viernes, diciembre 18, 2015

Eleveitor Peach. Episodio II.


Ya he terminado con la formación transversal, así que, a partir de ahora, todo lo que haga en el doctorado será de mi gusto. ¡Amén! No quiere esto decir que no hallara puntos de interés en estas jornadas; lo que resulta innegable, como comentaba ayer, es que el plumero podría verse desde esta habitación de Oviedo, pese a que se celebrasen en Mieres. El mercantilismo fue criticado por varias irritantes vocecillas en el turno de preguntas (y protestas) final, pero es inútil. Será el espíritu que se mantenga para el curso que viene, cuando yo ya no asista. El jurado de las presentaciones estaba formado por hombres que no pertenecían a la universidad, eran expertos en coaching, branding, y toda esa neolengua que he estado aprendiendo estos dos días. No deja de ser curioso que, pese a toda esta terminología inglesa, el moderador se refiriera a los Lonely Tunes. O algo así. Estoy orgulloso de la presentación que hizo mi grupo, con perfecto timing en tres minutos y buena expresividad. Yo no presenté pero hice varias aportaciones, entre ellas el título: Ferrocenos contra el cáncer. En todo caso, no salimos ganadores, ni tampoco en las menciones especiales. Teniendo en cuenta que los premios eran una brújula y una navaja suiza, lo segundo ya lo tengo y lo primero por ahora no me hace falta, pues tampoco pasa nada, vaya. 
En la mesa redonda-rectangular, con el rector presente (y totalmente estoico hacia las críticas), al fin apareció una representante de las Humanidades, la antigua decana de mi facultad. Dijo que había hecho obligatoria una asignatura de Prácticas en Empresas para Filología. Me parece bien, yo la hubiera cursado. Lo que no me parece tan bien es que, de 36 presentaciones, ni una sola versara sobre literatura. Ni siquiera desde un enfoque más práctico que el mío. Así pues, una vez completados los sesenta créditos, no le veo ningún sentido a regresar allí, mucho menos por un póster que en ningún caso resultaría premiado, del mismo modo que no me premiaron mi novela en el concurso de la universidad. Sea como fuere, yo tengo otros incentivos para tirar adelante con la tesis, tal y como recomendó la antigua decana. Para la posteridad dejo la bandeja de canapés con que nos obsequiaron, todo un póster en sí mismo. En las fiestas, me pondré con la verdadera razón de mi estancia aquí, comenzando un artículo que no curará el cáncer de útero ni ayudará al bienestar de nuestros mayores, pero habla de lo que somos, de lo que aparentamos y de lo que nos gustaría ocultar. De la vida, y la vida no se puede expresar a través de un eleveitor peach


2 comentarios:

claudine dijo...

bonita bandeja... pro aun no se q diantres es un elevator peach jehe... un ascensor d melocotones??

Luis León Prieto dijo...

Jaja. Podría ser. En realidad es una versión a lo Chiquito de Elevator Pitch. Es una estrategia de presentación que tuvimos que usar en las jornadas, tres minutos para exponer nuestros proyectos.