sustituir en breve. Hubiera necesitado la ayuda de un robot BB-8, pero nada ha impedido la llegada a esta última o penúltima entrada del año. El abandono de la VO mereció la pena (lo más probable es que repita la película cuando la consiga en inglés) y además estrené el último cine de León que me quedaba, uno de los dos que todavía permanecen en pie: el Odeón del centro comercial. Si hablamos de Abrasadores, solo faltó Espe, que fue a verla nada menos que a la primerísima sesión de medianoche el día de su estreno. En cambio, nos acompañó Alberto, mutilado cranealmente en ese selfie post-visionado, quizá por mi poca pericia o porque el móvil, además de para otras cosas, tampoco sirve para autorretratos. 
A lo loco, pero todo salió bien: la sala, los asientos, la cantidad de gente y, desde luego, la película en sí. Al igual que sucede con otras sagas de la infancia, y que ya ocurrió con la trilogía original cuando la revisité, no es posible conservar la misma percepción de aquellos años; pero lo cierto es que, no solo evolucionamos quienes vemos los filmes, sino también el propio espíritu de estos. El Episodio VII da lo que promete, es de una fidelidad manifiesta y enlaza a las películas anteriores a través de toda clase de homenajes, apelando a la nostalgia (de ahí el grueso de la recaudación), pero también se adapta al presente. Ante todo es una gran película de aventuras, de esas que cada vez cuesta más encontrar. Por detrás del ritmo trepidante, me ha parecido ver más feminismo, más masculinidad alternativa (no me refiero a Han Solo, claro), incluso más homoerotismo. 
Este último aspecto no me lo invento yo. De hecho, los dos protagonistas involucrados los tengo en casa como muñecos de acción, pertenecientes a mis sobrinos. Quién sabe, se podría recrear lo que la ficción no se atrevió. En todo caso, no resultaría raro. Si el capitán Jack Sparrow es gay, y lo dijo su intérprete, no veo por qué en otra saga del mismo estudio no puede aparecer un héroe que, de forma sutil, se salga de lo establecido. Lo que sí es claro, sin miramientos, es que cuenta con una protagonista femenina muy potente, no lo digo solo en lo físico. No se si pasa el test Bechdel, pero me trae sin cuidado. No creo en ese test, de Bechdel solo me interesa su obra, como esas tiras de Unas bollos de cuidado que leí en verano y que, contra todo pronóstico, se han hecho en parte realidad en mi piso de Oviedo. Y el malvado, en realidad es un malvado en formación. Su aspecto, bajo el casco, es un tanto andrógino, un poco a juego con el de Anakyn en el penúltimo filme. La ambigüedad no solo está en el aspecto, también se remarca la ambivalencia entre la luz y la oscuridad, sus sentimientos encontrados. Espero que se avance en esa línea. 

La película, al ser la primera de una nueva trilogía, desde luego que tiene la concepción un poco de prólogo. No deja casi respiro y, para ulteriores episodios, me imagino que recuperará uno de los aspectos más interesantes, el de la formación jedi, con sus referentes mitológicos y filosóficos. Que la desaparición de Yoda, muy sentida, no impida rescatar esos elementos, que van mucho más allá de la esencia de cualquier blockbuster efímero. Por ejemplo, de ese último Parque Jurásico y su abyecto guión. Salimos encantados del cine. Me gusta recuperar la pantalla grande para momentos tan especiales, pero sobre todo si es en buena compañía. Como amuleto, me había llevado a Jabba el Hutt. No sale en la peli y tampoco es que sea mi personaje favorito, pero es que no tenía otro en casa. A la vuelta, hice algunas Jabba Variations, como las que he colgado aquí. Habrá que esperar un par de años para solucionar todos los interrogantes planteados por este episodio. ¿Habré defendido la tesis por entonces? Con la primera trilogía fue más fácil, porque terminó en el año 83... 

viernes, diciembre 25, 2015

The Three Drunk Men.



¡Felices fiestas! Poco importa si las llamáis Navidad u os remontáis a los tiempos del solsticio de invierno, en todo caso os deseo lo mejor, y recomiendo moderación con el comercio (en ambos sentidos) y el bebercio. Yo mismo predico con el ejemplo, he comido menos hoy que en días de civil, y me siento sereno, salvo por el cansancio clásico de tanto ajetreo aquí. Cuando uno se pasa de copas, incluso por la mañana, empieza a delirar sobre aquelarres químicos y sobre si el hombre-hombre y la mujer-mujer es lo que más conviene. Eso decía el obispo de Córdoba, y todavía no habíamos llegado al día 28. Otro que también desbarró hace poco fue un, ejem, filósofo, Savater, regresando a un lema enterrado hace una década: el Queremos Papá y Mamá. Este hombre ha dicho que va a retirarse de la escritura, y no he visto que nadie lo lamente. En todo caso, no lo creo. Uno no se retira de la escritura como quien se retira de la minería, mucho menos cuando te pagan por redactar artículos tan bochornosos como aquel al que me he referido. ¿Esta gente qué fuma? Al menos, en el caso de Dragó, ya imagino lo que fuma, dado que le gustaría que todas las drogas fueran legales. Una opinión respetable, no así otras que tiene. En todo caso, yo ya solo le veo de bufón, únicamente me atraían sus intervenciones, tiempo ha, en Cuarto Milenio. 
Así, ahora que ha venido Papá Noel, mostrándose muy generoso conmigo y dejándome varios aparatos con los que me estoy peleando ahora mismo, solo cabe ver a estos tres sujetos como una versión alternativa de The Three Wise Men, los Reyes Magos. Un gran conocimiento tienen los dos últimos, pero de ahí a haber alcanzado la sabiduría... Mejor será que se limiten a tomar un petit digestif después de las copiosas comilonas; por ejemplo, un Hijoputa de hierbas, producto de Asturies. Convertido en paje de Papá Noel, si es que eso es posible pero así me vestí en la foto, os deseo que paséis un feliz 25 de diciembre, fun, fun, funny! 

sábado, diciembre 19, 2015

Vinos preventivos.



Ya estoy en León. Hoy toca cena, pero de carácter más íntimo, nada de amigo invisible ni bailar la conga. Platos ligeros y moderación en la bebida, no quiero que mañana me tengan que llevar los servicios de protección civil a votar, en silla de ruedas. Todavía tengo que decidir mi voto; al haber dos opciones, resulta más fácil. Vale, el del Senado a priori no cuenta demasiado pero tampoco hay que despreciarlo, pardiez. Para abusar de la bebida, mejor esperar a que salgan los resultados. De lo contrario, parecería una anticipación, unos vinos preventivos con los que ahogar las penas que surjan de las urnas. La segunda vez que voto esta semana. La primera fue una parodia de voto, para el veredicto del público al mejor póster de las jornadas. Ni siquiera vi el póster del tío que ganó, quien subió a recoger su galardón con el mismo entusiasmo que un muñeco de nieve. Yo voté, eso sí puedo confesarlo, por el único póster que me pareció ver de mi doctorado. Yo, el año que viene, no me voy a molestar en hacer uno. Allá se queden con su filosofía de ¿Quién se ha llevado mi queso? 
Felices votaciones. Y mayor felicidad la mía, porque esta vez el colegio electoral no lo tengo debajo de casa, y ningún capullo vendrá a despertarme cuando esté reposando de la inauguración oficial de las Navidades. 

viernes, diciembre 18, 2015

Eleveitor Peach. Episodio II.


Ya he terminado con la formación transversal, así que, a partir de ahora, todo lo que haga en el doctorado será de mi gusto. ¡Amén! No quiere esto decir que no hallara puntos de interés en estas jornadas; lo que resulta innegable, como comentaba ayer, es que el plumero podría verse desde esta habitación de Oviedo, pese a que se celebrasen en Mieres. El mercantilismo fue criticado por varias irritantes vocecillas en el turno de preguntas (y protestas) final, pero es inútil. Será el espíritu que se mantenga para el curso que viene, cuando yo ya no asista. El jurado de las presentaciones estaba formado por hombres que no pertenecían a la universidad, eran expertos en coaching, branding, y toda esa neolengua que he estado aprendiendo estos dos días. No deja de ser curioso que, pese a toda esta terminología inglesa, el moderador se refiriera a los Lonely Tunes. O algo así. Estoy orgulloso de la presentación que hizo mi grupo, con perfecto timing en tres minutos y buena expresividad. Yo no presenté pero hice varias aportaciones, entre ellas el título: Ferrocenos contra el cáncer. En todo caso, no salimos ganadores, ni tampoco en las menciones especiales. Teniendo en cuenta que los premios eran una brújula y una navaja suiza, lo segundo ya lo tengo y lo primero por ahora no me hace falta, pues tampoco pasa nada, vaya. 
En la mesa redonda-rectangular, con el rector presente (y totalmente estoico hacia las críticas), al fin apareció una representante de las Humanidades, la antigua decana de mi facultad. Dijo que había hecho obligatoria una asignatura de Prácticas en Empresas para Filología. Me parece bien, yo la hubiera cursado. Lo que no me parece tan bien es que, de 36 presentaciones, ni una sola versara sobre literatura. Ni siquiera desde un enfoque más práctico que el mío. Así pues, una vez completados los sesenta créditos, no le veo ningún sentido a regresar allí, mucho menos por un póster que en ningún caso resultaría premiado, del mismo modo que no me premiaron mi novela en el concurso de la universidad. Sea como fuere, yo tengo otros incentivos para tirar adelante con la tesis, tal y como recomendó la antigua decana. Para la posteridad dejo la bandeja de canapés con que nos obsequiaron, todo un póster en sí mismo. En las fiestas, me pondré con la verdadera razón de mi estancia aquí, comenzando un artículo que no curará el cáncer de útero ni ayudará al bienestar de nuestros mayores, pero habla de lo que somos, de lo que aparentamos y de lo que nos gustaría ocultar. De la vida, y la vida no se puede expresar a través de un eleveitor peach


jueves, diciembre 17, 2015

Eleveitor peach.

I just entered in some kind of delirium... En verdad que estas jornadas doctorales han sido lo que imaginaba, y más que eso. Un evento dirigido, sin complejos, hacia un tipo de proyectos de investigación más rentables desde el punto de vista pecuniario. Lo cual no es que me parezca mal, aunque tal deberían eximir de la obligatoriedad de asistencia a aquellos cuyas tesis son, ejem, invendibles, al menos invendibles como quien pudiera vender una aspiradora. Me ha engullido un torbellino de consultoras y coaches, con un pandemonio de términos nuevos como pecha kucha, fresh eyes (ya me gustaría tenerlos ahora) o el famoso elevator pitch. Yo prefiero decirlo a lo Chiquito de la Calzada, tal y como puse en el título. 
En mi propio eleveitor, defendí mi tesis con el alivio que supone saber que no va a ser seleccionada. Si mis compis se hubieran tomado el encargo de forma paródica, como un intento de boicotear la seriedad empresarial del acto, la hubieran escogido para que mañana toda la peña se quedara a cuadros con el invento. Me temo que solo yo tengo un sentido del humor tan retorcido. Bueno, al menos nos dieron bufé gratis. Subiré foto cuando mi bragamóvil, ya cercano a su destierro en el planeta Dagobah, se digne a enviarme las instantáneas. Esta ha sido mi primera impresión, ahora me toca descansar, para el remate de las jornadas, y quizá más adelante pueda alargar un poco el relato de estas Jornadas Emprendedoras (ese debería haber sido su verdadero nombre). A darle duro y fuerte, como dijo nuestro monitor esta mañana (ya, una frase que podría ser desafortunadamente malinterpretada). 

martes, diciembre 15, 2015

Joyeux Noël!



Podría decirse que es demasiado pronto para felicitar la Navidad, pero no lo creo. A fin de cuentas, he visto decoración navideña, como mínimo, desde finales de noviembre. Y si encabezo esta entrada en francés es porque hoy hemos tenido la última clase de este idioma en el presente año. Y hemos cantado un villancico, sí, en francés y versionando la popular música de Las muñecas de Famosa se dirigen al portal... No es coña. El profesor incluso nos grabó y lo subirá al blog del grupo, igual hasta pongo un enlace desde aquí cuando suceda. 
También había una versión de Noche de Paz. ¡No la de ayer, desde luego! No vi todo el debate electoral, pero lo más gracioso han sido las reacciones, acusando de barriobajerismo. Es que el término me retrotrae a las filípicas del hermano Tomás. ¡Él sí que sería un gran orador! Un tanto apocalíptico, cierto. ¡Ay de esos barriobajeros, que te los encuentras en el barrio Húmedo y deberían poner un cartel que dijera ¡Cuidado! ¡Paso de ganado! Se echan de menos esos momentos, aunque la ira también pudiese recaer sobre uno. 
¡Un poco de paz y amor, pardiez! Necesitarían un invento como el caldarium o caldearium para relajarse. Esta era la sala de agua caliente en las termas romanas, cuyo museo estuve viendo el domingo en Gijón. De hecho, el trasunto de mi ciudad lo bauticé como Caldearium en un guiño, y motivo paródico, de su pasado romano. Caldearium fue la primera novela que terminé en este año. La segunda, Los Que Sobran, no fue premiada en el concurso literario de la universidad. Da igual. Pocas veces he visto una forma más clara de tirar el dinero, pero ya que tenía la opción... Una excusa más para escribir. No me siento mal por ello, desde luego, ¡la paz también llega a eso!
El domingo, gran jornada en Gijón, aparte del museo: playa con sol, visita a la la librería-café La Revoltosa, donde estuve pergeñando un proyecto artístico del que en breve daré noticias en el otro blog, el abandonado (pronto ya no tanto). Al volver de Gijón, sorprendente hallazgo en casa, no hablaré de ello porque este espacio es demasiado, ejem, público para el tema, pero se trata de un recurso que aprovecharé tanto para mi escritura científica como para la creativa. Confiemos en que este espíritu navideño llegue hasta las jornadas doctorales, para las que ya he mirado horarios de autobús. Cáspita, te dan veinte créditos solo por madrugar, algo que en la carrera hacía a diario. Sí, solo por madrugar, porque lo que es la asistencia, vaya, tampoco creo que requiera demasiado esfuerzo. Igual hasta me gustan y todo, seamos positivos y sonriamos como en la foto de arriba, un selfie, horrible palabro, que me saqué en el Elogio del Horizonte, rodeado de esa seráfica aureola. Como un ángel, anunciando buenas nuevas para el nuevo año. Así sea. Bonne année! (dentro de quince días). 

sábado, diciembre 12, 2015

El ataque de los clones.

Este es el último fin de semana (íntegro) que paso en Oviedo. Tengo pensado viajar el sábado, y así haré salvo circunstancias excepcionales que me privarían de la primera ceña navideña, amén de la oportunidad de votar. Juzgando el desolado panorama de este, se podría llegar a una conclusión errónea sobre lo que ha sido el año aquí. No, ya lo advertí hace poco en este mismo espacio: se debe juzgar en conjunto. Lo que pasa es que las tornas han cambiado. Si en verano yo me afanaba en escribir página tras página de la tesina, obviando la playa o cualquier idea de indolencia estival, ahora no es que esté desocupado, pero, de momento, no hay compromisos urgentes en el horizonte. A partir de la tutoría del próximo lunes, imagino que la cosa cambiará. No obstante, fines de diciembre supone la conclusión del primer cuatrimestre en los grados, además de la fecha de vencimiento de trabajos de máster, etc. Si a esto se suma el curro o las cenas de curro, entre otros elementos, se entenderá por qué la mayoría de la gente anda desaparecida ahora mismo. 
Yo preferiría, con mucho, estar dos días encerrado aquí escribiendo un ensayo antes que asistir a las jornadas doctorales de Mieres, a las nueve de la mañana jueves y viernes. ¡Qué le vamos a hacer! Inventos que se sacan de la chistera, supongo que para desanimar a quienes pretenden comenzar un doctorado. El viernes se estrena El Despertar de la Fuerza, y eso necesitaré yo, no solo fuerza para despertar sino también para no ponerme enfermo el mismo día del evento, como sucedió el año pasado. 
Aún no he comenzado mi comunicación para un futuro congreso, lo haré en las vacaciones, que para mí no son tal. Por ello, he tenido tiempo para leer El Incal, de Moebius y Jodorowsky, una recomendación de Paco. Me está gustando mucho, si hicieran una buena adaptación al cine estaría al nivel de Star Wars (si bien aquella tiene sexo). Hoy no me he acordado del Episodio VII, sino más bien del II, juzgando una serie de fotografías de personas que, en estos dos últimos años, han ido apareciendo por mi vida de forma sucesiva. Un gran parecido, casi clónico, me ha asombrado. Se diría, siguiendo en la ciencia ficción, que apariciones del pasado vuelven en el presente con mínimas variantes, como una proyección, tal vez una proyección deseada, al estilo casi del Vértigo de Hitchcock. Si pudiera juntar in prasentia a estos clones, circunstancia poco probable, podría comprobar de primera mano si el asunto es mera casualidad o algo que igual podríamos mandar a Cuarto Milenio. Quién sabe. De momento, me pasaré al realismo prosaico, el de fregar baño y cocina. 

lunes, diciembre 07, 2015

Sota de bastos.

Soy un neófito en el mundo del tarot. Desde luego que permanezco escéptico, pero receptivo, a las posibles interpretaciones de mi primer mazo de cartas. Casualidades o no, cada vez creo menos en las casualidades, a veces los arcanos aciertan. Y más de una vez. La semana pasada, salió la sota de bastos. Sí, esa figura tan andrógina (siempre me gustó la androginia), blandiendo algo que, más que el clásico palitroque de la baraja española, era como una mezcla entre antorcha y falo. Curioso. Representaba el progreso cauteloso. ¡Vaya! Mi motto para esa semana que acaba de terminar. Un progreso leve, pero progreso al fin y al cabo, acerca de las novedades estimulantes que han surgido en los últimos días. El paje, pajesa o lo que fuere también avisaba acerca de creerse cierta información, antes de ser confirmada. En efecto, una información repetida tres o cuatro veces, pero que al final se quedó en fuegos de artificio. Por lo que respecta al progreso, no ha sido tan inane como para que apenas se haya percibido, ni tan osado como a mí me hubiera gustado en ciertos momentos. Claro que las circunstancias no siempre han acompañado. Dicen que cada cual es artífice de su propia fortuna, lo que supone una verdad a medias. Hay que contar, nos guste o no, con todo lo que nos rodea. El día de hoy es un ejemplo claro de cómo el contexto se planta como obstáculo, muchas veces absurdo. En todo caso, ¿por qué las cosas que importan tendrían que ser fáciles? Los grandes (o pequeños) conflictos son los que nutren la creación. Y esta semana, por cierto, me ha salido la reina de bastos, elevando el nivel. Ella representa la inspiración, la creatividad, y de eso sí que voy sobrado, no temo decirlo. Que la realidad me siga inspirando, pues, ese infinito recurso para todas las personas que gustamos de escribir. 

viernes, diciembre 04, 2015

Cornucopia.

La resaca del Thanksgiving ha sido, eminentemente, alimenticia. Yo no asistí a esa cena (me refiero a la de carácter americano, no a la japonesa) y, no obstante, me imaginaba que podría aprovecharme de algunas leftovers, probar alguna rebanada de pavo. ¿Alguna? Si no fuera porque el juego de palabras es tan obvio que podría formar parte del guión de la próxima entrega de Torrente, diría que estoy de pavo hasta la... Eso. En mi familia no gustamos de tirar comida. No es pobreza, es una cuestión de ética. En Europa resulta obscena la cantidad de comida que se desperdicia y a ello contribuye, en muchas ocasiones, una planificación de la compra no pocas veces desacertada. He estado leyendo el estremecedor libro Siniestro total, de Pedro Simón, en el que relata las consecuencias de la crisis económica en el período 2012-2015, sano recordatorio para las próximas elecciones. En sus páginas, las víctimas de este desastre se hacen protagonistas, y el hambre una cuestión recurrente. Así pues, ¿cómo se me podría quedar la cara si, mientras lo leía, mandaba al cubo todo lo que atiborraba nuestra nevera? 
Desde luego que mi compañera de piso me ha dado vía libre a disponer de los restos de la fiesta. No es que me sintiera como asistiendo a un banco de alimentos, al fin y al cabo una buena colaboración entre compañeros de piso implica ayuda mutua. Además, eso me ha permitido que ayer, cuando ella se había marchado ya de puente a Sevilla, pudiese convidar a dos chicos del grupo de japoneses para improvisar una cena con tabla de quesos, pavo y té japonés (este último sí lo compré). No era Matcha, ese que ahora es tan famoso que lo vendían al escalofriante precio de 22 euros. Será por catetismo, ya que es un té que toman muchas famosas; en todo caso, si el catetismo expande el consumo del té, bienvenido sea. 
El único incidente fue que Yurei, cortando el pavo, se cortó a sí misma. Pese a la sangre que manchaba suelo y muslo (de pavo), no fue grave. Kai tiene pensado venir un día del puente a León, y estaré más que encantado de recibir su visita. Hasta entonces, seguiré arrebañando sobras, pensando en cómo, si la imagen de una nevera vacía puede resultar pesadillesca, esta semana, por contra, llegué a romperme el coco imaginando cómo podría aligerar la saturación de esa abundante cornucopia. 

lunes, noviembre 30, 2015

De moda.

Mi novela Batallón de castrados, que finalicé este año, es una farsa en la que el punto de partida es la fiesta de cierre del último bar de ambiente de una ciudad inspirada en la mía propia y llamada Caldearium. Lo que no es una farsa, sino triste, es que este agonizante año se haya llevado por delante no uno, sino dos espacios de este tipo en la verdadera ciudad. De hecho... ¿Queda alguno? Si es así, espero que alguien me lo confirme, porque yo no tengo la menor idea. Ayer, funesta confirmación, vi el cartel de Se alquila en la discoteca en la que tan gratos e inolvidables momentos pasé en 2014. Reconozco, mea culpa, que, desde hace meses, yo no pasaba demasiado por allí, pero eso se debe a factores externos, como la marcha o desaparición de las personas con las que solía ir, por no hablar de mi propio traslado a Oviedo. De todas maneras, era un sitio necesario en León, y me resulta incomprensible su cierre, debido, supongo, a las clásicas complicaciones financieras que llevan a colgar el cartelito de marras en tantos comercios, locales de hostelería y demás recintos leoneses. Puede que León esté de moda, como señala una campaña reciente y el propio alcalde, pero las modas suelen ser pasajeras, y eso no es bueno. Aparte de los tropecientos gastrobares que están abriendo últimamente, León merece un surtido más variado, más diverso. No se logrará si cierran bares que trascendían, con mucho, la hipotética condición de gueto. ¿Abrirá alguno nuevo el año que viene? Dejémoslo como un deseo de buena voluntad para el 2016. Me encanta mi ciudad y me encanta enseñar mi ciudad, el próximo puente espero hacer, grosso modo, de guía en buena compañía, pero, más allá de las lógicas barreras de una ciudad pequeña, me gustaría que su atractivo turístico se haga más inclusivo para cualquier persona que desee disfrutarla. Es por ello que di a mi novela un final feliz (en el caso de que se publique no estropeo nada, pues es el final apropiado para una comedia). 

domingo, noviembre 29, 2015

Relativizando.

En algunos momentos de este mes, ya próximo a su conclusión, he llegado a pensar que el balance del mismo iba a ser tirando a mediocre, no diré negativo porque no ha sucedido nada que mereciera semejante valoración. Sin embargo, siempre hace falta esperar hasta el último día para reafirmarse en esa sensación y, sobre todo, realizar los juicios de manera global. Por no hablar de que en muchas ocasiones, pasado el tiempo, todo es susceptible de ser relativizado. Eso me sucedió con el año 2011. Lo tomé por malo, y no fue tal. De hecho, deja para el recuerdo instantes que pervivirán en mi memoria por fugaces que fuesen, como el relacionado con uno de los mejores ligues que he tenido (también uno de los más prepotentes, suele estar en relación). Buena parte de las vibraciones negativas de aquel año se produjeron, irónicamente, por culpa de otro ligue (y más que eso), que me puso en apuros, pero en menos apuros de lo que se había creído, le gustara o no. 
Por lo que se refiere a este mes, ya no hablaré más de ligues para que esto no parezca algún programa descerebrado, pero sí de que ha albergado suficientes puntos de interés: ya desde su inicio, con ese Halloween en la Compe con mi hermano Paco, situación poco frecuente, hasta esa cena casi en el desenlace, conociendo gente nueva y maja. Y, respecto al doctorado, cabe señalar que, tras defender la tesina en octubre, estaba claro que el ritmo no iba a mantenerse tan alto, lo cual me ha permitido dedicarme a actividades complementarias. No he faltado a una sola clase de Francés, ni he dejado de impartir ninguna de mis clases particulares, puedo estar satisfecho en ese sentido. En este mes, por otra parte, se han establecido planes para el futuro tan atractivos como ese viaje a París para el que ya he sacado los billetes, y tal vez, no es momento ahora para aventurarlo, la trascendencia de algunos de sus sucesos sea mayor de lo que pudiera pensar en un principio. A falta de regresar mañana y ver si el piso ha sobrevivido a la edición americana del Thanksgiving, esta es mi valoración, que, como indiqué, tal vez varíe en el futuro. Esa es una de las funciones más satisfactorias de este blog: ser un memento de los últimos años, para así poder contrastarlos y comprobar cuán mudable es el corazón, y cómo la importancia, o no, que dimos a ciertos acontecimientos se relativiza mirando con una cierta distancia y perspectiva. 

viernes, noviembre 27, 2015

Thanksgiving.



Tout est pardonné. Unos que vienen y otros que se van... Tan manido como suena. Yo ya  no guardo rencor, y mucho menos en un día como hoy, aunque en España no se celebre. Hoy ha sido, de todas maneras, una jornada especial. Por la mañana, aprendiendo cómo se defiende una tesis doctoral por parte de una compañera, que la hizo además sobre cine, mi otra carrera, analizando la biografía fílmica de Sylvia Plath. Yo no defendía, pero estaba nervioso como si lo hiciera. Eso sí, actuando como infiltrado, tomando notas en plan espionaje industrial. Me ha venido bastante bien, he perdido un poco el miedo y, además, he tenido una tutoría con mi directora para tirar hacia delante con este curso. Allá vamos. 



Por la noche, aprender a enrollar sushi por parte de auténticos estudiantes japoneses. Sí, hay pruebas. Cierto que aún no tengo las fotos porque no me las han mandado, pero todo llegará, supongo. No se me dio mal la cosa. Todo lo que sea mejorar mis conocimientos de cultura oriental, encantado, y más si luego me los puedo comer con una pizquita de wasabi. Podría preguntarse uno que por qué, si no me gusta mucho el pescado, me lo como crudo. Incluso los calamares los comí crudos, rara cosa, con lo buenos que están fritos en el Casa Condeso. Bueno, la vida es probar nuevas experiencias. También me comía el arenque crudo en Suecia, con su aquavit para paliar el sabor... 



Así que, raro acontecimiento, Thanksgiving con acento japonés. El pavo, no obstante, llegará el sábado. Yo no estaré para verlo, prefiero ir a León y trabajar un poco, ahora que me he motivado con la defensa de esta mañana. Ya sobrará alguna tajada que me caerá la semana que viene, debo suponer. 




En este mismo blog explicaba por qué no había hecho Erasmus (hasta el momento, claro). Esta cena, sin embargo, tenía todo el sabor a Erasmus, aunque los japoneses no puedan serlo, tratándose de un programa europeo. Usemos el genérico, pues. Debo dar gracias, nunca mejor dicho, por un día como el de hoy. Cierto que en este mes, ya a punto de concluir, no siempre he conseguido lo que quería, por ejemplo en el terreno social, pero los altibajos son más que previsibles en un proyecto de estas características, y la valoración global me parece positiva. 








domingo, noviembre 22, 2015

Ma petite rebelión tecnológica.

Intentar escribir estas líneas cuando: a) Al fin hace un tiempo verdaderamente otoñal y, por ende, también ha regresado el catarro otoñal; y b) Tengo como ambientación sonora la matraca constante en que se ha convertido el rugir de motores de este ordenador; por tanto, todo ello conforma un conjunto poco inspirador. Leyendo ayer a Epicuro y Montaigne podía extraer la máxima de que el dinero, en exceso, puede convertirse en ocupación tan esclava y situación tan desasosegante como la penuria; no obstante, una cosa es no vivir para el consumo, y otra alargar artificialmente la vida de unos cacharros que han sido diseñados según los principios de la obsolescencia programada. A este portátil le puedo perdonar que vaya lento, pero no el ruido. Y suerte que este mes ha sido prácticamente vacacional en lo que se refiere al doctorado. Tan solo la música de mi reproductor, si bien no a demasiado volumen, ha sido capaz de acallar ese zumbido agonizante. Tengo dos ordenadores y ninguno funciona apropiadamente. Se sortea un formateo. Puede que dos. Una última operación de urgencia antes de optar por adquirir otro en las rebajas, que tampoco es que fuera a salir muy caro y, desde luego, se amortizaría sobradamente para el final de este curso. 
Otorguemos una calurosa despedida, por otro lado, al móvil de cuarta mano (ya que no de cuarta generación), caracterizado por atorarse de buenas a primeras y que será sustituido, seguramente, en las próximas fiestas. Por lo que respecta al calcetín que lo recubre, se encuentra en pleno proceso de desintegración, tras las numerosas veces en que he creído perderlo pero finalmente aparecía con una fidelidad digna de encomio. Es dura y corta la existencia de estas pequeñas almas de chip, pero en el caso presente ha resultado mucho más fructífera que la de otros aparatos apartados por el dictado de las modas, cuando aún albergan mucha vida en su interior. Se han ganado una merecido jubilación, y ya se rebelan porque yo todavía no se la concedo. Buen servicio, camarades. No sobreviviréis al 2015. Al menos, no demasiado. 

sábado, noviembre 14, 2015

Macabras coincidencias.

Incluso en esta época de comunicaciones inmediatas es posible crearse una burbuja durante varias horas, sobre todo si, en base a unas normas no escritas de cortesía y compañerismo, se procura no mirar demasiado el móvil durante una reunión social. Eso es lo que yo procuro hacer, y ayer solo rompí esa regla para buscar unas fotos sobre lucha leonesa que, si el autor no ha sido consciente del homoerotismo que desprenden, desde luego que me dejaría de piedra. Entre estas frivolidades y birras varias, no nos dimos cuenta de que, en París, en esos mismos instantes, otras personas que disfrutaban con normalidad de su ocio iban a sufrir una abrupta y violenta interrupción. Incluso, macabra coincidencia, estuvimos bromeando sobre la posible pedantería intrínseca del idioma francés, al menos hacia nuestros oídos. Es cierto. Mi profesor dice que, para hablar francés, hay que darse importancia. Yo es lo que hago, por ridículo que suene, y él mismo ha alabado mi entusiasmo. Lo cual me alegra, no por una mera cuestión de orgullo sino porque me gustan esas clases. Asisto, en primer lugar, por querencia propia, y en segundo por motivos curriculares y académicos. J´aime una buena parte de la cultura francesa, y su lengua como parte de ella. 
Fui postergando aprender su idioma. Sí, también he ido postergando la visita a París, ciudad del romanticismo, bla, bla. Macabra ironía, también, que hace dos semanas hablara con Paco la posibilidad de que pudiéramos coincidir allí después de Navidad. En todo caso, lo importante es vencer el miedo. No renunciar a nuestro estilo de vida, yendo a bares o a discotecas tan solo por el temor de que alguna persona fanatizada pretenda destruir dicho estilo a tiros. En otro macabro presagio, el profesor se entonó a cantar la Marsellesa el pasado jueves, himno del que, ahora por fin, ya voy comprendiendo algo de su letra. Si finalmente el año que viene consigo hacer ese viaje a la capital gala (aunque solo sea un par de días, si el presupuesto no da para más), chapurrearé mi nuevo idioma y estoy convencido de que nada, ninguna pátina de ideología o credo, logrará eclipsar la belleza que confío encontrar allí. Incluso en las Catacumbas, a donde me gustaría ir si bien no es la mejor imagen para traer ahora. Cierto que llevo tres años sin viajar al extranjero, y que en el presente me hubiera gustado pero no lo he hecho. De todas maneras, siempre preferí calidad a cantidad. El valor simbólico frente a la simple experiencia turística. Y eso es lo que espero encontrarme cuando ponga los pies en esa hoy castigada urbe. Los acontecimientos han redoblado mi ímpetu de ir allí y dejarme envolver por toda su esencia, que permanecerá intacta. Confío en que podáis verlo en este mismo espacio y que consiga, al igual que hizo mi hermano, reflejar en mis fotografías una cara no tan estándar y más humanizada de la ciudad. 

martes, noviembre 10, 2015

Pumarín: Año Uno.



¡Más aniversarios! Hace un año que llegué a este piso, por entonces escasamente amueblado, y me instalé en la habitación pequeña de la foto, separada ahora de la mía por una pared fina, demasiado fina, a la que vendría bien alguna técnica de insonorización tipo Proust. No es que se haya perdido aquel silencio, en ocasiones aterrador, con el que me estrené aquí. Continúa apareciendo, de modo intermitente, no así la sensación de soledad que me acompañó en aquellos primeros momentos y que, por cuestión quizá de masoquismo, acompañé del visionado de la clásica película de fantasmas. No importa, ningún fenómeno paranormal ha aparecido en esta vivienda desde entonces. 
Ahora ya tengo wifi, trabajo temporal (ayer fue mi payday), más muebles y compañera. Sigo descubriendo Oviedo y Gijón. El sábado, en la calle Martín Vigil, con un par de interesantes librerías, de lance y alternativa, y otro par de buenas cervecerías una con la Old Skull de León, una IPA difícil de encontrar en mi ciudad de origen. El domingo regresé a Gijón, no iba desde agosto y pareciera que no había cambiado de mes, dado el tiempo. Me habían quedado pendientes entonces otras librerías, tipo café, como La Revoltosa o Toma 3, esta última con conciertos y proyecciones en la pared de filmes como Psicosis. Una lástima, eso sí, que nadie estuviera en condiciones de acompañarme en estas exploraciones. Hace un año, ya desde antes de mi mudanza, ya había logrado concertar una cita aquí, con un amigo, también bloguero, ahora mismo un tanto liado con su curro. He conocido gente, pero no tanta como debería o, mejor dicho, me han faltado ocasiones de continuidad. De todas maneras, seamos francos: hay muchos, muchos recursos que todavía no he explotado, valga citar los cuatro o cinco del pasado fin de semana como hipotéticos cuarteles de operaciones. Y en última instancia, la principal razón de estancia aquí es el doctorado, que continúa con ritmo estable, más calmado ahora tras la tesina. 
El mero hecho de que, un año después, continúe aquí, circunstancia no muy común en mis pisos de alquiler, ya es señal de que me he encontrado cómodo, con un nivel de independencia que me ha beneficiado en lo personal, en lo académico-laboral y en lo creativo. Si no hay sorpresas, buenas o malas, mi intención es permanecer aquí hasta que complete mi tesis. Mi casera y tutora, Esther, me enseñó ayer lo monas que vienen ahora las tesis doctorales, ja, ja, tipo libro a doble cara y con una longitud que es la que yo me planteo, sobre trescientas páginas. En la imprenta te sangrarán, cierto, pero el resultado es lo bastante óptimo como para guardar en estanterías, donde tal vez nadie las vuelva a leer, y para inmortalizarlo en imágenes como la que confío en colgar aquí, a su debido momento. 

viernes, noviembre 06, 2015

Tres años.


Se cumplen tres años desde que viajé a Suecia, y qué mejor manera de celebrarlo que con esta botella de Absolut Pride, producto de la tierra, de hecho, de la misma tierra en la que estuve viviendo: el granero de Escania. Le dije a Jill que la compraría, ahora que en breve me van a pagar mis primeras clases particulares del curso, y ayer la estrenamos. No estuve en el piso para celebrar Halloween pero anoche, sin ninguna razón aparente más allá de ver AHS, tuvimos una cena mejicana gracias a Sam, official chef que nos deleitó con tacos y margaritas. En contra de lo que pudiera parecer, creo que mi catarro no se resintió, antes bien me ha permitido retomar el gimnasio. 
Tres años después, me siento preparado para el hipotético caso de que quisiera regresar. No solo he obtenido más experiencia académica, con el máster, el doctorado y los idiomas, y más experiencia laboral con mis pinitos de profesor. También, experiencia de la vida en sí misma, me siento una persona más desarrollada y, si regresare (con contrato o no), sería bastante consciente de que, más allá de aquellos recorridos turísticos y naturales de los que fui dando cuenta por este canal, tendría que ganarme el futuro desde el primer día de estancia. De momento, es necesario defender la tesis. Cierto que el doctorado (en parte) se puede realizar a distancia. Allá por mayo, incluso, cuando la vida social aquí ofrecía menos posibilidades que ahora, llegué a pensar en realizar ya no una estancia internacional, sino realmente pasar una larga temporada en el extranjero. No obstante, no merece la pena. Aquí hay jornadas, congresos, contacto directo con tutora y directora, hasta ahora me ha ido bastante bien y no veo razón de que la progresión vaya a detenerse. 
Además, esto me permite estar en contacto con las raíces leonesas, algo de lo que no podré presumir cuando llegue el caso de regresar fuera. No necesariamente a Suecia, pero, de todos modos, no cabe duda de que mi estancia allí fue bien aprovechada, y determinante. 

jueves, noviembre 05, 2015

Merde.

Ayer vi una película tan infecta que ni siquiera quiero poner su cartel aquí. Lo peor de todo es que ya tenía malas expectativas, que quedaron superadas. Es la segunda vez en el año que me sucede, tras Pixels, a la que tenía por película de aventuras de los años ochenta pero resulta que no era otra cosa que una comedia de Adam Sandler, con los chistes asociados a esta clase. En el caso de Knock, knock, de Eli Roth, es que ni siquiera es una peli de terror o un thriller, es otra comedia, involuntaria. Hitchcock se estará muriendo otra vez, pero de carcajadas. Roth siempre ostenta el leit-motiv de la desconfianza, de la Otredad. Desconfianza hacia Europa del Este, o directamente xenofobia (Hostel), desconfianza hacia las mujeres, desconfianza a abrir la puerta o a ayudar a los extraños (en el presente caso). Y eso que no he visto Green Inferno, donde por lo visto los malos son los pobres indígenas de la Amazonia, esquilmados por el considerado Primer Mundo. 
Esta película es mala de dolor. Guión ridículo, deficientes actuaciones, sensación de absurdo y escasa originalidad. Si no fuera por ese carcajeante final, podríamos hablar de un remake de Atracción fatal. Pero no es remake, ni siquiera parodia. Pretende que nos la creamos, y ahí está el problema. Cómo me voy yo a creer que Keanu Reeves, tras películas como Speed o Matrix, se va a dejar vencer como una ursulina por dos chavalas con buen cuerpo, bien lo enseñan, pero que no son precisamente heroínas de acción. Cómo me voy a creer que parte del suspense radique en la posibilidad de que sean menores de edad, cuando es más claro que el agua que no lo son. ¿Y qué clase de psicópatas, porque lo son, cuelgan un vídeo en una red social enseñando su rostro? Esto no tiene pies ni cabeza. Lo más irritante, en suma, es que tras hora y media de utilizar todos los tópicos machistas asociados a las mujeres (zorras, locas, mentirosas, etc.), al final parece que quieren introducir un mensaje feminista. La culpa es del tío, por infiel. Eso entronca con el espíritu reaccionario de los años ochenta, pero es que es mentira. Infiel, después de un episodio de acoso sexual, casi violación. Más le hubiera valido al director y a sus guionistas ahorrarse la lección. Ya en Hostel 2 se incluyó una castración, cual si fuera una plasmación gráfica del Manifesto SCUM. Otro toque gore, más bien. Aquí, como en otros filmes del autor, las mujeres son el cebo para el crimen, y los hombres las siguen hacia el matadero o, si se resisten, las violan, como en Aftershock, la anterior y muy desagradable película de los mismos creadores. Pues eso, una auténtica merde
Si alguien quiere ver una buena parodia del cine de terror de los años ochenta, que vea The final girls, un divertido ejercicio metanarrativo sobre Viernes 13. Eso sí, sin los desnudos de las cintas de los años ochenta, por eso de obtener una calificación moral más benévola. 

lunes, noviembre 02, 2015

Hitch is coming.


El Día de Difuntos nos devuelve a un personaje del pasado, que no estaba, desde luego, muerto. Tan solo esperando su regreso en tiempos apropiados, tiempos duros que requieren del heroísmo peculiar que alguien así puede llevar a cabo. ¿O no? En todo caso, el hechizo está en el aire y ya solo queda esperar la resurrección. 

sábado, octubre 31, 2015

Pumpkin Ending.



Llega Halloween, pero las calabazas ya se pudrieron, como esta de arriba, la mía, ya en estado de descomposición. Ye lo que tiene prepararlas dos semanas antes de esta fecha, y factores añadidos como la humedad, las corrientes, etc. Comenzaron a criar moho, adquiriendo unas muecas aún más escalofriantes, y ya no podíamos ni encenderlas por temor de que esa pequeña selva interna se prendiera, creando una atmósfera tóxica en el salón. En todo caso, cumplimos. Yo hoy no estoy en Oviedo, parece ser que mi compi y sus amigos lo celebrarán allí viendo una película sobre bruxas (no necesariamente de terror) y bebiendo algún brebaje. Sin abusar, espero, ese salón estilo Ikea todavía está demasiado nuevo, a diferencia de los de otros vetustos pisos de Vetusta. 
Yo no me iba a perder una de las visitas a España de mi hermano Paconcio, pardiez. Vale más que eso que veinte jalogüines. En mi caso, la tradición no es el trick or treat, sino el catarro otoñal, al igual que el año pasado. La pronunciación del francés, con sus sonidos guturales, no ayuda a relajar la garganta. Pero estoy contento, ya conjugué el presente del verbo ser y el profe dijo que tenía madera. ¡Y en solo seis días! Ya sabía yo que esa lengua iba a encajar bien en mi persona. Así pues, ya tengo excusa para no trasnochar, al igual que no lo hice la semana pasada. No importa, hay un puente largo por delante para la familia y amigos, a algunos de los cuales ya hace una temporada que no veo. Confiemos en que hoy no nos visiten los espíritus, pese a haber perdido ya la protección de las calabazas. 

domingo, octubre 25, 2015

Purgatorio.


En la película Inside Out, existe una especie de vertedero en el que terminan los recuerdos que van a desaparecer. Por contra, hay otra clase de recuerdos llamados nucleares, o algo así, que contienen las experiencias que más hondo han calado en la psique de la protagonista y que deben ser protegidos, pues, en aras de su estabilidad mental. Hace un año se produjo en mí un recuerdo de ese tipo, que no solo no se ha evaporado sino que siempre permanece bastante en la superficie, no digamos ya cuando estoy escribiendo estas líneas en las que voy a referirme a él. 
Se trata de la celebración de mi cumple, hace un año. Era muy consciente de que sería difícil repetir algo así. Esta vez ha tocado purgatorio, para compensar. No digo, desde luego, que esté decepcionado con lo sucedido esta semana. En Oviedo, pese a no conocer tanta gente como aquí, mis expectativas se cumplieron más allá de lo esperado; por lo que respecta a León, las circunstancias favorables del año pasado no se han repetido, sin que ello haya sido obstáculo para que hayamos salido el viernes, ayer y muy probablemente hoy. El caso es que, no los recuerdos, pero sí ha habido personas y lugares que han desaparecido por distintas razones. Hay amigos a los que se siente aún muy cerca pese a que físicamente se encuentren bastante lejos. A otras personas solo cabe englobarlas en la categoría de gente que gusta de desaparecer de modo abrupto. ¿Por qué? No se, ojalá pudiera introducirme en su cabeza para saberlo. Aunque, en este caso, imagino que necesitaríamos más personajes que los que aparecen en la película. Por ejemplo, Vanidad ocuparía un papel importante. Y también hay lugares físicos que no es que desaparezcan, sencillamente cierran, de forma temporal o definitiva. Es un misterio incomprensible para mí ver cómo este año he dejado de contar con dos de mis favoritos, cuando hay otros a los que casi siempre  veo vacíos y ahí siguen. 
Sí, creo que lo que me faltó en este filme fue el ver reflejado cómo funciona la mente de personas no tan estereotipadas como la familia protagonista, más divertido sería introducirse en la psicología de gente menos normal. Aunque, claro, si el principal problema de la protagonista es que se deprime por mudarse a San Francisco, entonces será que su cerebro no rige muy bien. Ya me gustaría a mí vivir allí, vaya. Ni siquiera el uso de Skype, esa herramienta tan aborrecida ahora mismo por mí (aunque imagino que en el futuro me será muy útil), le sirve para mantener a flote la Isla de la Amistad. Bueno, por lo que a mí respecta, mi mudanza se ha limitado a hora y media de autobús, por lo que, tal y como afirmaba hace un año, se podría decir que vivo entre dos tierras. Más en la tierra asturiana, eso sí. A día de hoy no tengo razones para volver cada fin de semana, si bien pueden coincidir varios seguidos en los que sí haya motivos, como en el próximo, con la visita de mi hermano Paco. Ya celebramos el Halloween por adelantado, y las calabazas que decoramos fueron invadidas por el moho, debo suponer que mi compañera tal vez las habrá condenado ya a la basura. El fin del mes, por lo tanto, regresaré aquí, considero mucho más productivos todos los temas y proyectos a tratar con Paconcio antes que una nueva ración de chuches con forma de araña y alguna que otra película de brujas o vampiros por la tele. 

martes, octubre 20, 2015

Con la ilusión de un niño.


Cierto, no esperaba que el día de mi cumpleaños en Oviedo pudiera ser tan especial como en León, pero, por diferentes circunstancias que han confluido en esta jornada, la verdad es que me siento muy contento, y todavía espero celebrarlo en León de un modo u otro, aunque no sea con tanta juerga e insomnio como en el año pasado. Yo entre semana debo permanecer aquí porque ya me he creado una serie de compromisos, básicamente el dar y recibir clase, por no hablar de la razón principal de permanencia, el doctorado con sus tutorías y demás gestiones. Al caer en martes, al menos he tenido la suerte de poder compartir la tarta con Jill, mi compañera de piso, que es la que tomó esa foto. 



No solo eso, sino que también quiso sorprenderme colgando lo que podéis ver, un detalle bastante emocionante que bien podría haberme arrancado alguna lágrima o dos. Si pudiera resultar infantil, como lo de las calabazas, bienvenida sea esa ilusión de niño con la que lo recibí, al igual que el último avance de la próxima película de Star Wars. Son detalles que dejan la sensibilidad a flor de piel. También la clase de Francés, a la que no dejé de asistir hoy aunque fuera mi cumpleaños, parece requerir de una sensibilidad especial, aunque luego sea para decir frases ridículas como: Je suis Blip Blop (un marciano). En el caso de hoy, supongo que el chupito de licor sueco que tomé con Jill pudo ayudarme a conseguir el acento francés apropiado. Ah, la Suede! 


En resumen, este día de cumpleaños no solo ha estado mejor de lo que esperaba, sino que debo asumir cómo algunas personas de mi vida aquí, en las cuales quizá mi confianza había permanecido fluctuante, han consolidado el éxito de su celebración. Comenzaré este nuevo año con mentalidad positiva, pues, y haciendo autocrítica para que, en lo sucesivo, no juzgue demasiado a la ligera la actitud de la gente. La fiesta llega a su fin, y ya se nota el cansancio. Hoy, más que nunca, que la Fuerza nos acompañe. 

domingo, octubre 18, 2015

Pre-Halloween.


Este año, al darse la circunstancia de estar compartiendo piso con una auténtica ciudadana de los Estados Unidos de América, el Halloween podrá celebrarse con toda propiedad. Bueno, en realidad creo que más bien el Pre-Halloween, porque para el día 31 es muy posible que me encuentre en León. En todo caso, después de la imaginería con calabazas y demás parafernalia que hemos estado viendo durante las sucesivas temporadas de American Horror Story, llegó el momento de decorar nuestras propias hortalizas. En mi caso, me estrenaba, y el resultado no ha sido todo lo malo que cabría esperar. 


La de la izquierda la hice yo. Algo mas pequeña y sucia, pero creo que la expresión de su rostro es todo lo maligna que se pueda esperar de una calabaza. Si no lo creéis, esperad a verla iluminada con la vela dentro. 

 Aquí, en plan psicópata antes de abrir el cráneo de mi pobre criatura y vaciarla de gran cantidad de pipas que, a priori, vamos a cocinar hoy en el horno, en el caso de que este funcione. 



El vino español, no es que concuerde muy bien con el espíritu pero sí lo hace el fondo de la imagen, en el que ligeramente podrá verse a Lady Gaga en el inicio de la temporada quinta de la serie. Una temporada más sexy, desde luego, que estuve revisando anoche pues durante el proceso de decoración de las calabazas hubo detalles que se me colaron, como la nacionalidad sueca de las rubias que hacían de víctimas en el prólogo de la temporada. 




Durante las dos próximas semanas, las tendremos como elemento decorativo que, en verdad, no queda nada mal. Se le podrían añadir muchas otras cosas, como una mano de goma cercenada y sangrante que ayer vi en Tiger, pero, en fin, tampoco es plan de gastar el dinero en chorradas. No gano todavía lo suficiente para ello. Tras este momento, entre Jack Skellington y Sleepy Hollow, procederé a pasar la aspiradora por el salón, no me extrañaría ver algún resto naranja en la alfombra, aparte de las ya consabidas cáscaras de palomita que suelen quedar por allí después de nuestras sesiones audiovisuales. Os dejo con esta desasosegante visión, a la espera de que el martes podamos celebrar mi cumpleaños con un pastel, no precisamente de calabaza. 



jueves, octubre 15, 2015

Tres bien.



Una semana de novedades, esta. Siempre resulta estimulante, aunque el esfuerzo y la excitación, si se unen a las estacionales corrientes gripales del momento, le pueden dejar tocado a uno. No importa. Es lógico que hoy se tenga un poco de resaca de la defensa. Pero defendida está, y con una calificación de 9. Estoy contento, es lo que esperaba. El nivel de exigencia es algo mayor aquí, solo he perdido medio punto desde el TFM. Me parece adecuado, en tanto en que existe una progresión desde el máster hasta esta tesina que, pese a ser de licenciatura (una de las últimas, momento histórico), está inscrita dentro de un programa de doctorado. Las sugerencias a mejorar me las imaginaba, en su mayoría. Sobre todo el tema de las fuentes. Eso de usar Cuarto Milenio como refuerzo puede ser adecuado al hablar de exorcismos, no tanto como un recurso científico. Por no mencionar la whiskypedia... Fácil de remediar, tan solo hay que ir acumulando artículos serios y estudios, aunque solo vayan a usarse cinco páginas de los mismos. Si el objetivo principal era el entrenamiento para la tesis, este ha salido muy bien. Tras este pistoletazo, o cañonazo, de salida para el segundo curso, ahora procederemos a hacer el plan de actividades, incluyendo una posible, y deseada, estancia internacional. 
Me sentí especialmente complacido porque el tribunal destacó mi exposición oral, al igual que sucedió en el TFM. Debemos pasar por alto, pues, la que llevé a cabo en el curso de Comunicación Oral, que no preparé bien ni tenía el día para ello. En todo caso, reconozco que ese curso me ha venido de perlas para esta experiencia y otras análogas. Otro motivo para la satisfacción es el inicio del curso de Francés. Por primera vez en mi vida he asistido a una clase de este tipo y he sido capaz de decir frases completas, con esa pronunciación que puede sonar ridícula pero no por ello debe abochornar. Tres Bien! (creo que me falta el acento con el rabo para el otro lado, pero ahora mismo no es algo que me apetezca buscar, vaya). Aunque sea el nivel cero patatero, o A 1.1, resulta ameno y eso es lo que me motivará a salir de mi guarida esta tarde. 
Nuevas rutinas en esta nueva temporada. Ayer tuve, además, mi primera clase, a efectos prácticos, de Inglés. Tras la defensa no es que el cerebro me diese para mucho más, pero en eso consiste la profesionalidad, supongo, y esa metodología que me elogió mi directora por la mañana. Compararme con el profesor de la academia de León, el que nos impartía Advanced, es totalmente ridículo, pero sí he copiado alguno de sus trucos. Yo me muevo entre el B1 y el B2, considero que ese es el nivel que puedo asumir para la enseñanza. Compré un pizarrín, que de momento no tengo donde colgar, y mezclé un poco de gramática (básica, pero es necesario repasar) y de speaking, que es probablemente lo que más tengan que practicar. ¡Al igual que yo! No es que sea un experto, pero para mantener una conversación, con algunos errores que ellos tal vez no perciban, creo que estoy preparado. En todo caso, si de verdad en la escuela de idiomas las clases eran como me han comentado, raro será que conmigo no vayan a practicar en mejores condiciones. Yo soy alumno y profesor, unas veces delante y otras veces detrás de la metafórica tarima de enseñanza. La defensa era entrenamiento, esto también. Si en el futuro debo dar clases de forma más sistemática, al menos no se podrá decir que no he ensayado algunas nociones antes. 

lunes, octubre 12, 2015

Pájaros en la niebla.



Back to basics. Bueno, no tan basics. Una cosa es que haya retomado el bus como medio de transporte principal, pero es que el de hoy debía ser el más moderno de la flota. No es que tuviera ya la consabida pantalla con música y películas, sino un verdadero buspad con puerto USB, internet, TV (que no sintonizaba bien en el puerto) y... juegos. Quién me hubiera dicho a mí que iba a estrenarme en el Angry Birds, quizá el juego favorito de mi sobrino Marcelo, en estas circunstancias, enmedio de una cegadora niebla que no dejaba contemplar las montañas. Me mostré un poco inútil, ya lo creo. Fui capaz de superar el primer nivel, pero lo dejé en el segundo, a falta de un cerdo verde en pie (por cierto, que uno de mis pen drive tiene la forma de esos gorrinos). 
Una excelente manera de mantener a los niños ocupados, que no callados. Venía uno enfrente, enfrascado en un juego bastante más violento, bélico, y haciendo partícipes a los demás de sus progresos con los misiles, cañones, etc. Bueno, eso es lo malo del autobús, que no te permite ir muy lejos. En todo caso, con tanta saturación de entretenimiento, puedo asegurar que un viaje corto de por sí, como este, se hace más breve aún. Ahora solo queda, si es que me surgen ganas en este día de fiesta nacional, redactar un power-point para la defensa del miércoles e introducirlo en el cerdo verde-pen drive para que pueda exponerlo en la sala del departamento. Cuánta responsabilidad porcina... En el fondo, el Angry Birds no es tan distinto del doctorado. En ambos se trata de derribar obstáculos y, si se destruyen varios de un solo golpe, tanto mejor. Por lo que respecta a las explosiones, en mi caso sería explosiones de júbilo cada vez que doy un paso más en la adquisición de este título. Confiemos en que esta semana, salga el asunto mejor o peor, pueda alcanzar un estado semejante. 

jueves, octubre 08, 2015

Languages.

Cabría plantearse la hipótesis acerca de si, en el caso de haber tenido el certificado de Advanced por aquel entonces, mi solicitud para cursar un máster en la Universidad de Lund hubiera prosperado. No lo se, en todo caso haber superado ese examen me está beneficiando sin necesidad de salir de España. Mi primera tentativa para dar clases aquí, a la postre frustrada, fue como profesor de Español a nivel de instituto; no obstante, todas las demás han sido para impartir Inglés, idioma del que, a pesar de no tener un nivel profesional, sí puedo decir que el que tengo me sirve para ofrecer clases de apoyo. Ayer conocí a mis dos nuevos alumnos, con un nivel entre el B1 y B2 (según el baremo que yo entiendo, porque hay muchos). Yo no he hecho Magisterio, ni siquiera el recurrente máster sacacuartos para las oposiciones, aunque eso no me dificultará el preparar un par de clases por semana con las diferentes partes de las que se examinarán. Yendo a León este puente, allí aún tengo libros de ese nivel, incluso del bachillerato, y diferentes recursos didácticos. 
Por si fuera poco, ayer me llamaron para dar clase en un colegio de un pueblo asturiano, dos horas semanales para preparar el examen del Trinity con chavales de Primaria. Me temo que no podré, y no porque no sepa qué narices es ese examen o porque no tenga experiencia en trabajar con alumnos de esa edad. El caso es que me coincide con las clases de Francés en la Casa de las Lenguas, de octubre a mayo, que ya he abonado. Además, este tercer idioma no es un capricho. Dos idiomas es algo que ya posee mucha gente, veo necesario iniciarme en un tercero. Nada exótico, cierto, pero no me veo estudiando Chino o Árabe. En todo caso, ya como nociones autodidactas, tengo dos manuales de Sueco que me traje de allí. Ese será el cuarto lenguaje que pueda ir mirando durante este curso. Si volviera allí, ya podré asistir a clases, porque las dan gratuitas, en la oficina del paro o donde cuadre. Por ahora, esta es la previsión respecto al tema de languages. Sin descartar nuevas clases particulares, desde luego, siempre adaptándolas al ritmo del doctorado. 

lunes, octubre 05, 2015

Noveno aniversario del blog.



El sábado se celebraba en Oviedo la Noche Blanca, variación de las ya conocidas Noches en Blanco de Madrid y otras ciudades, que por lo visto nacieron en Francia con la vocación de servir de marco a la temporada de galerías de arte, aunque a la larga han desembocado en un evento polivalente y, a juzgar por lo visto el otro día, multitudinario. Demasiado. Museos que casi siempre veo vacíos soportaban largas colas, a las que no me quise unir puesto que nadie, por diferentes motivos, quiso acompañarme en la tarea. Me interesaba el concepto porque, durante el proceso de confección de la tesina, he venido rumiando algún proyecto artístico que podría aprovechar ideas del pasado, surgidas poco después del propio nacimiento de este blog. No es que la literatura no sea un arte, desde luego, pero me refiero a terrenos no explorados aún. La única manera de saber si una idea tiene o no potencial es desarrollarla y, por fortuna, yo tengo personas que pueden ayudarme en ese ámbito. 
Habrá que testar si tiene potencial artístico y, además, económico. No se vive solo de ser visible, como acabo de leer en un artículo que colgó el amigo Víctor, que de esas cosas sabe un rato. El tema de los ingresos y el trabajo (remunerado) siempre se acaba colando en cualquier momento, aunque sea a horas intempestivas, como el sábado anterior a la Noche Blanca. Al igual que en el sueño del faraón, he visto cómo pasaban las vacas gordas, sin que pudiese ordeñarlas, y llegaban las vacas flacas. Gente menos esforzada que yo gozó de la largueza pasada (llegaron a haber hasta tres becas, gobierno, comunidad y universidad), pero la situación actual no me amilana. Como una respuesta en diferido, ayer me escribieron un par de alumnos del campus para que les diera clase. No me salvará la vida, pero es una ocupación digna, que me aporta experiencia y, al menos, está en la línea de lo estudiado. 
Hace nueve años sí tenía un empleo pagado de forma razonable, vestido con camisa y corbata de similar color a las que ayer llevaba Enrique de Vicente, si bien para soportar a algunas de las luminarias que pasaron por allí no hay sueldo que lo abarque. Tomé entonces la decisión de cambiar de rumbo, que me ha llevado hasta donde estoy, y me siento contento, todavía hoy, de haberlo hecho. Me resulta hilarante que, por el camino, haya recibido reproches cíclicos, que desparecen y vuelven a aparecer, con ninguna eficacia en ninguna de las fases. Por suerte, yo creo saber lo que estoy haciendo. Cada cual debe seguir su camino, sin que el absurdo vicio de las comparaciones se interponga. Este blog nació en el marco de la primera novela de los Abrasadores, saga que no he abandonado y que es probable que retome de algún modo cuando se cumpla una década de la publicación de su primera entrega. Sería muy interesante comprobar cómo evolucionan sus personajes, al igual que yo mismo he evolucionado. Por lo demás, el camino del arte es insospechado y, mientras me lo permita el proyecto doctoral que (a priori) tiene más garantías de asegurarme el sustento, seguiré a partir de este otoño explorando esas nuevas ideas que iré trayendo hasta aquí, o hasta el otro blog para su reactivación, o incluso puede que haya que habilitar un nuevo espacio. Este sitio, el original, seguirá en pie, en palabras de la comisión de seguimiento, salvo catástrofe colectiva o personal. Gracias por haberme acompañado, y que el gobernador de Libia nos ampare. 

miércoles, septiembre 30, 2015

La tesina llegó a puerto (y no en AVE).


Se supone que la cama es para dormir y para otras conocidas funciones, pero, en mi caso, también es una mesa supletoria. Muy útil para hacer acopio de fuentes, desparramadas por todas partes. Anoche, tras una nueva sesión de American Horror Story (la temporada 2, Asylum, tiene bastante que ver con el tema de mi doctorado pero no la he usado como referencia aún), vaya gracia que me hizo limpiar toda la superficie para poder descansar mi ya cargada cabeza. En todo caso, hoy madrugué para poder acabar el trabajo. No tanto como los que inauguraron hoy el AVE, pero más que otros días. Me alegro de que al fin haya llegado el tren a León, a Oviedo ya se verá. De todos modos, mis últimos viajes han sido en autobús. La competencia me beneficia a la hora de encontrar buenas ofertas. Esta semana no viajo, el sábado es la Noche Blanca o en Blanco (no me ha quedado claro) aquí, razón de más para celebrar la entrega de la tesina. 92 páginas y 84 referencias después, aquí está el taco de tesinas, ya depositado. Al margen de lo que ocurra en la defensa, su redacción se justifica por sí sola porque, de modo objetivo, creo que es mejor que el TFM. Más documentada y más larga, porque aquel estaba a doble espacio y esta a espacio y medio. Y, si uno de los objetivos era el entrenamiento para la tesis, entonces creo que he aprendido bastante durante el proceso. El ciclo no se cierra, hoy mismo voy a enviar un abstract para un congreso el año que viene, pues resulta una de las actividades obligatorias en este programa. Otoño empieza a tope, y así es como debe ser. 



miércoles, septiembre 23, 2015

Otoño pisando fuerte.



Hoy hay muchas cosas por celebrar. El Día de la Bisexualidad, sí, el primero, aunque siga teniendo una repercusión bastante escasa en los medios. Ha coincidido, por otra parte, con el fin de uno de los veranos más calurosos que se recuerden, si no el que más. Ya solo por eso merece la pena dar la bienvenida a la nueva estación, aunque es cierto que aquí en el norte los efectos de la ola de calor se han mantenido bastante al margen. No se si por todas esas celebraciones, el caso es que hoy no estoy haciendo casi nada respecto a la tesina. Una tutoría bailonga, mañana parece ser la fecha final, me ha hecho esperar para las últimas correcciones de aquella. Y, entre tanto, he procurado comenzar otoño con la mayor de las energías, al ritmo de una versión dance de Yo quiero verte danzar, de Battiato, en el gimnasio. Podría declararse un sacrilegio, pero no en ese contexto. Si yo seleccionara la playlist, se pincharía a diario, pardiez. Por otra parte, ahora que Halloween se acerca y este año tengo una compañera de piso que lo ha vivido con plenitud, he comenzado a ver con ella una serie que, de forma inexplicable, se me había escapado hasta ahora pese a que llevo un buen tiempo queriendo verla: American Horror Story. Hala, un empacho de cuatro temporadas antes de que empiece la quinta. Supongo que mis buenos resultados en la carrera pudieron deberse a que siempre fui más de películas, que duran menos... En todo caso, la tradición no decae. El otoño pasado ya vi alguna peli de terror ochentero con el primer amigo que hice aquí, y ahora vuelve la sangre y los gritos al salón, en este piso que, por fortuna, no parece encantado. Supongo que es demasiado nuevo como para albergar una historia con tropecientos crímenes, como ocurre en la serie. Y, tras tres meses viviendo solo, imagino que algún fenómeno extraño me hubiese llamado la atención. En fin, antes de que su lectorado y mi doctorado nos pongan las pilas, aprovechemos para estos sanos rituales de horror, en esta casi siempre encapotada ciudad. Confío en que de verdad el otoño haya supuesto una inyección de dinamismo, porque de eso voy a necesitar bastante hasta que finalice el mes. 

viernes, septiembre 18, 2015

Las pegatinas acusadoras.



Ye lo que tiene. Empezamos las fiestas con agua, las terminamos con agua. Bueno, en realidad San Mateo no acaba todavía pero, tras haberlo disfrutado unas tres jornadas, creo que ya es suficiente y que puedo venir a León un par de días, después de pasar el que, tal vez, haya sido el período más largo en Oviedo de forma continuada. Eso sí, ayer estábamos preparados para la lluvia. Yo, con mi ruina paragüil, que resiste a todos los embates, y mi compi Jill con uno que acababa de comprar en el chino. No todo iba a ser malo, claro, el agua había barrido la clientela en las mesas al aire libre y, aprovechando un parón seco, nos dispusimos a achicarla y sentarnos, obviando advertencias pasadas como dolor de garganta, etc. Tomamos un mojito y luego nos pasamos al Topu Fartón, que siempre folla con condón según reza una pegatina que me había encontrado y que le regalé a Jill como muestra de la riqueza de nuestro idioma. Obviando, una vez más, las previsibles consecuencias de mezclar bebidas (y que arrastro hasta el momento actual), hubo que realizar un bautizo de sidra para que ella pudiera hacerme fotos y vídeos, no se dónde terminarán pero casi es mejor no saberlo. No me considero una mala influencia, eso sí, que además le estoy enseñando algunos detalles del español, como ese subjuntivo que siempre trae mártires a quienes lo estudian. Para quienes gustamos de escribir, la verdad es que resulta bastante útil. 
Hablando de pegatinas, nos sentamos en una mesa en la que resistían, pese a la lluvia, unas de la asociación Xega que alguien había pegado allí. Por ejemplo, la de la foto de arriba, a juego con la próxima celebración del Día de la Bisexualidad. Por alguna extraña pirueta del azar, me fui a sentar justo enfrente de donde estaba colocada. ¡Vaya con las pegatinas acusadoras! Aunque, en verdad, no podría hablarse de acusación. Yo suscribo al cien por cien el mensaje de la misma. Francamente, ya podríamos tener un chiringuito así en León durante el próximo San Froilán. Le daría color, incluso aunque no estuviese colocado justo enfrente del ayuntamiento. Si bien esta mañana tuve una tutoría, hubo que rematar la faena en la calle Gascona, ahora que había reiniciado a Jill en los arcanos de la sidra. En esta segunda ocasión, ya a mesa y mantel, con un buen plato de rabas y pimientos de padrón y un profesional escanciando, y no desperdiciando demasiado, el brebaje. ¡Vaya con los pimientos! Acostumbrado a los de aquí, con los huevos rotos, ya pensaba que no picaba ninguno. Pues ayer uno al menos sí. En todo caso, disfruté mucho de la velada. Así da gusto hacer de guía turístico, incluso en una ciudad que no es la mía. Mi estancia en León no podrá durar hasta que comience San Froilán, en todo caso podría regresar para el próximo fin de semana y visitar el tradicional mercadillo medieval, con jaima o sin jaima. Todo dependerá de esa tesina y el punto de cocción que alcance en los próximos días. Ya no soy el anacoreta que, a finales de agosto, se dedicaba a aumentarla línea tras línea, pero ahora hay motivos para la calma. Considero que quedará algo más larga, y mejor, que el TFM. El tiempo dirá, pero, como se ve, yo ya he tenido mi celebración por adelantado. 


martes, septiembre 15, 2015

La tortilla nostálgica.



El tema de subvertir los roles de género no debe quedarse solo en el doctorado y la tesina, sino que debe saltar a la vida real. Así pues, anoche enseñé a mi nueva flatmate cómo se hace una tortilla francesa (para la española no tenía patatas, las cuales acabo de comprar). La verdad es que es fácil, porque esa receta es como un contenedor en el que se puede echar cualquier cosa: rápido, barato, muy útil para un Master Chef PhD Edition Low Cost. Me quedó mejor de lo que esperaba, sería por el orgullo masculino. 
Masculinidad es lo que sobra en Jurassic World. Imposible verla con los mismos ojos que su primera versión, hace veinte años. En todo caso, busca emocionar, y lo consigue, a través de una catarata de guiños nostálgicos. ¿Cuándo aparece la música de John Williams? ¿Cuándo aparece el T-Rex? Bueno, es obvio cuándo aparece el T-Rex. Incluso, en un holograma, sale ese dinosaurio escupidor que mi primo Juancho tenía en versión de goma, al igual que el propio T-Rex. Es una verdadera tortilla nostálgica. 
Lástima que flojee en los personajes humanos. En la de Spielberg recuerdo buenas actuaciones y diálogos. Ahora no se si es por los actores, los guionistas o el director... Ese empeño por meter a un héroe de acción desemboca en la creación de un tarugo que, si puede comunicarse con los velociraptors, es porque tiene la misma sensibilidad que ellos, respecto al uso del cerebro reptiliano, nunca mejor dicho. No deja de tener lógica. Y la heroína es fuerte, sí. Me gustaría comentarlo con mi compi de doctorado Cristina, pues es el tema de su tesis. No obstante, lo ridículo de que vaya corriendo siempre con tacones no se hubiera visto con Laura Dern o Julianne Moore. En un momento dado le grita a su empleado inmaduro, que colecciona muñecos de dinosaurios: ¡Se un hombre y haz algo por una vez en tu vida! Lo que le estaba mandando era... abrir una puerta. Yo prefería caracteres como el de Sam Neill, un hombre de ciencia pero, tras la catástrofe, también un hombre de acción. 
Aunque lo que importan son los dinosaurios, ¿no? Y la aventura, eso está muy logrado. Ser niños, de nuevo, como el pequeño protagonista del filme, como cuando nos dejamos llevar por la avalancha de merchandising a primeros de los noventa, tal y como nos dejaremos embaucar en diciembre con el Episodio VII (No hace falta añadir más). ¡Qué remedio! No diré nada yo, que uno de mis regalos de Reyes fue una figurita de Bilbo Bolsón. Niños de espíritu, pero con el espíritu crítico de adultos. Al menos eso me sucedió a mí al ver la película, máxime con la investigación que estoy haciendo y los libros que estoy consultando. Chris Pratt: no ambiciones el papel de Indiana Jones, porque ese sí que solo hay uno. Si acaso, una aventura crepuscular más con Harrison Ford y fin de la saga. ¡No nos toquéis la nostalgia! 

sábado, septiembre 12, 2015

Del Paraíso al Diluvio.


En vaya fregados que me meto, yo que esta semana solo pretendía repasar todos los capítulos de la tesina. Se cumple un año de aquella visita de la que hablaba con anterioridad, aquella en la que solo vi los preparativos de San Mateo, sin disfrutar de las fiestas en sí. En esta ocasión, no he llegado a ver el cartel de Stop Agresiones Sexistes. Aunque sea con moderación, debo disfrutar de estas celebraciones. ¿Quién sabe, con las vueltas que da la vida, si en el próximo San Mateo estaré aún en Oviedo? Además, tenía la excusa perfecta: enseñar la ciudad a mi compi de piso, en el momento en el que más visitantes tiene de todo el año. El tour comenzó por la Ruta de los Vinos, el lugar más frecuentado por mí. Pese a la fiesta ovetense, no dudé en tirar para lo mío y llevarla a los clones del Rebote y la Competencia (ya, esta última tiene muchos clones, incluso en la propia León). Pasamos luego a ver la verbena del campo de San Francisco, con una señora que me estaba dejando estupefacto al ver sus movimientos de cadera y pantalón apretado para darlo y marcarlo todo. Tiramos luego hacia el casco viejo, con todos los chiringuitos, incluyendo el del Topu Fartón, el único decorado con banderas del arco iris. Ya no nos movimos de la plaza de la catedral, donde estaba a punto de comenzar el concierto de D (valga la redundancia) vicio. Sí, ese grupo que sería injusto tildar de boy band pero, en todo caso, tenían una buena cantidad de público objetivo de boy band. Era como volver atrás en el tiempo. Y no hasta la adolescencia, sino casi hasta el propio Diluvio Universal. El Paraíso con el que cerraron su actuación, esa canción tan sonada el año pasado, se convirtió en una lluvia intensa para la que no íbamos preparados. 


Suerte que siempre se puede improvisar una especie de atuendo jedi con el que cubrirse. A mal tiempo, buena cara y a mantener el entusiasmo de la chavalería, aunque con una botella de sidra, como la que escanció el cantante desde el escenario, se hubiera mantenido mejor. El final del concierto fue, como es lógico, el final de la salida, a casa a secarse y a confiar en que no haya consecuencias para el trabajo. Si no las ha habido para escribir estas líneas, supongo que tampoco las habrá para repasar unos folios, mientras me pienso qué plan pueda seguir hoy. Más seco, en todo caso. Desconozco si me quedaré hasta el 21, en todo caso la matrícula de la tesina es hasta el 22, lo cual me deja un margen, siempre y cuando el paripé ese que tuve que gestionar para que me den el visto bueno funcione antes de esa fecha. Ahora me voy, no volando hasta el Paraíso Andrés (cuyo tupé quedó totalmente indemne del agua), sino a cocinar algo energético que me permita aprovechar algún trozo de tarde. ¡Feliz San Mateo!