viernes, febrero 01, 2008

ABRASADORES CBP VERSIÓN 3: EXTRACTO (II)


Me dispongo a colgar cinco o seis hojas más de este nuevo capítulo que ya he terminado, y en las cuales se revelan informaciones que luego conectarán con otras partes de libro o de los siguientes. He tomado buena nota de vuestros consejos. Consciente de que, como dijo Oli, la novela tardaba en entrar en acción, el segundo nuevo capítulo que estoy escribiendo tiene varias peleas, y una parte final de bastante tensión en la que intervienen tres de los cuatro villanos principales. No creo que lo siga colgando,pero si a alguien le interesa, que me lo pida y se lo mando al mail.

Ayer vi una película que me ha motivado bastante en la escritura, se llama Stardust y me recordó mucho a los filmes de fantasía que veía en la infancia. Creí que iba a ser una mierda, por eso la sorpresa fue más agradable. Robert De Niro, creí que ibas a hacer el ridículo, pero estás genial.

Así que por fortuna me siento bien inspirado, si no no tendría sentido quedarse en casa a escribir, aunque la semana que viene ya iré a Madrid a airearme. Allá vamos, por Libia.



Tis se apresuró a seguirle, también Panero, pues los tres se colocaban en el mismo banco, al fondo del aula en el extremo derecho, lo conocían como la esquina de los outsiders, cuando no epítetos peores. La clase tenía seis filas de bancos, tres a cada lado, ocupados por una veintena corta de alumnos de ambos sexos. Frente a cada asiento había una pantalla plana con teclado. La estancia era moderna y no muy recargada, aparte de un crucifijo y otros símbolos de su ideología; la docencia se ayudaba de una gran pizarra electrónica y un proyector de hologramas en el techo, como elementos más significativos. Al hermano Tomás, conocido por una profunda desconfianza respecto de las nuevas tecnologías, le tocó recoger el mando de dicho proyector para coordinar el momento en el que llegaría la comparecencia que les había anunciado.
- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén- se santiguó, vigilando que los alumnos siguieran su ejemplo, sobre todo aquellos gallitos que le habían querido torear. Panero era cristiano, pero ambos Luises se limitaron a hacer gestos desvaídos- Hijos, hoy en nuestro momento para la oración, sobran las palabras. Vamos a tener un ejemplo práctico de cuán lejos puede llegar un hombre en el seguimiento de la palabra de Cristo. El hermano David, miembro querido y admirado dentro de esta comunidad, nos abandonó con gran pesar por nuestra parte, para ir a predicar la fe entre los salvajes, desarrapados, pobres hombres ateos que viven casi en pelotas allá por las selvas de la Amazonía. El Señor, que últimamente está castigando como se merece a este mundo de pecadores, ha puesto a prueba aún más su paciencia enviándole una plaga en forma de huracán. Pero el hermano David, hijos, está forjado en un acero del que ya os gustaría a vosotros llegar a poseer una laminita alguna vez. Ha continuado allí, ayudando a esa gente sin Dios, y aún ha tenido las agallas de conseguir poder contarnos de primera mano su experiencia. Ahora, pido un respetuoso silencio para escuchar las palabras de este gran hombre.
Los chavales le concedieron ese silencio. Nadie quería problemas con el Oso. Pero mantuvieron sonrisas burlonas en los rostros, no tanto por las circunstancias de la catástrofe como por el personaje que la protagonizaba. El hermano David, alias Cebollo, les había amenizado durante los primeros cuatro meses del curso con sus historias imposibles, casi todas derivadas de sus experiencias de misionero en la selva. Algunas, como la de la anaconda de quince metros que mató con la sola fuerza de sus brazos, gozaban de una fantasía tal que los chicos atribuían a la afición del hermano por el morapio, y sobre todo cuando la clase era después de comer el nivel de verosimilitud descendía en picado. Luego se fue para hacerse cargo de un internado que la orden había fundado en el pequeño y único rincón de la selva amazónica que no estaba aún devastado. Allí educaba a niños indígenas nativos y ayudaba en general a las pocas tribus supervivientes. La súbita aparición del huracán Mitch parecía que iba a conseguir algo a lo que la rapiña del ser humano no se había atrevido del todo aún: la completa destrucción de aquel paraje virgen.
Sin embargo, una cosa era escuchar las batallitas del hermano en clase, y otra creer que algo así pudiera llegar a cumplirse en la realidad. Por ello, cuando Tomás accionó el proyector y apareció una imagen pobre, indicando las dificultades de la captación, muchos se quedaron boquiabiertos. Aquel no era el Cebollo que ellos recordaban, cuyo sobrenombre había sido otorgado por un rostro hinchado, a menudo con el colorete del alcohol, y coronándolo unos pelillos en punta como los de dicha hortaliza. El hermano David había adelgazado hasta que sus ropas le quedaban holgadas. Sus mofletes, hundidos; y la sonrisilla socarrona con la que en ocasiones aludía a los refresquines entre alumnos y alumnas se había torcido en una mueca de desesperación. En directo contemplaban su figura, que estaba siendo azotada por el viento y la lluvia, se agarraba a lo que parecía una especie de tosca chimenea. Casi tuvo que gritar para hacerse oír.
- ¡Estamos en los tejados!- dijo- ¡El agua nos mantiene aislados, necesitamos víveres y medicamentos con urgencia! ¡Las autoridades de aquí no quieren ayudarnos, nos van a dejar morir porque somos un estorbo! ¡Por favor, conseguidnos un poco de ayuda, sois nuestra última oportunidad! ¡Tenéis que presionar al… al doctor… al… doctor Walter Torres para…!
La imagen, cada vez más debilitada, se apagó al fin en medio del parlamento del hermano, dejando a algunos con la duda, y a otros en la misma absoluta indiferencia con la que la habían recibido desde el principio.
- ¿Quién es el doctor Walter Torres?- se preguntó Tis, más para sí mismo que otra cosa, pero fue escuchado por Panero, que se sentaba a su derecha. Tis se había colocado entre Ludwig y él, en prevención de nuevos problemas.
- El doctor Torres- le informó- es la marioneta que ha colocado allí una gran empresa multinacional para hostigar a esa gente. Necesitan no se qué sustancia natural que solo se encuentra por esa zona, y por eso quieren matarles de hambre y de enfermedad. Si quieres, yo te puedo pasar una información bastante más fiable de la que nos de él.
Panero se refería a que el hermano Tomás se encontraba entre las filas, repartiendo folletos sobre cómo ayudar a los damnificados por el huracán, más dirigidos a sus padres que a ellos. Tis sonrió. Era la primera vez que su compañero le preguntaba antes de mandarle un correo, antes que hacerlo de manera directa y masiva.

Durante el momento previo, muchos estuvieron menos pendientes del drama amazónico que del que se les podía avecinar después. Porque don Hipólito iba a dar las notas de cuarta evaluación de su asignatura. La suya era tan solo una más entre las siete que tenían, pero catear o no significaría o bien disfrutar desde entonces en la más que necesaria piscina si no se tenía ninguna más suspensa, o cargar con ella hasta los exámenes de recuperación de finales de junio.
- Bien, ¿por qué no os calláis?- dijo Hipólito ante el momento de distensión que se había producido entre la salida del hermano Tomás y el inicio de su clase- Bien, bueno. Os he enviado a vuestro correo los exámenes corregidos. No obstante, y aunque no está en mi ánimo el humillaros, voy a dar las notas en voz alta, porque para algunos solo les vale la política del palo y de la zanahoria, y así espero que su mal ejemplo motive a otros esforzarse…
- ¡Oh, no!- se elevaron algunas voces a coro.
- ¡Callad! Vamos a ver… Arancha, cuatro; Avelino, ocho; Canseco, dos; (…) Gaveston, cuatro con setenta y cinco;
- ¡Cuatro con setenta y cinco!- protestó Ludwig desde su asiento- ¿Qué mierda de nota es esa?
- ¡Gaveston, calla! Te merecías menos. La Conferencia de Bandung no es un concierto de heavy. Por donde iba… León, diez; Molleda, rosco; Panero, seis; por cierto, Panero, medio año preguntándomelo y todavía no sabes que el nombre del presidente de la II República es Niceto Alcalá Zamora.
- ¿Niceto o Aniceto? – preguntó, una vez más, Panero.
- ¡NICETO!- gritó don Hipólito con una voz aún más cavernosa si era posible- Si me dejáis acabar… Reguera, siete; Rodríguez, nada; y Rubenín, cuatro y medio. Eso es todo. ¡Silencio! Si alguien quiere protestar, ya sabe.
Tis escuchó su sobresaliente sin demasiada sorpresa, temiendo que ese pudiera ser motivo de nueva fricción con su amigo, que no estaba pasando una temporada agradable como para pensar en el estudio.
- Bien, ahora vamos a dejarnos de pamplinas y aprovechar el tiempo. Los que habéis aprobado, como buenos compañeros guardad silencio para que los otros repasen para el examen y consulten sus dudas. Podéis hacer la quiniela, echar la siesta, lo que queráis, pero no os paséis de listos que si no os mando un trabajo de doce páginas sobre el auge de la China post-comunista. ¿Entendido? ¡At… At… Acthsssssssss!
Los estornudos de don Hipólito eran bastante cómicos, porque después de los dos primeros ¡At…!, luego se llevaba ambas manos a los bigotes y lograba frenar la fuerza del aire expulsado entre los puños, produciendo un sonido parecido a una pedorreta. Tis los bautizó como estornudos abortados, pero en esa ocasión se rió para adentro, porque no quería saber nada de los chinos. Comenzó a plantearse cómo organizaría esos tres cuartos de hora libres, con su primera meta en cabecera: ella. Isabel Guerra, una chica que se sentaba casi en el otro extremo del aula, hacia quién quería haber enviado una sonrisa seductora nada más entrar, si no fuera porque estaba más pendiente del rapapolvo del Oso a Ludwig. Ahora disponía de una pobre línea de visión hacia ella. Ni siquiera es que fuera una chavala de las que poblaban los seriales de sobremesa, Tis no se interesaba por las macizorras de la clase que, por otro lado, solo se dirigían a él para solicitarle favores estudiantiles; él buscaba un término medio, alguien con quien pudiese empatizar, ese era un factor clave. Él mismo se consideraba un término medio. Era bajito entre los demás, y se había quedado tan flaco que a alguno, tras ver los documentales de don Hipólito, le dio por llamarle Auschwitz. Entre esa delgadez destacaban unos grandes ojos verdes y nariz aguileña, enmarcados por una mata de pelo rizado, casi imposible de peinar.
Su objeto amoroso, que era también de las que sacaban buena nota, permanecía ausente, quizá jugando a hundir la flota por su ordenador con otras amiguitas. Era morena, de cabellera lisa, poco pecho pero pronunciado, y una tez bronceada que cubría con ciertas dosis de maquillaje. Tis pensó en hablar con ella durante el intermedio entre la clase de Hipólito y la del hermano Carlitos. Pero… ¡Aquel maldito sudor que se le empezaba a congelar por el aire acondicionado! Tis miró hacia su izquierda. Ludwig estaba con el rostro hundido casi en la pantalla, descifrando unos apuntes que él mismo le había enviado. No era buena idea volver al ataque con la colonia. En la otra dirección, Panero leía en una página de contrainformación algo que por lo visto le estaba escandalizando.
- ¡Increíble! ¡Qué vergüenza! Tienes que leer esto- susurró, mientras ya estaba apretando el botón de Reenviar.
- Panero, no se si es buen momento- comentó Tis con suavidad, ya estaba abriendo su bandeja de entrada porque, descartando el riesgo de acercarse a la chica, se propuso enviar un mail para citarla aquella misma tarde, después de que fuera a clase de kárate con sus primos y Ludwig.
- Se estaba viendo venir. Antes de lo que creía, pero ya está. Hay que informar a la gente- continuó Panero. Amor y política, cada uno estaba absorto en su terreno y sin escucharse el uno al otro.
Tis miró hacia la mesa de don Hipólito, el profesor estaba leyendo una novela de Patrick O´Brian, sin controlar mucho a sus alumnos. Nervioso, le envió cuatro líneas a Isabel para quitárselo de encima, y luego poner su atención en ese extraño chaval con el que apenas había hablado durante todo el curso y ahora parecía que el amago de pelea le hubiera dado confianza. Abrió el correo múltiple que Panero había enviado a toda la clase bajo el rótulo de MUY URGENTE, para encontrarse con que, en el estado de agitación que le dominaba, apenas pudo distinguir un marasmo interminable de letras, cifras y datos bajo un título en grandes caracteres: GOLPE DE ESTADO EN MONGORNESIA.
- Hum… - murmuró Tis- ¿Y ese sitio dónde se supone que está? Me temo que esta mañana ando algo sobado, más que de costumbre. ¿Me podrías hacer un resumen?
Panero le arrojó una mirada de compresión, que reservaba para aquellos neófitos a los que tenía que guiar en algún asunto enrevesado.
- Está en Oceanía. Es un país insular, un archipiélago de origen volcánico. Está formado por miles de islas, la mayoría inhabitadas, pero muchas de ellas albergan a una tribu indígena antiquísima, casi tan vieja como el hombre.
- ¿Y por qué han dado un golpe de estado? Bueno, si hace falta alguna razón, porque por esos lugares siempre andan a la gresca.
- Pues verás, debido a la misma naturaleza de dicha tribu, siempre ha habido leyendas sobre la misma. Hablan de tesoros enterrados en las entrañas de los volcanes, que habrían pertenecido a antiguos guerreros, los Guardianes del Umbral. Hablan de amuletos que podrían haber protegido a la tribu, que siempre ha sobrevivido pese a las múltiples amenazas que se le han puesto por delante. Incluso, y eso sí que entra dentro del terreno de la fantasía, dicen de la existencia de puertas interdimensionales hacia un mundo paralelo. Entre todos esos cuentos, hay algo que sí es verdad. Lo que a los militares les importa es esquilmar todas esas islas, aprovechar sus riquezas naturales más que las de los mitos, y luego convertirlo todo en un resort turístico para vendérselas a ricachones. El gobierno depuesto, elegido de manera democrática, no estaba por la labor de permitir ese atropello. Entonces, los golpistas han buscado una excusa. Y vaya que si la han encontrado, en la figura del doctor Cruncher.
- ¿Cruncher?- al menos un nombre sí que le sonaba a Tis entre aquel batiburrillo- ¿Ese no es un terrorista en busca y captura?
- ¡No!- exclamó Panero, provocando que don Hipólito alzara un poco la vista del libro- Esa es la historia oficial, León, pero creo que deberías empezar a informarte por medios alternativos. El doctor Cruncher no es más que un chivo expiatorio. Si hubo atentados, no se puede probar que él estuviera implicado en los mismos. Es un científico con una radical concepción del ecologismo, sí, ¡pero en estos momentos no queda otra salida que ser radical! El mundo se está yendo al carajo, y con medidas simples ya no se va a solucionar nada. Cruncher dice la verdad, es incómodo y por eso lo demonizan y él se tiene que ir al exilio, en algún lugar de Mongornesia, con un grupo de gente que sí cree verdaderamente en sus ideas.
Tis había escuchado una versión un tanto diferente acerca de Cruncher y sus acólitos, a los que se tenía como poco por una secta de iluminados, como mucho por un grupo ecoterrorista. Se planteó si Norberto Panero no sería un topo que estaba intentando captarle.
- El general golpista y su gentuza dicen que, claro, el gobierno estaba protegiendo demasiado a Cruncher, y en nombre de la democracia, la seguridad, la lucha contra el terrorismo, bla, bla… Ahora el país va a convertirse en un parque de atracciones.
Tis le seguía con una cierta atención, que se evaporó al recibir el mensaje de respuesta de Isabel. No sabía cómo cortarle con tacto.
- Oye- le interrumpió- ¿Qué te parece si quedamos mañana y me lo explicas con más calma, tomando algo?
- No puedo- se lamentó Panero- Me han quedado las Mates.
- ¡Malditas sean! Yo este año me he salvado pero porque me puse profesor, no te creas. Bueno, pues no se, el verano es largo, ¿no? Yo en julio me voy varias semanas a Inglaterra, pero luego está agosto, esperando que no las cargues para septiembre.
- ¿Te vas a Inglaterra? ¿Al viaje que ha organizado el colegio? ¡Yo también!
Tierra, trágame, pensó Tis, aunque luego recapacitó. Por su naturaleza tímida, mejor sería llevar a alguien conocido de antes.
- Muy bien, muy bien, eso es una gran sorpresa. Bueno, dicen que esas nuevas aeronaves no tardan nada, pero aún así podremos charlar. Y ahora, si me disculpas, tengo que abrir un mensaje… urgente.
A Tis le pareció que Panero ponía mala cara al uso que él estaba haciendo de su término urgente para aquellos tontos asuntos de adolescentes, sin embargo él volvió a sumergirse en la red para contactar con sus células durmientes o lo que fueran, y Tis se abalanzó hacia aquellas líneas que se le hacían tan cortas. Le respondía, con pocas frases pero varios iconos sonrientes, que no tenía ningún problema en quedar donde la escultura de la Vieja Negrilla, más conocida entre los primos por sus colosales atributos, a la hora convenida.
- ¡Bien!- exclamó un triunfal Tis, para luego ponerse serio al notar en él las frías miradas tanto de Ludwig como de Panero.

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